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Cappelletti, Ángel - Los Fragmentos de Heráclito

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LOS FRAGMENTOS DE HERACLITO

A N G E L J. C A P P E L L E T T !

Heráclito puede ser conside­ rado como el primer represen­ tante del pensamiento dialéc­ tico en Occidente. Hegel, en su . Historia de la Filosofía, afirma: “ No hay una sola pro­ posición en Heráclito que yo no haya adoptado en mi Ló- 2;ca". Marx, por su parte, ¡es­ cribiendo en la Gaceta Rena­ na, sos+iene que la filosofía moderna no hace otra cosa sino continuar una tarea ini­ ciada por el filósofo de Efeso. En el presente libro se nos da, por primera vez, una ver­

sión directa del griego de todos los testimonios bío-doxográfi- cos y de todos los fragmentos del mismo. A la traducción de los testimonios se "hacen extensas notas explicativas, y cada uno de los fragmentos va seguido de la indicación

n .

de todas las fuentes, referen­ cias y alusiones que se hallan en la literatura antigua v de algunas de las principales/ex­ plicaciones o comentarios qué se pueden encontrar entre los autores modernos. □ L O S FRAGMENTOS D E HE R A CL IT O

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ANGEL J. CAPPELLETTI

LOS

FRAGMENTOS

DE

HERACLITO

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LA EDICION DE ESTE LIBRO HA SIDO FINANCIADA CON FONDOS DEL CONICIT

© Angel J. Cappellettl Mayo de 1972

Portada / Víctor Vlano

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INTRODUCCION

A diferencia de Parménides, que discurre en verso sobre la aírfitia y la SóSja, Heráclito escribe en prosa; a diferencia de Jenófanes, que es autor de varias obras, no compone sino un libro (a-úyypafifia)1. Las cartas que corrie­ ron con su nombre son evidentemente apócri­ fas, como lo demostró ya, en el siglo XIX, J. Bernays 2 3 4. Pertenecen a un autor cínico o cí­ nico-estoico del siglo i a.C. o i p.C., y hoy se las conoce, por eso, con el nombre de Epístolas

Pseudoheraclíteas 8.

No se le han atribuido, aparte de éstas, otros escritos, a no ser algunos epigramas, incluidos en la Anthologia Graeca4 (dos de los cuales reproduce Diógenes Laercio5) que, sin duda, son también apócrifos.

Igual que Anaximandro y Anaxímenes antes, que Parménides, Empédocles y Anaxágoras des­ pués, Heráclito llamó a su libro Ilepí <£>tkreo)ç

(Sobre la Naturaleza). Más tarde se lo^ de­

nominó también Moücai (Musas)6. Este título

1. Cfr. Aristóteles, Retórica 1407 b ; Diógenes Laer­ cio, Vidas de los Filósofos I X ; Clemente de Alejandría,

Tapices I 332 B, todos los cuales se refieren al “libro” de Heráclito (en singular).

2. J. Bernays, Die heraklitischen Briefe. Berlín. 1869.

3. Cfr. Epístolas Pseudo-heraclíteas. Rosario, 1960. Introducción.

4. Anthologia Graeca V i l 28. 5. Diógenes Laercio I X 16. 6. Diógenes Laercio I X 12.

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tuvo su origen en un pasaje del Sofista de Platón, en que éste habla de las musas iónicaT y sicilianas, para referirse a las~3bctrmas de Heráclito y Empédocles, respectivamente

Más tarde, durante la época alejandrina, el ingenio de gramáticos y comentaristas exco­ gitó otros varios títulos para una obra que, de por sí obscura y plena de sugerencias, se pres­ taba fácilmente a las más diversas interpre­ taciones. Los siglos que no podían producir ya un libro como el de Heráclito, produjeron, en cambio, muchos comentarios y muchos nom­ bres para el mismo. Claras muestras de concep­ tismo barroco hallamos así en los títulos dados al escritor heraclítico, según testimonio de Diógenes Laercio: ’AxpiPtç oíáxwp.a Tcpiç crcá0¡j(/riv Píou ( Cuidadoso examen para la con­

ducción de la vida); rvwjxov tíOóüv (Reloj de costumbres)’, Tpóitou x6op.o<; tic, xwv ^up/rcáv-ccov ( Orden del movimiento, él mismo para todos)9.

El primero de ellos procede probablemente de Diodoto. Tanto este título como el segundo suponen una interpretación ética del libro del efesio. De ello cabe inferir que se originaron en un medio estoico o influido por el estoicismo. El tercero, en cuanto pone de relieve la unidad de las leyes cósmicas, parece haber surgido asimismo de algún comentarista estoico, aunque no puede excluirse la posibilidad de un origen neoplatónico o neopitagórico.

Diógenes Laercio nos informa, en el mismo lugar que el Xlepi (jnio-ecoç estaba dividido en tres capítulos o “ discursos” (Xiyoi): 1) Sobre

el Todo (rapl xoü -rcavToç); 2) Sobre Política

(TToliriKÓv) y 3) Sobre Teología (deoloyucóv). 7 8

7. Cfr. Zeller-Mondolfo, La filoso fia dei Greei nel

smosviluppo 8torico I. I V . Florencia. 1961, p. 11. 8 . Cfr. Diógenes Laercio I X 6.

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Schleiermacher, el primer editor moderno de Heráclito, ha negado inclusive la posibilidad de que el libro pudiera estar dividido en capítulos o secciones con un contenido temático dife­ rente. Pero ya Schuster y, después de él, Zeller consideraron indudable dicha posibilidad9.

Si nos preguntamos, luego, sobre el origen y sentido de la tripartición referida por Dióge- nes, nos encontramos con varias hipótesis.

La primera, formulada por Schuster y Zeller, la vincula al título Musas, que, como vimos, llevó el libro de Heráclito. Según estos historia­ dores, las tres partes de la obra corresponde­ rían a las tres Musas de que nos habla la mito­ logía griega en su fase primitiva.

,Este-~hipótesis no pasa de ser unatconjetura j£enérica,)ya que no se puede demostrar ñiflgtP" na relación simbólica entre las tres Musas y los tres temas desarrollados en la obra, según Diógenes.

Otra hipótesis al respecto ha sido presentada por G. J. Kirk, en su notable obra Heraclitus-

The Cosmic Fragmente. Según él, la triparti­

ción sería obra de un editor alejandrino que se habría inspirado en la división de la filosofía admitida por los estoicos. Sabido es que éstos (como también los académicos y los epicúreos) dividían la filosofía en tres partes: la lógica, la física y la ética, que compararon en alguna ocasión con la cáscara, la clara y la yema del huevo respectivamente. Ahora bien, si con la mejor buena voluntad asimilamos el primer capítulo, cuyo título es Sobre el Todo, a la física, y el capítulo segundo que versa Sobre

Política, a la ética, todavía nos queda, como

insalvable escollo, la lógica, la cual de ninguna

9 . Cfr. Zeller-Mondolfo, op. cit. p. 10-11.

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manera podemos considerar desarrollada en el tercer capítulo, titulado Sobre teología.

La hipótesis de Kirk resulta, pues, tan in­ aceptable como la de Schuster y Zeller.

Sólo nos queda, pues, suponer que la tripar­ tición mencionada por Diógenes procede del propio Heráclito y que los títulos, si no fueron puestos por él mismo, se originaron por lo me­ nos entre sus seguidores o sedicentes discípulos, en una época no más reciente que la de Sócrates y Platón.

La obra de Heráclito, leída y muchas veces comentada en la Antigüedad, discutida, anali­ zada, versificada, atacada acerbamente y entu­ siastamente seguida por griegos y romanos has­ ta el período helenístico “ , cae, junto con tantos otros testimonios de la ciencia y de la filosofía antiguas, en un completo o casi completo olvido durante la Edad Media.

De este naufragio sólo han llegado hasta nosotros poco más de un centenar de fragmen­ tos, recogidos por la filología moderna en las obras supérstites de autores griegos, romanos y cristianos.

