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Silvio Zavala y el quehacer histórico en México

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Academic year: 2020

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S I L V I O Z A V A L A Y EL Q U E H A C E R

H I S T O R I C O E N M E X I C O

L u i s GONZÁLEZ

El Colegio de h/LichocLcati

D O N JOSÉ FUENTES M A R E S , EL historiador m á s al tanto y m á s

l e í d o del M é x i c o reciente, muerto en 1986, solía decir: de las naciones del mundo n i n g u n a supera a la mexicana en el a m o r a la historia. E n el siglo X V I , la historiografía sobresa-lió entre las diversas tareas intelectuales de la recién construida Nueva E s p a ñ a . C o m o es bien sabido, en aquella centuria, los constructores del nuevo país (soldados, misio-neros, agentes del rey, criollos e indios nobles) escriben abundantes relatos de cariz h i s t ó r i c o . M i e n t r a s unos narran las proezas de las huestes de C o r t é s , G u z m á n y los M o n t e j o , otros abultan el milagro de la c r i s t i a n i z a c i ó n de los a b o r í g e -nes y otros m á s descubren globalmente, como los etnohisto-riadores de nuestra é p o c a , pero con cuatro siglos de antela-c i ó n , la vida p r e h i s p á n i antela-c a de los pueblos de M e s o a m é r i antela-c a . D u r a n t e la siesta del orbe colonial, a lo largo de siglo y me-dio, la escritura histórica, salida de la placidez de los con-ventos, pasa a la segunda fuerza del m u n d i l l o intelectual del p a í s . E n el siglo de las luces, los historiadores nacionalistas vuelven a ocupar el presidium de la cultura, j u n t o a teólo-gos, filósofos y hombres de ciencia. O t r a vez es m u y variado el repertorio de temas; se enriquecen los m é t o d o s de investi-g a c i ó n y se diversifican los m ó v i l e s y motivos para escribir historia. C o m o en los p a í s e s europeos, en la r e p ú b l i c a mexi-cana independiente y rebautizada en 1821, el X I X fue la centuria de la historiografía. Los historiadores alcanzan

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dcr, prestigio y bienestar y le atribuyen milagros a las obras de sabor histórico, dedicados, en su m a y o r í a , a ensalzar h é -roes y referir mudanzas políticas y prodigios militares, salvo pocas, que no sobresalientes, excepciones.

En el primer tercio del siglo X X se exacerba el c a r á c t e r político y belicoso de la historiografía nacional para ponerse al nivel de la revolución mexicana. En el segundo tercio, las p r é d i c a s y las prácticas de los historiadores españoles trans-terrados a M é x i c o , la vuelta a su país del t r e i n t a ñ e r o Silvio Zavala y la t r a d u c c i ó n y la lectura de los modernos teoriza-dores de la historia ( A r o n , Collingwood, Croce, Dilthey, H u i z i n g a , Lacombe, M a r x , M e y e r , Mises, Rickert, Sim-mel y otros), producen algunas docenas de historiadores profesionales y especialistas que parcialmente desplazan a los improvisados y amantes de la historia político-militar que c o m b a t í a n entre sí bajo las opuestas banderas de conser-vadores y liberales.

E n el ú l t i m o tercio de la presente centuria, medio millar de mexicanos, en sus tres cuartas partes provistos de una pa-tente universitaria de historia, en su gran m a y o r í a criaturas de Gaos, O ' G o r m a n , Roces y Zavala, enterados de las doc-trinas de los teorizadores ya dichos y de Balibar, Certeau, G a r r , Braudel, K u l a , Le Golf, M a r r o u y Schaff, escriben l i -bros de historia m u y profesionales, y en su m a y o r í a , mono-gráficos. Ochenta de cada cien historiadores viven en la ca-pital de la R e p ú b l i c a , dieciocho en doce o quince ciudades de p r o v i n c i a , y dos fuera de M é x i c o . L a m a y o r í a de los api-lados en la m e t r ó p o l i actualmente son investigadores de tiempo completo en tres universidades (Nacional, M e t r o p o -l i t a n a e Ibero), en e-l Instituto Naciona-l de A n t r o p o -l o g í a o en E l Colegio de M é x i c o , y particularmente en su Centro de Estudios H i s t ó r i c o s cuyo fundador y á n g e l g u a r d i á n durante cuarenta a ñ o s ha sido el maestro Zavala. Él está t a m b i é n en el origen de los colegios de M i c h o a c á n , Jalisco, Sonora, la Frontera N o r t e y Mexiquense. De los cuatrocientos historia-dores mexicanos vivos, y no ágrafos, cerca de cuarenta tie-nen m á s de 70 a ñ o s de edad y pertenecen a la llamada gene-r a c i ó n neocientífica; sesenta y cinco son cincuentones y sesentones de la cohorte del medio siglo; quiza llegan al

