Raikantopini: Arpías Latinoamericanas del Boys Love Disputándonos Reconocimientos
Herlen David Murieles Velásquez herlenmurieles.net
Tesis para optar al título de Magíster en Estudios Culturales Latinoamericanos
Alexandra Chocontá Piraquive Dirección
Facultad de Ciencias Sociales, Pontificia Universidad Javeriana
Febrero, 2022
Yo, Herlen David Murieles Velásquez, declaro que esta tesis, elaborada como requisito parcial para obtener el título de Maestría en Estudios Culturales Latinoamericanos en la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Javeriana, es de mi entera autoría excepto en donde se indique lo contrario. Este documento no ha sido sometido para su calificación en ninguna otra institución académica.
Herlen David Murieles Velásquez Febrero, 2022
A mí misma
Agradecimientos A las brujas y mujeres arpías.
A mis interlocutores Kevin Prado Hernández, Linda Ahumada, Benji Campos Anaya, Jasiel Zelaya, Mixtli García Espino, Mary Torres, Dayari Molina Guerrero, Carolina Rodales, Zeltzin Velásquez, Nelly Icaza Peralta, Kim Miracles, Daniel Sánchez y al resto de personas que participaron en la encuesta.
A mis compañeras Evelyn, Betania y Valentina.
A mi compañero y amado hombre blanco heterosexual prohibido, Yamil.
A mi hermana La Juana.
A Eduardo.
Resumen
En las Américas Latinas existen redes de arpías de Boys Love (BL) que nos disputamos reconocimientos hacia una distinción y omnipotencia las cuales pueden ser leídas en los campos del goce, el género y el prosumo de medios. Este fenómeno ha tenido una gran aprehensión principalmente en la convergencia entre, el rechazo a unas normativas locales que reprimen la exploración de nuestros goces como mujeres y la importación y reapropiación clandestina de contenidos de entretenimiento BL de productoras asiáticas, principalmente de Tailandia. En este escenario se configuran unas prácticas donde nuevas herramientas digitales de comunicación tienen un papel protagónico que obligan a repensar la configuración de lo humano hacia unas unidades de conciencia cíborgs.
Palabras clave: Américas Latinas, Boys Love, Reconocimiento, Goce, Género, Prosumo de Medios, Cíborg.
Abstract
In the Latin Americas there are networks of harpy Boys Love (BL) that we dispute recognition towards a distinction and omnipotence which can be read in the fields of enjoyment, gender and media prosumption. This phenomenon has had great apprehension, mainly in the convergence between the rejection of local regulations that repress the exploration of our joys as women and the clandestine import and reappropriation of BL entertainment content from Asian producers, mainly from Thailand. In this scenario, some practices are configured where new digital communication tools have a leading role that force us to rethink the configuration of the human towards cyborgs consciousness units.
Keywords: Latin Americas, Boys Love, Recognition, Enjoyment, Gender, Media Prosumo, Cyborg.
Contenido
Introducción ... 8
Una Teoría Arpía de Reconocimiento ... 14
De Fujoshi a Mujer Arpía ... 18
Los Goces de las Arpías del BL ... 21
¡Él No es Gay, Sólo le Gusta Él! ... 23
Orgasmos ... 25
Racismo y Clasismo ... 31
Violencia y Ficción Artística ... 37
Mujer Transgénero Cissexual Masculino Heterosexual ... 41
Transexualidad en el BL ... 44
Esencialismos para armar una identidad sexualizada ... 47
De Consumidora a Prosumidora: El Contraataque de las Arpías ... 59
Paredes Dominantes en la Composición de Arpías ... 61
Resistencia, entre el Taladro y el Concreto ... 68
Trabajos No Monetizados para Fanes Latinoamericanas de BL ... 73
Retornando a la Etnografía desde la Etnografía Virtual ... 78
Mi Llegada a las Redes de Arpías... 84
Categorías y Variables de Análisis ... 87
Instrumentos y Estrategia para Investigar con Arpías ... 88
Conclusiones ... 94
Referencias Citadas ... 96
Anexos ... 100
Ilustraciones
Ilustración 1. Esquema de Reconocimiento Arpía ... 15
Ilustración 2. Yefim Kligerman. (2012) ... 19
Ilustración 3. Esquema del Goce Sexual ... 26
Ilustración 4. Datos Sentimientos Post-Prosumo30 Ilustración 5. Gráfico Identidad Éttnica-Racial ... 31
Ilustración 6. Datos Clase Social ... 35
Ilustración 7. Line TV (2019). TharnType ... 37
Ilustración 8. La Cachetada de Miriam. (s.f.). Lista de amigos ... 43
Ilustración 9. GMMTV (2020). The Shipper45 Ilustración 10. Great Men Academy PH (2019)45 Ilustración 11. Datos Esencialismos Sobre las Identidades de Género ... 47
Ilustración 12. Datos Identidad de Género ... 50
Ilustración 13. Datos Sexo ... 51
Ilustración 14. Datos Condición de Género ... 51
Ilustración 15. Datos Condición de Sexo ... 52
Ilustración 16. Datos Orientación Sexual ... 53
Ilustración 17. Datos País ... 62
Ilustración 18. Datos Edad ... 63
Ilustración 19. Datos Estado Civil ... 63
Ilustración 20. Datos Escolaridad ... 64
Ilustración 21. Personas con las que Convive ... 64
Ilustración 22. Datos Percepción Año de Inicio en el BL ... 65
Ilustración 23. Datos Contenido de BL Preferido ... 66
Ilustración 24. Datos Dispositivo de Prosumo ... 67
Ilustración 25. Datos Trabajos No Monetizados... 73
Ilustración 26. Series BL (2019). Until Wee Meet Againg ... 84
Introducción
Desde alrededor de mis quince años de edad, navegar en internet ha presupuesto una práctica importante de socialización, construcción y deconstrucción de mi identidad a través de la búsqueda de referentes que me han permitido armarme de elementos para argumentar,
defender y legitimar unos deseos que se han venido originando desde mi lucha con un agente de socialización primario (mi familia consanguínea), que a la fecha de hoy no ha mostrado la mínima disposición de reconocerme en mi condición de persona inconforme con unas heteronormativas que pretenden controlar y clausurar mis morbosas prácticas como mujer arrecha, en su lugar, han generado el efecto contrario, estoy más arrecha. Bajo este contexto y ya más reciente a este último bienio, conocí y me enamoré del Boys Love (BL), el cual ha hecho las veces de mecanismo para tramitar mis frustraciones y un escenario para pensar en posibilidades de futuro; presupuestos que comparto con varias fanes latinoamericanas del BL. A este último también se le conoce como Yaoi el cual,
es un término japonés utilizado para denotar la representación romántica, artística, erótica o sexual de relaciones centradas entre dos individuos de sexo masculino. El género se puede aplicar a series de anime, manga o ficción, con historias creadas y orientadas a un público —mayormente— femenino. Originalmente, el término se utilizaba para designar a los dōjinshi no oficiales creados por fanáticos y autopublicados (…) Los personajes principales de este género generalmente se ajustan al estereotipo del seme ("activo" o figura dominante) y uke ("pasivo" o figura sumisa). El material yaoi presenta casi siempre relaciones amorosas entre personajes masculinos y puede incluir contenido homoerótico. Aunque en el yaoi se tiende a presentar casi siempre personajes adolescentes, la edad puede variar a cualquiera por encima de la pubertad, incluyendo a adultos. (Yaoi, s.f.)
Sin embargo, este trabajo más allá de intentar comprender las dinámicas del Yaoi como género literario, se centra en entender las relaciones de sus fanes en Latinoamérica, el cual es un fenómeno que se ha venido constituyendo como una práctica muy popular de las adolescentes en estas latitudes y que, en comparación a Asia, parece estar en una posición desprivilegiada en términos competitivos globales para la producción de estos. Asimismo, el género además de que cuenta con la particularidad de crear grandes nichos de fanes, crea prosumidoras, es decir, fanes
que no sólo se limitan a consumir el contenido que les llega desde afuera, sino que además proyectan unos productos derivados de un contenido madre, en los que destacan el shippeo o emparejamiento ficticio entre sus ídolos masculinos en relaciones eróticas y/o románticas, lo cual se constituye como una de las prácticas significativas a la hora de sostener su fidelización con el género.