Ya en 1573, el ilustre humanista Henry Estienne (Henricus Stephanus) publica, con el título de Poesis philosophica, los restos de varios antiguos filósofos cuyas obras se ha­ bían perdido, y entre ellos incluye una primera colección de los fragmentos de Heráclito. Juan Alberto Fabricio, incluye también en su Biblió-

theca Graeca, que ve la luz de Hamburgo, a 10

10. Entre los que comentan, en la Antigüedad, el libro de Heráclito, están el gramático Diodoto y los filó­ sofos estoicos Oleantes y Esfero (Cfr. Diógenes Laercio I X 1 5 ). E l poeta yámbico Escitino lo versificó (Cfr.

Diógenes Laercio I X 16). 8

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Friedrich Schleiermacher, el conocido autor de los Monologen y del Ueber Offenbarung und

Mythologie, que también tradujo a Platón, fue

el primero que hizo una edición crítica de di­ chos fragmentos (de los cuales publicó ya 72), y les agregó una serie de testimonios biodoxo- gráficos. Los fragmentos y testimonios apare­ cen, junto con un estudio en el que se intenta una reconstrucción de la filosofía heraclítica, como un todo orgánico y sistemático, en la par­ te III, volumen II de las Samtliche Werke

(Berlín, 1838, pp. 1-146).

Algunos años más tarde, Mullach publica una nueva edición de los fragmentos del efesio, notablemente aumentada (ahora son ya 95), gracias al descubrimiento de los libros IV-IX de la Refutatio omnium haeresium de Hipólito ■ Romano, en un manuscrito del Monte Athos. Dicho descubrimiento (realizado por Mynoides Mynas en 1842) fue objeto de una edición rea­ lizada en Oxford, en 1851, por Miller. De ella extrajo Mullach una serie de pasajes heraclí- ticos, citados por el apologista romano, en su refutación de Noeto y de los patripasianos

( Fragmenta Philosophorum Graecorum. I. Poe- seos philosophicae caeterorumque ante Socra- tem quae supersuni. París, 1857).

En 1887 el filólogo inglés I. Bywater pu­ blica una nueva edición crítica de los frag­ mentos de Heráclito, esta vez en número de 130. Les añade también los testimonios anti­ guos sobre vida, obra y doctrina del filósofo y hasta las Epístolas Pseudoheraclíteas. Acogien­ do la tripartición de la obra referida por Dió- genes Laercio, divide los fragmentos, agrupán­ dolos en tres secciones: Sobre el Todo, Sobre

Política y Sobre Teología. Esta edición

(Hera-comienzos del siglo XVIII, una serie de fragmen­ tos del efesio.

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eliti Ephesii Reliquiae. Oxford) puede tenerse

ya como casi definitiva. Sin embargo, en 1901. Hermann Piéis, autor de numerosos trabajos sobre el pensamiento presocrálico, da a la luz- una nueva edición de los Iragmentos de nera^ clft(TXHéraklHto& von Ephesos-iJnechisch und

Deutsch. Berlín), que ha servido de base, en

nuestro siglo, a la mayor parte de las traduc­ ciones y de los estudios críticos. Dicha edición fue luego incluida en una obra más extensa, que recoge los fragmentos de todos los pre­ socráticos: Die Fragmente der Vorsokratiker, publicada en Berlín, en 1903. (Lleva ya nueve ediciones; a partir de la 5» con la revisión de Kranz).

Lo que Diels añade a los textos publicados por Bywater no es mucho, pero impone, en cam­ bio, una nueva ordenación, más objetiva, a los fragmentos, elimina algunos que son paralelos, selecciona con mayor rigor crítico los testimo­ nios, da una nueva versión alemana y, sobre todo, añade una serie de valiosas anotaciones filológicas. La edición de Diels no incluye las jEpístolas, pero sí algunas imitaciones (par­ te C).

Para disponer los fragmentos usa como cri­ terio el orden alfabético de los autores que sir­ ven de fuente, aunque exceptúa de esta regla a los dos primeros fragmentos que, según ates­ tigua Sexto Empírico, contienen las palabras con que Heráclito iniciaba su libro. Se propone desterrar así los criterios subjetivos que, par­ tiendo de una “ concepción básica” o de un su­ puesto plan, intentaron reconstruir, a través de los fragmentos, el libro mismo del efesio. De esta manera desea superar no sólo las cons­ trucciones como la de Schuster, a quien ya ha­ bía criticado Zeller, sino también las ordena­ ciones como la de Bywater (utilizado, entre

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El criterio externo empleado por Diels re­ sulta, sin duda, práctico. Sin embargo, el pre­ supuesto último del mismo parece inaceptable. En efecto, Diels, igual que otros críticos y traductores de Heráclito, supone que el libro de éste estaba constituido por una colección de aforismos o sentencias, carentes de toda interconexión.

María Cardini Timpanaro (Eraclito-Fram-

mentí e testimoníame. Lanciano, 1919) sostuvo

así el carácter asistemático de la filosofía he- raclítica y negó toda secuéncia lógica entre los diferentes fragmentos.

Más tarde, la hipótesis de Diels, aunque im­ pugnada por muchos historiadores y filólogos, halló nuevamente apoyo en Gigon y Kirk.

Este último ha expuesto una versión todavía más osada de la misma, pues supone que las sentencias fueron, al principio, puramente ora­ les, y que sólo en un momento posterior se las consignó por escrito y compiló en un libro. Según Kirk, habría pasado con los aforismos del Sobre la Naturaleza de Heráclito algo pa­ recido a lo que pasó con las sentencias y pará­ bolas de los Evangelios sin&pticos y a lo que, según el sinólogo H. A. Giles, pasó con el Too

Teh King de Lao Tse n .

Pero, en primer término, contra esta conje­ tura, puede argüírse que no existe un solo tes­ timonio en toda la biodoxografía heraclítica que pueda fundamentar la idea de una transmi­ sión oral de la enseñanza del filósofo. Ni siquie- 11

otros, por Burnet en la traducción de los frag­ mentos que incluye en su Early Greek Phi-losophy).

11. “ The remains o f Lao-tzu” . China Review. X I V . Hong Kong. 1886.

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ra puede suponerse, partiendo de la tradición antigua, que Heráclito impartiera nunca una enseñanza oral.

En segundo lugar, puede decirse que dicha hipótesis colide inclusive con la biodoxografía: a) de un modo directo choca con la tradición que nos presenta al efesio depositando su es­ crito en el santuario de la diosa Artem isa12; b) indirectamente contradice el testimonio de Aristóteles, quien hablando del estilo de Herá­ clito 13 da por supuesto, al igual que el Pseudo Demetrio14, que el estilo del filósofo efesio es un estilo escrito y no oral.

Por otra parte — y ahora no sólo contra Kirk sino también contra Diels, Cardini, Gigon, etc., cabe afirmar que no toda la obra del efesio tenía un carácter aforístico. En efecto, el aná­ lisis de los fragmentos que conservamos nos prueba que, aun cuando en la mayor parte de los casos se puede atribuir una estructura afo­ rística a los mismos, esto no sucede siempre, ya que, por lo menos el fragmento primero, el cual, según Aristóteles y Sexto Empírico, corresponde al inicio de la obra, muestra la forma de una exposición más o menos extensa.

