El Sentido Lo Extraordinario de La Vida en Común - E.garcía & M.pantoja

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EL

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EL SENTIDO

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AGUILAR

© 2008, Eugenio García/ Milena Pantoja © De esta edición:

2008, Aguilar Chilena de Ediciones S.A. Dr. Aníbal Ariztía, 1444

Providencia, Santiago de Chile Tel. (56 2) 384 30 00 Fax (56 2) 384 30 60

ISBN: 978-956-239-619-6 Inscripción Nº 174.206

Impreso en Chile - Printed in Chile Primera edición: noviembre 2008

Diseño de portada: Pedro Pablo Garín Ilustraciones: Dis&Play

Todos los derechos reservados.

Esca publicación no puede ser reproducida ni en codo ni en parce, ni registrada en, o transmitida por, un sis-tema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquími-co, electrónifotoquími-co, magnétifotoquími-co, electroóprifotoquími-co, por foto-copia, o cualquier otro, sin el permiso previo por escrito de la Editorial.

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Eugenio García / Milena Pantoja

EL SENTIDO

LO EXTRAORDINARIO DE LA VIDA COMÚN

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ANTES QUE NADA ...

E

ste no es un libro de filosofía. Aunque proponga formas muy específicas de entender la vida, es un trabajo que surge de la observación directa y no de la tradición filosófica, por lo que no se encontrarán referen-cias a tal o cual línea de pensamiento ni citas bibliográficas. Esto no significa que busque apropiarse de conceptos o de ideas elaboradas por otros con anterioridad. Simplemente está construido desde otra lógica.

Tampoco es un libro para especialistas. Todo lo contrario, está dirigido a las personas comunes que, como nosotros, se han preguntado el porqué de las cosas. Por ello usamos un lenguaje simple, para que cualquiera pueda leerlo y sacar sus pro-pias conclusiones.

El sentido es el resultado de muchos años de

observación sistemática del comportamiento humano.

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EL SENTIDO: LO EXTRAORDINARIO DE LA VIDA COMÚN

En una primera etapa, las inquietudes gira-ron en torno a los fenómenos y respuestas huma-nas frente a la sociedad, a la política, al consumo

y a la identidad. ¿Por qué valoramos lo que valo-ramos? ¿Por qué elegimos lo que elegimos? ¿Por qué tenemos actitudes que parecen contradicto-rias? ¿Por qué adherimos o rechazamos una pro-puesta?

Las respuestas a las que llegamos nos llevaron a otra pregunta: ¿por qué somos como somos?

Y ésta fue abordada nuevamente desde la observación.

En la tarea de sistematizar y de profundizar la información que teníamos, nos dedicamos a rastrear historias humanas. Tuvimos el aporte generoso de muchas personas que nos contaron sus vidas y nos permitieron entender procesos internos que generaban diferentes comporta-mientos y formas de ser.

Asimismo, los avances y las hipótesis que construimos se expusieron a distintos grupos de personas con variadas especialidades profesiona-les: matemáticos, filósofos, abogados, economis-tas, psicólogos, psiquiatras, diseñadores, publicis-tas, estudiantes, ejecutivos de empresas, dueñas de casa, de variadas edades y caracteres. Sus

opi-.

.

. .

niones y aportes sirv1eron para ennquecer y trans-formar nuestras conclusiones.

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ANTES QUE NADA ...

Los autores no pretendemos decirle a nadie cómo conducir su vida ni entregarle recetas para mejor vivir, sólo nos mueve la intención de ilu-minar aquello que está oculto para la mayoría de nosotros.

Leer El sentido es, por lo tanto, una

invita-ción abierta a sacar sus propias conclusiones.

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¿PARA QUÉ VIVIMOS?

• Qué propósito tiene nuestra vida? Proba-~ blemente, la mayoría de nosotros piensa que \.hay que hacer aportes significativos, desarro-llar aptitudes excepcionales o trascender en la historia para que nuestra existencia tenga un sentido.

Algunos nos esmeramos en vivir bajo princi-pios morales estrictos o nos consagramos al servi-cio desinteresado a los demás. Otros buscamos el sentido generando riquezas, luchando por la fama, el poder, finalmente, persiguiendo la felici-dad para nosotros mismos y para los nuestros.

Todo lo anterior es puro sentido común. Sin embargo, al observar nuestras historias personales comprobaremos que los momentos de felicidad son islas en el mar de lo común y corriente. Que hacemos aportes valiosos, pero que seguramente ninguno pasará a la historia. Que tenemos ciertas habilidades, pero que no

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somos genios. Que nos equivocamos bastante en nuestra vida y en nuestras relaciones. Que sufri-mos más de lo que quisiérasufri-mos y que probable-mente jamás saldremos en el ranking de los « 100

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mas» en ninguna categona.

En la práctica, pasamos la mayor parte de nuestro tiempo ocupados cumpliendo las tareas que nos imponen los estudios, el trabajo, la rutina diaria y las relaciones con los nuestros. En ganar dinero y sobrevivir.

Nos dedicamos a nuestra vida cotidiana. Al día a día común y corriente.

¿Esto significa que la mayor parte de nuestra vida es un desperdicio? ¿Que dedicamos la mayor parte de nuestro esfuerzo y de nuestra energía a lo intrascendente y lo trivial? ¿Que el sufrimiento, tan frecuente en la experiencia humana, es un estado a evitar o negar y que sólo valen los acota-dos momentos de felicidad que alcanzamos? ¿Que sólo importa la vida espiritual o los grandes logros, apartados de la experiencia cotidiana? ¿Que la torpeza al relacionarnos con los que más queremos nos limita para cumplir el sentido último de nuestras vidas?

Algo suena mal en esto. ¿Cómo es posible que la inmensa mayoría de la humanidad

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¿PARA QUÉ VIVIMOS?

dicie su vida en tareas menores sin dedicarse a lo realmente importante? ¿Es tan intrascendente la vida común como parece? Nosotros creemos lo contrano.

Como veremos en este libro, lo trascendente se esconde en la experiencia más cotidiana.

Nuestra vida común es extraordinaria, por-que todos podemos ser maestros de nosotros mismos; es decir, alcanzar un alto grado de evo-lución siendo quienes somos, viviendo la vida que tenemos.

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SOMOS LO MISMO QUE TODO

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omo lo afirman la ciencia y la filosofía, compartimos la esencia de una piedra, de un gusano y de una estrella. Venimos de un origen común y estamos compuestos de lo

. ,

mismo: energ1a.

Según sabemos, todo comenzó con la ener-gía del universo entero condensada en un punto singular, y en breves instantes esa energía se liberó en una formidable explosión conocida como Big Bang.

Todo lo que siguió después, a través de miles de millones de años, es la historia de esa misma energía evolucionando en elementos cada vez más complejos, como las estrellas, las piedras, los gusanos, los animales y la especie humana.

Podemos considerar el Big Bang como un gigantesco acto creativo que expandió en todas direcciones la energía que compone lo existente,

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EL SENTIDO: LO EXTRAORDINARIO DE LA VIDA COMÚN

similar a un hongo que lanza sus esporas al viento para generar nueva vida.

Los seres humanos compartimos ese origen. Somos energía, energía que se ha desarrollado con un tipo específico de complejidad, igual que las galaxias, los planetas, los mares, las montañas, los árboles y los animales.

Nos componemos de combinaciones de los mismos elementos. Muchas de las moléculas que componen nuestro cuerpo fueron creadas en

el

interior de estrellas gigantescas que estallaron como supernovas. Hay calcio en nuestros huesos y también en las estrellas. Hay hierro en nuestra sangre y en el centro de la Tierra. Hay hidrógeno en nuestro cuerpo y por todo el universo.

Pero en ton ces... ¿Por qué creemos ser tan diferentes? ¿Por qué hacemos la distinción entre lo que consideramos «vivo» y aquello que supues-tamente no lo está, como una piedra?

Buscamos obsesivamente vida en otros pla-netas, olvidando que los cuerpos celestes que nos rodean son precisamente eso: vida.

