Factores que inciden en la segmentación laboral de los inmigrantes peruanos
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(2) Resumen En este artículo, se realiza un análisis de los factores que inciden en la segregación laboral de los inmigrantes en Chile, indagando en la clase social, el género y la raza como formas de estratificación social determinantes de los procesos del mercado laboral. Para ello, se describe en una primera parte, la migración internacional dando cuenta de sus principales características y cambios. En la segunda sección, se revisa la situación migratoria de Chile, dando un sustento teórico y empírico de la realidad que envuelve al fenómeno migratorio de los peruanos en Chile, destacando las nuevas dinámicas que presenta como expresión de cambios globales en el fenómeno. En el tercer apartado, se desarrollan cada uno de los factores que incidirán en la segmentación laboral de estos inmigrantes, abordando primero, la clase social, luego el género y por último la raza. Como parte de la metodología de este artículo, se incluyen testimonios de inmigrantes laborales peruanos en Chile que dan cuenta de los impactos personales de las dinámicas de segmentación laboral y que corroboran la tesis que se pretende demostrar aquí, esto es, que la segmentación laboral de los inmigrantes peruanos en Chile es consecuencia de una racialización que toma en cuenta los factores de clase social y género, y fundamentalmente a la raza.. Introducción Cuando una persona sale de un país para llegar a otro, deja atrás una ubicación y un status social particular para introducirse en un sistema de estratificación social distinto que probablemente determinará sus posibilidades de integración tanto laboral como social. En esta salida desde la sociedad de origen -una sociedad que estratifica según criterios distintos-, el inmigrante se desprende de una categorización particular y se encuentra con nuevas formas de estratificación que probablemente lo pondrán en conflicto con sus posibilidades de desarrollo y de surgimiento (Duany, 1998). De esta forma, en el momento en que un peruano o peruana llega a Chile, la sociedad y su forma particular de estratificación determinarán fuertemente el lugar de ubicación y el grado de integración en el mercado laboral, influyendo fuertemente en este proceso elementos relacionados principalmente con el fenotipo, la clase social y el género. En otras palabras, las distintas concepciones societales respecto de una identidad racial o étnica (y de sus correspondientes esencializaciones y naturalizaciones) que se tengan en Chile determinarán fuertemente el posicionamiento que se le otorga al inmigrante peruano, un nuevo excluido. En este sentido, argumentaremos que existe una estrecha relación entre las distintas formas de estratificación social y la segmentación del Mercado del Trabajo, y que en este proceso se ven modificados los patrones de exclusión de la sociedad, ya que no sólo determinarán el acceso al mercado del trabajo del inmigrante su clase social y su género, sino también su fenotipo (raza). Y a su vez, el Mercado del trabajo hará una racialización con ellos, es decir, produciendo y reproduciendo una construcción ideológica que articula prejuicios relacionados con el origen nacional y el fenotipo principalmente, y que está fuertemente determinado por la clase social y el género del inmigrante. Por tanto, en este artículo me propongo responder, ¿cómo el fenómeno de la racialización en Chile determina una segmentación laboral particular para los inmigrantes peruanos y una estratificación social en la sociedad chilena? En otras palabras, se pretende dar cuenta respecto de ¿cómo incide esta racialización en un posicionamiento segmentado dentro de la escala laboral (y por tanto social)?, y por último, ¿cómo la misma sociedad chilena ve ampliados sus propios patrones y pautas de exclusión social al momento de determinar estas situaciones en inmigrantes?.
(3) Probablemente los inmigrantes tenían limitaciones relacionadas con su clase social y su género en su país de origen, pero al momento de enfrentar esta nueva sociedad deben asumir como parte de este proceso el intento de inserción en un nuevo sistema de estratificación social.. I. Contextualización y reconstrucción histórica de la migración internacional 1. Perspectiva histórica La migración es un fenómeno tan antiguo como el origen del ser humano; desde que los primeros habitantes de este planeta vieron limitadas sus posibilidades de supervivencia y buscaron nuevas condiciones de vida para su comunidad, o se desplazaron por conflictos bélicos en busca de refugio o porque quisieron expandir sus fronteras políticas y territoriales puede decirse que ha existido este fenómeno. La migración tradicional, es decir, aquella migración moderna que se produce a partir del siglo XVIII tuvo como escenarios a Europa y a América del Norte principalmente. Con el inicio de la industrialización de occidente se expanden los horizontes de los europeos y junto a las posibilidades que ofrecía el nuevo mundo, el viejo continente se interesa en migrar para llevar el crecimiento y las nuevas bondades a las tierras transatlánticas. Así, el mundo presenció una fuerte salida de migrantes europeos laborales a América del Norte durante el siglo XVIII e inicios del siglo XX en un primer momento, y en una segunda etapa a partir de los años ’20, de migrantes laborales y desplazados europeos hacia los países del norte americano como a lejanas tierras sudamericanas. Este segundo momento tuvo su origen debido a los desplazamientos de europeos afectados directamente tanto por la Primera Guerra Mundial en los años ’20, la gran crisis económica del ’29 que afectó gravemente a la economía mundial, como por la Segunda Guerra a partir de los años ’40. Además, desde fines del siglo XIX se impulsó desde la Región –y en particular desde Chile- una política de atracción y colonización selectivas a ciertos inmigrantes de Europa (Stefoni, 2001. p. 6). Estos desplazamientos se produjeron en países como Alemania, Italia, España, Turquía, todas ellas importantes colonias aún presentes en las sociedades sudamericanas, que vieron en la incipiente industrialización de la región una nueva oportunidad. Esta migración de tipo económica, fue explicada en uno de los primeros intentos por teorizar respecto de las causas de ella a través de la Teoría Macroeconómica Clásica. Según los principales autores (Lewis, 1954; Ranis and Fei, 1961; Harris and Todaro, 1970; Todaro, 1976), se establece que la migración se produce por diferencias históricas en la oferta y la demanda de mano de obra entre distintos países (Massey, 1990. p. 433). Los inmigrantes económicos o laborales, cumplieron en América del Sur funciones bastante importantes en la colonización de los territorios más australesi, en la traída de nuevas tecnologías y formas de producción que sin lugar a dudas produjeron avances en materia económica, social y cultural. En esta etapa de la migración internacional tradicional, la salida de personas de un país a otro se debió entonces a situaciones extremas como guerras, crisis económicas y fuertes diferencias económicas estructurales traducidas en diferencias entre la oferta y la demanda de mano de obra, que provocaron –en su conjunto- desplazamientos de migrantes desde el mundo más desarrollado hacia el tercer mundo que recién se ponía en marcha..
