Transgnicos: de la redencin a la desposesin

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Biotecnología en el capitalismo tardío

La modernidad, y el progreso, han sido descritos por numerosos sociólogos como una narración con dos re‐ latos, con dos metadescripciones contrapuestas apa‐ rentemente irreconciliables; por un lado el discurso de la liberación y por otro lado el discurso del someti‐ miento. La tecnología nos enfrenta a un doble supues‐ to que materializa esa contradicción: por un lado apa‐ rece como el mecanismo redentor que nos libera de la escasez, la ineficiencia y que genera progreso en el sen‐ tido material del término; por otro lado, el someti‐ miento, la dependencia, la independencia que logra respecto a la necesidad humana e incluso la ignoran‐ cia que provoca en la inmensa mayoría no avezada en la sofisticación científica.

La imparcialidad de los desarrollos tecnológicos se pone en entredicho al analizar las relaciones socio‐polí‐ ticas que los posibilitan, o como dirían Foucault o Bourdieu, sus condiciones sociales de producción. Es necesario contextualizar la ingeniería genética dentro del momento y lugar histórico específico que ocupa, y por supuesto dentro del modo de producción en el que se desarrolla, el modo de producción capitalista. Las in‐ vestigaciones en esta área científica están relacionadas directamente con la actividad de grandes empresas quí‐ micas, cuyo interés y capital han constituido un factor determinante en el auge de la biotecnología. A pesar de los discursos humanitarios que han acompañado al desarrollo de la ingeniería genética (soluciones para la pobreza, enfermedades, desmantelamiento de la ame‐ naza del hambre, etc.), la práctica ha demostrado su re‐ lación directa con los beneficios de grandes empresas multinacionales como Bayer, Novartis, Mon san to, Rhone‐Poulenc, DuPont, etc. Estas son el producto de la concentración y centralización de empresas y capitales

del sector químico, agrícola y tecnológico en cuyo ori‐ gen se sitúa la actividad militar, especialmente durante las guerras mundiales1. Surgen a través de los cambios en los mercados y de la productividad de los sectores interesados; de tal manera que han aprovechado la tec‐ nología de guerra para crear nuevos sectores de inter‐ vención, así como las condiciones sociales que ha gene‐ rado la denominada revolución verde (pobreza, depen‐ dencia de campesinos del mercado de consumo, des‐ trucción de las colectividades campesinas de autocon‐ sumo y autoabastecimiento, creación de países de mo‐ nocultivo, etc.). La ingeniería genética es además una in‐ vestigación que requiere de ingentes cantidades de ca‐ pital de inversión, cantidades que son capaces tan sólo de asumir las cinco o seis multinacionales mundiales del sector, condicionando de factotodo desarrollo cien‐ tífico‐tecnológico a sus intereses productivos. Puede ha‐ blarse de la imparcialidad existente o buscada en la me‐ todología del modelo positivista desarrollado en nues‐ tras sociedades, pero en ningún caso debe hablarse de

1.‐ Cabe recordar la semejanza entre los productos fertilizantes y los utilizados para la fabricación de material explosivo. Recordemos tam‐

bién que el consorcio IG Farben (capital materna de la actual Bayer) no sólo favoreció el programa de rearme del régimen nazi, sino que también fabricó el gas Zyklon B para el exterminio masivo en los campos de la muerte a partir de los componentes químicos de

sus propios fertilizantes. Se podría decir que fue un programa de “fumigación de la disidencia”. ISBN: 1885-477X YOUKALI, 10 página 83

ECOLOGISMO CAPITALISTA

TRANSGÉNICOS:

DE LA REDENCIÓN A LA DESPOSESIÓN

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objetividad y neutralidad en la aplicación del mismo, pues hay siempre intencionalidad explícita y motiva‐ ciones relacionadas con otros factores sociales. En espe‐ cial con el modo de producción, y no esta de más tener en cuenta que el sector productivo de la biotecnología y la agricultura comercial suponen una de las inversiones de capital industrial con mayores tasas de ganancia.

Si atendemos al contexto histórico y la lógica espe‐ cífica del capitalismo, en el momento de aparición y desarrollo de la ingeniería genética, entenderemos que tanto el ser humano como la naturaleza no son más que medios para la valorización del capital. La va‐ lorización del capital, que se basa en extraer el máxi‐ mo plusvalor tanto en el circuito de la producción co‐ mo en el del consumo (reproducción ampliada) obliga de forma constante a la introducción de innovaciones que mejoren la fuerza productiva. Las innovaciones no aparecen así por la voluntad expresa del juego de la investigación que sigue la línea clara de la búsque‐ da de la verdad científica, sino más bien por la necesi‐ dad implícita de creación y ampliación del valor. En este sentido es determinante para la rentabilidad de la inversión realizada por estas empresas el hecho de que exista una normativa jurídica que permita la apro‐ piación de la vida en términos abstractos, y de la bio‐ diversidad y la información genética en términos con‐ cretos. A la vista de esto, la única región, y no obstan‐ te cada vez más permisiva, que supone algún freno para este tipo de aplicación industrial es por el mo‐ mento la UE, mientras que EEUU así como las nuevas potencias económicas son claramente permisivas.

Muchos países, especialmente del Sur global, cuentan con un vacío legal que permite a las empresas multi‐ nacionales migrar con sus laboratorios, desarrollar in‐ vestigaciones y aplicarlas en el caso de que pudiera existir un obstáculo en las metrópolis de origen.

Debemos entender pues la aparición de la ingenie‐ ría genética en el contexto posterior a la primera revo‐ lución verde por lo que supuso de mundialización de las relaciones económicas, el incremento de las des‐ igualdades sociales entre países y dentro de estos, una crisis alimentaria y ecológica de carácter global. En ese contexto la actividad científica y comercial alrededor de los transgénicos se legitima a través de un discurso en el que la ciencia y la técnica aparecen como vecto‐ res fundamentales para solucionar problemas de ca‐ rácter socio‐político. Para ello, toda actividad científica ha venido presentándose como un proyecto cargado de neutralidad, imparcialidad y objetividad, como el elemento liberador del ser humano, aspiración vigen‐ te e inherente a la modernidad de nuestra civilización. Se busca solucionar el problema del hambre y de la es‐ casez mediante la mejora del proceso de producción, el rendimiento de los cultivos y el precio de los ali‐ mentos; estos factores por sí mismos solucionarían las necesidades alimentarias de una población creciente. Así se excluye del debate la relación de la crisis ali‐ mentaria con un modelo de producción y consumo que implica contradicciones en términos sociales y ecológicos. Al convertirlo en una cuestión científica y por tanto meramente técnica, se evita la puesta en du‐ da del modelo agrícola industrial intensivo, modelo que produce más alimentos de los que requerimos pe‐ ro que no obstante niega su acceso a gran parte de la población mundial. Elude por tanto considerar el pro‐ blema de qué, cómo y cuánto se produce, para lo cual bastaría con atender a una mejora de la técnica y la efi‐ ciencia, y considerarlo tan sólo un problema de acceso y redistribución de los recursos.

En el contexto “de crisis” mencionado, los grupos promotores2de la biotecnología aseguran que ésta po‐ sibilitaría la reducción de la pobreza a la vez que con‐ tribuiría al desarrollo sostenible. Es decir, solucionaría la crisis social que no resolvió la primera revolución verde y la crisis medio‐ambiental que esta misma con‐ tribuyó a crear. Desde el punto de vista social, las se‐ millas y Organismos Modificados Genética mente

2.‐ Esta posición discursiva y performativa es conocida como la segunda revolución verde. Sus promotores se constituyen en un entra‐

mado articulado por instituciones internacionales públicas y privadas, fundaciones filantrópicas, institutos de investigación y univer‐

sidades, compañías agroquímicas, biotecnológicas, farmacéuticas, etc. Algunos de los actores más activos son La Bill y Melinda Gates Foundation y la Rockefeller Foundation (quienes han iniciado una alianza para una revolución verde en África –AGRA), junto con la Fundación Syngenta, el Grupo Consultivo de Investigación Agrícola Internacional (CGIAR), etc. También cabe mencionar organismos públicos como el Banco Mundial, la FAO, el FMI, que apoyan estas iniciativas.

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(OMG)3contribuirían a aumentar la productividad de los cultivos y la ganadería sin perjuicios para el dete‐ rioro medio‐ambiental. De acuerdo con este discurso los OMG permitirían producir mayores cantidades de nutrientes por hectárea cultivada y por cabeza de ga‐ nado, aumentando la cantidad y calidad de los culti‐ vos y el ganado. Estas mejoras bio‐tecnológicas ade‐ más favorecerían el incremento de alimentos y su ri‐ queza nutricional. No obstante, no se expresa cómo se materializa el vínculo entre el incremento de la pro‐ ductividad y el rendimiento agropecuario con la dis‐ minución de la pobreza, porque este vínculo se esta‐ blece en términos de dependencia respecto a un oligo‐ polio de la oferta (de semillas y fertilizantes). Es posi‐ ble así compatibilizar una mayor productividad (su‐ puesta) con una disminución del rendimiento una vez deducidos los costes (aumentados) de los factores pro‐ ductivos fundamentales (fertilizantes y productos fito‐ sanitarios).