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to los que se autonombran g e n e r a c i ó n del 68, y a una cifra semejante los j ó v e n e s entre los 24 y los 39 a ñ o s de edad que ya han escrito novelas verídicas, a d e m á s de su tesis de licen-ciatura. M u y pocos viven fuera del presupuesto p ú b l i c o . L a m a y o r í a son profesores de tiempo completo de universida-des e instituciones de alta cultura sostenidas por el Estado. U n buen n ú m e r o recibe becas complementarias del Sistema Nacional de Investigadores. Q u i z á ninguno pueda sostener su casa ú n i c a m e n t e con la venta de sus libros.

E n lo tocante a tramas o temas, el quehacer histórico en M é x i c o sigue sin salir de las fronteras nacionales, pese a que sus m á s esclarecidos maestros ( O ' G o r m a n y Zavala) transi-tan en el espacio de H i s p a n o a m é r i c a . Fuera de ellos m u y pocos (Carlos Bosch, C l a r a Lida, Olga Q u i r o z , Josefina V á z -quez y Luis W e c k m a n n ) se han salido del huacal patrio para ocuparse del antepasado E s p a ñ a o del vecino, los poderosos Estados Unidos, o para i n q u i r i r sobre el lejano Oriente (Te-resa Rohde y Jorge Silva). El mecenas oficial r e h ú y e gene-ralmente el patrocinio de investigaciones históricas ajenas a M é x i c o o que sólo cubran partes d i s í m b o l a s de él. Nuestro mecenazgo apenas cede fondos para la hechura de historias de una r e g i ó n o una ciudad o u n pueblo de la p l u r a l í s i m a n a c i ó n que con justicia lleva el nombre de Estados Unidos Mexicanos. Quienes procuran extraer sus argumentos de la é p o c a p r e h i s p á n i c a ( L . Aveleyra, J . Broda, M . Castillo Fa-rreras, S. L o m b a r d o , J . L . Lorenzo, A . L ó p e z A u s t i n , J . Lameiras y otros) reciben socorro con mayor facilidad que los colonialistas, pese a que Zavala, el historiador estrella, es fundamentalmente estudioso del mundo americano en la é p o c a colonial. Tampoco él se ha escapado de la obligación de escribir acerca de las tres sangrientas revoluciones del M é x i c o sesquicentenario de las luchas denominadas de i n -dependencia, estudiada por Tarsicio G a r c í a , Alfonso G a r c í a R u i z , Carlos H e r r e j ó n , Ernesto Lemoine, Ernesto de la T o -rre y Luis V i l l o r o ; la Reforma, dominio de pocos, y la Revo-lución, sobre la que escriben, entre otros muchos, H é c t o r Aguilar C a m í n , A r n a l d o C ó r d o v a , Adolfo G i l l y , Carlos M a r t í n e z Assad, Á l v a r o M a t u t e , Lorenzo M e y e r , Berta U l l o a y G l o r i a Villegas. N i n g u n o de los historiadores

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canos podemos escapar a la obligación de i m p a r t i r cursos, conferencias y elogios sobre é p o c a s , proceres y h a z a ñ a s pa-t r i ó pa-t i c a s . Nuespa-tra hispa-toriografía pa-tiene u n aspecpa-to l i pa-t ú r g i c o m u y frondoso, altisonante y colorido. Por lo d e m á s , los historiadores d o m é s t i c o s aceptamos con resignación esa l i t u r -gia. Casi todos contribuimos de buena gana a la historia de bronce.

