Congreso
CORTES GENERALES
9 de mayo de 2006.—Núm. 569DIARIO DE SESIONES DEL
CONGRESO DE LOS DIPUTADOS
COMISIONES
Año 2006
VIII Legislatura
Núm. 569
DEFENSA
PRESIDENCIA DEL EXCMO. SR. D. JOAQUÍN LEGUINA HERRÁN
Sesión núm. 26
celebrada el martes, 9 de mayo de 2006
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ORDEN DEL DÍA:
Comparecencia del señor ministro de Defensa (Alonso Suárez) para informar sobre:
— Las líneas generales de política de su departamento. A petición propia. (Número de expe-diente 214/000105.) y del Grupo Parlamentario de Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya Verds (Número de expediente 213/000608.) . . . . 2 — Operaciones en el exterior, conforme a lo dispuesto en el artículo 17 de la Ley ca 5/2004, de 17 de noviembre, de la Defensa Nacional. A petición propia. (Número de
Se abre la sesión a las once de la mañana.
El señor PRESIDENTE: Señoras y señores dipu-tados, vamos a dar comienzo a esta sesión. En primer lugar, creo que lo que voy a decir representa lo que piensan todos ustedes, doy la bienvenida al ministro don José Antonio Alonso a esta Comisión de Defensa, y en representación de todos ustedes le deseo los mayores éxitos en su nuevo cargo y en su nueva misión. En segundo lugar, este orden del día que hoy vamos a abordar tiene dos puntos, y sobre el primero de ellos se acumulan las propuestas, las peticiones, las solicitudes de Izquierda Unida y del Grupo Popular, con número 213/608 y 213/615. Lo digo para que conste que se acumulan; es decir, para que desaparezcan de la lista de espera que ustedes conocen y también a efectos del debate, si lo desean los grupos. Pueden acogerse a este hecho si lo desean. En tercer lugar, a mi juicio los dos puntos, a efectos del debate, deberían acumularse, salvo mejor opinión del señor ministro, porque es imposible abordar uno sin abordar el otro, con lo que se acumularán si el señor ministro y ustedes lo acogen así. ¿Por qué? La Mesa del Congreso de los Diputados ha decidido —y no voy a comentar por qué lo ha decidido— que aquí se debata el punto número dos, pero que no se vote porque se hará en Pleno, así que a nosotros nos toca hoy escu-char al ministro, debatir sobre las cuestiones que plantee y, en cualquier caso, debatir sobre la solicitud del Gobierno para el envío de nuevas tropas a Afganistán. He acabado mi intervención y le voy a dar a usted la palabra, don Fernando.
El señor LÓPEZ-AMOR GARCÍA: Presidente, tomo la palabra para mostrar la oposición del Grupo Popular a lo que ha dicho usted sobre la acumulación, y únicamente queremos hacer constar que efectivamente la comparecencia se produce a petición propia, pero también a petición de otros grupos, peticiones que se han producido de forma correcta y que no se han incluido en el orden del día. Por lo tanto, nosotros renunciamos a la petición de comparecencia del ministro para informar de las líneas generales del departamento y, como ya está el trámite en marcha por la petición del Partido Socia-lista, nos acogemos a ella.
En cuanto al segundo punto, también tengo que decirle que la Mesa de la Cámara no ha acordado lo que usted ha dicho, según mis informaciones, y la prueba es que en el orden del día del jueves se dice: Debate relativo a la autorización de la Cámara. Por lo tanto, la Mesa no ha dicho que se debata aquí y que se vote allá. Hay un orden del día para el jueves que dice: Debate relativo a la autorización de la Cámara. Por lo tanto, lo que se intenta producir aquí es una dilución del debate que se va a producir el jueves.
El señor PRESIDENTE: La interpretación que usted hace es la correcta, pero no contradice lo que yo he
dicho. Cuando en un pleno de una cámara democrática cualquiera hay una votación, siempre hay debate. Lo extraño de esta decisión es que nos remitan a nosotros ese debate. Eso es lo que he subrayado. No voy a entrar a criticar o no criticar, pero es extraño. Ahora bien, señor López-Amor, naturalmente el ministro hará en su inter-vención lo que tenga a bien hacer; los portavoces harán lo propio también, pero es imposible —me parece a mí— que el señor ministro no hable de las dos cosas a la vez.
El señor LÓPEZ-AMOR GARCÍA: Señor presi-dente, permítame la palabra otro momento para resumir. En cuanto al primer punto del orden del día, nosotros retiramos nuestra petición de comparecencia, haciendo una llamada a los redactores del orden del día para que en próximas ocasiones no acumulen verbalmente las peticiones de comparecencia, sino que se publiquen en el orden del día las peticiones que se efectúen por los distintos grupos. La nuestra, para que quede constancia en acta, tuvo lugar el 18 de abril, pidiendo la compare-cencia del señor ministro de Defensa. En cuanto al segundo punto del orden del día, vuelvo a reiterar lo manifestado. Parece que un principio de economía y de celeridad en el funcionamiento de este Parlamento hace que lo mayor atraiga a lo menor, por lo tanto el debate se debe producir, a mi juicio, en el Pleno del próximo jueves.
El señor PRESIDENTE: Se va a producir seguro en el Pleno del próximo jueves, pero lo que quiero dejar claro —y quisiera su consentimiento— es que el debate aquí será todo lo amplio que ustedes deseen, pero es un bloque solo. No podemos cortar y luego reiniciar otro debate. ¿Estamos de acuerdo? (Asentimiento.) El señor ministro tiene la palabra.
El señor MINISTRO DE DEFENSA (Alonso Suárez): Señorías, quiero que esta primera compare-cencia en la Comisión de Defensa del Congreso sirva, además de para informarles debidamente, para poner en evidencia dos cosas. En primer lugar, mi respeto, el del Gobierno, a la Cámara y a quienes hoy tienen en materia de defensa, ustedes, más atribuciones de las que tenían antes de la Ley Orgánica de Defensa Nacional; y en segundo lugar, la ilusión con la que personalmente me hago cargo de esta nueva responsabilidad. En cuanto a los contenidos de la comparecencia, trazaré las líneas generales del departamento —en buena medida ya cono-cidas por SS.SS.—y me detendré particularmente en la misión de ISAF en Afganistán, donde el Gobierno con-sidera necesario incrementar el contingente español no sin antes recabar el parecer del Parlamento. Al decirles que ya conocen las líneas generales del departamento, pretendo ponerles de manifiesto, en principio, la conti-nuidad de las mismas, porque hemos cambiado los ministros, es decir, los encargados del desarrollo o la ejecución de las mismas, pero no han cambiado el
Gobierno ni el presidente, quien, como saben, es el res-ponsable de la dirección de la política de defensa y de la determinación de sus objetivos.
Me he hecho cargo de la dirección de un Ministerio que trata de una política de Estado con mayúsculas. Por mi perfil personal, por mi propia vocación, incluso por mi experiencia hasta hace poco como ministro del Inte-rior, este concepto no me resulta, como pueden imaginar, extraño. La seguridad y la defensa de España, a lo que militarmente sirven nuestras Fuerzas Armadas, son obli-gaciones indiscutidas del Estado que deben contar con planteamientos no estáticos, aunque sí estables, en torno a las que no se ha de esconder la discrepancia ni pre-tender unanimidades, pero sí procurar grados de con-senso los más amplio posible. Esta Cámara y esta Comisión tienen memoria del acuerdo y del desacuerdo, mas no quisiera recordar ahora las dificultades que pudieron vivirse. También se han alcanzado hitos de acuerdo históricos, como el Real Decreto de Indemni-zaciones o la Ley de Tropa y Marinería, por los que entiendo que todos debemos felicitarnos. En el momento actual tenemos por delante leyes decisivas para el futuro de la defensa que reclaman de nosotros el mayor grado de consenso del que seamos capaces. No voy a escatimar esfuerzos al respecto. He llegado a un ministerio, seño-rías, en el que se ha hecho mucho en estos dos últimos años, pero donde quedan por desarrollar medidas de gran trascendencia en la práctica como, por ejemplo, las que conciernen a la Ley de Tropa y Marinería, recientemente aprobada, y con importantes proyectos previstos. Piensen SS.SS. en la Ley de la Carrera Militar, por poner un ejemplo significativo. En resumen, puedo decir, señorías, que hay gestión que consolidar, soluciones que desarro-llar y proyectos que resolver, y todo ello subordinado a una obligación ineludible, la de conseguir que nuestras Fuerzas Armadas cumplan cada día con mayor eficacia las misiones que tienen encomendadas por la Constitu-ción y por la Ley Orgánica de Defensa Nacional.
