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"Género y violencia en Colombia - un estudio de subjetividades de mujeres desplazadas por la violencia"

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Academic year: 2020

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(1)UNIVERSIDAD DE LOS ANDES FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES DEPARTAMENTO DE CIENCIA POLÍTICA. MONOGRAFÍA DE GRADO “Género y violencia en Colombia: Un estudio de subjetividades de mujeres desplazadas por la violencia”. Presentado por: Gabriela Manrique Rueda Código: 200316233. Directora: Maria Mercedes Gómez Lector: Luís Javier Orjuela. Bogotá, Diciembre de 2005.

(2) 2 Agradecimientos: Aunque probablemente, y me entristece, las 30 mujeres desplazadas que confiaron en mí contándome sus experiencias de vida nunca leerán mi monografía de grado como politóloga de la Universidad de los Andes, quiero darles las gracias por el difícil trabajo de narrar sus experiencias. Gracias por cambiar mi forma de pensar el mundo, por permitirme llorar con ustedes y por mostrarme la importancia de sus vidas en la reparación de las relaciones sociales y en la reconstrucción del tejido social. Gracias por compartir conmigo su sufrimiento y por hacerme dar cuenta que más que buscar ser objetiva debía ser capaz de compartir su sufrimiento para poder entenderlas. Por ello, en este trabajo intento entrar en diálogo con ustedes y entender sus subjetividades. Este es mi reconocimiento hacia sus experiencias como víctimas y espero en un futuro trabajar en pro de la reparación de las mujeres desplazadas por la violencia en Colombia. M uchas gracias a M aria M ercedes Gómez por enseñarme la importancia del género, porque en sus clases despertó en mí una gran preocupación que me acompañará siempre. Gracias por dirigir la monografía, por sus valiosas correcciones y recomendaciones bibliográficas. Gracias a Luís Javier Orjuela por enseñarme la importancia de la teoría, por mostrarme la dirección que debía darle al trabajo y por ser el lector de la monografía. Al CESO por financiar el proyecto, a Angelika Rettberg por su trabajo en el diseño de la investigación, a Ingrid Bolívar por “presentarme” a Rita Laura Segato. Gracias a Silvia Otero por ayudarme con su trabajo sobre mujeres combatientes, a M aria Helena Ariza por dialogar conmigo sobre hombres y mujeres guerrilleros y desplazados y por ser la mejor compañera de trabajo. Agradezco a Tatiana Villate por su gran apoyo y confianza y a Juan Carlos Rodríguez por su aporte metodológico, su interés y por recordarme el valor de la esperanza y del sentido del humor. Finalmente, infinitas gracias a mi papá y a M iguel porque son los hombres de mi vida y por acompañarme y ayudarme en todo el proceso..

(3) 3 Índice: INTRODUCCIÓN p. 4-8 CAPÍTULO I: GÉNERO Y VIOLENCIA EN COLOM BIA 9-28 I. El género como sistema inestable y la necesidad de la violencia para su reproducción: Aproximaciones teóricas. p. 10-12 1. Rol de la violencia en la constitución de relaciones entre pares dependientes de las relaciones de desigualdad. p. 10-11 2. La violencia como discriminación. p. 11-12 II. Cómo el género determina la producción de violencia en Colombia p. 12-28 1. Rol del machismo en la generación de violencia p. 12-21 2. Significado de los asesinatos de mujeres en Colombia p. 21-24 3. Estudio de las violaciones de mujeres en Colombia p. 24-27 4. Hombres asesinados p. 27-28 CAPÍTULO II: CONSTRUCCIÓN DE SUBJETIVIDADES DE LAS M UJERES DESPLAZADAS POR LA VIOLENCIA EN COLOM BIA p. 29-54 I. El tiempo en las subjetividades de mujeres desplazadas. P. 30-35 1. El significado de la violencia en la subjetividad p. 30-33 2. Cómo la violencia se incorpora en las relaciones sociales p. 34-35 II. Transformaciones en la subjetividad a partir de la inserción en la ciudad: La falta de reconocimiento. p. 36-54 1. M ujeres desempleadas p. 36-43 2. M ujeres empleadas de servicio p. 44 3. M ujeres que viven de la caridad pública p. 45-50 4. M ujeres: La maternidad como reconocimiento p. 50-54 CONCLUSIONES p. 55-62 BIBLIOGRAFÍA ANEXOS.

(4) 4 INTRODUCCIÓN: Esta monografía hace un estudio de la violencia en Colombia en torno a dos ejes principales. El primer eje, se refiere a la relación estructural entre género y violencia, como explicación a la producción de violencia por los grupos armados en el conflicto armado colombiano. El segundo, estudia cómo las mujeres desplazadas aprenden a interpretarse a sí mismas a partir de la experiencia de estar presentes en relaciones de violencia y qué significantes adquieren en las interacciones sociales en las cuales están inmersas en el ámbito urbano, al cual se desplazan.. Ambos ejes se relacionan porque el género, como concepto explicativo de la generación de violencia por los grupos armados colombianos, da lugar a la formación de relaciones de violencia, a partir de las cuales las mujeres desplazadas construyen sus subjetividades. Con esto quiero decir que su forma de pensarse se constituye, en parte, en la relación violenta con los grupos armados, en la cual el género puede presentarse como un elemento que produce este tipo de relación. En este sentido, las interpretaciones de las mujeres desplazadas sobre los grupos armados son tomadas para analizar la relación entre género y violencia en Colombia. Dicha relación será también estudiada a la luz de algunas investigaciones sobre violencia contra mujeres en el conflicto armado colombiano y sobre mujeres combatientes en los grupos armados colombianos.. Teorías recientes sobre la violencia, nos invitan a preguntarnos por qué la gran mayoría de los actos de violencia que se presentan en todas las sociedades, en sus distintas modalidades, son perpetrados por hombres (Segato, 2003). A partir de tal cuestionamiento, estas teorías plantean que el género se constituye como la célula de.

(5) 5 toda violencia. M ás que parecernos una idea osada, es una invitación a reflexionar sobre la importante relación entre género y violencia. Existe una tendencia en la literatura sobre el conflicto armado en Colombia, a explicar la violencia en relación a la racionalidad económica de los actores armados, quienes compiten entre sí por el control de los territorios, los recursos y las poblaciones. Sin embargo vemos que, en las relaciones de competencia entre los actores armados, en las formas de controlar a las poblaciones y en las reglas que imponen estos hombres, el sexo y el género aparecen representados. Por ello es importante preguntarnos, ¿cómo el género produce y determina la violencia en Colombia? y ¿cómo la violencia reproduce las relaciones de género?. De acuerdo con West & Zimmerman (1999), por sexo entiendo la clasificación de las personas en machos y hembras derivada de una determinación, creada socialmente, de sus criterios biológicos. A partir de la división entre machos y hembras se crean categorías sexuales en las cuales las personas aprenden a definirse como niños y niñas, hombres y mujeres. El género es la interiorización de reglas reproducidas por las instituciones que crean actitudes y comportamientos específicos de acuerdo con los criterios biológicos. Con la adopción de actitudes y comportamientos, en las interacciones sociales las personas les demuestran a los otros su pertenencia a una categoría sexual.. Las definiciones de sexo, categoría sexual y género, son importantes para entender que la reproducción institucional de reglas formadas a partir de la división social de los cuerpos, determina la forma como las personas se definen, actúan e interactúan. Asimismo, a partir de la división sexual de los cuerpos y de la producción y.