De acuerdo con todas estas consideraciones podemos formular, pues, la siguiente hipótesis sobre la composición y estructura del libro de Heráclito: Este escribió un “ libro” en el senti- do propio y literal de la palabra (aüyypafiftaY y io escribió de puño y letra. Pichó libro es= taba compuesto en gran parte por proposiciones breves, de estilo apotegmático. Ello no quiere decir, sin embargo, que no hubiera allí pasajes" de una distinta estructura estilística, que tu^

12. Cfr. Diógenes Laercio I X 6. 13. Retórica 1407 b.

14. Pseudo-Demetrio 192. 12

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vieran, por ejemplo, el carácter de "discursos” o "disertaciones” mas o menos solemnes. P or lo -menos en lo ~que se refiere al comienzo de- la Pbra~esto es ^enteramente cierto. Por otra parte, el- estiló^prepoñderantemente afo- rístico no impide tampoco que entre el contenido de las diversas sentencias exista una cierta conexión lógica y una cierta cohe­ rencia temática. Esto fue precisamente lo que hizo posible la división del libro en tres capí­ tulos que, como dijimos, hizo el propio autor. Por encima de todo, sin embargo, debe adver­ tirse que, como dice Fraenkel, apoyado aquí por M ondolfo15 16, todos los fragmentos, aun cuan­ do se los estudie aisladamente, conservan una íntima afinidad entre sí, en cuanto proceden de un pensamiento único y altamente coherente, de tal manera que, con total prescindencia del orden en que se los ponga, cada uno de ellos está unido y conectado con todos los otros me­ diante un complejo de relaciones de sentido, que esclarecen y amplifican su particular sig­ nificación. Entre los “ disjecta membra” del antiguo cuerpo heraclítico fluye aún una vida única. Y del pensamiento y los fragmentos de Heráclito puede decirse lo que el Cusano y Bruno decían del Ser: que está todo entero, presente, en cada uno de los seres.

El trabajo que entregamos aquí al lector y, sobre todo, al estudioso de la filosofía, no es una interpretación del pensamiento de Herá­ clito, que hemos intentado ya en otra parte16, sino una traducción española de todos los frag­ mentos, y de todos los testimonios antiguos so­ bre la vida, la obra y la doctrina del efesio. Nos

15. Zeller-Mondolfo, op. cit. p. 15.

16. Véase mi libro, La filosofía de Heráclito de

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hemos basado, para esta traducción, en el texto griego de Diels-Kranz, Die Fragmente der Vor-

sokratiker, Berlín, 1954. Pero también hemos

tenido en cuenta la edición de R. Walzer (Era- ch'ío-Florencia, 1939). La versión de los Testi­

monios lleva al pie de página una serie de notas

explicativas. A cada uno de los Fragmentos le sigue una nota en que se consignan las otras fuentes del mismo, aparte de la señalada en el texto (cuando las hay) y también las referen­ cias que al fragmento encontramos en diversos autores antiguos. Igualmente remitimos, en muchas ocasiones, a estudios interpretaciones o menciones significativas del respectivo frag­ mento en autores modernos, particularmente en filósofos e historiadores de la filosofía.

No hemos traducido aquí las imitaciones que forman la parte C en la edición de Diels 17, por la misma razón que no incluimos las Epístolas

pseudo-heraclíteas: creemos que merecen tra­

ducción y estudio aparte.

Queremos aclarar, finalmente, que en la tra­ ducción hemos trasliterado algunos términos griegos, como Kósmos y Lógos, para dejar cons­ tancia de su significado especial, intraducibie mediante un solo vocablo castellano.

17. Véase Mondolfo, Eraclito-Testimonianze e imi-

tazioni. Florencia. La Nueva Italia.

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I. VIDA

1. Diógenes Laercio, IX , 1-171

1. Heráclito, hijo de Blosón o, según algu­ nos, de Heraconte, efesio2. Floreció alrededor de la sexagésima novena Olimpíada3. Fue, más

1. E l primer testimonio biodoxográfico, que es tam­ bién el más extenso y detallado, aunque no él más digno de fe, corresponde a la Vidas de los filósofos de Dió­ genes Laercio. Este vivió probablemente en el siglo II después de Cristo y escribió dicha obra para una dama llamada Arria. Allí recoge, con escaso sentido crítico y deficiente método, uná enorme cantidad de noticias so­ bre la vida, la obra y las doctrinas de los filósofos griegos .(Cfr. F . Leo, Die grieehisch-romische Biograr

phie nach ihrer litterarisehen Form, Leipzig, 1901. Citado por W alzer). En este caso acepta todos los ele­ mentos que configuran la leyenda de Heráclito, los cua­ les se originan en una deformación de las ideas expre­ sadas en las ipsissima verba del filósofo (C fr. J. Bur- net, Early Greek Philosophy, Londres, 1958. p. 131; H. Frankel, “ A thought pattem in Heraclitus” en

American Journal of Philology, 59).

2 . E l nombre “ Blosón” , que Diógenes atribuye al padre de Heráclito, parece mejor atestiguado que “ Bli- són” , usado por Suidas (A l a ) y por Clemente Alejan­ drino (A 3 ) . E l nombre “ Heraconte”, que Suidas (ibid.) transforma en “ Heracino” , corresponde tal vez, como opina Walzer (Eraclito, Florencia, 1939, p. 1 1 ), si­ guiendo a Schuster (“ Heraklit von Ephesus” en Acto

Societatis Philologieae Lipsiensis, 1873, III, p. 362), al abuelo de Heráclito.

3. Diógenes, cuya fuente es, en este caso, Apolodoro que, a su vez, parece haberse atenido, como Zeller se­ ñala, a Eratóstenes, sitúa el flourit de Heráclito en la sexagésimo novena Olimpíada, esto es, entre los años 504 y 500 a. C.

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4 . • ’

que otro ninguno, orgulloso y altanero, según se colige por su libro, en el cual dice: “ La eru­ dición no enseña a tener entendimiento, porque en tal caso se lo habría enseñado a Hesíodo y a Pitágoras y aun a Jenófanes y a Hecateo” \ “ Pues en una sola cosa consiste la sabiduría: en conocer el designio por el cual todo mediante todo se rige” B. Dijo que “ Homero es digno de ser expulsado de los certámenes públicos y de ser azotado, y Arquíloco lo mismo” 4 5 6.

2. Dijo también que “ es preciso extinguir la prepotencia más que un incendio” 7, y que “ es preciso que el pueblo luche por la ley como por las murallas” 8. Recrimina asimismo a los efe- sios por haber desterrado a su com p a ñ e ro Her- modoro, cuando dice: “ Seria justo que todos los efesios púberes se estrangulasen y dejasen la Ciudad en manos de los impúberes, pues deste­ rraron a Hermodoro, el varón más virtuoso que tenían, diciendo: Entre nosotros ni uno solo debe ser más virtuoso; si no, séalo en otro lugar y entre otras gentes” 9. Como fuera ele­ gido por aquéllos para legislar, rehusóse con desprecio, porque la ciudad estaba ya sujeta a un régimen depravado10. 4. Corresponde a B 40. 5. Corresponde a B 41. 6. Corresponde a B 42. 7. Corresponde a B 43. 8. Corresponde a B 44. 9. Corresponde a B 121.

10. Sobre lo que Heráclito entendía por “ régimen depravado” encontramos una interpretación cínica o cínico estoica en Epístolas pseudo-heraclíteas, V II, 4-10, que no corresponde, naturalmente, al pensamiento de Heráclito mismo.

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3. Habiéndose retirado luego al santuario de Artemisa u , jugaba a la taba con los niños11 12,

y como los efesios hicieran círculo en torno a él,

di joles: ¿Por qué os asombráis, perversos? ¿Acaso no es mejor hacer esto que colaborar con vosotros en el gobierno?13. Y al final, ha­ biendo abominado de los hombres 14 y huido de ellos, pasaba su vida en los montes, comiendo verduras ~y hierbasi5. Pero, habiendo

enter-11. La vida religiosa de Efeso giraba en torno al culto de una diosa de orígenes prehelénicos, asimilada luego al panteón griego con el nombre de Artemisa. A dicho culto estaban vinculados, como hace notar Ram- noux (Héraclite ou Vhomrne entre les choses et les mote, París 1959, p. 404-405), fuertes intereses económicos. Medio milenio después de Heráclito, el autor de los

Hechos de los Apóstoles relata (X I X , 24-40) que un tal Demetrio, junto con los plateros que forjaban imágenes del templo y de la diosa, provocaron contra Pablo de Tarso y sus discípulos un alboroto, precisamente por­ que éstos, al combatir el culto de Axtemisa (D iana), cegaban la fuente de sus ganancias.

12. Que Heráclito jugara a la taba (la palabra as-

trágalos significa “taba” , de donde el verbo astragalizo, que quiere decir “ jugar a la taba” ) y que lo hiciera con los niños, parece ser una anécdota fraguada sobre las palabras, ciertamente nada claras, de B 52, donde se habla del tiempo como de un niño rey que juega a los dados, y sobre las de B 121, donde Heráclito declara que los efesios deberían dejar su Ciudad en-manos de los impúberes (C fr. B 70, B 7 9 ).

