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Anlisis de las posiciones historiogrficas presentes en la Academia de la Historia para 1930 (Mario Briceo-lragorry)

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Análisis de las posiciones

historiográficas presentes en la

Academia de la Historia para 1930

(Mario Briceño-lragorry)

Laura Febres Departamento de Humanidades Universidad Metropolitana

El artículo hace un análisis de los discursos académicos pertinentes para entender la visión de la Historia en Mario Briceño-lragorry, desde que ingre-sa en la Academia en 1930 hasta el año de 1935. En nuestra Academia de la Historia había muchas visiones interesantes, y que a veces entraban en con-flicto, acerca de lo que la Historia significaba como las de Pedro Manuel Arcaya, Francisco Tosta García, Caracciolo Parra León, Monseñor Navarro, César Zumeta y el mismo Mario Briceño-lragorry. Mostrar esa gama del pensa-miento histórico venezolano es el objetivo más importante de este artículo.

La Academia de la Historia no era para 1930, fecha en que ingresa Mario Briceño-lragorry, un terreno unilateral. En ella se expresaban por lo menos tres posiciones diferentes y muy valiosas frente a lo que la Historia significaba y distintos argumentos sobre los juicios acerca de hechos históricos concretos, que por su relevancia serán analizados aquí.

En cuanto a las tres posturas que dominaban nuestro panorama histórico nacional es definitivo el discurso de incorporación de Caracciolo Parra León («La Instrucción en Caracas, 1567-1725. 7 de Marzo de 1932) para señalar por lo menos dos: la romántica y la positivista.

«En una palabra, para los deterministas, la historia es una verdadera ciencia en que el arte no sobrepuja la dicción retórica y gramatical; mientras que para los románticos es antes que todo un arte, el arte que llamaba Michelet de la resurrección del pasado, en que la ciencia debe por fuerza reducirse a la simple crítica de los testimonios y de las ideas.»'

Sin embargo, frente a estas dos posiciones que tenían sus orígenes en la cultura occidental del siglo XIX, existen algunas proposiciones de ciertas posturas autóctonas frente a la Historia, que deben ser analizadas por su originalidad.

La primera de ellas y que juega una papel relevante para comprender la posición del autor que aquí nos ocupa es la discusión de los orígenes de nuestra identidad. Pedro Manuel Arcaya es el primero que toca este punto en la época analizada al mani-festar lo siguiente:

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«A mi entender (dice Arcaya), tanto el Dr. Muñoz Tebar, como estos otros escritores, cualquiera que sea la verdad de sus respectivas apreciaciones cuanto a la historia de España, yerran al aplicar a estos países las solas conclusiones que de ese estudio deducen, pues olvidan que nuestra raza es, y era ya cuando nos independizamos, distinta de la hispana, por lo cual la psicología de ésta - traducida en sus costumbres políticas- sólo puede con-siderarse como un factor y no como una identidad, respecto de la psicología de los países latino-americanos.» 2

Sin embargo, para Mario Briceño-lragorry y para otros historiadores de la Acade-mia, como veremos a través del desarrollo de este apartado, las diferencias de nuestra identidad con respecto a la hispánica no tenían mucha importancia. Los valores que nuestra nación debía enfatizar eran en última instancia los españoles y, según él, nues-tro proceso histórico lo había ido corroborando a través de su desenvolvimiento.

En este sentido la discusión entre Pedro Manuel Arcaya y Francisco Tosta García anticipa la dirección que esta polémica iba a tomar en la Academia en el transcurso de los primeros treinta y cinco años del siglo XX.

En su discurso de incorporación titulado «La insurrección de los negros de la Serra-nía de Coro en 1795» expresado el 11 de diciembre de 1910, Pedro Manuel Arcaya señalaba la importancia de este movimiento como antecedente de la guerra de Inde-pendencia.

Sin embargo, para Francisco Tosta García la Independencia no podía haberse ori-ginado en una rebelión de esclavos contaminados por las ideas de la Revolución Fran-cesa sin tener en cuenta que fueron los criollos, según Francisco Tosta García el «ver-dadero» germen de ella. Esta opinión era para la Academia la «verdadera», que unos años después mantendrá de manera parecida Mario Briceño-lragorry.