¿Pero qué es vida? ¿Lo que se mueve y se reproduce? ¿Lo que evoluciona? ¿Lo que tiene conciencia de sí? ¿Aquello que es capaz de man-tener el equilibrio del intercambio dinámico con

el

medio?

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SOMOS LO MISMO QUE TODO

Te proponemos pensar que todo en este universo está vivo, en su particular forma, en su particular ritmo y en su particular momento de evolución. Y está vivo porque todo lo que existe en el universo es energía actuando bajo la lógica creativa de esa energía.

¿Qué implica pensar así?

De partida, se difuminan los límites entre los seres humanos y el resto de la creación. Com-prendemos que estamos integrados a la creación y que compartimos el origen, que somos herma-nos de todo lo creado, incluso de lo que conside-ramos materia inerte.

También nos invita a comprender que somos seres en evolución. Pero no una evolución cerrada en nosotros mismos, sino que formamos parte de una evolución progresiva que nos condujo a tra-vés de distintas mutaciones, pasando por partícu-las de energía y llegando a elementos químicos básicos, núcleos de estrellas, elementos químicos más pesados, seres biológicos unicelulares, etc., hasta concluir en el organismo complejo que hoy somos.

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SOMOS ÚNICOS Y RELACIONADOS

P

ara comprender de un modo fácil esta idea, pensemos en un hormiguero. Cada hormiga vive su propia existencia, tiene su

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propio cuerpo, recorre sus propios pasos en busca de alimento, e incluso podemos aislarla fácilmente del grupo para estudiarla. Sin embargo, toda su existencia está relacionada con el resto del hormiguero. La hormiga, siendo un ser individual, no existe si no es en relación con las demás hormigas.

Esto sucede con todo lo que conforma el universo: podemos reconocer galaxias, estrellas, planetas y distintos cuerpos celestes, pero todos ellos están relacionados entre sí. También noso-tros, que somos únicos y distintos, no podemos dejar de estar vinculados con los demás seres humanos y con nuestro entorno.

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EL SENTIDO: LO EXTRAORDINARIO DE LA VIDA COMÚN

Lo anterior representa las dos cualidades propias de la energía que nos constituye: siem-pre está en relación y se da entre seres únicos y distintos con historias singulares.

Nunca encontraremos una historia igual a otra, ni a un ser igual a otro, o un sistema aislado, porque todo está asociado de alguna forma.

Y la

energía es parte de este vínculo.

El problema es que los seres humanos solemos entendernos como seres individuales, separados del resto. Y mientras esa visión no cambie, noso-tros tampoco lo haremos.

Esta forma de concebirnos tiene lógica. Po-seemos límites materiales precisos, nuestra piel nos comprueba todos los días que somos indepen-dientes y distintos del resto. Además, como tene-mos voluntad, llevatene-mos nuestro cuerpo donde se nos antoje y hacemos con él lo que queremos. O al menos así nos parece.

Nuestra mente también colabora activamente en la tarea: creemos tener nuestras propias ideas, pen-sar por nosotros mismos. Sabemos reconocer las dife-rencias -la enorme cantidad de difedife-rencias- que nos distinguen de lo demás. Y la conclusión de todo esto parece obvia: somos individuos.

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SOMOS ÚNICOS Y RELACIONADOS

Y

en parte esa conclusión es cierta, pero sólo en parte.

Supongamos que ese individuo es un chi-leno que trabaja en una oficina bancaria. Demos algunos pasos atrás y miremos a ese individuo desde lejos, desde muy lejos, digamos desde un satélite fotográfico de gran precisión. Lo que veríamos es a un individuo en constante relación con su entorno y sus semejantes. Lo descubriría-mos conversando con clientes, hablando por teléfono, descansando frente a una taza de café. Saldría de su oficina, caminaría por calles llenas de otros individuos. Tomaría el Metro para lle-gar a su casa y reunirse con su familia. Junto a los suyos bebería agua y se alimentaría de pro-ductos cultivados en el planeta. Vería televisión, conversaría con sus hijos, haría el amor con su mujer, luego dormirían.

Desde la distancia, notaríamos que el indivi-duo está en permanente relación con su planeta: respira, come, bebe, siente el frío de la noche o el calor del sol.

A través del satélite nunca lo veríamos como un sujeto aislado. Al contrario, advertiríamos que forma parte activa de un gran organismo que lo contiene.

En realidad, si le sacáramos todo su entorno y lo dejáramos solo en un espacio

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EL SENTIDO: LO EXTRAORDINARIO DE LA VIDA COMÚN

mente vacío, ni siquiera podría respirar. Dejaría de existir.

Nuestro ser «es» siempre en relación con otro. Yo soy con los demás y con mi entorno, conformo una inmensa red con quienes me rodean. Y lo que hago tiene consecuencias en este todo.

Comprender que estamos inevitablemente in te grados es esencial para evitar sufrimientos innecesarios, frustraciones y destrucción de valor. Más adelante analizaremos en profundidad las consecuencias de nuestras relaciones en nosotros y en los demás.

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SOMOS ÚNICOS Y RELACIONADOS

El «ser» humano incluye a los demds. Somos individuales, pero siempre integrados. Dónde comienza uno y termina el

otro es imposible de determinar a nivel energético. Estamos inevitablemente relacionados.

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EL SENTIDO: LO EXTRAORDINARIO DE LA VIDA COMÚN

Somos individuales pero siempre integrados. El «ser» humano incluye al entorno natural. No sólo vivimos inseparablemente

unidos a la naturaleza, también compartimos con ella las moléculas que nos componen.

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INTERCAMBIAMOS ENERGÍA PARA CREAR

N

os relacionamos dando y recibiendo energía en todos sus formatos: materia-les e inmateriamateria-les. Por ejemplo, cuando asociamos nuestros genes para engendrar un hijo, o al respirar, cuando intercambiamos oxígeno por dióxido de carbono con la atmósfera. O incluso cuando entregamos nuestro trabajo por dinero y a su vez cambiamos nuestro dinero por produc-tos y serv1c1os.

Este intercambio de energía también puede darse en modos más abstractos, tomando la forma de opiniones o ideas en una conversación, o de afecto en una relación de pareja.

Podemos recibir energía acumulada a través de una larga cadena de asociaciones creativas. Pensemos lo que sucede con los cereales del desa-yuno. Una caja de éstos es fruto de la energía del sol, de la tierra, del agua y de las semillas, que permitieron tener una cosecha de granos. En esa

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EL SENTIDO: LO EXTRAORDINARIO DE LA VIDA COMÚN

caja, también está contenida la energía de los pri-meros agricultores que comenzaron en el Neolí-tico a desarrollar las tecnologías de cultivo, de riego, de fertilización y de cosecha. Hay energía de los que inventaron y produjeron las máquinas cosechadoras, las comercializaron y las repararon.

Y de los agricultores actuales que cultivaron

el

cereal. Hay energía en el trabajo de las empresas que procesaron

el

cereal y lo convirtieron en hojuelas, las envasaron, publicitaron y distribuye-ron en las tiendas. Tú utilizaste energía para llegar a la tienda y para ganar el dinero con que pagaste la caja de cereales. A su vez, comerlos le propor-ciona a tu cuerpo energía para funpropor-cionar, y si fue-ras agricultor, ¡incluso te daría energía para culti-var los mismos granos que luego se convertirán en nuevas hojuelas de cereal para el desayuno!

Podemos hacer un ejercicio similar con todo lo que nos rodea: encontrar la infinita cadena de intercambios pasados y presentes que conflu-yen para hacer posible lo que tenemos frente a nosotros.

El conocimiento acumulado por la huma-nidad es energía de millones de seres humanos que dedicaron sus esfuerzos a desarrollar la cien-cia, el arte y la tecnología.

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INTERCAMBIAMOS ENERGÍA PARA CREAR

Estos inventos y descubrimientos se tradu-cen en nuevos computadores, nuevos modelos de autos, nuevas obras de arte, nuevos avances cien-tíficos, nuevas corrientes filosóficas. Todo es pro-ducto del pensamiento, de la creatividad, del esfuerzo y del trabajo. En suma, del intercambio de aportes de muchas personas a lo largo del ttempo.

