• No se han encontrado resultados

Vol. 7, núm. 1

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2020

Share "Vol. 7, núm. 1"

Copied!
10
0
0

Texto completo

(1)

La promoción de la salud en la empresa moderna

*

Joseph Kuhn**

Abstract

Twenty years ago health promotion developed within a social movement which showed a critical impetus to the ocuppational safety and health systems, the working conditions in institutions and enterprises and the health behavior of worker population. Although at that time health promotion at the workplace was seen as an exotic issue, today it is recognized by society and promoted by social insurance systems. But this history of success has a drawback too: it leaves to a loss of emancipatory power.

Resumen

La promoción de la salud en la empresa surgió hace aproximadamente veinte años en el contexto de un movimiento social crítico hacia las formas tradicionales del cuidado de la salud con el cual compartió el enfoque crítico acerca de la política de seguridad ocupacional y la salud ocupacional, las condiciones laborales en las empresas y el comportamiento de los trabajadores en torno a su salud. A diferencia de aquel entonces cuando la promoción de la salud en la empresa era un tema exótico y marginal, en la actualidad este tema ha logrado un amplio reconocimiento sociopolítico y es soportado por los sistemas de la seguridad social. Sin embargo, esta historia de éxito tiene su revés dialéctico que consiste en una pérdida no dimensionable del potencial emancipatorio.

Un nuevo discurso con nuevas preguntas

Desde finales de los ochenta, el tema de la “promoción de la salud en la empresa” ocupa

un lugar predominante en el discurso acerca de la relación entre el trabajo y la salud,

mientras que la protección del trabajo ha sido relegada a un plano secundario: no

provoca mayor dolor de cabeza remitirla a instancias fuera de la empresa (outsourcing).

Más aún, muchos empresarios preferirían incluso eliminarla por completo. Ni los

empleadores ni los empleados confían en que el sistema de protección ocupacional1 pueda resolver aquellos problemas que les urge superar. Este sistema se conforma de un

sinnúmero de reglamentos y formularios cuyo sentido no se comprende a menudo. Se

sitúa al lado del trabajo –es decir, de aquellas actividades que son esenciales para los

actores en la empresa– como un deber incómodo.

*

Este artículo se publicó por primera vez en la revista Forum Kritische Psychologie, no. 45, 2002, Hamburg, Alemania, Argument Verlag, pp. 124-130. La traducción para ‘Perpectivas Sociales’ estuvo a cargo de Veronika Sieglin. Agradecemos a dicha revista el permiso de traducirlo y publicarlo.

**

El autor es psicólogo y trabajó en la Secretaría de Salud y Seguridad Alimenticia de Bavaria, Alemania. Su dirección electrónica es: [email protected]

1

(2)

En cambio, la promoción de la salud en la empresa constituye un tema más

prometedor, además de que se inserta en otro tipo de lenguaje. Gira en torno a la

motivación, el sentido del trabajo, la responsabilidad, la relación de confianza entre

directivos y colaboradores, los costos arrojados por concepto de enfermedad, la calidad

de los alimentos ofrecidos en el comedor, los dolores de espalda debido al trabajo frente

a la computadora y muchos otros asuntos más que les son familiares a empresarios y

obreros. Se dice que todos estos problemas pueden ser resueltos a través de proyectos

ligados a la promoción de la salud en la empresa. Al final de este proceso, los

empleados estarán más sanos y la empresa será más productiva.

El paradigma de la promoción de la salud en la empresa es tan sencillo como

inteligible: empresas productivas requieren de colaboradores productivos y, por tanto,

sanos. Sobre esta base resulta lógico asumir que la empresa tiene un interés en la salud

de sus empleados. Salud y eficiencia empresarial representan así dos lados de la misma

moneda. Esto nos hace entender por qué dicho mensaje ha sido tan bien recibido tanto

por las empresas como por los sindicatos.

