GILBERT KEITH CHESTERTON
Y EL DISTRIBUTISMO INGLÉS
EN EL PRIMER TERCIO DEL SIGLO XX
Esta tesis fue dirigida por el
Dr. D.JOSÉ LUIS PÉREZ DE AYALA Y LÓPEZ DE AYALA
y fue leída en la Facultad de Ciencias Jurídicas y de la Administración de la Universidad San Pablo CEU,
el día 21 de mayo de 2003 ante el tribunal constituido por los siguientes profesores:
Presidente: Dr. D. Dalmacio Negro Pavón Vocal: Dr. D. Eudaldo Forment Giralt
Vocal: Dr. D. Pedro José González-Trevijano Sánchez Vocal: Dr. D. José Manuel García Ramos
Secretario: Dr. D. Ernesto Lejeune Valcárcel Habiendo recibido la calificación de
SOBRESALIENTE “CUM LAUDE”
D
ANIELS
ADAC
ASTAÑODepartamento de Derecho Público I Facultad de Derecho Universidad San Pablo CEU
GILBERT KEITH CHESTERTON
Y EL DISTRIBUTISMO INGLÉS EN EL PRIMER TERCIO DEL SIGLO XX
Director:
JOSÉ LUIS PÉREZ DE AYALA Y LÓPEZ DE AYALA
FUNDACIÓN UNIVERSITARIA ESPAÑOLA Alcalá, 93
MADRID, 2005
Publicaciones de la
FUNDACIÓN UNIVERSITARIA ESPAÑOLA
Colección TESIS DOCTORALES CUM LAUDE Serie D (Derecho) -
Ilustración de cubierta: Conversation Piece (Gilbert Keith ('G.K.') Chesterton; Maurice Baring;
(Joseph) Hilaire Pierre Belloc). National Portrait Gallery, London.
ISBN:
Depósito Legal:
FUNDACIÓN UNIVERSITARIA ESPAÑOLA Alcalá, 93. (28009 MADRID) Tfno.: 91 431 11 93 - 91 431 11 22 Fax: 91 576 73 52 j e-mail: [email protected]
INDICE
Página
AGRADECIMIENTOS... 9
CAPÍTULO I: INTRODUCCIÓN ... 13
1. La elección del tema ... 13
2. La búsqueda de las fuentes ... 14
3. Concreción del tema y metodología... 17
4. Fuentes ... 18
CAPÍTULO II: ORÍGENES DEL DISTRIBUTISMO. SUS INICIADORES... 21
1. Orígenes del distributismo ... 21
2. Chesterton y Belloc: vidas paralelas ... 24
3. El debate fundacional del distributismo ... 27
CAPÍTULO III. IDEAS GENERALES DEL DISTRIBUTISMO... 31
1. Introducción. La tercera vía del distributismo... 31
2. Distributismo y libertad ... 37
3. En defensa de lo pequeño ... 48
4. El distributismo como alternativa. Sus dificultades prácticas ... 52
5. La batalla contra el engaño de que ningún cambio es posible ... 61
CAPÍTULO IV. CRÍTICA DEL CAPITALISMO... 65
1. Introducción ... 65
2. Postulados básicos del capitalismo liberal ... 65
3. Lo que afirma el distributismo... 68
4. El problema de los términos ... 69
5. Alcance de la crítica distributista al capitalismo ... 71
6. Pérdida de libertad... 75
7. Ilegítima concentración de dinero y de poder ... 78
8. Descontento que produce el capitalismo ... 80
9. El capitalismo sólo prospera en lugares no distributivos... 82
10. El inevitable ocaso del capitalismo liberal ... 87
CAPÍTULO V. CRÍTICA DEL SOCIALISMO ... 97
1. Introducción ... 97
2. Capitalismo y socialismo, hermanos gemelos... 101
3. La inalcanzable utopía comunista ... 104
4. La verdadera revolución no está en el socialismo ... 108
CAPÍTULO VI. DISTRIBUTISMO Y PROPIEDAD PRIVADA ... 111
1. Introducción ... 111
2. Concepción distributista vs. concepción capitalista de la propiedad ... 112
3. Paralelismos con la Doctrina Social de la Iglesia... 117
4. Los matices propios de Chesterton sobre la propiedad ... 127
CAPÍTULO VII. LA PEQUEÑA PROPIEDAD ARTESANAL Y AGRARIA: ¿NOSTALGIA MEDIEVAL? ... 167
1. Introducción ... 167
2. Polémica sobre las consecuencias del desarrollo industrial en el nivel de vida de los trabajadores... 169
3. La situación del campesinado y del pequeño comerciante en la Edad Media ... 172
4. Sustitución de la esclavitud por el régimen distributivo del campesi- nado medieval... 174
5. Defensa del campesino, del artesano y del pequeño comerciante ... 183
6. Vida urbana versus vida rural ... 185
7. El gremialismo medieval ... 191
8. La utopía de la Nueva Edad Media ... 195
9. ¿Quieren los distributistas volver a la Edad Media? ... 197
CAPÍTULO VIII. DISTRIBUTISMO: ¿UTÓPICO? ... 201
1. Introducción ... 201
2. El ideal del distributismo es posible ... 203
3. Lo óptimo es enemigo de lo bueno ... 205
4. La fuerza de la verdad ... 206
5. Organicidad y disciplina doctrinal en el movimiento distributista ... 207
6. El distributismo como única alternativa posible ... 211
7. El distributismo propugna una revolución ... 213
CAPÍTULO IX. LEGADO Y VALOR ACTUAL DEL DISTRIBUTISMO: UNA REVISIÓN CRÍTICA ... 215
1. Introducción ... 215
2. Alcance de la crítica al capitalismo ... 216
3. El distributismo como tercera vía ... 220
4. Corriente católico-liberal: la crítica distributista al capitalismo está superada en el capitalismo contemporáneo. ... 223
5. Validez de la postura distributista a la luz del magisterio último de la Iglesia en materia social ... 226
CAPÍTULO X. CONCLUSIONES... 245
PRIMERA.- Importancia de las fuentes para una correcta interpretación del distributismo. ... 245
SEGUNDA.- Valor de la crítica distributista al capitalismo para el mo-
mento actual. ... 246
TERCERA.- El poder sigue necesariamente a la propiedad... 250
CUARTA.- Hacia una correcta interpretación del distributismo en su defensa del ideal medieval. ... 253
QUINTA.- Defensa de los cuerpos intermedios. La imprescindible sub- sidiariedad. ... 255
SEXTA.- El distributismo no es una utopía. ... 257
BIBLIOGRAFÍA ... 259
Fuentes ... 259
Otras obras citadas ... 259
Artículos citados de revistas ... 261
Otras obras de consulta y apoyo ... 262
APÉNDICES DOCUMENTALES ... 265
AGRADECIMIENTOS
Debo empezar el capítulo de agradecimientos por el director de esta tesis, D.
José Luis Pérez de Ayala, por su guía como maestro intelectual y maestro de vida, haciéndome confiar en todo momento en que este proyecto llegaría a buen término.
A Blanca, Óscar y Salvador, sin cuya ayuda en las traducciones me hubiera resultado imposible terminar este trabajo. Ellos mejor que nadie han experimen- tado el reto de traducir con corrección a un personaje de la riqueza y la talla lite- raria de Chesterton.
A Rosa, Eva, María, Verónica, Carmen y Jorge, por su apoyo desde la Bi- blioteca de la Universidad Francisco de Vitoria y por su profesionalidad ayu- dándome en la búsqueda de las fuentes, ayuda que resultó capital para poderme plantear siquiera esta investigación.
A Teresa, Beatriz y particularmente a Miriam, por su apoyo informático y secretarial.
A Salvador Antuñano por compartir su vasto conocimiento de Chesterton conmigo y por sus inestimables sugerencias a este trabajo.
Al P. Florencio Sánchez L.C., por ponerme en la pista del distributismo y por ser referente intelectual y moral para ésta y para tantas cosas en mi vida.
