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La configuración del espacio artístico en Los siete locos y Los lanzallamas de Roberto Arlt

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Academic year: 2020

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(1)UNIVERSIDAD CENTRAL. ― MARTA ABREU‖. DE LAS VILLAS. FACULTAD DE HUMANIDADES DEPARTAMENTO DE LITERATURA Y LINGÜÍSTICA. Trabajo de Diploma. La configuración del espacio artístico en Los siete locos y Los lanzallamas de Roberto Arlt. Autora: Dayana Águila Mesa Tutora: Msc. Marilé Ruiz Prado. SANTA CLARA,. 2011 1.

(2) A mi madre y a mi padre, porque sin su cariño desmedido no estuviera aquí hoy. Por el amor y las noches de desvelo A mi tía, por el amor que me ha brindado siempre y en un intento de ser la paz en medio de tanta demencia. A los amigos que están lejos y no por eso olvidados, nos veremos pronto.. 2.

(3) AGRADECIMIENTOS. A Marilé, en un primerísimo lugar, porque su ayuda ha sido imprescindible y sin su guía y su dulzura no hubiera llegado aquí. A mi familia, por la ayuda que me brindaron siempre y los momentos de inspiración. A Ale, por los momentos de paz, el amor, el impulso para seguir y las histerias perdonadas. A mis amigas infames, por todos los años vividos, por las penas y alegrías de los cafés. A Marianela, especialmente, por las ideas, las aspiraciones, la preocupación y los libros. A mis amigos y prácticamente hermanos y padres, por la diversión, las invitaciones y el apoyo en estos años. Al Dr. Martin Dos Santos, por la inesperada ayuda material.. 3.

(4) ¿Qué opino de mí mismo? Que soy un individuo inquieto y angustiado por este permanente problema: de qué modo debe vivir el hombre para ser feliz, o mejor dicho, de qué modo debía vivir yo para ser completamente dichoso. Roberto Arlt.. 4.

(5) RESUMEN. La presente investigación tiene como objetivo analizar la configuración del espacio artístico en las novelas Los siete locos y Los lanzallamas, del escritor argentino Roberto Arlt. En el primer capítulo se realiza un estudio de los principales postulados teóricos acerca del espacio artístico y su importancia en la construcción de sentido en textos narrativos; asimismo se hace referencia a las características de la producción literaria latinoamericana en las primeras décadas del siglo XX, período en que se ubica la publicación de ambos textos. El segundo capítulo comprende el análisis de las novelas. La investigación adoptó una perspectiva cualitativa; en este caso el análisis de contenido se impuso como el medio a utilizar. Se consideró conveniente el trabajo en el terreno de lo intratextual y lo extratextual. En el análisis del espacio artístico en Los siete locos y Los lanzallamas se advirtió cómo su configuración se orienta hacia la construcción de sentidos que resultan determinantes para su significación global.. 5.

(6) ÍNDICE. INTRODUCCIÓN .................................................................................................................... 7 CAPÍTULO 1: .........................................................................................................................14 1.1 DEL ESPACIO TEORIZADO A LA EM ERGENCIA DEL ESPACIO URBANO LATINOAM ERICANO .........14 El espacio artístico en textos narrativos. Consideraciones sobre su estudio ...................................14 1.2 ROBERTO ARLT Y LA FUNDACIÓN DE UNA IM AGEN : EL ESPACIO URBANO EN LAS PRIM ERAS DÉCADAS DEL SIGLO XX LATINOAM ERICANO ..........................................................................33 CAPÍTULO 2: .........................................................................................................................42 LA CONFIGURACIÓN DEL ESPACIO ARTÍSTICO EN LOS SIETE LOCOS Y LOS LANZALLAMAS .................42 2.1 Los espacios privados y su significación en el texto...........................................................42 2.1.1 La casa de la iniquidad: la quinta del Astrólogo ..........................................................42 2.1.2. Experiencia social del desastre: la familia Espila ..................................................47. 2.1.3. Paraje de humillación: la casa de Erdosain y Elsa .................................................49. 2.1.4. La pensión provisoria .........................................................................................52. 2.1.5. El ocaso de la razón: la pieza de Barsut................................................................53. 2.1.6. La casa negra .....................................................................................................56. 2.2 LOS ESPACIOS PÚBLICOS Y SU SIGNIFICACIÓN EN EL TEXTO ................................................58 2.2.1 Cuadrados y ángulos: las calles bonaerenses ...............................................................58 2.2.2 Un oasis de gente feliz: los hábitats burgueses ............................................................65 2.2.3 2.3. Las cavernas citadinas: bares, cafés y prostíbulos .................................................68 Buenos Aires: la zona de la angustia ...........................................................................71. CONCLUSIONES ...................................................................................................................77 RECOMENDACIONES...........................................................................................................80 BIBLIOGRAFÍA .....................................................................................................................81. 6.

(7) INTRODUCCIÓN. Fundamentación teórica A pesar de que los estudios del espacio artístico y sus funciones dentro del relato no están ausentes de los estudios críticos y teóricos-literarios, no es sino hacia la segunda mitad del siglo XX que este comienza a ser visto como un estrato activo e indispensable dentro del texto, consideración que echa por tierra la tendencia a considerar este componente de la narración como mero contenedor de las acciones narradas. Al respecto Alicia Llarena ha señalado: Y es que, a medida que aumentaba mi certeza sobre el poder semántico del espacio literario, este ha ido cobrando un renovado interés, que puede palparse en distintos ámbitos del escenario teórico más reciente: desde la descentralización de las literaturas nacionales y la irrupción de las periferias, hasta los movimientos migratorios, o los contrastes entre la globalización y el multiculturalismo, pasando por las reflexiones sobre la diversidad y la diferencia, lo cierto es que en nuestros días el espacio literario es un signo privilegiado en la interpretación y la valoración de las culturas, e incluso un campo de estudios que ya manifiesta su autonomía entre las modas académicas, como indica el surgimiento de la ―ecocrítica‖, quizás la última venganza del espacio frente al largo descuido teórico y social al que lo hemos ido relegando, y que algunos denunciaron hace tiempo con visionaria claridad. 1 La importancia del espacio artístico en los estudios crítico-literarios también se ha hecho sentir en Latinoamérica; en tal sentido se distinguen textos como Espacios del imaginario 1. Alicia Llarena: Espacio, identidad y literatura en Hispanoamérica , Universidad Autónoma de Sinaloa, Sinaloa, 2007, p. 9.. 7.

(8) latinoamericano. Propuestas de geopoética, de Fernando Aínsa, así como Espacio, identidad y literatura en Hispanoamérica, de Alicia Llarena; sin embargo, a pesar de este creciente interés no puede afirmarse que estudios como estos resuelvan plenamente las ausencias que se vislumbran en los estudios literarios del continente. En Cuba, por ejemplo, estas carencias también se hacen notar, a pesar de propuestas como la de Olga García Yero cuando analiza la poética de José Soler Puig, propuesta asentada en el análisis del tiempo y el espacio narrativos en la producción de este escritor; así como las investigaciones de Marilé Ruiz Prado («La configuración del espacio artístico en Sobre héroes y tumbas de Ernesto Sábato»), y de Danay Olivera Cárdenas («La configuración del espacio artístico en El túnel de Ernesto Sábato»), antecedentes inmediatos del estudio que se propone. Por otra parte, debe señalarse cómo en las últimas décadas del siglo pasado el estudio de la obra del argentino Roberto Arlt se hizo necesario para algunos críticos, quienes comenzaron a reparar en el mérito escritural de este autor, e incluso a valorar su importancia como genuino representante de la novela urbana de vanguardia. 2 Hoy, el renombre alcanzado por Arlt resulta indiscutible; sin embargo, desde la aparición de sus primeros textos hasta casi concluido el siglo XX, el examen de sus novelas produjo desconcierto e incomprensión por parte de muchos,3 consideración que ha sido revertida por los estudios más actuales. En un primer momento, las novelas de Arlt fueron atacadas desde todos los puntos: su estilo diferenciado de los cánones establecidos, su singular sentido de realismo y su atropello de la sintaxis le proporcionaron a sus detractores una fuente de la que partieron sus ataques. Posteriormente se le otorgó la merecida relevancia que desempeñó en la literatura del 2. Maryse Renaud: «Los siete locos. Los lanzallamas: audacia y candor del expresionismo», en: Roberto Arlt. Los siete locos. Los lanzallamas, Edición Crítica, Colección Archivos, Francia, 2000, p. 689. 3 Mario Goloboff: «Introducción del coordinador», en Roberto Arlt: Los siete locos. Los lanzallamas, Edición Crítica, Colección Archivos, Francia, 2000, p. XXII .. 8.