En las siguientes líneas voy a analizar por qué las cosas no son tan sencillas; qué

preguntas surgen en torno al tópico de la promoción de la salud en la empresa a raíz de

los cambios recientes en el mundo laboral; qué tipo de diferenciaciones conceptuales se

requieren, y cuáles son las perspectivas de este tópico. Una aclaración: pese a las

críticas que formularé, me parece indudable que en los años recientes la promoción de

la salud en la empresa ha dado un nuevo impulso al tema “trabajo y salud”, que por su

inserción en una perspectiva científico-social contribuye a combatir las diversas

insuficiencias propias del modelo clásico de protección ocupacional, y que representa

un enfoque prometedor e importante para el futuro.

Una mirada al pasado: el trabajo industrial clásico y el papel de la protección ocupacional

En nuestro sistema económico, la fuerza de trabajo humano se encuentra al servicio de

las necesidades reproductivas del capital. La cuestión de si en este proceso se cuida y se

conserva la salud del ser humano, o bien, se deteriora, depende, en primera instancia, de

las consecuencias económicas de una forma de proceder u otra. Todo lo que invierte una

(3)

cuando resulta ser redituable. Este cálculo lo tienen que efectuar todas las empresas

capitalistas si no quieren desaparecer.

En el capitalismo temprano, la tensión entre capital y salud de los trabajadores

era evidente. El capital se reproducía por medio de la explotación. Las condiciones

laborales eran simple y llanamente inhumanas; en aquel entonces nadie en su sano

juicio hubiese promovido la “organización de la confianza” como ideal del desarrollo de

una empresa, algo que sucede ocasionalmente hoy en día en el campo de la promoción

de la salud en la empresa (véase, por ejemplo, Westermayer, 1996). El modelo clásico

de protección del trabajo representa, en sustancia, una reacción a esta situación

histórica. El creciente uso de maquinaria convirtió, durante la segunda mitad del siglo

XIX, a los accidentes en parte de la cotidianeidad laboral, y no sólo en las minas sino

también en otras áreas industriales; las jornadas excesivamente largas, el trabajo físico

extenuante y la ausencia de cualquier tipo de protección del trabajo acabaron con la

salud de los obreros en dimensiones hasta entonces desconocidas. El conflicto de

intereses entre capital y trabajo no se logró resolver en el marco de la empresa, de modo

tal que el consenso acerca de la necesidad de una regulación social de las relaciones

laborales penetró incluso los círculos burgueses.

Por medio de un reglamento estatal referente a la protección del trabajo, se

establecieron estándares mínimos en relación a las condiciones laborales que

contribuyeron, por ejemplo, a una reducción de los accidentes en el manejo de las ollas

de presión y del trabajo infantil, que restringieron la jornada y que, en una fase ulterior,

influyeron en toda la gama de elementos vinculados a las condiciones laborales en

cuanto a su impacto en la salud humana. Todos los acuerdos posteriores entre capital y

trabajo –entre ellos se encuentra precisamente la promoción de la salud en la empresa

tal como la conocemos ahora– tienen como base la regulación estatal de este conflicto

de intereses fundamental en nuestra sociedad, el cual gira en torno al aprovechamiento

de la fuerza de trabajo humana. Gracias a la ley de protección ocupacional (además de

muchas otras normas jurídicas, piénsese en la ley de normatividad de la empresa o la

protección legal contra el despido), dicho conflicto no se presenta en la actualidad con

la misma virulencia que antes. Tal vez sea ésta la razón por la cual hoy en día la

protección ocupacional nos parece tan anticuada: los momentos que provocaron su

(4)

paradigma de la promoción de la salud en la empresa sugiere que en realidad no han

desaparecido. Basta una mirada a las prácticas de firmas alemanas en el Tercer Mundo o

a los escasos escrúpulos que mostraron hace poco algunas empresas, con una larga

tradición reformista respecto a la relación obrero-patronal, cuando decidieron adoptar la

filosofía neoliberal que concibe a la empresa como una institución al servicio exclusivo

de sus accionistas.

