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La verdad del amor humano Ante el documento de la Conferencia Episcopal Española

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Academic year: 2020

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1. Introducción

El pasado 26 de abril de 2012 la XCIC Asamblea Plenaria de la CEE aprobaba un documento re-visado posteriormente por la Co-misión Permanente y presentado por el secretario y portavoz Mon-señor Martínez Camino el día 4 de

Recibido: 6 noviembre 2012 Aceptado: 13 noviembre 2012

RESUMEN: El presente artículo pretende realizar una presentación del reciente docu-mento de la Conferencia Episcopal Española titulado La verdad del amor humano. Orien-taciones sobre el amor conyugal, la ideología de género y la legislación familiar. Para ello se expondrán sus contenidos básicos con una mirada especial a sus críticas frontales a la desvirtuación del amor y la sexualidad provocada por la ideología de género (sobre todo de las teorías del qeer y del cyborg) y su influencia en la legislación actual refe-rente a la vida, el matrimonio y la familia.

PALABRAS CLAVE: amor, sexualidad, ideología de género, matrimonio y familia.

Truht in human love

Facing the Spanish Episcopal Conference

ABSTRACT: This article seeks to make a presentation of the recent document of the Spanish Episcopal Conference named Truth in Human Love. Educational guidelines in conjugal love, genre ideology and family legislation.For this, its basic contents will be exposed with aspecial look at its frontal critiques to love distortion and sexuality caused by genre ideology (especially qeerand cyborq theories) and its influence in the present legislation referred to life, marriage and family.

KEYWORDS: love, sexuality, genre ideology, marriage, and family.

julio. Su título es La verdad del amor humano. Orientaciones sobre el amor conyugal, la ideología de género y la legislación familiar. Se trata de un documento en el que a lo largo de seis capítulos los obispos españo-les expresan su valoración y su to-ma de postura ante la situación del matrimonio y la familia en el

Episcopal Española

José Manuel Caamaño López

Universidad Pontificia Comillas de Madrid E-mail: [email protected]

fe

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contexto social y político actual. En realidad el documento es fruto de una de las acciones contempla-das en el Plan Pastoral 2011-2015 de la CEE: «Redacción y difusión de un documento que proponga la verdad del amor y oriente sobre la ideología de género y legislación familiar» (A5).

El presente escrito no tiene la pre-tensión de realizar un análisis a fondo de las cuestiones afrontadas en dicho documento ni entrar en una discusión académica sobre el mayor o menor acierto de algunas de sus valoraciones y propuestas. Nuestro interés es sencillamente el de presentar algunos de sus conte-nidos más importantes señalando aquellos aspectos que pueden re-sultar más significativos, pues se trata de un tema que afecta de una u otra manera a todas las personas y ante el cual todos nos sentimos siempre interpelados.

2. El contexto del documento: una «sociedad enferma»

Ciertamente la familia ha sido una preocupación constante del Magis-terio de la Iglesia, de manera espe-cial durante los últimos dos siglos y, de forma muy concreta, desde la publicación de Rerum Novarum por el Papa Pecci en 1891, en la cual se centran muchas de las problemáti-cas que afectan a la cuestión social.

A ella se han dedicado abundantes documentos eclesiales, entre los que destacan algunos números de Gaudium et spes (nn. 47-52) y la ex-hortación apostólica Familiaris con-sortio publicada por Juan Pablo II en 1981, además de la instauración del Encuentro Mundial de las familias que se viene celebrando cada tres años desde 1994 y en cuya funda-ción el propio Juan Pablo II afirmó que «en la familia se fragua el fu-turo de la humanidad». También la CEE le ha dedicado dos publica-ciones en fechas no muy lejanas, La familia, santuario de la vida y esperan-za de la sociedad del 2001 y el Direc-torio de la Pastoral Familiar en Espa-ña del 2003.

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matrimonio y han desprotegido todavía más el bien fundamental de la vida naciente» (n. 4). Las po-pularmente conocidas como ley del aborto (2010), la ley de la igual-dad (2007), la ley de la identiigual-dad de género (2007), la ley del matrimonio homosexual (2005), ley del divorcio exprés (2005) o la liberalización de la llamada píldora del día siguiente (2009) serían una muestra de ello, algo que lleva a los obispos a afir-mar que la nuestra es una «socie-dad enferma» (n. 4).