(9) Continente, sobre todo cuando fue advertido que autores como Juan Carlos Onetti, Leopoldo Marechal, Ernesto Sábato, Carlos Fuentes, Manuel Mujica Láinez, Alfredo Bryce Echenique, Ricardo Piglia, entre tantos otros, debían ser considerados deudores de la herencia arltiana. 4 Según Mario Goloboff las dos novelas de este autor que mayor alcance han tenido son Los siete locos y Los lanzallamas;5 en estas se manifiesta una nueva y genuina concepción del espacio artístico, vinculada asimismo a una singularísima imagen de la ciudad. A pesar de las numerosas investigaciones que estas obras han suscitado, su estudio no ha sido agotado totalmente: «Muchas de las imágenes en que se expresa su vocación transgresora podrían figurar en textos del futurismo, del surrealismo y las vanguardias, aspectos de la provocación estética de Arlt que apenas han sido mencionado por la crítica, más preocupada por la dimensión existencial y social de su obra.»6 Otros estudios que comúnmente se han realizado en torno a la creación arltiana han centrado su atención en el estatuto del narrador, la ideología, las relaciones con las vanguardias artísticas de principios de siglo, y la conexión de su narrativa con los textos periodísticos del mismo autor. Sin embargo, prácticamente no se encuentran pronunciamientos críticos que aborden una temática tan esencial como la que se refiere a la configuración del espacio artístico. La búsqueda bibliográfica realizada mostró que en los estudios concernientes a la estructura de las novelas, no priman aquellos referidos al tratamiento de la espacialidad y la importancia de la misma en la configuración de sentido.. 4. Confróntese al respecto las ideas expuestas por Marilé Ruiz Prado en : «La configuración del espacio artístico en Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sábato», Tesis en opción del Título de Máster en Cultura Latinoamericana, Instituto Superior de Arte, filial Camagüey, 2008, p. 187. 5 Mario Goloboff: Ob.cit, p. XXII . 6 Fernando Aínsa: «La provocación como antiutopía en Roberto Arlt», Los complementarios, Cuadernos Hispanoamericanos, julio, 1993, p. 22.. 9.

(10) A fin de validar la novedad e importancia de la investigación, se considera pertinente proporcionar una síntesis de los aspectos más significativos arrojados por la búsqueda bibliográfica. Sobresale en tal sentido el artículo de Maryse Renaud «Los siete locos y Los lanzallamas: audacia y candor del expresionismo» en el cual la autora analiza las causas de la incomprensión del público y de la crítica en el momento en que vieron las luz ambas novelas; destaca los méritos de las obras y hace énfasis en su significación dentro del inicio de la moderna novela urbana. Para ello proporciona un estudio del surgimiento de esta temática en Latinoamérica, teniendo en cuenta los principales antecesores de la figura estudiada. En su investigación se muestra un análisis de la inserción de la narrativa arltiana a la naciente modernidad, así como sus relaciones con las vanguardias de principios de siglo. Además analiza los presupuestos del nuevo arte narrativo que propone Arlt, e interpreta la imagen de la urbe y a la angustia existencial perceptible en sus textos. Por su parte, en «Clase media y lectura: la construcción de los sentidos», Andrés Avellaneda realiza un bosquejo de las condiciones socioculturales de la época en que surgen Los siete locos y Los lanzallamas, y demuestra la influencia de los cambios operados en América a inicios de siglo para la creación de ambas novelas. Describe el ambiente literario que rodea a la obra y enfatiza en el aspecto social y referencial que puede apreciarse en estas. Destaca asimismo el estudio de Noé Jitrik «Un utópico país llamado Erar» en el cual se analiza el ritmo de la narración de Los siete locos, se caracteriza la sintaxis de la ficción y se establece una distinción entre este texto y Los lanzallamas, tomando como base la tensión narrativa de ambas novelas. Noé Jitrik también hace un estudio de los personajes que intervienen en los textos y el papel que juegan en el desarrollo de la acción, e insiste en la significación cultural 10.

(11) que adquieren los discursos emitidos por ellos. A esto se une un estudio del vínculo de las novelas de Arlt con la tradición literaria, sobre todo con el realismo decimonónico; atiende también a su estrecha vinculación con la renovación narrativa de inicios de centuria y su filiación a un imaginario y a presupuestos vanguardistas que resaltaban, sobre todo, el tema de la angustia. En la búsqueda bibliográfica destacan dos artículos de la hija del escritor, Mirta Arlt: «Los siete locos» y «Los lanzallamas», en los cuales la autora analiza el desdoblamiento de Arlt en los personajes de sus novelas y el distanciamiento agónico de estos frente a la realidad circundante.. Además,. principalmente. en. «Los. lanzallamas»,. la. autora establece la. correspondencia de esta novela con la tendencia expresionista de vanguardia, fenómeno que también es perceptible en los modos en que la espacialidad se proyecta en los textos. A pesar de que las investigaciones mencionadas tienen como común denominador el interés de mostrar los modos en que desde estos textos se proyecta una singular imagen del espacio urbano, es notable la ausencia de análisis científicos acerca del espacio artístico en estas dos novelas de Roberto Arlt, por lo que se hace necesario y pertinente un análisis específico de este tema que, aunque abordado, aún presenta aristas totalmente inexploradas; ello avala la importancia y la novedad del estudio propuesto. Objetivo general Analizar la configuración del espacio artístico en Los siete locos y Los lanzallamas atendiendo a su estructuración y funcionalidad. Problema científico ¿Qué significaciones adquiere en Los siete locos y Los lanzallamas la configuración del espacio artístico? 11.

(12) Diseño metodológico Para un análisis del espacio artístico en Los siete locos y Los lanzallamas se considera conveniente el empleo de un método múltiple, despojado de esquematismos rígidos y marcado por los particularismos de las obras objeto de estudio. A pesar de que la caracterización del espacio puede realizarse a través de enfoques cuantitativos, no habrá de seguirse esta perspectiva, pues lo que interesa para cumplimentar el objetivo propuesto no es la frecuencia con la que se manifiestan los fenómenos, sino cómo se revelan y qué aportan al sentido global de las novelas. La investigación a realizar será de tipo cualitativa; en este caso el análisis de contenido se impone como el medio esencial para el examen. El trabajo se realizará en el terreno de lo intratextual, con el objetivo de fundamentar cómo los planos espaciales de las novelas determinan el desarrollo y la significación del texto; aunque se hace inevitable la recurrencia a relaciones extratextuales, a fin de poder insertar y relacionar los textos objeto de estudio en el panorama cultural de su tiempo. Debe señalarse que el análisis de la estructuración y la funcionalidad del fenómeno espacial en una obra narrativa supone una caracterización que supere el estudio parcial de las marcas espaciales; en aras de efectuar una cabal investigación se hace necesario el análisis de lo que ha dado en llamarse «sentidos añadidos», cuya conceptualización y finalidad se explicitan en el primer epígrafe del capítulo 1. Con el objetivo de organizar el análisis se ha realizado una estructuración en dos partes bien diferenciadas, manifiestas a partir de la oposición entre espacio público/espacio privado. La primera parte del estudio se centra en la imagen de la ciudad como exponente. 12.