En este orden de ideas, desde la tradición japonesa se han creado cultura de fanes
alrededor del BL, conservando las dicotomías de género hombre/mujer en donde según Galbraith (2009, p. 79) a las mujeres fanes se las llama fujoshi y a los hombres fanes se les llama
fundanshi, ambos términos de origen despectivo que hace referencia a la pudrición o decadencia de las mujeres, mientras que el segundo un simple gusto de los hombres nerdos, términos que han sido apropiado por las comunidades de fanes y que hacen las veces de categoría principal para rastrear a estas audiencias. Sin embargo, dado a que este trabajo es también una apuesta para poner en cuestión las dicotomías de género, simplemente se usará el término de fan de BL, y en algunos casos arpías del BL para referirse a cualquier fan de este género literario
independientemente de su identidad de género.
Ahora bien, aunque la llegada del Yaoi a Latinoamérica puede situarse desde finales del siglo XIX principalmente con contenidos japoneses como Manwhas y novelas, este trabajo se sitúa en el contexto de fanes originados desde la llegada del BL tailandés que es mucho más reciente, porque en estos precisamente se pudo evidenciar un crecimiento exponencial de la cultura de fanes principalmente por la fácil aprehensión de contenidos televisivos en los cuales, Tailandia y en particular la productora GMMTV aparece como un referente pionero en la
industrialización del entretenimiento juvenil, el cual, combinado a un fenómeno masivo que ya le antecedía que es el del gusto por los chicos lindos, sexys, frescos y el Yaoi japonés (Prasannam, 2019, p. 64), hizo del fenómeno de fanes BL, un fenómeno de impacto transnacional.
Ya aterrizadas en las américas latinas principalmente hispanohablantes, los términos Raikontipini o Raikantopeni surgen como una apropiación y adaptación terminológica del castellano bajo el que se conectan diversas fanes a través de lógicas de prosumo por redes de internet, principalmente grupos de Facebook, WhatsApp y muy recientemente Telegram, en lo que sería aparentemente una especie de sororidad, pero también un campo de batalla cultural.
Raikantopini proviene del sonido Rāykār t̀x pị nī̂ que del tailandés traduce “La siguiente Lista”,
y que aparece como advertencia de edad sobre la audiencia al que está dirigido el contenido audiovisual a reproducir.
Mi llegada a uno de estos grupos surgió desde el 2019 al ver la serie Love by Change, la cual después de terminarla me dejó con un gran vacío existencial y haciéndome sentir que mi vida era un completo asco, ya que este representaba una realidad dramática, tóxica y romántica entre hombres u adolescentes hermosos, sin caer en lo explícito de la pornografía, además de contar con unas tramas atracadoras y adictivas que no había visto antes en ninguna serie o película de habla hispana.
Ahora, abordar este fenómeno como una apuesta desde los estudios culturales ha implicado un reto gigante no sólo a nivel académico, sino también personal, ya que en mi formación de pregrado como antropólogo de universidad pública colombiana, supuestamente se me había formado para abordar diferentes realidades o fenómenos socioculturales invocando a una actitud imparcial en la creación de conocimiento, una despolitización de la teoría donde se da por sentado de que existen unas leyes universales que están antes de las experiencias
particulares de cada persona humana, entonces, mi trabajo consistía en develarlo con la mayor neutralidad posible, sin pretender salvar al mundo, simplemente, limitarme a explicarlo. Bajarme de esa nube, tomar posición y asumir de una vez mi responsabilidad como agente intelectual y político, me ha costado un montón.
Desde mis inicios en los estudios culturales latinoamericanos, me di cuenta que no importa cuán imparcial pretenda ser, la producción de conocimiento siempre ha estado y seguirá estando condicionada por las experiencias, apuestas, deseos y rabias de quien investiga, incluso las nociones de universalidad han servido de excusa para imponer ciertas temáticas, ciertos métodos, ciertos autores de unas latitudes particulares que sólo ayudan a seguir sosteniendo un orden mundial en el que quienes nacimos marginadas, moriremos marginadas, y en especial, quienes no logran acceder a un sistema de legitimación de saberes como lo son las universidades, quedan eternamente crucificadas con los clavos de las arrogancias academicistas. De allí, mi deseo de intervenir desde múltiples aristas con una de las pocas cosas que mejor sé hacer, escribir.
Estas aristas de intervención contemplan de primera mano, la necesidad de escuchar y visibilizar unas realidades que han estado marginadas como subculturas o simplemente
invisibilizadas en muchos centros dominantes de producción de conocimiento, como lo han sido
las redes de fanes latinoamericanas de BL, condiciones que les ha impedido ser tomadas en serio para emprender políticas, planes y/o proyectos locales de entretenimiento que permitan
aprovechar los talentos latinoamericanos a favor de nuestros desarrollos humanos,
principalmente a través de la comunicación, reconciliaciones políticas y generacionales en países latinoamericanos, que contribuyan a superar material y simbólicamente la idea virulenta de una Latinoamérica tercermundista.
Así mismo, pretendo estimular la lectura en texto, no para seguir abonándole como el formato por excelencia de la seriedad y la formalidad (pues, personalmente me aburre leer texto), sino más bien, para aprovechar el culto dominante ya existente de dicho formato (aunque en el mejor de los casos en que simplemente no se archive y se de santa sepultura, una tiende a quedarse sólo con la portada) para ser un referente más sobre la cual, las redes de fanes puedan encontrar insumos para oxigenarse, entretenerse, atacarse, sacudirse, repensarse, o para lo que sea, menos para casarse y echarse a dormir. En este sentido, he hecho el mayor esfuerzo posible para que la lectura no parezca acartonada y abrumadora, sin perder de vista que no deja de ser una tesis de maestría para un programa académico con reglas de juego particular.
También, dada la heterogeneidad de las redes de fanes y disputas intersecciones
existentes, he tomado decisiones de representación democráticas (la voz de las mayorías), pero tampoco complaciendo lo que a mi juicio podría servir como un detonante a posteriori para el aplastamiento de unas minorías emergentes al interior de unas minorías ya emergidas que a través de unas actitudes patriarcales hacen de ciertas categorías identitarias, “instrumentos de poder al que nos oponemos” (Butler, 2007, p. 32)”.
Por otro lado, pretendía en un primer momento, usar el lenguaje inclusivo (todes,
nosotres, elles, les) como apuesta política para armonizar en esta propuesta de código lingüístico, a las diversas identidades de género que caracterizan a esta audiencia, para lo cual, realicé una breve consulta a través de encuesta en el grupo de Facebook R a i k a n t o p i n i – BL (2021), preguntando qué tipo de lenguaje castellano preferían usar, encuesta que respondieron 233 personas, de las cuales el 62% manifestó que prefería seguir usando el castellano sexista tradicional (ellos/ellas, nosotros/nosotras, todos/todas), el 32% manifestó que le daba igual y el 6% eligió el lenguaje inclusivo. Repito, dado a que es un sistema democrático el que me constituye como sujeta moral y política, decidí seguir la voz de la mayoría y usar el lenguaje tradicional sexista, sin embargo, no lo usaré a favor del patriarcado y ya que la mayoría en esta
colectiva de fanes del BL somos mujeres, entonces los pocos hombres que hay en el BL serán subsumidos en este texto, bajo los códigos lingüísticos femeninos, en especial, para que esta sea no sólo una lectura que le apuesta por la erradicación de espacios comunes y normalizados que propagan violencias, sino también, para que sea una experiencia performativa donde sintamos por lo menos, desde el lenguaje, la incomodidad que históricamente hemos sentido las mujeres que no hemos querido y sin embargo, se nos sigue representado en los códigos a favor de los hombres, quizás, pueda ser una experiencia reveladora.
Así mismo, dado a que siento gran agradecimiento y respeto hacia los interlocutores hombres que han colaborado con esta investigación, usaré sustantivos epicenos en la medida de lo posible, sin embargo, en los sustantivos que haya que anteponer un artículo que implique dicotomías masculino/femenino, lo usaré a favor de lo femenino; me disculpo de antemano, pero también sé, que esta actitud en el colectivo BL no le llega ni a los tobillos al despotismo al que nos tiene acostumbrada el BL tailandés, además es una incitación a repensar las actitudes gaycentristas viriles idealizadas que han marginalizado a las trans, travestidos o maricas locas, plumosas, alegres, indiscretas y no reservadas, actitudes que no se diferencian mucho de la que se exigen cambiar la mayoría de gays, a los sectores más homófobos y clasistas que condicionan su representación.
