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El arte de narrar la nación - construcciones discursivas de lo popular en el salón nacional de objetos del programa CREA: una expedición por la cultura colombiana

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Academic year: 2020

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(1)EL ARTE DE NARRAR LA NACIÓN: CONSTRUCCIONES DISCURSIVAS DE LO POPULAR EN EL SALÓN NACIONAL DE OBJETOS DEL PROGRAMA CREA: UNA EXPEDICIÓN POR LA CULTURA COLOMBIANA. MARTHA BUSTOS. UNIVERSIDAD DE LOS ANDES CENTRO INTERDISCIPLINARIO DE ESTUDIOS REGIONALES CIDER BOGOTÁ, D.C. 2003.

(2) EL ARTE DE NARRAR LA NACIÓN: CONSTRUCCIONES DISCURSIVAS DE LO POPULAR EN EL SALÓN NACIONAL DE OBJETOS DEL PROGRAMA CREA: UNA EXPEDICIÓN POR LA CULTURA COLOMBIANA. MARTHA BUSTOS. Magíster en Planeación y Administración del Desarrollo Regional. Director VICTOR MANUEL RODRÍGUEZ Historiador. UNIVERSIDAD DE LOS ANDES CENTRO INTERDISCIPLINARIO DE ESTUDIOS REGIONALES CIDER BOGOTÁ, D.C. 2003.

(3) CONTENIDO. pág 1.. PRESENTACIÓN. 1. 1.1. Propósito. 1.2. Mis Intereses. 2. 1.3. Metodología. 5. 1.4. Desarrollo por capítulos. 8. 2.. CONTEXTO CONCEPTUAL. 9. 2.1. Introducción. 19. 2.2. Construcción social de la realidad. 10. 2.3. Ciencias sociales y construcción social del conocimiento. 11. 2.4. Estudios culturales y sociedad contemporánea. 14. 2.5. La cultura en la sociedad posindustrial. 17. 2.6. Políticas culturales desde los estudios culturales. 19. 2.7. Cultura material y prácticas culturales. 21. 2.8. Consideraciones a propósito de lo popular. 23. 3.. PRÁCTICAS DISCURSIVAS Y POLÍTICAS CULTURALES. 26. 3.1. Sobre los discursos y las representaciones. 26. 3.2. Discursos de nación y representación. 28. 3.2.1 Expediciones científicas y la riqueza natural de la nación. 30. 3.2.2 Museo e imaginario nacional. 33. 3.2.3 Discurso centralista e identidad nacional. 34. 3.3. Resquebrajamiento del orden nacional decimonónico. 35. 3.4. El programa CREA como política cultural. 38.

(4) 4.. EL SALÓN NACIONAL DE OBJETOS Y LA REPRESENTACIÓN DE LA NACIÓN. 42. 4.1. Preliminares. 42. 4.2. Representación multicultural de la nación colombiana. 43. 4.3. El Reconocimiento. 45. 4.4. La Selección. 47. 4.4.1 Encuentros regionales y preselección. 49. 4.4.2 Circulación de los criterios de selección en las regiones. 51. 4.4.3 Representaciones de región y esencia de lo nacional. 55. 4.5. 56. La puesta en escena. 4.5.1 Propuesta museológica. 59. 4.5.2 Aspecto Logístico. 65. 4.5.3 La comercialización. 67. 4.5.4 Epílogo. 69. 5.. CONCLUSIONES. 71. 5.1. Diversidad cultural como recurso para movilizar prácticas políticas. 5.2. Salón Nacional de Objetos: centralismo vs. descentralización. 5.3. 6.. 71. 72. La transformación del imaginario simbólico de la nación colombiana. 74. BIBLIOGRAFÍA. 77.

(5) ÍNDICE DE GRÁFICAS. Página. Vista planta museografía Salón Nacional de Objetos. 60. Museografia primer piso Salón Nacional de Objetos. 61. Museografia segundo piso Salón Nacional de Objetos. 62.

(6) 1. PRESENTACIÓN. 1.1 Propósito En su texto “DisemiNación”, Homi Bhabha1 plantea que la nación no constituye un conjunto compacto y monolítico de atributos y valores, sino un conjunto dinámico de conflictos y acuerdos que se discuten y complementan recíprocamente en una situación históricamente cambiante y con desequilibrios de poder económico y cultural. La nación como representación no es estática, pues todo acto de representar es interpretado por otros, de manera que, la intención de construir la temporalidad de la nación como continua, encarnada en prácticas culturales como la exhibición de colecciones de objetos, se ve confrontada por las iniciativas y procesos de significación culturales que la población nacional hace de estas referencias, desestabilizando los signos de la cultura nacional al interpretar y vivir esa narración.. Esta fractura constante de la representación de la nación problematiza las tradiciones narrativas nacionalistas que hacen del pueblo el fundamento de la nación moderna al proclamarlo generador de nuevas soberanías. Al referirse al pueblo como cimiento de su legitimidad, la narración de la nación es amenazada por ese mismo sujeto a quién se dirige el enunciado nacional y que a la vez le da su propio significado a dicho discurso, como en el caso de las retóricas constitucionales que dicen “nosotros el pueblo” y en las cuales el pueblo es a la vez el sujeto de la frase y a quién se interpreta con ese discurso.. Homi Bhabha plantea que este proceso de fractura y de construcción de la imagen de nación es constante porque las condiciones históricas2 cambian, pero principalmente porque 1. Homi Bhabha, "DisemiNación: tiempo, narrativa y las márgenes de la nación moderna” En el caso del Salón Nacional de Objetos, evento que analizaremos en este trabajo, podemos mencionar la coyuntura de los años noventa, tanto a nivel internacional como nacional. En el plano internacional los procesos de globalización e internacionalización de las economías y de la producción cultural, fracturaron de manera profunda los débiles referentes 2. 1.

(7) estas narraciones culturales son reinterpretadas por los mismos sectores que la nación pretende convocar. Es así como toda narración nacional se mueve entre dos fuerzas: una que intenta ubicarla como única y trascendente, y otra la de los sectores incluidos y/o excluidos que -en los procesos yuxtapuestos y disímiles de interpretación cultural- la deconstruye y le demuestra que es múltiple e incompleta.. Lo cual nos recuerda que. integrarse no es incluirse en un todo ya hecho, sino ponerse a construir con otros.. En este trabajo se examinará la manera como se agencia una política cultural de narración visual de la nación a través del Salón Nacional de Objetos que selecciona, clasifica y exhibe más de trescientas piezas de pintura, escultura, artesanías y manualidades como representativas de la cultura nacional. Concretamente se estudiará el juego de imágenes de nación que configura este evento y se explorarán los conflictos que acechan cualquier narración de nación, siempre en permanente cambio y transformación. Es decir, se intenta entender la nación como una realidad que siempre está en tránsito y que, como el cine, siempre tendrá sus imágenes en movimiento.. 1.2 Mis Intereses El desarrollo de este trabajo se vio marcado por el conocimiento tanto institucional y personal del tema. Durante 1998, en calidad de funcionaria del Ministerio de Cultura, viví la compleja trama de relaciones entre administración estatal, poder institucional, dirección y diseño de programas y relaciones, y poderes personales que determinan, en último término, el modo como la acción del Ministerio se concreta ante el país y le llega a la gente para la cual está pensada. El programa CREA y el Salón Nacional de Objetos –una de las actividades que hacían parte de él- fueron foco de una gran controversia, pues se cuestionaba la acción desarticulada del Programa CREA y su existencia como una de unidad nacional y posibilitaron la emergencia de representaciones visuales y proyectos nacionales con tramas políticas, sociales y culturales que se transforman, contradicen o acentúan al entrar en movimiento a través de las nuevas formas de circulación cultural. A nivel interno, las transformaciones en las relaciones entre política y cultura y particularmente en la concepción nación -cultura que se dan en Colombia a partir de su consagración como nación pluriétnica y multicultural en la Constitución Política de 1991, marcan el paso de la nación mestiza en vías de blanqueamiento, a la nación que forja su unidad en el reconocimiento de su diversidad cultural, es decir a la nación como comunidad de ciudadanos.. 2.

