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Fisuras del viento. Orietta Lozano

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Academic year: 2022

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Fisuras del viento

Orietta Lozano

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FISURAS DEL VIENTO

© De los textos: Orietta Lozano

© De la presente edición: El Taller Blanco Ediciones

© Ilustración de portada: Diego Carvajal Gallego ISBN: 978-958-49-4758-1

Correo: eltallerblancoed@gmail.com Facebook: El Taller Blanco Ediciones

Twitter: @BlancoTaller Instagram: @eltallerblanco.e

Impreso en Cali, Colombia, diciembre de 2021

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ORIETTA LOZANO FISURAS DEL VIENTO

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COLECCIÓN VOZ AISLADA El Taller Blanco Ediciones

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Propuesta de publicación ganadora del I Premio al Talento Editorial de Cali 2021

Un jurado conformado por Paula Andrea Marín (investigadora en la Maestría de Estudios Editoriales del Instituto Caro y Cuervo) y los comités editoriales de Ediciones El Silencio y Sic Semper Ediciones, concedió el I Premio al Talento Editorial de Cali a El Taller Blanco Ediciones. El Premio fue promovido por la AEIC (Asociación de Editoriales Independientes de Cali) y la Librería Expresión Viva. Mediante una evaluación global de 300 puntos, el jurado otorgó a nuestra editorial un total de 264, atendiendo a los siguientes criterios: 1) Al menos una publicación en los últimos dos años; 2) Trayectoria;

3) Calidad de la producción editorial; 4) Frecuencia de publicación; 5) Agenda cultural colaborativa con otras editoriales y librerías. Cabe destacar la intervención de nuestros lectores, quienes nos apoyaron desde Instagram, pues ellos sumaron 20 puntos al puntaje total, y que, dentro de los criterios de evaluación, se denominó “6) Votación por parte de la comunidad lectora”. Los recursos para este Premio se obtuvieron a través del estímulo #063:

«Estímulo para el fortalecimiento del trabajo en red y colaborativo de la gestión cultural de la ciudad de Cali, del sector Gestión Cultural en el año 2021».

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HIJAS DEL ALBA

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¿Y tú te vas? ¿Te vas? No, no te vas: yo te retengo... Me dejas tu alma entre las manos como si fuera un manto.

Las Escrituras siempre tienen razón. El amor es brujo:

sabe los secretos; es un zahorí: conoce los manantiales.

MARGUERITE YOURCENAR

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DESDÉMONA O LA URDIMBRE

El agua está dormida, brota la raíz de la desidia,

¿Quieres ir a la otra orilla, Desdémona?

Parece que el mundo canta un aleluya, bajo el árbol de ceniza.

¿Te has detenido otra vez bajo su sombra?

He rezado por el que nace

y por el que muere en este mismo instante, aún contemplo el rumbo inevitable

por el que hemos de cruzar, mis ojos ven nubes de astillas, están ardiendo, danzan,

sobre la cocina vacía de las barcas, bajo el espejo de las aguas.

Aleluya por la amiga

que viene a calmar la sed del alma,

por la hiedra que trepa hasta la ventana

y trae el canto que derrama lágrimas del tiempo, Aleluya por el amor que se fue una noche

sin recordar su nombre

y se fue a cuestas con el nombre más amado.

Aleluya por el mundo

que olvida el dolor a cada instante y a cada instante el dolor viene hasta él, por la luz que se derrama

como el vuelo de una garza entre las aguas.

¿Te has detenido, Desdémona, esta tarde en el camino?

¿Te has vuelto pez entre la red, ciervo entre la trampa,

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llama que fluctúa

para no apagarse entre la noche?

Aleluya porque tus pies son lilas silenciosas, leves, intangibles,

para caer y volver a levantarte.

Este es el día que viene como una profecía, has pronunciado la palabra y has callado cuando los caballos relincharon a lo lejos y se creyeron ciegos

y cerraron sus oídos.

De tanto dolor ya no duele el mundo, el camino es efímero,

hace heridas y luego punza sobre las heridas.

Aleluya por la mano,

la dulce mano que se aferra a lo más dulce de esta tierra,

por los pájaros venidos de otros mundos para beber en esas manos.

Aleluya por la noche en que cesa el rayo y retorna a la senda de lo inefable.

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ANTÍGONA O EL SILENCIO

Hay un camino

donde todo se aquieta y se silencia, no es el camino,

es la flor del viento que persigue Antígona.

¿Qué sueño

te hizo soñar por tanto tiempo?

Tu alma ruge como el océano entre el cielo y el infierno.

Antígona sueña con su hermana y se hace sombra con su madre,

el ángel ciego de la calle se aproxima.

Atada y desatada a la tierra desolada, no hay otro lugar para caer.

Oh, dioses, no me miren tan alto ni tan lejos.

Por segunda vez recojo cal entre mis manos, los ojos de mi padre me encandilan,

tengo las palmas de las manos ungidas con aceite.

En el silencio

hay más dolor que en el sollozo.

Tiresias, viejo y ciego mundo, trae luz a la tumba de tu Antígona,

para que el mundo no devore al mundo, regrésanos a casa.

El amado aún no llega, es la hora de cerrar los ojos y tenderse dulcemente

sobre la sábana blanca de la muerte.

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ISMENE O LA ESPERA

Amada hermana, oscura y triste,

somos impotentes en este mundo tan atroz, donde deciden los hombres indolentes.

Perdona mi miedo, mi deslealtad, déjame con el amor que en la noche espera

en cada una de las siete puertas,

prefiero encontrar el amor y el extravío,

¡Que la muerte por un rato sea olvidada!

Tal vez en un furtivo sueño, devore el cuerpo de Creonte.

Esta noche mientras lloras y entras a la tumba, yo camino por campos de papiros

y danzo con el vestido transparente del amor.

Hallaré el olvido

sin la culpa del olvido,

aunque las esquirlas del dolor puncen mi cuerpo.

Aunque te mienta,

no puedo mentirme a mí misma, suena igual la lira que los vientos, suena igual el enigma de la muerte.

Déjame andar lejos de la sangre y el hedor de este mundo ciego y sordo,

déjame cerrar los ojos y tenderme sola, como si el mundo no existiera.

Estoy llorando

como un pájaro huérfano y herido,

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[ C i t

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y vuelvo a regar las flores amarillas del amor, que permanezca en mis mejillas,

el beso que pedí y que ofrendé,

siempre habrá alguien que recoja la corona.

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ADELE H. O EL RUEGO

Por qué no vienes, maldito amor, por qué no llamas si yo te espero.

Soy tu reflejo con el nombre al revés, soy tu animal innombrable,

tu angustiado divertimento, tu muchacha danzando

alrededor de tu maniático sueño.

