Sueños en gris

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SUEÑOS EN GRIS

Ese gesto del grafiti que besa la pared, o el papel que se sostiene débilmente amenazado por el viento, la lluvia, los días soleados en la ciudad gris. Esa mancha blanca en la puerta metálica del corrientazo, Pimentón y mil sabores. Esos largos postes donde cuelgan cometas, pájaros, sueños. Postes envueltos en la tarde de cuerpo rojo y amarillo que desnuda las ligeras nubes bogotanas.

Ese caminar entre la multitud, solo, insignificante, y sentir la dicha de no ser nadie, de ser todos, de pasar como fantasma o falso reflejo. Luces que titilan en las noches desbordadas por gemidos y homicidios. Luces que bailan en la noche aturdid a por la combustión de los buses y los hombres. Luces insistentes en cuidar las sombras de los perros.

Soledad, devenir del hombre en mancha, ciudad metálica, violenta, ahuecada.

Ese ir yendo a ninguna parte, los ojos dilatados, el vacío que dejan los días en los pantalones. Las huellas de los gatos, la usanza de los perros en la entrada de los hospitales, la congestión de los viernes en las tabernas calurosas, promiscuas, aglomeradas. El bello gesto de los paisajes de mocos y pegante en las sillas de los buses, en las carnicerías de los barrios. Ese ir viniendo de ninguna parte, desga-lamidos, insoportables, cargando la rutina de no tener propósito en la vida.

─ ¿Por qué te arrastras por el piso? Pregunta una anciana que trata de seguirnos el paso cuando nos ve andando como perros por las calles.

─No me arrastro por el piso ─respondo─ es la maldita ley de la gravedad que no me deja levantarme. Y ¿cómo ir contra aquello irremediable, imposible de evadir? Acostumbrarse señora, acostumbrarse.

Así es la vida, un constante caer, quedar aplastado; cuerpo, ojos, mente, corazón olvidado del cielo.

─ Es esta terca siudad de cuicidios. De palabras inútiles, de balcones inútiles, de hombres inútiles en las estaciones de gasolina, en los centro comerciales, en los burdeles azulados, en las bibliotecas, en los cines, en los bares. Esta dura y bella ciudad de organismos oxidados, cuerpos plás-ticos, reciclables, retornables; bombillos rotos, vidrios olvidados en el afán del día, condones usados en medio de las líneas amarillas de las vías. Todos los desechos producidos por los hombres abraza-dos al paisaje, alimentando la ciudad, la vida, los ojos, los estómagos vacíos, áciabraza-dos, el lenguaje.

Irrefrenable estética de lo fragmentado, los residuos, los pedazos, los resquicios de noche. Todo aquello de lo que estamos hechos y está hecho nuestro alrededor. El hombre que es su entor-no, el entorno que es el hombre:

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Metal aluminio plástico cigarros baterías cables qué poesía para todo esta basura cómo no amar las envolturas de hamburguesas las botellas de Coca-Cola los delgados pitillos para inhalar cocaína hierro-cinc-bazuco y armas y pólvora en el cielo ratones de computadores que muerden los dedos de Rodrigo-roedor- pantallas pantallas acrílico papel Brad Pitt nos visita el mono de oro-pla-ta-código de barras para tu dieta para tus cinco hijos ejemplares ¡Quiero gritar! ¡Quiero gritas hasta que Dios quede sordo! C-H-A-T-A-R-R-C-H-A-T-A-R-R-A-C-H-A-T-A-R-R-A para todos nuestros sentidos para vivir para soñar para nuestra salud para nuestra seguridad social para nuestro sexo C-H-A-T-A-R-R-A-C-H-A-T-A-R-R-A infinita para nuestra poesía.

La poesía, la poesía ¿para qué te tengo poesía, para qué te uso poesía? ¿Para qué me tienes poesía, para qué me usas poesía? Te abrazo, te acaricio y siempre te me escapas, siempre estás en todas partes y en ninguna. Estás para vivir, para respirar, para ver a los hombres estúpidos caminar por las calles, hacer el amor en los parques, coger el bus y decir algunas mentiras: estás, bella solita-ria, para hacer de toda esta chatarra algo hermoso.