(8) estructura casi arbitraria al interior del Ministerio, además de la falta de directrices, de políticas culturales que plantearan marcos orientadores generales y criterios de acción claros.. De esta forma, con los cuestionamientos expresados tanto por parte de funcionarios del Ministerio, como por participantes en el Salón Nacional de Objetos y con las preguntas que me suscitó este evento -por mi cercanía al tema de la promoción de la cultura material3comencé este trabajo de investigación desde la perspectiva de los estudios culturales, los cuales me han permitido articular las preguntas surgidas, porque plantean la necesidad de estudiar los procesos culturales en los que repercuten y se crean relaciones sociales e ideológicas que producen y reproducen la cultura de las personas.. Mi experiencia como gestora y organizadora de proyectos en entidades públicas a nivel local y nacional me ha planteado inquietudes sobre la forma como se produce el conocimiento experto relativo a los objetos que rodean nuestra vida cotidiana y en particular, sobre la manera cómo ese conocimiento determina como se valoran, reconocen e incorporan productos de la cultura popular a los discursos nacionales. Mi desempeño en entidades culturales y la relación directa con agentes culturales del nivel local y nacional me han permitido observar que el diseño de las políticas del campo simbólico va unido a las concepciones sobre la cultura que construyen los agentes que las formulan. Es decir, que la cultura que se crea sobre la cultura incide en el desarrollo de ese campo, es por eso que el saber académico, al promover concepciones desde las que se piensa el quehacer cultural, posiciona configuraciones simbólicas particulares que sirven de modelos para interpretar y pensar las actividades dentro del campo cultural.. El programa Crea fue diseñado a lo largo de 1989-1991, por Rosita Jaramillo, “una de las mujeres líderes en políticas culturales en el país, a través de un proceso de consulta que incluyó intelectuales de varias áreas (su hermano el sociólogo Jaime Eduardo Jaramillo, el. 3. El concepto de cultura material viene de la Antropología y se abordará en el acápite 2.7 de este trabajo.. 3.

(9) historiador Fabio López de la Roche, y el escritor William Ospina, entre otros), personas de Planeación Nacional y de los entes administrativos del estado y personas de las regiones” (Ochoa, 1999:11) En el caso del Salón Nacional de Objetos la relación entre diseño de políticas culturales y las concepciones del campo simbólico en el que se quiere intervenir se manifiesta por el papel relevante que el estado asigna a la cultura.. Como señala Ana María Ochoa, “…A partir de la Constitución de 1991 cambia profundamente la relación cultura nación, elemento que se evidencia en la política de César Gaviria de generar proyectos ‘descentralizados y participativos’. Se pasa de la nación de los gramáticos en la cual la cultura letrada se constituye en lenguaje de exclusión de las mayorías de la población y de sus expresiones culturales como base de construcción de la nación, a la nación que busca la unidad en el reconocimiento social, cultural y político de su diversidad” (Ochoa, 1999: 14), hecho significativo en el contexto de un país que desde finales del s. XlX hasta ese momento se definía como una nación monocultural; basado en la relación entre catolicismo, cultura letrada y nación.. Sin lugar a dudas, el momento es coyuntural en términos de la relación cultura-nación desde el ámbito del estado, pues durante este periodo, fines de los ochenta y principios de los noventa, surgen gran parte de los programas que hoy en día se desarrollan en el Ministerio de Cultura. Programas que parten de una noción de política cultural en la cual lo primordial es el reconocimiento a la existencia de una riqueza cultural de formas artísticas que no pasan por los dispositivos culturales de la cultura ilustrada (la biblioteca, el museo, la sala de conciertos). “De las formas particulares como se va a construir esta noción en Colombia en la década de los noventa desde el Ministerio de Cultura, nace esta conceptualización de política cultural, donde se desestabilizan los criterios valorativos de las artes que se establecen desde la Ilustración y el romanticismo, y que, junto con las políticas de la Regeneración han marcado las culturas populares con su noción patrimonial o de exclusión abierta, en su relación con el estado”. (Ochoa, 1999:15-16). 4.

(10) En el Salón Nacional de Objetos, la movilización de lo cultural como campo artístico, asociada a las ideas liberales de multiculturalidad, hizo posible incluir en la narración de la nación4 un segmento de la población y un tipo de producción cultural, tradicionalmente enmarcado dentro de la categoría de cultura popular5. El análisis de este evento revela la forma como una política cultural de carácter gubernamental utiliza un evento de promoción para integrar ciertas representaciones de lo popular en la construcción de una narración visual de la nación. Recordemos que, de acuerdo con Bhabha6, las prácticas culturales juegan un papel primordial en la producción de formas de afiliación textual y social en torno a la retórica moderna de la nación, la cultura nacional y la pertenencia territorial, de tal forma que las colecciones de los museos, los hechos históricos que pasan a la posteridad a través de textos de historia, las obras literarias o de arte, en su carácter de prácticas culturales concretas, son ante todo narraciones selectivas que se acumulan y le dan a la nación sus rasgos de identidad.. 1.3 Metodología En la investigación se trabajó primordialmente con testimonios de personas que estuvieron vinculadas al desarrollo del Salón, así como con información documental (archivos institucionales y material bibliográfico) y audiovisual (registro fotográfico y audiovisual producido como registro del Programa CREA).. Se utilizaron elementos del método etnográfico, tales como el registro de observaciones y de testimonios sobre la cotidianidad de los participantes; apuntes que registran detalles de lo que la gente hace, la forma como interactúa, como se comporta. Todo esto hace parte de una estrategia metodológica que intenta construir desde la interacción cotidiana la inteligibilidad del conjunto, a través de la descripción del mundo de la vida de un grupo de. 4. Aspecto que se abordará en el capítulo 2 de este trabajo. Cultura popular se entiende como una categoría que ha sido construida social, cultural y políticamente a través de prácticas y discursos científicos y políticos. Para mayor ampliación en este tema ver entre otros autores: García Canclini, 1989: 191; 1994: 61; Martín Barbero, 1998: 133; y Dagnino, 2001: 53. Ver acápite2.8 6 Homi Bhabha, “Diseminación: tiempo, narrativa y las márgenes de la nación moderna” 5. 5.

(11) individuos, como es el caso de los organizadores y participantes del Salón Nacional de Objetos.. Se trata de contar una historia con una estructura subyacente, de descubrir creencias, valores, perspectivas, motivaciones y el modo en que todo eso se desarrolla o cambia con el tiempo de una situación a otra, desde dentro y desde la perspectiva de los miembros del grupo.. El aspecto fundamental del método de análisis de las etnografías es la re-. construcción de las historias de grupos específicos de personas, por medio de la descripción detallada de las prácticas y las relaciones que se dan al interior del grupo, por ello las explicaciones o las conductas observadas constituyen pautas susceptibles de sugerir ciertas interpretaciones. La clave de la investigación, sin duda alguna, fueron las entrevistas a personas que, desde distintos ámbitos de la planeación y ejecución, estuvieron vinculadas al Salón Nacional de Objetos de 1998, funcionarios, contratistas, asesores, participantes de varias regiones del país (Bolívar, Arauca, Guajira, Nariño y Bogotá), la curadora de la exhibición y público asistente. Las entrevistas buscaron indagar sobre usos y significados que los distintos actores involucrados le otorgaron a los objetos seleccionados y exhibidos, así como también las percepciones sobre la muestra en su conjunto y sobre los objetivos del Salón de Objetos. Las entrevistas a las personas vinculadas a la administración del programa permitieron obtener información sobre las lógicas, los mecanismos institucionales y los sistemas de organizaciones públicas a través de los cuales se pretendió poner en marcha el Programa CREA en su conjunto y el Salón Nacional de Objetos en particular.. La revisión documental sobre los propósitos y sentidos del Salón Nacional de Objetos se hizo principalmente en archivos institucionales del Ministerio de Cultura, tales como evaluaciones e informes de los coordinadores del Programa CREA, documentos oficiales de presentación del programa, censos de participantes, actas de evaluación de los jurados, documentos internos de la administración, catálogos, afiches, videos y demás materiales promocionales producidos para tal fin, así como también material de prensa. La revisión. 6.

