El espacio público como patrimonio: la gráfica urbana como una expresión cultural en el centro histórico de la Ciudad de Oaxaca de Juárez – Revista El Topo - Sociología Cultural y Urbana ISSN: 0719-3335

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Texto completo

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Resumen

El espacio público de la ciudades constituye uno de los principales elementos que configura el tejido urbano, dada la gran complejidad que lo caracteriza, éste puede llegar a generar concepciones un tanto reduccionistas que impiden abordar su problemática de manera adecuada, tal situación adquiere un nivel de mayor confusión cuando éstos se encuentran insertos en centros históricos. Asimismo, pocas veces el espacio público es valorado como un elemento esencial del patrimonio no sólo urbano, sino también cultural, pues su valor es resultado de la sumatoria de los aspectos físicos y simbólicos que en su conjunto dotan a la ciudad de una personalidad propia y hacen que sea única.

Cada centro histórico es diferente, no sólo por sus características formales, sino por las personas que los habitan, y las muy diversas formas de apropiación espacial que se pueden llegar a dar. Un ejemplo es el arte urbano, como práctica cultural, que se ha comenzado a extender en las calles del centro histó-rico de la ciudad de Oaxaca, en México, en donde la gráfica urbana le ha dado una personalidad propia al lugar, provocando una serie de opiniones encontradas. Si bien este artículo no pretende explicar a fondo el fenómeno, si busca poner en mesa de discusión una realidad que se vive actualmente.

Palabras Claves:

Espacio público, centro histórico, arte urbano, patrimonio.

Abstract

The public space of the cities constitutes one of the main elements that configures the cities, given the great complexity that characterizes it, the public space can generate rather reductionist conceptions that prevent to approach its problematic in to a suitable way, such situation acquires a level of greater confusion when the public space is inserted in historical centers. Likewise, public space is seldom valued as an essential element of the heritage, not only urban but also cultural, since its acknoledgment and valorization is a result of the addition of the physical and symbolic aspects that together give to the city its own personality.

Each historical center is different, not only for its formal characteristics, if not for the people who inhabit them, and the diversity of forms of the spatial appropriation that can be given at these spaces. One exam-ple is urban art, as cultural practice, which has begun to spread in the streets of the historic center of the city of Oaxaca, Mexico, where urban graphics interventions have begun to give to the place its own per-sonality, provoking a series of opinions found. Although this article does not pretend to explain the phe-nomenon in depth, it seeks to put in a discussion table such a reality that is currently alived in our cities.

Keywords:

Public space, historic center, urban art, heritage.

(1) | Luz Cecilia Rodríguez Sánchez

Profesora-investigadora en la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca, (Mé-xico) Facultad de Arquitectura “5 de Mayo”. Arquitecta y Maestra en Ciencias y Artes para el Diseño por la Universidad Autóno-ma Metropolitana y Doctora en Historia Mo-derna y Contemporánea por el Instituto de Investigaciones Dr. José Máría Luis Mora. Correo: cecil.rs@gmail.com

El espacio público como patrimonio: la gráfica urbana

como una expresión cultural en el centro histórico de la

Ciudad de Oaxaca de Juárez

Luz Cecilia Rodríguez Sánchez1

Revista Eltopo. No.8. 2017 ISSN:0719-3335

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Presencia del pasado en el presente, que lo desborda y lo

reivindica…(Marc Auge)

En la actualidad referirse al patrimonio cultural representa adentrarse en un campo de múltiples dimensiones, puesto que puede ser abordado desde ámbitos muy diversos, pues es justo el patrimonio cultural lo que de una u otra forma ha definido y caracterizado a la sociedad mediante sus diversas manifestaciones ya sean representaciones materiales o simbólicas.

Ahora bien, si hacemos un acercamiento para especificar de qué manera el patrimonio se expresa en el ámbito urbano, se podrá ver que la ciudad como tal es un soporte, un escenario de manifestación en donde pueden llegar a confluir muy diversas formas de expresión cultural, ya sean tradicio-nales o contemporáneas, formales o informales, aceptadas o rechazadas. En este sentido, este artículo pretende más que explicar de manera deta-llada, busca poner en debate el papel fundamental que juega el espacio público urbano como escenario de expresión social y cultural, dado que es justo a partir de las múltiples formas de apropiación que en él tienen lugar, lo que lo convierte en un contenedor simbólico excepcional, lo que a su vez conlleva a generar ciertas nociones de arraigo, identidad y pertenencia para quienes lo habitan. Todo esto adquiere un mayor énfasis cuando dicho espacio se encuentra insertado en un centro histórico, como consecuencia no sólo de su valor cultural, sino por la dinámica urbana que en ellos se produce.

