FEDERICO GARCÍA LORCA YERMA

Texto completo

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YERMA

FEDERICO GARCÍA LORCA

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TEMAS

TRAGEDIA DE UNA MUJER ESTÉRIL

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1. LA MUJER

Lo que construye la figura femenina son las fabricaciones sociales y psicológicas que se le imponen dentro de la sociedad tradicionalista. Yerma retrata esta sociedad rural y tradicional.

A consecuencia de esto, la mujer es segregada , aislada y usada como objeto o sujeto dentro de la cultura patriarcal.

Este patrón impuesto sobre la mujer no es nuevo, se relaciona con el marianismo, referencia a la Virgen María, la mujer debe ser sumisa, abnegada y virginal, es decir, todo lo opuesto al hombre.

Las figuras femeninas son el eje central de los problemas y las preocupaciones que ellas tienen dentro de la sociedad de la época. Yerma, es una mujer que lleva casi dos años casada. Su gran ilusión es poder ser madre. Sin embargo, su esposo Juan, un modesto ganadero y agricultor, no parece tener los mismos deseos que su esposa.

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En Yerma se observa la representación de la mujer basada en las dicotomías tradicionales de la sociedad patriarcal.

Yerma es subyugada a estar dentro del espacio genérico y al mismo tiempo se ve obligada a reprimir su deseo sexual convirtiéndolo en un acto meramente reproductivo, aunque Yerma sigue algunos de estos parámetros que le son impuestos desde su nacimiento.

Ella logra subvertir estas normas a través de su conducta rebelde, el rompimiento de los espacios que le son asignados por la sociedad, y la constante búsqueda de su maternidad, a pesar de la negativa de su esposo. En estas sociedades “las mujeres adoptan un papel expresivo y los varones un papel instrumental” .

Esta división de géneros y roles está marcada en Yerma. Por un lado, a la mujer se le imponen roles

específicos como el de ser esposa y cumplir con las labores domésticas. Por ejemplo, la protagonista no se casa por gusto, sino porque su padre lo ha decidido, lo que se ve en la afirmación que ella hace cuando está hablando con otra mujer: “Mi marido es otra cosa. Me lo dio mi padre y yo lo acepté” . Esto muestra cómo la mujer debe acatar las órdenes del ente masculino, y conformarse con las decisiones que éste tome. Esto quiere decir que la mujer está predestinada a cumplir con el rol de esposa aunque no quiera y que su papel en la sociedad está limitado a estos modelos tradicionales.

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Esta manera arbitraria de asignar actividades y roles a las mujeres también se ve plasmada a través del personaje de la Muchacha Nº 2 cuando ella expone la manera en que se le ha condenado al matrimonio.

“Porque me han casado... una se casa en realidad mucho antes de ir a la iglesia... Yo tengo diez y nueve años y no me gusta guisar ni lavar” .

Desafortunadamente, la muchacha y Yerma son predestinadas y encasilladas a ser esposas, y a cargar con las responsabilidades de este rol. La joven y Yerma, aunque no deseen ser esposas o realizar labores

domésticas, tienen que hacerlo, ya que esto es lo que se les impone por ser mujeres. Esto muestra cómo el ente femenino está encerrado dentro de estructuras rígidas, donde se espera que la figura femenina siga

“con el modelo tradicional de la mujer” y que opte por un papel pasivo y sumiso ante el hombre.

A través de la historia la mujer ha tenido que presentar una conducta pasiva y estar categorizada bajo dos elementos fundamentales: madre sacrificada y esposa consagrada. Sin embargo, la mujer también se ha rebelado en contra de estas normas tradicionalistas a través de diferentes formas: la política, la conducta rebelde y la literatura.

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En la obra Yerma, la rebeldía es usada como una herramienta para protestar en contra del canon masculino y la sociedad. Por ejemplo, en el plano íntimo, Yerma reta a su esposo al no aceptar las órdenes que éste le da. Es decir, la posición que la protagonista asume no es la esperada de acuerdo a su condición de mujer. El hecho de que ella se rebele en contra de su marido muestra indicios de una posición opuesta y subversiva hacia las

normas establecidas.

