Federico Tessore - El Fin de la Argentina

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Federico Tessore

Fin

de la

Argentina

El

SALVE SU DINERO Y CUMPLA SUS SUEÑOS

MIENTRAS LOS POLITICOS DESTRUYEN EL PAÍS

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El Fin de la

Argentina

SALVE SU DINERO Y CUMPLA SUS SUEÑOS MIENTRAS LOS POLÍTICOS DESTRUYEN EL PAÍS

4 Pasos concretos para implementar ya

FEDERICO TESSORE

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Tessore, Federico

El Fin de la Argentina. – 1ª ed. – Buenos Aires: Inversor Global Ediciones, 2013. 240 p.; 22x15 cm. (Investigación periodistica)

1. Investigación Periodistica. I. Título 2. CDD 070.44.

Todos los derechos reservados.

Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en, o transmitida por, un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por

fotocopia o cualquier otro, sin permiso previo por escrito de la editorial. IMPRESO EN LA ARGENTINA

Queda hecho el depósito que prevé la ley 11.723

Copyright 2013 Federico Tessore.

Publicado por Inversor Global S.A, Buenos Aires, Argentina

www.igdigital.com

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Para mis padres,

Federico Hernán Tessore y Ruth Cotrim Miranda, con infinita gratitud y amor.

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Contenido

Introducción...

Paso I: Aprenda a detectar las crisis...

1 – Anticipar la crisis no era complicado...

2 - Las predicciones se convirtieron en realidad...

3 –Todas las crisis son iguales...

4 –No caiga en el engaño de algunas predicciones...

Paso II: Aprenda cómo funciona el mundo...

5 - Las claves del mundo actual...

6 - La trampa de los países desarrollados...

7 - La nueva locomotora global...

Paso III: Invierta como los expertos...

8 - Las tres amenazas sobre su dinero...

9 - Los inversores argentinos ya se fueron...

10 - Recomendaciones que salvaron patrimonios...

Paso IV: Genere ya ingresos en el exterior...

11 – Principios para aumentar su riqueza...

12 – Sepa cómo generar ingresos en dólares...

13 – Debe conquistar el mundo ahora...

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Introducción

El Fin de la Argentina nació el 7 de septiembre de 2011. Junto con el equipo de investigación de la revista InversorGlobal publicamos el informe en el que explicábamos por qué pensábamos que una crisis económica era inminente. Actuar rápido era clave. El peligro, mayúsculo…

El informe se lanzaba en un momento complicado para hablar de problemas económicos en la Argentina. Unos pocos días antes la presidenta de la Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, ganaba las elecciones primarias abiertas simultáneas y obligatorias del año 2011 por una mayoría que superaba el 50% de los votos.

De hecho, una de las principales causas de su victoria fue la confianza del pueblo argentino en la marcha de la economía y en la forma que los Kirchner la administraban. Esta confianza era tan fuerte que ni la oposición del momento se animó a cuestionar la marcha de la economía y su futuro inmediato.

Nuestra voz se hizo escuchar casi en total soledad. A pesar de esto, el video del Fin de la Argentina fue visto por más de dos millones de argentinos durante el año posterior a su publicación.

Pocos meses después del lanzamiento del informe, al gobierno no le quedó otra opción que crear el “corralito cambiario”, tomar las reservas del Banco Central y cerrar el comercio internacional, entre otras medidas desesperadas para contener la crisis.

Pero la crisis explotó igual: la economía se detuvo, el peso se devaluó más de un 100%, las acciones argentinas se destruyeron, los bonos locales estuvieron al borde del default, la inflación no dejó de crecer y el mercado inmobiliario se paralizó.

¿Qué vimos para anunciar esta crisis de una forma tan elocuente y por qué el resto del país no vio lo mismo? En este libro no solo le voy a contestar esta pregunta, sino que además le voy a mostrar cómo usted

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también puede predecir las próximas crisis y de esta forma salvar su dinero y el de su familia.