A la hora de escoger temas, algunos c o m p a ñ e r o s aceptan el suave empuje oficial en favor de los asuntos p a t r i ó t i c o s ; es decir, vidas de h é r o e s , acciones y políticas y batallas san-grientas. Sobre todo, el Padre de la Patria, el Siervo de la N a c i ó n , el ideólogo de la Reforma, el B e n e m é r i t o de las A m é r i c a s y el A p ó s t o l de la Democracia siguen inspirando biografías de R a ú l A r r e ó l a , Enrique Krauze, Ernesto L e -m o i n e . . . T a -m p o c o los -mo-mentos estelares de la política y la guerra han sido olvidados n i por politólogos como J u a n Felipe Leal, L u i s M e d i n a , n i por militares como L u i s Gar-fias n i menos por las-adelitas de la historiografía mexicana que siguen fielmente la trayectoria de algunos milites y poderosos. A s í R o m a n a F a l c ó n , Teresa Franco, A l i c i a H e r -n á -n d e z , Aleja-ndra Lajous, V i c t o r i a Ler-ner, Martaele-na Negrete, Beatriz Rojas y M a r í a del C a r m e n V e l á z q u e z . C o m o quiera, la selección de asuntos en la hora actual se deja conducir, a d e m á s de por las presiones oficiales, por las p r á c t i c a s en uso en los países de Europa. Por ejemplo, H o b s b a w n ha desatado estudios sobre bandidos, obra de X a v i e r Garciadiego, Nicole G i r ó n , Jaime Olveda, R a m ó n R u b í n y otros. Los franceses de hoy son los m á s influyentes en la t e m á t i c a de la historiografía mexicana actual. Algunas veces los nuestros escogen asuntos similares a los que han hecho famosos a Philippe Aries, Ferdinand Braudel, Pierre C h a u n u , F r a n ç o i s Chevalier, Georges D u b y , F r a n ç o i s F u -ret, M i c h e l Foucault, Jacques L e Goff, Emmanuel L e R o y L a d u r i e , Pierre V i l a r y M i c h e l Vovelle. D o n Silvio, emba-j a d o r en Francia ante la U N E S C O , simpatizador de la ó r b i t a

francesa ha estimulado 3. SUS alumnos a seguir estudios de historia en aquel p a í s .

C o n todo, los asuntos de la historiografía mexicana v i v a se escogen, a d e m á s de por seguir los pasos de los p a í s e s del

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P r i m e r M u n d o , por el deseo de hacer ciencia, de producir conocimientos acumulativos, no h e t e r o g é n e o s como los de la h i s t o r i o g r a f í a tradicional y particularizante. Son cada vez m á s los temas e x t r a í d o s del conjunto o masa humilde, que no de la vida de encopetados y gobernantes. L a historia de l a p o b l a c i ó n , los temas que tienen que ver con nacimientos, defunciones, cataclismos y transtierros de muchedumbres da lugar a una historia cuantitativa que cultivan con gusto Elsa M a l v i d o , Gerald M c G o w e n , Alejandra M o r e n o Tosca-n o , L i l i a Oliver, Cecilia Rabell y otros. Se iTosca-ndaga cada vez m á s acerca de los campesinos, los i n d í g e n a s , los obreros y otros desarrapados, s e g ú n lo demuestran Gonzalo A g u i r r e B e l t r á n , Lourdes Arizpe, Fernando B e n í t e z , Bernardo Gar-cía D í a z , Isabel G o n z á l e z S á n c h e z , M o i s é s G o n z á l e z Na-v a r r o , Ricardo Pozas, J a n de V o s , A r t u r o W a r m a n y otros muchos. T a m b i é n crece el n ú m e r o de los entusiastas de te-mas h i s t ó r i c o - e c o n ó m i c o s . Zavala y la influencia del marxis-m o se han hecho notar en la tendencia al estudio de configu-raciones s o c i o e c o n ó m i c a s de parte de M a r i o Aldana, Roger B a r t r a , M a r i o C e r u t i , Enrique Florescano, Francisco L ó p e z C á m a r a , Lorenzo M e y e r , Sergio de la P e ñ a , Fernando Ro¬ senzweig, Enrique Semo, Leopoldo Solís, Masae Sugawara y

muchos m á s .

C o m o q u i e r a , la historia de los aspectos materiales de la v i d a mexicana a ú n no iguala en n ú m e r o y q u i z á tampoco en calidad a los de historia de las ideas, las creencias, el dere-cho, la literatura, las artes plásticas y el cine que preside el t r i u n v i r a t o constituido por O ' G o r m a n , Zavala y Zea. E n lo que m i r a a la historia de las ideas, ésta la ejercen, a d e m á s de los t r i u n v i r o s , R a ú l C a r d i e l , Elsa Frost, M a r g a r i t a Gar-b o , G a s t ó n G a r c í a C a n t ú , A n t o n i o G ó m e z RoGar-bledo, PaGar-blo G o n z á l e z Casanova, H i r a de G o r t a r i , Carlos H e r r e j ó n , J u a n H e r n á n d e z L u n a , M i g u e l L e ó n Portilla, Eugenia M e