«... pero por ningún caso convenir en que en sus manos (de esclavos) flotara ninguna bandera gloriosa de carácter político; y mucho menos, en que labriegos de tal especie, ... donde vamos a conmemorar aquella colosal victoria americana, que fue y será asombro de las generaciones y orgullo para España misma, porque los adalides que la consumaron fueron sus hi-jos que llevaban en el alma fuego y en el cuerpo fibra de su fibra, me es placentero reconocer y proclamar desde esta tribuna el estado de adelanto intelectual y de progreso general, en que se halla esa nación poderosa que nos sacó del caos de la barbarie, que nos educó a su manera y nos dio puesto en el mundo civilizado.» 3

Ante esta consideración polémica de la Historia pareciera que frente a ciertos he-chos la Academia hubiera dictado su opinión definitiva y aparentemente no permitía la polémica y la diversidad de opinión.

«Finalmente y en corroboración de todo lo expuesto, añado, que estas opi-niones mías están ceñidas al luminoso informe, que sobre los verdaderos antecedentes de la Independencia, aprobó la Academia de la Historia, en su sesión ordinaria el día 27 de julio de 1908, de cuyo veredicto no podríamos apartarnos, sin aparecer como contradictorios.» 4

2 Discursos de Incorporación. Tomo 1. (1900 - 1919) pag. 316.

Ibid., pags. 348 y 349. Paréntesis nuestro. ° Ibid., pag. 348

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Continuaremos analizando otros puntos para concluir en esta afirmación inicial. En este sentido es interesante destacar una polémica que se da entre Pedro Manuel Arcaya y Francisco Tosta García con respecto al papel que juegan los factores irracionales y racionales en el devenir histórico. Con respecto a la importancia de las fuerzas irracionales en el poder del caudillo destaca Arcaya que:

«Aquí hablamos de la raíz indo-africana del prestigio caudillesco de nuestras guerras civiles: es la sugestión o seducción de un carácter fuerte sobre las voluntades débiles de hombres en cuyos cerebros hay tendencias incons-cientes, dejadas por incontables generaciones que vivieron venerando como ídolos y suponiéndoles poderes mágicos a sus régulos y caciques.»

Y Francisco Tosta García contesta lo siguiente que tiende a demostrar que la im-portancia del caudillo en nuestros pueblos no se debe a ningún factor irracional sino a su falta de educación para vivir en libertad.

«...se propuso remediar el inteligente colega extinto (Muñoz Tebar), aconse-jando la formación de partidos legalistas, puesto que sin duda alguna, el pernicioso achaque de anteponer los hombres a las leyes y de divinizarlos con el epíteto de necesarios, se origina de nuestra imperfecta educación, del hábito de incondicional sumisión, que se nos enseñó desde la cuna, primero, hacia el Cacique, después, hacia el Rey; y luego, hacia los Generales y Doc-tores,...

No es en manera alguna aplicable a estas turbulentas zonas de la América, ese exótico e inadecuado raciocinio de Le Bon y es más natural y consi-guiente atenernos a las sesudas opiniones de Muñoz Tebar, quien por su esmerado aprendizaje al lado de su eximio padre, que fue prócer de la Pa-tria, sobresaliente hombre de Estado, y compañero del Libertador, y por la circunstancia especial de haber tomado parte, el mismo autor de Personalis-mo y LegalisPersonalis-mo, en muchas contiendas políticas y ocupado en distintos go-biernos puestos muy notables, ha de estar por ineludible lógica más familia-rizado con nuestros defectos y más en capacidad para juzgarlos, que el so-ciólogo francés Queda pues paladinamente comprobado, que superabundamos en credenciales hereditarias de buenas razas;...» 6

La experiencia política en el terreno propio es mucho más valiosa para Francisco Tosta García que la aplicación o copia de métodos extranjeros que menosprecian nuestro desarrollo histórico para la interpretación de nuestra realidad. En ese momento esa necesidad de copiar interpretaciones extranjeras estaba personificada para él en los positivistas. Cuántas veces no se darán y se seguirán dando en la Historia disputas parecidas, sólo que con diferentes nombres de los autores y de las teorías en cuestión. En ningún momento pretendemos quitarles el mérito a estas polémicas que a nuestro juicio enriquecen el acontecer de la Historia.