Esta insubordinación incrementa a medida que la historia transcurre, ya que los episodios de rebeldía suben de tono. Esto se observa en la manera en que Yerma enfrenta a su esposo cuando éste le reclama acerca de su comportamiento:

JUAN. Y yo no puedo más. Porque se necesita ser de bronce para ver a tu lado una mujer que te quiere meter los dedos en el corazón y que se sale de noche fuera de su casa.

YERMA. No te dejo hablar ni una sola palabra. Ni una más.

La protagonista se enfrenta en contra de la autoridad masculina, ya que para una mujer casada esta conducta no debe ser la apropiada de acuerdo a las normas tradicionalistas de la época. No obstante, Yerma rompe con estos límites establecidos al no guardar silencio, y al mandar a callar a su esposo. Esto es un ejemplo de cómo Yerma cambia y modifica los roles de autoridad dentro de la relación.

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La conducta rebelde de la protagonista no sólo se transmite en el plano íntimo, sino también en las esferas

públicas. Por ejemplo, cuando Yerma habla con Víctor a sabiendas de que está en un lugar público. Ella sabe que no debe hablar con otro hombre que no sea su esposo y mucho menos si lo hace de una manera abierta.

Este comportamiento es una manera de rebelarse en contra de una sociedad en la que se espera que la mujer no tenga autonomía propia, y que sólo dependa de lo que le diga el hombre. Es decir, Yerma, en lugar de seguir

estas normas tradicionalistas, se aleja de ellas, ya que no acepta tener una conducta pasiva y reservada.

Yerma se muestra cómo la mujer debe cumplir con los roles tradicionalistas dentro de la sociedad patriarcal de la época. Es decir, debe ser pasiva, sumisa y respetuosa. Además, debe desempeñar las labores domésticas y permanecer en espacios controlados por el hombre. A pesar de que Yerma sigue algunos de estos patrones tradicionales, ella también subvierte estos estereotipos ya que se rebela ante el modelo autoritario, rompe con los espacios genéricos y lucha por su maternidad. Dentro de este proceso de búsqueda hacia la fecundidad, la protagonista trata de recrear una nueva fórmula de procreación donde excluye al ente masculino, dando como resultado la subversión de las estructuras tradicionales de la procreación. Es así que la protagonista rompe con estos arquetipos de mujer sumisa y obediente.

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La mujer estéril: Es el tema central de la obra, ya que la protagonista, Yerma, no puede tener hijos y vive en una sociedad en la que hay escasas opciones para la mujer además de la maternidad.

Yerma es una figura arquetípica que encarna, bajo el conflicto maternidad-esterilidad, el recurrente motivo lorquiano vida-muerte. Yerma se une a Juan por influencia familiar, social y para ser madre

“pero nunca por divertirme”. Esta obsesión por la búsqueda del hijo “lo tendré porque lo tengo que tener”, le lleva a reducir la importancia del placer sexual. Yerma pertenece a este grupo de mujeres infecundas del campo, cuyo instinto maternal frustrado provoca en ellas un complejo de inferioridad que se transforma en una obsesión y que, por último, se resuelve en tragedia.

El drama de la aridez va unido a la conciencia del deber y del honor que tiene arraigadas, muy adentro del alma, las campesinas y aldeanas de España. Si es el marido el culpable de la infecundidad de sus entrañas, la mujer morirá estéril, agobiada por la visión del hijo que no ha concebido. La consideración de Juan como objeto o instrumento para tener hijos obstaculiza sus posibilidades de concebir por

haber convertido este vehemente deseo de maternidad en obsesión totalizadora, absorbente y

exclusiva, pero no creemos que pueda llegar a impedir la fecundación. Las razones de su infertilidad podrían aducirse a cierta dosis de ignorancia por parte de Yerma sobre la frecuencia y periodos más idóneos para la concepción, junto a la indiferencia de Juan, más interesado en el trabajo.