Desde el punto de vista medio‐ambiental, el dis‐ curso favorable a su aplicación indica que la biotecno‐ logía reduciría la contaminación y el deterioro de la naturaleza. Esta idea se basa en la asunción de que el aumento de la productividad por la introducción de los OMG reduciría el uso de los pesticidas, los produc‐ tos fitosanitarios y herbicidas en los cultivos; de tal modo que disminuiría la contaminación del agua po‐ table, la destrucción de la biodiversidad y el deterioro de la calidad del aire. Este razonamiento asume que el aumento de la productividad y de la producción en términos absolutos sobre un modelo de oferta y de‐ manda fijas podría lograrse con una disminución de los cultivos y del uso de la tierra, y por tanto un des‐ censo de la explotación de aquella lo cual redunda en la mejora del nivel ecológico en general.

Más tarde ya veremos que una de las asunciones falaces estriba en que la introducción de los OMG dis‐ minuye el uso de pesticidas, herbicidas y productos fi‐ tosanitarios, permite el aumento de la productividad y por tanto de la extensión de las tierras cultivadas, y en última instancia respeta el equilibrio ecológico. En efecto, la realidad de la aplicación de los OMG dista mucho de este discurso, las semillas transgénicas no se han destinado al cultivo de vegetales que mejoran el valor nutritivo ni su destino final son las poblaciones hambrientas del planeta. Los OMG que se están des‐ arrollando y comercializando se aplican a cultivos des‐ tinados a la alimentación ganadera, la producción de

agro‐combustibles y de alimentos altamente procesa‐ dos. Las semillas transgénicas permitirían, en un prin‐ cipio, mayor producción y menor gasto en plaguici‐ das; sin embargo, los índices de productividad no han aumentado a los niveles previstos, y el grueso del cos‐ te de la producción se destina a agroquímicos. Esto se debe a que algunas plagas se hacen resistentes a los herbicidas o insecticidas, lo cual explica que el consu‐ mo de los mismos haya aumentado progresivamente durante todos estos años. Así, los agricultores tienen que incrementar las dosis y recurrir a otros productos fitosanitarios diferentes a las empresas proveedoras de los OMG, con los perjuicios que esto conlleva para el equilibrio medio ambiental y los riesgos para la sa‐ lud. Además se crea una situación de dependencia de los campesinos por tres motivos. En primer lugar, la necesidad de comprar las semillas de nuevo después de cada cosecha a la misma compañía, debido a la tec‐ nología terminator empleada en la planta transgénica, que hace que las semillas de segunda generación sean estériles. En segundo lugar, el pago de royalties por la venta de ese producto debido al sistema de patentes comerciales, práctica habitual de Monsanto. Por últi‐ mo, por la aplicación de la tecnología traitor, que au‐ menta la dependencia respecto de la empresa vende‐ dora ya que permite que los rasgos genéticos de la planta sean “encendidos” o “apagados” a través de un inductor que también debe comprarse a la empresa.

Los datos muestran como los cultivos transgénicos responden a las estrategias del sector agroquímico y biotecnológico para incrementar sus beneficios, pues no se han observado mejoras producidas por los trans‐ génicos en las tasas de personas que padecen hambre.

3.‐ Desde el punto de vista técnico se denominarían transgénicos a los alimentos que se producen a través de un Organismo Modificado Genéticamente (OMG), es decir, alimentos para cuya producción ha intervenido un organismo al que se ha modificado su genoma a

través de la biotecnología o la ingeniería genética. ISBN: 1885-477X YOUKALI, 10 página 85

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Y no se han observado porque el principal uso de los vegetales transgénicos se ha destinado a la producción de agrocombustibles y a la explotación ganadera (en forma de piensos y forrajes). Actividades ambas cuyo destino además son los países de la economía‐central. Las empresas agroquímicas y las biotecnológicas han vivido desde la Segunda Guerra Mundial proce‐ sos de fusión en una táctica que les ha permitido aca‐ parar mercado y crear dependencia de sus productos en todo el proceso de producción agrícola y ganadero, desde el conocimiento sobre la vida en el material ge‐ nético, pasando por la germinación de la planta, des‐ arrollo de cultivos, tratamiento de plagas y enferme‐ dades, etc. La ingeniería genética se inscribe, a la vez que permite, la privatización y comercialización de la vida. A través del control privado de la información y manipulación genética que permite la tecno‐ciencia, la biodiversidad constituye un recurso más que se inser‐ ta en la lógica de la competencia capitalista. Así la in‐ novación e investigación están subordinadas, y son a su vez requisitos, para el beneficio y acumulación de capital de estos gigantes financieros.

La manipulación de la vida es una de las claves de la novedad del modelo de agricultura industrial ac‐ tual. Este tiene su origen en la llamada primera revo‐ lución verde a través de la introducción masiva de bio‐ tecnología basada en productos químicos y tecnología aplicada a la producción agrícola y ganadera. La in‐ dustrialización de la agricultura4 tuvo como conse‐ cuencia un cambio en los patrones de producción y consumo de alimentos (y otras sustancias químicas) que alteraron y alteran las formas de vida: con sus con‐ secuencias en las relaciones sociales, la concepción del medio ambiente y el hábitat. La agricultura industrial se caracteriza por grandes plantaciones de monoculti‐ vos, dedicados a la exportación y basados en sistemas de propiedad latifundista, es intensiva en inversión de capital, así como en el uso de agroquímicos, y es inten‐ siva pero de forma muy temporalizada en fuerza de trabajo. Su expansión, hasta llegar a la hegemonía, provocó el empobrecimiento de campesinos y peque‐ ños productores agrícolas y ganaderos que no podían competir con grandes plantaciones, así como su ex‐ pulsión masiva hacia la ciudad5. Bastaría comprobar la reducción drástica y progresiva del sector primario

dentro de la fuerza productiva en los países del centro de la economía global, e incluso del conjunto del siste‐ ma‐mundo.

Comprobaremos que la ingeniería genética dentro de este modelo de agricultura industrial va unida a una serie de procesos políticos y jurídicos que permi‐ ten disponer y manipular la vida, apropiarse de la in‐ formación genética, modificarla, crear recombinacio‐ nes de organismos que una vez patentados adquieren el calificativo de “nuevos”. También que la segunda re vo lución verde se cimienta en las posibilidades de la ingeniería genética y la nano‐biotecnobiología6. Dicha ingeniería es paralela al entramado normativo que re‐ gula el sistema de propiedad intelectual a nivel inter‐ nacional, y que permite la apropiación y privatización de la biodiversidad por parte de las empresas y que muchos han calificado de apropiación indebida (bio‐ piratería).

Contexto específico y construcción discursiva: las re‐

voluciones verdes

La aparición generalizada de los OMG (ingeniería ge‐ nética aplicada a la agricultura y la ganadería) se po‐ dría localizar en la década de los noventa del siglo pa‐ sado en el marco de la segunda revolución verde. Se produce en un momento en el que convergen una se‐ rie de factores que posibilitan su aparición y condicio‐ nan el discurso que lo acompaña. Los factores a los que nos referimos se pueden reducir a una serie de cri‐ sis: económica (pérdida de beneficios en el sector bio‐ químico entre otros), crisis social (continuación de la pobreza, inseguridad agroalimentaria, problemas de escasez puntual), crisis política (pérdida de soberanía de los Estados para solucionar los problemas econó‐ mico‐sociales vinculados a la producción agropecua‐ ria) y crisis medio‐ambiental (cambio climático, conta‐ minación del agua, agotamiento de los recursos, etc.).

Primera revolución verde

La primera revolución verde surge en la década de los sesenta del siglo pasado como solución a la pobreza en los países periféricos. Viene impulsada por la FAO a partir de 1963 a través de un plan de desarrollo agra‐

4.‐ Introducción del modo de producción capitalista en el sistema agropecuario. Las innovaciones técnicas y la investigación científica se entienden como factores coadyuvantes para mejorar la fuerza productiva en el proceso de producción, reduciendo los gastos en el ca‐

pital variable y transformando el conocimiento‐descubrimiento de lo patentado en capital constante. Con todo ello, la industria agrí‐

cola entra en el ciclo de acumulación de capital.

5.‐ El incremento y concentración de la población urbana conlleva a su vez la necesidad de incrementar la producción agrícola intensiva e industrializada.

6.‐ Ello implica la presencia de diferencias sustanciales respecto a la biotecnología tradicional por cuanto supone un salto cualitativo y un punto de inflexión con la tradicional hibridación de especies vegetales y/o animales.