-yer, J o s é M a r í a M u r i á , J u a n Ortega y M e d i n a , Octavio Paz, Rafael Segovia, Fernando S a l m e r ó n , Laurette Sejour-n é e , Abelardo Villegas, L u i s V i l l o r o , L u i s W e c k m a Sejour-n y Ra-m ó n X i r a u . E n los ú l t i Ra-m o s a ñ o s han hecho crecer la historia de las mentalidades S oían ge A l b e r r o , Enrique Florescano, Sergio O r t e g a y la gente j o v e n . C u b r e n el campo de la

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ria de las ciencias Enrique B e l t r á n , Roberto M o r e n o y Elias Trabulse; de la e d u c a c i ó n , C a r m e n C a s t a ñ e d a , Pilar G o n -zalbo, A n n e Staples, D o r o t h y Tanck, Josefina V á z q u e z . . . y de la lij^ratura, entre otros muchos, A n t o n i o Alatorre, J o s é Luis M a r t í n e z , Carlos M o n s i v á i s , J o s é E m i l i o Pacheco y G a b r i e l Z a i d .

C o n Las instituciones jurídicas en la conquista de América y la

Encomienda indiana, don Silvio Zavala d e s e n c a d e n ó el cultivo de la historia del derecho, trabajada ahora por Jorge Ada-me, Jorge Barrera, M a n u e l C a l v i l l o , Jorge Carpizo, Rafael Diego F e r n á n d e z , H é c t o r Fix Z a m u d i o , M i g u e l G o n z á l e z A velar, A n d r é s L i r a , Felipe R e m o l i n a , Guadalupe R i v e r a y varios m á s . T a m b i é n él, con sus trabajos sobre el obispo Q u i r o g a , sentó las bases de la nueva historiografía de asunto eclesiástico en la que hoy trabajan J e s ú s G ó m e z Fregoso, X a v i e r G ó m e z Robledo, Delfina L ó p e z , Ó s c a r M a z i n , Jean M e y e r , Francisco M i r a n d a , Luis M e d i n a Ascencio, Josefi-na M u r i e l , A n t o n i o Rius Facius, A n t o n i o R u b i a l , Daniel U l l o a y J o s é Zavala Paz. J u n t o con R a m ó n Iglesia, el poli-historiador Silvio Zavala ha hecho historia de la historia y nos ha empujado a muchos por ese camino en el que desta-can X a v i e r Cacho, Rosa Camelo, E d i t h J i m é n e z , Eugenia M e y e r , Josefina V á z q u e z y el célebre seminario que preside el doctor O ' G o r m a n .

E n el ú n i c o campo en el que el doctor Zavala va a la cola y no al frente de una especie del g é n e r o histórico es en la his-toria del arte, en el que se acaba de estrenar con u n estudio de C o l ó n en las artes plásticas, donde se ha encontrado con la numerosa familia de don M a n u e l Toussaint: Teresa del Conde, Clementina D í a z , Beatriz de la Fuente, Elisa G a r c í a B a r r a g á n , M a n u e l G o n z á l e z G a l v á n , Israel K a t z m a n , Jorge A l b e r t o M a n r i q u e , Esperanza R a m í r e z , I d a R o d r í g u e z , G u i l l e r m o T o v a r , Raquel T i b o l , Elisa Vargas L u g o . E l maestro Zavala sólo se ha abstenido de hacer historia del ci-ne, territorio de Jorge Ayala, E m i l i o G a r c í a Riera y Aurelio de los Reyes.

E l gremio nos cataloga bajo el r u b r o de microhistoriado-res, de gente interesada en la trayectoria de regiones, ciuda-des y pueblos, a u n centenar de solitarios dispersos en la vasta

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superficie de la R e p ú b l i c a , entre ellos, Gabriel Agraz, A l -fonso de A l b a , Enrique C á r d e n a s , Israel Cavazos, A g u s t í n C h u r r u c a , C u a u h t é m o c Esparza, Bernardo G a r c í a M a r t í nez, J e s ú s G ó m e z Serrano, Ignacio G o n z á l e z Polo, M a r g a r i -ta Loera, Francisco M i r a n d a , Rafael Montejano, Heriberto M o r e n o , Daniel M o r e n o , Alvaro Ochoa, Cayetano Reyes, Ignacio del R í o , Gerardo S á n c h e z , X a v i e r Tavera, Isidro V i z c a y a , etc. Completan la lista anterior los estudiosos del latifundio: M a r i e - J o s é Amerlinck, Jan Bazant, Alicia Hern á Hern d e z , SusaHerna GlaHerntz, M a r g a r i t a MeHernegus, Heriberto M o -reno, J o s é Ignacio U r q u i o l a y Gisela von Wobeser.