Esqueletos de cigarrillos calcinados, tubos pavco entrometidos en el paso, grifos desahogando la tristeza mañanera,

cabezas de fósforos encendiendo una droga amarilla. Soy un retazo de periódico,

un papel desgastado, una palabra mal pronunciada. Soy tan sólo una esquirla

en este universo frágil de vidrio.

Soy una hormiga cargando veinte veces su peso que es todo de silencio y soledad.

Soy un soldado que dejó el arma junto a la cama y ahora el enemigo lo mira,

lo huelo, lo toca, lo mata y no lo entierra.

Soy un susurro en una multitud dispuesta a todo, un peldaño más

–o menos-

en la despiadada escalera al cielo.

Soy un zapato desamarrado, ahuecado, con la lengua suelta. Soy tan sólo un hijo de un padre de un hijo de un padre

de un hijo de un padre hasta el final hasta el principio.

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Paredes

Cuerpos heridos de lluvia,

rasgados bruscamente, solitarios.

Cuerpos grises, testigo de las mañanas desabridas, testigos de la tarde olvidada por Dios,

testigos de la noche arrebatada y torpe

que avanza con su rostro estrellado de muerte. Cuerpos rígidos, tensos, acorralados,

testigos del hombre desnudo,

testigos del último beso de dos homosexuales, testigos de la ciudad asesina y doblegada. Cuerpos estáticos, multicolores:

mares inmóviles de papel, palabras, rostros, nombres, ladrillos, poemas.

Seres que están mirándonos, espiándonos constantemente, contando nuestros delitos, nuestras culpas, nuestros amores. Cuerpos frígidos esperando el día de poder ser derrumbados.

Ventanas

Amigas de los pájaros que picotean sus esqueletos frágiles, amigas de los gatos que maúllan en sus oídos sordos.

Jueces del perro que paseo por la calle buscando su sombra, un árbol donde orinar, dando vueltas para su sueño eterno.

Seres traslúcidos, videntes de los hombres que pasan afanados al trabajo,

de las carros que pitan, que les roban un espejo, que se estrellan contra un poste. Ojos, estrellas, diosas de las calles, jueces del paso del semáforo,

de la conversación del lustra botas, de los años del limpia vidrios,

de la voz aguda de la vendedora de aguacates, del dolor del domiciliario de pizzas. Testigos oculares de los vendedores de periódicos, de las palomas en los techos, de los tanques rebozados de agua, de las vallas publicitarias somnolientas. Diosas de la visión panorámica, de las canecas repletas de cuerpos desechables, diosas del paso del tiempo frente a sus caras cristalinas, frente a sus ojos dolorosos, frente a su humanidad transparente, insignificante, omnipresente.

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Desechables

I

Hermosa botella recostada en los ladrillos de la Caracas entreteniendo la aburrida noche

de aquellos fanáticos a las patadas. Hermosa diosa-plástica-desechable preparando tropiezos acompañando tristes rincones

bailando en la ciudad sigilosa.

¡Dónde terminarás puta cristalina!

En qué vacío metálico rodeada de otros cuerpos reciclables, en qué otra calle destinada al fracaso.

En qué mugroso destino envuelto en la melancolía bogotana.

II

Perdida tontamente olvidada desnuda y frágil ante los azares de la vaga ciudad. Digo roja y melancólica

casi podrida bajo las luces digo cuerpo y no importa

manzana muerta en los labios de la noche. III

Caer otra vez

mirar odiosamente al piso escupir grotescamente insultar dos veces preparar la lágrima rabiosa

finalmente hallarse cansado listo para olvidar la inútil

cáscara de mandarina y morir en la noche salpicada de estrellas.

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Luces

I

En lo alto

esas luces baratas de burdel colgadas de hilos invisibles mirando al mundo

cínicas irónicas

bailando bebiendo noche

escupiendo escarcha por las calles. En lo alto

esas titilantes secretarias nocturnas entrevistando miradas

cuerpos de jóvenes ebrios locos que se muerden las uñas

y se masturban en los techos. II

Te aguantas el pegamento -bóxer cauchol pepe pegotero-los orines de borracho

las perezosas babas y el semen de los perros

tristes-huesos-que ladran y mean. Te aguantas el llanto

el despecho el abandono el cartón mojado el tubo Pavco

el perfume pequeño de las prostitutas. Te aguantas los arañazos desesperados los últimos besos de los bobos

el olor a bazuco que huele a todo -ladrillo bus sangre perico y marihuana-Te aguantas los pitos

el chirrear de las llantas la mierda de los hombres y de algunas palomas ofensivas. Te aguantas tantas quejas tantos dolores molidos

