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Espacio público y equipamientos para el Barrio Juan XXIII

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Academic year: 2020

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(1)ESPACIO PÚBLICO Y EQUIPAMIENTOS PARA EL BARRIO JUAN XXIII. MARÍA ACOSTA. UNIVERSIDAD DE LOS ANDES FACULTAD DE ARQUITECTURA BOGOTÁ 2004.

(2) ESPACIO PÚBLICO Y EQUIPAMIENTOS PARA EL BARRIO JUAN XXIII. MARÍA ACOSTA. Proyecto de grado para optar al título de Arquitecto. Director DANIEL BERMÚDEZ Arquitecto. UNIVERSIDAD DE LOS ANDES FACULTAD DE ARQUITECTURA BOGOTÁ 2004.

(3) Nota de aceptación. ---------------------------------------------------------------------------. ---------------------------Presidente del jurado. --------------------------Jurado. ---------------------------Jurado. Bogotá, 5 de agosto de 2004 III.

(4) A mi padre, que hoy estará alegre donde quiera que esté.. IV.

(5) AGRADECIMIENTOS. Quiero agradecer especialmente al grupo Diseñando de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de los andes, y a todas las personas, dentro y fuera de la Facultad, que de maneras distintas me dieron ánimos y apoyos. Sin esa ayuda inestimable no habría sido posible llegar hasta aquí.. V.

(6) CONTENIDO. PRESENTACION. 8. INTRODUCCIÓN. 9. EL LUGAR. 10. PROPUESTA URBANÍSTICA. 12. PROYECTO ARQUITECTÓNICO. 13. CONCLUSIONES. 14. BIBLIOGRAFÍA. 35. VI.

(7) LISTA DE FIGURAS. Figura 1. El Barrio Juan XXIII Figura 2. Memoria Figura 3. Análisis del lugar Figura 4. Plano topográfico escala urbana Figura 5. Referencias urbanísticas Figura 6. Propuesta urbanística Figura 7. Plano topográfico escala arquitectónica Figura 8. Referencias arquitectónicas Figura 9. Planta general Figura 10. Planta nivel – 3mts Figura 11. Planta nivel +-0.00 Figura 12. Planta nivel + 3mts Figura 13. Planta nivel + 6mts Figura 14. Plancha de estructuras Figura 15. Secciones 1 Figura 16. Secciones 2 Figura 16. Detalles. VII. 18 19 20 2 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34.

(8) PRESENTACIÓN. Este proyecto ha sido el resultado de un año de estudio y de investigación. La metodología del taller planteaba trabajar estrictamente en Bogotá, no sólo porque es la ciudad que habitamos, sino porque tiene un potencial enorme de crecimiento interior, y además infinitas posibilidades de aprender de su historia, su desarrollo, sus virtudes y sus desatinos. Debíamos escoger un lugar que, por sus condiciones de ubicación, topografía, historia urbana o nivel de desarrollo, tuviera un interés determinado. Esto nos obligó a recorrer la ciudad con ojos de arquitecto, a descubrir cosas que jamás habíamos visto en lugares por los que pasamos a diario y a conocer sectores que desconocíamos. Una vez detectados los posibles lugares para desarrollar el proyecto de grado, tuvimos que escoger uno de ellos, estudiar a fondo su historia, su situación dentro de la ciudad, sus características de uso, sus condiciones sociales y económicas, su topografía, para descubrir la vocación del lugar. Tuvimos que hacer incontables visitas, a distintas horas, en distintos días de la semana, aguzar la vista el olfato, el tacto, para que el lugar por fin nos dijera cual era su vocación, es decir qué tipo de intervención era el más adecuado para ese sitio específico. No se trataba entonces de hacer una propuesta a priori, buscar un lugar donde pudiera aterrizar y desarrollar el proyecto. Se trataba y se trata, a mi juicio, de la manera más sensata y más poética no sólo de hacer arquitectura sino de aproximarse a cualquier forma del conocimiento. Es decir, recoger toda la información posible, dejarse conmover por lo que uno descubre en el camino y luego, de una forma desprevenida, dejarse llevar por las pistas, por los datos, por el olfato para, más que inventarse un proyecto, descubrirlo y desarrollarlo de una forma coherente. De esta manera aprendimos a mirar la arquitectura y la ciudad con una nueva sensibilidad, aprendimos a escuchar lo que la ciudad tiene que contarnos, a llenarnos de herramientas y elementos de juicio antes de enfrentarnos a la tarea de comenzar un proyecto, para que una vez que nos encontramos con el papel, este no está en blanco, sino lleno de datos que nos sirven de guías para que las propuestas no sean invenciones, sino un proceso racional y sensato, fruto del conocimiento previo y de la sensibilidad que hemos desarrollado durante la investigación.. 8.