A las personas que desde fuera de España me han ayudado en la búsqueda de materiales y publicaciones, especialmente Luisa Olazábal en Londres y Da- niel Felici en Buenos Aires.
A amigos, familiares y compañeros de trabajo que con su apoyo, su cariño y su tiempo han hecho más llevadera la travesía de esta investigación. La lista completa sería larga, pero debo mencionar al menos a Irene I., Julián, Irene G., Rocío e Ignacio.
A las personas que Dios ha querido asociar a mi vida desde hace quince años en todos los proyectos profesionales y personales que han merecido la pena en ese tiempo, y con los que espero seguir compartiendo mucho: Félix, José Ma- ría, José Manuel, José Antonio, Manolo, Manuel S., Iñigo y José Miguel.
A David Arias por empujarme a comenzar los créditos del doctorado en la Universidad San Pablo CEU, en la que he podido encontrar todo el rigor acadé- mico, pero a la vez toda la flexibilidad y ayuda que requerimos los que nos pro-
ponemos la realización de una tesis desde una ocupación profesional distinta de la directamente universitaria.
Al Departamento de Derecho Público I de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad San Pablo CEU, a su director y a sus integrantes, por su apoyo y dedicación en tiempo y amistad.
Y por último y principalmente, a mi familia, en sentido extenso. A mi madre que, acogiéndome vacaciones y fines de semana en su casa, me ha facilitado el retiro y el calor necesarios para esta tarea. Y a mi mujer Sonia, a quien dedico con cariño este trabajo, que me ha demostrado con generosidad y alegría la ra- zón que tenía Chesterton cuando expresaba
“El matrimonio descansa sobre el hecho de que no es posible al mismo tiempo que- darse con el pastel y comérselo; no puedes dar el corazón y quedarte con él” (Introduc- ción a David Copperfield)
Y en todos ellos doy gracias a Dios, Señor de la Historia y de mi historia.
A Sonia, Pablo, Daniel, Guillermo y María
Capítulo I:
INTRODUCCIÓN
1. LA ELECCIÓN DEL TEMA
a se sabe que G.K. Chesterton es uno de los principales escritores del siglo XX en lengua inglesa. Sus trabajos como ensayista, biógrafo, nove- lista, periodista y apologeta católico, por citar algunas de sus múltiples vertientes creativas, han tenido en los últimos años el reconocimiento que, desde su muerte en 1936 y durante varios decenios, quizá le había sido en parte negado.
Impresiona asomarse al legado de Chesterton en forma de sociedades de amigos o estudiosos de su vida y de su obra, ediciones y reediciones de sus in- numerables publicaciones, sitios en Internet para aficionados del autor.
Por citar un dato, el número de entradas que registra el buscador Google en Internet cuando se introduce “G.K. Chesterton” es nada menos que 62.000, cifra parecida a la que se obtiene con la entrada “Miguel de Cervantes” (66.400) o la del filósofo británico “David Hume” (68.000)
La vitalidad de la “American Chesterton Society”, “The Chesterton Institu- te”, “The Chesterton House”, “The Top Meadow's Chesterton Gallery”, “The Ottawa Chesterton Society”, “The G.K. Chesterton Web Page”, etc. ofrecen una idea ajustada de la pasión que la vida y la obra de Chesterton han suscitado y suscitan hoy.
Frente a esta fecundidad de legado y seguidores, contrasta comprobar cómo una de las tareas a las que Chesterton dedicó importantes esfuerzos en su vida tiene relativamente poco eco cuando se rastrean esas mismas fuentes. Me refiero al distributismo1, tercera vía entre el socialismo y el capitalismo que Chesterton desarrolló durante años, fundamentalmente en el semanario que él mismo editó y que, a su pesar, llevaba su nombre2: el G.K’s Weekly.
Esta escasa resonancia del distributismo es aun más notable en el mundo de
1 Aunque distributismo es el término más común, a veces es posible encontrar los términos distribucio- nismo y distributivismo. En inglés sólo distributism o distributivism.
2 CHESTERTON, G.K., El Perfil de la Cordura, Emecé Editores, Buenos Aires, 1952, p. 118: “...en un pequeño diario, ¡ay!, afeado con mis propias iniciales...”
Y
habla hispana, donde expertos en Doctrina Social de la Iglesia e incluso perso- nas familiarizadas con temas de economía política no suelen haber oído hablar de dicha teoría o movimiento.
Ciertamente en el mundo sajón se encuentran referencias cuantitativamente significativas (siguiendo con la referencia de Google e Internet, 1.600 sitios res- ponden a la entrada del término inglés “distributism”), pero su importancia cua- litativa en lo que a entidad de estudios se refiere es francamente menor.
Dado que mi tesina para la obtención del Diploma de Estudios Avanzados versó sobre subsidiariedad y terceras vías, cuando conocí la existencia de este llamado distributismo me pareció interesante, de acuerdo con mi director, pro- fundizar en este tema como posible proyección y aplicación concreta de mi pri- mera investigación.
El distributismo resultaba atractivo por múltiples motivos, pero especial- mente por la importancia e interés del autor y por la vinculación del tema con la línea de investigación que había comenzado con la tesina.
2. LA BÚSQUEDA DE LAS FUENTES
Inicié entonces la investigación con un proceso de análisis de fuentes que se topó con no pocas dificultades pero que al mismo tiempo reforzó mi decisión por el tema.
Las primeras aproximaciones al distributismo inglés de principios del siglo XX confluyen siempre en dos obras fundamentales: El Perfil de la Cordura3, de G.K. Chesterton, y El Estado Servil4 de Hilaire Belloc.
El perfil de la cordura es una obra difícil de conseguir. En mi caso, tras una infructuosa búsqueda en España, encontré una edición de 1952 a través de un amigo argentino en una “librería de viejo” de Buenos Aires. Se trata de una re- copilación de 21 artículos de Chesterton aparecidos en el semanario antes aludi- do G.K.’s Weekly entre 1925 y 1926.
La lectura de la obra resulta apasionante y apunta los lineamientos principa- les de su autor en materia de distributismo. Pero a la vez muestra claramente, como no podía ser de otra manera para una recopilación de artículos periodísti- cos, que no pretende agotar el tema ni aportar una doctrina sistemática sobre el distributismo, lo que obliga a quien tenga interés por el mismo a continuar cono- ciendo el pensamiento de Chesterton en este campo mediante la lectura de otros escritos suyos o de otros autores.
3 CHESTERTON, G.K., The Outline of Sanity, Methuen, Londres, 1926; la obra utilizada para esta inves- tigación es: CHESTERTON, G.K., El Perfil de la Cordura, Emecé, Buenos Aires, 1952
4 BELLOC, Hilarie, The Servil Estate, London, 1913. La obra utilizada para esta investigación: BELLOC, H., El Estado Servil, La Espiga de Oro, Buenos Aires, 1945
El Estado Servil de H. Belloc es una obra más académica que El Perfil de la Cordura y aporta una visión importante sobre el distributismo. Belloc es consi- derado por el propio Chesterton como el iniciador de las teorías distributistas, lo cual otorga a esta obra, temprana respecto al resto de desarrollos en este tema (1913), un interés especial.
No obstante y dado que Chesterton fue el principal divulgador del pensa- miento distributista, parecía de poco interés una posible investigación sobre di- cho pensamiento que se tuviera que circunscribir a una sola obra no sistemática.
Las dificultades que empiezan después de este punto, como he dicho, son de cierta significación. Tras estudiar el tema detenidamente se llega a la constata- ción de que la mayor parte del pensamiento de Chesterton y de otros muchos autores sobre el distributismo se recogió en el G.K.’s Weekly, en torno al cual se fundó una “Liga Distributista”, y el periódico de hecho operó como órgano de expresión de dicha Liga durante varios años.
Parecía pues condición de posibilidad para una investigación sobre el distri- butismo en Chesterton tener acceso a la fuente que recoge lo principal del pen- samiento de este autor sobre el tema.
