UNIVERSIDAD NACIONAL DEL CENTRO DE LA PROVINCIA DE
BUENOS AIRES
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS
DOCTORADO INTERUNIVERSITARIO EN HISTORIA
La dinastía norteña de Omrí y la ruptura con el pasado
hebreo (ca. 883-841 a. C.)
Tesis de Doctorado en Historia
ALUMNA: Lic. MAGDALENA MAGNERES
ÍNDICE GENERAL
Pág.
PRÓLOGO ... 7
PRIMERA PARTE ... 10
CAPITULO I: INTRODUCCIÓN ... 10
1. Una historia regional de Israel o una región con historia ... 14
2. Límites geográficos y cronológicos de este estudio ... 16
2.1. Nuestro escenario: la geografía sud-levantina ... 16
2.2. Norte de Israel ... 21
2.3. Sur de Israel ... 22
3. La cronología en Israel según la arqueología ... 24
CAPÍTULO II Una literatura singular: la Biblia ... 30
1. Una posible construcción del texto... 33
2. La exégesis clásica del texto bíblico ... 36
3. El debate maximalistas-minimalistas y la historicidad del texto bíblico ... 39
4. Análisis preliminar ... 45
CAPÍTULO III La historia de la arqueología en Israel y la arqueología biblica ... 47
1. Primeros pasos: pioneros, visionarios e instituciones ... 47
2. La Edad de Oro ... 51
2.1. El nuevo mapa político desde 1948 ... 53
2.2 La situación desde 1970... 58
3. Análisis preliminar ... 60
CAPÍTULO IV Panorama general de la Edad del Hierro antes del surgimiento de la dinastía omrida ... 62
1. Contexto geopolítico ... 64
2. Contexto social: etnogénesis y fenómeno aldeano ... 70
3. Surgimiento del Estado en el Levante meridional ... 79
SEGUNDA PARTE... 88
CAPÍTULO V Evidencia bíblica ... 88
1. Consideraciones previas ... 88
2. ¿Por qué el relato bíblico es evidencia para la época de Omrí? ... 90
3. Cómo abordamos el texto: La monarquía omrida ... 91
4.1. El libro de Reyes ... 94
4.1. El episodio de Nabot ... 98
5. La posesión y propiedad de la tierra en el mundo hebreo ... 102
5.1. El concepto de herencia (naḥălah) ... 103
5.2. La visión monárquica sobre la posesión de la tierra y la propiedad: sociedad urbana y declinación de las leyes tribales ... 105
5.3 La mano de obra en el mundo hebreo ... 108
6. Los libros de Crónicas ... 113
7. Los colores del relato: por qué descartamos el ciclo profético ... 115
8. El término dinastía ... 118
9. ¿Qué elementos históricos nos presenta el texto de la sociedad gobernada por los omridas en el siglo IX a.C.? ... 120
CAPÍTULO VI Evidencia arqueológica ... 124
1. ¿Cómo abordamos los historiadores la evidencia arqueológica? ... 125
2. Características de los asentamientos en el siglo IX a.C.: mundo urbano y mundo rural en la Edad del Hierro II ... 127
3. Los sitios... 131
1. Tirsá ... 132
2. Samaria... 133
3. Megido ... 142
4. Jezreel ... 144
5. Hazor ... 147
6. Dan ... 149
7. Dor ... 152
8. Los sitios del valle de Beth Shean ... 154
9. Jahaz y Ataroth ... 155
4. La cerámica del Hierro II en el norte de Israel ... 157
5. Las volutas de piedra ... 159
6. Análisis preliminar sobre la evidencia arqueológica ... 162
CAPÍTULO VII La evidencia epigráfica ... 165
1. Inscripción de Tel Dan ... 166
2. Inscripción de Mesha de Moab ... 169
3. Inscripción de Salmanasar III de Asiria ... 172
5. Los ostraca de Samaria ... 175
6. Las inscripciones de Kuntillet Ajrud... 177
7. Análisis preliminar sobre la evidencia epigráfica ... 178
CAPÍTULO VIII Las miradas sobre la dinastía omrida ... 180
1. La visión de Weber de la sociedad hebrea tradicional ... 181
2. Los biblistas ... 182
3. La visión de Copenhague ... 192
4. Los arqueólogos ... 194
5. Balance provisional ... 198
CAPÍTULO IX Hacia una interpretación integral sobre la dinastía omrida ... 200
CAPÍTULO X Consideraciones Finales ... 209
FIGURAS
Figura 1. Area geográfica de la investigación ... 16
Figura 2. Relieve del área de la investigación ... 18
Figura 3. Esbozo de las rutas caravaneras ... 65
Figura 4. Israel y Judá ... 80
Figura 5. Ubicación de los sitios y ciudades tratados en este capítulo ... 131