Le voy a mostrar cómo los principios que están detrás de las recomendaciones que dimos en septiembre de 2011 y salvaron los ahorros de miles de argentinos también le pueden servir a usted para manejar su propio dinero.

Le explicaré por qué nunca debe seguir los consejos de inversión de los políticos. De hecho, la mejor receta es hacer justamente lo contrario de lo que ellos recomiendan.

Le demostraré cómo los argentinos, en su desesperación por salvar sus ahorros, están cayendo en otra trampa similar a la que escapan: otra estafa que usted no solo puede, sino que debe evitar.

Y finalmente le acercaré una estrategia para blindarse de las recurrentes crisis argentinas para siempre. Consejos prácticos que debe aplicar cuanto antes para cambiar de una forma radical la forma en que usted genera sus ingresos.

No es un camino fácil ni simple el que le propongo en este libro. Por un lado porque los resultados, para verse, exigen tiempo. Usted deberá ejercitar la perseverancia y la constancia si quiere llegar a buen puerto. Pero por otro lado, porque seguramente tenga que combatir prejuicios sociales para implementar este plan.

Verá, mis principales detractores me acusan de ser “egoísta” y “perjudicar al país” con mis opiniones. Y esas mismas acusaciones empezará a recibir usted no bien empiece a pensar y a actuar como un inversor global. No se deje engañar por estas personas, ignórelas. Usted no solo tiene el derecho de cuidar su dinero, sino que además tiene la obligación de hacerlo. Su futuro y el de su familia están en juego.

Le recomiendo que para abordar la lectura de este libro haga a un lado prejuicios y estereotipos. El mundo de las inversiones está lleno de estas falsas creencias. A lo largo de estas páginas intentaré mostrarle la

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falsedad de estos preconceptos. No le puedo asegurar que cuando termine de leer el libro esté en total acuerdo con mi visión, pero estoy seguro de que su relación con el dinero y el mundo de las inversiones cambiará para siempre. Usted estará más capacitado para generar o proteger su pequeña “gran” fortuna.

Estoy hablando del patrimonio que le dará las llaves para entrar a este maravilloso mundo donde los sueños, sus sueños más personales, se pueden convertir en realidad.

¿Le parece difícil lograr esto con una economía como la argentina? Nadie dice que será fácil, pero no se trata de algo imposible. De hecho, yo cumplí mi sueño de ser y vivir como un inversor. Usted también lo puede lograr y en este libro le explicaré cómo.

Un fuerte abrazo y buenas inversiones,

Federico Tessore

Miami, Estados Unidos Julio 2013

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Paso I:

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Capítulo 1

Anticipar la crisis no era complicado

Las variables que miramos

A mediados de 2011 la economía argentina era la envidia de todo el mundo. Luego del default y la posterior devaluación de 2002, el país había entrado en una rápida y fuerte recuperación. El gobierno decía que era un ejemplo para el mundo y algunos medios y mandatarios extranjeros así lo creían.

Pero si uno no se dejaba llevar por esa ola avasallante de optimismo, darse cuenta de que la economía estaba entrando en un terreno muy peligroso al promediar 2011 no era una tarea muy difícil. Los números que encendían las alarmas eran los siguientes:

 Cinco años con una inflación promedio del 25% anual.

 Precios que daban señales de estar caros en dólares nuevamente.

 Un déficit fiscal que no paraba de crecer desde el año 2007.  Una fuga de capitales que se estaba convirtiendo en récord

histórico en 2011.

 Un contexto internacional que se estaba complicando nuevamente.