(4) En cuanto a la migración en América Latina, puede señalarse que ésta se modificó fundamentalmente a partir de los años ’50, cuando se transita de ser una región receptora de migrantes a ser una emisora. En mayor profundidad, existió una segunda fase de la migración internacional que se origina a fines de los años ’60 con la crisis del Estado Desarrollista o de Bienestar. Esta crisis se debió al fin de las posibilidades de expansión del modelo de Sustitución de las Importaciones que entre los años ’40 y ’70 llevó bastante crecimiento a las economías latinoamericanas. Las variadas crisis económicas y políticas, fruto de una crisis de la deuda externa, se hicieron sentir finalmente con mucha fuerza en varios países de la región durante los años ’80 que vieron empeoradas sus situaciones económicas y sociales, resultando en consecuencias de gran empobrecimiento para la población y en grandes desigualdades entre pobres y ricos (Stefoni, 2001). Ello provocó que a finales de los años ’70 e inicios de los ’80 el movimiento migratorio internacional cambiase de carácter de una forma bastante radical. La implantación definitiva y permanente de este modelo económico de producción capitalista y la polarización del mundo entre un sector desarrollado y otro no-desarrollado (o en vías de), dio la pauta para que los flujos de la migración internacional tradicional se transformasen. Ante esa situación, como es sabido, muchos de los países de Sudamérica adoptaron dictaduras militares que actuaron con una orientación económica de ajuste estructural lo que tuvo diversos resultados tanto económicos como políticos y humanitarios. En el plano económico de hecho, el desempleo llegó a niveles casi insostenibles, alcanzando cerca de un 30% en Chile (Ibíd.. p. 6) En ese escenario, algunas personas decidieron emigrar voluntariamente para mejorar sus perspectivas de vida, o involuntariamente fueron desplazadas a gran variedad de países. Algunos se mudaron dentro de la región sudamericana, otros emigraron a EE.UU., y otro importante continente lo hizo hacia Europa. Así, países como Chile, Perú o Argentina vieron cómo miles de personas abandonaban sus países de origen en busca de refugio político o económico. Si tomamos en cuenta el escenario, pero vamos más allá de la contingencia, existen otras teorías que intentan explicar el origen de la migración. La migración latinoamericana que se produjo durante esos años puede ser traducida bajo la óptica de la Teoría Microeconómica Neoclásica, que señala que la migración se produce debido a un deseo individual racional por lograr nuevos y mejores ingresos, con el supuesto que los sujetos manejan cierto tipo de información relevante y que tienen cierto nivel de capital cultural para decidir su destino. El caso de los desplazados o exiliados, también surgió como un motivo importante también para migrar de un país a otro. Pero más allá de cualquier teorización, la razón que lleva a una persona a decidir migrar a otro país se debe casi siempre a motivos extremos que limitan sus posibilidades de desarrollo, como el desempleo o las guerras, y esta decisión se ve apoyada también por los alcances de la comunicación que ofrecen otras formas de vida que marcan las expectativas de los sujetos.. 2. Una nueva migración Actualmente, la mundialización de las relaciones económicas ha determinado que las demandas laborales de un sector del desarrollo sean satisfechas –en parte- a través de la migración de trabajadores poco calificados desde el mundo menos desarrollado, a la vez que –como parte de ese mismo proceso- se restrinjan las barreras legales de entrada. Ello se produce porque en este mismo proceso influyen también elementos discursivos ideológicos acerca de la soberanía estatal, que esconden componentes discriminatorios y prejuicios raciales hacia ciertos inmigrantes. Esto es visible precisamente en Chile de una forma menos directa, pero está presente en los medios de.
(5) comunicación, que reflejan el pensamiento de una parte importante de la población. Martínez ilustra este sentimiento al exhibir una noticia de un diario que titula “Restringen migración masiva de peruanos a Chile” ((Martínez, 2003. p. 27). Relacionado con esto último, en la actualidad se acentúan de gran forma los nacionalismos y discriminaciones, a pesar de la sensación de su erradicación acorde a las condiciones democráticas y pluralistas de las sociedades modernas. Sin embargo, es muy visible hoy en día, a través de la discriminación que sufren los latinos en Estados Unidos, los africanos, “sudacas” y “mediorientales” en Europa y –sin ir más lejos- en Chile de una forma incipiente en la discriminación de la que son víctimas los inmigrantes peruanos y bolivianos (Stefoni, 2001). Con todo esto, se hacen visibles las relaciones que existen hoy en día entre la expansión transnacional de la economía, promotora o sustento del ‘juego migratorio’ y la migración internacional como parte constituyente de ella. Así, no pueden considerarse separadamente si se intenta explicar alguna arista del fenómeno migratorio. Siguiendo el desarrollo histórico de la migración internacional, puede decirse que en la actualidad estamos en presencia de una tercera fase de este proceso, fase que se expresa en América Latina con el retorno a la democracia y la estabilización del modelo económico implantado. Estos dos procesos se imprimen en el fenómeno migratorio en cuanto a que, debido a las diferencias sociales, económicas y políticas entre los países de Sudamérica la migración internacional ahora se caracterice por ser intrarregional; es decir, hay un tránsito mayor de países como Colombia, Venezuela o Ecuador, Perú, Bolivia y Argentina, a países como Chile o Costa Rica, que experimentan desde los años ’90 a la fecha situaciones internas bastante más favorables que la de países vecinos. En cifras, el número de inmigrantes que durante las últimas décadas años se ha movido de sus países para buscar mejores perspectivas de vida, aumentó de 77 millones de personas en 1965 a 111 en 1990, es decir a una tasa de crecimiento promedio de 1.4 millones de personas por año. A pesar de ello, la proporción de inmigrantes en el mundo no varió mucho manteniéndose cercana a 2.8% (Stefoni, 2001). Si bien puede resultar impresionante conocer este dato, ya que parecieran ser hoy más las personas que viven fuera de sus países de origen, es importante decir que ello puede estar relacionado con la gran cobertura mediática que tiene en Europa y EE.UU., y de forma creciente en Chile, el tema migratorio. Estos temas se han estado tratando en la medida en que surge la preocupación por la “seguridad nacional” o se asocian ciertas problemáticas internas con determinadas poblaciones. Es válido decir entonces, que lo que cambia en la migración es la geografía y no su proporción; es decir, aumenta el número de personas provenientes de países en desarrollo que comienzan a vivir en países desarrollados, mientras que la proporción se mantiene estable. Además, durante este periodo de cambio de la migración internacional surgieron nuevas características para los patrones de esta dinámica como la creciente feminización, la gran irregularidad de ciertas poblaciones, la migración de personas a países con los que no tenían vínculos particulares (por ejemplo, la migración filipina a Italia) o la conversión de ciertos países tradicionalmente emisores de migrantes como España y Italia a países receptores. Además, puede hablar de una nueva pasividad relacionada con que en algunos países donde la migración era temporal ésta se transforma en migración definitiva (Tapinos, 2000. p. 299). En este sentido, países sudamericanos que tradicionalmente fueron receptores de inmigrantes como Argentina, Brasil y Venezuela, comienzan a transitar –luego de la crisis asiática de mediados de los ’90 que impacta fuertemente a países como Perú, Argentina o Bolivia- a países emisores de migrantes. Por su parte,.