Por consiguiente, en el primer capítulo titulado una teoría arpía de reconocimiento, encontrarás un abordaje teórico transversal, contextual radical y sin garantías, sustentado en las articulaciones hechas por la filósofa Judith Butler en Deshacer el Género (2006), basada en argumentos sobre reconocimiento de la psicoanalista Jessica Benjamín y la tradición hegeliana para explicar la experiencia y actitudes en tendencia por la que pasa la fan del BL al inmiscuirse como sujeta activa dentro de las redes BL, pensando dicha experiencia como una experiencia de disputas por reconocimiento en un campo altamente riesgoso, como lo son las redes de fanes.
Anclado a lo anterior, el segundo capítulo llamado los goces de las arpías del BL, pretende a que te aproximes a comprender los deseos y prácticas de goce de las fanes
latinoamericanas como motores que accionan sus quehaceres diarios alrededor de su interacción en el BL, aquí retomo el esquema de goce sexual que realicé en mi pregrado de antropología en 2015. También, se piensa al deseo sobre sujetos ciborgs desde la definición de la antropóloga Amber Case (2014) para tratar de ver prácticas gozosas más allá de lo que se consideraría común. Este apartado es enriquecido con discusiones teóricas-activistas de autoras como
Virginie Despentes (2006) en Teoría KingKong, y Gayle Rubin (1989) en reflexionando sobre el sexo: notas para una teoría radical de la sexualidad. También se abordan postulados sobre distinción del sociólogo Pierre Bourdieu (1998), además de argumentos en relación con el arte y violencia del antropólogo Carlos Granés (2011), para poner en evidencia los límites de lo
permitido o no permitido en las redes de fanes entre la ficción y lo actual.
En el tercer capítulo, Mujer Transgénero Cissexual Masculino Heterosexual se virtualiza una categorización de género en el orden: Identidad de género > condición de género >
condición sexual > sexo > orientación sexual, como una propuesta en donde el prosumo de medios entra a usurpar el trono que ha tenido el sexo como pilar a la hora de definir una
identidad de género, pretendiendo abrir un paraguas de identidades más horizontales incluyendo a las dicotomías dominantes. Aquí, las redes de fanes de BL y sus prácticas alrededor del
prosumo del BL son un respaldo eficaz para evidenciar la obsolescencia de las categorizaciones de género dicotómicas hombre-mujer, junto con sus esencialismos naturalistas.
En el cuarto capítulo, De consumidora a prosumidora: Los contraataques de las arpías, relaciona elementos que dan cuenta del intercambio y circulación de los contenidos de BL principalmente entre Tailandia y los países latinoamericanos con mayor número de fanes. Allí se describen los canales y metodologías de interacción, resaltando el rol activo que juegan las fanes para crear, aumentar o fidelizar sus audiencias en la búsqueda de reconocimiento en algún
pedazo de la oleada BL, sin embargo, se hace hincapié en cómo estos esfuerzos latinoamericanos a pesar de pretender ser disidentes quedan como neófitas timoratas al lado de las producciones asiáticas, pese a la “democratización” u “apertura” que profesan los procesos de globalización.
Aquí, la discusión se da usando como base, el mapa de redes y paredes propuesta por la antropóloga Paula Sibilia.
Finalmente, en el quinto y último capítulo llamado Retornando a la etnografía desde la etnografía virtual, redactado principalmente para pares académicos, se describe la metodología empleada para realizar esta investigación-intervención, a su vez, se hace una crítica a las cuestiones que han estado en juego a la hora de agregar epítetos a la etnografía como lo es el caso de la etnografía virtual o digital, mientras se propone retornar a llamar simplemente etnografía al que hacer etnográfico junto con lo que implica (campo, reflexividad, métodos y técnicas), independiente de su mutación u adaptación a los artefactos de comunicación del momento.
Una Teoría Arpía de Reconocimiento
Encontrar una teoría que aborde de manera compleja y sistemática el fenómeno de las fanes del Boys Love (BL) en las Américas Latinas, ha sido una tarea compleja, en especial, porque lo que hay son estudios desde la comunicación, la antropología y la sociología quienes han examinado el fenómeno respondiendo desde sus lentes disciplinares. Sin embargo, como estas disciplinas se enuncian desde unas aristas esencialistas o imparciales, sus resultados, carecen de potencial político atrevido para sembrar inconformidades e impulsar a la acción. Para lo cual, desde el permiso que me otorgan los estudios culturales, he armado lo que aquí
denomino una teoría arpía de reconocimiento, con retazos de los elementos teóricos articulados por la filósofa Judith Butler en Deshacer el género (2006), para evidenciar cómo las fanes
latinoamericanas del BL nos disputamos reconocimientos en los campos del goce, la identidad de género, y el prosumo de medios. En este sentido, basada en la psicoanalista Jessica Benjamin, Butler (2006) define al reconocimiento como,
la condición bajo la cual el ser humano logra la comprensión psíquica de su propio yo y su aceptación (…) No es la simple presentación de un sujeto por otro que facilita el reconocimiento del sujeto que se presenta a sí mismo por el otro. Más bien es el proceso que se inicia cuando el sujeto y el otro entienden que se están reflejando a sí mismos mutuamente, no siendo este reflejo el resultado de la fusión del uno con el otro (a través de una identificación incorporativa, por ejemplo), ni una proyección que aniquila la alteridad del otro (…) el reconocimiento implica que estamos viendo al otro como alguien separado pero estructurado físicamente en formas que compartimos. (p.189) Asimismo, señala que “dado que la vida psíquica humana se caracteriza tanto por los deseos de omnipotencia como por los de contacto, vacila entre «relacionarse con el objeto y reconocer el Otro externo».” (Butler (2006, p.191). Esta omnipotencia a mi parecer es una actitud clave para pensar el horizonte que perfilan nuestros comportamientos en las redes de fanes del BL, en las que cada una buscamos distinción principalmente de unos agentes de socialización primarios como lo son en este caso, la familia consanguínea o las vecinas del barrio.
Para lo cual, desde mi apuesta para una teoría arpía, me posiciono en la noción de que toda unidad de conciencia humana1 busca reconocimiento, incluso en los escenarios donde se
desea escapar de un reconocimiento que le antecede o le sujeta en una colectividad A mayoritaria a la cual quiere renunciar, requiere necesariamente de unos referentes de una colectividad B sobre los cuales reconocerse para finalmente desprenderse de la colectividad A, Sin embargo, una vez dado su reconocimiento en una colectividad B, se sentirá en la necesidad de migrar a otra colectividad más reducida como AB y así sucesivamente, a fin de reconocerse y distinguirse en un colectivo minoritario, reducido pero más omnipotente (ver gráfico
1).
Bajo esta lógica, las colectividades minoritarias no somos víctimas, sino que más bien, reconocemos que
victimización es el proceso mediante el cual los grupos mayoritarios nos subalternizan a estas colectividades mínimamente representadas, con el temor de no perder el control sobre estos, para lo cual se hace necesario el ejercicio de violencia, precisamente porque estas sujetas le huyen a ser controladas por los valores del montón. Así, por ejemplo, un discurso heteronormativo de reconocimiento asumiría que las identidades transgénero, somos identidades indefensas que
1 Usaré el término de unidad conciencia humana, en lugar de persona o a simplemente de ser humano, ya que estos términos presentan una discusión desde la bioética en donde “persona es un ser que posee una serie de cualidades como autorreflexión y conciencia. Ahora bien, de hecho, no todos los seres humanos tienen esas
cualidades y, por el contrario, hay o puede haber seres no humanos que también las tienen. Por tanto, en contra de lo que podría parecer inicialmente, ambos términos no coinciden. La persona requiere un respeto absoluto, según el lema kantiano que impide su instrumentalización, pero no así los seres humanos. Estos requieren también un respeto, pero no absoluto, sino que se debería determinar en cada caso, según las cualidades o características que presenten. (Burgos Velasco, 2008, p. 434)”. En este sentido, siento que usar el término de persona o de humano, aún incita a poner en el centro al cuerpo humano como algo autoconstituido, relegando los artefactos tecnológicos con los que se interactúa y que no sólo juegan un papel fundamental en la constitución de una conciencia humana, sino que son constitutivos del ser.
Ilustración 1. Esquema de Reconocimiento Arpía
hemos sufrido mucha violencia a raíz de la exclusión que los grupos cisgénero han aplicado sobre nosotras, pero ahora nos reconocen como tal y nos protegen, siempre y cuando contribuyamos a reproducir nuestra condición de víctima indefensa.
