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Laura Lorenzo Carrascosa Universidad Complutense de Madrid

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Laura Lorenzo Carrascosa Universidad Complutense de Madrid

[email protected]

Trabajo presentado a:

I Encuentro de la Demografía Histórica de la Europa Meridional Sesión: La population des institutions (hôpitaux, couvents, hospices) Mayo de 2003 - Maó (Menorca)

1. INTRODUCCIÓN.

Sociológicamente la población institucional puede ser interpretada en términos de las formas de sociabilidad de los individuos. Aplicando el sistema antitético de Tönnies (1887) la población institucional sería comprendida como una estructura social por sí misma en la que el asociacionismo de los individuos que la integran se fundamenta en las relaciones racionales e instrumentales (Gesellschaft o grupo secundario). En contraposición a esta formación social se encuentra la comunidad o Gemeinschafft (grupo primario), en la cual el componente afectivo o emocional es fundamental para la creación

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y mantenimiento de la comunidad (Giner, 1985: 101-105)1. La familia sería el ejemplo por excelencia de la comunidad o grupo primario, debido al cariz emocional y afectivo de los lazos que sustentan las relaciones que se dan entre los miembros que la integran.

En buena medida los grupos primarios o comunidades, en nuestro caso las familias, subsisten cuanto menos desarrollada es una sociedad, en contraste con los grupos secundarios o asociaciones (la población institucional), que tienen su desarrollo con la civilización moderna caracterizada por una acción social canalizada con frecuencia según módulos de eficiencia y racionalización (Giner, 1985: 103).

El desarrollo de la familia parece por tanto oponerse al de la población institucional. En el caso de España la exigua extensión de la población institucional probablemente se relaciona con la importancia de la solidaridad familiar y de los lazos emocionales que se establecen entre los miembros de la familia.

Históricamente la familia en España ha jugado un papel crucial en la sociedad desempeñando funciones de bienestar y apoyo entre sus miembros, ya que excepto en casos extremos de personas sin parientes, los mecanismos de solidaridad familiar actuaban en situaciones de precariedad de alguno de los miembros de la familia extensa, sobre todo en los casos de los grupos más vulnerables como son las mujeres, los niños y los ancianos2 (Reher, 1996: 151-160).

Esta solidaridad para con los necesitados en ocasiones se hace extensible a personas ajenas al núcleo familiar, así en algunos pueblos existía

1

La dicotomía propuesta por Tönnies que posteriormente fue adoptada y reelaborada por otros autores como Weber, Durkheim o Cooley, ha sido objeto de múltiples críticas debido a que rara vez se pueden encontrar estos tipos ideales en estado puro en la sociedad y a que las propias dificultades que presentan para proceder a la operacionalización de estos dos conceptos hacen compleja su aplicación en la investigación empírica.

2

Prueba de la vulnerabilidad de estos grupos de población la encontramos en la definición que en el Catastro del Marqués de la Ensenada (1752) se hace de los pobres de solemnidad, éstos eran los vecinos de un pueblo o ciudad que no disponían de medios para su sustento, entre los que abundaban las viudas y los enfermos, los cuales se veían obligados a vivir de la mendicidad.

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el llamado “a reo vecino” que consistía en que los vecinos de un pueblo daban comida y alojamiento a los mendigos y pobres de solemnidad en sus propias casas de forma temporal. Otra forma de solidaridad con la población desvalida es la llevada a cabo en algunas ciudades castellanas desde mediados del siglo XIX por grupos de ciudadanos que realizaban todo tipo de obras de caridad, entre las que se contaba la beneficencia domiciliaria que consistía en la distribución ent re las familias más pobres de una serie de vales y bonos financiados por los mismos grupos (Andrés-Gallego, 1984: 42-43).

En buena medida debido a estas características de la solidaridad familiar y de la caridad vecinal en España la población institucional ha carecido de importancia, ya que las principales fuentes de apoyo en situaciones de precariedad han sido la familia o la comunidad de origen, mientras que en otros países del entorno europeo en que los lazos familiares han sido tradicionalmente más débiles la ayuda para con los miembros de la sociedad más vulnerables partía de instituciones públicas y/o privadas (Reher, 2002: 323). Este es el caso de Inglaterra, donde en virtud de las Leyes de Pobres la comunidad en su conjunto se hacía responsable del bienestar social de aquellas personas que vivían en situaciones de desigualdad y pobreza.

A pesar de la exigua importancia de la población institucional en el caso español, instituciones como la Iglesia y otras de carácter municipal o real ofrecían cobijo y alimento a las personas carentes de otro tipo de apoyo, amparo o auxilio, debido a la inexistencia de políticas sociales adecuadas hasta mediados del siglo XX (Iglesias de Ussel y Meil Landwerlin, 2001: 235). No obstante, no puede ponerse en duda el importante papel desempeñado por estas instituciones antes de la extensión del Estado de Bienestar.

Durante siglos en España las instituciones de asistencia social y hospitalaria, el Clero y el Ejército han estado estrechamente interrelacionados, vinculados por la pobreza y la falta de recursos económicos. La entrada en los monasterios y conventos y en el Ejército ha supuesto a lo largo de la historia un importante recurso para las familias en situaciones de pobreza y desigualdad, ya que la carrera militar o religiosa hacía posible que las familias pudieran mejorar su economía doméstica y permitía a los jóvenes asegurarse un futuro

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profesional con importantes posibilidades de movilidad social ascendente (Reher, 2002: 320; Linz, 1984: 73-74). Por otro lado, el Clero y las instituciones de asistencia social y hospitalaria, han estado tradicionalmente ligados debido a que las funciones de caridad y asistencialismo desempeñadas por ambos organismos han sido complementarias durante siglos (Woolf, 1986: 89).

Las funciones llevadas a cabo por estas instituciones se multiplican a partir de mediados del siglo XX debido al proceso de pérdida de funciones que tradicionalmente desempeñaba la familia y al surgimiento de instituciones especializadas en dichas actividades. Con la modernización de la sociedad y la aparición del Estado de Bienestar la familia delega parte de sus funciones, como por ejemplo la educativa y la asistencialista, en instituciones de carácter público e instrumental, en asociaciones o Gemeinschaften como Tönnies conceptualizó, instaurándose la idea de filantropía.