Al hacer este repaso somero de las líneas generales, quiero comenzar aludiendo a la política exterior de defensa, de gran importancia para cualquier país del mundo por necesidad, pero en nuestro caso además por compromiso y por vocación. Hoy más que en ningún otro periodo anterior de la historia necesitamos de nues-tros aliados y nuesnues-tros aliados necesitan de nosonues-tros, tanto para garantizarnos la seguridad como para inter-venir mejor a favor de la estabilidad y la paz en el con-cierto internacional. La defensa, señorías, es, como bien saben, un instrumento esencial de la política exterior del Estado; una política, en lo que a las actividades de nues-tras Fuerzas Armadas se refiere, caracterizada por el respeto a la legalidad internacional, a las decisiones de las Naciones Unidas y/o a las adoptadas en el seno de las organizaciones internacionales de las que formamos parte. España apuesta hoy por un multilateralismo eficaz en el orden internacional, donde el peso de Europa debe ser el que le corresponde de acuerdo con sus capacidades y relevancia en otros órdenes. Con este propósito
apo-yamos y participamos decididamente en la política europea de defensa, que no concebimos como ajena ni contradictoria con la OTAN, sino todo lo contrario: son complementarias. Por eso, estamos comprometidos tanto en las iniciativas de la Unión Europea como en las de la OTAN.
Este planteamiento exterior, sobre el que venimos a coincidir con muchos países de nuestro entorno, tampoco es incompatible con aquellas otras dimensiones más específicas de España, en concreto las dimensiones ibe-roamericana y mediterránea. Iberoamérica, por razones bien conocidas y muy diversas, es un área de gran interés para España, a la vez que España es de gran interés para los países y, en conjunto, para el área iberoamericana. Todo ello se proyecta en el ámbito de la defensa. Tenemos acuerdos de memorando y entendimiento con la mayoría de los Estados iberoamericanos y vamos a seguir profundizando en dicha política de entendimiento y cooperación. En otra dirección geográfica, el área mediterránea tiene para nosotros un altísimo valor estra-tégico porque, como es sabido, su estabilidad es muy importante para nuestra seguridad. Estamos dando pasos para impulsar la cooperación en este campo, tales como la iniciativa del 5 + 5 o el diálogo mediterráneo dentro de los foros internacionales a los que pertenecemos.
Señor presidente, señorías, debo decir que en 2004 iniciamos una etapa nueva en el largo camino de la defensa en España. Es una nueva etapa en la que deben confluir los aciertos del pasado, las lecciones aprendidas o la solución de los errores que pudieron cometerse y especialmente atenderse los requerimientos del futuro. En cuanto a los aciertos del pasado, sería muy larga su enumeración, pero que no los enumere no significa que vaya a tener dificultad en reconocerlos, en ponderarlos, en preservarlos y en apoyarme en ellos. España tiene una larga y rica tradición militar, con grandes aportaciones históricas dentro y fuera de nuestro país, que debe ser mejor conocida y puesta en valor. Nuestras Fuerzas Armadas tienen hoy, señorías, un alto nivel de prepara-ción y competencia, que se comprueba muy claramente en las misiones internacionales. Están a la altura de las mejor preparadas del mundo. Esto no se consigue en dos años, ni siquiera en diez. Es consecuencia de toda una secuencia histórica que, como decía, tenemos que poner en valor.
En cuanto a las lecciones aprendidas y la solución de errores o deficiencias, mencionaré alguna paro sólo para apuntar lo avanzado, no para enfatizarlos. Los españoles tienen hoy mayor protagonismo en el ámbito de defensa mediante el papel central del Parlamento. Como dice la nueva Directiva de Defensa Nacional, que firmó el pre-sidente del Gobierno el día 13 de diciembre de 2004, la participación activa del Parlamento en el debate de las grandes cuestiones de política de defensa es una de las grandes líneas generales de actuación. Por añadidura, este Parlamento debe autorizar las operaciones de nues-tras Fuerzas Armadas en el exterior. Por otra parte, sobre la seguridad del personal militar hoy nos mueve el
prin-cipio de que los riesgos que hayan de asumirse no sean más que los estrictamente ineludibles en una profesión en la que naturalmente los riesgos son mayores que en otras. Los procedimientos de alerta, la reglamentación de la aeronavegabilidad, el Plan de inspección y certifi-cación de aeronaves, el protocolo para el tratamiento de fallecidos en operaciones en el exterior, etcétera, todas estas medias y cuantas sean necesarias responden a este propósito de confirmar la seguridad en las operaciones militares. Como tercer ejemplo, en cuanto a los pro-blemas que se han decidido abordar, recordaré la reciente Ley de Tropa y Marinería, que SS.SS. conocen bien, así como el plan de medidas de choque que la precedió. No disponíamos de los efectivos necesarios ni se ofrecían atractivos suficientes a los soldados profesionales, pero se ha conseguido frenar la caída y se ha incrementado el número de efectivos. Es un buen punto de partida a la hora de poner en práctica la nueva ley. Por último, y sin dar por agotada la enumeración, hay que hacer mención a la calidad de vida de quienes sirven en estos ejércitos y en la Armada. Es un hecho que los militares están a partir de ahora mejor retribuidos —el incremento de retribuciones, como ya sabe, se producirá a lo largo de tres años-; es un hecho también que el programa de calidad de vida en la mar, para que el personal de la Armada, cuya casa es el barco, disponga de la mayor confortabilidad, también está en curso, e igualmente las medidas enfocadas a conciliar la vida laboral y familiar, como las guarderías en los lugares de trabajo u otras que haya que continuar o que sea conveniente iniciar. Están claros, por consiguiente, los hechos, el propósito y la voluntad de ir adelante en cuanto a la calidad de vida del personal militar.
Como les decía, la tercera fuente que alimenta la nueva política de la defensa española son los requeri-mientos del futuro. Me referiré a varias cuestiones: a la transformación de nuestras Fuerzas Armadas, a su modernización, a la futura ley de la carrera militar y haré una breve mención a la unidad militar de emergencias recientemente creada. En realidad, bajo el epígrafe de transformación podríamos englobar muy diversos asuntos relacionados con el futuro de nuestras Fuerzas Armadas; pero, dada la importancia de lo que concep-tualmente se precisa como modernización o la enverga-dura de proyectos como la ley de la carrera militar o la novedad de la unidad militar de emergencias, quizá conviene destacarlas haciendo sobre ellas algún comen-tario específico. Sobre la transformación, en primer lugar, y en general, quiero subrayar su carácter dinámico y permanente según lo expresa la Directiva de Defensa Nacional de 2004. No es algo que se produzca de un día para otro ni como consecuencia de una sola decisión, la transformación es un proceso en el que están inmersas nuestras Fuerzas Armadas desde hace años, que el Gobierno actual impulsa de forma decidida y que evo-luciona constantemente, de acuerdo con el entorno estratégico y social. En cuanto a la transformación se refiere vivimos un momento especialmente intenso.
Además de la Ley Orgánica de Defensa Nacional o la Ley de Tropa y Marinería, hace muy poco que hemos dado un paso importante, cual es la organización de los despliegues de la fuerza en los ejércitos y en la Armada. Otros se darán en breve porque, aunque en fase de defi-nición y de proyecto, se encuentran ya muy avanzados. Por lo que respecta a la modernización del arma-mento, material e infraestructura, el impulso en esta legislatura es evidente y no se va a frenar. En estos momentos estamos realizando un esfuerzo de moderni-zación en las Fuerzas Armadas sin precedente alguno. Son inversiones de gran valor, tanto para nuestra segu-ridad como para nuestra industria, y que afectan a sec-tores estratégicos claves como el aeronáutico, el naval o el de la tecnología de la información y las telecomuni-caciones. Quiero en este punto hacer un comentario claro y breve acerca del sector industrial relacionado con la seguridad y la defensa. Se trata, como bien saben, de un sector de carácter dual, civil y militar, cuyos progresos aumentan el nivel de bienestar de la sociedad y mejorar la competitividad de nuestras empresas. Es un sector industrial estratégico fundamental para España y lo es tanto desde el punto de vista militar como laboral y tecnológico. El compromiso del Gobierno en este campo es evidente. Por tanto, el Gobierno seguirá apoyando como principio a la industria española de defensa aunque, como es natural, las operaciones empresariales en concreto corresponden a las empresas y al mercado, lo que evidentemente respetamos.
En relación con el futuro, y sobre la ley de la carrera militar, quiero comentarles, en primer lugar, que se trata de una ley que va a reformar profundamente la formación y el itinerario profesional del militar en España. Tenemos que disponer de unas Fuerzas Armadas cada vez más capaces de cumplir eficazmente los cometidos encomen-dados por la Constitución y establecidos en la Ley Orgánica de Defensa Nacional, lo cual aconseja una reforma que incorpore modelos experimentados en los países más avanzados, sin renunciar a las tradiciones o características más particulares de las Fuerzas Armadas españolas. La estudiaremos y discutiremos con el dete-nimiento que sea preciso, pero ya les adelanto que la propuesta que finalmente vendrá a discusión de este Parlamento incluirá dos importantes elementos: en primer lugar, una estructura de cuerpos y escala renovada y, en segundo lugar, una educación superior en el nivel de oficiales que compaginará las aportaciones de la Universidad con las necesidades ineludibles de la for-mación militar, en la que se debe tratar de integrar la calidad del sistema universitario con lo mejor del sistema de formación actual.
