• No se han encontrado resultados

Venezuela y los Estados Unidos 1945-1989

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2020

Share "Venezuela y los Estados Unidos 1945-1989"

Copied!
6
0
0

Texto completo

(1)

rr

Venezuela y los Estados Unidos, 1945-1989

JUDITH EWELL

William and Mary, Williamsburg. Va., USA

Entre 1945 y los 1980s, Venezuela tuvo un buen resultado, en general en sus relaciones con los EEUU. A pesar de la hegemonía de los EEUU, los políticos venezolanos, por astucia o por suerte, aprovecharon el contexto internacional para jugar un papel hábil en la región. En los 1980s entre otros factores, la crisis financiera, el desplome del mercado del petróleo, y el fin de la Guerra Fría cambiaron radicalmente el ambiente diplomático en el hemisferio. Debilitado aún más por la crisis de confianza nacional en el mismo sistema democrático. Venezuela se ha visto forzado a bajar su perfil internacional en los años 1990s. Esta ponencia analizará teorías contem-poráneas de la política exterior en general; revisará las bases históricas de las relaciones entre Venezuela y los EEUU; y concluirá con una evaluación de las relaciones recientes entre Venezuela y los EEUU.

Introducción

Ultimamente, los historiadores han empleado conceptos de la antropolo-gía cultural para analizar "una serie de ideas relativamente coherentes, carga-das de emoción y conceptualmente entrelazacarga-das" que forman el núcleo de ideas sobre la política exterior (Iriye, 1991). En el caso de los Estados Unidos, Michael Hunt ha sostenido que persisten tres ideas esenciales: el racismo, la desconfianza en las revoluciones y la noción del excepcionalismo o la misión americana, imbuida de virtudes protestantes y tradiciones parlamentarias in-glesas y del derecho consuetudinario. Especialmente con respecto a Latinoamérica, el núcleo de las ideas de la política exterior estadounidense ha redundado en aseveraciones de superioridad entre mezcladas con esfuerzos quijotescos para "exportar la democracia". (Hunt, 1987)

Si la idea cultural es de hecho propulsar mucho de la proyección interna-cional de una nación, se podría esperar un grado de discordancia entre los Estados Unidos y Venezuela.

Resulta demasiado fácil generalizar, pero los conceptos nucleares venezo-lanos han incluido una experiencia tolerante con mezclas raciales, una acep-tación o endoso fatalístico de las revoluciones, y un disgusto por la interven-ción. Las tradiciones de la ley romana y la fe y filosofía católicas han educado

(2)

rr

de la Universidad Metropolitana

a los venezolanos a estimar los valores universales de la comunidad antes que los valores individuales de competencia.

Sería absurdo, empero, sugerir que solamente son las pautas culturales que influyeron en las relaciones entre fuertes y débiles, ricos y pobres. El poderío nacional -medido por la población, la riqueza y los recursos naturales, la fuerza militar y la estabilidad política- establece el contexto inevitable para las relaciones internacionales o binacionales.

No obstante, las relaciones bilaterales entre Venezuela y los EEUU entre 1945 y 1989 muestran las huellas de sus valores culturales, tanto como en las épocas anteriores. Los límites de las relaciones se establecieron por factores materiales de riqueza y poderío, pero los factores culturales influyen fuerte-mente en la búsqueda de los intereses nacionales. En fin, se puede aplicar una de las conclusiones de las teorías de relaciones subalternas también a la historia diplomática. Los países relativamente débiles pueden ejercer una agen-cia contra las superpotenagen-cias y en este proceso pueden modificar los resulta-dos.

