La transmigración de las almas

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La transmigración de las almas

La filo3ofía india es e.,encialmente espíritu~. Toma su origen en la viáa y se ocupa de nuevo de ella puesto que la explica. Los filó,- sofos indios se esforzaron en la reforma espiritual del pai.s por medio de extensos estudios religiosos y con· su propia mortificación según el estado de su conocimiento religioso. Sus esfuerzos serán sinceros y buscaron solo la verdad. En la filosofía india una misma palabra in- dica realidad y la perfección «sat». La -actitud occidental que consi-

. .dera el pensamiento indio reducido a unos cuantos puntos como mO-:

nismo, ilu3ión del mundo, etc. es inaceptable. No hay nada que sea tra;scendentalmente falso. Hay mucho verdadero en la filosofía india y cada rama de la concepción filosófica ha tenido su correspondencia anteriormente En la historia del pensamiento filosófico indio.

Tal vez será útil como preparación a la exposición de la teoría de la trasmigración una palabra sobre la ev,olución de la humanidad. El mundo, se dice, emanó de Brahma, un soplo de El comprende cuatro edades: la Satyayuga (1.728.000 años), la Treta-yuga (1.296.000 años), la .;J)vapara-yuga (864.000 años) y la Kali-yuga (432.000 aoñs). Esta .es. la edad en que vivimos que empezó 3.102 años antes J. C. Es Ja peor de todas las edades. Desde la felicidad característica del primer periodo, 'una continua degradación ha motivado el presente en que el pecado y la impiedad dominan el mundo. El mal irá creciend¡o hasta que la materia del cósmos vuelva :1 su primordial condición c6.ótica en la que sus componentes te:-idrán igual peso y por lo tanto no podrán actuar sobre la materia. Todo el, proceso empezará de n:uevo con un nuevo soplo o expiración de Brahma.

Los filósofos indios han procurado siempre r-esolver el problema de la existencia del mundo, de D1os, del mal, la eternidad de la re-' tribución etc. En el esfuerzo por solucionar el problema del mal se _desenvolvió gradualmente la doctrina de la trasmigración. Pro-' cl.'.raremos trazar el proceso de esta evolución. Como previa prepara..;

ción veamos las amplias etapas de la filosofía india. El periodo Védico (1.500 antes J. C. - 1.600 antes J. C.), el Epico (600 antesJ. C. - 200 ·después de J. C.), el Sutra (200 A. D ... )) y el Escolá,tico a la:

vez. Es dificil trazar línea divisoria entre los dos últimos periodos.

Lá época Védica oomprende cuatro Vedas. ·El Rig-Veda que es el más. importante, el Yajul"-Veda y el Sama-Veda que tienen signifi- cación litúrgica y el Atharva-Veda. Cad<t Veda consta de tres partes:

Mantras, Brahmanas y Upanishads. Los primeros son himnos de los poetas, los segundos son obra de sacerdotes, los terceros medita- ciones de los filósofos. Ahora bten, parece que a los Védicos .aryos

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no les era familiar el concepto de la reencarnación. Amaban la vida en su plenitud y no se preocupaban respecto de la suerte futura del alma. No tenían doctrina especial de una vida de ultratumba, aunque no se vieron libres de con<:eptos del cielo e infierno en su reflexión.

La idea de la reencarnación está lejo.s todavía. Después de la noche, el día; después de la muerte, la vida. La muérte no es el fin de las

~as. Cuancio el cuerpo es desecho, ·el alma reviste una forma es- piritual resplandeciente y va a habitar con los dioses, donde Yama y los padres viven una vida inn;lortal; como el humo ,asciende en la hoguera y en los sacrificios. Las almas desprendidas tienen en el cielo una vida como la nuestra con alegrías terrenas perfeccionadas y elevadas. El justo que honra .a Dios viene a se:r inmortal. ¿Qué sucede al que no 30nra a los dioses? Si el cielo es sólo para los pialosos y los buenos, los malos ni pueden ser extinguidos por la muerte ni ir al cielo. Es necesario pues un infierno. Parece ser ese el destino de los perversos y malo,5; caer en tenebrosa y oscura muer- te y desaparecer. La recompensa sigue .a la rectitud, y el castigo a la maldad. Los pecadores al final son aniquilados.

