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Historia de Bolivia UMSA1

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UNIVERSIDAD MAYOR DE SAN ANDRÉS

FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIAS POLÍTICAS

CURSO PREFACULTATIVO GESTIÓN 2011

HISTORIA DE BOLIVIA

Texto compilado y elaborado por:

Dr. Marco A. Centellas Castro

Dr. Emerson Calderón Guzmán DIRECTOR CURSO PREFACULTATIVO

DISTRIBUCIÓN GRATUITA PROHIBIDA SU VENTA

La Paz – Bolivia 2011

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2 Depósito Legal No. Segunda edición Septiembre 2011 Tiraje : 3.500 ejemplares Título : HISTORIA DE BOLIVIA

Autores : Facultad de Derecho y Ciencias Políticas UMSA

Impreso en:

Prohibida su venta total o parcial por medios electrónicos, fotocopias, y otros sin autorización escrita del autor.

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3 CONTENIDO PRESENTACIÓN CAPÍTULO I

ORÍGENES DEL ESTADO BOLIVIANO TIWANAKU, LOS REINOS AYMARAS Y EL IMPERIO DE LOS INCAS

- Los Reinos Aymaras - El Imperio Incaico - Estructura del Imperio Inca - Organización política - La organización social

CAPÍTULO II

LA CONQUISTA DEL IMPERIO

INCAICO Y LA COLONIA EN EL ALTO PERÚ

- La Mita en el Alto Perú

- La encomienda y los repartimientos - Las misiones

CAPÍTULO III

LA CRISIS COLONIAL Y LA FUNDACIÓN DE LA REPÚBLICA

- Las transformaciones político económicas en la Península

- Los levantamientos indígenas

- La invasión de Napoleón a España y el levantamiento del 25 de mayo en Chuquisaca - El levantamiento y la Junta Tuitiva en La Paz - La guerra de guerrillas y las Republiquetas - El Decreto del 9 de febrero

- Declaración de la Independencia del Alto Perú

CAPÍTULO IV

PRIMEROS AÑOS DE VIDA REPUBLICANA

- Presidencia del Mariscal Antonio José de Sucre - Gobierno del Mariscal Andrés de Santa Cruz - Las Reformas Constitucionales de 1831 y 1834

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- La Confederación Perú Boliviana - Los Gobiernos de la restauración

CAPÍTULO V

PROTECCIONISMO Y LIBRECAMBISMO

- Belzu y la irrupción de las masas populares - Primeros gobiernos librecambistas

CAPÍTULO VI

DE LA GUERRA DEL PACÍFICO A LA GUERRA FEDERAL

- Antecedentes de la guerra del Pacífico - El desarrollo de la guerra

- El nacimiento del Estado Conservador - La Guerra Federal

CAPÍTULO VII

EL PERÍODO LIBERAL

- La crisis política liberal y el republicanismo - Antecedentes de la Guerra del Chaco - La guerra y su desenlace

- El Socialismo Militar y el Constitucionalismo Social - Antecedentes de la Revolución Nacional

CAPÍTULO VIII

EL ESTADO NACIONAL REVOLUCIONARIO

- La Revolución Nacional - El ciclo autoritario militar

- Los años de la transición democrática

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PRESENTACIÓN

La Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) tiene el agrado de presentar los textos oficiales de enseñanza-aprendizaje para la Prueba de Admisión del Curso Prefacultativo de la Carrera de Derecho, Gestión 2011.

La Carrera de Derecho de la UMSA fue creada el año 1830 por el Mariscal Andrés de Santa Cruz y Calahumana y durante estos 181 años de actividad académica y formación profesional, la Carrera se ha convertido en el centro de generación de conocimiento jurídico del país, cumpliendo a la vez con la sagrada misión de acreditar profesionales abogados con un alto espíritu de servicio a la comunidad.

La Carrera tiene como base de constitución, el carácter democrático, popular e intercultural. Su gestión académica se cimienta en el CO-GOBIERNO, entendido como un sistema de equilibrio democrático que consiste en la conformación de órganos de decisión y gobierno entre docentes y estudiantes, y en la LIBERTAD DE CATEDRA, que tiene su fundamento en la libertad de pensamiento de docentes y estudiantes en un proceso constante de debate de posiciones y posturas ideológicas en un marco de democracia y respeto.

Estudiar en la Carrera de Derecho es una oportunidad para los postulantes que pretenden formar parte de la comunidad universitaria y posteriormente del foro intelectual de la ciencia jurídica, que requiere como nunca antes de abogados comprometidos con los proceso de transformación y cambio, que encara el país.

Los abogados formados en nuestras aulas son profesionales de alto prestigio y reconocida reputación por la alta calidad y excelencia académica invertida en su formación. Este objetivo es posible debido a que los Docentes de la Carrera de Derecho, gozan de una amplia experiencia en la trasmisión de conocimientos especializados.

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Asimismo, la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la UMSA ha suscrito una serie de convenios con Universidades Extranjeras que otorgan a sus estudiantes la posibilidad de continuar sus estudios a nivel de postgrado, maestría y doctorado. Igualmente, proporciona autenticas oportunidades para que sus alumnos realicen prácticas profesionales antes de la graduación, ya que ha celebrado también importantes convenios con entidades públicas y privadas del país.

Bajo estas premisas, los presentes textos de enseñanza-aprendizaje que ponemos a consideración de los postulantes a la Carrera de Derecho están diseñados para que los mismos tengan una adecuada orientación sobre el contenido de las diferentes materias a ser impartidas durante el Curso Prefacultativo.

En este contexto, las autoridades, los docentes y la comunidad universitaria de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la UMSA expresan a los postulantes del Curso Prefacultativo su predisposición de ofrecerles las mejores condiciones posibles para el desarrollo del Curso y desean a todos los participantes, el mayor de los éxitos en su preparación para el examen de admisión.

Dr. Julio Mallea Rada Dr. Marco Centellas Castro

DECANO VICEDECANO

Dr. Juan Ramos Mamani Dr. Emerson Calderón Guzmán DIRECTOR DIRECTOR

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7 CAPÍTULO I

ORÍGENES DEL ESTADO BOLIVIANO TIWANAKU, LOS REINOS AYMARAS

Y EL IMPERIO DE LOS INCAS

XVI siglos antes de Cristo Tiwanaku era una aldea más entre miles que se encontraba en el espacio valluno alrededor del lago Titicaca; el hombre de estas regiones fue pasando del nomadismo a la trashumancia gracias al acercamiento que tuvo con la llama, lo que significó la domesticación de este animal.

Los orígenes de Tiwanaku están dados con el proceso de sedentarismo de los seres humanos de esta región, que se inicia con el proceso de domesticación de plantas y animales, que les permite asentarse en el espacio geográfico de la región estableciendo aldeas, que se caracterizan por la fijación de un territorio de propiedad común necesario como para poder realizar actividades que les permitan su subsistencia.

En el principio formativo de Tiwanaku, se constituyen pequeños ayllus aldeanos cuya base económica está dada por la agricultura complementada por la pesca y la ganadería, que se van a constituir en actividades base para el comercio interaldeano que les permitirá, no solo el intercambio de sus excedentes, sino también el contacto con otros ayllus produciendo el intercambio de experiencias, conocimientos y tecnologías.

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Este intercambio en la etapa formativa, en lo económico permitía que aquellos ayllus que tenían algunos bienes en demasía, puedan transportarlos a otras regiones donde no los había; en lo social, permitió que se forme una nueva trama de lazos sanguíneos mediante el matrimonio exogámico; y tecnológicamente se produjo una socialización de los conocimientos y todo tipo de innovaciones, lo que produjo una cultura más uniforme.

Se ha establecido ciertas hipótesis de que Tiwanaku es una prolongación de la expansión de las culturas Chiripa y Wankarani, o por lo menos que tiene una gran influencia de estas en su primer momento o momento aldeano.

Según el arqueólogo Ponce Sanjinés, Tiwanaku atravesó cinco diferentes épocas o períodos, las cuales se las pueden enmarcar en tres estadios del desarrollo: aldeano, urbano e imperial.

El estadio aldeano tuvo una vigencia aproximada de 1.500 años (1580 a.c. al 33 d.c.), en este período se desarrollan las épocas o períodos I y II, denominados aldeano inferior y aldeano superior.

El aldeano inferior tiene todas las características del horizonte formativo arriba detalladas, y es recién en el aldeano superior donde se producen algunas transformaciones notables, porque en este período se va generando las primeras experimentaciones de la tecnología agrícola de los sukakollus, que le va a permitir pasar de una agricultura autosuficiente y secano, a la agricultura de riego en función de los ciclos y fenómenos climáticos y las leyes físicas que rigen a la naturaleza.