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rio a nivel mundial (el World Plan for Agricultural De ve ‐ lopment) a partir de un Congreso Mundial de la Ali ‐ men tación. Este plan tuvo el apoyo de fundaciones co‐ mo Ford y Rockefeller. La propuesta se basaba en el desarrollo de la productividad agrícola a través de una serie de medidas de gestión y técnicas para la explota‐ ción comercial: el desarrollo e introducción de semillas de alto rendimiento (HVY)7, el aprovechamiento del agua, la introducción de fertilizantes, herbicidas y pla‐ guicidas (fitosanitarios) y la selección genética (mani‐ pulación). Las principales corporaciones agroquími‐ cas y farmacéuticas se encargaron de la producción, comercialización e introducción de las nuevas especies de semillas mejoradas y los productos fitosanitarios. Para ello contaron con el “apoyo” institucional tanto privado como público a través de subvenciones, pro‐ gramas de instituciones internacionales que les asegu‐ raban un mercado y el conocimiento desarrollado por universidades e institutos de investigación. Todo ello, respaldado por un discurso que apelaba a la introduc‐ ción comercial de estas técnicas de alta rentabilidad para disminuir la pobreza y la desnutrición en la peri‐ feria económica.

Esta “revolucionaria mejora” técnica supuso un cambio cualitativo en las formas de producción y orga‐ nización social de los países de la periferia. El sistema de abastecimiento y distribución de alimentos comuni‐ tarios se abandona a favor de la agricultura de mono‐ cultivos a gran escala e intensiva en fitosanitarios. Esta nueva forma de producción agrícola conlleva la capita‐ lización del sistema alimentario introduciendo la idea del cultivo como producción exclusivamente para uso comercial. De modo que los cultivos autóctonos se sus‐ tituyen por semillas “mejoradas” que reducen la biodi‐ versidad local y minan la autonomía alimentaría. La agricultura intensiva en fitosanitarios conlleva la gene‐ ralización del uso de herbicidas y fertilizantes. La ad‐ quisición de estas nuevas técnicas (semillas mejoradas y fitosanitarios) se realiza a través del intercambio mer‐ cantil (con las corporaciones agroquímicas transnacio‐ nales) cuya realización requiere inversiones monetarias de las que no dispone la mayoría del campesinado. Como consecuencia, éste se convierte en asalariado a costa de la pérdida de la soberanía alimentaria local y se acompaña de la mercantilización de otros sectores relacionados con el sector primario.

Dentro de la lógica productivista y desarrollista que implica la reproducción ampliada de capital y la

generalización mercantil, las innovaciones técnicas en los cultivos sólo pueden comprenderse como mejoras de rendimiento productivo en cuanto son susceptibles de traducirse en rentabilidad empresarial a través de la comercialización. Por un lado, la revolución tecnoló‐ gica en territorios que se abastecen según otros crite‐ rios de producción supone para las corporaciones in‐ ternacionales la apertura de nuevos sectores producti‐ vos y mercados de venta. Por otro lado, los sistemas alimentarios locales (los aún no capitalizados del todo) se evalúan a través de las ideas del progreso económi‐ co, eludiendo el cambio sustancial en las relaciones so‐ ciales y estimando la mera mejora técnica como el ele‐ mento esencial para el “desarrollo”. De este modo, las mejoras técnicas (semillas mejoradas, productos fito‐ sanitarios, fertilizantes, etc.) aparecen como si fueran instrumentos para el incremento del rendimiento de los cultivos. Las empresas e instituciones promotoras y encargadas de su desarrollo y aplicación consideran estas mejoras como remedios contra la desnutrición y la pobreza argumentando la compatibilidad del rendi‐ miento empresarial y el despliegue de éstas en los nú‐ cleos “subdesarrollados”. A su vez se perciben las mo‐ dificaciones sociales que acompañan los cambios tec‐ nológicos como un correlato necesario para el aumen‐ to de la producción y el subsiguiente desarrollo econó‐ mico y material.

Segunda revolución verde

La primera revolución industrial fracasó en sus pre‐ tensiones “salvíficas” aunque no en la colonización

7.‐ HYV por sus siglas en inglés, sobre todo de trigo, maíz y arroz, gracias al trabajo del Centro Internacional de Mejoramiento del Maíz y Trigo (CIMMYT) de México y al del International Rice Research Institute (IRRI) de Filipinas. Un conjunto de tecnologías integradas por componentes materiales, como las variedades de algo rendimiento (VAR) mejoradas de dos cereales básicos (arroz y trigo), el rie‐

go y abastecimiento controlado de agua, y la mejora y aprovechamiento de la humedad, los fertilizantes y plagicidas y las correspon‐

dientes técnicas de gestión. Véase http://www.tierra.org/spip/. ISBN: 1885-477X YOUKALI, 10 página 87

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productivista y desarrollista. No sólo la pobreza no disminuyó sino que las nuevas formas de producción implicaron otra serie de problemas tanto en el centro como en la periferia: deterioro medioambiental por abuso de productos fitosanitarios, agotamiento de los recursos productivos naturales, contaminación del agua, salarización y dependencia del campesinado, monocultivos de ciertos productos agrícolas destina‐ dos a la exportación, concentración de tierras en forma de latifundios para aprovechar las economías de esca‐ la, vinculación necesaria a los mercados mundiales (vía bolsa de Chicago) de la producción local, etc. Las críticas al modelo surgieron a partir de ciertas organi‐ zaciones y colectivos que manifestaron los problemas causados por las medidas, señalando particularmente las ambiciones económicas de la oligarquía empresa‐ rial de las multinacionales agroquímicas. Por otro la‐ do, las instituciones internacionales, como la FAO, la ONU y otras, asumieron el fracaso de las medidas atri‐ buyéndoselo a la falta de consideración de “externali‐ dades” como la escasez de cambios institucionales, la despreocupación por el medio‐ambiente, la falta de in‐ fraestructuras, etc. Con ello el tipo de discurso tecno‐ lógico‐moralista que articula la lucha contra la pobre‐ za no se ha abandonado, sino que se interiorizan las críticas socio‐ecologistas que buscan culpables en las actuaciones empresariales y en el modelo desarrollis‐ ta occidental.

En esta coyuntura de la década de los noventa del siglo pasado cristaliza la idea de una nueva revolución verde. Aquí, la investigación en y la aplicación de la biotecnología aparecen como la innovación tecnocien‐ tífica capaz de solucionar las nuevas crisis mundiales. Por un lado, la crisis económica supone la disminu‐ ción de la rentabilidad (o tasa de ganancia) de ciertos sectores productivos como el de las empresas agroquí‐ micas, la re‐estructuración productiva a través de des‐ localizaciones, las concentraciones de capital, etc. Por otro lado, la crisis ecológica que se manifiesta en el cambio climático, el agotamiento de recursos natura‐ les entre los que se encuentran la tierra, la masiva de‐ manda de agua y la sobreexplotación de cuencas flu‐ viales y acuíferos; a lo que se une la corrupción e im‐ plicación de las aristocracias locales, etc. Además, la crisis social, por las altas tasas de desempleo que afec‐ tan a los desposeídos que se han visto obligados pre‐ viamente a convertirse en asalariados (reserva de la fuerza de trabajo a nivel global), la disminución de los servicios sociales públicos y las redes de solidaridad comunitarias, las enfermedades debidas a los alimen‐ tos procesados. También se incluiría la denominada crisis alimentaria con la que se identifica a la nueva po‐ breza causada por las dificultades de acceso al merca‐ do alimentario debido al desempleo, el aumento de precios. La solución global a todas estas crisis se plan‐

tea como un capitalismo con un uso creciente de la biotecnología.

En medio de este puñado de “crisis” hemos de in‐ cluir al sector agropecuario y al bioquímico. La crisis alimentaria de los pobres paralela a la crisis del nuevo empresariado agropecuario (la oligarquía del agrobusi‐ ness) se aprovechan para lanzar un impulso de crea‐ ción de nuevos productos, la aplicación de nuevas tec‐ nologías, la ampliación a otros mercados y en definiti‐ va la ampliación de nuevos negocios. La propuesta proviene de los nuevos lobbies de la oligarquía empre‐ sarial del sector bioquímico constituida durante las décadas anteriores. Este sector está formado por un oligopolio resultado de la fusión o cooperación de las anteriores compañías agroquímicas convertidas ahora en biotecnológicas.

