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Cade OHanlon - Guia Breve de Terapia Breve

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Academic year: 2021

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Terapia Familiar

Últimos títulos publicados:

16. J. S. Bergman - Pescando barracadas 17. B. P. Keeney - Estética del cambio

18. S. de Shazer - Pautas de terapia familiar breve 20. V. Papp - El proceso de cambio

2 1 . M. Selvini Palazzoli y otros - Paradoja y contraparadoja

22. B. P. Keeney y O. Silverstein - La voz terapéutica de Olga Silverstein 2 3 . M. Andolfi - Tiempo y mito en la psicoterapia familiar

2 5 . W. H. O'Hanlon - Raices profundas

27. H. C. Fishman - Tratamiento de adolescentes con problemas 28. M. Selvini Palazzoli y otros - Los juegos psicóticos en la familia 29. T. Goodrich y otras - terapia familiar feminista

3ü. L. Onnis - Terapia familiar de los trastornos psicosomáticos 3 1 . A. Ackermans y M. Andolfi - La creación del sistema terapéutico 32. S. de Shazer - Claves para la solución en terapia breve

3 3 . A. M. Sorrentino - Handicap y rehabilitación 34. L Cancrini - La psicoterapia: gramática y sintaxis

35. W. H. O'Hanlon y M. Weiner-Davis - En busca de soluciones 36. C. A. Whitaker y W. M. Bumberry - Danzando con la familia 37. E. S. Pittman III - Momentos decisivos

38. S. Orillo y P. Di Blasio - Niños maltratados 39. J. Haley - Las tácticas de poder de Jesucristo 40. M. Bowen - De la familia al individuo

41. C, Whitakcr - Meditaciones nocturnas de un terapeuta familiar 42. M. M. Berger - Mas allá del doble vinculo

43. M. Walters, B. Carter, P. Papp y O. Silverstein - La red invisible 45. Matteo Selvini - Crónica de una investigación

46. O Rausch Herscovici y L. Bay - Anorexia nerviosa y bulimia 48. S. Rosen - Mi voz irá contigo

49. A. Campanini y E. Luppi - Servicio social y modelo sistémico 50. B. P Keeney- La improvisación en psicoterapia

5 1 . P.. Caillé - Uno más uno son tres

52. J. Carpenter y A. Treacher - Problemas y soluciones en terapia familiar y de pareja

53. M. Zappella - No veo, no oigo, no hablo. El autismo infantil 54. J. Navarro Góngora - 'Técnicas y programas en terapia familiar 55. C. Machines - Sexo, amor y violencia

56. M. Whitc y D. Epston - Medios narrativos para fines terapéuticos 57. W. Robert Beavers y R. B. Hampson - Familias exitosas 58. I. Segal - Soñar la realidad

59. S. Cirillo - El cambio en los contextos no terapéuticos 60. S. Minuchin - La recuperación de la familia

62. J. Navarro Góngora y M. Beyebach - Avances en terapia familiar sistémica 63. B. Cade y W. H. O H a n l o n - Guía breve de terapia breve

Brian Cade

William Hudson O'Hanlon

Guía breve

de terapia breve

ediciones

PAIDOS

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SUMARIO

Agradecimientos 11

Prefacio 13 Introducción 15

1. Enfoques breves/estratégicos de la terapia: una visión

ge-neral 19 Historia de los primeros tiempos: algunos hitos importantes. . 19

Definiciones 22 Los dos enfoques principales 23

Intervención terapéutica 27

Entrenamiento 33 Conclusión 34 2. ¿Qué es lo que sucede entre oreja y oreja? 37

La operación básica 38 Los constructos personales 40 Figura/fondo: los efectos de la tendencia del observador . . . . 45

3. La realidad de la «realidad» (o la «realidad» de la realidad):

«¿qué es lo que está ocurriendo realmente?» 49

4. ¿Cómo comprendemos las emociones? 61

5. Negociando el problema 69 6. Neutralidad y poder, sugerencias, tareas y persuasiones . . . 83

Influencia y pericia 83 La neutralidad 85 Sugerencias, tareas y persuasiones 87

7. Menos de lo mismo 97 Libertad, ¿para quién? 104 8. Excepciones, soluciones y enfoques al futuro 111

Excepciones 114 La pregunta del milagro 118

Ubicación en una escala 122 Enfocando al futuro 125

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10 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

9. Intervenciones de enmarcado: modificando la visión del

pro-blema 127 10. Intervención en la pauta: modificando la acción del

proble-m a 139 Intervención en la pauta 142

11. El u s o de la analogía 149 Sobre la analogía 150 Anécdotas, parábolas y relatos 152

Utilizando las aptitudes naturales del cuerpo 154

La metáfora mediante la acción 156

Tareas metafóricas 157 «He conocido una familia que...» 157

12. Las intervenciones paradójicas 159 La paradoja reconsiderada: empatia, no trampa 168

13. Exceso y defecto de responsabilidad: las dos caras de la

mo-neda 171 Tres niveles de responsabilidad 173

Experiencias formativas 174 El continuum responsabilidad-irresponsabilidad 176

Sistemas de constructos personales 183 «El que compra un perro no sigue ladrando» 184

Conclusión 189 Una historia final 190

Epílogo 192

Bibliografía 195 Indice de nombres 204 Indice analítico 206

AGRADECIMIENTOS

Nos gustaría reconocer la ayuda de nuestro amigo y colega Michael Durrant, p o r sus valiosos consejos, su apoyo, su constante exhortación a que no abandonáramos, sus frecuentes y gratas invitaciones a t o m a r un vaso de vino (ofrecido a Brian, no a Bill, que vivía demasiado lejos) y, finalmente, por su pericia con los ordenadores.

También deseamos expresar nuestro agradecimiento a los directo-res de los periódicos que nos autorizaron a reproducir o adaptar la tota-lidad o partes de los siguientes artículos:

Cade, B. (1982), «Some uses of metaphor», The Australian Journal of Family Tlierapy, 3: 135-140.

Cade, B. (1984), «Paradoxal techniques in therapy», Journal of Child Psychology and Psychiatry, 25: 509-516.

Cade, B. (1986), «The reality of "reality" (or the "reality" of reality)», The American Journal of Family Therapy, 14: 49-56.

Cade, B. (1987), «Brief/strategic approaches to therapy: A commentary», The Australian and New Zealand Journal of Family Therapy, 8: 37-44. Cade, B. (1988), «The art of neglecting children: Passing the

respon-sability back», Family Therapy Case Studies, 3: 27-34.

Cade, B. (1989), «Over-responsability and under-responsability: Opposite sides of the coin», A celebration of family therapy-10th anniversary issue of The Journal of Family Therapy, Primavera, 103-121. Cade, B. (1992), «A response by any other...», Journal of Family Therapy,

14: 163-169.

Cade, B. (1992), «I am an unashamed expert», Context: A News Magazine of Family Therapy, Verano, 30-31.

Cade, B. y Seligman, P. (1981), «Nothing is good or bad b u t thinking makes it so», The Association for Child Psychology and Psychiatry: Newsletter, n. 6, Primavera, 4-7.

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12 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

F i n a l m e n t e , q u e r e m o s a g r a d e c e r l e su infinita paciencia y com-prensión, y su buen humor, que seguramente algunas veces se vio afec-tado, a Susan Barrows Munro, de la editorial Norton. Y a su nueva ayu-dante, Margaret Farley, deseamos expresarle nuestra admiración por el rápido desarrollo de sus habilidades para la «compaginación breve».

PREFACIO

Los autores se conocieron en Cardiff, Gales, a principios de la déca-. da de 1980. Bill dirigía unas sesiones de trabajo auspiciadas por The Family Institute, en el que estaba empleado Brian. Descubrimos con-siderables afinidades. Los dos tocábamos la guitarra y habíamos escri-to c a n c i o n e s . Otrora ambos habíamos llevado el pelo largo ( a u n q u e en el caso de Brian; ya andaba algo escaso de ese bien), además de cami-sas floreadas y abalorios. Encontramos que nuestras ideas sobre la ten pia breve y el m o d o en que la practicábamos tenían m u c h o en común a u n q u e c o n a l g u n a s diferencias de énfasis. Coincidíamos en que la influencia de Milton Erickson había sido de s u m a importancia en el desarrollo de nuestra práctica y de nuestras ideas acerca de la terapia a u n q u e sólo Bill le había conocido personalmente.

Muy p r o n t o decidimos colaborar en un libro que resumiría los prin-cipales elementos, las ideas, los principios, las actitudes y las técnicas asociadas c o n la terapia breve. Cada u n o de nosotros había practica-do y e n s e ñ a d o este enfoque desde m e d i a d o s de la d é c a d a de 1970, y nos p a r e c í a q u e teníamos algo significativo que decir. El libro iba a reflejar t a n t o las semejanzas como las diferencias de nuestro trabajo. Sin embargo, escribirlo nos llevó más tiempo del que habíamos pen-sado. E s t o se debió, en parte, a que no podíamos seguirle el paso a los desarrollos q u e se producían en nuestro campo (y en nosotros); en bue-na medida, la causa fue que los dos somos persobue-nas ocupadas; también a que e s t á b a m o s escribiendo demasiadas otras cosas; de pronto, Brian emigró a Australia, y etcétera, etcétera. El proyecto finalmente levantó el vuelo c u a n d o , p o r casualidad, d e s c u b r i m o s que los dos habíamos c o m p r a d o ordenadores compatibles y programas también compatibles p a r a el p r o c e s a m i e n t o de textos, y que, además, a m b o s teníamos fax.