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Dentro de este proceso de búsqueda hacia la fecundidad, la protagonista trata de recrear una nueva fórmula de procreación donde excluye al ente masculino, dando como resultado la subversión de las estructuras tradicionales de la procreación. Es así que la protagonista rompe con estos arquetipos de mujer sumisa y obediente.

Yerma , símbolo de la maternidad frustrada, refleja no sólo la infecundidad física, de la que es

responsable el marido, sino la imposibilidad de transformación de unos códigos sociales cuya práctica conduce a un trágico desenlace.

La primera vez que conocemos a Yerma, ella lleva casada dos años con un joven agricultor, Juan. Éste hablando de su vida juntos le dice “sonriendo”:

Juan : …..las cosas de la labor van bien , no tenemos hijos que gasten.

Pero Yerma no lo ve desde el mismo punto de vista que él y mucho menos con la felicidad que él

demuestra. Ella ya amargamente piensa en el hecho de no tener hijos y le recuerda a su marido con que deseo ella quería casarse y consumar su matrimonio.

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EL HOMBRE

Por otro lado, el hombre en la sociedad tradicionalista está asociado con la protección de la familia y la producción. Esta división de roles u obligaciones también se ve a través de Juan. Él es visto como

protector y proveedor de bienes materiales:

JUAN. Hablas de una manera que no te entiendo. No te privo de nada. Mando a los pueblos vecinos por las cosas que te gustan...

YERMA. Mi marido me da pan y casa .

Juan, en este caso, cumple con las exigencias que le son asignadas de acuerdo a su rol masculino, puesto que él provee con todas las cosas materiales a su esposa. Es claro que, por medio de algunos de los

personajes femeninos y el papel de Juan, se ven marcadas estas divisiones genéricas, ya que el hombre y la mujer dentro de la obra deben desempeñar diferentes labores y roles de acuerdo a su sexo biológico.

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Cuando Juan afirma que: “Lo que pasa es que no eres mujer verdadera y buscas la ruina de un hombre sin voluntad” está expresando los verdaderos motivos de su problema, es decir, la falta de interés por un hijo que podría distraer la atención y dependencia que Yerma tiene depositada en su persona.

Por otra parte, el control del hijo pasaría a la madre reduciendo la autoridad del varón. La crítica ha tratado de justificar la virilidad de Juan criticando una frase de Yerma : “Cuando me cubre cumple con su deber, pero yo le noto la cintura fría”. Pero el texto parece indicar que Juan y Yerma tienen muy pocas relaciones

sexuales. Yerma alude también en varias ocasiones al hecho de que “Juan tiene un carácter seco”, razón por la que siente poca atracción sexual por él.

Vieja1: ¿Qué si lo quieres? ¿Si desear estar con él?

Yerma: No sé.

Vieja1:¿No tiemblas cuando se acerca a ti? ¿No te da así como un sueño cuando acerca sus labios? Dime.

Yerma: No. No lo he sentido nunca.

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Es evidente que Yerma es capaz de tener hijos, pero también es cierto que Yerma ya no siente ninguna atracción sexual por Juan. Él ha cambiado, de aquel hombre atlético con quien ella se casó a un hombre pálido y cansado. A esto se une que sabemos que ella siente atracción por otro hombre, Víctor. Con quien, en verdad, tuvo experiencias memorables. Pero a pesar de todas las sospechas y rumores, Yerma sólo quiere tener un hijo de su marido y de ningún otro hombre.

Juan encuentra el sexo con su mujer como una obligación más que un placer y una expresión de amor.

Esto es parcialmente el resultado de la fatiga, su aceptación del rol de hombre rural convencional que trabaja tan duro en las tierras que llega a casa demasiado cansado como para hacer algo. Pero quizás no es tan triste para Juan como debería de ser el hecho de no poder complacer amorosamente a su mujer.

Ciertamente, el no poder tener familia no es algo que le entristezca. En verdad, en la escena final él le dice a Yerma:

“…...sin hijos es la vida más dulce. Yo soy feliz no teniéndolos…...”