Soy tu ángel rendido,

tu primera Eva, tu virgen loca.

Si perdimos tantas veces y caímos deliciosamente

en el fondo del vértigo y la náusea.

Mi bestia herida, estoy más herida que tú, estoy derruyéndome como una antigua torre, estoy construyéndome

como la más etérea;

estoy demente, amarga, dulce.

Me he inclinado ante tu sombra que me roza dulcemente,

déjame enferma

en el éxtasis de la fiebre.

Amor mío, por qué no llamas, me estoy deshaciendo

como hielo en el desierto.

Por qué no vienes, abominable espejismo;

te estoy llamando veloz, te llamo lenta, mi centinela, mi desesperado solitario que hurgas profundo

en esta alma que no tiene fin ni tiene fondo.

Me desboco, empaco mi cuerpo,

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empaco mi verbo,

miro solo a quien deseo ver,

pero te cubre una terrible sombra, me nutro con tu insomnio.

Este amor está enfermo, quiere descansar, este amor está cansado, quiere olvidar, estamos en regiones extrañas,

en opuestas orillas,

me he envenenado como una esquiza, me he desintegrado,

llena de pánico y dulce ansiedad.

Eres un niño enfermo

que posee la última pastilla de mi salvación;

estoy perdida, amor, y no te encuentro.

Eres humo, estás etéreo,

yo estoy demente y abrumada.

Me extasío en tu cuerpo, me visto con tu traje

y me cierro como un triste caracol.

Me extraño y me olvido, soy una luciérnaga titilando con la eternidad,

estoy estallando, estoy vacía, me arrastro, repto,

¿Dónde estás de amor herido?

¿A quién deseas? ¿A quién amas?

Lleva tus manos a mi boca, lleva tu boca a mis ojos y perdámonos una vez más de nuevo y para siempre.

Ven, penetra en mi espíritu, quédate en mi verbo;

eres mi estremecimiento místico,

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mi temblor profano,

el oasis del exilio, yo soy tu paraíso.

Encuéntrame, guíame, toma mis llaves;

sé también callar y hablarle a los espejos, descreer de mi nombre

y de la oquedad de mi nombre.

Llámame, yo sé ir, ámame, yo sé estar.

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MONELLE O LA DEVOCIÓN

Yo, Louise,

la que está sola y desahuciada, en la abyecta noche,

me oculto y me develo, ante la efímera luz, un hombre que me ama me nombró Monelle,

a lo lejos, sintió mi alma con olor a lilas, y vino a mi noche sin retorno.

Yo, Monelle,

te hablé de las señales y el estigma, porque ya no tendrás memoria de mis noches descarnadas,

de mi lluvia alucinada en invierno, perdí y hallé de nuevo lo perdido, el canto de la sandalia fría y desolada, escribí mi misa

y la recé bajo la luna huérfana, así, inventé quimeras

en el solar de las burbujas, la aurora sabe

lo que no se dice,

lo que no se olvida y late.

Yo, Monelle, te hablé

del estupor de los momentos,

cuando vienen y se van y se pierden en la neblina de los tiempos,

y te hablé sin respirar del fuego interno, del color del silencio,

del sacramento de la noche,

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del temblor del frasco de cristal, donde coleccionaba lágrimas, yo también tengo el nombre de todas mis hermanas,

y soy piedra verde y piedra rosa.

Yo, Monelle, me llamaba a mí misma con los nombres de las niñas de la noche, te hablé desfallecida

cuando creía que el viento había muerto y venía leve, arrastrándose,

sin ganas de comer,

pero también quise hablarte de las cosas dulces

diluidas en la muerte cruel, cuando la carne se torna líquida y gotea por las grietas del vacío.

Yo te digo,

olvídame cuando todo se ha perdido y recuérdame cuando todo sea hallado.

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[ C i t

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HENRIETTE O EL ECO

Yo, Henriette,

recorro la dorada orilla del Wannsee, donde en otro tiempo

temblé de amor y muerte,

dos estallidos, un solo resplandor, el pacto, no. La herida.

El eco, no. El destello.

Desde el alba,

el imperturbable dado estaba echado.

Cabalgo sobre un caballo de agua y lloro bajo los desolados árboles, cierro los ojos y percibo la tempestad del mundo

ofreciéndome el fulgor de su último poema.

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PENTESILEA O EL FUROR

Yo, Pentesilea, en mi pecho

escondo una coraza,

mis palabras son tan suaves como el canto de una daga.

¿Dónde están las manos del amor, en qué mar cruzan silenciosas?

Soy ave y amo al pez,

¿dónde viviré?

Dentelladas y besos

se confunden en el vértigo del aire.

Con el primer ardor del alba, el sacrificio sería la ofrenda, el ajuar de guerra,

la unción, la flor de muerte, tu carne para el fuego,

tu sangre para el agua.

Esperando el mensaje

de la concordia o del duelo, suplicando la llegada

para alucinarme entre el sol y las estrellas diurnas

he quedado petrificada

entre los jazmines olvidados.

En cada rugido de amor, caos y silencio,

te he devorado,

estoy absorta, saciada, te tomo, te recupero, te doy la forma del jade, el color del vacío.

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Destino ineluctable

galopando sobre mis caminos, devuélveme la razón.

Me estoy pariendo para devorarme.

Te dije mi palabra más íntima y oscura.

¿Qué precede a la huida?

Trazo un mapa

señalando un abismo rojo,

fulgor que brilla un solo instante.

Como cristales del rayo en la floresta resplandece el dolor de mi costado, lo que está hecho no se puede deshacer, que caiga el rocío

sobre las hierbas calcinadas.

La noche es blanca,

como la ruta de antílopes sobre la herida de la escarcha.

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SÉPTIMA ENCANTADA O EL OLVIDO

Soy Séptima encantada, hechicera,

hija del alba,

me fue revelado el misterio del amor y de la muerte, he pisado plantas venenosas, y he comido oscuras hiedras que se enredan en mi insomnio.

Antes del amor,

jugaba con las estrellas y los números,

sé del bramido de palabras que sopla sal a la tierra y hiel a las heridas, sé de lágrimas

de un dolor desconocido,

que se vierten gozosas en el ánfora, en la arena del tiempo

he dejado mis conjuros, mis papiros heridos.

Yo, Séptima encantada,

soy el silencio habitado por insectos, nací esclava,

me fue revelado

el misterio de las máscaras, camino oscura,

hasta la oscura espiga del amor, imperturbable, suspendida en la tristeza,

me abrazo a mí misma

y retorno al sueño de mi alma.

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[ C i t

(26)

El espejo guarda mi secreto, lo devela

y cada rostro

lo lleva como flor de fuego entre su carne.