En lo político social, se evidencia el tránsito de los gobiernos locales hacia la instalación de un gobierno supra-ayllu responsable de la organización social y del desarrollo de todas las actividades aldeanas, donde hay ausencia de una diferenciación de clases sociales.

El estadio urbano que abarca los períodos III y IV se constituye en el momento de la verdadera transformación de la aldea en urbe, donde

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una de sus características principales es la aparición de la revolución hidráulica y agrícola con la consolidación de los sukakollus y el nacimiento de un gobierno estatal sobre el conjunto de aldeas ubicadas en torno al lago Titicaca.

En este estadio del desarrollo, se inicia la especialización de las actividades gracias a una marcada división del trabajo basada en la diferenciación social; así como una creciente formación teocrática que basa sus principios en el profundo respeto por la naturaleza.

Hacia el siglo II de nuestra era, se inicia una etapa de esplendor por el dominio en las técnicas del tratado de la piedra, lo que repercute en la creación de obras maestras, que han llegado hasta nuestros días.

Se produce una división urbanística en cuanto al espacio cívico ceremonial, distinto del espacio doméstico habitacional productivo separado por un canal que lo circunda, hecho que se repite en las otras ciudades pertenecientes a Tiwanaku, más concretamente en: Konko Wankani, Lukurmata, Tacaña de Pajchiri y otras.

En Tiwanaku en el espacio cívico ceremonial se concentraron los edificios destinados al culto religioso entre los que sobresalen la Pirámide de Akapana y la de Pumapunku, ambas con escalinatas uniformes.

La organización social alcanza un nivel de diferenciación en tres estamentos sociales, el más numeroso es la población rural que se dedica a las labores agrícolas, ganaderas y de pesca; seguida por los trabajadores de las ciudades como los ceramistas, orfebres, constructores, talladores y otros; y la elite gobernante teocrática encargada de planificar, dirigir y supervisar el desarrollo social. No se descarta la existencia de esclavos, debido a que las obras monumentales requieren de la utilización de mucha gente especializada y no especializada.

La religión en el período IV, el de mayor esplendor, llega a su cumbre produciendo una sociedad altamente teocrática, es decir que la religión

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determina y penetra todas las actividades de la sociedad; la esencia de esta religión radica en la armonía con la naturaleza, respetando, por tanto, a la madre tierra y a toda su creación, dentro de la que se encuentra el ser humano entendido como animal dañino que cumple una función dentro de la naturaleza.

Se considera al hombre en su Taypi que es su centro o aurea medionista, que tiene tres planos de evolución, que al mismo tiempo son pasado, presente y futuro o también Manka, Taypi y Alajpacha, que constituyen segmentos de una continua evolución que los conducirá al plano donde radica la divinidad.

Este período también se caracteriza por una gran expansión territorial, que a partir de su epicentro lacustre se extiende e influye poderosamente sobre el noreste argentino, la zona del litoral del Pacífico y la costa y sierra peruanas, dando inicio con ello al V período de Tiwanaku conocido como el imperial.

Este último período, que se inicia como estadio de desarrollo expansivo, mantiene los logros obtenidos en las épocas anteriores, al mismo tiempo que profundiza el comercio y los nexos con territorios lejanos; sin embargo hay una carencia de ese impulso vital que caracterizó a las etapas anteriores que se profundiza hacia el año 1150 d.c. con los cambios climáticos que afectaron al altiplano interandino durante más de 22 años, trayendo como consecuencia el debilitamiento de la estructura económica tiwanacota y la posterior desaparición del Estado, produciéndose su fragmentación en una serie de señoríos regionales.

Los Reinos Aymaras

Aproximadamente hacia el 1200 de nuestra era, se produce el ocaso de Tiwanaku y con esto la aparición de señoríos regionales rivales entre si, sobre todo en la región circunlacustre del lago Titicaca, entre los que destacan los Colla, Lupaka, Pacajes, Umasuyus, Pakasa, Karanka, Sipi entre otros.

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Estos reinos aymaras habitaron la región de manera autónoma y en constantes enfrentamientos entre si alrededor de 200 años, al cabo de los cuales fueron conquistados por los Quechuas del Imperio Incaico. En todo este período no se destacan obras relevantes, posiblemente por las continuas luchas que libraron entre ellos para tomar el control económico y hegemónico del mundo andino.

Sin embargo de aquella época quedan ciudadelas fortificadas conocidas con el nombre de Pukara, junto con las torres funerarias que se constituyen en el patrón arquitectónico de estos.

Estos señoríos tenían como lengua común el Haque – Aru, que hoy se lo conoce como el aymara, de igual manera contaban con estructuras socio económicas jerarquizadas con status sociales intermedios de militares y artesanos, donde los sacerdotes eran los detentadores del poder manteniendo vigentes las creencias, templos y rituales religiosos. El poder estaba dividido en dos jefes, al igual que cada comunidad o ayllu que era la unidad básica del mundo andino, cuya agrupación de ayllus daba lugar a la Saya, ya sea Anan o Urin.

El Anan Saya y el Urin Saya en conjunto conformaban la ciudad andina o Marka, y la suma de Markas constituía un señorío con su respectiva capital.

El señorío Pakasa se encontraba ubicado dentro de lo que hoy es el Departamento de La Paz con una superficie aproximada de 29.000 Km2 con su capital Kakiaviri.

El señorío Umasuyu se ubicaba en plena hoya lacustre del Departamento de La Paz; mientras que el señorío Karanka estaba en el Departamento de Oruro en aproximadamente 28.000 Km2; también se encontraban en el actual Departamento de Potosí los señoríos Lipi, Chicha y Karakara; y los señoríos Yampara y Chui en el actual Departamento de Chuquisaca.

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Se dedicaban fundamentalmente a la ganadería de la alpaca y la llama, el señorío vivía del tributo campesino comunitario, ya que la mayoría de la población vivía en el campo.

El Imperio Incaico

El Imperio Inca fue el estado prehispánico de mayor extensión en América, centrado en el actual Perú. Surgió a fines del siglo XII y en el momento de su mayor extensión, llegó a abarcar territorios desde el sur de Colombia, Ecuador, pasando por los Andes y el altiplano de Perú y Bolivia, y llegando hasta el norte y parte de la zona central de Chile y el noroeste de la Argentina. Dichos territorios fueron cuna de diversas culturas preincaicas que fueron conquistadas y anexadas al territorio imperial.

Para una mejor organización política el Imperio Inca también llamado Tahuantinsuyo (que proviene de la frase quechua Tawantin Suyu (las cuatro regiones), estuvo conformado por cuatro suyus (quechua: suyu, territorio en quechua. Inti: (Sol), Tawa: (cuatro):

• Chinchaysuyo (Chinchay Suyu), ubicado al norte;

• Collasuyo (Qulla Suyu), ubicado al sur;

• Antisuyo (Anti Suyu), ubicado al este; y

• Contisuyo (Kunti Suyu), ubicado al oeste.

La época mítica también llamada Tiempo Sagrado, se pierde en dos leyendas indígenas que atribuyen su fundación a Manco Cápac y Mama Ocllo y a la de los hermanos Ayar.

Pero por datos arqueológicos y antropológicos se ha establecido que el verdadero proceso de ocupación del Cusco, es producto del colapso del reino de Tiwanaku que produjo la migración de un grupo de cerca de 500 hombres que se fueron estableciendo paulatinamente en el valle del río Huatanay y que culminaría con la fundación del Cusco. Posteriormente, los reyes cusqueños fueron pactando alianzas y conquistando otros reinos, que para fines del siglo XV les permitieron

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gobernar sobre las zonas altas y medias del valle del Vilcanota, aunque en constante fricción con las comunidades colindantes.

Manco Cápac quien fundó el Imperio Incaico, lo hizo a partir de la unificación de varias tribus que vivían dispersas en el Cusco y sus alrededores entre las que destacan los Huayllas, los Poques y los Lares, estableciendo su centro en la parte baja de la región. De este modo se inició la dinastía de los Urin Cusco, poco tiempo después ordenó la construcción de la primera residencia de los incas, el Inticancha o Templo del Sol.

La época pre estatal o de formación es de escasa movilidad; se tienen pocas noticias de sus sucesivos reinados: Sinchi Roca, quien habría gobernado desde 1230 a 1260 sin conseguir una expansión significativa en el entonces reino cusqueño; Lloque Yupanqui, que culminaría su gobierno en 1290 con el mérito de llegar a concretar diversas alianzas con distintos pueblos circundantes a los incas; Mayta Cápac reconocido por su victoria ante los Acllahuiza y que culminaría su reinado alrededor de 1320; y Cápac Yupanqui, el primer conquistador, a quien se debe la victoria ante los Condesuyo. Este periodo habría durado aproximadamente 80 años.