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Esto parece decir que es Juan quien es incapaz de dejar embarazada a su mujer, pero tras el asesinato del mismo, es Yerma quien nos hace dudar sobre esto al decir:

“....Voy a descansar sin despertarme sobresaltada, para ver si la sangre me anuncia otra sangre nueva”.

Es evidente en la obra de Lorca que Yerma es capaz de tener hijos pero también es cierto que Yerma ya no siente ninguna atracción sexual por Juan.

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LA SOCIEDAD.

La conducta rebelde de la protagonista en el plano público también sirve como ventana para mostrar cómo la sociedad de la época juzga y condena a la mujer que no sigue con los modelos tradicionalistas. Por ejemplo, los vecinos creen que el comportamiento de Yerma no es “propio” para una mujer casada.

Ellos esperan que Yerma actúe de acuerdo a su condición. Este tipo de conducta colectiva que presentan los individuos dentro de las sociedades androcéntricas se asume que la mujer y el hombre se comporten de una manera apropiada de acuerdo a los roles que les son impuestos dentro de este tipo de sociedades.

El no hacerlo es enfrentarse ante una sociedad y romper las estructuras establecidas dentro de ellas . Esto es precisamente lo que pasa con la protagonista. Ella sabe que su conducta rebelde va en contra de las normas sociales; sin embargo, ella sigue comportándose de una manera “inadecuada” no sólo en el plano público sino también con su esposo.

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Entonces se puede afirmar que la actitud rebelde y la posición de este personaje rompe con estas estructuras rígidas de una manera individual y social. Es decir, la conducta rebelde no es sólo un símbolo individual sino colectivo, ya que muestra cómo la mujer se rebela de una manera abierta frente a la sociedad .

Yerma sabe que las habladurías de la gente pueden traer consecuencias negativas para su matrimonio. No obstante, ella sale y se comporta de una manera rebelde en contra de su esposo y la sociedad. Esto plantea cómo Yerma subvierte estas dicotomías tradicionales de una manera individual y social por medio de su conducta rebelde. Algunos críticos piensan que este comportamiento no se debe a su carácter libertador en sí, sino que es tan fuerte su deseo de ser madre que ya casi borla lo irracional y deja de temer a las

consecuencias, de ahí que llegue al asesinato.

Los espacios femeninos tradicionales son cerrados, y a su vez están asociados con la casa y su entorno.

Mientras que los espacios masculinos son públicos y están relacionados con el poder y la libertad.

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LA INFERTILIDAD

En Yerma también se presenta el tema de la infertilidad. Algunos críticos señalan que la infertilidad está directamente asociada con la protagonista aunque algunos críticos afirman que el texto está sugiriendo la esterilidad de Juan.

Ciertamente, hay indicios que apuntan a esta idea. Un ejemplo de esto se ve a través de la conversación que Yerma y la vieja sostienen:

YERMA. ¡Y que me vas a decir que ya no sepa!

VIEJA. Lo que ya no se puede callar. Lo que está encima del tejado. La culpa es de tu marido. Ni su padre, ni su abuelo, ni su bisabuelo se portaron como hombres de casta... están hechos de saliva .

Desde el inicio de la obra se describe a Yerma como una mujer que tiene todo lo que necesita. Sin embargo, ella se siente incompleta porque no puede tener un hijo. Este deseo de Yerma no es algo anormal, ya que esas son las expectativas que ella y la sociedad tienen acerca de una mujer casada.

La mujer es encasillada en determinados roles: ser madre, esposa, el cuidado de los hijos y el esposo, y las

labores domésticas. Estos roles son considerados obligaciones ante la sociedad... se espera que la mujer cumpla con estos roles tradicionales .

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El deseo de tener un hijo está arraigado con estas expectativas individuales y colectivas de la sociedad tradicionalista donde vive la protagonista, ya que ella es presionada indirecta o directamente para que sea madre.

La maternidad constituye un supuesto tan básico del papel femenino que es fácil olvidar que la sociedad

presiona a la mujer para que sea madre; en realidad la presión es tan fuerte que ha llegado a denominarse esta obligación de la maternidad.