Ahora bien, dadas las muy diversas formas en que el espacio público se convierte en el marco de diferentes expresiones culturales, este artículo se desarrolla en dos partes: la primera busca discutir acerca de la importancia que tiene el espacio público como patrimonio desde un enfoque concep-tual, y en una segunda parte, ejemplificar de qué manera el espacio público se constituye como el escenario de diversas expresiones culturales, en específico el caso del arte urbano en el centro histórico de la ciudad de Oaxaca.

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de la necesidad que tiene el reconocer un valor muchas veces ignorado, pues aunque de manera cotidiana estamos en contacto con él, pocas ve-ces nos detenemos a reflexionar todo lo que ahí ocurre, pues no es fortuito que las calles y plazas los centros históricos sucedan tantas cosas y tan diversas, fenómeno que al tratarse de ciudades medias que aún no han sufrido un proceso de expansión considerable acompañado del surgimien-to de nuevas centralidades, se ve aún más acentuado, dado que el casco fundacional conserva aún sus funciones de centralidad vinculadas a las del comercio, la cultura y la administración.

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El espacio público como patrimonio

Como primer punto resulta importante ahondar acerca del porqué el escio público de los centros históricos, constituye un ejemplo esencial del pa-trimonio no sólo urbano, sino también cultural, pues su valor es resultado de la sumatoria de los aspectos físicos y simbólicos que en su conjunto dotan a la ciudad de una personalidad propia.

Fotografìa 1.

Intervención fachada hostal en el centro histórico de la ciudad de Oaxaca, consen-so propietario - artista. Año 2017

Fuente:

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Si bien el espacio público representa un elemento fundamental de toda traza urbana, es ante todo el escenario principal de la vida pública, por ello para entenderlo en todas sus dimensiones, requerimos partir de una con-cepción integral de espacio público que nos ayude a comprenderlo desde sus diferentes connotaciones, puesto que es precisamente la falta de com-prensión y de valorización de dicho espacio lo que provoca apreciaciones erróneas y, a su vez, intervenciones sean poco acertadas.

Es común hablar del valor patrimonial que tienen los centros históricos, pero pocas veces analizamos a fondo los componentes que constituyen al centro como conjunto, pues dicho valor no reside únicamente en los edifi-cios que lo conforman, sino que estos edifiedifi-cios pertenecen a un conjunto estructurado definido por una traza urbana que está determinada justo por el espacio público, mismo que se materializa a través de calles, plazas, jardines, etc. En este sentido, concebir el espacio público como patrimonio urbano requiere tomar en cuenta muchos otros elementos que van más allá de su mera ubicación, pues sus particularidades son resultado de su historia y de quienes lo han habitado a través de los años, ya que más allá de considerarlo como espacio físico, éstos son, ante todo, espacios simbó-licos que fungen como un espejo de la sociedad, por lo que al tratarse de un centro histórico, adquieren un significado potencial, resultado de la carga histórica sumada a su relevancia y condiciones presentes.

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darle sentido al valor patrimonial.

Fotografìa 2

Intervención fachada en el centro histórico de la ciudad de Oaxaca. Año 2017.

Fuente:

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Las múltiples lecturas que ofrece el espacio público, no deberían ser exclu-yentes unas de otras, pues comprender los aspectos intangibles que hacen de dicho espacio un elemento sujeto a valoración patrimonial, obedece a sus cualidades formales, geográficas y materiales que en conjunto conforman un todo que asignan un significado dual, pues no existe una línea divisoria que separe de manera definitoria lo tangible de lo intangible, son valores dependientes que coexisten bajo una misma dimensión espacio temporal.

Es por ello que para comprender dicha complejidad, se requiere tener un enfoque integral de los elementos que definen al espacio público a fin de evitar una visión segada, cuando nos cuestionamos ¿qué es el espacio público?, por lo general pensamos en las plazas y jardines que se encuen-tran diseminados en la traza urbana; sin embargo, no siempre considera-mos las calles como el elemento principal a través del cual se materializa dicho espacio, de ahí que su importancia recae en su funcionalidad como conector y articulador del espacio urbano. Por otra parte, es imposible ima-ginar una ciudad que carezca de calles o avenidas, puesto que éstas son exactamente las particularidades inherentes al tejido urbano, aunadas a las singularidades de las edificaciones, cuyo conjunto es primordial para definir a cada ciudad, otorgándoles cualidades únicas, como si se tratase de un “ADN” urbano.