(6) países que históricamente han sido más emisores que receptores de migrantes como Chile, actualmente representan una mayor atracción para los que buscan mejoras en las perspectivas de vida, inmigrantes que no sólo son trabajadores poco calificados o desplazados, sino también profesionales y técnicos que buscan nuevas oportunidades ante la limitación de sus posibilidades en sus países de origen. Este proceso está teniendo lugar en Chile a través de la migración mayoritariamente de peruanos, argentinos y –en menor medida- de ecuatorianos y bolivianos. Paralelamente a estos procesos estructurales, tanto económicos como políticos dentro de la migración intrarregional actual, se producen dinámicas muy relevantes para las sociedades tanto emisoras como receptoras de los flujos migratorios, como el impacto de la creciente feminización de los flujos y en menor medida de una irregularidad difícil de cuantificar exactamente. En cuanto a la feminización, puede decirse que luego de los años ’70, las mujeres comienzan a migrar en un número muy mayor debido tanto a procesos en los que la familia entera debía trasladarse efecto de factores estructurales como por los menores costes del transporte; ya no podía dejar su país el hombre exclusivamente. Esta migración era, por lo general, definitiva y pretendía establecerse en el lugar de llegada. Con esto, se concebía a la migración fundamentalmente como un fenómeno masculino en el que la mujer sólo se insertaba, cuando el migrante decidía llevar a cabo la reunificación familiar y estaban dadas las condiciones óptimas para ello. Esto se ha criticado, ya que el rol de la mujer siempre ha sido importante tanto para la toma de decisiones de la familia como para la participación activa, y de hecho hoy, en muchos casos es la cabeza del proceso migratorio (Pedraza, 1991) que involucra a la familia. Lo que ocurre en la actualidad es distinto: debido a las cercanías geográficas, a las semejanzas culturales y debido a las rebajas en el transporte y a los avances en las tecnologías de la información, la migración hoy al interior de Sudamérica puede concebirse como un fenómeno primordialmente femenino. Estos factores facilitan de gran forma que la migración pueda producirse con una cierta circularidad y que los contactos sean lo suficientemente permanentes como para que no sea tan necesaria la reunificación familiar inmediata. Así, una mujer peruana por ejemplo, puede visitar a sus hijos en su país sin muchas dificultades y mantener de esta forma estrechos vínculos tanto económicos como psicosociales y socioculturales con su familia. Esto lógicamente no promueve que el asentamiento deba ser definitivo en la sociedad receptora, y que por tanto, una madre o hija pueda salir de su casa para buscar nuevas expectativas. En otras palabras, estas nuevas facilidades permiten o promueven que la migración intrarregional ya no sea un proceso exclusivamente masculino, sino que puedan insertarse mujeres en mayor número, por lo menos en Sudamérica. Al respecto, puede decirse que, de hecho, en Chile la feminización tiene una magnitud bastante importante: el índice de masculinidad en 7 de los 10 principales stocks migratorios es menor a 1. Es decir, en todas aquellas poblacionesii por cada mujer hay menos de un hombre. Un ejemplo bastante impresionante es el de la población peruana en Chile donde su índice es el menor, llegando a sólo 0,6 (Martínez, 2003. p. 28). Respecto de la dinámica de irregularidad, puede señalarse que este proceso se ve expresado en la actualidad fuertemente en la migración ilegal de latinos a EE.UU., en la migración africana, mediooriental y latina a Europa. Sin dudas, este es un fenómeno bastante preocupante, no sólo por las arriesgadas estrategias de supervivencia que llevan a cabo estas personas, sino también porque es sabido que a causa de la ilegalidad (por tanto ausencia absoluta de derechos) se llevan a cabo prácticas laborales de explotación y la absorción muchas veces de estas personas por mercados de tráfico y trata de personas. En todo caso, este fenómeno ocurre mayoritariamente con la entrada de.
(7) ciertos inmigrantes a países que por uno u otro motivo, han decidido endurecer sus normativas migratorias. Ese no es el caso de Chile. De hecho, recientemente se ha llevado a cabo la regularización definitiva de más de 15 mil personas peruanas y de otros miles pertenecientes a otras poblaciones inmigrantesiii, en un intento por dar una imagen de aprobación desde la gobernanza a los aportes de la migración, ya que no hay dudas respecto de los beneficios económicos que conlleva la labor que realizan estas personas en las escalas laborales más bajas, además de otros impactos culturales. Sin embargo, a pesar de que no existan cifras exactas, y que –al contrario de lo que sucede en los polos desarrollados- no existan grandes dificultades para el establecimiento legal de los inmigrantes, el fenómeno de la ilegalidad debe tenerse en cuenta ya que da la pauta para que se produzcan problemáticas como el abuso laboral, el tráfico de drogas, la trata de personas; actividades que aprovechan la vulnerabilidad de estas personas para hacerlas atentar en contra de su propio bienestar, y que no están ausentes en países como Chile, ya que muchas veces los inmigrantes por no tener su cédula de identidad deben soportar malos tratos ya que de lo contrario son despedidos y deben recomenzar el proceso de regularización de su situación. Es pertinente señalar que todos estos cambios recientes en la problemática migratoria tanto a nivel global como regional, son posibilitados y en alguna medida acrecentados por las características transnacionales de la migración. Es decir, el transnacionalismo tiene un impacto en el hecho de que la migración hoy sea vista desde otra óptica, considerándosela como una problemática, ya que implica procesos que nunca antes se habían producido como la ilegalidad o el levantamiento de límites físicos a la migración, y que se relacionan con la globalización de la economía, las comunicaciones y el transporte. Estos procesos a su vez, impactan sobre todo a nivel de la migración intrarregional, ya que promueven dinámicas como la feminización de los flujos o la circularidad de la migración (constante retorno al país de origen). En otras palabras, el transnacionalismo es el contexto que favorece y sustenta un proceso a través del cual se facilita que un inmigrante se enfrente a una sociedad distinta que lo ponga en contradicción con sus propios parámetros de pertenencia social y –lo central del transnacionalismo como contexto es que- promueve que el inmigrante se mueva de un sistema de estratificación social a otro de forma más dinámica, poniéndose en conflicto su pertenencia laboral y social, como su identidad muchas veces. Esto es así, ya que en su sociedad es percibido de una forma determinada, y al llegar a la sociedad receptora su auto-percepción es puesta en juego y sus posibilidades se ven fuertemente limitadas. Pero, ¿qué entenderemos por transnacionalismo? Lo entenderemos como el proceso mediante el cual los inmigrantes establecen y mantienen conexiones socioculturales a través de bordes geopolíticos. Las relaciones sociales de los migrantes, sus valores culturales, sus recursos económicos y sus actividades políticas trascienden al menos a dos Estado-Nación. Estos vínculos transnacionales son sustentados por un ir y venir constante de personas que ven facilitadas sus posibilidades de movimiento por una rebaja de los precios de transporte y por una democratización de las comunicaciones. Como resultado de esto, se argumenta que los inmigrantes ven modificados sus identidades personales que los ligan simultáneamente a dos naciones (Schiller, Basch and Blanc Santon, 1992, en: Duany, 1998: 149). A esta definición puede agregársele que no sólo ven modificadas o puestas en cuestión sus identidades culturales, sino que también deben enfrentarse a distintas formas de estratificación social lo que sin lugar a dudas pone en cuestión sus posibilidades de acceso al mercado del trabajo y a su pertenencia a la sociedad que los recibe; uno de los postulados centrales para el desarrollo de esta tesis..