Y por si todo esto fuera poco, estábamos ante un gobierno que no admitía ningún problema. La "estrategia económica" del Ejecutivo se basaba en convencer a toda la población de que Argentina era un ejemplo “revolucionario” para el mundo, que su economía se había recuperado y que nada la podía detener. En definitiva, el gobierno no tenía una política económica sólida para enfrentar los problemas mencionados, más allá de una estrategia de comunicación. Pero este marketing económico era muy eficiente. Gracias a él se llegó a septiembre de 2011 sin que la gran mayoría de los argentinos se cuestionara la viabilidad del modelo económico. El marketing podía más que los números concretos. Las apariencias eran más fuertes que los hechos.

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Las respuestas que daban los funcionarios de turno cuando algún periodista o analista se animaba a dudar sobre el futuro de la economía argentina me hacían acordar a las que brindaban los protagonistas de las crisis que pasó Estados Unidos, en los años 2000 y 2007, ante los mismos cuestionamientos.

En marzo del año 2000 el mundo fue testigo de la explosión de la llamada “burbuja puntocom”. La revolución de financiar con miles de millones de dólares a empresas que no tenían la mas mínima idea sobre cómo generar ingresos llegaba a su fin de un día para el otro. La burbuja explotaba a pesar de los pronósticos de revolución que había alrededor de la nueva tecnología de la época: Internet. Antes de la crisis nacían empresas al calor de la expansión de esta red que conectaba a todo el mundo de una forma muy veloz y simple. Estas empresas que ofrecían servicios basados en Internet, recaudaban millones de dólares de inversores que querían participar de este boom sin siquiera prestar atención a si el negocio era rentable o no. Cuando un inversor, que no se dejaba llevar por esta ola, preguntaba un poco más sobre la viabilidad del negocio y sobre cuándo iba a generar ganancias era descalificado rápidamente. “No entendés”, le decían. "Estamos ante una revolución. El mundo no es como era antes. Ahora las inversiones se analizan de una forma diferente: no importan los gastos ni las ganancias. Esto es el futuro…", solía decir la voz del mercado.

El inversor tradicional parecía un tonto. Dudaba, es cierto. Es que era difícil ir contra la corriente, pero su escepticismo valió la pena. Finalmente, cuando la burbuja explotó en marzo del año 2000 y todas estas empresas quebraron en unos pocos meses, los “nuevos inversores”, los “revolucionarios”, perdieron todo su capital. En cambio, los tradicionales, aquellos que dudaron en su momento, aquellos que querían ver números que sustentaran la inversión no perdieron un sólo dólar.

Lo mismo pasó antes de que explotara la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos en el año 2007. Cuando un inversor desconfiado en 2005 preguntaba sobre si era sostenible un mercado donde cualquier persona, sin presentar casi garantía alguna, podía obtener un crédito

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por el 110% de una propiedad, era tratado despectivamente. De nuevo el mismo discurso. "Estamos ante una nueva realidad. Hay plata ilimitada. Es una oportunidad que nos da una nueva realidad superadora. No entendés nada si no aprovechás esto...", vociferaban en Wall Street.

Y para rematar el argumento, estos defensores de las “nuevas realidades” mostraban los extraordinarios números de crecimiento de los años anteriores, como si fuesen una garantía de lo que sucedería en el futuro. Finalmente, en el año 2007, la burbuja inmobiliaria explotaba en Estados Unidos y los precios de las propiedades bajaban en promedio un 50%. Los defensores de la “nueva era económica” perdían todo nuevamente. Los escépticos, aquellos que se tomaban el trabajo de entender qué estaba pasado, salvaban su capital.

En el segundo semestre de 2011 y en el primer semestre del año 2012 pasó lo mismo en la Argentina. Los funcionarios afirmaban que el país era un ejemplo para todo el mundo. "Argentina encontró una nueva manera de manejar la economía, el mundo desarrollado en crisis debe aprender de nosotros", rezaba el discurso del momento. Algunos referentes internacionales estaban convencidos de esto. “Argentina demostró que no fue fácil pero que es posible responder a la crisis (con una reestructuración de la deuda), haciendo posible seguir adelante", dijo en su momento el premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz. "La economía ha podido seguir adelante y Argentina ha tenido un alto crecimiento durante muchos años, lo cual demuestra que el análisis es correcto”, agregó.

