Teología en Latinoamérica. En el cincuentenario de "Anales de la Facultad de Teología"

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CRüNICA

Teología en Latinoamérica. En el cincuentenario de "Anales de la Facultad de Teología"

Conmemorar

so

años de "Anales de la Facultad de Teología con la publicación de la investigación de Cristián J ohansson "Religiosidad po- pular entre Medellín y Puebla: Ante- cedentes y desarrollo" constituye un motivo y ocasión de alegría, de agra- decimiento y de reflexión.

Motivo de alegría, porque el libro que se publica es el fro to de una lar- ga investigación que, sin lugar a du- das, constituye un sólido aporte al desarrollo de la teología en América Latina, porque ésta ha sido llevada a cabo por un colega y amigo muy querido, porque ella marca un hito cronológico y topológico importante para Anales. Conforma el "número del cincuentenario" y da cuenta de un topos muy nuestro: la reflexión que ha suscitado la vivencia que el pueblo latinoamericano hace de su fe.

Festejamos la historia de una osa- día que cumple medio siglo y cuyo origen reseña el primer director, el Prof. Gustavo Weigel, en un prólogo al primer número de Anales: "La Facultad de Teología de la Universi- dad Católica de Chile ha cumplido ya cinco años de existencia. Desde el primer día de su vida, todos los que a ella pertenecen deseaban

ardientemente fundar un órgano para publicar trabajos teológicos, hechos bajo el patrocinio de la Universidad.

Pero las dificultades que siempre acompañan los tiempos de inaugura- ción habían impedido realizar esta empresa tan anhelada de todos. Con el correr de estos años ha adquirido la Facultad algo de la estabilidad que caracteriza un studium generale y en el curso pasado los profesores en reunión especial determinaron reali- zar al fin el sueño inicial. Fue nom- brado un jefe de redacción y todos se comprometieron a cooperar en la hermosa tarea.

Desde el principio se vio claramen- te que, a pesar de la buena voluntad de todos los cooperadores, nuestra Revista tenía que limitar su actividad a un modesto campo de acción. Los profesores somos pocos y todos se ven obligados a aceptar trabajos aje- nos a los intereses teológicos. Ade- más la biblioteca está todavía en un período casi embrionario y la difi- cultad de traer nuevos libros es muy grande en las actuales circunstancias.

Muchos trabajos factibles en Europa, como la publicación de manuscritos inéditos, aquí son imposibles. Asi- mismo, no podemos desarrollar una tradición teológica propia, porque

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precisamente a nosotros incumbe la tarea, muy ardua, de formar tal tra- dición. Seguramente ha existido en Chile una tradición teológica y espe- rarnos encontrar sus huellas para pu- blicarla en nuestro órgano; pero por el momento ninguno de nuestros profesores pertenece a la antigua tradición" (l).

Desde entonces, desde el inicio del "sueño inicial", desde el desafío asumido, "Los Anales son un perió- dico científico" (2), desde la remen- branza ovidiana "coeptis favete"

(favoreced lo comenzado) con que se titula ese prólogo, hasta hoy, lo acontecido es una historia de esfuer- zo, de investigación, lo que con ale- gría podemos constatar son los fru- tos de una osadía que se cimentó en una fe buscadora de inteligencia, en un real compromiso teológico.

La de hoyes también una ocasión de agradecimiento a todas las perso- nas que cooperaron a la realización de esta empresa que de sueño se perfila en un verdadero milagro, es decir, en un signo patente de la gracia del Señor. Hoy día Anales constituye la publicación más anti- gua en su género en América Latina.

No en cuanto mera revista de teolo- gía, sino como serie periódica de monografías científicas. Sería impo- sible recordarlos a todos. Me limitaré a nombrar a algunos de sus directores y a tres autores. Debe quedar en cla- ro que mi intención no es hacer jus- ticia, sino sólo dar gracias a ellos y por medio de ellos a todos los que han trabajado en y por Anales.

Ya mencioné a Gustavo Weigel, un

(1) "Anales de la Facultad Pon tificia de Teo- logía", en Revista Universitaria NO 25 (4) (1940), NO 1, pp. 3-4.

ldem., p. 4.