Por último, señor presidente, señorías, dentro de este apartado debo recordarles que estamos poniendo en marcha la unidad militar de emergencias recientemente creada, una unidad especializada que tiene como fina-lidad responder con rapidez y con eficacia ante situa-ciones de emergencia que pongan en peligro la seguridad y el bienestar de los ciudadanos, contar con una
dispo-nibilidad de fuerzas que puedan, ante una situación crítica, ampliar recursos dentro del ámbito de los ejér-citos, concebir a estos vinculados también a una idea amplia de la seguridad no constreñida a una concepción puramente tradicional de la defensa o a la mera confron-tación, algo que, sin duda, orienta este importante pro-yecto.
Por otra parte, señorías, en este resumen de las líneas generales quiero decirles que el horizonte con el que trabaja el Gobierno no es otro que el de unas Fuerzas Armadas cada vez más modernas y eficaces dentro de una sociedad indudablemente cada vez más democrática. En esa dirección, la modernidad y la eficacia justifican muchos de los puntos que he comentado, pero todo esto, concretamente la idea de unas Fuerzas Armadas inser-tadas en una sociedad cada vez más democrática, tiene, además, otras implicaciones. Implica, por ejemplo, que los recursos de la defensa redunden en beneficio de todos los ciudadanos. Por eso, al liberar el patrimonio sin interés militar particular, instalaciones o suelo, estamos intentando hacer compatible la obtención de recursos necesarios para la defensa con los intereses de suelo y vivienda de los españoles o, abundando en este propó-sito, se firman convenios sanitarios para que más ciuda-danos sean mejor atendidos gracias a nuestras instala-ciones y personal. Que nuestra sociedad sea cada día más democrática, señoras y señores diputados, implica tam-bién que dentro de la profesión militar, tradicionalmente masculina, las mujeres puedan integrarse sin discrimi-nación por el hecho de serlo. Igual que se ha de poner en valor que España es el país europeo con más partici-pación de mujeres en las Fuerzas Armada, se han de tomar precauciones que impidan que en los ejércitos ocurra como en tantos otros oficios o corporaciones, que las mujeres encuentren dificultades específicas, bien para su integración, bien para su desarrollo profesional`, o para ambas cosas. Unas Fuerzas Armadas modernas en una sociedad cada vez más democrática requiere, asi-mismo, que quienes trabajan en ellas dispongan de fór-mulas y vías para ejercer determinados derechos, en vez de que la ausencia de las mismas obre en su perjuicio en los aspectos que nada tengan que ver con lo ineludible de la condición militar que asumieron. Recientemente han comenzado a funcionar los consejos asesores de personal, pero seguramente hace falta esa ley de dere-chos y libertades públicas del personal militar que tenemos comprometida y que también traeremos al Par-lamento.
Por último, señorías, paso a referirme a las misiones en el exterior, y de un modo muy especial al propósito del Gobierno de incrementar nuestro contingente en ISAF en Afganistán. Como saben perfectamente, en esta misma Comisión tuvo lugar hace poco la comparecencia anual para el seguimiento de dichas misiones, que es preceptiva según el artículo 18 de la Ley Orgánica de Defensa Nacional, y poco cabe añadir sobre las mismas; solo les recordaré, si acaso, la finalización de la misión en Haití y el regreso de nuestras tropas, como ya anunció
mi antecesor en aquella comparecencia. También quiero comentarles una actuación en Mauritania, consistente en la instalación de un campo de refugiados en la ciudad de Nouadhibou. Fue una colaboración rápida, cinco días en total incluyendo ida y vuelta, requerida por el Ministerio de Asuntos Exteriores y la Agencia de Cooperación Internacional en el contexto de la crisis migratoria que tuvo lugar hace pocas fechas y que SS.SS. conocen. No fue, con toda evidencia, una misión militar en el exterior de las contempladas en la legislación que obliga a traerlas con carácter previo al Parlamento.
Actualmente, señorías, además del ISAF en Afga-nistán, como bien saben tenemos dos misiones: en Kosovo la operación Joint Enterprise y la operación Althea en Bosnia-Herzegovina, que, como les decía, han sido tratadas aquí recientemente. Por otra parte, estamos abiertos a una posible participación en la República Democrática del Congo a partir de la solicitud que las Naciones Unidas han formulado a la Unión Europea con motivo de las elecciones del próximo mes de julio. Todavía estamos perfilando cuál sería la participación española en caso de producirse, pero naturalmente, lle-gado el momento, con más detalle, como es obvio, la someteremos al parecer de sus señorías.
España es hoy una sociedad pacífica de hombres y mujeres libres, un país desarrollado y democrático, una nación relevante en el mundo, con las responsabilidades que ello comporta en el concierto internacional. La polí-tica del Gobierno va a seguir siendo la de la cooperación y la solidaridad para llevar la paz donde hace falta y para trabajar en beneficio de la estabilidad y la seguridad internacionales. Lo haremos, dentro de nuestras posibi-lidades, en coordinación y equilibrio de esfuerzos con los demás países de nuestro entorno. Las condiciones para intervenir en cualquier caso ya las conocen, pero quiero reiterarlas. Cumplimiento escrupuloso de la lega-lidad internacional; mandatos de las Naciones Unidas y acuerdos de las organizaciones multinacionales a las que pertenecemos e ineludiblemente el respaldo de los ciu-dadanos a través del Parlamento.
En relación con Afganistán y el incremento de nuestro contingente en ISAF, a modo de recordatorio les doy algunos datos. La naturaleza de ISAF está definida por la ONU como una misión —cito textualmente— para el mantenimiento de la seguridad, para que las autoridades afganas, el personal de las Naciones Unidas y otro per-sonal civil internacional dedicado a operaciones huma-nitarias y de reconstrucción puedan actuar en un entorno seguro. Nuestra participación en dicho país, en los tér-minos actuales, ha tenido estado parlamentario desde el mes de julio de 2004, cuando el Gobierno recién cons-tituido fijó el número de 540 efectivos como el óptimo para estar en Afganistán, al tiempo que, como saben también, decidíamos la retirada de fuerzas en la opera-ción Libertad Duradera y la concentraopera-ción en ISAF. Desde entonces hasta ahora ha habido hasta cinco com-parecencias parlamentarias y, tanto por las informaciones como por los viajes de algunas de SS.SS., creo que la
situación actual es conocida. El contingente español se encuentra desplegado en la región oeste de Afganistán. España lidera una base de apoyo avanzada con una unidad de helicópteros y un hospital en Herat que presta apoyo a cuatro equipos provinciales de reconstrucción, los PRT. Asimismo, tenemos un equipo de reconstruc-ción desplegado en Qala-i-Naw, capital de Badghis, donde la Agencia Española de Cooperación Interna-cional, de acuerdo con las autoridades afganas, ha iden-tificado tres proyectos principales: primero, el acondi-cionamiento, ampliación y compactado de una carretera que una Qala-i-Naw con Herat, así como del puente sobre el río que da acceso principal a la ciudad. En segundo lugar, y muy importante, la traída, canalización y distribución de aguas hasta la ciudad. En tercer lugar, y no menos importante, la reconstrucción del hospital provincial. Además, se han desarrollado otros proyectos de impacto rápido y se ha repartido material, concreta-mente 13 grupos electrógenos, 14 ordenadores, casetas de vigilancia, 1.650 mantas, leña, 1.500 camisetas, 3.000 raciones de previsión, juguetes, material escolar, semillas de trigo, bomba de agua, etcétera. Nuestros soldados, señorías, dan seguridad a estos proyectos y a quienes trabajan en ellos.
La situación general del país, bien lo pude comprobar en mi reciente visita, es de graves, gravísimas carencias, pero lentamente, gracias a la comunidad internacional y a la participación de países como España, se van produ-ciendo avances en pos de una mejora en las condiciones de vida de los afganos, en la reconstrucción del país, el desarrollo de la democracia y la construcción de la paz. Como les decía, he estado hace poco en Afganistan; he encontrado a nuestros soldados tranquilos y conscientes de su misión, sabiendo que están ayudando a uno de los países más pobres del mundo, trabajando y dando segu-ridad para que otros puedan trabajar.
¿Qué está ocurriendo en Afganistán y por qué motivos solicitamos ahora este incremento? Cuando en febrero de 2005 fuimos a la zona oeste, lo que hicimos fue des-plazar el número de efectivos que por aquellas fechas teníamos en Kabul, es decir, el autorizado en junio de 2004; en aquellas circunstancias eran suficientes, porque estaban por determinar aún los proyectos y la cooperación civil, y nos encontrábamos en un proceso de expansión en el territorio que iba ganando espacios y extendiendo la presencia del Estado afgano y la auto-ridad del Gobierno cada vez a más lugares, ampliación que continuará hasta completar todo el territorio. La situación ahora es diferente. Considerando estos mismos elementos puedo decirles, por un lado, que a medida que se incrementa la cooperación civil lógicamente deben aumentarse los recursos de seguridad. Por otra parte, a medida que la seguridad y el orden tienen lugar sobre más territorio, es decir, conforme se eliminan refugios y zonas donde la delincuencia pudo tener libre asiento, la inseguridad no solo se disminuye sino que también se dispersa, algo difícil de medir pero que no resulta com-plicado de entender.
