ZINEBI 51 (2010) Festival Internacional de Cortos y Documentales de Bilbao

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ZINEBI 51 (2010)

Festival Internacional de Cortos y Documentales de Bilbao

AFRICAN FRAMES (1944-2009)

65 años de luces y sombras

Si bien es cierto que ignoramos gran parte del pasado y presente de las culturas africanas y su diáspora, no es menos cierta la existencia de un creciente interés, promovido desde ámbitos culturales de todo el mundo, por recomponer un complejo puzzle histórico del que faltan muchas piezas, y por difundir las nuevas propuestas que en el terreno de las artes y las letras ayudan a la reconstrucción de la identidad cultural por un lado y contribuyen por otro al enriquecimiento del imaginario global.

Buceando en la memoria encontramos que las primeras filmaciones, realizadas a principios del s. XX del período colonial, tenían por finalidad propagar la bondad de la misión civilizadora cristiana frente a la atrasada ceguera salvaje de los pueblos idólatras. Es bien sabido que bajo esta excusa se perpetró en África, además de un expolio organizado de sus materias primas, un solapado genocidio cultural que, disfrazado, daba continuidad a tres siglos de esclavitud.

En esta época proliferan las primeras misiones antropológicas (más o menos dirigidas hacia la causa colonial) que dejan numerosas filmaciones etnográficas. Será en la década de los 40, cuando comiencen a aflorar interesantes trabajos de cineastas de muy diversa índole e intención, entre los más destacados, los franceses Jean Rouch y René Vautier, de quienes proyectaremos emblemáticas obras dentro del programa que hemos dedicado a realizadores europeos en el África colonial; también veremos parte de los interesantes trabajos realizados con fines propagandísticos por el desconocido director Manuel Hernández Sanjuán (1915 2008) en la antigua colonia española de Guinea Ecuatorial entre los años 1944 y 1946, films rescatados de los fondos de la Filmoteca Nacional por la productora We Are Films (Proyecto Mbini, dirigido por Vic Pereiró y Pere Ortín; publicado por Altair). De los 31 cortos que realizó entonces, hemos programado dos: Bajo la lámpara del bosque, donde rueda diferentes momentos de la vida colonial y Balele, excelente cortometraje en la que H. Sanjuán filma una danza ritual en el pueblo Fang de Evinayong sin interferencia de colonos ni narración off, los simples y potentes sets de percusión, cuerda y voz del mvet preparan el ambiente para el trance liberador de un numeroso grupo acicalado con galas y tocados de plumas tradicionales; poesía visual que nos acerca unos minutos de cierta autenticidad cultural.

El prolífico etnógrafo y cineasta francés Jean Rouch (1917-2004) pasó en varias ocasiones por Bilbao, la última a clausurar el extenso ciclo que se ofreció sobre su obra en el museo de Bellas Artes en 2002.

La vida y obra de Rouch estuvo estrechamente ligada al África occidental. Ingeniero de puentes y caminos, a principios de los años 40 realizó su primer viaje por Níger dentro de un proyecto de construcción de carreteras. Poco después formará parte de la resistencia francesa durante la segunda guerra mundial.

Años más tarde conocerá Senegal, Malí, Burkina Faso y Ghana, países donde rodará numerosos films en los que pondrá en escena diversidad de ritos y formas de vida de diferentes culturas africanas.

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Influenciado por el cine de Vertov y de R. Flaherty, será en la década de los 50 cuando transforme la manera de plantear el documental etnográfico. Realizaciones como Les maîtres fous, 1954 y sobre todo la que veremos Moi, un noir, 1958, sentaban las bases de lo que hoy llamamos etnoficción.

Lejos de intentar captar la realidad tal y como supuestamente es, Rouch tratará de provocarla, dirigirla subjetivamente, implicado en interacción creativa con los lugareños, sus vidas y costumbres, auténticos protagonistas de sus films (y receptores de buena parte de los derechos).

Yo, un negro supuso una importante ruptura con la tradición etnográfica al derribar la barrera que parecía insalvable entre el documental y la ficción. La película escenifica los avatares de unos jóvenes que emigran lejos de su tórrido Níger natal a un suburbio de Abidjan, capital de Costa de Marfil. Una marcha ilusionante hacia la riqueza del gran mercado lleno de oportunidades y decepciones. En realidad los jóvenes iban a emprender ese viaje y, tras enterarse Rouch, les propuso rodarlo. En vez de actores, los protagonistas eran personas capaces de interpretar sus propias vidas, otra forma quizás más eficaz de acercamiento a la verdad. Tanto éste como el siguiente film que dirigió en París Chronique d’un été (1960) daban origen al cinèma vérité que tanto inspiró a la

nouvelle vague de Truffaut, Godard, Chabrol etc…

René Vautier (1928) representa otra manera de entender la imagen y el discurso cinematográfico. Militante comprometido con la libertad y la justicia social desde su adolescencia durante la 2ª GM hasta el presente, sigue manteniendo viva la llama de la lucha frente a la censura y en general todo abuso de poder.

