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MAS ALLA DE LAS NUBES
OBRAS DE LA MISMA AUTOR A PUBLICADAS EN ESTA COLECCION
.Encontré mis blason es.
Más aUá de las nubes,
POR NO V ELA
. ,
ás allá de las nubes
CRISTINA :MARIA ALLOZA
Colección P UEYO de NoveIa. SeIeCt1ui
!
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L
~~ eDITORIAL PUEYO.
s.
Lo,Aftl!NAL ••• - U.OI'lIO
Queda hecho el depósito quemarcala Ley.
Derech os reservado s,[9 51
Murillo.-Pasaje de Valdec illa, 2.-Madrid.
A mi madre.
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AL LA DE LAS N U B ES
JaIm e y Pe dro, cha r lando an im adamente, atrav ie- 'san el a~rodrol!1 ~ para dir igirse al bar cu an d o el bronco ruido de un motor les hace parar en se co .
~l.Quién es, ] aim e?- p r egunta Pedro, alzando la cabeza y haci endo pantalla con la ma n o para res- guar d ar sus ojos de la hirien te luz rlel sol,
, - iEs el «Príncip e SoIÍtHlol'»! ;.1TO reconoces la Luciérnaga? - .contest a
.J
aime sarc ás t ic a m en te, cuya escru tad ora mirada había loca li zado'ya al av ión.- jQué raro! l.No te extraña que la haya sac ado ? La co n tes t a ción que recibe es casi un gruñi d o : - -Ser á para qu e no se le enm ohezc a ahí dentro, en ese nido que eJ capitán le ha'con ce d id o para gu a.
recerl a - dice vol v i éndose y señ ala n d o el pequeño, hanga r encuad rad o en t r e dos de en o r mes pro p or cio- nes- . Por más que cuando hace est as ex trava ga n te s sal id as, su ele llevarse'siem p re ese pajarraco.
~jNo lo llame s así ! A mí me en tus ias m a ría vola r con él. Tiene un a línea muy original , tanto como el cap r ich oso nombre que lleva gra b a d o a ambos lad os . No'e s IlIU Y¡n-an de, pero ... posee un algo que impone.
i - ciBah ! Ni me impon e ni me gusta r í a prob a rlo.
Además, he de de ci r te qu e, a pesar de est a r tan pin - tadito, es alIZO viej o , más que por lo s años, por los acc identes sufrid os ind u dablem ente en otr o tiemp o .
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- i,5í? ;.y cóm o 11115 llegado LI esa eonclueión? ¿,Te- has acercado cu a ndo Lau re z estaba manio b r ando en él?
- No. El otro día se dej ó el hangar abierto ; y yo, apr ovech ando este descuido, me colé para inspeccio- narlo a mi sabór, fijándome en algu nas abolla duras y desperfectos. De ello deduje qu e ha de b ido de volar much o e incluso llegar a alguna caíd a gr ave.
Call an un mom ento con la vista fij a en el que es obje to de su atención.
- ;.Dónde y eóm o lo hab rá adquir ido '?
- No sé -dice con gesto de duda Ja ime- . El día que se incor poró a ]a base hizo el viaje de lleg a da en él. Y, desde entonces, ya estás viendo par a qué util iza la mis teriosa Luciérnaga.
-Sí,-tien es razón. Solament e para estos sol itarios paseos. iQué humo r, sali r a estas horas, y con'lo que calient a est e sol!
,Jaime suelta una sonor a ca rc aj a d a .
- El muc ha ch o tiene asp iraciones muy «a ltas» . i.No ves que le atr a e más est ar entr e las nubes que entr e nosotros?
-1.Quieres decir..'.?- pr egu nta con aire preocu - pa do.
- Sí, homb r e , sí. i.Cuántas veces se ha dignado mirarte desd e que est á en la base?-en su s oj os hay una luz de desprec io .
- iEs verda d! Casi me atrevería a afi rmar que nin gu n a- d ice Pe d ro , pensat ivo.
Un coro de risa s los tr ae a Ia realida d.
~jEh, chicos!'Os vais a tostar com o gambas si estáis más tiempo al sol.
Nuevas risa s.
Se miran los dos, y, luego de ech ar una última ojeada al esp a cio , deciden unirse al grup o que ale- gremente charla en la puerta del bar.
Entre risotadas, se acercan to dos al mostrador , me-
9 nos Pedro, que, apoyándos e en la puer ta, quédase mirando con air e \l-rcoc'lw úio la", \)in v,-\ a5> q\le eíec-
túa el avión . •
Jaime. observánd ole , dice a los demás: - F ij a"os en Pedro. .
Haci endo portavoz con las manos,
.J
uan, el proto- tipo del buen humor, grita :- Ped ro, no le robes oxígeno a nuest ro «Príncipe Azul» y ven a refresca r te el gaznate.
Acog e estas pal a bras la ris a alegre de los comp a- ñeros.
Ob ede c iendo de mal a zuna. se acerc a . /
-No sé por qué trat á is así a ese mucha ch o -d ice ,
- jAnda! -contest a Carlos, que sie m pre qu e ha-
!. hla cier r a un ojo al tiem p o que:tne rce la"boca y su b e el hombro der ech o, y que cuan d o se none nervioso se le acentúa sorp r endentem en te este tic-oPues no es orgu lloso el niño, qu e di~amos-nuevo gu iñ o- o Si parece que le viene a menos el estar con nosotros - dos guifios rapidísimos.
- N o te excites. Carlos-d ice Pe d r o- A mí no me narece orp;ll11oso.·Yo más bien ase guraría que a ese
hombre le pasa algo . .
José, que hab í a escuchado silencioso toda la con- versació n, anura'nd o de ula vez la copa de-coñac qu c tiene an te sí. ex clam a. encarándose con·Ped ro:
- iYa sali6 Do n Se;ltimental! ¡.Por qué razón ha de ocur rirle algo?, y si le ocurre, ;.tenemos nosotros la culpa para que así. de ese mod o , nos desprecie?
Estás equivocado, am ig o: Es un sob e r ano orgull oso . - Tie ne razón José ~ apunta , acentuando el tic, Carlos-o Si le p asara algo grave y no se encontrara con ánimos de com par ti r nuestras risas por 10 me- nos se ha bría busca d o un confid ente . Todo el mundo, por,muy especial que.sea, busca a alguien en quien poder desaho ga r egoístamente sus penas. ¡,Loha hu s- ca d o él?~tres guiños.
lO CRI5TU\"A "[AR i A ALL OZ A
~COllforme . Ca rlo s.; pero hace poce tiempe flue está en la hase, y...
-- ¡Tonterías!~ataja .Ju an -':'-, Es altivo...
El ruido que prod u cen las botas de Luis, «el pe.
queñ o Luis», como to d os le llaman, ya que solamen - te cu ent a die cinueve años, al pisar el pavimen t o de ma der a . les deti ene.
~Pedro~acel'~ándose a ellos-«, el capit á n dice que le presen tes a él.
Se alegra Pedro de esta llam ada, pues así corta esta conversación, que tanto le di sgust a.
Deja su cop a so b r e el mostrud o r, y. tom ando a Lu is por el brazo, dice con aire satisfe cho, mostra n d o a to d os en una amplia son risa sus blanquísimos dien- te s:
- H as t a lueu o, ami~os.
La elevada esta t u r a y la corpulencia de su cue r p o, hácen le parecer un zizante al lado dc la figu r a ado- Iesce n te del pequ eñ o Lu is.
La dorarl a caheza.y la ·du hura casi in ocente de Sil
mirada. le da n el aspect o de un niño grande, en cuya hoca , de corte altivo , dib uj ase una firm e volu n t a d. Refle j a la azula d a lu z de los ojos tod a 13. nohleza de
Sil alm a. La rect itud de su concienc ia rechaza con firmez a los ju icios a la Iiuera qne de Fernan d o hacen el resto de lo s pilotos. El no tiene mo tiv os para de- fen de rlo . ni tampoco para acusarlo, pero le molesta en ~ran manera eltono despectivo con que ]03 am igos aco!!.c n todos los actos del ten ien te. . .
Con la experie n cia de 3US veiut.inueve años ..el'cía ver en .la actitud. más compasiva qu e censurahle, de Laurez , una profu n d a trist eza.
;Se equivocaha?
Meditan d o sobre este punto , se aleja junto a Lu is hacia las oficinas, que se eleva n al 1adl) de recho del har.
MÁS ALL\ DE LAS NUBE S 11 Entre tant o, Fernan do Laurez , des d e la Luci érnaga, ajeno a cuanto ocurre en el suelo, desliza por el espa- cio la nearura de sus ojos de árabe, que están poseí.
-dos de un tinte melancólico .
Avido, recorre las alturas para sa ci ar aquella nos - talgia que devora su alma.
El as pecto su yo es una interroga ción.
;Sería tr is t e za , com o aseguraba Pedro" o sería 01':
nullo, como afirmaban los dcm ás?
Su aire má stiene de melancolía que de sob e rb ia. Una nube negra crúzale la mente, y en la boca se dibuj a un rictus amargo . Las manos se crispan sobre los mandos.