En consecuencia, y de acuerdo con las necesidades determinadas sobre el terreno, el pasado día 28 de abril el Consejo de Ministros acordó solicitar autorización a este Parlamento para incrementar el número de efectivos. Pretendemos la autorización del Parlamento para un incremento de hasta 150 efectivos, lo cual será sometido a votación, como antes se recordaba, en el Pleno del próximo jueves. Estos nuevos efectivos reforzarían el equipo provincial de Qala-i-Naw para cometidos de seguridad, así como la compañía de reacción rápida de Herat, que apoya a los cuatro equipos provinciales de la zona oeste, donde se desplegaría también un avión de transporte. Asimismo, incrementaríamos nuestra pre-sencia en el Cuartel General del mando oeste. En defi-nitiva, su misión —y quiero insistir en ello— es aumentar sobre todo la seguridad global de la misión encargada por las Naciones Unidas. Este es el propósito del Gobierno que sometemos al parecer de la Cámara, que no se votará hoy, lo cual no significa que no pueda ser discutido, respaldado u objetado en los términos que cada uno de ustedes considere.
Para finalizar, señoras y señores diputados, señor presidente, solo quiero decirles que en mi reciente viaje a Afganistán he quedado francamente impresionado. El primer desplazamiento que he hecho para conocer de cerca la actividad de nuestros soldados me ha puesto ante los ojos la realidad a la que se enfrentan, los esfuerzos que hacen, las dificultades que asumen y la labor que realizan. Debo comentar que el fin de nuestras Fuerzas Armadas, hoy más que nunca, es conseguir la paz allá donde más se necesita. Afirmar que además de defender nuestra soberanía, nuestro territorio y el orden constitu-cional trabajan por la estabilidad y la seguridad allí donde son útiles, no es ni muchísimo menos dejarse llevar por un sentimiento retórico. Y decir que nuestros soldados actúan con corrección, con sensibilidad en el medio en el que se desenvuelven, con solidaridad cuando se les necesita, es justamente contar lo que están haciendo.
A mejorar todo ello, señorías, me voy a dedicar durante los próximos meses: a la eficacia en cuanto al cumplimiento de sus fines, la capacidad y el buen fun-cionamiento de nuestras Fuerzas Armadas. Tengo ilusión por hacerlo y no solicito de SS.SS. indulgencia ante los errores que pueda cometer y que cometeré, sin duda alguna, porque errar es de humanos, sino sólo una cierta comprensión ante la dificultad de las tareas y, sobre todo, apoyo a la hora de mejorar en este fundamental trabajo de Estado por y para los españoles, cuya responsabilidad el presidente del Gobierno me ha encomendado.
Muchas gracias.
El señor PRESIDENTE: Vamos a abrir el debate. En primer lugar, le doy la palabra al señor Llamazares por las razones que he señalado antes, es decir, porque su grupo solicitó esta comparecencia y dado que el Partido Popular ha renunciado a ese supuesto privilegio.
El señor LLAMAZARES TRIGO: Gracias, señor ministro, por su comparecencia. Quiero felicitarle por su nombramiento y desearle éxitos en su gestión. Voy a dividir mi intervención en dos partes, por un lado lo relativo a su comparecencia en términos generales y, por otro lado, lo que tiene que ver con la iniciativa de amplia-ción de tropas en Afganistán. Con respecto a esta última iniciativa, hoy tenemos este debate en Comisión y el próximo día lo tendremos en el Pleno, fundamentalmente debido a que no hemos sido capaces de establecer todavía el mandato de la Ley de Defensa Nacional, es decir, de establecer un procedimiento adecuado para la participación y la decisión de la Comisión o del Pleno en su caso. La Ley de Defensa Nacional contempla la participación del Parlamento, pero no define cómo es esta participación en cada caso en que pueda ser reque-rido para aprobar la presencia de tropas en el exterior. En este sentido, sirva esta aclaración respecto a la apa-rente contradicción que puede existir en esta materia. En todo caso, nuestro grupo parlamentario, mientras no se produzca una resolución de la Cámara que establezca el mecanismo ad hoc, siempre será partidario de la mayor participación parlamentaria en estas decisiones, como contempla la Ley de Defensa Nacional que en su día enmendamos y votado.
Con respecto a la comparecencia del ministro de Defensa, además de saludarla como comparecencia formal de un inicio de gestión, tengo que saludar también que en esta comparecencia el ministro de Defensa, por primera vez en esta Cámara, haya vinculado la política de defensa y la política exterior de nuestro país y haya señalado algunas orientaciones prioritarias de nuestra política exterior. Intentaré contraponer esas orientaciones de la política exterior a la petición de permanencia y ampliación de nuestras tropas en Afganistán. Estoy de acuerdo con el Gobierno y con el ministro de Defensa en nuestras prioridades en política exterior: la prioridad con respecto a la Unión Europea, otra cosa son sus ins-trumentos —se considera a la OTAN un instrumento europeo, aunque tengo mis dudas-; la prioridad medite-rránea y la prioridad en América Latina. Esas son las prioridades en la política exterior española y la política de defensa debe ser congruente con esas prioridades. Además, recientemente este Parlamento ha aprobado una Ley de Defensa Nacional que no solamente define los mecanismos de la estructura de defensa de nuestro país, sino que contempla cuáles son los criterios para la pre-sencia de tropas en el exterior, es decir, además de una orientación de política exterior tenemos también criterios democráticos para la presencia de nuestras tropas en el exterior. Uno de los criterios es que se atengan a la legis-lación internacional y a resoluciones de los organismos internacionales y otro es la participación y la decisión parlamentaria para esa presencia de tropas en el exterior. Nosotros consideramos que estos aspectos, a grandes rasgos, no se cumplen en nuestra presencia en Afga-nistán. Parece más una hipoteca del pasado que una parte de la política exterior y de defensa de nuestro país. Esa
es nuestra opinión. En todo caso, antes de iniciar mi intervención en relación con Afganistán —que será muy breve porque hay otro debate previsto—, saludamos las previsiones del Gobierno, que no son otras que las pre-visiones que se establecieron en otra ocasión en esta Cámara: la previsión de que después de la Ley de Tropa y Marinería intentará abordar también la carrera militar —previsión necesaria— y la previsión de una ley que podríamos denominar de derechos y libertades o de derechos y deberes de los profesionales militares. Esas cuestiones están previstas en adicionales de leyes ante-riores pero nos parece importante que el ministro de Defensa las valore y las plantee como un calendario comprometido por parte del Gobierno. Esperamos que el Gobierno presente esas iniciativas legislativas dentro del tiempo previsto e incluso algunas de ellas en las adicionales de la Ley de Defensa Nacional. De la misma manera, esperamos que podamos conocer cuáles son los criterios del Gobierno en el decreto de reorganización de la fuerza y también —que en parte estaban en la Ley de Defensa Nacional— los criterios para la presencia de esas tropas o las previsiones en materia de emergencia. A grandes rasgos esta es nuestra posición. Sin embargo, en la intervención del ministro de Defensa hemos echado en falta una cuestión que también tiene que ver con Afganistán y es el Centro Nacional de Inteligencia. ¿Qué pasa con el Centro Nacional de Inteligencia? Lo digo porque con respecto a Afganistán da la impresión de que estamos ciegos y sordos. Los portavoces parlamentarios no hemos tenido —no sé si existen— informes de los que se denominan discretos por parte del Ministerio de Defensa y por parte del Centro Nacional de Inteligencia en relación con Afganistán. Me preocupa aún más que no hayamos adoptado un mecanismo de control parla-mentario del Centro Nacional de Inteligencia. La Ley del Centro Nacional de Inteligencia contemplaba dos mecanismos de control democráticos, el judicial y el parlamentario. Lo cierto es que todavía no hemos arti-culado un mecanismo de control parlamentario ante accidentes o hechos puntuales ni tampoco de forma periódica. De hecho no ha habido, salvo en materia de gastos reservados, comparecencia alguna del director del Centro Nacional de Inteligencia a lo largo de esta legis-latura. Le pido al ministro y al Gobierno que esta materia se pueda regular para que de forma sistemática y con el secreto y la discreción necesarios se produzca ese control parlamentario, que además tiene un ámbito muy concreto y muy discreto, la Comisión de gastos reservados o de secretos oficiales. Es una demanda que nos parece nece-saria.