(12) documental dio bastantes luces sobre el proceso, las dinámicas de implementación (convocatorias, criterios de selección, y propósitos generales, entre otros aspectos) y los discursos institucionales bajo los cuales el programa se desarrollo. Simultáneamente a este proceso, se hizo un análisis bibliográfico con el propósito de ubicar los marcos de referencia teóricos que permitieron orientar los análisis y las conclusiones de este trabajo.. Paralelamente se realizó un examen detallado de las formas de exhibición propuestas para el Salón Nacional de Objetos. Para ello se estudiaron los planes de montaje y el material gráfico de registro de las exhibiciones con el objeto de identificar la manera cómo la puesta en escena de los productos culturales ahí exhibidos otorga valores, categoriza y transmite de manera implícita o explícita concepciones sobre las comunidades a las que se dirige. Este aspecto se trabajó con el modelo de invención y circulación de artefactos culturales, propuesto por James Clifford en su texto “Dilemas de la cultura”.. Según el modelo de Clifford, los objetos son construcciones discursivas que se organizan y clasifican de acuerdo con sistemas de saberes especializados como el arte, sistemas que les asignan un valor relativo y les determinan contextos y circuitos por los cuales transitar. Este planteamiento ofrece mayores perspectivas de análisis y permite superar la estática visión oposicional de lo popular frente a la cultura de elite en la que existen unos productos y bienes ubicados en espacios claramente delimitados y definidos, unos producidos y consumidos por las elites y otros producidos y consumidos por los sectores excluidos. El modelo de Clifford, por el contrario, nos enfrenta a un sistema donde los objetos circulan de manera diversa a través de diferentes categorías, las cuales cambian y se transforman continuamente de acuerdo a los parámetros que el conjunto de los productores, consumidores, agentes e instituciones le asignan en un momento dado.. Los planteamientos de Clifford ayudan a entender como el estatus que define un objeto como arte, artesanía o simple mercancía se puede desvanecer o reafirmarse por mecanismos de selección y asignación de valores -estéticos, técnicos o culturales- que determinan el. 7.

(13) destino de los productos culturales y movilizan de un lado a otro el sistema de verdad de estos cuando se trata de incorporarlos a una determinada categoría.. 1.4 Desarrollo por capítulos La primera parte de este trabajo señala el punto de partida referente a los intereses y propósito que inspiraron este trabajo, así como los criterios metodológicos que utilizados en su realización. En el segundo capítulo se abordan las concepciones teóricas que sustentan conceptualmente y establecen el marco de referencia para el desarrollo de este trabajo. El capítulo tercero, aborda el tema de las narraciones de nación que configuraron la “realidad” de la nación colombiana desde las postrimerías de la independencia hasta mediados del siglo pasado, visualizadas a través de las exhibiciones patrimonialistas de colecciones de objetos y las vicisitudes de los discursos que inspiraron tales prácticas culturales.. El capítulo cuarto se enfoca en el papel y posición de los participantes respecto a la concepción y organización del Salón Nacional de Objetos, así como a la forma en que estos asumen el discurso de la multiculturalidad implícito en este evento, lo interpretan y lo transforman de acuerdo a su percepción de mundo. También se hace referencia a la forma como los diferentes actores sociales que intervienen en la muestra, en su interacción constituyen un campo de prácticas políticas en el que se evidencia el carácter negociado de las configuraciones simbólicas sobre los objetos de la llamada cultura popular. Finalmente, en el capítulo quinto presento las conclusiones acerca de las representaciones de nación que se configuran como construcciones discursivas y se concretan como realidades tangibles a través de prácticas culturales tales como la colección y exhibición de objetos en el Salón Nacional de Objetos de 1998.. 8.

(14) 2. CONTEXTO CONCEPTUAL. 2.1 Introducción Los aspectos que se exponen en este capítulo tienen como fin establecer el contexto conceptual en el que se desarrollará la reflexión de este trabajo y también presentar la perspectiva de los estudios culturales que servirán de base para el desarrollo del análisis propuesto.. En suma es un esfuerzo encaminado a hacer explícitos los lineamientos. conceptuales que orientan este trabajo. Si bien la teoría social aporta visiones del mundo que intenta explicar, también es importante considerar la influencia del contexto social en la configuración del conocimiento científico, en especial en el campo de las ciencias sociales. Así, la teoría social no puede entenderse al margen de la forma como esta se concibe a sí misma en un momento histórico determinado, ni desligada de un contexto específico en la que esta surge y se desarrolla. Tal y como lo señala Castro-Gómez, la relación entre las ciencias sociales y su contexto social de producción se hizo evidente desde su etapa de formación temprana, ya que: “…las ciencias sociales se gestaron bajo el ideal ilustrado de la “unidad del saber”, lo cual las llevó a adoptar el modelo unitario de la ciencia que promovía la física”, que asumía que los derroteros de las ciencias sociales eran similares a los de las ciencias naturales: el descubrimiento experimental y la formulación de leyes universales. (CastroGómez, 2000:168). El pensamiento objetivista, que más o menos se inspira en la epistemología de Newton, tenía sentido para éste porque los objetos del sistema solar que él investigaba son muy poco subjetivos, pero los investigadores sociales se encuentran con objetos que son sujetos (Ibáñez p. XII). A diferencia de las ciencias naturales, la investigación social está en una relación. de. sujeto-sujeto. 9. con.

(15) su ‘campo de estudio’, no en una relación de sujeto-objeto, “…se ocupa de un mundo preinterpretado, en el que los significados desarrollados por sujetos activos entran prácticamente en la constitución o producción real de ese mundo; por consiguiente, la construcción de la teoría social implica una doble ‘interpretación’ que no tiene paralelo en ninguna parte, por esa razón el tipo de ‘generalizaciones’7 propias de las ciencias sociales es distinto en una manera muy significativa del de las leyes científicas naturales”. (Giddens, 1993: 149). El carácter significativo de la realidad social llama la atención sobre el hecho de que lo que denominamos ‘realidad’ no es algo a descubrir o a desvelar, sino a construir, por lo que la tarea primordial del investigador social no es recoger datos sino valorar: porque si no valora, ¿como puede saber lo que merece ser recogido? El investigador social pertenece a su época y por lo tanto, está vinculado a ella por las condiciones de la existencia humana. Si bien, no está del todo absorbido por el mundo que le rodea ni incondicionalmente sometido a él, tampoco es del todo independiente de él, ni lo domina incondicionalmente, es en este sentido, que Edward Carr afirma que: “…solo podemos captar la realidad social y lograr comprenderla a través del cristal de nuestra percepción”. (Carr, 1984:28-33). 2.2 Construcción social de la realidad Si los seres vivientes8 construyen un mundo real9, los seres hablantes construimos además mundos imaginarios y simbólicos,. “…nosotros no solo construimos un mundo real,. mundos imaginarios y simbólicos, sino que además enlazamos esos tres mundos que resultan inseparables, y por lo tanto resultan comunicables. Ese mundo en el que no sólo está lo real y positivo sino lo virtual y lo posible, es el mundo en que habitamos, y es el único en que puede fijarse un investigador social si quiere indagar sobre la sociedad, por 7. En este caso, al hablar de generalizaciones, Giddens hace referencia a la formulación de ‘leyes’ o modelos explicativos propios de las ciencias sociales. 8 Teniendo en cuenta que los seres humanos además somos seres culturales y sociales, con la expresión seres vivientes se hace alusión al aspecto biológico exclusivamente. 9 En este caso el mundo real se refiere al mundo físico cuya existencia puede ser constatado a través de la experiencia directa.. 10.