Cualquiera que se animaba a cuestionar esto era un retrogrado que no sabía entender este cambio revolucionario que explicaba el crecimiento de la economía desde el año 2004. Y, más aun, inmediatamente se lo asociaba con lo peor que le pasó a la Argentina durante las últimas décadas: golpista; defensor de la dictadura, de los bancos y de los capitales externos; noventista; antiargentino; enemigo de los pobres y muchos calificativos más.

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A pesar de ello, el 7 de septiembre de 2011, publicamos el informe especial llamado Fin de la Argentina entre los suscriptores de la revista

InversorGlobal. Este video provocó una inmediata revolución entre

nuestros lectores. Estábamos hablando de una crisis muy fuerte en el medio de un contexto de fuerte crecimiento. ¿Cómo era posible?

Las causas del fin

Argentina tuvo una impresionante recuperación luego de la crisis del año 2002. Esta recuperación se había apoyado en cuatro pilares:

 Los llamados superávits gemelos, que incluían al comercial y fiscal.

 Un tipo de cambio competitivo que favorecía las exportaciones.  La confianza de los argentinos en la economía y en el peso.  Un contexto internacional muy favorable.

En septiembre de 2011 veíamos que esas cuatro variables que habían promovido el crecimiento desde el año 2002 estaban agotadas. Creíamos que el crecimiento que tenía la economía durante el 2011 no podía seguir basado en ellas. Para continuar el crecimiento había que producir cambios muy fuertes, cambios que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner parecía no tener voluntad de realizar. Y por lo tanto, si el Gobierno seguía en la misma senda, nuestra visión era que iba a chocar contra una pared. Para entender un poco mejor por qué pensábamos esto, analicemos cada una de estas cuatro variables y su situación en 2011.

El fantasma del déficit fiscal

En el año 2009, el Estado empezó a tener déficit fiscal. Es decir, gastaba más de lo que recaudaba. Con un análisis de la política de gastos del Gobierno resultaba fácil entender por qué pasaba esto. La administración kirchnerista armó durante sus años de gobierno una red de subsidios asombrosa. El Estado subsidiaba desde la energía eléctrica y el gas, hasta el transporte público; y la mayoría de esos servicios no habían ajustado sus precios desde la devaluación del año 2002.

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Para que se dé una idea, la tarifa industrial de gas en la Argentina era un 73% inferior al promedio de lo que se pagaba en Brasil, mientras que la tarifa básica residencial equivalía a sólo el 5% de lo que se pagaba en Chile en 2011. Por su parte, el boleto de colectivo en la ciudad de Buenos Aires costaba $ 1,20 en 2011. Si no fuera por los subsidios del gobierno tendría que haber costado $3,75. Para llegar a esto tendría que haber aumentado un 220%.

En 2012 se gastaron 100.000 millones de pesos en subsidios, que representaban el 5% del PBI argentino. En el año 2006 estos subsidios significaban solo el 1% del producto. Un alocado e imparable crecimiento…

Si a los subsidios sin límites les sumábamos otros “alocados” gastos como el plan Fútbol para Todos –que insumía 1200 millones de pesos anuales– o el mantenimiento de Aerolíneas Argentinas, que representaba otros 3200 millones anuales, entender cómo habíamos pasado de superávit a déficit fiscal era muy simple. El superávit fiscal que había blindado a la Argentina hasta el año 2008 se había terminado.