La población institucional presenta en el caso español un campo de estudio muy importante y escasamente tratado, debido a que en la mayor parte de los casos las investigaciones que se han realizado han centrado su interés en grupos concretos que integran el grueso de la población institucional, como es el caso de Andrés-Gallego (1984) que realiza un estudio del papel social que tradicionalmente ha desempeñado la Iglesia, De la Fuente Galán (2000) que lleva a cabo un análisis histórico de la asistencia social que se ha dispensado a los grupos sociales menos favorecidos, o Lleixá (1986) que por su parte lo hace del Ejército.

El objetivo de este trabajo es aportar un conocimiento más preciso de la población institucional en España desde una perspectiva dinámica que abarque el período comprendido entre 1787 y 1991, a partir de la explotación estadística de carácter descriptivo de la información existente en el Censo de Población. La información disponible para las diferentes categorías de estudio permitirá hacer una evaluación de la población institucional según su perfil sociodemográfico y valorar su peso sobre el total de la población, así como analizar su evolución vinculada con los diferentes procesos de cambio social y modernización de la sociedad acontecidos en España en los más de dos siglos que abarca esta investigación.

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2.EL CENSO DE POBLACIÓN COMO FUENTE DE ESTUDIO.

El Censo de Población nos permite realizar una reconstrucción estadística de la historia de España, no sólo porque posibilita el estudio de las características, estructura y tamaño de la población, sino también porque la calidad de la misma fuente refleja el contexto histórico de organización política y administrativa en el que cada Censo se llevó a cabo.

A lo largo del período de estudio (1787-1991) el Censo de Población sufre modificaciones en lo que se refiere a la información que contiene, no sólo porque se va haciendo más compleja su estructura interna, sino también porque la calidad de los datos es variable de un Censo a otro. A finales del siglo XVIII, periodo en el que comienza esta investigación, los Censos publicados son de gran calidad, como el de Floridablanca y el de Godoy, pero a comienzos del siglo XIX debido a la ocupación napoleónica y a la guerra dinástica que se estaba llevando a cabo en España, la fiabilidad de los datos censales es escasa, así mismo sucede durante la etapa de la Guerra Civil española. A pesar de los inconvenientes que tan exigua fiabilidad puede ocasionar, el Censo de Población sigue constituyendo la principal y única fuente estadística oficial para el estudio de la población institucional.

La población institucional objeto de esta investigación es la que en el Censo de Población de 1991 se denomina como establecimientos colectivos y que es definida como “las viviendas o edificios destinados a ser habitados por personas, sometidas a una autoridad o régimen común, dependientes de una institución económica o no. A efectos censales, se incluyen como establecimientos colectivos tanto los establecimientos colectivos propiamente dichos (conventos, cuarteles, asilos, residencias de estudiantes, prisiones), como los hoteles, pensiones y establecimientos análogos”.

La información disponible para las diferentes categorías que integran el grueso de la población institucional presenta importantes diferencias de un Censo a otro, incluso las propias categorías no son respetadas en los diferentes censos. Esta variabilidad en las categorías y en la información que el Censo contiene de las mismas, ha suscitado la necesidad de homogeneizar y estandarizar la población de las instituciones estableciendo tres categorías de

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análisis: el Clero, el Ejército y la población acogida en instituciones de asistencia social y hospitalaria.

La población perteneciente al Clero (Tabla 1) en el Censo de Población no siempre contempla exclusivamente a la población estrictamente eclesiástica, ya que en numerosos Censos sirvientes, criados y niños aparecen incluidos dentro de dicha población religiosa. El Censo de Población de 1991 considera a los residentes en los establecimientos colectivos como aquellos que estando o no presentes en el momento censal, residen habitualmente en el mismo y no tienen otra residencia. Por tanto, estos sirvientes y criados han sido considerados también como población institucional, ya que si bien no pertenecen rigurosamente al Clero, si pertenecen a la población de dicha institución entendiéndola como una comunidad.

En lo que respecta al Ejército el análisis que en esta investigación se ha realizado de la población castrense sólo incluye a la población masculina, ya que históricamente la presencia de las mujeres en el Ejército español ha sido mínima y ha quedado registrada tan sólo en determinados años censales3. Esto no quiere decir que la presencia de las mujeres en el Ejército se limite a estos años, ya que por ejemplo durante la Guerra Civil las milicianas jugaron un papel importante en la contienda, pero debido a lo conflictivo de estos años su presencia no ha quedado registrada oficialmente en el Censo de Población.

El estudio del Ejército a partir de los datos proporcionados por el Censo de Población evidencia otro problema y es las cifras relativas a la población militar para 1981 y 1991 están clarament e subestimadas. Con la finalidad de realizar una cuantificación más exacta de la población perteneciente al Ejército, además de la información recogida en el Censo de Población se han incluido los datos facilitados por el Ministerio de Defensa en el Censo y Movimiento de Personal Militar Profesional para 1982 y 1991.

3

En el Censo de Población de 1930 se contabilizan 15 mujeres en la Guardia Civil, carabineros y policía, en 1950 hay 69 mujeres en las fuerzas profesionales, en 1981 hay 969 mujeres militares y en 1991 esta cifra había descendido hasta 54.

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TABLA 1:

Información del Clero disponible en el Censo de Población (1787-1991)

Las instituciones de asistencia social y hospitalaria (Tabla 2), última de las categorías considerada como integrante de la población institucional, presenta algunas dificultades. No es hasta fechas recientes cuando sus funciones están claramente diferenciadas, ya que anteriormente las actividades llevadas a cabo por las instituciones de asistencia social y las instituciones de