Figura 7.Plano del amurallado de Samaria. ... 136
Figura 8. Marcas de albañil de Megido y Samaria (reproducción de los arqueólogos) 138 Figura 9. Plano de las posibles tumbas excavadas en la roca del palacio de Omrí. Segun Franklin (2005) ... 140
Figura 10. Esbozo de la primera excavación de las tumbas exteriores halladas en Samaria... 141
Figura 11. Plano del estrato IV de Megido ... 143
Figura 12. Plano del cercamiento de Jezreel. Según Ussishkin y Woodhead (1992)... 146
Figura 13. Plano de la ciudad de Hazor en el siglo IX a. C.. ... 148
Según Debora Sandhaus (2013). ... 148
Figura 14. Plano de Dan en el Hierro II ... 151
Figura 15. Plano de las áreas excavadas de Dor hasta 2015 en Gilboa y Boaretto (2015) ... 153
Figura 16. Puerta de Jahaz y torre en ángulo superior derecho. Según Duviau (2000) ... 156
Figura 17. ―Grupo Jezreel‖ (según Zimhoni y Herzog y Singer-Avitz) ... 158
Figura 18. Esbozo de brote de palmera datilera y voluta de piedra según Franklin (2011) ... 160
Figura 19. Volutas de piedra halladas en sitios del norte de Israel. Según Lipschits (2011) ... 161
TABLAS
Tabla 1 ... 24
Tabla 2 ... 49
Tabla 3. Tabla con la duración de los reyes de Israel y Juda: ... 92
PRÓLOGO
El lector de esta indagación se preguntará tal vez: ¿una vez más la historia de Israel? ¿Existirá algo no dicho aún sobre los personajes que pueblan la historia de Israel? ¿Pueden sus reyes ser ordenados nuevamente? ¿Hay más para contar sobre esos reyes de los que habla la Biblia? La producción escrita sobre el tema es incalculable, los siglos durante los que la cultura occidental se ha dedicado a Israel también. Pero considero que sí, que la iconoclasia tiene en el mundo una historia más larga que sus primeros defensores bizantinos. Esa tendencia se rastrea ya en los primeros escritores del texto bíblico que tuvieron en sus fuentes orales y escritas memoria de nombres maldecidos, imposibilitados de atribuírseles grandeza, logros, entidad, despojados casi hasta de su nombre.
impidieron profundizar en estas cuestiones y el comienzo del doctorado me condujo y acercó temporalmente a un espacio más poblado y complejo, la Edad del Hierro II, donde un rey llamado Omrí había gobernado el norte de Israel donde instaló una dinastía con sus hijos que permaneció en el poder durante unos cuarenta años y cuyo nombre recogían fuentes moabitas y asirias.
La temprana partida del Profesor Croatto, en 2004, fue un quiebre en el proceso de investigación de un campo de estudios tan amplio como era la historia de Israel para mí en aquel momento. Los años de seminarios en el Colegio de México, con el valioso aporte del Profesor Silva Castillo, y en la Universidad de Buenos Aires fueron abonando y delineando historiográficamente los contornos de una tesis sobre un rey al que pocos autores se referían en profundidad. La fortuna de ser invitada en 2008 a una estancia de investigación a la Universidad de Tel Aviv por su vice-rector el Dr. Ranaan Rein propició el contacto directo con los registros arqueológicos de los principales sitios. La enorme generosidad del personal del Instituto de Arqueología Marco y Sonia Nadler de la Universidad de Tel Aviv fue imprescindible para la obtención de material de estudio. Las entrevistas con Norma Franklin fueron vitales para entender el proceso de la interpretación arqueológica que llevan adelante las universidades en un país tan politizado respecto de su pasado, desde su creación, como es Israel. Por último, la calidez del Dr. Ianir Milevski que brindó su tiempo en el recorrido de Jerusalén y su presentación en la Biblioteca del Museo Rockefeller, así como el personal de la sección de Planos y Geografía, me permitieron relevar cuestiones referentes a la geografía de un territorio tan acotado que, con una historia enorme, no excede las dimensiones de nuestra provincia de Tucumán.
