Obras dramáticas y líricas de Leandro Fernández de Moratín

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I

3-1

23

OBRAS

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EL SI DE LAS NIÑAS,

CO~IEDTA.

Estas son las seguridades que dan los lladres y los tutores, y esto lo que se deDe liar en el si de las niiías.

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PERSOl(,\ S.

DON DIEGO. DON CARLOS. DOÑA FIlANCISCA. DOÑA IRENE. RITA. SIi\'lON. CALAl\lOCHA.

La escena es en una posada de Alcalá de Henares.

Elleall'o represen la una sala de paso con cuatro puertas de habitaciones para huéspedes, numeradas todas. Una mas granda en el foro, con escalera que conduce al piso bajo de la casa. Ventana de antepecho á un lado. Una mesa en medio, un bauco, iillas , elc.

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~(jTO

PRIHERO.

ESCENA

r

.

Don Diego. 8111100.

(Sale don Diego de su cuarto. Simon que está sentado en una silla, se levanta.)

DON DIEGO. ¿No han venido todavía?

S(~rON .

No seflOf.

DON DIEGO.

Despacio la han tomado por cierto. SDION.

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8 EL sí DE LAS NIÑAS.

DON DIEGO.

Sí. Yo no digo quc no la vicsc ; pcro con IIlC-dia hora de visita y cuatro lágrimas, cstaba con-cluido.

smON.

Ello tambien ha sido estraña dctel'lllinacion la de estarsc usted dos dias cntcros sin salir dc la posada. Cansa cllccr, causa el dormir. .. y sobre todo, cansa la mugre dcl cuarto, las sillas desvcn-cijadas, las cstampas dcl Hijo pródigo, cl ruido de campanillas y cascabclcs, y la convcrsacion ronca de carromateros y patanes, que no permi-ten un instante de quietud.

DON DIEGO.

Ha sido convenicntc cl hacerlo así. Aquí IIIC conocen todos ... El corregidor, cl señor abad, el visitador, el rector de Málaga ... ¡Qué sé yol To-dos .... Y ha sido preciso estarmc quieto y no es-ponerme á que me hallasen por ahí.

SIMON.

Yo no alcanzo la causa de lanto retiro. Pues ¿hay mas en esto, que haher acompañado usted á doña Irene hasta G uadalajara, para sacar del convento á la niña y volvcrnos con ellas á Madrid?

DON DIEGO.

Si, hombre, algo mas hay de lo que has visto. S DIO N .

Adelante.

DON DIEGO.

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EL sí DE LAS NI~AS.

no puede tardarse Illucho .... Mira, Simou, por Dios te encargo que no lo digas .... Tú eres hom-bre de bien y Ille has servido muchos años con lidelidad ... Ya rés que hemos sacado á esa niña del convento y nos la llevamos á Madrid.

SIMON. Si, seiior.

DON DIEGO.

Pues bien ... Pero te vuelvo á encargar que a nadie lo descubras.

SWO:'l.

Bien está, seiior. J amits he gustado de chismes.

DON DIEGO.

Ya lo sé, por eso quiero liarme de tí. Yo, la \'erdad, nunca habia visto it la tal doiia Paquita; pero mediante la amistad con su madre, he teui-do frecuentes noticias de ella: he leido muchas de las cartas que escribia, he visto algunas de su tia la monja, con quien ha vi"ido en Guadalajara; en suma, he tenido cuantos informes pudiera de-sear, acerca de sus inclinaciones y su conducta. Ya he logrado verla: he procurado observarla en estos pocos dias, y it deCir \'erdad, cuantos elo-gios hicieron de ella me parecen escasos.

SI~lON.

Si, por cierto ... Es muy linda y.,.

DON DIEGO.

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10 EL si DE LAS NIÑAS.

talento .... Si señor, mucho talento .... Con que, para acabar de informarte, lo que yo he pensa-do es ...

SIMON. No hay que decírmelo.

DON DIEGO. ¿No? ¿Por qué?

SIMON.

Porque ya lo adivino. Y me parece escelen-te idea.

¿Qué dices?

Escelente.

DON DIEGO.

SIMON.

DON DIEGO.

,¿Con que al instante has conocido? ..

smON.

Pues ¿no es claro? ... ¡Vayal. .. Dígole á u

s-ted que me parece muy buena boda. Buena, buena. DON DIEGO.

Si señor .... Yo lo he mirado bien y lo tengo por cosa muy acertada.

SIMON.

Seguro que si.

DON DIEGO.

Bero quiero ahsolutamente que no se sepa has-ta que esté hecho.

SIMON.

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EL si DE LAS NIÑAS. 11

DON DIEGO.

Porque no todos ven las cosas de una manera, y no faltaria quien murmurase y digese que era

una locura, y me ....

smON.

Locura? ¡Buena locura!... ¿Con una chica

co-mo esa, eh?

DON DIEGO.

Pues ya vés tú. Ella es una polm' .... Eso si.

Porque, aquÍ entre los dos, la buena de doña lre-ne se ha dado tal prisa á gastar desde que murió su marido, que sino fuera por estas benditas

re-ligiosas y el canónigo de Castrojeriz, que es

tam-bien su cuñado, no tendria para poner un

puche-ro á la lumbre ... Y muy vanidosa y muy remilga-da, y hahlando siempre de su parentela y de sus difuntos, y sacando unos cuentos, allá, que ....

Pero esto ,io es del caso ... Yo no he huscado

di-nero, que dineros tengo; he buscado modestia,

recogimiento, virtud.

SIMON.

Eso es lo principal... Y sobre todo, lo que us-ted tiene ¿para quién ha de ser?

DON DIEGO.

Dices bien ... Y ¿sabes tú lo que es una muger

aprovechada, hacendosa, que sepa cuidar de la casa, economizar, estar en todo? .. ' Siempre

li-diando con amas, que si una es mala, otra es peor: regalonas, entremet idas, habladoras,

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12 EL sí DE LAS NIÑAS.

amor y fidelidad, y viviremos como unos santos ... y deja que hablen y murmuren, y ...

SIMON.

Pero siendo á gusto de entrambos, ¿flué pu

e-den decir?

DON DIEGO.

No, yo ya sé lo que dirán, pero ... Dirán qlle

la boda es desigual, que no hay proporcion en la edad, que ...

smoN.

Vamos que no me parece tan notable la dife-rencia. Siete ú ocho años, á lo mas ...

DON DIEGO.

¿Qué, hombre? ¿Qué hablas de siete ú ocho años? Si ella ha cumplido diez y seis años pocos

meses há.

SIMON. ¿Y bien, qué?

DON DIEGO.

Y yo, aunque gracias á, Dios estoy robusto

y ... Con todo eso, mis cincuenta y nueve años no hay quien me los quite.

SUION. Pero si yo no hablo de eso.

DON DIEGO. Pues ¿de qué hablas?

smON.

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es-EL sí DE LAS NIÑAS. 13 plicarse, ó yo lo entiendo al revés .... En suma, esta doña Paquita, ¿con quién se casa?

DON DIEGO. ¿Ahora estamos ahí? Conmigo.

SIMON. ¿Con usted?

DON DIEGO. Conmigo.

SIMON. ¡Medrados quedamosl

DON DIEGO. ¿Qué dices? .. Vamos, qué?

SIMON. ¡Y pensaba yo haber adivinado!

DON DIEGO.

Pues ¿qué creias? Para quién juzgaste que la

destinaba yo?

SIMON.

Para don CárIos , su sobrino de usted: mozo

de talento, instruido, escelente soldado, amabi-lísimo por todas sus circunstancias .... Para ese

juzgué que se guardaba la tal niña.

DON DIEGO. Pues no señor.

SUJON. Pues lJien está.

DON DIEGO.

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14. EL SÍ DE LAS NIÑAS.

de ir á casarl... No señor, que estudie sus

ma-temáticas.

SBION.

Ya las estudia, ó por mejor decir, ya las en

-seña.

DON DIEGO. Que se haga hombre de valor y ...

SIMON.

¡Valor! ¿Todavía pide usted mas valor á un

oficial que en la última guerra, con muy pocos que se atrevieron á seguirle, tomó dos baterías, clavó los callOnes, hizo algunos prisioneros, v volvió al campo lleno de heridas y cubierto de sangre? .. Pues bien satisfecho quedó usted

en-tonces del valor de su sobrino; y yo le ví á usted mas de cuatro veces llorar de alegría, cuando el rey le premió con el grado de telllente coronel y una cruz de Alcántara.

DON DIEGO.

Si sellOr : todo eso es verdad; pero no viene á cuento. Yo soy el que me caso.

IiDION.

Si está usted bien seguro de que ella le quie-re, sino le asusta la diferencia de la edad, si su eleccion es libre ....

DON DIEGO.

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EL sí DE LAS NIÑ.\S. 15

la conozco, sé que es una señora de es celen tes prendas: mira tú si doña Irene querrá el bien de su hija, pues todas ellas me han dado cuantas

se-guridades puedo apetecer ... La criada, que la ha servido en Madrid y mas de cuatro ailos en el con-vento, se hace lenguas de ella, y sobre todo, me ha informado de que jamás observó en esta cria-tura la mas remota incliuacion á ninguno de los pocos hombres que ha podido ver en aquel en-cierro. Bordar, coser, leer libros devotos, oir mi-sa y correr por la huerta detrás de las mariposas, y echar agua en los agujeros de las hormigas, es-tas han sido su ocupacion v sus diversiones ....