Tenemos que hacer notar que dentro del seno de la Academia es claro que la posición positivista intentó concientizar a la mayoría de los historiadores, de la necesi-dad de recurrir a la fuente primaria y a los archivos. En este sentido oigamos a Pedro Manuel Arcaya cuyo discurso de incorporación puede ser considerado como uno de los primeros que enfatiza la necesidad de la investigación en la fuente primaria:

Ibid., pag. 331. Ibid., pag. 345.

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escogido, pero afortunadamente halle en el Archivo del Regis ro Principal de esta ciudad los autos, casi completos, del proceso que en Coro se inició por orden de la Real Audiencia y el cual se continuó en Caracas por este mismo Alto Tribunal, sobre el origen, desarrollo y término de la insurrección que estudio, quiénes la llevaron a cabo y cómo fue develada. Minuciosísimo en detalles de todo género es este expediente. Teniendo a la vista las notas que de él he extraído, así como traslados de otros documentos sobre juntas de guerra celebradas en Caracas en 1795, que he encontrado en el mismo Archivo, puedo hacer una exacta narración de los acontecimientos que son objeto del presente estudio. Es no sólo de interés histórico el punto, sino también sociológico, por las observaciones que aquellos sucesos sugieren.» 7

Lo mismo expresa Caracciolo Parra León en su discurso de incorporación ya cita- do:

«...fijado un nuevo sendero en los estudios históricos gracias a la poderosa reacción de Spencer y de Taine, es necesario revisar con justo y reposado criterio el valor de nuestras instituciones pasadas, entrando sin temor en los archivos y limpiándolos del espeso polvo que los cubre, hasta dar con los hechos auténticos, que situados en su medio, en su raza y en su época, irán precisando su natural evolución y las leyes que la rigen, o sea, irán escri-biendo por sí mismos la verdadera historia de la Patria.»

En este sentido, Mario Briceño-lragorry se manifiesta en su discurso de incorpora-ción «El conquistador español. Los fundadores de Nuestra Señora de La Paz de Trujillo» seguidor de este presupuesto, que perseguía a la fuente primaria como base para la creación de una nueva visión histórica:

«Iniciado con Alvarado el período de la metodología científica en nuestros estudios históricos, la cual han venido aplicando con diferentes criterios Arcaya, Gil Fortoul, Vallenilla Lanz, Angel César Rivas y tantos otros, ha sucedido como es lógico una revisión en nuestro pasado, tanto colonial como republicano, y a cuya mayor seguridad ha contribuido grandemente el pro-greso tomado en nuestros últimos años por la ciencia del documento.» 9

Esta búsqueda científica del documento no erradicó la creencia de que el estilo histórico era un arte. Oigamos lo que dice José Gil Fortoul al respecto:

«El estilo, en su acepción más comprensiva, es la única condición creadora, así en la novela, así en el drama, así en el poema, como en la historia; y cuando aparece al fin la obra perdurable, sus personajes - de novela o de historia- viven con aún más intensa (SIC) que las personas de la aparente realidad. Este campo de estudio es inagotablemente fecundo, porque la his-toria no se acaba nunca de escribir. Es ella, como la vida universal, creación perpetua, y al propio tiempo, perpetua actualidad.» 1°

Otro tema polémico muy fructífero dentro de la discusión de los académicos era el motor de la Historia, Dios, de donde todos los hechos históricos provenían y a donde todos iban a terminar. Monseñor Navarro va a expresar muy claramente su opinión, sin duda seguida por Mario Briceño-lragorry.

Ibid., pag. 319

Discursos de Incorporación. (1920 - 1939), Tomo II, pag. 356. Enfasis nuestro.

BRICEÑO-IRAGORRY, Mario. "El conquistador español. Los Fundadores de Nuestra Señora de la Paz de Trujillo." Obras Completas. Vol. 5, pag. 172.