(13) del ámbito privado; mientras que la segunda parte se centra en el análisis de los espacios públicos representados en los textos. Se ha considerado conveniente estudiar ambas novelas pues, según las declaraciones del propio autor, estas pueden ser valoradas como un texto único a partir de sus visibles relaciones. Al publicarse por primera vez Los lanzallamas, Arlt expresa: «Con Los lanzallamas finaliza la novela de Los siete locos».7 Además, según los juicios de críticos como Mario Goloboff, 8 el mantenimiento de una línea argumental lógica posibilita el análisis de los dos textos como un conjunto uniforme. Estructura El informe final de investigación está compuesto por dos capítulos. En el primero se realiza un estudio de los principales postulados teóricos acerca del espacio artístico y su importancia en la construcción del sentido en textos narrativos; asimismo se hace referencia a las características de la producción literaria latinoamericana en las primeras décadas del siglo XX. El segundo capítulo comprende el análisis de las novelas señaladas a partir de los presupuestos señalados en los apartados anteriores. Finaliza el informe con los resultados que derivan de los aspectos evaluados en el análisis.. 7. Roberto Arlt: «Palabras del autor», en Roberto Arlt. Los siete locos. Los lanzallamas, Edición Crítica, Colección Archivos, Francia, 2000, p. 285. 8 Mario Goloboff: Ob. cit., p. XXII .. 13.

(14) CAPÍTULO 1: 1.1 DEL ESPACIO TEORIZADO A LA EMERGENCIA DEL ESPACIO URBANO LATINOAMERICANO. El espacio artístico en textos narrativos. Consideraciones sobre su estudio El espacio artístico ha sido incluido como segmento fundamental dentro de los estudios literarios de las últimas décadas. Si bien este fenómeno fue considerado secundario en los análisis críticos de la primera mitad del siglo XX, alrededor de la década del setenta adquiere una renovada dimensión y deja de ser un complemento de otras categorías como el narrador y los personajes para erigirse como componente fundamental de la obra literaria, con una autonomía y función vitales dentro de la misma. Alicia Llarena, en su libro Espacio, identidad y literatura en Hispanoamérica señala acerca de esto: […] el espacio literario fue, hasta hace poco, el aspecto que dispuso de una menor atención en el discurso teórico y crítico, oscurecido por esos pesos pesados del universo narrativo que, como el punto de vista, el personaje o el tiempo, acaparaban casi todo el protagonismo. Sin embargo, son muchas las razones y argumentos que indican que esa especie de ―lenguaje silencioso‖, el lenguaje espacial, no es sólo un ingrediente decisivo en el tejido textual de una novela, sino el auténtico corazón de la historia, el elemento mediador entre todas las instancias del relato, el principio del. 14.

(15) que dependen y en el que toman sentido las figuras y acontecimientos de una fábula cualquiera.9 Esta evolución en el análisis de la configuración de este componente del texto artísticoliterario ha sido esencial en la difícil tarea de devolverle el indiscutible lugar que ocupa en la construcción de la obra. En un estudio de Kristina Ber da Costa Gomes, del año 2004, se insiste sobre la importancia de la dimensión espacial de los relatos. Conjuntamente con su tradicional función de marco localizante de los acontecimientos y los personajes, el espacio se revela como expresión de los valores ideológicos y simbólicos de la obra. De las peculiaridades de su composición depende el vínculo establecido por el lector entre el universo diegético de la obra y el mundo real; a la vez que la reciprocidad de la relación entre los personajes y el propio espacio evidencia los ejes articuladores del sentido que produce el texto.10 El especial tratamiento que ha recibido el espacio literario en las últimas décadas se complementa con las renovadas concepciones que brindan los estudiosos acerca de este fenómeno, el cual es abordado ahora como «una unidad estructural de primer orden, de hondas implicaciones con los otros elementos (personajes, acción y tiempo) y con los demás. ingredientes. narratológicos. (diálogo,. descripción,. narración,. focalizadores,. narradores, lectores...)».11 Puede decirse entonces que el espacio literario pone en relación seres, lugares y objetos del entramado del texto. Es un producto de la ficción, a la vez que requiere de cierta competencia del lector en el momento de lectura o de reconstrucción del 9. Alicia Llarena: Ob. cit., pp. 65-66. Kristina Ber da Costa Gomes: «El espacio en la ficción de dos obras contemporáneas: El jinete polaco de Antonio Muñoz Molina y Agua quemada de Carlos Fuentes», (Proyecto para optar por el grado de Magister en Literatura comparada) Universidad Central de Venezuela, Caracas, 2004, pp. 8-9. 11 José Antonio Alonso Lera: «Hacia un estatuto del elemento espacial en la novela» en Epos XX-XXI, 20042005, p. 238. 10. 15.

(16) discurso. Depende directamente del lenguaje, pues este lo construye y le confiere sus particularidades. Ricardo Gullón, en Espacio y novela, señala: «El espacio literario es el del texto; allí existe y allí tiene vigencia […] Una de las funciones del yo narrador consiste en producir ese espacio verbal, un contexto para los movimientos en que la novela se resuelve, espacio que no es reflejo de nada, sino invención de la invención que es el narrador, cuyas percepciones (trasladadas a la imagen) lo engendran.»12 La intensa potencialidad comunicativa del espacio literario juega un papel fundamental en la configuración de una obra. Esta aptitud generativa de significados adicionales en el texto influye significativamente en el momento de creación artística y también en el momento de lectura. El espacio como elemento indispensable de la trama proporciona concreción y verosimilitud a la historia; su riqueza textual y el subsistema de significaciones que proyecta permiten que en ocasiones se potencie más que el resto de los componentes del discurso, instituyéndose como centro de este: «El espacio se convierte, al situar la acción, en uno de los elementos estructurantes de la sintaxis narrativa, erigiéndose en un cimiento relevante de la trama en virtud de las relaciones establecidas entre los diversos escenarios de la historia. Como componente estructural contribuye con su disposición a la organización de los hechos ficcionales, proporcionándole formas a los sentidos de la obra.»13 Gullón comenta acerca de los diferentes niveles de significación que pueden presentarse en la novela atendiendo a las especificidades constitutivas del espacio: «[…] en el espacio literario pueden darse varios niveles de significación, según el modo de lectura. Los hechos. 12. Ricardo Gullón: Espacio y novela. Editorial Antoni Bosch, Barcelona, 1980, p. 2. Natalia Álvarez Méndez: «Desde la otra orilla de la existencia, con José María Merino, al espacio mítico de la vida, con Luis Mateo Díez», en Exemplaria 7, Universidad de León, 2003, p. 228. 13. 16.

(17) resuenan en planos diversos: narrativo, histórico, simbólico, mítico».14 Las funciones del espacio dentro del texto se tornan vitales atendiendo a las distintas significaciones de este. Por su parte, María de los Ángeles García y Antonio Gómez Aguilar explicitan en su artículo la importancia de la configuración del espacio dentro del corpus narrativo: El espacio literario en la novela tiene una serie de funciones que hacen de él un elemento primordial para la articulación del relato: se encarga de ofrecer coherencia y cohesión al texto, ya que confiere una sensación de verosimilitud al conjunto gracias al ensamblaje total de las piezas que lo integran. En segundo lugar, gracias a la semiotización del espacio, es decir, a la atribución de valores a ciertos lugares y conseguir. así. establecer. una. serie. de. oposiciones. axiológicas. (alto/bajo,. izquierda/derecha) puede convertirse en un elemento crucial para la significación total del texto. Por último, el espacio puede servir para caracterizar el personaje en cuanto a ideología o a mundo interior y comportamiento. […] Ese entorno deja entrever peculiaridades de la personalidad del personaje en concreto, hasta el punto de que el narrador no tiene necesidad de definir con adjetivos u otros artificios concretamente al personaje, sino que queda dibujado gracias a su entorno.. 15. De acuerdo con estos criterios puede decirse que el espacio en un texto genera nuevas connotaciones, que, unidas a las indicaciones puramente referenciales, enriquecen en gran medida el sentido de la obra literaria. Estas posibilidades semánticas del espacio literario están dadas por el hecho de que este puede constituirse como revelador sobre la caracterización de los personajes y de los sucesos narrados, pues el ambiente en el que estos. 14. Ricardo Gullón: Ob. cit., p. 10. María de los Ángeles García y Antonio Gómez Aguilar: «El nuevo espacio interactivo. Confluencias entre literatura y multimedia», en Mundo posible. Literatura y comunicación. Enseñanza 2, junio, 2006, p. 5. 15. 17.