En las Brahmanas tanto los buenos como los malos son reencar- naC:os a fin de experimentar el resultado de sus acciones. Tienen la creencia de que no hay más que una vida después de é3ta. Y ;SU

naturaleza está determinada por nuestra conducta en ella. «Un hombre es comido en el otro mundo por el alimento que ha comido en éste». El bien y el mal encuentran su correspondiente recompensa y castigo en una vida futura que no se identifica con la presente:

El hecho de los repetidos nacimientos no aparece todavía. Pero la retribución en la vida futura, por el bien o por el mal, ¿es eiterna?

La mentalidad india, suave y acomodaticia, no podía concebir que las acciones -hechas en esta ~fímera vida tuvieran consecuencias eternas.

Por _ tanto, cuando se acabe la vida futura, es natural que nazcamos de nuevo en este mundo. El ritmo natural de la semilla al árbol;

y luego de nuevo a la semilla nos lleva a una serie sin comie,n;zp ni fin. Los Brahmanas contienen toda clase de sugerencias sobre la nueva vida, aunque su desarrollo se encuentra en los Upanishads. Sin- embórgo en éstas, la inmortalidad es una tendencia primaria. Puede haber un fundamento de verdad en la teoría de que quizás hubo una influencia de los aborigene:5 qui.enes consideraban que después de la muerte sus almas vivían en cuerp.>s de animales. Sea de esto lo que fuere, no se puede sostener que el origen de la trasmigración sea una doctrina nacida fuera de la India. Las líneas principales de esta doctrina se ,encuentran muchó antes de Anaxágoras y de Pitágoras.

Aunque las Brahmanas mencionan quizás algunos hechos los cuales sugieren que algunas de éstas ideas no eran bien conocidas de los Brahmanes, esto no significa que no existieran tendenchs hacia ·esta

doctrina. ; 1 11 : i;

l

En los Upanishads la idea de la reencarnación es predominante:

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LA TRANSMl3RACIÓN DH LAS ALMAS

Si en ·~as Brahmanas . puede haber habido una idea de la reencarna- ción ésta e.5taba limitada a la vida futura. En los Upanishads esta se oonvierte en la doctrina de la· reencarnación en este mundo. El grado máximo de inmortalidad consistía en ser uno con Brahma, el

· prirr.er principio. Cuando no llegamos a nuestra más elev.ada libertad nos vemos constreñidos a los limites del tiempo y sujetos a la ley del renacimiento y muerte en este mundo, hasta lograr nuestria liberación. La ley que rige la reencarnación del hombre sé llama

«karma»: no denota equivalencia ,alguna entre mérito y experiencia, sino que afirma que la naturaleza de fa reencarnación deI)end,e

~lmnete de su conducta. «Aquelloo cuya conducta ha sido buena alcanzarán un buen nacimiento, oomo el de Br,ahmin, Kshatriya, etc. pero los que se han portado mal tendrán un mal nacimien.to,;

como el de un cerdo, perro, etc.»_ Brahma o el ilimitado se identifica con el alma universal, y por consiguiente no está sujeto a lúnites. Lo

~ue persiste de una vida para otra es lo que uno hace, su karma o su carácter. El hecho de que no tengamos conci~ncia de nuestras vi- dss '.anteriores no es cosa tan dififil de explicar, pues muchas veces olvidamos gran parte de nuestra misma vida humana. La aceptación de esta doctrina pudo haber sido facilitada por las creencias de los aborígenes, y aun más por la consideración de la santidad en todas las cosas (nota car.acterfstica de los Upanishads), la igualdad de origen en la flor, el insecto, el animal y el hombre. La mecánica de la re- encarnación se explica en muchas maneras. «Entonces su conocimiento y sus obras le llevan de la mano. A la manera como una tortuga que

~e ha arrastrado hasta la cima de una hoja se arrastra hasta otra boja, así el hombre después de haber abandonado su cuerpo se arrastra hacia una nueva existencia». «Así como un orfebre tama ur. pedazo de oro y le da una forma que es más agradable, .así · el ahna toma un.a f.orma que es más nueva y más agradable, acomodada

· al rc,undo». Así como un escultor toma el material de una es~tuli y lo 4esbasta dándole una nueva forma más bella así también el alma, después que ha sacudido su cuerpo y abandonado su ignorancia se crea para sí una forma nueva y más hermosa». Esta teoría explica el apa- rente desorden moral y el caos del dolor. Es para ellos la única teoría que explica las desigualdades con que los hombres se encuentran en este mundo, las cuales parecen ser incompatibles ta~to con un Dios Que crea de nuevo cada ,alma en particular, como con ei hecho de ,la libertad humana, y explica el desorden y · el sufrimiento en el rr. undo moral. Así dicen los filósofos modernos. Según Radhakri;,hnan la teoría de la reencarnación es tan lógica como cualquier otra hipó-· tesis que pueda presentarse, y es ciertamente más satisfactoria que las teorías de la aniquilación absoluta o la retribución eterna. Mac- donnel ,observa que la dependencia de Pitágoras respecto de la filo- sofía india ciertamente parece tener un alto grado de probabilidad.