Ante esa situación la CEE se pro-pone en el presente documento analizar las causas de una situa-ción problemática y proponer los principios básicos que han de regir la dimensión sexuada de las perso-nas concretada en el matrimonio y vivida en el seno de la familia.

3. Punto de partida: la verdad sobre el amor humano

Evidentemente la valoración que el documento hace de las diferen-tes problemáticas y situaciones ac-tuales, no se puede entender de forma adecuada sin tener en cuen-ta sus presupuestos esenciales so-bre el amor, la sexualidad, el ma-trimonio y la familia. Ese es el in-tento de los tres primeros capítulos del documento, exponer la doctri-na católica de manera que se pue-dan vislumbrar claramente los

lí-mites y deficiencias provocadas en algunas situaciones del contexto actual. Aunque se trata ya de una doctrina sobradamente conocida merece la pena, para las conse-cuencias que luego se extraerán, señalar algunos de los puntos más relevantes.

3.1. El amor humano en el plan de Dios sobre el mundo

«Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él» (1 Jn 4, 16). Con estas palabras de la primera carta de Juan y que expresan el corazón de la fe cristiana, empieza el docu-mento su exposición sobre la ver-dad del amor humano. Si Dios es amor, no se puede entender la cre-ación sino como fruto de ese mis-mo amis-mor de Dios trinitario y, por tanto, interpersonal. Dicho de otra manera: Dios es el origen primero de todo amor posible, la razón úl-tima de su misterio, pues es Él quien crea todo cuanto existe y lo hace únicamente por su amor, tal y como se manifiesta plenamente en el ser mismo de Jesucristo.

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y semejanza» y llamado a la parti-cipación en el ser mismo de Dios revelado en Cristo. Recogiendo las palabras de Juan Pablo II en el n. 11 de Familiaris consortio dice el documento que «el amor es la vo-cación fundamental e innata de to-do ser humano» (n. 13), tal y como se refleja en el misterio de la en-carnación. El ser humano, creado por amor, ha sido creado para amar. De ahí que también la trans-misión de la vida haya de ser «ex-presión y signo de verdadero amor» (n. 14).

3.2. La verdad del amor inscrito en el cuerpo

Hay que tener presente que cuan-do el cuan-documento de los obispos funda el amor en la teología de la creación y afirma el presupuesto de que el ser humano está creado por amor «a imagen y semejanza de Dios», no se refiere tan sólo a todos los seres humanos indepen-dientemente de su condición, raza o sexo, sino a la totalidad humana, es decir, a todas las dimensiones de lo humano, a la unidad de la persona. Se trata de algo impor-tante, dado que implica la imposi-bilidad de reducir al ser humano a ninguna de sus dimensiones orgá-nicas o biológicas, de manera que «el cuerpo es la persona en su visi-bilidad» (n. 19). No se trata, pues, de una afirmación baladí, pues

significa tanto como decir que en el cuerpo se expresa también la identidad de la propia persona.

Ahora bien, esta totalidad unifica-da que es el ser humano sólo tiene dos posibilidades de existir, mas-culina o femenina, de manera que la identidad sexual no es un sim-ple atributo de la persona sino su único modo de ser. En este sentido hay que decir que, según el docu-mento, la conducta sexual no es tan sólo, como en los animales, el resultado de estímulos fisiológi-cos o biológifisiológi-cos, sino que tiene una significación objetiva que ma-nifiesta el ser mismo de la perso-na. De ahí también que si la llama-da al amor se lleva a cabo a través de la sexualidad, «uno de sus constitutivos esenciales es la aper-tura a la transmisión de la vida» (n. 21). Además, la dualidad se-xual tiene también un significado axiológico, es decir, es «indicadora de la recíproca complementarie-dad» y de su orientación «a la co-municación» (n. 23).