Paso a comentar brevemente el incremento de tropas en Afganistán. Con respecto a las razones para ese incre-mento de tropas tengo la impresión de estar ante una nueva edición de una improvisación permanente. Es la impresión de mi grupo parlamentario. Al inicio de la legislatura también se produjo un debate similar y el propio presidente del Gobierno tuvo que desmentir que fuésemos a formar parte de lo que se llamaban las
estruc-turas regionales, los PRT. El presidente del Gobierno lo desmintió porque no había condiciones —hubo diversos argumentos—, pero al cabo de muy pocos meses fuimos a formar parte de las estructuras regionales. En el caso que hoy nos compete, el incremento de tropas, también el presidente del Gobierno recientemente consideraba este incremento de tropas innecesario. Al cabo de pocas semanas de esas declaraciones se nos propone el incre-mento de, como máximo, 150 profesionales militares en Afganistán. ¿Qué ha ocurrido para que de nuevo ten-gamos que improvisar una presencia de tropas en Afga-nistán? En nuestra opinión estamos ante una presencia que no tiene lógica en relación con la política exterior española; solamente tiene una lógica, la hipoteca del pasado, la presencia en el pasado y, si acaso, podría tener otra, la compensación a los Estados Unidos por la salida de tropas de Irak. Nosotros creemos que ambas lógicas son equivocadas, no tienen que ver con nuestra orienta-ción en política exterior ni con la aportaorienta-ción de las Fuerzas Armadas a esa política exterior. Por eso no estamos de acuerdo con esta ampliación de tropas. Además, si nos atenemos al documento del Gobierno y a las sucesivas declaraciones de miembros del mismo con relación a las razones para estar y para ampliar nuestras tropas en Afganistán, uno concluye que al menos hay una cierta confusión. Inicialmente se plantea por parte de las Fuerzas Armadas un incremento de tropas por —podríamos decir— razones logísticas. Más tarde, a raíz de varios acontecimientos —también podríamos denominarlos así—, de varias agresiones a nuestros ejércitos por parte de las fuerzas irregulares u organizaciones armadas que existen en Afganistán, se considera que nuestro envío de tropas puede ser por razones de seguridad. Como conjunto de todos estos argumentos, hoy se nos propone que este es un envío para mejorar la seguridad de la cooperación y la recons-trucción de Afganistán. A nuestro juicio, no solo no nos convencen desde el punto de vista de las razones, sino que tampoco nos convencen los distintos objetivos que plantea el Gobierno con respecto al incremento de tropas en Afganistán. Por esa razón nosotros no vamos a res-paldar, vamos a rechazar esta iniciativa de incremento de tropas en Afganistán.
Nuestro gran argumento al respecto, el argumento de fondo, es que nosotros no controlamos realmente nuestra presencia en Afganistán. Sí quiero reconocerle al Gobierno que haya separado la intervención en Afga-nistán de lo que podemos denominar guerra preventiva, la operación militar norteamericana en Afganistán. Quiero valorárselo al Gobierno y nosotros respaldamos en su momento que se separara claramente la acción que tiene cobertura de Naciones Unidas de lo que es una acción puramente de guerra. Pero nuestra convicción es que no es compatible, no lo es siquiera estar únicamente en las acciones de seguridad y de reconstrucción mien-tras se mantenga la acción de guerra. Además, estos sucesivos cambios del Gobierno en contingentes y en objetivos se deben en buena parte a que nosotros no
controlamos nuestra presencia en Afganistán, sino que quien controla nuestra presencia allí es el fulminante de la guerra, los Estados Unidos. En los últimos tiempos, tanto en los informes de inteligencia norteamericanos como en los informes que se han trasladado al Parla-mento británico aparece un increParla-mento de la guerra y un incremento de la inseguridad. La ofensiva militar norte-americana es la que en estos momentos produce más inseguridad en el conjunto del territorio y la que provoca que nosotros tengamos que mejorar nuestra seguridad en otras zonas del territorio aparentemente seguras. Nosotros no compartimos esta nueva decisión del Gobierno con relación a la presencia de tropas en Afga-nistán; muy al contrario, creemos que el Gobierno debería empezar a pensar en un repliegue de nuestras tropas en Afganistán. Por supuesto, a sabiendas de que no estamos ante la situación de Irak; nosotros nunca lo hemos dicho. En Irak no había mandato y en Irak había razones espurias para la guerra. En este caso hay man-dato y hay cobertura de Naciones Unidas, pero no es ese el problema porque, a pesar de existir mandato y cober-tura de Naciones Unidas, hay muchos países que no están en Afganistán, y no lo están porque ese país no forma parte de su política exterior o porque no com-parten la compatibilidad entre guerra y reconstrucción. A nuestro juicio, el Gobierno español debería hacer la misma reflexión, empezando por negarse a este incre-mento de tropas, que es un increincre-mento en buena parte condicionado, e ir preparando el repliegue de nuestras tropas de Afganistán. En estos momentos esto sería lo adecuado.
Termino valorando su comparecencia ante la Comi-sión y expresando la voluntad de mi grupo parlamentario de colaborar en las leyes y medidas previstas por el Gobierno para aumentar la seguridad de nuestras tropas, para modernizar nuestros ejércitos y para mejorar la profesionalización de las Fuerzas Armadas. Pero también quiero manifestarle con relación a este punto, el incre-mento de tropas en Afganistán, que vamos a expresar nuestro desacuerdo porque no es coherente ni con la Alianza de Civilizaciones ni con las prioridades de polí-tica exterior, ni tampoco con las decisiones que en materia de defensa son coherentes con esa política exte-rior.
El señor PRESIDENTE: Vamos a continuar el debate dando la palabra a los portavoces de los distintos grupos parlamentarios de menor a mayor.
Por el Grupo Mixto, en representación de Nafarroa Bai tiene la palabra la señora Barkos Berruezo.
La señora BARKOS BERRUEZO: Quiero iniciar mi intervención saludando y agradeciendo la comparecencia del ministro de Defensa, señor Alonso, que nos ha expuesto de manera muy breve y concisa —yo también seré breve hoy— las líneas del departamento que dirige desde hace muy pocas semanas. Respecto a la coherencia con las líneas dibujadas hace ahora dos años por su
antecesor, tengo poco que decir. Usted ha dibujado los mismos principios que los reseñados en esta Comisión en el mes de mayo de 2004 por el entonces ministro de Defensa, señor Bono, y paso a leerlos brevemente. Prin-cipios de las relaciones internacionales en el terreno de la defensa: lealtad, legalidad internacional y respeto a la misma y finalmente cooperación. Sí debo decir —es una curiosidad— con relación a este último principio, el de la cooperación, que le he escuchado a usted con mucho menos énfasis que se le escuchaba en esta Comisión al ministro Bono. Es un detalle seguramente formal, pero quería dejar constancia de ello.
Se mantienen también —lógicamente en dos años no han cambiado— los ámbitos prioritarios en la política exterior de defensa; lo eran en el año 2004, lo siguen siendo hoy: Europa, el Mediterráneo, Iberoamérica y Afganistán. Sin duda este será el punto de discusión fundamental en el debate de hoy, por más que posterior-mente se traslade al Pleno. Quiero recordar que en mayo de 2004 el número de efectivos de tropas españolas destinados en Afganistán eran 400; pocas semanas des-pués, en el mes de julio, se aprobó un aumento de 170 efectivos, por tanto, 570, y probablemente en pocas semanas —no será con nuestro voto, se lo debo decir desde hoy— se vea aprobado un aumento de otros 150 efectivos. En definitiva, de los 400 efectivos iniciales destinados en Afganistán en mayo de 2004 pasaremos en mayo o en junio de 2006, en el ecuador de esta legis-latura, a 720 efectivos; un 75 por ciento más aproxima-damente. Como le acabo de decir, no será con nuestro voto, porque los motivos que nos ha dado hoy el ministro —también los hemos leído después de su visita a la zona estos días— son bastante evidentes, pero no nos con-vencen, no nos convencieron entonces y tampoco ahora. Nafarroa Bai reclama hoy lo que ha venido reclamando siempre y que también nos sirvió para reclamar y coin-cidir con el Gobierno al que usted pertenece en la reti-rada de tropas de Irak. Lo cierto es que de momento y en el ecuador de la legislatura, como he dicho, se ha trasladado a Afganistán un cuarto de las tropas que se retiraron de Irak. Esto no convence; habría que encontrar una explicación mucho más allá de motivos humanitarios —lógicamente los hay en Afganistán y en otras muchas zonas de conflicto— para explicar este traslado —parece trasvase, señor ministro— de tropas —como ya he dicho, un cuarto— en la mitad de la legislatura.