Este nuevo modelo productivo agrario‐industrial vuelve a insistir en el desmantelamiento de la agricul‐ tura y la ganadería de subsistencia, la destrucción de las redes comunitarias de solidaridad, los mercados de auto‐abastecimiento locales, y la salarización, siem‐ pre forzosa, siempre violenta, de un campesinado des‐ poseído de su sustento. En esta línea la segunda revo‐ lución verde fue la continuación de un proceso ya ini‐ ciado hace dos siglos y ha supuesto la expansión de un sector del capital algo estancado en busca de intensifi‐ cación, de apertura de mercados y de apropiación de recursos, que se manifiesta en la expansión de la revo‐ lución verde a lo largo del globo, y una innumerable cantidad de fusiones, absorciones y compras de em‐ presas del sector biotecnológico, alimentario, químico, farmacéutico, genético...

Las estructuras campesinas existentes, basadas en mercados locales de auto‐consumo e intercambio re‐ gional, en la producción de diversidad de productos autóctonos que garantizan la independencia alimenta‐ ria y con relativamente bajos índices de salarización, se ven destruidas por entero con la llegada de la produc‐ ción agraria industrial. Este otro modelo productivo, coexistente con el modelo capitalista y predominante

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en muchas regiones hasta bien entrado el siglo XX (to‐ davía hoy en algunas), se ha visto primero parasitado por el capitalismo agrario, y luego destruido por este mismo.

La introducción de este modelo de producción in‐ tensivo típicamente industrial, en el ámbito agrario, no se produce en un escenario de urbanización imperan‐ te, es decir, donde la concentración industrial de las ciudades es la que “atrae” a la ingente cantidad de ma‐ no de obra campesina sin tierra a las industrias fabri‐ les y despuebla el campo; sino que ha existido un pro‐ ceso previo de destrucción y desarticulación forzosa y violenta del modo de producción campesino, y de to‐ das sus estructuras comunitarias. En cualquier caso, la construcción del nuevo sistema agrario‐industrial no requiere tan solo introducir técnicas de cultivo intensi‐ vo, consumo de agroquímicos, inversiones en regadí‐ os, almacenajes... La manera en que se introduce en los medios rurales supone una destrucción progresiva, a veces brusca, siempre forzosa aunque consensuada, de toda forma de comunidad, instituciones, estructu‐ ras de clase, modelos redistributivos, espacios de so‐ cialización y cultura inmaterial. La realidad es que la construcción de este modelo, siempre impuesto a tra‐ vés de los intereses de los capitales transnacionales, precisa la apropiación de miles de hectáreas de cultivo (pero también de casas, y en ocasiones de pueblos en‐ teros) cuya mediana y pequeña propiedad se encon‐ traba dispersa entre la población, para pasar a conver‐ tirse en una gran zona cultivable unificada, latifundis‐ ta. De este modo se garantiza que las inversiones en maquinaria, sistemas de riegos, adquisición de los te‐ rrenos, infraestructuras, indemnizaciones por desahu‐ cios (cuando no sobornos a militares, policías, jueces, políticos), y las fuertes inversiones en productos agro‐ químicos sean rentabilizadas con creces en una econo‐ mía de escala. Teniendo en cuenta que la mayoría de esta producción no será accesible para los propios ciu‐ dadanos de la región, lo que nos encontramos es una masa campesina desclasada, sin sustento, y sin posibi‐

lidades de acceso a recursos que son exportados a pa‐ íses desarrollados.

En el momento precedente a la segunda revolu‐ ción verde el sector agrícola y el agroquímico pasaban por momentos de estancamiento de la tasa de benefi‐ cio debido a la exacerbación de la competencia empre‐ sarial. A pesar de haberse constituido en una oligar‐ quía, subsistía no obstante la imposibilidad de utilizar mayores economías de escala y de expandir mercados aún restringidos a ámbitos nacionales. La lógica de la competencia entre estos capitales individuales se tra‐ dujo en la búsqueda de la anticipación en la incorpo‐ ración de mejoras en la productividad, de la creación de nuevas mercancías y de la expansión de mercados. Todo ello para beneficiarse durante el mayor tiempo posible del plusvalor extra (relación entre precio y va‐ lor como tiempo de trabajo necesario en las condicio‐ nes productivas medias) que les aseguraba la anticipa‐ ción a otros capitales antes de la generalización del nuevo método productivo. No obstante se hacía preci‐ so una transformación radical de los modelos agrario‐ industriales ahora considerados tradicionales, y es aquí donde la innovación biotecnológica introduce una panoplia de posibles soluciones que aprovechan la crisis para introducir una profunda transformación. ¿Qué es y qué supone esta innovación tecnológica de la segunda revolución verde? El elemento funda‐ mental como antes indicábamos es la introducción de OMG a partir de los cuales producir alimentos transgé‐ nicos. El material genético de un organismo es creado o alterado en un laboratorio a través de técnicas y proce‐ sos que permiten aislar y tomar partes de un cromoso‐ ma de un organismo para introducirlo en otro. Esta for‐ ma de manipulación genética supone un cambio sus‐ tancial respecto de las practicadas hasta entonces pues‐ to que supera los límites de la compatibilidad reproduc‐ tiva entre los seres vivos que intervienen en la modifica‐ ción. Desde el neolítico, el ser humano ha practicado un tipo de filogenia evolutiva seleccionando especies para cruzarlas con el fin de conseguir combinaciones genéti‐ cas nuevas, no probables de darse espontáneamente. El ser humano actúa como catalizador para que se repro‐ duzcan organismos combinando o bien especies com‐ patibles o bien diferentes variantes dentro de una mis‐ ma especie. En el primer caso, el producto híbrido sue‐ le ser estéril, no así en el segundo y más abundante del último caso. Frente a ello, la ingeniería genética posibi‐ lita la combinación de material genético procedente de organismos completamente alejados en términos de fi‐ logenia, de modo que nunca podría darse espontánea ‐ mente (como lo es utilizar ciertas secuencias genéticas de una especie de cangrejo para introducirlas en un tu‐ bérculo), y lo hace a través de una recombinación que interviene directamente sobre la escritura de la vida, los

genes, para generar una especie quimérica de imposible ISBN: 1885-477X YOUKALI, 10 página 89

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existencia si nos atenemos a las leyes de la genética. Con ello asistimos a un salto cualitativo: si con la hibridación se establecía una aceleración dirigida de la evolución de una especie, ahora con la modificación genética se logra la recreación de una nueva especie que trasciende toda posible mutación interna al modificar su código genéti‐ co con materiales de especies separadas completamen‐ te entre sí.

El uso de los transgénicos en el sistema agropecua‐ rio supone o bien entrar en el proceso de trabajo como factor de producción o bien ser el resultado de éste. El primer caso se da sobre todo en la agricultura a través de las semillas transgénicas, las cuales se utilizan para incrementar la productividad de los cultivos, evitar las plagas o las sequías, acelerar los tiempos de madura‐ ción, aumentar el tamaño de los frutos o facilitar la co‐ secha; todo ello redundante en el abaratamiento de costes productivos. En el segundo caso los transgéni‐ cos serían el resultado de un proceso de “producción” ganadera a través de la modificación genética de los organismos para producir alimentos. No obstante, la comprensión de los transgénicos dentro de la indus‐ trialización de la agricultura y la ganadería en el capi‐ talismo no debe reducirse a la explicación de su uso en el proceso de trabajo, sino que hay que incluirlo en el contexto total de la producción de alimentos.

Los “avances tecnológicos y científicos” han de en‐ marcarse dentro del desarrollismo moderno que con‐ lleva el modo de producción capitalista. La biotecno‐ logía agrícola y ganadera forman parte de esta diná‐ mica social cuyo motor es el aumento cuantitativo del valor y cuyo correlato es el desarrollo económico. La materialidad del proceso de trabajo y el desarrollo tec‐ nológico vinculado a éste son la expresión de la com‐ posición de capital conveniente para creación de valor, es decir, plusvalor que permita obtener un beneficio y proseguir el proceso a través de mayores inversiones de capital. La reproducción del capital social invertido impone una serie de condiciones sociales y materiales, como son la competencia de capitales individuales y el

consiguiente aumento de productividad, la mercanti‐ lización de nuevos factores de producción, la fuerza de trabajo disponible y los elementos necesarios para su reproducción, cuyo resultado es la reproducción ampliada de capital. Ésta implica la generalización de la forma mercancía creando nuevos productos, merca‐ dos y formas de producción mientras subsume o des‐ plaza otros modos de producción o sectores no capita‐ lizados como ha pasado con el agropecuario. Los transgénicos no son un mero producto de un conoci‐ miento científico y tecnológico desinteresado. Su emer ‐ gencia se enmarca en el proceso de industrialización progresiva de la agricultura y la ganadería globales.

Las relaciones sociales (salarización, dependencia, explotación, desigualdad), las relaciones con la natura‐ leza y la materialidad del proceso de trabajo (tecnolo‐ gía, técnica, organización, dirección, etc.) son condicio‐ nes y consecuencias de la organización social de la pro‐ ducción como producción de plusvalor. Estas relacio‐ nes se articulan a través de una mediación social abs‐ tracta, el capital como valor que se valoriza (reproduc‐ ción ampliada) y una mediación entre hombres a tra‐ vés de la forma mercantil y dineraria. En la base está la relación asimétrica entre fuerza de trabajo y capital.