Estas teorías pueden asociarse con el deseo que Yerma tiene de ser madre, bien sea por presión social o

individual. Es decir, Yerma ve el hecho de ser madre como una obligación que debe ser cumplida. Al no poder desempeñar este rol, la protagonista se ve a sí misma como una mujer sin valor. Esto se ve cuando la

protagonista se describe a sí misma como una mujer inútil que no puede tener hijos: “La mujer del campo que no da hijos es inútil como un manojo de espinas” . Esto para muchos es una paradoja que, en cierta forma, invalida su propia rebeldía, pues todo lo que hace es motivado por cumplir con este deseo, que es en sí la función social que se espera de ella. A partir de esta maternidad frustrada, ella comienza a rebelarse y a no aceptar que su esposo le niegue este deseo.

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Este desafío se incrementa a media que la obra avanza.

En el acto I, Yerma, expone su deseo de ser madre y, de cierta manera, se resigna con la respuesta que le ofrece Juan.

En el acto II, Yerma asume una posición más agresiva hacia su esposo y empieza a decirle que cumpla con su obligación de fecundador. Ante esta situación, Juan trata de darle varias soluciones a Yerma para que desista de esta idea. Lo primero que hace es sugerirle que traiga a su sobrino. Ella alega que no quiere asumir su papel de madre a través de hijos que no son suyos, y que es él quien debe darle un hijo. Juan le dice que se conforme con su situación, y que deje de andar pensando en esa idea. La protagonista, en lugar de acatar sus órdenes, se enfurece y le dice lo siguiente:

Yo he venido a estas cuatro paredes para no resignarme. Cuando tenga la cabeza atada con un pañuelo para que no se me abra la boca, y las manos bien amarradas dentro del ataúd, en esa hora me habré resignado .

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Es evidente que Yerma va a buscar su maternidad, y va a hacer hasta lo imposible por tratar de tener el hijo que tanto desea. No importando que tenga que ir en contra de la autoridad de su esposo.

Finalmente, en el acto III, la protagonista toma medidas extremas para lograr su fecundidad. Una de las cosas que hace es ir a una romería. Lo interesante de esta situación es que estas romerías están asociadas con

elementos profanos.

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LA RELIGIÓN

Fiestas religiosas que suelen tener aspectos profanos... En primer lugar, porque algunas fiestas religiosas son anteriores al cristianismo. La religión las utiliza dándoles un nuevo sentido. En segundo lugar porque, una vez finaliza la ceremonia religiosa, los asistentes se entregan a actividades ajenas a la religión: comida, bebida, bailes.... Tras la ceremonia se iniciaba un baile que propiciaba el encuentro amoroso .

Yerma ve en esta romería una esperanza para poder cumplir sus objetivos y de cierta manera retar las normas sociales, porque a estas celebraciones van las mujeres casadas en busca de hombres con buena semilla, tal como lo insinúa la vieja.

El hecho de estar en esta romería le brinda la oportunidad a la protagonista de tener relaciones sexuales con

otro hombre, y cumplir con su deseo de ser madre: “Mi hijo está sentado detrás de la ermita esperándome. Mi casa necesita una mujer. Vete con él y viviremos los tres juntos. Mi hijo sí es de sangre... La ceniza de tu colcha se te

volverá pan y sal para las crías” .

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Es claro que Yerma tiene la oportunidad de tener un hijo con otro hombre; sin embargo, la protagonista elimina esta posibilidad, ya que para ella el acostarse con otro hombre que no sea su marido va en contra de sus valores tradicionales, ya que el sexo sólo debe ocurrir con su esposo.

Indudablemente, Yerma se encuentra en un mundo asfixiante y subyugador en el que las posibilidades de ser madre están ligadas al matrimonio, y donde el deseo sexual debe posponerse por cuestiones de honra y tradición social.

Además, es importante mencionar que Yerma acude al ente femenino, Dolores, para buscar la maternidad.

Esto quiere decir que la protagonista excluye al hombre en su papel reproductivo. El rol del hombre pasa a ser “insignificante o inexistente. La procreación, conseguida por fórmulas mágicas de viejas mujeres

(madres arquetípicas), se producirá sin intervención-decisiva, al menos del varón.