Entonces surgió un problema que no habíamos previsto. ¿Qué está-b a m o s h a c i e n d o en terapia, y qué p e n s á está-b a m o s acerca de ello? En los días i m p e t u o s o s de finales de la década del 70 y principios de la del 80,

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14 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

nosotros, junto con la mayoría de nuestros colegas breves/estratégicos, trabajábamos con relativa certidumbre. É r a m o s buenos tácticos, nos basábamos en concepciones claras, centradas en los procesos, acerca del m o d o en que se m a n t e n í a n y evolucionaban los problemas; ade-más, disponíamos de energía y e n t u s i a s m o ilimitados, y de una ver-dadera cornucopia de ideas perspicaces p a r a las intervenciones.

Ahora somos tácticos con m e n o s c e r t i d u m b r e s , menos audaces, menos abrazados a modelos simplistas, y m u c h o menos impresiona-dos por nuestra sagacidad. Nos interesan m u c h o más los recursos de nuestros clientes y p r o c u r a m o s evitar enfoques que, abierta o encu-biertamente, los debiliten. Nos interesa m á s el desarrollo de un enfo-que cooperativo. No obstante, seguimos siendo un tanto escépticos con respecto al m o d o s a n t u r r ó n con que a l g u n o s colegas niegan la vali-dez de la pericia profesional y afirman q u e es posible y deseable no ejercer ninguna forma de influencia. Nosotros pensamos que es impo-sible no influir, pero «...hay un m o d o de e s t a r abiertos p a r a que los clientes influyan en nosotros como terapeutas. Podemos escucharlos a ellos en lugar de escuchar a nuestras teorías. Podemos validar su expe-riencia y permitirles que nos enseñen lo q u e da y lo que no da resul-tado para ellos» (O'Hanlon, 1991, pág. 109).

Sin duda, nos habría resultado m u c h o m á s fácil escribir este libro cuando se nos ocurrió la idea y mientras a ú n disfrutábamos de un gra-do considerable de certidumbre acerca de lo que pensábamos y de lo que poníamos en práctica. Pero, con suerte, lo que finalmente hicimos quizá sea m á s útil.

INTRODUCCIÓN

En las últimas tres décadas, considerablemente influido por la publi-cación en 1963 de Strategies of Psychotherapy, de Jay Haley, y el trabajo ulterior del Centro de Terapia Breve de Palo Alto (Watzlawick y otros, 1974; Weakland y otros, 1974), se produjo un rápido crecimiento del interés en el desarrollo de enfoques terapéuticos breves/estratégicos. En contraste con la mayoría de los modelos que entonces prevalecían, evolucionó un enfoque más activo, directivo, para el cual la terapia con-sistía primordialmente en promover el cambio, y ya no el crecimiento, la comprensión o el insight; el terapeuta se volvía mucho más útil c o m o agente generador del cambio.

G r a n parte del primer ímpetu del desarrollo de este enfoque refle-j a b a el interés p o r la innovación y el descubrimiento de merefle-jores téc-nicas p a r a producir cambios. En los años siguientes, resultó cada vez m á s claro que la terapia exitosa podía ser mucho más corta que lo que suponían los profesionales que operaban en el marco de principios m á s tradicionales. Esta perspectiva fascinó a cantidades crecientes de pro-fesionales y equipos en todo el m u n d o , que empezaron a experimen-tarla. Les atraía el optimismo y el enfoque pragmático, tanto la creati-vidad c o m o la aportación a u n a terapia eficaz. Siguió una oleada expo-nencial de artículos, capítulos y libros; cada vez era mayor la riqueza de ideas y técnicas. Más recientemente, la posibilidad de realizar inter-venciones breves pero eficaces se ha popularizado entre diversas fuen-tes de recursos económicos, compañías de seguros, y los m u c h o s orga-n i s m o s de ayuda que orga-no puedeorga-n proporcioorga-nar servicios a caorga-ntidades crecientes de clientes, dado que sus presupuestos se reducen rápida-m e n t e .

Pero en los últimos años se está empezando a dirigir u n a m i r a d a m á s sobria y m á s crítica al enfoque, a las consecuencias de m u c h a s de las técnicas desarrolladas, y a algunos de los supuestos s u b y a c e n t e s que orientaron la práctica de la terapia breve que ésta, alternativamente,

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16 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

ha sido a c u s a d a de i g n o r a r o p a s a r p o r alto. S i e m p r e h u b o críticos externos, pero ahora el campo en sí está considerando con mayor deten-ción la direcdeten-ción de su marcha anterior y el p u n t o al que ahora se enca-mina.

Entre los principales ámbitos de preocupación parecen estar: • el empleo de técnicas encubiertas y manipulativas (por ejemplo,

las intervenciones paradójicas), en particular cuando éstas supo-nen proyectos encubiertos del terapeuta o del equipo y, a veces, diversos grados de engaño deliberado;

• el a b u s o implícito o explícito de la posición de p o d e r y control del t e r a p e u t a p a r a definir la dirección y el resultado, en parti-c u l a r parti-c u a n d o éstos q u e d a n fuera de la parti-c o n parti-c i e n parti-c i a del parti-cliente; • el enfoque c o n d u c t u a l estrecho y, en g r a n medida, pragmático a s u m i d o p o r esta aproximación, y su aparente desinterés por las variables i n t r a p s í q u i c a s o e m o c i o n a l e s de la vida del cliente; • la perspectiva un t a n t o frivola que p a r e c e h a b e r s e adoptado en c u a n t o a la i m p o r t a n c i a o existencia de u n a realidad o verdad identificable en los asuntos h u m a n o s ;

• el hecho de que no se encararan con seriedad las variables socio-políticas que afectan la vida de los clientes, en particular las rela-cionadas con el género.

A lo largo de este libro tocaremos m u c h o s de estos temas, aunque no prometemos resolver todos los dilemas suscitados. No pretendemos negar que, a veces, los terapeutas breves h a n a p a r e c i d o como profe-sionales de enfoque estrecho, antagónicos y falaces en su trabajo, en algunos casos impúdicamente. Pero creemos q u e los buenos terapeu-tas breves siempre h a n prestado mucha atención a las preocupaciones de los clientes (lo cual también supone respetar sus sentimientos), h a n considerado las restricciones contextuales m á s amplias, y h a n valora-do y respetavalora-do los propios recursos del cliente. T a m b i é n creemos que el campo ha evolucionado significativamente desde aquellos días impe-tuosos y ofuscados de principios de la década de 1970, cuando los escri-tos omitían m e n c i o n a r esescri-tos factores.

Estamos de acuerdo con Steve de Shazer, quien, al ser interrogado acerca de la reputación manipulativa/no ética q u e los terapeutas bre-ves se h a b í a n ganado, respondió:

INTRODUCCIÓN 17

Hemos descubierto que no hay ninguna necesidad de inventar esas trampas, esos recursos engañosos que algunos de nosotros solíamos uti-lizar en el pasado. Nuestras técnicas preferidas son ahora francas y correc-tas, y estamos utilizando el material que nos proporciona la familia. De hecho, retrospectivamente, supongo que todas aquellas técnicas prove-nían de las familias con las que trabajábamos. Pienso que las preocu-paciones que tienen algunas personas surgen del modo en que nosotros, los autores, escribimos sobre lo que estábamos haciendo, y quizá escri-bíamos de un modo que no lo reivindicaba. Si lo hubiéramos escrito de otra manera, podríamos haber dicho: «¡Dios mío, vaya si son astutos estos clientes!» (Cade, 1985b, pág. 97).

N o s o t r o s ya no utilizamos el p a r a d i g m a sistémico c o m o nuestro m o d e l o p r i n c i p a l . El único que p u e d e a c t u a r y r e a c c i o n a r a n t e las circunstancias es el individuo. Preferimos el término interaccioval a la p a l a b r a sistémico, en cuanto el p r i m e r o lleva a c o n s i d e r a r procesos repetitivos y potencialmente observables, en los cuales las p e r s o n a s reaccionan secuencial y recíprocamente. La palabra «sistémico» pue-de ser d e m a s i a d o estática y carente pue-de especificidad, apue-demás pue-de pres-tarse a la reificación.

Por razones tanto pragmáticas como estéticas, también nos hemos guiado p o r el principio de economía de Occam. El h e r m a n o Guillermo de Occam, un filósofo inglés del siglo XIV, sostenía que para explicar cualquier f e n ó m e n o había que partir de la m e n o r cantidad posible de supuestos. Basándose en la idea de que «es vano hacer con m á s lo que puede lograrse con menos», diseccionó como con u n a navaja todos los marcos de referencia. Como dijo m á s tarde Bertrand Russell, «...si en una ciencia t o d o p u e d e interpretarse sin s u p o n e r ésta o aquella enti-dad hipotética, no hay ninguna base p a r a suponerla» (Russell, 1979, pág. 462).

