UNIVERSIDAD TECNICA FEDERICO SANTA MARIA
Peumo Repositorio Digital USM https://repositorio.usm.cl
Tesis USM TESIS de Postgrado de acceso ABIERTO
2019
UNA APROXIMACIÓN A LA PÉRDIDA
DE RENTABILIDAD EN LA INDUSTRIA
BANCARIA NACIONAL ANTE LA
IMPLEMENTACIÓN DE BASILEA III
LEVY ABDALA, RAFAEL DAVID
https://hdl.handle.net/11673/47138
UNA APROXIMACIÓN A LA PÉRDIDA DE
RENTABILIDAD EN LA INDUSTRIA
BANCARIA NACIONAL ANTE LA
IMPLEMENTACIÓN DE BASILEA III
Tesis de Grado presentada por
Rafael David Levy Abdala
Como requisito para optar al grado de
MBA, Magister en Gestión Empresarial
Director de Tesis: Dr. Juan Tapia Gertosio
Marzo de 2019
UNIVERSIDAD TÉCNICA FEDERICO SANTA MARÍA
Departamento de IngenieríaComercial
TITULO DE TESIS: “UNA APROXIMACIÓN A LA PÉRDIDA DE
RENTABILIDAD EN LA INDUSTRIA BANCARIA
NACIONAL ANTE LA IMPLEMENTACIÓN DE BASILEA III.”
AUTOR:
RAFAEL DAVID LEVY ABDALA
TRABAJO DE TESIS, presentado en cumplimiento parcial de los requisitos para el
Grado de MBA Magister en Gestión Empresarial de la Universidad Técnica Federico Santa María.
Observaciones:
______________________________________________________________________
______________________________________________________________________
Dr. Juan Tapia G.
Dr. Pedro Fernández de la Reguera B.
Santiago, Marzo de 2019
Todo el contenido, análisis, conclusiones y opiniones vertidas en este estudio son de mi exclusiva responsabilidad.
Nombre: RAFAEL DAVID LEVY ABDALA.
Resumen Ejecutivo
La última crisis económica global subprime, dejó una vez más en evidencia, las
negativas consecuencias que un elevado nivel de riesgo asumido por la actividad bancaria significó en términos de costos monetarios y sociales a diferentes países del orbe. La estabilidad financiera y el mantenimiento del sistema de pagos de una economía, descansan en una correcta gestión de esta industria, en especial lo que concierne al manejo de los riesgos financieros en que incurre la actividad, por lo mismo, una de las más reguladas por las autoridades económicas.
Por los motivos expuestos, y la cada vez mayor interdependencia de los mercados financieros mundiales, es que a partir de la década de los setenta, se reunieron los presidente de los bancos centrales de las diez economías más desarrolladas del planeta (G-10), en la ciudad Suiza de Basilea, en el Banco Internacional de
Pagos (o Conciliaciones) BIS. Así nace una revolución normativa, y que a la fecha
se concreta con un tercer acuerdo internacional de adecuación de capital y gestión prudencial de los riesgos bancarios, conocido como Basilea III.
La Banca nacional ha adherido desde fines de los ochentas a los principios y normas que rigen la actividad bancaria mundial, mediante varias modificaciones introducidas a la Ley General de Bancos. La última realizada recientemente en enero de 2019. Sin embargo mantener la “sanidad” de la industria bancaria genera costos manifiestos para el sector. De esta forma se pretende medir la pérdida rentabilidad porcentual que costaría la adopción de Basilea III en el país.
Primeramente se realizó un análisis descriptivo de la evolución de los estados financieros de la Banca, que mostró una estructura sin mayores cambios durante el período de análisis; 2009 a 2018. Un análisis Du-Pont, cuyos resultados se
confirmaron mediante un modelo de regresión múltiple, que ajustó con un R2 de
Tabla de Contenidos
1. Introducción………8
2. Objetivo general.………...9
3. Objetivos específicos………9
4. Hipótesis………...10
5. Alcance..………...…10
6. Metodología………...…..10
7. Marco Teórico..………...…...11
7.1. Breve descripción del Negocio Bancario………..……11
7.2. Antecedentes históricos de la normativa internacional..………12
7.3. Estado Actual………....22
7.4. Situación a nivel Nacional ..………26
7.5. La industria Bancaria Actual ..………30
8. Metodología y Desarrollo ..………...34
8.1. Análisis de los datos bancaria ..………...34
8.2. Indicadores de gestión bancario……….…..42
9. Conclusiones……….………..52
10. Bibliografía………...55
11. Anexos.……….57
Anexo-1: Procedimiento para la determinación del capital mínimo según Basilea I………...57
Anexo-2: Procedimiento para la determinación del capital mínimo según la enmienda de 1996 a Basilea I.………59
Anexo-3: Ponderadores de riesgo para activos de acuerdo con Basilea II .…60 Anexo-4: Activos con “rating” o clasificación externa de riesgo ..………..62
Anexo-5: Ponderadores de riesgo de créditos banca retail ..……….64
Anexo-6: Clasificación de Securitizaciones de préstamos………..65
Anexo-7: Cargo de capital por riesgo de crédito ..………66
Índice de Tablas
Tabla n°1 Clasificación de riesgos financiero………21
Tabla n°2 Evolución de los Principales activos en MM$.………35
Tabla n°3 Evolución de los Principales activos en %.….………35
Tabla n°4 Evolución de los Principales pasivos en MM$………36
Tabla n°5 Evolución de los Principales pasivos en %...………..………36
Tabla n°6 Variación real anual de los ítems del Balance General....………39
Tabla n°7 Evolución y crecimiento real de los ítems del Estado de Resultados.40 Tabla n°8 Evolución porcentual de los ítems del Estado de Resultado respecto a total de activos y total de ingresos……….40
Tabla n°9 Evolución de los Ratios, ROA, Margen Neto, Multiplicador y ROE...44
Tabla n°10 Resultados de ANOVA de la Regresión Múltiple…..………45
Tabla n°11 Valores y significancia los de coeficientes de la regresión ……..…..46
Tabla n°12 Valores de la prueba de multicolinealidad VIF….……….46
Tabla n°13 Indicadores de adecuación de Capital y Patrimoniales..……….48
Tabla n°14 Valores y ratios de capital económico y activos ...……….49
Tabla n°15 Simulación de ROE ante niveles de capital económico mínimo normativos………...50
Tabla A-1 Ponderadores de riesgo por categoría de activos ..………..57
Tabla A-2 Requerimientos de Capital por riesgo crédito y mercado 1996………59
Tabla A-3 Ponderadores de riesgo de crédito de Basilea I y Basilea II….………61
Tabla A-4 Clasificaciones externas para posiciones, Soberaneas, Bancarias y Empresas ..………...63
Tabla A-6 Ponderadores y clasificaciones de Largo y Corto plazo Basilea II…..65
Tabla A-7 Brecha entre la anterior LGB y Basilea III ..……….67
Tabla A-8 Brecha entre la nueva LGB y Basilea III….………...67
Índice de Figuras
Figura n°1Evolución de márgenes respecto ingresos por intereses y reajustes.43
1. INTRODUCCIÓN
La Banca Nacional y la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras
(en adelante SBIF) han transitado en las últimas dos décadas hacia una gestión y
supervisión basada en riesgos. Este proceso se inició con la reforma a la Ley
General de Bancos en 1986, una vez que se superó la crisis financiera de la deuda
de comienzos de la década de los ochenta. Dicho proceso se fortaleció con las
modificaciones a esta ley en 1997 incorporando recomendaciones del Primer
Acuerdo de Capital del Comité de Supervisión Bancaria de Basilea de 1988, o
Basilea I, y con diversas medidas anexas en años recientes. Durante la década
del 2000, la autoridad regulatoria del sistema bancario dispuso la aplicación para
Chile, del nuevo Marco Regulatorio sobre Suficiencia de Capital del Comité de
Supervisión Bancaria (Basilea II), relativa a todo lo concerniente al resguardo de
la industria financiera, y por ende para la estabilidad económica y financiera del
país, mas solo se adoptó la enmienda al primer acuerdo de 1996 respecto de la
medición de riesgo de mercado del Pilar I y lo concerniente a los pilares II y III.