La doctrina de Pítagóras $Obre la trasmigración aparece sin relación algun~ y sin fondo que la explique, y era consider.ada por los griegos

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HERBEKT FARIAS, S, J.

como de origen extranjero. Pítagoras . no pudo haberla tomado de Egipto, pues no era conocida de los antiguos egipcios. La rueda de los nacimientos es la misma en ambas filo30fías. Sin embargo 1 'lS indios.

no la tomaron prestada de fuera.

Siguió luego el periodo épico, qu·? se distingue por la doctrina del materialismo y por las enseñanzas de Jainismo y Budismo. El primero naturalmente no admitía nada d-e Dios, tampoco del alma ni de la vida futura. El segundo acepta la doctrina de la trasmigración en lo esencial, con escasas explicaciones accidentales añadidas a las nociones originales. L'.>S Jains tienen una cancterística particular al admitir la existencia de almas aun en objetos inorgánicos como los n.c.t,~c."" ~ piec.ras. El estado del alma depende del estado del cuerpo;

en .'tul cuerpo inorgánico ,la conciencia del alma está dormida, mien- tras ,que está despierta en el cuerpo orgánico. La concienci.a está ac- tiva en los &eres humanos. t1Toda carne no es la misma, sino que hay carne de hombre y una, de animll y otra de peces y otra de pá- jarosit. La causa de que el alma vuelva a este mundo con una nueva fGrma de vida es la preaencia en ella de materia kármica. Cuando Ias acciones de un individuo tienen por resultado la eliminllción de toda matéria kármica el .alma se libera de la rueda de la reenca;rna- ción .. Por tanto, no tenemos aquí fatalismo absoluto, pues aunque el karma lo decide todo, nuestra vida presente está siempre en nuestro poder y podemos modificar los efectos del pasado. El Budismo da un p2so más al enseñar que la ley penetra en nuestra misma naturaleza.

Es un principio de justicia en nuestras relaciones humanas: Recon- cilia al hombre con su suerte en la vida. El principio no es una fuerza rígida de la que los hombre.s son esclavos en este mundo en detri- mento de su voluntad libre. Hay continuidad entre el pasado y el present.e, lo cual no quiere decir qÚe . el presente no sea más que el re&ultado del pasado. La volwitad del hombre es siempre libre y Budha insistió siempre en la necesidad de energía y esfuerzo en la lucha contra el error. Pero aquí entra en juego un nuevo elemento.

Lo que s~cede ,en realidad es que el elemento que está presente en ~l nuevo eslabon de la cadena .de la reencarnación no es el alma ·sino el carácter moral, pues en la muerte no hay alma que pueda tras- migrar. El concepto de alma parece ser .aquí distinto de aquél al que estemos ~costwnbrados. Por tanto, el individuo que renace no es el :mísmo que murió. Hay un eslabón causal de continuidad que gobierna el\ pro.:eso de la 1reencarnación. Pero aunque el hombre nuevo es ·el heredero. óe la acción del antiguo, sin embargo es un ser nuevo. Aun- que no hay identidad ,permanente, sin embargo no hay aniquilación:

E: karma hace funcionar el proceso hasta que se extingue cuando se aca.ba .la línea de .la existencia individual.

La épica del Mahabarata y del Ramayana añaden notable ,aporta- ción a la filosofía india. El karma es todavía una regla inflexible, pero puede ser modificada por el esfuerz:> humano. Se compara a un fuego que podemos con nuestro esfuerzo aventar '1asta que

se

.apague

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completamente. La ley es la expresión de la natu..-aleza de Dios. El Bhagavad-gita forma parte del Bhism.a-parva del Mahabarata y es el po1:ma religioso más popular de la literatura sanscrita. Menciona la reencarnación hasta que se llega al último estadio. El renacimiento que sigue a la muerte está destinado a la muerte y viceversa. La muerte no hace más que cambiar la escena. El instrumento a través del cual ha de expresarse el artista ha de quedar intacto. Cuando muere el cuerpo se le proporciona un nuevo instrumento. El tipo del instru- rrento depende del carácter que hayamos formado. Cada paso que g.?namos queda conservado para n:>Sotros. Son las palabras de K.rish- na, «cuando un hombre obra el bien, nunca se perderá». Todos los valores se conServan. El qu~ sobrevive a la· muerte es el portador de un carácter. La reencarnación continua hasta que se ~lcanza la meta. Y nadie puede perder el camino al Supremo si ha puesto en ello su corazón.