(6) 6 reproducción del género se organizan las relaciones de poder en las sociedades, en una jerarquía en la que lo femenino está subordinado y por ello determinado por lo masculino. Lo masculino goza de una posición de privilegio en la jerarquía, que al ser reproducida por las instituciones sociales, se percibe como natural. Sin embargo, como lo muestran varias teorías feministas1, esta jerarquía es inestable, entre otras razones, porque el patriarcado, definido como la regulación de las mujeres por los hombres, se origina en un acto violento y porque cuando lo masculino ve en peligro su estatus, es el uso de la violencia lo que permite mantener la subordinación.. La implementación de la violencia puede ser estudiada en relación al mantenimiento de la jerarquía, en la que lo masculino adquiere privilegios mediante la subordinación de lo femenino. En contextos de guerra, vemos que los bandos en lucha compiten por el control de las mujeres, más específicamente de su sexualidad, cuyo acceso es una forma de legitimar el triunfo de su poder de control sobre los territorios en disputa. Al ser la guerra un ámbito esencialmente masculino, en términos de categorías sexuales está constituida mayoritariamente por hombres, lo que se disputa también es el control del patriarcado, como el poder de los hombres de regular a las mujeres. En la guerra se reafirma la posición de privilegio de lo masculino en la jerarquía, así como la posición de subordinación de las mujeres. Pero también, en la guerra se revela el fundamento violento e inestable del género, el alto costo de su mantenimiento, su carácter perverso y, lo más importante, el sufrimiento que produce.. Cuando la violencia es el medio de interacción, sale a relucir la voluntad de dominación de los hombres sobre las mujeres como una necesidad que se debe satisfacer a cualquier. 1. Ver por ejemplo, Carole Pateman (1995) El Contrato Sexual. Barcelona, Anthropos..

(7) 7 costo. Por ello, podría plantearse que existe una correlación entre violencia y género, más específicamente, entre violencia y patriarcado. En las relaciones entre los grupos armados en Colombia y entre estos y las poblaciones se perciben pistas sobre la existencia de esta correlación, la cual amerita ser estudiada. En el primer capítulo se hará un estudio de la correlación entre reproducción del género y producción de violencia por los grupos armados colombianos.. La segunda parte de la monografía va hacia una dirección diferente. Con base en 30 entrevistas realizadas a mujeres desplazadas en Bogotá, se trata de mostrar que la violencia, que en el primer capítulo se estudia en relación a la reproducción del género, destruye los mundos sociales de mujeres desplazadas y que ellas aprenden a interpretarse a sí mismas a partir de la destrucción de sus formas de vida. Es un estudio sobre las subjetividades de mujeres desplazadas por la violencia en Colombia, entendiendo por subjetividad, la interpretación que las personas hacen de sí mismas (Taylor, 1993). Estudiar las subjetividades de las mujeres desplazadas es importante porque se trata de ver cómo ellas aprenden a pensarse a sí mismas a partir de la experiencia de estar presentes en relaciones de violencia, por lo cual la violencia adquiere un significado en la forma como ellas se interpretan. Entender este significado, puede dar cuenta del daño que la implementación de la violencia por parte de los grupos armados está produciendo a las mujeres desplazadas y a las comunidades campesinas en Colombia. En el acto de narrar sus experiencias, las mujeres desplazadas pueden estar produciendo un trabajo importante al testimoniar la capacidad destructiva de la violencia y al mostrar cómo se aprende a volver a habitar el mundo que ha sido violentado. Las investigaciones sobre subjetividades de mujeres desplazadas por la violencia pueden cumplir la función de mostrar cómo ellas llegan a interpretarse a sí.

(8) 8 mismas a partir de la muerte de las relaciones sociales y cómo los significantes adquiridos en las interacciones sociales en el ámbito urbano, al cual se desplazan, permiten o no reparar las interpretaciones dolorosas que ellas adquieren de sí mismas a partir de la experiencia de estar presentes en relaciones de violencia. Voy a sostener que las interpretaciones que las mujeres desplazadas hacen de sí mismas se construyen a partir de la experiencia de estar presentes en relaciones de violencia y en interacciones sociales en el ámbito urbano que se caracterizan por la falta de reconocimiento hacia sus experiencias como víctimas. Sin embargo, el reconocimiento que ellas hacen de sí mismas está dado por su género, en relación a su rol social de madres. Como madres, ellas cumplen la función social de reparar las relaciones sociales que han sido violentadas.. En este sentido, esta investigación plantea la importancia de pensar en la relación entre género y violencia. Por un lado, se trata de mostrar el fundamento violento del género. Por otro lado, se arguye que el género también se constituye como un elemento que hace posible la reparación. Esta doble posición se hace problemática, por lo cual haré una reflexión en torno a la importancia de abrir un debate sobre el género que vaya más allá de buscar un trato diferencial entre hombres y mujeres, en el momento de establecer políticas de reparación a las víctimas de la violencia y de pensar en el trato que debe dársele a los victimarios en Colombia..

(9) 9 CAPÍTULO I: GÉNERO Y VIOLENCIA EN COLOMBIA El presente capítulo se refiere a la relación entre género y violencia en Colombia. Estudiar esta relación se hace necesario en el contexto de violaciones masivas de mujeres por hombres guerrilleros, paramilitares y de la Fuerza Pública. Las violaciones de mujeres revelan que el género opera como una estructura determinante en la producción de víctimas en el conflicto armado colombiano por lo cual es importante preguntarse, en el nivel teórico y empírico, por un lado, cómo el género produce y determina la violencia y por el otro, cómo la violencia reproduce las relaciones de género, mostrando así que género y violencia son variables interdependientes.. Existen. grandes. limitaciones. para demostrar. empíricamente algunos. de los. planteamientos presentados en este capítulo. Sin embargo, plantear ciertas ideas a nivel teórico puede constituirse como un primer paso para futuras investigaciones sobre género y violencia en Colombia.. Aunque el análisis no se centra únicamente en las violaciones de mujeres en Colombia, parto de la noción de violación como el acto de violencia que fundamenta la estructura de género y que a su vez permite reproducirla. Con ello, intentaré plantear que la violencia es necesaria para el mantenimiento de la jerarquía de género, en la cual los hombres se sitúan en la cima de la pirámide, determinando a las mujeres como otrossujetos inferiores. A partir de tal análisis teórico, hago un estudio de las narraciones de mujeres desplazadas sobre sus experiencias en contextos marcados por relaciones de violencia y de algunas investigaciones sobre las mujeres en el conflicto armado, con miras a reflexionar sobre la relación entre género y violencia en Colombia. Por un lado,.

(10) 10 estudiaré las relaciones entre hombres armados como relaciones entre pares y haré una reflexión sobre la presencia de mujeres en los grupos armados. Por otro lado, analizaré los actos de violencia contra las mujeres como elementos que permiten su subordinación. Finalmente, voy a referirme a los asesinatos de hombres, que dan lugar al desplazamiento forzado, a partir de los conceptos de relaciones entre pares y de violencia de exclusión. I. El género como sistema inestable y la necesidad de la violencia para su reproducción: Aproximaciones teóricas. 1. Rol de la violencia en la constitución de relaciones entre pares dependientes de las relaciones de desigualdad Para estudiar la relación entre género y violencia, es fundamental recordar la tesis de Rita Laura Segato (2003), según la cual la célula de la violencia surge de dos ejes interconectados: Un eje horizontal formado por relaciones de alianza y competición y un eje vertical formado por relaciones de entrega o expropiación. Para entender el eje horizontal es importante recordar a Carole Pateman (1995), quien plantea que la ley de estatus o ley de género que da lugar al patriarcado, entendido como la regulación por medio del estatus de los hombres sobre las mujeres, se origina en la violación como acto violento que fundamenta la vida en sociedad. La ley de estatus permite a la vez que rige las relaciones entre categorías sociales o individuos que se consideran como pares o semejantes. El eje horizontal se constituye por relaciones entre pares que se caracterizan por la alternación de alianza y competición.. Por su parte, el eje vertical se forma por relaciones de entrega o expropiación entre categorías sociales desiguales. Está dado como jerarquía que ordena las relaciones entre categorías diferenciadas en términos de estatus. Los dos ejes constituyen un sistema único en el que ambos interactúan. Esto es así porque la competencia o alianza entre.