El cambio normativo implica una ampliación en cuanto a la exigencia de “Capital Regulatorio” mínimo que deben cumplir los bancos, de manera de mantener un
nivel de solvencia aceptable ante pérdidas por riesgos esperados como
inesperados, así como la manera de determinar las provisiones por riesgo de
créditos.
Respecto de lo anterior, es que a partir de 2004 la SBIF inicia un cronograma
denominado hoja de ruta para la aplicación de los principios de los acuerdos de
Basilea II a la industria bancaria nacional, la que concluye con la implementación
parcial como ya se indicó, de algunas de sus propuestas durante el año 2007.
Sin embargo, la crisis sub-prime desatada durante el año 2008, deja en evidencia
una serie de falencias respecto del marco regulatorio denominado Basilea II, en
especial en lo que respecta al alto endeudamiento (apalancamiento) de los bancos
norteamericanos, la forma de aplicar la metodología VaR (Value at Risk), para la
enfrentaron las instituciones de todo el mundo durante la crisis. Dados estos
escenarios que se develaron, es que el comité de Basilea comienza a desarrollar
lo que vendrá llamarse en la actualidad Basilea III, y que en resumidas cuentas
impone mayores y mejor calidad en los requerimientos de capital a los bancos a
través de una serie de incorporaciones y modificaciones hechas al acuerdo de
Basilea II, además de otros requerimientos de liquidez y nivel de apalancamiento
no incorporados hasta la fecha.
De esta forma es que a través del presente trabajo se pretende cuantificar la
pérdida de rentabilidad, que implica la adecuación de capital para la industria
bancaria nacional, y la adopción de los estándares de los últimos acuerdos del
comité de supervisión bancaría de Basilea II y III, en lo concerniente a la mayor y
mejor capitalización requerida.
2. Objetivo General
Analizar el impacto en los resultados económicos y financieros que los
requisitos de los acuerdos de Basilea II y III imponen o impondrán a las
instituciones financieras de la industria bancaria nacional respecto de los
beneficios esperados por la mejora de la estabilidad económica y financiera de
la banca nacional.
3. Objetivos Específicos
Determinar y explicar los requisitos de capital de los acuerdos de Basilea II y III que deben cumplir los bancos nacionales para gestión de los Riesgos de
Crédito, Financiero Operacional y de Liquidez.
Analizar cómo afectan y que impactos tienen estos requisitos de mayor nivel Capital Económico mínimo exigido, en la generación de resultados si existe, y
en la solvencia patrimonial.
Determinar los efectos en la banca, que la implementación de estos requisitos regulatorios le han significado en términos de rentabilidad.
4. Hipótesis
Verificar la relevancia del impacto en rentabilidad por la incorporación de los
requisitos de mayor y mejor capital que la modificación a ley de bancos
impondrá a la banca nacional debido a la adopción de las normas de Basilea II
y la nueva norma de Basilea III, y cuantificar su efecto.
5. Alcance
El alcance de este estudio se enmarca en el análisis de la industria bancaria
nacional y de las instituciones financieras que la componen, y que están sujetas
a la supervisión del ente regulador nacional, la SBIF, incluidas filiales de bancos
extranjeros y oficinas de representación que operan en el país.
6. Metodología
Para la realización del presente trabajo se requirió de la recopilación y
sistematización de los estados financieros anuales, y los informes emitidos, que
las instituciones financieras de la banca nacional publican y envían al ente
regulador periódicamente de acuerdo con la normativa vigente, con al menos
una antigüedad de 10 años. Con esta información se determinarán los ratios
necesario, a saber aquellos utilizados en la fórmula de Du-Pont para establecer
relaciones entre alguna medida de desempeño y la estructura de capital, entre
otras, y poder establecer el efecto de los nuevos requerimientos de capital en el
desempeño financiero de la Banca nacional. Mediante el análisis de los Estados
financieros consolidados que la banca nacional posee, y que incorporan los
requisitos de capital mínimo exigido por activos ponderados por riesgo, se
describirá la evolución de la estructura de estados financieros a través del
tiempo, y se procederá a modelizar econométricamente esta relación de la
medida de desempeño utilizada a través de ROE como variable dependiente y
el Multiplicador de Patrimonio, y el ROA como variables independientes, a través
de un modelo econométrico de Regresión lineal, y de esta forma estimar el efecto
7. Marco Teórico
7.1. Breve descripción del negocio bancario
El Sistema Financiero y las instituciones que la componen son los entes
encargados de realizar el rol de intermediadores financieros de los flujos
monetarios entre los agentes excedentarios y los deficitarios de recursos
financieros1. Será entonces el sistema financiero el encargado de facilitar el
proceso de traspaso de recursos financieros dentro de una economía,
intermediando flujos de dinero entre los distintos agentes que la componen,
mediante la captación de recursos monetarios, su concentración para posibilitar
el financiamiento de proyectos de inversión, y la canalización de estos recursos
hacia los agentes que invierten, logrando la mayor eficiencia posible en la
asignación de estos recursos. La forma de realizar esto, es a través de dos
mecanismos, el mercado financiero propiamente tal (la financiación directa), y los
intermediarios o instituciones financieras (la financiación indirecta) (Samartín,
2004). Así, los agentes excedentarios de recursos tratan de distribuir
eficientemente el ahorro disponible, entre la compra de activos financieros y los
depósitos bancarios de manera de recuperarlo más adelante con una bonificación
o gratificación (interés ganado). De igual forma los agentes deficitarios poseen
activos físicos, como medios de producción, que financian a través de la emisión
de instrumentos financieros o del crédito bancario, el que tendrán que enterarlo
en períodos futuros con el respectivo costo financiero asociado a su uso (pago de
intereses). Esto es lo que en teoría económica se conoce como la equivalencia
entre ahorro e inversión.
La Banca privada es el más importante y difundido intermediador financiero de las
economías en el mundo. La mayoría de estas instituciones en sus inicios cumplían
la función de cajas de seguridad que resguardaban el dinero efectivo de sus
clientes. El sistema bancario opera sobre la suposición de que no todas las
1 Este último agente, su función dentro de una economía, y los riesgos a que está expuesto, será el objeto de estudio
personas necesitarán y retirarán los fondos invertidos y/o ahorrados en el mismo momento del tiempo. De ser así se produciría lo que se conoce como “corrida o pánico bancario”, que ocurre generalmente cuando se pierde la confianza en una
o todas las instituciones del sistema financiero.
Otro elemento importante, se refiere a la dificultad de regular la creciente actividad
internacional de los bancos comerciales. Las regulaciones bancarias domésticas
son menos eficaces en un contexto internacional, donde los bancos pueden
cambiar de lugar sus negocios entre distintas jurisdicciones normativas, y sacar
provecho de estas asimetrías de normas (arbitraje normativo).