Así el amor, me regaló

jaguares de sol persiguiendo el hilo líquido

del tejedor de aguas, pájaros ardiendo

sobre desiertos indecibles, la morada púrpura

del sueño y del olvido.

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ANA O UNA CARTA DESDE EL MAR

Madre, llévame a pasear por los sueños de tu infancia,

ese lugar solitario con una rosa de agua, vigilias al crepúsculo, llaves del crisol,

¿La sombra de la promesa persigue aún tu sombra?

Delineabas el rostro de Dios en una nube y encendías una vela para el mar,

te ardían las entrañas.

¿Cuál juego y cuál amigo aún recuerdas?

Te amé profundamente cuando la ventana del cielo

olía al sereno aroma de mi padre, ahora aparece un adiós

en el árbol que sembraste en el paraje de tu infancia.

Retornar a la orilla

es estar muy quieta en el recuerdo donde cae una lágrima

desde la oquedad del firmamento, el tiempo empujándome

hacia la edad que me soñaste

creando palomas en el rostro del viento, cristales de sal en el brocal del pozo,

en tu cuerpo no se asoma ninguna cicatriz, salvo la aflicción del alma.

Nunca encontramos al cíclope en el largo camino hacia Ítaca.

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EL SALMO DE LOS PECES

No, no estoy triste, ahora retorno

a cantar como la escarcha, la muerte

es el silencio lacerante de la herida y el resplandor del camino que dejamos.

Al otro lado del misterio, el ojo de mi corazón se abrió ante la pálida luz del agua lamida por los peces.

No estoy triste, aunque la tierra

parezca un jardín desollado, he resistido tanto como pude a este río,

para que no me arrastrara, para que no me olvidara.

Amarga la lluvia, la noche, amargo el barro,

el aire tiene el sabor amargo de la sangre,

dura está la tierra, dura la palabra.

La muerte es el rumor de espigas al caer el cuerpo

entre el ruido de la esperanza y la soledad del agua,

pronto es demasiado tarde en el silencio de los peces.

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AGUA ERRANTE

El agua se escurre hacia la noche con un código secreto,

abre el olvido y llega a la deriva

donde anida el alga del recuerdo, el tiempo se olvida

por un instante del tiempo, con su ojo fijo en la nada sigue la senda de las aves, sigue el cauce de los peces,

busca el nombre que ha perdido, se precipita para tocar

la piel de las estrellas.

En la noche de los cirios,

sueña con escarabajos dorados, el ojo del agua lo guía,

lo riega, lo ilumina.

El tiempo no escucha, vaga errante, flota alrededor de la noche

como bruma,

no tiene voz y se repite en las palabras, está inmerso en la belleza y se pregunta:

¿Por qué los jardines se quedaron en silencio?

¿Por qué el viento está repleto de alaridos?

¿Por qué el olor de la ceniza?

¿Por qué el salmo de los peces?

Recupera la palabra,

entra en la vasija del mundo como el agua entra

en las grietas de las rocas.

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LA ESPERANZA

¿Sobre qué lado está la esperanza para nombrarnos su misterio?

Alguien dirá está cerrado el cielo como un silencio de cristal,

un pájaro en nostalgia, como un dolor oculto en la desnudez del mundo, una constelación que arde

tan cerca y tan lejos de nosotros.

¿Sobre qué lado se levanta la esperanza?

El lado oscuro que espera el lado claro que delata

sobre la calcinación de los días, en el horror de lo infinito

donde se abren las palabras como alas, casi invisibles para el aire.

Sobre el lado del milagro, el lado de la llama, entre la luz de la tristeza vuela como la polilla, y se quiebra y se repite y busca otra verdad, en el temblor del miedo se desliza,

desde siempre se asoma por primera vez y cae precisa a la hora anunciada.

A veces no basta para llenar la soledad del hombre.

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EMMA O LA HERIDA DE LOS DEDOS

Tengo la edad del árbol

que despierta en el ojo del que ama, observo el mundo

como un cerillo a punto de encender, se retuerce la luz en las astillas,

llevo los dedos extraviados, llenos de hastío,

mi corazón se rompe de esperarte cuando cae el peso del dolor.

La noche tiene un lugar donde el silencio es un secreto en el trapecio,

llevo los dedos tristes, llenos de rocío.

Gemido lacerante que llevamos dentro, que se rasga

a la velocidad de la caída.

La memoria recuerda,

soy un laboratorio inmemorial, llevo los dedos heridos,

densos, llenos de lumbre

de tanto encender ruegos de humo.

Voy hacia el beso del mundo, al vestigio del día primigenio.

La noche se estremece y grazna, llevo en los dedos una hoguera, un pájaro cantando.

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(32)

ESPIGAS AL SOL

Como si hubiera mirado mis manos por primera vez,

soñé con ellas.

Estaban quietas, casi líquidas, como si estuvieran sosteniendo toda el agua de los cielos.

Esta noche permite al viento, empujar mi barco

hacia las dunas de los cangrejos dorados.

Escribir es escuchar el secreto de la polilla en la lágrima de la noche de obsidiana.

¿Cuántas palabras habitan en las piedras?

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BRIZNA DE FUEGO

¿A dónde se va el amor?

¿En qué viento vaga, en qué tumba se agita?

Sobre la mística piedra crece como flor de fuego, deja su susurro

en la oquedad de la rendición, sobre la rota nostalgia

asciende hacia la luz de un lirio, corre, cordero, corre.

Ante los escarabajos azules,

ante el mensaje de los escorpiones, la lluvia comienza,

los secretos viajan

sobre las luces húmedas de la carretera.

Frente al temblor de los cristales el amor es un pájaro de lluvia, llora como paloma enferma, es un rayo,

devora la noche en un instante

vuela, se deshace en la noche carmesí y la lluvia púrpura,

dice su plegaria en el desierto.

En nombre del amor el amor se bebe el alma,

El amor es más triste que un vaso vacío, que la cicatriz de una rosa de agua, urdir la salvación o la caída,

como hija del fuego, camina hacia el agua.

El amor como el poema tiene las llaves de la herida.

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QUIETUD DEL AGUA

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Un gran poeta enseñó que la palabra no podía perderse…y que quizá, en los límites del mundo, sus vibraciones engendraban otros universos, estrellas acuosas o volcánicas, nuevos soles en combustión.

MARCEL SCHWOB

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EL SOLAR DE LA NOCHE

La lluvia huérfana…

que vuelve con sus deditos helados.

PAUL COLINET

La noche herida como una flor de hielo que se rompe, noche que alcanza los brazos de Dios

y hasta parece que las piedras sangran.

La noche huérfana que juega como una niña con sus lamparitas a alumbrar las tinieblas de las calles,

solitaria juega implorando una dulce compañía.