(11) 11 pares que se consideran entre sí como iguales, sólo puede darse en la medida en que exista otro, desigual. La condición de igualdad entre pares se logra en la medida en que se cuente con la capacidad de constituir al otro como desigual. El orden de este sistema necesita de la violencia para mantenerse y para reproducirse, al caracterizarse por su condición de inestabilidad. En palabras de Segato: “Como he advertido, el sistema presenta una consistencia deficiente y lo que es más importante no se reproduce automáticamente pues los términos de cada uno de los ejes son vulnerables a la presencia y a la seducción de la retórica del otro” (Segato, p. 256).. 2. La violencia como discriminación La presencia de las mujeres en el sistema lo hace inestable en la medida en que su posición en la jerarquía está dada como otro inferior, en el eje vertical, paralelamente a su condición de sujetos portadores de derechos, desde su entrada a la modernidad, que las posiciona como iguales, en cuanto ciudadanas. Sin embargo, cuando el orden del sistema se ve amenazado, es decir cuando lo masculino ve en peligro su posición de estatus, el acto violento que posiciona a lo femenino como inferior es lo que permite mantenerlo y asimismo reproducirlo.. La definición de discriminación, realizada por M aria M ercedes Gómez (2004), se hace aquí relevante para entender cómo el orden de estatus se reproduce por medio del acto violento. Dentro del sistema planteado por Segato, la discriminación, se sitúa dentro del eje vertical formado como jerarquía y sustentado ideológicamente como estatus. Para Gómez, discriminar se define, por un lado, como diferenciar y por el otro, como volver inferior al otro dentro de un orden jerárquico. Los actos de violencia que corresponden a la discriminación son “jerarquizantes” ya que le imponen al otro un lugar dentro de la jerarquía como inferior:.

(12) 12 “Las prácticas que llamo “discriminatorias”, por el contrario, estarían orientadas, primordialmente, a jerarquizar como inferior una cosa o persona dentro de un determinado orden. (...) No olvidemos que “discriminar” también significa “separar, diferenciar una cosa de otra” y, en este sentido, hay ciertas prácticas de selección que se consideran discriminatorias” (Gómez, p. 162). La violencia discriminatoria, que es un tipo de violencia por prejuicio, cumple una función ejemplarizante, ya que aterroriza y le da una advertencia a la totalidad del grupo al que la víctima pertenece o se cree que pertenece (Gómez, p. 167).. La violencia de discriminación se sitúa dentro del eje vertical, ya que posiciona al otro en la jerarquía como inferior. La interconexión con el eje horizontal está dada ya que la diferenciación creada por la discriminación es lo que permite la existencia de relaciones entre pares a partir del estatus y del privilegio. La violencia de género es violencia de discriminación. En términos de Segato, los asesinatos de mujeres como actos de discriminación que permiten inferiorizarlas, serían la consecuencia última de demandas antagónicas entre pares: “En los casos extremos de demanda o presión de los antagonistas-semejantes en el orden de contrato, el otro en el orden de estatus del eje vertical será llevado a la condición de víctima sacrificial en un gravamen extremo que debe ser impuesto, como prueba de capacidad para participar de la economía simbólica de los pares. Aquí, el tributo es la propia vida del otro en el orden de estatus” (Segato, p. 255).. II. Cómo el género determina la producción de violencia en Colombia 1. Rol del machismo en la generación de violencia. La formación de relaciones de igualdad y de desigualdad a partir de la violencia ha sido poco estudiada, en relación con la producción de violencia por parte de los grupos armados en Colombia. Sin embargo, vemos que estos actores compiten entre sí por el.

(13) 13 control de poblaciones, territorios y recursos, lo cual recuerda las relaciones de competición descritas por Segato en el eje horizontal.. La competencia entre los grupos armados se explica, según algunos estudios importantes sobre el conflicto armado en Colombia, por la necesidad de las organizaciones de mantenerse por medio de la vía armada, debido a que las poblaciones no las legitiman, por lo cual necesitan una gran cantidad de recursos para poder sobrevivir (PNUD, 2003, p. 85). De la misma forma, se arguye que a partir de la inserción de la economía de la droga en la sociedad colombiana en los años 80 las guerrillas empiezan a financiarse y a controlar los cultivos ilícitos, por lo cual puede verse que la guerra se convierte en un negocio muy lucrativo (Pécaut, 1997, p. 19). A partir de ahí se sostiene que en las guerrillas se presenta una contradicción entre su ideal político y su táctica militar (González, Bolívar & Vásquez: 2003, p. 58). De hecho, como lo muestra un informe reciente del M inisterio del Interior y de Justicia, actualmente las FARC controlan el 60% del negocio del narcotráfico y reciben un ingreso anual per cápita de 250 millones de pesos (M inisterio del Interior y Justicia, 2005).. Igualmente, puede verse que las guerrillas y los paramilitares se disputan por el control de los territorios del narcotráfico y de los corredores de la droga, de los principales recursos económicos, que les permiten adquirir cuantiosos recursos con los cuales financiarse (Pécaut, 1997, p. 5-7). No queda claro si lo que se quiere financiar es la lucha armada o si son los miembros de las cúpulas quienes se convierten en hombres extremadamente ricos. Pero según mi opinión, en últimas, el conflicto armado en Colombia tiende a ser explicado a partir del afán lucrativo de los grupos armados. Es en.

(14) 14 relación al afán lucrativo que se explica la llamada degradación del conflicto. Sería porque los grupos armados necesitan controlar recursos y territorios que guerrillas y paramilitares se disputan por el control de los mismos. Pero en vez de enfrentarse entre sí implementan el terror entendido como la siembra de miedo entre las comunidades, como instrumento de control sobre las poblaciones (González, Bolívar & Vásquez: 2003, p. 73). Eric Lair (1999) plantea que no se trata de aniquilar al conjunto de la población, como en las guerras genocidas, sino de producir actos violentos específicos que generen miedo entre las poblaciones logrando paralizarlas. Al ser territorios en disputa, las poblaciones serían consideradas como potencialmente enemigas de todos los actores armados, lo cual explicaría los actos de violencia ejercidos en su contra (Lair, p. 71).. A partir de la literatura revisada, planteo que la violencia en Colombia tiende a ser explicada como consecuencia de la racionalidad económica de los actores armados. Es cierto que dicha racionalidad es un factor fundamental para entender tanto la generación de violencia, como el terror como forma de control sobre las poblaciones. Sin embargo, el tipo de escenarios en los que se consuman los actos de violencia, las reglas impuestas a las poblaciones, así como los tipos de agresiones cometidos van más allá de la racionalidad económica de las organizaciones armadas.. Resulta importante preguntarnos por qué son hombres quienes componen en su gran mayoría estas instituciones y por qué a pesar de las diferencias ideológicas entre guerrillas y paramilitares, ambos grupos cometen los mismos crímenes contra las poblaciones. En este sentido, Segato hace un aporte muy importante al ver en el género la célula de toda violencia. Puede pensarse en la existencia de una relación entre el eje.

(15) 15 horizontal descrito por Segato en referencia a relaciones de competición y de alianza entre pares y el tipo de relaciones presentadas entre grupos armados en Colombia, que pueden ser conceptualizadas como relaciones entre sujetos, en su mayoría con cuerpos de hombres, genéricamente constituidos como machos, que se caracterizan por la competencia con los bandos enemigos y la alianza de grupo.. En estas relaciones, el machismo definido como “la valoración de los hombres por su nivel de masculinidad” (Viveros, 2002, p. 93) puede ser entendido como un elemento que permite establecer relaciones entre iguales. Como lo ha planteado M ara Viveros (2002), la reproducción del machismo al interior de los cuarteles militares produce sujetos que interiorizan la figura del macho, por lo cual censuran las expresiones de debilidad, son insensibles ante el sufrimiento humano y son capaces de matar. El machismo en las relaciones entre hombres armados, sería lo que permitiría constituir el narcisismo grupal, así como actos violentos de sadismo que serían encubiertos por los miembros del grupo (Viveros p. 97-98).. El argumento postulado por Viveros es interesante en la medida en que muestra cómo los cuarteles militares construyen sujetos-machos capaces de generar sufrimiento y de soportarlo y cómo las prácticas de violencia pueden presentarse en la medida en que existan otros machos-iguales que encubran estas prácticas. En este plano, puede hablarse de relaciones de alianza. Sin embargo, la existencia de la alianza tiene como requisito la demostración de la virilidad. El combatiente debe mostrarse macho para ser considerado hombre y así adquirir la condición de igualdad..