Una visión etnohistórica más general de este periodo describe que los incas llegaron al Cusco alrededor del siglo XIII d.C. y, en el siglo siguiente, lograron imponerse a las poblaciones más cercanas al valle cusqueño. Desde su llegada al Cusco, los incas se habrían mezclado con algunos de los pueblos que habitaban el lugar y expulsado a otros, habrían organizado su predominio al hacer alianzas con distintos curacas estableciendo relaciones de parentesco. A estas prácticas, que continuaron, se sumaron otras como el acopio de excedentes y mano de obra y la práctica de la redistribución. Para entender esta situación habría que considerar, además, que el prestigio religioso que acompaño a los incas fue la piedra angular de la eficacia de todos los mecanismos de expansión que emplearon en esta época.

Se denomina pre estatal a esta etapa, porque en ningún momento surgió en sí una sólida idea de Estado o nación inca; sino aún existía la

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idea andina de considerarse una macro etnia, si bien esto cambiaría al extenderse significativamente el territorio de la etnia luego del reinado de Cápac Yupanqui y sus diversas conquistas 1320 - 1350. El fin de este período coincide con el fin de la dinastía de los gobernantes Urin Cusco, quienes vieron en Cápac Yupanqui a su último representante. Con Pachacútec se inicia el modelo imperial, ya que durante su gobierno se produjo el mayor crecimiento del imperio. En este periodo los incas se convirtieron en emperadores al anexionar numerosos reinos. Pachacútec mejoró la organización del Estado, dividiendo el imperio en cuatro regiones o suyus. Por el norte, sometió a los Huancas y a los Tarmas, hasta llegar a la zona de los Cajamarcas y de los Cañaris del actual Ecuador. Por el sur sometió a los Collas y a los Lupacas, que ocupaban la meseta del altiplano; organizó a los chasquis e instituyó la obligatoriedad de los tributos.

Túpac Yupanqui fue un destacado militar que logró importantes victorias durante el gobierno de su padre Pachacútec. En 1471 asumió el trono y amplió las fronteras del imperio hacia el sur, llegando hasta el río Maule en Chile. También sometió a algunos pueblos del altiplano y del norte argentino. Sofocó la resistencia de los Chachapoyas y avanzó por el norte hasta Quito. Quiso incursionar en la selva, pero una rebelión de los Collas lo obligó a desviarse hacia el Collao, mejoró la recaudación de los tributos y nombró nuevos gobernantes visitadores. A Huayna Cápac se le considera el último gran emperador del incario, durante su gobierno, continuó la política de su padre, Túpac Inca Yupanqui, en cuanto a la organización y fortalecimiento del Estado. Para conservar los territorios conquistados tuvo que sofocar en forma sangrienta continuas sublevaciones, derrotó a los Chachapoyas y anexionó la región del golfo de Guayaquil, llegando hasta el río Ancasmayo en Colombia. Estando en Quito, enfermó gravemente y falleció en 1525, con su muerte se inició la decadencia del imperio. La costumbre, tradición y las leyes del Incario, establecían que el trono del Inca sucesor, debería ser ocupado por su descendiente directo, por el hijo del Emperador con una Coya (hermana del Soberano). A falta

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de heredero legítimo debía ocupar el trono el hijo del Inca con una Palla (princesa real del Cuzco). A falta de los herederos legítimos, podían reclamar el trono los hijos de los Incas procreados en Ñustas (princesas extranjeras).

Por tal circunstancia legal, fue nombrado sucesor en una primera instancia Huáscar, hijo del Inca en una Palla (princesa real del Cuzco), pero a falta de heredero legítimo pudo reclamar el trono otro hijo del Inca procreado en una Ñusta (princesa extranjera) quien fue Atahuallpa.

Antes que muera de viruela el Inca Huayna Cápac, los asesores, caciques y generales de la región de Quito que le rodeaban durante la enfermedad, consiguieron que el Inca moribundo formulara un testamento verbal que determinaba lo siguiente:

1) Que su hijo Atahuallpa fuese reconocido como Señor de Quito y que su hijo Huáscar se le reconociese como Inca de los territorios situados al sur de la región de Tumbes, hasta el río Maule en Chile.

2) Que su cuerpo sea trasladado al Cuzco y su corazón depositado en un vaso de oro, el mismo que debía quedar en Quito como ofrenda a esta cuidad, ya que le tuvo mucho cariño y simpatía.

Huáscar que no aceptó el testamento de Huayna Cápac, ya que se creía con derecho de heredar todo el Imperio Inca según las leyes, costumbres y tradiciones incarios, se enfrento en 1531 a su medio hermano Atahuallpa, quien también se consideraba legítimo heredero del trono en la región de Quito. Muy pronto importantes regiones del imperio fueron sacudidas por sangrientas batallas entre tropas cusqueñas y quiteñas, que terminaron con la victoria final de los últimos. Huáscar fue tomado prisionero y muerto posteriormente por orden de Atahualpa.

Atahuallpa tras la muerte de su padre, se apodero de la región norte de Tumbes llamada Quito y después desconoció la sucesión de Huáscar, apoyado por la nobleza quiteña se corono Rey de Quito (1525-1532). Sus tropas, dirigidas por Calcuchímacy Quisquis, derrotaron al ejército

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cusqueño en la batalla de Cotabamba (Apurímac) y entraron triunfantes al Cusco.

Atahuallpa marchó a Cajamarca para ser coronado inca, sin embargo, al llegar a Cajamarca, fue tomado prisionero por los españoles; corría el año 1532 con cuyo hecho se marcó el fin del Imperio Incaico.

En contra de lo que se piensa, Atahuallpa (que gobernó de facto el Imperio Inca entre 1532 y 1533) no forma parte de la capaccuna, ya que a diferencia de los demás emperadores, nunca llegó a ceñir la mascaipacha (corona imperial), único símbolo de poder imperial en el Tahuantinsuyo, otorgado por las Panacas reales del Cusco.

Estructura del Imperio Inca Organización política

El gobierno imperial era de tipo monárquico teocrático y la máxima autoridad era el emperador, aconsejado por el consejo imperial. El gobierno de cada suyo estaba a cargo de un tucuyrucuy, que actuaba como si fuera un subemperador.

El emperador era el Inca al que se le atribuía un origen divino, se les solía asociar los títulos de Apu Inca (divino inca) y Sapa Inca (único inca), respectivamente.

La “capaccuna" era la lista oficial de gobernantes de la civilización inca. Se especula que existieron más gobernantes de los que ésta acepta y que varios fueron borrados de la historia oficial del imperio por distintos motivos; sin embargo de ello se contabilizan un total de doce emperadores incas.

El Consejo imperial era el máximo organismo dedicado a la asesoría del Inca y estaba integrado por ocho personas entre los que se contaban: los gobernadores de los suyus (suyuyuq); el príncipe heredero (auqui). La tradición del auqui fue instaurada por Pachacútec, Túpac Yupanqui fue el primer auqui; el sumo sacerdote (Willaq Uma); el amauta (hamawt'a); y un general del ejército imperial (Apuskipay).

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17 Organización social

La sociedad Inca, fue jerárquica y rígida, existieron grandes diferencias entre las distintas castas sociales, siendo estas respetadas por todos los habitantes del Imperio. La estructura de castas era jerarquizada formando una pirámide donde el Inca, con todo el poder, se encontraba en la cúspide, mientras que el pueblo, que era la gran mayoría, constituía la base social.

Castas

Sociales Representantes

Inca Inca

Realeza

El Auqui: Hijo del Inca. La Coya: Esposa del Inca

Panacas Reales: Primeras generaciones de cada Panaca (parientes).

Nobleza

Nobleza de Sangre: Restantes miembros de las Panacas (parientes).

Nobleza de Privilegio: Personas que destacaron por sus servicios; Sacerdotes y Acllas; Altos jefes.

Ayllu

Hatun Runa: El pueblo en general (campesino).

Mitimaes: Grupos trasladados para colonizar nuevas regiones enseñando a los pueblos nuevas costumbres. Yanaconas: Servidores del Inca y del Imperio. Muchos de ellos eran prisioneros.