(9) INTRODUCCIÓN. Este proyecto comenzó por un interés específico en el barrio Juan XXIII. Un barrio de invasión, al oriente de chapinero, entre las calles 63 y 65, debajo de la avenida circunvalar. Desde el principio me llamó la atención su ubicación, colgado un barranco en las faldas de las montañas, y la historia de su territorio, ubicado en el Cerro de La Cruz, antiguo lugar de culto indígena que, como muchos otros, fue rebautizado con un nombre católico durante la colonia. En la primera mitad del siglo XX fue una cantera y los caminos que se utilizaban para acceder y para sacar la piedra son hoy las calles vehiculares que marcan los límites del barrio y que funcionan como las murallas cerradas de una antigua ciudad medieval, aislada de su territorio, incrustada en los cerros de Bogotá. Comenzó a poblarse en los años cincuenta con gentes que venían huyendo de la violencia, a trabajar en las canteras, pero la mayoría de sus habitantes llegaron hacia los y setenta, cuando empezaron la venta tierras y las expropiaciones para construir la represa de El Guavio, y muchas personas fueron expulsadas de sus territorios rurales. El paisaje del Guavio es montañoso, quebrado, a orillas de la represa los pueblos se encaraman en las laderas y desde sus calles empinadas se domina el horizonte lejano, la laguna y allá, al fondo, la otra orilla. No debe ser casual que las gentes de Gachalá, Ubalá, o Gacheta, escogieran como refugio para establecer sus nuevos hogares, las faldas del Cerro de la Cruz (fig 1). El barrio fue creciendo poco a poco, con el trabajo de sus habitantes y la ayuda de algunos de curas dominicos, sus más antiguos vecinos que dictaban catequesis y aportaban la fuerza de sus brazos y el conocimiento del urbanismo y la arquitectura que les pudiera ser útil. Hoy día tiene tres mil habitantes que viven en 15.000 mts2, en una masa compacta de casas de uno, dos, tres, y hasta cinco pisos de altura, con calles laberínticas, estrechas y empinadas por donde es impensable que transite un vehículo y donde nadie, a menos que sea del barrio, o un invitado especial de algún residente, se arriesga a aventurar. Hay altísimos índices de violencia, drogadicción, embarazos en adolescentes, analfabetismo y miseria. Igual que ocurre en la mayoría de los barrios de invasión, para los cuales la ciudad establecida no tiene una respuesta de acogida, no desarrolla mecanismos para que se integren al tejido urbano en todos los sentidos, vial, social, laboral, etc. Bogotá, en definitiva, no tiene una mirada abierta y clara sobre el problema de la inmigración que todos los días crece sin control ni colaboración oficial, y consecuencias gravísimas para el funcionamiento y el desarrollo urbano.. 9.