(16) mucho que los investigadores clásicos se empeñen en hablar solo del mundo real.” (Ibáñez, 1997: XXIV- XXV). Los seres hablantes “…podemos controlar el medio (con sistemas simbólicos), mediante códigos lingüísticos, pues ‘todo lo dicho es dicho por alguien’, ya que no existe el objeto, existen solamente las descripciones del objeto10. Así el mundo que percibe la ameba, o el que percibe la abeja, no es el mismo que percibo yo. Pero además la percepción del sujeto depende del lenguaje que utilice, porque mi percepción está mediatizada por mi lenguaje”. (Ibáñez, 1997: XXIV) Al punto que el mundo que yo construyo depende de mi capacidad de percepción y de mi capacidad lingüística. Por eso los científicos cuando cambian los paradigmas, ven un mundo completamente diferente, porque las palabras y los conceptos han cambiado.. En consecuencia, este mundo simbólico (cultura), entendido como concepción del mundo y conjunto de significados que integran las prácticas sociales ha generado la conciencia de que la realidad se construye socialmente, lo que resulta importante en la medida que permite preguntarse a quiénes favorece esta construcción y cómo afecta a cada quien y sobre todo qué condiciones de posibilidad se tienen para escoger y tomar decisiones para su transformación.. 2.3 Las Ciencias sociales y la construcción social del conocimiento Las ciencias sociales tienen un carácter peculiar, ya que a “…diferencia de lo que ocurre en las ciencias naturales, el científico social se encuentra directamente involucrado con el objeto que estudia y, a su vez, ese objeto es producto de una valoración política e. 10. En el sentido que mencionamos en el apartado anterior, pues de lo único que podemos dar cuenta es del estado de nuestro conocimiento. En este aspecto ha redundado la física del s. XX, con los debates planteados por los descubrimientos de la cuántica y la relatividad.. 11.

(17) institucional con respecto a la pertinencia o no pertinencia de su estudio”11. (Gómez Castro, 2002:171) Como dice Jesús Ibáñez en la presentación de su libro “El regreso del sujeto”, “…los investigadores sociales, los sociólogos, los psicólogos, los semióticos se encuentran con objetos que son sujetos con la misma capacidad distincional y objetivadora que ellos mismos. Entonces las indagaciones del investigador como sujeto se tienen que contrastar con las interpretaciones del investigado, que también es sujeto, por lo que la táctica de silenciar a este último nos hace perder información”. (Ibáñez, 1997: p. XII). Respecto a la forma como en un determinado momento histórico la teoría social se concibe a sí misma, Margarita Serge de la Ossa afirma que en el contexto de Occidente, la contraposición del Romanticismo al proyecto ilustrado coadyuvó a gestar “…dos modos de entender la realidad, lo que desde la perspectiva de la teoría social se tradujo en dos tendencias metodológicas divergentes, el objetivismo y el subjetivismo, que marcarían el desarrollo de estas ciencias durante el s. XX. Por una parte, el objetivismo, tendencia a la que pertenecen el estructuralismo, la teoría de sistemas y el marxismo ortodoxo, hacía énfasis en el conocimiento de las estructuras objetivas del mundo social, mientras que la otra forma de aprehender lo real, la subjetiva propia de la hermenéutica y la fenomenología, pone de relieve el papel activo de los sujetos en la constitución de la sociedad…”, por eso enfatiza en el valor de la experiencia y la interpretación como aspectos claves para el estudio y análisis de lo social. De esta forma, la sensibilidad del mundo occidental se va a desarrollar en la doble tensión entre estas dos miradas opuestas y complementarias a la vez.. En este horizonte, las ciencias sociales comienzan a interrogar sus certezas, en particular desde la mitad del s. XX. Se trasladan desde el podio de los observadores y se sitúan en la posición de quienes participan de una realidad múltiple y conflictiva, definida por las relaciones de poder, donde se debaten intereses muchas veces contradictorios y donde las líneas de la vida son siempre fragmentadas.. Este cambio trae como consecuencia el. reconocimiento de que las interpretaciones son subjetivas y los valores relativos y que las 11. Santiago Castro Gómez alude a la pregunta de Max Weber sobre el valor de la ciencia, en su texto Historicidad de los saberes, Estudios Culturales y Transdisciplinaridad: Reflexiones desde América Latina. Bogotá: Instituto Pensar,. 12.

(18) dimensiones imaginarias de la existencia son tanto o más reales que la dimensión material o cuantitativa, por lo que resulta imposible universalizar los valores, las necesidades, así como las concepciones de lo legítimo, lo natural y lo verdadero, considerando la realidad como un producto social, histórico.” (Serge de la Ossa, 2002: 119-128). En este orden de ideas, podemos afirmar que las ciencias sociales tienen una dimensión cultural porque son el fruto de organizaciones y explicaciones provisionales, desarrolladas por seres humanos, y por tanto tienen que ver con una manera de concebir el mundo, y no con un orden “natural” en su sentido clásico12, que omite el hecho de que quienes conocen y organizan su conocimiento son actores sociales de carne y hueso y que por consiguiente, no se limitan a dar cuenta de lo que existe al margen de su actividad, por lo cual es de suponer que el quehacer del investigador social conlleva una serie de intencionalidades de manera que no puede ser considerado como una actividad neutra. La ciencia y las demás formas de conocimiento13 reflejan la visión de mundo de las sociedades que las producen, es decir que el proceso de conocer está mediado por un punto de vista, de tal forma que lo que conocemos no son las cosas en sí, sino las elaboraciones mentales que sobre ellas hacemos, incluso en el campo de las ciencias naturales, así por ejemplo la idea de naturaleza no existe fuera del pensamiento humano; aunque en apariencia observamos objetos y fenómenos que nuestros antepasados contemplaron -como la puesta del sol, el paso de los cometas- las ideas y los conceptos que tenemos hoy no son las mismas.. Universidad Javeriana. 2002. p.166-188 12 En este sentido Prigogine señala que “…la ciencia moderna había desmantelado las barreras que separaban el cielo y la tierra, que unifica y unificó el Universo; esto es verdad. Pero también he dicho que lo hizo sustituyendo nuestro mundo de cualidades y percepciones sensibles, mundo en el cual vivimos amamos y morimos, por otro mundo: el de la cantidad, de la geometría verificada, un mundo en el que hay lugar para todo menos para el hombre. Así el mundo de la ciencia -el mundo real- se alejo y se separó por completo del mundo de la vida, que la ciencia ha sido incapaz de explicar.” (Prigogine, 1983:37) 13 Los ‘saberes’ desarrollados por comunidades humanas en diferentes momentos de la historia responden a intereses y visiones de mundo que determinan lo que se hace necesario conocer, su importancia radica en la forma como este conocimiento está vinculado con intereses vitales como la misma supervivencia. Es de resaltar que toda forma de conocimiento refleja el modo de pensar de la cultura que lo produce, y en este sentido el conocimiento de otras culturas se. 13.