Una vuelta al 1 a 1

A pesar de que el dólar se cotizaba en septiembre de 2011 a más de cuatro pesos por unidad, su valor real estaba más cerca de $ 1. ¿Por qué ocurría esto? Hay dos formas de medir el tipo de cambio. La primera alternativa y la más común implica tomar el valor nominal del tipo de cambio. Esto muestra a qué precio se cambian las monedas de uno y otro país. Por ejemplo, para comprar un dólar había que pagar cuatro pesos argentinos. Pero hay una segunda manera que es más útil aun para medir el tipo de cambio que se llama “tipo de cambio real”. A diferencia del tipo de cambio nominal, el real mide la relación a la que una persona puede intercambiar los bienes y servicios de un país por los de otro. Y para esto tenemos que tener en cuenta la inflación de cada uno de los países, además del tipo de cambio nominal.

Vamos a un ejemplo concreto y midamos el tipo de cambio entre la Argentina y Estados Unidos en el período anterior a la crisis del 2011.

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Por un lado teníamos a la inflación que en la Argentina había sido de alrededor del 100% entre 2007 y 2011. Por otro, la devaluación del tipo de cambio había sido, en promedio, de tan solo el 8% anual. El 2 de enero de 2008, según datos del BCRA, el dólar estaba en $ 3,14. Casi cuatro años más tarde, la cotización era de $ 4,16. Es decir, mientras la inflación había subido un 100% en la Argentina, la suba del tipo de cambio nominal había sido de solo el 30%. En tanto, en Estados Unidos en ese mismo período la inflación no superaba el 10%. Sobre esta base, hagamos los números y simplifiquemos un poco los cálculos. Si los precios subieron un 100% en la Argentina y apenas en 10% en Estados Unidos, para que nuestros productos siguieran siendo igual de atractivos en ese país, nuestro tipo de cambio nominal tendría que haber subido alrededor del 90%. Pero en realidad había subido sólo un 30% en cuatro años. Por lo tanto, los productos locales aumentaron un 60% -en dólares- entre 2008 y 2012.

Había cambiado la ecuación de la economía argentina. Ya no era fácil exportar. Todo lo contrario. Lo que era fácil ahora era importar. Nuestros productos estaban caros nuevamente.

Fuente: Estudio Bein y Asociados.

Como se desprende del gráfico anterior, podemos ver que el dólar se encontraba solamente un 10% por encima de los valores de la Convertibilidad al corregirse por inflación. Y los síntomas de esta

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situación no sólo se veían en los números de la economía. Las consecuencias se podían observar en el día a día de la vida de los argentinos en la época. En un prestigioso matutino local de la época salía como nota de tapa la “Vuelta del deme dos en Madrid y Miami”, como un indicador de cuán barato estaba el dólar en nuestro país. Los argentinos dejaban de viajar por el interior del país, como pasaba especialmente en los años 2002 a 2004, y volvían a Miami y al Caribe, como pasaba en la década de 1990.

Es que era más barato ir a Miami a comprar ropa y pasarla bien que ir a Mar del Plata y pagar los crecientes costos en pesos. Pero esto también se veía en el flujo de turistas que visitaba el país. En el año 2012 este flujo de turistas comenzó a bajar y se estimaba que en el año 2013 esta caída de turistas provenientes del exterior iba a ser aun más pronunciada. Nuestro país ya no estaba tan barato para los argentinos, tampoco para los turistas europeos o norteamericanos.

La confianza perdida

En septiembre de 2011 se daba una situación paradójica. Si bien políticamente el gobierno que iba a ser reelegido sólo dos meses después tenía apoyo político, esto no era tan claro en términos económicos. Una parte importante de la población mostraba no estar “cómoda” con los pesos. Y esto se veía en la fuga de capitales que iba camino a ser récord en el año 2011.

Se conoce como “fuga” a todo capital de un país transferido a otro, pero también a los dólares o pesos que se guardan “debajo del colchón”, porque es -en definitiva- dinero que sale del sistema financiero. Este fenómeno, por supuesto, eleva y mucho la demanda de dólares, esos que necesitan los argentinos que salen del peso para enviarlos al exterior con el objetivo de proteger sus ahorros.

¿Protegerse de qué?

Entre otras cosas, de la altísima inflación que desde el año 2006 estaba por encima del 10% anual.