Los colegas de las generaciones neocientífica y del medio siglo gustan de la lectura de fuentes manuscritas y de la p u b l i c a c i ó n de documentos únicos al modo como lo ha he-cho en cantidades industriales el doctor Silvio Zavala que v e í a , como sus alumnos, que la inmensa m a y o r í a de los re-positorios de papeles viejos eran coto exclusivo de archiveros egoístas, anticuarios seniles, ladrones de documentos, fabri-cantes de c a r t ó n , ratas, comejenes y polilla. Hasta hace poco eran p o q u í s i m o s los archivos utilizables por los historiadores obsesionados con las fuentes primarias. Por obra de algunos discípulos de Zavala (Israel Cavazos, Alejandra M o r e n o , Estela G o n z á l e z Cicero) son muchos y cada vez m á s accesi-bles los archivos y las bibliotecas que apoyan la investiga-ción h i s t ó r i c a . Nuestra archivística y nuestra bibliotecono-m í a e s t á n en pleno arranque. T a bibliotecono-m b i é n es notoria la bibliotecono-m e j o r í a de museos y sitios a r q u e o l ó g i c o s , así como la hechura de ar-chivos de la palabra, fototecas, fonotecas y cinematecas. Es clara la preferencia de las ú l t i m a s generaciones por las fuen-tes estadísticas y seriadas. Se atiende menos a discursos gu-bernamentales calzados con firmas prestigiosas y m á s a cen-sos y archivos parroquiales que registran natalicios, bodas y defunciones actas de los notarios m í e dan cuenta de c o n t r a -tos mercantiles, mudanzas de la propiedad de los inmuebles, testamentos y cosas por el estilo- papeles de hospitales re-clusorios, claustros y familias; mamotretos de contabilidad de almacenes y fábricas y libretas no entregados al fuego o a la barbarie de la hacienda o de la gran propiedad sataniza-da. E l Sistema Nacional de Archivos, el de bibliotecas, el de

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sitios a r q u e o l ó g i c o s y museos y otras instancias oficiales han s u s t r a í d o a muchos, que figuran y cobran como historiado-res, el pretexto para no investigar y escribir, y les han dado a los que verdaderamente gustan de la i n d a g a c i ó n h i s t ó r i c a una vastedad de fuentes que sigue a m p l i á n d o s e .

Algunos de los historiadores neocientíficos o viejos procu-ran fundar sus obras en u n gprocu-ran n ú m e r o de fichas, en rebo-santes tarjeteros, y someter las fuentes a e x á m e n e s críticos. A los historiadores de las siguientes generaciones no parece quitarles el s u e ñ o la integridad de los testimonios, n i su pro-cedencia n i hasta d ó n d e son fidedignos. L a tendencia a ex-plotar masivamente los documentos hace imposible la crítica de cada uno por separado. De los historiadores de la horna-da neocientífica cabe decir que pecan de incredulihorna-dad y de los de la g e n e r a c i ó n del 68 que tienden a ser demasiado cré-dulos. A los nuevos amantes de Clío les disgusta perder el tiempo en erudiciones. H a n hecho de la h e u r í s t i c a y de la crítica tareas de las ciencias auxiliares de la historia, que no de la ciencia h i s t ó r i c a misma. T a m b i é n descargan en la computadora la tarea de descubrir errores.

Si no me equivoco, la m a y o r í a de los colegas de la gene-r a c i ó n mexicana del medio siglo y las dos que le siguen y combaten r e h ú y e n la tarea de j u n t a r en orden t e m á t i c o y cronológico hechos bien comprobados. V a n siendo m i n o r í a los practicantes de la historia narrativa, los interesados en los hechos y las ideas, que no ú n i c a m e n t e en sus conexiones causales. L a m a y o r í a de los clionautas con título d e s d e ñ a el q u é de los acaeceres históricos y el c ó m o se pasó de aquello a esto; aspira a saber por q u é sucedieron los f e n ó m e n o s de una determinada manera. Otros trabajan, a la manera de los científicos sociales, en el descubrimiento de estructuras, son amantes de la c u a n t i f i c a c i ó n y se autodefinen como his-toriadores n o m o t é t i c o s en c o n t r a p o s i c i ó n a los ideográficos.