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teólogo de fUste que fue el director- fundador de Anales y un promotor decidido de la investigación teológica en un medio poco habituado y teme- roso. Refiriéndose en el segundo nú- mero de Anales a las "exigencias de la teología moderna" escribe: "Si el cientismo ha sido un obstáculo a la profundidad teológica, el miedo lo ha sido más. Este miedo difícilmente es un miedo santo recomendado por la Sagrada Escritura y muestra un gran parentesco con el orgullo" y más adelante "Más vale para la teología un error cometido sincera y humil- demente que una ortodoxia tan có- moda que no agrega absolutamente nada a la ciencia divina (3).

Agustín Martínez sucedió, en 1944, a Weigel como director de Anales, cargo en el que se desempeñó durante seis años. Asumió su puesto dejando constancia de lo que debía ser el faro de una Facultad de teolo- gía: formar "teólogos completos", es decir, "poseer la teología en tan alto grado que, dejando de ser un cúmulo de tesis almacenadas por cierto tiem- po en la memoria, se constituye en hábito de saber pleno acrecentado en la madura y perseverante investiga- ción" (4). Para ello proponía dos ta- reas a Anales: la de fomentar las in- vestigaciones históricas sobre el desa- rrollo de la teología en América Latina y atender y favorecer la "to- ma de posición" de la filosofía entre nosotros. Pienso que la de Agustín Martínez fue una intuición visionaria que en nada ha perdido vigencia y

(3) Anales de la Facultad Pontificia de Teo- logía, en Revista Universitaria NO 26 (1941), NO S, pp. 8-9.

Anales de la Facultad Pontifica de Teo- logía, en Revista Universitaria NO 29 (1944), NO S, pp. 5-6.

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pone en evidencia la fina y profunda percepción de este pensador.

El aporte de los profesores Anto- nio Moreno durante siete años y de Ju- lio Jiménez durante quince años co- mo directores no sólo fue decisivo por su ex tensión en el tiempo, sino por la dedicación y esmero empeñados para que Anales se mantuviera y progresa- rá en el camino, no sólo árido, sino poco comprendido, de una publica- ción científica de teología. Don Ju- lio además fue autor y promotor de una serie de investigaciones históricas publicadas en Anales, que hoy ya constituyen un valioso patrimonio para la historia del pensamiento teo- lógico en Chile.

Entre los autores de trabajos pu- blicados en Anales me limito a nom- brar a tres, y reitero que no se trata de un balance objetivo. Mi intención es sólo confrontar con explicitacio- nes reflejas de la razón y los desafíos de ser de Anales.

En 1960 el obispo de Talca, Ma- nuel Larraín escribe en Anales (5):

"la pastoral es una teología en ac- ción... La predicación debe ser teo- logal. Hay que hablar de Dios". Y constata "con frecuencia lo acciden- tal prevalece sobre lo susbstancial, la moral sobre el dogma". Al referir- se a las condiciones que debería cumplir la predicación, señala como primera el "realismo". ¿De qué se trata? Negativamente de superar el moralismo: "Existe sobre todo la predicación de tipo moralizante en la cual sólo se habla de deberes que hay que cumplir y pecados que evi- tar, con una insistencia penosa sobre los problemas sexuales, sin dar el

(5) Anales de la Facultad de Teología 11 (1960) pp. 156-165.

elemento positivo de por qué deben evitarse los pecados y practicarse la virtud". Para Manuel Larraín ese

"elemento positivo" es el dogma:

"Es necesario que prediquemos el dogma, el gran misterio cristiano".

Podemos ver que pastoral y teología en la mente de este obispo se necesi- tan y requieren recíprocamente. Co- mo pastor don Manuel fue esencial- mente esto, reclama y se refiere al dogma como el "elemento positivo"

que debe guiar la acción pastoral. La teología se entiende aquí como vér- tice y no un lujo prescindible en la vivencia del misterio cristiano. Ma- nuel Larraín es paradigma del apoyo real y no meramente retórico que ne- cesita la teología de parte de la je- rarquía eclesial para poder desarrollar- se y ser fecunda. Cuando éste no existe el magisterio jerárquico más que orientación, guía e incentivo, se transforma en mero límite parali- zante. El esfuerzo teológico que re- presentan los 50 años de Anales en la historia de la Iglesia chilena es co- rrelativo a un apoyo eclesial jerár- quico que en este obispo de Talca es la convicción profunda de una in teligencia privilegiada.