1860

Estado eclesiástico secular d. Frailes Institutos religiosos

i. Canónigos i. Casas 1877

ii. Racioneros ii. Profesos Culto católico iii. Curas/párrocos iii. Novicios Culto evangélico

iv. Tenientes iv. Legos 1887

v. Beneficiados v. Donados Dedicados al culto religioso vi. Ordenados de mayores vi. Criados 1900

vii. Ordenados de menores vii. Niños Clero secular viii. Sacristanes y acólitos e. Congregaciones Clero regular ix. Sirvientes i. Casas Otros cultos

x. Ermitaños ii. Profesos Sirvientes de los cultos

Estado eclesiástico regular iii. Novicios 1910, 1920, 1930, 1940

a. Monges iv. Legos Clero católico secular i. Casas v. Donados Culto católico regular ii. Profesos vi. Criados Otros cultos

iii. Novicios vii. Niños Sirvientes de cultos

iv. Legos Religiosas/Monjas 1950

v. Donados i. Casas sujetas al ordinario Clero católico regular vi. Criados ii. Casas sujetas a la religión Clero católico secular vii. Niños iii. Profesas Otros cultos

b. Mendicantes iv. Novicias 1970

i. Casas v. Señoras con vestido seglar Personal del clero y de órdenes religiosas

ii. Profesos vi. Niñas 1981

iii. Novicios vii. Criados Religiosos

iv. Legos viii. Donados 1991

v. Donados a. Comendadoras Instituciones religiosas vi. Criados i. Casas sujetas al ordinario

vii. Niños ii. Casas sujetas a la religión c. Canónigos y clérigos reglares iii. Profesas

i. Casas iv. Novicias

ii. Profesos v. Señoras con vestido seglar iii. Novicios vi. Niñas

iv. Legos vii. Criados v. Donados viii. Donados vi. Criados

vii. Niños

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asistencia hospitalaria eran complementarias. Los hospitales eran considerados “hospederías” o asilos más que propiamente lugares en los que se curaban enfermedades, ya que su función primordial era la de asistir y cuidar a los enfermos (Pérez Moreda, 1980: 448). En 1854 el diccionario de la lengua definía los hospitales como la “casa en que se curan de limosna enfermos pobres. Casa que sirve para recoger pobres y peregrinos por tiempo limitado”.4

Por este motivo y con la finalidad de poder hacer un estudio de la evolución de las instituciones de asistencia social y hospitalaria, ambas subcategorías han sido consideradas como un todo y son tratadas a lo largo del estudio, excepto en los casos en los que la información disponible en el Censo permite un nivel de análisis mayor, como una categoría que aglutina ambas clasificaciones.

TABLA 2:

Información de la población acogida en instituciones de asistencia social y hospitalaria disponible en el Censo de Población (1787-1991)

4

Campuzano, 1854, Diccionario manual de la lengua castellana.

1787, 1797 1900, 1910, 1920, 1930, 1940 1991

Hospitales Acogidos en hospicios y enfermos Hospitales generales Hospicios Locos y enajenados Hospitales psiquiátricos Casas de corrección Presos y presidiarios Hospitales de larga estancia Casas de expósitos Mendigos, vagabundos y prostitutas Orfanatos

Doctrinos Asilos y residencias de ancianos

Casas de huérfanos 1960 Instituciones de asistencia social Acogidos en instituciones Instituciones penitenciarias

1860 1981 Instituciones para discapaces Pobres de solemnidad Hospitales Albergues para desvalidos

1887 De asistencia social Asilados y pobres de solemnidad Penitenciarias

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3.LA POBLACIÓN DEL CLERO.

La importancia de la Iglesia para la sociedad española no puede ponerse en duda. A lo largo de la historia la Iglesia ha desempeñado además de las tradicionales funciones pastorales, tareas de formación y de enseñanza y dedicación en obras sociales y de sanidad, recayendo en esta institución buena parte del grueso de la caridad y de la atención a los menos favorecidos5, ya que antes de la implantación del Estado de Bienestar en el siglo XX la Iglesia actuaba como una suerte de seguridad social mediante la cual se ofrecía alimento y cobijo a los pobres de solemnidad y a los enfermos incapaces de mantenerse económicamente por sí mismos6 (Reher, 1996: 151).

La característica ayuda a los necesitados llevada a cabo por la Iglesia tiene otra dimensión y es que en buena medida el ingreso en el Clero ha supuesto el mejor recurso ante situaciones familiares de carestía. Tradicionalmente en España y en otros países del sur de Europa los jóvenes se han independizado a través del matrimonio, pero para los jóvenes no herederos la opción de emigrar, de incorporarse a las filas del Ejército o de entrar en los conventos o monasterios se convertía en un importante recurso para su supervivencia (Reher, 2002: 320).

El ingreso en el Clero como medio para asegurarse un futuro profesional presenta un punto de inflexión a partir del proceso de Desamortización7 que se inicia en el caso español en 1766, ya que la Iglesia se vio despojada de sus bienes y de buena parte de la población que formaba parte de esta institución

5

Buena muestra de esta función asistencialista de la Iglesia la encontramos en la caridad que dispensaba a los sustratos de población más humildes, así por ejemplo en las puertas de los conventos y monasterios se repartía entre los pobres y mendigos la llamada “sopa boba” o sopa de pobres (Woolf, 1989: 108).

6

En 1900 sólo en Barcelona había 30000 individuos que recibían asistencia médica o alimenticia en centros eclesiásticos o atendidos por eclesiásticos (Palomares, 1979: 139).

7

Por el proceso de Desamortización la acción estatal convirtió en bienes nacionales las propiedades y derechos que hasta entonces habían constituido el patrimonio amortizado de diversas entidades civiles y eclesiásticas (“manos muertas”) para poderlos vender a ciudadanos individuales. Las medidas estatales afectaron a las propiedades plenas (fincas rústicas y urbanas), a los derechos censales (rentas de variado origen y naturaleza) y al patrimonio artístico y cultural (edificios conventuales, archivos y bibliotecas, pinturas y ornamentos) de las instituciones afectadas.

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(Giner, 1978: 120). La razón para este substancial “despoblamiento” que sufre la Iglesia se debe en buena medida a que ante la situación de crisis que estaba viviendo la institución eclesiástica debido al proceso de Desamortización y de secularización, la opción de ingresar en un convento o monasterio como medio para asegurar el futuro a los jóvenes no herederos8 deja de ser atractiva y se buscan nuevas fórmulas lejos de la carrera religiosa. En el Gráfico 1 se observa como los varones pertenecientes al Clero pasan de un 3% en 1787 y 1797 a valores próximos al 0,5% en 1860, y las mujeres, a pesar de partir de valores más bajos sufren también un importante descenso que va de un 0,6% en 1787 a un 0,2% en 1860. Estas diferencias según sexo en lo que se refiere a la disminución del número de población eclesiástica, se deben a que el anticlericalismo dieciochesco partía de la base de que los votos religiosos eran contrarios a la propia Naturaleza pero admisibles si tenían alguna utilidad social y resultaban baratos a la Hacienda pública, como era el caso de los misioneros y principalmente de las religiosas que cumplían funciones de asistencia a los enfermos y educativas entre otras (Andrés-Gallego, 1984: 40-41).