3.3. El amor conyugal y sus características

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virgi-nidad, mostrada en Jesucristo, ma-nifiesta al Dios como esposo de su pueblo, en el matrimonio se mani-fiesta su amor hacia el pueblo ele-gido, y por eso es el arquetipo que define la verdad del amor humano en sus diversas manifestaciones. De esta imagen se pueden extraer varias consecuencias para el amor conyugal que lo diferencian de cualquier otra forma de amor.

a) Una comunidad de vida y amor

Lo primero que se puede decir es que lo que da sentido al matrimo-nio es la alianza que se establece entre dos personas formando una «unidad-dual», es decir, una comu-nidad de vida y amor de personas sexualmente distintas pero com-plementarias. Es un vínculo moral, social y jurídico que da lugar a un nuevo «estado de vida». De ahí que «el amor conyugal se ha de comprender como un prometer, como un comprometerse mutuo para afrontar la construcción de una vida en común» (n. 28). Este es el sentido en el que se puede decir que «ya no son dos, sino una sola carne» (Mt 19, 6). Se trata de algo que se refleja además en el mismo carácter sacramental del matrimo-nio, que representa tanto que el amor no es algo transeúnte y cir-cunstancial, como también el amor permanente de Cristo por su Igle-sia (cf. nn 39-44).

b) Un amor plenamente humano y total

En segundo lugar el amor conyu-gal ha de abarcar a las dos perso-nas en todos sus niveles, dado que su fin es hacer una «comunión de personas». En este sentido, el amor conyugal, sin excluir los elementos que integran la sexualidad, no puede reducirse a ninguno de ellos en particular, sencillamente porque los trasciende a todos, es un «don de sí» total (cf. n. 29).

c) Un amor fiel y exclusivo

Si el amor conyugal es total, ha de tener como características también la fidelidad y la exclusividad. Se trata de elementos que comportan tanto la «donación recíproca sin reservas ni condiciones» como la excusión de la «intromisión de ter-ceras personas» en la vida de la re-lación conyugal (n. 30).

d) Un amor fecundo

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cuando en su expresión sexual se respeta su carácter unitivo y pro-creativo (cf. n. 33).

e) Un amor para siempre

La «unión en la carne» implica también «el compromiso de con-formar una intimidad común ex-clusiva y para siempre, en la que el cuerpo sexuado es la mediación esencial» (n. 34). Esto significa que el amor humano tiene unos conte-nidos objetivos que trascienden el mero arbitrio y las opiniones subje-tivas, y de ahí que el «amor libre» no sea más que un vaciamiento de su profundo significado. También ocurre que con frecuencia pueden surgir conflictos entre el hombre y la mujer: «su amor matrimonial se ve frecuentemente amenazado por la discordia, el espíritu de dominio, la infidelidad, los celos y conflictos, que pueden conducir hasta el odio y la ruptura» (n. 44). Por eso es tan necesaria la absoluta entrega de uno mismo, la donación total.

f) La oscuridad del pecado

Por último, el documento del epis-copado español reconoce también que no siempre resulta fácil perci-bir y llevar a la práctica los signifi-cados del amor y del cuerpo ante-riormente mencionados, en espe-cial por la extendida «visión reductiva y fragmentaria de la se-xualidad» (n. 36). Por ello es

preci-so superar una visión narcisista de la misma de manera que se prime «la complementariedad y el creci-miento personal en la construc-ción de una vida compartida» (n. 37). Solo así tanto la fecundidad como la castidad serían un autén-tico reflejo de la belleza más pro-funda del amor humano.

4. Las distorsiones actuales del matrimonio y la familia

Una vez sentadas las bases sobre la verdad del amor humano, el do-cumento pasa ya a la valoración de algunas corrientes actuales que, a su modo de ver, distorsio-nan la consideración del ser hu-mano como «imagen de Dios» y, consecuentemente, distorsionan también la imagen del matrimo-nio y la familia. Se refiere funda-mentalmente a dos corrientes dis-tintas –el espiritualismo y el mate-rialismo– que, sin embargo, convergen en un mismo principio: «una injusta valoración de la cor-poralidad» (n. 45).

4.1. Crítica general al espiritualismo y al materialismo

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ága-pe, en el sentido de que para el es-piritualismo el verdadero amor sólo es aquel que siendo fruto de la gracia se funda en la fe. Por otro lado, al materialismo le critica su desvinculación entre la sexuali-dad y las determinaciones natura-les del cuerpo, llegando incluso a disolver el significado objetivo de la diferencia sexual entre hombre y mujer. Esto es lo que percibe de manera expresa en las llamadas «teorías del género», sobre las que pronto nos detendremos.

En ambas corrientes existiría un denominador común: «una con-cepción antropológica dualista» (n. 48) asociado también al indivi-dualismo, en donde el cuerpo o es obstáculo para el amor espiritual o un mero instrumento para la ob-tención de placer.