Los rótulos m á s usuales no son, sin embargo, ésos. Se acostumbra repartir a los estudiosos del pasado en cuatro ca-pillas, s e g ú n el modo de exponer la materia histórica. E n una de las capillas, donde q u i z á milite el 2 0 % de los histo-riadores, entran aquellos chapados a la antigua, los anticua-rios de siempre y los pragmatistas que sólo j u n t a n h a z a ñ a s

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dignas de celebración, orgullo patrio y ejemplo para la j u -v e n t u d . C o n el rubro de neopositi-vistas y bajo la bandera del doctor Silvio Zavala se suelen enlistar los que buscan la e x h u m a c i ó n de hechos e c o n ó m i c o s y sociales y creen que a fuerza de sumar sucedidos memorables y bien comprobados se l l e g a r á a reconstruir la historia total de M é x i c o . Nuestros positivistas se consideran parientes y aliados de la escuela de

Les Anuales. Sus enemigos a c é r r i m o s , hasta hace poco m u y combativos, se autonombran historicistas y tienden a la baja en n ú m e r o , que no en calidad. Parten de las teorías de Dil¬ they Ortega, Croce, Collinffwood y Heideffííer y ¡justan es-candalizar con el aforismo de que toda historia es historia de las ideas. Sin embargo, hay muchas diferencias entre sus m i e m b r o s . G l o r i a Villegas escribe: " S u enfoque, de raíz i n -dividualista, desautoriza la p r o p o s i c i ó n de procesos y metas predeterminadas. Abandera el perspectivismo. . . y define la selección de los hechos históricos en función de su inten-c i o n a l i d a d " . J o s é Gaos, el gran propulsor del inten-culto histori-cista, no aceptaba que se considerase a éste como una de las sectas de la iglesia de Clío pero sus opositores y en especial los del grupo marxista, los l l a m a n ideólogos y sectarios.

El materialismo histórico de casa, en el que m i l i t a n m u -chos de la g e n e r a c i ó n del 68, se siente m á s afín al neopositi¬ vismo que a las escuelas historicistas. U n o y otras buscan el acercamiento a las ciencias sistemáticas del hombre. Ambos hacen referencia constante al enfoque interdisciplinario. Las dos corrientes prescriben el trabajo en equipo. S e g ú n A n -drea S á n c h e z Quintanar, " e l acercamiento a la historia de M é x i c o desde una perspectiva marxista lo han realizado en m a y o r medida científicos sociales... E l materialismo histó-rico constituye u n cuerpo teóhistó-rico fundamental. . . que de n i n g u n a manera puede, por sí mismo, sustituir el trabajo concreto que implica el quehacer histórico: revisión de fuen-tes, c r í t i c a . . . c o n t r a s t a c i ó n de h i p ó t e s i s . . . v i n c u l a c i ó n del trabajo interdisciplinario y sobre todo, c o n t r a s t a c i ó n con la r e a l i d a d ' ' . Cuando el marxismo d o m é s t i c o hace investiga-ciones h i s t ó r i c a s basadas en fuentes, da frutos bastante pare-cidos a los de las otras escuelas.

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pasado nacional salen abundantes m o n o g r a f í a s . N i n g ú n his-toriador ha superado en n ú m e r o de obras publicadas al que ahora cumple sus ochenta años en plena actividad producti-va. A l t r a v é s de medio siglo el doctor Zavala ha publicado 50 obras de magnitud libresca y 250 artículos de fondo. A su ejemplo han acudido algunos (Carlos Bosch, Enrique Florescano, M o i s é s G o n z á l e z Navarro, J u a n Ortega y M e -dina). Se vence la costumbre de acumular m á s conocimien-tos que publicaciones, de tener pozos de ciencia i n é d i t o s y muchas veces ágrafos, y no por falta de editores.