La noche titubeante que regresa al jardín de los cerezos, se vuelve aguja para entrar al hilo de los sueños

y tiene olor a sangre de manzana.

La noche penitente que se encierra en el ático y se hace antigua tanteando el ángel olvidado.

La noche desollada que cae al vacío como una piedra desamparada y cuando se hace humana marca las puertas con los nombres

olvidados,

retira su máscara y su rostro viejo tiembla.

La noche temblorosa con sus deditos congelados tirita sobre un frío abrigo en la espalda del dolor.

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PÁJAROS DE NIEBLA

Todo tan oscuro, no la noche.

Mi ángel tiene frío

y contempla exhausto la peregrinación de las aves que me guían en la niebla.

Señor, dame esta larga noche para descansar y mantén mi cordura.

Sobre las vísceras del mundo mi ángel selló las puertas, y en la montaña se han despertado las cabras.

Estoy a punto de caer.

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[ C i t e

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CANTOS DEL ANSIA

Mis manos en la oscuridad profunda emanan luz.

No bajes la mirada,

no hay tiempo para culpas, no hay arrepentimientos, mírame, hermano,

mis manos tiemblan como hojas de hielo, puedo mirar más allá de tus ojos,

volé como un cuervo feroz hacia tu casa

y como un ciervo herido te hablé de mi aflicción.

Seré por siempre el hombre solitario.

La tierra se endurece

subo y subo y me veo en la misma escalinata, mis flores y mis animales me esperan en la cima, tengo prisa por llegar.

Dejé la ira y el dolor en el portón de tu casa y hubo la cena plácida

con tus animales inocentes, tomé tu vino y me embriagué

y canté para ti canciones de ebriedad,

si mueres, el león de mi alma también padecerá.

Te acojo sin reservas, Abel de mis recuerdos.

¿A quién le entrego mi traición?

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DECLINAR Y CAER

En la hora calma del día del desvelo

el ángel se inclina ante la soledad del árbol, ha recorrido el espejo roto

de todos los caminos, los círculos del viento,

la caída interminable del silencio.

Aterido se pregunta

por la terrible llamada del regreso

al hogar de la antigua luz de las estrellas,

sus pupilas se detienen como en un último juego en el canto apacible de los cisnes,

en la línea inquebrantable del vacío.

Lejanamente

en la proa del tiempo

declina y cae en el grito mudo de la nada.

A ciegas unge el fuego, la luz sobre la noche, cada ángel tiene un animal herido en su retina, cada abismo, la letanía del silencio.

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OFRENDA

Ojo por ojo la noche engulle los jardines, diente por diente devora sus entrañas.

Hermano,

aún llevas el largo itinerario del viaje en tu sandalia, yo siempre rezaré por ti

como el árbol reza al agua, como el animal más solitario con un dolor en el costado, como un hijo enfermo gime su deseo.

La luz aúlla azul

como un dardo lacerante en la carne de la tierra.

Es mi ruego, señor,

y este ruego es mi ofrenda, saca la ira del animal herido, el padecimiento,

y otórgale la luz que se escapa en su retina, haz que dos hermanos se encuentren en la casa.

No tengo ira

pero mi cuerpo se estremece,

calma, señor, el temblor del vientre de la tierra, dona el ungüento para la fiebre de la arcilla.

Ante la sandalia abandonada y el pie sangrante,

ante la tierra baldía

el aire arde, me estremezco.

Hay la rendición del hombre, hay la esperanza, soy tu hermano y también soy tu enemigo, combato contigo.

¿Y quién sino tú para combatir en esta tierra?

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Sin ti, estoy perdido,

la trama se viene contra mí,

agua, ten piedad, noche, ten piedad.

Encontré un niño descalzo corriendo hacia la fuente,

aún estoy corriendo y no he alcanzado el agua.

Hermano, me duelen mis deseos

y las palabras se enredan entre la hiedra del dolor, tu culpa descansará en tu insomnio,

tu fiesta será como el silencio que surge con voces cristalinas.

Cae una fugaz fortuna como la estrella del hastío, no me dejes devastado.

La misericordia de una hoja que se eleva, tiene alas como un pájaro

invisible ante el viento invisible ante el peligro.

Alabada la palabra

y el oculto ruego que se encuentra en ella.

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EL REGALO

Hurgó en la flor de la harina

comió de la harina y ofreció de la flor.

No despertó en muchas lunas hasta que el canto del ángelus, en un dulce saludo

le legó un dulce estupor.

En el esplendor del sol conoció la tiniebla y en la luz de la piedra indagó por su muerte.

No hay lugar inaccesible

y sin embargo, aquí en este sitio

la mirada del buitre no logró detenerse.

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OFRECIMIENTO

Noches que no cierran sus ojos, que caiga la luz sobre el silencio, palpitante quietud de la piedra, que caiga a cántaros tu luz,

desasosiego del hombre quebrantado, que tu luz caiga en la lluvia.

La promesa de la flor y el agua lava los pies de la tierra,

resplandece en la corona de la piedra, limpia la herida que nos sangra,

la espina de la palabra se entierra en las entrañas del tiempo

como un súbito tumulto de flechas y de dagas.

Sin piedad

sin misericordia

que caiga la luz en las cloacas

que caiga la luz sobre el crepúsculo que caiga la luz en tu costado

que caiga la luz en mi ventana.

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[ C i t e

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PUENTES DE NIEBLA I

—Mi pequeño Agustín

desde la incauta risa de los vientos y el hondo amor de los abismos, tu promesa

era el camino de regreso,

la esperanza del callejón sin salida, el estigma de la carne,

el gozo elevado a la altura de la muerte, aún no sentías la herida

arrojada a tu elevada fiebre.

Con amor carnal, con tus sentidos, gozabas que te atara

a la arcilla de este mundo, a tu corazón vociferaba allí donde más unido a mí te estremecías.

No pensabas la traición de repudiarme, dos cuerpos mi Agustín,

en un alma, para siempre fusionados;

temiste tembloroso

por la perdición de tu alma y abandonaste imperturbable a quien tanto amabas,

yo era la elegida, ahora te silencias

y nuestro último encuentro está perdido,

viaja mi amor

como una inútil mercancía.

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Qué desatino,

nuestro amor abandonado como un enjambre de gusanos, como enfermas perlas

esparcidas por el viento;

qué furor,

aunque te arranques los ojos, verás el lecho temblar

como tembló tu corazón, como tembló tu lengua, entre el aire de mi boca, y de nuevo tus manos

se aferrarán al goce de mi cuerpo como un náufrago a su barco.

No te nombro por temor a que el viento lo diluya, pero sabes bien,

que de todos los nombres, el tuyo,

permanece en mi memoria,

en la íntima confesión de cada noche.