Hacer este ejercicio tiene la virtud de mos-trarnos que, en esencia, todo es lo mismo: ener-gía que toma diferentes formas y que evoluciona de distintas maneras.

Somos un particular mecanismo de captura, proceso, intercambio y acumulación de energía, conectado con todo y con todos en diversas rela-ciones de intercambio. Formamos parte de una «lógica creativa», y como tal somos el fruto de una historia singular de relaciones e intercam-bios, e inevitablemente participaremos en esa historia dando nuestros propios frutos.

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IV

LA LÓGICA CREATIVA DE LA ENERGÍA

L

o que sabe la ciencia hasta hoy es que en el momento del Big Bang, todo el universo estaba condensado en un punto de energía muy densa y homogénea, con una temperatura y una presión también homogéneas. Algo parecido a un «caldo esencial» indiferenciado.

Brevísimos instantes después de la gran explosión, la energía se expandió y en ella apare-cieron pequeñas variaciones de temperatura.

Los investigadores estiman que esas variacio-nes permitieron que la energía se condensara en diferentes partículas de materia. Lo clave es que allí surgió por primera vez algo distinto, algo separado del conjunto: lo uno y lo otro.

Se inició así, en el principio del tiempo, la distinción de las historias: una partícula emprende su propio camino y luego se asocia con otra para generar una nueva entidad, que a su vez se une con otras distintas para crear nuevas entidades

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EL SENTIDO: LO EXTRAORDINARIO DE LA VIDA COMÚN

que al irse relacionando en diversos procesos físi-cos y químifísi-cos, aumentan su complejidad y van creando todo lo que hoy conocemos.

Esta es la lógica creativa de la energía: ele-mentos únicos que se distinguen del conjunto para luego asociarse y crear algo nuevo.

DISTINCIÓN

1-1

ASOCIACIÓN

1-1

CREACIÓN

La lógica creativa de la energía.

Luego del Big Bang, las partículas elementa-les se fueron asociando a través de millones de años en procesos cada vez más complejos, para llegar a crear los diferentes elementos químicos que hoy conocemos. Esta lógica se sigue repli-cando: un hombre y una mujer, dos seres distin-tos, se relacionan sexualmente y crean un tercero, distinto a ellos. Existen asociaciones con más componentes, por ejemplo el océano, donde el agua se relaciona con la luz y otros elementos físi-cos como el viento, la atracción de la luna, los fondos marinos, las costas y diversos elementos químicos, para crear un mundo lleno de variadas

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LA LÓGICA CREATIVA DE LA ENERGÍA

formas de vida, las que a su vez se relacionan entre sí para generar nuevos individuos.

Incluso este libro, como todo, es el fruto de una gran cadena de asociaciones donde distintas personas hemos intercambiado aportes. Los autores trabajamos durante cinco años desarro-llando los conceptos que están aquí plasmados. Presentamos nuestros avances a otras personas que nos dieron sus opiniones. Gracias a ellas fui-mos refinando las ideas, entendiendo lo que no entendíamos y llenando los vacíos. Además, empleamos el idioma castellano que millones de personas a lo largo de la historia han ido enri-queciendo, con ideas, experiencias y distincio-nes. En este volumen también está la energía de los editores, de aquellos que inventaron y fabri-caron la imprenta, de la industria editorial, el papel, la tinta, el computador y la de aquellos que tienen la librería (o el sitio web) donde lo adquiriste. Las asociaciones, así, pueden exten-derse hasta el infinito.

Incluso, en la intimidad de tu pensamiento, dialogas e intercambias ideas con un «otro» que te opina, te explica, contrasta lo que lees con lo que has leído antes, con la conversación que tuviste hace años con un amigo, con lo que te pasa en tu vida diaria o con lo que te enseñó tu profesor de filosofía en el colegio. De esta

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EL SENTIDO: LO EXTRAORDINARIO DE LA VIDA COMÚN

nera refinas tus ideas y sacas nuevas conclusiones, intercambias contigo mismo nuevos conceptos

. .

que ennquecen tu pensamiento.

Todo en el universo comparte esta lógica creativa: elementos únicos y distintos se asocian para crear nuevos elementos, que a su vez se relacionan entre sí para generar otros nuevos.

Mi en tras más elementos distintos existan, mayores son las posibilidades de asociación, ya que hay más elementos disponibles para inter-actuar. Mientras existan más seres humanos y más redes de conexión funcionen, aumentan las posibilidades de intercambio y mayor es la posi-bilidad de crear elementos nuevos y distintos que multipliquen el potencial creativo de la humanidad.

Se sabe que durante el Paleolítico Medio los seres humanos producían una innovación cada 20.000 años. Luego, en el Paleolítico Superior, la tasa de innovación creció a una cada 1.400 años. Más adelante, durante el Mesolítico, se generó una innovación cada 200 años.

Este in cremen to está inevitablemente rela-cionado con una mayor cantidad de seres huma-nos haciendo más intercambios y con la acumu-lación de conocimiento - o energía- producto

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LA LÓGICA CREATIVA DE LA ENERG[A

de la historia de relaciones que fueron dando ori-gen a cada innovación.

Las tasas de creación de hoy son incalculables porque las relaciones de intercambio entre los seres humanos son considerablemente mayores.

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V

LA BÚSQUEDA DE RECONOCIMIENTO

L

a energía conforma seres únicos con histo-rias únicas. Estos seres únicos logran aso-ciarse en la medida que sean reconocidos por otros seres también únicos. Si no lo logran, corren el riesgo de desaparecer.

Un recién nacido que no es reconocido por su madre tiene altas posibilidades de morir. El niño necesita que a través de esa relación fluya la ener-gía que precisa para sobrevivir y desarrollarse. Por eso llora y grita, por eso hace conexión visual y reacciona positivamente ante sus padres. Se ase-gura así un entorno de relaciones que le provee de todo lo que requiere hasta alcanzar su autonomía.

La madre tiene que saber que su hijo existe y escuchar su llanto para darle alimento. Nuestro empleador tiene que reconocer nuestras compe-tencias y habilidades para contratarnos y pagar-nos un sueldo. Dos personas tienen que recono-cerse mutuamente y gustarse para querer formar

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EL SENTIDO: LO EXTRAORDINARIO DE LA VIDA COMÚN

una pareja. Los automovilistas tienen que verme cuando cruzo la calle; si no, estoy en grave peli-gro. Sólo podemos relacionarnos si alguien nos reconoce.

La forma más elemental de ser reconocidos es distinguirnos, ser diferentes del resto, destacarnos de alguna forma que sea apreciada por los demás. Algo similar a lo que hacen ciertas plantas cuando conquistan a las abejas y a los pájaros polinizado-res gracias a sus flopolinizado-res de llamativos colopolinizado-res. La dis-tinción del color, del aroma y de la forma, las separa del verde predominante para atraer a los asociados que necesitan con el fin de reproducirse.

Nosotros también estamos empeñados en distinguirnos para obtener reconocimiento y lograr más y mejores intercambios de energía.

Tenemos un punto a nuestro favor al mo-mento de distinguirnos: somos producto de una historia única e irrepetible. Las partículas que nos conforman, que como dijimos se remontan al Big Bang, pasaron por muchas experiencias singulares antes de confluir en el ser que somos ahora.

Esa trayectoria de experiencias irrepetibles de la energía de cada uno nos hace seres únicos y distintos a todo lo que ha existido antes y a lo que nadie pudo haber imaginado. Somos inédi-tos e irrepetibles.

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LA BÚSQUEDA DE RECONOCIMIENTO

Este ser único es el que se enfrenta a las rela-ciones donde debe distinguirse para obtener reco-noc1m1ento.