(16) 16 La alianza en medio de relaciones de competencia da luces sobre cómo funcionan estas relaciones en el contexto del conflicto armado en Colombia. Las narraciones de algunas mujeres desplazadas en contextos de violencia, dan pistas para pensar en que la demostración de la virilidad de los miembros de los grupos armados puede visualizarse en el establecimiento de relaciones entre pares. Las formas de control de los grupos armados sobre las poblaciones se materializarían en escenarios en donde los combatientes interactúan con la población civil exhibiendo su masculinidad. En la medida en que este escenario se compone por grupos de hombres armados que demuestran su masculinidad ante la población, podría pensarse que la presencia de sus compañeros-pares-iguales sería fundamental para el establecimiento del control, ya que la demostración de la capacidad de control se establecería cuando hay otros iguales ante quienes se demuestra esta facultad y quienes a su vez la legitiman.. En las narraciones de las mujeres desplazadas la imagen de los victimarios se visualiza como masculina. M asculina en el sentido del sujeto con cuerpo de hombre, quien se ha formado como macho. En los recuerdos de las mujeres desplazadas se refleja la imagen de estos hombres como personas insensibles, problemáticas y sádicas. Ejercían una vigilancia constante sobre sus vidas, haciendo requisas, exhibiendo sus armas, observando sus acciones. La muestra de su masculinidad se reflejaría en la forma de amenazas contra la vida de poblaciones enteras, así como contra personas individuales o familias, las cuales estarían respaldadas por la exhibición de las armas como capacidad de destrucción.. Así, el uso de la palabra como amenaza apoyado por la muestra de la capacidad destructiva permitiría la imposición de reglas a las poblaciones así como exigir su.

(17) 17 obediencia. De esta forma se exigiría cortar relaciones con el bando enemigo, entregar la plata ganada en el trabajo y reclutar a los hijos e hijas en los grupos armados. Estos conseguirían obediencia en la medida en que sean capaces de demostrar altos niveles de agresividad y asimismo su masculinidad. La necesidad de mostrar su capacidad destructiva sería reveladora de la inestabilidad del sistema porque cuando el control depende de la demostración de la violencia, este tiene que mantenerse diariamente por medio de su ejercicio o de la amenaza de su ejercicio.. La asignación de la identidad de infiltrada a la población aparecería como la acusación mediante la cual el grupo armado justifica el ejercicio de la violencia. Para mantener su posición de estatus en la jerarquía, los grupos armados tendrían que asignar identidades entre las comunidades, estableciendo diferenciaciones, y es la asignación de identidades lo que permitiría justificar los asesinatos. Los asesinatos de personas le mostrarían a las poblaciones lo que no pueden hacer y asimismo lo que no pueden ser.. La composición esencialmente masculina de los grupos armados nos lleva a pensar que serían hombres quienes imponen lo que se permite y lo que se prohíbe y asimismo lo que se elimina. Pero para que estos hombres pudieran conservar su posición de estatus deben amenazar con ejercer la violencia y de hecho ejercerla. Como lo muestra Segato, la inestabilidad del sistema reflejada en la necesidad del uso de la violencia, explica por qué la mayoría de los actos violentos en todas las sociedades son perpetrados por hombres, mientras que a pesar del aumento en la criminalidad femenina, las agresiones realizadas por mujeres son estadísticamente irrelevantes: “Siempre la exacción de tributo moral o material para la constitución o realimentación del poder, o la disputa por poder –económico, político- forman parte del móvil en esta economía simbólica beligerante e inestable” (Segato, p. 259)..

(18) 18 Hasta aquí, he intentado relacionar teóricamente la producción de violencia por los actores armados colombianos con la interiorización de ciertas reglas institucionales en los cuarteles militares, que los formarían genéricamente como machos. De su condición de machos dependerían sus relaciones con sus pares, así como sus relaciones con los que serían considerados otros, es decir las poblaciones consideradas enemigas. No se está planteando que estas personas ejerzan violencia por el hecho de haber nacido con cuerpos de hombres, sino que sería su constitución genérica al interior de los cuarteles, a partir de la interiorización de ciertas reglas, la que daría lugar a la formación de machos sádicos, capaces de matar e insensibles ante el sufrimiento humano.. Es importante aquí recordar la conceptualización de sexo, género y categorías sexuales, expuesta en la introducción y definida por West y Zimmerman (1999). A grandes rasgos, el sexo es la división de los cuerpos a partir de criterios biológicos y sexuales; las categorías sexuales son las definiciones creadas socialmente, con base en los criterios biológicos y sexuales, a partir de las cuales las personas aprenden a definirse como niños y niñas, hombres y mujeres; el género es la interiorización que hacen las personas de una serie de reglas institucionales basadas en el sexo. A partir de esta interiorización, las personas van a demostrarles a los otros por medio de actitudes y comportamientos su pertenencia a una categoría sexual, la cual perciben como natural.. Con estas definiciones, podríamos pensar en el carácter eminentemente social de la construcción del género, por lo cual la reflexión sobre la producción de violencia se entiende a partir de la interiorización de reglas institucionales reproducidas en los cuarteles militares que constituyen a las personas genéricamente como machos. Sería la posición de las personas en el eje vertical como machos, en la parte superior de la.

(19) 19 pirámide, lo que daría lugar a la victimización de quienes serían considerados otros. Esta victimización dependería a su vez de relaciones entre iguales, las cuales se harían posibles al constituir a los otros como inferiores mediante la implementación de actos de violencia. M ás adelante analizaré qué significado tendría la implementación de la violencia cuando el otro tiene un cuerpo de mujer.. M e parece importante en este punto hacer una reflexión sobre la presencia de mujeres en los grupos armados colombianos, más específicamente sobre su constitución genérica, ya que he venido sustentando que el género se forma socialmente a partir de la interiorización de reglas institucionales y que en los cuarteles militares los cuerpos se forman genéricamente como machos. Igualmente, esta reflexión es relevante porque como lo muestra M aria Emma Wills (2005), entre el 35% y el 40% de los combatientes de las FARC son mujeres (Wills, p. 50). Las mujeres también tienen una participación importante en el ELN y en menor medida en los grupos paramilitares (Londoño, 2005, p.). Además, en los últimos 50 años se ha presentado un aumento significativo en la proporción de mujeres en los Ejércitos nacionales (Wills, p. 49). De la misma forma, la causa del desplazamiento de varias mujeres entrevistadas fue la negación de entregar a sus hijas e hijos a los grupos armados. Las mujeres desplazadas argumentaban que de los 9 años en adelante, niños y niñas eran reclutados por igual. Lo importante era tener cuerpos aptos para la guerra.. Algunas investigaciones recientes se han preocupado por estudiar la formación de una identidad de mujeres guerreras en los grupos armados colombianos, haciendo énfasis en el cuerpo femenino en la guerra y en el lenguaje femenino desde la guerra, como ejes de análisis. Partiendo de una teoría feminista de la diferencia, según la cual los cuerpos.

