Serie: GÉNESIS. El Origen de todas las cosas

Texto completo

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Serie: “GÉNESIS. El Origen de todas las cosas”

¡S.J.A.!

Título: “UN CAMBIO DE FOCO (Para vivir en este mundo)”.

Lectura: Gen. 45:1 al 28 – Ro. 8:28 – Jer. 29:11.

Versículos clave:

Gén. 12.1 al 3: “Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”.

La presente serie es un resumen de la literatura citada al pié del presente escrito y algunas apreciaciones personales.

INTRODUCCIÓN:

En el capítulo anterior veíamos la intercesión de Judá a favor de Benjamín. José le dejó hablar sin interrumpirle y, después de oír todo lo que tenía que decir, le contestó a todo con estas tres solas palabras: «Yo soy José» (v. 3). Ahora veía José a sus hermanos, (a) humillados por sus pecados, (b) recordándole a él (pues Judá le había mencionado dos veces en su discurso), (c) respetuosos hacia su padre y (d) muy afectuosos hacia su hermano Benjamín. Tremenda fue la sorpresa, mezclada de terror, que tuvieron los hijos de Jacob al oír de labios del primer ministro de Egipto: Yo soy José.(1)

Pero José había descubierto, con el correr del tiempo, el Plan de Dios para él y toda su familia. Él se dio cuenta de que lo que estaba sucediendo en su vida no era una improvisación ni algo fortuito, sino que seguía un determinado curso y plan, una dirección muy precisa. (5)

José habría entendido las palabras del Apóstol San Pablo cuando dijo: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas le ayudan para bien, esto es, a los que conforme a Su propósito son llamados” (Ro. 8:28) (5)

Podemos no entender lo que Dios está haciendo, la manera a veces contradictoria en la que obra con nosotros, pero no debiéramos dejar de confiar en Sus planes y propósitos. Siempre serán para beneficiarnos y bendecirnos.(5) (Jer. 29:11)

A) Versículos 1–15:

Las lágrimas fueron el prólogo de las palabras de José (v. 2). Eran lágrimas de gran ternura y afecto. Sin más preámbulos les dice quién es: “Yo soy José”. Sólo le conocían por su nombre egipcio, Safnat-Panéaj, habiéndose perdido y olvidado en Egipto su nombre hebreo; pero ahora les invita a llamarle por él.(1)

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Así Cristo Jesús, cuando quiso convencer a Pablo, le dijo: “Yo soy Jesús”; y cuando quiso animar a sus discípulos, les dijo: “Soy yo, no teman”. Así, cuando Jesucristo se muestra a los suyos les anima a que se acerquen a él con corazón sincero (He. 10:22).(1)

José les dice cuánto tiempo resta todavía de hambre: cinco años (v. 6), y qué oportunidades tenía él para favorecer a sus parientes y amigos: “Dios me envió delante de ustedes” (vv. 5, 7). Había entendido el Plan soberano del Dios eterno: 1. Israel, el pueblo de Dios es objeto de un cuidado especial por parte de la Providencia de Dios.

2. La Providencia tiene una vista muy larga, y tiene asimismo un brazo muy largo. El salmista alaba a Dios por esto: Envió a un varón delante de ellos, a José (Sal. 105:17). Dios ve su propia obra desde el principio hasta el fin, pero nosotros no (Ec. 3:11).

3. Dios obra a menudo por medios que parecen contrarios. Muchos de los que dieron muerte a Cristo Jesús fueron salvos por su muerte.

4. A Dios debe ser toda la gloria: “No me enviaron acá ustedes, sino Dios” (v. 8). No deben ellos estar orgullosos por lo sucedido, porque ha sido obra de Dios, no de ellos.(1)

Así interpreta José su venta. Ustedes me vendieron, pero Dios compró, me defendió y me liberó como pastor para Él, como príncipe y salvador de los pueblos, con el mismo acto con el que yo parecía olvidado y perdido (Lutero).(2)

José anunció aquí proféticamente que Dios lo había traído a Egipto para preservar la familia que había escogido como su nación, y para salvarlos del peligro de morir de hambre que los amenazaba ahora como una gran nación.(2)