(10) EL LUGAR. De estrato 1, al que han podido acceder después de muchos años de trabajo comunitario, el barrio limita al oriente con el Colegio del Rosario de Santo Domingo, que ocupa un predio tres veces más grande que el territorio del Juan XXIII. Un poco más al norte está el Colegio Jordán de Sajonia, unido al monasterio de los curas Dominicos que también ocupa un espacio inmenso y tiene una densidad bajísima. Próximos al barrio por el costado y occidente norte hay varios conjuntos cerrados de vivienda de estratos cinco y seis y al costado sur está el barrio de la Nueva Granada, también de invasión, y que funciona, para muchas actividades, en comunidad con el Juan XXIII, Los Olivos, ubicado más al sur justo debajo de la Circunvalar y El bosque Calderón Tejada, situado al costado oriental de la misma avenida. En su costado más oriental se cruzan la calle 65 A y la carrera 1ª, y este cruce, por donde cada día transitan cerca de 125 rutas de buses de los colegios antes mencionados además de las de los buses del Colegio Nueva Granada, es el único espacio público abierto donde los habitantes del Juan XXIII se reúnen para comprar en el mercado ambulante de los sábados, hacer los bazares, jugar al fútbol, las canicas o la rana. La primera impresión al llegar allí fue la sensación de aislamiento a la que está sometido el barrio, que como ya dije funciona como una ciudad medieval amurallada con una densidad altísima y con los problemas sanitarios, sociales y humanos que eso implica. Pero recorriendo sus límites, se ve que sus vecinos, de estratos mucho más altos, también están aislados por rejas y en la mayoría de los casos por muros infranqueables. Ocupan predios privados inmensos y tienen una población mucho menor que la del Juan XXIII, pero sufren las mismas carencias de continuidad, conectividad y posibilidades de introducirse en el tejido urbano. Parece que por circunstancias históricas y topográficas, independientemente de las condiciones económicas, los habitantes de esa zona del nororiente de Bogotá, padecen males comunes. Eso me obligó a ver el lugar con un poco más de distancia y estudiarlo abriendo el espacio para determinar los límites reales de la intervención que la ciudad pedía en ese sector. Desde el parque de la quebrada Ronda la Vieja, que baja de la Circunvalar a la quinta por la calle 71, hasta la culminación de la avenida José Celestino Mutis, que hace el empate desproporcionadamente grande de la calle 63 con la Circunvalar, la ciudad ha crecido de manera desordenada, laberíntica y en muchos casos absurda. Las rutas son dificilísimas para los carros y casi siempre hostiles a los peatones. No existe una buena conectividad en sentido norte sur, ni en sentido oriente occidente. El espacio público de esparcimiento es casi inexistente y cuando lo hay está aislado y es para el disfrute de 10.

(11) unos pocos. Siendo una zona que alberga la mayoría, si no todos los estratos económicos, y que por ello tiene una riquísima diversidad de población, algo sin duda deseable para cualquier ciudad, parece que cada grupo se encierra en sus espacios privados grandes o pequeños y no participa de la vida urbana. A partir de esta observación se hizo evidente que además de solucionar un problema de espacio público y equipamientos para el barrio, a escala arquitectónica, había unas carencias importantísimas a nivel urbano, y que el proyecto debía presentar una solución, también a esa escala.. 11.

(12) PROPUESTA URBANÍSTICA. Una vez establecidos los límites urbanos del proyecto entre la avenida circunvalar y la carrera 5ª, en sentido oriente occidente, y el parque Ronda la Vieja en la calle 71 y el nudo de la 63 con Circunvalar en sentido norte sur se propone, en primer lugar, que como ha ocurrido en muchos lugares de Bogotá grandes instituciones (El antiguo colegio de El Sagrado Corazón, el Centro Internacional, La Porciúncula, La Enseñanza, etc.), que han ocupado predios enormes en lugares céntricos de la ciudad, se desplazan a sectores más exteriores y ceden sus terrenos permitiendo que el tejido urbano se desarrolle de manera continua y coherente Algunos de los edificios de esas instituciones han permanecido con las mismas o con otras funciones, pero los predios se han podido fragmentar y se han construido calles parques y espacios públicos de uso común o espacios privados más proporcionados al crecimiento demográfico, la densidad y a las necedades urbanas actuales. Partiendo de esa premisa y teniendo en cuenta los problemas del sector mencionados antes, se propone que los predios que hoy ocupan el Colegio del Rosario de Santo Domingo, El Monasterio de Santo Domingo y el Colegio Sajón de Jordania se partan, conservando los edificios más notables, pero permitiendo la apertura de espacios públicos de tránsito y esparcimiento y la creación de algunas manzanas de vivienda. Así se podría generar un sistema de espacios verdes que conecte los parques existentes mediante circuitos peatonales a lo largo de una serie de parques lineales que den la opción de recorrer toda la zona de intervención en ambos sentidos, norte sur y oriente occidente. Además, dar una cara amable a la circunvalar que en este sector resulta inhóspita para los peatones, y abrir una serie de vías para vehículos que permitan una mayor continuidad y conectividad a todo el sector. Dentro de este nuevo sistema de parques y circuitos peatonales se implanta el proyecto arquitectónico que resuelve el problema de espacio público y equipamientos para el barrio Juan XXIII. Esa solución formaría parte del tejido urbano y podrían hacer uso de ella, no sólo los habitantes del barrio sino también sus vecinos más próximos o cualquier ciudadano que transitara por el sector. Así, además de una solución urbana o arquitectónica, se abriría la posibilidad de que todos los grupos cerrados que conforman el sector, se volvieran permeables, no sólo física sino socialmente.. 12.