—Loca y trémula mujer,

también recuerdo en mis yemas cómo manaban tus algas,

y en el crepitar de tus dedos, cómo brotaban mis aguas.

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EL OJO Y EL ARCO IV

—Tengo un péndulo para guiarme,

porque siempre estoy perdida;

atravieso los peldaños, giro, retorno, vuelvo y giro en el mismo laberinto, la llave se ha perdido

en el umbral que nos separa.

Agustín, ven, no busques a Dios en tierras tan lejanas,

¿acaso no sueles decir

que él está en todas partes?

Aquí, tal vez,

más plácido se siente.

Hay un código de flores,

una biblioteca, un amoroso camafeo y una palabra silenciosa

irrumpiendo en el abismo.

—Estaré en todas partes,

y en cada parte en que te encuentres y donde no pises el barro,

tangible y aleatoria, allí, te inventaré.

—Mis azules pensamientos arden bajo la luz tenue de un ocaso, mi deseo se resiste y cae

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en la tentación del tiempo.

Cuál mi crimen,

para tan larga condena, qué incontenible deseo para tanta agonía, lee bien dentro de mí, una a una cada letra inscrita en mis entrañas, y después retírate en silencio

o regresa con el fervor de tu pasión y derriba la cerca de piedras

que amuralla este recinto, abre las puertas

de ese laberinto oscuro.

Antes y después de la duda, del espejo y el deseo,

yo te rescato de la tempestad, de la tiniebla,

y en la exaltación de mi sueño te equilibro.

—Avanzo sin dar un paso, y dando un paso retrocedo.

Estático ante el muro,

escucho el sigilo de los vientos, y girando ante tu rostro,

me estremece

el rechinar de tu relámpago.

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ELOÍSA Y ABELARDO O LA HORA DE LA SED

Él dijo: soy de ti,

soy hijo y padre de nosotros

y te busco entre las rocas y los peces, en los cuatro costados

de tu devoción y de tu ira.

No te olvido;

el tiempo es una esfinge irrepetible, el séptimo ojo hambriento y en vigilia, la infinita mirada del amor.

Y en la noche hemos de mirarnos en el espejo de la noche,

y en el día

en el agua de los días.

Ella dijo: no me des nada,

solo quítame la seña y la lepra del olvido.

Voy por ti despacio, prevenida, como cuando al fuego lo alimento de ramas, de especias, de espirales, y me retiro a lo alto de la llama antes de que todo lo consuma.

Regálame la hora en que sobrevive

la calma después de la tempestad furiosa.

Él dijo: soy de ti, y entre los sentidos

de la contemplación y de la carne,

te he de dar mi pequeño Cristo de zafiros, una nada, y el primer árbol de la tierra;

un vacío,

(51)

y la lengua que hablan

los que pierden la noción del tiempo.

Déjame ver el crepúsculo a través de tu mirada, la que petrifica, la que fija, la que no recuerda.

Ella dijo: no me des nada, solo olvídame,

porque en el olvido

está la esencia del recuerdo, del inicio,

en tu olvido te aproximas, me usurpas y me vences y al final vencida

penetro intocable y dulcemente en la rendija más oscura

que para mí iluminas.

Tembloroso y sin premura, con las yemas de tus dedos,

vuelve y toca la herida de mi lluvia y procura no venir,

con la vestidura dolorosa de la culpa, con el tatuaje original de la condena.

No me dejes y ven pronto, como el viento que galopa suave en el lomo de las aguas.

Mézclame en el agua de tu dios

y extráela y bébela y retenla por siempre en la hora de tu sed.

50

[ C i t e

(52)

Él dijo: soy el padre de tu hijo nunca visto, soy tu hijo en las entrañas de tu tierra y después de nada poseer, y estar perdido, soy el prófugo, tu amigo eterno.

Tú por siempre, la más desconocida, y nueva en mi memoria.

Ella dijo: que no me salve nada, salvo la espina del dolor

que tiembla ya, y desde siempre, en la espina de mi espalda,

salvo el dolor,

donde yace la alquimia de mi ansia.

Hazte uno con el padre y con el hijo, hazte uno con Dios,

y omnipresente,

estando en tu morada,

hazte presente en mi morada.

Siéntate a la mesa y bebe de mi vino y alguna vez ebrio, desgarra el temblor de tu carne, en la encrucijada de mi cuerpo.

Él dijo: voy por ti despacio, muchacha desquiciada llevando en mi verbo la oración del desatino, y como antes,

y ahora y ya por siempre,

tiemblo en la encrucijada de tu carne.

Estando con él, estoy contigo;

y como el agua y el aceite mi pensamiento se divide;

y después de tocarte y usurparte,

(53)

no habrá otra, ni ninguna otra, ungida en mi memoria.

Ella dijo: date prisa

que mi cuerpo no resiste;

y aunque suele oler el ungüento del ungido, no me basta la inocencia, ni la ascensión de tu deseo, hacia el arco de los cielos.

52

[ C i t e

(54)

CARRUAJE DE PALABRAS

A Hugo Gamboa M.

Las palabras parecen estar cayendo, desvaneciéndose, agotándose,

las saco del fondo de las aguas, hurgo el abismo de la tierra,

araño la bóveda celeste y las arranco del infierno;

de allí las nazco.

Las mezclo y las cocino todas en el mismo crisol, ofrendo su alquimia y se quebrantan con el rayo.

Las llamo y las convoco, las elevo, las bajo, las envuelvo en agua, las trafico,

las injurio, las embriago, las arrodillo,

les digo mentiras, las traiciono y les pido perdón, las doblego, las acaricio, las peino;

las pongo en la tinaja y suavemente las lavo, les curo sus heridas, les hurgo sus recuerdos, en la pesadilla las duermo y en la levedad las desvío, las abdico.

En los corredores de sus infinitos tiempos, me deslizo

y empujo el carruaje atascado en el hollín.

(55)

VESTIDA DE LUZ

¡No quiero dolerme más, sal de mi vientre, Orietta!

Voy a los ojos de la noche, al mapa de una lágrima, a su aérea palabra.

Cuerpo trilobites, frenesí de anfibios, castillo de escamas, de raíces,

huesos de cristal, boca de arcilla, esquirla de silencio en la garganta, ojo que camina en el ojo del vacío.

Espera descubrirse en espirales de fuego, en un monstruo o una piedra

que saca a escondidas sus patas, su cabeza, un lánguido tornillo de su historia,

y empieza a caminar, tan sola como una estrella.

54

[ C i t e

(56)

EN ALGUNA PARTE EL POEMA SUEÑA A Rafael Bini

Lanza sus dados como rayos

en la confusión de ángeles de arcilla, y con un rostro eterno de secretos

inclina el poema, como una migaja ciega hacia las noches que curvan sus manos para retener como agua,

el clamor del silencio.