Los transgénicos dentro del sector agropecuario aparecen en un momento histórico de estancamiento por las caídas de la tasa de plusvalor. Los cercamien‐ tos de tierras para el ganado, la concentración y espe‐ cialización agrícola y ganadera y la progresiva indus‐ trialización de la agricultura en occidente están en el origen de la dinámica capitalista siendo la primera re‐ volución verde el precedente más directo. Ambas “re‐ voluciones” aprovechan las coyunturas de crisis en los países “sub‐desarrollados” para crear nuevos merca‐ dos en los que colocar lotes de productos agropecua‐ rios (primero semillas mejoradas, luego transgénicas, fitosanitarios, combustibles, infraestructuras). Con ello se desmantelan los sistemas locales y comunita‐ rios de auto‐abastecimiento subsumiendo la produc‐ ción agrícola y ganadera dentro de la producción y el mercado global. Este proceso se da a través de la arti‐ culación de programas apoyados por instituciones in‐ ternacionales y la actividad económica de las compa‐ ñías transnacionales. La rentabilidad económica de es‐ tas revoluciones no se reduce al mercado de los pro‐ ductos agroquímicos y biotecnológicos sino que crea otros ámbitos de valorización paralelos y tiene como consecuencia cambios sustanciales en el modo de vida y producción de estos países: creación de infraestruc‐ turas, transporte, comunicaciones, importación de productos manufacturados, creación de empresas de servicios, etc.

Es más, las propias corporaciones de la biotecnolo‐ gía aprovechan el conocimiento producido fuera del ámbito empresarial (universidades públicas y priva‐

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das, centros e institutos de investigación nacionales e internacionales) en su propio beneficio, lo cual reduce sus costes y les permite aumentar el rendimiento lu‐ crativo. Con ello, determinados grupos empresariales se apropian y privatizan el conocimiento socialmente producido y lo utilizan para aumentar sus beneficios. Estas compañías desarrollan las aplicaciones técnicas a partir de los resultados del conocimiento social, esto es de la ciencia base, del que hablábamos. Esta autono‐ mía final con la que desarrollan las innovaciones pro‐ ductivas y de productos les permitiría aprovecharse de los beneficios de la anticipación mencionada8. No obstante, como las inversiones de capital para el des‐ arrollo de la biotecnología superan con mucho la capa‐ cidad financiera de las empresas individuales, se pro‐ duce un proceso de centralización del segmento final de la investigación, el dirigido a la aplicabilidad paten‐ table, que explica el monopolio de la oferta en este sec‐ tor por parte de ciertas empresas que pueden o no ser altas en capital aplicado a la investigación. Máxime si pensamos que parte del porcentaje dirigido a la inves‐ tigación y desarrollo en realidad no se aplica a la cien‐ cia básica sino al despliegue y defensa posterior de pa‐ tentes.

Las corporaciones productoras de OMG se enmar‐ can dentro de esta dinámica productiva imponiendo el acceso a sus productos (agro‐alimentarios en este ca‐ so) a través del intercambio mercantil a la vez que cre‐ ando dependencia hacia sus productos. La produc‐ ción material es parte de la producción mercantil que trata de incrementar la oferta de productos: produc‐ ción masiva para la venta y no para el auto‐consumo. El criterio que establece el movimiento cuantitativo

del valor no puede sino entender la naturaleza y al hombre como recurso (medio ambiente y biodiversi‐ dad) para el proceso de producción. Con ello, entende‐ mos que la pobreza y el deterioro medio‐ambiental no pueden atribuirse meramente a la mala distribución de los alimentos o a una despreocupación voluntaria por la naturaleza.

La timidez de la regulación europea

Dentro de las condiciones de posibilidad para la emer‐ gencia de los transgénicos hemos de tener en cuenta también el marco jurídico que regula la experimenta‐ ción y puesta en el mercado (tanto desde el punto de vista de la oferta como de la demanda) de los OMG y los transgénicos. La regulación es compleja debido al número de factores y organismos que intervienen en la promulgación de leyes. Por un lado, los diferentes organismos y actores participantes en la constitución de las leyes con diferentes competencias; entre éstos están los tratados internacionales (como los TRIPS), las instituciones intergubernamentales como la OMC, la OMS, la UE, organizaciones sectoriales o regionales, los gobiernos de cada estado, los organismos de con‐ sulta constituidos por grupos de investigadores, cien‐ tíficos, expertos, etc. Por otro lado, hay numerosos as‐ pectos que se consideran en la regulación de la biotec‐ nología para la obtención de alimentos, tales como la autorización de nuevas variedades, su comercializa‐ ción, la trazabilidad, el etiquetado, o los órganos crea‐ dos para controlar lo relacionado con los organismos modificados genéticamente.

Este marco legal es uno de los principales campos de lucha entre los partidarios y promotores y los de‐ tractores de la aplicación de la ingeniería genética pa‐ ra la producción de alimentos. De modo que tanto em‐ presas, gobiernos y organizaciones civiles presionan sobre el contenido de la normativa a través de lobbies

empresariales, grupos de presión, consultoras científi‐ cas, etc. Estas luchas no se reducen a cuestiones de per‐ misividad o prohibición de los diferentes usos y apli‐ caciones de los transgénicos sino que, jugando con lo complejo de la articulación de la legislación y la cienti‐ ficidad, se encaminan hacia la determinación de los criterios científicos que guían la ley, las superficies de contacto entre ambas esferas –la jurídica y la científica‐ y la subsunción del resto de esferas posibles a los mar‐ cos legales o científicos que aquellas consideran (por

8.‐ La posibilidad de patentar sus productos será una prolongación “artificial” (en términos de mercado) de la anticipación controlando

la competencia a través de un ejercicio de monopolio. ISBN: 1885-477X YOUKALI, 10 página 91

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ejemplo, la esfera social aparece reducida al mero as‐ pecto del consumo‐producción). Entre estos estaría la definición de los OMG y de los transgénicos, así como la determinación del criterio con el que se juzgan las implicaciones que tienen para la salud o el medio am‐ biente.

Centrándonos en el ejemplo más cercano podemos observar de manera más concreta la posición permisi‐ va que subyace a la regulación jurídica de los transgé‐ nicos. La regulación europea manifiesta abiertamente que los criterios que guían la normatividad sobre los transgénicos son estrictamente científicos en relación a principios de salud, bienestar y sostenibilidad me‐ dioambiental. Este hecho jurídico‐político parte de la asunción de que los criterios científicos son desintere‐ sados y neutrales, y en consecuencia, la regulación ju‐ rídica de los transgénicos pre‐supone la suficiencia y posibilidad de un criterio objetivo para determinar los perjuicios medioambientales y sanitarios basados en el método científico. Los resultados de la investiga‐ ción, llevada a cabo por expertos en centros especiali‐ zados, se presentan en forma de cajas negras(utilizan‐ do la metáfora de Bruno Latour, 1980), es decir, utili‐ zando las conclusiones como artefactos ya cerrados y directamente operativos, de forma que se invisibiliza el procedimiento seguido y los presupuestos episte‐ mológicos y ontológicos de los que parte. De este mo‐ do la investigación tecnocientífica sobre los OMG se traduce al derecho por medio de estas cajas negras ex‐ cluyendo a la sociedad de un posible debate sobre qué se entiende por salud, bienestar y sostenibilidad me‐ dioambiental, y ocultando los criterios de valoración sobre los OMG para determinar cuando son beneficio‐ sos o perjudiciales. Las pretensiones de tratar de regu‐ lar los transgénicos con criterios meramente científicos no son sino la materialización de una visión concreta de lo social a través de la ley. El derecho no se limita a prohibir y permitir la existencia o aplicaciones de un objeto claramente objetivo como los OMG sino que posibilita a la vez que determina un modo de produc‐ ción social agropecuaria basada en la apropiación, pri‐ vatización y manipulación interesada de la vida.

La legislación sobre la aplicación de la biotecnolo‐ gía en la producción de alimentos tiene como objeto de regulación dos elementos: tanto los OMG, como los transgénicos. Los primeros se definen como los orga‐ nismos en los que el material genético ha sido alterado de una manera que no ocurre naturalmente por aco‐ plamiento o recombinación natural9. Los segundos se‐

rían los alimentos y piensos que son OMG, que los con‐ tienen o que se producen a partir de ellos. En la forma‐ lidad legal esta distinción parece clara, sin embargo, los fenómenos de la polinización cruzada e hibridación di‐ luyen las fronteras, puesto que experimentar con OMG, aunque sea sin intención comercial, conlleva la “contaminación genética” de otros cultivos que sí son para uso comercial. La ley trata de regular estos hechos atendiéndose elementos como el porcentaje de mate‐ rial genético modificado y la voluntariedad o delibera‐ ción de la aplicación de los OMG en la producción.