(20) 20 sexuados de hombres y mujeres crean experiencias de vida distintas, Luz M aría Londoño plantea que la inserción de mujeres en los grupos armados pasa por configurar el cuerpo femenino para la guerra, con lo cual se presenta una redefinición de la relación con el cuerpo, lo que trae consigo un replanteamiento de la identidad femenina. Las mujeres combatientes deben demostrarse a sí mismas y al grupo que son igual de capaces que los hombres de estar en un grupo armado, para lo cual se debe demostrar una igualdad en el cuerpo. Para las mujeres, ingresar al grupo armado representa una ruptura con los modelos tradicionales de lo que es ser mujer, en el que fueron socializadas. Lo que se estaría presentando es una masculinización del cuerpo como de la identidad femenina. Un artículo de Elsa Blair y Luz M aría Londoño (2003) plantea lo siguiente: “la guerra lo que hace –pues lo necesita para poder ser- es maximizar lo “duro”, pues “lo blando” resulta amenazador cuando se trata de “hacer la guerra”, porque representa para el guerrero (la guerrera, en el caso de ellas) una condición de vulnerabilidad. Esta consagración de “lo masculino” en el mundo de la guerra se constituye entonces para las mujeres entrevistadas en reto necesario de afrontar en su vida como combatientes. Demostrar a sus compañeros de lucha y a sí mismas que poseían las virtudes físicas, emocionales e intelectuales para desempeñarse en el campo guerrero; que eran capaces de ser tan valientes como ellos, tan fuertes como ellos, tan racionales como ellos, se torna un imperativo (...) La guerra y su participación en ella enfrenta a las mujeres a un gran desafío: la ambigüedad de la acción donde deben “masculinizarse” para hacer la guerra –lo que va desde vestir los “masculinos” uniformes militares, hasta hacer gala de la tenacidad y valentía cuando no de acciones francamente heroicas para el combate, como reto para ser aceptadas, reconocidas y visibilizadas”. (Blair y Londoño, p. 112-113). Como lo muestra Elisabeth Badinter (1993), desde el inicio del patriarcado el hombre fue definido como “más fuerte, más inteligente, más creador o más racional” (Badinter, p. 19). En un mundo dividido genéricamente, el hombre fue considerado más, en relación a la mujer. Por su parte, Londoño plantea que en la cultura patriarcal, virilidad se ha visto como sinónimo de valor, resistencia, fortaleza, agresividad, osadía y riesgo. Las mujeres combatientes deben volverse valientes, resistentes, fuertes, agresivas, osadas y arriesgadas como requisito para ser aceptadas como iguales. Como lo muestra.

(21) 21 Silvia Otero (2005), ingresar al grupo armado es una forma mediante la cual las mujeres combatientes. perciben. que adquieren estatus, respeto, reconocimiento social,. independencia y autonomía. Pero adquirir este estatus pasa por masculinizarse, es decir por interiorizar una serie de valores que la cultura patriarcal le asignó a los hombres. Esto puede llevarnos a pensar que en realidad el género es una construcción social y que por lo mismo los cuerpos de las mujeres pueden llegar a constituirse genéricamente como machos, mediante el proceso de socialización en el cual las reglas institucionales son aprendidas. Sin embargo, es importante preguntarse si al demostrarse a sí mismas y a los miembros del grupo su masculinidad, ellas dejan de ser vistas como mujeres y pasan a ser consideradas como iguales. Las denuncias recientes de violaciones de mujeres combatientes por sus compañeros hombres, especialmente en los grupos paramilitares, nos lleva a cuestionar esta supuesta igualdad. M ás adelante voy a desarrollar la idea expuesta por Segato (2003) de que la violación es siempre un castigo contra una mujer que se sale de su condición de subordinada.. Pese a que he planteado la existencia de una importante presencia femenina en los grupos armados, seguiré refiriéndome a su carácter esencialmente masculino, ya que estos siguen estando compuestos en su gran mayoría por hombres y porque las mujeres se masculinizan en ellos.. 2. S ignificado de los asesinatos de mujeres en Colombia. Como los grupos armados están compuestos fundamentalmente por hombres y puede pensarse que el machismo opera como un factor determinante de las relaciones entre pares y de las relaciones con los otros y, como lo he venido argumentando hasta ahora, su posición de estatus se hace inestable, lo cual se reflejaría en la necesidad de.

(22) 22 establecer relaciones de violencia, es importante preguntarse cómo en la asignación de identidades que justifican los actos de violencia contra las poblaciones, se determinaría lo que las mujeres pueden ser y hacer. Para ello, el estudio se basa en el eje vertical en cuanto a relaciones de entrega o expropiación y a relaciones de discriminación y de exclusión.. Como lo muestra el Informe de Amnistía Internacional para Colombia 2004, en las reglas impuestas a las poblaciones por los grupos armados, se reflejan estereotipos sexistas compartidos por ellos. Estas reglas pretenden establecer una diferenciación clara entre las esferas masculina y femenina. Una de estas reglas es la diferenciación rígida de los cuerpos de hombres y mujeres que revela que por medio del criterio puramente sexual se quiere asignar una identidad social. A partir de la división biológica de los cuerpos se imponen categorías sexuales que deben ser demostradas en actitudes y comportamientos de género. En la medida en que los cuerpos estén diferenciados se pretende exigirles comportamientos específicos de género a partir de sus características sexuales.. Así, a las mujeres se les exige permanecer en la esfera privada y sus actuaciones en la esfera pública son, para los grupos armados, motivo de castigo. Varias mujeres desplazadas mostraron que mujeres pertenecientes a sus comunidades fueron asesinadas al ser calificadas como “sapas” por los grupos armados. Una mujer interpretó los asesinatos de mujeres en su pueblo por un bloque paramilitar, como la consecuencia de “hablar cosas que no tenían que hablar” (2005/08/20, 3:45 PM). Esta afirmación nos lleva a pensar que ella sabía qué se les permitía a las mujeres y qué era prohibido. Los hombres también eran asesinados por “hablar cosas que no debían”, sin embargo la.

(23) 23 exclusión de hombres y mujeres por este motivo, tiene en el nivel simbólico significados diferentes. Por simbólico me refiero a que el acto violento es expresivo, es decir que las visiones del mundo de los perpetradores se plasman en el acto violento, por lo cual se puede estudiar el significado de los mismos.. Según Amnistía Internacional, al tener cuerpos sexuados de mujeres las mujeres son consideradas como reproductoras de la comunidad. Como el control de las poblaciones está siendo disputado por los grupos armados, las mujeres serían vistas como reproductoras potenciales del enemigo y sería en su calidad de reproductoras que la regla que prohíbe la interacción con el grupo armado enemigo se diferenciaría. Lo que se les prohibiría a las mujeres son las relaciones afectivas con los miembros del bando enemigo. En este sentido se les asignaría la identidad de enemigas en la medida en que se presupone que son aliadas sentimentalmente de los grupos enemigos. Para evitar sus relaciones con los grupos enemigos, ellas son vigiladas como medio de asegurar que permanezcan en la esfera privada y cualquier manifestación en la esfera pública, como el uso de la palabra para denunciar es tildado de subversivo y asimismo castigado.. Los asesinatos de mujeres “sapas” serían entonces actos de violencia por prejuicio porque se suponen unas actitudes y comportamientos de las mujeres a partir de sus características biológicas. Sería un tipo de violencia que discrimina porque, por un lado, permite establecer una diferenciación estricta entre las esferas masculina y femenina. El asesinato revela la obligación de permanecer en la esfera privada a quienes tengan cuerpos de mujeres. Las mujeres serían asesinadas por sus acciones en la esfera pública. En este sentido, los asesinatos permitirían a su vez inferiorizar a las mujeres en la medida en que al quitarles la posibilidad de acción y de disfrutar sus derechos políticos,.

(24) 24 les imprimirían una posición de subordinadas al poder masculino. Como lo muestra Segato, la violencia es lo que permite posicionar a lo femenino como inferior cuando el orden se ve amenazado. El recurso último para lograr mantener el poder sería sacrificar a la víctima, asesinarla. Ellas serían eliminadas de la esfera social al ser consideradas como enemigas para la visión del mundo de los perpetradores. Como lo he venido planteado, los victimarios serían sujetos genéricamente constituidos como machos y como machos pensarían que las mujeres deben permanecer en la esfera privada.. Al transgredir las reglas de género impuestas, estas mujeres ponen en peligro la posición de estatus de los hombres armados sobres las mujeres de la comunidad y como ellas pueden llegar a reproducir al enemigo, se convertirían a la vez en enemigas. Asimismo, el victimario se reafirmaría como hombre, lo que le permitiría mantener su estatus o privilegio. Sería un acto de violencia ejemplarizante porque al eliminar a las mujeres de la esfera social, les estaría mostrando al conjunto de mujeres lo que no pueden ser y hacer, así como lo que tienen que ser. Como lo muestra M aria M ercedes Gómez (2004), la violencia por discriminación cumple la función de aterrorizar y de advertir al grupo al que la víctima pertenece o se presupone que pertenece. La interpretación de la mujer desplazada sobre la causa del asesinato de mujeres en su pueblo, nos lleva a suponer que los asesinatos de mujeres le habían hecho entender a ella lo que no podía hacer.. 3. Estudio de las violaciones de mujeres en Colombia La visión machista del mundo de los hombres pertenecientes a los grupos armados se plasma en su forma más visible en las violaciones de mujeres. Las mujeres representan el honor de las comunidades, por lo cual este acto de violencia es un instrumento de.