¿Qué dices? •

SIMON. Yo nada, señor.

DON DIEGO.

Y no pienses tú que á pesar de tantas seguri-dades, no aprovecho las ocasiones qne se presen-tan para ir ganando su amistad y su confianza, y lograr que se esplique conmigo en absoluta liber-tad ... Bien que aun hay tiempo ... Solo que aque-lla doña Irene siem pre la interrumpe: todo se lo habla ... Y es muy buena muger , buena ...

SUION.

En fin, seftor , yo desearé que salga como us-ted apetece.

DON DIEGO.

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16 EL sí DE LAS NIÑAS.

SIMON.

Pues ¿qué ha hecho?

DON DIEGO.

Una de las suyas ... Y hasta pocos dias há no

lo he sahido. El año pasado, ya lo viste, estuvo dos meses en Madrid .... Y me costó buen dinero

la tal visita ... En fin, es mi sobrino, bicn dado está; pero voy al asunto. Llegó el caso de irse á

Zaragoza á su regimiento .... Ya te acuerdas de

que á muy pocos dias de haber salido de Madrid,

recibí la noticia de su llegada.

SDION. Si seiior.

DON DIEGO.

Y que siguió escribiéndome, aunque algo p

e-rezoso, siempre con la data de Zaragoza.

smON. Asi es la verdad.

DON mEGO .

. ~ues el picaron no estaba allí cuando me es-cnbla las tales cartas. .

SUiOi\. ¿Qué dice usted?

DON UIEGO.

Si seflor. El dia tres de julio salió de mi casa,

y á fines de setiembre aun no hahia llegado á sus pab~lIones ... ¿No te p'arece 911c para ir por la

(18)

EL sí DE LASrílÑA~. 17

SUIOi\.

Tal vez se pondria IIIalo en el t;amino, y por

no rlarle á usted pesadulllbre ....

¡ION lJIEGO.

Nada de eso. A lIIores del seno]" o/icial \ de\a -neos que le traen lo(;() ... Por ahí en esas ciudades

puede 4"(' ... ¿Qllién sabc? .. Si enCllentra un pal· dc ojos negros, ya es hombre perdido .... No per -mita Dios qllc lile le engaíie alguna hribona de

estas que tnlCt;an el hOllor por c1matrimonio!

SIMON.

¡Ohl No hay qlle temer. ... y si tropieza cun

alguna 1"1I1Il'l'a dc alllO!", h1l('lla, earlas ha de tel}(~I· para que le engalle.

!ION II\Rr.O.

Me parece que estill1 ahí. .. Si. Gracias ú Dio,.

Busca al mayo!"al y dile qlle I'enga, para qlledar

de acuerdo ell la hora it que deheremos sal i r manana.

snlON.

Bit~n está.

DON DIEGO.

Ya te he dichu <Iue no quiero que esto se tras

-luzca, ni .... ¿Estamos? SWON.

No haya miedo qllc á nadie lo cllcnte.

ISimon se vá flor la puerla del foro. Salen por la misma las tres mUilcrcs con mantdl"s y b"s'JuiiJas. lIit" deja un I'aimclo alado sobre la mes;, y recoge las malltillas y las dohla.)

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18 EL sí DE LAS NIÑAS.

ESCENA TI.

Doña Irene. Doña Francisca. Rita. Don Dle"o.

DOÑA FRANC [SCA.

Ya estamos acá.

DOÑA IIIENE. ¡Ay! ¡qué escalera!

DON DIEGO.

Muy hien venidas, seiioras.

DOÑ A II\ ENE.

¿Con que usted, á lo que parece, no ha sa-lido?

(Se sientan doim Irene y don Diego.)

DON DIEGO.

No seÍlOra. Luego, mas tarde, daré una vueJ-tecilla por ahí.. .. He leido un rato. Traté de dor -mir; pero en esta posada no se duerme.

DOÑA I'HANCISCA

(20)

EL sí DE LAS NIÑAS.

y

una campanilla de I>arl'o bendito para los

true-1l0s .... ¡Tantas co~as!

DOÑA ¡llENE.

Chucherías que la han dado las madres. Locas estaban con ella.

DOÑA FIIANCISCA.

¡Cr'HTIO me qllieren todas! jY mi tia, mi pübrc tia, lloraba tanto ... ! Es ya muy viejecita.

DOÑA lIlENE.

Ha sentido mucho no conocer á usted.

DOJ\¡\ FIlANClSCA.

Sí, es verdad. Decia: ¿por qué no.ha venido aquel señor?

DOÑA IRENE.

El pohre capellan y el rector de los V erdrs no~ han venido acompaflando hasta la puerta.

DOX.\ I'IlANCISC.\.

Toma (Vuelve á atar el pañuelo y se le ¡[ú á Rila, Lit cual se va con él y con las mantillas al cuarto de doña Irene.) guitrdamelo todo alli, en la escusaba-raja. Mira, lIévalo así de las puntas ... ¡V álgate

DIOS, eh! ya se hit roto la santa Gertrudis de al-corza!

HITA.

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20 EL sí DE J~AS NIÑAS.

ESCENA. J[[.

Doña Il'cllc. Doña, F.oallcis.ea. Dq)u

Diego.

DO~A FIlANCISCA.

¿Nos vamos adentro, mamit, aquí?

IJORA IlIENIl.

Ú nos CJuedamo

Ahora, niña, que quiero descansar 1111 rato. DON DIEGO.

Hoy se ha dejado sentir el calor en forma. DOÑA IllENE.

Y i qué fres~o lienen aquel locutorio! Vaya, está hecho un CIelo.

DOÑA FllANCISCA.

Pues con todo, (Sentándose junto cí doña frene.)

aquella mon.ia tan gorda, que se llama la madre

Angustias, bien sudaba .... iAy, como sudaba la

pobre muger!

DOÑA ¡llENE.

Mi hermana es la que está bastante deli cadi-ta .... Ha padecido mucho este invierno .... Pero,

vaya, no sabia que hacerse con su sobrina la

buena señora ... Está muy contenta de nuestra eleccion.

nON DIEGO.

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EL sí DE LAS NIÑAS. 2J

pcrsouas, á q uicues dJhe usted particulares ohli-gaciones.

IJO¡\' A !llENE.

Sí, Trinidad estil muy contenta, yen cuanto

i.t Circuncision, ya lo ha \i~lo usted. La ha cos

la-do mucho despegarse de ella; pero ha conocido

que siendo para Sil Üi(!!l cs(ar, es nccesario pasar por lodo .... Ya sc acuerda usted de lo espresiva Ilue cstllVO y ....

DON DIEGO.

1<:s verdad. Solo falta que la parte interesada

tenga la misma satisfaccion que manifiestan cuan-tos la quieren hien.

DOÑA IRENE.

Es bija ob~diente , y no se apartará jamás de lo que determllle su madre.

DON DIEGO. Todo eso es cierto; pero.: ..

DOÑA II\ENE.

Es de buena sangre, y ha de pensar bien, y ha de proceder con el honor que la corresponde.

DON DIEGO.

Sí, ya estoy; pero ¿no pudiera, sin faltar á su honor ni á su sangre ....

DOÑA FllANCISCA. ¿Me voy, mamá?

(Se levanta y vuelve á sentarse.)

DOÑA IIIENE.

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educa-22 EL sí DE LAS NIÑAS.

da, hija de buenos padres, no puede menos tle

conducirse enlodas ocasiones como es conveni

en-te y debido. Un vivo retrato es la chica, ahí don-de usted la vé , de su abuela, que Dios perdone,

doña Gerónima de Peralta .. .. En casa tengo el

cuadro, ya le habrá usted visto. Y le hicieron,

segun me contaba su merced, para enviársele á su tio carnal el padre fray Serapion de San Juan

Crisóslomo , electo obispo de Mechoacan. DON DIEGO.

Ya.

DOÑA IRENE.

Y murio en el mar el buen religioso: que rué

un quebranto para toda la familia ... Hoyes, y to-davía estamos sintiendo su muerte: particular-mente mi primo don Cucllfate, regidor perpétuo

de Zamora, no puede oir hablar de su Ilustrísima sin deshacerse en lágrimas.

DOÑA FJ\ANCISCA. ¡Válgale Dios! qué moscas tan ....

DOÑA IRENE. Pues murió en 0101' de santidad.

DON DIEGO. Eso bueno es.

DOÑA IRENE.

Sí señor; pero como la familia ha venido lan á menos .... ¡.Qué quiere usted? Donde no hay fa-cultades .... Bien que, por lo que pueda tronar,

ya se le está eSCrI hiendo la v Ida; y quién sabe g~e el dia de mañana no se imprima, con el favor

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EL sí DE LAS NIÑAS. 23

DON DIEGO.

Si, pues ya se vé. Todo se imprime.

DOÑA IRENE.

Lo cierto es que el autor, que es sobriuo de mi hermano político, el canónigo de Castrojeriz, no la deja de la mano, y ¡t la hora de esta lleva ya

escritos Llueve tomos en fólio, c¡ue comprenden los nueve años primeros de la vida del santo obispo.