En primer lugar se pretende regular la liberación deliberada de OMG al entorno natural. Se lleva a cabo a través de la directiva 2001/18/EC cuyo propósito pre‐ tende ser la protección de la “la salud humana y el me‐ dio ambiente”. Para ello se tienen en cuenta dos tipos de actividades: La liberación experimental de OMG, es decir la regulación de los campos de cultivo experi‐ mentales, y la puesta en el mercado que conlleva la co‐ mercialización, importación y transformación de los granos genéticamente modificados. En segundo lugar la regulación atiende a los alimentos transgénicos pro‐ piamente dichos. En este caso la ley contempla la puesta en el mercado de los alimentos y piensos, que son OMG, que contengan o que sean producidos a partir de éstos. Esta última se lleva a cabo a través de una regulación, y no una directiva, la Regulation (EC) nº 1829/2003. Esto se traduce en que en el segundo ca‐ so (los alimentos transgénicos) la UE establece tanto los principios como las normas que rigen la comercia‐ lización de estos alimentos mientras que en el segun‐ do caso (los OMG) compete a los Estados miembros desarrollar el contenido de la directiva.

Lo que puede parecer una mera formalidad jurídi‐ ca tiene consecuencias prácticas importantes agraván‐ dose este mismo otoño con la introducción de algunos cambios jurídicos. En términos comunitarios la regu‐ lación de los OMG es mucho más laxa que la de los ali‐ mentos y piensos transgénicos. De este modo se deja a los Estados miembros una mayor intervención en lo referente al desarrollo y experimentación con OMG. Esta situación jurídica está influida por las discrepan‐ cias entre los distintos Estados ante los OMG sobre sus beneficios y perjuicios tanto económicos como para la salud y el medio ambiente. Como consecuencia de las presiones de algunos Estados en septiembre del 2010 la UE ha modificado la directiva que regula los culti‐ vos experimentales con OMG. A partir de entonces se otorga a las autoridades de cada Estado miembro la

9.‐ Según la definición dada en el artículo 2 de la Directiva 2001/18/EC de la UE: “An organism in which the genetically material has been altered in a way that does not occur naturally by mating and/or natural recombination”.

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exclusividad de la competencia para autorizar y pro‐ hibir el uso experimental, no comercial, de OMG en los cultivos, piscifactorías y granjas. Son ahora los Estados miembros quienes tienen la posibilidad de permitir o vetar los cultivos experimentales de acuer‐ do criterios nacionales particulares; según la legisla‐ ción otros criterios que no sean los científicos referen‐ tes a la salud o medio ambiente. De este modo algunos Estados como el español han posibilitado el cultivo masivo de OMG como maíz, algodón o patata; mien‐ tras, otros como Austria tratan de blindar legalmente la entrada de éstos en su territorio. Precisamente es el Estado español el que más ha desarrollado esta prácti‐ ca, concentrando en su territorio más del cuarenta por ciento del total europeo de campos del cultivo con se‐ millas transgénicas. Y esto, sólo desde el ámbito legal. Esta laxitud o permisibilidad normativa respecto a la experimentación se contrapone a la aparente rigidez en la regulación de las salidas comerciales, tanto de los OMG como de los transgénicos. Esta última se explica puesto por el hecho de que la posibilidad de comercia‐ lizar transgénicos en un país de la UE haría que el pro‐ ducto (alimento o pienso) se expandiera a todo el mer‐ cado europeo debido a la libre circulación de mercancí‐ as que caracteriza la legalidad de la comunidad econó‐ mica. De este modo, el procedimiento para la aproba‐ ción del uso comercial de un OGM o transgénico com‐ pete a instituciones comunitarias y a las representacio‐ nes en este ámbito de la totalidad de todos los estados.

En la práctica las fronteras entre experimentación y uso comercial son muy poco precisas debido, princi‐ palmente, a los fenómenos de polinización cruzada e hibridación. Este elemento es utilizado por las compa‐ ñías biotecnológicas y las fundaciones para introducir los transgénicos al consumo de forma que poco a po‐ co se generalice y naturalice su presencia. Utilizan la vía legal de la experimentación para expandir literal‐ mente los OMG, de forma “no deliberada”, y por tan‐ to legal y exentos de responsabilidad jurídica, como estrategia para que se acepte de forma progresiva su

uso comercial. Pues una vez que la materia genética‐ mente modificada se “libera” al entorno la contamina‐ ción de especies autóctonas por transgénicas es incon‐ trolable y se da muy rápidamente. Por ello, a pesar de que Europa pretende mostrar una cara restrictiva con los transgénicos en algunos países se están expandien‐ do los cultivos y las granjas de OMG contaminando al resto de cultivos amenazando la existencia de los orga‐ nismos autóctonos. Un ejemplo claro de ello es Catalunya donde la polinización cruzada ha acabado afectando a numerosos cultivos de agricultura ecoló‐ gica arruinando a sus productores y acabando con las especies no transgénicas; más del 80% del territorio cultivado en Catalunya no está libre de transgénicos. Muchos experimentos indican que lo mismo está pa‐ sando en países como Brasil, EEUU o Argentina, prin‐ cipales cultivadores de transgénicos, dónde ya se han encontrado plantas de maíz que han combinado dos modificaciones genéticas diferentes procedentes de dos cultivos cercanos con diferentes OMG. El fenóme‐ no de la contaminación genética de los transgénicos obviamente sobrepasa las fronteras jurídicas y políti‐ cas, y se está viendo que puede ser irreversible a nivel global. Por un lado está el problema del deterioro de la biodiversidad, pero también la apropiación de las nue‐ vas especies por parte de las grandes corporaciones que las patentan.

Además, si observamos tanto el procedimiento co‐ mo las normas que regulan la aprobación de los OMG nos damos cuenta de que la rigidez es sólo aparente. El procedimiento para la aprobación comienza por un informe que prepara la propia empresa con la infor‐ mación sobre el tipo de técnica usada para la creación del OGM, sus propiedades, los posibles efectos en la salud, beneficios, etc. Este informe pasa por autorida‐ des nacionales encargadas unas de redactar otro infor‐ me y otras de permitir su paso hacia las instituciones europeas. En estas últimas se produce un tercer infor‐ me elaborado por la EFSA (European Food Safety Authority) que pasa a un comité especializado de la Comisión Europea. En este recorrido, un informe des‐ favorable o un rechazo por la comisión no suponen la prohibición directa, sino su traslado a otro organismo encargado de una nueva deliberación, y el proceso continúa con la misma dinámica hasta llegar al Consejo de Estado. Hay dos elementos importantes a tener en cuenta en este proceso.

Por un lado, el procedimiento de aprobación se plantea de modo que lo que se pone en duda es una negación a la aprobación a través de una revisión de la negativa por diferentes órganos estructurados jerár‐ quicamente, y en ningún caso se revisa una afirmación por alguno de éstos. De modo que en última instancia compete al Consejo Europeo decidir si se permite el

uso comercial de los OGM. Vemos que lo que parece‐ ISBN: 1885-477X YOUKALI, 10 página 93

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ría una cuestión meramente científica, una vez que “los expertos” elaboran un informe sobre “un informe del informe que elabora la empresa” la decisión final está en organismos políticos.

Por otro lado, el proceso de aprobación otorga en la práctica una influencia fundamental a las empresas biotecnológicas. Es el propio solicitante el encargado de elaborar el informe detallado sobre el proceso de creación y el producto creado sobre el que se evalúa. La especialización técnico‐científica de las empresas biotecnológicas, su capacidad económica, la posibili‐ dad de realizar investigación a largo plazo, su alcance como portavoz en cuantas comisiones legislativas se declaren competentes en la materia les otorga un po‐ der casi exclusivo sobre el saber del producto que cre‐ an. Lo cual hace que sea difícil a otras instituciones evaluar y valorar el proceso de investigación sobre los perjuicios para la salud y el medio ambiente. Estas em‐ presas concentran la mayor parte de los medios y co‐ nocimiento sobre la aplicación tecnológica del conoci‐ miento biológico y ello requiere de un saber muy es‐ pecífico dentro del ámbito de la ciencia aplicada. El in‐ forme que reclama la administración jurídica es pro‐ ducido por la propia empresa y sólo sobre éste los co‐ mités técnicos y científicos de la EFSA evalúan los be‐ neficios y perjuicios de los transgénicos. A esto hay que añadir que las fronteras formales entre la EFSA, las autoridades de la comisión europea y las empresas de biotecnología se diluyen si tenemos en cuenta que muchos de los miembros de éstos organismo, supues‐ tamente independiente, se cruzan informalmente a través de lobbies, en personas que ocupan cargos en los diferentes organismos, a través de subvenciones, intereses compartidos, etc.