Obviamente todo ello influye en la imagen que se tiene del matri-monio y la familia, que unidas a la actual banalización de la sexuali-dad, llegan a una deformación tal que incluso se consideran insti -tuciones represivas. Por ello los obispos españoles señalan su obje-tivo: «denunciar que detrás de esa visión obscurecida y fragmentada parece existir el influjo de algunos mensajes ideológicos y propuestas culturales, entre cuyos objetivos está, sobre todo, proponer la abso-lutización subjetivista de una li-bertad que, desvinculada de la

verdad, termina por hacer de las emociones parciales la norma del bien y de la moralidad» (n. 50). Y, de manera especial, el documento se centra en la que denomina «ide-ología de género».

4.2. La crítica a la «ideología de género»

Entramos aquí en uno de los pro-blemas centrales y más controver-tidos del documento, a saber, la ideología de género y su influen-cia en la desvirtuación del matri-monio y la familia. Antes de des-cribir la realidad a la que se refie-re la exprefie-resión «ideología de género», el documento señala al-gunos de sus antecedentes en el feminismo radical, en movimien-tos que priman la despersonaliza-ción absoluta de la sexualidad y representados en el Informe Kinsey, un cierto marxismo que interpreta la relación hombre-mujer como lucha de clases, algunas filosofías inspiradas en el individualismo liberal, el constructivismo y las corrientes freudo-marxistas (cf. n. 52). Las consecuencias de todo ello las sintetiza el documento del siguiente modo:

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li-bre”. Luego, la práctica de la se-xualidad sin amor. Más tarde la “producción” de hijos sin rela-ción sexual: la llamada reproduc-ción asistida (fecundareproduc-ción in vi-tro, etc.). Por último, con el anti-cipo que significó la cultura unisex y la incorporación del pensamiento feminista radical, se separó la “sexualidad” de la per-sona: ya no habría varón y mujer; el sexo sería un dato anatómico sin relevancia antropológica. El cuerpo ya no hablaría de la per-sona, de la complementariedad sexual que expresa la vocación a la donación, de la vocación al amor. Cada cual podría elegir configurarse sexualmente como desee» (n. 52).

De esta manera las diversas teo -rías han ido sembrando el humus necesario para, en aras del libera-cionismo, dar lugar a una nueva ideología, la ideología de género.

4.2.1. La descripción de la ideología de género

Se trata según el documento de un conjunto sistemático de ideas sobre el sexo y la persona que se presenta con pretensión de cienti-ficidad y cuya idea fundamental, «derivada de un fuerte dualismo antropológico, es que el ‘sexo’ se-ría un mero dato biológico: no configuraría en modo alguno la realidad de la persona» (n. 54). En el fondo, lo que dice es que más

allá de la identidad sexual, lo que existe son «géneros» o «roles» de-pendientes de las elecciones indi-viduales, del contexto cultural y de la educación. Por tanto, el gé-nero designa las diferencias socio-culturales entre hombre y mujer y es fruto de construcciones cultura-les ajenas a las determinaciones sexuales de tipo biológico: una co-sa es el sexo y otra distinta el gé-nero.

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4.2.2. La difusión de la ideología de género

¿Cómo se ha difundido esta ideo-logía? El documento señala varios caminos.

El primero de ellos es la manipula-ción del lenguaje, cuyo reflejo más claro reside en la ampliación del concepto de matrimonio a formas de unión distintas de la propia realidad a la cual se refiere. Pero también se vislumbra en el uso de otros conceptos como el de «pare-ja» en lugar de «matrimonio», la inclusión de algunos «modos de convivencia» en un «modelo fami-liar» (familia a la carta), el uso de «progenitor» en lugar de «padre» y «madre» y la utilización de la ex-presión «violencia de género» en lugar de «violencia doméstica» o «violencia en el entorno familiar» (cf. n. 58). Se trata de una manipu-lación que se ha introducido tam-bién en acuerdos internacionales y en recomendaciones de diversos organismos que inspiran la políti-ca de los Estados.