Con mi apuesta arpía de reconocimiento, diría que las identidades de transgénero, no es que poseamos una condición intrínseca trans previa a nuestras vivencias culturales, sino que nos hicimos transgénero porque vimos aquí una manera de joderles la aburrida, normalizada y sistemática vida que co-opta nuestra existencia, de tal modo que, si logran incluirnos dentro de su sistema, significa que ha llegado la hora de migrar a otro edificio más problemático a fin de seguir esa piedra en el zapato. Empero, en ese ejercicio de “sujeta problemática”, vivimos en un alto y consciente riesgo de ser aniquiladas. Para tratar de hacer esta teoría más clara, pongo como ejemplo personal, el caso donde un día mi madre me dijo que si yo hubiese sido mujer (para ella ser mujer se reduce a nacer en un cuerpo femenino), ya tuviese un montón de hijos, (por lo promiscua que yo aparentaba ser), a lo que le respondí que estaba equivocada, que, si yo hubiese nacido en un cuerpo femenino, muy probablemente hubiese sido lesbiana.
Ahora, aplicado al campo del goce sexual, aparece el término del deseo
el deseo es siempre deseo de reconocimiento y que cualquiera de nosotros se constituye como ser viable únicamente a través de la experiencia del reconocimiento […]
los términos que nos permiten ser reconocidos como humanos son articulados socialmente y son variables. Y, en ocasiones, los mismos términos que confieren la cualidad de “humano” a ciertos individuos son aquellos que privan a otros de la
posibilidad de conseguir dicho estatus, produciendo así un diferencial entre lo humano y lo menos que humano. (Butler, 2006, p. 14)
Bajo esta premisa, pareciera que existen seres humanos que no son tratados como tal, es decir, que sobre ellas no hay un ningún respeto como especies dignas de vivir y disfrutar la vida.
Esta falta de reconocimiento como lo que yo actualizaría bajo el término de unidad de conciencia humana se produce en la medida en que estas se alejan de las prácticas históricas y consensuadas en los límites de lo normal, pero al mismo tiempo, en el momento en que lo normal nos atosiga.
Desde esta teoría arpía abogamos por la posibilidad explorar esos límites, y que las prácticas que nos conducen a salir de la norma, no siempre son prácticas o deseos innatos que ya estaban allí, y a los cuales hay que darles inteligibilidad después de pasar por una temporada de persecución y victimización (la persecución y victimización aparecerían como estrategias de manipulación de
percepción de la realidades de las otras unidades de conciencia por parte de quienes gobiernan lo normal) sino que, son prácticas o deseos que se originaron a raíz del deseo de ser reconocida, más que como una sujeta con vida, como una sujeta omnipotente (una ser suprema que todo lo puede), donde necesariamente para ganar esa admiración, necesariamente una debe de visitar y sobrevivir a los sótanos del infierno, a hacer prácticas que provoquen la necesidad de quienes vigilan la norma a que se atormenten con nuestra existencia.
Incluso, en los casos donde las personas logran nombrar su deseo de no ser reconocidos dentro de X o Y identidad, si continúan con vida, automáticamente se están subsumiendo en otra colectividad emergente que evidentemente virtualizará en su momento un espacio de
normalización, así como brindará unas grietas para escapar de ella. Este sistema que normaliza es un sistema patriarcal capitalista, que necesariamente implica jerarquizar o pensar a unos otros subalternos y a un nosotros “normal”, condición que se puede alcanzar a través de jugar a las lógicas del mercado, y esto a su vez busca permear y capitalizar, los más profundos de nuestros deseos.
Igual que el género, la sexualidad es política. Está organizada en sistemas de poder que alientan y recompensan a algunos individuos y actividades, mientras que castigan y suprimen a otros y otras. Al igual que la organización capitalista del trabajo y su distribución de recompensas y poderes, el moderno sistema sexual ha sido objeto de lucha política desde que apareció, y como tal se ha desarrollado. Pero si las disputas entre trabajo y capital están mistificadas, los conflictos sexuales están completamente
camuflados. (Rubin, 1959, p. 56)
Sin embargo, desde mi posición arpía, invito a pensar en que la represión no debe pensarse sólo como una fuerza que ejerce unos grupos dominantes y reducidos sobre otras
colectividades populares y/o marginalizadas, sino también pensar a la represión como un síntoma o mal necesario para validar el camino hacia el reconocimiento como unidad de conciencia omnipotente. Aquí, los colectivos de fanes del BL entraríamos como esas subjetividades problemáticas, conflictivas o volátiles, en donde no importa qué tantos espacios seguros e inteligibles tengamos a nuestro alcance para así crear nuestros propios campos de riesgo a fin de experimentar un autorreconocimiento como persona autosuficiente.
En este orden de ideas, entendiendo al reconocimiento como un mecanismo donde se disputa el poder y donde está en juego la vida misma a través de la lucha por la calidad de
persona en diferentes colectividades y después de identificar unos síntomas de vacío (esto se argumenta en el primer capítulo el goce de las arpías del BL) en varias personas que pertenecen a las redes de fanes del BL y en mi experiencia misma. Veo necesario pensar esta lógica de reconocimiento arpía que permita virtualizar, como contracultura, a una colectividad de fanes de BL que resiste y amenaza a la idea de pensarnos como sujetas pasivas, en desventaja y acríticas a la hora de prosumir en los contenidos de BL.
De Fujoshi a Mujer Arpía
Para pensar esta teoría arpía de reconocimiento, es necesario a su vez, pensar a una sujeta o unidad de conciencia ideal como representación viva de los caracteres que converjan en los quehaceres y las reivindicaciones de las fanes latinoamericanas del BL. Actualmente, el nombre con el que se reconocen a estas fanes es Fujoshi, pero este no es particular de las redes de fanes latinoamericanas, sino que engloba a las fanes del BL de todo el mundo. Fujoshi es un término de origen japonés que traduce literalmente a “chica podrida” (Galbraith, 2009, p. 79) y es un concepto popularizado a nivel mundial para referirse a las fanes del BL y el Yaoi en general.
Este término tiene un antónimo con el cual se conoce a los hombres, que es Fundanshi, es decir, se parte de la dicotomía de género hombre/mujer para separar y segmentar a la audiencia en las colectivas fanes latinoamericanas del BL, pese a que este sea principalmente un producto creado por mujeres, para mujeres.
Ahora bien, debido a la necesidad política de reivindicar desde los términos, propongo pensar a las fanes latinoamericanas del BL, como mujeres arpías en lugar de fujoshi. Por un lado, para intentar descolonizar (o desorientalizar en este caso), el significante de las redes de fanes con palabras del idioma dominante por estas latitudes, que es el castellano. Por el otro, para denotar el carácter arpía como una manera de resistir o hacer frente al bombardeo tailandés de BL o más bien, para resaltar el carácter de prosumidora corrupta en una cadena de producción, por encima de una actitud de consumidora pasiva. Para esto, veo en el mito de las arpías, las cualidades de reivindicación perfecta para legitimar desde latitudes latinoamericanes disputas por múltiples reconocimientos.
“En la mitología griega, las Harpías o Arpías (en griego antiguo Ἇρπυια
Hárpyia, ‘que vuela y saquea’) eran inicialmente seres con apariencia de hermosas mujeres aladas, cuyo cometido principal era hacer cumplir el castigo
impuesto por Zeus a Fineo: valiéndose de su capacidad de volar, robaban continuamente la comida de aquel antes de que pudiera tomarla. Esto las llevó a pelear contra los Argonautas. En tradiciones posteriores fueron transformadas en genio maléfico con cuerpo de ave de rapiña, horrendo rostro de mujer, orejas de oso y afiladas garras, que llevaban consigo tempestades, pestes e infortunio. Esta es la forma que acabó por imponerse y que ha perdurado hasta la actualidad”. (Harpías, s.f.)
Como vemos en la ilustración 2, una arpía además de repugnante, atemorizante o podrida como las fujoshi, tienen alas las cuales simbolizarían el carácter de ser esquivas. Esta imagen en particular del artista Yefim Kliherman, me gusta, porque me remite a pensar a una mujer cansada, violentada, violada, enajenada, golpeada, expropiada, repudiada, pero jamás victimizada. La no victimización es otra condición para complementar a esta teoría arpía de reconocimiento, en donde, pese a unas condiciones de violencias que se ejerce sobre nuestras unidades de conciencia, las asumimos, nos quitamos el polvo y seguimos en nuestro camino hacia la omnipotencia.