Ahora bien, cuando se piensa en el espacio público de un centro histórico, lo más seguro es que la mayoría de las personas guarden en su memoria las imágenes de sus plazas y jardines más emblemáticos, de las calles prin-cipales que fungen como elementos nodales, que en conjunto conforman la base de la urbanidad, a modo de arterias a través de las cuales fluye la vida urbana, pues como bien lo menciona Jordi Farrando (2012), sin calles no hay pueblos, ni ciudades.

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esce-nario de la vida pública, definido por el ir y venir de los peatones, quienes hacen que su carácter de público cobre sentido, en virtud de que la diversi-dad de usuarios, de usos y de funciones, provoca que este espacio sea tan complejo y polisémico.

Asimismo, si indagamos acerca de los distintos significados y usos del es-pacio público, así como la manera en que éstos se han transformando a lo largo del tiempo, podremos reconocer y valorar su importancia como elementos fundamentales de la estructura y de la dinámica urbana, cuyas características serán totalmente diferentes cuando nuestro análisis tenga como referencia un casco antiguo, puesto que deberán sumarse sus cua-lidades históricas y culturales que convierten a dichos espacios en parte esencial del patrimonio urbano.

Sin embargo, concebir el espacio público como patrimonio urbano requiere tomar en cuenta muchos otros elementos que van más allá de su mera ubi-cación, pues sus particularidades son resultado de su historia y de quienes lo han habitado a través de los años, ya que más allá de considerarlo como espacio físico, éstos son, ante todo, espacios simbólicos que fungen como un espejo de la sociedad, por lo que al tratarse de un centro histórico, ad-quieren un significado potencial, resultado de la carga histórica sumada a su relevancia y condiciones presentes.

Fotografìa 3

Intervención total de fachada en el centro histórico de la ciudad de Oaxaca, em-pleo de patrones repetitivos, consenso propietario - artista. Año 2017

Fuente:

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Es por ello que el espacio público, entendido como patrimonio, debe ser valorado tanto por sus cualidades formales y estéticas, como por sus po-tencialidades funcionales y simbólicas, pues los distintos elementos bajo los cuales se materializa el espacio público –avenidas, callejones, plazas, plazoletas y patios- conforman un sistema de vacíos urbanos cuyo origen –la mayoría de las veces- ha sido intencional (Hardoy & Gutman, 1992), pues además de desempeñarse como arterias de circulación, en ellos se ejercen múltiples actividades sociales, políticas, comerciales y culturales, muy diferentes a las que se desarrollan en el resto de la ciudad, por lo tanto el centro histórico responde a las dinámicas propias de la llamada centra-lidad, sumadas a las condicionantes impuestas por la historicidad que se traducen en prácticas más de carácter simbólico y cultural.

En términos más conceptuales, el espacio público de los centros históri-cos representa un claro ejemplo de un lugar antropológico, pues como lo define Marc Auge, éstos son lugares que reúnen tres características: son considerados identificatorios, relacionales e históricos (Auge, 2000), cuyo sentido responde a su contenido social y espacial, obviamente en las ciu-dades puede haber múltiples lugares antropológicos, sin embargo, el casco antiguo es un lugar compartido y referencial, no sólo para aquellos que lo habitan, sino también para quienes lo transitan o visitan.

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que se construyen en el día a día, que suele ser desconocida o que para la historia formal resulta indiferente; sin embargo, el valor de estos espacios se lo otorgan quienes lo habitan y los transitan, para quienes estos lugares representan, tal vez de manera no tácita pero sí de manera referencial, un símbolo de identidad, pocas veces equiparable con algún otro sitio de la ciudad.

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Fotografìa 4

Intervención parcial fachada en el centro histórico de la ciudad de Oaxaca, facha-da de un taller gráfico, consenso propietario - artista. Año 2017

Fuente:

Luz Cecilia Rodríguez (LCRS)

Fotografìa 5

Intervención total de fachada en el centro histórico de la ciudad de Oaxaca, em-pleo de patrones repetitivos, consenso propietario - artista. Año 2017

Fuente:

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Ahora bien, el valor de estos espacios no obedece, como ya se mencionó anteriormente, a cuestiones meramente simbólicas, sino que responde a la dualidad entre lo tangible y lo intangible, si los cascos antiguos no tuvieran las características formales que los definen, y fueran iguales al resto de la ciudad, no tendrían el valor y el arraigo que hoy poseen, de ahí que sea imprescindible voltear a ver el otro lado de la moneda para comprender el todo.

Dicho lo anterior, es importante hacer notar que gran parte de la valoración del espacio público obedece al origen de su existencia, pues como ya se ha mencionado, estos espacios fueron dejados, de manera intencional, sin construir por su importancia funcional y simbólica. No hay que olvidar que la mayoría de las ciudades fundadas en el periodo colonial siguieron un pa-trón de trazado, cuyo elemento rector era la plaza mayor, misma que fungía como el referente a partir del cual se llevaba a cabo la distribución de los lo-tes que conformarían la nueva ciudad, ejemplo de ello son las Ordenanzas de Descubrimiento y Población de Felipe II emitidas en 1573.