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«Porque, señores, no hay sino un punto de vista seguro para juzgar de los humanos acaecimientos; un punto de vista que es necesario tener siempre en cuenta, pues fuera de él se extravía irremediablemente el espíritu en los oscuros laberintos del capricho y de los sistemas, cuando no se precipita en las simas del fatalismo grosero o de un simbolismo absurdo, o bien se deja arrastrar por tendencias enfermizas al triste país de la negación y la impie-dad. Ese punto de vista consiste en saber que la historia de Dios gober-nando al mundo mediante su providencia y el mundo agitándose libre-mente bajo la mano providencial de Dios.» "

De la misma manera Caracciolo Parra-León no deja de expresar la influencia de Dios en la Historia. Propone a la Divina Providencia como motor de la Historia, como Monseñor Navarro, aunque por medio de un discurso sustentado en autores del pen-samiento cristiano bastante avanzados para fa Venezuela de los años treinta, como por ejemplo el P. Theilhard de Chardin en su Comment se pose aujourd'hui la question du transformisme editado en Études, París, 1921.

«.. la historia de una nación no pertenece al solo cuerpo social ni a solo el

alma social, sino a un sujeto, órgano vivo y animado de espíritu, compuesto de alma y cuerpo. La que, por fin, y es razón capitalísima, ni cae en la nega-ción o agnosticismo de la Causa Primera ni niega la Divina Providencia, sino que, por el contrario, alzando vuelo con el ala doble de la inducción y de la deducción, encuentra en la misma historia que construye y alimenta, huella visible de aquel Soberano Señor, Sustancia Eterna, Acto Puro, Providencia y Fin, que vistió con su hermosura todas las cosas, y dictó las leyes evolutivas de los tiempos,

Esta Historia que tiene a Dios como motor primario fundamental va a tener también sus métodos característicos como es el de la genealogía, a la cual Monseñor Navarro no deja de atribuirle una procedencia bíblica, cuando a través de ella pudimos estable-cer el origen de Cristo, de allí su importancia:

«Si quisiéramos encarecer hasta lo sublime el mérito de las genealogías -que indudablemente arrojan mucha luz en las disquisiciones históricas-, bastáranos evocar el papel que aquellas desempeñan en la vida de Cristo, y el cuidado con que dos de los Evangelistas, aquéllos por quienes Jesús es designado preferentemente con el título de Hijo del Hombre, Mateo y Lucas, inician su relato sacando a relucir el regio abolengo del Mesías. Cuarenta y dos generaciones...» 13

Mario Briceño-Iragorry también afirma la importancia de las genealogías para el conocimiento de la realidad histórica y en cierta forma su discurso de incorporación a la Academia «El conquistador español. Los Fundadores de Nuestra Señora de la Paz de Trujillo» es el estudio de la genealogía de los residentes de la ciudad de Trujillo. Veamos una muestra de este estudio, en el conquistador Lucas Mexia de Vilches, se-leccionado porque es uno de los troncos que dio origen a la figura de Simón Bolívar:

«Casó (este conquistador) con Francisca Berdugo, hija de Don Sancho Briceño y como hijos suyos conocemos a:

II.- Ana Mexia de Vilches, mujer que fue de Alonso Sánchez de Oviedo, Al- calde Ordinario de la ciudad de Trujillo en 1596. Este era hijo del Capitán

" Ibid., pag. 169. Enfasis nuestro.

2 Ibid., pag. 348. Enfasis nuestro. pag. 160. Enfasis nuestro.

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Francisco Sánchez Chico, natural de la Villa de Santa Olaya, quien había casado en el puerto de la Borburata con Beatriz de Oviedo y Aguado, natural de la ciudad de Toro en Castilla la Vieja.

II.- Capitán Juan Mexía de Narváez, Regidor Perpetuo y Alcalde Ordinario de Trujillo, casado con María Sanz de Graterol (V. descendencia de Francis-co de Graterol) Padres de:

III.- Juana de Vilches y Narváez, mujer del Capitán Andrés Marín Granizo, natural de Gojar en Andalucía. Padres de:

IV.- Francisco Marín de Narváez, quien en sus testamento declaró que era padre en dama de calidad de:

V.- Josefa Marín de Narváez, mujer que fue de Pedro Ponte de Andrade. Padres de:

VI.- María Petronila Ponte, mujer de Juan de Bolívar, Padres de:

VII.- Juan Vicente Bolívar y Ponte, casado con María de la Concepción Pala-cios. Padres de:

VIII.- EL LIBERTADOR.» 14

Mario Briceño-Iragorry se remonta a través de la genealogía a detalles del pasado que perviven en la época que él está viviendo. Como el siguiente:

« II.- Inés Mexia, casada con el Capitán Juan Ramírez de Cegarra. Este

había estado en Lepanto con Don Juan de Austria y venido a América ejerció oficios de república en Santa Fé de Bogotá. En Mérida fue Corregidor y ave-cindado en Trujillo fue Alcalde Ordinario varias veces. Los Cegarra usaban armas: dos burelados en par de cuatro verguetas haciendo oposición a sen-dos grupos de losanges, en el diestro del Jefe; en el siniestro una cruz de Jerusalén que cubre todo el campo: en la diestra de la punta nueve leoncillos rampantes y en la siniestra cinco torrecillas. Estas armas labradas en piedra adornan el portal de la casa solariega del Dr. Victorino Márquez Bustillos,

ex Presidente de Venezuela, en la ciudad de Trujillo, y a la cual había perte-necido, antes de formar parte del Convento Regina Angelorum, al Capitán Feliciano Cegarra de Guzmán...» "

El Dr. Victorino Márquez Bustillos merece especial mención en este trabajo, no tanto por su figuración en la política venezolana, que no puede ser discutida, sino porque era tío político del autor. Él apoyó a Mario Briceño-lragorry para conseguir y desempeñar los cargos que ejerció durante el mandato del General Juan Vicente Gómez desde que se inicia como Secretario del Congreso en abril de 1921, continua como Cónsul en New Orleans en 1923, Secretario de la Gobernación del Estado Trujillo, Jefe Civil de Valencia, Gerente de Navegación en la Guaira y Secretario de la Universidad Central de Venezuela en 1928 y Jefe Civil del Banco Obrero en 1929.

Después de haber hablado un poco de la propia genealogía de nuestro autor con-tinuaremos demostrando la pericia con que se desenvuelve en el campo de la genea-logía. Esta es reconocida en la contestación a su discurso de incorporación a la Acade-mia de la Historia pronunciado por Don Luis Alberto Sucre quien no deja de señalar la importancia de los estudios genealógicos dentro del campo de la Historia.

14 BRICEÑO-IRAGORRY, Mario. "El conquistador español. Los Fundadores de Nuestra Señora de la Paz de Trujillo."

Vol. 5. Obras Completas. (1930) pags. 243 a 246.

BRICEÑO-IRAGORRY, Mario. Obras Completas. «El conquistador español. Los fundadores de Nuestra Señora de la Paz de Trujillo.» Vol. 5. pag. 247, (1930)

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«Los estudios genealógicos son un poderoso auxiliar de la historia y un mé-todo de investigación inspirado en la verdad y la justicia, que no se extravíe entre el ramaje del árbol simbólico. Estas cualidades las posee, como diji-mos ya, nuestro nuevo colega, a quien me complazco en dar la bienvenida en nombre de la Academia..» 16

La genealogía, según este historiador, nos demuestra un estudio objetivo de la realidad histórica. Por supuesto que sí, pero el elemento subjetivo también está presente en el grupo que escogen los historiadores para ser sometido a un estudio genealógico. En el caso de Mario Briceño-lragorry fueron los conquistadores «llevados por la misma legislación de Indias a la categoría de clase privilegiada.» 17

La legislación les había dado ese privilegio indiscutible que, según nuestro autor, seguirá ejerciéndose en el Cabildo y luego conducirá a la guerra de Independencia. La Historia que debía ser tomada en cuenta era aquélla que expresaba los valores hispá-nicos. Ella era la única que debía ser considerada para el futuro proyecto de la nación venezolana. Tristemente era la genealogía de la clase dominante la que importaba.