Editoriales privadas y de tipo oficial y universitario i m p r i -men y divulgan los libros de nuestros historiadores. Se distinguen entre las comerciales el Fondo de C u l t u r a E c o n ó m i -ca, P o r r ú a , Siglo V e i n t i u n o , O c é a n o , Era, Grijalbo, M o r t i z y C a l y A r e n a . Son editores entusiastas las secretarías de E d u c a c i ó n P ú b l i c a , G o b e r n a c i ó n y Relaciones Exteriores. E s t á n en pie las editoriales anexas a los institutos de alta cultura: U n i v e r s i d a d Nacional A u t ó n o m a de M é x i c o , U n i v e r -sidad A u t ó n o m a de Sinaloa, Univer-sidad Veracruzana, E l Colegio de M é x i c o , El Colegio de M i c h o a c á n , etc. Los tira-jes de los libros de historia suelen ser cortos, pero no mucho

m á s cortos que los de las novelas. Por otro lado, la m a y o r í a de las " c o n t r i b u c i o n e s " breves de c a r á c t e r histórico apare-cen en revistas especializadas: Foro Internacional, Historias, Si-glo XIX, Relaciones, Historia Mexicana, Encuentro y algunas m á s

con tiraje inferior a los 3 000 ejemplares. Sin embargo, u n buen n ú m e r o de a r t í c u l o s serios de contenido histórico se d i -funden al t r a v é s de Nexos, dirigida por el historiador H é c t o r A g u i l a r C a m í n , Vuelta, subdirigida por su colega Enrique K r a u z e , y otras revistas de alta d i v u l g a c i ó n . A veces publi-can en los diarios, pero no se puede afirmar que los historia-dores de ahora lleguen a todo el p ú b l i c o lector. T a m b i é n co-mienzan a ponerse en uso los canales de la televisión para difundir telenovelas verídicas o telehistorias.

E n 1982 dije algo que t o d a v í a tiene validez: " L o s histo-riadores que ahora escriben, con mayor seriedad, acerca del pasado de M é x i c o se intercambian sus saberes a t r a v é s de impresos y sobre todo en reuniones a c a d é m i c a s , pero se man-tienen por regla general ignorados e ignorantes del público

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m a y o r i t a r i o . Los historiadores hechos en grandes y sutiles planteles de altísima cultura le han levantado la canasta a muchos lectores de pocas letras, sedientos de historia. Q u i z á alguien cree que la historia es ú n i c a m e n t e bocado de delfi-nes. N o falta quien diga que desde su elevación a ciencia, ya no es apta para las m a y o r í a s , del mismo modo que son minoritarias las ciencias físico-matemáticas y b i o m é d i c a s . C o n todo, muchos compatriotas creen a ú n que " e l saber h i s t ó r i c o interesa a cualquier persona" y debe ser difundido con la misma intensidad con que se difunden la ficción y el ensayo. L a m a y o r í a de los historiadores con ínfulas rara vez usa lenguajes de uso c o m ú n ; rara vez escribe como habla la t r i b u y m á s rara vez a ú n se arriesga a la oportunidad de co-m u n i c a c i ó n co-masiva que ofrecen la radio, las salas de cine y los televisores. E l miedo al tono vulgar aplaza la conquista de la calle, deja a la gente sin u n saber histórico liberador, y en el peor de los casos, sabroso. ¿ V o l v e r á la élite culta de M é x i c o a escribir para u n p ú b l i c o amplio? ¿ V o l v e r á a ser la historia la rama m á s popular de la literatura?

En t é r m i n o s generales, el afán manifiesto de la histo-riografía mexicana de corte universitario es el de ser ciencia en toda la e x t e n s i ó n de la palabra a través de productos s o m n í f e r o s , la hechura de numerosas m o n o g r a f í a s m u y pro-fesionales, el trabajo en grupo, la c o n s t r u c c i ó n y el equipa-miento de archivos y bibliotecas, la j u n t a de datos seriados, la actitud ancilar frente a las ciencias sistemáticas del h o m -bre, el marco t e ó r i c o , el manejo masivo de los testimonios sobrevivientes, la c o m p r e n s i ó n a las volandas de textos y de ideas, el establecimiento de leyes causales, el lenguaje ine-q u í v o c o y á r i d o del hombre de ciencia, y de poco a c á , el uso de la computadora. Sin embargo, la historia culta, pese al deseo de ser como la física y la biología, se ve obligada a con-v i con-v i r con el amateur culto; permite a ú n la tarea i n d i v i d u a l , la b ú s q u e d a de hechos particulares, la actitud emotiva, el na-cionalismo, el deseo de meter con calzador una m o r a l pa-triótica, la vestidura de h é r o e s , el gusto por el buen decir y la voluntad de no confundirse con los científicos sociales. L a r e i t e r a c i ó n de las p r á c t i c a s tradicionales es t o d a v í a frecuen-te, q u i z á imposible de abolir, porque d e s p u é s de todo es

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seable y deseada la historiografía pecaminosa, la Clío polifa-cética. T o d a v í a m á s , se v i s l u m b r a n s í n t o m a s de pecado. L a historia narrativa comienza a dar señales de recobrar el te-rreno, de volver por sus fueros e i r a las multitudes. H é c t o r A g u i l a r C a m í n y Enrique Krauze saben contar y vender sin dejar la pose científica. Q u i z á lo m á s saludable sea la acepta-ción de que hay y debe haber de todo en la v i ñ a de C l í o , tan fervorosamente cultivada por los mexicanos, en su propia parcela nacional, desde el siglo X V I .