13. Las duras palabras que, según Diógenes, dirigió el filósofo a sus compatriotas, condicen con la caracte­ rización que el propio Diógenes ha hecho de él, al decir poco más atrás (I X . 1) que “fue, más que otro ninguno, orgulloso y altanero” .

14. Cfr. B 121.

15. Las palabras “pasaba su vida en los montes, co­ miendo verduras y hierbas” pueden haber encontrado .eco, tal vez, en aquellos versos de Calderón de la Barca

(La vida es sueño, Jorn. I, esc. 2) :

Cuentán de un sabio que un día tan pobre y mísero estaba, que sólo se alimentaba de unas hierbas que cogía.

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mado de hidropesía16 a causa de esto mismo, bajó a la ciudad y preguntó a los médicos, a modo de enigma17, si podían producir la se­ quedad a partir de la humedad extrema18. Y como éstos no lo comprendieran, enterrán­ dose en un establo de bueyes, creyó que la hu­ medad de su cuerpo se evaporaría por el calor animal de la boñiga19. Pero, no habiendo con­ seguido nada aun así, acabó su vida a los se­ senta años 20.

16. La idea de que Heráclito enfermó y murió de hi­ dropesía se basa, sin duda, en el fragmento 77, donde se dice que “para las almas es placer o muerte el hume­ decerse” , y, sobre todo, en el fragmento 36: “ Para las almas es muerte transformarse en agua, etcétera” (C fr. Patín, Heraklits Emheitslehre, Munich, 1885, p. 3 ) . (Acerca de la enfermedad de Heráclito, véase también F . Lasalle, Die Philosophie Herakleitos des Dunklen

von Ephesos, Berlín, 1858, I, p. 165.)

17. La expresión “ a modo de enigma” deriva de la tradición que hace de Heráclito un filósofo obscuro y tenebroso (Cfr. A 1,6; A 4 a-c, etcétera).

18. Cfr. Epístolas pseudo-heraclíteas, V I. 1 -3; Hipó­ crates, Sobre el régimen, I. 15; Taciano, Discurso a los

griegos, 3.

19. La leyenda que atribuye a Heráclito el extraño procedimiento de cubrirse con boñiga para que se eva­ porara la excesiva humedad del cuerpo, se basa tal vez en la idea de que el calor animal, que es un calor húme­ do, o sea, una mezcla de fuego y agua, resulta el medio adecuado para que se realice el tránsito de la humedad

(agua) a la sequedad (fuego).

20. La noticia de que Heráclito vivió sesenta años parece provenir de Aristóteles, según se puede ver en otro pasaje de Diógenes Laercio (V III, 5 2 ), donde lee­ mos: “Aristóteles dice que éste (Empédocles) y también

Heráclito murieron a los sesenta años” . Sin embargo, Sturtz, seguido por Cobet, propuso una corrección del texto de Diógenes, poniendo “ Heráclides” en lugar de “ Heráclito” (C fr. Zeller-Mondolfo, La filosofía dei

Greci, IV , Florencia, 1961, p. 9 ) .

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4. Cuenta Hermipo 31 que aquél preguntó a los médicos si alguno de ellos podía librarlo de ,1a humedad, evacuándole los intestinos, pero que, como éstos respondieran negativamente, se i tendió al sol y ordenó a los niños 22 que lo cu­ brieran de boñiga23. Extendido, pues, de esta

manera, murió al siguiente día, y fue sepultado en el A gora2t. Neantes de Cízico24 25 26, por su par­ te, dice que, no habiéndosele podido quitar de encima el estiércol, allí quedó, y que, como no se le pudiera reconocer a causa de la transfor­ mación sufrida, vino a, ser devorado por los perros2B.

/ /

5. Fue excéntrico desde niño; cuando era joven solía decir que nada sabía, al llegar a la edad adulta, en cambio, que todo lo había

com-21. Se trata de Hermipo de Esm im a, filósofo e his­ toriador que vivió en la segunda mitad del siglo m a. C. y que fue discípulo de Calimaco de Alejandría. Escribió una serie de biografías muy utilizadas por los autores de la época siguiente (Cfr. F . Leo, op. eit., p. 127 sgs.).

22. La referencia a los niños se vincula, sin duda, a lo que dice poco antes (“ jugaba a la taba con los ni­ ños” ) y tiene iguales fundamentos en las ipsissima ver­

ba (C fr. nota 12). 23. Cfr. nota 19.

24. Esta noticia, si fuera verdadera, indicaría que los efesios estimaban en mucho a Heráclito, a pesar de todos los desaires que les había hecho.

21T W eantes de Clzico”, historiador y filósofo, vivió durante el siglo n i a. C. Escribió varias obras: Helé­

nica, Pitagórica, Memorias del rey Atalo de Pérgamo,

de todas las cuales no quedan sirio algunos fragmentos recogidos por otros autores antiguos (C fr. O. Gigon,

Untersuchungen zu Heraklit, Leipzig, 1935, p. 133). 26. La idea de que Heráclito fue devorado por los perros tiene quizás su origen en una antojadiza inter­ pretación del fragmento 97, donde se dice que: “ Los perros ladran contra lo que no conocen” .

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/

prendido 27. No fue discípulo de nadie, pero de­ cía que se había investigado a sí mismo 28 y que todo de sí mismo lo había aprendido. Soción29, sin embargo, refiere que algunos lo consideraron discípulo de Jenófanes 30 31, y que Aristón 81 en el libro Sobre Heráclito afirma que éste se curó de la hidropesía y que murió, en cambio, de otra enfermedad. Esto lo dice también Hipo- boto 32. El libro que se le atribuye trata en ge­ neral Sobre la Naturaleza 33, y se divide en tres

27. Tal vez esta noticia se base en nna arbitraria interpretación del fragmento 79, donde se dice: “ El hombre parece niño frente al genio, igual que el niño frente al hombre” .

28. Cfr. B 101.

29. Soción de Alejandría fue un historiador del si­ glo n i a. C. que escribió una obra titulada Sucesiones

de los filósofos (Cfr. H . Diels, Doxographi Graeci, Ber­ lín, 1929, p. 1 4 7 ). No se lo debe confundir con otro

Soción de Alejandría, filósofo estoico, que vivió en el siglo I de nuestra era y fue maestro de Séneca.

80. Que Heráclito haya sido discípulo de Jenófanes parece poco probable por razones de índole cronológica. En efecto, Jenófanes abandonó Jonia ante la invasión meda (540 a. C .), esto es, antes de que Heráclito nacie­ ra (C fr. J. Bum et, op. d t., p. 131). Ello no significa, sin embargo, que el efesio no haya frecuentado las obras y el pensamiento del colofonio o que no haya recibido su influencia. El fragmento 40 nos demuestra que conocía de Jenófanes lo suficiente como para criticar sus métodos.

31. Se trata probablemente de Aristón de Quíos, filósofo estoico del siglo m a. C., que compuso, según parece, además de la obra Sobre Heráclito, una biogra­ fía de su contemporáneo Epicuro.

32. Hipoboto, historiador cuya patria y época se desconocen, fue autor de una Crónica de los filósofos, que Diógenes cita en otro lugar (I. 4 2 ).

33. Heráclito escribió en prosa, a diferencia de Je­ nófanes, Parménides, Empédocles, y como lo hicieron Anaximandro, Anaxímenes, Anaxágoras. Usó el dialec-22

(23)

capítulos: Sobre el Todo, Sobre Político, y So­

bre Teologíai* 34.

6. Lo depositó en el santuario de Artemisa, habiendo cuidado expresamente, según algunos, de escribirlo en modo asaz obscuro, para que sólo accedieran a él los que fueran capaces d e . hacerlo y para que no se viera manoseado por

to jónico (C fr. Zeller-Mondolfo, op. cit., I V , p. 10) y su obra llevaba por título Sobre la Naturaleza (Per» .