Y el segundo camino reside en la introducción de dicha ideología en el ámbito legislativo y educativo. Con ello se pretenden imponer co-mo normales los postulados pro-pios de la ideología de género y en donde la educación sexual evita su dimensión específicamente moral, de modo que el mal estaría simplemente en la violencia

se-xual de uno contra otro. En con-creto, el documento del episcopa-do se refiere al moepiscopa-do en que se ha instaurado la asignatura de «Edu-cación para la ciudadanía» y la «ley del aborto».

4.2.3. Movimientos basados en la ideología de género

La ideología de género designa una forma de entender la persona y su sexualidad que está en la raíz de diversos movimientos que se han extendido durante las últimas décadas. En este sentido el docu-mento sobre La verdad del amor hu-mano se refiere a dos teorías que asumen y prolongan la ideología de género como son la teoría del queer y la teoría del cyborg.

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dependen de la voluntad variable del sujeto.

Y en cuanto a la teoría del cyborg, en sus diferentes variantes (orga-nismo cibernético, híbrido máqui-na-organismo), tiene como objeti-vo la eliminación de la corporali-dad y la naturaleza, como medio para caminar hacia una sociedad sin sexos ni géneros, una sociedad sin estructura dual hombre-mujer y masculino-femenino, una socie-dad sin reproducción sexual, sin paternidad ni maternidad; una so-ciedad, en fin, transhumana y con-fiada al poder de la ciencia (n. 64). En el fondo se trata de una teoría materialista radical que termina por reducir al ser humano a un objeto manipulable y en donde la corporalidad, la dimensión reli-giosa y la dignidad misma dejarí-an de tener significado alguno.

4.2.4. El trasfondo político de la ideología de género

En realidad, gran parte de las ide-ologías señaladas se nutren de una gran escasez de apoyo políti-co al matrimonio y la familia. En este sentido los obispos se refieren expresamente a las consecuencias del «divorcio esprés», que ha su-puesto una trivialidad en la forma de entender el matrimonio y su carácter contractual. Pero también a leyes como la del aborto y la li-beralización de la píldora del día

siguiente, que fomentan un per-misivismo sexual y del respeto a la vida que, sin embargo, se con-tradice con las fuertes restriccio-nes para menores en el acceso al alcohol y al tabaco.

La conclusión es que no se percibe en las políticas de nuestro país un suficiente reconocimiento del va-lor social del matrimonio y la fa-milia, algo que sin embargo sí se observa en el conjunto de la socie-dad (cf. n. 69). Incluso, en algunos problemas concretos, la Iglesia lle-ga a sentirse sola, como sucede en la defensa de la vida naciente. En este sentido el documento recuer-da una reciente sentencia del Tri-bunal de Justicia de la Unión Eu-ropea prohibiendo patentar proce-dimientos que utilicen células madre embrionarias, algo que, sin embargo, no se respeta en algunas de las leyes españolas: la del abor-to, la de reproducción asistida, la de investigación biomédica y la de la dispensación de la píldora del día después (cf. n. 70), serían una muestra de ello.

4.3. La reacción de la Iglesia

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a) El primero es el «testimonio de un amor humano verdadero vi-vido en una sexualidad integra-da» (n. 71), especialmente de ma-trimonios y familias.

b) El segundo es «recuperar por parte de todos –poderes públicos, docentes, educadores, medios de comunicación, etc.– un lenguaje que sepa distinguir realidades que, por ser diferentes, nunca pueden equipararse» (n. 72). En este sentido hay que distinguir el matrimonio y la familia de otras realidades que son objetivamente diferentes (cf. n. 112).

c) En tercer lugar, «los gobernan-tes no deberían dejarse guiar, en la gestión de lo público y social, por la voluntad subjetiva de grupos de presión, pequeños o grandes, fuertemente ideologizados y que solo buscan intereses particula-res» (n. 73). De ahí que a pesar de defender los derechos de las mi-norías, la atención debe centrarse en la solución de problemas que afectan a la mayoría de los ciuda-danos, entre los que no está la ide-ología de género.

d) En cuarto lugar los ciudada-nos deben mostrar su disconfor-midad, con los medios adecuados, ante aquellas leyes que no respe-tan el bien común, como es el caso de la legislación actual sobre el matrimonio (cf. n. 74).

e) En quinto lugar es necesario defender que «el papel insustitui-ble de los padres en la educación de sus hijos sea reconocido a todos los niveles» (n. 75), especialmente en el ámbito de la educación afec-tivo-sexual.

f) Por último, los ciudadanos de-ben tener una respuesta activa ex-presando sus convicciones ante este tipo de situaciones. Esta es la manera de contribuir al desarrollo social y al bien común.