(19) De esta forma, los objetos estudiados por las diferentes ciencias sociales son construcciones históricas, en primer lugar, porque su “aparición” en el horizonte de la ciencia depende del valor que puedan adquirir, es decir de la significación que tengan en un momento histórico dado, ya sea por consideraciones políticas, económicas y/o burocráticas14. Además, su elaboración como “objeto” de conocimiento es resultado de la actividad teórica y conceptual propia de la comunidad científica histórica. Esto significa que ese objeto puede cambiar con el tiempo – ¡e incluso desaparecer! – en la medida en que, como dijimos inicialmente, los intereses y las herramientas conceptuales sean desplazados por otros. (Castro-Gómez, 2002: 171). 2.4 Estudios culturales y sociedad contemporánea Los cambios sociales producidos a nivel mundial y las transformaciones históricas de las ciencias sociales nos permiten explicar por qué la cultura ha adquirido significación como objeto de estudio al interior de la comunidad académica internacional, y entender el auge que cobran los Estudios Culturales, especialmente a partir de las dos últimas décadas del s. XX. Resulta difícil, por no decir imposible, interpretar el mundo social de principios del s. XXI bajo concepciones decimonónicas, debido a que el capitalismo industrial del s. XIX y primera mitad del s. XX difiere radicalmente del capitalismo posindustrial; la producción y reproducción del capital en las sociedades posindustriales no se basa en la fabricación de mercancías sino de imágenes (información), por lo cual las categorías de la economía. compendia en narraciones cuyo estilo a menudo difiere del lenguaje característico de la civilización científico-técnica propia de Occidente. 14 Desde finales del s. XlX hasta la primera mitad del s. XX, la definición de los rasgos que separaban a una ciencia social de otra no era un problema de orden exclusivamente metodológico - pues todas compartían básicamente los mismos presupuestos epistémicos -, sino de orden político. De un lado, la disciplinarización se hacía necesaria en la medida en que las jóvenes ciencias empiezan a institucionalizarse y, por lo tanto, a competir entre ellas por recursos académicos y financieros. Se crean las primeras cátedras en las universidades, se fundan revistas e institutos de investigación, se organizan asociaciones profesionales y bibliotecas especializadas, todo lo cual exigía un esfuerzo enorme de clasificación y diferenciación. De otro lado, el establecimiento definitivo de la economía liberal-capitalista en Europa y el fortalecimiento de los estados nacionales – con el consecuente ambiente de fe en la razón y el progreso - hacía necesario (y profesionalmente rentable) el proceso de disciplinarización. El Estado debería asumir un papel fundamental en la conducción de las sociedades humanas hacia la “civilización”. Para ello requería de una gran cantidad de información, científicamente avalada, sobre el mundo social que se quería gobernar. Se hacía preciso el concurso de las ciencias sociales para la elaboración de políticas económicas y educativas, para delinear el carácter y los valores peculiares de la población, para definir metas de gobierno a corto y largo plazo.. 14.

(20) clásica han perdido poder explicativo frente a los fenómenos sociales y culturales contemporáneos.. Ubicar a la cultura como centro del análisis social enfoca la atención sobre un hecho fundamental para las ciencias sociales contemporáneas; que la reproducción del capital adquiere rasgos decididamente “culturales” y por lo tanto la cultura deja de verse como efecto de las estructuras materiales de la sociedad. La re-definición de la cultura como objeto de estudio científico diluye la división del trabajo disciplinar y ha hecho que tanto la sociología, que estudiaba las sociedades modernas, como la antropología que se encargaba del estudio de las sociedades primitivas, incursionen en áreas que no eran de su competencia, redelineando los temas y los métodos. En este orden de ideas, los estudios culturales no son una nueva disciplina que reemplaza lo que antes hacían las disciplinas tradicionales de las ciencias sociales, sino que constituyen un área común de conocimiento que propicia un espacio de articulación entre las disciplinas, donde la novedad de este campo emergente se puede apreciar en diferentes aspectos.. Los estudios culturales se enfrentan al desafío de acercarse hacia otras formas de producción de conocimientos, pero no para convertirlas en “objeto de estudio”, es decir para “representarlas”, sino para comunicarse con ellas. Los estudios culturales proponen el reconocimiento de otras formas (locales) de conocimiento y la promoción de un nuevo sentido común (una nueva racionalidad práctica) en el que participen todas las comunidades interpretativas, pues todas las culturas tienen algo que aportar y sus saberes son enriquecidos por el saber de los otros, a diferencia del modelo de una ciencia basada en el distanciamiento del sentido común, promovido por las ciencias naturales. (Castro Gómez, 2002:175) En contraste con las ciencias sociales decimonónicas que exaltaban la visión eurocéntrica del mundo, rechazando o subestimando toda forma de conocimiento que no se ajustara a un modelo de análisis que se suponía universal, los estudios culturales no privilegian unas formas de conocimiento sobre otras, sino que dialogan con los saberes locales de las sociedades que estudian, de tal forma que podríamos hablar hoy de una articulación de saberes de la cual la misma ciencia no puede escapar. (Escobar, 2001:22). 15.

(21) El reconocimiento que hacen los estudios culturales de los saberes locales implica una valoración positiva de la cotidianidad como espacio de construcción de realidad, ligado a la experiencia y a las prácticas sociales. Este aspecto confiere un carácter inductivo de los estudios sociales, de tal forma que entre más próxima e igualitaria sea la interacción del investigador con los conocimientos producidos localmente por los actores sociales mismos, más pertinente, desde un punto de vista práctico, es el conocimiento resultante, pues para los estudios culturales, el conocimiento del mundo social se alcanza a partir del análisis de realidades concretas, configuradas por lo actores sociales que participan de dicha realidad. Es decir, se invierte la ecuación del paradigma decimonónico, según la cual la formulación de leyes objetivas en el campo de las ciencias sociales permitiría dar cuenta de la realidad del mundo social.. En este sentido, la concepción de cultura que interesa a los estudios culturales centra su interés en los procesos sociales de producción, distribución y recepción de los artefactos culturales (textos, obras de arte, mitos, valores, costumbres, etc.), y no en los artefactos en sí mismos, es decir se interesa en las formas como se producen, distribuyen y consumen una serie de imaginarios que motivan la acción del hombre en una sociedad globalizada, y del modo en que los actores sociales se apropian de estos imaginarios y los incorporan a sus formas locales de conocimiento, por eso tal como señala Serge de la Ossa, “…la cultura puede entenderse como un proceso histórico dentro del cual las sociedades se construyen a sí mismas en su interacción con otras; como formas de entender e interpretar la realidad y de organizarla para vivir cotidianamente”.. Entender la cultura como un proceso de construcción de la realidad, inmerso en las relaciones de dominación, en el que juegan los propósitos los intereses y las emociones, los que a su vez responden a las condiciones también cambiantes del contexto implican visualizarse como dinámica, abierta, relacional, fragmentaria siempre en permanente creación. Concebir así la cultura nos permite tomar conciencia del medio simbólico en el que vivimos, reconocer que este no es un mero reflejo pasivo sino que contribuye a conformar y reproducir las prácticas materiales con las que se articula, este reconocimiento también es importante porque permite preguntarse a quien favorece esta creación. (Serge de la Ossa, 2002: 129). 16.

(22) De ahí que los estudios culturales insisten en el análisis de la producción de las prácticas y de los significados como aspectos vinculados estrechamente con la construcción de la realidad social, poniendo de manifiesto la economía política que hay en las relaciones sociales, revelando la plusvalía que hay en ellas, pues siempre hay alguien que gana algo con la movilización y posicionamiento de ciertas interpretaciones. En este marco, la constitución del universo simbólico donde cada miembro de una comunidad particular se constituye como sujeto, en la interacción cotidiana con los demás miembros de su comunidad y donde se hacen explícitos los significados que adquieren las prácticas sociales a la luz de los intereses, propósitos y las emociones que las motivan y que están relacionados a las coyunturas del contexto, ponen de manifiesto uno de los aspectos más relevantes de la transformación del concepto de cultura, y que interesa a los estudios culturales: el análisis de las relaciones de poder, aspecto que abordaremos en el acápite 2.6 políticas culturales desde los estudios culturales.. 2.5 La Cultura en la sociedad posindustrial En tiempos del capitalismo tardío, el mercado de bienes simbólicos, como aspecto clave para entender la ‘cultura contemporánea’, se ha convertido en la columna fundamental para la reproducción del capital. Esto significa que ahora el trabajo se relaciona con la forma en que individuos o grupos generan información capaz de movilizar a otros individuos o grupos. La producción, transformación y circulación de información son el objeto de la mayor parte de las tecnologías importantes que se introducen en la economía. Dicho en otras palabras: la creación de riqueza ya no se basa tanto en la explotación de recursos naturales ni en la producción de bienes industriales de consumo, como pensaba Marx, sino en la producción de bienes simbólicos llevados al mercado en forma de imágenes y “conocimientos”.. Las industrias culturales, que hacen referencia a la producción de la cultura como mercancía a través de la radio, el cine, la televisión, los videos, la multimedia, la música,. 17.