GRÁFICO 1:

Porcentaje de la población perteneciente al Clero en España (1787-1991). Varones y mujeres.

8

Para ampliar el tema de las pautas de herencia en España ver Reher (1996). 0,0 0,5 1,0 1,5 2,0 2,5 3,0 3,5 1787 1797 1860 1877 1887 1900 1910 1920 1930 1940 1950 1970 1981 1991 Varones Mujeres

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A lo largo del siglo XIX y de las primeras décadas del siglo XX continua el carácter eminentemente femenino de las congregaciones eclesiásticas que se multiplicaron en estos años9. Los datos proporcionados por el Censo de Población muestran como si bien la proporción de varones en el Clero se mantiene constante desde 1860, la de mujeres presenta por su parte una evolución ascendente incrementándose su presencia en la institución eclesiástica. El número de mujeres en el Clero pasa de representar el 0,2% en las décadas finales del siglo XIX a un 0,5% en 1900, igualando su proporción a la de los varones.

Durante los años centrales del siglo XX la población eclesiástica se mantiene constante tanto para los varones como para las mujeres en valores próximos al 0,5% sobre el total de la población. Pero esta tendencia de estabilidad presenta un punto de inflexión en la Guerra Civil, ya que la población perteneciente al Clero comienza en este momento una evo lución descendente que será pionera y más significativa en el caso de los varones, debido primero al anticlericalismo de la II República y después a la persecución que la población religiosa sufrió durante los años de la contienda bélica y que afectó en mayor medida a los varones10.

El descenso de la población perteneciente al Clero desde el final de la Guerra Civil se manifiesta en el Censo de Población, el cual muestra como la población clerical pasa de representar el 0,4% de la población en 1940 a un 0,1% en la década de 1970. La distribución por grupos de edad de la población eclesiástica (Gráficos 2) muestra como la disminución de esta población a partir de la década de 1940 es general para todos los grupos de población.

El declive de la población eclesiástica desde 1940 coincide con la reanudación del monopolio social, político y económico de los estratos tradicionales, por el que la jerarquía eclesiástica y en general todo el Clero pasan a monopolizar la administración y la cultura españolas (Giner, 1978: 76). El hecho de que esta crisis se desarrollara en una coyuntura favorable para la

9

Sólo entre 1850 y 1900 surgieron 64 congregaciones femeninas en España (Andrés-Gallego, 1984: 40).

10

Carr (1980) estima que durante la Guerra Civil perdieron la vida 6238 sacerdotes.

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Iglesia donde el gobierno franquista legitimaba el poder eclesiástico, pone de manifiesto los profundos cambios que estaban aconteciendo en la estructura interna de la institución. Esta transformación de la Iglesia se manifestó en una disminución de las vocaciones religiosas11, en la clausura de conventos y seminarios y en el abandono de la condición eclesiástica por parte de sacerdotes y religiosas, debido principalmente al surgimiento de sectores de la Iglesia abiertamente favorables a la modernización de la institución eclesiástica12 (Giner, 1978: 121), y a que el recurso de ingresar en el Clero como medio para asegurarse el futuro profesional pierde importancia en un contexto de desarrollo económico e industrial.

GRÁFICOS 2:

Distribución de la población por grupos de edad en el Clero. Varones y mujeres.

11

Giner (1978) estima que en 1769 en España había un sacerdote por cada 41 habitantes, en 1915 había uno por cada 535 y en 1975 la relación era de un sacerdote por cada 1035 habitantes.

12

El proceso de modernización de la Iglesia católica se inició con el Concilio Vaticano II (1959). Las reformas aprobadas en el mismo tuvieron muchos detractores entre los sectores católicos más conservadores, surgiendo grupos disidentes como la Fraternidad Sacerdotal de Pío X fundada por Marcel Lefèbvre.

Gráfico 2a: Varones

0 10000 20000 30000 40000 50000 60000 1900 1910 1920 1930 1940 1970 1991 <20 21-59 >60 Gráfico 2b: Mujeres 0 10000 20000 30000 40000 50000 60000 1900 1910 1920 1930 1940 1970 1991 <20 21-59 >60

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La tendencia general de declive de la población perteneciente al Clero se quiebra en el caso de las mujeres en la década de 1970, con un aumento del número de religiosas que pasan de 17913 en 1970 a 35538 en 1991. Dicho crecimiento se debe a que la población eclesiástica está experimentando un importante envejecimiento, como consecuencia de la disminución de las vocaciones entre los jóvenes y del incremento de la esperanza de vida de la población perteneciente al Clero, especialmente en el caso de las mujeres13. Previsiblemente y siguiendo las tendencias demográficas del conjunto de la sociedad la población eclesiástica continuará acusando el proceso de envejecimiento en las próximas décadas.

4.EL EJÉRCITO.

De sobra es conocida la función de protección del Estado que históricamente ha tenido el Ejército, pero esta institución ha desempeñado a lo largo de sus siglos de existencia otro cometido, el de soporte económico ante situaciones de vulnerabilidad. El reclutamiento militar ha supuesto para muchas familias e individuos un recurso para su supervivencia económica, ya que ante las sucesivas crisis económicas y de carestía de alimentos el ingreso en el Ejército se configuraba como un medio para evitar la pobreza y asegurarse un futuro profesional con importantes posibilidades de movilidad social ascendente (Linz, 1984: 73-74).

Estas funciones del Ejército de defensa nacional y de protección ante la miseria hacen necesario que el estudio de la evolución de dicha población institucional tenga muy presente el contexto social, económico y político del momento censal, debido a que condicionará en buena medida el desarrollo de la población castrense. En aquellos momentos históricos en que los conflictos políticos, económicos y/o sociales desencadenaban contiendas armadas y en los que consecuentemente la situación económica del país se veía afectada, el Ejercito tuvo una evolución ascendente.

13

La distribución por edades de la población eclesiástica recogida en el Censo de Población de 1991 muestra como el 58% de las mujeres pertenecientes a la Iglesia son mayores de 60 años.