A pesar de ser la regulación de la UE una de las más rigurosas estamos observando que en la práctica tanto en el cultivo experimental como en la aproba‐ ción para la comercialización la formalidad jurídica da lugar a mecanismos perversos de introducción de los OMG en la agricultura y la ganadería de forma poco controlada. Es más, a estos dos aspectos legales hemos de añadir un tercero que pone de manifiesto la permi‐ sividad encubierta del mecanismo: la regulación de la supervisión de los alimentos y el pienso genéticamen‐ te modificado. Los mismos principios y objetivos que guían la regulación expresan implícitamente las con‐ tradicciones de la legalidad basada en la combinación

de intereses económicos, ecológicos y humanitarios. Tanto la ley10como la EFSA11consideran los perjui‐ cios para la salud y el medio ambiente desde la pers‐ pectiva del uso comercial de éstos despolitizando y naturalizando las condiciones sociales en las que se producen. Lo que subyace a esta postura jurídica es una visión economicista que reduce lo social, lo salu‐ dable y lo ecológico al criterio de la producción y el consumo. Esta forma de aproximación jurídica a la ali‐ mentación dentro de la producción capitalista implica la concepción, formal también, del transgénico como mercancía alimentaria, los sujetos como consumidores y productores y la libertad como una elección entre una variedad de productos con diferentes propieda‐ des. La información sobre la vida y la apropiación de ésta no es más que un recurso o factor más de produc‐ ción y productividad. Con ello, las condiciones de pro‐ ducción, los beneficios y perjuicios y el coste de los transgénicos ya aprobados pasan a formar parte de una mercancía más entre un rango de opciones; el pro‐ ducto transgénico se convierte en un producto más al lado de los ecológicos y los comunes.

Desde este punto de vista se proponen regular la trazabilidad y etiquetado apelando a la idea de la “transparencia”. Éstos se convierten en requisitos pa‐ ra la puesta en el mercado comunitario de transgéni‐ cos desde el año 2003 estableciendo las obligaciones en la provisión de información en los OMG transgénicos tanto en el producto final como en su movimiento por las diferentes etapas de elaboración. Esta idea de transparencia es perversa por dos motivos, primero porque los criterios de trazabilidad y etiquetado per‐

10.‐ De acuerdo a la Regulación (EC) No 1829/2003 de la UE: “A high level of protection of human life and health, animal health and wel‐

fare, environment and consumer interests in relation to genetically modified food and feed, whilst ensuring the effective functioning of the internal market”.

11.‐ Según el Libro blanco sobre Seguridad alimentaria de la Comisión Europea, (enero de 2000). La creación de la EFSA forma parte de un programa exhaustivo dirigido a mejorar la seguridad alimentaria en la UE, garantizar un elevado nivel de protección del consumi‐

dor, y restaurar y conservar la confianza en los alimentos europeos.

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miten la incorporación de OMG en alimentos sin nece‐ sidad de explicitarlo. Segundo, porque como ya he‐ mos explicado, todo el proceso anterior a la aproba‐ ción se basa en una traducción del derecho de los re‐ sultados científicos presentados a través de la caja ne‐ gra científica que oculta los supuestos, criterios y pro‐ cedimientos de investigación y evaluación. Además, teniendo en cuenta el elemento de la polinización cru‐ zada (contaminación de otros organismos vegetales del entorno por polinización desde los organismos transgénicos) e hibridación (contaminación por cruce reproductivo de organismos no sólo por polinización), tanto la transparencia en la información como la fiabi‐ lidad de la información devienen inverosímiles‐tarea imposibles.

Tanto el etiquetado como la trazabilidad establecen el umbral mínimo del 0’9% de modificación del mate‐ rial genético de un organismos a partir del cual es obli‐ gatorio informar de que el producto agrícola o gana‐ dero es transgénico. En primer lugar, esta cifra “cientí‐ ficamente” determinada es más que engañosa puesto que una mínima modificación del genotipo implica un cambio sustancial en el fenotipo. Por ejemplo, el por‐ centaje que separa al hombre de las dos especies de chimpancés actuales se calcula que alcanza alrededor del 1% en el genoma. Pero lo más significativo en tér‐ minos socio‐políticos es que la propia ley contempla que la presencia de material genéticamente modifica‐ do en alimentos o piensos es “técnicamente inevita‐ ble”12. Que la propia ley asuma la inevitabilidad de la presencia de material genéticamente modificado en los alimentos es otra indicación más de que la exten‐

sión del cultivo de OMG es ya una realidad, incluso a nivel europeo, y que además las instituciones lo dan por hecho.

Se puede, y se hace, culpar a la “incontrolable” po‐ linización e hibridación cruzadas por esta expansión de los OMG y transgénicos. No obstante, ésta se utili‐ za además como una excusa para eludir responsabili‐ dades políticas y jurídicas que permite la ley a través de astucias formales como la diferenciación entre ex‐ perimentación y comercio, y luego entre liberación de‐ liberada o no deliberada. Repetimos que las grandes compañías biotecnológicas han utilizado estas ambi‐ valencias dentro de su estrategia para la generaliza‐ ción de los OMG. De este modo, la intencionalidad en la inclusión de OMG deviene objeto de consideración en la regulación de la información que se hace públi‐ ca. La propia ley admite que la presencia de materia OMG en semillas, alimentos y pienso es inevitable, se asume que es prácticamente imposible alcanzar pro‐ ductos que sean 100 % puros13. Por ello, establece una excepción a la obligación de informar en aquéllos pro‐ ductos en los que la presencia de OMG no sea inten‐ cionada. Con ello, es posible encontrar en el mercado OMG sin que su contenido se especifique en el etique‐ tado, puesto que no ha sido “intencionada” la incorpo‐ ración. La jurisdicción nos condena a aceptar determi‐ nados transgénicos en el mercado, y en muchos casos incluso sin la información mínima que advierta de la modificación genética que contiene el alimento.

Patentes y biopiratería; mercantilización de lo vivo

Si la primera revolución verde supuso la introducción masiva e intensiva de bioquímicos, de mano de obra temporalizada, de monocultivos, de incrementos de la productividad, de semillas eficientes, etc, la segunda revolución verde supone un salto cualitativo, la apro‐ piación del lenguaje básico de lo vivo, además ha re‐ ducido la agricultura al cultivo de soja, colza, maíz y algodón, productos agrícolas directamente insertados en el esquema de la producción capitalista global. La ingeniería genética aplicada desde la segunda revolu‐ ción verde supone un salto cualitativo en la evolución de la biotecnología, que pasaría de ser un conocimien‐ to aplicado a la hibridación, cruce y selección de plan‐ tas, a una recombinación de código genético de dife‐ rentes especies que no podría darse de forma natural.

12.‐ Según la regulación (EC) No 18301/2003 emitida por el Parlamento europeo:“A labelling threshold of 0,9% to exempt from GM la‐

belling the adventitious or technically unavoidable presence of GM material in food or feed”.

13.‐ Según la regulación (EC) No 18301/2003 emitida por el Parlamento europeo: “Exemption from the traceability and labelling require‐

ments Conventional products, i.e. those produced without genetic modification, may unintentionally contain traces of GMOs, for ex‐

ample, due to cross‐pollination during cultivation, or due to adventitious or technically unavoidable mix of GM and non‐GM during harvesting, storage, and transport or processing. This does not only apply to GMOs since in the production of food, feed and seed, it

is practically impossible to achieve products that are 100% pure.” ISBN: 1885-477X YOUKALI, 10 página 95

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El cariz humanitario de la ingeniería genética, como su principal discurso legitimador, es muy amplio, según Coon, “No hay ninguna forma de producir las canti‐ dades de alimentos necesarios para una población mundial que crece rápidamente usando técnicas gené‐ ticas normales de retrocruzamiento con la tierra arable disponible. Tenemos que usar las nuevas herramien‐ tas genéticas disponibles para producir los OMG ne‐ cesarios para alimentar a nuestro prójimo”14. Según Waltz, Gerhard y Roca, “No hay otro camino para practicar la necesaria agricultura sostenible”15. Y se‐ gún Iáñez Pareja, “Al fin y al cabo, los europeos no te‐ nemos problemas de vitamina A, pero, ¿y nuestros problemas de solidaridad?”16.

La elaboración discursiva que se construye en de‐ fensa de los transgénicos y de la ingeniería genética nos muestra que tras una enorme inversión financiera, tecnológica, científica y humana, que sólo puede ser asumida por las grandes multinacionales, no hay más interés que el progreso y la mejora del bienestar de la humanidad. No hay, en todo ello, más afán que el des‐ arrollo ilimitado de la ciencia y la técnica como medios emancipadores para liberarnos de la escasez, no sólo dominando la naturaleza, sino modificándola a nues‐ tro antojo. No se trata por tanto de una mejora en los sistemas de hibridación de especies, o del descubri‐ miento de una bacteria capaz de erradicar una enfer‐ medad, es, como decíamos, un salto cualitativo en la biotecnología, un punto de ruptura e inflexión que presupone la construcción de algo radicalmente dis‐ tinto a lo anterior, la mercantilización primero, y la pri‐ vatización después de la información básica de lo vi‐ vo, del ADN.