¿Cómo lo hacemos? Enriqueciendo ese ser único con aquellos atributos que consideramos valiosos. En una tribu guerrera habríamos colgado cabelleras de enemigos muertos en nuestra cin-tura. En la sociedad actual colgamos títulos pro-fesionales en nuestras paredes, estacionamos auto-móviles lujosos en nuestros garajes o llevamos con nosotros las últimas novedades tecnológicas.

Lo que consideremos valores y desvalores será producto de nuestra historia personal. Si nos formamos en una familia donde lo valorado y lo premiado es la inteligencia, lo más probable es que adoptemos la estrategia de «ser inteligente» para sobresalir, y trataremos de adoptar las prác-ticas y estilos de las personas consideradas inteli-gentes para distinguirnos y obtener la mayor can-tidad de reconocimiento.

De estas creencias podemos encontrar miles. Hay familias donde se valora el esfuerzo y la supe-ración personal, otras el deporte, la lectura, la cocina, la tradición, lo hermoso y refinado, el arte, la música, estudiar en cierta universidad, el equipo de fútbol, los viajes, el dinero, la belleza física, el

éxito con el sexo opuesto, la tradición del linaje, las costumbres ancestrales, etc. Estas

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EL SENTIDO: LO EXTRAORDINARIO DE LA VIDA COMÚN

nes se convertirán para nosotros en referentes al momento de adoptar estrategias para agregarnos valor y obtener reconocimiento, ya sea adhiriendo a ellas o poniéndonos en la posición contraria.

Además de la familia, nuestro contexto social e histórico también nos enseña qué valorar y qué no.

Por ejemplo, andar a la moda, seguir las cos-tumbres de un grupo, responder a los cánones estéticos vigentes, y si no, hacerse cirugías para «corregir» el cuerpo. Ostentar marcas reconoci-das, vivir en barrios de prestigio, utilizar determi-nado tipo de automóviles, viajar a lugares con estilo, tener cierto tipo de pareja. Frecuentar res-taurantes de moda, cultivar los deportes más populares, alimentarse bajo ciertos principios, tener determinados estilos de vida.

Todo lo que hacemos y la forma como lo hacemos «habla» de nosotros, y con ello tratamos de distinguirnos, de abrir puertas en nuestras relaciones y de obtener el reconocimiento y la

, .

energ1a que necesitamos.

Lo que se valora y desvalora va cambiando en el tiempo. Por ejemplo, años atrás, que los hombres ayudaran en las labores domésticas era visto como un desvalor. Quien lo hiciera era considerado como «poco hombre», especial-mente en países latinoamericanos. Actualespecial-mente, un hombre que no ayuda en estas labores es visto

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LA BÚSQUEDA DE RECONOCIMIENTO

por muchos como alguien obsoleto. Hace poco tiempo era de toda lógica que el marido debía mantener económicamente a su familia y que la mujer era la encargada del hogar. Hoy gozan de mayor prestigio las mujeres que trabajan y se mantienen por sí mismas, especialmente en la

• I I

generac1on mas Joven.

Nuestra llegada a la adultez está marcada por suscribir conscientemente un sistema de valores, que puede ser distinto del que heredamos de nuestra familia y de nuestro entorno social. La adolescencia es una etapa de exploración, de selección y de formación de los valores que nos acompañarán en la adultez.

Las experiencias de la vida, el cambio en los procesos sociales, van modificando aquello que aprendimos a valorar y nos agregan nuevas cate-gorías y distinciones.

Como hemos dicho, estas estrategias de obtención y acumulación de valor buscan distin-guirnos frente a los demás, poniéndonos en una «posición ventajosa» para lograr más y mejores intercambios de energía en nuestras relaciones.

Al buscar ser reconocidos por otros, la eva-luación que éstos puedan hacer de mí será crucial para determinar si me reconocerán o no y, por lo

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EL SENTIDO: LO EXTRAORDINARIO DE LA VIDA COMÚN

tanto, si activarán conmigo circuitos de intercam-bio. Es decir, las opiniones de los otros resultan claves para favorecerme o perjudicarme en mis relaciones y obtener mayor valor de ellas.

No sacamos nada con creer que somos estu-pendos si los demás no están de acuerdo. Por ejemplo, tú puedes considerarte una persona con mucha capacidad para aportar y dar buenas ideas. Sin embargo, si tu grupo no te valida y te consi-dera una persona novata y sin experiencia, ten-drás pocas posibilidades de ser escuchado.

Por el contrario, si estás en un grupo que te considera en tu justo valor, te darán

el

espacio para expresar tus ideas, desarrollarlas e incluso serás recompensado por ello.

Esa es la importancia de nuestra identidad, ella nos suma o nos resta valor, predispone a los demás positiva o negativamente hacia nosotros y así nos facilita o nos dificulta obtener valor en nuestras relaciones.

Nuestra identidad es la evaluación que los demás hacen de nosotros. La mayoría de las veces, esa evaluación es el resultado de un pro-ceso automático e inconsciente.

Esto explica que haya tanto empeño en cul-tivar la identidad. Todo el culto a la belleza, las

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LA BÚSQUEDA DE RECONOCIMIENTO

relaciones públicas, la publicidad, los consultores de imagen, la industria de la moda, las marcas de lujo, la farándula y mucho de la industria educa-cional dependen del interés humano por buscar reconocimiento de los demás.

Puede parecernos banal que gastemos tanto esfuerzo en ello, sin embargo no es así. Objetiva-mente, una buena identidad nos reporta la

ener-I

gia que necesitamos.

El problema es cuando los valores que agrega-mos a nuestra identidad no están alineados con el ser único que somos. En tal caso, mantener esa identi-dad nos costará grandes esfuerzos y corremos el riesgo de quedar al descubierto ante cualquier error.

Además, es muy probable que tengamos una recurrente sensación de frustración, encontrando nuestra vida vacía y sin sentido, ya que nuestra energía estará empleada en mantener una simula-ción o en cumplir con lo que la sociedad espera de nosotros, aplastando nuestra propia singularidad.

La desalineación ocurre porque aquellos valores que agregamos a nuestra identidad termi-nan por tapar bajo una montaña de paradigmas el ser único que somos. Al final de cuentas, per-demos contacto con ese ser único y nos dedica-mos a vivir como se debe vivir y a ser como se supone que debemos ser.

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VI

LA TRAMPA DE LOS PARADIGMAS

C

omo dijimos antes, para distinguirnos y relacionarnos, buscamos agregar valor a nuestra identidad. Lo que le aporta o resta valor son creencias aprendidas, la mayoría de las veces en el entorno familiar, social, cultu-ral y natucultu-ral que a cada uno le toque vivir, y tam-bién de la historia personal. Por eso, lo que tú estimas que es un valor, otro lo puede considerar un desvalor.

Para algunos, el trabajar en exceso es sinónimo de distinción e íntimo sentimiento de superiori-dad sobre los demás. Probablemente, este rasgo les reporte reconocimiento laboral, ascensos en su empresa, buenos sueldos y estimación de sus jefes. En cambio, es difícil que su pareja, sus hijos y sus amigos aprecien ese valor. Al contrario, lo más pro-bable es que resientan esa forma de ser.

Para la mayoría de las personas, terminar de pagar un crédito es un momento de satisfacción

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EL SENTIDO: LO EXTRAORDINARIO DE LA VIDA COMÚN

y tranquilidad. Para

el

banco, en cambio, no es un momento feliz. Su cliente ideal es

el

que man-tiene una deuda en

el

tiempo, claro que pagando puntualmente todos los meses.

Basándonos en nuestras propias creencias evaluamos a los otros y a nuestro entorno, la mayoría de las veces no dudamos de esas creen-cias y las asumimos como supuestos «obvios», cer-tezas de la vida que no es necesario demostrar para considerarlas verdaderas.

Para

el

trabajólico, es «obvio» que trabajar en exceso le agrega valor y le da buenos resultados. Y, probablemente, califica de flojos a quienes no se comportan como él.

Para el vegetariano, es «obvio» que la carne es nociva para

el

organismo, por lo menos para

el

suyo, y que se hace un bien a sí mismo evi-tando comerla. Probablemente, le afecta ver cómo el resto intoxica sus cuerpos con carne día a día.