(23) los impresos (Martín Barbero, 2000:13), se han convertido en el motor de la producción del capitalismo contemporáneo, pues lo que se produce y mercantiliza no es naturaleza convertida en valor de cambio (productos), sino información y entretenimiento; no se trata de satisfacer necesidades primarias, sino de producir imágenes que permitan a los individuos diferenciarse socialmente. La producción y reproducción del capital dependen ahora del control que ejercen las corporaciones sobre las imágenes y las representaciones que estas movilizan. (Castro Gómez, 2002:173). La cultura ya no puede definirse “solamente” como un conjunto de valores, costumbres y normas asociadas a una tradición, lengua y territorio particulares, concepción que dio origen a la visión de “cultura culta”, que solo reconocía como cultura “…un tipo especial de actividades y objetos, de productos y prácticas, todos ellos pertenecientes al campo de las artes y las letras”. (Martín Barbero, 1998: 77) En tiempos del capitalismo avanzado la cultura se ha desterritorializado y destradicionalizado y se ha convertido en un repertorio de símbolos producidos técnicamente, de acuerdo a los intereses de los medios de información.. Se ha configurado un universo simbólico desligado de la tradición, que empieza a definir el modo en que millones de personas sienten, piensan, desean e imaginan. Es en este sentido que las industrias culturales están ligadas a la construcción de identidades colectivas, porque estas atraviesan de punta a punta la construcción de nuestros sueños, de los imaginarios a partir de los cuales nos sentimos felices o infelices, satisfechos o insatisfechos con lo que hacemos.. Con la globalización las identidades personales o. colectivas se estructuran desde la interacción de la cultura con la dinámica transnacional de los mercados, y no necesariamente desde vínculos de lengua, sangre o nación. (Martín Barbero, 2000: 15). El capitalismo posindustrial ha reemplazado al capitalismo industrial que prevaleció hasta mitad del s. XX. Estos cambios tienen que ver con el desplazamiento del estado como espacio de la concentración de la hegemonía política, cultural y económica, pues ya no son. 18.

(24) los estados territoriales los que jalonan la producción, sino las corporaciones transnacionales, las cuales no están ligadas a ningún país, nación o cultura en particular, además el aparato estatal se ha reconfigurado de acuerdo a los intereses y lineamientos de organismos multilaterales, como el Banco Mundial y el FMI, que patrocinan la reducción del estado a su mínima expresión.. 2.6 Políticas culturales desde los estudios culturales Para los estudios culturales, la cultura es un proceso colectivo e incesante de construcción de significados, valores y subjetividades que moldean la experiencia social y a la vez configuran las relaciones sociales, las cuales no pueden ser comprendidas adecuadamente si no se consideran las relaciones de poder imbricadas en éstas. Esta concepción ha contribuido a hacer visibles las prácticas cotidianas como un terreno para, y fuente de prácticas políticas, pues los significados de las prácticas sociales están determinados por las relaciones de poder. Por su parte, las relaciones de poder revelan su carácter cultural activo en la medida que expresan, producen y comunican significados acerca de las prácticas cotidianas que promueven, y a la vez dejan ver cuales grupos e individuos tienen el poder para definir esos significados.. Vale la pena aclarar que en el contexto de este trabajo la noción de poder se entenderá como un rasgo de la interacción social en general, que se refiere a la capacidad transformadora de la acción humana. El poder es ante todo la capacidad de un actor social de intervenir en una serie de eventos para alterar su curso y obtener la realización concreta de los resultados buscados.. La creación de marcos de significado ocurre en cuanto. mediación de actividades prácticas y en función de los diferenciales de poder que los actores son capaces de aportar, de tal forma que lo que pasa por ‘realidad social’ está en relación inmediata con la distribución del poder no solo, en los niveles más mundanos de la interacción diaria, sino en el nivel de las culturas e ideologías globales, cuya influencia puede sentirse en todo aspecto de la vida social cotidiana. (Giddens, 1993:114). 19.

(25) Las relaciones de poder no están en posición de exterioridad con respecto a otro tipo de relaciones, (procesos económicos, relaciones de conocimiento, relaciones sexuales) sino que son inmanentes; constituyen los efectos inmediatos de las particiones, desigualdades y desequilibrios que se producen, y que recíprocamente son las condiciones internas de tales diferenciaciones. (Foucault, 1998: 112-113) El diferencial de poder, que aporta cada actor, como configurador de la vida social puede ser resultado de una destreza lingüística superior, de la posesión de tipos de conocimiento técnico, o de la movilización de la autoridad o la fuerza, entre otros aspectos. (Giddens, 1993:114). Por consiguiente, para los estudios culturales la cultura es política porque los significados son constitutivos de procesos que, implícita o explícitamente, buscan redefinir el poder social: la lucha por los significados implica la lucha por la transformación de la realidad social o de la sociedad. En este orden de ideas, los estudios culturales conciben la noción de política cultural como el conjunto de intervenciones realizadas por los actores sociales ya sean estos el Estado, las instituciones civiles, los grupos comunitarios, organizado para lograr fines de transformación simbólica, social, política específicos, en contraste con las nociones tradicionales de política cultural, que entienden por tal el programa de acciones coordinado para modificar el ámbito cultural, social o económico de actores sociales, considerados dentro de una lógica sectorial. (Mullet, 2002:20). Los estudios culturales asumen las políticas culturales como el proceso generado cuando diferentes conjuntos de actores, marcados por, y encarnando prácticas y significados culturales diversos entran en conflicto, ya que los intereses que subyacen a las acciones humanas, en ocasiones pueden resultar contradictorios, por tanto, desde la perspectiva de los estudios culturales todo intento por resignificar las interpretaciones dominantes de lo político o por desafiar prácticas políticas establecidas se interpreta como la ejecución de una política cultural.. Al respecto, varios autores15 han enfatizado cómo el campo de las. políticas culturales puede ser un área de intervención crucial en América Latina en tanto se constituya para fines de organización o transformación cultural y/o sociopolítica. Pasar de. 20.

(26) una concepción general de política cultural como instrumento diseñado solamente para ofrecer servicios culturales y dar acceso a ellos (espectáculos, bibliotecas, teatros, etc.), a una concepción de ésta como un campo de organización e intervención, puede constituirse en un espacio de gran vitalidad para movimientos sociales y sectores poblacionales que a nivel local y regional, buscan transformar relaciones sociales, apoyar la diversidad e incidir en la vida ciudadana.. 2.7 Cultura material16 y prácticas culturales17 “En nuestros tiempos, vivimos en un mundo que el hombre ha transformado enteramente. Por todas partes, tanto al manejar los artefactos de uso cotidiano, como al comer un manjar elaborado por procedimientos mecánicos, como al pasear por un paisaje modificado por la industria humana, chocamos con estructuras producidas por el hombre, y en cierto modo siempre nos vemos situados ante nosotros mismos”. (Heisenberg, 1993:19) La memoria y la inteligencia humana están presentes en los objetos18 de uso diario que conforman nuestro entorno material, su carácter cultural nos permite interactuar con otros seres humanos a través de ellos, produciendo diversas significaciones que se incorporan a nuestro mundo simbólico, así, por ejemplo, en el contexto de una cultura consumidora, que produce para consumir y crea para producir, el hombre contemporáneo en su calidad de consumidor está ligado a los elementos materiales de su medio y a causa de este vínculo de sujeción altera el valor de las cosas. (Moles, 1993, 89). 15. Ver Canclini, 1999: 143; Ochoa, 2000: 12; Yudice, 1996: 75; y Escobar, 1999: 142, entre otros. Norman G.J.Pounds en su texto “La cultura cotidiana: historia de la cultura material” ha definido la cultura material como los distintos modos en que hombres y mujeres han satisfecho sus necesidades físicas (comida, cobijo, vestido) y las aspiraciones de sus mentes. Así pues, cultura material es ante todo las técnicas esenciales de la supervivencia humana que se expresan en todos los aspectos de la vida cotidiana. P. 22 17 Las prácticas culturales son, ante todo, procederes situados de unos sujetos, es decir acciones concretas temporal y espacialmente ubicadas. Estas prácticas tienen un carácter cultural porque se dan en el plano de la interacción social, lo cual implica que las acciones de unas personas se cruzan y se relacionan con las de otras personas o sujetos, lo que hace visible el hecho de que las prácticas culturales no obedecen totalmente al libre albedrío de sus ejecutores, sino que todo el conjunto de acciones realizadas por los distintos miembros de una colectividad están relacionadas y se afectan mutuamente configurando un horizonte de significación compartido o cultura. 18 Se utilizará la palabra objeto para identificar los diversos artefactos que hicieron parte de este evento, incorporando los planteamientos de Jean Baudrillard para quien los objetos emergen durante el siglo XX en el Occidente moderno, en el 16. 21.