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Fuente: Estudio Bein y Asociados.

Viendo estas altísimas cifras de inflación anual y teniendo en cuenta las tasas de interés en la Argentina, que en ese mismo período no superaban el 12% anual, no era muy difícil entender por qué muchos argentinos compraban dólares y los enviaban al exterior. Si a esto le sumábamos el recuerdo de los argentinos de las crisis del 2001/2002 o de 1990, el tema pasaba a estar más claro aun. Hacia el año 2011, esta fuga de capitales -que empezaba en 2007- se hacía frenética. Durante el primer semestre del año 2011 se fugaban 10.000 millones de dólares. Todo hacía pensar que en el segundo semestre del año la fuga iba a ser aun mayor y que de esta forma se iba a superar la fuga de capitales récord de 2008.

Recordemos que el 2008 fue un año complicado, no sólo en la Argentina, sino también en el mundo. Por un lado, estallaba una fortísima crisis financiera internacional que casi destruye a los grandes bancos internacionales. Por otro, a nivel local la disputa entre el gobierno y el campo y la estatización de las AFJP creaban un clima muy enrarecido. Ese año salieron del sistema financiero 23.000 millones de dólares. En 2011 la economía iba en camino a superar ese triste récord. Veamos el siguiente gráfico para tener mayor claridad:

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Fuente: Estudio Bein y Asociados sobre la base de Mecon

Pero este proceso de fuga de capitales no fue similar al de 2008 o al de la década de 1990 en un sentido muy importante. En el pasado los que retiraban el dinero del país eran los bancos, las empresas y los grandes inversores institucionales. La novedad del proceso de fuga de capitales que se daba en el año 2011 era que estaba mayoritariamente en manos de individuos, de personas como usted y yo. Según las estadísticas del propio Banco Central de la República Argentina en 2007 y 2008 dos tercios de los fondos dolarizados eran de operadores mayoristas. En 2009 y 2010 las cifras se repartieron por mitades. En cambio, en 2011, el 80% de las compras de dólares eran de minoristas, personas de a pie. Pequeños ahorristas que compraban menos de US$ 10.000 por operación.

A diferencia de otras situaciones similares que pasó nuestro país en el pasado, esta vez no eran las “grandes corporaciones” las que estaban huyendo de la Argentina. Los protagonistas de esta nueva fuga eran personas asustadas, pequeños ahorristas, la mayoría de clase media, que no querían perder nuevamente todo su dinero. Esto marcaba que la confianza en el gobierno argentino, que se había recuperado muy rápido luego de la crisis de 2002, se había evaporado también en muy poco tiempo…

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El contexto internacional se complicaba

Otra de las variables que ayudaba a la Argentina en la recuperación posterior a la crisis del año 2002 estaba relacionada al muy positivo contexto internacional de la época. El mundo estaba colaborando para que el país se recuperara y muy rápido.

Por un lado, Brasil daba una gran ayuda con su tipo de cambio cada vez más barato. En 2003, por cada dólar, había que entregar 3 reales. En septiembre de 2011, sólo 1,60 reales. Esto provocaba que nuestros productos fueran baratos en reales. Un bien que la Argentina vendía a un precio de un dólar, en 2003 costaba tres reales y en 2011 casi la mitad. Gracias a esto las exportaciones a Brasil aumentaron fuertemente. En el 2002 se exportaron 4848 millones de dólares al país vecino y en el año 2011, 17.702 millones, según el Indec. Cada vez que Brasil aumentaba su tipo de cambio, las ventas a ese país caían con fuerza, como sucedió a fines de 2008 y principios de 2009, cuando Brasil devaluaba y las exportaciones argentinas bajaban más de 2000 millones de dólares. Por ello, seguir de cerca lo que pasaba con nuestro principal socio comercial era muy importante. Todo hacía pensar que Brasil entraría en terrenos complicados para la Argentina.