Si concluimos retrospectivamente que el sistema de protección del trabajo surgió

gracias a la percepción de los conflictos societales propios del capitalismo, y que su

historia de éxito se debe a la regulación y moderación de dichos conflictos, entonces es

preciso preguntarse qué podemos deducir de todo ello para la promoción de la salud en

la empresa, hoy.

Nuevas formas de trabajo y el papel de la promoción de la salud en la empresa

El trabajo asalariado ha sido tradicionalmente trabajo por encargo. Este tipo de trabajo

puede organizarse de diversas formas como lo prueban las estrategias tayloristas que se

impusieron también en las empresas alemanas después de la Segunda Guerra Mundial.

El credo del taylorismo consiste en la separación radical del trabajo gerencial y del

operativo. Taylor identificó su modelo de organización laboral como una

“administración científica de la empresa”, ya que quería prescribir a los trabajadores,

hasta en los detalles más minuciosos, la forma de cómo ejecutar su trabajo; les pretendía

imponer las formas operativas que científicamente resultaran mejores. Este sistema no

deseaba que los obreros reflexionaran sobre la cuestión laboral. El taylorismo representó

así un instrumento para racionalizar e intensificar el proceso de trabajo, y constituyó,

por otro lado, un medio para asegurar el dominio de la gerencia sobre los trabajadores.

A éstos se les asignó un único papel: ser órganos ejecutantes, es decir, ser una

herramienta de los administradores de la empresa. Tratándose de la producción masiva

de productos relativamente simples, las gerencias empresariales consideran como

funcional, aún en el presente, a este modelo de organización laboral. No es así en el

caso de las empresas que están sometidas a una elevada presión para innovar o que

emplean tecnologías productivas complejas. Para ellas resulta ventajoso no degradar a

los empleados a meros receptores de órdenes, sino aprovechar de la manera más amplia

(5)

empleados no sólo se han convertido en “colaboradores”, sino que son estimulados para

participar en las reflexiones sobre la empresa, para tomar decisiones propias y para

aceptar más responsabilidad.

Desde hace veinte años, la sociología industrial está describiendo extensamente

los cambios en los conceptos de producción (véase, por ejemplo, el estudio clásico de

Kern y Schumann, 1984), por lo que nos basta aquí con los apuntes anteriores. Si

analizamos los diversos modelos productivos desde un enfoque centrado en la salud,

queda claro que la organización laboral inspirada en el taylorismo no contribuye a la

buena salud. Al negar a los empleados cualquier autonomía de acción, se reprimen

características elementales de los seres humanos al igual que sus necesidades de

desarrollo. Tanto los nuevos conceptos de producción como la promoción de la salud en

la empresa se oponen a dichas prácticas productivas. En cambio, las nuevas

concepciones de organización productiva versan sobre “el aprovechamiento holístico de la fuerza del trabajo”: no pretenden reprimir las facultades mentales e intelectuales de

los empleados, sino aprovecharlas para la producción. Los expertos en temas de salud

laboral aluden a los conocimientos desarrollados por las ciencias de la salud acerca de

los ámbitos de acción, y principalmente a Aaron Antonovsky y su concepto de

salutogénesis (Antonovsky, 1997; sobre la traducción de la salutogénesis en una

tecnología social que intensifica el rendimiento véase, por ejemplo, Klingebiel, 2000).

Argumentan que los seres humanos se mantienen más saludables cuando comprenden

sus condiciones de vida, cuando pueden influir en ellas y cuando logran ubicar su

propio actuar como parte de un contexto general que tiene sentido. Las exigencias que

de ahí se derivan para el mundo laboral, en cuanto a condiciones de trabajo, concuerdan

a grandes rasgos con los nuevos paradigmas de producción: integración de los

trabajadores en la planeación de los procesos de trabajo, creación de espacios para la

toma de decisiones, importancia de las tareas desempeñadas por cada quien en el

conjunto del proceso productivo, etcétera.