¡.Le hahr-ían juzgado de esta su er te Jos compañeros si le hu b ie ran visto en este trance?
Sesrurum eute le hahrían calificado de cobar rle . Por eso huye de ellos, par a evitar est a 11010)'osa calumn i a y para enr-o ntr ar alivio aden t r án d ose en la her ida con el recuerdo. ese recuerdo que le trae la misma Lu- ci érnaga, Ella hahía si d o cómplice de sus 'se cre tos vuel os y casi tamb ién de su muerte. Ouiere vol ar ha st a nerrlcr la,noción del tiem p o y de las cosas. Ir más allá de la s nubes, junto a las estrellas, en donde parece escuchar el eco'de su vo z:
«Te esperaré to dos los días junto a Jos lu ceros. Mi espíritu, en eso s momentos, se unirá a ti.»
¡,Podrí a confiarles su se cr e t o ? ,;,No le tomarían por loco?
No, no nuede ex plicarles Que en su vida no hay más "fue el fan tosm a de un pasado; que' vive de re - cuerdos, los cuales, ante sus ojos. se desvanecen co- mo humo que,su b e hilsta la s nu b es, don d e,se con- densa par a formar Al bálsam o que , poco a poco , va eir-atri za n rlo h herida .
Hahia se ,h d o cu e n ta de la hostilid ad de sus como Twñcl'os. Hahíanle lle rrarlo rumores de rrue se le too maba por un engreído . Pero él, hecho sól o a alirnen-
L CRISTINA :\IARÍA AL LOZA
ta l' su pena, hahía roto toda rela ci ón con Ios aruigos, para dedicarseexcl u siv a m en te a ell a. Com p r en de que su act itud raya ba ya en fa n atismo. Pero tam poco hacenada por e-it arl».
Mirau do su reloj, da media vu elt a pa ra ate r riz a r.' El deb cr no Jo descuida por nada.
Al ruid o que pro d u ce la avi on e ta al tom a r tierra , acércanse todos al venta n a l.
~i. De dónde ve n dr ár-c-iuq uic rc José.
~Daos cuenta. i,No es Pedro el que se acerca a él?
exclama en un tic Carl os , al tiempo que señal a con el j'nd ice el grupo,
~Tienes razón. Carlos.
~Pues pare ce que le escucha , a pesar de su alta- nec i a-e-d ice hur.lonamen!c .luan.
- jCallad!-impon e José al ver entrar de nuevo a Luis- . Será alguna orden.
- M i teni ent e...
- i.Qu é pasa?- con testa Fernand o, devolvi éndole el
salu do . .
--C.El cap i tán Rodrígu ez desea ha bla r le.. . Dice que es urge nte.
- Está bien. Vo y en se gui d a.
Dirígese a inspeccio nar la cola de la avioueta; an- tes lc pa reci ó oírla vi b r ar, y le pre ocu pa.
No le ocur re nada. Acercase a la hélice. Después ag ách use a mira r las ru eda s. .
Pedro le ve ha cer , sin acertar a marcharse.
Al levan t ar la cabeza, Laurez re para en la indeci. , sión de! piloto , pero no dice nada, e in t en t a in tr o- ducirse en el aparato .
~Mi'ten i en t e..,~""",}e detiene.
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Da med ia vuclta, y se le que d a mirando sin profe- rir palabru .
Pedro , ant e esta mirada ~lacial, se arrepieu te de lo que iba a proponerl e, pe ro ya 110 tiene remedio; ha comenza d o , y debe aca b ar , si no quier e enfada r al que sus compañeros ta ch an de altivo. Haciendo un pequeñ o esfue rz o, sonrf e al tiem po qlh~ le pr egunta con ins e gurid a d:
~¿.Qu iere que la en cie r re yo?
Arquean do las cejas con asombro, contesta : .~No ha y inconveni ente- y añade , ala rgándole el pa r a ca írlas y el gorro , que acaba de qu ita rse-s-. To- ma..., guar da est o en la ca rl inga , y pro cu ra deja r bie n cer rado el hangar.
~A la orden, mi teniente-s-se apresu r a a respon- del'.satisfech o , tomando las prendas . Ib a a cumpli r, aunque sólo a medias, su deseo,
A pasos largos, aléjase Ferna n do hacia las oficinas, en donde se encu en t r a el despach o del ca p itán. An- tes de desaparecer por la puerta, se vuelve para con - te m pl a r a Pedro , que, silbando alegremen t e , sc dis- pone a guardar la avioneta, ayu da d o de dos me cáni- cos, que han abierto de par en par las pequeíias pue r- tas del ha n ga r, y ah ora pretenden em puj arlo hacia aden tro.
«l.Sc irá a der r etir por fin el hiclo ?»J se pregunta intentando ensaya r una son risa. Pero, enco gién d ose de hom bros nerv iosa m en te , murmura:
- Qué me importa que se der r it a, ~i no deseo 611 am istad-s-y, tiran do el cigarrill o , penet r a en el des- pac h o .
~l.Me llama b a, mi cap itánj-c-pre gunta, cuadrán- dose militarmcnte an te la mesa de éste .
Hodríguez, apartando un telegr a ma que esta b a le·
yen d o , dice:
-Sí, teni ente Laurez, Quiero que comun iqu es a tus com pafic r os que esta misma ta r de llega el com a n d an-
14 CRISTINA MAR ÍA ALLOZA
te destinado <1 esta base , sefior Oliverio. Lee---'a la r . gán d ole el telegr a ma.
Fer naudo, de spu ésde leerlo , lo dep osit a en la mesa . -Tengo enten dido-dice cl capit án, recostánd ose en el sillón y cruzando una pier n a- que es un señ or de ed a d . Un a bellísima per sona. En sus tiem p os mo- zos, dicen que era el más deci d i d o y valien te de la com p a ñ ía que for mab a parte.
- Me ale gro , porque así na tendrá escrúpulos en
dejarnos vol ar. '
- jEres in corregible, Fern an d o! Parece que tu fa- milia y tus amigos los com p onen las nubes. En el cor to tiemp o que llevas en tre nosotros creo has pa.
sa d o más horas en las alturas que en el suel o.
~Per done, mi capitán, si le digo que, efectiva - mente , tiene razón . Sé que mis compañeros se que·
jan , pero... me acoba r da la idea de inti ma r con ellos.
Sus ojos reflejan infin it o hastío. ' -Ya lo sé~-corn en ta el capit á n, manose ándose la ba rba sin apartar la vista del rostro moren o de Lau- rez- . Mas .. . no sólo ha de ser uno valiente para, cr uz a r int r é pi d amen te el espaci o; hay que saber ha- ce r fr ent e a la vi da, que también para est o se necesi ta val or . Y... no lo olvides- continú a poniéndose en pic-s- , el mayor hér oe es el qu e ven ce en la bata lla contra sí mismo.
Ferna n do se mue r d e los labios, y el cap itán, con una mirada'de indul gencia , le desp i de , dá nd ole una palmadita en la espal d a.
- Pedro , l.a qué se debe tan alto honor?-pre gun- tan.
- jCall ad ! Me he propuesto trabar amistad con él y he de consegu irlo- con testa el interpelado de mal humor.
r
:\IÁS ALÜ DE LAS NUBES
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~Pc rderás el tiemp o miserah lemcn tc-e-Ia réplica es de Juan.
- jSilencio, ahí viene!-lcs.cort a Jaime, qu~ t;e hallaba atisbando por los crist ul es.
Vue lve n a sen t arse en la mesa, fingiend o no haber- le vis to Ilcgar. .
Sin tom ar com o tal el desplante'que en todos ad ivi- na, acérc a se al gr upo .
- M ucha chos" , Al oírle , se levantan.
- Much achos- rep ite en 'tono dc seriedad-, esta tarde , a las seis y'media , llega el nuevo comandante destina do 'a esta base. Espero qne ca d a cual sa b rá comporta r se com o conviene a un buen oficia l. ¿E n- tcndido?
Todos asiente n sin osar mirarle. Sólo Luis se atreve a pre guntar:
-l.Un nuevo com an dante a esta base?
Fern and o acércasele sonr ien te .
~Sí, l.qué te ex t r a ña?
~La presenc ia de un comanda nte aqu í.
Laurc z, sin fija rse en los que le rodea n, deján dose llev a r dc un impu lso, pasa la man o por la ca beia del peq ueño Lu is, deshacié ndole el pelo en mudo ademán de sim patía , al tiempo que dice:
- iAlégra te, muchacho! Nos au men ta la com p a ñ ía. Dcsd e hoy, la base tendrá ma yor import a nci a. Den- tro de poco Ilegarán los nuevos oficial es, y en to nces nu est ra base la formar á n tres escuadrill as en luga r de una , com o hasta ahora.
y como si se ar repin tiera de aquell a momentanea expansi ón , frunciendo las' cejas, se aparta brusca . men te de ellos para dirigirse a la puerta. Ya en ella, se vuelve:
- Ped r o...
~iA la or de n !