Por otro lado, la soja era la otra gran variable que estaba ayudando al crecimiento argentino. En el año 2002 el llamado “complejo sojero”, que incluye a las ventas de granos, aceites y harina de soja, exportaba por un total de 4900 millones. En 2011 este mismo “complejo sojero” que además incluía el biodiésel, lograba exportaciones por 22.000 millones de dólares. El precio de la soja, que en el año 2002 estaba en US$ 208 la tonelada, en el año 2011 estaba en US$ 500 la tonelada. En 2011 más de un 25% de las exportaciones argentinas correspondían a la soja y los ingresos fiscales, por supuesto, se apoyaban en este crecimiento. Cualquier disminución en el precio de la soja no solo golpearía los ingresos del Estado, sino también el de todos los argentinos. Hacia el año 2011 había evidencias que indicaban que el precio de la oleaginosa podía comenzar a bajar.

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Finalmente, la otra gran variable relacionada al contexto internacional que ayudó a la Argentina fue la política de tasa de interés baja que la Reserva Federal de Estados Unidos implementó a partir del año 2002, con excepción del período anterior a la crisis de 2008. Este período de baja tasa de interés tuvo dos efectos. Por un lado, desalentó a los inversores de países como la Argentina a enviar el dinero al exterior, ya que si enviaban sus dólares a Estados Unidos, por ejemplo, iban a lograr una rentabilidad muy baja. Por otro, contribuyó a que la llegada de dólares a los países emergentes fuera récord, debido a que los inversores de las naciones desarrolladas huían de las poco rentables inversiones en sus países de origen.

Tomar estas tres variables (Brasil, soja y tasas de interés), como permanentes era muy peligroso. Esto podía cambiar en cualquier momento y el impacto sobre la Argentina iba a ser duro. De hecho, en 2008 la economía local estuvo a punto de caer como consecuencia de un brusco cambio en el contexto internacional. Ese año la grave crisis financiera en Estados Unidos se propagó por todo el mundo de forma virulenta. Argentina la pudo sobrellevar porque aún sus números estaban sólidos. Pero en el 2011 la situación era otra. ¿Cómo iba a pasar la Argentina una crisis similar? El riesgo era muy grande y nadie lo quería ver.

Una idea pequeña toma fuerza

En este contexto y a medida que nuestra opinión se empezó a hacer cada vez más conocida, las críticas crecieron. Nadie quería escuchar que la "fiesta" del consumo y el dinero fácil llegaba a su fin. Aunque paradójicamente, al mismo tiempo que estas críticas crecían, los números de la economía argentina entraban en una espiral descendente. La situación se volvía tan grave que desembocaba en la batería de controles que tuvo que imponer el gobierno entre 2011 y principios de 2012. No le quedaba otra opción si quería evitar la crisis terminal que anunciamos en septiembre de 2011.

Los medios de comunicación masiva que en el año 2011 ignoraban casi por completo esta situación, gradualmente empezaron a ver estos

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números, y lentamente se animaron a publicar notas sobre los problemas que comenzaba a mostrar la economía. En abril de 2012, la fragilidad de la economía argentina ya era tapa de todos los diarios. Nuestra idea sobre el Fin de la Argentina, que nació como un concepto pequeño y arriesgado en septiembre de 2011, se había convertido en una idea grande y principal seis meses después. El dólar, las restricciones y los problemas económicos eran nuevamente la mayor preocupación de gran parte de los argentinos. Nosotros habíamos cumplido nuestro trabajo: les habíamos adelantado a todos nuestros lectores lo que se venía. Habíamos anticipado las tapas que los diarios publicarían seis meses más tarde. Y más importante aun, les habíamos dado tiempo a nuestros lectores para prepararse para pasar la crisis lo mejor posible. Un tiempo invaluable que pudo ser la diferencia entre la ruina y el progreso.