A manera de conclusión cabe proponer los quince puntos siguientes:

1) E n el M é x i c o que le ha tocado v i v i r al maestro Silvio Zavala, al historiador de casa m á s reconocido por la crítica internacional, se consumen, en forma de supervivencia, de reliquia, de a ñ o r a n z a y de historiografía, dosis de pasado m u y cuantiosas, q u i z á superiores a la media universal.

2) Se mantienen en M é x i c o , m á s que en otras naciones, modalidades historiográficas que la élite sabia considera m u y pobre cuando es historia de polilla, e insalubre, en tra-t á n d o s e de la histra-toria de bronce.

3) E n los niveles populares sigue llamando la a t e n c i ó n la historia que se e m p e ñ a n en escribir muchas personas inex-pertas como investigadoras, que no necesariamente malas como narradoras.

4) Entre las subespecies narrativas o a n t i c u a r í a s , ha re-verdecido y se ha profesionalizado la microhistoria que gus-ta rememorar la vida de comunidades p e q u e ñ a s , de agrupa-ciones pueblerinas.

5) C o n t r a viento y marea, el gobierno, por una parte, y los partidos de oposición por otra, insisten en difundir historias escritas de índole p r a g m á t i c a , comprometidas con la l u -cha partidaria, no con la verdad; atizadoras de odios inter-nacionales e i n t e r é t n i c o s .

6) H a sido particularmente notoria la tenaz adherencia de los gobiernos emanados de la R e v o l u c i ó n a una idea del pa-sado que admite los adjetivos de reverencial, descoyuntada y embustera.

7) C o n todo, es innegable, desde los años cuarenta, el cre-ciente cultivo de la historia científica, la profesionalización

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del quehacer histórico, el relato documentado y lleno de ex-plicaciones, la m o n o g r a f í a de perfil a c a d é m i c o .

8) L a p r e s i ó n de los historiadores rigurosos de los ú l t i m o s 40 a ñ o s ha conseguido recientemente del gobierno de la Re-p ú b l i c a una notable m e j o r í a de museos, archivos, bibliote-cas y d e m á s depósitos de reliquias y testigos del pasado, lo que no quiere decir que no falte a ú n mucho por hacer en este campo.

9) L a historia de corte universitario se siente inclinada a sucesos del c o m ú n que duran siglos, a los h á b i t o s de larga d u r a c i ó n de la gente rasa.

10) M u c h o s de nuestros historiadores profesionales esco-gen sus asuntos con la mirada puesta en la moda internacio-nal, especialmente conforme a los gustos de Francia.

11) U n a buena parte de los modernos historiadores de ga-binete se han enamorado de las técnicas cuantitativas. L a historia e c o n ó m i c a tira a ser e c o n o m é t r i c a . Algo semejante sucede con la historia d e m o g r á f i c a .

12) Las corrientes de pensamiento histórico de mayor pe-gue en esta hora de M é x i c o m u y pocas veces se salen de la t e m á t i c a mexicana, pero siguen m u y prendidas a las faltas de los filósofos de la historia extranjeros.

13) L a p r o d u c c i ó n de libros y artículos de historia, califi-cada de científica y que lleva los apellidos de e c o n ó m i c a , so-cial, é t n i c a , de la civilización, de las mentalidades, de las ideas, de la literatura y de la plástica crece a gran prisa, pero los índices de productividad de las instituciones que congre-gan a centenares de clionautas suelen ser bajos.

14) Los miembros de los albergues de la ciencia histórica han conseguido, por medio de sus publicaciones y sobre todo a t r a v é s de mesas redondas y congresos, compartir sus saberes con los científicos sociales de a q u í y de fuera, pero se han alejado cada vez m á s del p ú b l i c o lego.

15) L a historieta o historia narrativa desde los inicios del cine mexicano sonoro viene haciendo uso del lenguaje audiovisual, pero la historia de oriundez universitaria se resiste generalmente al uso de los medios masivos de comu-n i c a c i ó comu-n .

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Referencias

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