7.2. Antecedentes históricos de la normativa internacional
Ante este escenario, y en repuesta al episodio del 26 de junio de 1974 del banco
alemán Herstatt2, los presidentes de los bancos centrales de once naciones
industrializadas formaron en 1974 un grupo llamado el “Comité de Basilea”, que
tenía como misión conseguir una mejor coordinación de la vigilancia ejercida por las autoridades nacionales sobre el sistema bancario internacional…”. (Este grupo
tomó el nombre de la ciudad suiza de Basilea, lugar sede de la reunión de los
bancos centrales, en el Banco de Pagos, o Conciliaciones Internacionales), -Bank
of International Settlements, BIS-. (Carolina Queupil Q., 2004). El Comité de
Basilea es en la actualidad es el mayor foro de cooperación entre legisladores
bancarios de diferentes países del mundo integrado en la actualidad por los países
de G-20.
En 1975, el Comité de Basilea alcanzó un acuerdo llamado Concordato, por el que
se asignaban las responsabilidades de inspección de los establecimientos
bancarios multinacionales entre los bancos matrices y los países anfitriones.
Además, el Concordato requería que se compartiera la información sobre los
bancos, entre los legisladores de los países anfitriones y de los países de origen,
y que se garantizará el permiso de inspeccionar por o en nombre de las
2La liquidación de este banco se dio producto de una operación de compra de divisas por parte de otros bancos al
autoridades de los países de origen en el territorio de los países anfitriones. En
trabajos posteriores, el Comité de Basilea localizó lagunas en la inspección de los
bancos multinacionales y llamó la atención sobre ello a las autoridades
nacionales. El Comité recomendó, por ejemplo, que los reguladores vigilen los
activos de las filiales extranjeras de los bancos, así como los de sus sucursales
en el exterior.
No obstante, lo anterior, siendo éste un buen inicio, adolecía de muchas de las
salvaguardas constituidas en las normativas nacionales para cada una de las
instituciones financieras con operaciones en el exterior. Persistían asimetrías
normativas en las distintas jurisdicciones en donde operaban las filiales y/o
sucursales de los bancos internacionalizados. Estas diferencias de regulación
abrían espacios para la generación de ventajas competitivas para muchos de los
bancos en un ambiente globalizado. Se requirió así la generación de estándares
regulatorios más acorde a la globalización de la actividad financiera, que
permitieran que las actividades internacionales de estas instituciones sean más
competitivas. Distintas iniciativas comenzaron a aparecer, tanto en Estados
Unidos como en Europa, no obstante, hasta antes de 1988 no existían normas
internacionales uniformes sobre capital bancario.
En 1988 el Comité de Basilea estableció el primer acuerdo sobre “Capital Regulatorio” para las instituciones financieras. Este hecho representó el mayor
avance en la convergencia internacional relacionada a la regulación de
supervisión que rija la suficiencia de capital. Su principal objetivo fue promover la
solidez y la confiabilidad del sistema bancario internacional y garantizar
condiciones homogéneas de competencia para los bancos internacionalmente
activo. Esto se lograría con requisitos mínimos de capital (incluyendo la
transferencia entre países) basado en riesgo de crédito, considerando que las
autoridades supervisoras de cada país, habían sido discretas al construir otros
modelos de riesgos o aplicar medidas más estrictas (Carolina Queupil Q., 2004).
bancario miembro de los países del G-10, finalmente fue reconocido como una
medida global y adoptado por más de 120 países alrededor del mundo.
Este marco definió los componentes del “Capital Regulatorio” y la asignación de
ponderaciones de riesgo en las distintas categorías de los activos en el balance
(solo cinco categorías o bloques), debido a que se relacionan con distintas clases
de riesgo. La proporción mínima de riesgo de capital regulatorio con relación al
total de activos ponderados por riesgo, fue fijada en un 8%3, de los cuales el capital
básico o “core capital” (una definición más apropiada para este concepto es
“capital Tier 1”4) debería ser por lo menos de un 4%.
Para estos efectos, el capital se clasifica en dos componentes:
El Capital Tipo 1 (o Tier 1), formado por el capital accionario y las reservas divulgadas de las utilidades retenidas.
Capital Tipo 2 (o Tier 2), que incluye las reservas no divulgadas, reservas de
revaloración de activos, provisiones de pérdidas por préstamos y deuda
subordinada. El apartado 4.1 del anexo detalla lo expuesto.
Basilea I condujo a una recuperación de los niveles de capital de la banca en
países más desarrollados y a una adición de capital en muchas jurisdicciones
bancarias. Sin embargo, su estructura simple también se tradujo en importantes
limitaciones. El ponderador uniforme de riesgo de 100% para la mayor parte de la
cartera de préstamos denota una insuficiente diferenciación (ver tabla n°1
anexos). Esa estructura no se ha mantenido a la par con innovaciones financieras
e instrumentos financieros más complejos que han ganado importancia en años
recientes, tales como notas estructuradas y productos derivados. Asimismo,
posibilitó el arbitraje de capital mediante el desplazamiento de activos riesgosos
hacia partidas con menores ponderadores de riesgo de crédito, o directamente
fuera del balance. Por ejemplo, la securitización5 o securitización de créditos, en
3 Este valor se calculó como el promedio entre el mínimo de capital exigido de 4% en Japón y el máximo de 12% en
algunos países de Europa.
4Esta definición de Capital Tier-1 cambia en Basilea III
determinadas jurisdicciones bancarias se ha traducido en el mantenimiento en los
activos de los bancos de títulos con ponderadores de riesgo que no guardan
relación con sus riesgos de pérdida (SBIF, 2005).
Con los bancos adquiriendo crecientemente riesgo de mercado, a principios de
los años 90´s, el Comité de Basilea decidió actualizar el Acuerdo de 1988 para
incluir requerimientos de capital por concepto de Riesgo de Mercado. Los trabajos
comenzaron en enero de 1992. Luego, en 1993, el Comité lanzó un paquete de
enmiendas propuestas al acuerdo de 1988. Los bancos deberían identificar un
libro de negociación “trading book” y mantener un capital por concepto de riesgo
de mercado de dicho libro y por exposiciones al tipo de cambio a lo largo de toda
la organización (libro de negociación más libro de banca). La nueva propuesta del
Comité de Basilea fue adoptada en 1996 como una enmienda al Acuerdo de 1988,
y entró en efecto en 1998 (Carolina Queupil Q., 2004, págs. 35,36).
Así, se establece que a contar de fines de 1997 los bancos deberían medir y
aplicar cobros de capital con respecto al riesgo de mercado, el cual se define como: “El riesgo de pérdidas en posiciones dentro y fuera de balance que surgen de los movimientos en los precios de mercado” (Basilea, 1996). Los riesgos
sujetos a estos requisitos son los siguientes:
Los riesgos pertenecientes a instrumentos relacionados a tasas de interés y
activos de capital (equities) en el libro de negociación (trading book)
Riesgo de tipo de cambio y de commodities a lo largo de todo el balance del
banco.
Para estos efectos, se define Libro de Negociación como aquél que representa las
posiciones de propiedad del banco en instrumentos financieros (incluyendo las
posiciones en productos derivados e instrumentos fuera de balance) que se
mantienen intencionalmente para la venta a corto plazo y/o los cuales son
tomados por los bancos con la intención de percibir beneficios a corto plazo a
o desde otras variaciones de precios o tasas, o de posiciones tomadas en orden
de cubrir otros elementos del libro de negociación (Basilea, 1996).
Todos los ítems deben estar registrados a “valor justo” de mercado (Fair Value)6.
Al igual que para el riesgo de crédito, los requerimientos de capital por concepto
de riesgo de mercado se aplicarían de manera consolidada.
Para efectos de cumplir los requerimientos de capital, Basilea II agrega un tercer
nivel (Capital tipo 3 o Tier 3) que sólo es utilizable para propósitos de satisfacer
una parte de los requerimientos de capital por riesgo de mercado.
Este Capital tipo 3 consiste en la deuda subordinada a corto plazo, que debe como
mínimo cumplir con:
No ser garantizada, ser subordinada y encontrarse completamente cancelada.