Cuando la literatura Védica se desarrolló demasiado y los pensa- dores védicos fueron obligados a sistematizar el pensamiento filosófi- co, empezó la literatura de las Sutras. Estas son un compendio de la filosofía de las edades anteriores. De todos los sistemas, seis de· ellos se hicieron más famosos que los otros. Estos eran Myay.a de Gautama;

la Vaisesika de Kanada, la Samkhya de Kapila, la Yoga de Patanjali, la Purva Mimamsa de Jaimini, y la Uttara Mimansa o la Vedanta de Badarayana. Todos estos sistemas 'más o menos aceptan la doctrina de trasmigración trad,icion.al con algunas diferencias accidentales. En el primero el alma es una entidad eterna pero una cosa especial en cada individuo. El nacimiento del hombre es un proceso que depende de ·1a karma de los parientes y también del individuo mismo. La historia concreta de cada ,alma abraza un número de ~das. La teoría de la preexistencia es generalmente aceptada. Los recién nacidos muestran señales de gozo y dolor bastante pronto y no podemos rec.'ucir las sonrisas y los lloros dél infante a movimientos mecánicos como los movimientos del abrir y cerrar de las flores de· 1oto. El hc;mbre es mucho más que una flor. La búsqueda y el deseo · del reden nacido de tomar la leche materna no puede explicarse con la analogía de la .atracdón del hierro por el imán,· porque el pequeñito no .es un trozo de metal. La objeción de que los nifios pequeiios ,que ya tienen deseos, pueden producirse como se producen las sustan- cias con cualidades no se admite, sino que tienen su origen en la experiencia , pasada. Nosotros entr.amos en este mundo «no en com- pleto olvido ni en total desnudez», sino con algunos recuerdos y há- bitos adquiridos en el estado anterior de existencia. El argumento de la preexistencia y de la vida futura se robustece por considera- ciones éticas. Si no adm.itimoo un pasado y un porvenir para nuestras almas, nuestro sentido étioo quedará violado por una pérdida de ac- ción merecida y una ganancia de fruto no merecido. Tiene que ser un porvenir donde podamos experimentar los frutos de n·uestra¡., acciones y un p~do para poder explicar las diferencias de nuestras

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fortunas del presente. Cuando nuestra posibilidad de merecer se ha Cülllplido, el alma se libera del mundo y de lo.;; renacimientos y se emancipa definitivamente. En la Vaisesika la vida presente quizás

no

sea el resultado de la vida inmediatamente precedente porque todas las ,«cualidades potenciales» no pueden actualizarse en todos los paros de nuestra vida. En el sistema de Yoga la ignorancia es la cauS& de que el alma se quede en este mw1do. Solamente la ciencia c&usará la última liber:ación. El sistema de Samkhya parece admitir la ;misma doctrina en cuanto a la trasmigración, y añade algunos argumentos acerca de la existencia sin término del alma en ambas direcciones,: la del pasado y del futuro. Si el alma no existe d~de toda la eternidad, entonces no hay razón para que tenga que existir por toda la eternidad. ,El ,alma pqr tanto no es creada. Cuanto .más reconocemos la eternidad de las dlmas tanto menos encontramos la nece;sidad de un creador: Dios. En la Purva Mimansa, la ciencia no es la causa de la liberación, sino que la actividad del alma tiene que agGtarse y el estado final rJ contiene felicidad ni se caracteriza por la ausencia del dolor sino es simplemente la forma natural del alma.

La Vedenta ha sido comentado por muchos filósofos eximios. El primero es Samkhara. Karma es la causa de los renacimientos hasta que cesan cuando se obtiene la perfecta ciencia; En este tiempo el Semen de Karma se consume y el ciclo de nacimientos termina. El indiviciuo tiene impulsos que dirigen su naturaleza por razón de la infinidad que hay en él, y sin embargo su yo como poder casual, queda fuera de la serie de impulsos y así el puede determinar su actividad. Solamente el que sabe la verdad llega a la vida eterna y rompe el ciclo de renacimientos. Samkhara identifica Rama con el alma l\l.Iliversal y las ,almas universales no son sino modos del uni- versal. El mundo es ilusión. Ramanuja, el segundo entre los comenta- dores más importantes, protesta vigorosamente oontr.a la doctrina