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Las expresiones culturales: el arte urbano

Una vez expuesto de manera general la importancia del espacio público, y de su valorización como elemento patrimonial de los conjuntos históricos, el siguiente paso es explicar el vínculo que existe entre el espacio público de los centros históricos con el arte urbano como una práctica de apropiación del espacio y, por ende, un modo de expresión cultural, que se llena de significado no sólo por su contenido, sino por su ubicación.

La ciudad en si es un gran escenario de la vida urbana, en el suceden múltiples actividades, y por ende, está sujeta a muy diversos modos de apropiación por parte de la sociedad que la habita de manera cotidiana o esporádica.Los centros históricos poseen un poder de atracción que pocas veces es equiparable a otra zona de la ciudad, los múltiples actores que en ellos confluyen utilizan el espacio de muy diversas maneras, de ahí que las expresiones culturales que tienen lugar en los centros, no sean algo for-tuito, sino que obedece a que es un lugar ideal para llegar a los otros, para ser observados y escuchados.

Fotografìa 6

Intervención total de fachada en el centro histórico de la ciudad de Oaxaca, em-pleo de patrones repetitivos, consenso propietario - artista. Año 2017

Fuente:

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Entre las muchas expresiones culturales que ocurren en los centros histó-ricos, se encuentra el llamado arte urbano, el cual puede manifestarse de múltiples maneras, mismo que se expresa mediante la intervención gráfica de fachadas o muros, si bien es un fenómeno que está presente en toda la ciudad, éste tiene maneras particulares de manifestarse en los muros del centro histórico, lo cual para muchos puede ser considerado como un acto vandálico; sin embargo, es importante reflexionar respecto al tema antes de juzgar, pues al ser una expresión de la sociedad contemporánea, estas pintas se convierten en mensajes que hablan de una realidad y de un momento histórico determinado, de ahí que de alguna forma adquieren un valor como patrimonio vivo.

Antes de profundizar acerca del trinomio espacio publico-centro histórico-arte urbano, es importante hacer algunas precisiones generales respecto al primero. El arte urbano en principio debe ser identificado como una expre-sión de la cultura visual, la cual, de manera histórica se ha manifestado de múltiples maneras, más allá del popular graffiti, existen diversas formas de expresión gráfica que encuentran en los muros de las ciudades, el lienzo de expresión, con lo cual dan lugar a un fenómeno que difícilmente puede ser encasillado o conceptualizado bajo definiciones univocas, pues su variabili-dad y heterogeneivariabili-dad son parte fundamental de su esencia.

En este sentido respecto al comúnmente llamado graffiti, si bien es un poco compleja la diferenciación, pues no existe una clara frontera entre este y el considerado arte urbano, una de las principales variantes que se toman en consideración es el carácter ilegal del primero, a diferencia del segundo que se ejerce bajo un consentimiento del propietario del inmueble que será intervenido (McAuliffe, 2012). Esta separación tan ambigua provoca que en términos legales (normatividad urbana) y de percepción, el arte urbano sea juzgado de manera negativa, no sólo por autoridades sino también por la sociedad misma.

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su monumentalidad, su multifuncionalidad, su intercambio y su papel como lugar de encuentro y expresión, en virtud de que es en dichos espacios donde acontecen diversas manifestaciones culturales, políticas y sociales que ven en el espacio público la vía para llegar a los demás: la sociedad (De la Cruz & Rodríguez, 2015).

Por otro lado, del mismo modo que la arquitectura ha representado a lo largo de la historia un símbolo de poder, ya sea político o eclesiástico, los espacios públicos también han cumplido dicha función, pues en ellos se erigen los monumentos y se crean calles o plazas conmemorativas, cuyos nombres aluden a los personajes o momentos significativos de la historia, que son enaltecidos por quienes sustentan el poder en cada época e in-tentan dejar un testimonio en el tiempo, de ahí que la gráfica urbana sea una vía de expresión que encuentra en la vía pública un escenario ideal, al expresarse como una contracultura que además de estar impregnada por un alto contenido social o político, también contiene ciertos tintes artísticos propios de dicho fenómeno, lo cual a su vez convierte este acto en un tes-timonio de su época, de su presente.