Tras u n a visión histórica general, nuestro plan es llevar al lector a un recorrido razonablemente amplio p o r los diversos aspectos de este c a m p o tal c o m o lo vemos en la actualidad. (Al principio, Bill quería que el libro se titulara «Una guía de la terapia breve para turistas que hacen a u t o - s t o p » , pero finalmente prevaleció la reserva británica de Brian.) P o r cierto, no será un recorrido exhaustivo ni, esperamos, ago-tador. E v i t a m o s plantear las cosas como si fueran recetas de cocina, aunque algunas secciones tengan ese aspecto. Tratamos de no escribir u n m a n u a l t o t a l m e n t e teórico, a u n q u e i n t e r c a l a m o s alguna teoría. E s p e r a m o s q u e este libro refleje la tendencia actual a un enfoque

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18 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

que, de m a n e r a m a r c a d a y transparente, sea m á s cooperativo y res-petuoso. También esperamos haber logrado c o m u n i c a r nuestro entu-siasmo c o n t i n u o y n u e s t r o compromiso con el potencial de los enfo-ques breves, a u n q u e reduciendo al mínimo o evitando p o r completo el celo fundamentalista que quizá se habría deslizado si hubiéramos escri-to el libro c u a n d o lo p l a n e a m o s inicialmente.

Deseamos dejar en claro desde el principio q u e la «terapia breve» de la que h a b l a m o s deriva de la tradición de la t e r a p i a familiar y de la obra de Milton Erickson. Hay otra r a m a de la «terapia breve», pro-cedente de Freud y de la tradición psicodinámica, q u e es, p o r lo gene-ral, considerablemente m á s prolongada que la q u e describimos aquí. Lo advertimos p a r a q u e el lector tenga la seguridad de h a b e r dado con el libro correcto, a la m a n e r a de las azafatas, que a n u n c i a n el destino del vuelo antes de c e r r a r las puertas del avión. Si no es éste el tipo de terapia breve al que el lector quiere llegar, a h o r a tiene la oportunidad de bajarse r á p i d a m e n t e del avión.

1. ENFOQUES BREVES/ESTRATÉGICOS DE LA TERAPIA: UNA VISIÓN GENERAL

Si se me pidiera que explicara brevemente la psicoterapia estra-tégica... respondería: «Los pacientes intentan dominar sus pro-blemas con una estrategia que el terapeuta cambia, porque no es eficaz. Todo lo demás es comentario».

RABKIN(1977, pág. 5)

Milton H. Erickson, doctor en medicina, fue el primer tera-peuta estratégico. Se le podría incluso considerar el primer te-rapeuta, puesto que fue el primer clínico importante que se con-centró en la manera de cambiar a las personas.

HALEY (1985, pág. vii)

HISTORIA DE LOS PRIMEROS TIEMPOS: ALGUNOS HITOS IMPORTANTES

La influencia de Milton Erickson sobre el desarrollo de los enfo-ques breves/estratégicos ha sido enorme. Sus actitudes y su genio inven-tivo ejercieron u n a influencia considerable d u r a n t e el desarrollo tem-p r a n o de los enfoques de la comunicación, centrados inicialmente en el proyecto de investigación de Gregory Bateson. Éste empezó en 1952 con u n e s t u d i o d e las p a r a d o j a s d e l a a b s t r a c c i ó n e n l a c o m u n i c a -ción, p a r a lo c u a l utilizó la teoría de los tipos lógicos ( W h i t e h e a d y Russell, 1910-1913). Bateson colaboró en este proyecto j u n t o con J o h n Weakland, J a y Haley y William Fry, Jr. Otras importantes influencias t e m p r a n a s fueron las de la obra de Norbert Weiner sobre cibernética (la ciencia de la comunicación, a ú n en desarrollo, y el control de los sistemas) (Weiner, 1948), y el trabajo de S h a n n o n y Weaver, q u e desa-rrollaba u n a m a t e m á t i c a del intercambio y el flujo de la información (1949).

Al m i s m o t i e m p o , Don Jackson, un psiquiatra, estaba elaborando sus ideas acerca de la homeostasis familiar (1975). E m p e z ó a

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traba-20 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

j a r en estrecha colaboración con el grupo de investigación de Bateson y m á s tarde se incorporó a él. «En la investigación se utilizaron diver-sos tipos de datos: hipnosis, ventriloquia, entrenamiento animal, pelí-culas populares, la naturaleza del fuego, el humor, la esquizofrenia, la c o m u n i c a c i ó n n e u r ó t i c a , la p s i c o t e r a p i a , los s i s t e m a s familiares y la terapia familiar» (Haley, 1963, pág. ix).

A lo largo de los diez a ñ o s q u e d u r ó este proyecto, sus m i e m b r o s consultaron a m e n u d o a Milton Erickson para examinar aspectos de la hipnosis y la terapia, y también en busca de supervisión en sus pro-p i o s casos. R e c i e n t e m e n t e se h a n pro-p u b l i c a d o las t r a n s c r i pro-p c i o n e s de muchas de esas consultas en tres volúmenes compilados p o r Jay Haley (1985).

En 1956 a p a r e c i ó el trabajo clásico y seminal t i t u l a d o Toward a Theory of Schizophrenia, en el que se elaboraba la etiología de la esqui-zofrenia sobre la base de la teoría del doble vínculo (Bateson y otros, 1956).

Don Jackson fundó en 1958 el Mental Research I n s t i t u t e (MRI) en Palo Alto, California, y se le unieron John Weakland, Jay Haley, Jules Riskin, Virginia Satir y Paul Watzlawick. George Greenberg ha escri-to un excelente h o m e n a j e a la influencia y las ideas de Don Jackson (Greenberg, 1977).

En 1963, Haley publicó su brillante obra Strategies of Psychoterapy, que destacaba la naturaleza paradójica de toda terapia y también demos-traba la influencia de Milton Erickson en su pensamiento.

En 1966, Richard Fisch iniciaba en el MRI el proyecto de terapia breve que iba a tener un profundo efecto sobre el desarrollo de los enfo-ques breves/estratégicos.

Dos obras i m p o r t a n t e s vieron la luz en 1967: el trabajo de Haley titulado Toward a Theory of Pathological Systems, que t r a t a b a sobre la influencia de las coaliciones transgeneracionales (el triángulo perver-so) en el desarrollo de la patología (Haley, 1967a), y el libro Pragmatics of Human Communication: A Study of Interactional Patterns, Pathologies, and Paradoxes (Watzlawick, Beavin y Jackson, 1967).

En 1967, Haley p a s ó a la Philadelphia Child Guidance Clinic, don-de se unió a Salvador Minuchin y Braulio Montalvo, interesándose cada vez más por la estructura y la jerarquía. En 1973 se publicó Uncommon Therapy: The Psychiatric Techniques of Milton H. Erickson; allí Haley introdujo la expresión «terapia estratégica» y elaboró sus ideas sobre el enfoque ericksoniano de los problemas que aparecían en las

diver-ENFOQUES BREVES/ESTRATÉGICOS DE LA TERAPIA

21 sas etapas del ciclo vital de la familia. Como observa Lynn Hoffman, este libro representa la culminación de la preocupación inicial de Haley p o r el proceso. Dice esta autora: «Al escribir sobre la terapia estraté-gica, Haley se atiene principalmente al lenguaje de los procesos. Tras su decisión de unirse a Minuchin en Filadelfia... comenzó a restar impor-tancia al empleo de las técnicas hipnóticas y las directivas paradójicas (aunque sin dejar de atribuirles importancia), p a r a concentrarse en un modelo más organizacional de la terapia» (Hoffman, 1981, pág. 280). El paso de Haley del interés en los procesos al interés en la forma resul-ta m u y claro en sus obras ulteriores, Problem Solving Therapy (1976) y Leaving Home: The Therapy of Disturbed Young People (1980b).

En 1971, Mara Selvini Palazzoli, Luigi Boscolo, Gianfranco Cecchin y Giuliana Prata empezaron a trabajar juntos en Milán y en 1974 publi-caron un artículo, The Treatment of Children Through the Brief Therapy o Their Parents. Aunque algunos autores presentaban su enfoque como breve/estratégico (Stanton, 1981), Hoffman ha observado que «los aso-ciados de Milán, a u n q u e influidos por el grupo de Palo Alto, evolu-cionaron en u n a dirección totalmente diferente, c r e a n d o u n a forma singular y lo b a s t a n t e distinta como para que se la p u e d a considerar una escuela por derecho propio» (Hoffman, 1981, pág. 285). E s t a m o s de acuerdo con la observación de esta obra, y no incluimos a los aso-ciados de Milán en el c a m p o de los enfoques «breves/estratégicos», si bien reconocemos la brillantez táctica de su trabajo y la influencia que su m o d o de pensar, su preocupación p o r el contexto, el estilo de sus intervenciones y su empleo de las intervenciones «paradójicas» sisté-micas h a n ejercido sobre m u c h o s terapeutas breves/estratégicos.

En 1974, m i e m b r o s del proyecto de terapia breve del M R I publi-c a r o n dos o b r a s i m p o r t a n t e s : el libro Change: Prinpubli-ciples of Problem Formation and Problem Resolution (Watzlawick y otros, 1974) y el ar-tículo «Brief Therapy: Focused Problem Resolution» (Weakland y otros,

1974). Estos trabajos tuvieron un impacto inmediato y espectacular en el campo de la terapia familiar, y contribuyeron de m o d o profundo a la ulterior difusión rápida del interés por los enfoques breves/estraté-gicos. Este grupo ha continuado perfilando sus ideas sobre la terapia en trabajos posteriores, que se concentraron m u c h o m e n o s en elabo-r a elabo-r la teoelabo-ría y m á s en la pelabo-ráctica de la teelabo-rapia belabo-reve c e n t elabo-r a d a en pelabo-ro- pro-blemas (Fisch y otros, 1982).