Para el que considera que entretenerse es un valor fundamental, será «obvio» invertir sus es-fuerzos en hacer cosas agradables y ser entretenido, y tal vez califique de aburridas a las personas que no lo siguen.

En muchas partes, todavía, es de todo sen-tido común que las mujeres se case~~~~ c.U\.1U~A

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hijos antes de los treinta años. Si e ::,"' oc

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~ BIBLIOTECA S.

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LA TRAMPA DE LOS PARADIGMAS

se sien ten fracasando en una regla culturalmente impuesta que pocos se atreven a desafiar.

Ejemplos hay miles. Lo que es importante de retener es que actuamos sobre la base de que estas creencias «son verdad», e interpretamos el mundo, a los demás, nuestras relaciones y nuestras pro-pias experiencias bajo ese prisma.

Creemos que «así es la vida y así son las cosas». Esto es lo que se conoce como paradigma: una idea que se nos instala como una verdad absoluta, que ni siquiera nos cuestionamos, ya que es tan evidente para nosotros que ni siquiera sabemos que la tenemos. Simplemente, con esa idea interpretamos y evaluamos automáticamente la realidad.

Los paradigmas nos hacen ver

el

mundo de una determinada manera, como si nos pusiéra-mos unos anteojos azules y lo viéramos todo con un matiz azul. Lo curioso es que vivimos tran-quilamente con los anteojos puestos, sin saber que los llevamos allí.

Los paradigmas no son necesariamente nega-tivos. De hecho, los adoptamos porque en algún momento nos parecieron útiles, muchas veces nos han servido para obtener reconocimiento del entorno y han sido funcionales e incluso

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EL SENTIDO: LO EXTRAORDINARIO DE LA VIDA COMÚN

tes, ya que no necesitamos pensar, evaluar ni pla-nificar cómo actuar. Simplemente evaluamos y actuamos automáticamente sobre la base de ellos. Son como las reglas del juego que se aceptan sin más y se aplican despreocupadamente porque «así funcionan las cosas».

Los paradigmas que hemos revisado hasta ahora tienen que ver con nuestra identidad, con aque-llo que nos suma o nos resta valor para distinguir-nos y ser reconocidos.

También existen paradigmas que tienen que ver con nuestra forma de relacionarnos con los demás.

Por ejemplo, si de pequeños fuimos agredi-dos psicológica o físicamente por alguno de nuestros padres, podemos incorporar

el

para-digma de que «los otros me agreden», y vivir en permanente estado de alerta para evitar la ame-naza de los demás.

También podemos observar estrategias que no resultan y optar por las contrarias. Por ejem-plo, si vemos que nuestra madre se vio muy dañada afectivamente debido al engaño de su marido, o viceversa, podemos aprender la idea «no hay que depender afectivamente de nadie», y construir nuestras relaciones bajo este principio.

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LA TRAMPA DE LOS PARADIGMAS

Si desde pequeños fuimos reprendidos por nuestra manera de hacer las cosas, podremos adoptar el paradigma «todo lo hago mal», y estar siempre temerosos de la evaluación y el inmi-nente rechazo del otro en nuestras relaciones.

Si, al contrario, de niños tuvimos toda la atención y la protección de nuestros padres y se nos dio todo lo que quisimos y un poco más, se nos puede instalar el paradigma de «yo estoy pri-mero», y nos resentiremos si los demás no nos dan todo el reconocimiento disponible.

El ambiente en que somos concebidos y las experiencias de nuestra vida nos enseñan cómo relacionarnos, bajo qué paradigmas vamos a intercambiar energía, a través de qué estructuras, estrategias y creencias nos integraremos al gran organismo de relaciones conformado por todos y por todo.

Los paradigmas también determinan nues-tras reacciones automáticas frente a las relaciones y las situaciones que enfrentamos.

Si tenemos el paradigma «todos me agre-den», es esperable que tengamos gran dificultad para profundizar en nuestras relaciones, porque nos sentiremos amenazados a cada momento. Interpretaremos fácilmente cualquier estímulo

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EL SENTIDO: LO EXTRAORDINARIO DE LA VIDA COMÚN

• I I

como agres1on y reaccionaremos automattca-mente de manera defensiva.

Con el paradigma «hay que ser inteligente», probablemente valoraremos y consideraremos a los inteligentes y despreciaremos a los que considere-mos tontos. Nos costará ver más distinciones en las personas; por ejemplo, el que sean alegres o simpáticas, buenas para el deporte, intuitivas o crea-tivas. Podríamos tener una reacción automática de menosprecio con el que no se apegue a los están-dares que nos impone nuestro paradigma.

Incorporado el paradigma «no hay que depender afectivamente de nadie», reaccionare-mos negativamente frente a cualquier señal que interpretemos como dependencia.

Teniendo el paradigma «todo lo hago mal», seremos especialmente sensibles y reaccionaremos a la defensiva frente a todo lo que interpretemos como un rechazo de parte del otro.

Si se nos instaló la idea «yo estoy primero», es fácil imaginar las consecuencias.

Bajo

el

prisma paradigmático, reaccionamos de un modo similar frente a situaciones distintas, y eso nos hace torpes al momento de enfrentar las relaciones con los demás.

También, a raíz de estos paradigmas, es fre-cuente que ante una nueva relación amorosa, la juzguemos con los criterios de nuestra relación

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LA TRAMPA DE LOS PARADIGMAS

anterior. Para la nueva pareja es un tratamiento injusto, ya que no la considera en su propia particularidad.

A veces ocurre que la nueva pareja valora aspectos nuestros que ni siquiera habíamos no-tado o actúa de un modo que nos parece total-mente original. Cuando ello sucede, son nuestros paradigmas los que están siendo desafiados: la imagen que tenemos de nosotros mismos o nues-tra forma «natural» de relacionarnos.

Para obtener energía y valor en nuestras relaciones utilizamos «estrategias inconscientes» de intercambio de energía que hemos aprendido a lo largo de nuestra historia. Estas estrategias se convierten en paradigmas; es decir, en supues-tos incuestionables acerca de cómo relacionar-nos y cómo obtener energía en esas relaciones.

Gran parte de nuestros paradigmas los adop-tamos durante nuestra infancia, nos los reforza-ron día a día mientras crecíamos, con ese tipo de educación práctica que es difícil de superar: hay que ser de tal o cual manera; no hagas tal o cual cosa; mira a tu hermano cómo se las arregla solo; lee, que te hará bien; ¿cómo se te ocurre hacer tal o cual cosa?; ese niño te conviene como amigo; ¡dale, dale, tú puedes!; eres igual a tu padre;

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EL SENTIDO: LO EXTRAORDINARIO DE LA VIDA COMÚN

defiéndete, tienes que imponerte para que te respeten; ¡bien, así se hace!; si no haces lo que te digo no te voy a querer más ... ¿Suena familiar? Son formas comunes de instalación de paradig-mas. Basta mirar los supuestos detrás de esas fra-ses para darse cuenta de qué estamos inculcando a nuestros niños.

Sin embargo, no todos los paradigmas se for-man en la infancia. En general, cada vez que enfrentamos un terreno nuevo, nos proveemos rápidamente de paradigmas para poder funcionar en ese nuevo ámbito.

Imaginemos un ejemplo extremo y supon-gamos que caemos en la cárcel. Como hemos visto o leído en tantas historias que abordan el tema, lo primero que hacemos es detectar rápi-damente las prácticas de ese lugar y convertirlas en paradigmas para poder salir con

el

menor daño posible.

Algo similar ocurre cuando estudiamos una carrera. Lo usual es que adoptemos rápidamente

el

conjunto de paradigmas de la profesión para poder jugar en ese terreno de manera exitosa. Es fácil reconocer a un médico, a un abogado o a un arquitecto por su visión de las cosas, su lenguaje, su forma de expresarse, su talante y su vestuario.