Hijo de institutriz y obrero, se afilió pronto al partido comunista, participando activamente en acciones de la resistencia frente al nazismo, lo que le valió (junto a sus compañeros), recibir la cruz de guerra con 16 años. La trágica experiencia no amedrentó su compromiso en el combate, pero sí le hizo cambiar las granadas por la cámara de cine en una clara apuesta por el pacifismo.

Realiza sus estudios cinematográficos en el IDHEC, donde pone en práctica sus convicciones participando y filmando en diferentes huelgas. En 1949 acepta un encargo de la Liga de Enseñanza y parte al Sudán Francés a realizar un trabajo sobre la vida del campesinado, percatándose pronto de cuáles eran las inhumanas condiciones en las que vivían los pueblos de Malí y Costa de Marfil. Desoyendo la prohibición de filmar del gobernador colonial, basàndose en un decreto censor de los años 30 en Francia (decreto Pierre Laval), Vautier traspasa la línea de la legalidad y comienza a rodar toda una serie de atrocidades que le devuelven a la memoria los peores momentos del nazismo.

De ésta aventura nacería Afrique 50, primer e histórico film anticolonialista que le costaría, tras su vuelta, la confiscación del material (pudo rescatar unas cuantas bobinas), trece inculpaciones, un año de cárcel y una censura de 40 años. Además de la denuncia de los hechos narrados, la última parte del montaje anticipa de forma esperanzadora la naciente e imparable unión panafricana de los pueblos en lucha por su independencia. Vautier fue consciente de la importancia y necesidad de su trabajo desde el momento en que vio el interés que habia por destruirlo. Tras su regreso y mientras preparaba el montaje del film se reincorporó a la lucha obrera, realizando el célebre corto Un hombre

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ha muerto, donde se narraba la muerte del trabajador Edouard Mazé por una bala policial. En pocas semanas proyectó la cinta (de realización muy casera) cientos de veces por diferentes comités de huelga hasta que, tras la última proyección, literalmente la recogió en trozos y la tiró. Ejemplo claro de lo que es el cine de intervención social: un reflejo de realidades en cuyo desarrollo y resolución se pretende influir. Además de denunciar, p.e. una huelga, pretende ayudar a la resolución favorable de su causa. Lo cual requiere de la inmediatez de todo el proceso. Se trataría de adelantarse a la manipulación que pueda hacer la comunicación oficial en un intento por borrar lo antes posible el problema negando la palabra a los afectados.

Pocos años después se implica con los argelinos en la guerra por su independencia frente a Francia (1954 1962), filmando diferentes acciones militares. En un asalto de paracaidistas su cámara le salvó de un disparo que provocó se le incrustara un trozo del objetivo en el cráneo. Buscado por la justicia de su país logró entrar en Berlín para recuperarse y montar varias filmaciones que le llevarán poco después a ser encarcelado y torturado en Túnez al negarse a cortar una escena que no gustaba a un funcionario de la revolución.

Tras la independencia realiza junto a compañeros argelinos de maquís Pueblo en marcha, 1962, con imágenes de la guerra y los primeros momentos del país libre, el proyecto estaba planteado como un diálogo entre ambos países. Se ocupará de la escuela de cine de Argel hasta el año 65.

Tras su vuelta a Bretaña comienza a entrevistarse con franceses que intervinieron en la guerra para recoger recuerdos de sus vivencias. La recopilación respondía al interés de Vautier en realizar un film que diese voz a la otra parte implicada. El resultado fue Avoir 20 ans dans les Aurès, 1971. Film de ficción basado en testimonios reales, ganador del premio de Semana de la Crítica en Cannes 72. Fue producida gracias a la creación, por parte del propio autor y compañeros, de l’Unité de Production Cinéma Bretagne. Realizado con pocos medios y en una semana de estancia en Túnez, los actores debían (empapados de testimonios) intentar recrear desde su propia piel y de forma improvisada, los hechos narrados.

Poco después, apoyado por otros cineastas afectados, como Resnais y Sautet, entrará en huelga de hambre durante un mes en demanda de la supresión de toda censura política, objetivo que al final se consiguió, aunque para entonces era la TV la que elegía qué producciones emitir y cuales omitir. Ejemplo de omisión será también Marea negra, cólera roja (1978), documental sobre el desastre ecológico que provocó el petrolero Amoco Cádiz en la costa bretona, y que sigue siendo un referente utilizado en la lucha contra el abuso de las petroleras y sus negocios con el poder, así como en la defensa de de damnificados de otras catástrofes posteriores y cercanas en el tiempo.

Dentro de esta línea de combate contra la contaminación, realizará también Misión Pacífico (1988), e Hirochirac (1995), en contra de los ensayos nucleares en el Pacífico. Intervino en otras causas sociales, como el apartheid surafricano con dos títulos Le glaz

(1964) y Frontline (1976), el racismo en Francia: Los tres primos (1970) ficción trágica sobre las condiciones de vida de tres primos argelinos buscando trabajo en Francia (Award por la mejor película por los Derechos del Hombre); Habéis dicho: Francés?