En este sentido, pensar a las fanes de BL como mujeres arpías, en lugar de fujoshis cuasi ininteligibles para el lenguaje castellano, es al mismo tiempo una apuesta política; es una manera de auto-reconocernos en una colectividad como mujeres latinoamericanas que desplegamos nuestros deseos entre prácticas que pueden verse como ilegítimas, pero que al mismo tiempo es una manera de vivir con sentido en unas estructuras de normalización que nos han violentado,
Ilustración 2. Yefim Kligerman. (2012)
por lo tanto, se constituyen en prácticas de resistencia justificables ante nuestra colectiva de fanes. Así mismo, pensar la representación como bestia alada es también una forma de volver mierda las representaciones de las mujeres bellas y princesas para el consumo de los hombres, decirle al mundo que las mujeres también somos arrechas, también podemos ser repugnantes, que también nos pica el gallo. Necesariamente se generará esas representaciones monstruosas, pero en este momento, es de lo que nos valemos para hacer frente a un patriarcado estructural que nos ha venido condenando.
Los Goces de las Arpías del BL
“Una en la calle se encuentra a cualquier animal feroz, uno tiene que ser sabia pa’ liar con ese poco de animales feroz”
[sic]
Las Maroo (2021)
Tailandia, cuna de los animales feroces en la producción de entretenimiento juvenil del mundo, pare una serie audiovisual de Boys Love (BL) y en un instante, invade las vísceras de sus enamoradas habidas y por haber. Esta nueva bestia tailandesa seduce de primera mano a sus connacionales por la compatibilidad del idioma, luego, se expande al resto del mundo, principalmente a través de subtítulos oficiales en inglés que hace las veces de centro de
intercambio lingüístico (aunque en los casos en los que la seducida domina el idioma tailandés, se omite este canal anglo céntrico). La seducida cae en sus garras sin resistencia alguna, dedica su atención a su nuevo amado y pone en riesgo la valoración positiva que ha tenido hacia sus agentes de socialización primarios que les han sostenido, su familia, sus amigos, sus conocidos;
las personas a su alrededor más cercano empiezan a parecerles feas, empiezan a fastidiarle por su presencia mediocre, por su falta de seducción y en algunos casos, empiezan a ser objetos de odio.
Por otro lado, el animal feroz la hace sentir como niña virgen cuando le dan su primer beso, la sube a una nube y la sostiene allí por tres meses visitándola una hora por semana a escondidas de su familia nuclear, entonces, pasados tres meses, el amado no vuelve más o se va por una larga temporada, la nube se desvanece y la amante cae en seco como una plasta de mierda, pero aún viva. Levanta su cara y mira a su alrededor, no hay nadie, se huele, está
podrida, se siente confundida, ¿ha sido abusada quizás? La amante se levanta, empieza a caminar agonizando y a llamar a su amado: -TharnType, ¿dónde estás? - El amado no aparece, sigue caminando y se encuentra con sus familiares y conocidos quienes empiezan a notarla rara, la huelen mal, - ¿te ha pasado algo? -, le preguntan, ella decide callar, - no es nada-, le avergüenza hablar de su reciente suceso a quienes llegó a menospreciar en su momento, a proyectar como inferior o idiotas. Va al baño y lava su cuerpo, sin embargo, sigue sintiéndose podrida por dentro, no sabe con quién hablar.
Regresa a su cuarto, vuelve a internet, lugar donde conoció a su amado por primera vez, sabe que posiblemente no le volverá a ver, escribe su nombre en Facebook y descubre a un grupo
de amantes, se da cuenta que no era la única a quien el desgraciado subió a las nubes y dejó caer, que su amado era un perro mujeriego, no la mató, porque desde un principio su amado le advirtió que no quería compromisos, por eso ella dejó algunos amortiguadores antes de caer, sin
embargo, nunca le avisó que su partida sería más temprano que tarde, la dejaría con un gran vacío.
La amante, decepcionada al principio por darse cuenta de que no era la única a quien su amado engatusó, sabe que, con estas otras examantes de latitudes lejanas e hispanohablantes, también conocidas como fanes latinoamericanas de BL, son el medio más probable para reencontrarse con el infeliz que la enamoró si es que llega a aparecer, para elaborar su duelo o simplemente, para encontrar a otro clavo que le ayude a sacarse a su clavo. Sabe que no hay vuelta atrás, y así pasa, con el paso del tiempo, encuentra a otro amado y repite la historia, sube como palma y cae como coco, su cuerpo empieza a acostumbrarse a este nuevo hábito, ¿se ha vuelto masoquista, quizás? O simplemente lo repite porque en cada intento mejora su
amortiguador, llega al punto de sentirse retadora, ¿se está entrenando para la guerra? No sólo es viciosa, quiere venganza, quiere llegar a la cuna de donde provienen estos animales feroces, así que empieza a cambiar su posición de mujer podrida a mujer arpía. Ella necesita crear otras audiencias que hagan de almohadilla, se convierte en una traductora, una editora, una administradora o generadora de contenidos piratas para entrenarse junto con su milicia de mujeres abandonadas por animales tailandeses; no siente culpa por su deseo de usurpar el trono de sus amados o de llegar a la raíz de donde estas bestias provienen, por el contrario, siente que se justifica realizar actos corruptos como interpelación a un acto de violencia impune que no logra nombrar, sólo sentirla. ¿Busca justicia o tiene hambre de poder?
He creado previo relato a fin de sumergirles un poco en el juego de tensiones que se vive en a la hora de sumergirse BL y dar lugar a nuestros goces, es un tire y afloje entre la seducción de las producciones tailandesas y un descontento entre nuestra realidad alejada a ese mundo que nos vende la ficción. Sin embargo, nuestro deleite es principalmente voyerista2 De tal modo que
2 El voyerismo o voyeurismo es el nombre que se le da a una parafilia que consiste en observar a otra persona, o grupo de personas, durante sus relaciones sexuales o de carácter privado. Por lo general quienes presentan esta conducta, conocidos como voyeruristas o voyeristas, no participan de la actividad sexual observada.
(Voyerismo, s.f.)
nuestros deseos de amor más allá de que los guapos asiáticos vivan una relación de amor tóxico- romántico con cada una de nosotras, lo vivan con otros chicos y nosotras podamos evidenciarlo.
El deleite se intensifica si uno de los chicos, no muestra una actitud activista gay, sino que, por el contrario, como veremos a continuación, vive su sexualidad de una manera discreta sin renunciar a su identidad de hombre.
¡Él No es Gay, Sólo le Gusta Él!
“¿Ustedes saben cómo se llama el BL donde el protagonista no es gay, sólo le gusta él?”
(Kim Kim, 2020), fue una pregunta con trasfondo de broma que lanzó una de las fanes en uno de los grupos en Facebook, de inmediato, la red empezó a reaccionar con “me diviertes”, pero al mismo tiempo las fanes iniciamos a comentar (puede que también en el mismo tono para seguir la corriente) mencionando cada una de las series BL donde sucede eso, otras quizás menos inocente decían que todos, y un comentario en particular dijo que “En TharnType él no sólo no es gay, sino que odia a los gays”. La cuestión es que este evento en particular fue un caso de complicidad al descubierto que nos causaba risa, como esos chistes que denotan una
incoherencia entre lo que decimos y lo que hacemos, o como esos casos donde te atrapan con las manos en la masa.
Dicha publicación causó risa porque puso en evidencia lo que yo llamo la locafobia (fobia a gays locas, amanerados, plumosas, no viriles) que se reproduce en el prosumo de BL, lo cual está articulado a su vez, con las representaciones literarias de BL como manifestación de unos placeres de mujeres que no están en lo más mínimo interesadas en la lucha contra la homofobia, transfobia o bifobia; sino que normalmente se valen de esos enunciados como una barrera protectora ante los públicos no fanes del BL que podrían castigarnos, no porque estemos podridas y arrechas, sino porque lo hagamos evidente, porque demostremos nuestra capacidad de atrevimiento, de cinismo, de empoderamiento, valores que normalmente sólo son aplaudidos a los hombres. En este sentido, la mayoría de las fanes tememos a ser catalogadas como tal, porque inmediatamente seríamos descalificadas como personas humanas merecedoras de protección, muy alineada con la premisa que cita Virginie Despentes (2006) sobre «Liberémonos, pero no demasiado. Queremos jugar el juego, no queremos poderes vinculados con el falo, no queremos asustar a nadie.» (p.12). De allí, la necesidad de invocar a la subjetividad arpía, pues a diferencia
de las princesas, estas son directamente repugnantes y una representación mucho más viril, más agresiva y libre de una feminidad que no tiene la mínima pretensión de agradar a los hombres.