El profesor Marcos McGrath, con motivo del Vigesimoquinto Aniver- sario de la Facultad de Teología, y en su calidad de decano de la misma, redactó un trabajo para Anales titula- do "La misión de la teología en latinoamérica", que nos permite visualizar las inquietudes que han contextualizado a esta publicación:

"Esta inmensa porción del cristianis- mo que es Latinoamérica ya no pue-

de seguir en una fase de infantilismo intelectual, recibiendo hasta los últi- mos puntos y comas de su pensa- miento, de otras tierras. Lo que es

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la doctrina, lo que es magisterio, los caminos seguros de Teología que la Iglesia Romana nos señala, todo ello será nuestra base. Sin embargo, es imprescindible que logremos nuestra propia expresión de estas verdades y estos valores frente a lo que nos rodea, aquí donde la suerte de casi la mitad de los cristianos del mundo está en juego". Y más adelante:

"Es necesario, además que haya una verdadera teología en nuestro medio, y ha de crearse en nuestra Facultad, si esperamos que el pensamiento católico nacional sea vivo, sano y robusto. Ninguna ciencia puede pro- gresar y mantenerse fuerte si aban- dona la investigación y se contenta con la aplicación técnica de lo sabi- dos" (6).

Quisiera, por último, referirme a un colaborador que también fue director de Anales. José Com blin publicó en 1964 un extenso estudio titulado "La teología y su pOlVenir en América Latina", en el cual con- textualiza a ésta en una visión glo- bal del "desarrollo histórico de la teología" y del "método teológico".

En él hay afirmaciones que pueden parecernos provocativas. Como cuan- do describe la falta de conciencia his- tórica de los latinoamericanos, tanto conselVadores como progresistas: "En primer lugar, el ambiente tradicional no necesita de una historia del pa- sado, pues vive en el pasado. No se hace la historia de lo que es el con- tex to normal, inconsciente de la vi- da. La historia nace de una concien- cia de historicidad, o sea, con la con- ciencia de la relatividad de la ci- vilización, de sus cambios, de su

progreso, y con un sentimiento interior de distancia en relación con el pasado. Quien siente que está sien- do distinto del pasado busca la in- terpretación de sus novedades, por la oposición al pasado. Un ambiente conselVador no tiene historia. En segundo lugar, los católicos más progresistas, como los no católicos, tienen vergüenza de sus orígenes ibéricos. Participan en el complejo de inferioridad de españoles y portugue- ses (cfr. Ortega y Gasset) y subrayan en manera muy profunda este com- plejo. Crean cierto 'tabú', y no quie- ren recordar su pasado colonial. ..

sus orígenes indios y negros... Los católicos progresistas tienen vergüen- za de la religión popular. Por eso no hacen su historia" (7). Comblin, en todo caso, insiste en la necesidad de no perder de vista el horizonte uni- versal y católico: "La teología en América Latina no ha de querer ser latinoamericana, sino teológica. Si es teología auténticamente, será tam- bién latinoamericana" (8). Al referir- se a los "rumbos de la teología" ano- ta: "La problemática teológica de América Latina es la misma que la de Europa. Pero es más urgente, más ne- cesaria. Luego, puede directamente entrar en el problema fundamental:

¿cuál eslarealidad del cristianismo? ...

El problema de una escuela latino- americana será el problema teológico como tal: el problema de responder a la crítica total de la razón actual al cristianismo. Se trata de hacerlo cien- tíficamente, con todos los métodos críticos usados actualmente en Euro- pa. No se trata de hacer una teología

(7) Anales de la Facultad de Teología 15-16 (6) Anales de la Facultad de Teología 12 (1963-1964) p. 104.

(1961) pp. 16-17. (8) ldem., p. 6.

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menos científica, sino de entrar en el mismo objeto de la teología" (9).

Esta celebración es, además de ocasión de alegría y agradecimiento, un motivo de reflexión.

Anales constituye una herencia, un valioso patrimonio que testimonia de un pasado teológico que va mu- cho más allá de sus cincuenta años.