DON DIEGO. ¿Con qué para cada año un tomo'!

DOÑA IllENE.

Si señor, ese plan se ha propuesto. DON DIEGO.

Y ¿de qué edad murió el veneralJlc'?

DOÑA IllENE.

De ochenta v dos años, tres meses y catorce

dias. .

DOÑA FRANCISCA. ¿Me voy, mamá?

DOÑA IRENE.

Anda, vele. ¡Válgate Dios, que prisa tienes?

DOÑA FKANCISCA.

¿ Qu iere usted (S e levú1/11t , y despttes de hacer

una graciosa cortesía d don niego, cid un beso d do· ña Irene y se vd al CItarlo de esta.) que le haga una

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EL sí DE LAS NIÑAS.

DON DIEGO. Sí, hija mia. A ver.

DOÑA FRANCISCA.

Mire usted, así.

DON DiEGO.

¡Graciosa niña! Viva la Paquita, viva. DOÑA FRANCISCA.

Para usted una cortesía, y para mi m:lIllá, un heso.

ESCENA IV.

Doña I.'ene, Don Olego.

DOÑA IRENE.

Es muy gitana y muy mona, mucho.

DON DIEGO.

Tiene un donaire natural que arrebata.

DOÑA lIlENE.

¿Qué quiere usted? Criada sin artificio ni em

-helecos de mundo, contenta de verse otra vez al

lado de su madre, y mucho mas de considerar tan inmediata su colocacion ; no es maravilla que cuanto hace y dice sea una gracia, y miLxime á

los ojos de usted, qlle tanto se ha empeflado en

favorecerla.

IJON DIEGO.

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EL sí DE US NIÑAS. 25

DOÑA IIlENE.

Oirút IIsted lo mismo que le he dicho ya.

DON IlIEGO.

Si. no lo dudo; pero el saber que la merezco alguna inciinacion, oyéndosclo dccir con aquella

boquilla tan graciosa que ticne, scria para mí una

'ial,isfaecioJl illlponderablc.

DOÑA [llENE.

No tcnga usted sobre csc particular la mas

le-ve desconfianza; pero hit~ase ustcd cargo de que

á una niiía no la cs lícito ctecir con ingenuidad lo quc sicnte. Mal pareccria, seftor don Diego, que

una doncella dc vergücnza y criada como Dios

manda, sc atreviesc á decirlc á un hombre: yo le

quiero á ustcd.

DON DIEGO.

Bicn: si fuese un hom brc á quien hallára por

casualidad en la calle y le espetára ese favor de huenas á. pr.imeras, cierto que la doncella haria

muy mal; pero á. un hombre con quien ha de

ca-sarse dentro de pocos dias, ya pudiera dccirle al-guna c~sa que .... Ademas, que hay ciertos modos de esphcarse .. ..

DOÑA I"ENE •

. Conmigo usa de mas franqueza. A cada

instan-te hablamos de usted, y en todo maniliesta el

par-ticular cariiío que á usted lc tiene ... i Con qué

juicio hablaba ayrr noche, despucs que usted se fué á rccoger! No sé lo quc hubiera dado porque

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26 EL sí DE LAS NIÑAS.

D. DIEGO.

¿ Y qué? ¿Hablaba de mí? DOÑA IRENE.

y qué bien piensa, acerca de lo preferible que

es para una criatura de sus años un marido de cierta edad, esperimentado, maduro y de con-(Jllcta ....

DON DIEGO.

¡Calle! ¿Eso decia?

DOÑA IHENE.

No, e~to se lo decia yo, y me escuchaba con

una atencIOn como si fuera una muger de

euaren-ta años, lo mismo .... ¡Buenas cosas la dije! Y ella

que tiene mucha penetracion, aunque me esté mal

el decirlo ... ¿Pues no da lástima, señor, el ver

como se hacen los matrimonios hoy en el dia?

Ca-san á una muchacha de quince años con un

arra-piezo de diez y ocho, á una de diez y siete con

otro de veinte y dos: ella nifla, sin juicio ni espe-riencia, y él niño tambien, sin asomo de cordura

ni conocill1irnto de lo que es mundo. Pues señor, (que es lo que yo digo), ¿quién ha de gobernar la

casa? ¿Quién ha de mandar á los criados? ¿Quién ha de enseñar y corregir á los hijos? Por qne su-cede tambien, que estos atolondrados de chicos,

suelen plagarse de criaturas en un instante, que

da compasion.

DON DIEGO.

Cierto que es un dolor el ver rodeados de hijos

(28)

esperien-EL sí DE LAS NIÑAS. 27

eia y de la virtud que son necesarias para dirigir

su edllcacion.

DO:\A IIIENE.

Lo que sé decirle á usted es, que aun no h

a-bia cumplido los diez y nueve, cuando me casé

de primeras nupcias con mi difunto don Epifanio, que esté en el ciclo. Y era un hombre que,

mejo-rando lo presente, no es posible hallarle de mas respeto, mas cahalleroso .... y al mismo tiempo,

mas divertido y decidor. Pues, para servir á u s-ted, ya ten ia los cincuenta. y seis, muy largos de talle cuando se casó conmIgo.

DON lJlEGO.

Buena edad .... No era un niño, pero ....

DOÑA IIIENE.

Pues á eso voy .... Ni á mí podia convenirme

en aquel entonces un boquirrubio, con los cascos

á la gineta .... No ;;efior .... y no es decir ta m-poco que estuviese achacoso ni quebrantado de salud; nada de eso. Sanito estaba, gracias á Dios, como una manzana; ni en su vida conoció otro mal, sino una especie de alferccia que le amagaba de cuando en cuando. Pero luego que nos casamos dió en darle tan it menudo y tan de recio, que á los siete meses me hallé viuda, y cn cinta de una criatura que nació despucs; ya) cabo y al fin se me murió de alfombrilla.

DON I!lEGO.

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28 EL sí DE LAS NIÑAS.

DOÑA IRENE. Si seiior, pues ¿por qué no?

DON DIEGO.

Lo digo porque luego saltan con .... Bien que

si uno hubiera de hacer caso.... y ¿fué niDO Ó niña?

DOÑA mENE.

Un niño muy hermoso. Como una plata era el angelito.

. DON DIEGO.

Cierto que es consuelo tener, así, una

cria-tura y ....

DOÑA IRENE.

j Ay, señor! Dan malos ratos; pero ¿ qué im-porta? Es mucho gusto, mucho.

DON DIEGO. Yo lo creo.

DOÑA mENE. Si señor.

DON DIEGO.

Ya se vé que será un delicia y ....

DOÑA IlIENE. Pues ¿no ha de ser?

DON DIEGO.

Un embeleso el verlos juguetear y reir, y aca-riciarlos, y merecer sus fiestecillas inocentes.

DOÑA InENE.

(30)

EL sí DE LAS Nl~AS. 29

ios tres matrimonios que \levo hasta ahora, de los

cuales solo esta nina me ha venido il quedar; pero 110 aseguro á usted que ....

ESCENA V.

Slmon, (Sale por la puerta del (oro.) Doña Ire -nc. Don Dicgo.

SHroN.

Seflor, el mayoral estil esperando.

DON DIEGO,

Dile que voy allá .... Ah 1 Tráeme primero el

somhrero y el baston, que quisiera dar una vuel-ta por el campo. (Entra Sima n al enarto de don Diego, saw un sombrero y ttn bastan, se los dá á su

amo, y al fin de la esccnct se va con él por In puert(t

del foro.) ¿Con que, supongo que maflan:t tempra-nito saldrelllfls?

IJOÑA lIlENE.

No hay dificultad. A la hora que iI IIsted 11' pa -rezca.

DON DIEGO.

A eso de las seis. Eh?

DOÑA mENE.

Muy bien.

DON DIEGO.

El sol nos dá de espaldas .. . Ll' di ré CJIW ven-ga una media hora antes.

lloRA IHIlNIl.

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30 EL sí DE LAS NIÑAS.

ESCENA. VI.

Doña Irelle. JUta.

DOÑA IRENIL

Válgame Dios, ahora que me acuerdo ... Rita ... Me le habrán dejado morir. Hita.

RITA. Señora.

(Sacará Rita unas sábanas y almohadas debajo dcl brazo.) DOÑA [llENE.

¿Qué has hecho del tordo? l. Le diste de comer'r IIIT ¡\.

Si señora. Mas ha comido que un abestruz. Allí le puse en la ventana del pasillo.

DOÑA IRENE.

¿Hiciste las camas?

IIITA.

La de usted ya está. Voy ha hacer esotras an-tes que anochezca, porque si no, como no hay mas alumbrado que el del candil, y no tiene garabato.

me veo perdida.

DOÑA IRENE. Y aquella chica ¿qué hace?

HITA.

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EL sí DE L.\S :-lIÑAS. 31

DO~A lllENE.

¡Qué pereza tengo de escrihirl (Se !rvanla y se entra en su warlo.) Pero es preciso, que estará con mucho cuidado la pobre Circullcisioll.

RITA.

1 Qué chapucerías! No ha Jos horas, CUIllO quien dice, que salimos de aHit, y ya empiezan ú

ir y venir correos. Qilé poco lile gustall il mí la~ Illugeres gazlllOñas y zalallleras!

(Entrase en el cuarto de dOlla Francisca.)