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En última instancia el procreador sería Dios. Esta observación tiene mucho sentido ya que Dolores le dice a Yerma que, por medio de sus oraciones, una mujer queda embarazada, y que tal vez ella pueda lograr el mismo resultado a través de sus plegarias.

“La última vez hice una oración con una mujer mendicante que estaba más tiempo seca que tú, y se le endulzó el vientre de una manera tan hermosa que tuvo dos hijos” .

Esto muestra cómo se excluye al hombre en el proceso de reproducción, y a su vez éste es remplazado por un elemento divino. Yerma no duda en hacer el rito y seguir con las instrucciones que le da

Dolores.

Dolores eliminan y sustituyen la figura masculina por un ente divino. Esto cambia de una manera directa las tradiciones de fecundación dentro de la sociedad patriarcal.

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Es claro que, dentro de la obra, Yerma busca ejercer su maternidad a través de otros métodos donde se excluye a la figura masculina, dando como resultado la subversión de las estructuras tradicionales, puesto que ya no se presenta la ecuación tradicional: hombre + mujer = hijos, sino que se muestra una (re)formulación de este

orden, eliminando completamente al hombre de sus funciones reproductivas: Dios + mujer = hijos.

Yerma asiste a la romería al final de la obra con otras mujeres estériles, pero no todos los personajes creen en su existencia. Al principio, la vieja le dice a Yerma :

“Dios,no. A mi no me ha gustado nunca Dios. ¿Cuándo os vais a dar cuenta de que no existe? Son los hombres los que tienen que amparar”.

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LA MATERNIDAD

Es interesante ver cómo la maternidad juega un papel importante dentro de la sociedad en que vive Yerma, porque se muestra la manera en que el mundo femenino alaba y venera a la mujer que es madre. Un ejemplo dentro de la obra es cuando las lavanderas alaban y dignifican con sus cantos y comentarios a la mujer que puede engendrar:

Las ropas de mi niño vengo a lavar, para que tome el agua lecciones de cristal . ¡Alegría, alegría, alegría del vientre redondo bajo la camisa! ¡Alegría, alegría, alegría, ombligo, cáliz tierno de maravilla! .

Además de alabar a la mujer que cumple con los requisitos tradicionales, también se critica y lacera a la mujer que no puede procrear o la que no cumple con los roles tradicionales. Esto se ve en los cantos que hacen algunas de las lavanderas:

LAVANDERA. Estas machorras son así. Cuando podían estar haciendo encajes o con figuritas de

manzanas... Tiene hijos la que quiere tenerlos... Pero, ¡hay de la casada seca! ¡Ay de la que tiene pechos de arena!

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Esto muestra cómo el ente femenino también juzga y condena a la mujer que no puede procrear, ya que para ellas Yerma debe producir hijos y cumplir con las labores domésticas.

Es decir, cuando la protagonista no puede procrear es vista como un objeto y sujeto sin valor. Este

comportamiento que las mujeres presentan dentro de la obra se puede asociar con la manera en que las mujeres en las culturas patriarcales interiorizan este tipo de comportamiento.

Generalmente la mujer dentro de estas culturas asimila este tipo de conducta de una manera inconsciente.

Lo grave es que la cultura patriarcal ha modelado nuestro propio inconsciente, hasta el punto de que la representación que las mujeres nos hacemos acerca de nosotras mismas y de nuestro rol en la sociedad no es sino nuestra propia asunción de las consignas patriarcales.

Se puede decir que la conducta de ellas es un elemento inconsciente que se asume de una manera individual o colectiva como es el caso de las lavanderas. Es por esta razón que ellas esperan que Yerma tenga una

conducta adecuada de acuerdo a su posición de casada y que desarrolle su rol de madre.