Su risa es la aguja que se introdujo en el punto exacto

del desierto de mi espalda.

Página escrita en la línea de la sombra.

El índice de un ojo suspende el tiempo.

Sobre el espacio frío

signo y sello, luz de un ángel.

Los dados caerán paralelos a la orilla del vacío.

Detrás del silencio, canta la lluvia como el ángel de la melancolía.

La luz que sale del silencio, retorna al silencio.

En el ensueño de la memoria, el poema es lluvia

sobre las manos de la noche.

(57)

FISURAS

La escritura es un espléndido banquete para los abatidos ángeles.

Escribiré lo suave, lo iluminado

si la flecha envenenada lo permite.

Me dejaré caer en la fisura del silencio me extraviaré en la llama del candil.

Lluvia de fuego, en el prisma de la lluvia, el poema refleja la luz de su dolor.

Tengo un caballo dentro de mí que despertó en el solitario paraje de la noche,

un desierto aullaba su sueño,

la sangre de la noche me contagió su virus, torbellino de sombras.

Esta maldita costumbre de escribir,

¡bendita sea!

Sigo nombrando las grietas, las piedras

los cuchillos las espadas.

Y en este valle de profusos espejos, voy recordando un nombre,

incrustado en las esquirlas del aire.

56

[ C i t e

(58)

INTERIOR Georg Trakl…

Tu hermana llora

mientras recorre los dorados bosques y su sombra se ahoga

en la orilla de los ríos.

El rojo crepúsculo ilumina una alondra que vaga indefinidamente,

y en la noche como un acto luminoso y necesario

se enciende una luciérnaga.

El cuerpo se alza liviano

ningún sentimiento lo detiene,

y en un cuarto con olor a Dios y anfetamina un muchacho sostiene

en su espalda el universo

y muy despacio cierra la ventana.

El viento configura mitos

y la felicidad se acuesta moribunda.

Nadie parpadea…

¡como si fuera tan fácil escaparse!

(59)

ADA O EL ARDOR

(Para él, que tanto la recuerda)

Descúbrete los senos y mira la luna;

la verás vibrar en su centro convulsivamente.

Juego terrible de tipo inocente.

¿Te acuerdas de Ada?

Inventando el lenguaje

que arde en la piel de la muerte.

La belleza roja que coleccionaba hojas y guardaba la palabra botánica

como un mito.

Un día la pequeña Lucette la sorprendió con el suicidio…

La noche se cubre de V.A.A.V.A.A.A.R.

58

[ C i t e

(60)

METRÓPOLIS

Íconos de la metrópolis

memoria de un antiguo fuego,

ellos hablan de luces y sueños concentrados.

Un tren de mercancía arrolla un adolescente,

una familia judía vibra en la pantalla en blanco y negro;

intraducible sonido de un planeta,

lecho configurando amantes para un sombrío huésped, bandadas de figuras despertando

en el fuego lúbrico del alba.

Máquinas que blasfeman entre jeroglíficos y escrituras aleatorias,

hombres de fuego aullando a los chacales, lobos ciegos persiguiendo una antigua luna.

Tibio orificio destilando el rugido de la tierra.

(61)

NUEVA ESPECIE

…Hongos desfilan en un invernadero bajo el tejido de membranas metálicas…

Girando en la aceitosa máquina el metal y el cerebro

buscan lo perdido,

el tiempo de su luz bajo la sombra el tiempo de su sangre.

La piedra y el murciélago

miran con el aleteo nocturno de su pesadilla.

Nebulosa neblina cubre las cavernas

nebulosa neblina irradia el centro del cerebro;

choque eléctrico, funesta descarga…

Algo etéreo-espeso-exilado, asciende hasta otro cerebro que se está gestando en multiplicidad de superficies.

Venas pegajosas, lenguas alámbricas, espectral lenguaje.

Centauro espacial pálido y reservado.

El ángel asesino se arrodilla ante la beldad metálica, la muerte palpita

por la alianza con los siglos,

por la eternidad que impregna el espacio.

El más dulce de los hombres monta una máquina que otra máquina programa…

tibio fluido,

aliento del caos que tiembla y resplandece, la palabra es el relámpago

el amor un laboratorio.

Las estrellas seducen

y el extraño visitante se fusiona con el cosmos.

60

[ C i t e

(62)

Detrás de los plateados subterráneos,

hongos fosforescentes cultivan su especie…

Un inquisidor visita el invernadero para invertir el orden.

(63)

RITO

La noche se acostó boca abajo

y en su espalda sin rubor se tendió la luna, todos bebían el amargo de la vid

y emborrachaban sus cuerpos taciturnos, las mujeres estiraban sus piernas lujuriosas y masticaban pedazos de la carne fresca,

los hombres bebían leche de muchachas preñadas y se complacían entrando cerca al fruto

que anunciaba la llegada.

Todos formaban círculos, grotescas rondas y tomaban como frutas cristalinas

todo el éter, todo el fuego, toda el agua de sus cuerpos, los sapos heridos por los niños se alejaban como santos con su música oxidada

y su sudor ditirámbico empañaba los espejos.

La noche se tambaleaba confundida

y robaba pedacitos de delicia a cada hombre, la sangre rondaba abiertamente

y flotaban erizadas las casas en los sueños, el viento fornicaba con oscuros crímenes y una falsa alegría de ebriedad y saliva espumeaba a la entrada de las bocas.

62

[ C i t e

(64)

PERDER EL ROSTRO

Cuando el transparente velo, era siria,

cuando el tambor, africana perdida entre rituales;

y serpientes mágicas,

cuando el opio, una muchacha de Tánger desfilando entre los laberintos de la noche,

cuando el harem, era todas y el bebedizo exuberante, cuando Transilvania, vampiro danzando entre el aullido de la luna,

cuando el caos, el imperceptible ojo, que buscaba ese otro ojo que nos da la medida del cosmos.

En Ulán Bator me senté en el lupanar

donde bebí vino en el casco plateado del guerrero.

Fui la perdida voz clamando al mar, ese viaje infinito, donde se confunde mi garganta

y mi espalda con sus insaciables venas de agua y mito.

Me estacioné en el hades, esperando el descenso de la música, y en ese sueño, mi silencio, mi perdida voz

mi quietud en movimiento.

(65)

MELANCOLÍA

Una niña con alas de hojalata, trae palabras de hojalata

que crujen de amargura,

palabras desnudas con dedos azules, palabras que perdonan,

tristes en sus manos caen como lluvia,

se dejan ver entre la niebla,

y ante el tridente ansioso, aúllan.

A veces en el filo del cuchillo,

se encuentra una palabra arrodillada.