(1986), reflexión sobre la noción de ciudadanía francesa y la historia de la inmigración en Francia; la situación de la mujer: Cuando las mujeres entran en cólera, 1977 en colaboración con Soazig Chappedelaine; contra la extrema derecha francesa: A propósito de…el otro detalle (1985), film donde presenta testimonios de personas que

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fueron torturadas durante la guerra de Argelia, entre otros, por Jean-Marie Le Pen. Testimonios que ayudarán a defender ante la justicia al periódico Le Canard enchaîné, en proceso contra éste por difamación, etc.

Hoy día René Vautier clasifica su trabajo e intenta recuperar parte de esas 140 películas que le atribuye la Academia Cinematográfica Francesa y que ha declarado de interés público. Un legado de enorme valor que ha de estar disponible siempre allá donde se requiera su mensaje. De ahí la importancia de asegurar la continuidad y adaptación de esta manera de entender el cine a la nueva sociedad tecnológica y sus poderes.

La cuestión es cómo garantizar su difusión ante el generalizado veto de las cadenas de TV ya plataformas digitales. Además de intervenir socialmente con su cámara poniendo imágen y sonido a quienes se les niega la palabra, Vautier propicia, a través de sus

diálogos de imágenes entre realidades confrontadas, la recepción y toma de conciencia de acontecimientos ignorados sobre la realidad del otro. Y ello en un claro intento por reequilibrar los desfases e injusticias inherentes a las relaciones humanas.

Es por ello un gran honor para ZINEBI, y en general para Bilbao, rendir sincero homenaje a este bretón universal en reconocimiento a su compromiso ético que responde simplemente a un deber de hombre en memoria de aquéllos que dieron su vida por la Resistencia.

Dos de los programas del ciclo están dedicados al cine contemporáneo africano. Uno de ellos presenta films realizados en Senegal en la última década, entre ellos, dos cortos de animación, Train train Medina (2001) del artista Douts Ndoye en el que recrea la construcción caótica de un barrio popular en un sitio inadecuado, premiado en varios festivales entre ellos en el festival Vues d’Afrique de Montreal 2003; y Sakou wala bouteil

(2005) de Piniang (Ibrahima Niang).

El corto de ficción Deweneti (2006) de Dyana Gaye nos presenta a Ousmane, un jóven niño de la calle que quiere escribir a Papá Noel. También veremos un corto de ficción del realizador El Hadji Samba Sarr titulado La discordia (2008) cuya trama es llevada por una familia senegalesa que vive en París y que decide regresar a vivir a su pueblo natal. Pronto la hija adolescente se verá frente al matrimonio tradicional que rechaza.

Veremos también dos documentales, Mbalite (2008) de Cheikh Sidath Touré, que tiene por argumento el reciclado de basuras en Dakar, y La brecha (2008) de Abdoul Aziz Cissé, donde se plantea el problema ecológico causado por las obras infraestructurales de los 80 en Saint Louis, delta del río Senegal.

Hemos dedicado un sesión especial a los trabajos ganadores de los festivales de cine africanos más importantes que florecen al sur: FCAT (Festival de cine africano de Tarifa) y la bienal del FESPACO (Festival panafricano de cine de Ouagadougou, Burkina Faso). Del primero veremos los tres cortos ganadores de las tres últimas ediciones: Lucky

(2005, Suráfrica, GB), de Avie Luthra; Humanitaire (2007, Burkina Faso), de Adama Roamba; y I love you (2007, Mozambique) de Rogerio Manjate. De FESPACO, hemos programado los tres cortos ganadores de la reciente edición 2009: Sektou (2008, Argelia) de Khaled Benaissa, C’est dimanche (2008, Argelia-FR) de Samir Guesmi y

Waramutsého! (2008, Camerún) de Bernard A. Kuemo Yanghu.

El último programa nos acerca al arte contemporáneo africano. Podremos ver el documental Africalls? (2008) de Vic Pereiró (We Are Here Films); un viaje por diferentes capitales africanas de mano de los artistas Mamadou Gomis (Dakar, Senegal), Lolo Veleko (Ciudad del Cabo, Suráfrica), Nastio Mosquito (Luanda, Angola), Myriam

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Mihindou (Gabón-Marruecos) y Jorge Dias (Maputo, Mozambique); y los centros de producción artística Doual’Art (Douala, Camerún) y Kwani (Nairobi, Kenia).

Este ciclo, que esperamos sea de interés para el público, ha sido realizado gracias a la colaboración de diferentes agentes culturales públicos y privados, como la agregaduría cultural de la embajada de Francia, Festival de Cine Africano de Tarifa, FESPACO, We Are Here Films, y en especial a la familia Vautier.

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