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Metal aluminio plástico cigarros baterías cables qué poesía para todo esta basura cómo no amar las envolturas de hamburguesas las botellas de Coca-Cola los delgados pitillos para inhalar cocaína hierro-cinc-bazuco y armas y pólvora en el cielo ratones de computadores que muerden los dedos de Rodrigo-roedor- pantallas pantallas acrílico papel Brad Pitt nos visita el mono de oro-pla-ta-código de barras para tu dieta para tus cinco hijos ejemplares ¡Quiero gritar! ¡Quiero gritas hasta que Dios quede sordo! C-H-A-T-A-R-R-C-H-A-T-A-R-R-A-C-H-A-T-A-R-R-A para todos nuestros sentidos para vivir para soñar para nuestra salud para nuestra seguridad social para nuestro sexo C-H-A-T-A-R-R-A-C-H-A-T-A-R-R-A infinita para nuestra poesía.

La poesía, la poesía ¿para qué te tengo poesía, para qué te uso poesía? ¿Para qué me tienes poesía, para qué me usas poesía? Te abrazo, te acaricio y siempre te me escapas, siempre estás en todas partes y en ninguna. Estás para vivir, para respirar, para ver a los hombres estúpidos caminar por las calles, hacer el amor en los parques, coger el bus y decir algunas mentiras: estás, bella solita-ria, para hacer de toda esta chatarra algo hermoso.

Esqueletos de cigarrillos calcinados, tubos pavco entrometidos en el paso, grifos desahogando la tristeza mañanera,

cabezas de fósforos encendiendo una droga amarilla. Soy un retazo de periódico,

un papel desgastado, una palabra mal pronunciada. Soy tan sólo una esquirla

en este universo frágil de vidrio.

Soy una hormiga cargando veinte veces su peso que es todo de silencio y soledad.

Soy un soldado que dejó el arma junto a la cama y ahora el enemigo lo mira,

lo huelo, lo toca, lo mata y no lo entierra.

Soy un susurro en una multitud dispuesta a todo, un peldaño más

–o menos-

en la despiadada escalera al cielo.

Soy un zapato desamarrado, ahuecado, con la lengua suelta. Soy tan sólo un hijo de un padre de un hijo de un padre

de un hijo de un padre hasta el final hasta el principio.

y tristezas empaquetadas

¡Y no puedes decir nada! Inmóvil erecto fálico

precoz intermitente espía de las noches guachimán de la calle contador de pasos

charcos caracoles paquetes de papas: bello callado solitario poste

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Paredes

Cuerpos heridos de lluvia,

rasgados bruscamente, solitarios.

Cuerpos grises, testigo de las mañanas desabridas, testigos de la tarde olvidada por Dios,

testigos de la noche arrebatada y torpe

que avanza con su rostro estrellado de muerte. Cuerpos rígidos, tensos, acorralados,

testigos del hombre desnudo,

testigos del último beso de dos homosexuales, testigos de la ciudad asesina y doblegada. Cuerpos estáticos, multicolores:

mares inmóviles de papel, palabras, rostros, nombres, ladrillos, poemas.

Seres que están mirándonos, espiándonos constantemente, contando nuestros delitos, nuestras culpas, nuestros amores. Cuerpos frígidos esperando el día de poder ser derrumbados.

Ventanas

Amigas de los pájaros que picotean sus esqueletos frágiles, amigas de los gatos que maúllan en sus oídos sordos.

Jueces del perro que paseo por la calle buscando su sombra, un árbol donde orinar, dando vueltas para su sueño eterno.

Seres traslúcidos, videntes de los hombres que pasan afanados al trabajo,

de las carros que pitan, que les roban un espejo, que se estrellan contra un poste. Ojos, estrellas, diosas de las calles, jueces del paso del semáforo,

de la conversación del lustra botas, de los años del limpia vidrios,

de la voz aguda de la vendedora de aguacates, del dolor del domiciliario de pizzas. Testigos oculares de los vendedores de periódicos, de las palomas en los techos, de los tanques rebozados de agua, de las vallas publicitarias somnolientas. Diosas de la visión panorámica, de las canecas repletas de cuerpos desechables, diosas del paso del tiempo frente a sus caras cristalinas, frente a sus ojos dolorosos, frente a su humanidad transparente, insignificante, omnipresente.