(8) La relevancia del transnacionalismo radica por lo tanto, en que marca un quiebre con la migración tradicional en el que se asumía que la migración contenía inevitablemente un proceso de asimilación del inmigrante en el que sus posibilidades de integración no eran tan frecuentemente puestas en cuestión. Por tanto, es importante tener esto en cuenta ya que creo que la migración es afectada directamente por este proceso en cuanto a las posibilidades permanentes de regresar una y otra vez a su país de origen. De esta forma, el transnacionalismo puede poner en contradicción fundamentalmente la posición laboral y social del inmigrante al situarlo en uno u otro lugar en distintas escalas de valoración y aceptación social; todo esto claro, sumado a las posibilidades que la misma sociedad otorga al estratificar socialmente a través de la nacionalidad, el fenotipo, la clase social o el género. Esta es una de las tesis que pretendemos demostrar en este artículo.. II. La migración en Chile En detalle, el Censo del 2002 indica que en Chile vivían hasta ese año 184 464 personas provenientes de todos los continentes. De ese número, 125 161 pertenecen a América del Sur, es decir cerca de un 68% del contingente. De hecho, del total de la población de extranjeros, los principales contingentes pertenecen a Argentina (26%), Perú (21%), Bolivia (6%) y Ecuador (5%) (Martínez, 2003. p. 26). Es interesante señalar por otra parte, que la mayoría de las migraciones argentinas se produjeron antes del año 1995, ya que según los datos de extranjería desde ese año hasta 2005 sólo se solicitaron 10 mil permisos de residencia definitiva aproximadamente. Por el contrario, en el caso peruano, del total de 37 860 residentes en Chile, más de 33 mil solicitaron permisos de residencia definitiva a partir del año 1995iv. Así, puede señalarse claramente que el gran contingente de inmigrantes en la actualidad es el peruano y que éste es el principal representante de esta nueva etapa del fenómeno migratorio que se enmarca en el retorno a la democracia de muchos países latinoamericanos y en el crecimiento económico de Chile, por ejemplo. En números, se corrobora lo anterior ya que se estima que en la actualidad el contingente peruano asciende a 74 mil personas aproximadamentev. Sólo en el año 2003 se solicitaron 9 630 visas sujetas a contrato, en el 2004 11 590 y en el 2005 15 300, cifra que ha ido aumentando exponencialmente. Es debido en parte a este proceso de crecimiento de la migración peruana y en parte a la cobertura de los medios de comunicación, que el fenómeno de la migración peruana ha ido adquiriendo cada vez mayor atención entre la gente como en la agenda gubernamental. Uno de los riesgos que presenta el fenómeno migratorio en Chile, es que cuando éste se haya estabilizado en el tiempo y se comience a hablar de una ola migratoria real, se generen repercusiones mayores a la sociedad chilena (vinculadas principalmente con exacerbaciones de nacionalismos y racismos) y se adopten medidas restrictivas. Ejemplos de los riesgos de ello, son las medidas ordenadas por Francia, que recientemente ha restringido fuertemente el número de extranjeros que pueden entrar a su país. En aquel país, desde el gobierno se concibe a la migración ya no como un aporte a la diversidad y a la multiculturalidad, sino que hoy en día –según las propias palabras de su Presidente- “ha llevado a lo peor a Francia”vi. En este nuevo escenario para la movilidad de personas provenientes de países no-desarrollados a ciertos polos que cuentan con mejores condiciones económicas, el proceso de la migración –y este es uno de los supuestos básicos del desarrollo de esta tesis- se verá acompañado por elementos como la raza, la condición socioeconómica y el género, que determinarán en su conjunto la conflictividad del fenómeno hoy en los países receptores..
(9) Por lo tanto, dentro del contexto previamente descrito, caracterizado por los constantes desequilibrios económicos entre distintas regiones tanto de Latinoamérica como del mundo, puede insertarse la migración peruana a Chile. Es decir, tanto los motivos que causan la migración como las características propias del fenómeno, pueden ser descritos como una expresión local de procesos más generales.. 1. La migración peruana a Chile, el enfrentamiento de un sistema de estratificación social distinto Luego de la consolidación de las democracias en la mayoría de las economías sudamericanas (entre ellas Chile y Perú) durante los años ‘90, los resultados tanto políticos como económicos fueron muy diversos en los distintos países. En Perú, por ejemplo, tuvieron gobiernos que a pesar de haber sido elegidos democráticamente, no se caracterizaron por brindar un gran bienestar económico o una situación política interna de estabilidad. Sobre todo en el plano económico fue donde más se resintió el país andino y ello radicó en un mayor empobrecimiento de la población expresado en grandes cifras de cesantía. Esto lógicamente significó que se produjera un gran número de emigraciones tanto a EE.UU. y Europa, y en una menor cantidad a Chile. Este último, por el contrario, logró un crecimiento y una estabilización política sostenidos en el tiempo gracias a la consolidación del modelo económico que fue ampliamente aceptado por todos los sectores políticos. En este sentido, la consolidación de la economía chilena se constituyó como un factor de atracción para aquella migración intrarregional y, en mayor medida, de población limítrofe como la de Perú, Bolivia y Argentina.. Puede decirse que el principal motivo de la migración peruana a Chile es la falta de condiciones económicas favorables para el bienestar de cierta parte de la población en su país. “No hay trabajo allá en el Perú. El trabajo está escaso (...) (Aquí) se gana un poco más. Quiero decir, como el sueldo de un profesional (en Perú) uno gana aquí en la casa (su lugar de trabajo en Chile)” (Evelyn, 22 años, asesora del hogar). “Por la situación económica de mi país. Por el trabajo que hay acá, todo eso me hizo venir aquí. Además, mantener a una familia de la que soy responsable.” (Carlos, 45 años, auxiliar) Además, esta migración se ve promovida no sólo por motivos económicos ni tampoco involucra exclusivamente una decisión individual, sino que también se debe a una cierta estabilización de la migración en el tiempo desde un país a otro, ya que al tenerse información acerca de las posibilidades, oportunidades, condiciones económicas o migratorias en el país de llegada, la migración se transforma en un sistema que adquiere sus propias dinámicas. Como lo señala la Teoría de los Sistemas de Migración, las condiciones actuales de la inmigración llevan a considerar que en la actualidad los flujos migratorios adquieren una cierta estabilidad y estructura a través del espacio y el tiempo, conformándose unos ‘sistemas internacionales de migración estable’, caracterizados por el intercambio de bienes, el intercambio de capital y el de personas entre ciertos países (Duany, 448-454). Por otra parte, esta migración se ve favorecida porque, debido a esta estabilización, en el país de llegada se conforman redes de apoyo para los migrantes, que amortiguan el proceso de inclusión. Esta dinámica ha querido ser explicada a través de la Teoría de Redes Sociales, que postula que las redes de inmigrantes conectan migrantes, ‘proyectos de migrantes’ y no-migrantes tanto en las sociedades de origen como de destino, a través de relaciones de parentesco, de amistad y de relaciones basadas en pertenencia a una comunidad de origen común. Lo interesante de la forma en.
(10) cómo opera la red, es que ésta puede convertirse en una forma de capital social que los inmigrantes pueden utilizar para conseguir empleo en el país de llegada, además de constituir una especie “colchón” que aminora los riesgos de migrar y fracasar en el intento: “(vine a Chile) porque yo tengo acá hermanos, mi familia... por eso. (…) En el año ’92 vino mi hermana, de ahí vinieron ellos todos, mis primos... se quedaron algunos, mi hermana se fue... Y como es cerca también pues...” (Evelyn) “A mi esposa su amiga la recibió y fue bastante importante. Como ella tenía tiempo trabajando aquí, entonces ella le ayudó a conseguir trabajo.” (Carlos) En la decisión de migrar, en ocasiones la familia interviene directamente, y la migración pasa a ser una estrategia de supervivencia del grupo que decide que ciertos miembros del hogar vayan a probar suerte a otro país. Cuando se le pregunta a Evelyn, si la decisión fue familiar, ella señala: “Ah, familiar. Porque cuando me sacaron el pasaje ya tenía que venirme.” Su venida a Chile se debió a que su madre decidió que ella lo hiciera, y no pudo oponerse a ello. Además, que la migración peruana decida en gran medida ir a Chile se relaciona con los menores costes implicados en el transporte, aspecto que mencionásemos anteriormente. “Me vine en avión. Mi familia sacó los pasajes acá... y ahí tenía que venirme (…) (la diferencia es) 20 mil pesos más (que el pasaje en bus), pero cuando vas por tierra te demoras como 3 días. Es lejos, y en avión es más rápido.” Más allá de las decisiones o los motivos para migrar, en el proceso que experimenta una persona peruana al entrar a Chile y pretender estabilizarse económicamente, debe lidiar con aspectos que tendrán directa consecuencia en la mayor o menor facilidad para acceder a las oportunidades laborales. De esta forma, se hace necesario detectar cuáles son los elementos en base a los cuales se determinan estas posibilidades de forma de poder comprobar el supuesto que abordo en este articulo, es decir, que más allá de las dificultades que tenga un inmigrante peruano para encontrar trabajo determinadas por su clase social o su género, en Chile además tendrá que enfrentar que sus posibilidades se relacionen también con el color de su piel o sus rasgos físicos. Ello tendrá consecuencias en una segmentación de sus oportunidades laborales y en una racialización que reproducirá estas oportunidades en base a sus características de clase, de género y de raza.. III. Análisis de la Estratificación social en Chile: su impacto en la segmentación laboral de los inmigrantes peruanos En todas las sociedades existen diferencias entre las personas sobre la base de su riqueza material, su poder y su prestigio. Casi siempre estas diferencias generan un cierto número de desigualdades sociales que estructuran el sistema de estratificación social, constituido por ciertos patrones de estratificación. Un sistema de estratificación además da cuenta de ciertas jerarquías entre estratos o grupos sociales y la existencia de una cierta institucionalización respecto de las distintas posibilidades de acceso a bienes y servicios que tienen las personas. Esta institucionalización se da como una suerte de legitimación de estas desigualdades sociales originadas sobre la base de las diferencias mencionadas. De esta forma, se asume que esta legitimación de la estratificación social conlleva la conformación de una estructura de oportunidades de acceso limitadas tanto para la integración social, económica, laboral, política y cultural, como para el acceso a ciertos bienes y servicios determinados. Estas posibilidades de inserción de las personas se verán fuertemente influidas por las formas de desarrollo que asuman los gobiernos de cada país, formas que por lo demás, definen las oportunidades de acceso al trabajo, ingreso y bienestar social que brindan el Estado, el Mercado y la.