La sociología industrial ha enfatizado desde hace mucho que estas nuevas

formas de trabajo no significan, empero, una reducción de tensiones y un incremento

continuo de autonomía, sino más bien un cambio en el espectro de tensiones que se

acompaña por nuevos mecanismos de control sobre los empleados (véase, por ejemplo,

(6)

ende, en la represión brutal y el desprecio de las facultades humanas -al estilo antiguo-,

sino en la completa absorción de estas facultades, su instrumentalización y restricción

-operada de forma muy sutil- a niveles funcionales para la empresa. En lugar de la

disciplina externa, se apuesta ahora al control interno de los individuos; el nuevo estilo

de liderazgo no emplea la imposición sino la “administración por objetivos”

(management by objectives); no se controlan procesos de trabajo individuales sino sólo

sus resultados; las exigencias de rendimiento son resignificadas como retos

profesionales y personales; el hecho de que la empresa no logre sus metas se transforma

en un fracaso personal. La petición de que los trabajadores asuman parte de la

responsabilidad empresarial resulta siempre bastante ambigua. En el plano de la salud,

las consecuencias son burnout, estrés, miedo de fracasar, desgarramiento interno,

estados de agotamiento, etcétera.2 Las nuevas formas de trabajo se caracterizan por una ambivalencia: por una parte se cuenta con mayores ámbitos de acción (en el marco de

prescripciones sistémicas) y, por la otra, surgen mayores tensiones psíquicas. El

discurso poco diferenciado acerca de “más autonomía” y “más responsabilidad” como

aspectos con una connotación exclusivamente positiva encubre estos problemas. Dichos

conceptos son utilizados para negar abstractamente el taylorismo, pero no permiten

captar el carácter contradictorio real de las nuevas formas laborales. Desde la

perspectiva de las ciencias de la salud, la autonomía de los seres humanos no se da

cuando se les permite tomar sus propias decisiones acerca del camino a recorrer para

alcanzar los fines empresariales que son impuestos por terceros. “Autonomía”, “libertad

de acción” o “responsabilidad” sólo adquieren sentido si se refieren a las necesidades e

intereses vitales de los humanos, y no únicamente a metas empresariales.

Si además del puesto de trabajo consideramos las condiciones contextuales que

enmarcan el trabajo hoy en día, entonces podemos identificar otros problemas que no se

han tomado en cuenta lo suficiente en la promoción de la salud en la empresa. ¿Qué

significa, por ejemplo, la creciente necesidad de movilidad para la salud de los

empleados? ¿Qué tensiones acarrea esta movilidad para la convivencia familiar? ¿Qué

consecuencias tiene la inestabilidad de las trayectorias profesionales para la salud de los

seres humanos? ¿Cómo los afecta el temor de quedarse sin empleo? ¿Qué efectos tiene

2

(7)

el miedo experimentado por personas de edad avanzada de no poder mantener el ritmo

productivo? ¿Qué consecuencias genera la progresiva disolución de los límites entre el

tiempo de trabajo y el tiempo libre, así como la creciente presión de subordinar la vida

entera al trabajo? La promoción de la salud en la empresa debería de retomar con más

vigor estas cuestiones y convertir la ambivalencia del mundo moderno de trabajo en su

tema central. Se reconectaría de este modo con el logro histórico de la protección del

trabajo: ofrecería una respuesta acerca de las consecuencias que producen las

transformaciones del mundo laboral –a las que los seres humanos y las políticas de

apoyo brindadas por la sociedad aún no se han logrado adaptar de forma adecuada – en

el campo de la salud.

Por el contrario, algunos textos sobre la promoción de la salud en la empresa que

sólo se refieren en términos favorables a los nuevos conceptos de producción y que, al

final de cuentas, tan sólo pretenden disminuir el nivel de trabajadores incapacitados,

recuerdan a una variante de “crímenes de pacificación” (Basaglia) que resulta

inaceptable para las ciencias de la salud.