Contar con un vencimiento original de al menos 2 años.
No ser devuelta antes de la fecha de pago acordada, a menos que la autoridad supervisora lo acuerde.
Estar sujeta a una cláusula de “bloqueo” que estipula que ni el capital ni los
intereses podrán ser cancelados (incluso al vencimiento) si dicho pago
representa que el banco caiga o permanezca por debajo de su requerimiento
mínimo de capital (Carolina Queupil Q., 2004).
La metodología de cálculo de riesgo de capital por riesgo de mercado permite la
elección entre dos opciones:
Metodología estandarizada
Uso de modelo internos (I.R.B.)
La metodología estandarizada usa un enfoque de “bloques” donde se calcula un
cargo de capital por concepto de riesgo de tasa de interés, valores de acciones,
tipo de cambio, commodities y derivados, los cuales son luego sumados
aritméticamente. La forma de calcular los cargos está claramente establecida, y
es el “piso” como metodología de cálculo, por lo cual los bancos que cuenten con
sistemas menos sofisticados y de poca exactitud deben atenerse a esta
metodología. El uso de modelos internos estará sujeto al cumplimiento de una
serie de requisitos previos de carácter cualitativo y cuantitativo (ver apartado 4.2.
del anexo) (Carolina Queupil Q., 2004).
En junio de 1999, el Comité de Supervisión Bancaria publicó un primer documento
de consulta sobre el Nuevo Acuerdo de Capital, o Basilea II, que remplazaría al
Acuerdo de 1988. En enero de 2001, el Comité publicó un nuevo documento de
consulta en el que se desarrollaba el Nuevo Acuerdo de Capital, y que suponía la
introducción de requerimientos de capital por riesgo operacional. Finalmente, el Comité de Basilea a fines de junio de 2004 presentó el documento “Convergencia Internacional de Medidas y Normas de Capital”. En lo sucesivo, y para simplificar,
se denominará Nuevo Marco de Capital o Basilea II. Este marco remplazó a partir
de 2007 el Acuerdo de Capital que ese Comité emitió en 1988, también conocido
como Basilea I (Carolina Queupil Q., 2004, pág. 38). Como ya se ha mencionado
su principal propósito es contribuir a la estabilidad financiera de los bancos a
través de mejoras en la medición y gestión de sus riesgos, una amplia
transparencia de su situación financiera y adecuados resguardos de capital.
El modelo revisado proporciona una gama de opciones para determinar los
requerimientos de capital por concepto de riesgo de crédito, riesgo de mercado y
riesgo operacional, modelos que difieren en su grado de sofisticación, para
permitir a los bancos y supervisores adoptar los modelos más apropiados a sus
operaciones y la infraestructura de su mercado financiero. Basilea II mantiene
algunas de las disposiciones establecidas en el Acuerdo de 1988, es decir, que
los bancos mantengan un capital equivalente al menos del 8% de sus activos
ponderados por riesgo, así como también la estructura básica de la Enmienda de
1996 sobre Riesgos de Mercado y la definición del capital elegible (Tier 1, 2 y 3).
Este “Marco de Capital” se basa en tres pilares, integrados entre sí y que se
asumen los bancos y para establecer adecuados resguardos de capital (Samartín,
2004). Estos pilares se refieren respectivamente a:
Pilar I: Requisitos de capital mínimo.
Pilar II: Análisis del proceso de supervisión.
Pilar III: Disciplina de mercado.
“El Pilar I constituye una extensión y actualización de Basilea I. Este pilar dedica
considerable atención al riesgo de crédito, y define e incluye por primera vez el
riesgo operacional. El Pilar II se refiere principalmente al proceso supervisor de
los requisitos de suficiencia de capital, y persigue que el capital regulador de los
bancos esté en línea con sus capitales económicos. Por su parte, el Pilar III
descansa en la transparencia de los riesgos y de la situación financiera de los bancos con el objeto de incorporar activamente “disciplina de mercado” por parte
de inversionistas y depositantes, como factor dirigido a preservar su solvencia en
adición al papel de la entidad supervisora. Un cuarto Pilar, que se habría referido
a provisiones, no fue incluido en el Nuevo Marco de Capital ante prácticas
contables y tributarias dispares en importantes jurisdicciones bancarias (SBIF, 2005)”. Sin embargo, Basilea II entrega importantes referencias sobre el riesgo de
crédito y la relación entre provisiones y capital. En línea con esto último, el proceso
de adopción de normas internacionales contables y de información financiera
(IASB-NIIC e IFRS) en la mayoría de los países durante el último tiempo permitirá
una mayor integración y convergencia internacional respecto de la adopción de
nuevas normas que el Comité de Basilea aún no ha establecido o mantiene en
estudio.
Basilea II pretendía mantenerse como un referente en materia de gestión y
supervisión bancaria a través de la opción a los bancos, sujeta a condiciones, de
aplicar diversos enfoques de riesgo. Estos enfoques incluyen los estandarizados
y los que se basan en evaluaciones internas de los propios bancos, estos últimos
siguiendo la enmienda de 1996 sobre riesgo de mercado. Los primeros recurren
crédito de activos de Basilea I, y se estiman adecuados para bancos de tamaño
medio o pequeño y cuyas actividades se centran en sus respectivos mercados
domésticos. Los segundos otorgan un importante papel a los propios bancos en
la elaboración de modelos internos de riesgo (IRB)7. Se consideran apropiados
para bancos de mayor tamaño, con frecuencia internacionalmente activos, y que
ofrecen servicios financieros innovadores y productos de banca de inversión
(SBIF, 2005). El apartado 4.3., del anexo ofrece mayor descripción de lo
anteriormente indicado para Basilea II.
Además, los acuerdos de Basilea II se basan en veinticinco principios cuyo
objetivo es lograr que el sistema de supervisión sea efectivo. Los tópicos que
abarcan estos principios se clasifican en (Carolina Queupil Q., 2004):
Precondiciones para una supervisión bancaria efectiva (principio 1) Otorgamiento de licencias y estructuras (principios 2-5)
Normativa y requerimientos prudenciales (principios 6-15)
Métodos para la supervisión bancaria en marcha (principios 16-20) Requerimientos de información (principio 21)
Poderes formales de los supervisores (principio 22) Banca transfronteriza (principio 23-25)
Cabe destacar que la orientación del presente trabajo tiene directa relación con la sección de principios “Normativa y requerimientos prudenciales”, donde se releva
la necesidad de que los bancos manejen los suficientes recursos, en concordancia
a los riesgos tomados, incluyendo capital suficiente. En especial los principios 7
al 10 hacen alusión a criterios para una buena administración del riesgo de crédito,
mencionando las políticas y procedimientos que debieran existir para efectos del
otorgamiento de préstamos y realización de inversiones, evaluación de calidad de
los activos y de la suficiencia de provisiones y reservas por pérdidas en préstamos,
adecuados sistemas de información gerencial para identificar de manera oportuna
concentraciones de crédito, acatando los límites a exposiciones establecidos, y,
finalmente, sobre prevenir los abusos que emergen de los préstamos relacionados
(Carolina Queupil Q., 2004).
Los riesgos de pérdida que asumen las instituciones al intermediar fondos y
prestar servicios financieros se pueden clasificar en los que toman en forma
deliberada y en aquellos que asumen en forma involuntaria. La principal
característica de los primeros es que se pueden medir y gestionar (SBIF, 2005).
Basilea II recurre a funciones de probabilidad y a herramientas estadísticas para
medir los riesgos y para desglosarlos en pérdidas esperadas e inesperadas. La
derivación de estas funciones parte de la base de un gran número de eventos que
se repiten en el tiempo (SBIF, 2005).