Para ver el video del Informe original llamado Fin de la Argentina, publicado en septiembre de 2011, puede entrar en la siguiente página web: www.findeargentina.com

En el próximo capítulo veremos qué fue lo que finalmente pasó el año posterior a la publicación del video, con aciertos y errores.

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Capítulo 2

Las predicciones se convirtieron en realidad

La crisis llegó con todo

Una semana después de que Cristina Fernández de Kirchner ganara las elecciones en primera vuelta con el 54% de los votos, empezó una fuerte corrida contra el peso. Miles de argentinos poblaban las casas de cambio y bancos para comprar dólares. Nadie quería los pesos, salvo una sola entidad: el Banco Central de la República Argentina (BCRA). En octubre de 2011, el BCRA estaba vendiendo un promedio de 200 millones de dólares diarios, y en los tres meses previos a las elecciones había vendido ya 4300 millones de dólares.

¿De dónde salían esos dólares?

De las reservas que tenía el BCRA. Por ello, si esta corrida continuaba, el Banco Central se iba a quedar sin fondos pronto. La situación era muy grave. Una buena parte de la dirigencia argentina reaccionaba ante esta novedad de una forma predecible y ya vista en crisis anteriores: buscando culpables. Nuevamente los banqueros, los empresarios inescrupulosos y los fondos buitre eran los culpables de que esto pasara. Estos “seres malvados” querían atacar al gobierno argentino y a su pueblo con su comportamiento "codicioso" y "golpista".

Lo que no se daban cuenta estos dirigentes es que -esta vez- los que provocaban la corrida no eran los "malos" tradicionales, sino "malos" nuevos; Personas que pueden ser su vecino o el mío. Comerciantes, profesionales, empleados, jubilados, empresarios, profesores y deportistas. En definitiva, personas de carne y hueso a las que les importaban muy poco los temas ideológicos o políticos. Sólo querían proteger su dinero de las garras de la inflación y la debilidad del peso. Se trata de personas que compraban dólares como una reacción ante la desconfianza imperante. Era apenas una forma de proteger sus sueños y su estilo de vida. Dicho de otra manera: según datos del propio Banco Central, el 80% de las compras de dólares que se efectuaban antes del

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“corralito cambiario” de noviembre de 2011 eran inversores minoristas que compraban menos de US$ 10.000.

En ese momento, los políticos estaban muy ocupados luchando por el poder como para darse cuenta de que el mundo del dinero y las inversiones había cambiado, tanto en la Argentina como fuera de ella. No tenían tiempo para ver cómo los pequeños inversores globales eran los que ahora realmente movían los mercados.

La reacción del gobierno: tapar el sol con un dedo

Como consecuencia de esta corrida, el gobierno empezó en octubre de 2011 con la gradual prohibición en la compra de dólares, una prohibición que se convirtió en total a mediados de 2012. Es que el gobierno empezaba una campaña desesperada para quedarse con las pocas divisas que todavía quedaban en la Argentina. Para lograr este objetivo, todo estaba permitido.

No importaba la “libertad económica” de los argentinos ni de las empresas locales. Por lo único por lo que peleó el gobierno fue por quedarse con todos los dólares que había en el país. Y si para lograr ese objetivo había que prohibir la compra de dólares o las importaciones y afectar la vida de millones de personas y centenares de empresas, no importaba. De un día para el otro, las compañías no pudieron transferir más sus ganancias al exterior y empezaron a recibir presiones del gobierno para reducir lo máximo posible el pago de deudas o servicios en el exterior.

Las importaciones fueron muy restringidas también, ya que eran una importante vía de escape de dólares que el gobierno buscaba detener. A partir de este nuevo régimen que el gobierno instauró a fines de 2011, todas las importaciones de la Argentina requerían de la autorización de una sola persona: el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. Todo el comercio internacional de un país con más de 40 millones de habitantes iba a ser definido por un solo señor. No se evaluaron los efectos colaterales de estas medidas, como –por ejemplo– el incipiente

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