ESCENA Vll.

t::alnlnocba.

(Sale por la puerta del foro con unas maletas, látigo l' botas; lo deja todo sobre la mesa y se sienta.)

C¡\LA~[flC[(A

¿Con que ha de ser el número tres? Vaya ('n gracia .... Ya. ya COIIOZ(;O el tal número tres.

Co-leccion de bíchos mas abundante no la tiene el

gabinete de historia natural.. .. Miedo me dit de entrar ... Ay! ay!. .. Y ¡qué agujetas! Estas si que

son agujetas .... Paciencia, pobre Cala mocha, pa-ciencia ... Y gracias á que los caballitos dijeron no podernos mas, que si no, por esta vez 110 veia

yo el número [res, ni las plagas .dc Faraon que tiene dentro ... En fin, COIllO los anImales

amanez-can vivos; no será poco .... Rebentados estiUl ... (Canta /lita desde adenlro, CI1[amocl!a se levante!

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32 EL sí DE LAS NIÑAS.

canta mal.. .. Vaya, aventura tenemos .... Ay! qUl.'

desvencijado estoy.

ESCENA VIII.

RIt,~. UalaJllochn.

RITA.

Mejor es cerrar, no sea que nos alivien de ro,· pa y ... (Forceje{tndo para echar la llave.) Pues cier-to que esta bien acondicionada la llave.

CALAMOCHA.

¿Gusta usted de que eche l/na mano, mi v ida', RITA.

Gracias, mi alma.

CA LA MOCHA. Calle! ... Rita.

IIITA.

Calamoclw.

CALA~roCH¡\ . ¿Qué hallazgo es este?

RITA. ,.y tu alllo?

CALAMOCHA. Los dos acabamos de llegar.

RITA.

(34)

EL sí DE LAS NIÑAS. 33

CALAMOCHA.

No que es chanza. Apenas recibió la carta de doña Pacruila, yo no sé adonde rué, ni con quién habló, ni como lo dispuso; solo sé decirte que aquella tarde salimos de Zaragoza. Hemos vellido como dos centellas, por ese camino. Llegamos es-ta mañana á Gmdalajara, y á las primeras dili-gencias nos hallalllos con que los pájaros volaron ya. A cahallo otra vez y vuelta á correr y á sudar

y á dar chasquidos .... En suma, molidos los ro-cines y nosotros á medio moler, hemos parado aquí con ánimo de salir mañana ... Mi teniente se ha ido al colegio mayor á ver á un amigo, mien-tras se dispone algo que cenar .... Esta es la his-toria.

RITA.

¿Con que le tenemos aqui? CALAMOCIiIA.

y enamorado Illas qne nunca, celoso, amena-zando vidas ... Aventurado á quitar el hipo á cuan-tos le disputen la posesion de su curnta idola-trada.

RITA.

¿Qué dices?

CALAMOCHA. Ni mas ni menos.

RITA.

¡Qué gusto me das!. .. Ahora si se conoce que

la tiene amor. .

CALAMOCIIA.

(35)

:"~ EL sí DE LAS NI~AS.

l:l un pelde, Medoro un zascandil, y Gaiferos un chiquillo de la cloctrina.

11 ITA .

. ¡Ay cuaudo la se[¡oril<t lo sepa!

CALAMOCIlA.

Pero, acabemos. ¿ CÓIIlO te hallo aqui"? ¿ COIl quién estás? ¿Cuando llegaste? Que ....

II1TA.

Yo te 10 diré. La madre de doña Par¡uita dió en escribir cartas y mas cartas, diciendo que t

e-nia concertado su casamiento en Madrid con un caballero rico, honrado, bien quisto, en suma

ca-bal y perfecto, que no babia mas que apetecer. A.cosada la scflorita con tales propuestas, y an-gustiada incesantemente con los sermones de a(luella bendita monja, se vió en la necesidad de responder que estaua pronta it todo lo que la man

-dasen.... Pero 110 te puedo ponderar cuanto lIor<"1 la pobrecita, qué afligida estuvo. Ni queria comer, ni podia dormir ... Y al mismo tiempo era preciso disllllular rara que su tia no sospechara la verdad

del caso. Ello es que cuando, pasado el primer susto, hubo lugar de discurrir escapatorias y

ar-hitrios, 1\0 hallamos otro que él de avisar á tu amo; esperando que si era su cariüo tan verd

ade-ro y de .buena ley como nos habia ponderado, no COllsenttrlil que su pobre Paquüa pasara á manos de un desconocido, y se perdiesen para siempre

(36)

El. sí DE LAS NIÑAS.

3:>

ma\'oral Gasparet COIl sus medias azules, y la

ma-dre"y el novio que vienen por ella: recogimos á toda prisa nuestros mi .. iiíar¡ ues, se atan los cofres, nos despedimos de aquellas buenas mugeres, yen dos latigazos llegamos antes de ayer á Alcalá. La

detencioll ha sido para q lle la seiíorita visite

a

otra tia monja que tiene ar/ui, tan arrugada y tau sor-da como la r¡ue dejamos allil. Ya la ha visto, ya la

han besado bastante una por una todas las relig io-sas, y creo q UD maiíana tem prano saldremos.

Pe-ro esta casualidad nos ... CALAMOCIlA

Si. No dig-as mas ... Pero ... ¿Con que el novio está en la posada?

filTA.

Ese es su cuarto, (Señalando el CUa.1·lo de don Diego, el de doña Irene y el de doiia Francisca.) este

el de la madre, y aquel el nuestro.

CALAMOCIlA. ¿Como nuestro? ¿Tuyo y mio?

filTA ..

No por cierto. Aqui dormiremos esta noche la

seflOrita y yo; porque a,Yer, meti?as I~s tre.s en

ese de enfrente, III cablamos de pie, DI pudimos

dormir un instante, ni respirar .slquiera.

CALAMOCHA.

Bien ... Adios. (Recoge los trastos que puso

so-bre la mesa, en ademan de irse.)

(37)

36 EL sí DE US NIÑAS.

CALAMOCHA.

Yo me entiendo .. , Pero el novio ¿trae consigo criados, amigos ó deudos que le quiten la primera zambullida que le amenaza?

RITA.

Un criado viene con él.

CALAMocnA.

1 Poca cosa!... Mira, dile en caridad que se

disponga, porque está de peligro. Adios.

JIITA.

¿Y volverás presto? CALAMOCHA.

Se supone. Estas cosas piden diligencia; y

aunque apenas puedo moverme, es necesario que mi teniente deje la visita y venga á cuidar de su hacienda, disponer el entierro de ese hombre, y ...

¿Con que ese es nuestro cuarto, eh?

RITA.

Si. De la señorita y mio. CALAMOCHA. ¡Bribonal

¡Botarate! Adios. RITA.

CALA MOCHA.

(38)

EL sí DE LAS NIÑAS. 37

ESCENA IX.

Doña Francisco. Rita.

RITA.

Qué malo es .. Pero . . ¡V álgame Dios! ¡Don

Felix aquí! Sí, la quicrc, bien se conocc .... (Sale

Calamoclta del cuarto de don Cárlos, y se va por la

puerta del (oro.) Oh! por mas que digan, los hay

muy linos, y entonces, ¿qué ha de hacer una? ...

Quererlos: no tiene remedio, quererlos ... Pero

¿qué dirá la scflOrita cuando le vea, que esta ~Ie­

ga por él? ¡Pobrecita! Pues no seria una lástima

que ... Ella es. (Sale doña Francisca.)

DOl\A FRANCISCA.

¡A.y, Rita!

IIITA.

¿Qué es eso? ¿TIa llorado usted?

DOl\,\ FRANCISCA.

¿Pues no he de llorar? Si vieras mi madre ...

Empeñada está en que he de querer mucho á ese

hombre .... Si ella supiera lo que sabes tú, no me

mandaria cosas imposibles ... Y que es tan bueno,

y que es rico y que me irá tan bien con éL ... Se

ha ~nfadado tanto, y me ha llamado picarona, ino

-bediCute ... Pobre de mí! Pore¡ lle no IlIiento, ni sé

jingir, por eso me llama picarona.

RITA.

(39)

38 EL si DE LAS NIÑAS.

DOÑA FRANCISCA .

. Ya, como tú no lo has oido •... Y dice que don

DIego ~e queja de que yo no le digo nada ....

Har-to le dIgo, y bien he procurado hasta ahora mos-t~arme contenta delante de él, que no lo estoy por

cIerto, y reirme y hablar niñerías ... Y todo, por dar gusto á mi madre, que si no ... Pero bien saba la Virgen que no me sale del corazon.

(Se va obscureciendo lentamente cllealro.)

RITA.

Vaya, vamos, que no hay motivos todavia pa-ra tanta angustia .. ¡.Quién sabe? .. ¡.No se acuer-da usted ya de aquel dia de asueto que tuvimos el afIO pasado en la casa de campo del intendente'?

DOÑA FRANCISCA.

¡AyI ¿cómo puedp olvidarlo? .. ¿Pero qué me

"as á contar?

RITA.

Quiero decir que aquel caballero que "irnos allí con aquella cruz verde, tan galan, tan lino ....

DOÑA FILlNCISC\.

¡Qué rodeos!. ... don Felix, ¿Y qué?

IIITA.