(18) se desenvuelven y desarrollan se instituye muchas veces como representación material de su pensamiento. Como resultado de esto las ambientaciones de determinados espacios y los objetos relacionados a estas, se convierten en indicios muy específicos de los sentidos del texto y en parte indispensable de la configuración del espacio. Al respecto, Michel Butor menciona la importancia de la descripción de objetos y accesorios, pues estos enriquecen las percepciones ofrecidas al lector y complementan la configuración general del espacio: «[…] escribir una novela no será tan solo componer un conjunto de acciones humanas, sino también componer un conjunto de objetos todos ellos necesariamente vinculados a personajes, por proximidad o lejanía».16 Uno de los acercamientos más notables al estudio de este fenómeno fue el realizado por el teórico ruso Mijaíl Bajtín, quien, a pesar de analizar el espacio literario en un vínculo indispensable con el tiempo artístico (cronotopo literario), precisó la relevancia de este fenómeno en la estructura y la comprensión de una obra: En el cronotopo literario-artístico tiene lugar una fusión de los indicios espaciales y temporales en un todo consciente y concreto. El tiempo se condensa, se concentra y se hace artísticamente visible; el espacio se intensifica, se asocia al movimiento del tiempo, del argumento, de la historia. Los indicios del tiempo se revelan en el espacio y este es asimilado y medido por el tiempo. Este cruzamiento de series y fusión de indicios caracteriza al cronotopo artístico. 17 Para Bajtín el cronotopo resulta un componente elemental del argumento de las obras literarias, y la evolución de este se corresponde con la evolución misma de la historia de la 16. Michel Butor: «Filosofía del mobiliario», en Salvador Redonet Cook (comp.): Selección de Lecturas para la Investigación Crítico-Literaria, t. II, p. 565. 17 Mijaíl Bajtín: «Formas del tiempo y del cronotopo en la novela», en Problemas literarios y estéticos, Editorial Arte y Literatura, La Habana, 1986, pp. 269-270.. 18.

(19) literatura; destacando además la importancia de la caracterización de este fenómeno a la hora de definir el género de uno u otro texto literario. Al mismo tiempo sitúa esta categoría en un lugar destacado dentro de la composición de las obras novelescas, distinguiendo la ancilaridad del espacio respecto al tiempo; para Bajtín las marcas espaciales se constituyen alrededor del tiempo novelar y este último se destaca como eje del cronotopo: «El cronotopo tiene una importancia genérica sustancial en la literatura. Se puede decir concretamente que el género y sus variedades se determinan precisamente por el cronotopo; además, en la literatura el tiempo constituye el principio rector en el cronotopo.»18 Por su parte, Juri Talvet otorga una significación característica dentro de la obra literaria a estas categorías, pero destacando las potencialidades de cada una en la configuración del texto: «El tiempo y el espacio artístico incluyen y dan valor tanto al contenido como a la forma, vinculando recíprocamente su significación y ampliándola.»19 El análisis de la configuración del espacio literario, desentendido de sus vínculos con los restantes componentes del texto, merma las posibilidades semánticas de este como elemento significante. La labor investigativa debe destacar este componente del conjunto de la obra, apreciando a la vez sus relaciones con el resto de las categorías presentes en los entramados textuales. Es indudable que bajo el apartado del espacio se agrupan diversos fenómenos y líneas investigativas; en este sentido, el polaco Janusz Slawinski, en su artículo «El espacio en la literatura: distinciones elementales y evidencias introductorias», ofrece algunas de las perspectivas de análisis más significativas:. 18. Ibídem, p. 270. Juri Talvet: «Introducción a la poética del tiempo y el espacio», en: Salvador Red onet Cook (comp.): Selección de Lecturas para la Investigación Crítico-Literaria, t. II, p. 499. 19. 19.

(20) I.. Reflexiones que se incluyen dentro de la poética sistemática: Se concibe el espacio como un fenómeno explicable dentro de la morfología de la obra literaria, a la vez que es uno de los principios de organización de su plano temático- composicional y de la realidad presentada. El espacio es el resultado de operaciones creadoras de enunciación dentro del plano estilístico.. II.. Exploraciones en los esquemas composicionales del espacio fijados en la tradición: Se entiende el espacio literario de manera mucho más amplia, atendiendo a las aprehensiones convencionales propias de una época, cultura literaria, corriente o género. Se corresponde con una poética histórica.. III.. Investigaciones acerca de las representaciones espaciales fijadas en el sistema semántico del lenguaje y sus movilizaciones o prolongaciones literarias: Se aborda la problemática de los campos semánticos relacionados con la categoría del espacio. El objeto de estudio lo constituyen las distintas unidades del lenguaje que se cargan de sentido espacial; a partir de la construcción de sistemas semántico-estilísticos las representaciones espaciales del lenguaje sufren determinadas alteraciones.. IV.. Reflexiones sobre los patrones culturales de la experiencia del espacio y su papel en el modelado del mundo presentado de las obras literarias: Se analiza el espacio teniendo en cuenta cuestiones tales como los correlatos espaciales de la jerarquía social, los terrenos propios y ajenos, cotidianos y sagrados, los espacios de defensa y de conquista, las valoraciones morales, cosmovisivas y estéticas asociadas a lugares, zonas, direcciones, puntos cardinales y regiones.. V.. Estudios acerca de los espacios universales arquetípicos, su papel en la formación de la imaginación de los escritores y sus exteriorizaciones en la semántica, la 20.

(21) estilística y la temática de las obras: Se examinan imágenes recurrentes que forman parte de un subconsciente colectivo y que son variaciones de temas elementales dentro de la historia humana. Estas se manifiestan en la configuración del espacio en la obra literaria, estrechamente vinculadas a otras problemáticas como la estilística, la poética histórica o la culturología. VI.. Reflexiones filosóficas concernientes a la naturaleza y forma del espacio literario entendido como copia, analogon o peculiar transformación del espacio físico: Se investigan las propiedades del mundo presentado, tales como la disposición de los objetos y las distancias entre ellos, las dimensiones y las formas, la continuidad, la finitud y la infinitud. Se analizan también los modos de orientación del espacio presentado, la relativización del sistema espacial con respecto al punto de vista del observador supuesto, dando lugar con esto a la concepción acerca de los puntos de vista y su papel en el discurso narrativo.. VII.. Investigaciones donde no se trata al espacio como componente de la realidad presentada sino donde la obra misma es concebida como espacio sui generis: Se examinan concepciones de la obra donde esta es abordada como un dispositivo cuyos elementos están dispuestos en un territorio que podría calificarse como matemático y como parte de una extensión concretizada físicamente. Esta línea implica determinadas relaciones mentales sobre aquello que es representado en la obra.20. 20. Janusz Slawinski: «El espacio en la literatura: distinciones elementales y evidencias introductorias», en Desiderio Navarro (selecc. y trad.): Textos y contextos, Editorial Arte y Literatura, Ciudad de La Habana, 1989, t. II, pp. 270-275.. 21.