Otra figura temprana importante es Richard Rabkin, quien demos-tró su estilo singular en Strategic Psychotherapy: Brief and Symptomatic

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22 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

Treatment (1977); allí utiliza como analogía el ajedrez, y divide las eta-pas del tratamiento en apertura, medio juego y final.

DEFINICIONES

Haley definió la terapia estratégica como sigue:

La terapia puede denominarse estratégica si el clínico inicia lo que sucede durante ella y diseña un enfoque particular para cada problema... [El terapeuta] debe identificar los problemas resolubles, establecer metas, diseñar intervenciones para alcanzar esas metas, examinar las respues-tas que recibe para corregir su enfoque y, en última instancia, examinar el resultado de su terapia, a fin de ver si ha sido eficaz. El terapeuta debe ser agudamente sensible y receptivo al paciente y a su campo social, pero él mismo tiene que determinar su modo de proceder (Haley, 1973, pág. 17).

Richard Rabkin diferencia los enfoques estratégicos respecto de las terapias que «buscan s a b i d u r í a e iluminación», definiéndolos como «usualmente breves» e interesados en «cambiar la perspectiva que tie-nen los pacientes de sus problemas y síntomas» (1977, págs. 6-7).

Para describir su enfoque, Weakland y otros prefieren la expresión «terapia breve» a «terapia estratégica» (Weakland y o t r o s , 1974); lo mismo que Peggy P a p p (1983), pero Rabkin considera q u e esa deno-minación «no es lo b a s t a n t e específica» (1977, pág. 7).

Típica del terapeuta breve/estratégico es la evitación de una teoría elaborada de la personalidad o la disfunción, sea en el nivel individual, familiar, o del sistema global. Las formulaciones diagnósticas tienden a representar, en c a d a caso, la visión más simplificada de la evolución y el mantenimiento de los problemas, a fin de permitir el desarrollo de una intervención eficaz. A los terapeutas breves/estratégicos les inte-resa intervenir del m o d o m á s rápido y económico posible; realizan una exploración y una elaboración sostenidas de sus p r o p i a s conductas ó actitudes que t i e n d e n a facilitar al m á x i m o la r e s o l u c i ó n r á p i d a de los problemas.

En los escritos más recientes de Jay Haley y Cloé Madanes, la expre-sión «terapia estratégica» ha pasado a vincularse m u c h o m á s a las preo-cupaciones estructurales/jerárquicas/centradas-en-el-poder que apa-recen en el trabajo de estos autores. En consecuencia, en los capítulos

ENFOQUES BREVES/ESTRATÉGICOS DE LA TERAPIA 23

siguientes e m p l e a r e m o s el término «breve», y no «estratégico», para referirnos a los enfoques, p r i m o r d i a l m e n t e c e n t r a d o s en los proce-sos, que constituyen el interés de la mayor parte de este libro.

La terapia breve se atiene esencialmente a fenómenos observables, es pragmática y se relaciona con la creencia de que los problemas son producidos y mantenidos:

1. por los constructos a través de los cuales se ven las dificultades (Kelly, 1955), y

2. por las secuencias conductuales repetitivas (personales e inter-personales) que rodean a tales constructos; estas secuencias, del de luego, pueden incluir los constructos y los aportes de los tera-peutas.

LOS DOS ENFOQUES PRINCIPALES

Aunque en todos los casos hay acuerdo acerca de la importancia de identificar las secuencias conductuales repetitivas, los enfoques bre-ves/estratégicos p u e d e n dividirse en dos grupos principales, según el m o d o en q u e tiende a utilizarse la información:

A. Los enfoques (que definiremos como terapias estratégicas) inte-resados en el m o d o en que las secuencias repetitivas revelan y reflejan la forma. Por lo general, se considera que los síntomas cumplen u n a función en la familia y aportan información meta-fórica s o b r e la disfunción jerárquica (Haley, 1976; M a d a n e s , 1981a, 1984; P a p p , 1983). Se observan las secuencias p a r a tra-zar el m a p a de la organización familiar.

B. Los enfoques (que definiremos como terapias breves) p a r a los cuales el análisis de las ideas y de las secuencias repetitivas que r o d e a n a los s í n t o m a s constituye un nivel de explicación sufi-ciente; se consideran innecesarias las inferencias sobre su pro-pósito, su función, o la estructura familiar (Cade, 1985; de Shazer,

1982, 1985, 1988; Fisch y otros, 1982; OHanlon, 1982; O H a n l o n y Weiner-Davis, 1989; Weakland y otros, 1974). Las secuencias se observan p a r a identificar pautas de p e n s a m i e n t o y conduc-tas q u e se autorrefuerzan.

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24 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

Los enfoques interesados en la forma y la función

El enfoque de Haley, tal como aparece apuntado en Problem Solving Tlierapy (1976), se basa en la creencia de que los síntomas son signos de un sistema en el cual el ordenamiento jerárquico es constantemen-te ambiguo o bien involucra coaliciones reiconstantemen-teradas que cruzan los lími-tes generacionales u organizacionales. Esa ambigüedad o confusión se cartografía observando los modos repetitivos en que los m i e m b r o s del sistema se tratan entre sí, particularmente con respecto a la conducta-problema. Por ejemplo, un progenitor podría sentirse exasperado p o r un hijo, expresar cólera o desesperación y pedir ayuda, pero proteger c o n t i n u a m e n t e al jovencito de los intentos del cónyuge t e n d e n t e s a imponer disciplina. En o t r o caso posible, un abuelo actúa constante-mente en connivencia con un nieto contra sus padres, o lo protege de ellos, y de tal modo socava los esfuerzos de estos progenitores por alen-tar o dar vigencia a lo q u e consideran conductas a p r o p i a d a s . Al mis-mo tiempo, ese abuelo o abuela quizá culpe de las c o n d u c t a s pertur-badoras del niño a la incompetencia o indiferencia de los padres. Los problemas tienden a ser m á s graves cuando la confusión jerárquica es encubierta y/o d e s m e d i d a . Desde esta perspectiva, la terapia supone c a m b i a r esas secuencias, de m o d o tal que se corrija la j e r a r q u í a y se reduzca la ambigüedad o confusión.

Madanes comenta:

Se espera que los progenitores estén a cargo de sus hijos, y las coa-liciones transgresionales, como la de un progenitor que toma partido por un niño contra el otro progenitor, estén bloqueadas. Hay también una preocupación cautelosa por el lugar del terapeuta..., de modo que él o ella no forme coaliciones inadvertidas con los miembros que ocupan posiciones inferiores en la jerarquía, contra los que están en niveles más altos (Madanes, 1981b, pág. 22).

Los síntomas se consideran una comunicación metafórica sobre un p r o b l e m a m á s i m p o r t a n t e , y t a m b i é n u n a solución disfuncional dé ese problema. Se los a n a l i z a c o m o contratos e n t r e p e r s o n a s o c o m o tácticas en las luchas de poder. Dice Madanes:

En el caso de un hombre deprimido que no hace su trabajo, se supon-dría que éste es el modo en que ese hombre y su esposa (y/o su madre) su padre, sus hijos y otras personas) se comunican acerca de ciertas

cues-ENFOQUES BREVES/ESTRATÉGICOS DE LA TERAPIA 2S

tiones específicas, como la de si la esposa aprecia a su marido y el tra-bajo que éste desempeña, o si el esposo tiene que hacer lo que quieren la mujer o la madre, etcétera. Es posible que la pareja se vuelva inestable en torno al problema presentado, y que entonces un hijo tenga que desa-rrollar un síntoma que obligue al padre a participar activamente en su cuidado, en lugar de mantenerse deprimido o incompetente (Madanes,

1981b, pág. 21).

De modo que, para este enfoque, los síntomas tienen funciones de protección o estabilización. Papp habla de tener presentes interrogan-tes como «¿Qué función cumple este síntoma en la estabilización de la familia?», y «¿Cuál es el tema central en torno al que está centrado el problema?». Esta autora habla de cambios en el ciclo vital de la fami-lia que activan «conflictos dormidos, y esos conflictos, en lugar de resol-verse, se expresan a través de un síntoma» (Papp, 1983, págs. 18-19). Se considera que el propósito del síntoma es defender a la familia de los cambios o, alternativamente, ayudar a negociarlos, forzando a la familia a reorganizarse.

Los enfoques que se centran en el proceso y los circuitos de feedback

El modelo de terapia breve del MRI se basa en la creencia de que los p r o b l e m a s se originan y son mantenidos por el m o d o en que un cliente o las otras personas involucradas perciben y a b o r d a n las difi-cultades normales de la vida. Las soluciones intentadas, q u e derivan de un cierto marco de creencias aplicado a la dificultad, quizá no gene-ren ningún cambio o incluso exacerben el problema. Dicho problema se agrava mientras se aplican de modo repetido y creciente soluciones, o aparentes soluciones, del tipo «más de lo mismo», q u e llevan a «más del mismo» problema, lo cual, a su vez, genera «más de las mismas» soluciones intentadas, y así sucesivamente... (Watzlawick y otros, 1974). Se entiende q u e lo que mantiene los problemas es la aplicación conti-nuada de esos intentos de solución, «erróneos» o frustrados, que enton-ces se convierten en el problema en sí. Desde luego, el m i s m o fenómeno puede producirse en la terapia, cuando «más del mismo» enfoque tera-péutico o «más de las mismas» técnicas derivadas de un cierto marco o modelo generan «más del mismo» problema, etcétera, etcétera... Una reacción insuficiente a u n a dificultad, o su n e g a c i ó n , p u e d e n

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tam-26 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

bién constituir «soluciones intentadas» capaces de p e r p e t u a r esa difi-cultad y convertirla en un problema.