(11) sociedad. Por otra parte, estas posibilidades u oportunidades estarán determinadas también por el capital social (acceso a redes), el capital cultural (acumulación de información, educación), y lógicamente por los procesos demográficos y migratorios, aspectos que en su impacto hacen que se produzcan ciertas dinámicas que antes no existían, y que modifican por ejemplo, un segmento del mercado laboral (Torche & Wormald, 2004. p. 23). En lo que sigue, se abordarán las distintas aristas que influyen en la estratificación social, describiendo primero, la clase social, luego el género, y por último el fenotipo (la raza). Finalmente se intentará explicar cómo estas distintas formas de estratificación se conjugan para ordenar las dinámicas de la estratificación social de una cierta forma y determinar que ciertas poblaciones de inmigrantes sean segmentadas laboralmente a través de una racialización, teniendo esto consecuencias directas en sus posibilidades de desarrollo económico y social. 1. Estratificación social por clase social Esta estructuración del sistema social de estratificación se dio (y se da hoy en cierta medida) fundamentalmente sobre la base de la división social del trabajo, es decir, a partir de las distintas ocupaciones en el mercado laboral que determinan a su vez el sector de inserción dentro de la escala de estratificación social. Determinación que para el análisis tiene su base en tres perspectivas que consideran en distintos grados la centralidad del trabajo para la constitución de la estratificación social. La primera señala que la estratificación social se ordena según ramas y grupos ocupacionales, bajo el supuesto de que el trabajo es el fundamento de la vida social y del acceso a las oportunidades sociales, especialmente cuando hoy el escenario está muy influido por el Mercado que se transforma en la puerta de entrada a otros mercados y al bienestar social. Acorde a esta orientación, el trabajo es el principal recurso que tienen los sujetos para acceder al ingreso y bienestar material, definiendo de este modo las oportunidades de vida presentes y futuras para la mayoría de las personas. Una segunda perspectiva destaca que la ocupación es uno de los roles más importantes en la vida de los adultos fuera del hogar, y tiene una importancia fundamental en la identidad individual, el estilo de vida y las orientaciones culturales y políticas. Por último, la tercera perspectiva concibe a la ocupación como una importante vía de acceso de las personas a la educación y al ingreso, dos dimensiones principales de definición que subyacen y definen el sistema de estratificación social. A partir de estas perspectivas se conforman tres formas de clasificar a las personas en base a su inserción ocupacional: la primera, según la rama de actividad; la segunda, según la relación que ellos establecen con los medios de producción (empleador, empleado, etc.), y la tercera, que establece una diferenciación a partir del oficio o actividad que realicen las personas, asociándose con el nivel de educación y calificación. Sin embargo, una descripción del sistema de estratificación social a partir del trabajo exclusivamente se hace limitada dada la multidimensionalidad del fenómeno. En este sentido, a estas perspectivas debería agregárseles una cuarta dimensión que se relaciona con la obtención de un status simbólico otorgado por la ocupación laboral que se tenga. Pierre Bourdieu, llamaba a este status, capital simbólico, y lo concebía como el principal recurso que pueden movilizar los actores para conseguir sus intereses y obtener recompensas..
(12) Pues bien, el análisis de la estratificación social se puede realizar de una manera más acabada con un acercamiento y una clasificación multidimensional de la inserción de las personas en la estructura social (Ibíd.. pp. 9-10). En base a ello, debido a una mayor complejización de la sociedad en los ámbitos económicos, políticos y culturales, y por tanto del mercado laboral, la forma de inserción social de una persona hoy ya no estará más definida sólo por su ocupación, nivel de estudios o nivel de ingresos, ya que la migración internacional precisamente lo que hará es poner en cuestión los patrones unidireccionales de inserción económica o social. En otras palabras, la migración de ciertos inmigrantes a la sociedad de llegada determinará que la ocupación de una escala social no sea un proceso exclusivamente guiado por su nivel de calificación o estatus laboral, sino también por la consideración de aspectos más subjetivos y relacionados con prejuicios, como la raza o el origen nacional. Lógicamente, esta complejización se desencadena porque el mercado laboral comienza a prescindir de ciertas ocupaciones que se realizan ahora con tecnología, o porque se devalúan ciertas ocupaciones, o porque existe una mayor flexibilización laboral. Estas dinámicas generalmente son originadas desde los países dominantes en materia económica y tienen impactos en otros países menos desarrollados, donde se desencadenan fuertes mermas en la calidad de vida de muchas personas que deben migrar para lograr paliar su situación, y contribuir además al mantenimiento de las economías en crecimiento como es el caso de Chile. En ese escenario en el cual se desplazan muchas personas a países con mejores situaciones económicas y sociales (como Chile a los ojos de inmigrantes sudamericanos), ocurre que estas ven mayormente limitadas sus posibilidades de inserción tanto laboral como social que otras personas provenientes de otros países, y esto ya no puede explicarse exclusivamente a partir de su valoración en el mercado laboral o por su nivel de educación como mencionamos recién, sino que inciden también aspectos como la raza, la clase o el género de la persona. La subdivisión de la población en un cierto número de grupos distintos, en términos de recompensas materiales, se designa comúnmente con el término de estructura de clases. Esta subdivisión en la moderna sociedad capitalista se hace sobre la base de la estructura ocupacional. Por otra parte, si pensamos en la definición más común de “clase social”, aquella definición sociológica clásica que supone la existencia de un interés de clase, un sentimiento de pertenencia, una capacidad e interés por la movilización, y por ende una conciencia de clase, puede decirse que esta concepción pierde cierta validez, ya que hoy aquella pertenencia de clase no se determina tanto según la relación que se establezca con los medios de producción, sino más bien por el nivel de ingreso o la capacidad de consumo. La importancia de describir lo que se entiende por clase social se orienta a poder dar cuenta que esta clasificación y forma de estratificar socialmente en Chile –como mencionamos recién-, hoy ya no es capaz de explicar satisfactoriamente el hecho que cierto tipo de personas vean disminuidas drásticamente sus posibilidades de integración laboral. Si la estratificación social por clase operara hoy de forma exclusiva en Chile, la distinción que se hace con los inmigrantes tomaría en cuenta fundamentalmente su profesión y nivel de estudios alcanzados, para brindar los accesos correspondientes a un determinado empleo, pero ello al parecer no sucede. Como lo señalase Bourdieu en su teoría acerca del habitus, también podría tomar en cuenta a éste para evaluar el nivel de oportunidades correspondientes. A modo de ejemplo, que un argentino de clase media tenga más posibilidades de integración laboral y económica a la sociedad chilena que un peruano del mismo estrato, da cuenta que la clase ya no es.