- P ása te por mi al oj a m ie n t o . Tengo que hablarte
--;-- - - -
ló C.R I.~T ll'iA l\I.-\RÍA ALLOZA
- su voz se ha tor n a d o opaca. Ya no es Ia misma que empleara para "Jiri:úrw al joven piloto.
Dicho esto , y sin ahuarda r con test ac ión, sa l e alaire libre , en donde se detiene a encen der un ciga rro.
An tes ae que pue d an volver de su estu p or, Luis, dirigié ndose a Pedro, le dice:
- Hasta lu e go , amigo. _
Abandona la estancia para'reu n irs e con Fer n a n d o,
q~e se ha ll a parado dan d o unas órdenes a un mecá-
VICO.
Nadie hace el menor comen tario. Perplej os , ven có m o Luis se acerca al teni ente,y, cambiand o quizá imp resi ones, se dirigen a las oficinas.
II
En el aerodromo se adivina una aguacion in usit a-, da. Todo son id as y venidas. Voces de mando.
.J
aime, a I entrar en uno de .Ios hangares y.ver a Carlos que, con la precipitación de los pr eparati- vos, se halla enormemente exc it a d o , pon ié n dole una ' mano sobre el hombro le pregunta:-¡,Dónde está Pedro?
Carlos se vue lv e al sen t ir que .le tocan , pues con elru ido .' nso r d ece d or delos motores no ha oído nada.
Comprendiéndolo, vuelve a repetir la pregunta :"
- jAhi, ¿pr eguntas por Pedro?
.Jaime muevela cabeza en señ a l de asentimiento. -No sé~diee chill an do Carlos"-. ¡,L e busca el ca· pitán?~quiere saber, acentuando un tic.
-No~contesta en el mismo tono su com p afier o-c--; quería saber si todavía anda con Laure z,
. ~jNo me hables de Laurez!- gr u ñe. Y en car án- dose co n Jaim e-c-,: ¿Qué me dices de la sal i d it a de hoy ?
Viendo que su Interpela do no re sp o nde , creye n d o
r:
I ~iÁS ALLÁ DE LAS NUBES
17
al tiempo que , ~
,
que no le ha entendido, le toma de un brazo y le - saca fuera del han gar.
~Di~o que si te diste cuen t a de la sali da del te.
niente,
- l.Te refier es a 10 del peq ueño Luis r-c-contesta con aire distraído.
~Sí ; pe ro..., por lo visto, no'te ext r a ñ a. - E n honor a la ver d a d, te diré
que
no.Carlos arquea las cejas con asombro, marcando se- p;uidamente un viol ento tic.
- ¡ E x p líca te !.
- No sé por qué ser á, el caso es que al prrncipio, o sea, cuando vino Laurez , si he de ser just o, diré que m6s bien huía de Lu is. Creo que éste lleg ó a darse cuenta , y se lo dijo al capitán , qu ie n, a su vez, llamó a1teniente. Tuvieron al gunas expl icac i ones, a caus a de las cuales Lau rez comenzó a mirar con menos mie- do al joven piloto , y.. . hasta llegó a tomarle cariño, com o parece haber demostrado hoy- sus pupilas' re- IIojan profu ndo desprecio.
-Pero... ;.cuándo te dist e cuenta de ell o? . -Apenas llegó. No comprendo a qué se debe esa manera extraña de ob r a r; mas ... lo habéi s visto pal- pable. No creas por eso qu e yo le discul po; estoy con ve n ci do de que es un en greí do. .
- y te quedas tan fresco-cruzando las manos con ademán violento . .
~iClaro! - se impa cienta. Y después, fijándose en una figura ele va d a qu e se les acerca a gr a n d es zanca -
das~. Mir a, por ahí vien e. .
-loQn ién ?, I.Laure z?- "e sob r esalta Ca rl os.
-No- d ice Jaime rien d o----; ; es Pedro. Está visto qne el tenien t e te roba'el sue ño.
y dá ndol e un puñ etazo cariñ oso , se aleja hacia donde se encuentra el rubio I!il!an te.
Carlos, encogié ndose de hombros
18 CIU5TUU MARÍA AllOZA
~ma un ojo, vuelve a penetrar en el hangar y se disp on e a ter m in ar pronto el tr abajo.
El mom ent o había lle gado. .
La escu adrilla, formada, ve llegar el brillante y ne-
~ro Packard que tr an sp o rta al com and a n te.
Descie n de ést e. Un hom bre de unos cu a ren ta y cinco años, alto, de aspecto atlético, V en cu yo ros- tr o , de facciones casi aniñadas, resaltab a , com o nota
pintoresca, la blancu r a de sus sienes.
Con asom b r o ven descend e r los oficiales, detrás de él, una figura femenina , dibuj a ndo la gracia y la es- beltez de su silueta un senc illo traje de gas a azul.
Es rub ia y tie n e oj os castaños. Su fisonomía es pero. recta , si bien en su sembl an te hay un dej o de alta.
ne r ía . Sus delicadas manos su jeta n un a gruesa cade- na, a la qúe va su jet o un herm oso perro de buena
\raza , galgo ruso , de pel o larg uísimo, y ost entando los tr es colores qu e le hubiera n hecho merecedor del gran premio . El vie n tecillo que azota su rostro, al.
borotando su melena,mal suje ta por un gr ac ioso som- brer i to , le presta más encant o a su hermosura.
,Su mira da inrruisidora re corre uno a uno todos los oficia les, form ados a pocos pasos an te ell a . Hay quien se regoc ija con esta agr a da b le sorpresa. per o no falta quicn tuerza el gesto . Est e últim o es Fernando.
El comandan te queda: mu y sat isfech o de la base, y comunica a todos qu e mu y en br ev e llegarán los nue- vos oficiales, Desp ués se reú n e con su hija en su hotelito, Es una pe queña finca bordeada de jardín, que se halla próxima a las oficinas. En ella se ins- talan .
Al trnsponer el umbral; del brazo de su pa dre, Ma ría Teresa queda gratamente sor p r en dida . Hay un pequ eño recihidor, coqueto namen te amueh la d o ; ~ su der ech a, un despacho. Por una de sus puertas, abier-
MÁS ALL:\ DE LAS NUBES 19 ta , se ve 'u n co r t o pasillo, que comunina con las ha- bita ci on es del serv ic io y con la cocin a; la otra pue r- ta da al comedor, basta nte amplio y mu y alegre , con dos ven tan as al ja r d ín. El eomedor hace ch aflán, y en él había mandado colocar don Anto n io un a pequeña salita de est ar, esp ecie de fu mad or, se pa ra d o del res- to de la ha b ita ción po r un os pesados co r t in on es de da m asco rojo. En el interior del comedor, y junto
a
una puerta que comuni ca con el pasillo destinado al servicio, arranca una esc alerilla de madera oscura (fu e da al piso primero de·la casa, rrue se ha lla sen c ill a- men te distrihuído en cu a t r o habita ci on es, un salón-
cj to , un cua rto de baño y una terraza sob re la puert a de la entra d a . La escalerilla de madera sizue hasta Hl'g ar a una pequeña to r recill a, có mo da m ente dis- puesta y que puede hacer las.veces de habitació n .
Al entrar al comedor, dirígese don Antonio, segui- do de 1'11 ¡raIgo , Cit, al perruefio fumador. mientras María Teresa su be a las habitaciones con idea de dis- pon er su arre gl o, ,
El comandan te Oli váio, con la fr ente pegada a los crist a les, mientras Git descansa a sus pies, contempla abstra ído el enorme campo que an te'él se extiende . Una am a r ga so n r isa asoma a sus labios. Como acaha de hacer con su hija, hizo su padre un día con él.
.Cuan do co n t ab a muy cor ta edad, y en ocasión de habers e queda d o viu d o, se lo llevó consigo al aero- drorno en file prestaba ser vic io. De ahí nació la afi - ción del niño por los aviones, y, más tarde , el deseo de seguir la misma carrera del padre: ner o al morir éste , y saberse he redero de algún. caudal, él, que ha.
bía esta do du r a n t e tod a.la vida sometido a la férrea volu ntad del padre , al encontrarse con aqu el dinero, sin nadie que le impusi era su autoridad. sin más pa- rien tes' cercanos que un a tía an cia na , hermana de la ma dre, en nlena juventudy con el carácte r abierto y em p ren de dor, abandon ó la ca r r er a y emigró a Amé-
20 CRIS T INA MARÍA ALLOZA
I
rica, donde invirtió su caudal en diver sos negocio s , qu e pronto le hic ieron dueño de -u n a consi der ab le fortuna.
Satisfecho de su bu ena suerte, contraj o matr imo- nio con un a jove n americana, de la cual se había
;,rendado . Mas la felicidad no quiso sonrcír ]c en este asp ecto" pu e s , pasado un año, la esposa morí a'al dar fl lu z una herm o sa niña.
An t on io, pe r d id a la ilusión de su vida, dejó los ne go cios, leva n t ó la casa y se trasla d ó a Es paña , des- puós de haber dejado instal a d a a la recién nacida en un magnífico col egio de huérfanos , en comp añi a de una fuer te surna , que debía contribuir a la manu ten- ción y buena educaci ón de la niña.