En este sentido, el hecho de que la gráfica urbana se exprese en las ca-lles, responde a que estás son ante todo un espacio social, en donde tiene cabida la gran heterogeneidad de la sociedad, lo cual permite, y por tanto favorece que se ejerzan diferentes maneras de apropiación por parte de diversos grupos en busca de que sus conflictos o inquietudes sean aten-didos, escuchados o vistos. Es por ello que el arte urbano como tal posee un vínculo estrecho con el espacio público, y con la calle en sí misma, al emplearla como un recurso en sí, no sólo como lienzo, sino por lo que la compone, por su contexto, su ubicación y su significado en el imaginario urbano (Riggle, 2010). Por lo tanto el arte urbano, para ser urbano, debe materializarse justo en el espacio público, a fin de mantener esa categorías que lo diferencia de otras expresiones artísticas.

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huma-nidad, la decoración de las fachadas y las inscripciones gráficas son parte de la historia de las ciudades occidentales, desde las pinturas rupestres en la cuevas en la prehistoria (Visconti, Sherry, Borghini, & Anderson, 2010). Ahora bien, ¿por qué este fenómeno de la gráfica urbana adquiere particu-laridades específicas en el centro histórico? En primera instancia es impor-tante resaltar que el espacio público del centro histórico posee característi-cas muy diferentes a las del resto de la ciudad, producto de sus condiciones de centralidad e historicidad, lo cual atrae a los artistas urbanos a hacer del espacio público su principal escenario de acción.

Asimismo, como señala Fernando Carrión, el centro histórico puede ser concebido como un espacio que abarca múltiples fenómenos que consti-tuyen una forma de comunicación, en virtud de que contiene la mayor can-tidad de lugares de sociabilización, aunado a que es el lugar de la ciudad que atrae al mayor número de usuarios, de ahí que este modo de expresión sea tan sólo uno más de muchos otros fenómenos que se experimentan en dicho espacio, producto de todas sus condicionantes simbólicas que hace que el espacio público del centro histórico represente un espacio de todos, en donde cada ciudadano ejerce una manera de apropiación diferente, cu-yas intenciones también son divergentes, pues mientras unos buscan el anonimato o el pasar desapercibidos, otros buscan provocar y ser vistos ya sea por sus acciones o por los efectos de éstas, como lo es caso de la gráfica urbana.

En la actualidad las prácticas de conservación del patrimonio se han pre-ocupado por mantener las ciudades históricas como museos, como ele-mentos intocables que de alguna forma deberían permanecer ajenos a su temporalidad; sin embargo, las prácticas de los artistas urbanos se convier-ten en un acto de actualización del patrimonio, que sin duda constituye un acto de provocación hacia la ciudadanía al establecer una relación crítica respecto a la imagen urbana de la ciudad.

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invisible mediante los diferentes discursos que puedan llegar a manejar los artistas urbanos. Asimismo las intervenciones gráficas pueden ser con-sideradas como generadoras del sentido de lugar, en respuesta a la proli-feración de los no lugares, al brindar identidad a un determinado espacio (Irvine, 2014).

Toda esta complejidad que rodea este trinomio (espacio público - centro histórico –arte urbano) requiere una lectura de mayor profundidad, pues las percepciones superficiales difícilmente ahondarán en las particularida-des que posee cada uno de estos elementos y de las relaciones que se establecen entre ellos, relaciones que no son meramente funcionales, sino también simbólicas.

El espacio público de la ciudad de Oaxaca: la gráfica

urba-na como expresión cultural

Hasta ahora se ha hablado de los centros históricos desde un enfoque general, sin embargo para aterrizar un poco acerca de cómo se da este fenómeno de las expresiones culturales en el espacio público de un centro histórico, es conveniente referenciarlo a un lugar en específico: el centro histórico de la Ciudad de Oaxaca de Juárez.

La ciudad de Oaxaca fundada en el siglo XVI, posee uno de los centros más emblemáticos de México, inscrito en la lista de Patrimonio Mundial de la Humanidad de la UNESCO desde 1987. Dicho centro tiene una ex-tensión aproximada de 252 ha, conformado por diversos monumentos de carácter religioso y civil.

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En el caso particular de la gráfica urbana, en años recientes, los muros del centro histórico se han visto intervenidos por diversos actores, algu-nos anónimos y otros más por artistas reconocidos, que a petición de los propietarios de los inmuebles, han utilizado las fachadas como lienzo de trabajo para llevar a cabo múltiples intervenciones, que al pasar de los años han comenzado a darle una nueva cara al centro histórico de la ciudad de Oaxaca. Pues si bien hace pocos años eran intervenciones aisladas, en la actualidad éstas comienzan a ser cada vez más frecuentes.