Qlle nos rué acompaflando hasla la ciudad ... '.

DOÑA FIlANCISCA.

y bien .... Y luego vohió, y le vi, por mi d

(40)

EL sí DE LAS NIÑAS. 39

RITA.

¿Por qué. sefloraL. I.A qu ién dimos escánda-lo? Hasta ahora nadie lo ha sospechado en el con-vento. El no entró jamás por las puertas, y cuan-do de noche hahlaba con usted, mediaba entre los dos una distancia tan grande, que ustcd la mal-dijo, no pocas veces .... Pcro esto no es del caso. Lo que voy á decir es, que Ul1 amante como aquel uo es posible que se olvide tan presto de su que-rida Paquita .... Mire ustcd que todo cuanto hemos leido á hurtadillas cn las novelas, no equivalc á lo quc hemos visto en él. ... ¿Se acuerda usted de aqucllas tres pal madas q lIC se oi'an entre once y docc de la noche, dc aquella sonora punteada con tanta delicadeza y espresion?

IlO\A Ffl,\NCISCA.

¡Ay, Rital Sí, dc todo me acuerdo, y micntras viva conservaré la memoria .... Pero está ausen-le ... Y entretenido acaso con nuevos amores.

HITA. Eso no lo puedo yo creer.

uOÑ.\ FllANCISCA.

E~ hombre al fin, y todos cllos ..

IIITA.

(41)

-40 EL sí DE LAS NIÑAS.

hres muy embusteros, muy picarones; pero no es

creible que lo sea el que ha dado pruehas tan r e-petidas de perseverancia y amol'. Tres meses du-ró el terrero y la cOllversacioll á ohscuras, yen todo aquel tiempo, biell sabe usted que no vimos

en él una accion descompuesta, ni oimos de su

boca una palabra indecente ni atrevida.

DOÑA FIlANCISCA.

Es verdad. Por eso le quise tanto, por eso le

teng? tan ~io ~qui .... aqui .... (Suiialandoelpec00') ¿Que habra dicho al ver la carta? .. 10hl Yo bIen sé lo que hahrá dicho .... ¡Válgate Dios! lEs lásti -ma!. .. Cierto. ¡Pobre Paquita!. .. Y se acabó ... No

habrá dicho mas ... Nada mas.

hITA.

No señora, 110 ha dicho eso. DOÑA FRANCISCA. ¿Qué sahes tú?

RITA.

Bien lo sé. Apenas haya leido la carta se ha-brá puesto en camino, y vendrá volando á c onso-Jar á su amiga .... Pero ....

(Acercándose ú la puerta del cuarto de dOil.lrcne.) DOÑA FRANCISCA.

¿Adónde vas?

RlT.\. Quiero ver si ...

DOÑA FllANCISCA.

(42)

EL sí DE LAS NIÑAS. 41

RITA.

Pues ya presto habrá de dejarlo, 9.ue empieza á anochecer. .. SeÍJorita, lo que le he dIcho á usted es la verdad pura. Don l<elix está ya en Alcalá.

DOÑA I'RANCISCA. ¿Qué dices? No me engalles.

RITA.

Aquel es su cuarto .... Calamocha acaba de

ha-blar conmigo.

DOÑA FRANCISCA. ¿De veras?

RITA.

Si señora ...

y

le ha ido

a

buscar para ....

DOÑA l'RANCISCA.

¿Con que me quiere? ¡Ay Rita! Mira tú si

hi-cimos bien de avisarle ... ¡Yero ves CJué lineza .. ?

¿Si vendrá hueno? ¡Correr tantas leguas solo por

ver~le .... porque yo se In mando ... ! ¡ Qué agra-decIda le dcha estar ... ! ¡Oh! yo le prometo que no

se quejará de mí. Para siempre 'agradecimiento y amor.

HITA.

Voy á traer luces. Procuraré detenerme por

allá abajo hasta que vuelvan .... Veré lo que dice y qué piensa hacer, porqllC hallitlldonos todos

(43)

42 EL sí DE LAS NIi;AS.

DOÑA t'RANCISCA.

Dices hiell. ... Pero no, él tiene resolllcion ~.

talento, y sabrá determinar lo mas conveniente ...

t

·

legue le quiero very cómo has de avisarme .... ? . Mira que asi que

RITA.

No hay que dar cuidado. Yo le traeré por acá,

y. en dándome aquella tosecilla seca .... ¿Me en -tiende usted?

DOÑA FRANCISCA.

Sí, bien.

RITA.

Pues entonces no l\ay mas que salir con cual-quiera escusa. Yo me quedaré con la señora

ma-~'or, la hablaré de todos sus maridos y de sus CO Il-cUflados, y del obispo que murió en el mar .... Ademas, que si está allí don Diego ....

DOÑA FHANCISCA. Bien, anda, y asi qlle llegue ....

mT A.

Al instante

Doi';A FnANCISCA. Que no se te olvide toser.

lIITA. ~o haya miedo.

DOi';A FIIANCISCA.

¡Si "jeras qué consolada esto~ I

HITA.

(44)

EL sí DE LAS NIÑAS.

DoRA FRANCISCA.

¿Te acuerdas cuando me decia que era

impo-sible apartarme ele su memoria. que no habria pe-ligros que le detuvieran, ni dificultades qne no

atropellára por mi? RITA.

Si, bien me acuerdo.

DOÑA FRANCISCA.

¡A.h!. .. Pues mira como me dijo la verdad. (Doña Francisca.c vá al cuarto de doil> IrenQ. Rita por l~ puerta del foro.!

(45)

--AUTO

SEGIl~DO.

ESCENA 1.

(Tecctro oúscuro.)

DOÑA FnANClSCA.

Nadie parece aun .... (Acércase á la puerta del (oro y vuelve ) ¡Qué impaciencia tengo ... ! Y dice mi madre que soy una simple, que solo pienso en

jugar y reir, y que no sé lo que es amor .... Sí, diez y siete años y no cUlllplidos; pero ya sé lo

que es querer bien, y la inquietud y las lágrimas

que cuesta.

ESCENA II.

Doña la'cnc. Doña Francisca.

DOÑA IIlENE.

(46)

EL sí DE LAS NIÑAS. ~1S

DOÑA FRANCISCA.

Como estaba usted acabando su carta, mamá,

por no estorbarla me he venido aqui, que está

mucho mas fresco.

DOÑA IIIENE.

¡.Pero aquella muchacha que hace, que no trae

una luz? Para cualquiera cosa se está un año ... .

y yo que tengo un genio como una pólvora ... .

(Siéntase.) Sea todo por Dios .... ¿ Y don Diego no

ha venido?

DOÑA FRANCISCA.

Me parece que no.

DOÑA IRENE.

Pues cuenta, niña, con lo que te he dicho ya. y mira que no gusto de repetir una cosa dos ve-ces, Este caballero está sin sentido, y con muchf-sima razon ....

DOÑA FIIANCISCA.

Bien, si señora, ya lo sé. No me rina usted

mas.

DOÑA IIIENE.

No es esto rcflirte , hija mia, esto es aconse-jarte. Porque como tú no tienes conocimiento

pa-ra considepa-rar el hien q lle se nos ha entrado por

las puertas .... Y lo atrasada que me coge, que yo no sé lo que hubiera sido de tu pohre madre ...

Siempre cayendo y levantando .... Médicos,

boti-ca .... Que se dejaha pedir aquel caribe de don

Bruno (~ios le haya coronado de gloria) los veinte

(47)

~G EL sí DE LAS NI~AS.

de coloquíntida y asafétida .... Mira que 1111 casa-miento corno el que vas á hacer, muy pocas le

consiguen. Bien que á las oraciones de tus tias, que son unas biena\'enturadas . dehemos agrade-cer esta fortuna, y no á tus méritos ni iI mi dili-gencia .... ¿Qué dices?

DO!Ü FIt,\!'iCiSCA.

Yo nada, mamá.

DOÑA ¡¡¡ENI':.

Pues, nunca dices nada. i Vitlgame Dios,

se-ilor ... ! En hablandote de esto, no te ocurre nada

que decir.

ESCENA lII.

Rita. (Sale por la puerta del (oro Con luces y las pone encima de la mesa.) Boaa II·e .. (~. Doña Francisca.

DÚ¡;jA lnENE.

Vaya, muger, yo pensé (Iue en toda la noche no venias.

IlITA.

Señora, he tardado porque han tenido que ir

á. comprar las velas. Corno el tufo del velon la

ha-ce usted tanto daño.

DOÑA InENE.

Seguro que me hace muchísimo mal, con esta

jaqueca que padezco .... Los parches de alcanfor

(48)

EL sí DE LAS NIÑAS. [~7

de nada. Con las ohleas me parece que me va me

-jor .... Mira, deja una luz ahi y llévate la otra á

mi cuiu"lo, y corre la eortina, no se me llene todo

de mosquitos.

RITA. !\iúy bien.

(Toma una tUl y hace 'fuc se vil.)

UOÑ.\ I'IlANCISC,\. (Aparle lÍ Hila.) ¿No ha venido?

lIITA. Vendrá.

DOÑA IIIENE.

Oyes, aquella carla que esta sobre la mesa,

dasela al mozo de la rosada para que la lleve al instante al correo.... V áse Rita al cuarto de doña

lrene.) Y tú, niña, ¡.qué has de cenar? Porque se-ra menester recogernos presto para salir mañana de madrugada.