(22) A pesar de que Slawinski señala la multiplicidad de líneas investigativas y la libre asociación de conceptos, destaca como perspectiva básica aquella que refiere al espacio como componente de la morfología de la obra y de su plano presentado. Subraya además el hecho de que no es pertinente limitarse a una sola perspectiva o a los problemas que esta implica a la hora de enfrentarse al estudio del espacio literario; las distintas reflexiones posibilitan un examen más profundo y exhaustivo siempre y cuando se mantenga una de ellas como primaria y el resto se erija como complemento. Una de las particularidades en la configuración del espacio se expresa en el hecho de que este es el resultado de distintos procesos simultáneos que constituyen a la vez un proceso semántico único. Slawinski, de forma meridiana, ha dividido en tres unidades morfológicas este proceso de construcción del espacio en una obra literaria. Ellos son el plano de la descripción, el plano de los escenarios y el plano de los sentidos añadidos.21 La descripción debe constituirse como elemento iniciador de la totalidad espacial de la obra, y para Slawinski esta no debe seguir siendo tratada como mera forma elocutiva o estática, sino que debe ser apreciada también en su aspecto más dinámico: como creadora de. entes. semánticos.. Puede. presentarse. en. un. segmento. textualmente. extenso,. estilísticamente homogéneo e independizado; y además, puede aparecer diseminada en el contexto de diferentes tipos de enunciados y en pequeñas dosis textuales. Al respecto, señala Natalia Álvarez: La descripción se presenta como uno de los mecanismos que más juego proporciona al narrador novelesco, pues no desarrolla ni mucho menos una función simplemente decorativa. Por el contrario, es un factor discursivo esencial que muestra la. 21. Ibídem, p. 278.. 22.

(23) relevancia de la focalización de los sentidos que pueden conformar los diversos ambientes; de los objetos que otorgan contenido semántico a los diferentes escenarios; y de la perspectiva y de la distancia a la hora de construir un ámbito ficcional de actuación.22 La descripción, como parte constitutiva del espacio en el texto, es capaz de interferir en el ritmo de la historia, de ella dependen los efectos de suspenso, agilidad o lentitud en el progreso de la acción. Este proceso resalta el espacio y puede entenderse como una enumeración o despliegue de los distintos atributos de un objeto nombrado, así como de las relaciones que establece con el resto de los objetos y del ambiente en que se encuentra. Sobre esto apuntó el estudioso Philippe Hamon: «Una descripción será en un enunciado el lugar de introducción y de acentuación no solo de una capacidad semiológica, sino también de una capacidad de lo taxonómico en general. […] Los grandes enunciados taxonómicos son en primer lugar, enunciados destinados al uso o a una finalidad pragmática. Son textos más para consultar que para leer.»23 Hamon señala que a menudo, al encontrarnos con una descripción en un texto, estamos en presencia de un flujo de imágenes que muchas veces resultan enumeraciones, más o menos explícitas, de los distintos ambientes en que se sitúan las acciones. Luz Aurora Pimentel coincide también con estas consideraciones: La forma discursiva privilegiada para la proyección del espacio diegético es evidentemente la descripción, (sic) misma que puede definirse elementalmente como la puesta en equivalencia de un nombre y una serie predicativa. El nombre 22. Natalia Álvarez Méndez: «Hacia una teoría del signo espacial en la ficción narrativa contemporánea», en Signa 12, 2003, p. 554. 23 Philippe Hamon: Introducción al análisis de lo descriptivo en http:// www.freewebs.com/estebanf/Semiotica/10-%20HAM ON.doc (consultado en enero de 2011). 23.

(24) que puede ser propio o común, simple o compuesto, lexema o frase nominal- funge como tema descriptivo susceptible de una descomposición semántica o morfológica que se manifiesta en la serie predicativa como un inventario de propiedades, atributos o detalles. De hecho, esta es la forma de organización más elemental, el rasgo distintivo de toda descripción: la tendencia al inventario.24 Las descripciones de los distintos espacios pueden orientar la lectura del texto y ser utilizadas como elementos unificadores de espacios. La función de la descripción será constante, ella incluye el parámetro espacial en la semántica del mensaje, y la acción siempre requerirá por lo menos breves referencias a los personajes y a las atmósferas en que estos se sitúan. Por su parte, el plano de los escenarios se constituye como un ambiente para fenómenos de otro orden como acontecimientos, personas y vivencias, e incluso este espacio puede convertirse en correlato de todo el texto. Este plano está claramente marcado por la servicialidad, en él se contacta con totalidades semánticas anteriormente producidas, contribuyendo a la construcción de la realidad presentada de la obra. La funcionalidad y relevancia del escenario depende de lo que en este tenga lugar, pues permanece regido por el resto de las grandes figuras. De aquí que «[…] el análisis del escenario tenga siempre un carácter aspectual: es realizado en atención al papel de las categorías espaciales en la constitución de totalidades de otro género.»25 Este plano del escenario aparece, según Slawinski, en tres aplicaciones fundamentales. En primer lugar determina el territorio en el que se mueven los personajes, o sea, separa, clasifica o distingue las zonas o espacios en los. 24. Luz Aurora Pimentel: Relato en perspectiva: estudio de la teoría narrativa. Siglo XXI Editores, México, DF, 1998, p. 39. 25 Janusz Slawinski: Ob. cit., p. 283.. 24.

(25) que estos se mueven; a la vez que constituye el conjunto de lugares o localizaciones donde tienen lugar los acontecimientos y escenas en las que participan estos caracteres. En un tercer lugar se manifiesta como indicador de una estrategia comunicacional definida; puede apelar a la reconstrucción del espacio por parte del receptor en el caso de escenarios desprovistos de algunas especificidades, a la vez que se libera al lector de esta tarea si se construyen escenarios uniformemente llenos, pletóricos de detalles determinantes de la localización. «La erección de los escenarios siempre tiene dentro de sí algo de la disposición de los decorados escénicos que no son importantes por sí mismos, sino exclusivamente en atención a lo que en ellos tiene lugar.»26 La tercera unidad morfológica de la que habla Slawinski es la del plano de los sentidos añadidos. En este, el espacio creado es capaz de producir significaciones adicionales, cada uno de los elementos de la representación espacial puede generar connotaciones completamente nuevas, marcadas simbólicamente y que enriquecen la configuración espacial de la obra: El espacio tratado como equivalente de estados emocionales; la oposición de los espacios realistas y fantásticos; los interiores habitables como indicio del status social del héroe; el paisaje arcádico del idilio, opuesto al caos inhumano del paisaje de la gran ciudad; los elementos paisajísticos como símbolos de la patria lejana; el bosque espeso como subconsciente; el recorrido de un camino como figura del perfeccionamiento espiritual: en todos estos casos, y en otros innumerables de género semejante, estamos ante connotaciones que pueden ser movilizadas en la. 26. Ibídem, p. 282.. 25.

(26) medida en que existan en la obra una sistematización perceptible y programática de los espacios presentados y una axiología ligada a ellos. 27 Esta presencia de nuevas connotaciones requiere muchas veces de una referencia a la tradición literaria y cultural que posibilite su existencia y comprensión, a la vez que enriquece la configuración espacial y su significación en el texto. El espacio, por lo tanto, no será simplemente el escenario en el cual acontecen las acciones del relato y donde se ubican los personajes. Este componente se reviste de formas coherentes y adquiere múltiples sentidos, lo cual le permite la revelación de distintos lugares cargados de significación, que a su vez construyen mundos ficcionales que pueden ser míticos, fantásticos, maravillosos, similares al mundo real, etcétera. Esta inagotable capacidad creativa del espacio literario radica en su carácter de signo. Por tanto, su configuración va más allá de la simple representación mimética de la realidad en que se desenvuelven las acciones y los personajes, «el espacio literario se vincula directamente con el efecto de sentido [...], se vincula con la connotación, los sentidos añadidos del texto.»28 Este plano de los sentidos añadidos permite la existencia de innumerables significaciones en el texto, que solo existen gracias al particular proceso de creación, de configuración del espacio en el que se desarrollan los acontecimientos: «En el espacio literario la significación se dispara no hacia un centro, sino hacia las fronteras. Se afirma y se niega como una forma de mantener la movilidad del lenguaje; para mostrar en este movimiento que en la literatura la significación no puede ser fija.»29 27. Ibídem, p. 287. Olga García Yero: Espacio literario y escritura femenina, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2010, p.11. 29 Norma Angélica Cuevas Velasco: «El espacio poético en la narrativa. De los aportes de Maurice Blanchot a la teoría literaria y de algunas afinidades con la escritura de Salvador Elizondo», Tesis de investigación doctoral, Universidad Autónoma Metropolitana, México, 2004, p. 153, en http://148.206.53.231/ UAMI11051.PDF (Consultado en febrero de 2011). 28. 26.