Physeos), al igual que las de casi todos los presocráti­ cos. Dicho título proviene del mismo Heráclito.

No así, en cambio, el título Musas con que también se la conoció en la antigüedad (C fr. Diógenes, I X . 1 2 ). Dicho título se origina en Platón (Sofista, 242 d ) , co­ mo sostiene Zeller (op. cit., p. 11) contra Schuster (op.

cit., p. 329). Heráclito no escribió más que esta obra, según puede inferirse del simple hecho de que los auto­ res antiguos no le atribuyan otra.

34. Parece posible sostener, como lo hace Schuster (op. cit., p. 4 2 ), apoyado por Zeller (op. cit., p. 1 0 ), contra Schleiermacher (Herakleitos der Dunkle von

Ephesos en Sdmtliche Werke, III, p. 25 sg s.), que la obra tenía ya en su forma originaria diversas secciones, cada una de las cuales llenaba una finalidad distinta. Más aún, ello resulta muy probable. La tripartición de que habla aquí Diógenes puede ser, pues, del mismo Heráclito. Si proviniera, como sostiene Eirk, de una edición alejandrina, en la cual se habría seguido la división estoica de la filosofía, no se comprendería bien cómo lógica, física y ética, esto es, las tres partes de la filosofía según los estoicos, pueden corresponder a las tres partes del escrito heraclítico indicadas aquí por Diógenes. De cualquier manera, autores como Schuster y Bywater (apoyados por B um et) intentaron ordenar los fragmentos de Heráclito a partir de esta noticia de Diógenes. Más tarde, H . Diels, seguido casi unánime­ mente por comentadores y traductores, impuso un or­ den externo (que no implica intento alguno de recons­ trucción del original), al disponerlos por orden alfabé­ tico de fuentes, con excepción de IOS fragmentos 1 y 2, " qHé~Sexto Jámpirico indica expresamente como corres-

pondientes al comienzo de la obra.

(24)

el vulgoSB. Al mismo se refiere también Ti­ món 3e, cuando dice:

35. Que Heráclito depositara su escrito en el templo de Artemisa resulta verosímil. Los motivos por los cua­ les lo hizo, suponiendo que este hecho fuera real, han sido interpretados de diversa manera. Decir, como Teichmüller (Neue Studien zur Geschichte der B egriffe, v. II, p. 124), que de ese modo el efesió quería que su obra fuera accesible sólo a los iniciados (C fr. Taciano,

Discurso a los griegos, 3 ) , supone admitir la idea de que el mismo filósofo era un seguidor de los misterios en sentido literal. Pero decir, como Zeller (op. cit., v. IV , p. 1 2 ), que Heráclito puso allí su escrito simple­ mente para asegurar su conservación y utilización, supone una minimización del sentido del acto, que tam­ poco resulta satisfactoria. La deposición del libro tiene un significado simbólico, que se vincula con la interpre­ tación que Heráclito da de la religión en general y de los misterios en particulai\^st

36. Timón de Fliunte, filósofo escéptico del siglo iii a. C., fue discípulo de Estilpón de Megara y de Pirrón de Elis. Enseñó en diversas ciudades de Grecia y final­ mente en Atenas. Parece haber sido un escritor muy fecundo, pues se le atribuyen nada menos que sesenta dramas, treinta comedias y tragedias, varios diálogos y tratados filosóficos. Entre éstos había un escrito

Sobre las sensaciones y otro Contra los físicos. En su obra Sílloi, compuesta en hexámetros, satiriza a todos los filósofos que le precedieron, con excepción de Pirrón y de Jenófanes (autor también de Sílloi satíricos). Es­ ta obra, de la cual conservamos 150 versos, estaba divi­ dida en tres libros. Los dos últimos tenían forma de diálogo y sus interlocutores eran el mismo poeta y Jenó­ fanes. En los versos que nos quedan, dice Robín (El

pensamiento griego y los orígenes del espíritu cientí­ fico, Barcelona, 1926, p. 419) “ se advierte la imitación

de Jenófanes, con un humor más brutal, y tal vez tam­ bién la misma nobleza de acento” . De hecho, este de­ fensor de Pirrón, a quien Sexto Empírico (Contra los

matemáticos, I. 53) llama “ el profeta de las doctrinas pirrónicas” , que critica inclusive al neoacadémico Arce- silao, está lejos de demostrar hacia Heráclito la simpa­ tía que sentirán después por él otros escépticos como Enesidemo (Cfr. Cappone Braga, “ L'eraclitismo di Enesidemo” en Rivista di Filosofía, 1931, v9 1, p. 33- 4 7 ). Sobre Timón de Fliunte cfr. V . Brochará, Los es­

(25)

“ Entre ellos, llorón, levantóse Heráclito, despreciado! de la plebe, enigmático” S7. -Teofrasto38 sostiene que, a causa de su me­ lancólico hum or39, algunas cosas las dejó a medio escribir y otras, plagadas de

contradic-37. Cfr. Diels, Poetae philosophi, 9 B 43.

38. Teofrasto, discípulo de Aristóteles, nació en Eresos ^te Lesbos y murió en Atenas (388-288 a. C .). Sucedió a su maestro en la dirección del Liceo, a partir del año 322. Aunque no se puede aceptar la tesis de J. Zürcher (Aristóteles’ W erk und Geist, Paderborn, 1952), según la cual Teofrasto retocó e inclusive escri­ bió la mayor parte de las obras atribuidas a Aristóteles que tienen carácter realista y no platónico (cfr. E. Elorduy, “ E l nuevo Aristóteles de J. Zürcher” en Pen­

samiento, n? 31, p. 325-356), la verdad es que aquél continuó y perfeccionó varias líneas de investigación iniciadas por Aristóteles. A sí, en lógica encontró nue­ vos modos y sólo en la primera figura pudo agregar nueve; trabajó en la teoría del silogismo hipotético y disyuntivo, etcétera (C fr. I. M . Bochenski, La, logique

de Théophraste, Friburgo, 1947) ; en ciencias biológicas pasó del estudio de los animales, iniciado por su maes­ tro al de las plantas y llegó a ser, por sus tratados de

Historia de las plantas y Sobre las causas de las plan­

tas, el verdadero fundador de la botánica (C fr. W . Ca- pélíe, "Z u r Ceschichte der gnecWScEe Botanik” en

Philologus, 1910). La psicología empírica, iniciada por Aristóteles, se prolonga en una caracterología por obra de Teofrasto. En efecto, en su obra Caracteres describe treinta tipos humanos, dando muestras de un fino espí­ ritu de observación (Cfr. G. Pasquali, Sui caratteri di

Teofrasto, Nápoles, 1919). Su escrito Opiniones de los

físicos es particularmente importante para el conoci­ miento de la filosofía presocrática (cfr. M. Muehl, “ Theophrast und die Vorsokratiker” en Archiv für Ges-

chichte der Philosophie, 1923). Escribió además otras varias obras (de las que sólo quedan fragmentos) sobre psicofisiología (Sobre el sentido, Sobre los olores), so­ bre física {Sobre el fu ego), sobre mineralogía (Sobre

las piedras), sobre meteorología {Sobre los signos del

tiempo, dudosa), etcétera, así como sobre metafísica y

ética (C fr. F . Dirlmeier, “ Zur Etnik des Theophrast” en Philologus, 1905, p. 248 sg s.).

39 Cfr. Plinio, Historia natural, V II. 79 sg s.; Sé­ neca, Sobre la tranquilidad del alma, X V . 2.

(26)

dones. Como muestra de su altanería refiere Antístenes 40 en las Sucesiones, que renundó al reino en favor de su hermano 41. Su libro, por otra parte, adquirió tal renombre que hasta se formó en torno al mismo un grupo de se­ cuaces, denominados “ heraelíteos” 42.

7. En general, éstas son sus opiniones43: Del Fuego provienen todas las cosas y en el mismo se resuelven; todas suceden según la fa­ talidad y por medio de la transmutación de los contrarios se integran los seres. Y todo está lle- jno de almas y de genios44. Algo dijo también

40. Antístenes de Rodas fue un escritor que vivió hacia el año 200 a. C. y compuso una Historia de su propia época, mencionada elogiosamente por Polibio

(cfr. F. Leo, op. eit., p. 8 3 ).