No debemos olvidar, sin embargo, que ella misma ha surgido con conciencia refleja de cimentar una real tradición. Esto significa que es una herencia que se ofrece como fundamento para responder a los de- safíos del presente con la vista puesta en el fu turo. Seremos legítimos here- deros en la medida que las dificulta- des y crónica falta de recursos, no nos sirvan de excusa para desenten- dernos de la investigación e instalar- nos en un cómodo inmediatismo do- cente que nos exime de la dura as- césis que impone la búsqueda intelec- tual honesta y profunda.

No debemos olvidar que Anales nació como una atrevida autoexigen- cia que se impuso la Facultad de Teología hace medio siglo. Ella no es fortuita, y aunque desproporcio- nada con los medios con que se con- taba entonces, se ha contado y se cuenta en la actualidad, surge de algo fundamental. De hacer teología, de ser universidad comprometida con la in teligencia de la fe. La osad ía de haber fundado una publicación con pretensiones científicas no es des- proporcionada, con lo que le concier- ne a la teología per se, ser fides quaerens intellectum. La virtud pro- pia de la teología no es la seguridad de una "fe ociosa", sino el atrevi- miento humilde de una "fe operosa",

(9) Idem.,p.I07.

de una fe puesta en movimiento por un futuro activamente esperado.

Es en atención al desafío que plantea el futuro de la fe católica en América Latina, al hito que re- presenta Medellín como lo reseña Cristián J ohansson en su investiga- ción, y al auditorio interdisciplinario que ha congregado este festejo, que me atrevo a proponerles la siguiente reflexión que no tiene otra preten- sión que servir como hipótesis para enfrentar una responsabilidad que nos corresponde, hic e t nunc, como universidad católica.

La Conferencia del Episcopado latinoamericano celebrada en Mede- llín, en 1968, constituye un evento decisivo en el desarrollo de la teolo- gía latinoamericana en las últimas décadas. Esta, desde entonces, em- pieza a asumir su condicionamiento histórico-cultural, como una realidad que positivamente debe integrarse al círculo hermenéutico que configura el teologizar. Lo latinoamericano ya no es más considerado como destino o mero límite externo prescindible.

En Medellín se aplicó a América La- tina la aproximación interpretativa llevada a cabo anteriormente por Gaudium et Spes en el sentido de ensayar una interpretación de la rea- lidad concreta, bajo la luz del evan- gelio. Se trataba de determinar los específicos signos de los tiempos de la realidad latinoamericana. De esta manera, la vivencia y experiencia cristianas quedaban asumidas e inte- gradas como un momento propio desde el cual debe surgir la reflexión iluminada por la fe, es decir, a la reflexión teológica se le abre una posibilidad inédita hasta entonces en nuestro medio: asumir lo lati-

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noamericano, no como un accidente sino un antecedente de la teología.

El nuevo horizonte que le presente Medellín a la teología en América La tina no fue el fruto de una refle- xión hermenéutica elaborada con an- ticipación por teólogos latinoameri- caos, sino un desafío que a éstos les fue planteado por los obispos. Sin mayores mediaciones que el llamado de Medellín, América Latina se con- vertía en material de la misma re-

flexión teológica. Medellín represen- ta un desafío enorme para los teólo- gos que lo captaron, con toda razón, como una exigencia surgida del mis- mo Concilio Vaticano 11 y asumida por el episcopado latinoamericano.

En una primera etapa este desafío de interpretación teológica de los signos de los tiempos se actualizó en atención a los aportes que era posible recoger de determinados análisis so- cioeconómicos globales. Las teorías del desarrollo, de la marginalidad y de la dependencia permitían acceder a una visión general de la situación latinoamericana. Los conceptos de liberación, opresión, marginalidad,

dependencia, etc ... , constituyen en- tonces verdaderas claves hermenéuti- cas, a través de las cuales se accede a 10 latinoamericano.

En un segundo momento han empezado a hacerse evidentes los límites de esta reflexión teológica mediada socioeconómica y políti- camente. Las mencionadas claves hermenéuticas se perciben estrechas y demasiado esquemáticas para ex- presar la riqueza y complejidad del fenómeno histórico que representa América Latina. Algunos se han contentado en señalar como la úni- ca causa de la acriticidad con que se asumieron ciertos diagnósticos socio-

económicos, un interés ideológico y político subyacente.