(13) la única forma de discriminación socioeconómica o cultural operante. Si esto fuera así, lógicamente la segmentación correría de la misma forma para ambas naciones, pero ello claramente no sucede, ya que la población argentina puede insertarse de mejor manera en la sociedad chilena y alcanzar sus objetivos de mejor forma sin enfrentar en el camino las mismas dificultades. Al respecto, los datos demuestran que el sector de inserción laboral para los argentinos no está tan predeterminado como para los peruanos, ya que si comparamos el grado de inserción en el servicio doméstico y en el comercio minorista, de los primeros sólo el 3% trabaja en comercio y cerca de 16% en el servicio doméstico. Por su parte, de los peruanos el 10% trabaja en comercio y el 43% lo hace en el servicio domestico (Martínez, 2003. p. 44). En este sentido, es válido cuestionar que la clase social hoy sea tan preponderante en la delimitación de las oportunidades de una persona inmigrante, ya que no se explica que las diferencias de inserción laboral sean tan grandes, al mantener el supuesto de la clase social y del género constantes. Ya no es el empleo, ni la educación, ni el nivel de calificación, ni -por tanto- su clase social, los únicos factores explicativos de una segmentación laboral hoy en Chile. En el sentido de este cuestionamiento al modelo tradicional de concebir la estratificación social, se hace necesario explorar otros patrones de exclusión en base a los cuales se asignan las oportunidades para una u otra persona dentro del sistema social. 2. Estratificación Social por Género En general, en los estudios acerca de la estratificación social se habla que existe un sesgo masculinizante operante en el Mercado del Trabajo que privilegia a los hombres por sobre las mujeres para abrir las puertas de la integración laboral. Es decir, las recompensas de muchas ocupaciones a las que las mujeres acceden están determinadas más por la evaluación social que se haga de sus atributos (como mujer) que por sus capacidades, habilidades o calificaciones. Así, una mujer deberá enfrentar mayores dificultades para encontrar un determinado trabajo en un mercado laboral como el chileno, que sugiere ordenarse en base a otros criterios como el género del postulante más allá de sus competencias o calificaciones. Esto determina que, por ejemplo, en Chile la mayoría de las mujeres se concentre en los empleos de menor calificación (lógicamente también porque hay una historia que ha determinado que las mujeres se hayan educado tardíamente) y que los hombres en mayor número se ubiquen en las ocupaciones de mayor ingreso y prestigio social. En Chile las mujeres han establecido históricamente relaciones de género marcadas por una dominación masculina que ha cerrado acceso a los estudios superiores, al mercado laboral y que permitió recién en 1949, que la mujer chilena pudiese participar en los registros electorales y manifestarse ciudadanamente. A pesar de las acciones pro paridad de género promovidas por el gobierno de Michelle Bachelet, y de la importancia simbólica que pudiese tener en el resto de la sociedad una política tal, lo cierto es que el mercado laboral es fiel reflejo de las formas de discriminación de género existentes en Chile. Se destaca el bajo nivel de participación femenino en el mercado laboral y que los trabajos que realizan las mujeres, por lo general, no sólo no forman parte de los puestos más altos sino que presentan mayores precariedades en las condiciones laborales. Se señala al respecto, que por lo menos desde mediados de los años ’50 hasta mediados de los ’90, la participación laboral femenina ha sido una de las principales características del mercado laboral chileno. Además, las mujeres chilenas, a pesar de tener mayores niveles educacionales que otras mujeres de otros países de Latinoamérica, presentan una de las participaciones laborales más bajas de la región. En el año 1997, el grado de participación femenina alcanzó su mayor porcentaje desde la inserción laboral de las mujeres al llegar a un 47% (Contreras, Puentes and Bravo, 2005)..
(14) Los estudios de migración tradicionalmente no tomaron en cuenta a la mujer como parte del fenómeno migratorio ya que ésta no formó parte del proceso tan visiblemente. La migración más tradicional, aquella que data desde mediados del siglo XVIII hasta la mitad del siglo XX, se caracterizó por ser un proceso en el que el hombre era el que salía de su país para buscar trabajo y la mujer sólo intervenía como parte del proceso de reunificación familiar. En la actualidad, como hemos mencionado anteriormente, se produce una creciente feminización de los flujos migratorios debido a los menores costos en transporte. Una de las explicaciones para ello, es que a diferencia de periodos anteriores cuando la mujer no podía dejar mucho tiempo solos a sus hijos en el país de origen (ya que emigrar a otro país necesariamente implicaba el distanciamiento por largos periodos), ahora puede hacerlo. La mujer tiene muchas más posibilidades de dejar su país y, de hecho, lo hace en mayor número hacia países limítrofes como el caso de las peruanas a Chile, que representan la mayoría del contingente peruano (Martínez, 2003). Los costos en transporte y en comunicaciones permiten de esta forma, que la mujer pueda viajar periódicamente a visitar a sus hijos, enviar remesas, y de esta forma constituirse en un motor muy importante del sostenimiento de una escala de la economía para países como Chile. En dicho país, se abren muchos puestos para empleos como el de asesora del hogar, y las peruanas se ofrecen para llenar esos espacios. Con esto, se hace notorio el carácter transnacional de la migración internacional, brindado por una mayor circularidad y flexibilidad de los flujos migratorios que hacen que las peruanas y peruanos emigren a Chile sin arriesgar tanto. Debido a ello, es lógico que se deba considerar el componente de género al momento de hablar de estratificación y segmentación laboral. Al igual que la importancia del clásico e histórico factor de clase en la estratificación y la segmentación laboral, en la discusión teórica y académica acerca de los factores incidentes en la migración –a partir de la década de los ’80- se registra una suerte de inauguración de los estudios sobre este tema. Y más allá de la importancia académica que logra ostentar el género en los estudios migratorios, la importancia que tiene este factor para la tesis que queremos comprobar aquí es que él tampoco es totalmente explicativo de las mayores o menores oportunidades que goce una inmigrante peruana en Chile. “Dos mujeres, que enseñaban en el colegio particular donde estudiaban mis hijas (...) renunciaron al trabajo, y no sabíamos que era porque estaban en este país (Chile). Nos encontramos aquí en Santiago, y nos dijeron que aquí ganaban más como asesora del hogar”. Del testimonio de Carlos, se puede inferir que si se mantiene el factor de la clase social y el género constantes, no es explicable una situación tal en el mercado laboral Chileno. Por lo tanto, ¿qué otro factor determina que una mujer peruana tenga más posibilidades de trabajar como asesora del hogar que como profesora, ocupación para la que está capacitada? Si bien el género puede jugarle en contra a una población de inmigrantes, sólo en algunos casos explica que una comunidad presente un mayor número de mujeres en su contingente, y que se abran y sostengan espacios de inserción laboral segmentados como es el caso de las asesoras del hogar; en otros casos la explicación puede resultar insuficiente y deben considerarse otras variables. 3. Estratificación social por raza Tanto en los discursos públicos como en los estudios sobre migración se consideraba que la mano de obra inmigrante y los inmigrantes de todo tipo entraban sin mayor problema al mercado laboral.