(13) PROYECTO ARQUITECTÓNICO. Teniendo en cuenta la manera en que se conformó el barrio, su topografía, su densidad y la dificultad para abrir el tejido sin detrimento de las viviendas, se llegó a la conclusión de que la única manera de esponjar la masa compacta era quitar los edificios que no eran vivienda, es decir la guardería y el salón comunal, pero aún así, el espacio abierto que dejan estos edificios resulta insuficiente; por eso la solución debía estar fuera de los actuales límites del barrio, ocupando parte del circuito peatonal propuesto en toda la zona, y que actualmente es parte del colegio de El Rosario de Santo Domingo. La intensión principal es dotar al barrio y a la vez a la ciudad de lugares de encuentro, de reunión y de esparcimiento al aire libre, al tiempo que se resuelva un espacio cubierto para eventos deportivos de los cuatro barrios de invasión que funcionan de manera conjunta (Juan XXIII, Nueva Granada, Los Olivos y Bosque Calderón Tejada). Dada la topografía del terreno, la propuesta plantea una serie de edificios terraza, sobre los cuales se pueda transitar a distintos niveles y que hagan parte del sistema de parques y circuitos peatonales que atraviesan la zona. Estos edificios deben, en primer lugar, reemplazar las funciones de los que se sacan del barrio, es decir, el salón comunal y la guardería, además de cumplir los objetivos mencionados arriba. El trabajo en equipo, las labores de la comunidad como una unidad es lo que ha permitido a los habitantes del Barrio Juan XXIII permanecer allí en contra de toda clase de adversidades. Es lo que ha hecho posible que en el 2002 les dieran finalmente títulos de propiedad sobre las tierras que había ocupado más de treinta años atrás. La comunidad tiene para ellos una importancia fundamental, que no tiene en grupos de estratos más altos. Por eso el salón comunal es el edificio más significativo del barrio y dentro del proyecto ocupa el lugar más alto, desde donde se domina no sólo el Juan XXIII sino toda la ciudad que se extiende hacia occidente. En el nivel inmediatamente inferior está la guardería con aulas que se extienden al exterior en terrazas, también hacia occidente, y un jardín para los niños, más interior hacia el costado oriental, más cerrado al exterior. En el piso de abajo, a nivel con la parte más alta del barrio, una gran plaza al aire libre, con espacios de distintos usos, lugares de permanencia, lugares de alta circulación y unos locales comerciales que funcionan de manera ocasional, para el mercado de los sábados, los bazares, las ferias etc. La cancha múltiple ocupa en altura desde el nivel -3, es decir un piso más abajo que la plaza, hasta el nivel +6, por el cual se accede al salón comunal. Su cubierta transitable es también un gran espacio abierto a la ciudad y funciona como un balcón hacia occidente. 13.

(14) Todos los espacios están relacionados con los circuitos peatonales que plantea la propuesta urbana, así que el proyecto es, en fin, un lugar de paso donde se congregan una serie de actividades comunales de las que puede participar todo el mundo.. 14.