Esta ponencia solamente va a tocar ligeramente la época después de 1989 y el desplome de la URSS. Como muchos han señalado, el mundo sin la Gue-rra Fría es difícil de caracterizar. Posiblemente tenemos la ironía de un mundo globalizado y a la vez dominado por una superpotencia -los EEUU- o tenemos un mundo separado en tres (o más) bloques económicos y la Guerra Fría se convertirá en una guerra económica. A la vez, ya está claro que grupos étnicos y culturales -o las naciones o los grupos subnacionales- no han desaparecido. Posiblemente se puede predicir que los valores culturales van a tener más influencia en las relaciones diplomáticas y bilaterales en el futuro.

Resultados y discusión

Para ilustrar la influencia de los factores culturales en las relaciones bilate-rales entre Venezuela y los EEUU, voy a tocar los temas siguientes: las tácti-cas o la resistencia de Venezuela al poderío de los EEUU; la influencia de la "American Way of Lite", la influencia de las alianzas transnacionales, las rela-ciones con el Caribe; las relarela-ciones petroleras, las relarela-ciones con el mundo en desarrollo; y las relaciones en las organizaciones multilaterales o internacio-nales.

Casi desde el principio con respecto a las relaciones con los Estados Uni-dos, el estilo de diplomacia y los valores expresados han reflejado un carácter

(3)

nacional y único. Representantes de una nación relativamente débil, los vene-zolanos han sido suplicadores o irritadores, solicitando ayuda, refutando de-mandas, o buscando protección. Cuando las súplicas fracasaban, utilizaron las herramientas de los débiles: el ataque alternando el subterfugio, la dila-ción, la pasividad, las protestas airadas, el cabildeo y la unión con otros. Los cuentos folklóricos tradicionales venezolanos celebran las humildes victorias del inteligente Tío Conejo contra el más fuerte y feroz Tío Tigre. Por supuesto, el Conejo nunca pudo derrotar definitivamente al Tigre, ni siquiera cambiar la relación de poder sesgado. Pero su astucia le pudo asegurar la supervivencia y un grado de independencia más allá del alcance de las poderosas garras del Tigre. El cuento del folklore tradicional ofrece una metáfora de la historia de la relación entre Venezuela y los Estados Unidos, y una comprensión de los ar-quetipos culturales venezolanos (Uslar Pietri, [1948] 1978)

Algunos van a protestar que en la época contemporánea los valores cultu-rales venezolanos han cambiado mucho. La geografía, la historia, y el petró-leo han facilitado un mayor grado de "americanización" en Venezuela que en ninguna otra nación latinoamericana. Los productos y la propaganda comer-cial, las películas, la televisión, la música, y las revistas norteamericanas son omnipresentes en Venezuela. Una popular guía turística introdujo una sección sobre "los venezolanos" con el comentario de que "parece que los venezola-nos importan la cultura al por mayor de los Estados Unidos" (Perrottet, 1993: 67). No obstante, concluyó la sección con la observación de que, si bien los venezolanos viajan y estudian en el extranjero, pocos han emigrado. "Mientras pueden llamarles la atención los lótemes culturales' estadounidenses más recientes, sus pies parecen permanecer firmemente arraigados en casa". (Perrottet, 1993:73)

Además, se puede decir que los venezolanos han escogido del mercado de bienes y valores y arte, las cosas que les convienen mejor. Si se importan unos artefactos culturales, no es por mayor, sino por menor o detalle.

A veces, las ideas fundamentales culturales de Venezuela han correspon-dido con las de Estados Unidos mientras que, otras veces, han divergido de las mismas, pero las ideas nucleares no son para nada monolíticas en ningu-na de las dos sociedades. Tampoco pueden estas ideas englobar todos los intereses nacionales, políticos y económicos. Obviamente, muchos ciudada-nos estadounidenses deploran la evidencia en la política exterior de su país del racismo, etnocentrismo, o intervencionismo. Es igualmente obvio que al-gunos venezolanos son racistas, aislacionistas, e incluso, desde 1959 algu-nos querían intervenir en asuntos de las repúblicas vecinas con el fin de "ex-