La recuperación del potencial crítico de la promoción de la salud en la empresa

En sus orígenes, la promoción de la salud en la empresa había sido, sin lugar a dudas,

un proyecto que estaba inscrito en una perspectiva crítica de la sociedad. En el caso de

Alemania, sus raíces se remontan al programa gubernamental para la humanización del

mundo laboral (un concepto que habla por sí mismo) instrumentado durante la década

de los setenta, al movimiento de salud alternativo de los ochenta y a la crítica

científico-social de la ciencia médica. A través de la promoción de la salud en la empresa, se tomó

en serio por primera vez la perspectiva subjetiva de los obreros acerca de los problemas

de salud en su espacio laboral. En ciertos momentos, la promoción de la salud en la

empresa parecía competir, como una especie de programa alternativo, con la tradicional

protección del trabajo que se caracterizaba por la ignorancia “expertocrática” de las

experiencias de los trabajadores y por su fijación en las ciencias naturales para medir

problemas de salud ocupacional. Esta oposición se superará probablemente en el futuro.

La versión moderna de la protección del trabajo no sólo ha ampliado su temario sino

también le ha asignado un papel más importante a los trabajadores en cuanto al

(8)

de protección del trabajo puesta en vigor en 1996 refleja por lo menos este cambio

programático. Visto así, es posible afirmar que la promoción de la salud en la empresa

contribuyó exitosamente a una “destaylorización” de la protección del trabajo. Sin

embargo, tal parece que con ello se agotó su ímpetus crítico.

Actualmente, la promoción de la salud en la empresa se identifica, en mayor o

menor grado, con los programas de los seguros médicos que son obligatorios por ley.

Dado que en Alemania estos seguros son integrados tanto por los empresarios como por

los trabajadores, sería poco realista pensar que sus programas articularían una crítica

fundamental de las nuevas formas laborales, es decir, que permitirían una forma de

co-gerencia de los trabajadores en el rubro de las políticas de salud en la empresa. Más aún,

las actividades de los seguros médicos en la promoción de la salud en la empresa

dependen eminentemente de la buena disposición de los empresarios. A diferencia de

las instituciones estatales que se ocupan de la protección del trabajo y de los organismos

del seguro contra accidentes, en Alemania las instituciones del seguro médico no

cuentan con facultades legales para intervenir en la empresa. De esta forma, no les

queda más que una labor de convencimiento como medio para promover la salud en la

empresa –lo cual, no obstante, logra producir, en ocasiones, efectos más duraderos que

las sanciones de los organismos encargados de la supervisión. Por otra parte, todavía no

existen entre los sindicatos modelos independientes de cómo promover la salud en la

empresa. Su participación se reduce a la implementación o imitación de los programas

de los seguros médicos. Y el movimiento alternativo en pro de la salud se ha asentado –

una vez que logró atravesar las instituciones– en los puestos directivos: sus integrantes

más destacados están involucrados en la construcción de políticas de educación

superior, de seguridad médica, o en la política sindical, y sufren de toda la gama de

presiones institucionales.

¿Qué perspectivas surgen a partir de este trasfondo para una “política alternativa a las tendencias imperantes” (Rosenbrock)? En Alemania, las instituciones del seguro

médico seguirán siendo durante un considerable tiempo la fuerza motriz de la

promoción de la salud en la empresa. Serán apoyadas, en creciente medida, por las

organizaciones del seguro contra accidentes que implementarán, con base en la

legislación vigente, su ampliado mandato en torno a la prevención. Por lo tanto, se

(9)

promoción de la salud en la empresa será conservada también en el futuro. De todos

modos, las cuestiones analíticas deben rebasar este nivel y preguntar por aquellos

factores que hunden a los seres humanos en la sensación de estar inmersos en una vida

que no les brinda ni soporte ni raíces y que carece de sentido, como lo expresó Richard