(27) Los objetos como expresión de prácticas culturales específicas son significativos en la medida que están insertos en dinámicas de valoración, las cuales no son inherentes a los objetos en sí mismos, sino que son históricamente construidas y eso hace que un objeto pase a ser otra cosa, en cuanto cambia de contexto. Así, un cesto, una cerámica, un mueble o un traje no sólo son cosas que se usan para suplir necesidades sino que también son símbolos que combinan e intercambian mensajes reproduciendo y transformando las mismas prácticas sociales que los dotan de sentido. En este contexto, los estudios culturales plantean la necesidad de estudiar los procesos culturales –que se expresan en productos- en los que repercuten y se crean relaciones sociales e ideológicas que producen y reproducen la cultura de las personas y sus relaciones sociales.. En tanto que inmersos en una red de sentidos sociales, los objetos transmiten información, no solo sobre el fabricante y el usuario, las técnicas de producción y los usos esperados, sino fundamentalmente sobre los valores, intereses y los diversos componentes de la identidad individual y colectiva. Por lo tanto, en nuestro caso de análisis hay que tomar en consideración que en la valoración social de los objetos y en la producción de conocimiento y reconocimiento de los productos culturales intervienen de manera activa, pero diferenciada, tanto creadores, comerciantes, críticos, historiadores, editores de revistas y libros especializados, como directores de galerías, marchantes, conservadores de museos, mecenas, coleccionistas, miembros de las instancias de conservación de las academias, jurados de los salones, entre otros.. De igual manera, hay que considerar al conjunto de las instancias políticas y administrativas competentes en esta materia, como a los agentes que concurren a la formación de productores, de consumidores aptos para reconocer los artefactos que poseen un cierto valor, a los medios masivos de comunicación y a las instituciones de exhibición y promoción cultural. Por ello, los análisis de los objetos deben tener en cuenta no sólo a sus productores directos, sino también al conjunto de los agentes e instituciones que participan. contexto de las formulaciones técnicas de la Bauhaus. Así los objetos no son productos o mercancías sino esencialmente un signo dentro de un sistema de signos de status.. 22.

(28) en su valoración, ya sea mediante la generación de la creencia de que los objetos son valiosos o del valor distintivo de tal o cual pieza en particular. (Bourdieu, 1995: 325). Que en este caso son los productores de los objetos y los agentes institucionales que diseñan políticas culturales como la que se expresa en el Salón Nacional de Objetos.. 2.8 Consideraciones a propósito de lo popular Finalmente, a la luz de los elementos aportados en la reflexión sobre la transformación del concepto de cultura, que hemos abordado en páginas anteriores, retomamos el concepto de cultura popular para hacer unas precisiones que resultan pertinentes en este contexto.. Según García Canclini, la idealización romántica concibió el pueblo como un todo homogéneo y autónomo, cuya creatividad espontánea sería la manifestación más alta de los valores humanos y el modelo de vida al que debiéramos regresar. “ La creencia en la cultura popular como sede de lo auténtico, de lo humano y esencia pura de lo nacional, separada del sentido artificial de una ‘civilización’ que la negaba, tuvo cierta utilidad para reivindicar, el pensamiento y las costumbres populares, suscitar su estudio y su defensa después de una larga exclusión del saber académico. Pero esta exaltación se basó en un entusiasmo sentimental, que no pudo sostenerse cuando la filología positivista demostró que los productos del pueblo -hablaba especialmente de la poesía- surgen tanto de la experiencia directa de las clases populares como de su contacto con el saber y el arte ‘culto”, que su existencia procede en buena parte, de la absorción degradada” de la cultura dominante”. (García Canclini, 1994: 64). Por cierto, “el sentido común es en parte el conocimiento acumulado de los legos; pero las creencias del sentido común reflejan y encarnan también las perspectivas desarrolladas por los expertos,…, el lego de la cultura europea considera la lluvia como resultado de ‘causas naturales’ que pueden ser expuestas por un meteorólogo, aunque es improbable que él mismo pueda ofrecer algo más que una explicación rudimentaria de esta especie”. Giddens, 1993:116). 23.

(29) En América Latina y en Colombia, los discursos modernizantes y patrimonialistas que circularon por los espacios académicos e institucionales del arte y la cultura consolidaron un campo perceptual sobre lo popular con una fuerte influencia del romanticismo19 y del empirismo positivista20 . Estos discursos intentaron atrapar lo popular en definiciones que lo oponen, por una parte, a la especialización y división del trabajo industrial -propuesto por la modernización- y, por otra, a las características de originalidad, singularidad, ingenio, autenticidad, autonomía y desinterés práctico que la modernidad le otorgó a las obras de arte. A través de un esquema de oposiciones entre tradición y modernidad21 se trató de establecer clasificaciones en las cuales se incorpora la producción cultural y reproduce distinciones y jerarquías sociales y culturales.. En este trabajo, lo popular se entiende como una categoría históricamente construida a través de prácticas y discursos científicos y políticos. En este sentido, es importante señalar que si bien el origen del debate de lo popular se halla configurado por dos grandes movimientos que ponen en marcha el mito del pueblo en la política (ilustrados) y en la cultura (románticos), lo popular no es lo mismo si lo ponen en escena los antropólogos y folcloristas para los museos, los comunicólogos para los medios masivos o los sociólogos para el Estado o para los partidos políticos.. En síntesis, “las culturas populares son el resultado de una apropiación desigual del capital cultural, una elaboración propia de sus condiciones de vida y una interacción conflictiva con los sectores hegemónicos”. (García Canclini, 1994: 63) Por ello, cuando se habla de lo 19. En contra del endiosamiento de la razón y el progreso, el romanticismo exalta los sentimientos y maneras populares, valora lo local y reivindica los hábitos exóticos de otros pueblos y de los campesinos. Todo ello unido a una fidelidad con un pasado bucólicamente puro, idealizado y descontextualizado de los entornos sociales. 20 Sitúa el conocimiento de lo popular dentro del espíritu científico que guía el conocimiento moderno a tomar distancia de los conocedores aficionados y proyectar una mirada crítica de lo popular. Desde esta perspectiva, el conocimiento de lo popular no se requiere sólo para formar naciones integradoras sino para liberar a los oprimidos y resolver luchas entre clases. 21 Categorías surgidas históricamente, pues frente a la naturaleza, la cultura designó para la mente ilustrada todo aquello que había sido creado, producido y modificado por medio de la intervención racional, técnica y científica del hombre. Según esta visión Europa llegó a verse a sí misma como un proceso planetario, más que como una simple región del mundo y sus valores y producciones materiales, como exponentes de cima del progreso alcanzable por todas las naciones. Ver Serge de la Ossa, p. 124. 24.

(30) popular no se hace referencia a los objetos, sino a una forma de relación con las cosas y con otros grupos sociales; a una manera de apropiación que se manifiesta a través de prácticas que ponen en evidencia el significado que las cosas tienen para ciertos grupos sociales. Con este breve panorama conceptual queremos dejar en claro los presupuestos básicos a partir de los cuales se realizó el análisis del Salón Nacional de Objetos, como expresión de una política cultural gubernamental que pretendía integrar ciertas manifestaciones materiales de la cultura popular a la representación de la nación colombiana.. 25.