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Esta es la situación de los años finales del siglo XVIII donde el Ejército y el desarrollo de la población militar estuvieron determinados por los acontecimientos revolucionarios sucedidos en Francia. La nueva etapa de guerras que se inició en este momento provocó un importante incremento de la población militar, debido a una mayor demanda de efectivos para frenar la proliferación de las ideas republicanas que ponían en peligro la continuidad de la monarquía, y a que la crisis económica y las dificultades de abastecimiento del período bélico14 fomentaron un mayor alistamiento de los jóvenes (Nadal, 1966: 127). En el Gráfico 3 se observa como el Ejército en estos años siguió una evolución ascendente duplicando el número de efectivos con los que contaba; entre 1787 y 1797 la población militar pasó de representar el 1,5% al 2,9% de la población española.

Esta tendencia de crecimiento de la población perteneciente al Ejército prosiguió durante los años centrales del siglo XIX, ya que se sucedieron los conflictos bélicos ocasionados por la Guerra de Independencia española (1808-1814) y las Guerras Carlistas por la sucesión del trono español (1833-1876) que provocaron una importante movilización de las tropas españolas y un substancial número de bajas15. La mortalidad extraordinaria ocasionada por las guerras de Independencia y Carlista y la elevada proporción de víctimas consecuencia de las guerras de emancipación de Cuba16 y Filipinas, se manifestaron en un descenso de la población militar en el último cuarto del siglo XIX la cual alcanzó valores próximos al 2% en estos años.

14

Las crisis fueron tan alarmantes que se dio orden a los diferentes pueblos del reino para que los Propios y Arbitrios de los fondos municipales destinados a la amortización de los Vales Reales fueran designados a la acumulación de grano (Pérez Moreda, 1980: 368-370).

15

Sólo en las filas del bando isabelino se estima que las bajas militares en las Guerras Carlistas fueron de 39701 muertos, 5096 heridos y 19666 prisioneros (Nadal, 1966: 142).

16

Las repercusiones del final de la aventura colonial española fueron muchas y de gran índole. Se estima que la guerra de emancipación le costó a Cuba 20000 vidas entre militares y civiles (Sánchez-Albornoz, 1994: 147) y en el caso español las cifras alcanzan los 2129 hombres fallecidos en combate y 53000 a causa de las enfermedades (Carr, 1980: 76).

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GRÁFICO 3:

Evolución de la población perteneciente al Ejército en España (1787-1991).

Nota: Debido a lo subestimadas que se han demostrado están las cifras relativas al Ejército en el Censo de Población para los dos últimos años censales (1981 y 1991), se han incluido los datos proporcionados por el Ministerio de Defensa (1982 y 1991) más exactos en la cuantificación de la población militar.

El descenso de la población perteneciente al Ejército debido a las consecuencias de los conflictos bélicos ocasionados durante los años finales del siglo XIX se quiebra durante el reinado de Alfonso XIII, que abarca las primeras décadas del siglo XX hasta la llegada de la II República española (1931), y que se caracterizó por la importancia del Ejército. Alfonso XIII en su gobierno otorgó al Ejército una primacía por encima de las instituciones políticas y de sus aparatos civiles, convirtiéndolo en el “cuarto poder” del Estado (Lleixá, 1986: 72-85), así las tropas pasaron de representar un 1,6% sobre el total de la población española en 1900 a un 2% durante la década de 1930.

La preponderancia del Ejército adquirida durante el reinado de Alfonso XIII, continua durante las décadas de 1930 y 1940 primero por su protagonismo en la ruptura de la II República y después como resultado de su participación

0 50000 100000 150000 200000 250000 300000 350000 400000 1787 1797 1860 1877 1887 1900 1910 1920 1930 1940 1950 1960 1970 1981 1991 Datos del Censo de Población

(16)

activa en la Guerra Civil (Lleixá, 1980: 97-98). Una de las medidas más importantes de la II República fue la de adaptar política y tecnológicamente el aparato militar de la Restauración al carácter liberal-democrático y republicano de la nueva sociedad española, lo que provocó la rebelión del Ejército contra el nuevo régimen y su participación en la contienda bélica del bando de los sublevados. Para estos años el Censo de Población estima que la población castrense representaba el 3% del total de la población española.

Este crecimiento de la población perteneciente al Ejército se interrumpe durante los años de la posguerra. El final de la contienda produjo un descenso drástico del número de militares que pasó de un 3% en la década de 1940 a un 1% en 1950, como consecuencia de la elevada mortalidad provocada durante el conflicto bélico que afectó tanto a la población militar como a la civil17 y de la disminución de la cuota de aspirantes a las filas del Ejército. El número de reclutas voluntarios disminuyó desde la década de 1940, lo que revela un cambio de actitud de las nuevas generaciones, así como la apertura a otras oportunidades profesionales lejos de la carrera militar en una España que estaba iniciando su modernización industrial (Giner, 1978: 116-117).

Después del punto de inflexión que supuso la posguerra en cuanto al descenso de la población castrense, en 1960 el Ejército parece estar completamente reorganizado y el número de efectivos disponibles se estabiliza en valores próximos al 1%. Esto se debe a que el Ejército fue una de las piedras angulares de la dictadura franquista, ya que el poder político resultante de la Guerra Civil se caracterizó por un acusado militarismo de las relaciones políticas y sociales y por el incremento de la autonomía e influencia políticas del Ejército18 (Lleixá, 1986: 150).

17

La principal consecuencia de la Guerra Civil española fue la gran cantidad de pérdidas humanas (tal vez más de medio millón), no todas ellas atribuibles a las acciones propiamente bélicas y sí muchas de ellas relacionadas con la violenta represión ejercida o consentida por ambos bandos, entre las que se pueden incluir también las muertes producidas por los bombardeos sobre poblaciones civiles.

18

Buena muestra del poder político que el Ejército tuvo durante la etapa de la dictadura franquista es que hasta 1964 el 39% de los ministros tenían su origen en la carrera militar (Giner, 1978: 117).

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Esta primacía del Ejército durante los años centrales de la dictadura franquista se interrumpe en la década de 1970 debido en buena medida al cambio de actitud de las nuevas generaciones. La carrera militar dejó de ser la panacea profesional en un contexto de modernización del mercado de trabajo en el que las oportunidades profesionales se alejaban bastante de la vida castrense. Desde este momento la institución militar entra en crisis y la población del Ejército sigue una tendencia descendente, reduciendo entre 1970 y 1981 el número de efectivos a más de la mitad, pasando de contar con 142507 militares en sus filas a 66565 once años después.