La revista G.K’s Weekly, de la que el propio Chesterton fue fundador y edi- tor, apareció semanalmente de forma ininterrumpida desde marzo de 1925 hasta su muerte en 1936, continuando luego con el nombre de The Weekly Review.
De esta revista se pueden encontrar menciones y referencias por doquier, pe- ro no la propia revista. Parecía pensable que una publicación como ésta, editada por un personaje ya célebre en su época, con una tirada que llegó en algunos momentos a los 10.000 ejemplares y procedente de uno de los países de referen- cia desde el punto de vista intelectual, político y económico, no debía ser difícil de encontrar (en su totalidad o en una colección representativa de sus más de 600 números) en bibliotecas públicas o privadas de España, que ya en aquellos años estaban suscritas a las principales publicaciones periódicas tanto nacionales como extranjeras.
El resultado, sin embargo, de nuestra búsqueda fue que ninguna biblioteca o fondo bibliográfico registrado en España disponía de ningún ejemplar del G.K.’s Weekly.
Rebasando las fronteras bibliográficas de nuestro país y después de un pere- grinaje extenso por bibliotecas de todo el mundo y de consultar con las principa- les sociedades chestertonianas5, los resultados parecían ser los siguientes:
• El semanario G.K.'s Weekly no existe digitalizado (a diferencia de otras revistas de la época, como el New Age de Orage);
5 Fundamentalmente la American Chesterton Society, a cuyo presidente Dale Asquith, debo reconoci- miento por la orientación que en un primer momento me brindó.
• Los expertos no conocen de su existencia microfilmado;
• Existen sólo pocos originales completos en el mundo, que han de ser consultados in situ en las correspondientes bibliotecas, y que por tanto no son susceptibles de préstamos o intercambios entre bibliotecas (en con- creto disponen de los aproximadamente 600 números originales la British Library, y la biblioteca de la Universidad de Saint Michael, en Toronto)
• La más importante colección de obras de Chesterton, (se citan como las obras completas del autor), editadas en 42 volúmenes6 tan sólo recoge los 21 ensayos ya mencionados de la obra The Outline of Sanity y algunos otros sobre la familia que luego fueron recogidos por Álvaro de Silva en una recopilación de algunos años atrás titulada Brave New Family y tra- ducida al español con el título de El amor o la fuerza del sino7.
• Existe una miscelánea de artículos de los primeros 500 números de la re- vista, de la cual, tras varias semanas de búsqueda, pude encontrar un ejem- plar en una librería norteamericana de libro usado8. Ninguno de los artícu- los seleccionados en este compendio hace referencia al distributismo.
Estos resultados parecían conducirme al abandono del tema, pues entre mis posibilidades de investigación no estaba la de instalarme en alguna biblioteca inglesa o americana durante varios meses para extraer los materiales que serían necesarios para cualquier estudio en profundidad del distributismo. Por otro lado y además de no contar con la principal fuente original no parecían existir traba- jos precedentes de otros investigadores que hubieran accedido directamente a dicha fuente.
Los expertos en Chesterton pertenecientes a las sociedades antes menciona- das conocen este problema, y acusan un déficit importante de estudios sobre el distributismo en Chesterton y otros autores de la época. Me comunicaron su proyecto de digitalizar o microfilmar la revista para ponerla a disposición de los investigadores, proyecto que llevan barajando desde hace años y que en cual- quier caso no tienen previsto abordar en un horizonte de tiempo cercano.
Este último dato hace más sorprendente el hallazgo de uno de los expertos bibliotecónomos de la Universidad Francisco de Vitoria que me ayudaron incan- sablemente en todo este proceso: una referencia que aparecía sobre el G.K’s
6 CHESTERTON, G. K., Collected Works, 42 volúmenes, Ignatius Press, San Francisco, California, 1990-2002.
7CHESTERTON, G.K., El amor o la fuerza del sino: ensayos de G.K. Chesterton sobre el hombre y la mujer, el amor, el matrimonio, los niños, la familia y el divorcio. Selección, traducción, e introducción de Álvaro de SILVA, Rialp, Madrid, 1993.
8 CHESTERTON, G. K., G.K.’s; a miscellany of the first 500 issues of G.K.’s Weekly; London Rich &
Cowan LTD.; cheap edition, Great Britain 1936.
Weekly en la relación de microfilmes de la Biblioteca del Congreso de los Esta- dos Unidos (biblioteca que ya habíamos consultado y que no disponía del origi- nal de la obra, ni siquiera de alguna muestra de ejemplares). Es de destacar que, por motivos que desconozco, la propia Biblioteca de nuestro Congreso de los Diputados, que guarda estrecha colaboración con sus homólogas en países como Estados Unidos, no pudo obtener esta información, a pesar de las gestiones que amablemente realizaron de ayuda a mi búsqueda.
Puesto en contacto con la persona de referencia del departamento corres- pondiente en dicha Biblioteca americana, nos confirmó que disponían de una copia microfilmada de la revista, realizada en 1972 de un original prestado, co- pia que según constaba en sus archivos no había sido solicitada ni consultada desde su adquisición por esa Biblioteca.
La posibilidad de encargar y adquirir un duplicado del microfilme (que reci- bí en mi domicilio en 15 días desde la primera conversación con la Biblioteca), me otorgaba una oportunidad sorprendentemente única de acceso a un material hasta la fecha prácticamente vedado, y desconocido incluso para personas con- sagradas al estudio de la vida y obra de Chesterton.
El microfilme me permitió dedicar horas y días enteros durante más de dos meses a la fuente directa de mi tema de tesis, leyendo los 600 números de la revista, y extrayendo de entre sus aproximadamente 12.000 páginas más de 500 artículos, fundamentalmente de Chesterton, pero también de otros distributistas a los que el propio Chesterton invitaba a participar en la revista.
3. CONCRECIÓN DEL TEMA Y METODOLOGÍA
De acuerdo con mi director de tesis, me encontré con que, el siempre difícil pun- to de concretar el tema de tesis, me había venido dado casi por imposición de las circunstancias.
Dado el interés que el distributismo ha despertado en no pocos estudiosos actuales y la falta de acceso a la mayor parte del material original que sobre esta materia escribió uno de sus principales divulgadores, mi labor debía consistir en extraer lo más sobresaliente de este material, ordenarlo y sistematizarlo adecua- damente, ponerlo en su contexto histórico, compararlo con los desarrollos poste- riores y apuntar, quizá sólo a modo de provocación, lo que de hecho pueda ser motivo de otras investigaciones posteriores: la actualidad y vigencia de las teorí- as del distributismo y su posible aplicación al mundo globalizado actual, setenta años después de que fueran formuladas por una serie de autores entre los que destaca sin duda nuestro G.K. Chesterton.
No obstante y a pesar de la concreción de la fuente principal a la que se su- jeta la investigación de esta tesis, podía resultar excesivamente amplio tanto el
volumen de material a trabajar como la variedad de temas que, teniendo como punto central el distributismo, son abordados por Chesterton.
Por ello y una vez fijado el objetivo principal de esta investigación (ordena- ción y sistematización del pensamiento de Chesterton sobre el distributismo), se ha optado por no focalizar excesivamente los temas a tratar con la intención de aportar una panorámica lo más completa posible de dicho pensamiento.
Ello conlleva la renuncia expresa ya mencionada a los sin duda interesantes y necesarios análisis o enjuiciamientos más amplios y específicos de dicho pen- samiento, que deberán ser objeto de futuras investigaciones. No descartamos en un futuro poder desarrollar algunas de ellas.
La mayor parte del material y citas utilizados hacen referencia al propio Chesterton y a sus escritos, procedentes de las fuentes que se exponen al final de esta introducción.
Las referencias subsidiarias a otros autores distributistas ayudan a comple- mentar las aportaciones de nuestro autor principal. Todos ellos publican en el G.K.'s Weekly, y sus posiciones particulares que, como se verá, no siempre coin- ciden con las de Chesterton, ofrecen una panorámica más amplia del movimien- to y las teorías distributistas, que aunque tengan en Chesterton a su principal expositor y divulgador, no se agotan con éste.