41. Una tradición que, como señala C. Ramnoux (op.

cit., p. 62-63), no es necesariamente una leyenda, hace nacer a Heráclito dentro de la familia real y sacerdotal ,de los Androclidas (cfr. A 2 = Estrabón, X I V .3 ), los cuales, al fundar la ciudad de Efeso, habrían traído consigo desde el Atica un culto demetríaco, aunque tampoco es imposible que, originarios de Mesenia, hu­ bieran importado cultos predóricos semejantes a los de Andania (cfr. Picard, Ephése et Claros. Recherches

sur íes Sanctuaires et les Cuites d’Ionie du Nord, Pa­ rís, 1922). Los descendientes de Codro y de Androclo no ejercían ya en tiempos de Heráclito la soberanía ni tenían poder político alguno, pero conservaban aún ciertas funciones sacerdotales y ciertos símbolos hono­ ríficos, que los distinguían de sus conciudadanos. A esto parece haber renunciado Heráclito, de acuerdo con la presente noticia.

42. Uno de estos heraelíteos, el más conocido sin duda, fue Cratilo, el primer maestro de filosofía que tuvo Platón (cfr. G. Zuccante, “ Platone: Cratilo era- cliteo, primo maestro di filosofía” en Rivista di Filoso­

fía, 1930, p. 289).

43. Lo que sigue es un resumen de Teofrasto, aun­ que no realizado directamente sobre el texto original. 44. Cfr. Aristóteles, Sobre las partes de los anima­

les, 645 a. Algo muy semejante atribuye el mismo A ris­ tóteles (Sobre el alma, 411 a) a Tales de Mileto (cfr. Platón, L eyes, 899 b ) .

(27)

sobre todas las alteraciones'qúe coexisten en el

Kósmos y, por de pronto, que el sol tiene la

magnitud con que aparece45. Dijo además: “ Andando no encontrarás los límites del alma, aunque recorras todos los caminos: tan pro­ fundo es su lógos” 46 47. Y afirmaba que “la opi­ nión es una epilepsia y que la vista engaña” 4T. Límpida y claramente se expresa a veces en su libro, de manera que hasta el más rudo con facilidad lo comprende y eleva su alma. La con­ cisión y la profundidad de su estilo son incom­ parables.

8. He aquí48, en particular, sus doctrinas: el Fuego es el elemento primordial y todas las cosas son modificaciones del Fuego49 50 51, engen­ dradas por rarefacción y condensación80. Sin embargo, nada establéce con claridad. Todas las cosas se engendran por contraposición y fluyen en su totalidad a manera de un río El Todo es limitado y forma un solo Kósm os52 53; el mis­ mo nace del Fuego y otra vez al Fuego retoma alternadamenteBS, según ciertos períodos deter­ minados para todos los tiempos. Y esto sucede según la fatalidad. Entre los contrarios, lo que conduce al nacimiento llámase guerra y discor­

45. Cfr. Aecio, II. 21, 4 = B 3 (cfr. Cicerón, Sobre

los confines del bien y del mal, I. 6, 2 0 ). 46. Corresponde a B 45.

47. Corresponde a B 46.

48. Los parágrafos que siguen, del 8 al 11, corres­ ponden a un resumen del texto de Teofrasto (C fr. K. Reinhardt, Parmenides und die Geschichte der griechis-

chen Philosophie, Bonn, 1916, p. 171 sg s.). 49. Cfr. B 90, 30, 31.

50. Cfr. A 5 = Simplicio, Física, 23, 33 Diels ( = Teo- frasto, Opiniones de los físicos, fr g 1, en Doxographi

graeci, 475).

51. Cfr. B 12, 91, 49 a. 52. Cfr. B 30, A 5 b. 53. Cfr. B 90,76, A 5 c.

(28)

dia; lo que conduce, en cambio, al incendio, concordia y paz64. La transmutación denomí­ nase camino hacia arriba y hacia abajo65, y conforme a ella el Kósmos es engendrado.

9. El Fuego, al condensarse, se torna hú­ medo; al concentrarse, se hace agua; el agua, a su vez, solidificándose, se transforma en tie­ rra. Éste es el camino hacia abajo. Después comienza a fluir, en sentido contrario, la tie­ rra; de ésta nace el agua, y del agua las demás cosas, reduciéndose así casi todas a la exhala­ ción del mar. Éste es el camino hacia arriba54 5S 56 57. Las exhalaciones provienen de la tierra y del mar; las unas son brillantes y puras; las otras, tenebrosas. El Fuego se alimenta con las bri­ llantes; el agua con las demás. No explica en qué consiste la naturaleza de lo que envuelve al

Kósmos. Existen, sin embargo, allí, ciertas ar­

tesas cuyas cavidades están vueltas hacia no­ sotros; en ellas, al juntarse las exhalaciones bri­ llantes, origínanse esas llamas que vienen a ser los astros 6T.

10. La llama más brillante y cálida es la del so l58 59. Los otros astros están más lejos de la tierra y por eso brillan y calientan menos; la luna, aunque más próxima a la tierra, anda p5? un rogar Tirreno" e's puro K ü'ncambioTel SOT&e~Trrü5ve T3Ó? Uíflugar transparente y sin 'mácula, y guarda una distancia proporcionada con respecto a nosotros, por lo cual calienta e .ilumina m ás60. El sol y la luna se eclipsan

54. Cfr. B 65, 80. 55. Cfr. B 60. 56. Cfr. B 31. 57. Cfr. A 11; A 12. 58. Cfr. B 94, 99. 59. Cfr. Parménides, B 12 Diels. 60. Cfr. B 3; B 6, B 94. 28

(29)

cuando las artesas se inclinan hacia arriba. Las fases mensuales de la luna se originan cuando la artesa gira un poco sobre sí misma. El día y la noche, los meses y las estaciones, las llu­ vias anuales y los vientos, y los fenómenos se­ mejantes a éstos, se producen según las dife­ rentes exhalaciones61.

11. La exhalación brillante, inflamada en el círculo del sol, produce el día; cuando domina, en cambio, la exhalación contraria, da lugar a la noche. Y el calor, alimentándose con la ex­ halación brillante, produce el verano, mientras la humedad, que abunda en la exhalación tene­ brosa, es causa del invierno62 63 64 65. De acuerdo con estos principios, discurre sobre las causas de las demás cosas. Sin embargo, con respecto a la tierra no explica en absoluto cómo es, ni tam­ poco en lo que toca a las artesas 68. Y éstas son, en definitiva, sus opiniones. Lo que se refiere a Sócrates y a lo que éste habría dicho al conocer el libro, cuando Eurípides se lo trajo, según cuenta Aristón®4, lo hemos narrado en la parte que trata sobre Sócrates66.

12. Seleuco, el gramático66, dice, por su parte, que cierto Crotón 67 cuenta, en el Buzo, que un tal Crates 68 fue el primero en traer a

61. Cfr. A 12 c, A 12 f , A 14 a, B 57, B 106. 62. Cfr. B 67.

63. Todo lo contrario de Anaximandro, A 10-11; Anaxímenes, A 7, 20 y Jenófanes, B 28 Diels, según hace notar Walzer.

64. C fr. nota 31.

65. Cfr. Diógenes, II. 22 ( = A 4 ) .

66. Cfr. Maas, De biographis graecis, Berlín, 1880, p. 33 sgs. (cit. por W alzer).

67. Escritor desconocido.

68. Personaje desconocido. No se lo puede identifi­ car con el cínico Crates de Tebas, el marido de la bella Hiparquía (cfr. Diógenes Laercio, V I. 5, 8 5 ) ,

(30)

Grecia el libro y que éste dijo que era nece- sario ser un buzo de Pelos para d o a h o g a rs e

en é l Ba. Algunos lo titulan Musas70, otros, So­

bre la Naturaleza71; Diodoto 69 70 71 72 73, por su parte,

Cuidadosa dirección para regla de la vida;

otros, Guía de las costumbres, Orden del movi­

miento, El único entre todos7S 76. Dicen que, al preguntársele por qué callaba, rftsññridTfrrPara que charléis vosotro s 74. El mismo Darío quiso 'comunicarse con él y le escribió de esta manera /siguen las dos primeras Epístolas pseudo-he-

raclíteas, a las cuales corresponden aquí los pa­

rágrafos 13 y 14) 7B.