Entrar a la adolescencia, cambiarnos de cole-gio, conseguir nuevos amigos, entrar a la

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LA TRAMPA DE LOS PARADIGMAS

dad, cambiarnos de ciudad, encontrar una nueva pareja, son ocasiones donde todos adoptamos nuevos paradigmas.

Como es de suponer, las estrategias que usa-mos para relacionarnos e intercambiar energía no siempre son efectivas. No siempre nos resultan con todas las personas, no siempre nos reportan toda la energía que quisiéramos. Puede suceder que nuestros paradigmas al momento de relacio-narnos nos hagan agredir a otros, no reconocer-los, ignorarlos y no generar los resultados que

'

quenamos.

Es el caso de una mujer hern1osa cuya gran capacidad es dirigir equipos e inspirarlos para lle-gar a su objetivo. Probablemente, la primera ten-dencia es a distinguirla por su belleza (paradigma muy difundido) y no reconocerla por su verda-dera singularidad: su capacidad para dirigir eq ui-pos exitosos. Además, como se supone que las mujeres hermosas no son inteligentes (otro para-digma muy popular), le costará más instalar su verdadero valor en su mundo de relaciones, ya que los paradigmas dificultarán su despliegue.

El problema con los paradigmas es que nos dificultan ver las cosas en su particularidad y distinción, tiñéndolas con el matiz de nuestras

.

.

propias creencias.

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EL SENTIDO: LO EXTRAORDINARIO DE LA VIDA COMÚN

Vemos «todo azul» y evaluamos a todas las personas con el mismo parámetro. Si tenemos el paradigma de la inteligencia, esperamos que nuestros hijos sean inteligentes y que se comporten «como es obvio que se comporten», es decir, ali-neados con nuestro paradigma, y si no lo hacen, es que no están en lo correcto.

Mucho sufrimiento se evitaría si especificára-mos claramente lo que pretendeespecificára-mos de nuestros hijos, pero eso es imposible, al menos hasta que tomamos conciencia de los paradigmas. Como veremos más adelante, una vez hechos conscientes, los paradigmas pueden ser eliminados.

Los paradigmas juegan en contra de la lógica creativa de esta creación. Nos limitan al momento de desplegar el ser único que somos, ya que sólo podemos hacerlo bajo los valores que nos fueron instalados por nuestro entorno, y limitan nuestras relaciones, ya que las enfrenta-mos con la restricción de ideas preconcebidas.

Vivir con paradigmas es similar a andar por la vida calzados con esquíes para la nieve. Fun-cionan bien cuando hay nieve y una pendiente, muy mal si no las hay. El problema es que ni notamos que los llevamos puestos y sólo nos quejamos de lo que nos cuesta caminar. Esa es

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LA TRAMPA DE LOS PARADIGMAS

precisamente la trampa paradigmática: son útiles en ciertas circunstancias, pero los acarrea-mos siempre con nosotros sin darnos cuenta.

Cuando identificamos nuestros paradigmas podemos manejarlos -sacarnos los esquíes cuando no los necesitamos-, pero como son supuestos transparentes, muchas veces ignoramos que los tenemos y terminamos tratando de jugar fútbol con esquíes para la nieve.

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VII

CÓMO ENFRENTAMOS LAS RELACIONES

D

esde antes de nacer necesitamos energía de nuestras relaciones. El hecho de haber nacido y de estar leyendo este libro revela que recibiste la energía que requerías para sobrevivir, crecer y desarrollarte.

Sin embargo, la energía que adquirimos en la primera infancia y la forma en que accedimos a ella, determinará en nosotros una forma de aproximarnos a las relaciones.

Viviendo en un ambiente tenso, de mucha exigencia o avaro de afectos, nos aproximaremos a las relaciones con temor, ansiedad y descon-fianza, inseguros de la acogida que tendremos.

Si nacimos en un entorno agresivo, física o psi-cológicamente violento y sin afectos, aprenderemos a relacionarnos agresivamente, buscando arrebatar al

otro la energía que necesitamos con cualquier medio. Si, al contrario, crecimos en un ambiente amoroso y equilibrado, lo haremos con

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con-EL SENTIDO: LO EXTRAORDINARIO DE LA VIDA COMÚN

fianza, seguros de que recibiremos la energía que buscamos.

LA APROXIMACIÓN EGÓTICA

Como dijimos, nuestro ser es integrado con

el

otro. Sólo somos completos si esa integración se da de una manera libre, amplia y fluida. Cuando ello no ocurre quedamos incompletos, como si nos faltara algo.

Ese ser incompleto es lo que llamamos ego, y su principal característica es su autorreferen-cia. Como ignora al otro, lo supone según sus propias ideas, negando su aporte original.

El ego crea la ilusión de que estamos genui-namente integrados. Inventa al otro o prefigura al otro y hace todo lo posible para que se com-porte como lo prefiguramos o lo inventamos.

Cuando se ignora al otro, el ser humano queda incompleto, eso es el ego.

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CÓMO ENFRENTAMOS LAS RELACIONES

Cuando no hemos obtenido la energía sufi-ciente en las relaciones básicas de nuestra infancia, nos aproximaremos al otro con temor, ansiedad y desconfianza, tomando todas las precauciones posibles para asegurar un intercambio de energía que nos favorezca.

Es como si hiciéramos un contrato implícito lleno de cláusulas a nuestro favor: yo te doy esto a cambio de que tú hagas esto otro y debes hacerlo de tal y cual manera. Si el otro se sale del contrato, yo no lo recompenso. Si prefiere dar más de lo estipulado, queda fuera de lo prefigu-rado y, por lo tanto, no es visto ni recompensado en consecuencia. Si la relación entre los miem-bros deriva en algo totalmente nuevo, queda fuera de contrato y, por lo tanto, se descarta el nuevo aporte o es evaluado negativamente.

En este caso, lo prioritario es conseguir ener-gía y no confiamos en que el otro nos aporte lo que necesitamos por su propia voluntad. No se trata de que estemos estafando ni agrediendo al otro, simplemente usamos nuestro criterio para garantizarnos condiciones que nos favorezcan.

Cuando nos aproximamos así a una rela-ción, prefiguramos lo que va a pasar porque que-remos asegurarnos de que eso pase.

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EL SENTIDO: LO EXTRAORDINARIO DE LA VIDA COMÚN

Lo anterior ocurre cuando nos sentimos atraí-dos por una persona. Aparte de apreciar lo que vemos o sabemos de ella, inmediatamente le

aso-.

.

ctamos nuestras expectativas y esperamos que se comporte como pensamos que se va a comportar. Algunos pensarán que serán rechazados y

perma-necerán pasivos, negándose a avanzar en la rela-ción; otros pensarán que tienen que tomar la ini-ciativa para «conquistar» al otro y «atraparlo» rápidamente en una red de seducción o de com-promisos. Las intenciones de la otra persona que-dan en segundo plano, el egótico determina a priori lo que ha de pasar y decide según su pro-pio sistema de paradigmas.

El problema es que el ego nos impide consi-derar al otro en su diferencia y recibir su aporte original y, por lo tanto, nos impide experimentar una relación real. Vemos lo que queremos ver, decidimos según nuestro mejor criterio, llenamos la experiencia con nuestras expectativas, que no tienen necesariamente que ver con la experiencia misma.

Por ejemplo, si nos gusta que nuestra pareja sea de tal y cual manera, trataremos con medios obvios o sutiles de adaptarla a lo que nosotros pretendemos. Uno trata de modelar al otro de acuerdo a su ideal y ambos tratan de adaptarse para cuidar la relación. Si lo logran, la pareja

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CÓMO ENFRENTAMOS LAS RELACIONES

eventualmente tendrá frutos. Sin embargo, basta que uno haga algo distinto e inesperado, como por ejemplo pensar en cambiar de profesión por-que la suya lo tiene hastiado y quiere dedicarse a su gran pasión, para que el otro se sienta amena-zado y vea el cambio como un peligro.

En ese tipo de relación, el potencial evolu-tivo es escaso porque, más que impulsarse mutua-mente intercambiando energía y creando lo nuevo, estas parejas tratarán de cuidar lo que tie-nen y de conservar la paz habitual al costo de que alguno se quede sin alinear su identidad con su ser único, deteriorando su capacidad creativa.