Las citas entrecomilladas que aparecen en el texto o en los pies de página he optado, siguiendo el consejo de mi director, por incluirlas en su traducción al castellano. Cuando el texto traducido corresponde a una edición publicada, se cita la misma. Cuando se trata de traducciones personales, la referencia de la cita se corresponde con el original inglés.
4. FUENTES
Nuestra fuente mayoritaria y principal son los más de 500 artículos selecciona- dos del G.K.'s Weekly, pero quiero mencionar algunas otras fuentes, directamen- te relacionadas con la obra de Chesterton o con el distributismo, que han sido utilizadas con carácter preferente en la presente investigación:
• En primer lugar destacan dos obras sobresalientes de Hilaire Belloc: la ya mencionada The Servile State, escrita en 1913, y An Essay on the Res- tauration of Property9, publicada ésta última en 1936, año en que muere Chesterton y Belloc le sucede como editor del G.K.’s Weekly (que pocos meses después tomaría el nombre de The Weekly Review).
9 BELLOC, H., An essay on the restoration of property, IHS Press, Norfolk, 2002.
• La obra de Chesterton What’s wrong with the world10, de alto interés también para el estudio del distributismo.
• Igualmente importante por su significación, es la controversia escrita mantenida entre H.G. Wells, G.B. Shaw, H. Belloc y G.K. Chesterton y recogida en nueve ensayos aparecidos en la revista New Age entre di- ciembre de 1907 y marzo de 1908. Allí Belloc y Chesterton exponen sus diferencias con los socialistas y fabianos a la hora de ofrecer propuestas alternativas al capitalismo de la época, que todos ellos critican desde di- cha revista. Puede decirse que se trata de la discusión fundacional del distributismo.
• Algunos ensayos de Chesterton publicados en la revista Ilustrated Lon- don News, en los que se abordan temas directamente relacionados con el distributismo.
10 CHESTERTON, G.K., Lo que está mal en el mundo, Obras Completas, vol. I, Plaza y Janés, Barcelo- na, 1961.
Capítulo II:
ORÍGENES DEL DISTRIBUTISMO.
SUS INICIADORES
1. ORÍGENES DEL DISTRIBUTISMO
ara fijar los orígenes del distributismo es necesario distinguir entre distri- butismo como filosofía socio-política y distributismo como movimiento social.
En cuanto filosofía, el distributismo nace en los primeros años del siglo XX, siendo sus principales iniciadores H. Belloc y G.K. Chesterton. El orden en que los citamos es deliberado, aunque requiere una aclaración.
En efecto, Chesterton atribuyó a Belloc en alguna ocasión haber sido el pri- mero en formular las tesis distributistas. De hecho es lo más común encontrar en los comentarios y ensayos que hacen referencia al distributismo una autoría inicial reconocida a Belloc, o que éste sea nombrado como fundador del distributismo.
Realmente faltan datos para dar por buena esta tesis y en todo caso habría que recibirla como una convención.
Lo que sabemos es que la génesis y los primeros escritos que hacen referencia al distributismo –sin utilizar todavía tal nombre- están contenidos en una famosa disputa mantenida entre finales de 1907 y principios de 1908 por Belloc y Chester- ton en la revista New Age, editada por el socialista fabiano1 inglés A.R. Orage, en
1 En 1884 se funda en Londres la Fabian Society, la cual aglutina elementos de distinta procedencia so- cialista. Esta sociedad debe su nombre al caudillo romano Fabio Máximo (s. III a. c.), llamado Cunctator (El Contemporizador) por su táctica expectante, que consistía en rehuir los combates decisivos de la guerra co- ntra Aníbal. En el mismo año de 1884 entran en la Fabian Society George Bernard Shaw (1856-1950), enton- ces todavía al principio de su carrera como escritor y periodista, y Sidney Webb (1859-1947), funcionario del ministerio de las Colonias. Shaw, y sobre todo S. Webb y Beatriz Potter (1858-1943), con la cual se casará Webb en 1892, por la relevancia de su aportación intelectual y por la dedicación a la causa fabiana, detentan prácticamente el liderazgo hasta los años de 1940. En 1895, a iniciativa de S. Webb, la Fabian Society se dota de un instituto parauniversitario, la London School of Economics and Social Sciences, destinado a la forma- ción de los cuadros de la administración pública anglo-americana y de los países del imperio primero y del Commonwealth después. A partir de 1890 los fabianos se dedican fundamentalmente al asesoramiento políti-
P
que los dos autores discuten con G.B. Shaw y H.G. Wells sobre capitalismo, socia- lismo y distribución de la propiedad. En esta disputa se sientan las bases del distri- butismo, que en años subsiguientes, de forma tímida en la revista The Eye Witness2, y luego con más intensidad en el semanario G.K.'s Weekly, sería desarrollado por una serie de autores, siempre bajo el liderazgo intelectual de Chesterton y Belloc.
Esta cuádruple discusión entre Shaw, Wells, Belloc y Chesterton versó sobre la modernidad y comenzó con un artículo de H. Belloc titulado Thoughts about Modern Thought. Al principio estuvo dirigida por el propio editor de la revista, Orage, pero acabó convirtiéndose en una caótica riña que duró dos años, con fuerte implicación de los lectores y con paulatina separación de Chesterton y Belloc que fueron disminuyendo su participación en la revista3.
En esa disputa, de la que reproducimos facsímil del original inglés en los apén- dices, lo que puede constatarse es que Chesterton aporta más contenido respecto a las primeras tesis distributistas que Belloc, pareciendo que hubiera madurado más el tema, como veremos al final de este capítulo. La participación conjunta en la dispu- ta les valdría el calificativo por parte de G.B. Shaw de Chesterbelloc4 (calificativo que hizo fortuna y que se sigue utilizando todavía al referirse a los dos autores)
co de las agrupaciones socialistas, radicales y sindicales, hasta la fundación, en 1906, del Labour Party, del que se convierten en sus principales ideólogos. Importantes fabianos abandonaron el socialismo para militar ideológicamente en el distributismo, entre los que destaca precisamente A. R. Orage, fundador y director durante muchos años de la importante revista fabiana New Age, a la que hacemos referencia.
2 En 1911 Cecil Chesterton, hermano de Gilbert, y Hilaire Belloc fundaron el periódico The Eye-Witness como vehículo para sus ideas. Llamado después el New Witness en 1912, y editado por Cecil Chesterton, este periódico expuso el escándalo Marconi en 1916 y le costo a Cecil una condena por difamación. Gilbert se hizo cargo de su edición en 1916 desde la muerte de Cecil, hasta 1923. En 1925 el periódico se refundó como G.K.´s Weekly, para servir de plataforma a las ideas distributistas.
3 Los artículos que propiamente encierran la discusión son los siguientes y aparecieron en las siguientes fechas, siempre en el semanario New Age:
Thoughts about Modern Thought. Hilaire BELLOC. 7 de diciembre de 1907.
- Why I am not a Socialist. G.K. CHESTERTON. 4 de enero de 1908.
- About Chesterton an Belloc. H.G. WELLS. 11 de enero de 1908.
- On Wells and a Glass of Beer. G.K. CHESTERTON. 25 de enero de 1908 - Not a Replay. H. BELLOC. 8 de febrero de 1908.
- Belloc and Chesterton. G.B. SHAW. 15 de febrero de 1908.
- The Last of the Rationalists (A Replay to Mr. Bernard Shaw). G.K. CHESTERTON. 29 de fe- brero de 1908.
- A Question. H. BELLOC. 21 de marzo de 1908.
- An Answer. H.G. WELLS. 28 de marzo de 1908.