Este descenso de la población castrense que se inicia en la década de 1970 continua hasta la actualidad, debido principalmente a que las Fuerzas Armadas han tendido hacía un proceso de profesionalización y a una considerable reducción del número de aspirantes debido principalmente a un cambio de actitud de las nuevas generaciones hacia la imagen tradicional del Ejército (Castells y Zaldivar, 1992: 24).

5. LA POBLACIÓN ACOGIDA EN LAS INSTITUCIONES DE ASISTENCIA SOCIAL Y HOSPITALARIA.

A lo largo de la historia las instituciones de asistencia social y hospitalaria han tenido funciones análogas y no es hasta fechas recientes cuando sus actividades son claramente diferenciadas. La función primordial de los hospitales, asilos y otras instituciones de carácter asistencialista ha sido la de cuidar y auxiliar a los enfermos, mendigos y demás población desamparada (Pérez Moreda, 1980: 448). Con el desarrollo de la medicina moderna los hospitales se especializan en cuidar y sanar a los enfermos y las instituciones de asistencia social se encargan de asistir y cuidar a la población infantil, la población anciana y a todos aquellos que no dispongan de otro recurso en una situación de precariedad.

Antes de que se produjera la disociación entre las funciones desempeñadas por los hospitales y las llevadas a cabo por las instituciones de asistencia social y de que se extendieran los servicios ofrecidos por éstos, la

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familia ha sido probablemente el soporte primordial ante circunstancias adversas constituyéndose como el principal fundamento del bienestar social de los miembros que la integran (Iglesias de Ussel y Meil Landwerlin, 2001: 231). En buena medida debido a este carácter de la familia en España, las instituciones de asistencia social y hospitalarias han tenido una menor relevancia que en el caso de otros países europeos, excepto en aquellos momentos históricos en los que los conflictos políticos y la carestía económica afectaban a la institución familiar y a la sociedad en su conjunto, produciéndose un aumento de la población acogida en las instituciones de asistencia social y hospitalaria.

Si comparamos el caso español con el de otros países europeos se advierte el papel fundamental que posiblemente ha tenido la familia en la exigua extensión e importancia de las instituciones de carácter asistencialista y hospitalario, constituyéndose como una medida de la importancia de los lazos familiares en la sociedad española19. Los datos proporcionados por el Censo de Población muestran como para el año 1797 el 0,5% de la población española estaba acogida en instituciones de asistencia social y hospitalaria, mientras que en el caso de Inglaterra y Gales (1803) el 11,4% de la población era considerada pobre y en la Francia de la época revolucionaria se estimaba que el 12,5% de la población vivía en situaciones de pobreza20.

A pesar de que el estudio comparativo de la población acogida en las instituciones de asistencia social y hospitalaria en España con otras

19

Numerosos investigadores han realizado una importante aportación al estudio de la solidaridad familiar, como es el caso de Reher (2002) que mide la fortaleza de los lazos familiares en Europa mediante el estudio comparativo del número de sirvientes en los países meridionales y septentrionales.

20

Las cifras de Inglaterra y Gales, Francia y España se han considerado como equiparables, debido a que la población pobre contemplada en las Leyes de Pobres inglesas, las categorías establecidas por el gobierno francés para cuantificar a la población en situación de pobreza y la composición de la población acogida en las instituciones de asistencia social y hospitalaria que recoge el Censo español de 1797, son comparables. El Censo de Población de 1797 considera que la población acogida en las instituciones de asi stencia social y hospitalaria está formada por la población de los hospitales, hospicios, casas de corrección, casas de expósitos, doctrinos y casas de huérfanos. En el caso de Inglaterra y Gales la cifra de pobres incluye a los ancianos, enfermos, niños, vagabundos, locos y adultos capaces para el trabajo (Williams, 1981: 230). En Francia durante la época revolucionaria la población que vivía en situación de pobreza estaba integrada por los mendigos, los recluidos en los hospitales, los dependientes de limosnas y los pobres meritorios (Gueslin, 1998: 82).

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instituciones de funciones análogas del entorno europeo muestra una menor importancia de dichas instituciones en el caso español, no puede ponerse en duda el papel trascendental que las instituciones de carácter asistencialista y hospitalario han llevado a cabo antes de la extensión del Estado de Bienestar en el siglo XX (Geremek, 1989: 195).

En el Gráfico 4 se observa como a partir de 1797 se produce un aumento del número de población acogida en las instituciones de asistencia social y hospitalaria, ya que debido al proceso de Desamortización instituciones como la Iglesia, que tradicionalmente tenían una función asistencialista y de provisión de servicios sociales a la comunidad, pierden en este momento su primacía en las labores de atención a los necesitados en virtud de instituciones de carácter laico (Woolf, 1986: 37-38).

En este incremento de las instituciones de asistencia social y hospitalaria en el siglo XVIII21 los organismos políticos y los sectores intelectuales de la Ilustración tuvieron una importancia crucial, ya que se contemplaba la creación de los hospitales como una medida de lucha contra la mendicidad y la caridad, más que como un medio de atajar la enfermedad. Los hospitales e instituciones asistencialistas permitían por tanto mantener el orden social y rehabilitar a través del internamiento a los sectores marginados de la población para que fueran útiles laboral y socialmente22.

21

Entre 1787 y 1797 el número de hospitales había crecido en 558, cifra que incluye tanto los hospitales de las capitales de provincia como los establecimientos rurales en los que el número de camas no llegaba a la decena (Pérez Moreda, 1980: 449).

22

Para profundizar en el tema de la teorización de las funciones de las instituciones de asistencia social y hospitalaria en el siglo XVIII ver Murcia (1798).

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GRÁFICO 4:

Porcentaje de población acogida en las instituciones de asistencia Social y hospitalaria (1787-1991). Varones y mujeres.