Su vida er a un continu o torm en to. Las noticias que con fr e cu encia lle gaban de j\'la ría Teresa, no ha cí an más qu e aumenta r su tr iste za con el re cue r d o .
Est e estad o de ánim o le decid ió a terminar la ca- rrera, así , al mismo tiempo , le servi rí a para distraer su men t e , atribulada por el dol or.
Pasa dos die cioch o años, aprovechando un largo permis o ob t enido , partió para Am érica a're co ger a la niña, pues la vida agitad a de la aviación no era sufici ente para apacigu a r la tr is t e za , que había au- mentado con la mu erte de la tía.
La pequeña era el vivo retr a t o de la madre, si bien , en cuanto al carácter, se parecía al padre.
Se re p r och ó el ha b erla_t enid o durante tant o tiem- po separada de él. Pe r o pr on t o comp ren di ó que había sido mej or, ya que, acostu m b r a d o a la vid a mil itar , no hub iera teni d o arrest os su ficientes pa r a darl e una edu ca ci ón ta n comple t a comoIla que ha b ía re cibido en el col e gio. •
Desd e aquel momen to, la niña fué su única ilu sió n , depositand o en ella todo
e l
cariño que an t e s, ep. su ohstinad o dol or, inte nt ó negarle.'No se volvió' a scparar'd~ ella, y en cuanto conse-
M.ÁS ALL.Á DE LAS NUBES 21 guía algún permiso, lo aprov echaba par:!recorrer con ella toda Esp aña , con el fin de que llegar a a-cono-
cerla. '
En un a de estas ex cu rs iones, estand o pasan d o unos días en La Coruña, en casa de la marquesa de Mon- cahy, ín tima ami ga de su madre, don Anton io'tuvo que partir para reint egrarse a su puesto, dej an d o a María Teresa en com p añ ía de la ma r quesa, curnplien- . do así su voluntad. Se quejaba de la sole d a d en que vivía, sob re tod o , en aquella época, en qu e su única familia , que la const ituía n los dos nietos, se en con- traban alejados de ell a : Pily, con un os amigos, y Federico , cadete de la Aca dem ia, se hallaba cu m- pliendo su deber militar.
La marquesa se sen tía fel iz con la com p añ ía de aquella sim p á tica cr iatu ra , y don An tonio, tranqu ilo de saber a su hija tan bien inst alada el tiemp o que durara la guerra.
En los permisos, Federico conoció a María Teresa, 'y llegó a en amorars e de ella , pidiéndol e, más tarde , relaciones. La abuela se alegró. También al señ or Oliverio habían satisfecho mucho estos amores. No podía asp ir ar a más para su hija , y se pregunta ahora con desaliento qué les había ocurrido en estos últi- mos días pa sados en Madrid, antes de incorporarse a la .base, que el joven militar no había pasado a despedirl es, ni daba'señ ales de vida desd e hacía más de una seman a.
Don An to nio hace un gesto de disconformidad , mientr as Git , mirándol e fijamente , tuerce hacia un Iado su ca be zo ta , como si inte nta ra descub ri r en el rostro de su dueño aquélla preo cupación que le tiene ale j a do de cuan to le rodea.
22 CRISTINA MARÍA AL LOZA
III
El rel oj de las oficinas deja oír once lentas campa- nadas.
Fuera, en el ja r d í n, una elevada silueta'se recorta en la penumbra de la noche, apoyada en la bal aus- trada. Entre sus labios desca nsa un humeante ci ga- rrill o y su s pupilas, que hoy br illan con ex t r a ño ful - gor, parecen perdidas en la noche, parecen pren d i d as en los múltiples puntitos lu minosos qus oscila n tes salpic an el firmamento . Sin em b argo, 110 pierde síla- ba de la conversaci ón que , a través de uno de Ios ventanales, abierto a su esp alda, llega a sus oí dos. No porque le intere-e , pero ar m an tanto ru ido , que a la fuerza tiene que enterarse.
- O s aseguro que al baj ar del coche me ha mirado .
~jEntonces, hoy crees en Dios!- la pa té t ica bu rla ha brotado de la b ios de Juan.
Elvr ost r o herm éti co sigue impasib le con te m p la ndo la noche.
Dentro sigu e n habland o: .
- jNo seas iluso, Carlos!- ahor a es J aime -. Te ha mirado como a todos, con la curiosida d con que se con te m pla por pr imera vez una cosa.
- ¡Benditacu r iosida d ! -l a mism a VOl: bu rlon a de an tes.
----' jCálla te, Jua n! - ch illa nervioso Carlos.
La boca altiva se ha dign ado esboza r en la penu m - bra una irón ica son risa.
:-.Me ex as p eras con tus sátirns-c-si gu e dici endo Car- 'l os- oMezquino espír itu el tuyo, que no sabe más que burlarse de todo- en la censu r a hay un mucho
I
de venganza, de amor propio herido.Juan ríe:
- Razón de más par a estar más cuerdo que vos -
l\ÜS ALLÁ DE LAS NUft!: S
Ot1'06, juglares del siglo veinte, que no os co sta r ía ni la menor vacilación toma r vuestro laú d par a can t a r baj o el halc ó n de la señorita (Hiverio . Yono idealizo tanto, Soy más positiv o, más materialista, si queré is, pero me va mejor así. La vida me ha enseñado a tomarla tal y como es, sin pe d irl e más de lo que me es facti b le tener. No'suoíio, pero también me evi to los em ha te;; br uscos, los ru d os gol pes que el soñar pro p orcion a.
'L a s facciones im pasib le s se han contraído en la no- elle , y en la boca decid id a ha oscilado por un mo- ment o el ci garrillo.
-- ¡Bah! ¿Tú, qué sabes de la vid a?
Suena de nuevo la risa sa r cástica.
- Pued e ser que algo más que tú, ilustr e soñado r . Ha debid o de acercarse a él en un gesto de imper - tinen ci a, porque se oye el ruido de un a silla al cae r al suelo violentamente, y un grito sordo de Carlos:
~jA mí no..,!
La elevada si lu eta se incorp or a. Sus músculos se tensa n bruscamente . Con mano rápida ha sepa r a do el cigarrillo de la hoca, Está en gu ardia . Per o poco a poco va cedien do la tensión. Se ha oíd o un porta- zo, y la voz soseuada de
J
aim e:-No le hagas dem asiad o'caso, Carl os. Ya conoces su car ác te r.
Un gruñido casi imperceptible , pr ocedente del ex- citado p ilot o . Y/la figura masculina vuelve a apoya r- se en la bal austrada. Su mi ra d a vuelve a perderse en la noch e. De los labios, en treabie rtos, se escapa el blanq u ecin o hu m o. ,
-Fern ando-suena una voz conocid a a su esp al da . Laurez se vu elve ráp id amen te .
'- ¡.Qué qu ieres, Luis?
- El nuevo coman dante debe de neces itar te, porqu e te reclama.
.-¿Dóude está ?
24 CRiST IN A MARíA ALLOZA
.
~En 1!U casa.
- Está bien . Voy allá.
Tira el ciga rr illo, y por no molesta rse en ir a bu s- ca r la puerta qel jard incillo , salva la va lla de un salto, alejándose con paso apresura do .
La re ducida fa m ili a se encu en tr a reunida en el pequeño fumador, donde introduce la don cella al joven tenien te .
Presentac iones de rigor . Sonrisas que quieren ser ama bles. Y al fin, sin sa ber cómo , se en cuen tr a ha. bla n d o con ell a .
El señor Oliverio ha ido a su despacho para hus- cal' unos pa peles que ha de en tre ga rle. A su sal ida, sigu e una lar ga pausa.
Fe r nan do acaricia distraíd o a Git, que se ha tumo bado junto a él, con su respirac ión ja dea n te y la len- gua fue ra, cerrando pausa d amen te los ojos ca d a vez que el aviado r pasa la morena mano por su pel u d a cabezo ta.
Ma r ía Teresa los contempla call adamente, dicién- dose que es la más bella esta m pa que ja m ás contem-
pIara. .
Al fin, decide romp er este sil encio, di ri giéndole una pregunta trivial :
- l.Qué tal resulta la vida aquí?
Fer n a n d o, que está molesto bajo la insiste nte mi- rada de'la muchacha , recordan do la escena ocurr ida a su esp al d a min utos an tes, piensa si a él ta m b ién le está mirando con la curiosida d con que se con te mpla por prim era vez una cosa, )' qu isiera con testarl a qu e si el objeto de su llegada a la base era el de dive r t ir se a costa de ell os, le asegu r a una loca diversión. Pero se con tie ne a tiemp o, y sólo dice, sin lev antar la vista que tiene fija en Git:
-Depen de del ca r ácte r. Hay quien se distr a e en la ' soledad de un monte, y, en cam bio, hay quien
se
aburre en el ajet reo de una elega nt e fie sta.
M..\.5 ALL..\ DE LAS NUMS 25 María Teres a hace un gesto de a~ombro. «¿Qué com p lej o tan desconcertante en cie r r a este hombre? », se pregunta. Pero no se ab r u m a por elio. Está acos- tumb r a d a a triun fa r y no va a dej arse vencer preci- samente en esta lid.