(31) 3. PRÁCTICAS DISCURSIVAS Y POLÍTICAS CULTURALES. 3.1 Sobre los discursos y las representaciones De acuerdo con Castro Gómez, "Las 'concepciones del mundo' penetran en la vida práctica de los hombres y son capaces de animar e inspirar su praxis social, (…) les suministran un horizonte simbólico para comprender el mundo y una regla de conducta moral para guiar sus prácticas. A través de ellas, los hombres toman conciencia de sus conflictos vitales y luchan por resolverlos." (Castro Gómez, 2001: 7). La comprensión de la cultura como un campo simbólico, tiene un alcance insospechado en términos de creación de imágenes del mundo, pues tal y como nos lo muestran los medios de información, la realidad es editable. La cultura es una construcción que se hace a través del lenguaje, que requiere un sistema compartido de significados, pues los significados o valores de los objetos se dan en la interacción social. De tal forma que, las concepciones del mundo y el conjunto de significados que integran las prácticas sociales, son el resultado de procesos de negociación e interacción social, que conducen a la movilización y posicionamiento de unas representaciones sobre otras.. En este sentido, tal y como lo planteamos en los acápites 2.2 y 2.4, la cultura puede ser entendida como un proceso de intercambio diferenciado y asimétrico de significados que constituye un horizonte de sentido. Pero, qué hace que unos significados sean pensados y otros ni siquiera sean posibles de imaginar. En este orden de ideas, es importante recordar que las concepciones de mundo son construcciones sociales que se configuran a partir de prácticas discursivas (discursos), las cuales pueden entenderse como el conjunto de reglas y prácticas. 26.

(32) que producen afirmaciones con sentido para hablar de algo en un momento histórico dado.. Los discursos configuran prácticas culturales concretas en las cuales se refleja una concepción determinada del mundo y se movilizan representaciones que ubican estas prácticas discursivas en contingencias históricas precisas, y permiten resaltar la dimensión social y de poder que subyace en la representación. Es por ello que la posición discursiva no es relativista, no es que todo discurso valga, porque en todo discurso hay una economía política, es decir que siempre hay unos sectores sociales que se benefician más que otros con estas construcciones discursivas.. Parte del poder que moviliza la representación está en encerrar o atrapar al otro en una representación determinada, así, las prácticas culturales producen y fortalecen 'sistemas de creencias’ a partir de los cuales unas cosas son visibles y otras no, unos comportamientos son inducidos y otros evitados, unas cosas son tenidas por naturales y verdaderas, mientras que otras son reputadas de artificiales y mentirosas. En este orden de ideas, Ana María Ochoa nos recuerda que “…las políticas culturales se constituyen tanto desde los discursos que las nombran como desde las prácticas que les dan forma y desde las cuales se constituye su experiencia de sentido. Prácticas y discursos desde las cuales se diferencian ‘los modos de estar juntos’…” (Ochoa, 1999:20). De acuerdo con lo anterior, podemos colegir que ninguna actividad de promoción, difusión y exhibición puede ser interpretada como fiel reflejo de la realidad que se pretende representar, pues toda muestra, asumida como práctica cultural, está diseñada con un sentido o propósito que se intenta promover, tal es el caso de prácticas como la institucionalización de las exhibiciones y las colecciones de objetos de carácter patrimonialista, desde las cuales cobra sentido una concepción de política cultural que pretende reflejar la realidad de una nación que narra en los objetos que se exhiben. De esta forma, y como veremos en el desarrollo de este capítulo, cualquier representación de la nación siempre implica el olvido o la exclusión de ciertas historias.. 27.

(33) 3.2 Discursos de nación y representación La nación -como concepto político- puede ser entendida y pensada de distintas formas. Su definición está relacionada con la manera como se piensan otros problemas políticos, tales como la ciudadanía, la soberanía y el Estado. (González, Bolívar, p. 328), por ello, entendemos que toda concepción de nación es una construcción social y no una definición estática que refleja la realidad al tiempo que la describe, tal y como se pensó desde las perspectivas romántica y positiva. En consecuencia, las concepciones de nación no solo son susceptibles de transformarse, sino que están en permanente construcción, pues recordemos que la reflexión teórica y conceptual hace parte de la lucha por los significados implícita en la transformación y construcción de la realidad social.. En este texto entendemos el concepto de nación, según la perspectiva de los estudios culturales, “…como un complejo sistema de significación cultural que toma forma a través de prácticas culturales tales como la prensa, los museos, los discursos oficiales, entre otras, las cuales producen formas de afiliación textual y sentidos de pertenencia”. (Bhabha, 2000, 1) Se puede afirmar entonces, que: “La nación emerge como una narración mediante la cual se crean comunidades imaginadas, aunque esto no quiere decir que la nación como tal no exista, sino que su realidad no se encuentra en la comprobación fáctica, sino en la configuración discursiva”. (Anderson, 1991, 19) Es decir, que las prácticas culturales, a través del uso continuo de alegorías y metáforas, producen una yuxtaposición no plural de sus objetos y de sus sujetos que configuran representaciones de la nación imaginada y deseada. (Bhabha, 2000: 39). Por tanto, la nación es una narración construida socialmente y su puesta en escena constituye un intento por consolidar y posicionar un discurso sobre lo nacional, por parte de un colectivo social con intereses específicos, para lo cual, estos grupos movilizan los recursos disponibles ya sean estos dialécticos, mayor capacidad argumentativa, o incluso el uso la fuerza, entre otros.. Ahora bien, la historia de las colecciones resulta esencial para comprender la forma en que ciertos grupos sociales se han apropiado de objetos, hechos e historias para promover una. 28.

(34) determinada narración de nación22.. La exhibición de colecciones de artefactos que,. mezclando los discursos del arte, la cultura, la política y la historia, pretenden provocar un sentido nacional, educar e incentivar un orden simbólico hace parte de una extensa tradición que inauguraron los museos durante el siglo XIX, en el proceso de unificación política del territorio y de construcción de los estados nacionales.. Por esto, al reflexionar sobre los contenidos de las exposiciones que buscan mostrar una visión panorámica de la nación y sobre las formas en que se disponen los objetos para que el público los aprecie, es posible descubrir lo que se incluye y excluye del imaginario nacional, la supresión y la jerarquización de las diferencias, sean éstas regionales, étnicas, culturales o políticas. Es decir, las narraciones y visiones del mundo, las construcciones de sentido y de orden simbólico que se privilegian y que se promueven desde el Estado, como en el caso del Salón Nacional de Objetos. Según Bilbeny, toda representación privilegia un punto de vista particular, lo cual pone en juego la posibilidad de incluir o excluir pues, “…En el acto de reconocer es importante saber quién reconoce a quién, quién le otorga la entrada al otro a la narración de la nación multicultural. El uso de términos como ‘acoger’ y ‘reconocer’, es aún en cierta medida discriminatorio con las personas y los grupos que se quieren respetar, porque indica superioridad de los que “acogen” o “reconocen” a los que dependen de su poder de decisión” (Bilbeny, 2002:30).. Las exhibiciones consideradas como prácticas culturales tienen un propósito específico respecto al público al que se dirigen. Exponer a la luz pública una determinada colección de objetos pertenecientes a una comunidad o grupo es como ponerlos ante un lente de aumento que muestra al espectador una perspectiva particular, armada por quien escoge las piezas y organiza la exposición. Aunque hoy en día ya nadie puede tener la pretensión de contar la historia esencial o completa de una cultura o grupo poblacional, cuando se 22. En este sentido, es de gran interés la reflexión que alrededor del Museo Nacional de Colombia se ha suscitado recientemente al intentar incluir dentro de la colección oficial la toalla de Manuel Marulanda, el Grammy de los. 29.

Referencias

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