4 SHAW, G.B., “Belloc y Chesterton”, en The New Age, 15 de febrero de 1908, p. 309. Este famoso artí- culo -en que Shaw bautiza con éxito la sintonía intelectual y combativa de Chesterton y Belloc como el
“Chesterbelloc”-, suele citarse con el inexistente título de “El Chesterbelloc: una sátira”, como sucede en el caso de la biografía de J. Pierce, Sabiduría e inocencia (p. 72). Que es inventado puede comprobarse cotejan- do el original en los apéndices, lo cual no quita para que sea apropiado. Resultó una sátira un tanto despiada- da y especialmente crítica con Belloc; por otro lado inapropiadamente superficial, en contraste con el tono argumental del artículo previo de Chesterton al que Shaw intentaba responder. Como indica Pierce, la sátira no divirtió a todo el mundo. Maurice Baring escribió a Chesterton desde Moscú: “Aborrecí el artículo de G.B.S. sobre Hilaire y tú. Me pareció grosero, detestable e incierto”. Sin embargo al propio Chesterton no le
Por otro lado, la primera obra propiamente distributista pertenece a Chester- ton, Lo que está mal en el mundo (“What is wrong with the world”)5, publicada en 1910. Sin embargo suele citarse como primera obra de referencia distributista otra de Belloc tres años posterior: El Estado Servil (“The Servile State”)6.
En Lo que está mal en el mundo, Chesterton ya deja planteada su postura sobre los temas esenciales del distributismo: familia, propiedad, capitalismo y socialismo, plutocracia, parlamentarismo, Edad Media y cristiandad como refe- rentes distributivos, etc.
Quizá lo que Chesterton quiso reconocer a Belloc fue el invento del término distributismo, que aparece por primera vez como tal en El Estado Servil7.
Hasta ahora nos hemos referido a los orígenes de la formulación de las ideas distributistas. No obstante el distributismo en cuanto movimiento social no toma cuerpo hasta que en 1925 Chesterton comienza a editar el semanario G.K.'s Weekly, en torno al cual se erige la Liga Distributista el 17 de septiembre de 1926. Muchos de los antiguos nombres que se dan cita en la primera década del siglo XX en The New Age y a partir de 1911 en The Eye Witness son los colabo- radores habituales del G.K.'s Weekly y de la Liga: A.J.Penty, S.G.Hobson, Mau- rice Reckitt, Padre Vincent Mc Nabb, Comandante Herbert Shove, Eric Gill, Sir Henry Slesser...
Esta es la razón por la que a veces se relaciona el surgimiento del distribu- tismo con la aparición del G.K.'s Weekly aunque, como hemos visto, las ideas distributistas venían siendo expuestas desde quince años antes, habiendo surgido como respuesta aplicada al llamamiento que hiciera León XIII a los católicos en la Carta Encíclica Rerum novarum de 1891, para desarrollar alternativas válidas que sirvieran de corrección a los errores del capitalismo y del socialismo denun- ciados por la Encíclica.
costó encontrarla divertida, dada probablemente la amistad que le unía a Shaw y su capacidad para ironizar sobre sí mismo y su enorme figura. La comparación con un “elefante de ficción” en el que compartía “patas”
con Belloc, no mereció ni siquiera comentario en la réplica posterior de Chesterton a Shaw. Muy al contrario, el propio Chesterton recoge el término en su autobiografía, cuando habla de su primer encuentro con Belloc:
“Fue de ese pequeño y oscuro café del Soho de donde surgió, como de una cueva embrujada, ese cuadrúpedo, monstruo de dos cabezas, que Shaw bautizó el Chesterbelloc” (CHESTERTON, G.K., Autobiografía, Obras Completas, vol. I, pp. 102-104, Plaza y Janés, Barcelona, 1961).
5 CHESTERTON, G.K., Lo que está mal en el mundo, Obras Completas, vol. I, Plaza y Janés, Barcelona, 1961.
6 BELLOC, H., El Estado Servil, La Espiga de Oro, Buenos Aires, 1945.
7 Ibidem, p. 66: “...ese sistema que llamaré distributivo”.
2. CHESTERTON Y BELLOC: VIDAS PARALELAS
La amistad y la mutua influencia intelectual de Chesterton y Belloc fueron de- terminantes en la vida y en la obra de ambos, y muy especialmente en lo referido al alumbramiento del distributismo.
La fecha exacta en que ambos se conocieron se desconoce, aunque parece que fueron presentados a principios de verano del año 1900, por su común ami- go Lucian Oldershaw, en un café del Soho, el Mont Blanc de Gerard Street, tal como relata el propio Chesterton en su autobiografía8. No obstante es posible que se conocieran antes, y en cualquier caso que supieran el uno del otro, a juz- gar por una carta que en abril de 1899 envía Chesterton a su mujer Frances, en que desborda admiración por Belloc9.
Belloc nació el 27 de julio de 1870, en Francia, de padre francés y de madre inglesa. Louis Belloc venía de una familia de buena posición y había estudiado derecho, pero no lo ejerció a causa de una crónica mala salud. Murió cuando su hijo Hilaire tenía sólo dos años. Poco tiempo después, Elisabeth Belloc se volvió a Inglaterra con el niño y su hermana. Desde 1880 hasta 1887, fue enviado al Cardinal Newman´s Oratory School para recibir una educación clásica y rígida en un riguroso entorno católico. En 1893, Belloc se matriculó en el Balliol Co- llege de Oxford, donde obtuvo una beca en Historia, y se convirtió en un activo miembro de la Oxford Unión, una sociedad de debates, de la que luego fue ele- gido presidente. A pesar de que en 1895 logró ganar el prestigioso premio Brac- kenbury de Historia y terminar como primero de la clase de Historia, no consi- guió obtener una beca para All Souls College (él siempre expresó la sospecha de que le denegaron la beca por su condición de católico)10. Continuó en Oxford durante un tiempo, pasando por varios cambios y oportunidades (conferencias, tutorías, escritura de autor), se casó e hizo varios intentos fallidos de conseguir una posición académica. En el invierno de 1899, renunció a esta búsqueda, se trasladó a Londres y se hizo escritor.
8 CHESTERTON, G.K., Autobiografía, Obras Completas, vol I, Plaza y Janés, Barcelona, 1961, pp. 102-104.
9 PEARCE, J., Sabiduría e inocencia, Encuentro, Madrid, 1998, p. 74, citando a WARD, M., Return to Chesterton, Penguin, Londres, 1952, p. 52: “...un momento después se produjo un movimiento y nos dimos cuenta de que se había levantado un joven y hablaba sin levantar la voz y, no obstante, nos pareció algo así como una carga de caballería. (...) Sé que odias los discursos políticos pero aun así no hubieras detestado el discurso de Belloc. En cuanto empezó a hablar sentí que me sacaba del ambiente cargado de argumentos repetidos cuarenta veces y me trasportaba a uno nuevo, lleno de reflexiones originales, serias y elevadas acerca de la historia y su papel. Si te dijera que habló sobre: 1) la aristocracia inglesa, 2) los efectos de la crisis de la agricultura en la moralidad de los aristócratas, , 3) su perro, 4) la batalla de Sadowa, 5) la revolu- ción puritana en Inglaterra, 6) el lujo de los Antoninos de Roma, 7) un amigo suyo particular al que han dado un cargo político para el que no está preparado en absoluto, por haber realizado un trabajo infame, 8) la cómi- ca prensa de Australia y 9) el pecado mortal en la religión católica romana, podrías hacerte una idea equivo- cada de la cantidad de tiempo que duró su intervención ante el auditorio; pues bien, duró media hora y a mí me parecieron cinco minutos”.
10 PEARCE, J., Sabiduría e inocencia, Encuentro, Madrid, 1998, p. 73.
Chesterton nació en Londres el 29 de mayo de 1874, y fue bautizado según el rito de la Iglesia de Inglaterra. Su padre Edward era un hombre de clase media (dueño de un negocio inmobiliario de larga tradición) y liberal. En 1887, Ches- terton empezó a estudiar en el colegio de St. Paul, viviendo aún en casa. En 1892 ingresó en el Slade School of Art y al mismo tiempo acudía a clase de in- glés en el University College. En 1895, dejó el University College sin graduarse, trabajó para dos editoriales y entró en el periodismo como crítico de arte y poe- sía. En 1896, conoció a Frances Blogg, y se casó con ella en 1901. Se dedicó al periodismo a tiempo completo en 1899, comenzando como empleado en el Speaker, un semanario liberal y anti-imperialista.