- N o me refería escueta mente'a la diversión o al aburrim ien to que la est an cia en este hermoso lu ga r pud iera ap or tarm e-s-afiadc mir án dole con un a lu z in.
definida en sus pu p ilas , ah ora de un casta ño más oscuro- o Además, qu e yo no con sidero este rin có n ni con la so ledad de un desierto, ni con la animación de una elega n te fiest a. Y como en el térm in o med io dicen que se encuentra la virtud, presien to que me voy a sen ti r muy dichosa en este'n u evo ambiente, en el que mi padre pien sa que me aclima te con la mis.
rna facilidad con que me amol dé a ot ros much os, qui- , :r.á más desa gradables. Por lo demás, mi esp íritu es aven turer o, com o lo rué el suyo. Y la idea de sab o- rear esta nueva vida, descon ocida hast a ahora para mí. me sed uc e v me divi ert e.
Fernando levá nta la cabeza para mir a rl a . En sus negras pupilas ha brillado, por unos momentos, una luz que lo mismo hubier a podi do ser de incre d u li da d
como de fina ironía . .
- Sen tiría que lo que hoy tiene ust ed por una her- mosur u, Jlegara UJ,l día a defr au d a rla. Piense que aqu í hay pocas diversiones, por no decir nin guna.
Un a sem ana, dos, tres y.hasta un mes le serán sop or- tab les, pero más tie m p o... .
,- No lo crea . Además, caso de aburrirme, tengo la ciud ad a dos pasos, donde puedo encon tra r lo que aquí me falte. Tiendas , paseos, dive rsion es, fiestas.
¡,No ob r a ust ed del mismo modo cua n do se siente. aburrid o?
--':Nohe sufrido nunca esa en ferm edad, y, aun que la sufrier a , no se me ocurriría ir a buscar la distrac- ción a una fiesta, las.detesto--en la frente se
ha
fol"Z6
CRI5TINA MARÍA ALLOZAmado un profundo pliegue y la mirada se ha hund ido en la noche, a través del ventanal abierto.
María.Teresa arquea un a ceja al-respon derle:
~Entonces... , ;,cn qué emple a su tiempo?
~En leer, pensar y volar~le contesta conteniendo su'impacien ci a. «jPues no es curios a la niñaI», se' dice CO Il desa grado.
Sigue una Iar ga pausa. María Teresa se mira las uñ as. Parece haber con centrado toda su atención en ellas. Mas no es así. En'su interior está tratando de calificar el carácter del que, junto a ella, parece ahs- tra í d o en la contemplación de la noche.
;,Iniciar una nueva conversación?, se pregunt a, No se atreve. .Teme obten er el mismo resultado que en la anterior .
'«:
Qué se r ta n extraño l», se dice. Ella está acostumbrada a dominar con la serenidad que la caracteriza, y no sabe por qué este hom bre la descon-cierta. ,
El pa d r e viene a sa ca r l os del embarazoso sil en cio. Al verle en tra r, Ma r ía Tere sa se leva n t a yse acerca al ventanal. I.E s efecto de su imaginaci ón , o es que efec tivamente Laurez dió un suspiro de alivio cuando el comandante apareció tras la s cor t inas? Se' encoge de hombros .
Cuándo, minutos más tarde , se le acerca el ten iente para desped irse de ella, sus miradas se en cuen tr an. Laurcz la desvía con brusque da d y María Teresa se promete solemnemen te descubrir el mundo que se esconde en aquellas pupilas de árabe que la hu yen con cansancio, quizá con fastidio. .
En los días que si guen, Fern ando ve derrumbarse ante él todos sus plane s. Huir fué el primer pensa- miento. Menude ar los vuelos solitarios en la Luciér-
1Ulfl,a . Todo inútil. El tie m p o que se encon t r a b a libre
1\1.-\5 ALLÁ DE LAS NUBE~
27
de ser VICIO , le recl amab a el coman d ant e pa r a enco - mendarle alg ún tr ab ajo sin importancia , que hub iera pod id o rea lizar el más sencillo de los mecán icos. El señor Oliverio había toma do la costum bre de usar de él pa ra todo. De ah í pasó a invi ta rle algu na que otra vez a tomar café. Decía qu e le gustaba su com o pa ñia y le mandaba llamar, al principio con algún pretext o, ahora sin él.
Fernan d o aceptaba las órdenes y rech aza ba las in- vit aciones. Pero la mirada burlona de ell a hiere su orgullo de hom b r e , En sus pupi las había reflejado un desafí o: «No acep tas porque te impongo; me tienes miedo.» ¡,Miedo ? No. El no huía de nadie por qu e le tuviera miedo , sino porque det esta ba.to d a compañ ía , sobre todo, la de las mu j eres. Pero de eso a tenerle miedo.:. Y ace ptó el desafío. «Hay que sabe r hacer fren te a la vid a.» Y él habí a sabid o hacerlo.
Las invitaciones acabaron sien d o diaria s. Y diarias ' acabaron sien do tambi én sus entrevist as.
Sabiamente ,'va dando, poco a póco, Ma r ía Teresa un tono anima do a sus con ve rsaciones , y el teniente las va siguie n do con natural i dad .Sólo devez en cu an - do , un pensamiento , qu izá desag rad a b le,.viene a nu - blar su frent e, cer rán dose entonces en un obstinado mutismo. María Teresa , que ha id o est u d ia n do su ea - rácter y con oce ya esto s cambios br u scos, sabe cu á n do conv ie n e afl ojar y cu án d o conv iene est ira r . .En los ap artes que el comandante, consci en te o inconscien te, les ha ido proporcionan do , María Teresa ha intentado descu b ri r el misterio que en vuelve su alm a . Ha con - segu ido incluso hacerle son r eí r, pero no así lo que ella se hab ía propuesto enc ontrar . Hab ía pl'egu n t a d o a vari os de los.oficia les sobre este part icular, y todos le ha bía n dicho que se tr a t aba de un niño tont o, 01'-
~llloso. Menos Ped r o, que evadió la respuesta ,' y Luis, que trató de discul p a r le. Y enton ces decidió hallar por cuenta propia lo que buscaba. Y para ello
28 CRISTINA MARÍ A AL LOZ A
instó 11su pa d re a que lo trajer a a la fin ca y lo re-
tuviera. .
Fer nan d o'se había dado cuent a del juego , y se'pre- guntaba qué inte rés pod ría ten er esta mujer en in - troducirse en su vid a, si él le ha bía dado a enten d e r que no de sea b a su amist ad, y men os su ase dio. Pe- ro... iAh, si no re spald a se el co m andante tod o esto ! . '--,--'No es hora de me d i tar , Fer n a n dq - d ice miránd o - le risu eña mientra s le alar'ga una tacita de café .
Laurez sonríe al tomarla. Le fastidia que esta diosa de incomparable ser enidad se percate siem p r e de su s menores gestos y ab straccion e s.
y ella piensa que así tiene un nuevo atractivo . Pa- rece mucho más joven.
-i,Lleva ust e d mucho tiempo en esta base?-lá voz del comandante viene a sa ca rles de sus respecti- vas meditaciones.
-Un mes,
- ¿y qué tal resulta la vida aquí?
Es la segunda vez que Fernando recibe esta .p r e - gunta en este mismo lugar, e instintivamente busca su mirada. Los ojos de ella le responden, y al posarse en los de él, brillan divertidos. Fernando so st ie n e la mirada mientras dice que para un entusiasta de la naturaleza,.aquello es un verdadero paraíso. Y va describiendo los luga r e s magníficos que encierra este valle casi salva j e , lleno de una belleza'insuperable.
-Sobre todo el bosque de El Magnolia-sigue di- ciendo, de sviando al fin su vista para dirigirla al co- mandant e.
- jQué rar o ! ;,P or qué' se Il ama así? - qu ie r e sa-
ber María Tere sa. . '
- P o r que pert e n ec ió al cast ill o feudal del mismo nombre , pr op ie d a d que fué de un ilustre señor.
- ,i.L o habita alguien?-inquiere don Antonio.
~No. Hoy no queda más que una fantástica leyen- da sobre un montón de ruinas.
MÁS ALLÁ DE LAS NUBES 2~
- Cóm o me gusta r ía conocer lo-e- dice María Tere-
sa~. l.Está muy lejos? "-
-:Media hora esca sa de aquí, yendo en coche.
~Ento llces, papá- se le llenan los ojos de entu- siasmo-e-, l,no te enfada r ás si mañana acaparo a tu tenien te para que me llev e a ese bosque ?
- Hij a , eso es 'cosa de Lau r cz. El ha de decir si se enfada o no po rque tú le aca p a res- comen ta el pa - dre. ri su eño.
~HonradísilI10 de servirle de guía. Mañana ten go la tar de libre, así es que , si a ust ed le parece, p()- dr ía m os ir sob r e las seis. Es la mejor hora, a mi entender.