La aplicación repetida de soluciones «erróneas» o desafortunadas conlleva así la dificultad en u n a p a u t a de autorrefuerzo q u e mantiene el statu quo. Por ejemplo, los m i e m b r o s de The Brief Therapy Center describen como sigue la p a u t a c o m ú n que se desarrolla entre una per-sona deprimida y sus íntimos:

Cuanto más intentan animarlo y hacerle ver los aspectos positivos de la vida, probablemente más se deprimirá el paciente: «Ellos ni siquie-ra me comprenden». La acción destinada a aliviar la conducta del otro, en parte la agrava; la «cura» es peor que la «enfermedad» original. Lamentablemente, los involucrados, por lo general, no advierten este hecho, e incluso se niegan a creerlo si cualquier otro intenta señalárse-lo (Weakland y otros, 1974, pág. 149).

Un progenitor que trata de controlar a un adolescente lo impulsa a realizar más actos de rebeldía, que provocarán m á s intentos de con-trol, v así sucesivamente. Un i n s o m n e se esfuerza c a d a vez con más empeño en dormir, fenómeno éste que sólo puede producirse de modo espontáneo; ese esfuerzo frenético por dormir se convierte en la razón misma de que el sueño le resulte t a n elusivo. En este enfoque, la cro-nicidad es vista como persistencia de una dificultad repetidamente mal manejada. No se extraen inferencias sobre disfunciones individuales o familiares subyacentes. Al s í n t o m a no se le atribuye n i n g ú n propósi-to o función. No se considera que sean necesarios o útiles conceppropósi-tos tales como los de h o m e o s t a s i s , e n f e r m e d a d m e n t a l o ventaja inter-personal de los síntomas.

Fisch y otros c o m e n t a n :

Las personas suelen persistir en acciones que inadvertidamente man-tienen los problemas, y a menudo lo hacen con la mejor de las inten-ciones.. Se atienen con mucho cuidado a mapas mal trazados, lo cual es de esperar en personas comprensiblemente angustiadas en medio de dificultades. La creencia en tales mapas también hace difícil que se vea que no sirven como guías eficaces... (1982, págs. 16-18).

En este enfoque, la terapia se centra en las «soluciones intentadas», en detener c incluso invertir el tratamiento usual que ha servido para exacerbar la situación, por m á s lógico que ese tratamiento parezca. El

ENFOQUES BREVES/ESTRATÉGICOS DE LA TERAPIA 27

supuesto de base es que, una vez bloqueado el circuito de realimenta-ción que mantiene el problema, se tiene acceso a u n a m a y o r gama de conductas.

En contraste con la sabiduría convencional, según la cual «si no tie-nes éxito la primera vez, sigue intentándolo», Fisch y otros recomien-dan que, «si no tienes éxito la primera vez, puedes intentarlo u n a segun-da, pero si vuelves a fracasar, intenta algo diferente» (pág. 18). Ellos resumen su enfoque como sigue:

Si la formación y el mantenimiento del problema se ven como par-tes de un círculo vicioso, en el cual la bienintencionada conducta-solu-ción mantiene el problema, entonces alterar esa conducta debe inte-rrumpir el ciclo e iniciar la resolución, es decir, la cesación de la con-ducta-problema, puesto que ya no es provocada por otras conductas del sistema de interacción (1982, pág. 18).

Entonces «menos de lo mismo» puede llevar a «menos de lo mis-mo», y así sucesivamente.

INTERVENCIÓN TERAPÉUTICA

Aunque los distintos enfoques breves/estratégicos se basan en algu-nos supuestos diferentes, hay muchos modos de intervención comu-nes a todos los terapeutas breves. Está implícito en lo que ya h e m o s dicho que los terapeutas breves se identifican más p o r el m o d o en que actúan que p o r sus formulaciones teóricas. Milton E r i c k s o n parecía trabajar m á s a p a r t i r de u n a teoría implícita de la i n t e r v e n c i ó n que basándose en u n a teoría de la personalidad o de la disfunción clara-mente articulada. Lankton y Lankton han confeccionado u n a lista de los principios q u e s u s t e n t a n el enfoque idiosincrásico de Erickson. Éstos pueden verse como implícitos en el trabajo de la mayoría de los terapeutas breves.

1. Las personas actúan sobre la base de sus mapas internos, y no de su experiencia sensorial.

2. Las personas realizan la mejor elección para ellas en cualquier momen-to dado.

3. La explicación, la teoría o la metáfora utilizadas para relacionar hechos concernientes a una persona no son la persona.

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28 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

4. Respeta todos los mensajes del cliente. 5. Enseña a elegir; nunca excluyas la elección.

6. Los recursos que el cliente necesita están en su propia historia personal. 7. Encuéntrate con el cliente en su propio modelo del mundo.

8. La persona con la mayor flexibilidad o posibilidad de elección será el elemento que controle el sistema.

9. Una persona no puede no comunicar. 10. Si es trabajo duro, divídelo en partes.

11. Los resultados se determinan en el nivel psicológico (Lankton y Lankton, 1983, pág. 12).

El genio de Erickson p a r a construir intervenciones singulares y a menudo brillantes se ha hecho legendario. En nuestra opinión, no menos i m p o r t a n t e era el p r o f u n d o respeto que tenía p o r sus pacientes, p o r sus creencias, por su capacidad para cambiar a pesar de sus problemas agudos o crónicos, y la preocupación por proteger su integridad.

La terapia apunta hacia todos o algunos de los objetivos siguientes: A. Modificar los marcos de creencias o constructos del cliente

(indi-viduo o familia) q u e se p u e d e n considerar relacionados con el m o d o en que se perciben, encaran y mantienen las dificultades. B. Modificar las s e n t e n c i a s repetitivas que rodean el p r o b l e m a ,

derivadas de aquellos marcos.

C. Modificar las posiciones y enfoques del terapeuta que se vuelvan partes de un p a t r ó n que se autorrefuerza entre el terapeuta y el cliente.

D. Modificar la relación del cliente (y quizá del terapeuta) con los s i s t e m a s globales de la familia, el vecindario o la profesión.

Las pautas como hábitos

El enfoque breve a s u m e el supuesto de que las personas hacen lo mejor que está a su alcance en vista de las situaciones y las restriccio-nes de los constructos (Kelly, 1955) a través de los cuales h a n llegado a ver sus dificultades (véase el capítulo 2). No se supone que los sín-tomas reflejen hipotéticos problemas subyacentes irresueltos. El enfo-q u e no se b a s a en un m o d e l o de déficit. La o p i n i ó n de los a u t o r e s es que la mayoría de los problemas están insertados en hábitos de reac-ción y respuesta, no n e c e s a r i a m e n t e m á s complejos q u e , p o r

ejem-ENFOQUES BREVES/ESTRATÉGICOS DE LA TERAPIA

29

plo, el hábito de fumar o de comerse las uñas, a u n q u e s u s ramifica-ciones p u e d e n tener c o n s e c u e n c i a s de m u c h o m a y o r a l c a n c e . Y así c o m o u n a persona puede e m p e z a r a fumar m u c h o c o m o respuesta a un período particularmente tenso de su vida, y después le resulte difí-cil r o m p e r el h á b i t o a u n q u e ese período de tensión h a y a c o n c l u i d o m u c h o tiempo antes, del m i s m o modo, decimos, las reacciones y res-puestas emocionales y conductuales habituales que se convierten en partes de los contextos-problema pueden verse como hábitos que sobre-viven m u c h o tiempo a los estímulos originales que los h a n desencade-nado. Igual que muchos hábitos, éstos suelen ser difíciles de romper, debido a los ciclos de autorrefuerzo en los que q u e d a n a t r a p a d o s . A nuestro juicio, no es necesario inferir un sustrato m á s fundamental y profundo de cuestiones irresueltas, motivaciones inconscientes, resis-tencias, etcétera.

Etapas de la vida

Los terapeutas a los q u e les interesa la forma c o n s i d e r a n los sín-tomas como indicación de que una familia no está pasando de u n a eta-pa a la siguiente del ciclo vital familiar con éxito. Se supone que la tera-pia ayuda a las familias a negociar esa transición y a reorganizarse ade-cuadamente para la etapa siguiente. Pueden ser especialmente difíci-les las etapas en las que alguien se suma al sistema o desaparece de él —por ejemplo por nacimiento, divorcio, muerte, y cuando los hijos cre-cen y empiezan a irse del h o g a r (Haley, 1973, 1980b).

Para los terapeutas a los que les interesa el proceso, esos p u n t o s de transición también son importantes. Fisch y otros c o m e n t a n :

Los problemas comienzan en alguna dificultad ordinaria de la vida, de las que nunca faltan. Esa dificultad puede provenir de un aconteci-miento inusual o fortuito. Pero, las más de las veces, es probable que el origen sea una dificultad común asociada con una de las transiciones que se experimentan regularmente en el curso de la vida (1982, pág. 13). El proceso que lleva a ver la situación de d e t e r m i n a d a m a n e r a , y a manejarla mal inadvertidamente, por medio de la aplicación reite-r a d a de soluciones desaforeite-rtunadas, puede convereite-rtireite-r m u y p reite-r o n t o una dificultad en un problema «cuya dimensión y naturaleza finales qui-zá tengan poca relación aparente con el obstáculo original» (pág. 14).