El cuadro n°1 presenta definiciones de diversos riesgos de pérdida que los bancos
miden y gestionan, referidos a riesgos de crédito, mercado, operacional, de tasa
de interés en el libro de banca, y liquidez, aunque este último puede no
acomodarse a un enfoque estadístico. El Pilar I del Nuevo Marco de Capital se
refiere a los primeros tres de estos riesgos: los de crédito, mercado y operacional
(SBIF, 2005).
Los riesgos de pérdida involuntarios se originan principalmente en eventos
esporádicos e inciertos. Provienen principalmente del entorno económico y
financiero y pueden ocasionar importantes pérdidas inesperadas en un amplio
grupo de bancos, ante bruscas caídas en la actividad económica que impactan
negativamente el valor de sus carteras de préstamos, y/o movimientos adversos
en las tasas de interés y en los tipos de cambio que reducen el valor de sus
carteras de inversiones o aumentan el valor de sus pasivos exigibles. En
consecuencia, se trata de pérdidas inesperadas en las carteras de préstamos e
inversiones por eventos que responden al riesgo sistémico de su entorno. Los
bancos no pueden gestionar estos eventos, pero pueden precaver las pérdidas
inesperadas que ocasionan mediante mayores dotaciones de capital estipuladas
Por otro lado, se considera el riesgo operacional como, fallas en las personas,
sistemas y procesos, que igualmente pueden ocasionar pérdidas inesperadas. En
determinados casos pueden ser significativas, pero los eventos que las ocasionan
se circunscriben generalmente a la institución en el que esas fallas tienen lugar
(SBIF, 2005).
Por último, indicar que, “perspectivas económicas desfavorables, o movimientos
adversos en el sistema de precios, también pueden afectar la capacidad de pago
de grupos de deudores en determinados sectores económicos, regiones o
industrias. Por ello, el riesgo de crédito en la banca también tiene una dimensión
sectorial que puede exceder la evaluación de deudores individualmente
considerados, en particular, en bancos que tienen carteras de crédito
concentradas en alguna industria en particular. Este riesgo de pérdida se cubre
mediante provisiones adicionales (extraordinarias) en el régimen vigente de
provisiones en la banca del país, y a través de provisiones específico-generales
de cartera, “portfolio-specific general provisions”, en Basilea II (SBIF, 2005).
Tabla n°1 Clasificación de Riesgos Financieros
Riesgo de Crédito
Riesgo de pérdida que se origina en el incumplimiento de pago de un deudor con sus obligaciones pactadas. El riesgo de crédito incluye el riesgo de crédito de operaciones de securitización, y el riesgo país o de transferencia.
Riesgo de Mercado
Riesgos de pérdidas que provienen de movimientos adversos en los precios de mercados de instrumentos financieros en el libro de negociación, "Trading Book". En el caso de bonos y títulos de deuda el factor de riesgo se refiere principalmente
a la tasa de interés.
Riesgo Operacional
Riesgo de pérdida que proviene de una falta de adecuación o de una falla de procesos, personas y sistemas i ternos o bien de acontecimientos externos. El riesgo operacional incluye entre otros el riesgo tecnológico y el riesgo legal.
Riesgo de Liquidez
Riesgo de pérdida originado por cumplir compromisos teniendo que liquidar activos en el corto plazo a precios no razonables.
7.3. Estado actual
La crisis financiera de 2008-09 ocasionó fuertes impactos en los sistemas
financieros mundiales y en las economías más desarrolladas, induciendo un
período de revisión y evaluación de las regulaciones financieras a nivel mundial
con el fin de determinar qué cambios deberían realizarse frente a las regulaciones anteriores” (Alvarez F.Sara, 2011).
Como consecuencia de la crisis se generaron sendas pérdidas significativas en
instituciones del Sector Financiero con impactos globales. Según la FDIC (Federal
Deposit Insurance Corporation, 2011)8, sólo en EE.UU., 405 bancos entraron en
bancarrota desde el inicio del año 2007 hasta 2011
Lo anterior indicó que los procesos implementados para la medición y gestión de
los riesgos crediticios en años anteriores han presentado falencias bajo estrés
(Greenspan, 2008) y lleva a la pregunta, si la política actual, a través de la
actualización de la normativa, ha respondido de una manera adecuada a los
desarrollos de los últimos años con respecto a la evaluación y gestión del riesgo
crediticio.
Como resultado de la evaluación, fue publicado en diciembre de 2010 el acuerdo
de Basilea III, el cual contiene las modificaciones que deben ser aplicadas al
8La FDIC, es un organismo controlador de EE.UU. que administra los seguros de depósitos contra pérdidas que los
acuerdo de Basilea II; el que propuso tres metodologías generales en materia de
medición del riesgo de crédito: método estándar, método IRB (Internal Ratings
Based) y método IRB avanzado, siendo los dos últimos, modelos internos de
medición, los cuales se pueden basar en diferentes modelos teóricos (Alvarez
F.Sara, 2011).
Debido a que estas medidas endurecen más aun la conformación de mayor y
mejor capital, Basilea III ha dispuesto un periodo de transición hasta el año 2019
para implementar las nuevas medidas a nivel internacional.
La reforma de Basilea III incluye los siguientes elementos (Rodriguez de Codes,
2010) :
Aumento de la calidad del capital para asegurar su mayor capacidad para absorber pérdidas. Recordemos que Basilea II había mantenido básicamente
la definición de capital del Acuerdo de 1988.
Mejora de la captura de los riesgos de determinadas exposiciones. Se mejora la medición de los riesgos. Se modifica el cálculo de los riesgos para
determinadas exposiciones que la crisis probó que estaban mal capturados. En
particular, para las actividades de la cartera de negociación, securitizaciones,
exposiciones a partidas fuera de balance por activos contingentes y al riesgo
de contraparte que se deriva de las exposiciones en derivados. En todo lo
demás, se mantiene el tratamiento establecido en Basilea II.
Constitución de colchones (buffers) de capital de conservación, para los buenos
períodos del ciclo económico que puedan ser utilizados en períodos de estrés
y/o caída de la actividad económica (contra cíclico). Se busca así contribuir a
un sistema bancario más estable, que ayude a amortiguar, en lugar de
amplificar, las crisis económicas y financieras.
Introducción de una ratio de apalancamiento como una medida complementaria a la ratio de solvencia basada en riesgo, con el objetivo de contener el
Aumento del nivel de los requerimientos de capital, para fortalecer la solvencia de las entidades y contribuir a una mayor estabilidad financiera. El nivel del ratio
de solvencia tampoco se había modificado en Basilea II.
Mejora de las normas del proceso supervisor (pilar 2 de Basilea II) y de la disciplina de mercado (pilar 3) y establecimiento de guías adicionales en áreas
como gestión del riesgo de liquidez, buenas prácticas para la valoración de
instrumentos financieros, ejercicios de estrés testing, gobierno corporativo y
remuneración.
Introducción de un estándar de liquidez que incluye una ratio de cobertura de liquidez a corto plazo y una ratio de liquidez estructural a largo plazo. El objetivo
es asegurar que las entidades tengan colchones de liquidez suficientes para
hacer frente a posibles tensiones en los mercados y una estructura de balance
que no descanse excesivamente en la financiación a corto plazo.
En la nueva regulación, el capital de mayor calidad, Common Equity, va a
constituir la pieza fundamental de la reforma. El Common Equity está formado por
acciones ordinarias (o su equivalente para las compañías que no son sociedades
anónimas) y beneficios retenidos (reservas), a los que se aplican determinados
ajustes. La aplicación de estos ajustes a escala de Common Equity tiene como
objetivo asegurar la calidad del mismo, es decir, su plena capacidad para absorber
pérdidas. Algunos de estos ajustes son deducciones que anteriormente se
aplicaban, o bien a escala de Tier 1, o bien a escala de Tier 1 y Tier 2 en Basilea
II. La aplicación de las mismas, a escala de Common Equity supone, por tanto, un
endurecimiento significativo de las normas de capital (Rodriguez de Codes, 2010).