(27) En los estudios más actuales, unido al problema de la multiplicidad de líneas de investigación sobre el espacio literario, se encuentra la ausencia de un sistema de clasificación, de categorías definidas en la configuración del espacio en una obra literaria. Las mismas posibilidades semánticas de este son las que posibilitan esta diversidad, lo cual hace necesario la presencia de un sistema de ordenamiento de estas en el momento de análisis de una obra. Olga García Yero ofrece una clasificación al respecto: I.. Espacio construido. configurado como continente de elementos objetivos: Se encuentra estilísticamente. sobre. la. base. de. denominaciones. carentes. de. modificadores, con un amplio empleo de reiteraciones, de detalles y objetos, los cuales ocupan un lugar definido, un sitio, en la estructura imaginal del espacio básico de la acción. II.. Espacio construido como objeto de manipulación subjetiva libre: Se resaltan sus componentes a partir de la reconfiguración subjetiva que haga el narrador de estos según el tipo de focalización que se emplee. Puede darse en la supresión del factor humano, cuya ausencia se compensa con la humanización de lo meramente objetual, adquiriendo dimensiones diferentes. El espacio es dinamizado, adquiere una movilidad transformativa como resultado de un tratamiento subjetivo, se orienta hacia la captación de una atmósfera profundamente espiritual que abandona las formas meramente aparenciales.. III.. Espacio onírico: Puede considerarse como un grado extremo del tipo anterior, donde el paso de la objetividad del elemento escénico a la subjetividad de la imagen es muy rápido y se apoya en índices implícitos o explícitos, dependiendo de la focalización del narrador. El sentido onírico del espacio puede ser reconocido 27.

(28) explícitamente por el propio narrador, y señalado como una especie de ámbito único, irrepetible en su intensidad, su fealdad, o su belleza. IV.. Espacio mítico: Es el resultado de una mitificación espacial que se realiza por la vía de una construcción cosmogónica del espacio. La falibilidad de las visiones míticas colorea a veces el discurso narrativo, y en ocasiones se explicita con violencia.. V.. Espacio idílico: Se construyen escenarios para una acción que se aleja de la superficie cotidiana, donde se suprimen los elementos objetivos. Frecuentemente se relaciona con otros tipos de configuración espacial. 30. Este tipo de clasificación resulta sumamente pertinente durante los análisis espaciales de una obra literaria, sin embargo, los tipos de espacios son múltiples en la literatura y cada uno de ellos cumple con la finalidad de construir una o varias texturas determinadas en una obra. Otra de las clasificaciones para el estudio de este fenómeno es la ofrecida por Natalia Álvarez Méndez, sistematización sumamente conveniente en el momento de análisis de la configuración espacial en un texto literario: I.. Espacio estereotipado: Resalta el vínculo entre un espacio y una acción determinada – el balcón o el jardín y la declaración de amor, por ejemplo-, son áreas o espacios a los que se les ha conferido determinada significación a lo largo de la historia literaria.. II.. Espacio único o plural: Distingue la restricción del desarrollo de las acciones a un solo lugar o a varios. En ocasiones un espacio revela la existencia de otros; así, la casa está conformada por la cocina, la sala, los cuartos, el ático, el sótano, etcétera;. 30. Olga García Yero: Novelar también es derretirse, Editorial Ácana, Camagüey, 2003, p. 165.. 28.

(29) mientras que la ciudad sugiere la presencia de barrios, edificios, calles, parques y bares. III.. Espacio detallado o vago: La descripción pormenorizada orienta la comprensión de los sentidos del texto y enriquece las referencias espaciales incluidas en el discurso. El espacio vago esboza o dibuja mínimamente las particularidades espaciales, lo cual no resulta en la pérdida de la capacidad de significación dentro de la estructura del relato, sino que pueden llegar a potenciarse sus funciones semánticas.. IV.. Espacio semiotizado: Resalta la relación dialéctica entre espacios opuestos. Las oposiciones más comunes en la literatura se dan entre espacio fijo y dinámico, social y privado, natural y edificado, referencial y fantástico, contemplado y recordado, objetivo y subjetivo, sueño y realidad, confinamiento y libertad, día y noche, ciudad y campo, grande y pequeño, interior y exterior y, por último, terrestre y celeste.. V.. Espacio simbólico: Resulta mayormente de sueños y enfermedades mentales como la paranoia, la esquizofrenia y el delirio. Otras formas espaciales que poseen una enorme carga simbólica son el círculo, las islas, el laberinto, el jardín, el paraíso, los espacios acuáticos y el útero materno. Incluye además aquellos lugares que simbolizan una posición económica e ideológica, debido a que la inclusión en las distintas esferas sociales condiciona las diferentes actitudes de los personajes, al imponer una serie de valores vinculados a la esfera en que se encuentran, y determinar las relaciones con otros personajes de disímiles procedencias.. VI.. Espacio fronterizo: Cumple la función de unir o separar mundos. Los ejemplos más comunes son el río, el puente, la puerta, las ventanas, las paredes, o los lugares de paso como los jardines o las playas. Estos espacios se cargan de significaciones de 29.

(30) cambio, progreso o retroceso, anhelos, imposibilidades, etcétera. Las fronteras espaciales son fundamentales en el desenvolvimiento de los acontecimientos del relato y en la vida de los personajes, por lo cual, cuando se desdibujan o desaparecen, se pierde la seguridad del mundo presentado y de las figuras que lo habitan. VII.. Espacio del camino: Distingue los lugares vinculados a las traslaciones y los desplazamientos de los personajes. Esto conlleva a distintas connotaciones, las cuales se han enriquecido con el paso de los años. En la actualidad lugares vinculados al camino y a viajes, tales como estaciones de trenes, autobuses y aeropuertos, son representativos de cierta despersonalización y en otros casos, los viajes ponen de manifiesto el desarraigo y el exilio.. VIII.. Espacio urbano: Resalta, denuncia o idealiza la vida citadina, y comienza a recibir mayor atención con el comienzo de la modernidad, hasta llegar al punto de convertirse en un tema recurrente. Sus posibilidades narrativas son disímiles, ya que agrupa aspectos de la sociedad que otros espacios no logran representar. Puede simbolizar un microcosmos, presentarse como un lugar cosmopolita o ubicarse en un barrio, ofrecer una imagen de progreso o degradación y, también, posibilitar el juego entre espacios semiotizados. El papel de la ciudad y su significación han sufrido transformaciones innumerables,. debido a que influye considerablemente en el. comportamiento de sus habitantes, llegando incluso a definir el curso de las distintas narraciones. IX.. Espacio de la casa: Permite reconocer al ser humano en su dimensión más privada, en su intimidad y alejado de roles y presupuestos sociales. Gastón Bachelard habla del espacio de la casa como una topofilia, de ella se deslindan las nociones del hombre 30.

(31) acerca de la amistad, el hogar y la familia. Se concibe también como un estado del alma, como extensión de los lazos espirituales del ser humano con su ambiente más cercano. Este espacio de la intimidad resulta el vehículo ideal para mostrar la verdadera personalidad de los distintos personajes. La noción de la casa se vincula con imágenes de protección, como un espacio personalizado y positivo, aunque también puede poseer valores negativos de reclusión o incomunicación. Se considera un escenario de libre manifestación debido a que se abandona el comportamiento característico de los espacios públicos. X.. Espacio del cuerpo: Resulta de la idea del cuerpo en un estrecho vínculo con la dimensión espacial. El cuerpo humano es en sí mismo, un espacio compuesto que a su vez, puede recibir una carga más o menos explícita del espacio que le rodea, en el que se encuentra. La manifestación más clara del espacio del cuerpo en la literatura es aquella relacionada con temas amorosos y eróticos.. XI.. El espacio como reflexión en la propia historia: Se manifiesta especialmente en las narraciones metaficcionales que desarrollan en el seno de su historia reflexiones y juicios de valor acerca del poder espacial de la literatura y la complejidad subyacente a la construcción y vivencia de mundos literarios. Como resultado, la realidad y la ficción se fusionan, haciendo prácticamente invisibles las delimitaciones entre otra. 31. Teniendo en cuenta lo explicitado en este epígrafe, puede confirmarse la identidad del espacio como un signo complejo en el seno de la ficción narrativa, pues a la vez que se constituye como elemento ficticio y como realidad textual; se articula con el resto de las categorías presentes en el texto para dar lugar a una trama cohesionada y a un universo 31. Apud José Adalberto Sánchez Carbó: Rincones del mundo. La función del espacio en los relatos integrados en México (Tesis Doctoral), Universidad de Salamanca, 2009, pp. 173-180.. 31.