Después que José, asegurando que lo que habían hecho fue dirigido por Dios para su propio bien, hubo ahuyentado su temor a una retribución, y, al besarlos y abrazarlos con lágrimas, hubo sellado la verdad y sinceridad de sus palabras.(2)

Intercambió con sus hermanos expresiones de ternura. Comenzó por el más joven, su propio hermano Benjamín que era todavía un niñito de poco más de un año cuando José fue vendido por sus hermanos. Después de abrazar a Benjamín también “besó a todos sus hermanos, y lloró sobre ellos” (v. 15); y después sus hermanos hablaron con él.(1)

Las fuentes profundas de emoción se abrieron cuando José abrazó a Benjamín y luego besó a todos sus hermanos. Esto nos recuerda el gozo que vendrá cuando el Cristo del Calvario aparezca al pueblo de Israel y Se revele como su Rey y Mesías.(3)

B) Versículos 16–24:

Los hijos de Israel obedecieron las instrucciones de José y la invitación de Faraón (vv. 25 al 27). Pero José no sólo envió carros de acuerdo a la dirección de Faraón, y comida para el viaje, sino también les dio presentes, cambios de vestido, un traje para cada uno y cinco para Benjamín, junto con trescientas monedas de plata, ropas para cambiarse; ropa de vestir que se utilizaba en ocasiones especiales y se cambiaba frecuentemente (Jueces 14:12, 13, 19; 2a. de Reyes 5:5).(2)

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José calmó a sus hermanos y al mismo tiempo les amonesta que no riñeran. Pues se podía temer que alguno, para pagar el crimen, intentara pasarse a otro grupo y así surgiera una disputa (Calvino).(2)

Una amonestación necesaria, porque tendrían mucho que pensar en su pecado mientras preparaban la confesión que debían presentar a su padre.(4)

Así como José les impone la obligación de que ya no se recriminen mutuamente por lo pasado, el Señor Jesucristo nos da el mismo encargo, después de habernos perdonado misericordiosamente: “Ámense los unos a los otros” (Jn. 23:34), porque: 1. Somos hermanos, ya que tenemos un mismo Padre. 2. Somos sus hermanos, y cubrimos de vergüenza nuestra relación fraternal con el que es nuestra paz (Ef. 2:14), si mantenemos discordia o enemistad entre nosotros. 3. Somos culpables, muy culpables y, en lugar de recriminarnos a nosotros mismos, debemos perdonarnos.(1)

C)Versículos 25–28:

Al llegar a su casa, dieron las noticias a Jacob. Al principio estaba tan asombrado que no les creyó. Pero cuando oyó toda la historia y vio los carros cargados, supo que era verdad: ¡José todavía vivía y estarían reunidos de nuevo!(3)

José menciona a su padre cinco veces en este capítulo. En su similitud esto nos recuerda la obra de nuestro Salvador Jesucristo, que además del perdón que extendió hacia sus hermanos, fue el amor del Señor para Su Padre y Su deseo de hacer Su voluntad los que le trajeron al mundo para redimir a la humanidad caída. El amor de José para Jacob es solamente una sombra débil de ese amor.(3)

CONCLUSIÓN:

Aturdidos ante la revelación de quién era realmente la persona con quien habían estado tratando, los hermanos oyeron entonces la expresión de una obra maestra de reconocimiento y de sometimiento a la soberanía de Dios, esto es, de su gobierno providencial sobre los asuntos de la vida, tanto los buenos como los malos.(4) Esto refleja, de parte de José, una comprensión del pacto abrahámico y su promesa de una nación (cp. caps. 12; 15; 17).(4)

Habían transcurrido veintidós años desde que los hermanos habían vendido a José como esclavo. Sin embargo, la reconciliación tuvo lugar con gran emoción, lo que evidenciaba claramente que José no guardaba rencor alguno y que los había perdonado, lo que es marca de un hombre espiritualmente maduro.(4)

José, desde muy niño, entendió y aceptó que el que dirigía su vida era el Dios Todopoderoso de Israel y eso le permitió avanzar por caminos difíciles y en ocasiones oscuros, como muchos años después David diría en su afamado Salmo: “Aunque ande en valle de sombra y de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estarás conmigo. Tu vara y tu cayado me infundirán aliento” (Sal. 23:4)(5)