(4)

de la Universidad Metropolitana

portar la democracia". A veces, las compañías multinacionales como la Stan-dard Oil se han aliado con importadores venezolanos para abogar tanto por la entrada libre del petróleo venezolano a los Estados Unidos como por la entra-da libre de las manufacturas estadounidenses a Venezuela. Los industriales venezolanos se juntaron con productores independientes de petróleo de los Estados Unidos para oponerse, exigiendo restricciones comerciales para pro-teger al sector manufacturero venezolano y a los productores nacionales esta-dounidenses, de la competencia externa. Así, ciertas élites de poder han en-contrado aliados más eficaces en el extranjero que cerca de casa y han apro-vechado estos amigos extranjeros para resguardar sus intereses locales.

El hecho de que las dos naciones compartieron la costa caribeña influyó también en las relaciones bilaterales dentro del hemisferio. Los líderes esta-dounidenses reconocieron la importancia geográfica de la ubicación de Vene-zuela en el margen sureño del Caribe, mucho antes de que el poder marítimo, el canal de Panamá y el petróleo atrajeran más atención a la zona. Por ende, la región se convirtió en el famoso "back yard" [patio posterior] de las retóricas políticas. Asimismo, la ubicación de Venezuela influía en su autopercepción antes de formarse una identidad caribeña consciente. No obstante, Venezue-la, nación más débil sin posibilidad de dominar la zona, se beneficiaba más cuando varias potencias competían por comercio, aliados y privilegios. Aun siendo una de las pocas naciones sudamericanas que jamás entró en guerra con sus vecinos, Venezuela encontró tantos desafíos como oportunidades al negociar con los enclavados insulares de las grandes potencias que perma-necían en el Caribe. Ni aislacionista ni preocupada por "alianzas compromete-doras", Venezuela tenía una visión del Caribe más compleja que la de Estados Unidos. En las crisis políticas en la región en los años 1980, se podría ver el conflicto entre la desconfianza en las revoluciones de los EEUU frente al dis-gusto por la intervención de los venezolanos.

El petróleo reformó la sociedad, economía y conciencia venezolanas en el siglo veinte. Desde los años 1920, los temas petroleros han opacado cual-quier otro aspecto de las relaciones con los Estados Unidos. Para los Estados Unidos, Venezuela ha representado una frontera de expansión para el "siglo americano", una reserva de un mineral estratégico cuyo acceso debe perma-necer barato y seguro. Los Estados Unidos han requerido un suministro cons-tante de petróleo para sus consumidores, industrias, y poderío militar. Vene-zuela ha dependido del petróleo para lograr una meta igualmente crítica: la de mantener la tranquilidad política e, idealmente, la democracia, "sembrando" los réditos en beneficios para el consumidor y la diversificación económica. La riqueza petrolera ha ayudado también en el financiamiento de una política

(5)

exterior a nivel mundial cuyo fin ha sido la redistribución de la riqueza interna-cional. Por ende, las perspectivas petroleras de Washington y Caracas gene-ralmente se oponen. Venezuela desea precios altos y un mercado mundial competitivo mientras le conviene a los Estados Unidos un mercado controlado y precios bajos. Por supuesto, la diplomacia venezolana es más fuerte y más confiada cuando hay una escasez mundial del petróleo y cuando los precios son altos. Tenemos el ejemplo de los años 70 con las iniciativas de la "Gran Venezuela". Cuando los precios son bajos, como es el caso actualmente, los políticos venezolanos, como el conejo astuto, toman una estrategia defensiva.

Especialmente entre 1958 y 1989, las relaciones venezolanas con los Es-tados Unidos han reflejado el peso y la personalidad del mundo en desarrollo, y sus desafíos multilaterales a la hegemonía global de Washington. El país caribeño se convirtió también en un campo de batalla de la Guerra Fría contra los guerrilleros comunistas y en un modelo para las nuevas democracias. Los líderes de Caracas han seguido participando plenamente en los asuntos hemisféricos, pero frecuentemente han contemplado los asuntos hemisféricos como parte de las preocupaciones globales generales.