110:\,1 FilA NCISCA.

Como las monjas me hicieron merendar ...• DOÑA laENE.

Con lodo eso ... Siquiera unas sopas del pu-chero para el abrjgo del estómago .... (Sale Rita

con una carta en la numo, y hasta el fin de la esce-na hace que se vá y vuelve, segu.n [o indIca el diálo-go.) Mira, has de calentar el caldo que apartamos al mediodía, y haznos un par ele tazas de sopall.,

y traételas luego que estén. llIU.

(49)

48 EL sí DE LAS NIÑAS.

DOÑA IllENE.

No , nada mas .... ¡Ah! y házmelas bien cal

-dositas.

Sí, ya lo sé.

Rita.

RITA.

DOÑA IIIENE.

RITA.

Otra. ¿Qué manda usted? DOÑA IIIENE.

Encarga mucho al mozo que lleve la carta al

instante .... Pero, no señor, llIejor es ... No quie-ro que la lleve él, qlle son unos borrachones, que no se les puede .... Has de decir á Simon, que digo yo, que me haga el gusto de echarla en el

correo. ¿Lo entiendes?

Si señora.

¡Ah! mira.

Otra.

RITA.

DOÑA IllENE.

lIITA.

DOÑA IIIENE.

Bien que ahora no corre prisa .... Es menester que luego me saques de ahí al tordo y colgarle por aq uÍ, de modo que no se cai o-a y se me lasti

-me .... (Vase /lita pOI' la puerta del (oro.) Qué no-che tan mala me dió!. .. Pues no se estuvo el

(50)

EL sí DE LAS NIÑAS. ~9

ESCENA IV.

Doñ .. Irene. Doñ .. l!'rR.nels('R ..

DOÑA IRENE.

Pues mucho será qlle don Diego no haya te-nido alglln encuentro por ahí yeso le detenga. Cierto que es L!n señor muy mirado, muy pun-tual .... ¡Tan t·nen cristiano! ¡Tan atento! ¡ Tan hien hahlado! ¡ Y con qué garbo y generosidad se porta .... ! Ya se vé, un sugeto de bienes y de

po-sibles ... y ¡qué casa tiene! Como un ascua de oro la tiene .... Es mucho aquello. ¡Qué ropa blanca! ¡Qué batería de cocina! ¡ Y qué despensa, llena de

cuanto Dios crió ... ! Pero tú no parece que atien-des á lo que estoy diciendo.

DOÑA FRANCISCA.

Si señora, hien lo oigo; pero no la qucria in-terrumpir á usted.

DOÑA IRENE.

Allí estarás, hija mia, como el pez cn el agua: pajaritas del aire que apetecieras, las tendrias, porque como él te quiere tanto, y es un caballero tan de bien y tan temeroso de Dios .... Pero mira,

Francisquita, que me cansa ele veras el que siem-pre que te hablo de esto, hayas dado en la flor de no responderme palabra ... Pues no es cosa particular, seüor.

DOÑA FRANCISCA.

Mamá" no se enCade usted.

(51)

50 EL sí DE LAS NIÑAS. DOÑA IRENE.

No .. es buen empeño de ... ¿Y te parece á t¡ que no sé. yo muy bien de donde viene todo eso? ¿No ves que conozco las locuras que se te han metido eh esa cabeza de chorlito ... ? Perdóneme Dios.

DOÑA FRANCISCA.

Pero ... Pues ¿qué sabe usted?

DOÑA IRENE.

¿Me quieres engañar á mí, eh? ¡Ay hija! He vivido mucho. y tengo yo mucha trastienda y mu-cha penetracion para que tú me engañes.

DOÑA FRANCISCA.

(Aparte.) ¡Perdida soy! .

DOÑA IRENE.

Sin contar con su madre .. Como si tal madre no tuviera .... Yo te aseguro, c¡ue aunque no hu-biera sido con esta ocasion, de todos modos era ya necesario sacarte del convento. Aunque hubie-ra tenido que ir á pié Y sola por ese camino, te hubiera sacado de allí. .. ¡Mire usted qué juicio de niña este! Que, porque ha vivido un poco de tiem-po entre monjas, ya se la puso en la cabeza el ser ella monja tambien ... Ni qué entiende ella de eso,

ni qué .... En todos los estados se sirve á Dios, Frasquita; pero el complacer á su madre, asistir-la, acompañarla y ser el consuelo de sus traba-jos, esa es la primera obligacion de ulla hija

(52)

EL si DE LAS NIÑAS. M

DOÑA FRANCISCA.

. Es verdad, mamá ... Pero yo nunca he

pensa-do abanpensa-donarla á usted.

DOÑA IRENE.

Sí , que no sé yo ...

DOÑA FRANCISCA.

No seiíora. Créame usted. La Paquita nunca

se apartará de su madre, ni la dará disgustos.

DOÑA IRENE.

Mira si es cierto lo que dices:

DOÑA FRANCISCA.

Si seiíora, que yo no sé mentir.

DOÑA IRENE.

Pues hija, ya sabes lo que te he dicho. Ya ves lo que pierdes, y la pesadumbre que me darás si

no te portas en un todo como corresponde.

Cuida-do con ello.

DOÑA FRANCISCA.

¡Pobre de mí! (Aparte.)

ESCENA V.

Don Diego. (Sale por la puerta del foro. y deja lobre la mesa .ombrero y baston.) Doña

Ire-ne. Doña Franelsea.

DOÑA IRENE.

(53)

52 EL si DE LAS NIÑAS.

DON DIEGO.

A penas salí, tropecé con el padre guardian de

San Diego y el doctor PadIlla, y hasta que me han hartado bien de chocolate y bollos no me han querido soltar .. (Síéntnsejunto á doña Irene.) Y á todo esto, ¿cómo v~?

DOÑA IllENE.

Muy bien.

DON DIEGO.

¿Y dofla Paquita?

DOÑA IllENE.

Doña Paquita siempre acordándose de sus mon -jas. Ya la digo que es tiempo de mudar de bisies-to, y pensar solo en dar gusto á su madre y

obe-decerla.

DON DIEGO.

¡Qué diantre! Con que tanto se acuerda de .... DOÑA IllENE.

¿Qué se admira llsted? Son niflas .... No saben lo que quieren, Ili lo que aborrecen .... En una

edad, asi tan ....

DON DIEGO.

No, poco á poco, eso no. Precisamente en esa

edad son las pasiones algo Illas enérgicas y dec i-sivas que en la Iluestra; y por cuanto la razon se halla todavía imperfecta y débil, los Ímpetus del

cOI'azon son mucho mas violentos .... (Asiendo de

una mano á doña Francisca la !tace sentar

inmedia-ta á éL) Pero de veras, duna Pac¡uita, ¿se

(54)

l!:-L sí DE LAe NIÑAS. 53

DOÑA IRENE. Pero si ella no .. "

DON DIEGO.

Déjela usted, señora, que ella responderá.

DOÑA FRANCISCA.

Bien sahe usted lo que acabo

uc

decirla .... No permita Dios que yo la dé que sentir.

DON DIEGO.

Pero eso lo dice usted tan afligida y ...

DOÑA mENE.

Si es natural, señor. No vé usteu que .... DON DIEGO.

Calle usted por Dios, doña Irene, ~' no me di-ga usted á mí lo que es natural. .. Lo que es

natu-ral es que la chica está llena de miedo y no se atreve á decir una palahra, que se oponga tL lo que su madre quiere que diga ... Pero si esto hu-biese, por vida mia que estáhamos lucidos.

DOÍ\A FRANCISCA.

No seilOr, 10 que dice su merced, eso digo \:0,

lo mismo. Porque en todo lo que me manda' la obedeceré.

DON DIEGO.

¡Mandar, hija mial.. En estas materias tan de-licadas, los padres que tienen juicio no mandan. lnsinuan, proponen, aconsejan; eso sí, todo eso sí; ¡pero mandar! .. Y ¿quién ha de evitar

(55)

34 EL si DE LAS NIÑAS.

Pues ¿ cuántas veces vemos matrimonios infeli-ces, uniones monstruosas, verificadas solamente porque un padre tonto se metió á mandar lo que no debiera'!, . ¿Cuántas veces una desdichada mu-ger halla anticipada la muerte en el encierro de un claustro porque su madre ó su tio se empeíta-ron en regalar á Dios lo que Dios no queria? ... ¡Eh! No serlOr, eso no vá bien ... Mire usted, dOÍla Paquita, yo no soy de aquellos hombres que se disllllulan los defectos. Yo sé que ni mi figura, ni mi edad son para enamorar perdidamente á nadie; pero tampoco he creido imposible que una mu-chacha de juicio

y

bien criada, llegase

a

querer-me con aquel amor tranquilo y constante que tan-to se parece a la amistad, y es el único que puede hacer los matrimonios felices. Para conseguirlo,

no he ido a buscar ninguna hija de familia de es-tas que viven en una decente libertad ... Decente: que yo no culpo lo que no se opone al ejercicio de la virtud. ¿ Pero cuál seria entre todas ellas la que no estuviese ya prevenida en favor de otro amante mas apetecible que yo? Y en Madrid. figú-rese usted en un Madrid ... Lleno de estas ideas, me pareció que tal "ez hall aria en usted todo

cuanto yo deseaba.