El ayllu fue la base y el núcleo de la organización social del imperio Incaico. La palabra "ayllu" de origen quechua y aymará significa entre otras cosas: comunidad, linaje, genealogía, casta, género, parentesco. En general se define como el conjunto de descendientes de un antepasado común, real o supuesto que trabajan la tierra en forma colectiva y con un espíritu solidario. El ayllu es una asociación cuyos miembros están unidos por un vínculo consanguíneo (real o ficticio, religioso, territorial y económico).

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La Mita era un sistema de trabajo a favor del Estado Imperial del Tahuantinsuyo, donde se movilizaban multitudes de indígenas a trabajar por turno en labores de construcción de caminos, puentes, fortalezas, centros administrativos, templos, acueductos, explotación de minas, etc.

Existía una mita para servicios especiales como las labores de cargueros del Sapa Inca, músicos, chasquis y danzantes, los obligados a cumplir esta labor eran los adultos hombres casados comprendidos entre los 18 y 50 años, más no las mujeres.

La Minca, minka, o minga, es el trabajo que se realizaba en obras a favor del ayllu y del Sol (Inti), una especie de trabajo comunal en forma gratuita y por turno, era una forma de beneficio para el Imperio, donde concurrían muchas familias portando sus propias herramientas, comidas y bebidas. Las familias participaban en la construcción de locales, canales de riego, así como la ayuda en la chacra de las personas incapacitadas huérfanos y ancianos.

Cuando el ayllu convocaba al trabajo de la minca, nadie se negaba, ya que las personas que no asistían al trabajo eran expulsados del ayllu y perdían su derecho a la tierra.

El Ayni, era un sistema de trabajo de reciprocidad familiar entre los miembros del ayllu, destinado a trabajos agrícolas y a las construcciones de casas; consistía en la ayuda de trabajos que hacía un grupo de personas a miembros de una familia, con la condición que esta correspondiera de igual forma cuando ellos la necesitaran, como dicen: "hoy por ti, mañana por mi" y en retribución se servían comidas y bebidas durante los días que se realicen el trabajo. Esta tradición continúa en muchas comunidades campesinas del Perú y de Bolivia, ayudándose en las labores de cocina, pastoreo y construcción de viviendas.

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19 CAPÍTULO II

LA CONQUISTA DEL IMPERIO INCAICO Y LA COLONIA EN EL ALTO PERÚ

Podría decirse que la América española continental se conquistó entre 1519 y 1540, en el sentido de que esos 21 años vieron el establecimiento de la presencia española a través de zonas extensas del continente, y una afirmación de la soberanía española, más efectiva en unas regiones que en otras, sobre los pueblos que no habían caído dentro del área jurisdiccional adjudicada a Portugal por el Tratado de Tordesillas, un área que incluía el descubrimiento reciente de Brasil. Dos grandes arcos de conquista, moviéndose hacia fuera de las Antillas, complementaron la subyugación del continente americano. Uno, organizado desde Cuba entre 1516 y 1518 recorrió México entre 1519 y 1522, destruyendo la confederación azteca, y después se irradió hacia el norte y el sur desde la meseta central mexicana. Hacia 1524 el movimiento dirigido hacia el sur se había extendido hacia los actuales Guatemala y El Salvador, pero pasaron otros 20 años antes de que los centros mayas más importantes de Yucatán fueran sometidos a algún tipo de gobierno español.

El otro arco de la conquista, comenzando en Panamá se movió brevemente hacia el norte en 1523-1524, hasta llegar a Nicaragua y entonces, después de una pequeña pausa, tomó la ruta del Pacífico hacia el sur para llevar a cabo la conquista del imperio Inca en

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1531-20

1533. Desde Perú, los conquistadores se movieron hacia el norte hasta Quito (1534) y Bogotá (1536), donde encontraron a otros grupos que bajaban de las costas de Venezuela y Colombia.

Mientras que una expedición al mando de Gonzalo Pizarro salió de Quito en 1541 para explorar el Amazonas, otros conquistadores se trasladaron hacia el sur, adentrándose en Chile, donde Pedro de Valdivia fundó Santiago en 1542.

En la otra parte del continente, una expedición europea bajo el mando de Pedro de Mendoza, trató aunque sin éxito de ocupar la región del Río de la Plata en 1535-1536, terminando por dejar un lejano puesto avanzado de colonización en Paraguay. Buenos Aires fundada inicialmente en 1536 y destruida en 1541, se restableció en 1580, esta vez desde Asunción, no desde Europa.

Guaman Poma dijo en sus crónicas1 que el Inca Huayna Cápac tuvo un encuentro con Pedro de Candía en el Cuzco; se dice que la entrevista fue utilizando señas, según la cual el Inca interpretó que Candía comía oro, por lo que el gobernador le brindó oro en polvo y luego le permitió marcharse. Pedro de Candía se llevó consigo a uno de los chasquis a España y lo presentó al rey, luego fue traído de vuelta al Tahuantinsuyo para que hiciera de traductor, éste indígena sería conocido luego como Felipillo.

Anoticiados de la existencia del imperio de los Incas, en Panamá en 1523 Francisco Pizarro y Diego de Almagro formaron una sociedad muy provechosa en asociación con Hernando de Luque, cuya condición de clérigo no impedía sus aventuras empresariales. Los socios tendían a dividir sus funciones, en la que Pizarro proporcionaba la dirección militar mientras Almagro reclutaba a los seguidores y preparaba el embarque de los hombres y suministros fijando las escalas a lo largo de la ruta.

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Pizarro con 180 hombres y unos 30 caballos dejó Panamá en enero de 1531 rumbo a su expedición de conquista. El imperio con el que se encontró estaba envuelto en tensiones internas producto de la férrea estructura incaica que presionaba fuertemente a los ayllus y a los clanes de las comunidades de aldea, creando una población sometida que, aunque dócil, estaba resentida, especialmente en la región de Quito, donde el dominio inca era relativamente reciente, pero sobre todo de la gran controversia por la sucesión monárquica en la que se hallaba en esos momentos.

A la muerte de Huayna Cápac en 1527 se desencadenó una lucha por la sucesión entre sus hijos Huáscar y Atahuallpa. Este último estaba en el camino de la victoria, pero aún no la había consolidado cuando Pizarro llegó.

Pizarro al igual que Cortés en México buscó sacar provecho de las disensiones internas del reino, llegando a utilizar el método empleado por Cortés y por los conquistadores en América Central, que consistía en arriesgar todo para capturar al «cacique», en este caso Atahuallpa. Atahuallpa establecido al norte de Perú, respondió a las noticias de los invasores extranjeros en la región costera de una forma perfectamente natural para un hombre cuya visión del mundo había sido formada por la experiencia que le habían proporcionado las tierras altas de los Andes. Los que mandaban en las montañas efectivamente mandaban en las costas, y más allá de las costas se encontraba el infranqueable mar. Mientras que los españoles permanecieron en la región costera, su presencia no era un problema que les afectara mucho, porque tan pronto como se movieran a las regiones montañosas, seguramente caerían en sus manos.

Por lo tanto, Atahuallpa no hizo ningún intento de molestar a los hombres de Pizarro cuando empezaron el penoso ascenso, y los españoles aún gozaban de la suprema ventaja de la sorpresa cuando se encontraron con Atahuallpa y sus partidarios en Cajamarca el 16 de noviembre de 1532.

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Cuando Pizarro entró en Cajamarca, Atahualpa se encontraba a media legua del asiento, en los Baños del Inca, donde había asentado su real, "con cuarenta mil indios de guerra" como cuenta Pedro Pizarro. Entrados en Cajamarca y antes de apearse, Francisco Pizarro envió a Hernando de Soto con seis hombres y un intérprete como embajada para decirle a Atahuallpa "que él venía de parte de Dios y del Rey a predicar y tenerlos por amigos y que se viniese a ver con él. “El Inca respondió a la embajada comunicando que podían quedarse en Cajamarca, que él no podía ir porque estaba terminando su ayuno". El Inca, una vez que se fueron los españoles, ordenó que veinte mil soldados imperiales se apostasen en las afueras de Cajamarca, para capturar a los españoles: estaba seguro que al ver tanta gente, los españoles se rendirían.

Pizarro dispuso que Pedro de Candía se colocase en lo más alto del tambo real, en el centro de la plaza, con tres trompeteros y un falconete pequeño, con la orden de disparar cuando ya el Inca se encontrara en la plaza. Luego del estruendo del falconete, harían sonar las trompetas. A los de caballo los dividió en dos fracciones cuya orden era que cuando escuchasen el estruendo deberían salir de sus escondites. La infantería también estaría dividida en dos fracciones prestos para avanzar a capturar al Inca. Todos debían estar escondidos en los edificios que rodeaban la plaza hasta escuchar la voz de ataque: ¡Santiago!, que sería dada por el cura Valverde.