(32) coherentemente presentado, particularidades estas que son permitidas por su carácter sígnico capaz de potenciar significaciones especiales que enriquecen el texto y se convierten en parte indispensable del mismo, cuando no en centro de este.. 32.

(33) 1.2 ROBERTO ARLT Y LA FUNDACIÓN. DE UNA IMAGEN: EL ESPACIO URBANO EN LAS. PRIMERAS DÉCADAS DEL SIGLO XX LATINOAMERICANO. El advenimiento del siglo XX trajo innumerables repercusiones para el continente latinoamericano, y los cambios aparejados a esta nueva centuria se harían sentir muy especialmente en el mundo del arte. Ideas completamente nuevas y otras que fueron reformuladas, atestiguan que las creaciones artísticas de esta época son el resultado de específicas condiciones sociales, políticas, históricas y culturales. La ruptura de los órdenes establecidos implicó la necesidad de descubrir vehículos de expresión que se ajustaran a las nuevas realidades. Así, por ejemplo, el modernismo viene a constituirse en un hito para el desarrollo de una nueva cosmovisión y una concepción de la literatura acordes a la nueva dinámica epocal: Los escritores latinoamericanos se abren al mundo; examinan otras sociedades y otras culturas; ven, además, las propias y convierten la profusión material en literatura. En este camino los modernistas producen un sistema de representación que desprecia la mímesis y amalgama el fetiche, la máscara, el maquillaje, el abigarramiento que, muchas veces, desemboca en parodia, los espacios saturados de referencias culturales, lo raro y disonante. 32. 32. Adriana Rodríguez Pérsico: Relatos de época: una cartografía de América Latina (1880 -1920), La Habana, Fondo Editorial Casa de las Américas, 2010, p. 76.. 33.

(34) Ya desde el modernismo comienza a revelarse un sentimiento de desarraigo generalizado y condicionado a lo que poco tiempo después vendría a ser el caos de la industrialización. A pesar de las críticas que han recibido estas creaciones, críticas casi siempre vinculadas a su esteticismo, sus posturas aristocratizantes y su preciosismo de estilo, estas destacan por constituirse en exponente del surgimiento de lo que sin dudas se abría como la época cultural que marcaría los destinos del Continente. 33 Unido al deslumbramiento progresista que trasluce la creación modernista, esta también comienza a expresar la angustia y la desazón resultante de la agitación de la vida moderna, línea que seguiría gran parte de la producción vanguardista, y en lo que parece hallarse una sustanciosa línea de continuidad que aúna ambas estéticas.34 Cada una de las tendencias que tuvieron lugar en este período aportó elementos claves para la consolidación paulatina del proceso identitario, también perceptible desde la creación artística. Si desde los textos fundacionales de la literatura latinoamericana se potenciaba la representación de la naturaleza americana a través de un frecuente pintoresquismo, es indudable que la presencia de posturas que se alejaron de esta perspectiva mimética se iría acentuando durante los siglos posteriores, particularmente entrado el siglo XX, hecho que marcaría la madurez literaria del Continente: Si primero. el romanticismo. pareció. expresar mejor lo americano que el. neoclasicismo hispánico, fueron luego los costumbristas, antecesores en el siglo XIX de los criollistas y nativistas de comienzos del siglo XX; el realismo, el naturalismo, el modernismo y las sucesivas vanguardias, los que anunciaron y fueron modelando 33. Para la valoración del modernismo entendido como época cultural puede consultarse el texto de Ricardo Gullón: Direcciones del modernismo, Alianza Editorial, Madrid, 1990. 34 Confróntese las ideas expuestas por Marilé Ruiz Prado en: «La configuración del espacio artístico en Sobre héroes y tumbas», Ob. cit., pp. 59-88.. 34.

(35) la que sería la gran explosión de la narrativa continental […] En esta integración de estilos y tendencias, la identidad y la especificidad americana emergente, no fue solamente privilegio de la narrativa regionalista, sino que fue, al mismo tiempo, el resultado de la renovación estética y el énfasis en la función creativa del lenguaje. 35 En las primeras décadas del siglo XX aparecen obras medulares de la literatura latinoamericana. En el criollismo, la fascinación estética por la naturaleza bárbara e indómita del Continente se expresa con inusitado vigor en novelas ya clásicas como Don Segundo Sombra de Ricardo Güiraldes, Doña Bárbara de Rómulo Gallegos y La Vorágine de José Eustasio Rivera. En estas los espacios literarios se convierten en significantes de la cultura propia, y las imágenes espaciales transportan las singularidades y los conflictos de la época, con lo que se destaca la relevancia del paisaje en la emancipación del género novelesco y en el proceso de búsqueda de la identidad americana. Alicia Llarena subraya la importancia del tratamiento que se le brinda al espacio artístico literario en todo este período, así como su consecuente mantenimiento en tanto eje argumental de diferentes textos; a pesar del desplazamiento o la preferencia por otras locaciones que se produciría en las décadas siguientes, «el protagonismo espacial seguirá intacto, pues aun cuando el telurismo perdió fuerza, no ocurrió lo mismo con el espacio literario, que encontró sutiles formas de permanecer en el centro del discurso». 36 Esta potencialidad discursiva se mantendría durante los años siguientes, pues el programa narrativo del continente se adscribiría al espacio como fuente e imagen condensadora de la identidad latinoamericana.. 35. Fernando Aínsa: Narrativa hispanoamericana del siglo XX: del espacio vivido al espacio del texto, Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2003, p. 9. 36 Alicia Llarena: Ob. cit., p. 107.. 35.

(36) La acelerada modernización de la vida urbana y el incremento poblacional que tuvo lugar en los principios del siglo XX, cuando América Latina duplica su población de treinta a sesenta millones de habitantes,37 son elementos que propician que la ciudad se convierta paulatinamente en el espacio preponderante de las creaciones vanguardistas: La geografía urbana se vuelve materia flexible, y se transforma, las más de las veces, en laberinto, un laberinto que metaforiza la creciente inseguridad y desasosiego del individuo ante una realidad tambaleante. El nuevo e intrincado diseño urbano no puede por tanto atribuirse ya a la memoria fotográfica de un observador imparcial, sino al estado de ánimo (el cual actúa de prisma deformador) del personaje que la contempla […] Pero solo con el fin de siglo, esa facultad reflejante es atribuida también al espacio urbano. Este, por cierto, va adquiriendo matices más complejos y se perfecciona en el arte de significar metafóricamente la realidad. La ciudad deja paulatinamente de ser mero escenario urbano, esqueleto de piedra y asfalto. Se convierte, de pronto, en organismo viviente, dotado de un sistema nervioso que con frenética celeridad emite estímulos contradictorios y de difícil asimilación.38 Según Saul Yurkievich, dentro del fenómeno vanguardista latinoamericano se vislumbran dos posturas diametralmente opuestas. La primera es la vanguardia optimista, que se regodea en la recreación jubilosa de los adelantos del mundo tecnológico, incluye en los textos los síntomas de actualidad y hace uso de un estilo que mucho tiene que ver con los adelantos y la rapidez del mundo moderno. La otra vanguardia, la pesimista, refleja una. 37. Adriana Rodríguez Pérsico: Ob. cit., p. 36. María Teresa Zubiaurre Wagner: «Hacia una nueva percepción del espacio urbano: la ciudad como extrañamiento y como nostalgia», en Poligrafías, Universidad Nacional Autónoma de México, 1996, p. 204. 38. 36.