· de ,la ilusión, y afirma la individualidad de las almas como distintas

de Brahma. El quedar libre de los renacimientos se obtiene por

«bhakti» o devoción, que no es un emocionalismo puro sino un cul- tivo de la voluntad y del entendimiento. Es una ciencia de Dios y

. 'Una. obediencia .a su voluntad, el amar a Dios con todo el corazón y

Entendimiento que termina en una visión intuitiva de Dios. «Bhakti»

conduce a <<moksa». Con Ramanuja estamos en el final de nuestro estudio Los nuevos desarrollos doctrinales no añaden mucho a las oonsjJderac1ones que ya hemos hechu. Y hoy día los hindús creyentes en la mayor parte de la India admiten la doctr.ina de la trasmigra- como fué expuesto por Ramanuja.

Esta breve sintesis del tema de la reencarnación en la filosoria L-1óia nos ha puesto ante los ojos el noble esfuerzo por solyentar problemas reales y el afán de avanzar en el conocimiento de la ver- dad Es notable el elevado tono en que se mueve 'toda ést'l teoría <le la reencarnación. Ha bastado una vista panorámica para poder apre- ciar el 1reconocimiento explicito de un orden moral, de la libertad y responsabilidad, de la existencia de un alma individ'úal inmortal, etc.

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LA TRANSMIGRACIÓN DE l.AS ALMAS

La :filosofía india ha tenido la clarividencia y la sinceridad cientüica para percatarse de estas realidades y no querer sepultarlas bajo un montón de materia como tantos en occidente intentaron hacer, bien que en vano, tarde o temprano la espiga ha roto y romperá siempr-e la dura costra de .la tierra y florecerá. Con todo, ya esta breye ex- posición ha manifestado ciar.amente que el alma india, suave y un fonio extrovertida, extasiada ante la maravilla del cosmos, no ha Ue¡;aáo siempre a dar el último paso en el camino de la investigación y observación de la realidad mundana y humana.

Se hv. dado cuenta del grave problema del mal, y ha recurrido a una solución tan humana .al parecer como la aniquilación de los malos; no ha llegado hasta el final. Algo semejante ocurre con su ctocinna del retorno, tquada dar.amente del ejemplo de la natura- leza: sernma, árbol, semilla... Ha observad<> la realidad pero no ha pesado bastante los datos fenomenológicos del problema. En efecto, en la cadena semilla, árbol, semilla, no hay ningún elementos con- ciente 1Y responsable, elementos que vienen a dar otra dirección to- talmente diversa al problema. Nuestra misma proyección .a una vida eterna como ,estadio definitivo explica mucho el estado desigual ac- tual ya que· no es algo definitivo, sino pasajero y en función del fu- turc, todo estado puede ser bueno; más, con la ayuda de Dios que no faltará, como la filosofía india claramente reconoce, con esta ayuda digo el estado menos dotado puede ser el mejor. «Bienaventuradoa los pobres de -espíritu ... ¡ay de vosotros ricos! ... » No es preciso re- currir, pues, a una hipotética reencarnación como se ha pretendido.

Por lo demás el olvido total de la vida pasada en todos los hdm-i bres, siempre y ·co.nstantemente sin que quede rastro algQllo, ni so-1 brenade Jtlgún resto siquiera en el naufragio del pasado, obliga a poner no ya un interrogante sobre esta pretendida solución, sino a negar su valor científico. Nada digamos de su ingénua interpreta..:

ción del instinto como reminiscencia, tema hoy por demás estudiado y en cierto sentido solucionado. Esa ingenuidad se revela más aún en el ·afán de animarlo todo aun los metales, como alguna secta reencar,..;

nacionista pretendía. Un alma que jamás se manifiesta, sino que pr~

senta por el contrario todas las características de la no-vida, no ofre- ce garantía científica ,alguna.

Está claro, con todo, que estas puntualizaciones no han de to- marse en un sentido acusador, ni mucho menos: sinceramente el tes-,;

timonio de la responsabilidad y libertad humanas, del nivel moral qel hombre es sencillamente espléndido; reconocer ·esta doble tec- tónica en el hombre sin empeñarse en reducirlo todo a un es.trato material es un dato fenomenológico de primera magnitud que la fi..;

lowfía india ha sabido captar y cumple con su papel de hacerse eco de él; si bien no ha logrado siempre llegar a la última consecuencia en estos análisis, no podemos menos de reconocer y agradecer su :rr.agnffica .colaboración en este avanzar hacia la verdad.

Herbert FARIAS, S. J.

Bandra (Bombay-India).

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