Quiero terminar, señor ministro —mi intervención no es más amplia—, señalándole un interés muy especial de esta diputada, que irá conociendo en lo que nos queda de legislatura, en relación con una cuestión que atañe a esta Comisión y muy especialmente a su departamento y que es la resolución que, también a principios de la legislatura, fue aprobaba por unanimidad en el Congreso de los Diputados y referida al polígono de tiro aéreo y bombardeo de Bardenas. Formalmente me perecen importante que usted conozca desde su primera compa-recencia en esta Comisión el interés de esta diputada por que se cumpla esa resolución que pedía al Ministerio de
Defensa que encontrara antes del final de la legislatura una alternativa a ese polígono de tiro aéreo y bombardeo, repito, al término del contrato, que coincide con el tér-mino de la legislatura. Queda expuesto oficialmente, señor ministro, mi interés, que, insisto, será —lo cono-cerá usted— intenso en lo que queda de legislatura y espero que en su mandato al frente de este ministerio.
El señor PRESIDENTE: El señor Mardones tiene la palabra en nombre del Grupo de Coalición Canaria.
El señor MARDONES SEVILLA: Mis primeras palabras quiero que sean de bienvenida y salutación al señor Alonso como nuevo ministro de Defensa, testimo-niándole el apoyo en esta materia que mi grupo ha con-siderado siempre estratégica y de Estado, estamos siempre dispuestos a nuestra mejor cooperación y por supuesto el capítulo de la crítica estará siempre inspirado en principios de cooperación, de mejora y de análisis de las circunstancias que nos permitan tener consolidada toda la institución de nuestras Fuerzas Armadas como instrumento democrático del Estado en el servicio de la defensa nacional.
Señor ministro, entrando en la primera parte de su exposición, usted sabe que lo que rige toda una política de defensa en este momento legal y jurídicamente arranca de la Directiva de defensa nacional 1/2004, donde está todo el principio doctrinal, que después ha tenido un previo acomodo porque no se citan algunas de las últimas disposiciones del Ministerio de Defensa nada más que como cuestiones a derogar como ocurrió con la Ley 5/2005, Orgánica de la Defensa Nacional, y me estaba refiriendo a la Ley 17/1999, incluso a la última ya, que hace referencia a los efectivos totales de tropa y marinería. Quiero pedir al señor ministro que se activen los equilibrios dentro de esa estructura con una futura ley de plantillas, porque no se ha resuelto todavía legal-mente por parte del ministerio el efectivo y la dimensión de los mandos. En la Ley 17/1999 distinguíamos entre tropa y marinería, se hablaba entonces de cifras por encima de los 100.000 efectivos, se hablaba de los 48.000 efectivos, de las personas que en el Ministerio de Defensa están consideradas mandos sobre la tropa y marinería. Es necesario cerrar esto para tener toda la dimensión de plantillas, saber el número de generales, de coroneles, de tenientes coroneles, que vamos a tener hasta llegar a la categoría inferior, antes de tropa y mari-nería, de los mandos. Esto es conveniente para darle una estabilidad en esta medida.
El ministerio se ha pronunciado —mi grupo no quiere hacerlo en este momento, tal vez en un respeto a la inmediata llegada que ha tenido el señor Alonso como ministro de Defensa— sobre lo que para mí y para mi grupo está considerado como uno de los instrumentos de organización fundamentales que requiere que se debata aquí. Me estoy refiriendo, señor ministro, al Real Decreto 416/2006, de 11 de abril, que establece la orga-nización y el despliegue de las fuerzas del Ejército de
Tierra, de la Armada y del Ejército del Aire, así como de la unidad militar de emergencia.
Mi grupo valora muy positivamente este decreto, nos parece que era imprescindible y necesario, y usted tiene la responsabilidad de desarrollarlo, con el apoyo, por supuesto, de los mandos militares, de los cuarteles gene-rales de tierra, mar y aire y de la defensa, de los JEME correspondientes, porque aquí se encierran todas las posibilidades que va a tener el Ministerio de Defensa para que el instrumento de efectivos de las Fuerzas Armadas funcione. Posiblemente tengamos que hablar de lo que no trae el decreto, cual es la apoyatura de coste presupuestario que toda esta estructura va a tener, porque a fin de cuentas todo lo que dice el Real Decreto 416/2006, del pasado 11 de abril, implica fundamentalmente tam-bién todo un proceso de modernización de nuestras Fuerzas Armadas, modernización adecuada a las fun-ciones que aquí se le señalan. Porque uno de los pro-blemas es que, en la secuencia histórica de políticas de defensa que ha habido en España, desde las disposi-ciones que en la transición dictó el ministro de Defensa y vicepresidente del Gobierno, el general Gutiérrez Mellado, se han ido modificando por las funciones encargadas a las Fuerzas Armadas. A veces discutíamos en los presupuestos si lo que teníamos que tener eran carros de combate pesados, si teníamos que tener fra-gatas o si teníamos que tener aviones de caza, etcétera, porque estaban bajo el efecto de la política de bloques, de lo que era la guerra fría, la OTAN y el Pacto de Var-sovia, que obligaba a tener un material militar de amplia confrontación. Hoy estamos viendo que esto no es así. La propia Ley Orgánica de la Defensa Nacional, con las críticas que se le quieran hacer, que siempre existirán, por supuesto, viene a señalar una doctrina de que ya no estamos en confrontación de grandes escenarios bélicos, sino de acciones en el exterior, llámense de paz, llámense de distensión, llámense de cooperación, etcétera, que requieren otro tipo de material en las unidades de nues-tras Fuerzas Armadas. Modificar ese criterio de material es irnos a los presupuestos para saber si vamos a seguir gastando el dinero en determinado material que podría responder a la doctrina frente al Pacto de Varsovia o a la distensión de lo que necesitan hoy nuestras fuerzas en los teatros de operaciones en el exterior.
Quiero significarle, señor ministro, que nosotros vamos a estar también muy en sintonía, porque lo que ha venido a reestructurar en esta política de defensa, y que habrá que desarrollar, es que desde el punto de vista de mi grupo, de Coalición Canaria, nos sentimos satis-factoriamente reflejados en lo que implica este real decreto como política estratégica territorial de la doctrina militar. Canarias está ahí abajo, está en ese mapa que usted bien conoce; que se haya reconocido en estas organizaciones de los ejércitos de tierra, mar y aire, lo que es el objetivo de fuerza, los cometidos, la estructura, etcétera, y que esta organización haya recogido tres mandos estratégicos fundamentales para el archipiélago canario siempre ha sido una reivindicación nuestra de
que había que tener una peculiaridad, por la distancia, por la situación estamos a 2.000 kilómetros de nuestro territorio continental, pero a cien kilómetros de Marruecos, con todo lo que estamos viendo que ocurre por allí —y el papel estratégico de Canarias, una teoría geoestratégica de la defensa y de la seguridad que pasa por tener unos mandos reconocidos allí, y este mando de Canarias, tanto en el Ejército de Tierra como en el naval y en el aéreo, nos lleva a apoyar esta iniciativa del Gobierno.
Le quiero hacer una sugerencia, porque en el decreto no se señala la dimensión del mando de Canarias en cuanto al efecto del Ejército de Tierra, no se señala la dimensión del mando naval de Canarias, en efectivos me refiero, tanto humanos como materiales, pero sí curio-samente se señala en el mando aéreo que habla de un ala y un escuadrón. Tiempo tendremos de discutirlo en otra Comisión. No lo traigo más que como un enunciado, porque nos preocupa que no se tuvieran medios sufi-cientes. Por ejemplo, estoy hablando de helicópteros de transporte, helicópteros semipesados, helicópteros pesados, donde posiblemente pudiéramos tener algunas deficiencias, pero como el tema de helicópteros lo pueden llevar tanto las fuerzas aeromóviles del Ejército de Tierra, las FAME, con base en la isla de Tenerife, en Los Rodeos, como lo puede tener el mando aéreo de Canarias, queremos que esto se solucione. Nos recon-forta ver que hay este reconocimiento geoestratégico, con unos mandos de tierra, mar y aire, específicos para el archipiélago canario y lo que tiene que ocurrir y ya tendremos tiempo en los meses siguientes para ir desa-rrollándolo. Incluso me permito sugerirle, señor ministro, que sería una buena práctica, ya se ha hecho otras veces pero con conceptos muy generales que la Mesa y los portavoces de esta Comisión pudieran tener encuentros con los jefes de Estado Mayor de la Defensa y los de tierra, mar y aire en los briefings, dentro de su sede, que se nos explicara ya en detalle, con carácter profesional y técnico, lo que implica en la estructura de la defensa nacional este real decreto, si queremos tener todos los apoyos políticos, técnicos, sociales y presupuestarios de esta Cámara con nuestras Fuerzas Armadas, que bien lo necesitan.