Las iniciativas mutilaterales han tenido lugar dentro de un hemisferio clara-mente dominado por el poderío económico y militar de Washington. Ni la Unión Panamericana de James G. Blaine ni la Organización de Estados Americanos constituyeron más que la fachada de una unión multilateral. Desde 1945, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), con todos sus defectos y debili-dades, ha proporcionado un foro alternativo, si bien un foro que las naciones latinoamericanas han podido utilizar solamente hasta el límite de la tolerancia de Washington. En la ONU, Venezuela podría descubrir que tiene más en común con Arabia Saudita que con Paraguay. A medida de que algunos temas binacionales se convertían en temas globales, la ONU podría diluir casi imper-ceptible (y por cierto irregularmente) la hegemonia de Washington en el he-misferio. Por ejemplo, tenemos los casos de los debates sobre el Derecho del Mar, el Nuevo Orden Económico Internacional, el ambiente, la crisis en Amé-rica Central de los años 80, y el bloqueo económico a Cuba.

El desplome de 1989 del imperio soviético señaló el fin de una Guerra Fría bipolar entre Oriente y Occidente e inició una nueva etapa diplomática con un carácter que todavía no se percibe claramente. En julio de 1994, cuando Was-hington solicitó a las Naciones Unidas que endosara su propuesta invasión a Haití, algunos percibieron el desmoronamiento del "imperio americano" (Smith, 1994). Otros académicos insistían en que, con o sin permiso, Washington no tolerará que el tráfico de drogas, la fricción del comercio, y que la inmigración

(6)

41

ANALES

de la Universidad Metropolitana

síntesis de las relaciones interamericanas examinará no solamente la interacción multifacética de todas las naciones americanas a través del tiem-po, sino también su contexto global.

Y, ¿qué podemos decir de las relaciones bilaterales en este nuevo contexto global?. Si vivimos en una era del desplome del imperio americano o en una nueva era del "Big Stick", todavía habrá unas sorpresas. La ubicación geográ-fica tendrá menos importancia, y el entendimiento de la historia en el mundo "posmoderno" tendrá sentidos múltiples. En 1997, Fernando Coronil y Michael Taussig publicaron dos libros en donde analizaron a Venezuela como un ejem-plo de un "estado mágico", en el sentido de "realismo mágico". (Coronil, 1997, Taussig, 1997). Este estado posmoderno y mágico es un ente menos inocente y más malévolo que la nación de Tío Conejo y Tío Tigre, pero su naturaleza va a influenciar el futuro de las relaciones entre los EEUU y Venezuela tanto como la realidad fría de los precios petroleros.

Referencias Bibliográficas

CORONIL, Fernando. The Magical State: Nature, Money, and Modernity in

Venezuela. (Chicago: University of Chicago Press, 1997).

HUNT, Michael H. ldeology and US Foreign Policy (New Haven:Yale University

Press,1987) 14.

IYIRE, Akira. "Culture and International History", en Exploring the History of

American Foreign Relations, editado por Michael J. Hogan y Thomas G.

Patterson (New York. Cambridge University Press, 1991), pp 214-25.

KRAUTHAMMER, Charles. "Goodbye. Monroe Doctrine", Washington Post, 2 de agosto 1994.

MEAD, Walter Russell. "Mr. Monroe's Neighborhood", New York Times Book

Review. (21 de agosto 1994): 6-7.

PERROTTET, Tony. ed., lnsight Guides: Venezuela (Boston: Houghton Mifflin

Co, 1993), 67.

SMITH, Gaddis. The Last years of the Monroe Doctrine, 1945-1993 (New York:

Hill & Wang, 1994).

TAUSSIG, Michael. The Magic of the State (New York: Routledge, 1997).

USLAR Pietri, Arturo. "Tío Tigre y Juan Bobo", en Letras y hombres de

Referencias

Documento similar