(25) 25 guerra mediante el cual se intenta lesionar el honor de las poblaciones consideradas enemigas (Amnistía Internacional, 2004). Lo que está en juego es el control de la sexualidad de las mujeres, cuya identidad está dada como reproductora, como medio para controlar la esfera privada. La violación es justificada como castigo por incumplir reglas impuestas por el grupo armado.. Estas reglas están dadas según una visión del mundo patriarcal, según la cual la vida de las mujeres debe ser regulada por los hombres. El tipo de regulación que se da se ejerce sobre el cuerpo, en últimas sobre la sexualidad. En términos comparativos, los motivos que dan lugar a estas violaciones se relacionan con los abusos cometidos en las sociedades tribales, en las que este tipo de violencia es una forma de castigo con miras a domesticar a las mujeres insubordinadas. En los motivos de los hombres pertenecientes a las comunidades tribales están el profanar secretos de la iniciación masculina o no usar prendas de vestido que sugieren la pertenencia al grupo (Segato, p. 25). En Colombia, los grupos armados les prohíben a las mujeres usar ropa considerada provocativa, cuyo incumplimiento es castigado con violación. Asimismo, las mujeres son violadas cuando se cree que están colaborando o dando información a los grupos armados enemigos (Amnistía Internacional, 2004).. Es relevante preguntarnos por qué a pesar de las diferencias en los contextos culturales, razones similares justifican para los hombres su acceso sexual forzado sobre las mujeres. De igual forma, existe una relación entre las violaciones cometidas en los Estados premodernos y las realizadas por los hombres pertenecientes a las organizaciones armadas en Colombia. En los Estados premodernos la violación se constituye como una extensión de la disputa por la soberanía territorial, en la que el.

(26) 26 acceso a los cuerpos de las mujeres como territorios es un patrimonio en disputa por hombres en competencia (Segato, p. 25). En Colombia, podemos ver que las violaciones son estrategias de guerra para conquistar territorios, obteniendo obediencia de las poblaciones.. Con estas comparaciones no pretendo argumentar que Colombia sea un Estado premoderno o una sociedad tribal, sino plantear una reflexión en torno a la violación como un mecanismo que aparece en los diferentes tipos de sociedades y que adquiere características similares pese a las diferencias históricas y culturales. Las similitudes en las causas de las violaciones nos llevan a pensar en la relación entre acceso sexual forzado de mujeres y mantenimiento de una estructura jerárquica en la que los hombres regulan las vidas de las mujeres. Tanto en las sociedades tribales, como en los Estados premodernos y en el conflicto armado colombiano, las violaciones se presentan en relación a otros hombres como formas de agredirlos y no se percibe, como en las sociedades modernas, como una agresión contra la mujer considerada ciudadana portadora de derechos. En estas violaciones lo que se pondría en juego es el mantenimiento del estatus de los hombres en la cúspide de la jerarquía y su participación en la economía simbólica como pares. En este sentido, la violación se sitúa dentro del eje vertical como relación de exacción.. Es una relación de discriminación porque les asigna una posición a las mujeres dentro de la jerarquía como subordinadas. Al inferiorizar a las mujeres, impidiéndoles salir de su condición de subordinadas, los hombres podrían conservar su posición de privilegio. Segato ha planteado que en el momento en que el sistema se hace inestable porque las mujeres pueden llegar a salir de su condición de subordinadas, los hombres intentan.

(27) 27 conservar su posición de estatus o de privilegio violando mujeres. Para la autora, la violación es, por un lado, un castigo contra una mujer que trasgrede su posición de subordinada en el sistema de estatus.. En este sentido, la violación sería un acto. disciplinador que connota venganza. En segundo lugar, es la forma de desafiar el poder de otro hombre y de robar su patrimonio. Finalmente, es un medio de los hombres para demostrarles a sus pares su virilidad, su fuerza física y sexual, como requisito para participar en el orden de estatus como hombres.. 4. Hombres asesinados Hasta aquí he venido argumentando que el asesinato y las violaciones de mujeres en Colombia por parte de los grupos armados pueden ser entendidos como actos de violencia que permitirían reproducir la posición de estatus de hombres genéricamente constituidos como machos. M ientras el asesinato de mujeres significaría el recurso último para mantener a las mujeres subordinas, la violación. connotaría su. subordinación. M e parece importante analizar también cierto tipo de asesinatos de hombres. En las entrevistas que realicé a mujeres desplazadas se visualizaron escenarios específicos en los que varios hombres fueron asesinados y desaparecidos. Algunas mujeres mostraron una diferencia en la violencia por género, argumentando que los hombres eran asesinados y desaparecidos mientras que las mujeres eran desplazadas. Una mujer sostuvo que la causa de su desplazamiento había sido la amenaza del grupo armado con matar a todos los hombres de su finca. Varias mujeres entrevistadas se desplazaron tras los asesinatos o desapariciones de sus maridos y de otros hombres pertenecientes a sus mundos sociales como suegros, yernos, tíos y trabajadores de las fincas en las que vivían. Los asesinatos y desapariciones de hombres se presentan en contextos en los que un grupo de hombres armados llega a altas horas de la noche a las.

(28) 28 fincas, cuando las familias están dormidas, y bajo amenaza de muerte les exigen abandonar el lugar de vivienda. En algunos casos, las personas armadas reclutan a los hombres para sus organizaciones y les exigen a las mujeres desplazarse. En otros, los hombres son asesinados y las mujeres se desplazan. Estos hombres son asesinados por poner resistencia.. Como acto violento, el asesinato puede ser visto como exclusión. De acuerdo con Gómez (2004), excluir es definido como suprimir o eliminar al otro, quien es considerado como enemigo para el orden social, es decir para el mantenimiento del estatus que otorga una posición de privilegio: “Su función es suprimir la diferencia, no mantenerla subordinada” (Gómez, p. 174).. En el eje horizontal descrito por Segato, las relaciones se presentan entre actores iguales, condición que está dada por su posición en la jerarquía en el eje vertical. En este sentido, los asesinatos de hombres pueden pensarse como agresiones hacia actores sociales considerados como iguales. En la medida en que sus relaciones se caracterizan por la alternación entre alianza y competición, el sacrificio de hombres puede ser visto en relación a la competencia. No se trataría de eliminar la diferencia, sino de excluir al enemigo en cuanto igual en la jerarquía de género. En los actos de violencia contra las mujeres, como los asesinatos y las violaciones, las agresiones estarían dadas en relación a los hombres porque ellas simbolizarían el honor de las comunidades. Al violentar a las mujeres se considera que se está agrediendo a los hombres de sus comunidades y su poder de regularlas. Los asesinatos de hombres no se darían en referencia a las mujeres, sino a su calidad de pares. No se trataría de subordinar al enemigo por su diferencia, sino de excluirlo porque está compitiendo por el poder como igual..