(15) como a la sociedad en su amplitud, y que, de hecho, se asimilaban como parte de un proceso natural, pudiendo ser igualmente valorados que los nativos. Esto ocurrió fuertemente en EE.UU. durante las décadas posteriores a la primera guerra mundial, y hoy en día, esta realidad podría ser planteada al pretender interpretar la situación que viven los inmigrantes en Chile, ya que resulta válido preguntarse si sucede este fenómeno asimilacionista y, de no suceder, cuáles son las causas de ello. En otras palabras, puede plantearse por qué un inmigrante cualquiera no puede acceder a las mismas oportunidades que un chileno. Al respecto, los cuestionamientos a estos postulados asimilacionistas se dieron con gran fuerza en los EE.UU. ya que era el principal país al cual los inmigrantes de todas partes del mundo iban. Los investigadores se preguntaron por qué los afroamericanos no podían asimilarse de la misma forma que los inmigrantes europeos. Las respuestas se orientaban a que los problemas que enfrentaban los negros en aquel país se relacionaban con el hecho de no poder emular las costumbres y comportamientos de los inmigrantes europeos (Bashi & McDaniel, 1997). Durante mucho tiempo esa fue la única respuesta ante un problema cada vez mayor que ya no involucraba exclusivamente una discusión académica, sino también conflictos en las calles y escuelas, a partir de los cuales, comenzaron a surgir los cuestionamientos a aquellas perspectivas asimilacionistas. Aquellas miradas contrarias señalaban que en aquella incompatibilidad se involucraban otros aspectos que iban más allá de un mero problema cultural; lo que se daba era una fuerte discriminación racial expresada precisamente en los ámbitos laborales, educacionales y en la convivencia cotidiana. Es válido que esta misma interrogante se traslade a Chile, al preguntarnos por qué los inmigrantes peruanos no pueden “asimilarse” a la sociedad chilena (si es que esa fuera su intención) y acceder a las mismas oportunidades que los chilenos, y por qué sí pueden hacerlo, por ejemplo, los inmigrantes argentinos. Pues bien, esto no lo explica ni la clase ni el género. La respuesta a esta interrogante se orientará a dar cuenta de la existencia de un componente limitante para la inserción de los inmigrantes, determinada fuertemente por su color de piel y fenotipo. Puede decirse que en Chile comienza a verse un sistema racial de estratificación expresado anteriormente a través de la delimitación geopolítica de Chile, en un intento por diferenciarse de los indígenas nativos, y que es expresado hoy en día mediante la discriminación de la que son víctimas los pueblos originarios chilenos y los inmigrantes andinos como los peruanos y bolivianos, en una operación discriminatoria similar que identifica a un otro amenazante, extraño e indeseado del cual se quiere diferenciar. En el testimonio de Carlos se aprecian las dificultades que pueden enfrentar estos inmigrantes por un componente racial: “Yo le reclamé al administrador por esto (no pagar su sueldo), y la respuesta de él fue: “Ud. debiera dar gracias por tener trabajo, ya que no tiene la nacionalidad chilena.” Me trató de una forma racista, me miró con desprecio. Yo vi su racismo en su forma de hablar, me hizo sentir mal.” (Carlos. 45 años, auxiliar de edificio). Por lo tanto, la tesis que se quiere demostrar es que junto con la estratificación por clase y por género, en el estrechamiento de las oportunidades y por tanto en la segmentación laboral de los inmigrantes peruanos, incide fuertemente la identificación de ciertas características raciales y fenotípicas con conductas, costumbres, habilidades, actitudes, en un estrechamiento de las oportunidades al compararlas con las que goza un ciudadano nativo o inmigrante “deseado”. Esta reducción de las oportunidades y la distinción de una persona a partir de los rasgos físicos determinarán que se asignen o abran cierto tipo de ocupaciones para un cierto tipo de personas identificadas a partir de estos patrones, que beneficiarán a unos y perjudicarán a otros..
(16) Pues bien, antes de hablar de los efectos de una identificación o distinción racial, es necesario saber qué es raza. Histórica y tradicionalmente el concepto de Raza ha estado ligado a perspectivas etnocentristas y a conceptos modernos como civilización y barbarie, ciudadano y marginado/esclavo (Winant, 2000. p. 172), distinciones que establecen un objeto deseado y uno nodeseado. Además tiene un cierto status biológico ya que, por lo general, estas distinciones han sido identificadas con una nación o país determinado. El autor, al dar cuenta básicamente de lo que se refiere esta noción, señala que “raza puede ser definida como un concepto que significa y simboliza conflictos sociopolíticos e intereses referentes a distintos tipos de cuerpos humanos.” (Ibíd.) Esto es válido de aplicar a la problemática que se da entre chilenos e indígenas nativos por una parte, y entre chilenos y peruanos (o bolivianos) por otra. Como señala Winant, en esta categorización se expresan conflictos históricos de luchas políticas o bélicas que sirven, sin embargo, para constituir una idea de nación o de chilenidad (o de deseabilidad), al posicionar un modo adecuado de ser físico. El que se sitúa en los márgenes de ello corre los riesgos de no ser acogido ni integrado social o económicamente. Ahora bien, la naturalización de una serie de rasgos particulares asociados a razas específicas es una operación que sigue su curso hoy en día. Probablemente si se imagina a una persona de piel negra con rasgos africanos, se crea que es un buen deportista o que tiene habilidades para el baile, canto, y que si se encuentra trabajando en EE.UU., probablemente realice una labor de baja calificación y valoración social. En la medida que se realicen este tipo de concepciones y se abran oportunidades en la medida de ellas, unos correrán peor suerte en la sociedad que los recibe. Este tipo de esencializaciones de una raza es un buen ejemplo de cómo opera la construcción y reconstrucción de la categoría racial y de cómo se manifiesta una racialización en la segmentación laboral de ciertos empleos para cierto tipo de inmigrantes. La atribución de ciertos rasgos particulares a cada una de ellas es una situación que da cuenta del carácter social de la construcción del concepto de raza y de la influencia radical que tienen los medios de comunicación en su formación y conformación al atribuir patrones de conducta a ciertas razas. En este testimonio se da cuenta, desde la propia perspectiva del informante, de aquella esencialización que pueden experimentar los peruanos y de las formas en las que impacta en su desempeño laboral: “Y también los prefieren más a los peruanos porque son responsables; uno tiene que ser responsable porque si no ya te echan del trabajo. (...) acá uno tiene que ser responsable, sea como sea, porque nosotros (los peruanos) no somos tan responsables, pero acá tratamos de dar esa imagen.” (Evelyn) Es válido señalar que este mantenimiento de esta imagen de responsables los beneficia ya que les permite encontrar un trabajo y mejorar su situación económica, pero los perjudica ya que al atribuírseles ciertas conductas o habilidades se asume como natural que las mujeres peruanas trabajen como “nanas”, porque son responsables y sumisas, ya que aceptan malos tratos por el temor a no poder conseguir la cédula de identidad. Por tanto, el concepto de raza es una construcción social que depende del punto de vista desde el cual se le mire. Es decir, no es ni exclusivamente una construcción ideológica originada por unos para dominar a otros, ni un hecho social o una realidad totalmente objetiva. En este sentido, como señala Winant, no hay una base biológica a partir de la cual se puedan hacer diferencias para distinguir a los humanos por razas, y las categorías sociohistóricas empleadas para diferenciar entre estos grupos son imprecisas sino completamente arbitrarias (Ibíd..). Pues bien, si se quiere situar la discusión acerca de la raza en el panorama de las formas de estratificación social en Chile, debe señalarse que lo que se construye en los países receptores en.
