( Con el arco en la Pampa Argentina I
No amanece muy temprano, sobre las 8:30 de la mañana aproximadamente. Empiezo la nueva jornada de caza con un te, aunque lo he intentado no me acostumbro al sabor amargo del mate.
Esta mañana nos dirigimos a una nueva zona de caza, una finca aledaña a Poitahue, la orografía del terreno es similar, quizá este nuevo lugar sea algo más arbustivo, lo que es sinónimo de más pinchas y por lo consiguiente más arañazos y heridas.
Con el arco en la Pampa Argentina II Escrito por Salva Ramírez
tranquilo en una zona a priori bastante accesible, intentamos acercarnos a la zona y entrarle pero para nada nos da oportunidad, nos detecta a unos ochenta metros y escapa despavorido saltando la pequeña valla ganadera que separa esta propiedad de la del vecino, damos por pérdida esta oportunidad y decidimos parar a comer para después buscar un ejemplar que más o menos Santi tiene localizado y que suele ser asiduo a un punto de agua que tiene la finca para abastecer al ganado vacuno.
La comida es en la misma finca, se trata de una parrillada de carne al más puro estilo
argentino. La pinta es espectacular pero encuentro la carne demasiado sabrosa, en España comemos carne de un sabor más neutro y este sabor y olor de carne tan fuerte no me atrae demasiado, aún así disfruto al máximo de la comida pero sobre todo de la compañía de Alfonso, Santi y del resto de guías que nos acompañan en esta salida.
Nada más llegar a la alberca vemos agua reciente en el arenoso suelo y huellas frescas de un búfalo, al más puro estilo bosquimano seguimos las huellas, empezamos a rastrear y seguir el camino del búfalo pero sin demasiadas esperanzas reales de encontrarlo en una zona tan espesa de vegetación. Después de más de dos horas de camino Santi se detiene en seco y me señala el lugar donde hay un búfalo tumbado, incluso diría que durmiendo, no está a más de 60 metros, lo miro por los prismáticos y lo veo quizá un poco pequeño, Santi me dice que por ser a la huella el lance sería espectacular y que vale la pena tirarle, acepto y le entramos para
intentar colocarnos a distancia de tiro, de repente a unos diez metros a la derecha del búfalo veo asomar un cuerno enorme por encima de los arbustos, hay otro búfalo macho más grande también tumbado y estamos a solo 35 metros de él, el problema es que está en un lugar demasiado cerrado y es posible que cuando se levanté no le podamos tirar y tumbado no le voy a disparar, es entonces cuando tomo la peor decisión posible y camino hacia atrás sobre mis pasos intentando salir del alcance visual del búfalo y entrarle por un lateral, el búfalo nos detecta inmediatamente y se escapa ante mi impotencia, en ese momento soy consciente de que ya no tiraré un búfalo de ese porte, era un ejemplar excepcional.
Por la noche en Poitahue decido no cenar, la comida ha sido demasiado pesada para mi estómago poco acostumbrado a estas pitanzas, así que tomo un poco de fruta y después de charlar un rato me acuesto a descansar sin quitarme de la retina la imagen del tremendo búfalo que habíamos dejado marchar.
Seguimos cazando en Poitahue, buscando algún búfalo merecedor de ser nuestro objetivo, pero lo que nos encontramos es una inmensa manada de unos 30 ejemplares entre crías, hembras y algún macho bastante decente. Es complicado intentar cazar a un ejemplar en concreto cuando hay un grupo tan grande, demasiados ojos observando y nuestras entradas se convierten siempre en despropósitos, cuando conseguimos meternos en distancias de tiro con arco siempre es de ejemplares jóvenes o de hembras mientras que los machos se
mantienen resguardados en el centro de la manada. Así que la mañana transcurre con múltiples entradas fallidas.
Con el arco en la Pampa Argentina II Escrito por Salva Ramírez
Después de una suculenta comida montamos de nuevo en el pick up deseando tener de una vez nuestro lance definitivo, pero las cosas no son como uno quiere y la tarde no transcurre de modo diferente a la mañana.
En el campamento ya nos acompaña Juan, el cocinero oficial del rancho, un tipo genial con el que disfrutamos de lo lindo, un gran fan de River que vive los partidos de fútbol con una euforia desmesurada.
Con el arco en la Pampa Argentina II Escrito por Salva Ramírez
Cenamos rápido para salir con los focos a cazar vizcachas.
La vizcacha es un roedor de costumbres nocturnas, generalmente, de pelaje gris en el lomo y blanco en el vientre con dos franjas negras que le atraviesan la cara. Sus patas son cortas, con dedos y uñas fuertes que le sirven para cavar la madriguera.
Un macho adulto pesa entre 4,5-7,5 kg, su carne es deliciosa y muy codiciada por los argentinos que suelen prepararlas escabechadas.
Su caza se practica por la noche cerca de las madrigueras (Vizcacheras) y es divertida ya que los lances son constantes. Después de muchos fallos conseguimos cobrar un buen número de vizcachas, algunas de ellas ayudados de un rifle calibre 22, serán la cena de alguno de los días venideros.
Con el arco en la Pampa Argentina II Escrito por Salva Ramírez