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LA HONRA

Otro aspecto que está relacionado con la mujer es la cuestión de la honra. Es “el pudor, honestidad y recato de las mujeres”. En las sociedades patriarcales la mujer soltera debe cuidar y mantener su estado virginal hasta el matrimonio, y la casada debe ser fiel y honrada ya que la reputación del marido depende de la conducta de su esposa:

La importancia de la honra de la mujer casada estaba directamente relacionada con la transmisión del

patrimonio familiar entre los descendientes legítimos, razón por la cual el honor de estas mujeres adquiere un valor doble, tanto en cuanto las casadas se convierten en depositarias del honor de toda la familia y la reputación del hombre .

Esto tiene mucho sentido porque el marido de Yerma siempre se preocupa por la conducta de su esposa, ya que la reputación de él y su familia dependen del comportamiento de Yerma. Esto se observa cuando Juan le reclama a sus hermanas por haber dejado salir a la protagonista sola:

Esa no viene... Una de vosotras debería salir con ella, porque para eso estáis aquí comiendo en mi mantel y bebiendo de mi vino. Mi vida está en el campo, pero mi honra está aquí. Y mi honra es también vuestra... No me gusta que la gente me señale. Por eso quiero ver esta puerta cerrada y cada persona en su casa .

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Es interesante observar que cuando la protagonista tiene la oportunidad de serle infiel a su esposo para tener un hijo no lo hace, por temor a perder su honra; de ahí su respuesta rotunda ante la proposición de la

curandera:

“Calla, calla. ¡Si no es eso! Nunca lo haría. Yo no puedo ir a buscar. ¿Te figuras que puedo conocer a otro hombre?

¿Dónde pones mi honra?” .

Es decir, ella antepone este valor ante su propio deseo de ser madre, su honra pesa más y es por eso que la mantiene intacta, ya sea por cuestión intrínseca o extrínseca.

Juan basa la honra de su familia, hasta de sus hermanas, en la conducta de su esposa. Y aunque Yerma no le ha sido infiel, los rumores amenazan esa honra. Juan le dice a sus hermanas: “Una de vosotras debía salir con ella, porque para eso estáis aquí comiendo en mi mantel y bebiendo mi vino. Mi vida está en el campo, pero mi honra está aquí. Y mi honra es también la vuestra”.

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Lo irónico es que es el sentimiento de la honra que le impide a Yerma a buscar hijos en otro hombre que no sea su marido, como queda evidente cuando la Vieja le propone amancebarse con su hijo y Yerma

rechaza su oferta. Y aunque se siente atraída por Víctor, no expresa ese sentimiento y se mantiene fiel a su marido.

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EL ACTO SEXUAL

El acto sexual, dentro de la sociedad, es usualmente visto como un acto reproductivo, en el cual se espera que haya reproducción. Otras personas afirman que es un encuentro placentero donde, generalmente, dos personas tienen una satisfacción de carácter sexual. El acto sexual está sometido a “un sistema de normas, como la institución del matrimonio, y permite la reproducción de la sociedad” . Es claro que Yerma cumple con estas expectativas sociales porque ella ve este acto como una herramienta de producción y no como un acto placentero. Es por eso que cuando la protagonista hace referencias sexuales las relaciona como parte de su obligación como esposa, y dice que si ella tiene relaciones sexuales con Juan es porque está en busca de su hijo. Además, ella es consciente de que lo que siente por Víctor es muy diferente a los sentimientos que tiene hacia su esposo:

VIEJA. Oye. ¿A ti te gusta tu marido? ¿Qué si lo quieres? ¿Deseas estar con él?

YERMA. No sé.

VIEJA. ¿No tiemblas cuando se acerca a ti? ¿No te da así como un sueño cuando se acerca a tus labios? Dime.

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YERMA. No. No lo he sentido nunca.

VIEJA. ¿Nunca, ni cuando has bailado?

YERMA. Quizá... Una vez.... Me cogió de la cintura y no pude decirle nada porque no podía hablar. Otra vez el mismo Víctor, teniendo yo catorce años (él era un zagalón), me cogió en sus brazos para saltar una acequia y me entró un temblor que me sonaron los dientes.

VIEJA. ¿Y con tu marido?

YERMA. Mi marido es otra cosa. Me lo dio mi padre y yo lo acepté.