Estas medidas de erradicación de la pobreza y de la mendicidad a través del internamiento en instituciones de asistencia social y hospitalaria continúan durante el siglo XIX, incrementándose el número de población acogida en este tipo de centros. El Censo de Población muestra para los años centrales de este siglo un importante incremento de la población acogida en las instituciones de carácter asistencialista y hospitalario con valores próximos al 3,5%, pero si comparamos el caso español con el de otros países europeos la proporción de población acogida en este tipo de estas instituciones en España es menos relevante que en el resto de Europa23. Esto se debe en buena medida a que en el Censo de Población no queda recogida el total de la población pobre

23

En 1812 el gobierno napoleónico estimaba que en el departamento de Arno en la Toscana el 20% de la población vivía en condiciones de pobreza: en esta cifra se incluyen tanto los mendigos, como los recluidos en hospitales, los dependientes de limosnas y los pobres meritorios (Woolf, 1986: 93-94). 0,0 0,5 1,0 1,5 2,0 2,5 1787 1797 1860 1887 1900 1910 1920 1930 1940 1960 1981 1991 Varones Mujeres

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demandante de este tipo de servicios, ya que desde el propio Estado se disuadía a los ciudadanos de su ingreso en dichos centros contemplando la asistencia hospitalaria como basada fundamentalmente en la “hospitalidad domiciliaria”24 y haciendo recaer en la familia el grueso de la atención a los enfermos y discapacitados.

La atención médica a los enfermos en sus propios hogares se relaciona con la deplorable situación de los hospitales y centros médicos y con la pésima atención dispensada a los pacientes en los mismos, ya que a pesar de que a lo largo del siglo XIX proliferan los centros hospitalarios y asistencialistas la calidad y salubridad de estos centros no se correlaciona con dicho incremento. En los primeros hospitales los pacientes estaban agrupados en una misma sala con independencia de su enfermedad, no siendo hasta finales del siglo XIX cuando se crean algunos establecimientos para enfermedades específicas como los asilos mentales, los centros de cuarentena y los sanatorios para tuberculosos, además en la mayor parte de las ocasiones varios enfermos debían compartir la misma cama (Pérez Moreda, 1980: 448).

Pese a que las condiciones de los hospitales y de las instituciones de asistencia social en el siglo XIX eran lamentables, la población acogida en los mismos continúa su tendencia ascendente, alcanzando su punto álgido en 1860 como consecuencia con toda probabilidad de las fatales repercusiones que la pandemia de cólera tuvo en la sociedad española25. En los años centrales del siglo XIX y debido posiblemente a la extensión del cólera, aumentó la población acogida en las instituciones de asistencia social y hospitalaria, ya que la mortalidad extraordinaria ocasionada por la pandemia

24

Así queda contemplado en la primera Ley de Beneficencia de 1822 aprobada durante el Trienio Liberal y en la siguiente fechada en 1849 (Pérez Moreda, 1980: 450).

25

A pesar de lo subestimadas que se ha demostrado están las cifras relativas a las consecuencias del cólera en España, éstas sirven para ilustrar las importantes repercusiones de la pandemia en la población. En la primera oleada (1833-1835) se estima que hubo 449264 enfermos y 102511 muertes y en la segunda (1835-1856) el cólera se cobró 236744 muertos y 829189 enfermos (Nadal, 1966: 144-148).

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afectó en mayor medida a los grupos sociales más desfavorecidos princ ipales usuarios de este tipo de centros26. Las mujeres acusaron en mayor medida las repercusiones del cólera en su salud, produciéndose una sobremortalidad femenina muy acusada (160 mujeres fallecidas por cada 100 muertes de varones) y un incremento de su presencia en las instituciones de asistencia social y hospitalaria alcanzando una proporción del 2,5 sobre el total de la población (Nadal, 1966: 148).

Las terribles repercusiones que la pandemia de cólera tuvo en la población española27 y en el protagonismo de las instituciones de asistencia social y hospitalaria durante el desarrollo de la enfermedad, tuvieron su manifestación a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. La mortalidad extraordinaria ocasionada por el cólera es responsable en buena medida del descenso de la población acogida en las instituciones de carácter asistencialista y hospitalario, ya que la pandemia afectó con mayor virulencia a los grupos de población pobres y marginados usuarios habituales de estos centros, por lo que la demanda de los servicios ofrecidos por estas instituciones disminuyó durante los años posteriores (Nadal, 1966: 153).

Este descenso que se inició a finales del siglo XIX en lo que se refiere a la población acogida en los hospitales e instituciones de asistenc ia social, y que se estabilizó en valores próximos al 0,5% tanto para los varones como para las mujeres en las primeras décadas del siglo XX, se quiebra con la Guerra Civil. El conflicto armado además de cobrarse un importante número de vidas civiles y militares28, causó un crecimiento sin precedentes de la población acogida en las instituciones de carácter asistencialista y hospitalario, debido a que el ingreso en este tipo de centros se incrementó durante el período bélico

26

El incremento de la población acogida en las instituciones de asistencia social y hospitalaria durante la pandemia de cólera de 1860 se relaciona con la aprobación de la Ley de Servicio General de Sanidad (1855), que constituye la primera legislación sanitaria del país y en virtud de la cual la sanidad se reduce a la protección de la población en época de epidemias (De Miguel y Díez Nicolás, 1985: 215).

27

La crisis de 1855 produjo unas pérdidas de población del 15 ó 16 por mil, lo que representa un incremento adicional de la mortalidad de la época de un 50% (Pérez Moreda, 1980: 395).

28

Díez Nicolás (1985) calcula que entre 1936 y 1942 se produjeron 558000 defunciones como causa directa o indirecta de la Guerra Civil.

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pasando de una población de 77764 individuos en la década de 1930 a 247273 acogidos en 1940.

La evolución ascendente de la población acogida en las instituciones de asistencia social y hospitalaria durante la Guerra Civil experimenta importantes diferencias por sexo, ya que las consecuencias de la contienda bélica fueron desiguales para los varones que para las mujeres. En el Gráfico 5 se observa como la presencia de los varones es mayor para todas las categorías de análisis en el período 1900-1940. La razón para esta mayor presencia de los varones en las instituciones de asistencia social y hospitalaria se debe probablemente a que éstos fueron los que participaron de forma activa en la contienda, y consecuentemente sufrieron en mayor medida las repercusiones negativas de la misma convirtiéndose en los principales demandantes de la asistencia dispensada en estos centros.

GRÁFICO 5:

Razón entre los sexos de la población acogida en instituciones de asistencia social y hospitalaria en España (1900-1940).

0,1 1 10 100

1900 1910 1920 1930 1940

Acogidos en hospicios y enfermos Locos y enajenados

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Estas diferencias según sexo son especialmente destacadas en el caso de la población presa y presidiaria, debido a que tradicionalmente la presencia de los varones en las cárceles ha sido más importante y a que la represión política de la Guerra Civil y de la inmediata postguerra fue mayor en el caso de los varones los cuales ingresaron en una proporción más elevada en los centros penitenciarios. El Censo de Población pone de manifiesto como el número de presos en la década de 1940 representaba el 1,4% del total de varones frente a un 0,1% de mujeres.