En este sentido el ADN sería solo el software, la in‐ formación de la vida, y la ciencia, el hardware capaz de interpretarla, y así es como la cibernética y la cien‐ cia de la información se han fusionado en los plantea‐ mientos de la ingeniería genética. De este modo lo re‐ coge también el marco jurídico que los lobbiesempre‐ sariales han logrado imponer en EEUU, pero también en la UE. Si bien en la UE se enfrentan a la única legis‐ lación que pone trabas (mínimas, formales, y cada vez menores) a la investigación genética, a la distribución para consumo, y al etiquetado, en EEUU han logrado que la legislación sea absolutamente permisiva, lo‐ grando incluso la no obligatoriedad en el etiquetado.

Para que esa apropiación de la vida sea posible ha sido impuesto un marco jurídico favorable a los intere‐ ses de las empresas creadoras de transgénicos, y espe‐

cialmente la configuración del sistema actual de propiedad intelectual y patentes. Las patentes se sostienen hoy bajo el principio de que si no existieran, es decir, si no existiera propiedad privada y monopóli‐ ca intelectual, la mayoría de investigaciones científicas no se llevarían a cabo, pues las patentes son, en princi‐ pio, la garantía de que la fuerte inversión realizada en investigación y desarrollo pueda ser recuperada y rentabilizada. Si la introducción del modelo industrial en lo agrícola había supuesto el cercamiento (enclo‐ sures,según K.Marx) de las propiedades comunes y colectivas desde el siglo XVI, hoy asistimos al cer‐ camiento de la historia biológica y social (biopiratería), el conocimiento colectivo y la propia vida. En esta di‐ rección, el marco jurídico establece las reglas del juego necesarias para el control corporativo absoluto de la agricultura a través de los mecanismos combinados de la tecnología, los derechos de propiedad intelectu‐ al y el capital. Para ello, cabe destacar el importante papel de los lobbiesempresariales en el diseño de las políticas y legislaciones de los Estados.

Una patente es un derecho de propiedad intelec‐ tual, exclusiva y excluyente, que da derecho monopó‐ lico a su propietario sobre el uso, la explotación y la co‐ mercialización de la invención. Si el “inventor” lo soli‐ cita, recibe la patente por un período mínimo de 20 años, con la contrapartida de que deben revelarse los detalles del invento o descubrimiento. Son dos los ar‐ gumentos que se suelen esgrimir en defensa de las pa‐ tentes; sin patentes no hay inversiones, y a medio‐lar‐ go plazo esas invenciones benefician a todos (como queda ampliamente demostrado por el democrático acceso a los medicamentos en todo el planeta, o el des‐ tino del consumo de biocombustible, o la amplia zona de distribución de los productos alimentarios alta‐ mente procesados). Las patentes poseen tres caracte‐ rísticas jurídicas fundamentales: a) su uso es volunta‐ rio, es decir, hay que solicitarla y pagar los derechos de patente b) son territoriales, la patente debe ser solicita‐ da en cada país c) si el inventor no solicita la patente antes de que sea divulgada pasa a ser de dominio pú‐ blico en los países en los que no se haya solicitado. Dibujemos aquí una de las claves jurídicas logradas por los lobbiesen el terreno de las patentes en biotecno‐ logía que permite la apropiación de la “información” de la vida en sí misma. Se trata de la difuminación le‐ gal en el régimen de propiedad intelectual entre los términos descubrimientoe invención17. Esto es lo que ha permitido en gran medida la privatización de “descu‐

14.‐ Coon,C. (1990). “Biotecnología y la Alimentación Animal” en MG. Mundo Ganadero. 15.‐ Waltz, Gerhard y Roca. (1997). “La Biotecnología Aplicada a los Cultivos”, en Vida Rural. 16.‐ Iáñez Pareja, Enrique. (2201). “Portykus y el Arroz Dorado”.

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brimientos” científicos y ha precipitado la inmensa lle‐ gada de capital financiero en el ámbito de la produc‐ ción de conocimiento. La legislación europea, que in‐ sistimos es de las más restrictivas del planeta, permite que se patenten genes, o secuencias de genes, a pesar de que simplemente contengan información natural.

Además la patente de la materia biológica aislada se extiende a toda materia biológica obtenida a partir de dicha materia por reproducción o multiplicación, en forma idéntica o diferenciada pero que posea las mis‐ mas propiedades. Es decir, lo que se inventa o descu‐ bre son los medios técnicos para “leer” parte de la in‐ formación que previamente ya se encuentra en la natu‐ raleza; no obstante, la indefinición legal permite que el hecho de descubrir el medio, la herramienta, para leer esa información implique también patentar la informa‐ ción biológica “descubierta”. De este modo la Di rec tiva Europea sostiene que las técnicas necesarias para aislar secuencias de genes, o para reproducirlas, son equiva‐ lentes a la “invención de la secuencia”. Por otro lado, la polémica está servida cuando se trata de las solicitudes para patentar organismos “sintéticos” creados en labo‐ ratorio, en primer lugar porque muchos científicos afir‐ man que no se trata de invenciones, sino de simples re‐ organizaciones de información que ya se encuentra en la naturaleza y que son por lo tanto parte de un patri‐ monio común y heredado. En segundo lugar porque el hecho de patentar secuencias de genes es conflictivo, atendiendo a que seres humanos y animales compar‐ ten gran parte de la información genética. Y por último, es alarmante pensar que vayan abriéndose puertas ju‐ rídicas que en un futuro cercano permitan a alguien ser propietario de una especie viva (aun si esta fuera de “nueva” invención), algo que modifica por completo nuestra propia concepción sobre la naturaleza, el ser humano y la vida.

La realidad de los OMG aplicados a la industria agroalimentaria es que el marco jurídico para la pro‐ piedad intelectual y la ingeniería genética, elemento fundamental de la ampliación y reproducción del ca‐ pital en el sector, ha dispuesto lo propio con ambigüe‐ dad y arbitrariedad, para que los ciclos de inversión existentes adapten sus estrategias al contexto regional concreto y específico tanto en la fase de investigación por un lado, como en la de comercialización por otro. De este modo el sistema de patentes permite que las empresas apliquen las estrategias necesarias más ade‐ cuadas a sus intereses en cada contexto específico, así por ejemplo pueden trasladar sus laboratorios a países

periféricos con escasa legislación al respecto, o solicitar las patentes de un producto en un país, mientras en otro la lanzan al dominio público. La presión de los

lobbiesdel sector ha logrado entre otras cosas garanti‐ zar que la distribución y comercialización de los OMG sea posible, incluso en aquellos países formalmente más reticentes a ellos, cuyos mercados son, por otro la‐ do, los principales consumidores de los mismos. En este sentido resulta clarificante la investigación “Las malas compañías” realizada por Amigos de la Tierra, que sintetiza la relación existente entre uno de los lob‐ bies europeos más influyentes del sector, EuropaBio (li‐ derado por Bayer Cropscience, DuPont/Pioneer, Monsanto y Syngenta), y la Comisión Europea.

La Comisión Europea es algo así como el brazo eje‐ cutivo de la UE, hasta tal punto que la legislación sobre OMG esta supeditada a ella, y está formada hasta por 40 Direcciones Generales (DG). La legislación sobre OMG recae sobre varias DG; Medio Ambiente, Salud, Agricultura, Comercio Interno, Desarrollo, Comercio, Empresa e Industria, e Investigación, de entre todas ellas la más poderosa, y a la vez más influenciada por el lobby, es la de Empresa e Industria. En 2002 la DG de Empresa e Industria creó un grupo de trabajo de “alto nivel” sobre este tema, el Grupo para la Competi ti vi ‐ dad de la Biotecnología, que debía marcar las directri‐ ces de la estrategia de la UE sobre biotecnología y cu‐ yos miembros eran secretos. Gracias a la presión reali‐ zada por Amigos de la Tierra y la amenaza de empren‐ der acciones legales, la Secretaría General de la Co mi ‐ sión tuvo que hacer públicos los nombres de los inte‐ grantes que pueden observarse en la siguiente tabla, junto a la empresa a la que pertenecían.

17.‐ El descubrimiento se refiere al desciframiento o descodificación de algo que ya existe, la invención supone la creación exnovoo a tra‐

vés de la recombinación de elementos previos, de algo que no existe previamente. ISBN: 1885-477X YOUKALI, 10 página 97

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