(29) 29 CAPÍTULO II: CONSTRUCCIÓN DE SUBJETIVIDADES DE MUJERES DESPLAZADAS POR LA VIOLENCIA EN COLOMBIA. En el capítulo anterior, quise conceptualizar al género como un factor productor de violencia y a la violencia como un elemento que permitiría mantener las relaciones de género. A partir de la interdependencia entre género y violencia, quise plantear que la violencia en Colombia puede ser explicada en relación a las relaciones de alianza y competición entre sujetos genéricamente constituidos como machos quienes se percibirían como pares, cuya posición de estatus o privilegio en la jerarquía de género dependería del uso de la violencia. La implementación de la violencia adquiriría significados simbólicos que permitirían subordinar a las mujeres en la jerarquía y asimismo asignarles la identidad de otros. La subordinación de las mujeres, mediante actos de violencia, les permitiría a los actores armados conservar su posición de privilegio como hombres, instaurando formas de organización social patriarcales.. Este capítulo va en una dirección diferente. M ientras en el capítulo anterior analicé la relación estructural entre género y violencia, en este capítulo intento mostrar cómo la violencia adquiere un significado en las subjetividades de las mujeres desplazadas por la violencia. Por subjetividad entiendo la interpretación que las personas hacen de quienes son, la cual está dada por los significantes adquiridos en la interacción con los otros, es decir en diálogo con los otros (Taylor, 1993). En este diálogo, en parte interno, en parte externo, las mujeres desplazadas negocian sus definiciones de sus características como seres humanos, rechazando unas e interiorizando otras. El diálogo interno es la reflexión que las personas hacen de sí mismas a partir de los significantes adquiridos en las relaciones sociales. El diálogo externo es el intercambio de significantes que se deriva de la interacción social. De acuerdo con Taylor, estas definiciones dependen, en parte,.

(30) 30 del reconocimiento de otros, pero también de la falta de este y del falso reconocimiento, entendido como la asignación social de una imagen degradante, deformada y limitativa de un grupo de personas con características comunes.. I. El tiempo en las subjetividades de mujeres desplazadas. 1. El significado de la violencia en la subjetividad Como lo ha planteado Donny M eertens (2002), el desplazamiento se constituye como “un conjunto de interacciones y procesos subjetivos de negociación y a veces de negación de identidades sociales” (Meertens, p. 101). Estos procesos se presentan a partir de dos momentos. Uno caracterizado por la destrucción de vidas, bienes y lazos sociales y otro constituido por la supervivencia y la reconstrucción del proyecto de vida y del tejido social en la ciudad (M eertens, 1998, p. 27). En la interpretación que las mujeres desplazadas hacen de sí mismas, la violencia adquiere un significado de destrucción de las vidas, bienes y lazos sociales. Sus narraciones revelan la muerte de las relaciones sociales en cuanto a relaciones afectivas, contextos de vida y formas de subsistencia. Es en la muerte de estas relaciones que la violencia adquiere un significado en sus subjetividades. Con esto quiero decir que en la forma como ellas se interpretan a sí mismas, la violencia aparece como la muerte de las relaciones sociales. El conocimiento que tienen acerca de sí mismas es, en este sentido, doloroso.. Pero, como lo plantea Donny M eertens, la identidad se construye en contextos y por lo mismo es cambiante. En un esquema temporal, el desplazamiento presentaría un momento de ruptura en el que la identidad está dada a partir del sufrimiento y un segundo tiempo, el de la inserción en la ciudad, en el que la subjetividad puede ser reconstruida a partir de nuevas interacciones. Estas interacciones podrían activar.

(31) 31 resistencias, nuevas búsquedas y representaciones de lo propio (M eertens, 2002). En este sentido, el autoconocimiento doloroso de las mujeres desplazadas podría ser transformado en una representación positiva sobre sí mismas. Estudiar esta posible transformación de las subjetividades de las mujeres desplazadas requiere preguntarse por la importancia de la temporalidad en la formación de la identidad.. El problema de plantear dos momentos a partir de los cuales se construye la identidad de los desplazados, es que impide ver cuál es la relación entre el pasado, el presente y el futuro en la construcción de la identidad. Como lo esbocé inicialmente, la violencia adquiere un significado en la subjetividad de las mujeres desplazadas como muerte de las relaciones sociales, por lo cual la interpretación acerca de sí mismas es dolorosa. Lo que quiere mostrar M eertens es que la forma dolorosa en que el desplazado llega a percibirse puede ser superada. Sin embargo, no queda claro qué pasa con el pasado cuando a partir de la reconstrucción de la vida, la identidad adquiere nuevos significantes. ¿El pasado violentado sería sólo un recuerdo doloroso?. En las narraciones de las mujeres desplazadas entrevistadas, no encuentro una diferenciación clara entre el momento de ruptura caracterizado por la muerte de sus relaciones sociales y el momento presente como reconstrucción del proyecto de vida y del tejido social en la ciudad. Lo que veo es que la violencia, como muerte de las relaciones sociales, se incorpora en el presente en la forma como las mujeres desplazadas se interpretan a sí mismas y en las relaciones sociales en las que están inmersas. Quiero hacer referencia aquí a cómo Victoria, una mujer de 20 años desplazada hace cinco años de un pueblo en el Departamento del Cesar, pensó en cómo la violencia pasada determina su subjetividad presente y futura:.

(32) 32 “La violencia no se supera. Eso no se supera nunca, pero toca sobrevivir con eso en las espaldas porque uno no puede decir aquí te dejo esta carga y cárgala tú. No, porque fue a uno al que le pasó, fue uno el que estaba ahí presente” (Victoria, 2005/08/21, 3:00 PM).. Las palabras de Victoria plantean una reflexión sobre la relación entre el estar presente y la construcción de la subjetividad. Al estar presente, ella vio la destrucción de su forma de vida y asimismo el daño que le causó esa destrucción. La destrucción y el daño se incorporan en la interpretación que ella hace de sí misma, en la forma de una carga en sus espaldas con la cual tendrá que vivir para siempre. Ella no puede dejar a un lado esa carga, o entregársela a otro, porque ella era quien estaba presente. Así, el pasado violento como destrucción y daño es en su subjetividad a la vez presente y futuro.. El pensamiento de Victoria muestra que la subjetividad no se compone temporalmente a partir de una división necesaria entre el pasado, el presente y el futuro, sino que en la forma como las personas se interpretan, los tiempos se mezclan. Como lo ha mostrado Veena Das (2000), cuando una manera de estar con los otros ha sido brutalmente injuriada, el pasado entra en el presente no necesariamente como una memoria traumática sino como, lo que ella llama, conocimiento envenenado. Es la conciencia de uno mismo formada a partir de la experiencia de estar presente en relaciones de violencia.. En las narraciones del conjunto de mujeres desplazadas entrevistadas, el presente es pensado en relación al pasado anterior al desplazamiento. Se presenta una referencia constante al mundo social y material pasado. Su presente es definido a partir de la pérdida de sus mundos sociales y materiales. Así, el pasado entra en la conciencia de las.

(33) 33 mujeres desplazadas como la forma de vida a partir de la cual se compara la situación presente.. Pero esta forma de vida aparece también, en sus conciencias, como violentada y en este sentido, sus espacios sociales pasados se presentan como lugares de destrucción. La imagen de destrucción está dada, por un lado, en relación a los actos de violencia ejercidos por los grupos armados contra la comunidad local, como asesinatos, incendios de lugares, desapariciones, extorsiones, masacres, acusaciones, amenazas y retenes. Por otro lado, se refiere a cómo sus vidas y las de sus familias fueron violentadas. Sus vidas fueron violentadas por medio de una amenaza de muerte que las obligó a desplazarse.. Pero para varias de las mujeres entrevistadas, a la amenaza de muerte antecedió el presenciar y asimismo ver el asesinato de sus esposos, de sus hijos y de otros miembros de sus familias. Otras mujeres vieron la desaparición de sus maridos. La experiencia de ver estos asesinatos y desapariciones hace que la muerte de estas relaciones aparezca como parte de las interpretaciones que ellas hacen de sí mismas. Es un tipo de conciencia que se forma a partir de la muerte, por lo cual el sufrimiento opera como un elemento constructor de la subjetividad. Las mujeres empiezan a definirse a partir de la muerte de estas relaciones como madres solteras, viudas y madres cabeza de familia. Así, puede verse que la definición que ellas hacen de sí mismas parte de la muerte de las relaciones..