Evidentemente el documento es consciente de que detrás de todas las situaciones hay verdaderos dramas humanos y personas que están sufriendo. Esto ocurre de una manera especial en el caso de las personas homosexuales, para las que es necesario una atención adecuada de manera que, favore-ciendo su inclusión social, tampo-co se olvide la doctrina que el pro-pio Magisterio ha enseñado en di-versas ocasiones al distinguir entre la «inclinación sexual» y los «actos homosexuales» (n. 79). De nuevo se insiste en que es preciso acogerlas y ayudarlas con los re-cursos disponibles en sus situacio-nes particulares.

5. Amor conyugal, institución y bien común

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Iglesia, el documento de la CEE vincula de forma indisoluble el amor humano al bien de la perso-na, algo que tan sólo se realiza de forma adecuada en una relación in-terpersonal en la cual las personas se valoren por sí mismas. En lo que se refiere al lenguaje de la sexuali-dad esto se da únicamente cuando tiene lugar en el marco de una rela-ción entre un hombre y una mujer unidos en el matrimonio, de tal manera que «la institución matri-monial es, por tanto, una exigencia de la verdad del amor cuando se expresa en el lenguaje propio de la sexualidad» (n. 52). Al mismo tiempo, el bien de la familia per-manece ligado al bien del matrimo-nio, con lo cual la protección de la institución matrimonial –requerida por la autenticidad del amor y por su dimensión pública– forma parte también del bien común social.

Esto es interesante porque los obispos españoles se distancian claramente de las concepciones «románticas» y «privatísticas» del matrimonio, insistiendo en su ca-rácter normativo (cf. n. 87). De al-guna manera, no tener esto en cuento significa tanto como una derivación hacia el «relativismo moral» en el que las uniones ten-drían meramente sentido en cuan-to fueran fuente de satisfacción de deseos y placeres, ajenas por tanto a los valores que sustentan la pro-pia libertad y el amor: «el amor

conyugal y la institución familiar son realidades que no se pueden separar» (n. 96).

Pero además, en cuanto institu-ción intermedia de la sociedad y en cuanto a su contribución al bien común, los obispos insisten en la necesidad que tiene la políti-ca de proteger y promover, sin in-tereses ideológicos, el bien del ma-trimonio y la familia así como la dignidad de todos sus miembros, en especial del hombre y la mujer (cf. n. 100ss). En este sentido, el documento critica de nuevo la ac-tual legislación española sobre el matrimonio y la asignatura de la Educación para la ciudadanía, que a su modo de ver se inspiran en gran parte en la ideología de género (n. 112). En concreto, la crítica fun-damental se dirige a que, sobre la base de una presunta igualdad (n. 110), se haya redefinido el ma-trimonio hacia la «convivencia afectiva de personas» que pue-de romperse unilateralmente al transcurrir sólo «tres meses desde la formalización del contrato de ‘matrimonio’ que dio inicio a la convivencia» (n. 109). Curiosa-mente los términos de «marido» y «mujer», «esposo» y «esposa», «padre» y «madre», quedan su-plantados por el concepto genéri-co de «cónyuges»: el «cónyuge A» y el «cónyuge B».

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pro-duce de situaciones que objetiva-mente son distintas: «realidades diferentes no pueden ser tratadas como si fueran iguales. Recono-cer la diferencia no es discrimina-ción, sino justicia» (n. 107). Evi-dentemente se percibe en estas palabras el rechazo del matrimo-nio homosexual y otras formas de convivencia no matrimonial sen-cillamente por principios de justi-cia. Dicho de otra manera: la igualdad de todos ante la ley y la efectiva inclusión social de los diversos modos de conviven-cia íntima y estable no han de implicar la eliminación de las diferencias en las figuras legales. Si las situaciones que se regulan son diferentes, la injusticia pue-de estar precisamente en la igua-lación.