.-Sí. Me parec e bien. Y ahora, Feruando, cu én t e- nos esa leyenda.---se ha acercado a él Pero de pron- to, apoya ndo una mano sobre el braz o le dice irnpul - siva - : No, no la cuente. Prefiero oírla mañana,
fr ente a las ruinas. .
El comandanteríe, y Laurez ren ieg a el) su in terior. Er a lo que le faltaba, excu rs io nes en su com p a ñ ía. Por un orgullo desmed ido había querido afrontar aquella de safiadora mirada, y ahora lo estaba pagan-
00 caro. .
l.Qué había si d o su vida de sd e que María Te r esa hiciera su apari ci ó n en escen a? Todo 1;) contrario de lo que él hahía im a ginado. l.D ón de quedaron su s an- sjas de soleda d? Todo quedaba estrellado an te su fa- tal ismo, co m o él dcnom ina ba. Cre yó que podría eva- dir se con facilidad . v casi con asombro se vió ren- dirse ant e esta her~osa mujer.
IV
El coche se desliza por una carretera am p li a . A amb os lados se van suced ien d o altern a tiv amen te los
\ iñcd os y ol ivares. De ve z en cu an d o , algún árbol
30 CRI STIN A MARÍA ALLOZA
corpulento interrumpe la claridad sol a r sobre la ca - rreter a . Tiene n qu e desviarse dos o tr e s veces a causa de uno s camiones q:ue se dir -igen, indu da b l e men t e , al acro d r omo , pero la s manos varoniles -uj et an se guras el vo la n t e.'M aría'T e r e sa la s cont em pl a de reoj o, Son fin as, nervi osas, mor enas por cl sol que deben de re- cihir a diar io.
De las manos pasa a contem p lar su perfil cnér gico . Sus ojos de halcón, acostumbrado s a hundirse en las nube s, a rasgar el espacio, están fijos en la cinta de pla t a, que serpen tea y que van tragán dose kiló m etro a kiló metro: Los mús cu l os de su cara está n en ten- sión. En cam bio , su boca, altiva, se plie ga hoy en
un gest o de cansancio: .
Tuercen por una ca r r eter a pol vo r ienta, y al poco rato se int ernan en un bosque.
Nin gu n o de los dos ha ab ier t o la bo ca dura nte el trayecto. . ,
María Tere sa supone que éste debe de ser el bosque en cue st ión, y contempla la exuberancia de pinos , sin lograr ver nin g ún magnolio ,
Detiene el coche. Salta a tie rra, y, abriendo la por- tezuela, la invita 'a qu e descienda.
---,Tenemos que contin.uar a pie . Hay algun os pinos caíd os que nos impiden Ile gar en el coche has t a el castill o .
Apoy a la much a cha la man o en la que él le tiende para bajar.
Da Fernando la vuelta par a cer'rar la portezuela con el .llaví n . Cu an do vuelve jun t o a ella , sus faccio- ne s pa recen menos tensas.
~Es malo el camino . Pr ocuraremos so r tea r los e~- I collos lo mejor pos ible.
María Tere sa no halla nada qu e ob jet ar , y echa a and a r junto a la elev ada silueta. '
Efectivamen te , el camin o.es espan to so , no só lo por
MÁS ALLÁ DE LAS NUaE~ 31
JO!! troncos que hay que salvar, sino por la desigual - dad del terreno.
Laurez Ia va indicando:
-Pon~a los pies aquí. Cuid ado con e~c hoyo... Pero María Te resa vacil a desd e los altos tacones.
Da un traspié, y, al fin, Fern an do, decide tomarla del br azo.
- L a cu l p a es mía. Debí haberle advertido la con- veniencia de un calz a do cómo do para este lugar-se disculpa.
Ella sonríe .
Apa recen ante ellos dos largas hilera s de abe tos, que van a desem boca r fre n te a lo qu e en sus tiem p os debió de ser un hermoso castillo .
Se detienen.
'-), Quiere'que entremas?
María Teresa parece dudar uno s momen tos, des- pués accede.
Atraviesan un ampl io za guá n. Desp u és un salón completamente dest artala do , sin emb a rgo, en uno de 10s rin con es aun se ve un pedazo del mag nifico deco- rado que ado rn ó aquella espaciosa sal a. Poruna puer · -ta que ya no qued a de ella más que el hueco, pene- tran a otra pieza. Una parte de su techo se había hund id o. Por éste se veía la parte su perior del cas- tillo com p le tamen te en ruinas. A un lado , arrancan los restos de una escale ra de má r m ol.'
'- Rcsulta ya im posible el ascenso a la parte'alta del edi ficio -d ice Fernando contcmplando los inse-
~U05 peldafios-s-. E5 un riesgo al cual no debemos ex p o nernos.
y sin consultar el pa recer de'M aría Ter esa, tuerce hacia el lado opuesto pa ra entra r en otra vasta sal a . Es una roton d a , parte de cu y o magn ífico arteson a d o se conser va todavía en buen as condicio n es, lo mismo que almmos frescos de la pared.
Laurez la con duce hasta ell os.
32 CRISTINA MARí A ALLOZA
Re presen tan var ias escenas, más o menos fantásti- cas. De entre ell as, la que más llama la ate n ción de Ma r ía Teresa es una reprodu cci ón de un rin có n del bosq ue que acab an de atra vesar, entr e cuyos pin os se alza un corp ule n t o magnolio, al pie del cual ap arece una he rm osa mu jer ve stida con una túnica blanca ; la ahu nda nte ca b eller a rubia sue lta , cuh r ié n dole los ho mbro, y la espalda. Con la mano izq uie r d a levanta una pequeñ a tra mp a qu e hayal pie del ár b ol, y con la de r e cha emp u ñ a una reluci en te daga
- iQué herm os a ! ¿.E.istio cn realid ad esta mujer, o fué im a gina ci ón del pintorr-e-pre gu n ta María Te.
resa , interesa da.
- Nose ha llega d o a sab er nunca - res p onde Laurez pensativo contem plando el fresco, y luego añ a d e- : Est as pin tu r as forman part e de la le yenda que en- vuelve el castillo,
Ma r ía Te resa le escu cha , mien tras trat a de analizar Ia ex p resió n del hermoso rostro de aqu ella mujer.
No sa be si es de dolor o de ira; sin emba r go , aque- Has en o r m es pupil a s gr ises br illa n con luz diabólica qu e la hacen est remece r , e insti ntivamente se acerca más a Lau r ez, que la mira asombrado. '
- Si la impone , interr umpimos la ley enda , y nos va m os.
Sonr íe ella.-
- No . Siga con t an do. Me intere sa much ísimo.
Fern a nd o vuelv e a mira r las pinturas.
- Hac í a muchos años que el cast illo se encontra b a deshab itado- d ic e- . Sus dueños qu erían ve n de r l o a toda costa , mas sin re su lt ado algu n o. Se ha blaba de una tr ágica leye nda y de fan tasmas, lo que tenía ale - jados a los posib les com p radore s. Pero un día se presen t ó un jove n de sco n oc ido con idea de adquirir- lo , pagando una sum a fa bulosa por él.
-Sería algún filá n tropo que no sabría en qué em- plea r su dinero.
"ÜS ALLcÍ. DE l,AS NUBES
-~E ra un pintor ital ia n o. Todos estos frescos se tlf' - hen a él.
María Teresa vuelve a mirar a la herm osa mu j er. - E l cas ti ll o no estaba en, buenas condi ciones , y su nuevo dueño se dispuso a restaura rl o. Trajo los mejo r e s decoradores, y en poco tiemp o quedó corno nuevo. Solame nt e esta habita c ión se hallaba sin de- corar por de seo del pro p io pintor, quien quer í a 11e- val' él mismo a ca bo esta operación.
lJEI joven se instaló en el cast i ll o , mej o r dich o , se encerró en él, pa sando así varios meses. Se rumorea- ha si el artista se hallaba.eu lrasca do en el de corado de est a sala, que habíase hecho ya fam os a .
»La tranquil idad y el silenciolen torn o al castillo eran absolutos, y nadi e pod ía.Hega r a com pre n d er cómo las visio nes fantasma gó r ica s de.que se hablab a no habían he cho huir al ital iano, qu e segu ía ence - rrad o en su palacio.
»Al año justo, decidió dar un a fie st a so le m ne . A ella in vitó a 10 má s rancio de la arist ocracia .
»Aunqne el temor er a grande , to d os acep t a ro n , con la curiosidad de ver la sa la term ina da por la man o' de aquel célebre hombre . ,
»Antes de acabarla fies ta, todos manifes ta ron gr an - des de seos de visitar los famosos frescos. El joven pintor son r ió , mas, si n decir na d a , condujo a sus in vi tados hacia este luga r. Al' abrir la puerta , el csttrpor,pa r aliz ó 11 todos: La sala scguía en bl anco...
Marta Tere sa arquea una ce ja .
- ... Al ver el gen eral asoru hro-c-sigu c Lau r ez-s- , se discu lpó dicien d o que si les hubiera exp uest o la ver- dad, no era fácil que le hubieran creído. Por eso prefirió mostrárselo sin pr oferir pal a b r a . Pero les aseguró ter m in arl a con un as esce n as de Venec ia.