El hecho de que estas intervenciones se den de manera específica en el centro histórico de la ciudad de Oaxaca, obedece a diversos factores, pues elegir los muros del casco fundacional representa hacer de la vía pública el escenario, el lienzo que soporta un mensaje que está dirigido al transeúnte, a la ciudadanía, lo cual representa una expresión de la sociedad que se ha convertido en un símbolo de identidad cultural dada la tradición artística, específicamente de carácter gráfico que existe en la entidad.

Este tipo de prácticas le confieren un valor tangible e intangible al patri-monio urbano, y por ende, al espacio público de los centros históricos, que gracias a su poder de atracción logra reunir a propios y extraños, que no acuden o transitan por él sólo por necesidad o como un mero lugar de paso, sino que hacen de sus plazas y calles un destino en sí mismo, ya sea por paseo o por presenciar algún acto programado, de carácter social, cultural o político, y en el caso específico de la gráfica urbana, se ha convertido en un motivo para transitar por determinadas calles, para conocer y apreciar determinada intervención.

Ahora bien, porqué referirnos a la gráfica urbana del centro histórico de la ciudad de Oaxaca como una expresión cultural, si bien existe un amplio debate respecto a las intervenciones gráficas realizadas sobre muros de inmuebles considerados patrimonio histórico, no todas pueden o deben ser juzgadas bajo los mismo criterios. Sin embargo, el aumento en la fre-cuencia de este tipo de intervenciones ha comenzado a darle un carácter singular al espacio público de la ciudad.

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diferente a partir del movimiento social que se da en el 2006, provocado por las discrepancias entre la llamada Sección 22 (sindicato magisterial) y el gobierno del estado de Oaxaca. Ante la falta de acuerdos, la Sección 22 estableció un plantón indefinido en determinadas áreas del centro histórico de la ciudad, por lo tanto, como resultado de la inestabilidad social comien-zan a surgir diferentes expresiones de inconformidad o protesta social que buscan manifestarse a través de diversos medios, uno de ellos sería el del arte urbano encabezado por varios colectivos de artistas que respaldaban al movimiento (Estrada Saavedra, 2012).

Las propuestas que surgen en este periodo se caracterizan por su conteni-do político, estos artistas se convierten de alguna forma en intermediarios entre los integrantes del movimiento social y la ciudadanía, que comunican un mensaje mediante sus obras, dado que se trata de “un arte producido en el conflicto y pensado como un instrumento de lucha” (Estrada Saavedra, 2012).

Fotografìa 7

Intervención parcial de fachada en el centro histórico de la ciudad de Oaxaca. Año 2017

Fuente:

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Los principales colectivos que encabezan dicho movimiento fueron Arte Ja-guar, Asamblea de Artistas de Oaxaca (ASARO), Taller Bambú, Gabinete Gráfico y Lapiztola entre otros, quienes mediante diversas intervenciones de arte urbano buscaban ejercer un acto de concientización, propaganda y crítica, a través del empleo de una estética gráfica que empleaba la ironía con el fin de generar una provocación visual en el transeúnte y, por ende en la ciudadanía (Nahón, 2013).

Como parte de la forma de actuar de estos colectivos, estuvo el empleo de plantillas con imágenes alusiva al movimiento, que al ser expuestas en los muros de los inmuebles del centro histórico, y encontrarse en el espacio público, carecían de firma de autor, a fin de que el ciudadano se identificara con ellas y se apropiara de las mismas (Estrada Saavedra, 2012).

Ahora bien un hecho que hay que destacar, es el por qué este movimiento se da justo en el centro histórico, ello no obedece a un hecho fortuito, sino que es un acto de protesta en contra de la mercantilización turística que se vive en el centro histórico de la ciudad de Oaxaca, lo cual no es exclu-sivo de dicho centro, sino que es un fenómeno generalizado en diversas ciudades con características similares. Por lo que el movimiento social se convierte a su vez en una crítica a las llamadas estrategias de patrimoniali-zación promovidas por las autoridades (Estrada Saavedra, 2012) .

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conservadores de la sociedad, quienes vieron la imagen del centro histórico alterada y perturbada, ello provocó que las autoridades buscaran revertir este efecto mediante programas de mejoramiento no sólo de la imagen urbana, sino de la percepción de la ciudad en general, a través del progra-ma “Mi Oaxaca linda”, a fin de recomponer el tejido social después de los movimiento sociales.