(15) CONCLUSIONES. La aventura de hacer este proyecto ha resultado tremendamente enriquecedora. Pienso que partiendo de la metodología planteada y si uno se enfrenta al proyecto de grado con la suficiente disposición, con la suficiente desprevención, dejándose sorprender por las cosas que descubre en el camino, con la suficiente sensibilidad para atender aquello que es relevante y desechar lo superfluo, puede llegar a aprender muchísimo y de la mejor manera, es decir, descubriendo uno mismo, a través de los propios sentidos, cuales son los principios que van guiando su proyecto. Hoy tengo claro que hacer arquitectura no es solamente ceñirse a un programa o unas áreas determinadas, que siempre se hace arquitectura pensando en la ciudad, y que además se hace arquitectura para todos, aunque uno trabaje para un cliente específico, el proyecto o el edificio que se desarrolle debe tener en cuenta a todos. Parece inevitable que en todas las ciudades que sobrepasan un cierto número de habitantes un cierto número de hectáreas, existan zonas aisladas, guetos donde sólo sus habitantes se atreven, o les está permitido transitar. Desde los lujosos conjuntos cerrados de vivienda hasta los sectores más pobres y peligrosos de la ciudad, el fenómeno, a nivel urbano, es el mismo: grandes parcelas de ciudad donde por unas u otras razones, sólo pueden acceder cierto tipo de personas. Pienso que es, en buena parte, responsabilidad del arquitecto y del urbanista el trabajo de hacer que todos los sectores de la ciudad sean permeables, que el espacio sea, verdaderamente público, es decir para el uso y el disfrute de todos, sin discriminación alguna. Esto no quiere decir que se pierda la diversidad que enriquece a una ciudad, sino todo lo contrario, es decir que todas las ciudades que conviven en el espacio inmenso que ocupa Bogotá, lo hagan libremente y en armonía, para el beneficio de todos. La ciudad, y especialmente Bogotá es como un gigante que no termina de crecer, de moverse, de adaptarse a nuevas condiciones. No puede funcionar como un ente cerrado y terminado, eso, además de improbable sería como asumir la muerte. La ciudad va cambiando de acuerdo a las necesidades nuevas, a las nuevas tecnologías, al aumento de población, a la llegada inminente de miles y miles de desplazados que todos los días se ven obligados por la guerra, la pobreza o la falta de oportunidades, a abandonar sus territorios rurales. Estar de espaldas a estos hechos, además de terriblemente aburrido, sería como querer tapar el sol con un dedo. Desde todas las disciplinas que tienen que ver con el desarrollo de la ciudad, pero especialmente desde la arquitectura y el urbanismo, se deben mirar estos fenómenos con los ojos bien abiertos, para ser capaces de asimilar los cambios y adaptar el oficio a las nuevas necesidades que se presentan a diario, sin dejar por fuera a ningún sector de la población, a ninguna zona de la inmensa ciudad de Bogotá. 15.

(16) Finalmente, después de desarrollar este proyecto, podría decir que la ciudad deseable para todos debería ser diversa, con puntos de encuentro y reunión para sus habitantes, zonas deportivas y lugares de ocio al aire libre, capaces de albergar a todos sin distinciones de condición social o económica. Con espacios privados en donde cada uno encuentre intimidad y abrigo. Una ciudad permeable, conectada, continua, coherente y amable para todos. Ese sería el entorno adecuado para que se desarrollara el Juan XXIII, o cualquier barrio de cualquier ciudad del mundo.. 16.

(17) El Barrio Juan XXIII. Fig 1.

(18) Memoria. figura 2 19.

(19) Análisis del lugar. Figura 3 20.

(20) Plano topográfico a escala urbana. figura 4 21.

(21) Referencias urbanas. figura 5 22.

(22) Propuesta urbanística. figura 6 23.

(23) Plano topográfico a escala arquitectónica. figura 7 24.

(24) Referencias arquitectónicas. figura 8 25.

(25) Planta general. figura 9 26.

(26) Planta nivel -3.00mts. figura 10 27.

(27) Planta nivel +- 0.00. figura 11 28.

(28) Planta nivel + 3.00mts. figura 12 29.

(29) Planta nivel + 6.00mts. figura 13 30.

(30) Plancha de estructuras. figura 14 31.

(31) Secciones 1. figura 15 32.

(32) Secciones 2. figura 16 33.

(33) Detalles. figura 16 33.

(34) BIBLIOGRAFIA. Auster, Paul, La trilogía de Nueva York, Editorial Anagrama, Barcelona, 1996 Calvino, Italo, Las ciudades Invisibles, Editorial Bruguera, Barcelona, 1978. Paricio Ignacio, La construcció de la arquitectura, volúmenes 1, 2 y 3, Ed institut de tecnología de la construcció de Catalunya. Revista Arquitecturas no 7 Revista Croquis nos 89 y 90 Revista Arquitectura Viva no 65. 35.

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Referencias

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