Termino con la segunda referencia a la cuestión que ventilaremos con las votaciones el próximo jueves del envío de efectivos militares españoles a Afganistán. Mi grupo en este trámite solamente quiere decir que tiene el apoyo, porque nos parecería fuera de toda lógica mantener efectivos humanos allí, los que hay ahora, que estén en misiones de PTAR, protegiendo los centros regionales de desarrollo y de protección o en otras fun-ciones, y que no tuvieran toda la cobertura que en efec-tivos humanos y materiales tenemos. Cuando entramos en un proceso de este tipo o se está con todas las conse-cuencias o no se está; son sitios donde no se puede estar a medias. Y si el mando militar reclama un aumento de efectivos, 100, 150, 200 ó 300, mídase su repercusión en los presupuestos, pero que no sirva para decidir si
estamos, nos quedamos o vamos a medias. Tiene que ser un criterio político, porque se trata de operaciones inter-nacionales y el prestigio de nuestras Fuerzas Armadas no está solamente en su calidad personal o individual, sino también en la calidad de todos los colectivos e implica unas necesidades de aumento de protección de las comodidades, donde tienen que encontrarse profe-sionalmente para desarrollar su cometido. Ya lo explici-taremos en el debate del próximo jueves, con la votación subsiguiente, pero mi grupo adelanta su posición favo-rable por estas razones de congruencia que he esbozado. Hay que ser consecuentes con este tema y los problemas que después haya de ensamblaje entre la misión ISAF internacional, la OTAN o los mandos, que se resuelvan en otros escalones de la estructura de mandos militares con la aprobación política. Nuestro compromiso es que nuestras fuerzas destinadas en Afganistán tengan no solamente apoyo moral político, sino todas las garantías en cuanto al número de efectivos y de disponibilidad de material para la función que se les ha encomendado. Con nuestro apoyo a esta línea política termina mi interven-ción, señor presidente, señor ministro.
El señor PRESIDENTE: Para hablar en nombre del Grupo Parlamentario Vasco (EAJ-PNV), tiene la palabra el señor Txueka Isasti.
El señor TXUEKA ISASTI: Señor ministro, es cos-tumbre de mi grupo venir a escuchar, sin ideas prejuz-gadas, sobre todo en este caso, en que usted comparece por primera vez como nuevo ministro de Defensa. Que-remos darle la bienvenida y le deseamos sinceramente que realice usted una buena gestión. (El señor vicepre -sidente, Suárez González, ocupa la Presidencia.) Además, ciertos ministerios, el suyo en particular, exigen una forma de actuar a ser posible discreta y nosotros creemos que en su condición de castellano, de castellano viejo, la va a tener. Lo digo porque siempre se le presume una forma de ser discreta en esa materia, no por otra cosa, señor ministro.
Plantea usted una política de continuidad, salvo un pequeño cambio, tanto en las políticas anteriores como en las personas que le van a acompañar y a nosotros nos parece acertado. Hemos mantenido una línea muy fluida con los responsables de su equipo y esperamos seguir manteniéndola.
Por lo que respecta a las intervenciones en el exterior, además de contar con la aprobación, ya manifestada, del Parlamento, tendrán el paraguas de las decisiones de Naciones Unidas y estarán integradas en las políticas de la Unión Europea. Deseo apuntar un tema en relación con estas acciones en el exterior y es que en estos momentos cerca de la mitad de los fondos que el Gobierno español destina a las acciones humanitarias están siendo gestionados por el ejército. Los porcentajes son importantes y a ser posible se debería mantener un equilibrio con el resto de las acciones humanitarias, que dichos porcentajes no se amplíen y que no vayan en la
dirección de confundir o ligar las acciones exteriores humanitarias de las organizaciones no gubernamentales y que tengan un campo de acción en esa materia en el aspecto presupuestario y un equilibrio con las interven-ciones que tengan que venir acompañadas de niveles de seguridad, que de alguna manera garantiza el propio ejército. Tengamos un criterio en la dirección de man-tener mínimamente y no superar estos porcentajes. Con estas consideraciones, que además creemos que van a ser compartidas por usted, no nos vamos a oponer, lógi-camente, a la posible ampliación que nos ha comentado de hasta 150 efectivos para las actuaciones en materia de acción civil y de seguridad en Afganistán. Enten-demos las razones y las necesidades y, como he dicho, no nos vamos a oponer.
Deseamos —nos ha parecido muy acertada la interven-ción en esta cuestión del portavoz de Izquierda Unida— plantearle la necesidad de que defina usted el control o la información del Centro Nacional de Inteligencia con este Parlamento, que se definan y que de alguna manera se especifiquen cuáles van a ser los mecanismos de informa-ción, pero no una información educada, sino una infor-mación real, tal y como ha dicho el portavoz de Izquierda Unida, sobre la situación de seguridad y necesidades internas de nuestras intervenciones en Afganistán.
Se están planteando debates sobre la elaboración de un mapa de las propiedades de Defensa y los criterios para actuar en aquellas propiedades que puedan no tener necesidades o desarrollos necesarios para la actuación de destinos militares y si son susceptibles de transfor-marse en destinos civiles, léase viviendas, etcétera. Esto viene al caso de un ejemplo concreto, el de los cuarteles de Loyola, en San Sebastián. Como usted sabrá, son amplias instalaciones militares situadas en un entorno urbano, más que entorno yo diría de continuidad urbana de San Sebastián con el resto de las poblaciones que le circundan. También me atrevo a decir que la funciona-lidad de dichos cuarteles, sobre todo la operatividad, está siendo muy pequeña y repetidas veces mi grupo político y otros situados en el ámbito de actuación del País Vasco han demandado la posibilidad de poder transformar dichas instalaciones en políticas tan necesarias como políticas de vivienda en el entorno de San Sebastián. Saco a colación este tema porque muchas veces —quizá es una interpretación sui géneris— nos hemos encon-trado con una serie de respuestas en relación con las cuales, sin pretender establecer un debate, lógicamente, ni plantear cuestiones anteriores, básicamente hemos escuchado una frase que definía la posición del Gobierno en esta materia. Era algo tan gráfico como afirmar que no arriaremos ninguna bandera española en el País Vasco. Es una frase textual que yo he escuchado, señor ministro, y no lo digo en el sentido de entablar un debate sobre esta materia, sino en el sentido de explicarle lo que subyacía en muchas de estas políticas. Usted proviene del Ministerio del Interior, señor ministro, y sabe per-fectamente que estamos —así lo esperamos— ante un futuro mucho más esperanzador, un futuro que en
con-secuencia será mucho más normalizado y que supondrá también actitudes, propuestas y escenarios en que se puedan plantear estos temas con plena normalidad y en función, lógicamente, de los intereses y necesidades del Ministerio de Defensa, pero coordinados con aquella sociedad, en este caso la vasca, que tiene otras necesi-dades que podrían seguramente concretarse y coordi-narse con otras funciones.
Finalizo, señor ministro, entendiendo que mantendrá usted una política de diálogo e información —en esto tengo que reconocer al anterior ministro y a su equipo que mantuvimos una relación muy fluida y de cercanía con los grupos políticos— y que las propuestas legisla-tivas que tenga usted intención de plantear en el futuro se abordarán con mano y talante abiertos a las alega-ciones y propuestas que realicemos los grupos de este Parlamento, en concreto a través del Grupo Vasco.
El señor VICEPRESIDENTE (Suárez González): Tiene la palabra ahora el portavoz de Esquerra Republi-cana, el señor Puig Cordón.
El señor PUIG CORDÓN: En primer lugar quiero dar la bienvenida al ministro de Defensa en su nueva faceta, en este caso en el área de Defensa. También quiero decirle que no he podido asistir a su intervención inicial, por lo que no sé si algunos de los temas que voy a tratar usted los ha mencionado ya; en ese caso disculpe, pero no he podido asistir a su comparecencia por estar en otra Comisión.
Mi intervención, siguiendo la línea del Grupo de Esquerra Republicana, se va a basar en una serie de temas ya expuestos al anterior ministro de Defensa, algunos de los cuales aún están pendientes de resolución, y al final hablaré del envío de tropas a Afganistán. Empiezo por preguntarle qué piensa hacer el Gobierno ante las dos proposiciones que fueron aprobadas en la Comisión de Defensa y que afectan a las personas; me refiero a una proposición del Grupo Popular y a otra de Convergència, que fueron aprobadas con enmiendas de Esquerra Republicana. Una de ellas hacía referencia a los soldados que en su momento estuvieron obligatoria-mente en Sidi Ifni y Sáhara e instaba al reconocimiento de su estancia obligatoria. La otra hacía referencia a todos los ciudadanos que hicieron el servicio militar obligatorio e insta al Gobierno a reconocer a todos aque-llos que perecieron o tuvieron accidentes a lo largo de su prestación. Fueron dos proposiciones no de ley apro-badas por la Comisión de Defensa que instaban al Gobierno y me gustaría saber cuál es la voluntad del Gobierno, tomarlas en consideración, de acuerdo con ese mandato parlamentario, como digo, que se produjo en la Comisión de Defensa. (El señor presidente ocupa la Presidencia.) La otra pregunta que quiero hacerle —ya se la hicimos en su momento al ministro de Defensa, señor Bono, que de entrada nos dijo que sí, pero luego no hemos visto los hechos— se refiere a la anula-ción de todos los consejos de guerra llevados a cabo por
la dictadura franquista. En su momento hablamos del consejo de guerra al presidente de la Generalitat, Lluis Companys. El ministro de Defensa, señor Bono, en su primera intervención en esta Cámara, hizo una encendida defensa de la honorabilidad del señor Companys y de la perspectiva de afrontar la anulación de estos consejos de guerra. También quiero preguntarle si seguirá en la línea que anunció el ministro Bono de doblar el número de efectivos de las Fuerzas Armadas presentes en la Comu-nidad Autónoma de Cataluña.