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30 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

Cambio, ¿en qué?

Ya hemos indicado que todos los enfoques breves/estratégicos, sea que se interesen en el proceso o en la forma, consideran que el cambio surge de la ruptura de las pautas de pensamiento y acción, de la inte-rrupción de las secuencias que se repiten.

También interesa directamente el problema presentado, aunque las distintas opiniones sobre lo que ese problema refleja o representa pue-den diferir mucho. Como observa Haley,

... al concentrarse en los síntomas, el terapeuta obtiene el mayor poder y la mejor oportunidad para generar cambios. Lo que más le interesa al cliente es el problema presentado: cuando el terapeuta trabaja con esto, puede obtener una gran cooperación... La meta no es proporcio-narle a la familia conocimientos sobre su sistema, que funciona mal, sino cambiar las secuencias familiares para que se resuelvan los problemas presentados (1976, pág. 129).

Los terapeutas interesados en el proceso centran su atención en las soluciones intentadas, tratando de bloquearlas o invertirlas. Por ejemplo:

Un hombre pidió ayuda porque cada vez era más incapaz de man-tener la erección. Esto le provocaba un considerable malestar y genera-ba alguna tensión en sus relaciones con su novia. Hubo una entrevista conjunta y el hombre dijo que necesitaba aprender a controlar mejor la conducta de su pene. Como primer paso hacia el aprendizaje de este con-trol, se le pidió a la joven que esa noche intentara todo lo que pudiera para excitar al novio. A él se le indicó que tratara de impedir que su pene entra-ra en erección o permanecieentra-ra erecto. Fentra-racasó (Cade, 1979, pág. 92). Weakland y otros observan:

En general sostenemos que el cambio se puede lograr con más faci-lidad si su meta es razonablemente pequeña y está claramente enun-ciada. En cuanto el paciente ha experimentado un cambio pequeño pero definido en la naturaleza aparentemente monolítica del problema que es más real para él, esa experiencia conduce a más cambios autoindu-cidos en ese ámbito de su vida, y a menudo también en otros. Es decir, se inician círculos benéficos (1974, pág. 150).

ENFOQUES BREVES/ESTRATÉGICOS DE LA TERAPIA

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Los terapeutas interesados en la forma tienden a planificar su tera-pia en etapas y a c o n c e n t r a r s e directamente en la o r g a n i z a c i ó n dis-funcional de la familia. A menudo, como primer paso en el camino a u n a organización disfuncional, conducen a la familia a u n a organiza-ción disfuncional diferente. Por ejemplo, u n a pauta q u e incluye a un progenitor que participa en exceso podría llevar a un p a t r ó n en el cual el otro progenitor, m á s periférico, deba t o m a r t o d a s las decisiones importantes sobre los hijos. Ése sería el paso inicial, antes de que ambos padres pasen a a c t u a r juntos con mayor eficacia. Los e n c a r g o s asig-nados a las familias con respecto a este tipo de m e t a s t i e n d e n a con-trolarse con algún vigor en las sesiones ulteriores.

Los terapeutas interesados en el proceso, a u n q u e p i e n s a n m u c h o la planificación de las intervenciones, no operan desde u n a posición normativa que fije de a n t e m a n o una organización obligada y, p o r lo tanto, tienden a tomar cada sesión tal como viene. Si la familia no cum-ple con un encargo, el terapeuta tiende a considerar q u e se trata de un error de cálculo suyo, m á s bien que de resistencia del cliente (indivi-duo o familia).

Directivas

Los enfoques breves/estratégicos son a menudo directivos, en cuan-to al cliente o a la familia se le dan ideas o incluso instrucciones sobre cómo comportarse en determinadas situaciones. A veces, las directivas requieren cambios específicos en las conductas, y otras, q u e los cam-bios sean evitados o pospuestos. Los terapeutas interesados en el pro-ceso tienden a concentrarse en directivas que se d e b e n llevar a cabo entre sesiones; utilizan la entrevista para reunir información y desa-rrollar el tipo de rapport necesario para una relación respetuosa y coo-perativa. Los terapeutas interesados en la forma t a m b i é n d a n directi-vas para el tiempo entre sesiones, pero también en las entrevistas se le suele indicar a la familia que haga algo diferente de lo h a b i t u a l . Por ejemplo, a un progenitor se le pide que controle en ese m i s m o momen-to a un niño destructivo, mientras el terapeuta bloquea cualquier in-tento de intromisión del abuelo o la abuela, o de otro de los hijos. La sesión sirve p a r a ensayar los cambios que la familia t e n d r á que reali-zar en el h o g a r . E s t a s sesiones a veces se vuelven m u y d r a m á t i c a s .

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32 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

El enfoque supone que toda terapia es directiva y que el terapeuta no puede evitar serlo, puesto que incluso son directivos los temas que escoge comentar y su tono de voz (1981b, pág. 23).

Por lo tanto, el terapeuta debe adquirir la habilidad de influir sobre las personas y llevar al m á x i m o la probabilidad de que las directivas sean aceptadas o realizadas. Cade ha observado:

Lo típico es que el terapeuta no considere la motivación simplemente como algo que existe en los miembros de la familia [sino como] una fun-ción del intercambio entre la familia y el terapeuta. Lo más útil es ver la falta de motivación como una respuesta a la respuesta del terapeuta a la familia (1980b, pág. 95).

También es importante considerar cómo hay que responder al modo en que las personas a b o r d a n las directivas. ¿Las han seguido, modifi-cado, ignorado u olvidado? ¿Se h a n opuesto a ellas? Para determinar el próximo paso, el terapeuta debe guiarse por ese feedback. Por ejem-plo, si las directivas se siguieron tal c o m o se pidió, lo indicado podría ser d a r más directivas del m i s m o tipo; si h u b o oposición, lo indicado serían directivas «paradójicas». Si las directivas son olvidadas o igno-r a d a s , el teigno-rapeuta debe c o n s i d e igno-r a igno-r c u i d a d o s a m e n t e su pigno-ropia posi-ción. A menudo estará m á s motivado p a r a el cambio que el cliente o la familia, y debe prepararse para adoptar u n a posición subordinada m á s cauta y respetuosa.

También típica de la mayoría de los terapeutas breves/estratégicos es la creencia de que, en c u a n t o a los significados que es posible atri-buir a los hechos, no existe n i n g u n a realidad absoluta, sino sólo cons-tructos (Kelly, 1955) o «mapas mentales» p o r medio de los cuales las personas dan sentido a su experiencia, y que gobiernan sus reacciones, sus respuestas y lo que p i e n s a n s o b r e tales experiencias. Estos tera-peutas parten del supuesto de que si se p u e d e cuestionar y modificar u n a m a n e r a de ver el m u n d o , t a m b i é n es posible cambiar el significa-do y sus consecuencias experienciales y conductuales. E s t a creencia ha llevado a atribuir i m p o r t a n c i a al empleo del r e e n m a r c a d o y el re-etiquetado.

Los terapeutas breves/estratégicos también hacen un u s o conside-rable del arte de comunicarse p o r medio de analogías. Para facilitar la terapia se utilizan anécdotas, parábolas, relatos y cuentos

humorísti-ENFOQUES BREVES/ESTRATÉGICOS DE LA TERAPIA 33

cos. En capítulos ulteriores consideraremos más detalladamente estos aspectos, así c o m o el desarrollo reciente de los enfoques c e n t r a d o s en el futuro o la solución, que se basan en lo que los individuos ya están haciendo y les da resultado (Berg y Miller, 1992; de Shazer, 1985, 1988; de Shazer y otros, 1986; Dolan, 1991; Furman y Ahola, 1992; O'Hanlon y Martin, 1992; O'Hanlon y Weiner-Davis, 1989; Walter y Peller, 1992; White y Epston, 1990).

ENTRENAMIENTO

Los puntales teóricos básicos de las terapias breves/estratégicas son relativamente fáciles de aprender, lo mismo que m u c h a s de las habilidades básicas p a r a la intervención. No obstante, el e m p l e o r e s p e -tuoso, creativo y eficaz del enfoque resulta extremadamente difícil de a d q u i r i r e integra u n a parte m u y importante del resto de la vida del terapeuta.

Haley a p u n t a varios criterios p a r a la selección y el e n t r e n a m i e n -to. Son los siguientes:

1. Sugiere que, como el enfoque «subraya los problemas del m u n -do real, lo mejor es escoger estudiantes con e x p e r i e n c i a de ese m u n d o » . Él prefiere estudiantes m a d u r o s con hijos, y no personas jóvenes.

2 . E l e s t u d i a n t e debe t e n e r t a n t o inteligencia c o m o u n a g a m a amplia de conductas: capacidad para ser «autoritario, a veces juguetón, a veces presumido, a veces severo y serio, a veces de-samparado, y así sucesivamente».