La noche toma en sus manos,

el agua huérfana, que pide ser ángel, que pide ser lámpara, que pide ser llave.

Cada palabra abrió su ojo, vertió su luz.

64

[ C i t e

(66)

AZUL CASI PÚRPURA

Es la más luminosa forma de la gracia, penetra la redondez vacía de la nada, la grácil curva de la piedra,

la hondura feroz de la caverna.

Cubierta con su túnica larga y extraviada.

Esta vez irá por los confines

donde no se nombra a Dios.

El azahar de un día luminoso la ha despertado

bajo el influjo del olvido.

Agua densa de la ira, irisada agua del deseo,

yerta agua de la luna muerta,

agua circular y vaporosa del pantano que se fuga y se borra

entre el presagio de un cuchillo;

agua oscura casi blanca que espera entre las manos, agua del temor que se esconde y precipita,

agua de la oblicua culpa, de la memoria de la espina, agua sorda sobre el rostro del silencio,

agua ciega sobre la escritura del espejo;

agua que lava las heridas,

(67)

que repara,

que abraza y configura la forma de los cuerpos, el peso de la muerte.

66

[ C i t e

(68)

NOCHE BLANCA

El cerdo se aproxima

con la dulzura de la muerte.

Él sabe de su boda y no se opone...

Parece salirse la noche de su órbita, pero la noche recupera su equilibrio.

De soslayo mira al desollador

danzar con el suave cuchillo y confundirse con su resplandor.

El acto no se quiere verificar.

El ojo mira hacia otro extremo para no intimidar a su verdugo.

La noche es suave y blanca y leve y llora...

(69)

EL CORDERO DE LA MUERTE

La muerte se arrodilla, no para ofrecer la indispensable fuga de la vida,

sino para repetirse

en la alianza de los siglos,

se arrodilla también para otorgarse ese don de la abstracción y de la huida, donde solitaria convoca

la soledad de la abstinencia;

de nuevo se levanta para cruzar el umbral donde no existe testigo;

vuelve y cae de rodillas para intentar oír

la voz que nos redime.

Aquí está la esperanzada,

la desolada en el ovillo de la noche, la feliz arrepentida,

la acompañada del guijarro y la ceniza.

Trinidad sagrada del silencio.

Adivíname en el espíritu del agua en la bruma del relámpago

en la hora sin pecado.

Aquí la lanza y el ungido, la persecución y la traición, la entrega, el extravío,

aquí la solitaria,

en la luz que no redime, en la sangre del caído,

en los dientes que hincan la hojalata.

Las manos arrojarán la primera piedra en la tierra prohibida,

68

[ C i t e

(70)

los ojos llevan el duelo, y el aceite del dolor

se disuelve en la cal de la palabra.

Loada con guirnaldas la cabeza de la muerte

resplandece profética y eterna y será pequeña

en este mundo, el grande

y ningún remordimiento detendrá la amalgama de su oscuro signo.

Generaciones de perros y cantáridas serán condenados

a siglos de silencio, se hartarán de huesos se hartarán de barro, vendrá el lodo

y cederán los muros.

Lúbrica la muerte, con el más leve toque grabará la línea

del dolor y el goce.

La boca de la muerte, rozará la semilla y de la flor y el fruto germinará la tierra, y para ella, la muerte

la densa agonía de las aguas.

La muerte disfrazada de doncella limpiará las tablas de las leyes y sobre la luz y el anatema bramará y rugirá,

vendrá la razón o el desatino.

(71)

Las mujeres resguardarán la palabra

y dejarán escondido en sus pechos el aliento del deseo.

70

[ C i t e

(72)

LA MARCHA DEL DESEO

El oloroso bálsamo, el lago ungido, aquí, el imperturbable rayo lívido sobre el abatido cuerpo,

los ojos se detienen y como la jauría espían, y para ella la noche, los pliegues de la espera,

el mundo, tribulación y enigma.

Gime el mundo como piedra sin futuro, hacia el sueño viajan

como hacia un desierto

los desterrados que sueñan en la alianza.

La palabra como el rechinar de ángeles disuelve en dulce agua

la sal del infortunio.

La palabra se hace fuego, crujido de la nada,

oración y desvarío.

La lluvia del deseo exaltará la muerte

como en el reino de la inefable espera.

Ninguno se lavará las manos, entrarán juntos

león con asno,

como si entraran juntos a poblar el paraíso.

La noche sigilosa, calla, y para ella

las manos en pecado.

Generaciones de abejas y de bueyes serán entregados

(73)

a los siglos del silencio;

se hartarán de flores y se hartarán de hierbas, lúbrica la muerte no se turba, la mesa dispone el alimento para ofrecer con abundancia a la tribu exhausta y moribunda.

La noche ceñirá la alianza y para ella la noche,

la herida luminosa.

72

[ C i t e

(74)

EL SOLAR DE LA PASIÓN

El tejedor de las pasiones

estallará en un fugaz estruendo la inocencia

de un ángel infernal.

Se precipitan los guijarros, y para ella la noche,

el rapaz consuelo de la espera.

se lavarán los cuerpos en el agua cristalina, el látigo de la pasión se estremecerá

por tercera vez, por infinita vez

en el perpetuo estertor de la agonía.

Generaciones de pájaros y ciervos serán olvidados

en los siglos del silencio, se hartarán de mirtos y se hartarán de espigas, vendrá la ceniza

y cederán los muros.

Nuestros nombres serán el rastro de la sombra.

Se mirarán

en las esquirlas del espejo, saldrá la bestia de los pechos y una civilización entera se estremecerá y rugirá.

En la nada, como entonces, se encontrarán cara a cara la muerte y el deseo

(75)

y desafiarán al paraíso;

y el cirio de la lluvia,

iluminará la sombra de la noche.

Un desfile de alfileres luminosos poblará la herida de la tierra,

habrá la placidez serena en la mirada para contemplar serenos

el blanco arrecife de la vida.

Y cada vez, más a menudo luminoso vendrá

el musgo de los sueños, la brizna de la calma,

y sobre el ocaso de los cardos

se abrirá la flor del fuego y de la fe, se preguntarán en silencio

todo, sobre sí mismos

hurgarán en el caldero de la vida que se agitará y brotará

como los pliegues del mar en las entrañas.

Con la devoción del agua en la cisterna se encenderán las piedras

y despertará temblando La noche plena y luminosa y para ella,

el estío del silencio.

74

[ C i t e

(76)

LUZ CIRCULAR DE LA PALABRA

¿No sientes cómo rueda el vertiginoso movimiento donde se anuda la belleza del anfitrión y el huésped?

¿Quién descorre la cortina para asombrarse

de la imperturbable bestia y saberse polvo o águila,

en el infinito lenguaje de la piedra?