DOÑA mENE.

y puede usted creer, serlor don Diego, que ...

DON DIEGO.

Voy a acabar, señora, déjeme usted acabar. Yo me hago cargo, querida Paquita, de lo que

(56)

EL sí DE LAS NIÑAS. ññ

practicar en aquel inocente asilo de la devocion y

la virtud; pero si á pesar de todo esto la imagi-nacion acalorada, las circunstancias imprevistas

la hubiesen hecho elegir sugeto mas digno, sepa

usted que yo no' quiero nada con violencia. Yo

soy ingénuo :. mi corazon y mi lengua no se

con-tradicen jamás. Esto mismo la pido á usted,

Pa-quita, sinceridad. El cariño que á usted la tengo

no la debe hacer infeliz ... Su madre de usted no

es capaz de querer una injusticia, y sabe muy

bien que á nadie se le hace dichoso por fuerza. Si usted no halla en mí prendas que la inclinen, si

siente algun otro cuidadillo en su corazon, créame

usted, la menor disimulacion en esto nos daria á todos muchísimo que sentir.

DOÑA InENE.

¿Il uedo hablar y/a, señor?

DON DIEGO.

Ella, ella dehe hablar, y sin apuntaclo!'. y sin

intérprete.

DOÑA InEi\E.

Cuando yo se lo mande.

DON DIEGO.

Pues ya puede usted mandárselo, porque á

. ella la toca responder ... Con ella he de casarme, con usted no.

DOÑA rnENE.

Yo creo, sellor don Diego, que ni con ella ni

conmigo. ¿ En qué concepto nos tiene usted? ...

(57)

56 EL sí DE LAS ~lÑAS.

pOCOS dias há, cuando le dí parte de este casa-miento. Que aunque no la ha vuelto á ver desde que la tuvo en la pila, la quiere muchísimo; y á cuantos pasan por el Burgo de Osma les pregunta como está, y coutinuamente nos envia memorias con el ordinario.

DON DIEGO.

Y bien, seilOra, ¿qué escribió el padrino? .. O por mejor decir, ¿qué tiene que ver nada de eso con lo que estamos hablando?

DOÑA ll\ENE.

Si señor que tiene que ver, si seflOr. Y aun-que yo lo diga, le aseguro á usted que ni un pa-dre de Atocha hubiera puesto uua carta mejor que la que él me envió sobre el matrimonio de la ni-ña ... Y no es ningnn catedrático, ni bachiller, ni nada de eso; sino un cualquiera, como quien di-ce; un hombre de capa y espada con un empleillo infeliz en el ramo del v ieuto , que apenas le dá para comer ... Pero es muy ladino, y sabe de to-do, y tiene una labia, y escribe que dá gusto .... Casi toda la carta venia en latin , no le parezca á usted, y muy buenos consejos que me daba en ella. Que no es posible sino que adivinase lo que nos está sucediendo.

DON DIEGO.

l)ero , señora, sino sucede nada, ni hay cosa que á usted la deba disgustar.

DOÑA ¡llENE.

(58)

-EJ, sí DE LAS I"I~AS, 57

dole hablar de mi hija en unos términos <¡IIC ••••

¡Ella otros amores ni otros euiados!, .. Pucs si tal hllbiera ... ¡Villgallle Dios!. .. La mataba á golpes, Illire usted ... Rcspóndele, una vez que quiere que

hables, y que yo no chiste. Cuéntale los novios

que dejaste en Madrid cuando tenias doce años,

y los que has adquirido rn el convento aliado de

aquella santa Illuger. Oíselo para que se tranqui

-lice y ...

DON UIEGO.

Yo, sellora, estoy mas tranquilo que usted.

DOÑA 1II1lNIl. Respóndele.

DOÑA FRANCISCA.

Yo no sé qué decir. Si ustedes se cnfadan.

DON DIEGO.

No, hija mia; esto es dar alguna espresioll a lo que se dice; pero ellfadarnos, 110 por cierto. DOlla Irene sahe lo que yo la estimo.

DOÑA mENE.

Si señor que lo sé, y estoy sumamente

agra-decida á los favores que usted nos hace .. ,. Por

eso mismo ....

DON DIEGO

No se hable de agradecimiento: cuanto yo pu

e-do hacer, todo es poco .... Quiero que doña

Pa-quita esté contenta.

DOÑA IRENE.

(59)

tí8 EL sí DE J.AS NIÑAS.

DOÑA FRANCISCA.

Si señor que lo estoy.

DON DIEGO.

Y que la mudanza de estado que se la previe-ni, no la cueste el menor sentimiento.

DOÑA IRENE.

No seilOr, todo al contrario ... Doda mas á g us-to de todos no se pudiera imaginar.

DON DIllGO.

En esa inteliO"cncia, puedo asegurarla que no tendrá motivos de arrepentirse despues. En nues-tra compañía vivirá querida y adorada; y espero que á fuerza de beneficios he de merecer Sil

esti-macion y su amistad.

DOÑA FRANCISCA.

Gracias, señor don Diego .... ¡A una huérfanll pobre, desvalida como yo ... !

nON DIEGO.

Pero de prendas tan estimables, que la hacen

á usted digna todavia de mayor fortuna.

nOÑA IRENE.

Ven aquí, ven .... Ven aquí , Paquita. DOÑA FRANCISCA.

¡.Mamá!

(Levántase doña Francisca, abraza é iU maure r !c ¡¡caricion mú\uamente.)

(60)

EL sí DE LAS NIÑAS.

DOÑA FRANCISCA.

Si seilOra.

DOÑA IRENE.

¿Y cuánto procuro tu bien, que no tengo otro plo sino el de verte cologada antes que yo falte?

DOÑA FRANCISCA.

Bien lo conozco.

DOÑA IRENE.

Hija de mi vida ... ! ¿Has de ser buena?

DOÑA FRANCISCA.

Si señora.

DOÑA IRENE.

¡Ay, que no sabes tú lo mucho que te quiere tu madre!

DOÑA FIIANCISCA.

¿Pues qué no la quiero yo á usted'?

DON DIEGO.

Vamos, vamos de aquí. (Levánlase don Diego tj despues doña b·ene.) No venga alguno y nos ha-lle á los tres llorando como tres chiquillos.

DOÑA IlIENE.

Si, dice usted bien.

(Vánse los dos al cuarto de dorIa Irene. Doil8 Frnnci.ca Va

(61)

GO EL sí DE LAS NJ~AS.

ESCENA VI.

Rita. Doña Francisc¡ •.

JUTA.

SeilOrita ... ¡Eh! chit. ... señorita. DOÑA FRANCI.~CA. ¿Qué quieres?

RITA. Ya ha venido.

DOÑA FRA:'iCISCA. ¿Cómo?

!lITA.

Ahora mismo acaba de Ileo·ar. Le he dado un

abrazo, con licencia de usted, y ya sube por la escalera.

uOi'iA FRANCISCA. ¡Ay DioS ... 1 ¿ Y qué debo hacer'?

RITA.

¡Donosa pregunta ... ! Vaya, lo que importa es no gastar el tiempo en melindres de amor .... Al asunto .... Y juicio. Y mire usted que en el parage en que estamos la conversacion no puede ser muy

larga .... Ahí está. .

lJOÑA FRANCISCA. Sí. ... Él es.

RITA.

Voy á cuidar de aquella gente ... Valor, se -ñorita, y resolucion.

(62)

EL sí DE LAS NIÑAS. 6i

DOÑA FRANCISCA.

No, no, que yo tambíen ... Pero no lo merece.

ESCENA VII.

Don Cá.'los. (Sale por la puerta del foro.) Doña

Francisca.

DON CAULOS.

Paquita .... ¡Vida mia! Ya estoy aquí. .. ¿Cómo

rá, hermosa, cómo vá?

DO~A FnANCISCA.

Uien venido,

DON CAnLOS.

¿Cómo tan triste ... ? ¿No merece mi llegada mas alegría?

DOÑA I'IlANCJSCA.

Es vet:dad, rero acaha~ de ~ucederme cosa,s que me tIenen fuera de mi .... Sabe usted .... SI,

hien lo sabe usted .... Despues de escrita aquella

carta, fueron por mi .... Mañana á Madrid .... Ahí está mi madre.

DON CARLOS. ¿En dónde'~

DOÑA FRANCISCA.

Ahí, en ese cuarto.

(Si'ñalalluo al cual'lo de doña Irone.)

nON CAIILOS.

(63)

62 EL sí DE LAS NIÑAS. DOÑA FRANCISCA. No señor.

DON CARLOS.

Estará, en compañía del prometido esposo. (Se

acerca al enarto de doña Irene, se detiene y vuelve.) Mejor .... ¿Pero no hay nadie mas con ella?

DOÑA f.'RANCISCA.

Nadie mas) solos están .... ¿Qué piensa usted hacer?

DON CARLOS.

Si me dejase llevar de mi pasion y de lo que

esos ojos me inspiran, una temeridad ... Pero

tiempo hay .... Éltambien será, hombre de honor,

y no es justo insultarle porque quiere bien á, una

muger tan digna de ser querida .... Yo no conozco

á su madre de usted, ni .... Vamos, ahora nada se

puede hacer. ... Su decoro de usted merece la

pri-mera atencion.