Este temor, alimenta a la vez los modos de escritura y los actos de reconocerse en el BL no como lo que somos, sino como lo que desearíamos ser, pero el desear, aunque puede ser una fuerza direccional y motivacional, también puede ser un tormento que nos lleve a reproducir prácticas de violencia cuando no conseguimos lo que aspiramos. También, aunque muchas sólo lo nombren simples gustos, las prácticas y las representaciones muestran cómo ese aparente simple gusto reproduce la voluntad del hetero-normativismo, que se puede poner en tela de juicio al preguntarnos si es un inofensivo gusto ¿por qué este gusto no se desarrolla igualmente hacia otros dramas o romances no BL y con la misma intensidad?, ¿por qué necesariamente el BL como una alternativa de exploración de la sexualidad juvenil de las mujeres si igualmente en los dramas no BL las unidades de conciencia en cuerpos femeninos tienen un lugar de
representación para la exploración de dicha sexualidad?, en el intento de tratar de responder a estas preguntas, una fan menciona que:
yo creo que el BL sí nace de la escritura de la mujer para explorar su propio cuerpo y también es un empoderamiento; sin embargo creo, que a pesar de que ese no sea el fin, que en realidad tenga otro propósito, pues como que hay una consecuencia
colateral, que no lo pueden salvar, que no lo pueden evitar, porque, a pesar de que ponen a un hombre, tienen que desestructurar a ese hombre, porque no está correspondiendo al final a lo que se supone que la sociedad, la cultura, ha dicho lo que debe ser. Y yo creo que también nos gusta a las mujeres, porque es una escritura femenina, y aquí vengo, las historias de amor, la mayoría que nos han hecho al público heterosexual, vamos a decirlo así, han sido hombres, entonces, los hombres nos han dicho cómo debe ser el amor, cómo debes enamorarte, cómo debes ser tú, entonces siempre tiene una carga moral; entonces, ahora sucede que las mujeres están escribiendo este amor, entonces, creo que unas no aceptan ciertas cosas, otras sí, pero también hay que ver esta consecuencia colateral al final. (Interlocutora 1)3
Esta postura no es nada nuevo, ya autoras como Irina Machío (2020) lanzaban la hipótesis de que “el manga yaoi, aunque no tenga como propósito representar al colectivo gay,
3 Interlocutora 1. Grupo focal por Google Meet. 6 de Julio de 2021
retrata la homosexualidad de una manera estereotipada, tóxica y engañosa que dista en gran medida de la realidad de los hombres y parejas gays y que puede influir negativamente en la percepción de la comunidad” (p.18) Es decir, este empoderamiento de las fanes a través de la escritura representa unos deseos o crean una demanda sobre cómo las mujeres soñamos a los hombres, cómo queremos tratar y que nos traten.
También es importante señalar que las fanes normalmente buscamos representarnos con alguno de los personajes en una relación, no porque no seamos pretendidas en nuestras vidas actuales y cotidianas, sino porque dichas pretensiones vienen comúnmente contaminadas del dominio del patriarcado en el que estamos cosificadas. De allí, que nuestra pasión en el BL pueda pensarse también como una venganza, como una manera de dibujar a esos masculinos viriles en situaciones románticas con otros de su mismo sexo, cosa que en el extremo hetero normativista pone en evidencia comúnmente, el pánico de los masculinos. Por tal razón es supremamente importante la virilidad en los personajes del BL, y aunque también hay personajes locas u amanerados, estos aún no llegan a estar un papel protagónico o tienden a estar dentro del grupo de fanáticas dentro de la historia o cualquier otro personaje subordinado o solitario.
Por otro lado, la misma gracia que genera la trama imperante en el que al protagonista no le gustan los hombres, sino que sólo le gusta uno en particular, aparece como una demanda de las escritoras en desarticular la efectividad del género sobre el goce, pues como bien mencionaba en el capítulo anterior, el género opera en un plano de la inteligibilidad mientras que lo gozoso en lo clandestino, ya que el deseo no se puede nombrar y si se cree nombrarlo, ya ha muerto. En este sentido, que al chico heterosexual le guste otro chico sobre todas las cosas, evidencia
precisamente que la fuerza del deseo no tiene límites, sin embargo, los límites inteligibles son necesarias para que dicho goce tenga efecto.
Orgasmos
Para explicar esto del goce como aquello que no se logra nombrar, acudiré al mismo esquema que desarrollé en mi tesis de pregrado (Murieles, 2015) influenciado por la hipótesis represiva de Michael Foucault (1998), la sexualidad y el poder de la filósofa Esther Díaz (2014), y la Teoría del Actor Red de Bruno Latour (2008), que, aunque no simplifica ninguna
manifestación del goce, pone unas secuencias por las que comúnmente pasa cualquier unidad de conciencia en esa exploración del goce.
En este esquema, sitúo en el centro a un actante de deseo que hace referencia a aquél significante clave que haría las veces de interfaz fugaz y exclusivo al que desemboca cualquier unidad de conciencia. El actante de deseo dominante es, por ejemplo, los órganos sexuados como pene, vagina, senos y culo. Sin embargo, estos órganos no producen intrínsecamente goce si no es a través de una serie de normas culturales que le dotan de
significado, en donde, por ejemplo, que una uróloga que examine penes a diario no implica necesariamente que esté en una relación de morbo, porque dentro su código de profesión, eso es un simple objeto de estudio e intervención. Ahora, que ese mismo pene se vea en una situación de penetración ya sea en una boca, vagina o ano, tampoco es garantía de que esté inmerso dentro de una lógica sexual si dicha penetración se da entre trabajadores de la industria pornográfica con luces y cámaras sobre sí.
Aquí la teoría del actor red de Latour (2008) sirve para tomar de ella su principio de simetría y así poner en igual condición de relevancia tanto a los actores humanos como no humanos que intervienen en una agencia. Esta, además, aunque no la uso pretendiendo abogar por una postura neutral, me parece muy eficaz para empezar a descentrar posturas
antropocéntricas con el mismo discurso de la imparcialidad sobre la que se instauró durante el período de la ilustración. Es decir, mi intención es invitar a quitar al cuerpo humano como principal agente sexual, ya que dichas posturas antropocéntricas, han llevado a subalternizar otras prácticas igualmente gozosas, pero que escapan o se alejan de lo permitido. Para complementar esto, la antropóloga Gayle Rubin menciona que,
En la cultura occidental, el sexo se toma, incluso, demasiado en serio. No se tacha a una persona de inmoral, no se le envía a prisión, ni se le expulsa de su familia, porque le guste la cocina con muchas especias. Pero un individuo, quizá tenga que sufrir todo esto y más porque le guste el cuero de un zapato. En última instancia, ¿qué posible importancia social puede tener que a una persona le guste masturbarse con un zapato?,
Norma
Morbo
Pulsión deseante Encuentro
con el actante de
deseo Culpa y
castigo
Ilustración 3. Esquema del Goce Sexual
quizá no sea, incluso, consensuado, pero ya que no le pedimos permiso a nuestros zapatos para llevarlos puestos, difícilmente puede parecer necesario pedírselo para correrse encima de ellos. (Rubin, 1989)
Bajo este caso, por ejemplo, en el que un zapato que no tiene conciencia pero que sí tiene agencia, la relación, aunque no sea sincrónicamente entre dos unidades de conciencia, sí sigue siendo una relación sexual interpersonal porque el zapato no se produce solo, habría que mirar la marca, la talla, el estilo, su dueño, o cualquier otra variable que le dote de sentido y que le conviertan en un actante de deseo. Bajo esta premisa, el término de “asexualidad” muy recientemente auto-aplicado sobre unidades de conciencias humanas, carecería de sentido, ya que normalmente se acude a dicha noción para argumentar que no se tiene atracción sexual por ninguna persona, lo cual no significa que esa persona no desarrolle prácticas gozosas y de deseo;
creería yo que toda unidad de conciencia humana debe tener cosas u experiencias que deseen y gocen.
Sin embargo, no cualquier experiencia de goce se puede llamar sexual, para esto, dicho práctica u actante debe estar rodeada de otros elementos que pasen por una percepción de normalidad, las cuales a su vez generan unas grietas donde se produce un morbo, entendiendo a esta como aquél atractivo o deleite que genera alguna práctica que está prohibida, censurada u reservada, lo cual activa la pulsión deseante como ese deseo o fuerza que nos mueve a hacer cosas a fin de encontrarnos con esa práctica. Ese referente, ese actante de deseo que es el acto sexual como tal, ya sea con otra persona, con un zapato, consumiendo una serie, republicando una serie BL subtitulada sin autorización de los creadores oficiales y demás prácticas que generan una satisfacción, pero que a su vez, una vez consumada tiende a producir culpa y en muchos casos implica castigo, en donde las unidades de conciencia humana en su necesidad de salir de ella condición de culpabilidad inicia a buscar o crear nuevos referentes de normalidad.