¿Qué, en definitiva, hace que el arte puede ser llamado arte? Es difícil presentar una respues-ta concrerespues-ta sobre qué es el arte y no sabemos si en verdad sea necesaria. Definir qué es el arte parece una pregunta sobre la esencia de este, sobre lo que significa, lo que lo hace ser: una pregun-ta fundamenpregun-talispregun-ta que, posiblemente, lo delimipregun-taría, lo cerraría en vez de dejar que vuele, que se expanda. El arte no tiene que significar sino más bien estar, vivir, respirar. El arte nace cuando se puede leer, cuando puede establecer relaciones, cuando comparte un presente. Digo que no debe significar porque en la búsqueda de significado se pierde esa relación viva; se pierde en definitiva esa experiencia del arte y pasa a ser otra cosa. ¿Qué perdura en el arte o hace que el arte perdure? No es necesariamente la materia, aunque si parte de ella; es más bien la materia que coge forma a partir del gesto. El gesto como una síntesis de un estado, de un concepto, de un movimiento interno. La materia sin gesto es sólo materia, el gesto sin materia, sin medio, es simplemente un estado íntimo. El gesto y la materia compone una experiencia estética que permite la creación de algo nuevo; una experiencia que después sale el mundo y deja de ser propia.

El arte perdura porque comparte en el presente en que se experimenta ese movimiento interno convertido en algo vivo, visible, presente, capaz de comunicarse. El gesto es una saturación de multiplicidades que por medio de la materia logra crear una obra de arte. Pero no es el gesto una creación del artista: es el artista una creación del gesto. El gesto existe antes del artista y es azaroso, incontenible, imposible de significar, de encerrar, de limitar. Y al igual que el gesto el material también es antes del artista y por más que creamos que lo dominamos, la verdad, él nos domina a nosotros. Pensar en la materia como un fin en sí mismo. El proyecto surge por esa necesidad de buscar en los materiales una estética, una forma de creación en donde sea el mismo elemento el que sugiera, exprese, transforme. La materia y el gesto. Estos son dos elementos fundamentales para que la obra pueda ser leída. Así mismo el proyecto busca examinar la huella, el rastro; aquello que es presencia a partir de su ausencia. Los materiales principales son bruscos, imponentes, ordinarios, crudos. La construcción de las obras buscan experimentar y explorar los significados previos de los materiales para repensarlos, reelaborarlos. Construcción precisamente como un verbo de trabajo, de proceso. Pensar en cómo la materia se crea y desde ahí pensar en el arte. Pero también pensar luego en cómo esa materia está intervenida por otros muchos procesos, materiales, objetos, cuando hace parte de

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un entorno, un contexto, un paisaje. Pensar en el gesto como un lugar dual donde se piensa, se experimenta, se crea, pero también donde se dejan muchos factores al azar, a lo incontrolable. Y así mismo tomar este proceso como un proceso creativo, donde la materia se establece como elemento para pensar, para crear; como fin y no como medio para algo.

Sueños en gris es una apuesta por la creación de una estética violenta, concreta, azarosa, hasta vulgar. Además de la importancia que adquieren los materiales y de querer que estos sean evidentes: que adquieran un carácter visible, artístico, en donde casi siempre se buscan esconder. La obra también se establece en relación con lo efímero y la ciudad. Lo efímero se presenta como huella, como ausencia, como rastro que, aunque permanece, es transformado y a penas insinuado como gesto. Lo efímero también en tanto materia; las constantes agresiones, contactos, transforma-ciones que sufren los materiales.

La obra en cualquier momento podría destruirse por su carácter efímero, por su característica de debilidad, de fin. Sueños en gris no se pregunta por la durabilidad del arte, sino más bien por su carácter inconstante, fugaz, volátil, así mismo como las paredes de una ciudad, como las esquinas, las ventanas, los edificios y el hombre que están constantemente en un punto de vulnerabilidad, de deterioro que crea una estética.

Nicolás Peña Posada

201013616

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