Las coincidencias entre los dos hombres eran chocantes y se fueron hacien- do más fuertes a través de la influencia mutua; sus diferencias eran de esas que se complementan más que se oponen. Ambos eran cristianos devotos, y demó- cratas. Ambos se opusieron a la guerra en Sudáfrica, pero ninguno se oponía por principio a la guerra en genérico, lo que les granjeó la enemistad tanto de paci- fistas como de imperialistas. Ambos eran poetas, ensayistas, novelistas, críticos sociales, y apologistas religiosos. Por una curiosa coincidencia, cada uno escri- bió, aproximadamente, unos cien libros.
La principal diferencia entre sus carreras era que Belloc tenía más de histo- riador y Chesterton más de crítico literario. La historia es en sí un tema más po- lítico que la crítica, y las ideas históricas y políticas de Belloc influyeron a Chesterton (sólo, posiblemente, porque ya tendía a esa dirección), mientras que Belloc se tenía a sí mismo por un ignorante de la literatura inglesa, y decía que había aprendido de Chesterton lo que sabía de ella.
Por otro lado, la obra de ficción de Chesterton fue mejor y más conocida que la de Belloc. Los dos eran tan elocuentes hablando como escribiendo, y eran también excelentes en los debates; pero Belloc era bastante mordaz y falto de humor, mientras que Chesterton era indefectiblemente jovial. El pensamiento de Belloc era claro, lógico y sistemático; el de Chesterton romántico y paradójico.
Belloc y Chesterton eran los dos liberales, en simpatías, en filiación y en ac- tividades. Belloc, que se nacionalizó inglés en 1902, se presentó con éxito al parlamento, como liberal, en las elecciones generales de 1906, haciendo campa- ña contra el proteccionismo, el imperialismo, la oligarquía financiera y la co- rrupción parlamentaria. Se convirtió en un miembro del parlamento particular- mente ruidoso y contestatario, especialmente en lo referido a las fuentes de fi- nanciación de los partidos, denunciando el control que una reducida plutocracia ejercía sobre los partidos a través de sus arcas. En las elecciones generales de 1910, rompió con el partido liberal y fue reelegido como independiente. Se había convencido de que el poder de los políticos y de la disciplina de partido no dejaba lugar a la necesaria independencia para una verdadera representación popular. La política electoral era una farsa; todo se dirigía desde detrás del esce-
nario, por y para la plutocracia. Paralelamente en 1910, el libro de Chesterton, What´s Wrong with the World sacó a relucir la relación entre los intereses oli- gárquicos y las paternalistas reformas sociales.
Este libro fue seguido, en 1913, por The Servile State de Belloc. Su tesis fue, esencialmente, la expuesta por Sismondi y adaptada por Marx: la posesión por unos pocos de los medios de producción es injusta e inestable. Belloc discutía contra el marxismo que el socialismo (la posesión de los medios de producción por el Estado) no era una alternativa factible al capitalismo, porque habiendo los capitalistas reducido ya a las clases trabajadoras a la servidumbre económica, usarían las reformas sociales para reducirlos a una servidumbre legal, al hacerlos dependientes del Estado de bienestar controlado por los capitalistas. De ahí que la única alternativa que consideraba viable fuera redistribuir la posesión de los medios de producción. Para designar este sistema, acuñó el término “Estado Distributivo,” de donde derivó el de distributismo.
En 1925, Chesterton funda el G.K.´s Weekly, desde el que agrupa al amplio grupo de intelectuales ya mencionados, todos ellos influidos tanto por el socialismo como por el catolicismo: hombres como A. R. Orage, editor del New Age, un fabia- no convertido al distributismo a través del gremialismo socialista; A. J. Penty, un arquitecto influenciado por William Morris y John Ruskin, que dejó la sociedad fabiana a causa de su materialismo, y que abogaba por la reinstauración del sistema de gremios11; Maurice Reckitt, un anglo-católico y cristiano-socialista; W. R. Tit- terton, a quien Chesterton convirtió personalmente del socialismo al catolicismo; el escritor Eric Gill, que también cambió de socialista a católico y se fue a vivir al campo, de modo autosuficiente, sin ayuda de ninguna máquina; el padre Vincent Mc Nabb, sacerdote dominico, partidario de la abolición de toda maquinaria y del retorno a la tierra; y Sir Henry Slesser, un político laborista y fabiano convertido al catolicismo. Chesterton y Belloc eran los dos, como ya vimos, originalmente libera- les, pero Chesterton, al igual que su hermano Cecil, simpatizaron con el movimien- to cristiano-socialista en su juventud. Cecil fue miembro de la Fabian Society hasta su conversión al catolicismo romano en 1913; Gilbert se apartó antes del fabianis- mo, aunque no se convirtió oficialmente al catolicismo hasta 1922.
Chesterton fue el presidente de la Liga, aunque otros importantes distributis- tas (fundamentalmente Titterton) desempeñaban las labores organizativas. La Sección Central de la Liga tenia sus encuentros en Devereux, una taberna cerca de Fleet Street, y sus principales actividades fueron, en los primeros años, las conferencias públicas y los debates12. Esta Sección se identificó totalmente con
11 Uno de sus ensayos más conocido, dentro de su extensa obra, es precisamente The Restoration of the Gild system escrito en 1906, según consta en numerosas referencias sobre su vida y obra, pero de de la que no hemos podido encontrar referencia de publicación.
12 El más famoso de ellos fue el sostenido por G.B. Shaw y G.K. Chesterton, con H. Belloc como mode- rador en 1927. El debate, con el título ¿Do We Agree?, fue retransmitido por la BBC.
la junta editorial del G.K.´s Weekly. Pronto se establecieron sucursales de la Li- ga por todo el territorio de las Islas Británicas, y más tarde en Australia, Nueva Zelanda y Canadá. La Liga Distributista alcanzó su apogeo en 1928, con unos dos mil miembros.
Por su parte Belloc siempre guardó cierta distancia con el G.K´s Weekly y con la Liga, quizá por su talante más académico y menos participativo, pudiendo esto explicar que, a pesar de su cercanía a Chesterton y su protagonismo en la producción de contenidos distributistas, su presencia en el semanario fuera realmente escasa y normalmente vinculada a temas de política internacional y de historia. Ello no impidió sin embargo que, a la muerte de Chesterton en 1936, Belloc se hiciera cargo de la Presidencia de la Liga y de la dirección del G.K.'s Weekly, que a los pocos meses cambió su nombre por The Weekly Review, con- tinuándose su publicación hasta 1948.
La aportación de Belloc al distributismo durante los años del G.K.'s Weekly, discurrió más por la publicación de ensayos, entre los que destacan Economics for Helen, The Catholic Churh and the Principle of Private Property (1920), Catholic Social Reform versus Socialism (1922) y An Essay on the Restoration of Property (1936). Chesterton sin embargo, a través del editorial del semanario o de artículos firmados, intervino en prácticamente la totalidad de los 600 núme- ros de la revista, pudiéndose encontrar más de 400 artículos suyos relacionados con el distributismo.
Los dos autores tuvieron un pasado juvenil en que de alguna forma simpati- zaron con las ideas socialistas, o al menos compartieron con los socialistas y fabianos ingleses el rechazo al capitalismo liberal y a la plutocracia que domina- ba Inglaterra en aquellos años. El New Age era la revista intelectual que agluti- naba a todos los críticos del capitalismo y dio una generación de pensadores y periodistas excepcionales, entre los que se encontraban los ya mencionados Ora- ge, Shaw, Wells, Chesterton y Belloc, así como muchos otros que habrían de jugar un papel fundamental en el desarrollo del distributismo: Penty, Heseltine, Reckitt, Kenrick, etc. De hecho algunos de los más notables, como Penty y Rec- kitt se convirtieron del socialismo al distributismo de la mano de la influencia intelectual de Chesterton.