3. Se debe evitar el aprendizaje de varios enfoques a la vez. 4. Idealmente, el estudiante debe aprender haciendo terapia y

guia-do desde el principio p o r un supervisor con e x p e r i e n c i a q u e emplee técnicas de supervisión en vivo. La r e p r e s e n t a c i ó n de roles con ensayo de técnicas específicas p u e d e s e r útil a n t e s de ponerlas a prueba con un cliente (individuo o familia). 5. El aprendizaje en grupo optimiza las oportunidades de

apren-dizaje, p o r el m a y o r n ú m e r o de casos que se ven, la g a m a de ideas a las que se tiene acceso y el apoyo de los pares.

6. Debe acentuarse m á s la práctica que la teoría; m á s q u e discu-tir la terapia, hay que observar y presentar sesiones de terapia. 7. El e n t r e n a m i e n t o debe concentrarse en lo que h a y q u e h a c e r

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34 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

con las cuestiones q u e surgen en el trabajo presente del estu-diante. De esta m a n e r a , él se sentirá motivado p a r a aprender. 8. El supervisor debe e n s e ñ a r al estudiante a ser directivo y

motivar. (A n u e s t r o j u i c i o , p a r a d ó j i c a m e n t e , t a m b i é n es i m p o r -tante aprender a ser directivo para poder optar p o r ser no direc-tivo.)

9. La terapia debe orientarse hacia problemas y soluciones m á s bien que hacia métodos, y hay que escoger casos en los que sea posible brindar o p o r t u n i d a d e s de aprendizaje sobre los temas específicos en que los e s t u d i a n t e s individuales están encon-trando dificultades.

10. Se le debe requerir al estudiante que controle el resultado de su trabajo y a p r e n d a a realizar seguimientos.

11. El contexto del entrenamiento debe respaldar el enfoque y el esti-lo de la formación, a d e m á s de contar con el equipamiento téc-nico apropiado —por ejemplo, espejos falsos, videograbación y/o facilidades para realizarla (Haley, 1976, págs. 179-194).

CONCLUSIÓN

El c a m p o de la terapia breve/estratégica se ha estado expandien-do rápidamente, y las técnicas h a n proliferaexpandien-do de tal m o d o que es casi imposible hacer justicia a su riqueza y diversidad. Esta visión general ha procurado identificar los principales temas y desarrollos.

Los enfoques breves/estratégicos parecen tener u n a aplicabilidad muy amplia. Madanes observa que, «puesto que en la terapia estraté-gica se diseña un plan terapéutico específico p a r a cada problema, no hay ninguna contraindicación en c u a n t o a la selección de los pacien-tes y la adecuabilidad» ( M a d a n e s , 1981b, pág. 27). S t a n t o n e n u m e r a u n a vasta gama de desórdenes q u e h a n sido eficazmente tratados con estos enfoques, desde dificultades conductuales directas, delincuencia, problemas matrimoniales, h a s t a t r a s t o r n o s m á s serios, neuróticos y psicóticos (1981, págs. 368369). E s t e a u t o r dice que «no es t a n p r o -bable que los terapeutas estratégicos r e c h a c e n tipos p a r t i c u l a r e s de familias-problema, c o m o que e l u d a n situaciones en las que el contex-to no permite ejercer m á s q u e p o c a o ninguna influencia» (pág. 369).

Stanton sostiene que «los investigadores de la terapia estratégica han sido más activos que los de o t r o s enfoques de la terapia familiar

ENFOQUES BREVES/ESTRATÉGICOS DE LA TERAPIA 35

en lo que concierne al estudio controlado o comparativo de los resul-tados» (pág. 369). Ha llamado, sobre todo, la atención acerca del tra-bajo de Parsons y Alexander, al confrontar un enfoque estratégico con otros tres enfoques del tratamiento de la delincuencia, d e m o s t r a n d o que el primero es notoriamente más eficaz (Parsons y Alexander, 1973). Para poner fin a este capítulo con una nota más cauta, diremos que m u c h o s terapeutas jóvenes, recién formados, se sienten atraídos por la excitación y la promesa de los enfoques breves/estratégicos y por la «brujería» demostrada en talleres o en la literatura. Asimismo, como señala Greenberg, «se supone que, como la terapia es breve, es senci-lla de realizar». Greenberg añade:

Terapeutas recién llegados a la perspectiva se suelen familiarizar con la literatura e intentan precipitadamente aplicar los principios y técni-cas breves, sin la particular información necesaria para la evaluación y el tratamiento. El equipo de novicios también tiende a intentar «inter-venciones de libro de cocina», basadas, sobre todo, en las descripcio-nes de la literatura... (Greenberg, 1980, pág. 320).

A menudo los principiantes se concentran excesivamente en la téc-nica, en idear intervenciones «astutas», prestando una atención insu-ficiente al respeto, la comprensión y la validación. En cierta medida, éste podría ser también el defecto de quienes escriben sobre los enfo-ques breves/estratégicos (entre ellos nosotros mismos), que a veces han prestado una atención excesiva a las técnicas de intervención, subes-t i m a n d o la i m p o r subes-t a n c i a de las acsubes-tisubes-tudes y valores básicos, de la pru-dencia, la integridad y la contención, dando por sentado que el lector ya valoraba de p o r sí estas cualidades. Los terapeutas breves/estraté-gicos tampoco h a n sabido describir el trabajo básico, paciente, peno-so y a m e n u d o agotador, que suele preceder a las intervenciones «bri-llantes», ni los m u c h o s casos en los que los c a m b i o s significativos son generados p o r u n a labor constante y competente, y no p o r «fuegos de artificio». La sabiduría no se desarrolla de la n o c h e a la m a ñ a n a ni p u e d e a p r e n d e r s e en un taller, p o r mejor c o n d u c i d o q u e esté. Se desarrolla a lo largo de años rigurosos de ensayo y error.

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2. ¿QUÉ ES LO QUE SUCEDE ENTRE OREJA Y OREJA?

Un universo adquiere ser cuando se divide o fragmenta un espacio. La piel de un organismo vivo separa un exterior de un interior. Lo mismo hace el perímetro de un círculo en un pla-no. Rastreando el modo en que representamos esa separación, podemos comenzar a reconstruir, con una precisión y un alcance que parecen casi sobrenaturales, las formas básicas que subyacen en nuestra ciencia lingüística, matemática, física y biológica, y también empezar a ver de qué modo las leyes familiares de nues-tra propia experiencia se desprenden inexorablemente del acto ini-cial de separación.

SPENCER-BROWN (1979, pág. xxix) ...ninguna de nuestras explicaciones puede ser verdadera... en cierto sentido no hay ninguna verdad final accesible a nosotros, por la sencilla razón de que hemos realizado un corte en el Universo, a fin de realizar el experimento. Tenemos que decidir qué es lo pertinente y qué es lo no pertinente.

BRONOWSKI(1978, pág. 69)

...sin sus invenciones, tanto teóricas como instrumentales, el hombre estaría al mismo tiempo desorientado y ciego. No sabría qué mirar o cómo ver.

KELLY (1969, pág. 94)

El más profundo de los sentimientos es que tiene que haber algo más.

HARRISON (1986, pág. 2)

E n los últimos años s e h a expresado u n a preocupación creciente p o r q u e los t e r a p e u t a s breves h a b i t u a l m e n t e d e m u e s t r a n e s t a r p o c o interesados en lo que sucede entre oreja y oreja. La analogía de la «caja negra» ha s i d o criticada p o r q u e ignora las experiencias vividas p o r el cliente, q u e constituyen un factor motivante significativo del m o d o en

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38 GUÍA BREVE DE TERAPIA BREVE

que responde a su mundo, y u n a componente crucial de su sentido con-tinuo del sí mismo (Duncan, 1992). Es cierto que los terapeutas breves están, por lo general, m á s interesados en los fenómenos observables. En lo esencial, coincidimos en c u a n t o a la importancia de concentrarse en lo observable y de reducir al m í n i m o las inferencias y los supuestos cuando se trata de comprender la conducta humana. No obstante, tene-m o s cerebro, y no cabe d u d a de que en él sucede algo. Con un tene-m í n i tene-m o de s u p u e s t o s , queremos p r e s e n t a r b r e v e m e n t e algunos m a r c o s rela-cionados (por lo menos, relarela-cionados en nuestras mentes). Los h e m o s e n c o n t r a d o útiles al considerar el m o d o en que las personas dan sen-tido a su m u n d o y discriminan p a r a sí m i s m a s las «realidades» únicas con las que cada uno vive y responde, t a n t o conductual como afectiva-mente.

I.A O P E R A C I Ó N BÁSICA

El bloque constructivo de toda vida que no se encuentre en el nivel más primitivo (las amebas, ciertos políticos, etc.), es la célula

nervio-sa, que opera siguiendo estrictamente un principio de «todo o nada»: emite una descarga o no lo hace. Una distinción más básica: está ENCEN-DIDA o APAGADA. La decisión de cada célula de transmitir o no se b a s a en su particular y constante u m b r a l de excitabilidad; no puede c o m u -nicar información de ninguna otra m a n e r a que no sea con la frecuen-cia con que se descarga (por ejemplo, no p u e d e recurrir a variar la in-tensidad de sus respuestas). El proceso de la evolución hacia formas superiores de f u n c i o n a m i e n t o se b a s a p r i m o r d i a l m e n t e en «tender» conexiones sinápticas cada vez m á s ricas y variadas entre un crecien-te n ú m e r o de células nerviosas b á s i c a s , c a d a u n a de las cuales sólo sigue siendo capaz de indicar dos estados posibles.