(37) angustia existencial que es consecuencia de la soledad que siente el hombre en medio de una sociedad que lo hace cada vez más anónimo. Esta vanguardia se manifiesta sobre todo en el antiarte, la contracultura y la antiforma, al tiempo que ahonda en la subjetividad del hombre agonizante.39 Si bien los estudios acerca de estos movimientos en Latinoamérica analizan en su mayoría la producción lírica, muchas de las líneas temáticas y formales propuestas por las vanguardias pueden encontrarse en la narrativa de esta etapa. La búsqueda de nuevas expresiones se alejaría paulatinamente de las representaciones de la línea telurista para encontrar en la recreación de ambientes citadinos un imaginario pletórico de posibilidades discursivas. A pesar de que la narrativa urbana no se consolida hasta años más tarde, ya en medio de la profusión de obras regionalistas y de carácter documentalista, dominantes sin dudas en el panorama de los primeros años del siglo XX latinoamericano, aparecen los primeros síntomas de novedosas propuestas temáticas, formales y estéticas: […] si en la búsqueda de un nuevo lenguaje los narradores hispanoamericanos intensificaron los recursos espaciales al mismo tiempo que se alejaron del paisaje, en ese tránsito se enfatiza también un nuevo escenario: imantados por una realidad urbana que se había transformado gracias a la intensa explosión demográfica, operando como el centro donde confluyen las importantes migraciones de aquellas fechas, la urbanización literaria no es sólo la respuesta temática a la modernización social, sino sobre todo una respuesta estética, vinculada estrechamente a la renovación de las formas artísticas y al anhelo de universalidad. La representación literaria del espacio urbano era ineludible, no sólo porque las ciudades se habían 39. Saul Yurkievich: «Los avatares de la vanguardia» en: Revista iberoamericana 118-119, enero-junio 1982, Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana, pp. 352-353.. 37.

(38) convertido en populosos centros de atracción, sino porque éstas necesitaban constituirse en referencias de identidad y, como tales, en signos y entidades culturales.. 40. Maryse Renaud señala la influencia y la aceptación de algunos presupuestos vanguardistas en las creaciones novelescas que se alejaban del telurismo, entre las cuales se cuentan la ruptura de la continuidad lógica, el repudio a los nexos semánticos inútiles y la supresión de los adornos poéticos innecesarios. Las creaciones de este período se ocuparon del enaltecimiento. de. imágenes. y metáforas audaces,. incorporando. vocablos técnicos. procedentes del mundo industrial, de la vida urbana, de las tensiones políticas y de la vida cotidiana.41 Otra de las particularidades vanguardistas fue la utilización de la violencia como estética en sus creaciones, no solo desde el punto de vista temático, sino también atendiendo al aspecto formal. La máxima expresión de esta particularidad se evidencia con mayor énfasis en el nuevo periodismo, el comic y la crónica policial, que tratan el crimen como uno de los mayores entretenimientos de las grandes metrópolis.42 En. el panorama. latinoamericano. irrumpe. una literatura de carácter subjetivo. e. introspectivo, alejada de las líneas miméticas, ordenadas y lógicas. La pluralidad de focos narrativos,. las invenciones lexicales y sintácticas,. la discontinuidad y el carácter. fragmentario del discurso, el montaje cinematográfico, la ironía, el humor y el grotesco, manifiestan una concepción del arte y la literatura que refería la contemporaneidad no solo de manera palmaria, sino también implícitamente, fenómeno en el que Roberto Arlt resulta. 40. Alicia Llarena: Ob. cit., pp. 146-147. Maryse Renaud: Ob. cit., p. 692. 42 Gabriel Inzaurralde: La ciudad violenta y su memoria. Novelas de la violencia de fin de siglo . Universidad de Montevideo, 2007, p. 40. 41. 38.

(39) sin dudas, padre fundador43 al inaugurar una manera distintiva de leer la ciudad y la nación, y al construir en sus novelas lo que podrían considerarse visiones proféticas de lo que llegaría a ser el empedrado citadino y los seres que lo habitaban. La creación arltiana suscitó en sus coetáneos encendidas polémicas, pues el carácter innovador y la experimentación formal y temática que presentan sus novelas, aunque hoy se consideran indiscutibles méritos escriturales, en su época fueron causas del descrédito de muchos. A partir de las novelas arltianas se produce un continuo desvanecimiento del mito civilizador de las ciudades como centro neurálgico del progreso humano, y se adueñan de la escena los antihéroes torturados por la opacidad de una vida que transcurre agónica en medio de las muchedumbres urbanas. La producción narrativa convierte a través de estos mecanismos, la locura y la angustia existencial en leitmotiv de la literatura del Continente. A la histórica antítesis civilización contra barbarie comenzarán a asociarse otras connotaciones de las que vendrá a nutrirse la narrativa posterior, cuando la imagen de la ciudad cambie su signo y en lugar de ser el espacio de la salvación frente al mundo bárbaro que se extiende más allá de sus límites, quede convertida en el escenario del cercenamiento de los valores humanos. La exaltación de la angustia existencial y un fuerte sentimiento de soledad y desarraigo quedaron expresos fundamentalmente a partir de la construcción artística de espacios citadinos geometrizados, caóticos y apocalípticos, que constituyen el eje temático de una prolífica narrativa que se inicia con las novelas de Roberto Arlt: Incuestionable creador de la moderna novela urbana rioplatense, como lo cataloga Maryse Renaud, ha dejado Roberto Arlt una tan singular impronta para esta. 43. Maryse Renaud: Ob. cit., p. 689.. 39.

(40) literatura que sus contemporáneos e incluso generaciones posteriores se sitúan como depositarios de su legado escritural. Así las narrativas de Leopoldo Marechal, Eduardo Mallea, Juan Carlos Onetti, Ernesto Sábato, Manuel Puig, Ricardo Piglia, Manuel Mujica, retoman y amplían su proyección del espacio urbano en cuanto a muchos de los parámetros y metáforas que signan la visión arltiana, mientras, ―Sensibles a la alucinada atmósfera expresionista que se desprende de su prosa, saludan en él al visionario que supo alzar a la urbe a la categoría de verdadero protagonista de la ficción‖; se constituye así Roberto Arlt en dador de un sentido de la literatura que cobra una dimensión aún mayor al ser sus personajes portadores de aquellos mitos que modelan al ser argentino perteneciente a la clase media, ―como el mito de la fuga desde la ciudad rumbo al campo puro y limpio; el mito de la destrucción de las urbes por sociedades secretas, con redenciones apocalípticas de todas las humillaciones; o el mito de la búsqueda encarnizada del sentido de la vida y la felicidad‖.44 El ininterrumpido proceso de formación de la literatura latinoamericana encuentra en la novedosa producción narrativa de Roberto Arlt un nuevo vehículo de representación de la cambiante realidad del continente americano. La necesidad de renovación se manifiesta en todos los niveles: las particularidades históricas, económicas y sociales clamaban por una enunciación de la realidad continental a través de nuevos medios expresivos. La ruptura de convenciones y presupuestos estéticos responde a la necesidad cada vez más acuciante de incorporar a la literatura los dramas de la modernización, alejándose de la perspectiva documentalista del telurismo y encauzándose en nuevas experimentaciones acordes al. 44. Marilé Ruiz Prado: Ob. cit., pp. 73-74.. 40.

(41) cambio histórico. Esta nueva posibilidad ficcional que articula Arlt, conjuntamente con la aparición de sus novelas en medio de un panorama dominado por procedimientos escriturales diferentes, son aspectos que resultarían indispensables en los programas literarios posteriores y en la construcción de una imagen condensadora de la identidad americana del siglo XX.. 41.

Referencias

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