Los cronistas fijan las cuatro de la tarde como la hora en que Atahualpa ingresa a la plaza de Cajamarca, quien comenzó su entrada en el pueblo antecedida por su vanguardia de cuatrocientos hombres con "grandes cantares", e ingresó a la plaza con toda su gente, que cubría toda ella, en una "litera cuyos cabos de los maderos estaban cubiertos de plata, sostenida por ochenta señores en hombros, todos vestidos de una librea azul muy rica; y él vestido en su persona muy ricamente con su corona en la cabeza y al cuello un collar de esmeraldas grandes. Francisco Pizarro envió al cura dominico Vicente de Valverde, al soldado Hernando de Aldama y al intérprete Martinillo ante el Inca, para que el cura Valverde haga el requerimiento formal a Atahualpa de

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abrazar la fe católica y someterse al dominio del rey de España, al mismo tiempo que le entregaba un evangelio.

El diálogo que siguió es narrado de forma diferente por todos los testigos; según algunos cronistas, la reacción del Inca fue de sorpresa, curiosidad, indignación y desdén. Atahualpa abrió y revisó el evangelio minuciosamente y al no encontrar significado alguno a lo escrito en él, lo tiró al suelo.

Villanueva, dice que la reacción posterior de Atahualpa fue decirle a Valverde que los españoles devolviesen todo lo que habían tomado de sus tierras sin su consentimiento; que nadie tenía autoridad para decirle al Hijo del Sol lo que tenía que hacer y que él haría su voluntad; y finalmente, que los extranjeros "se fuesen por bellacos y ladrones"; en caso contrario los mataría.

A una señal de Francisco Pizarro se puso en marcha lo planificado por él; disparó Pedro de Candía el falconete de la artillería y las trompetas sonaron, saliendo los caballos y la infantería produciendo una mortandad y un caos generalizado que terminó con el deceso de miles de indígenas y el apresamiento de Atahualpa.

Tras la victoria en Cajamarca los vencedores repartieron el botín de guerra en los Baños del Inca. El soldado cronista Estete, dice: "... todas esas cosas de tiendas y ropas de lana y algodón eran en tan gran cantidad que a mi parecer fueran menester muchos navíos en que cupieran". Otro cronista dice: "...el oro y la plata y otras cosas de valor se recogió todo y se llevó a Cajamarca y se puso en poder del Tesorero de Su Majestad". Jerez nos dice: "el oro y plata en piezas monstruosas y platos grandes y pequeños, y cántaros y ollas o braseros y copones grandes y otras piezas diversas fueron capturados”, mientras que Atahuallpa dijo que todo esto era vajilla de su servicio, y que sus indios que habían huido habían llevado otra mucha cantidad". Fue los primeros trofeos de importancia que tomaron los españoles.

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Villanueva Sotomayor dice al respecto: "Se valoró ese primer tesoro de los incas en ochenta mil pesos de oro y siete mil marcos de plata y catorce esmeraldas”. A su vez, Francisco López de Gomara señala que "ningún soldado se enriqueció tanto en tan poco tiempo y sin riesgo" aunque agrega "nunca se jugó de esa manera, pues hubo muchos que perdieron su parte a los dados".

Estando en prisión Atahuallpa, venían los curacas a visitarle trayéndole obsequios, en oro y plata y el Inca se dio cuenta y se convenció que la única forma de salvarse era ofreciéndoles gran cantidad de oro y plata a sus captores. Y así lo hizo. Le propuso a Francisco Pizarro: "te daría de oro una sala que tiene 22 pies de largo y diecisiete de ancho, llena hasta una raya blanca que está en la mitad del alto de la sala; y dijo que hasta allí henchiría la sala con diversas piezas de oro, cántaros, ollas y tejuelos, y otras piezas, y que de plata daría todo aquél bohío dos veces lleno, y lo cumpliré dentro de dos meses"

Al final el rescate ofrecido y entregado por Atahuallpa consistió en 6,087 kilogramos de oro y 11,793 kilogramos de plata, correspondiendo a cada soldado a caballo 40 kilogramos de oro y 80 kilogramos de plata; a los peones la mitad y a los soldados con perros más que a los peones. A Pizarro 7 veces lo que a un jinete de caballo, además del trono de Atahuallpa que pesaba 83 kilogramos de oro. Los sacerdotes recibieron la mitad de un peón”. Todo esta riqueza fue valuada en el siglo XIX en cerca de tres millones y medio de libras esterlinas.

Posteriormente Francisco Pizarro poniéndose de acuerdo con los oficiales de su majestad, los capitanes y personas de experiencia, sentenció a muerte a Atahualpa acusándolo de traición, quien debía ser quemado si no se tornase cristiano, obligando con ello al Inca a su conversión quien fue bautizado por el padre Fray Vicente de Valverde con el nombre Francisco para ser ejecutado por garrote y ahorcamiento el sábado 26 de julio de 1533 en la plaza de Cajamarca.

Con la muerte de Atahualpa termina con él la dinastía de los Incas que gobernaron el Imperio (aunque Atahualpa, no fue reconocido por las panacas reales cusqueñas, los españoles lo consideraron Sapa Inca);

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sin embargo para guardar las apariencias, y tener un seguro hasta la toma del Cuzco, Pizarro nombró otro Sapa Inca título que recayó en un hijo de Huayna Cápac llamado Túpac Huallpa, a quien los cronistas españoles nombran como Toparpa, que fue obligado a reconocer vasallaje al rey de España.

A pesar de tener casi dominado el norte del Imperio, con la toma de las islas de la Puná y Tumbes, de haber fundado una ciudad en San Miguel de Piura, haber tomado la plaza fuerte de Cajamarca, tener de rehenes a varios curacas y haber asesinado al Inca y tener de apoyo a muchos indios huascaristas y etnias esperanzadas en ser liberadas del yugo Inca, los españoles aún no habían consolidado la conquista, ya que los ejércitos incaicos se organizaron sobre todo bajo el liderato de Quízquiz para hacer resistencia y derrotar a los conquistadores.

Fueron varias las batallas que se produjeron a lo largo del año de 1533, donde los españoles contaron con la colaboración de pueblos y tribus enemigas de los incas como los Huancas y los Charcas, o el propio hijo de Huayna Cápac, de ascendencia cusqueña Manco Inca Yupanqui, que fue coronado por Pizarro con el nombre de Manco II, con lo que finalmente lograron tomar el Cuzco y someter hasta la última de las resistencias incaicas, costando ello miles de vidas de los nativos.

Terminado el período de la conquista española sobre el imperio del Tahuantinsuyo, se empezó a consolidar el proceso de organización colonial que se había iniciado en pleno periodo de conquista; en este sentido el Kollasuyu pasó a formar parte del recién fundado Virreinato del Perú en 1543 cuya capital era la ciudad de Lima, que tenía jurisdicción sobre los territorios del antiguo Imperio Incaico, el oriente boliviano, ecuatoriano y peruano hasta llegar a las llanuras amazónicas, así como el noreste de los actuales territorios de Argentina y Chile hasta la costa marítima del Pacífico.

Esta región del Kollasuyu fue nombrada con el nombre de Audiencia de Charcas y posteriormente de Alto Perú, cuyo territorio fue la base sobre la que se erigió Bolivia en 1825. Esta región como la Audiencia de Charcas fue creada en 1561 estableciendo su sede en la Ciudad de “La

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Plata”, hoy Sucre, como producto de la finalización de una larga guerra civil protagonizada entre Rubén Almagro y Francisco Pizarro, este último vencedor que mandó a ahorcar al primero, e instruyó a sus hermanos Hernando y Gonzalo fundar la Villa de Chuquisaca, y el campamento minero de Porco ubicado al oeste de la mencionada. La audiencia de Charcas fue el centro administrativo regional más importante en la región, que ejercía tuición sobre las minas de Potosí descubiertas en 1545. Su nombre fue dado en honor a los indios Charcas quienes fueron aliados de los españoles durante el periodo de la conquista del Imperio Incaico.

Si bien la Audiencia de Charcas era un tribunal de justicia, debido a las grandes distancias que la separaban del centro político administrativo ubicado en Lima, llegó a desarrollar funciones de administración económica y de gobierno.

Su jurisdicción territorial, en principio era de 100 leguas a la redonda de la ciudad; luego se extendió hasta la costa del pacífico (Tacna y Antofagasta), al norte hasta los pueblos de Ayaviri y Puno, al este en 1700 se incorporaron los territorios de Moxos (Beni) y Chiquitos (Santa Cruz) y de las misiones jesuitas; y al sur llegó hasta Tucumán.