De allí que, a lo largo de la historia y en contextos particulares, vemos cómo ciertos actantes se van permitiendo, pero que una vez cae en el plano de lo normal, carecen de morbo y, por ende, habría que empezar a buscar nuevas grietas para dar lugar a la actitud gozosa.
En el esquema que usé en mi tesis de pregrado, posicionaba en el centro a un actante de deseo como aquél significante sobre el cual se podría explicar qué es lo normal, lo morboso, la pulsión deseante, el encuentro con el actante y finalmente, la culpa y el castigo. Ahora he quitado a un actante del deseo del centro, porque ahora haciéndolo un poco mas complejo, creería que
ese actante realmente no es fijo, sino que va transformándose en los intentos de encontrarse con ello, para lo cual, el actante de deseo seguiría siendo parte del esquema, pero ya no sería algo fijo. En las redes del BL, por ejemplo, un significante que ha movido mis pasiones deseantes y la de otras arpías, ha sido el deseo de vivir un romance con un asiático de los dramas, pero en la medida en que empezamos a prosumir símbolos de sus culturas, como la música, aprender algunas palabras en su idioma o relacionarse con asiáticos por cualquier medio, la intensidad de la pulsión disminuye y por ende, el actante de deseo empieza también a cambiar a fin de
mantener la misma intensidad del morbo.
Asimismo, aterrizando este esquema a las redes de fanes latinoamericanas del BL, se puede decir que su principal goce más allá de ser la representación homoerótica, está en los encuentros con los actantes alrededor del prosumo, ya que como arpías comúnmente no tenemos problemas en expresar nuestros gustos u orientaciones sexuales diversas teniendo a la
monogamia heteronormativa como referente, por ese lado, ni nos avergonzamos, ni nos intimidamos (valores que aparecen en a diferentes niveles en relaciones sexuales). Esto puede deberse a que el sexo carne a carne, aunque algunas no lo practiquemos, no es un referente esencial para desplegar una vida sexual, en especial, contemplando el postulado cyborg
postulado por la antropóloga Amber Case (2010) en donde se hace evidente que las unidades de conciencia de personas humanas somos más que carne y hueso.
Me gustaría decirles a todos ustedes que son unos ciborgs, pero no del tipo que imaginan, no son ni Robocob, ni son Terminator, sino que son ciborgs cada vez que miran un monitor o usan algún dispositivo móvil (…) la definición tradicional dice que es un organismo al cual se le han agregado elementos exógenos con el fin de adaptarse a nuevos entornos (…) pero ahora lo que observamos no es una extensión física del yo, sino una extensión del yo mental y por eso es que podemos viajar más rápido y comunicarnos de manera diferente. Y la otra cosa que sucede es que todos llevamos a cuesta tecnologías del tipo Mary Poppins, podemos agregarle lo que sea y no por eso pesará más y luego podemos quitarle lo que sea [Como lo son las memorias de los celulares o computadoras] (Case, 2010)
En mi caso, por ejemplo, perder mi computadora o quedarme sin acceso a internet, sería como si me hubiesen mochado mis extremidades corporales, ya que son extensiones de mi ser
que le dan sentido a mi existencia, no sólo como herramientas de trabajo o mediadoras, sino también como ocio o hábito.
En este escenario digital, cada vez más especializado, se van creando unas normas comportamentales que, como toda norma, obliga a generar unas grietas de escape y
transgresiones morbosas. La transgresión más común está en el uso y circulación informal de los contenidos, ya que la norma o lo que dentro de las redes de fanes concebimos como normal, es ver los contenidos a través de las plataformas oficiales y autorizadas, pero como la mayoría de series sólo se publican oficialmente con subtítulos en inglés ya sea en las plataformas de pago o gratuitas, entonces nos vemos en la morbosa necesidad de hackear los contenidos, traducirlos al español y las subirlos a nuestras plataformas a fin de armar a nuestra audiencia.
La traducción en el BL, básicamente consiste en que las arpías más experimentadas, bilingües o políglotas, navegan en páginas de internet donde puedan encontrar contenido BL original de Asia, principalmente de Tailandia, Corea del Sur, China y Japón. Entonces, ellas hackean el contenido en su idioma original y crean subtítulos al español para posteriormente resubir el contenido a sus propias plataformas a fin, de distribuir el contenido a toda la audiencia hispanohablante y crear una red de seguidores. Esta traducción se da principalmente del inglés al español, ya que la mayoría de creadoras de contenido crean subtítulos oficiales en idioma inglés para que estos lleguen a las audiencias angloparlantes o donde hay mayor concentración de poder.
Lo más curioso, es que, aunque reconocemos que esa es una práctica indebida, no dejamos de practicarla, sino que más bien, intentamos apaciguarlas poniendo un previo aviso de que el contenido que están a punto de ver se hace sin la intención de infringir los derechos de autor, pero infringiendo los derechos de autor. Allí se produce ese fenómeno de disfrutar de algo que conscientemente sabemos que está prohibido, pero nos gusta. En este sentido, traducir los contenidos sin consentimiento de las autoras, aunque puede justificarse, no deja de ser una manera de follar o incluso, de violar, ya que si los creadores no lo hicieron para la audiencia latinoamericana hispanohablante, debe ser por algo. Lo más formal allí sería estudiar inglés o tailandés para prosumir directamente en las plataformas oficiales ya sea gratuitas o de pago.
Asimismo, en los casos en los que las plataformas hayan puesto una restricción en donde el contenido sólo pueda verse en ciertos países, lo normal sería pagar un VPN (Servidor Virtual Privado).
La culpa o castigo que tensiona el goce en estos actos se manifiesta en las emociones negativas que muchas llegamos a experimentar posterior a una práctica de prosumo.
Ilustración 4. Datos Sentimientos Post-Prosumo
Bajo esta premisa, las emociones menos representativas con un (0,2%) que manifestaron experimentar las encuestadas, son la tranquilidad, reflexión, necesidad de proactividad,
esperanza, envidia, dolor, distracción, depresión, bienestar, ansiedad, adicción y aburrición;
luego, con un 0,4% de representatividad encontramos un ampliación de la perspectiva, culpa o malparidez existencial, nostalgia y expectativas sobre posibles nuevas temporadas de sus series favoritas; un 1,3% manifestó sentir excitación; luego el 1,5% no ha sentido nada distinto; el 1,7%
siente varias emociones dependiendo la trama y el desenlace de la historia BL sobre la que prosume; un 3,3% siente desespero; un 3,5% decepción. Ahora, entre las emociones más
representativas están la tristeza con un 13,7%; seguido de un 18,3% que corresponde a felicidad;
un 21,3% dice sentir satisfacción y la mayor emoción que experimentan las arpías del BL es la sensación de vacío con un 31,1%. Ese vacío que normalmente se experimentar después de llegar a la cumbre de una montaña, después de eyacular y luego quedar en el desconcierto sobre ¿qué viene después?
En este caso, el simple acto de ver las series de manera continua ya es una manera de gozar, en especial si las normas culturales del capitalismo enfatizan al tiempo de ocio como
tiempo perdido, es decir, muchas fanes pasamos horas continúas viendo series de BL que pueden afectar incluso las demandas de productividad de nuestras responsabilidades cotidianas.
Comencé a ver una serie que la verdad ya ni recuerdo, no la terminé de ver, pero ahí quedé super matada y me salían sugerencias de otras más y fue como todo el tiempo, como sacarle por lo menos 4 horas al día, osea, 4 horas era mucho para mí porque yo siempre he tenido mucha carga y pues me salían sugerencia de otras más y fue como todo el tiempo verlas y fue mucho para mí porque yo siempre tenía mucha carga, entonces era 4 horas que le dedicaba a veces los fines de semana, cuando no trabajaba era fin de semana corrido, tanto así que dejé de observarlas. (Interlocutora 2)4
Racismo y Clasismo
Antes de hablar de manifestaciones racismo, clasismo y violencia que como
prosumidoras del BL reproducimos, es importante señalar las tendencias que configuran lo normal dentro de estas redes, en este sentido, las identidades étnicas y/o raciales que
encontramos al margen de este colectivo están un caso de identidad mapuche (0,2%), seguido de la afro (0,7), negra (1,5%) e indígenas (5,2%). Ahora dentro de las dominantes en la
configuración de la latinoamericanidad fan del BL encontramos a las blancas (19,1%) y mestizas (69,8%).