Lo mismo hacemos con nuestros hijos. Con el pretexto de formarlos, educarlos o protegerlos, lo que solemos hacer es instalarles nuestros pro-pios paradigmas.

El ego nos hace ver al otro a través del fil-tro de los paradigmas. Nos hace «prefigurar» lo que se valora y se desvalora del otro, la forma de intercambiar y los aportes que deben hacerse en una relación.

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EL SENTIDO: LO EXTRAORDINARIO DE LA VIDA COMÚN

La relación egótica no considera al otro, lo inventa, no hay dos en esa relación: por un lado, estamos nosotros~

por el otro, estd nuestra idea del otro, el juicio o la expectativa que tenemos del otro, no el otro en sí mismo.

Tal como el egótico pretende imponer sus paradigmas al otro, el otro también intentará imponer los suyos. El resultado es una relación pobre, con resultado limitado.

Por ejemplo, si te relacionas con alguien bajo el paradigma «no hay que depender afectivamente de nadie», y el otro se relaciona contigo desde el para-digma «todos se aprovechan de mÍ», ni tú ni el otro van a profundizar en la relación: tú, por miedo a depender afectivamente del otro, y el otro, para no correr el riesgo de algún tipo de abuso de tu parte.

Si nuestro paradigma de amor es que el otro caiga rendido a nuestros pies, basta que nos fijemos en alguien para que inmediatamente comiencen

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CÓMO ENFRENTAMOS LAS RELACIONES

nuestras ensoñaciones respecto a lo felices que vamos a ser cuando la otra persona actúe como nosotros esperamos. Por lo mismo, nos sentimos decepcionados si evaluamos que su entusiasmo por nosotros es más bien tibio.

Ocurre algo similar con los padres que pre-tenden que sus hijos sean como ellos quieren que sean. Que se vistan como ellos juzgan adecuado, que estudien las carreras universitarias o profesio-nales que ellos estiman apropiadas, que se com-porten tal como ellos se comportan, es decir de la manera que ellos consideran «correcta». Lo único que hacen al actuar así es limitar la libre expresión de la individualidad de su hijo.

Y,

por lo tanto, le quitan destrezas para vivir bajo la lógica creativa de esta creación.

Cuando actuamos así, le ponemos al otro una expectativa que no tiene que ver con él ni con su singularidad. No lo consideramos como el ser único que es, con la historia única que lo constituye.

Peor aún, las expectativas, todas ellas, son por definición imposibles de cumplir porque no tienen límites precisos: ¿cuándo somos lo sufi-cientemente exitosos?, ¿o lo sufisufi-cientemente gua-pos?, ¿o lo suficientemente inteligentes?, ¿o lo suficientemente reconocidos?, ¿o lo suficiente-mente creativos?, ¿cuándo hacemos nuestro tra-bajo lo suficientemente bien?, ¿cuándo el otro nos

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~.l ~NTIDO: LO EXTRAORDINARIO OE LA VIDA COMÚN

quiere lo suficiente? Probablemente, nunca.

Cuando alguien importante para nosotros nos

impone sus expectativas, quedamos atrapados en

una rueda de insatisfacción que, tarde o temprano, nos pasa la cuenta.

¿Cuántas veces nos hemos encontrado

dedi-cando gran parte de nuestra energía a cumplir con

expectativas que otros nos han impuesto, en lugar de dedicarnos a ser nosotros mismos? O, también,

¿cuántas veces nos hemos encontrado tratando de

cumplir con las expectativas que nosotros creemos

que otra persona tiene de nosotros?

La relación egótica nos pone a cumplir expectativas impuestas, en vez de expresar nuestra singularidad.

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CÓMO ENFRENTAMOS LAS RELACIONES

Al relacionarnos desde el ego obtenemos dosis limitadas de energía. Al buscar reconoci-miento torpemente, al restar espacio al otro, la relación se empobrece, derrochando gran parte de su valor y su creatividad potencial.

Pero tampoco nos castiguemos.

Si usamos nuestra estructura paradigmática con el objeto de conseguir energía, no es por ser malas personas, sino porque en algún momento nos ha sido útil y eficiente en la obtención de energía y porque muchas veces es «la» forma de relacionarnos que hemos aprendido.

Tanto es así, que la mayor parte de nuestra vida en sociedad tiene una estructura egótica. La organización de los Estados, los sistemas legales, la educación y casi todos los sistemas económicos y productivos, son formas de prefigurar y mol-dear las conductas de las personas y, por lo tanto,

.

, .

son sistemas egoticos.

La virtud del ego es que permite enfocar la energía del otro con un propósito determinado y asociarla a sus semejantes de una manera específica para obtener resultados predecibles. Se pierde, claro, el aporte extraordinario que el otro pudo haber hecho si las relaciones fueran libres y con más espacio de expansión. A cam-bio, se evita que la energía común se disperse. Por lo mismo, la eficiencia y los resultados que

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EL SENTIDO: LO EXTRAORDINARIO DE LA VIDA COMÚN

se logran gracias a las relaciones egóticas son muy importantes.

Hay que recordar, sin embargo, nuestro ejemplo de andar por la vida calzados con esquíes de nieve. Los paradigmas ignorados permanecen con nosotros cuando ya son inútiles y nos qui-tan libertad para vivir la experiencia real de la relación.

LA APROXIMACIÓN AGRESIVA

Si somos privados de la energía que necesita-mos para vivir y henecesita-mos aprendido paradigmas violentos para conseguirla, nos aproximaremos agresivamente a la relación. Es tanta la necesidad de energía y tanto nos ha sido negada, que bus-caremos arrebatarla de cualquier modo.

Un caso clásico es cuando un indigente roba para dar de comer a sus hijos. La necesidad lo lleva a traspasar los límites y agredir al otro para proveerse de la energía que necesita.

A veces, la justificación no es tanta y la agre-sión se transforma en una estrategia de vida. El que roba, el que estafa, el que golpea, el que mata, muchas veces lo hace reiteradamente, fundado en sus propios paradigmas agresivos.

«Es justo quitarles a los que tienen más»; «este mundo es para los inteligentes, no para los

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CÓMO ENFRENTAMOS LAS RELACIONES

tontos»; «mi hombre tiene que mantenerme»; «mi mujer tiene que respetarme», son paradigmas que suelen llevar a agresiones materiales, físicas o psicológicas.

Los gobernantes también suelen basarse en paradigmas para agredir a otros países; «somos los guardianes de la civilización, si no cuidamos nuestra forma de vida el mundo entrará en caos»; «la forma de vida de los infieles es corrupta y repugna la conciencia de los creyentes»; «la demo-cracia oligárquica no es demodemo-cracia del pueblo»; «el orgullo nacional no puede ser mancillado, nosotros somos un pueblo altivo que no acepta ofensas».

Al organizar nuestra visión del mundo desde nuestras propias interpretaciones, nos puede parecer legítimo dañar concientemente al otro lanzando nuestra energía en su contra.

Lanzar la energía contra el otro no sólo se da en casos excepcionales como las guerras, pode-mos encontrar muchos ejemplos cotidianos en los que todos nos veremos reflejados de alguna manera.

Menospreciar o hablar mal de alguien, igno-rar o maltratar psicológicamente a otro en forma conciente, golpearlo, son formas de lanzar nues-tra energía con el objeto de agredir.

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EL SENTIDO: LO EXTRAORDINARIO DE LA VIDA COMÚN

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Cuando se agrede al otro, dañamos una parte de nosotros mismos. Se pierde valor en la relación.

Contaminar conscientemente, desperdiciar los recursos naturales o las fuentes de energía, cazar ballenas en peligro de extinción, ensuciar el aire con gases emitidos por motores defectuosos, son formas de destruir lanzando nuestra energía en contra del entorno natural.

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Cuando se agrede al medio natural dañamos una parte de nosotros mismos.