3. EL DEBATE FUNDACIONAL DEL DISTRIBUTISMO
La disputa a la que ya hemos aludido entre Shaw, Wells, Chesterton y Belloc, en The New Age, podemos decir que marca las bases de lo que cinco años después, en 1913, Belloc bautizaría como distributismo.
El debate significa una desviación en el camino compartido durante algún tiempo por Chesterton y Belloc con los socialistas fabianos. Ese camino era el
de la crítica a la sociedad inglesa moderna y la convicción de que ésta debía ser trasformada urgentemente. El propio Belloc así lo expresa en el primero de los artículos, que abre la disputa13.
Y la desviación se produce, no porque Chesterton y Belloc cesen en dicha crítica, sino porque el socialismo no les parece la solución. Como analizaremos con más detenimiento en capítulos posteriores, nuestros dos autores marcan des- de estos comienzos del distributismo una postura clara respecto al capitalismo y socialismo: los consideran dos caras de una misma moneda. Como afirma Be- lloc, en ambos sistemas se produce un divorcio entre la persona y la producción;
y este divorcio es igualmente inhumano, aunque la forma de consumarse sea distinta en cada sistema14.
La explicación de Chesterton y Belloc en estos artículos sobre lo que les se- para a la vez del socialismo y del capitalismo, les permite trazar el ideal distribu- tista. La libertad individual real y la familia como lugar natural de realización de la persona, constituyen los pilares de la concepción realista del hombre y de la sociedad por la que abogará el distributismo. Y la propiedad privada distribuida será el medio imprescindible para que tales pilares se erijan de forma sólida en la vida social15.
Ante la injusticia y el hastío social que había provocado el capitalismo y la plutocracia en Inglaterra, Chesterton y Belloc rechazan la solución de la utopía socialista y abogan por un ideal mucho más cercano al hombre corriente y más respetuoso con su naturaleza, tal como ésta es, y no como se quiera diseñar en un laboratorio o en un libro16. Lo que le interesa legítimamente a los hombres
13 BELLOC, H., “Thoughts about Modern Thought”, en The New Age, 7 de diciembre de 1907, p. 108:
“Estoy completamente de acuerdo con la tesis en la que la totalidad de este escrito y cualquier otro escrito de The New Age, está basado; y es la tesis de que la condición de la sociedad, especialmente en la moderna Inglaterra, es intolerable (...)La tesis principal, vuelvo a decir, es que la sociedad inglesa moderna debe ser transformada y transformada con rapidez, si Inglaterra quiere sobrevivir”.
Chesterton se expresa también en parecidos términos: “El conciso y necesario tema, es el mismo con el que Mr. Belloc abre su artículo en este periódico. Es la expresión del disgusto humano normal ante el sistema industrial. Decir que no me gusta el presente estado de la pobreza y de la riqueza es meramente decir que no soy un demonio en forma humana. Sólo a Satanás o a Belcebú les podría gustar el estado actual de la pobreza y de la riqueza”. Cfr. CHESTERTON, G.K., “Why I am not a Socialist”, en The New Age, 4 de enero de 1908, p. 189.
14BELLOC, H., “Thoughts about Modern Thought”, en The New Age, 7 de diciembre de 1907, p. 108.
15 Cfr. BELLOC, H., “Not a Reply”, en The New Age, 8 de febrero de 1908, p. 289: “Afirmo que el hombre, para ser normalmente feliz, tolerablemente feliz, debe ser propietario. Afirmo que ninguna familia u otra subunidad del Estado puede vivir una vida tolerable sin poseer de modo privado un mínimo de los medios de producción. El que no lo posea no es un ciudadano, sino un esclavo. Afirmo que el mal económico por el que sufrimos, especialmente en Inglaterra, en el norte de Alemania, y en los viejos centros puritanos de los Estados Unidos, aunque es el efecto de una vil filosofía y no su causa, es tal efecto porque una gran proporción de hombres que se hacen llamar ciudadanos no son propietarios”.
16 CHESTERTON, G.K., “Why I am not a Socialist”, en The New Age, 4 de enero de 1908, p. 189: “Creo firmemente en la masa de hombres corrientes. Y no me refiero a sus ‘potencialidades’, quiero decir que creo en sus caras, en sus hábitos, y en su admirable lenguaje. Cogidos en la trampa de una terrible maquinaria
corrientes es “la privacidad de sus hogares, el control sobre los propios hijos, y el poder tener su propio negocio”17. No quieren que se les planifique la vida desde el gran experimento de ingeniería económica y social que pretende el co- lectivismo, ni que se les constriña la vida entre el monopolio y la falta de liber- tad real del capitalismo.
Afirma Belloc que el principal problema económico moderno “es la despro- porción en el control de los medios de producción, ya que si los medios de pro- ducción están repartidos en las manos de unos pocos, nadie está seguro excepto esos pocos que los poseen”18. Como consecuencia de ello, Chesterton defiende un sistema que propenda a la distribución de la propiedad, y no a su concentra- ción19.
Ciertamente Shaw y Wells no son capaces de adivinar que están asistiendo al nacimiento de un nuevo ideal, que de hecho ocuparía buena parte de las ener- gías de Chesterton y Belloc durante el resto de sus vidas. No podía imaginar Wells que sus preguntas iban a resultar proféticas: “¿Qué están haciendo Ches- terton y Belloc? Si nuestro ideal es en parte bueno y en parte malo, ¿estarán in- tentando ellos acaso construir un ideal mejor?”20.
En realidad ninguno de estos socialistas tomó en serio a Chesterton ni a Be- lloc sino que pensaron que no había caso para tanta disputa. “Nuestros ideales se enfrentarán algún día y será una pelea de primera, pero pelearse ahora es dejar entrar al enemigo (...) En la lucha contra el egoísmo y la estrechez humana –del capitalismo- somos hermanos, o como mínimo, hermanastros”21, diría Wells.
Incluso creía en una unión de fuerzas políticas entre el socialismo y el “sector no
industrial, apresurados por una vergonzosa crueldad económica, rodeados por una fealdad y desolación jamás padecida anteriormente entre los hombres, atrofiados por una estúpida y provinciana religión anglicana, o por una aún mas estúpida y aún más provinciana irreligiosidad, los hombres corrientes todavía son, con mucho, los más sanos, los más alegres, y la parte más de fiar de la comunidad”.
17 Ibidem.
18 BELLOC, H., “Not a Reply”, en The New Age, 8 de febrero de 1908, p. 289.
19 CHESTERTON, G.K., “The Last of the Rationalists. A Reply to Mr. Bernard Shaw”, en The New Age, 29 de febrero de 1908, p. 348: “Pero ponemos en un estrado estas afirmaciones mucho más prácticas: (1) Que un hombre no será humanamente feliz hasta que no posea algo, de forma que pueda hacer el tonto con ello.
(2) Que esto sólo se puede conseguir poniéndose a trabajar con firmeza para distribuir la propiedad, no para concentrarla. (3) Que la Historia prueba que la propiedad se puede redistribuir y quedar así distribuida, mien- tras que la historia no tiene constancia de un colectivismo con éxito aparte de los monasterios”.
Y en otro de los artículos: “El ideal en el que pienso, destruirá al terratenientismo no porque es propiedad, sino porque es la negación de la propiedad. Es negación de la propiedad que el Duque de Westminster pueda poseer calles enteras y barrios de Londres; como sería la negación del matrimonio que tuviera todas las muje- res vivientes en un gran harén”. Cfr. CHESTERTON, G.K., “Why I am not a Socialist”, en The New Age, 4 de enero de 1908, p. 189
20 WELLS, H. G., “About Chesterton and Belloc”, en The New Age, 11 de enero de 1908, p. 209.
21 Ibidem.
capitalista del partido liberal”22 representado por Chesterton y Belloc, como úni- ca forma de alcanzar el gobierno.
Pero la realidad iba a desarrollarse de forma bien distinta. El distributismo se iba a conformar como una oposición firme por igual contra el capitalismo plutocrático y contra la utopía socialista. Aunque no le tomaran en serio, Ches- terton deja clara desde el principio su pretensión: “Mis ojos están fijos en otra cosa, una cosa que podrá conmover o no; pero que si conmueve, aplastará al socialismo con una mano y al terratenientismo con la otra”23.