Los hermanos de José quisieron hacer las cosas a su manera y decidir por la vida de su hermano, pero jamás Dios les permitiría que pasaran por sobre Su Voluntad soberana. La vida de los hijos de Dios está en Sus manos y allí siempre estarán

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seguras. Así lo expresó nuestro Señor Jesucristo cuando habló de Sus ovejas: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi padre” (Jn. 10:27 al 29)(5)

Podemos caminar seguros de que nada de los que nos pase escapará a la mirada soberana de nuestro buen Dios y Pastor.(5)

Esta manera de ver la vida es la que debemos tener como cristianos, recordando lo que nos dice la Palabra de Dios en Col. 3:1 al 3: “Puesto que ustedes ya han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Pongan la mira en las cosas del cielo, y no en las de la tierra. Porque ustedes ya han muerto, y su vida está escondida con Cristo en Dios”.

Este enfoque de la cosmovisión que tangamos de nuestra vida nos ayudará a tener paz en las cosas que nos sucedan y así aferrarnos a las promesas que Dios nos ha hecho y que hemos recordado en este estudio (Ro. 8:28; Jn. 10:27 al 29).

Lamentablemente esto es algo que muchos cristianos están perdiendo y su mirada está enfocada en las cosas de este mundo, preocupados por lo que han de comer o vestir o dejarle a sus hijos el día que no estén ya más con ellos. Esto es similar a lo que estaba Marta cuando fue reprendida por el Señor Jesucristo (Lc. 10:41 y 42)

Me ha llamado poderosamente la atención lo que está sucediendo en Nueva York en estos 30 días de oración por el mundo musulmán, ya que esta ciudad tiene una de estas comunidades más populosas. Estoy convencido que muchos cristianos de ese lugar dejaron de ocuparse por las necesidades espirituales de aquellos habitantes y ese lugar ha sido ocupado por otras confesiones de fe, como la musulmana.(6)

¿Estamos preocupados y afanados por las cosas de esta vida como Marta? Si es así, muchas de las cosas que nos sucedan no las podremos entender y seremos amargados y vengativos como los hermanos de José. Si nuestro enfoque de la vida es mirando la Voluntad y los Planes de Dios, podremos entender lo que nos pasa como José y los discípulos del Señor que pudieron abrazar en sus corazones las palabras de Romanos 8:28.

Si has vivido esta sin entender los Planes que Dios tiene para aquellos que son sus hijos y deseas ser uno de ellos, y estás arrepentido de corazón sincero por tu vida pecaminosa, te invito a hacer conmigo esta oración:

ORACIÓN DE FE: “Señor Jesucristo: Entiendo que soy pecador, viviendo mi vida alejado de ti cosechando las malas consecuencias de eso. Mi vida necesita de tu acción salvadora y restauradora. Creo que Tú eres el único Camino para acercarme a Dios, nuestro Padre Celestial. Gracias por amarme y tomar mi lugar en la Cruz, pagando mi deuda de condenación eterna. Me arrepiento de todos mis pecados y abro mi corazón para recibirte como Salvador y Señor de toda mi vida. Acepto el regalo de la Salvación por la fe. Acepto tu perdón, tu Espíritu Santo y la Vida Eterna. Amén”.

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BIBLIOGRAFÍA:

1.- COMENTARIO BÍBLICO DE MATTHEW HENRY (Traducido y adaptado al castellano por FRANCISCO LACUEVA). Edit. Clie.

2.- COMENTARIO AL TEXTO HEBREO DEL ANTIGUO TESTAMENTO, PENTATEUCO E HISTÓRICOS. KEIL & DELITZSCH. Edit. Clie.

3.- COMENTARIO BÍBLICO. William Mac Donald. Edit. CLIE. 4.- Biblia de estudio de John Mac Arthur. Edit. Nelson.

5.- CAMINAR CON DIOS. Los patriarcas de Génesis. Vol. 1. Pedro Fuentes. Edit. Sembrar. 6.- https://www.youtube.com/watch?v=om6CVGmmVWg

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