«Al ponerse frente a frente la semi-barbarie indiana y el elemento español, éste impuso su psiquis imperativa. El decaído estado de las tribus que pobla-ban esta región del Nuevo Mundo no les permitió aportar ningún elemento cultural a la formación de la nueva estructura social, ni fueron tampoco, como dice Gil Fortoul, las tribus más abocadas a la civilización las que desapare-cieron más rápidamente, pues éstas, que no lo eran las de Aragua y Caracas sino las de Coro, Trujillo y Mérida, pasaron rápidamente al régimen de la encomienda donde pudieron conservarse mezclándose con el elemento do-minante.» 18

En este sentido declara Manuel Díaz Rodríguez en «Ayacucho en la Revolución de Hispanoamérica.» (1924) con respecto a la guerra de Independencia: «Y si el enemigo no era español, tampoco era España el enemigo.» 19

Para terminar señalaremos que Francisco González Guinán contesta al discurso de incorporación de Monseñor Navarro con muchísimo respeto y destaca el papel que habían jugado algunos sacerdotes en la formación de Venezuela, pero expresa que había que evitar la guerra incluso por motivos religiosos.

«¡No más guerra! es el grito que se escucha en todos los pueblos. Ni gue-rras de conquista, ni guegue-rras religiosas, ni guegue-rras industriales. Que cada nación viva y prospere en su territorio sin temer a otra nación: ... y cada pueblo viva según sus costumbres,

Señala luego un punto muy importante para conocer el pensamiento de Mario Briceño-lragorry y es la contradicción existente para esa época entre el pensamiento liberal y el pensamiento cristiano. Esta antítesis también vamos a observarla en el pensamiento de Mario Briceño-lragorry. Dice Francisco González Guinán:

Discursos de Incoworación.(1920 - 1939) Tomo II, pag. 332.

' 7 BRICEÑO-1RAGORRY, Mario. Obras Completas. «El conquistador español. Los fundadores de Nuestra Señora de la

Paz de Trujillo.» Vol. 5, pag.176, (1930). " Ibid. Enfasis nuestro.

19 Discursos de Incorporación. (1920 -1939), Tomo II, pag. 181. Ibid., pag. 171.

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iglesia romana es conservadora y ha declarado que el liberalismo es peca- do. Por excepción, se ven ocupando la cátedra de San Pedro, prelados como León XIII y Pío XI, que buscan la armonía entre la libertad y el orden,....» 21

Hay que tener en cuenta, entonces, que para la época de Gómez no se hablaba en los círculos que Mario Briceño-lragorry frecuentaba, de la supuesta antítesis cristianis-mo-marxismo que tanto ocupará el debate de los años venideros, sino de la oposición liberalismo-cristianismo.

Para un intelectual que se formó en esta época y que fue rodeado por todos estos historiadores que venimos analizando aquí, no será difícil comprender y ejercer una posición conciliadora frente a los principios que el marxismo esgrimía. Sí, por el contra-rio, le va a ser difícil aceptar la desigualdad, y más aún el desorden, que el libre juego de la libertad traería con la aplicación de los principios del liberalismo.

BIBLIOGRAFÍA

BRICEÑO-IRAGORRY, Mario. Obras Completas. Tomo 1 a XVIII. Caracas, Ediciones del Congreso de la República, 1988 a 1993.

Discursos de Incorporación. (Tomos II, III y IV) Caracas, Academia Nacional de la Historia, 1979.

BRICEÑO-IRAGORRY, Mario. «Actas del Secretario de la Cámara de Diputados». Estados Unidos de Venezuela, 20-4-1921 112 2 y 632 y 21-4-1921, Archivo Histórico de Miraflores, Caja No. 402 C.

«Acta del Secretar io de la Cámara de Diputados». Estados Unidos de Vene- zuela, 1-7-1922 1132 y 642 al 4-7-1922. Archivo Histórico de Miraflores, Caja No. 425-C.

Correspondencia al General Juan Vicente Gómez. (Cartas) Archivo Histórico de Miraflores, New Orleans, 26-9-1923, Caja No. 462 C.

Correspondencia al Gener al Juan Vicente Gómez. (Cartas) Archivo Históri- co de Miraflores, Trujillo, 9-2-1927, Caja No. 591/B C.

Correspondencia al Gener al Juan Vicente Gómez. (Cartas) Archivo Históri- co de Miraflores, Valencia, 5-3-1928, Caja No. 623 C.

Correspondencia al Gener al Juan Vicente Gómez. (Cartas) Archivo Históri- co de Miraflores, La Guayra, 11-9-1928, Caja No. 644 C.

Correspondencia al Gener al Juan Vicente Gómez. (Cartas) Archivo Históri- co de Miraflores, Maracay 23-11-1929, Caja No. 701 C.

Referencias

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