Senté (1998). ¿En qué consiste, tomando en serio la perspectiva de Antonovsky, el

“sentido de coherencia” (sense of coherence), es decir, la sensación de vivir en un

mundo al que se puede cambiar y que tiene sentido? ¿Qué les facilita a las personas, que

se encuentran inmersas en estructuras de exigencias ambivalentes, la adaptación a los

nuevos patrones productivos? ¿Qué les ayuda a sobrellevar la incertidumbre que nubla

sus perspectivas profesionales? ¿Qué les permite manejar en mejor grado las tensiones

en su vida familiar ocasionadas por la esfera laboral? Si la promoción de la salud en la

empresa retoma estas cuestiones ligadas a la biografía profesional, tendrá la oportunidad

de redescubrir las “antiguas” metas de la Charta de Ottawa como, por ejemplo, la “habilitación” de las personas. Un elemento esencial constituiría, en este contexto, –al

igual que hace veinte años cuando se inició la promoción de la salud en la empresa– que

los trabajadores comprendan y se comuniquen entre sí sus propias condiciones de

trabajo, su propio bienestar y su propio comportamiento en la empresa. Esta

comprensión se forjaría mediante un trabajo educativo que retomara los problemas del

espacio laboral y que impulsara la reflexión en torno a las experiencias laborales. Sobre

esta base podría entonces surgir un nuevo modelo de conducta preventiva que resultará

menos individualista y que estará menos orientado a la conservación de estructuras que

en la actualidad. Todos los demás enfoques no son más que una forma de veneración de

(10)

Bibliografía

Antonovsky, Aaron (1997). Salutogenese, Tübingen, Ed. DGVT.

Kern, Horst y Michael Schumann (1984). Das Ende der Arbeitsteilung?, Manchen, Beck.

Klingebiel, H. (2000). “Salutogenese in Organisationen”, Prävention, no. 1.

Malsch, Thomas y R. Seltz (eds.) (1987). Die neuen Produktionskonzepte auf dem Prüfstand, Berlin, Wissenschaftszentrum Berlin für Sozialforschung : Forschungsschwerpunkt Arbeitspolitik.

Pickshaus, Klaus.; H. Schmitthenner y H.-J. Urban (eds.) (2001). Arbeiten ohne Ende, Hamburg, VSA.

Sennett, Richard (1998). Der flexible Mensch. Die Kultur des neuen Kapitalismus, Berlin, Ed. Berlin.

Referencias

Documento similar

Sólo que aquí, de una manera bien drástica, aunque a la vez coherente con lo más tuétano de sí mismo, la conversión de la poesía en objeto -reconocida ya sin telarañas

1) La Dedicatoria a la dama culta, doña Escolástica Polyanthea de Calepino, señora de Trilingüe y Babilonia. 2) El Prólogo al lector de lenguaje culto: apenado por el avan- ce de

En estos últimos años, he tenido el privilegio, durante varias prolongadas visitas al extranjero, de hacer investigaciones sobre el teatro, y muchas veces he tenido la ocasión

Para ello, trabajaremos con una colección de cartas redactadas desde allí, impresa en Évora en 1598 y otros documentos jesuitas: el Sumario de las cosas de Japón (1583),

Sanz (Universidad Carlos III-IUNE): "El papel de las fuentes de datos en los ranking nacionales de universidades".. Reuniones científicas 75 Los días 12 y 13 de noviembre

(Banco de España) Mancebo, Pascual (U. de Alicante) Marco, Mariluz (U. de València) Marhuenda, Francisco (U. de Alicante) Marhuenda, Joaquín (U. de Alicante) Marquerie,

d) que haya «identidad de órgano» (con identidad de Sala y Sección); e) que haya alteridad, es decir, que las sentencias aportadas sean de persona distinta a la recurrente, e) que

Ciaurriz quien, durante su primer arlo de estancia en Loyola 40 , catalogó sus fondos siguiendo la división previa a la que nos hemos referido; y si esta labor fue de