Ante este preámbulo, es posible entender cual es origen de la gráfica urba-na que se ha venido manifestando desde hace más de uurba-na década en los muros del centro histórico de la ciudad de Oaxaca, si bien el origen tuvo un conflicto social específico, las prácticas e intervenciones de los diversos colectivos han continuado hasta la fecha bajo un esquema totalmente dife-rente, pues lo que en un principio comenzó siendo un acto ilegal ahora se presenta bajo un conceso entre artista propietario, lo cual obviamente ha tenido un efecto visual en la imagen de la ciudad, al dotarle de una identi-dad diferente, más no por ello aceptada de manera unánime, pues continua siendo considerada para muchos, y para las autoridades mismas un acto de desobediencia civil y de atentado contra el patrimonio y los lineamientos de conservación urbana.

Fotografìa 8

Intervención parcial de fachada en el centro histórico de la ciudad de Oaxaca. Año 2017

Fuente:

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Ahora bien una vez terminado el movimiento social del 2006, los colectivos que se conformaron para dar voz a las protestas no se desintegran, sino que se mantienen en activo hasta la actualidad, sin dejar de lado su esen-cia crítica que un principio les dio origen, lo cual se traduce en intervencio-nes gráficas a distintos inmuebles del centro histórico que con el paso del tiempo comienzan a ser cada vez más comunes, y pasan de ser un símbolo de protesta a un acto hasta cierto punto decorativo o de distinción de un determinado inmueble o comercio, pero siempre manteniendo un lenguaje contestatario o irónico.

Dentro de este contexto se puede poner el ejemplo del Colectivo Lapiztola, cuyo nombre define su esencia, ya que el vocablo Lapiztola surge de la conjugación de dos palabras, lápiz en referencia a la educación y pistola en alusión a un arma, de ahí que consideren su práctica como una muestra pacífica de protesta. Dicho colectivo está constituido por jóvenes con una formación profesional, entre ellos dos diseñadores gráficos y un arquitecto, tuvieron la inquietud de generar un movimiento de gráfica social que buscó hacer pública su protesta mediante la intervención de los muros, dicho co-lectivo al hacer referencia a su trabajo, se expresa diciendo que:

“Cuando tenemos oportunidad de trabajar en la calle queremos que la pie-za que pintamos sea como un grito en la pared, manejando el arte urbano en cierto sentido como protesta, intentando hacer un diálogo visual con la sociedad, usando como soporte técnico, el esténcil y la serigrafía, crean-do módulos o tapices impresos para después si es posible intervenirlos y lograr así una gráfica urbana, que logre darle un carácter personal al espa-cio” (BOEK861, 2015).

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desde una pinta pequeña (50 x 50 cm), hasta encontrar fachadas inter-venidas en su totalidad, lo cual representa para muchos un atentado a la imagen urbana.

En el caso de las intervenciones de Lapiztola, en la mayoría han emplean-do la técnica del stencil (plantillas perforadas que permiten el paso de la pintura), cuya característica es el mensaje de crítica social que responde a un fenómeno en específico, lo cual puede entenderse como una respuesta ante un hecho social determinado, resultado de una necesidad Lapiztola ve sus intervenciones como un disparo a la pared, un disparó que busca provocar, conmover, generar conciencia en el transeúnte a través de un discurso crítico, cuyas temáticas se han diversificado al pasar de los años, ya sea mediante la crítica, la sátira o la ironía aluden a asuntos referentes a la lucha contra los cárteles de la droga, el rechazo por el maíz transgénico, el llamado de atención a las autoridades por la búsqueda de los miles de desaparecidos en el país (Jones, 2015).

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que hay una aceptación por parte de un sector de la sociedad y hay un público que aprecia este trabajo, este cambio de percepción revaloriza la posición del arte urbano frente a la sociedad pues pasa de ser ilegal a ser valorado, admirado y apreciado (Oliver & Merrill, 2011).

Fotografìa 9

Intervención ilegal de fachada, en el centro histórico de la ciudad de Oaxaca. Año 2017

Fuente:

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Si bien, los trabajos del colectivo Lapiztola han sido reconocidos a nivel internacional, ello no los excluye de la censura, pues aunque actúan bajo el consentimiento de los propietarios, las autoridades más de una vez han borrando las intervenciones, de ahí que se siga estigmatizando el arte ur-bano como un acto ilegal, que corrompe los lineamientos de conservación de los centros históricos.

Sin embargo, ello refuerza la conceptualización que se tiene del espacio público, dado que este se define por su heterogeneidad, y por ser históri-camente un lugar de conflicto, el arte urbano no existiría si no fuera por el espacio público, y no sería una práctica cultural de no ser por la sociedad que le da vida a dicho espacio, pues para que este exista requiere de un ejecutor, en este caso el colectivo Lapiztola, y de un público que es la ciu-dadanía, todo ello en el marco de un contexto espacial urbano, que es el centro histórico. Sin una de las piezas este fenómeno no sería posible.