Voy ahora a hacer una referencia a la política de patri-monio del Ministerio de Defensa. Es un tema candente, suscitado muchas veces no solo por nuestro grupo par-lamentario sino también por otros. Esperamos poder llegar a acuerdos para facilitar el acceso de ayunta-mientos o comunidades autónomas a la propiedad de ese patrimonio. En la primera comparecencia del señor Bono en esta Comisión de Defensa hicimos referencia a aquel patrimonio propiedad del Ministerio de Defensa fruto de la dictadura militar. El señor Bono afirmó que habría que estudiar ese caso y que no tenía ningún sentido que el Ministerio de Defensa tuviese algunas propiedades fruto de la dictadura militar. La devolución de estas propiedades sería un acto de justicia. El señor Bono se comprometió a ello, pero no solo no lo ha hecho, sino que ha terminado complicando la situación. Me estoy refiriendo al Castillo de Montjuïc, que —y así consta— ya fue del Ayuntamiento de Barcelona. Fue la dictadura militar, el golpe de Estado, la que hizo que ese patri-monio pasase a la gestión del Ministerio de Defensa. En este momento hay una proposición del Gobierno de devolución del Castillo de Montjuïc. El señor Bono complicó esa devolución de manera bárbara. Todo es mucho más sencillo, porque el castillo de Montjuic ya fue propiedad de la ciudad de Barcelona y por tanto solo haría falta su devolución en las mismas condiciones que las existentes entonces. Fue precisamente la Generalitat de Catalunya la que devolvió a la ciudad, para su dis-frute, el castillo de Montjuic. Este sería el momento de llegar a un gran acuerdo que hiciese justicia a lo que realmente fue y que propiciase esa devolución. Tal como está, el proyecto no es asumible por nuestro grupo par-lamentario y supongo que tampoco por otros grupos ni por la propia ciudad de Barcelona. Basándonos en el hecho de que ya había sido de la ciudad de Barcelona y en el hecho de que el ministro de Defensa, señor Bono, dijo que habría que estudiar la devolución de aquellos bienes que son propiedad del Ministerio de Defensa como fruto de la dictadura militar, enlazaríamos con la futura ley de la memoria histórica y sería un gesto. Además, nos quitaríamos de encima algunas expresiones o algunas luchas políticas que nos podíamos haber aho-rrado. Ahora que tenemos un nuevo ministro, sería el momento de superar dialécticas y expresiones que no son necesarias y llegar a un gran acuerdo previo a la ley de recuperación de la memoria histórica. Sería una opor-tunidad.
A lo largo de esta legislatura, nuestro grupo parlamen-tario ha colaborado con el Grupo Socialista y con el Gobierno en la aprobación de diferentes normativas y leyes presentadas por el Ministerio de Defensa, como la Ley de la Defensa, a la que dimos nuestro apoyo. Quiero preguntarle por el incumplimiento de la disposición final tercera, en la cual se instaba al Gobierno a que en el plazo de tres meses remitiera al Congreso de los Dipu-tados un proyecto de ley reguladora de los derechos fundamentales de los militares profesionales. Esta fue una enmienda pactada por diferentes grupos parlamen-tarios. Se llegó a un acuerdo con el Grupo Socialista y la ley mandataba que en el plazo de tres meses. Me gustaría saber cómo está y si está previsto que se remita al Congreso de los Diputados esta ley, que regularía la creación del observatorio de la vida militar. Hemos escuchado tanto al ministro de Defensa como al ministro del Interior actual hablar de la no desmilitarización de la Guardia Civil. Quiero preguntarle por los motivos, porque tenía entendido que el Partido Socialista siempre había defendido la desmilitarización de la Guardia Civil, dándole los derechos que corresponden a todos los ciu-dadanos. Entendemos que en una sociedad democrática es posible superar ese aspecto y por tanto dar cumpli-miento a la desmilitarización de la Guardia Civil.
Por último paso a la misión en Afganistán. Nuestro grupo parlamentario apoyó en su día el envío de tropas, como lo hemos hecho cada vez que el ministro de Defensa ha solicitado a esta Cámara la aprobación del envío de tropas a misiones de paz o misiones humanita-rias en el extranjero. Tal como manifestó nuestro por-tavoz parlamentario, nuestro grupo también va a apoyar la ampliación del contingente militar enviado a Afga-nistán, pero quiero mostrarle mi preocupación, porque los temas se complican y a veces se puede llegar a la confusión entre las diferentes operaciones militares. En su momento quedó claro que una cosa era la operación Libertad Duradera y otra cosa era la ISAF, pero vemos con preocupación que se tiende a confundir las dos ope-raciones. Si el camino es una confusión o unificación de operaciones militares en la que no quede claro cuál es una y cuál es la otra, nuestro grupo no podría apoyar el envío de tropas. También nos preocupa, y así lo mani-festamos cuando dimos nuestro apoyo al envío de uni-dades en misiones humanitarias al extranjero, que se siga potenciando que la acción humanitaria se base más en los ejércitos que en la ayuda a la cooperación. Nuestro grupo entiende que tendría que ser al contrario. Todavía estamos lejos de la aportación que se debe hacer desde el mundo de la cooperación a las acciones humanitarias. Entendemos que a veces es necesaria la presencia militar para garantizar una acción humanitaria, pero esto no tiene que ser excusa para aumentar las dotaciones mili-tares y los presupuestos de defensa y no aumentar la ayuda al desarrollo. Esta situación de confusión entre la participación en acciones humanitarias del ejército y la sociedad civil produce dificultades a medio y a corto plazo. Una aportación que en principio se destina a que
las ONG puedan actuar en situaciones de conflicto ter-mina convirtiéndose a medio plazo en un problema, porque se confunde la intervención militar con la inter-vención civil y eso produce el aumento de la inseguridad de los actores humanitarios en las zonas del conflicto. Habría que hacer una reflexión para potenciar la acción humanitaria. Nos gustaría que la Oficina de Cooperación del Ministerio de Asuntos Exteriores tuviese más inicia-tiva en estos casos que el Ministerio de Defensa. Esto es algo que ya dijimos en su momento, cuando apoyamos el envío de tropas, y creemos que es necesario decir hoy aquí y también comentar en el Pleno que con relación a esta operación en Afganistán —respecto de la que vamos a dar apoyo a la ampliación del envío de soldados—, nos preocupa la confusión que se pueda estar generando en cuanto a la unificación de las dos operaciones: Libertad Duradera e ISAF. Por tanto, nos gustaría que hubiese una aclaración en cuanto a estas dos operaciones que se realizan en Afganistán. Con esto termino.
El señor PRESIDENTE: A continuación, tiene la palabra, para hablar en nombre de Convergència i Unió, el señor Maldonado i Gili.
El señor MALDONADO I GILI: Señor ministro, en primer lugar, me corresponde, en nombre de Convergència i Unió, darle la bienvenida a esta Comi-sión, agradecerle su comparecencia, felicitarle por su nombramiento y desearle suerte. Su discurso nos parece correcto. Ha sido detallado y a la vez conciso, coherente y bien elaborado. Quizás ha sido poco novedoso, más bien continuista, pero no tengo nada que decir al res-pecto. Hasta ahora nuestro grupo ha dado apoyo en general a la política de Defensa, por lo que valoramos positivamente un discurso continuista. Creemos inteli-gente que en general haya mantenido el equipo humano del anterior ministro, equipo ministerial capitaneado por el secretario de Estado de Defensa, señor Francisco Pardo, hombre dialogante y tenaz en la búsqueda del consenso —tan necesario en la política española—, y por tanto usted no ha hecho suyo aquello de a rey muerto, rey puesto, sino que ha mantenido el equipo. A veces en política, cuando llega alguien nuevo, la norma es cambiar todo por el solo hecho de cambiarlo, pero a nosotros nos parece bien que en un cambio ministerial cuyo equipo ha tenido una actitud favorable usted le haya mantenido. Por tanto, como digo, valoramos positivamente que haya mantenido el equipo ministerial que con Convergència i Unió, y creo que en general, ha mantenido diálogo.
Usted viene a sustituir a un ministro que entre otros haberes tiene el de haber aprobado leyes importantes, como la Ley Orgánica de la Defensa y la Ley de Tropa y Marinería, leyes que históricamente han sido tan rei-vindicadas como necesarias. Sustituye a un ministro que ha comparecido reiteradamente, lo cual hemos aplaudido en Convergència i Unió; un ministro, que tanto el como su equipo han dialogado; un ministro que ha buscado el consenso; que incluso ha tenido actitudes humanas,