Las reformas del Comité también incluyen un aumento de los requerimientos de
capital para las retitulizaciones, ya que demostraron ser una fuente sustancial de
pérdidas durante la crisis. Los requerimientos se han elevado para reflejar su
mayor exposición al riesgo sistémico y a su complejidad. Por otro lado, las
securitizaciones y retitulizaciones incluidas en la cartera de negociación quedan
sujetas de manera general a los mismos requerimientos que los de la cartera de
nuevas normas exigen que la entidad lleve a cabo análisis de crédito más
rigurosos de las securitizaciones y retitulizaciones, aunque ya cuenten con una
calificación externa. En caso contrario, se incrementarán los requerimientos de
capital. Por último, se han introducido ciertas mejoras al marco de
securitizaciones, eliminando el tratamiento favorable que tenían las líneas de
liquidez a corto plazo concedidas a cuentas fuera de balance. Estas medidas y las
recogidas en el párrafo anterior sobre la cartera de negociación fueron aprobadas
y publicadas en julio de 2009 y su implantación para la Unión Europea se realizó
a finales de 2011 (Rodriguez de Codes, 2010).
Durante la crisis también se observó que el riesgo de contraparte, frente a las
entidades con las que se negociaban productos derivados (en especial seguro de
créditos o CDS – credit default swap), estaba incorrectamente calculado. Por
ejemplo, solo se estaba teniendo en cuenta el efecto del riesgo de impago de la
entidad contraparte, pero no el riesgo de una baja de la calificación crediticia de
la misma, o el efecto de que exista una correlación positiva entre la probabilidad
de impago de la contraparte y el valor de la exposición. Por ello, las nuevas
medidas revisan los cálculos para endurecer los requerimientos de capital por
riesgo de contraparte (Rodriguez de Codes, 2010).
En otro ámbito, se propone aumentar los requerimientos de capital por riesgo de
crédito a las exposiciones interbancarias frente a entidades grandes, definidas
como las que tienen activos totales superiores a 100.000 millones de dólares. Esto
solo afecta a las entidades que calculan sus requerimientos de capital por riesgo
de crédito utilizando modelos internos (Rodriguez de Codes, 2010).
Otra de las medidas acordadas para aumentar la fortaleza del sistema bancario
es la introducción de una ratio de apalancamiento. Con esta ratio, que relaciona
el capital con la exposición total de la entidad, se pretende desarrollar una medida
sencilla, transparente y ajena al riesgo que complemente al ratio de solvencia
basada en riesgo. El ratio tiene como objetivo limitar el apalancamiento excesivo
en el sistema bancario. Asimismo, al ser una medida que no establece
valorando mal el riesgo y asignando en su coeficiente de solvencia, menos capital
del necesario a determinadas exposiciones (Rodriguez de Codes, 2010).
Las entidades bancarias deberán cubrir con Common Equity, como mínimo, el
4,5% de sus activos ponderados por riesgo, y con Tier 1 (ahora formado por
Common Equity -CET1-, y elementos adicionales de Tier 1, -AT1-), como mínimo,
el 6% de dichos activos ponderados; y con capital regulatorio (Tier 1 más Tier 2),
al menos, el 8% de los mismos. A estos requerimientos mínimos se suma la
exigencia de constituir un colchón de conservación de capital, por el que las
entidades deberán tener una cantidad extra de Common Equity igual o superior al
2,5% del valor de sus activos ponderados por riesgo. Este colchón es adicional al
requerimiento mínimo de capital de Common Equity. Las entidades que no
cumplan el nivel mínimo de colchón de conservación de capital se verán sujetas a restricciones en la distribución de resultados” (Rodriguez de Codes, 2010).
Con la nueva normativa se pasará, por tanto, de un requerimiento mínimo de
Common Equity (antes de ajustes) de un 2% a un requerimiento mínimo de
Common Equity (con ajustes) de un 4,5%. Si añadimos el colchón de capital que
las entidades deben constituir, el importe del Common Equity será de, al menos,
un 7% del valor de los activos ponderados por riesgo. El apartado n°4.4 del anexo
resume lo dicho.
7.4. Situación a nivel Nacional
Los bancos en Chile están sujetos a la supervisión de una entidad fiscalizadora
conocida como Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras (SBIF),
dependiente del Ministerio de Hacienda, quien tiene por misión supervigilar que la
actividad bancaria se mantenga bajo la normativa vigente. El Principal emisor de
las normas bancarias en Chile es, el Banco Central de Chile (BCCH), quien se
encarga de la redacción de esta Ley. El BCCH es el principal organismo de
administración, interpretación y aplicación de normas y reglamentos que regula a
los bancos e instituciones financieras en su actuar. La importancia de lo anterior
nefastas para las economías en general. Los países intentan prevenirlas mediante
un amplio conjunto de regulaciones a su actividad bancaria. Muchas de las
medidas preventivas de regulación bancaria que se toman en la actualidad, son
el resultado de experiencias catastróficas sufrida en distintas crisis
económico-financieras del pasado. No obstante, lo anterior, la relajación de las políticas y/o
mayor desregulación de la actividad financiera a nivel mundial, con fines de
dinamizar las economías, producto principalmente de la creciente globalización
del comercio y del libre flujo de capitales, terminó por generar efectos adversos y
desatar sendas crisis financieras globales.
Chile en la actualidad se encuentra adscrito a las normas y regulaciones de los
acuerdos de Basilea I y en parte a su enmienda del año 1996, a partir de un
cronograma que definió las etapas a cumplir para la transición Basilea II, y que
comenzó en el año 2004, pero que ya había dado inicio con anterioridad, mediante
la modificación de la Ley General de Bancos a fines de la década de los noventa
(1997), y la emisión y cambios de una serie de normas y circulares que regulaban
la actividad de los bancos y que finalizó en 2007 con una implementación parcial
a nivel nacional. Cumpliéndose entonces con dos de los tres pilares definidos para
en Basilea II, pero manteniendo los requisitos de Capital de Basilea I para el pilar
I.
Respecto del avance en Chile en cuanto a la implementación de las
modificaciones de los acuerdos de Basilea II (completo) y Basilea III, post crisis
sub-prime, la SBIF, realizó una presentación titulada “Un nuevo marco regulatorio
para la banca en Chile” en junio de 2015, en donde entre otras cosas destaca la
importancia de revisar y modificar la ley de Bancos nuevamente para incorporar
los nuevos acuerdos del BIS respecto de la actualización a Basilea III, advirtiendo
que el país ya se quedó atrás en aspectos regulatorios. Destacando la importancia
del Gobierno Corporativo que debe cumplir la SBIF en este proceso y de la
actualización que los aspectos bancarios requieren.
Se desprende de lo anterior que Chile a diferencia de lo ocurrido en la década del
de los nuevos estándares y acuerdos. No obstante, ya se han iniciado las primeras
tratativas a nivel nacional. En 2015 el ministro de hacienda de la época se
comprometía a enviar a finales de dicho año un proyecto de ley al congreso para
modificar la ley de bancos. En junio de 2017 se presenta a la presidenta Bachelet
el proyecto de ley que modifica la Ley General de Bancos. En la ocasión se firmó
el envío del proyecto a la cámara de diputados para que comenzara su trámite9.