Sus conexiones al comercio marítimo se realizaba a través de los puertos de Arica y de Buenos Aires; mientras que su vinculación comercial terrestre mas importante la realizaba con el Cuzco, Lima y las minas de mercurio ubicadas en la región de Huancavelica en el Perú.

De la misma manera, las vías de comunicación terrestre tenían como base la red caminera construida por el Imperio Incaico, por lo que en general esta red era muy precaria.

El desarrollo, crecimiento y fundación de nuevas ciudades al interior de la Audiencia, estuvieron en función de su vinculación con el polo de desarrollo de la plata ubicado en Potosí, en el siguiente orden cronológico:

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La Ciudad de la Plata, fue fundada en 1539, constituyéndose la sede de la Audiencia

La Ciudad de Potosí, fue fundada en 1647, como Villa Imperial de Carlos V, constituyéndose el centro minero y el polo de desarrollo más importante de todo el Virreinato del Perú.

La Ciudad de Nuestra Señora de La Paz fue fundada en 1548, convirtiéndose rápidamente en un importante centro comercial y de transbordo por ser vínculo entre Potosí, el Cuzco y Lima la capital del Virreinato.

La Ciudad de Santa Cruz de la Sierra fue fundada en 1561 por expedicionarios provenientes de la región del Paraguay.

La Ciudad de Cochabamba fundada en 1571 con el nombre de Villa Imperial de Oropeza; La Ciudad de Tarija fundada en 1574 y la de Oruro en 1606.

La organización colonial del Alto Perú, en un principio siguió el ordenamiento dado desde la capital de virreinato, pero posteriormente tuvo una significativa reforma con la presencia y autoridad del Virrey Francisco Toledo.

Francisco de Toledo, Conde de Oropesa vivió entre los años 1516 y1582, fue administrador colonial español y posteriormente virrey del Perú entre 1569 y 1581. Nacido en Oropesa (Castellón España) heredó el título de su padre y a los 15 años de edad entró al servicio del Rey español Carlos I (Emperador Carlos V). Tras combatir en las guerras mantenidas por la Monarquía Hispánica en Europa y el norte de África, el hijo y sucesor de Carlos I, Felipe II, le nombró Virrey del Perú en 1568 con el fin de consolidar los derechos y privilegios reales frente a los encomenderos y poner término a las sublevaciones de los indígenas, tomando posesión del cargo en noviembre de 1569 en sustitución del Virrey interino Lope García de Castro.

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Inició su gobierno llevando a cabo una visita a todo el virreinato, motivo por el que se lo conoce como el Virrey visitador, gracias a la cual pudo conseguir información sobre la demografía del territorio y la organización administrativa incaica. El Virrey Toledo es considerado el organizador del virreinato peruano, ya que estableció las bases de lo que sería el sistema colonial en el Perú, especialmente a través de las llamadas Ordenanzas del Virrey Toledo, redactadas por los juristas Juan de Matienzo y Juan Polo de Ondegardo.

Durante su mandato, centralizó los aspectos esenciales de la administración colonial, reguló la encomienda y la mita, convirtiendo a esta última en una forma de garantizar mano de obra barata para distintas actividades, especialmente para el desarrollo de la actividad minera en Potosí y en Huancavelica, mandó a construir iglesias, cárceles y el cementerio en la ciudad de La Plata, como también la Casa de la Moneda en Potosí, Asimismo, reagrupó a la población indígena en un sistema de pueblos de indios bajo un patrón español que recibieron el nombre de reducciones, para lo cual levantó el primer censo en el Alto Perú.

Racionalizó y legisló la explotación de la minería, que se encontraba en crisis desde 1558 debido a los métodos obsoletos que se seguían aplicando para su explotación; para lo cual emitió varias ordenanzas (hoy constituirían un código) a través de las cuales se legislaba el cateo, el descubrimiento de minas y su registro; las labores de explotación en los socavones; los pleitos y los procedimientos judiciales; los desmontes y el pago a los indios mineros.

Estas ordenanzas, al igual que el resto de la legislación colonial pertinente, no tuvieron otro objeto que regularizar la explotación minera para procurar la entrega normal de rentas al Tesoro Real y la percepción de cuantiosas utilidades por los propietarios de minas e ingenios. Gracias a ellas, hubo el cateo libre en cualquier terreno superficial y por cualquier persona (inclusive los extranjeros, los

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mestizos y los indígenas), la limitación a seis minas por concesionario y el derecho de abrir galerías en seguimiento de vetas. 2

Además, introdujo la técnica de la amalgamación en la explotación de la plata, en base de los avances científicos de Álvaro Alonso Barba autor del libro “El arte de los metales”; al mismo tiempo que organizó La Mina Real de Mercurio de Huancavelica, al sur del Perú, que a partir de entonces se convirtió en la única fuente de abastecimiento de mercurio a las minas de Potosí.

En el campo social organizó las poblaciones indígenas en reducciones, facilitando las tareas de la catequización, el cobro de tributos y la asistencia y servicio a la mita.

En las ordenanzas que emitió sobre estos aspectos, se prescribía desde el número máximo de ovejas que debía tener cada comunidad, hasta la prohibición de que los indígenas jueguen con naipes y dados. Legisló también acerca del trato a los indígenas yanaconas, que fue objeto de otro cuerpo legal, donde se establecía incluso las atribuciones del defensor legal de los naturales.

Estableció los procedimientos para la elección de Alcaldes, Regidores, y Quipocamayos para los pueblos de indios.

Comandó las primeras expediciones contra los indígenas Chiriguanos, en la perspectiva de ampliar la frontera sudeste de la Audiencia de Charcas.

Fue quien estableció la ruta comercial por el puerto de Arica, organizó el cobro de tributos por medio de oficiales reales, y fundó las ciudades de Cochabamba, Tarija y Tomita.

En 1570 estableció el Tribunal de la Inquisición, así como el Obispado de Tucumán; fundo la Universidad San Marcos en la Ciudad de Lima;

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mandó a ejecutar a Tupac Amuru I, último descendiente de los Incas; y fue el promotor de que se escriba “La Historia Inca” tarea que la realizó en colaboración del escritor Pedro Sarmiento de Gamboa.

A partir de ello, el poder político en Charcas estaba formado por: el Presidente y los Oidores de la Audiencia de Charcas; los Gobernadores, los Corregidores, los Tenientes de Corregidores, los Alcaldes y los Caciques.

En las ciudades la elite la constituía el gobierno de las ciudades, es decir todos los que formaban parte del Cabildo, entre los que se encontraban el Procurador General, el Mayordomo de la Villa, los Jueces de apelación y los vecinos entre otros.

El poder económico estaba en manos de los Azogueros que eran los dueños de minas e ingenios; los Encomenderos de tierras que luego se convirtieron en hacendados; los mercaderes, los comerciantes y los caciques.

Los azogueros estaban dedicados y eran los dueños de las concesiones y de los ingenios mineros; proporcionaban a la corona la quinta parte de su producción, llamado el quinto real. Gozaban de gran reconocimiento y privilegios de la administración colonial; por ejemplo, no podían ser encarcelados por deudas.

Los encomenderos, eran de origen español, y la base de su ingreso y riqueza era la explotación agrícola y ganadera trabajada gratuitamente por mano de obra indígena. Su vida ostentosa era la principal fuente de ingresos de los artesanos y los comerciantes. Tenían ciertas obligaciones legales con la corona: tales como tener caballo y armas para la defensa del reino contra los indígenas rebeldes y los extranjeros; residían en las ciudades cercanas a su encomienda, en casas grandes con varios patios, quedando la encomienda en manos de los mayordomos; y mayormente desempeñaban algún cargo en el Cabildo.

Los mercaderes profesionales, que eran expertos en contabilidad, estaban por debajo de los hidalgos y por encima de los artesanos. Por

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su riqueza, se les permitió incursionar en otras actividades como la minería y la agricultura.

Los grandes comerciantes se agrupaban en las ciudades en torno a los gremios por su especialidad, hecho que determinó la constitución de capas sociales diferenciadas al interior de este segmento social.

En un principio, solo los mercaderes españoles tenían el monopolio de la actividad, esto se perdió a medida que se intensificó el comercio intercolonial, al tiempo que decaía el comercio ultramarino.

Los escribanos eran los secretarios, los oficiales del tesoro de menos rango y los abogados sin título; a ellos estaba vinculado el procurador, también abogado sin título, algunos se constituyeron en curadores de patrimonios de menores, viudas y propietarios ausentes.