15. Así era este hombre aun para « m <4 Rey. Demetrio dice en los HomónimosT* que

vió en el siglo rv (cfr. E . Schwarz, Figuras del mundo

antiguo, Madrid, 1926, 13, p. 36 sg s.). Mucho menos con el platónico Orates de Atenas, que fue escolarca en la Academia hacia el año 270; ni con el estoico Ora­ tes de Mallos, que perteneció también al siglo in o con el neoacadémico Orates de Tarso, que fue del siglo n .

69. Los buzos de Délos eran famosos en la antigüe­ dad por su audacia. Véase una frase muy semejante atribuida a Sócrates en Diógenes Laercio, II. 22.

70. Cfr. nota 33. 71. Cfr. nota 33.

72. A este Diodoto se refiere poco más adelante Diógenes (IX . 15). Tal vez se lo pueda identificar con el estoico que fue maestro de Cicerón en Roma.

73. Todos estos títulos, en opinión de Zeller (op. cit., p. 1 1 ), no son verdaderos títulos. (Cfr. J. Bernays, Ge-

sammelte Abhandlungen, Berlín, 1895, I, 8 ; cit. por Zeller).

74. Cfr. Plutarco, Sobre la charlatanería, 17, p. 511 b ( = A S b ) .

75. Las Epístolas pseudo-heraclíteas han sido edita­ das por J. Bernays, quien demostró asimismo, de modo definitivo, su carácter apócrifo (Die heraklitischen

Briefe, Berlín, 1869).

76. Demetrio de Magnesia, gramático del siglo I a. C., compuso una obra titulada Sobre los homónimos

de poetas y escritores.

(31)

también menospreció a los atenienses, aunque entre ellos gozaba de grandísima fama 77, y que, despreciado a su vez por los efesios, prefirió, sin embargo, la patria. También lo recuerda Demetrio Falereo en la Apología de Sócrates 78. Muchísimos son los que comentaron su escri­ to, como Antístenes 79 y Heráclides Póntico ®°,

77. Esta afirmación se relaciona quizás con la no­ ticia según la cual, siendo descendiente de los reyes de Efeso (cfr. nota 4 1 ), neracHto habría tenido como antepasado a Codro, rey de Atica (cfr. Estrabón, X I V . 3 ) , lo cual lo~~convertiria, finalmente, en consanguíneo de Platón, cuyo linaje a través de su padre Aristón^ también se remontaba, según ciertos autores, a Codro

(clrT Ch. Huit, La vie et Foeuvre de Platón, París, 1893, I, p. 19).

78. Demetrio Falereo nació en Atenas en el año 345 a. C. y fue condiscípulo del cómico Menandro en el aula de Teofrasto. Orador famoso, estuvo al frente del gobierno de Atenas durante un decenio. En 307, ante la llegada de Demetrio Poliorcetes, huyó a Egipto, don­ de vivió sus últimos años. Compuso numerosas obras, ninguna de las cuales ha llegado hasta nosotros.

79. Antístenes es considerado como el fundador de la escuela cínica. Hijo de un ateniense y de una esclava tracia, nació hacia el año 450 y fue primero descípulo de Gorgias. Antes de entrar en el círculo socrático pa­ rece haber escrito algunos “ estudios inspirados por los discípulos de Heráclito sobre la interpretación alegó­ rica de los poetas” (A . Rivaud, Histoire de la Philoso-

phie, París, 1948, I, p. 152), y entre ellos, un comen­ tario sobre el mismo Heráclito. Zeller, al seguir en esto

a Brandis (Handbuch der Geschichte der griechische-

romiache Philoeophie, Berlín, 1835, I, 164) en contra de Schleiermacher (Herakleitos der Duiüele, Werke, III, parte II, p. 5 ) , duda de que este Antístenes, nom­ brado por Diógenes, sea el discípulo de Sócrates, pero no tiene en cuenta, por cierto, el período presocrático de la actividad literaria del mismo.

80. Heráclides Póntico, cuyo acmé se sitúa en el año 360 a. C., era originario de Bitinial En Atenas escu­ chó, según refiere Diógenes Laercio (V . 8 6 ), a Espeu- sipo, a los pitagóricos y a Aristótel ss. Escribió nume­ rosas obras y entre ellas varias sobr< antiguos filósofos y poetas griegos (Sobre la edad de . ’iomero y fiesíodo,

(32)

Cleantes 81, y Esfero el estoico **, y además Pau- sanias. llamado eLheraclitista Nicomedes 84 y Dionisio 85. Entre los gramáticos, D iodoto88, el cual afirma que el libro no era Sobre la Nar-

turaleza sino Sobre la Política 8T, y que lo dicho

sobre la Naturaleza se traía a modo de ejemplo.

Sobre Arquíloco y Homero, Sobre cosas contenidas en

Eurípides y Sófocles, Sobre los tres poetas trágicos, Sobre los pitagóricos, Sobre narraciones acerca de D e-mócrito y, también, Sobre narraciones acerca de Herá-

clito).

81. Cleantes nació en Assos, en la Tróade, en el año 331 a. C. En Atenas se vinculó a Zenón, fue su discí­ pulo durante diecinueve años y lo sucedió como jefe de la escuela estoica. Hombre de ingenio lento y estrecho pero de gran capacidad para el trabajo (Diógenes Laercio, V II. 170), dejó numerosos escritos, casi todos breves. E l más extenso de ellos parece haber sido pre­ cisamente el Comentario sobre Heráclito, que compren­ día cuatro libros (Diógenes, V II. 174). Su obra más conocida es, sin embargo, el Himno a Zeus (cfr. Von Arnim, s. v. en Pauly-Wissowa).

82. Esfero fue discípulo de Cleantes. En Alejandría sirvió al rey Tolomeo Pilopáter. Entre otros varios es­ critos (uno de ellos Sobre Licurgo y Sócrates y otro

Sobre los filósofos eretríacos) dejó también uno Sobre

Heráclito, dividido en cinco libros (Diógenes, V II. 1 ^ ) . 83. No se sabe quién fue este Pausanias. Podría su­ ponerse que perteneció a ese círculo de heraclíteos constituido, no en torno a la persona del efesio (el cual no tuvo nunca discípulos), sino en torno a su libro (cfr. Diógenes, IX . 6, nota 4 2 ), pero parece más probable que haya sido un filólogo alejandrino, especializado en el estudio de Heráclito.

84. Escritor desconocido.

85. Escritor difícilmente identificable. Tal vez se trate de Dionisio de Cirene, que en el siglo I de nues­ tra era sucedió a Apolodoro de Atenas como jefe de la secta estoica.

86. Cfr. nota 72.

87. Zeller hace notar (op. cit., p. 11) que si Herá­ clito hubiera concedido al tratamiento de cuestiones éti­ cas (políticas) y teológicas la misma extensión que concedió a las físicas, la escasez de noticias relativas a 32

(33)

16. Jerónimo* 88 dice que además, Escitino, el poeta yámbico 89 90, intentó poner en verso su discurso. Atribúyensele muchos epigramas 80 y, entre ellos, también éste91:

Heráclito soy yo. ¿Por qué me traéis arriba y ab a jo92, insipientes?