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CÓMO ENFRENTAMOS LAS RELACIONES

Fumar, tomar alcohol o comer en exceso, abusar de las drogas, o cualquier actitud que implique dirigir nuestra energía abiertamente en contra de nuestro cuerpo, es también agresión.

Hablar mal de uno mismo, despreciar nues-tro propio cuerpo, nuestras capacidades, nuestra belleza, lamentarse de nuestra mala suerte, inter-pretar negativamente cada aspecto de nuestra his-toria, también es una forma de provocarnos daño a nosotros mismos.

Cuando nos agredimos a nosotros mismos se pierde valor en /,a reÚlción.

También agreden y destruyen valor aquellas empresas que, aprovechándose de su posición dominante, depredan a sus competidores o a sus proveedores estableciendo condiciones que los

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EL SENTIDO: LO EXTRAORDINARIO DE LA VIDA COMÚN

perjudican. O aquellas que de diversas maneras engañan a sus clientes en pos de un beneficio de corto plazo.

Lo mismo ocurre con los empleadores que explotan a sus trabajadores. El único resultado posible de esa relación es un conjunto de traba-jadores laborando a disgusto, con baja produc-tividad, ansiosos de renunciar apenas aparezca una mejor oferta. La creación de valor de esa empresa es mucho menor de lo que podría ser y la ganancia económica será siempre limitada porque el aporte del trabajador es necesaria-mente menguado.

Pero también se da el caso del empleado que roba, hace mal su trabajo, es negligente o flojo. Esta es otra forma de relación agresiva.

Actuando bajo estos principios paradigmáti-cos, dirigimos de manera conciente la energía en contra de otro, de nosotros mismos o del entorno. Aproximándonos agresivamente a la relación nos dañamos y perjudicamos a nosotros mismos, ya que no existimos separadamente de aquel que dañamos. El que no lo veamos, no nos demos cuenta del daño que nos estamos infligiendo, es propio de la ceguera que nos aparece cuando se trata de entendernos a nosotros mismos.

La aproximación agresiva impide el inter-cambio, ya que el objetivo de la relación no es

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CÓMO ENFRENTAMOS LAS RELACIONES

generar ningún tipo de reciprocidad, ni siquiera bajo el prisma de las expectativas, sino simple-mente dañar. A cambio, probablemente, sólo se puede recibir más daño.

Este tipo de relaciones destruye valor en lugar de crearlo.

Las relaciones destructivas son producto de interpretaciones de nuestro sistema de paradig-mas: «creo» que el otro me va a dañar, entonces agredo; «asumo» que el otro es inferior, entonces lo ataco con mi prepotencia; «interpreto» que están en mi contra, entonces paso a llevar para restituir mi orgullo herido; «creo» que la gente es tonta y la agredo con mi superioridad, engañán-dola; nací en un medio miserable, entonces agredo al que tiene más porque «es justo»; sospe-cho que mi compañero de trabajo me delató y me despidieron, entonces me parece «adecuado» agredirlo; «siento» que mi mujer no es capaz de ver mis méritos, entonces agredo; «creo» que los niños me faltan el respeto, entonces agredo.

Dentro de la lógica de estas interpretaciones, parece justificable que respondamos con agresión. Pero ... ¿Y si el otro no es inferior sino sim-plemente distinto? ¿Y si no están en mi contra sino que opinan diferente? ¿Y si el engaño no es

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EL SENTIDO: LO EXTRAORDINARIO DE LA VIDA COMÚN

la mejor forma de obtener reconocimiento? ¿Y si al otro no le fue más fácil sino que creció en un contexto diferente, con otras dificultades que las mías? ¿Y si para

el

otro

el

cubrirme las espaldas representa un daño porque tiene un código ético diferente al mío?

¿Quién tiene «la razón»?

Como todo paradigma, como toda interpre-tación, son sólo alternativas dentro de un amplí-simo campo de posibilidades.

El «mal» o las decisiones que parecen ir en contra de la vida, como

el

crimen, no ocurren bajo la influencia de un ente maligno que des-pliega sus sombrías alas sobre nosotros. Actuar contra

el

otro es una opción que nos entrega la energía que nos constituye, que si bien nos obliga a relacionarnos, no nos impone una manera espe-cífica de hacerlo.

Eso queda en nuestras manos, porque al determinar que somos seres singulares con histo-rias singulares, la energía nos deja libres para escribir esas historias como mejor nos parezca. LA APROXIMACIÓN AMOROSA

Antes de hablar del amor y de las aproxima-ciones amorosas, te invitamos a deshacerte de los paradigmas habituales que lo definen. No

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CÓMO ENFRENTAMOS LAS RELACIONES

mos en el amor hacia una pareja o un hijo o hacia los padres, ni la pasión desenfrenada que poda-mos sentir por otra persona, ni la ternura que nos despierta una mascota, ni la adoración hacia un ídolo de la canción.

Esos sentimientos que nos despiertan los otros, se deben a algo que ocurre en la relación.

El amor es un tipo de relación donde hay intercambio recíproco de energía entre dos o más seres que se reconocen como únicos y dis-tintos, con resultado creativo.

En una relación como la descrita, los miem-bros colaboran en lugar de competir, dan y reci-ben energía o, si quieres ponerlo en términos más familiares, dan y reciben valor, algo que ambos valoren en la justa medida de cada uno.

Cada participante reconoce la contribución del otro y lo ve como una persona singular capaz de hacer un aporte único.

El resultado creativo es cuando la relación pro-duce algo nuevo, una nueva evolución, un nuevo ser, una nueva fuente de valor, una nueva idea.

Es una relación donde las partes están abier-tas al otro, a la particularidad de sus integrantes

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EL SENTIDO: LO EXTRAORDINARIO DE LA VIDA COMÚN

y, por lo tanto, la energía se puede intercambiar libremente.

El potencial creativo de este tipo de relacio-nes es, sin duda, superior al que se da en las rela-ciones egóticas y agresivas, simplemente porque puede tener como resultado algo que ninguno de los integrantes habría prefigurado o esperado de antemano. Y lo nuevo que surja puede ser reco-nocido y sumado a la relación.

Una relación amorosa es siempre una relació~ expansiva y fructífera para todos los miembros.

Este tipo de relaciones se va desarrollando, profundizando, enriqueciendo, haciéndose siempre más creativas y más amplias, ya que los paradigmas que todos arrastramos con nosotros van cayendo a medida que los aportes mutuos y las nuevas posibilidades creadas van ganando espacio.

Probablemente, todos hemos tenido algún amigo que conocimos en un momento de la vida y que nos ha acompañado cumpliendo distintos papeles: compañero de fiestas y de estudios, padrino de matrimonio, cuñado, socio de una empresa, apoyo en los momentos difíciles, etc. Esa es una relación amorosa abierta, donde los papeles cambian con el tiempo y la relación se

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CÓMO ENFRENTAMOS LAS RELACIONES

transforma, se expande y se profundiza. El aporte de cada uno es múltiple e ilimitado.

La relación amorosa, naturalmente, pro-duce más felicidad, ya que los participantes intercambian sus aportes sin restricciones. Por lo mismo, produce la sensación de plenitud, ya que los resultados superan las expectativas que se pudieron tener de antemano.

Una práctica frecuente en muchos grupos de trabajo es el comité creativo o tormenta de ideas. Bien ejecutado es una forma común de relación amorosa, donde todos los participantes lanzan sus ideas

al grupo para que sean recogidas,

transforma-das, desechadas o simplemente aceptadas. Los bue-nos comités suelen llegar a soluciones nuevas, que nadie pudo imaginar por sí solo; soluciones que, ade-más, nadie podría reconocer como propias, ya que fueron el resultado de múltiples transformaciones y aportes indirectos de todos los que participaron.

Otro ejemplo son los ecosistemas sanos. Mientras exista una relación fluida entre los dis-tintos componentes del medio natural, tendre-mos paisajes ricos en biodiversidad y desarrollo. Si una intervención humana especialmente torpe o una catástrofe natural impiden el fluir de la energía en los intercambios naturales, se produce

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