Los caciques quienes fueron ratificados en sus derechos a cambio de traspasar las obligaciones de los bienes y servicios, a la Corona, que anteriormente iban al gobierno incaico y a su religión. Desde el siglo XVI se les reconoció su hidalguía como hijos de Caciques nobles descendientes de los Incas, inclusive obtuvieron escudo de armas y adquirieron el derecho de vestir a la usanza española, portar armas y montar a caballo.

Eran intermediarios entre la administración española y las poblaciones indígenas, estaban encargados de recaudar el tributo de sus comunidades indígenas asignadas, y de reclutar a los naturales para el servicio de la mita; así mismo estaban exentos de pagar tributo, tenían casa en las ciudades al estilo español, muchas veces cometían abusos sobre los indígenas, y a menudo estafaban los montos de la recaudación tributaria al gobierno español.

A fines del siglo XVII, las ordenanzas del Perú les dieron atribuciones de caciques gobernadores, y a fines del siglo XVIII fueron reconocidos como Alcaldes; dentro de sus derechos estaba la educación de sus hijos.

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32 La Mita en el Alto Perú:

En 1573 bajo el Virreinato de Francisco Toledo, se establece la mita en el alto Perú, en base a una capitulación con el cacique (kuraka) Juan Colque Guarachi

La mita fue un sistema de trabajo basado en el relevo o el turno, de carácter obligatorio para los indígenas, cuyos orígenes se remontan a la época prehispánica, que estaba destinada a la producción de minerales y de textiles.

Los indígenas afectados para la mita de la minería, eran los habitantes de aquellos pueblos y reducciones que comprendían 16 provincias desde el sur del Cuzco hasta Lipez pasando por Atacama, bajo el criterio de la similitud del clima con el de Potosí y Huancavelica.

Los mitayos viajaban desde sus reducciones, hoy comunidades, hasta los centros mineros acompañados de sus familias, y se turnaban en grupos de 4.500 hombres que trabajaban durante cuatro meses al año. El trabajo duraba 6 días a la semana, sin salir de la mina o del ingenio. La mita proporcionaba a la minería 13.500 Indígenas al año. Estos eran reclutados de manera obligatoria por los caciques y los capitanes de mita, entre los varones comprendidos entre los 18 y 50 años, quienes debían enrolarse una vez cada siete años.

La relación laboral era a través del salario, que era escalonado y fue reglamentado después de 1600 bajo el Virrey del Perú Luis de Velasco. Durante las 17 semanas de trabajo al año, el mitayo ganaba alrededor de 40 pesos, pero se dice que sus gastos de manutención estaban por encima de ese ingreso.

Se denominaba mingados, a los trabajadores libres que se alquilaban a los empresarios mineros o azogueros de manera voluntaria, ganaban cerca de 7 pesos a la semana.

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La mita de los obrajes fue otra forma de trabajo obligatorio. El mitayo de los obrajes, estaba obligado a trabajar 312 días al año hasta mediados del siglo XVII, fue el Virrey conde de Santisteban quien redujo este término a seis meses.

El trabajo era menos extenuante que en las minas, la jornada laboral era de sol a sol con un horario intermedio de descanso; el salario era alrededor de 40 pesos al año para adultos, y 17 pesos para menores (entre 10 y 18 años).

Se dedicaban a la fabricación de tejidos, alpargatas, costales, sombreros, paños, frazadas, tocuyos, ponchos, manteles, alfombras, etc. Sin embargo esta producción estaba controlada para evitar una real competencia con las mercancías del género que se producían en la península y tenían como mercado obligatorio a la América colonial. La mita en todas sus formas fue abolida en 1812 por determinación de las Cortes de Cádiz.

La encomienda y los repartimientos:

La encomienda era el derecho de recompensa a los méritos de los Adelantados por sus servicios de conquista para España. Consistía en que se encomendaba una cierta cantidad de indios al encomendero, para que administre su catequización, a cambio de cobrar y percibir los tributos que los indígenas debían pagar a la Corona por ser vasallos del Rey.

La encomienda no implicaba la propiedad de la tierra, sino simplemente el cobro de tributos que iban a beneficiar al encomendero.

En el alto Perú la encomienda se inicia con el propio Francisco Pizarro, que se auto adjudicó una encomienda que comprendía desde el lago Titicaca (Provincias Pacajes y Omasuyus), que pasaba por Tiahuanacu, Caquingora, Laja hasta Chuquiago, y llegaba hasta la

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tierra de los pueblos yungueños de Peri, Chupe y Yanacachi, con varios miles de indios a su interior.

Esta institución estaba reglamentada por las leyes de Burgos de 1512, que establecía un límite de 300 indios por repartimiento; que debían ser instruidos en la fe católica, sometidos a trabajos tolerables, además que los indígenas destinados a los servicios personales debían tener 40 días de descanso, después de cinco meses de trabajo y que por cada 50 indígenas encomendados, los encomenderos estaban obligados a construir cuatro casas; hecho que no fue contemplado en la realidad alto peruana.

Dentro de la encomienda, con excepción de los caciques y sus hijos, todos los varones indios, zambos, trabajadores de minas y haciendas, que estuviesen comprendidos entre los 18 y 50 años, estaban obligados al pago de tributos, que era cancelado en especies agrícolas, ganaderas, en moneda acuñada, o en metal. El tributo fluctuaba entre cinco y diez pesos al año, establecido por cada visitador según la característica de la encomienda y el rendimiento de la tierra.

La encomienda no podía ser donada o traspasada a otra persona, no podía ser objeto de permuta; y era indivisible y un encomendero no podía tener más de una encomienda; en 1560 se reglamentó que ningún encomendero podía percibir más de 2.000 pesos al año.

La adjudicación de la encomienda se lo hacía por el toponímico de un grupo aborigen, es decir que la superficie de una encomienda estaba dada por el número de indígenas que la habitaban.

A partir de las nuevas leyes en 1542, se suprimieron las encomiendas de los virreyes, autoridades, conventos, órdenes religiosas, clérigos, funcionarios, mujeres y extranjeros.

La estructura de la propiedad agraria estaba compuesta por una división de cinco partes:

Propiedad realenga, que era la propiedad del rey por derecho originario en función de las bulas papales.

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Propiedad de los españoles, en función de las capitulaciones, que originaron los repartimientos, las encomiendas, y otras formas de apropiación.

La propiedad eclesiástica o propiedad de la Iglesia Católica.

La propiedad de los indígenas, que podían pertenecer a los indios nobles descendientes de los incas y fieles a la corona y en el caso de algunas parcelas a propietarios indígenas individuales.

La propiedad comunitaria, en referencia a las tierras de las comunidades o reducciones y de las misiones

Las misiones:

Las misiones, en principio fueron encargadas a la Compañía de Jesús fundada en 1540, y se extendieron en Moxos (Beni), Chiquitos (Santa Cruz) y el Paraguay; éstas se desarrollaron siempre a la orilla de los ríos, a un máximo de 500 metros sobre el nivel del mar. Estaban bajo la tutela del provincial jesuita del Paraguay, y solo recibían las visitas del Obispo de Santa Cruz esporádicamente.

Se dedicaban fundamentalmente a la conversión de indios al cristianismo, para ello se adentraron al aprendizaje del idioma indígena; también desarrollaron la enseñanza de las técnicas europeas a los aborígenes; y con el fin de establecer una relación armónica incorporaron a las autoridades indígenas a los municipios; algo que se práctico a fin de evitar distorsiones fue la exclusión de los colonos hispanos en las comunidades indígenas.

Hasta 1767, año en que fueron expulsados de los territorios españoles, los jesuitas organizaron la reducción de los indios orientales en las misiones.

La autoridad estaba a cargo del Superior nombrado por el provincial del Paraguay; y cuando habían dos autoridades, una era espiritual y la otra

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material. Para asuntos de menos cuantía, se establecía el gobierno de los aborígenes, representada por el Cacique y otras autoridades inferiores, que componían el cabildo.

El trabajo estaba organizado en torno a un mayordomo y un teniente para cada clase de industria. En la producción agrícola, cada cabeza de familia recibía una parcela para trabajarla, y entregar la totalidad de la producción a las autoridades de la misión, quienes repartían equitativamente los suministros a todos los habitantes de la misión. La evangelización y la alfabetización, fueron las principales tareas de las misiones, estas tareas se realizaban fundamentalmente en idioma nativo. Al margen de ello se desarrolló diversas técnicas para el cultivo de la tierra, la explotación de bosques y la cría de ganado.

Asimismo se dedicaban a las artesanías, confección de telas de algodón, la arquitectura, se inculco el amor por las artes y sobre todo a la música religiosa de la escuela barroca.