En este sentido y aunque las arpías no lo mencionen, el racismo se hace evidente en la exaltación de los fenotipos de asiáticos blancos esbeltos, y la ausencia o
subordinación de identidades negras u indígenas en el plano de la
representación. Normalmente, este racismo se expresa a través del gusto, pues, aunque muchos mencionen que el gusto es un simple gusto y es
4 Entrevista por Google Meet. 3 de Julio de 2021
Ilustración 5. Gráfico Identidad Éttnica-Racial
algo subjetivo, al parecer unos más subjetivos que otros. Para el primer caso, al preguntar a las interlocutoras sobre el por qué el gusto hacia el BL asiático y no hacia otra, una de ellas mencionó que,
Porque lo vemos como algo exótico, nosotros estamos acostumbrados a nuestro ambiente, a las cosas que nos rodean y nos acostumbramos. Para nosotros son cosas extranjeras, extrañas, valga la redundancia, a nosotros, por lo cual, nos llama más la atención. Es lo mismo que pasa a los estadounidenses, a muchos de ellos les atrae las latinas porque la ven como algo exótico, ven a las mujeres con caderas más pronunciadas, con cuerpo más voluptuoso, entonces lo ven como algo extraño a ellos y eso les gusta.
Nosotros vemos a las cosas asiáticas porque estamos acostumbrados más que a ver ese tipo de contenidos, a no vivir en el mismo entorno, a ver las mismas cosas siempre.
Bueno, en Colombia, contenido BL con respecto a Latinoamérica, casi no he visto. Como soy de aquí de Ecuador, me inclino a ver cosas nuevas que no he visto, porque algo he de aprender nuevo. Claro que sí he visto contenido latinoamericano, por ejemplo, en
Colombia, Mariposas Verdes, muy bonito, pero uno se va más a lo exótico, a lo que sería nuevo para nosotros. Por eso siempre nos vamos más a lo asiático, porque siempre habrá algún amigo o familiar que le guste lo asiático, entonces nos va a inclinar hacia ese lado ya si queremos o no irnos, de allí viene ese estigma, más o menos. (Interlocutora 3).
Este enunciado evidencia la subjetivación de las arpías latinoamericanas de BL a través de la subjetivación de unos cuerpos masculinos juveniles hipersexuales, blancos y asiáticos. Es decir, aunque reconocemos por un lado que los cuerpos femeninos latinoamericanos han sido cosificados para el deleite de los cuerpos masculinos, por el otro, estamos objetivando unos cuerpos masculinos orientales para nuestro deleite; estamos virtualizando y reproduciendo esta misma lógica, pero a la inversa y sobre unidades de conciencia humana en cuerpos masculino de otras latitudes. Allí quiero hacer un llamado de atención, pues, aunque representar a los hombres en cursilerías y dramas románticos con las que nos han representado a nosotras, es una
consciente o inconsciente muestra de venganza, hay que tener mucho cuidado porque además de que estas acciones contribuyen a deslegitimar premisas feministas como la cosificación de los cuerpos, sea cual sea, es un problema que vamos cultivando para nosotras mismas y que detonará cuando nos encontremos con algún chico asiático que no responda a ese modelo de hombre idealizado y cosificado en el BL.
De manera interna, el racismo se hace evidente como una negación o descontento frente a nuestros propios cuerpos u actitudes que puedan no corresponder a los estereotipos dominantes de la feminidad latina para el deleite de los hombres. Incluso, con la negación del propio nombre o hasta del lenguaje. Por ejemplo, en la prueba piloto para la creación de contenido audiovisual de BL desde las Américas Latinas, llamó mucho mi atención que, de las convocadas para ser parte del elenco musical, varias audicionaron cantando en coreano, chino, tailandés o inglés, y una de ellas de Argentina al momento de preguntarle por qué cantó en inglés, respondió que le avergonzaba cantar en español.
Asimismo, varias se presentaron con nombres coreanos, y al revisar sus perfiles
personales en Facebook, una podría ver cómo reproducían ciertas estéticas como el peinado con el flequillo, el maquillaje, o expresiones taciturnas muy comunes en las series de BL. Con esto, no quiero decir que estos tipos de expresiones no puedan llegar a representar las
latinoamericanidades, pero se hace evidente una exploración de una búsqueda estética oriental basada en la imagen de sus ídolos en el mundo del entretenimiento. Aquí se da lo que el crítico Edward Said (2008) denominaría orientalismo, el cual,
es un estilo occidental que pretende dominar, reestructurar y tener autoridad sobre Oriente. Para definir el orientalismo me parece útil emplear la noción de discurso que Michel Foucault describe en L'Archéologiedu savoir y en Survei/ler el punir. Creo que, si no se examina el orientalismo corno W1 discurso, posiblemente no se comprenda esta disciplina tan sistemática a través de la cual la cultura europea ha sido capaz de
manipular e incluso dirigir Oriente desde un punto de vista político, sociológico, militar, ideológico, científico e imaginario a partir del periodo posterior a la ilustración. (p.21) Ahora, aterrizados a este trabajo, el orientalismo haría referencia a esos imaginarios que las arpías latinoamericanas del BL imaginamos sobre lo asiático, basadas en lo que nos venden sus productoras de entretenimiento BL, unas Asias que incluso muchas asiáticas desearían vivir pero que están muy lejos de sus realidades. En estos imaginarios destacan por ejemplo en la parte física, las pieles muy blancas, el cabello con flequillo, piel lampiña y afeitada y unas
corporalidades viriles más delgadas y no tan hipertrofiadas y por supuesto, los ojos rasgados. Y en la parte cultural, la idea de la fidelidad y compromiso de los asiáticos, de su entrega total, y de ser muy afectivos y a la vez taciturnos en las relaciones afectivas. Esto puede producir a su vez, un efecto colateral que no podemos permitirnos como el hecho de cosificar un cuerpo asiático, y
me imagino algún caso en el que un joven guapo tailandés ingrese a un grupo de arpías
latinoamericanas del BL y allí todas estemos a la ansiosa espera de que este se enamore de otro chico, o que se enamore de alguna de nosotras y nos trate con todo el romanticismo, lealtad y fidelidad que hemos imaginado de ellos, cuando pase y no sea así, nos daremos duro contra el muro.
Una vez impuesto esos imaginarios, las arpías latinoamericanas tendemos a buscar distinguirnos de nuestras prójimas latinoamericanas, a través del intento de adoptar estas
estéticas dominantes, hábitos o costumbres que imaginamos de las tailandesas o coreanas en este caso. Hay un goce narcisista a raíz de la distinción frente a referentes externos que nos brinda el espacio social el que nuestros cuerpos habitan. Frente a la distinción, el sociólogo Pierre
Bourdieu (1998) argumenta que,
la disposición estética es una dimensión de una relación distante y segura con el mundo y con los otros, que a su vez supone la seguridad y la distancia objetivas; una manifestación del sistema de disposiciones que producen los condicionamientos sociales asociados con una clase particular de las condiciones de existencia, cuando aquéllos toman la paradójica forma de la mayor libertad que puede concebirse, en un momento dado del tiempo, con respecto a las coacciones de la necesidad económica. Pero es también una expresión distintiva de una posición privilegiada en el espacio social, cuyo valor distintivo se determina objetivamente en la relación con expresiones engendradas a partir de condiciones diferentes. Como toda especie de gusto, une y separa; al ser el producto de unos condicionamientos asociados a una clase particular de condiciones de existencia, une a todos los que son producto de condiciones semejantes, pero
distinguiéndolos de todos los demás y en lo que tienen de más esencial, ya que el gusto es el principio de todo lo que se tiene, personas y cosas, y de todo lo que se es para los otros, de aquello por lo que uno se clasifica y por lo que le clasifican. (p.53)
Bajo esta premisa, el gusto por estas estas estéticas extranjeras tiene valor para las arpías del BL, porque les dan la sensación de sentirse úniques, exclusivos y de mejor clase social frente a quienes no lo adoptan. Estas fanes tienen en particular un deseo latente de incorporar símbolos de distinción, aunque a la final terminemos en colectividades con expresiones muy similares y más populares de lo que creeríamos. Por tal razón, no es gratuita que la mayoría anunciemos pertenecer a una clase media (63,5%), seguido de una clase media alta (20,2%). Pues, aunque no