Spencer-Brown dice q u e la operación básica es trazar u n a distin-ción que, una vez establecida, crea dos espacios o estados, separados por un límite y susceptibles de marcarse (nombrarse) (Spencer-Brown, 1979, pag.1). El hecho de q u e esta o p e r a c i ó n se realice implica q u e existió primero una distinción entre el observador y el campo de obser-vación. Sea cual fuere el i m p u l s o a t r a z a r u n a distinción, ésta deter-minará qué lado del límite será el m á s significativo, de m o d o q u e el otro se convierte en lo que no es el p r i m e r o .

Está claro que, cuanto más primitiva es u n a forma de vida, m e n o s

¿QUÉ ES LO QUE SUCEDE ENTRE OREJA Y OREJA? 39

distinciones necesitará p a r a funcionar dentro de los p a r á m e t r o s defi-nidos por su forma: distinciones, por ejemplo, entre lo caliente y lo no c a l i e n t e , lo frío y lo no frío, lo o s c u r o y lo no o s c u r o , la l u z y la no luz, lo h ú m e d o y lo no húmedo, lo seco y lo no seco, lo comestible y lo no comestible, lo seguro y lo no seguro, lo peligroso y lo no peligro-so, etcétera. Cuanto m á s compleja sea la forma de vida, m a y o r será la cantidad y variedad de las distinciones que podrá trazar. C u a n t o m á s complejos sean el aparato sensorial y el sistema nervioso, m á s sutiles y variadas serán las distinciones que esa forma de vida sabrá establecer. Sin duda, es posible trazar distinciones dentro de las distinciones. Por ejemplo, la respuesta de un organismo que traza la distinción entre lo c o m e s t i b l e y lo no c o m e s t i b l e se verá afectada p o r la d i s t i n c i ó n que ese m i s m o organismo establece entre lo cercano y lo no cercano, entre estar cansado y no cansado, o tener hambre y no tener h a m b r e . Las distinciones que definen el grado de urgencia e intensidad con que se ven o t r a s distinciones p u e d e n llevar a organizarías en u n a varie-dad d e o r d e n a m i e n t o s jerárquicos. Por ejemplo, u n h a m b r e i n t e n s a podría impulsar a un animal cansado a perseguir algo no cercano pero comestible. A la inversa, un cansancio intenso puede d e t e r m i n a r que u n a n i m a l h a m b r i e n t o pase p o r alto algo comestible p e r o n o cerca-no. Algo cercano y comestible podría no suscitar ninguna respuesta en un animal que no está cansado p e r o tampoco tiene h a m b r e . Aunque éstos son ejemplos un t a n t o simplificados, a través de ellos p u e d e ver-se que, incluso c u a n d o la gama de distinciones es m í n i m a , ver-se vuelve posible un g r a d o considerable de complejidad en la e x p e r i e n c i a del organismo y en sus respuestas al medio.

El t a m a ñ o y la capacidad del cerebro h u m a n o , la complejidad de n u e s t r o a p a r a t o sensorial y nuestro sistema nervioso, y n u e s t r a apti-t u d p a r a el p e n s a m i e n apti-t o a b s apti-t r a c apti-t o , d e apti-t e r m i n a n que la g a m a y com-plejidad jerárquica de las distinciones que podemos trazar resulte prác-ticamente infinita.

A pesar de los intentos de los sociobiólogos de explicar en t o d o lo posible n u e s t r a conducta como d e t e r m i n a d a genéticamente, se diría que se la p u e d e considerar basada en la «conexión» de relativamente sólo unos pocos rasgos básicos. Nuestra dotación genética parece impul-s a r n o impul-s a comer, a defendernoimpul-s, a h u i r cuando eimpul-s neceimpul-sario, a reunir-n o s ereunir-n a g r u p a m i e reunir-n t o s sociales, a reproducirreunir-nos y a c u i d a r a reunir-n u e s t r a prole. También parecemos dispuestos a reír, a m e n u d o en relación con el ejercicio de nuestra curiosidad casi insaciable por la n a t u r a l e z a de

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lo q u e n o s r o d e a , con su interminable provisión de enigmas. En este sentido no s o m o s m u y diferentes de los chimpancés, que pueden des-cribirse d e u n m o d o m u y p a r e c i d o . L o distinto e s que, con n u e s t r o s cerebros m á s grandes, según Chomsky, t e n e m o s también una red de conexiones p a r a el desarrollo del lenguaje simbólico, y a través del len-guaje h e m o s p o d i d o comprender y articular u n a multitud de m u n d o s , q u e van d e s d e el básico y m á s práctico h a s t a el m á s abstracto y meta-físico (Chomsky, 1972, 1975).

Las distinciones que trazamos y los significados que atribuimos se articulan, interpretan y reinterpretan a través de la riqueza del lenguaje simbólico en el proceso evolutivo continuado de construcción de nues-tras «realidades». Lo h a c e m o s p o r m e d i o de diálogos internos e inter-personales. Como observan Goolishian y Anderson,

...en el sentido hermenéutico, los seres humanos construyen mun-dos porque participan en el lenguaje, en las prácticas sociales, en las ins-tituciones, y en otras formas de acción simbólica. Estas acciones socia-les presuponen, exijen y recompensan las mismas construcciones del mundo y el sí mismo corrientes en esa participación (1992, pág. 11).

L O S CONSTRUCTOS PERSONALES

E l p s i c ó l o g o George Kelly p r o p u s o u n m a r c o p a r a l a c o m p r e n -sión de la c o n d u c t a h u m a n a , b a s a d o p r i n c i p a l m e n t e en el estableci-miento de distinciones (Kelly, 1955). A nuestro juicio, este marco pare-ce p o s t u l a r un p r o c e s o básico semejante a la «operación básica» de Spencer-Brown, y también sigue el principio de economía de Guillermo de O c c a m en c u a n t o a la formulación de hipótesis. Describiendo la a p o r t a c i ó n de Kelly a las diversas teorías de la personalidad, Schultz comenta:

Es poco lo que la teoría de Kelly comparte con los otros enfoques. Él mismo nos advierte que no encontraremos muchos de los términos y conceptos familiares de Jas otras teorías de la personalidad en su siste-ma. Después de esto, procede a sacudirnos, señalando cuántos de tales términos faltan en su enfoque: inconsciente, necesidad, impulso, estí-mulo, respuesta, refuerzo y (esto es lo más sorprendente) motivación y emoción (1990, pág. 380).

¿QUÉ ES LO QUE SUCEDE ENTRE OREJA Y OREJA? 4 1

El p o s t u l a d o esencial de la teoría de Kelly es que a las situaciones se les da sentido p o r medio de la aplicación de u n a variedad de «cons-tructos» q u e constituyen el m o d o singular en q u e cada u n o de noso-tros traza distinciones y categoriza sus experiencias, lo cual incide en la m a n e r a en que prevemos los hechos futuros. Con el paso del tiem-p o , t o d o s d e s a r r o l l a m o s u n a variedad de d i m e n s i o n e s , o c o n j u n t o s de categorías, que nos resultan de particular importancia p a r a anali-z a r el m u n d o y responder a él. E s a s categorías reflejan n u e s t r a s va-riadas experiencias hasta el m o m e n t o (según las recordamos e inter-p r e t a m o s e n e l inter-presente), n u e s t r a s inter-p r e o c u inter-p a c i o n e s actuales inter-p o r los principios. No sólo afectan nuestra percepción de las situaciones pre-sentes y las respuestas que les d a m o s , sino también nuestra previsión del futuro probable y nuestra preparación para él. Los constructos exis-ten p r i m o r d i a l m e n t e en el ojo del observador; p o r lo tanto, no deben c o n s i d e r a r s e entidades como un ser real. Son interpretaciones de la realidad objetiva, y no reflejos de ella. Continuamente se los somete a revisión. En el capítulo 3 consideraremos algunos de los problemas que s u r g e n c u a n d o se tratan las abstracciones c o m o si fueran entidades concretas. Toda percepción personal es a l t a m e n t e selectiva e indivi-d u a l ( a u n q u e las personas indivi-de la m i s m a familia, con iguales antece-dentes étnicos, fe religiosa, convicción política, género, etcétera, pue-den, desde luego, compartir m u c h o s constructos, que confirman p o r medio de los rituales y el diálogo sostenido).

Los c o n s t r u c t o s pueden sacarse a luz, p o r ejemplo, pidiéndole al sujeto q u e confeccione una lista de diez a quince personas con las que tiene d i s t i n t o s tipos de relación significativa (padre, m a d r e , h e r m a -no, m a e s t r o , sacerdote, amigo, a m a n t e , extraño, etcétera); alternati-vamente, esa lista puede proporcionarla el experimentador. A conti-nuación, t o m a n d o tres ítem de la lista p o r vez, se le pregunta al suje-to q u é d o s de los tres seleccionados son m á s semejantes entre sí, y en qué difiere de ellos el tercero. E x a m i n a n d o las diferentes c o m b i n a ciones, es p o s i b l e identificar las características preferidas, y r e p r e -sentar en un gráfico las dimensiones a lo largo de las cuales el sujeto tiende a establecer distinciones c u a n d o evalúa a las personas. Argyle señala q u e «las diferentes personas utilizan diferentes rasgos... Se vuel-ven m á s p r e c i s a s al evaluar las cualidades q u e m á s les importan...» (Argyle, 1983, pág. 107).

Para Fransella y Bannister, el constructo es u n a discriminación, no un rótulo verbal:

Referencias

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