DO~A FRANCISCA.

Es mucho el empeflO que tiene en que me case

con él.

DON CARLOS. No importa.

DOÑA FRANCISCA.

Quiere que ésta boda se celebre asi (lile

lle-guemos á !\ladrido

DON ChIlLOS. ¿Cuál...? No. Eso no.

DOÑA FRANCISCA.

(64)

EL sí DE LA~ NIÑAS. 63

DON CARLOS.

Bien ... , dirán .... Pero no puede ser.

DOÑA FRANCISCA.

Mi madre no me habla continuamente de otra. materia .... Me amenaza, me ha llenado de te-mor .... Él insta por su parte, me orrece tantas co-sas me ....

DON CARLOS.

¿ Y usted qué esperanza le dá...? ¿Ha prometi-do quererle mucho?

DOÑA FRANCISCA,

j lngrato., .. ! ¿Pues no sabe usted que .... 1 In-grato ... \

DON CAIILOS.

Sí, no lo ignoro, Paquita ... Yo he sido el pri-mer amor.

DOÑA FIIANCISCA. y el último.

DON CARLOS.

Y antes perderé la vida, que renunciar al

lu-gar que tengo en ese corazon ... Todo él es mio ... ¡Digo bien?

(Asiéndola de las mano!.)

DOÑA FRANCISCA.

¿ Pues de quién ha de ser?

DON CARLOS.

(65)

f¡!,. EL sí DE LAS NIÑAS.

todo me dá valor .... En fin, ya estoy aqui. ¿Usted

me llama para que la defienda, la libre, la cum-pla una obligacion mil y mil veces prometida? Pues á eso mIsmo vengo yo .... Si ustedes se van á Madrid maílana, yo voy tambien. Su madre dr. Ilsted sabrá quién soy ... Allí puedo contar con el favor ele un anciano respetable y virtuoso, á quien mas que tio, deho llamar amigo y padre. No tiene otro oeudo mas inmediato, ni IHas qllerido que

yo: es hombre muy rico., y si los dones de la for-tuna tuviesen para usted algun atractivo, esta

cir-cunstancia añadiria felicidades á nuestra union.

DOÑA rIlAi'\ClSCA.

¿ y (llIé vale para mí toda la riqueza oel mundo?

D01~ CAIlLOS.

Ya lo sé. La amhicion no puede agitar á un

alma tan inocente.

D03iA FIlAj'l'CISCA.

Querer y se,r querida .... Ni apetezco mas, ni

conozco mayor 10rtllna.

DO:, CA IlLOS.

Ni hay otra .... Pero usted debe serenarse, y esperar que la suerte mude nuestra alliecion

pre-selJte en durahles oichas.

VoF;A FILI'.CISCA.

¿ y que se ha de hat:er para que á mi pobrr madre no la cueste fina pesadumhre .. ? Me qui

(66)

em-EL sí DE L.\S l'il~AS.

pre seré obediente y buena ... ¡Y me abrazaba con

tanla ternura! Qnedó tan cOllsolada con lo poco

que acerté it decirla .... Yo no sé, no sé qué

cami-no ha de hallar usted para salir dc estos ahogos.

nON c:\ IILes.

Yo le buscaré ... ¿i\'o tiene IIsll'd (,o!llianza en mí?

JIOi\A JlIL\ i\GISCA.

¡,Pues no he de tenerla? ¿Piensa u~led que e

s-tuviera yo. viva, si esa esperanza no me a[Jil1!a~e? Sola y desconocida de to<loel mundo, (IUl) habia

yo de hacer? Si lIsted IlO hulliese vellido, Illis m e-lancolías me hubieran mucrto, sin tener {t qnien volver los ojos, ni poder comunicar it nadie la causa de ellas .... Pero usted ha sabido proceder

como caballero y arllante, y acaba de darme con

su .venida la prueba mayor de lo mudo que me

qUIere.

(Se enternece y llora.)

lION CAHI.OS.

¡Qué lIantol ... ¿Como persuade? .. Si,

htqui-ta, yo solo basto para defenderla á ustcd de cua n-tos guicl'un oprimirla. A lil1 ;lll!~\tllc favorecido, ¿quien puede oponérselt~? Nada hay mas que

temer.

1l0ÑA I'R.\NCISCA. ¿Es posible?

DON CAIlLOS.

Nada .... AlIlor ha l/nido Iluestras almas en es-trechos Dudos, y solo el brazo

ue

la J!luerte b

asla-ra

á dividirlas.

(67)

(j(j EL sí D'E L,\S NIÑAS.

ESCENA VIIl.

RUIl. DOI. Uál·los. Buiía 1·'.'u,llcisca.

RITA.

SeÍlorita, adentro. La mamá pregunta por us -ted. Voy á traer la cena, y se van il recoger al instante ... y usted, señor gala n , ya puede tam-hien disponer de su persona.

DON CARLOS.

Si, que no couviene antici jJ,u sospechas ...

\ada tengo que nimdir.

DOÑA Jo'RANCISC.\.

Ni yo.

DON CAIILOS.

Hasta maÍlan~l. Con la luz del dia vcrcmos a

este dichoso cOlllpetidor.

IIIL\.

Un caballero muy honrado, muy rico, ml1~­ prudente: con Sil chupa larga, su camisola limpia y sus sesenta aÍlos dehajo del peluquin.

(Se va por la puerta del foro.) DOÑA Jo'IIA~C[SC_\. Hasta mallana.

nON CAI\LOS. Adios, Paquita.

DOÑA PIIANCISCA.

(68)

EL sí DE LAS NI~AS. G7

DON CARLOS. ¡,Descansar con celos?

'DOÑA FIIANCISCA.

¿De quién?

nON CAI\LOS.

Buenas noches ... Duerma usted lIien, Paquita.

DO~A FIIANCISCA. ¿Dormir con amor?

nON CAI\LOS. AlEos, \ ida mia.

¡¡OÑA FI\ANCISCA.

Adios. (Entrase al cuarto de doña Irene.)

ESCENA IX.

Don C{u·los. Cah12l1o«lba. Rita.

DON CA IILOS.

¡Quitármela! (Paseándose con ¡:nquietud,) ,No ... Sea quien fuere, no me la quitará. Ni su madre ha de ser tan imprudente que se obstine en veri-licar este matrimonio repugnándolo su hija ... mediando yo .... ¡Sesenta arIOs!. ... Precisamente será muy rico ... ¡El dinero!. .. Maldito él sea, que tantos desórdenes origina.

CALA~10CHA.

(69)

oS

EL sí DE LAS NIÑAS.

menos parece cabrito. Tenemos una magnífica en -salada de herros, sin anapelos ni otra materia es-traña, bien lavada, escurrida y condimentada por estas manos pecadoras, que no hay mas que pe-dir. Pan de Meco, vino de la Tercia ... Con que si hemos de cenar y dormir, me parece que seria hueno ....

DON CARLOS. Vamos .... ¿Y adónde ha de ser?

CALAMOCIIA.

Abajo .... Alli he mandado disponer una angos-ta y fementida mesa, que parece un banco de herrador.

(Sale Rita por la pucrta del foro con unos platos, taza, cucha. ras y servilleta.)

RITA. ¿Quién quiere sopas?

DON CARLOS.

Buen provecho.

CALAl\lOCHA.

Si hay alguna real moza que guste de cenar

cabrito, levante el dedo.

RITA.

La real moza se ha comido ya media cazuela de albondiguillas .... Pero lo agradece, seiíor mi-litar.

(Entrase en el cual'to de Doña Irene.)

CALAItIOCIIA.

(70)

EL sí DE LAS NIÑAS. 69

DON CAltLOS. ¿Con que vamos?

CALAMOCIlA.

i Ay! i ay!· i ay! (Calamocha se encamina á le, puerta del foro y vuelve: se acerca á don Cárlos, y

hablan con reserva hasta el (in de la escen(¡, en que

Calarnoc/¡a se adelanlct á saludar á Simon.) ¡Eh!

cJJi t, digo ....

DON CARLOS. ¿Qué?

CALAMOCIlA. ¿No ve usted lo que viene por allí?

DON CAIILOS.

¿Es Simon?

CALAMOCIlA.

El mismo .... ¿Pero, quién diablos le ....

nON CARLOS.

¿Y qué haremos?

CALAMOCIlA.

¿Qué se yo? .. Sonsacarle, mentir \ .. ¿Me da

usted licenCia para que.... '

DON CARLOS.

(71)

'

70 EL sí DE LAS NIÑAS.

ESCENA

X.

8lmon, (Sale por la puerta del foro.)

(Jalamo-eha. Don (Járlos •.

CALAMOCHA.

Simon, ¿tú por aquí? SIMOl'{.

Adios, Calamocha. ¿Cómo va?

CALA~IOCUA. Lindamente.

SUION.

Cuánto me alegro de ...

DON CARLOS.

¿Hombre, tú en Alcalá? ¿Pues qué novedad es esta?

smON.

¡ Oh, que estaba usted ahí, señorito! ¡ Voto á

sanes!.

¿Y mi tio?

Tan bueno.

DON CARL05.

smoN.

CALA~fOCElA.

¿Pero se ha quedado en Madrid, ó ....

SIMON.

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