»Ot r o año pa só sin que el pintor diera sefia les de vida. Al ca b o del cual, volvió a dar otra fiesta . ma- nifest a ndo a sus invita d os que les reservaba' una
3
". - ---
34 cmST I N A MAUíA ALLOZA
sorpresa par a la medianoche, Llega da ésta, lo! cou-: dujo de nuevo a la Lam osa sa la ; y al abrir sus puer - tas, el terror invadió esta vez a los que esperab a n hallar las esce n as ven ec ia n as. El artista ha b ía re pro- du cido exactamen te, y con todo detalle, la ter r ib l e leyenda que envolvía este castillo...
- ;.Y es?-pregu n ta Ma ría Teresa.
~... Lo man dó cons t r uir un árabe para encerra r en él a un a jov e n de la cual se había;en a m or ado , cautiva suya. Hode ó cl palacio dc un lujo exc es iv o , y de to d as las comodidades, así como de una legión de sirvientes y esclavas, con objeto de quc cui d a r a n de su <imada, a la que él venía a visitar con frecu en- cia. Pcro la cautiva no le era fiel. Se habí a enamo- ra d o de uno de los escuderos.
»Temerosos dc que el poderoso guerrer o, Calid, llcgara a descubrirlos, en sus continuas ausencias a prcvechu ha n cada un o de sus minutos pa ra cons- truirsc-un sót ano, cuya csca le r ill a arrancab a , como ust cd ve, al lado dc ese magnolio , con ,objeto de ccuitu r allí sus amores. Ya lo te n ían casi acabado, cua n do una noche, estand o los amantes en est a mis- ma roton da , se pr esen t ó.cl Calid. Aquí podrá pr c - scnci a r !o- .d iee Fernando, cond uc ién d ol a ante otro fresco-o Está algo estropeado, Ob serve; éste es Ca- lid al cchar pie a tierr a de su caball o blanco , en aqu ella noch e. Y este retazo, casi impercept ib le, re- presenta esta ha b it aci ón. Esta Iiuu r a que hay en el suelo cs el jo ven escudero, y éste dcbc de ser el pu ñ a l que Calid le clavó en el pech o, Esta som br a que se ve a su lado es-l a cauti va. No'se ve bien, pero debía de esta r llora ndo.. .
' -;.y el árabe?,-interrum p e.
- ... Después de dar muerte al trai d or, huyó. La cautiva mand ó a su esclavo negro qu e co n d u j e r a el ca d áve r al sótano , cu b r ió su cuerp o con flores y des- pués, dej án d ol o, fué a buscar la daga que había que"
MÁS ALLÁ DE LAS NUBE S 35 nado en el su el o,de la'roton da, volviendo de nuevo junto
ál
amado, que es la escena que ha contem p l a d o antes. Dicen qu e , una vez junto al escu d er o , se clavó la daga eu el pecho, perdiendo ta m b i én la vida-haceuna pausa . '
»Aí cabo de algún tiempo, volvió el Calid, y con aso mbr o vi ó que su am a da hah ía desaparecido y qu e nin gu n o de los sirvientes supo darle razón de su pa r a der o' ni del cadáver del traidor. Pasó todo el día huscán do la, y cuando, llegada la noche, Sedis- puso a desca n sar, cuentan que se le ap a reció envuelta en una tú n ica hlanca. El Ca li d intentó acerc ársele , y ella se hizo transparente com o el humo,.hast a que desapare ci ó. Cuando volvió a' apare cer, el guerrero no ha bía sa li d o aún de su estup o r , ~. en tonces ella le dijo : «No intentes acercarte a,mí. Huye de este castillo qu e tú mismo has ma l deci d o , porque si per o man e ces en él , mi som bra te perseguirá hast a hacerte im p o si b le la vi d a .» No sé lo que pasó, Hay qu ie n dice que huyó, hay quien afirma que aca bó allí sus días. El cas o es que de sus posteriores dueños, nad ie ha pasado una sola noch e en el palacio, salvo el jo- ven pin t or.
»El terror dej ó , como le de cía antes, paralizados a todos , pero no só lo por la exacta reproducción de la fantástica le yen d a . Hubía algo más que ninguno de ello s louraha com prender, algo cuy o mist erio no Iogr ab an' desentra ñar, y er a que el pintor, ca di vez que represent a ba en sus fresco s la figura del escu d e- ro tra id o r, había pintado su propia imagen. «t,Con qu é obje to?», se pr e gu n t aron in men t e todos los in- vitados; y al volverse hacia su anfitri ón para for- mularle esta pregunta, qu e quema ha EUS lahios, el pin t o r había desapareci do . Pensaron que se hallaba en la sa la conti gu a, mas no er a así. Pre gunta ron al serv ic io, y nadie le hahía visto sa li r . Los in vit a d os, llenos de pavor, creyen d o que los fantasmas de que
36 CRISTINA MARÍ AALLOZA
lanto se hab ló volvían a hacer sus apa riciones, aban- dona ron sin pérdid a de tiemp o el castillo.
»A I jo ven itali ano nadie volvió a vcrle, y el palacio se ce rró. Na d ie ha vu e l to a vivi r entre sus paredes , y el tie m po, poco a po co, ha ido devor únd olo, hasta de j a rl e en el es tado que ust ed 10 ve.. .
~¿Y el ruagnofio?
-Un a de estas ventanas dicen que daban a é1.
~jFernando! -'- excl a ma de pronto , aga r ránd o le por un brazo con fue rza.
Laurez se vuelve. Fue ra, un árbol cor pu len t o es meci do len tamen te por la brisa.
--:'e ha equ ivocad o usted. 1\10 es lUI magn olio , Ha de hido de ser el juego de lu ces. He de adve r .rrlc que , en reali da d , no ex ist ró nunca, ya que puede fig u r ar - se que todo es pu r a Ieyeuda-c-drce lija ndo jos OJos en Ja mun o que au n se afer ra a su br a zo, y suIren te di- buja un pliegue.
- Tiene ust e d razón, :Ko sé cómo pu d e pensar'se- meja nte co s,a. Estoy un poco ne rv iosa, Su le ye n da me im p r esion ó .
- Si le pa r ece- aiía d e sin apart ar Id vista de' la mano-c- , damos por terminada nu estr a excursión. A . ust ed le conviene descansar, y yo entro de serv icio a las once.
Mar ía Teres a asiente, pero 110 se suelta , y Fe rnan- do, ha ci endo un ge s to de resign ación , echa a an d ar ha ci a fuera.
Ya en el coch e , resp ir a alivia d a , y cuando Fernan- do se inclina para in d a g ar qué tal se encue n tr a , los ojos de ella sonr íen, agradecidos.
- T e n go que confes ado , Laurcz, Pasé miedo, y, a pesa r de cllo, la excursiónme pareció ma r a vi llosa.
Fernando se incor pora casi con br u squedad , dan do iápid a mente marcha al motor. Ya no vuelve a des- peg~r los Iahios, y Ma r í a Teresa , reclinando la cabe -
~ÜS ALLÁ DE LAS NUBES 37 za sob re el respaldo , cierra los ojos. Cuand o los abr e están entra nd o en el aer o dromo .
El coche se desliza pnu sadameutc fI 10 largo de ést e , husta lleg a r al ho te lit o del coma ndante, donde se ap e an y se det ien en un mome nto ha b lando, sin pe r ca ta rse que desd e la puerta.rlc la s ofic in a s, cin co pares de ojos los contem p l a b a n co n un dejo de en- vidia.
- E l orgullo lo ~!Uarda para nosot r os-e-salta al fin Carlos. sin disimul a r su exci tación -oY. en cambio,
pa r a el se ñor Oliverio . .. . . '
- Para la se ñ ori t a Ol ive rio...~corri ge con retintín Juan.'
C rlos , que está moles to con él dcsd e aq u ell a no- chc mcmornhl c, simula no hab e rle oído, y co n tin ú a encará nd osc con Pedro y I!uiñún do un ojo:
~jTú, que le defend ía s lant o! iAh, si.el coman- da nt e fuera UIJO de.tan t os y no tuvi era una hermosa hij a!...
- N o le hubiera mira do si q u ie ra -sigu e displic cnt e: José .
- N o os burléis-gr ita Pedro, fue r a dc si·~. Me averjriicn za oíros hablar de ese modo.
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a ime le mira con sarcasmo, para decirle:-No ; si esta m os conven cid os de qu e tu afirmación del otro día tien e visos dc verosimilitud. El homb r e atravie sa por una situación difí cil. Tiene un apuro. Quizá una gr a n preocupación monetaria y...- se de- tie ne para mirar a los que los rodean; de spués vuel- ve a fijar la vista en Pedro, para term inar, acen- tuando su ironÍa- ... si consizue couq uista r, al mis.
mo tiem p o que a la hija,
tt
for tu n a del padre... La risa su ena con acent o mordaz, y Pedro, tr a gá n- dose la ruda con testrci ó n que apuntaba ya a sus la- hios, penetra en las oficinas, dan d o un port a zo tre- mendo.38 CRI ST I N A MAftÍA ALLOZA
Fu e r a siguen riendo, mas el motor de un av ión al none rse en marcha los interrumpe.