No me afanaba yo por vosotros, sino por aquellos que me entienden 93.

aquéllas, sería muy sorprendente y tanto más cnanto más interesados en ellas estaban, sin duda, los autores de las épocas posteriores. Por otra parte, no se com­ prendería por qué HeracUtoTyá' desde A risláteles, fue~~ siempre ubicado entre los '“físicos". Si se admite la hipótesis de que el Diodoto que hace esta afirmación (sobre el carácter "político” de la obra de Heráclito) es el mismo que fue maestro de Cicerón en Roma (cfr. nota 7 2 ), no resultará difícil explicar el origen de la misma. En efecto, este Diodoto, como todos los estoicos, tendía sin duda a considerar la física como subordinada a la ética, y buscaba probablemente en el admirado efesio una confirmación de las propias con­ cepciones de la filosofía natural cual “paradigma” de la moral y de la política. Como Panecio, que también vivió en Roma e influyó en Cicerón, Diodoto debía sos­ tener que los deberes derivados de la comunidad huma­ na importan mucho más que la ciencia pura (cfr. P. Barth, L o s estoicos, Madrid, 1930, p. 37).

88. Jerónimo de Rodas, filósofo peripatético, discí­ pulo de Aristóteles, vivió, según parece, durante el rei­ nado de Ptolomeo Filadelfo. Según este filósofo, el bien supremo consiste en la ausencia del dolor. Niega que el' placé T deba ser procuradopor sí mismo (W . SVnífh,

A N ew d la ssíca l D iction a ry, Nueva ío rk , 189V p. 370).

89. Escitino de Teos. Una parte de su versificación de Heráclito ha sido conservada por Estobeo (cfr. A n -

thologia L y r ic a G raeca, 13, p. 65 Diehl).

90. Véanse otros epigramas atribuidos a Heráclito en A n th olog ia P alatina,V II. 79, V II. 479. Los que aquí cita Diógenes aparecen en la misma A n th ologia , V II. 128; IX . 540.

91. Está fuera de toda duda el carácter apócrifo de los dos epigramas transcriptos por Diógenes.

92. Cfr. B 60.

93. Cfr. Diógenes, I X . 6.

(34)

Un solo hombre vale para mí como treinta m il94, y los innumerables /nada valem-Aun jun­ to a Persefone proclamo cosas tales®5 96.

Y este otro:

El libro de Heráclito, el efesio, no lo enrolles, veloz, sobre el ombligo.

Es un sendero, en verdad, muy poco reco­ rrido.

Es obscuridad y tiniebla sin lu z9e. Pero si te introdujere un iniciado97, será más luminoso que el sol resplandeciente.

17. Hubo cinco Heráclitos: el primero es éste mismo; el segundo, un poeta lírico de quien se conserva la Loa de los doce dioses; el tercero, un halicarnasense, poeta elegiaco para quien es­ cribió Calimaco. . . ; el cuarto, un lesbio, que escribió la Historia de Macedonia; el quinto, un «Gtor burlesco que cambió la cítara por ese gé­ nero 98 99.

1 a. Suidas " , Léxico

Heráclito, hijo de Blosón o de Bautor100 o, según algunos, de Heracino 101, efesio. Filósofo

94. .Cfr. B 49.

95. Cfr. Olimpiodoro, C om entario al “ G orgias” de

Plafón, 87 (cit. por W alzer). Perséfone (Cora, Proser- piwSf; diosa de la vegetación, fue raptada por Pintón, quién la condujo a su reino infernal (cfr. H . A . Guer- ber. T he M ytha o f G reeee and R om e, Londres, 1952, p.ILflft'y sgs).

96. Cfr. A 4.

97. Cfr. Taciano, D iscu rso a los g rieg os, 3.

98. De los cuatro homónimos del efesio mencionados por Diógenes no se sabe casi nada más de lo que aquí dice el propio Diógenes.

99. Suidas, compilador del cual nada se sabe con certeza (cfr. H . Gregoire, “ Le mystére de Suidas” en

L e s étu d es elassiques,V I, 1937, p. 346 y s g s .).

, 100. Este nombre, atribuido al padre de Heráclito, '' sólo aparece en Suidas.

101. “ Heracino” es probablemente una corrupción de “ Heraconte” (cfr. nota 2 ) .

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físico, que tuvo por sobrenombre “ el Tenebro­ s o ” 102 103. Éste no aprendió de ninguno 'de los iíio-

sofos, ñero por su propio ingenio y cuidado se instruyó ***. Habiendo enfermado de hidrope­ sía, no llegó a un acuerdó con los médicos so­ bre los medios con que pretendían curarlo, mas, recubriéndose él mismo por completo de estiér­ col, se tendió al sol para secarse104 y, mientras yacía, la perras, acercándosele, lo despedaza­ ron 105. Otros dicen que murió enterrado en la arena. Algunos sostuvieron también que había sido discípulo de Jenófanes y de Hípaso, el pita­ górico 106. Vivió alrededor de la sexagésima no­ vena Olimpíada 107, en los tiempos de Darío, hijo de Histaspes 108, y escribió muchas cosas en estilo poética

2. Estrábón109, XIV. 3, p. 632-633

Dice (Ferécides) 110 111 que a la cabeza de la emigración jónica, y luego de la eólica, estuvo Androclo, hijo legítimo de Codro, rey de Atenas, y que éste fue el fundador de Éfeso1U. Por lo cual se dice que allí se estableció la dinastía de

102. Cfr. Diógenes, IX . 6 ; Lucrecio, I. 639; Tito Li- vio, X X II I. 39; Cicerón, S obre los con fin es del bien y

del m al, II. 5, 15; Clemente de Alejandría, T apices, V . 50, 2.

103. Cfr. B 101.

104. Cfr. Diógenes, IX . 3 (cfr. notas 16, 18, 19). 105. Este lúgubre detalle se encuentra también en Diógenes. Deriva probablemente de B 97.

106. Cfr. A 5.

107. Cfr. Diógenes, IX . 1.

108. Cfr. Diógenes, IX . 13-14 (E pístola s pseudo-he-

ra clítea s, I -I I ).

109. Estrábón fue un famoso geógrafo del siglo i a. C.

110. Se refiere a Ferécides de Atenas, logógrafo del siglo v, contemporáneo de Helanico y Herodoto, que es­ cribió una historia mitológica en diez libros (cfr. F r a g ­

m en ta historieorum graecoru m , 3 F 155). 111. Cfr. notas 41 y 77.

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los jonios y que todavía ahora sus descendien­ tes son llamados reyes y gozan de ciertos ho­ nores: la precedencia en los certámenes públi­ cos; la púrpura, signo de real estirpe; el bas­ tón, que hace las veces de cetro, y las sagradas ceremonias de Deméter eleusínica112 *.

3. Clemente u3, Tapices, I. 65

(II. 41, 19 Stahlin)

Heráclito, hijo de Blisón114 115 persuadió al ti­ rano Melancoma a renunciar al poder n5. Este mismo despreció al rey Darío que lo instaba a marchar a Persia116.

3 a. Estrabón, XIV.£ 5 , p. 64-2

Naciei'on en ella (en la ciudad de Éfeso) va­ rones dignos de memoria. Entre los antiguos, Heráclito, llamado el Tenebroso117 118, y Hermo- doro us, sobre el cual aquél dice: “ Sería justo

112. Cfr. Diógenes, IX . 6 y nota 41.

118. Clemente de Alejandría, filósofo platónico con­ vertido al cristianismo, vivió durante los siglos n y ni y estuvo al frente de la primera escuela teológica de la cristiandad, fundada por Panteno. Su obra, Tapi­

ces, cuyo objeto es presentar una imagen del “ gnóstico” cristiano, incluye numerosos datos para la historia de la filosofía griega.

114. “ Blisón” es una variante del nombre “ Blosón” el cual se encuentra en Diógenes, I X 1.

115. Cfr. Diógenes, IX . 6.

116. Cfr. IX , 13-14 (E p ístola s pseu do-heraclíteas, I -I I ) .

117. Cfr. A 1 y nota 102.

118. Cfr. E pístola s p seu d o-h eraclíteas, III, IV , V II, V III, IX . El único lugar de las ipsissim a v erb a én que Heráclito habla de Hermodoro es B 121. Que Hermo- doro fue un político efesio de tendencia conservadora parece cierto. Todos los demás datos sobre el mismo son, en cambio, enteramente dudosos. La estatua, que según una tradición (cuya fuente es tal vez Verrón) 36

Referencias

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