Pese al lento avance hacia la incorporación de Basilea II y III, la superintendencia
ha realizado algunos avances en lo que a gestión de liquidez se refiere. Considerando que “el proceso de gestión de liquidez de un banco debe asegurar
el cumplimiento de las obligaciones en todos los plazos, incluyendo los intradía.
Asimismo, este proceso debe hacer posible anticipar las necesidades de liquidez
futuras, considerando cualquier evento, tanto idiosincrático como sistémico, que
pueda ocasionar situaciones de tensión en la liquidez del banco (Forteza S. Jaime,
2015).
Es así que en enero de 2015 una revisión implementada por el Banco Central de
Chile (BCCh), que se materializó en el Acuerdo N° 1879-03-150122 de enero de 2015, bajo el cual se emitió el nuevo Capítulo III.B.2.1 (“Normas sobre la gestión
y medición de la posición de liquidez de las empresas bancarias”) de su
Compendio de Normas Financieras (CNF). Este cambio normativo busca
fortalecer las políticas de gestión del riesgo liquidez en la banca, alineándolas a
las orientaciones recientes del Comité de Supervisión Bancaria (CSBB); adaptar
los estándares internacionales a la realidad local, con tiempos prudentes para su
calibración e implementación; establecer mayores exigencias a la gestión y
medición del riesgo de liquidez; hacerse cargo de la internacionalización de la
banca y de la integración del país a diversas instancias internacionales; mejorar
la calidad y frecuencia de la información que la banca debe entregar a la SBIF
para fines de supervisión y monitoreo (Pilar II y III de Basilea II), y aumentar la
información que los bancos entregan al público (Forteza S. Jaime, 2015).
Esta nueva normativa constituye entonces un pequeño avance hacia la aplicación
de los estándares de Basilea II y III en cuanto a mejoras de la supervisión bancaria
nacional.
Respecto del impacto que implica la adopción de los acuerdos de Basilea III para
la industria bancaria (tema central del presente trabajo) se encontró primeramente
una estimación en la prensa de empresas consultoras y de auditorías que indican
un costo estimado de USD 2.000 millones (Deloitte, 2018), luego durante el desarrollo del presente trabajo apareció una publicación de la SBIF de su “serie de estudios normativos” de marzo de 2018 que cifraba dicho monto en USD 2.800
(Silva S., Forteza S., Figueroa de la Barra, & Cayazzo G, 2018).
Los estudios realizados por la superintendencia apuntan a realizar mediciones de
stress testing para la determinación de la suficiencia de capital en Chile, así como
pruebas de probabilidad de default en la industria. Además, con la incorporación
de la nueva normativa de liquidez, se ha estado midiendo la evolución del nuevo
ratio de liquidez que los bancos deben cumplir de forma de lograr una calibración
más precisa de este ratio (Forteza S. Jaime, 2015).
Por su parte en los documentos de trabajo del banco central de chile, lo más
cercano al objetivo de este estudio fue la publicación n° 416 titulada “CAPITAL
REGULATION AND BANK RISK TAKING: COMPLETING BLUM’S PICTURE” de
2007 que hace referencia a los efectos intertemporales de las normas de
adecuación de capital sobre la toma de decisiones de riesgo en la banca, bajo el
modelo seminal propuesto por Blum (1999). Donde estipula que el requerimiento
constante de capital implica que, a partir de valores umbrales de capital requerido
se afecta la toma de decisiones de riesgo de los bancos, y concluye entre otras cosas que “requerimientos de capital constantes (como se establece en Basilea I)
son de hecho capaces de reducir el riesgo por debajo de niveles no regulados, e incluso alcanzar el óptimo social sin costos de bancarrota” (Silva, 2007).
Las ultimas noticias al respecto durante el desarrollo del presente trabajo, se
modificación a la Ley General de Bancos, la que había sido aprobada por el
congreso en octubre de 2018, dando así inicio en el país, del nuevo camino hacia
el fortalecimiento de la solvencia del sector bancario en aras de adoptar las nuevas
normativas internacionales de adecuación de Capital de Basilea III, en la cual el
país se encontraba bastante atrasado, y con los menores niveles de capitalización
de la región (Deloitte, 2018). Para este efecto se ha dispuesto un plazo de 6 años
a partir de la fecha de publicación, para que los bancos progresivamente vayan
realizando internamente los cambios necesarios, y de esta manera comenzar a
cumplir gradualmente con las disposiciones que la nueva ley de bancos les
impondrá.
7.5. La industria Bancaria Actual
El negocio bancario tradicional ha ido evolucionando a través del tiempo, sin
embargo como ya se ha indicado su principal actividad sigue siendo la
intermediación de fondos en los mercados financieros10. Además los bancos
forman parte fundamental del sistema económico de una nación, al ser las
principales instituciones para la transmisión de la política monetaria que los
Bancos Centrales del todo el mundo realizan a través de diversos mecanismos
financieros, en aras de mantener la estabilidad de precios de los sistemas
económicos basados en el mecanismo de mercado.
Sin embargo la mayoría los bancos comerciales a nivel global, se han visto
afectados por varios fenómenos que se han venido desarrollando principalmente
durante las últimas dos décadas, como son: la desintermediación financiera y la
desregulación de varios mercados en los que los bancos tradicionalmente no
participaban, la innovación financieras con el desarrollo de nuevos y más
complejos instrumentos financieros, y el desarrollo tecnológico que ha puesto a
disposición de mayores participantes y de manera más rápida a los distintos
agentes en los mercados financieros, haciendo cada vez más interconectados a
las economías de cada país y facilitando la globalización (Sebastian G. & López
10Si bien existen distintas clasificaciones de bancas, este trabajo se enmarca principalmente en la llamada banca
P., 2001). Estos elementos confieren desafíos importantes a la actuación de la
industria bancaria, generando tanto oportunidades con potencial de grandes
beneficios, así como de grandes riesgos que se deben gestionar, tratando de
lograr un sano equilibrio o trade-off entre estos elementos.
Para lograr un desempeño exitoso en su actuar, debido a las singulares
características que presenta los bancos en su modelo de negocio, el que difiere
de la mayoría de las demás industrias, las instituciones bancarias deben gestionar
con el mayor de los cuidados su estructura de balance general para lograr la
generación de las mayores utilidades posibles, dentro del ambiente competitivo
existente. Esta técnica de gestión bancaria se conoce como gestión de activos y
pasivos o GAAPP. Generalmente la GAAPP se lleva cabo por un comité
conformado por los más altos ejecutivos de la institución, quienes están
encargados tanto de la creación de valor como de los riesgos que se asumen, con
la finalidad de reconocerlos cuantificarlos y mitigarlos, y apoyados por áreas
específicas de gestión de riesgo al interior de cada institución (Dermine & Bissada,
2003).
A grandes rasgos el negocio bancario consta de dos claras actividades, captar
depósitos del público, con el compromiso de su restitución en tiempo y formas
pactadas, y, por otra parte la colocación de los recursos pactados a través de la
oferta de préstamos al público que los requiere, y que puede reembolsarlos en el
futuro. Ambas actividades dan origen a los activos y pasivos que se generan en
el Balance General de cada banco producto de su actividad intermediadora. Así
los Bancos Comerciales gestionan sus activos y pasivos de manera de lograr una
adecuada estructura de balance, con el fin de maximizar su valor (Sebastian G. &
López P., 2001).