Todo s sab en r1l1C Lanrez manda esta noch e la pa- trulln de !!1Hll' ia. Ninguno hnce el menor comen t a - rio . En sus imaninar-ione s ha br ot ado un mismo pen- samie nto ; todos rmisieran ocup ar el lunar m-e fe r e n t e (fu e ju nt o, a la seño ri ta Oliverio había Ionrado, con empeñ o o sin él" el taciturno'y altivo teniente. .
1
v
La calma dela noc he es completa . Ni una sol a hoja se meve a impu ls os del viento en el nerrneño jardín, bañ ado por comnleto por la plll te a d ll Inz de l~ luna, ha sta el (me lle ga. procedente de un a de'l as ahiertas ventanas del hotelito,'el estru endo, por llamarlo así,' de una radio nuesta a toda voz. v en la (me tan nron- to suce rl e n a los ma iestuoso s sones de una óriera, las' 'Ilo tas discord a nte~ de un iazz; como la voz estentórea
dol Tocn tor de alguna estaci ón ex t ran jera.
María Tere sa , contemnland o el firmamento, menea lentam ente la cabeza. Su,nadre .dehe de anda r in.
rruieto, En el tiemno oue neva sen tada en el rústi co hanrm ito ele niedra, ha cambiado de estación diez veces no r
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me no s,co mo es costumbre en él cuan d o esth de mn] hum or .' 'El cruiir de'la zravn la tr a e a la realidad. Una silueta casi de gil!a n t e se acerca por el andén. Mar í a Te resa le rec onoce al nunto.
Al nasa r lmlto a ella. Pedro la ohscquia con un pr o fu ndo salu do . .
Contesta. si !!11iénilol e desn ués con Ia mirada 1'asta vpr le des an arer c r rmr In nuert a i1e la Iinr-a. Y. a] noro ra t o . l~ voz de h r'ldio rliswinu v e. v hasta el]a Hc!!an. "" si irnnerr entihl erncnte . las notas ten u e s de uno s -iolines , que in t e:rp ret an un vals .
MÁS ALLÁ DE LA~ NUBI!:~
.l\'!tlría Teresa da un susp ir o, y vu el ve a fij a r .111 vista en el cielo . «Parece uria ver d a dera lluvia de est re.ll as», piens a . Y sin sa ber por qué . acu den'en trop el a su mente las esce n as vividas horas ant es.
Su pase o hasta el castillo con Laure z. Su sagacidad femenina le ha descub ierto esta tar de le que ya des.
de un princ i p io habi a so spech ad o. Fernando es un amargado. La vida ha dehi d o de ser lo cruel, y sus embat es brusco s hanle forja do esa máscara de im- pene tr able frialdad tr a s la que , in d ud a ble m ente, se esconden un temperam ento fogoso , un corazón noble y.sens ible ; le han 'prestado esa mi ra d a cor t a n te a sus ojos , en los que ella ha visto brillar, va en dos oca si one s, un destello de pas ián, domi n a do casi al inst a n t e .
loQué motivo tan poderoso ha pod ido obr a r de esta manera en su ánimo? Y como mu je r , curiosa por na- turaleza , le hubiera I!ustad o Ilez ur a desentr a ñ a r el novelesco mister io que circund ab a a Fern an d o .
De sde el primer momento. ést e hab ía sido su rna- yor cmnefi o. Instó a su padre para que le invitara y sugirién d ol e la idéa de lla marl e siemp re que ne ce- sitara ala o, disimul ando, claro est á, su interé s a fin de que don Antonio no llegara a darse cuent a deello . Se había prometido rendi r la fría altiv ez de aque- llo s ojos, y para ell o .h ab ía puesto en lu e go to d a su de str e za feme nin a; mas hov. despu é s de varios días de trato. Iloaaha a la conch; si ón de no ha b er adelan- tad o nada en est e delicado terreno. y con la terrihle convicció n de no Ilecar a con se:ruirlo sentí ase rendi r
'sin condi ciones. Hab ía triunfado la testaru d e z de este
hombr e, qu e la atra ía irre si sti blem e nte. iCosa más rara! Er a la primera vez (fue le ocn rrfa. Sen t ía por él infi ni ta compasión cu an dó . crevéudosc 601 0 . hajaba abatid o la fren te , per o cu an do. al ncrcatars e de (m e alguien le estaba contemplando. leva nt ando la cabe- za, ocu ltaba el rict u s amargo ~le su boca tra s una
, '
·JO _CRlSTINA:\IARÍA ALL OZ A
sonr isa escéptica, mezclade iron í a ; entonces le odia- ha eon toda su alma.
¡Cuá n distinto su ca r ác te'r del de Fe de rico! Un viv o ruhor Clhre su rostro al evoc a r este nom -
bre. .
jPobre Fed e ri co ! i.Qué había sido de él? De sd e aquel la discu sión, días antes de venirse ella a la base, no habí a te n id o la más Ie vc not icia su ya. Y con sú- hitó ar r e pen t imiento se aver güenza dc' haberle pos- puesto a un desconocido que , sin mostra r el meno r inte rés por ella, ha consegu ido ad u eñ arse de su vo- lun t ad y, ·10 que es pcor, con su consentimien t o.
¡.En a m or a d a de él? i1'o! Int e resad a nad a más.
El rubor vu elve a cub r ir sus mejillas, jPobre Fe- de rico!
. En aquel moment o, tr e s enorm es apa r a tos 6~ ele.
Hm. Uno de ellos descrihé varios cir culos y hace algunas piruet as. Ella se pon e en pi e par a contern- nlar]e .mej or, a pcsar de asustarla los movim ien tos del at revid o piloto .
~Au n que ap are ci era vola n do entre tres mil apa-: ratos exa ctos, le reco n ocería. jSie mp re ser á el mis - mo! - su ena la voz de Pedro a su espal d a.
Ella se vuelve casi con sobre sa lto, pue s con el ru i do que meten los aviones no Ie ha oíd o Ileg ar.
- ¡.Se refi ere al teniente Laurez?;-pregunta.
- SÍ-contesta Ped r o,' sin apartar la vista de los puntit os, que poco a poc o se van inter nan d o en la noche , y acaban por desaparecer del tod l),---,. Es de una5ntre p i dez sorpren den te. No despe ga una vez que no !IOS 1 a!la soltar a torlos una excl ama ción. '
- i,Y por qué no se lo prol iben ? Corre riesgo de
ma t a rse. .
-- ¡Ba h! No 10 cre a. Se desenvuelve con más sol- tura en los ai res un e en la tierra- ron los ojos de Pedro se ha encendi d o el entusiasm o. Con car iños a y admirativ a entonaci ón sigue dicie n d o-e-j.Tiene algo
l\ÜS AL L,\ DE LA5 NUBES 41 dc á~u ila . Es un magn ific o piloto , en to da la ex ten- sión de la palab r a, y- siente ver d a de r a vocación por su of ici o. Se pasa más de tres cuar tas parte s de su vida volando, cuando no por servicio , por caprich o. - l.y es por eso por 10que se ¡.\a n a en tre <sus corn - pafieros la Lama de orgull o so ? -p r egu nta María Te. resa, con int enc i ón de inda ga r el parece r de est e hombre acerca de Fern a n d o .
Pedro clava en ell a HI mirada; de sp u és dice, des.
viando sus ojos : ¡
~Al go ha de bido de contribuir, El de staca r tan ex traord in ar ia m ente corno él suel e aca r r ear algun as envidias-e-v uelve a mirarlu-c--. Adem ás , d teniente tiene un cnract er especial, que sus com pañeros ta- chan de orgu llo- se acerca a un seto para ccn tc m p lar una ramita , al parece r aten tam en te , y dice qtiedo-s-":
Ellos no concib en que en la vid a pueda hab er gran - de s pre o cupa ciones. Todo lo toma n a chacota.
Por el ro stro de la seJÍor ita Ol iv er io cr uz a una ex- traií a luz; sin embar go, dice con na turalidad;
- ¡.D e manera que >el carácter es pecial de Laurez es deb ido a una ¡.!;ran pre ocupaci ón ?
--cEs una suposición mía-e-se apresura a de cir Pe- dr o'---,. Lo mi sm o que ellos creen ver en el ten ien te un ser altivo, yo cr eo ver su act it ud dominad a por una... casi me atreve ría a de cir tr agedia. >
~Pero. en concreto. ni usted ni ellos saben nada quevenga a confirmar 'l a rea li da d de SÚ;; suposi ci ones.
~Ninguno. En to do caso, el capitán..., per o no creo.
- Pu e s es raro que entre ust edes no surgiera un mo m en t o pro picio a confid enci as.
Pedro frunce la frente.
~No es ra ro si se tiene .en cuenta que él no está nun ca, mejor dicho, evit a el estarentre noso tr os-v-por un mom e nto ha vibrado una nota triste en su voz.
- Bueno, pero casi sie m p re se suel e ten e r preferen -