Fotografìa 10

Intervención del colectivo Lapiztola en la fachada del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), consenso propietario – artista.

Fuente:

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Fotografìa 11

Intervención del colectivo Lapiztola en la fachada del Museo Belber Jiménez en centro histórico de la ciudad de Oaxaca, consenso propietario – artista. Esta obra

fue censurada y borrada por el munnicipio.

Fuente:

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Fotografìa 12

Intervención en fachada por Lapiztola, en homenaje a los maestros mezcaleros en Piedra Lumbre (bar), del centro histórico de Oaxaca, consenso propietario -

artis-ta. Esta obra fue censurada y borrada por el municipio.

Fuente:

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Conclusiones

Si bien la gráfica urbana es un fenómeno que se encuentra presente en diferentes latitudes, constituye un tema de discusión pues no siempre es, ni será aceptado por la sociedad en su totalidad, pues no hay que olvidar que sus orígenes residen en una respuesta de contracultura, actualmente algunas de sus expresiones, como el llamado arte urbano, surgen bajo un consenso dejando a un lado el origen ilegal que un inicio tuvo el graffiti.

Sin duda, bajo una percepción doctrinal de la conservación de los centros históricos, el arte urbano es un atentado que altera la imagen original de la vía pública; no obstante, actualmente es necesario evaluar la manera en cómo percibimos el patrimonio, y en cómo pretendemos mantenerlo vivo, un centro histórico es imposible que se mantenga intacto, la sociedad a lo largo de la historia ha buscado diferentes formas de manifestarse y de hacerse visible, de ahí que el arte urbano haya encontrado en los muros de las calles de los centros histórico un espacio ideal de expresión, lo cual al contener un mensaje que habla de un tiempo y de un espacio, se convierte en testigo de una época que debería ser valorizado antes de ser juzgado de manera negativa, reconocer su valor como una práctica cultural contem-poránea que enriquece al espacio público no sólo en el sentido artístico, respecto a las técnicas gráficas empleadas, sino al valor que puede llegar a tener el mensaje que contiene cada una de las intervenciones

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patrimonial, no sólo por sus cualidades artísticas o estéticas, sino por su significación cultural al ser un reflejo de la sociedad a la cual pertenecen. Esto no obedece a una mera precepción arbitraria y subjetiva, sino que responde a la esencia de lo que es el patrimonio como tal, entendido éste como un producto cultural y un recurso político, que puede llegar a ser ne-gociado, bajo determinadas circunstancias sociales, pues cada sociedad posee la capacidad de elegir qué es patrimonio, qué elemento, objeto o práctica posee un valor cultural que representa un símbolo de identidad de una sociedad determinada.

Al respecto es importante mencionar que en ciudades como Melbourne, Australia, Berlín, Alemania o San Francisco, Estado Unidos de Norteamé-rica (MacDowall, 2006), lugares que tienen una amplia historia respecto al graffiti y al arte urbano como tal, han establecido un diálogo con los artistas urbanos, se han generado áreas de tolerancia producto de su reconoci-miento y su valorización, lo cual ha tenido un efecto positivo para las ciuda-des, al añadirles un elemento de identidad y al ver reducidos los índices de graffiti ilegal (Dembo, 2013) (Wooters Y., 2010).

Si se parte de que el arte urbano es una realidad en los centros históricos, en el caso específico de la ciudad de Oaxaca, es necesario reconocerlo como un testimonio más de la historia que se construye en el presente, pues no podemos olvidar que lo que hoy es vestigio en su momento fue contemporáneo, por lo tanto el arte urbano es un manifestación cultural innegable.

Ahora bien, aceptar el valor patrimonial que pueda llegar a tener una inter-vención de arte urbano en un contexto histórico, implica un cambio de para-digma de los cánones fundamentalistas de la conservación del patrimonio cultural, pues si se le reconoce su valor, implicaría su conservación como testigo de un tiempo para las generaciones futuras.

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re-versible (dado que se realiza en superficies con aplanados y no siempre en inmuebles catalogados, sino en edificaciones contextuales).

La pregunta que puede quedar en el aire es si el arte urbano le resta valor patrimonial al espacio público de los centros históricos, o de manera contra-ria puede llegar a ser un valor agregado a la imagen, al añadirle un carácter actual, como un vínculo entre pasado y presente. De manera personal con-sidero que hay intervenciones que merecen ser documentadas y valoradas, es necesario replantear la relación que queremos entre pasado y presente, actualizar nuestros referentes de valor, siendo consecuentes, no puede ser que reconozcamos el valor estético de un trabajo de gráfica urbana y lo admiremos en un museo, pero que nos opongamos a su esencia urbana, al negarle la posibilidad de ser en la calle.

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