Shaw por su parte interpreta esta unión de Chesterton y Belloc como algo pasajero y fruto de la influencia católica de Belloc sobre Chesterton24. También se equivocaba. Lejos de romper su comunión intelectual, la volcaron con fecun- didad en el distributismo y la estrecharon con la incorporación de Chesterton a la Iglesia Católica años después. Ambas cosas supusieron decepción y disgusto para Shaw, al que siempre unió una sincera amistad con Chesterton.
Podemos destacar de la controversia en The New Age un último aspecto que también va a marcar el carácter del distributismo. Lo pone de manifiesto Ches- terton cuando aclara que su principal interés reside en las cuestiones de principio más que en las proposiciones prácticas25. El distributismo será a menudo acusa- do de falta de propuestas prácticas; y aunque éstas no faltaron, los distributistas dedicaron más atención a dar razón de su ideal que a describir formulaciones concretas a través de las cuales pudiera realizarse.
Sirvan estas primeras líneas para esbozar algunos de los planteamientos esenciales del distributismo, que iremos ampliando en los siguientes capítulos.
22 Ibidem: “Nunca en mi vida he creído que el partido socialista pudiera esperar formar gobierno en este país; y ahora menos que nunca. No sé si alguno de mis colegas fabianos alberga tal esperanza. (...) Deben contemplar una combinación política que funcione entre los socios socialistas del parlamento y la sección no capitalista del partido liberal que representan Chesterton y Belloc”.
23 CHESTERTON, G.K., “Why I am not a Socialist”, en The New Age, 4 de enero de 1908, p. 189.
24 SHAW, B., “Belloc and Chesterton”, en The New Age, 15 de febrero de 1908,p. 309: “Chesterton es capaz de hacer sacrificios con facilidad: Belloc imposible. La consecuencia que se saca es que para coordinar los movimientos del Chesterbelloc, Chesterton tiene que hacer todos los sacrificios intelectuales solicitados por Belloc en su temor de ir al infierno o tener que afrontar, como Peer Gynt, la horrible posibilidad de extin- guirse. Chesterton dice, por respeto a Belloc, que cree literalmente en la historia de la Biblia sobre la Resu- rrección. Por el mismo motivo también dice que no es socialista”.
25 CHESTERTON, G.K., “Why I am not a Socialist”, en The New Age, 4 de enero de 1908, p. 189: “Por eso explico de esta forma tan elaborada, que yo le doy menos importancia a la propuesta que al espíritu con el que se propone. Cuando se hace una gran revolución, rara vez se lleva a cabo en su fórmula exacta; pero casi siempre, a imagen de su impulso y sentimientos”.
Capítulo III
IDEAS GENERALES DEL DISTRIBUTISMO
1. INTRODUCCIÓN. LA TERCERA VÍA DEL DISTRIBUTISMO
l distributismo surge como respuesta aplicada a los principios de la doc- trina social de la Iglesia que, especialmente a partir de la Encíclica Rerum novarum de León XIII en 1891, emplazó a los católicos a que desarrolla- ran formulaciones concretas para los principios generales de carácter social que en aquélla se iban postulando. Las “cosas nuevas” que dan nombre a la Carta Encíclica de León XIII, el capitalismo y el socialismo, han encontrado en el úl- timo siglo formulaciones alternativas que pretenden responder desde nuevos planteamientos a las exigencias del orden económico, político y social. El distri- butismo es quizá una de las primeras de esas formulaciones, que con terminolo- gía más actual llamamos “terceras vías”.
La aportación del distributismo tiene que ver con una nueva ordenación de la familia, de la propiedad, de la dignidad de la persona, del carácter social de la misma, del bien común, de la subsidiariedad..., en un orden social cambiante y cada vez más “desordenado”.
Se basa en una auténtica antropología social, en que se quiere devolver a la persona toda la centralidad que le debe corresponder en cualquier proceso de organización política y económica de la sociedad, procesos en que sólo la perso- na puede ser tomada como fin en sí misma, y nunca como medio.
Dado que capitalismo y socialismo representan dos sistemas que son a la vez políticos, económicos, sociales y filosóficos, podemos llamar tercera vía al dis- tributismo porque representa también todo ello, aunque en algunos de esos as- pectos quedara insuficientemente desarrollado. El distributismo cuenta con una sólida antropología y filosofía, con un sentido claro de sociedad, con unos prin- cipios de orden político y con ideas concretas de práctica política, con una no- ción general de adecuación de medios a fines en el campo de la teoría económi- ca. Y aunque cuenta también con aplicaciones prácticas, quizá le faltaron pensa- dores que desarrollaran las intuiciones originales y, sobre todo, que lo aplicaran a la vida práctica.
E
En efecto, el distributismo hubo de enfrentarse frecuentemente a la acusa- ción de falta de aplicación práctica. Sus detractores retaban a menudo a Chester- ton a que bajara de sus formulaciones teóricas al terreno de lo concreto.
Debemos decir que estas acusaciones no dejaron de encontrar algunas res- puestas en Chesterton y en otros distributistas, dedicados durante los años de existencia del G.K.'s Weekly a la discusión de medidas concretas y a la elabora- ción de planes y programas (el más conocido de ellos, el Programa de Birming- han, lo confeccionó y publicó la Liga en 1932) Entre las aproximaciones prácti- cas del distributismo podemos encontrar desde decálogos de actuación para un
“buen distributista”, referidos a comportamientos muy concretos de la vida coti- diana, hasta estrategias generales de acción.
Pero ciertamente las respuestas prácticas del distributismo nunca llegaron a tener un desarrollo sistemático desde las ciencias económica o política, ni tam- poco tuvieron unidad doctrinal (fueron famosas las disputas entre distributistas sobre la conveniencia o no de la fijación por ley de los precios, sobre la bondad del Plan Douglas de Crédito Social1, y otros casos concretos que iremos viendo más adelante)
Esta aparente falta de proyección práctica de la que se acusaba al distribu- tismo, bien pudo verse acentuada por sus oponentes en razón del carácter emi- nentemente empírico y pragmático del espíritu inglés, menos dado a la especula- ción que otros pueblos. A ello sin duda tuvo que contribuir el hecho de que su principal defensor fuera periodista y no académico y que la plaza en que se me- dían las fuerzas entre distributistas y oponentes fueran más los artículos de pe- riódico y los pequeños ensayos que sesudos volúmenes teóricos.
Por otro lado, muchas de las teorías que han influido o influyen en la huma- nidad -que en el campo de la economía han sido generalmente desarrolladas por filósofos o comerciantes dedicados a las tareas económicas, más que por eco- nomistas profesionales2-, no cuentan con desarrollos aplicados de sus postulados teóricos, sino que éstos vienen a influir o fundamentar la actuación de los res- ponsables políticos o sociales de un determinado momento histórico.
El propio Chesterton confesaba que daba mucha más importancia a las teorí- as de los hombres que a sus propuestas prácticas, porque “tiene mucha más im-
1 Una explicación sucinta de este plan puede encontrarse en nota al pie del capítulo IV, p.89.
2 Cfr. LUCAS BELTRÁN, P., Historia de las Doctrinas Económicas, Teide, Barcelona (5) 1993, p. 248.
Como afirma el profesor Lucas Beltrán, suele considerarse a Alfred Marshall (1842-1924) el primer “econo- mista profesional”; los economistas anteriores casi siempre fueron filósofos que consagraron a la Economía una atención preferente (Adam Smith, Stuart Mill o Stanley Jevons); en otras ocasiones fueron comerciantes o empresarios (David Ricardo, Friedrich List o Henry Charles Carey), agricultores (Johann Heinrich vonThü- nen o Karl Johan Rodbertus), o incluso médicos (François Quesney). En ese sentido Marshall fue el primero que hizo del estudio de la Economía el tema central y la ocupación fundamental de su existencia.