Por último cabe recoger dos ele-mentos que no dejan de ser impor-tantes y a los cuales también se re-fiere el documento. Por un lado la necesidad de una adecuada edu -cación afectivo-sexual (n. 122ss), es decir, una educación que no se reduzca simplemente «a una infor-mación biológica de la sexuali-dad», sino que tenga en cuenta también su dimensión afectiva y los valores que dotan de sentido la práctica misma de la sexualidad y las relaciones entre personas. Y, por otro lado, la urgencia de una ade-cuada preparación al matrimonio, cuyas carencias son hoy notables.

La pastoral matrimonial integral tiene aquí un inmenso trabajo.

6. Conclusión

En el momento en que estaba ulti-mando la redacción de este texto se hacía público también el pronun-ciamiento del Tribunal Constitu-cional sobre uno de los problemas tratados por la CEE: se afirmaba la constitucionalidad del matrimonio homosexual. Como decíamos al inicio, es preciso insistir en que nuestro interés no ha sido entrar en discusiones académicas ni jurídi-cas sobre algunos de los aspectos mencionados, sino simplemente el de presentar el documento sobre La verdad del amor humano recogien-do algunas de sus ideas fundamen-tales. Por ello, hay que reconocer que se trata de un texto que tiene mucho contenido y que probable-mente daría para un estudio ex-haustivo que aquí no podemos re-alizar. Con todo, no quisiera termi-nar sin realizar una valoración general de tipo personal.

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mundano. De ahí que se trate de instituciones que es preciso defen-der y proteger. En este sentido, el documento me parece que hace un esfuerzo loable.

Tampoco se puede dejar de reco-nocer la influencia de diversos mensajes ideológicos de tipo mo-ral en la desvirtuación del matri-monio y que, en el fondo, tienen que ver con un cambio de valores en los cuales la sexualidad, las re-laciones a largo plazo y el amor frecuentemente quedan muy re-ducidos. La cultura de la banali-dad, de la inmediatez y del indivi-dualismo impregnan la vida social y eso se manifiesta también en la vida matrimonial y familiar.

Al mismo tiempo, tanto el matri-monio como la familia son reali-dades complejas que dependen también de la complejidad de otras situaciones particulares de las personas. De ahí también que la valoración moral de algunas si-tuaciones concretas deba tener en cuenta también la propia situación de sus miembros y los problemas que influyen en determinadas for-mas de convivencia. Porque no hay que olvidar que detrás de los conceptos e instituciones lo que existen son personas que a veces se encuentran en situaciones no queridas ni deseadas, pero que pueden suponer un verdadero drama vital. Por eso mismo hay

que destacar la importancia de la pastoral matrimonial y familiar y distinguir las peculiaridades de cada proceso y situación para po-der juzgarlas adecuadamente, en especial en aquellos casos de vio-lencia y opresión, en donde el acompañamiento personal es fun-damental. También destaca, en es-te sentido, la importancia que el documento del episcopado espa-ñol da a una adecuada prepara-ción al matrimonio. Muchos ma-trimonios y familias destruidas o fragmentadas necesitan palabras de aliento para seguir adelante.

Algo importante también es la re-ferencia del matrimonio y la fami-lia al contexto actual de dificultad económica, dado que de alguna manera son realidades que no se pueden desvincular. En este senti-do me parece que es preciso com-batir y rechazar las políticas que defienden y afirman el matrimonio y la familia en la teoría cuando la niegan en la práctica, y es difícil hoy para muchas personas aventu-rarse en algo que no cuenta con un apoyo social adecuado: el trabajo, la vivienda, la sanidad o la educa-ción son elementos fundamentales para la protección del matrimonio y la familia, en especial cuando, co-mo dice el documento, se quiere la promoción de la natalidad (n. 136).

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los aspectos más controvertidos del documento como es la ideolo-gía de género. En línea con otros documentos magisteriales, los obispos se refieren a la noción de género desde una visión muy ne-gativa, centrada sobre todo en su favorecimiento de una sexualidad polimorfa y que divulga mensajes igualitaristas. Ahora bien, tam-bién hay que tener en cuenta que en el documento se centra en al-guna de sus formas concretas co-mo la teoría del queer o la del cyborg. En este sentido hay que de-cir que las propias teorías del gé-nero, especialmente en el feminis-mo, tienen diferencias y matices difícilmente englobables en una única definición. De hecho, no siempre el concepto de género es utilizado en un sentido puramen-te ideológico, sino como forma de reivindicación de derechos socia-les, especialmente de las mujeres,

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