(34) 34 2. Cómo la violencia se incorpora en las relaciones sociales De acuerdo con Veena Das, los actos de violencia pasados no sólo entran a formar parte de la conciencia, sino que también se incorporan en las relaciones sociales. Para estudiar cómo la violencia puede llegar a incorporarse en las relaciones sociales en las cuales están inmersas las mujeres desplazadas, quiero referirme a las explicaciones de algunas mujeres entrevistadas, quienes manifiestan que a raíz de la experiencia de estar presentes en relaciones de violencia, sus relaciones con sus familiares se han transformado.. M aría, una mujer quien se desplazó de su terreno en el Chocó, tras la amenaza de muerte por parte de un grupo armado, relataba que la relación con su hija de 11 años ha cambiado: “Ahí no más tengo una (hija) que tiene 11 años y la niña se mantiene muy enferma, está muy delgada, mantiene unos nervios. Entonces uno no puede hablarle porque ella ya cree que van a hacerle algo y sale corriendo” (María, 2005/09/29, 4:50). Asimismo, M arta, quien se desplazó de un pueblo en el Casanare relataba que sus relaciones con sus hijos se han transformado, porque a raíz de la amenaza de muerte contra su esposo, ella y sus hijos tienen miedo: “Por más que uno trate de manejar esa situación eso se nota el desespero en ellos, la hiperactividad y en uno mismo. El mal genio, cuando el miedo lo oprime, los problemas, los nervios” (Marta, 2005/09/29, 9:39 AM). Igualmente, Carmenza, una mujer desplazada de Cali argumentaba que la amenaza de muerte ejercida en su contra ha ido transformando sus emociones y las de sus hijos, por causa del miedo producido a raíz de la amenaza (Carmenza, 2005/09/23, 2:16 PM ).. A partir de estos relatos se puede percibir que las amenazas contra las vidas de estas mujeres y de sus familias, más que constituirse en sus conciencias en forma de.

(35) 35 memorias traumáticas, producen un cambio emocional que da lugar a la transformación de sus relaciones familiares. En este sentido, podría pensarse que la violencia se incorpora en las relaciones sociales a partir de las respuestas emocionales que genera su ejercicio. M aría, M arta y Carmenza relacionaban el cambio de la forma como se perciben a sí mismas con la transformación de sus emociones y las de sus hijas e hijos. Así, la amenaza violenta pasada se incorpora en sus subjetividades a partir de los cambios emocionales generados, los cuales a la vez transforman la forma de relacionarse con los miembros de sus familias. El pasado violentado se mezcla con el presente en sus subjetividades.. Asimismo, puede presentarse una transformación en la forma de interpretar las relaciones familiares. Diana, una mujer del M eta quien tras la muerte de su esposo, su hija, su yerno y una de sus nietas, en un enfrentamiento entre el Ejército y la guerrilla, se fue a vivir a Bogotá con sus tres nietos, mostró que la forma de interpretar su relación con sus nietos ha cambiado a raíz de la muerte de sus familiares. A partir de entonces, su vida ha girado en torno a buscar el sostenimiento de sus nietos, por lo cual ella se describe como madre de ellos y ya no como abuela (Diana, 2005/08/23, 12:19 AM ). Diana vio la muerte de sus familiares, por lo cual el conocimiento acerca de sí misma se forma a partir de la experiencia de estar presente en el momento en el que ellos murieron. La interpretación que ella le da a la violencia es la de la muerte de las relaciones sociales y es a partir de la muerte que ella define ahora su interacción con sus nietos como hijos. Así, la violencia como muerte de las relaciones se incorpora en el tipo de relación que Diana establece con sus nietos, ahora hijos..

(36) 36 II. Transformaciones de las subjetividades a partir de la inserción en la ciudad. 1. Mujeres desempleadas Hasta aquí he tratado de mostrar que la experiencia de estar en relaciones de violencia hace que en las subjetividades de las mujeres desplazadas el pasado, el presente y el futuro se conecten. El pasado violentado se traduciría en la forma como ellas se interpretan a sí mismas, así como en las relaciones sociales en las cuales están inmersas. Sin embargo, sus subjetividades no sólo se forman a partir del pasado violentado, sino que también se construyen en relación a los significantes que adquieren en las interacciones que establecen en el espacio urbano.. Como lo ha mostrado M artha Bello (2004) el desplazamiento implica el paso de un mundo rural, caracterizado por una relación fuerte con la tierra como fuente de trabajo y de subsistencia, por vínculos fuertes entre la familia y de solidaridad entre la comunidad, dado que se construyen relaciones sociales en torno a la producción, distribución y consumo de los alimentos, a un ámbito urbano con cultura moderna caracterizado por la deslocalización, la movilidad geográfica, la desvinculación con espacios particulares, el pluralismo y la fragmentación social (Bello, 2004, p. 261). El cambio de una comunidad campesina a una comunidad urbana presenta una transformación en el tipo de interacciones que establecen los desplazados, por lo cual ellos van a formar nuevas representaciones de sí mismos.. Algunos estudios sobre género y desplazamiento han enfatizado en que en la definición de las identidades de los desplazados a partir de la llegada a la ciudad, existe una diferencia entre los hombres y las mujeres (M eertens, 2002). Donny M eertens (1998), sostiene que las mujeres desplazadas crecieron en un esquema cultural rural,.

(37) 37 caracterizado por una separación rígida entre las esferas masculina y femenina. Por ello, a ellas les correspondía la gestión doméstica, la maternidad, las actividades agrícolas cercanas a la casa. Estaban sujetas al mandato de sus esposos. Por su parte, los hombres se encargaban de las relaciones con el mercado, la economía monetaria, la información y las instituciones formales.. De acuerdo con González (2004), durante los primeros meses, la inserción en el mercado laboral urbano sería más común para las mujeres, por lo cual los hombres perderían su estatus de proveedores económicos de las familias, dando paso a la transformación de las relaciones de género y al desarrollo de nuevas habilidades y fortalecimiento de las mujeres (Gonzáles, 2004). Bello (2004) sostiene que con el desplazamiento se presenta una redistribución de los roles de autoridad al interior de las familias. Segura (1998) plantea que la pérdida de la provisión económica de la familia para los hombres, traería consigo una crisis de la masculinidad tradicional. Así, la masculinidad tradicional, derivada de sostener económicamente a la familia, dejaría de ser el fundamento de la identidad y de la autoridad masculina, al ser esta función ahora asumida por las mujeres.. Ruiz (2004), describe la transformación de las relaciones de género argumentando lo siguiente: “La mayor accesibilidad de la mujer a empleos como vendedoras, empleadas en cafeterías o restaurantes y en el servicio doméstico domiciliario es uno de los factores que más inciden en la nueva vivencia de poder en la familia” (2004, p. 130). Haydi Duque (2004) plantea que como el trabajo doméstico es el trabajo de más fácil acceso para las mujeres, de esta forma ellas pueden ganar recursos económicos y.

(38) 38 establecer relaciones por fuera de la familia, por lo cual las mujeres adquirirían autoridad, lo cual Duque conceptualiza como empoderamiento (2004, p. 176). Asimismo, ellas se centrarían en la generación de ingresos en proyectos de sostenibilidad precaria (M eertens, 2004). Por medio del trabajo doméstico, las mujeres tendrían un contacto directo con la economía monetaria y accederían a una nueva sociabilidad que les permitiría romper con el aislamiento: “El papel de la víctima comienza a mezclarse con el de la nueva ciudadana” (Meertens, 1998).. Según los argumentos planteados en estas investigaciones, las definiciones que las mujeres desplazadas hacen de sí mismas empiezan a transformarse por su acceso a la economía monetaria, de la cual entran a formar parte como empleadas del servicio y otros trabajos, relacionados con el trabajo en la casa. Estas nuevas definiciones de sí mismas, sustentadas en su capacidad económica, paralelamente a la pérdida de estatus de sus maridos como proveedores económicos, generarían una transformación en las relaciones de género.. Sin embargo, si de acuerdo con Taylor, la subjetividad es la definición que las personas hacen de sí mismas y esta depende, en parte, del reconocimiento, de la falta de reconocimiento o del falso reconocimiento de otros y la identidad se forma a partir del diálogo interno y externo con los significantes adquiridos en la interacción social, entender las subjetividades de las mujeres desplazadas podría partir de buscar las definiciones que ellas hacen de sí mismas a partir de cómo piensan que son reconocidas, cómo se reconocen y de cuáles son los significantes adquiridos en sus interacciones sociales, con los cuales dialogan..

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