(17) respuesta a una migración –identificándola a partir de sus rasgos fenotípicos-, es lo que se entenderá por sistema racial de clasificación. Esto es una forma de clasificar a las personas, usualmente juzgando qué tanto su fenotipo calza con las imágenes acerca de cómo lucen las diferentes razas (Bashi & Mc Daniel, 1997. p. 669). La clasificación racial tiene implicancias en las oportunidades de vida de una persona debido a que la estratificación racial constituye una forma de establecer una jerarquía social (pp. 669-670). De esta forma, tener los rasgos de un peruano indígena (o de un boliviano o nativo con rasgos indígenas) y un bajo nivel educacional en Chile, incidirá probablemente en que se sitúe a la persona en las escalas más bajas de la estratificación social. En este sentido, un sistema racial determinará quién pertenece a qué raza, qué posición ocupan las personas, la familia y otros grupos en la jerarquía racial, y por tanto, en la escala social, situación que determinará sus posibilidades en la sociedad receptora.. IV. Apreciaciones Finales “Acá uno sabe que viene a trabajar en la construcción. Yo conozco a dos personas (peruanas) que son choferes, pero que no pueden trabajar en eso y trabajan en construcción... y no sé, pero creo que por ser peruano uno la tiene más difícil” (Héctor, 36 años, conserje) Lo señalado por Héctor es expresión de las dinámicas de estratificación social del mercado laboral chileno, que promueven que peruanos realicen labores de menor valoración social o laboral como ocurre con la construcción en Chile. La lógica dice que ellos debiesen trabajar como choferes, pero debido a la dinámica de racialización, que determina posibilidades en base a la conjunción de la clase, el género y la raza en una imagen acerca del peruano, estas personas no pueden desempeñarse para lo que están capacitados. Por el contrario, se concibe dentro del mercado del trabajo chileno, que las ocupaciones de menores calificaciones y valoración social son las adecuadas para la participación laboral de estos inmigrantes. El desarrollo de este artículo y la exposición de los testimonios, lleva a poder sostener que las causas de estas dinámicas perjudiciales para la población peruana, se relacionan fundamentalmente con su origen nacional y con características fenotípicas, tomando también los elementos de clase y género. Lo que se produce en este sentido, es una asociación o naturalización de ciertos rasgos físicos con un origen nacional, y al asociarse este último con prejuicios y esencializaciones, se racializan procesos de segmentación laboral en Chile, a través de los cuales se estrechan posibilidades de desempeño en otros ámbitos laborales. En otras palabras, ninguna de las formas de clasificación descritas recientemente es capaz de explicar de forma profunda y suficiente las complejas relaciones existentes entre los distintos parámetros de estratificación y los diversos resultados que obtiene uno u otro migrante en la obtención de un puesto de trabajo en el mercado laboral chileno. La estratificación social chilena, hoy en día no puede decirse que se derive exclusivamente ni de la clase, ni del género, ni de la raza por sí sola. Tradicionalmente, en Chile podía pensarse que cualquier persona, independientemente de su origen nacional o color de piel, tenía las mismas oportunidades de conseguir el trabajo que quisiera y para el cual estuviese preparado. Detrás de este supuesto, subyacía la perspectiva asimilacionista que pretendía que cualquier inmigrante podía integrarse tanto económicamente como culturalmente a la sociedad receptora. Sin embargo, de lo señalado por los entrevistados pudo desprenderse que en la.
(18) medida que se estabiliza una migración como la peruana, y al articularse en este proceso aspectos económico-laborales por medio de los cuales se abre un sector de trabajo que puede ser ocupado por inmigrantes, y al mantenerse esto en el tiempo, sumado a las formas de estratificación social mencionadas, se tiene como resultado una segmentación laboral para ciertas poblaciones de inmigrantes. Estas poblaciones a su vez son impactadas en el hecho de no gozar de las mismas oportunidades que otros extranjeros como los argentinos, ya que si se mantienen los otros factores constantes (la clase y el género), probablemente un argentino/a tendrá mejores y mayores oportunidades laborales que le permitan ser socialmente más aceptado y/o valorado por la sociedad Chilena. La estratificación social por tanto, y las dinámicas de racialización producto de estas formas de estratificación, sumados al anclaje de ciertos discursos masivos cargados de estereotipos, tendrán finalmente la palabra a la hora de constituirse las oportunidades de vida de los inmigrantes peruanos. Realizado el análisis de los componentes que, según el argumento que se ha seguido aquí, determinan las posibilidades laborales y de inserción laboral y económica de un peruano o peruana en Chile, es fundamental considerar, al momento de explicar las razones de esta segmentación laboral y de una reproducción de las dinámicas de segregación, los factores de clase, género y raza. En este sentido, no puede explicarse ya hoy este proceso sólo tomando en cuenta a la clase social, educación, o el género de un inmigrante. En base a esta perspectiva, no debe dejarse la raza de lado y el proceso mediante el cual esta impacta -en su asociación con un origen nacional, actitudes, capacidades y habilidades-, al momento de pretender descifrar los motivos de una mayor apertura o cierre de oportunidades en el mercado laboral. Esta dinámica es finalmente lo que entendemos por racialización, y es ésta a través de su complejo desarrollo la principal causante de estos procesos que benefician a unos y perjudican a otros..
(19) Referencias Bibliográficas BASHI, V. & MCDANIEL, A. “A Theory of Immigration and Racial Stratification”, en Journal of Black Studies, Vol. 27, N° 5 (May, 1997), pp. 668-682. MARTÍNEZ, J. “El encanto de los Datos”, en Serie Población y Desarrollo, Nº 49, Santiago, Diciembre de 2003. MASSEY, D., ARANGO, J., GRAEME, H., KOUAOUCI, A., PELLEGRINO, A., TAYLOR, J. Theories of International Migration: A Review and Appraisal. Population and Development Review 19, Nº 3. September, 1993. OMI, M. & WINANT, H. 7. “Racial Formation in the United States: From the 1960s to the 1980s”., en, ESSEL, P. & THEO GOLDBERG, D. (Eds.) Race Critical Theories. Pp. 123-145 STEFONI, C. Representaciones Culturales y Estereotipos de la Migración Peruana en Chile. Informe final del concurso: Culturas e identidades en América Latina y el Caribe. Programa Regional de Becas CLACSO, 2001. TAPINOS, G. “Globalisation, Regional Integration, International Migration”, en International Social Science Journal 52 (165), 297–306, 2000 TORCHE, F. & WORMALD, G. “Estratificación y movilidad social en Chile: entre la adscripción y el logro”, Division de Desarrollo Social, CEPAL - SERIE Políticas Sociales, Nº 98. Santiago, Octubre de 2004. WINANT, H. Chapter 13, “The Theoretical status of the Concept of Race”, en BLACK, L. & SOLOMOS, J. (Eds.). Theories of Race and Racism, a reader, New York: Rout- ledge. 2000. Pp. 181-190 WINANT, H. “Race and Race Theory”, en Annual Review of Sociology, 2000. 26: 169–85.
(20) Notas i. En Argentina fue muy importante la migración italiana que en un momento alcanzó a cerca de la mitad de la población total de aquel país ii Colombia, Venezuela, Alemania, Brasil, Ecuador, Bolivia y Perú. iii “Se dispuso el proceso de regularización de ciudadanos extranjeros nacionales de los siguientes países: Perú, Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Uruguay, Paraguay, Colombia, Venezuela, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Honduras, Guatemala, México, Republica Dominicana, Cuba, Islas Caimán, y Haití.” Fuente: http://www.extranjeria.gov.cl/ iv www.extranjeria.gov.cl v Según estadísticas de visas otorgadas entre el año 2003 y 2005. Fuente: www.extranjeria.gov.cl vi Discurso de Nicolás Sarkozy. Fuente: http://www.lefigaro.fr/france/20060502.WWW000000394_lexplication_de_texte_de_nicolas_sarkozy.html.
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