Las lagunas y la acriticidad con que se ha teologizado en América Latina, sin embargo, no tiene su raíz fundamental en lo político, sino en la filosofía. El problema teológi- co reside en que la filosofía no es un lujo para el teólogo, sino una necesi- dad que determina la seriedad y la misma posibilidad de su quehacer y Latinoamerica no ha sido reflexio- nada filosóficamen te.

En la riqueza, variedad y belleza de la poesía y novelística latinoame- ricanas, el teólogo vislumbra, en contraste con el esquematismo de las nociones socioeconómicas globali- zantes y la miseria de los intereses políticos que pretenden disputarse la verdad de Latinoamérica, una rea- lidad mucho más profunda y comple- ja. Sin embargo, sólo tiene acceso a un mitologos riquísimo en conteni- dos, pero carente de una ulterior articulación filosófica. El teólogo echa de menos al filósofo que le desentrañe, explicite y sistematice la intuición escondida en el mitólogos del poeta. El teólogo no tiene como referente un discurso filosófico fun- damental y crítico de Latinoamérica con el cual confrontarse y al cual recurrir.

De allí que el fu turo de la teología en América La tina no se decide en la polémica, más política que teoló- gica, entre liberacionistas y antilibe- racionistas. Esta es una anécdota más en el penoso historial del reductivis- mo intelectual provocado por intere- ses políticos inmediatistas. El verda- dero desafío es constructivo, creati- vo: pensar Latinoamérica, pensarla

desde sus raíces.

El tema de la cul tura y de la reli-

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giosidad popular ciertamente repre- senta un avance y un paso adelante en el hacerse cargo de este desafío.

Cristián J ohansson lo señala al con- cluir su documentada investigación.

Con toda razón él anota los diversos fru tos que ha significado la reflexión de esta temática: "una mayor con- ciencia de identidad (que) va permi- tiendo plantearse críticamente frente a interpretaciones de la realidad lati- noamericana que no toman en cuen- ta sus peculiaridades culturales", un

"reencuentro de la Iglesia latinoame- ricana con su pasado", "recuerda que el teólogo es un intelectual en inse- parable sintonía con el 'sensus fidei' del pueblo de Dios", que "la religio- sidad popular ha resultado ser un interesante y fructífero lugar de encuentro entre ciencias sociales, ciencias del hombre, ciencias de la religión, ciencias de la cultura y ciencias teológicas". Estos "aspectos positivos" (10) Y otros que anota Johansson podrían compendiarse en que la Iglesia y la teología asumen reflexivamente su realidad concreta.

En todo caso este avance no signi- fica que se haya superado el déficit filosófico que aqueja a la reflexión teológica entre nosotros, más bien lo hace todavía más patente. La te- matización de la cultura y la religio- sidad popular no suplen una reflexión fundamental y crítica de la realidad latinoamericana, sino que su valor reside en que aproxima y urge la misma.

(10) Anales de la Facultad de Teología 41 (1990), p. 279 ss.

Me pregunto si se recogen todos los frutos que han derivado de la reflexión en torno a la cultura y reli- giosidad popular en Latinoamérica, cuando se postula una raigambre ca- tólica del ethos cultural latinoameri- cano. El análisis cultural, ciertamen- te, tiene la ventaja de confrontar a un todo más amplio y complejo que el que puede captarse a través de la sociología, la economía o la polito- logía separadamente. Sin embargo, en la medida que se especifica de- masiado apresuradamente nuestro ethos como cultura religiosa o cató- lica puede generarse un nuevo estre- chamiento y miopía, fomentarse un provincianismo teológico abocado unilateralmente a la reflexión de te- mas religiosos y no considerar el fenómeno cultural en su real ampli- tud y autonomía, hacerse eco sólo de los desafíos a los que se puede responder con fórmulas canónicas preestablecidas. La religiosidad de un pueblo no es una alternativa a la reflexión crítica que la filosofía pue- de hacer de la cultura. La teología no es la racionalización de fenómenos que se consideran religiosos, sino que cuando en el horizonte del Concilio Vaticano 11 se en tiende como refle- xión de los signos de los tiempos ba- jo la luz del evangelio, precisamente

entonces, el recurso a la filosofía se hace más insustituible que nunca.

Juan Noemi Callejas

Palabras de presentación del libro "Religiosidad Popular

entre Medellín y Puebla"

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