Yerma es consciente de que los hombres representan dos cosas muy diferentes. Por un lado, su

esposo está asociado con lo que le es impuesto. Por el otro, Víctor simboliza el deseo sexual, la pasión y la oportunidad de ser madre. Lo interesante de esto es que para Yerma priman más su honra y sus valores tradicionales que su deseo carnal. A pesar de que Víctor puede brindarle el hijo que ella

quiere, Yerma no puede aceptarlo ya que los hijos sólo deben ser concebidos dentro de la institución del matrimonio.

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LA MUERTE

Para Yerma no existe el sexo fuera del matrimonio. La manera de pensar de la protagonista está relacionada con las reglas que rigen la institución del matrimonio. Solamente a cambio del contrato matrimonial

concederán a los hombres sus favores sexuales. Esto explica el comportamiento de Yerma, porque cuando tiene la oportunidad de tener relaciones sexuales con el hijo de la vieja no lo hace, ya que para ella el acto sexual sólo debe suceder bajo el matrimonio. Es esta una de las razones por las que la protagonista insiste en que su maternidad sólo debe ser por medio de su esposo y no a través de otro hombre.

Al haber una negación de la procreación por parte del marido, Yerma no tiene más remedio que acabar con la vida de Juan y, por lo consiguiente, con la única oportunidad de ser madre, tal como ella lo indica en su declaración final:

“¡No te acerquéis, porque he matado a mi hijo!” .

Este acto de rebeldía marca definitivamente la falta de aceptación a la vida que le toca vivir a la

protagonista y a las demandas que le impone la sociedad. Yerma pasa de ser víctima a verdugo. Este acto violento es la culminación y transgresión de los roles tradicionalistas tanto para el hombre como para la mujer. Es decir, al final de la obra el ente femenino no es débil y sumiso y el mundo masculino no es tan fuerte como al inicio. Esto muestra un rompimiento ante las estructuras patriarcales de la época.

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Yerma tiene lugar en una comunidad rural española con muchos prejuicios y finaliza en un terrible acto que sólo incrementa la sensación de claustrofobia engendrada por ambos personajes. Lorca desarrolla el tema de la frustración en una sociedad restrictiva.

El nombre de Yerma es el femenino de yermo, desértico, vacio, Yerma no puede concebir un hijo a pesar de no tener ningún tipo de deficiencia como mujer.

Lorca desarrolla el tema del honor en este tipo de sociedad y lo aprendemos con Yerma en la última parte de la obra cuando dice que “Juan y solo Juan debe ser el padre de su hijo”.

Con ello Lorca establece esa moral rural sin dejar a un lado desde el inicio de la obra sabemos que Yerma ha disfrutado de su marido física y espiritualmente, entregándose plenamente a él.

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LA REPRESIÓN DE LA MUJER

En su conversación con la Vieja, Yerma protesta el no tener acceso a información sobre la reproducción:

“Las muchachas que se crían en el campo como yo tienen cerradas todas las puertas. Todo se vuelve medias palabras, gestos, porque todos estas cosas dicen que no se pueden saber”.

Juan la quiere encerrar en la casa y no permitirle hablar con nadie, y Yerma acepta esta represión pero con la condición:

“Justo. Las mujeres dentro de sus casas. Cuando las casas no son tumbas….En nada te ofendo. Vivo sumisa a ti, y lo que sufro lo guardo pegado en mis carnes”. (Acto II, Cuadro II)

Pero no todas las mujeres están tan conformes con ese destino, como la muchacha en el campo que dice:

“Yo tengo diecinueve años y no me gusta guisar,ni lavar. Bueno, pues todo el día he de estar haciendo lo que no me gusta. ¿Para qué? ¿Qué necesidad tiene mi marido? ….Yo te puedo decir que lo único que he aprendido en la vida:

toda la gente está metida dentro de sus casas haciendo lo que no les gusta. Cuánto mejor se está en medio de la calle.

Ya voy al arroyo, ya subo a tocar las campanas, ya me tomo un refresco de anís.”

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