Quién descifra el símbolo oscuro de la sombra y lo sueña en el territorio elegido

inventando un cuerpo deseado;

la mandrágora, la rosa,

la eternidad inclinada en el ángulo más lúcido del viaje.

Y otra voz entre las voces como un jardín entre jardines pronuncia la palabra;

la clava sobre los cuatro vientos, en el ancla que jamás desciende;

la lanza como un dardo que arde entre la alianza de los siglos;

sombra sin memoria que se adhiere al fuego, primer día que perdura en el secreto de las aguas y en la trama impenetrable del vacío,

soplo que dispersa la ceniza silenciosa en el rostro múltiple del tiempo.

(77)

EL AMOR SUEÑA CON LA LLUVIA

Porque te amo llueve,

el tiempo agujerea los espacios

y en la piedra se inscribe una escritura.

Llueve indescifrable movimiento y una vestidura infinita

viste el corazón y abre una herida.

Ardor que sube entre los huesos y de la sangre crea un lago

donde se enferman Dios y los insectos, Dios deja de estar en todas partes porque en cada parte yo te veo;

delante de él, nos deshacemos, nos diluimos, nos entregamos vueltos viento, agua y tierra.

Te amo y llueve,

tu movimiento vibra en todas partes, estupor violento, agitación serena, delirante reflexión, fijeza que traslada, señal que se agita en el silencio,

toca y confunde, habla y desvela, sueño que avanza, retorna,

sujeta y forma

un fuego, un circuito, un círculo perpetuo.

Te amo y llueve,

tu movimiento ondula en todas partes, esparce por el bosque un soplo,

agita las raíces, brota la palabra y transfigura el tiempo.

Tú eres todas las cosas,

un lobo, una cadena, una cicatriz, un búho,

el reloj en la indescifrable hora, Dios, el ángel extraviado, y en cada cosa engendras movimiento.

76

[ C i t

(78)

BODA BLANCA

En mí laten el aliento del espejo, el poeta que cava su agujero y el flujo iluminado

que derrama

la herida de los siglos.

La belleza es un lirio, Dios, una niña enferma,

el amor, el resplandor de una fisura.

(79)

ÍNDICE HIJAS DEL ALBA

Desdémona o la urdimbre/11 Antígona o el silencio/13 Ismene o la espera/14 Adele H. O el ruego/16 Monelle o la devoción/19 Henriette o el eco/21 Pentesilea o el furor/22

Séptima encantada o el olvido/24 Ana o una carta desde el mar/26 La hija o el salmo de los peces/27 Agua errante/28

La esperanza/29

Emma o la herida de los dedos/30 Alejandra o espigas al sol/31

Brizna de fuego/32 QUIETUD DEL AGUA

El solar de la noche/37 Pájaros de niebla/38 Cantos del ansia/39 Declinar y caer/40 Ofrenda/41

El regalo/43 Ofrecimiento/44 Puentes de niebla/45 El ojo y el arco/47

Eloísa y Abelardo o la hora de la sed/49 Carruaje de palabras/53

Vestida de luz/54

En alguna parte el poema sueña/55

(80)

Fisuras/56 Interior/57

Ada o el ardor/58 Metrópolis/59 Nueva especie/60 Rito/62

Perder el rostro/63 Melancolía/64

Azul casi púrpura/65 Noche blanca/67

El cordero de la muerte/68 La marcha del deseo/71 El solar de la pasión/73 Luz circular de la palabra/75 El amor sueña con la lluvia/76 Boda blanca/77

(81)

Orietta Lozano Cali, Colombia.

Ha sido directora de la Biblioteca Municipal de Cali. Su obra incluye poesía, narrativa y ensayos literarios. Parte de sus textos han sido traducidos al inglés, francés, italiano y portugués, y publicados en antologías de Colombia e Hispanoamérica. Ha participado en festivales de poesía en Francia, Estados Unidos y Colombia. Durante la XIII Biennale Internationale des Poètes, en Francia, estuvo invitada a su

“Seminario de traducción de poetas extranjeros”, cuyos participantes traducirían su libro Agua ebria. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus, con su poemario El vampiro esperado. Ha publicado el ensayo Alejandra Pizarnik (Editorial Tiempo Presente, Bogotá), la novela Luminar (Editorial Universidad del Valle, Cali) y los libros de poesía Fuego secreto (Editorial Puesto de Combate, Bogotá), Memoria de los espejos (Editorial Puesto de Combate, Bogotá), El vampiro esperado (Editorial Puesto de Combate, Bogotá), Antología amorosa (Editorial Tiempo Presente, Bogotá), El solar de la esfera (Editorial Universidad del Valle, Cali), Peldaños de agua (Editorial Caza de Libros, Ibagué), Resplandor del abismo (Editorial

Universidad Externado de Colombia, Bogotá), Albacea de la luz (Editorial Cuadernos Negros, Calarcá, Quindío), La herida de los siglos (Editorial Uniediciones, Bogotá) y Letanía del silencio (Editorial Pigmalión, España).

(82)

Poesía

Últimos títulos de la colección VOZ AISLADA

Desmesura/Víctor Rivera

Agonía de los días terrestres/Ricardo Montiel El reino del hombre/Felipe Donoso Suárez

El silencio es una bailarina/ Geraldine Gutiérrez-Wienken sed plural/William Jiménez

Otro futuro o nada/Rubén Darío Carrero Tiempo lento/Gustavo Adolfo Garcés

El único refugio son los párpados/Marta Jazmín García Secreta inquietud/Jesús Alberto León

El tiempo de la espera/ Joel Bracho Ghersi Visión de carne/ Carlos A. Colón Ruiz La dicha de lo inacabado/Carlos Vicéns

Devocionario/Manuel Iris Límbica/Vanesa Almada Noguerón

Nenúfares malogrados y otras pesadillas/Miriam Mireles Poemas de una niña/Daniela Jaimes-Borges

El fuego siempre el fuego/Elennys Oliveros Teoría del fin del aire/Alma Karla Sandoval

Pelambre/Annabel Petit Alvarado Fisuras del viento/Orietta Lozano

(83)

Hay una mujer en todos los poemas que salvaje nada entre las aguas buscando su lugar, se mira en los espejos hasta perder su sombra y convertirse en fractal: un rayo de luz que ilumina las heridas milenarias del mundo. Aquí hay una catástrofe ritual que, a su vez, es el milagro cíclico y natural que reescribe sigiloso y sin lenguaje la memoria. Una mujer que pariendo nombra a su madre, a sus ancestras, a ella misma y a todas las que memoria somos, sintiendo, habitando y escribiendo como hembras.

DANIELA PRADO

Colección Voz Aislada

Referencias

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