Con todo, el hecho de que el mayor incremento y las principales diferencias según sexo en lo que a la población acogida en instituciones de asistencia social y hospitalaria en el período 1900-1940 sea el de los presos y presidiarios, refleja la estabilidad general de la población acogida en dichas instituciones en España sólo alterable por circunstancias extraordinarias como la Guerra Civil.

En el caso de la distribución por edades (Gráficos 6) se observa como el grupo de edad de los jóvenes-adultos de 21 a 60 años es el que tiene una presencia más significativa de presos y presidiarios, debido a que este es el grupo en el que un número más elevado de efectivos intervino de forma activa en la guerra y por tanto sufrieron con mayor acritud las repercusiones políticas de la misma.

La población menor de 21 años y la mayor de 60 años que sufrieron en la mayor parte de los casos las fatales consecuencias de la Guerra Civil en la retaguardia, manifiestan las repercusiones de la contienda de forma diferent e al grupo de edad de los jóvenes-adultos. Los ancianos y los niños-jóvenes reflejan por su parte un aumento del número de población acogida en los hospicios y un incremento de los enfermos y de los locos y enajenados. La razón para esta substancial preponderancia de los ancianos y los niños-jóvenes en estas categorías se debe a que la Guerra Civil produjo una crispación social, carestía de alimentos, proliferación de enfermedades y desintegración de las familias que afectaron en mayor medida a la población más vulnerable y que no había acudido al frente a luchar.

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Gráficos 6:

Población acogida en instituciones de asistencia social y hospitalaria en España (1900-1940).

Presos y presidiarios Acogidos en hospicios y enfermos Locos y enajenados

Gráfico 6a: Varones menores de 21 años.

0 2000 4000 6000 8000 10000 12000 14000 16000 18000 1900 1910 1920 1930 1940

Gráfico 6b: Mujeres menores de 21 años.

0 2000 4000 6000 8000 10000 12000 14000 16000 18000 1900 1910 1920 1930 1940

Gráfico 6c: Varones de 21 a 60 años.

0 20000 40000 60000 80000 100000 120000 140000 160000 180000 1900 1910 1920 1930 1940 0 5000 10000 15000 20000 1900 1910 1920 1930

Gráfico 6d: Mujeres de 21 a 60 años.

0 2000 4000 6000 8000 10000 12000 14000 16000 18000 1900 1910 1920 1930 1940

Gráfico 6e: Varones mayores de 60 años.

0 2000 4000 6000 8000 10000 12000 14000 16000 18000 1900 1910 1920 1930 1940

Gráfico 6f: Mujeres mayores de 60 años

0 2000 4000 6000 8000 10000 12000 14000 16000 18000 1900 1910 1920 1930 1940

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La estabilización política y social y la recuperación económica de la posguerra permitieron que la población acogida en las instituciones de asistencia social y hospitalaria volviera a descender en la década de 1960 hasta valores próximos al período prebélico. El Censo de Población estima que la población acogida en instituciones de carácter asistencialista y hospitalario en 1960 representaba el 0,5% del total de la población española.

Este descenso de la población acogida en las instituciones de asistencia social y hospitalaria que se inicia en 1960 y que continua en las décadas siguientes, presenta un punto de inflexión en el caso de las mujeres a partir de 1981. La tendencia de decrecimiento de la población femenina acogida en estas instituciones se invierte, llegando a alcanzar valores similares a los de la etapa de la Guerra Civil. Las protagonistas de este cambio son las mujeres mayores de 65 años que residen en los asilos y en las residencias de ancianos29, ya que como consecuencia del incremento en la esperanza de vida y de la sobremortalidad masculina éstas se convierten en las principales usuarias de este tipo de servicios asistencialistas.

Este incremento en el número de asilos y residencias de ancianos, da cuenta de cómo los cambios demográficos requieren de reajustes en las políticas de asistencia social. Durante los últimos siglos la infancia ha sido la principal beneficiaria de las políticas sociales debido a su importancia cuantitativa, pero desde hace unas décadas y como consecuencia del proceso de envejecimiento la asistencia social ha dirigido sus esfuerzos y recursos a la población anciana con el fin de evitar posibles situaciones de pobreza y exclusión social de este grupo. El proceso de pérdida de funciones que tradicionalmente desempeñaba la familia, es el responsable de este cambio, debido a que con la aparición del Estado de Bienestar y los cambios en la composición y funciones de la institución familiar en el siglo XX, la familia delega parte de sus funciones en instituciones especializadas, como es la asistencia a la población anciana.

29

En 1991 el 45% de los varones y el 52% de las mujeres pertenecientes a la población institucional habitaban en asilos y/o residencias de ancianos. Las mujeres mayores de 65 años residentes en los asilos y en las residencias de ancianos representaban el 46% del total de la población institucional.

(27)

6.CONCLUSIONES.

Los diferentes procesos de cambio social y de modernización de la sociedad acontecidos en España en el período 1787-1991, se han destacado como los factores esenciales para entender las características y evolución de la población institucional.

El análisis que aquí se ha realizado de dicha población a partir de la información facilitada por el Censo de Población, pone de manifiesto cómo en un contexto como el actual de gran estabilidad política, económica y social la demografía se convierte en el elemento crucial para explicar la evolución futura de la población institucional.

Los cambios acontecidos en el Ejército en lo que se refiere a la reducción de la población militar han provocado una profesionalización de las Fuerzas Armadas para garantizar la defensa nacional. La inmigración se ha contemplado incluso como un recurso para asegurar un número de población militar estable.

En lo que se refiere al Clero, desde hace unas décadas la población eclesiástica está experimentando un importante descenso y un substancial envejecimiento de la población clerical que previsiblemente continuará en las próximas décadas. Esta tendencia de envejecimiento general de la sociedad afecta también a la población acogida en las instituciones de asistencia social y hospitalaria, en cuanto a la población que la compone y a la asistencia que presta. El proceso de envejecimiento provoca una mayor demanda de los servicios médicos y asistencialistas especializados en geriatría, por lo que a medio plazo las instituciones de asistencia social y hospitalaria se dedicarán esencialmente a la población anciana.

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