Como cualquier otro negocio, para lograr su objetivo de maximizar el valor de los
accionistas, las entidades bancarias diseñan instrumentos financieros que
satisfacen las necesidades del público, tanto para la captación, como para la
colocación de fondos. A los primeros se les resarce su depósito (préstamo) con el
colocación por el uso de fondos solicitados mediante créditos. En una situación
ideal, los bancos querrán pagar la menor tasa de interés de captación posible y
recibir la mayor tasa de interés de colocación. De esta forma el banco tratará que
este diferencial de tasas o spread, sea los más amplio posible. El diferencial de
tasa al cual se hace alusión se conoce como margen de intermediación, margen
financiero, o spread, y es una de las medidas de rentabilidad – entre otras- que
más se vigilan en la actividad bancaria ya que corresponde al mayor ítem de
ingreso con el que los bancos comerciales cuentan (Sebastian G. & López P.,
2001).
Sin embargo las situaciones ideales como la planteada, obedecen a constructos
teóricos para explicar de manera simplificada conceptos alusivos a la realidad en
estudio, en donde todos aquellos factores indicados que han venido
desarrollándose desde hace un par de décadas a nivel mundial, han intensificado
la competencia de los bancos, ampliando los límites de la industria, y estrechando
los márgenes financieros antes mencionados, en especial en los países más
desarrollados financieramente. No obstante, a raíz esos mismos factores
mencionados al inicio, los bancos han entrado en nuevos negocios e industrias
relacionadas a la actividad financiera, y que han compensado en parte el
estrechamiento de los márgenes financieros a nivel mundial, pero a costo de
asumir nuevos riesgos. (Sebastian G. & López P., 2001). Esta tendencia es lo que
ha venido a desarrollar el concepto de Banca Universal. La industria nacional no
ha estado exenta a estos cambios, y también ha venido modificando y ampliando
su estructura de servicios, ya sean a través de las adquisiciones, fusiones o
acuerdos comerciales con otras empresas para ofrecer de forma directa, indirecta
o conjunta estos nuevos servicios.
Debido a su actividad de intermediación de fondos, los bancos operan mucho más
apalancados que la mayoría de las demás industrias. Por ejemplo para Chile, la
relación de Pasivos a Patrimonio es de alrededor 11 veces, y su nivel de
endeudamiento ha fluctuado en torno al 92% (ver próximo capítulo). Lo anterior
implicancias tanto positivas como negativas para el sector. Por un lado de acuerdo
a la teoría tradicional de la estructura de capital desarrollada por Modigliani Miller
(Stephen, Randolph, & Jeffrey, 2009), a mayor apalancamiento financiero, mayor
es la rentabilidad del patrimonio, en comparación con la rentabilidad del pasivo
(principalmente el pasivo oneroso). Esto debido al mayor riesgo que enfrentan los
dueños del capital bancario, al tener que soportar un mayor endeudamiento por
un lado y estar afectos al riesgo propio del negocio por otro.
Por otro lado, para cualquier empresa un bajo nivel de capitalización indica un
bajo nivel de solvencia para hacer frente a eventuales pérdidas. Esto es
particularmente crítico para la industria bancaria, principalmente por los riesgos
que debe asumir en su actividad intermediadora. De especial importancia es el
riesgo de crédito, que es el que más expone a pérdidas a la banca comercial, en
especial en los mercados menos desarrollados financieramente, es decir, el riesgo
de incumplimiento en los pagos por parte del prestatario. Si la cartera de crédito
de una institución cualquiera se deteriora producto de la morosidad de los
deudores, su valor de mercado y contable disminuye, por otra parte el valor de
mercado del pasivo es mucho menos sensible a las variaciones de precio y su
valor de mercado es muy similar a su valor contable. De esta forma al disminuir
fuertemente el valor de los activos, el valor del capital lo hace con la misma
intensidad, llegando en situaciones extremas de pérdidas de activos, a generar un
valor patrimonial negativo, lo que genera que el valor de los pasivos sea mayor
que el de los activos, determinando de esta manera la insolvencia del banco (y de
cualquier empresa), es decir la quiebra. De esta forma el patrimonio y su capital
actúan como buffer (colchón amortiguador) que sirve para absorber las eventuales
pérdidas por riesgo de crédito y otros riesgos que puedan enfrentar. No obstante
esta solvencia es inversamente proporcional a la rentabilidad y creación de valor
para los accionistas, y es por este motivo que los bancos tratan de mantener
niveles de patrimonio lo más bajo posible (Mishkin, 2008).
En la siguiente sección se analizará este trade-off entre solvencia y rentabilidad
requisitos de capital exigidos a los bancos podrían afectar su desempeño
financiero, dadas las últimas modificaciones a los acuerdos de Basilea, en
especial los debidos a la crisis sub-prime que dieron origen a Basilea III.
8. Metodología y Desarrollo
8.1. Análisis de los datos bancaria.
Para realizar el análisis propuesto, se obtuvieron los últimos diez estados
financieros anuales de la banca chilena, de forma agregada y sin individualizar a
ninguna institución en particular. La fuente primaria de información utilizada para
la obtención de los datos financieros fue la página WEB de la SBIF, www.sbif.cl,
en el link “información financiera”.
Los estados financieros obtenidos corresponden a los Balances Generales y
Estados de Resultados correspondientes a los cierres anuales, a partir del año
2009 hasta la fecha, los cuales se consideraron de forma agregada, como un todo
para el sistema bancario chileno en su conjunto, de manera de poder lograr
obtener ciertos indicadores necesarios que validen o rechacen nuestra hipótesis
de trabajo.
Primeramente se analizará la estructura del balance general consolidado del
sistema bancario chileno, a través de la realización de un análisis de corte
transversal o vertical para cada período (o también conocido como “tamaño
común”) respecto de los ítems más importantes del Balance, y ver cómo ha
evolucionado la estructura de éste a través de la última década. Las tablas 2, 3, 4
y 5 muestran dicha información resumida.
En las tablas n°2 y 3, se aprecia la estructura de los activos del sistema bancario
chileno tanto en montos absolutos (en MM$), como en valores porcentuales
respecto de los activos totales. La información tabular muestra que los valores de
los distintos ítems del Balance General, se mantiene relativamente estable a
través del tiempo, sin mostrar grandes variaciones o cambios en su estructura. Se
Colocaciones netas de provisiones”, con un valor que ha oscilado en torno al 69%
durante el tiempo de análisis, con un mínimo de 66% el 2009 (año final de la crisis
sub-prime), que mantiene una tendencia creciente hasta un máximo de 70,2% en
2013. Además se aprecia cierta ciclicidad en este ítem durante el período
analizado, dado que a partir de 2014 cae este porcentaje a 67,3%, para volver a
mostrar una tendencia creciente hasta finales de 2018 con un porcentaje de
70,1%.
Del total de colocaciones, el componente de mayor peso lo constituye el crédito
comercial a empresas, que representa en promedio el 42% sobre el total de
activos, es decir, un 62% del total de las colocaciones crediticias, lo que refleja la
importancia que aun representan los segmentos de Banca de Empresas y de
Banca Corporativa para el sector bancario nacional.
El segundo ítem en importancia pero muy lejano a las colocaciones totales, son
las inversiones financieras en distintos instrumentos, pero que solo han
representado en promedio un 17% del total de activos, lo que prueba lo indicado
en el marco teórico, que el principal riesgo que enfrenta la banca comercial
nacional es el Riesgo de Crédito.
Por el lado de los Pasivos, tablas n° 4 y 5, la estructura del balance ha variado un
poco más su composición, principalmente en sus dos mayores ítems. Por un lado
el ítem de Depósitos ha venido disminuyendo su participación porcentual respecto
del total de activos, pasando de valores levemente superiores al 60% entre 2010
y 2013, a un descenso sistemático a partir de 2014 registrando su menor valor a
fines de 2018 con una participación del 56%.
La razón de esta tendencia a la baja en el ítem de “Depósitos totales”, viene dada por el descenso del componente “Depósitos a plazo” que incluye también las
libretas de ahorro a plazo y que descendió, desde su valor máximo porcentual en