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37 CAPÍTULO III LA CRISIS COLONIAL

Y LA FUNDACIÓN DE LA REPÚBLICA

Las transformaciones político económicas en la Península

En el siglo XVIII con la extinción de la casa de Habsburgo y la entronización de la familia borbónica en el poder del estado español, la situación tomó un giro muy radical que comenzó a afectar las estructuras coloniales en el Alto Perú a mediados de la centuria.

No solo había sucedido la sustitución de una familia real por otra, sino que las tendencias mercantilistas que se habían iniciado en Europa dos siglos antes, empezaban a cobrar fuerza en el reino de España.

En este sentido se transformó el antiguo Consejo de Estado en un conjunto de Secretarías llamadas del Despacho Universal; una de ellas era la Secretaría de Marina e Indias, a través de la cual se inició mayor intervención en los asuntos locales de la colonia en América.

Justamente esta Secretaría del Despacho sustituyó al Real Consejo de Indias en tiempos de Carlos III, que pese a los esfuerzos de la administración de Carlos IV por recuperar su importancia, en 1812 fue disuelta por las Cortes de Cádiz.

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Las transformaciones estructurales que llegaron con los Borbones, llevaron a que en 1717 se cree el Virreinato de Nueva Granada, que desapareció por un tiempo y fue restituido en 1739; y posteriormente en 1776, durante el reinado de Carlos III, se cree el Virreinato del Río de La Plata, del cual el Alto Perú paso a formar parte a partir de 1778. En el mismo período, 1767 se decidió la expulsión de los jesuitas de todos los territorios del reino, lo que trajo grandes transformaciones en la organización y la administración de la colonia en el alto Perú y el Paraguay.

En 1782 se crearon las Intendencias, que vinieron a sustituir la autoridad de los gobernadores, adelantados y corregidores, a consecuencia de ello el virreinato del Río de La Plata se dividió en ocho intendencias: Buenos Aires, Córdova, Salta, Asunción, Charcas, La Paz, Santa Cruz y Potosí.

Por ordenanza real se permitió a todo español comercializar con cualquier hispano, decayendo con ello el monopolio portuario de Cádiz y Sevilla, abriéndose trece nuevos puertos en España y veinte y cuatro en la colonia americana.

Se crearon las aduanas entre los límites de las distintas provincias y en los centros urbanos de mayor desarrollo, todo con el fin de lograr mayores ingresos tributarios para la corona, se incrementó el impuesto de la Alcabala hasta llegar al 6% en 1776, esta medida trajo como consecuencia un profundo descontento en los comerciantes locales, cuyas sublevaciones se enfilaron contra las nuevas tasas impositivas. Los levantamientos indígenas:

Los movimientos y sublevaciones indígenas fundamentalmente se dirigieron contra el reparto de mercancías, la tributación y la asistencia a la mita.

En 1770 se produjo la primera sublevación indígena que se inició con protestas por el reparto obligatorio y abusivo de mercancías y culminó

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con el asesinato del Teniente de Corregidor de Sicasica; un hecho similar sucedió un año después en la provincia de Pacajes.

En 1777 Tomás Catari inicia una movilización para recuperar sus prerrogativas cacicales usurpadas por el cacique Blas Bernal; en este sentido inicia una querella contra las autoridades españolas por la reposición de su condición de cacique, querella que tropezó con muchas dificultades y dilaciones, que lo obligó a realizar una marcha hacia la sede del Virreinato de Buenos Aires a fin de lograr sus objetivos.

Un año más tarde inició la resistencia al pago de tributos, lo que ocasionó su apresamiento, del cual fue liberado por efectos de un amotinamiento indígena en 1779; posteriormente nuevamente fue apresado y ejecutado en Chamanquilla el 15 de enero de 1781.

En 1780 el 24 de agosto ante los abusos del Corregidor Joaquín Alós, el Cacique Tomás Acho protagonizó un levantamiento en reclamo por la libertad de Tomás Catari, ocasión que termino con la ejecución de Acho y un levantamiento indígena que desencadenó mucha violencia en la región.

Ese mismo año se produjo un cerco indígena en la Ciudad de La Plata, y se radicalizaron los levantamientos indígenas en la provincia de Chayanta.

El 4 de noviembre de 1780 el Cacique de Tinta José Gabriel Condorcanqui que adoptó el nombre de Túpac Amaru, se levantó contra la Corona española, tomando preso al Corregidor Antonio de Arriaga, al que luego mando a ejecutar en la ahorca.

A partir de ese momento se inicio un proceso de enfrentamiento militar que en una primera instancia dio buenos resultados al líder indígena al punto de exterminar a las tropas realistas en Sangarara; aunque meses después fue derrotado por el ejército español que tenía como aliados otros caciques indígenas, entre el que sobresale el Cacique de Chincheros Mateo García Pumacawa.

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A consecuencia de esta derrota, Amaru fue condenado y victimado bajo la pena del descuartizamiento, en presencia de su familia, la cual también fue luego ejecutada.

El planteamiento político revolucionario de Túpac Amaru, consistía en la restauración del imperio incaico, sobre la base de la distribución de tierras entre los originarios, el sometimiento de los mestizos y criollos, la expulsión de los españoles, y la estructuración de 4 virreinatos, de los cuales él se erigiría como monarca con las insignias del inca.

Para 1781 los hermanos de Tomás, Dámaso y Nicolás Catari lideraron la toma del asiento minero de Aullagas y de las provincias aledañas a la ciudad de Oruro, reconociendo el liderazgo de Túpac Amaru sublevado en el Perú.

Ese mismo año Julián Apaza natural de Ayo Ayo, tomando para si el nombre de Túpac Catari, protagonizó una insurrección llegando a tomar control de las provincias de Sicasica, Charangas, Pacajes, Chuchito y Yungas, al frente de una milicia de cerca a 40 mil combatientes.

De igual manera, protagonizó el cerco de la Ciudad de La Paz durante 106 días, que solo fue levantado por el ingreso de tropas españolas provenientes de la Audiencia de Charcas.

Luego de la derrota sufrida en la localidad de Peñas, donde fue apresada su compañera y líder revolucionaria Bartolina Sisa y, por la traición de Tomás Inca Luque fue apresado y ejecutado.

La invasión de Napoleón a España y el levantamiento del 25 de mayo en Chuquisaca:

A fines de 1806 y durante 1807, el ejército francés de Napoleón aprovechando la presencia de sus tropas en territorio español en tránsito hacia Portugal, invadió España hasta lograr la abdicación de la monarquía borbónica a favor de Napoleón I en mayo de 1808 mediante

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el Tratado de Bayona. Producto de ello Napoleón Bonaparte nombró emperador a su hermano José.

Ese mismo mes de mayo, el pueblo español organizado en juntas declaró la guerra a Francia e inició la resistencia a la invasión. Quien centralizaba el control de estas juntas era la Junta de Sevilla ubicada en la parte meridional de España.

El 6 de junio de 1808 la población de Madrid se levantó contra el gobierno francés, hecho que terminó con una gran masacre a los insurrectos.

A pesar de la abdicación al trono por parte del Rey y el aprisionamiento del príncipe heredero Fernando VII, la resistencia logró obtener alto grado de legitimidad en España, al mismo tiempo que exigía lealtad y conducta a los virreinatos en América.

A raíz de la invasión napoleónica, la hermana de Fernando VII, Joaquina Carlota, esposa del Rey de Portugal, que para entonces junto a la Corte lusitana residía en sus colonias del Brasil, mandó mensajeros a las colonias españolas, a fin de buscar apoyo a sus pretensiones sobre la titularidad de la Corona de España.

Cuando llegó a la sede de la Audiencia de Charcas el enviado por el Virrey de Buenos Aires en disposición de la Junta de Sevilla José Manuel Goyeneche el 11 de noviembre de 1808, la situación en la Audiencia no era la más placentera; pues se habían establecido rivalidades a su interior entre el Presidente Ramón García Pizarro que junto con Pedro Vicente Cañeta y el Arzobispo Benito María Moxó y Francolí, se enfrentaban a los Oidores liderados por José Agustín Ussoz, el Fiscal Miguel López Andreu, el canónigo Matías Terrazas y el Alcalde Ordinario Juan Antonio Fernández.

Las querellas se incrementaron cuando los Oidores de la audiencia se pusieron al lado del Rector de la Universidad de San Francisco Javier el doctor Miguel Salinas, cuya conducta había sido observada por el Obispo Moxó, al igual que la del abogado Manuel Zudáñez, acusado de

Referencias

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