Luego de este recorrido sobre la historia de Israel y sus modos de evocación percibo la existencia de un eje invisible donde espacio, sociedad y cultura comparten una identificación consciente y real con esa porción de tierra donde se estableció el estado de Israel hace casi 70 años y donde la cultura hebrea hizo el resto para construir su propia historia. Este vínculo complejo — pasado-presente kosellekiano, podríamos decir— se ha perdido entre los historiadores de otros temas del mundo antiguo pero en los historiadores de Israel perdura: su historia es una filosofía de la historia.
Es tiempo de desandar esa trama cultural que mantuvo a Omrí a un lado. Será por tanto Omrí, despojado de su dimensión como protagonista de aquel proceso político que en el siglo IX a.C. fue muy novedoso, retomado en los últimos años como rey de una región identificable y defendible. Omrí escapa de los fines teológicos asociados a esa tierra del dios, tierra que es entregada al pueblo. Este rey la organiza y la administra. No hay otro rey que haya dejado una impronta similar en la breve historia independiente del sur de Levante.
PRIMERA PARTE
CAPITULO I: INTRODUCCIÓN
Omrí es el primer miembro y fundador de la dinastía que lleva su nombre, el séptimo rey desde que Israel escinde, según la Biblia, su historia política de Judá a partir de la sucesión post-salomónica. Su nombre está ligado a construcciones importantes que se realizaron en las ciudades excavadas de Samaria y Jeezrel, así como también es referido en fuentes epigráficas de la región, como la estela de Mesha, rey moabita; la estela de Dan y el Obelisco negro del rey asirio Salmanasar III. De Omrí la Biblia legó unas pocas referencias, no dice nada sobre su padre, su origen ni filiación tribal. Sólo aparece como un comandante del ejército que llegará al poder a partir del apoyo de este cuerpo militar. Desde ahí decide cambiar la capital del reino de Israel, Tirsá, a la ciudad que funda y llamó Samaria. Su hijo Ajab continúa su obra constructiva, realizando fortificaciones y otros palacios.
¿Por qué Omrí? Porque es un rey que merece ser reconsiderado en su papel dentro de la historia sud-levantina del reino de Israel y sobre el cual sólo pesaba una condena ideológica: ignorar el culto a Yavé.
¿Por qué la época de Omrí? Porque la arqueología y el avance de los métodos de datación absoluta del siglo XX y la epigrafía regional la señalan como un período fundamental del siglo IX a. C., con cambios que producen una ruptura técnica y de contenido con el pasado hebreo. Es una época en la que se producen transformaciones en la concepción y alcance del poder estatal, que impactan también en el texto bíblico, modificando tradiciones o prácticas familiares como la inalienabilidad de la tierra y las prestaciones personales de trabajo.
1948 que se referencia en ese pasado bíblico, es un espacio idealizado y abstracto desde su aproximación cultural y su proyección histórica.
Hace casi ya tres mil años que allí surgió una ideología religiosa1 que marcó un conjunto de saberes y certezas, determinantes en el devenir histórico hebreo. Esta ideología monopolizó los mecanismos sociales y los vaivenes políticos de generaciones de hombres creyentes dispersos por Europa y perdura hasta ser detectable hoy en la historiografía israelí.
Tampoco hemos de eludir la impronta en la historia antigua hebrea de los sucesos políticos que atraviesan a Israel como país y a la comunidad social que lo habita a partir de la Segunda Guerra Mundial. ―Refundar‖ y ―recrear‖ aquel estado antiguo fue un objetivo prístino. El carácter de lo simbólico se canalizó a través de la arqueología para convertirse en nuevo baluarte de pertenencia, pero ¿de qué? De un conjunto de hechos históricos relevantes para la humanidad, algo intangible pero absolutamente determinante de una historia nacional antigua inventada, que recala en los tiempos más lejanos del primer milenio antes de nuestra era: el momento de unidad y paz, genético para ―la tierra del pueblo‖. ¿De qué pueblo? Ahí se presenta ese nombre propio tantas veces repetido ―el pueblo de Israel‖, que define una pertenencia, marca la fisura epocal ausente que encierra ese pasado y nos distancia de una cultura hebrea anclada en él.
Por tanto, nos encontramos con una matriz ideológica de poderosa y longeva constitución y hay que ver en su demostrada sustentabilidad temporal y ecuménica una raigambre cultural que, a esta altura, ya es una realidad expuesta en todas las manifestaciones culturales, sociales y políticas que lleva adelante la comunidad y sus investigadores del pasado. Su influencia en la mentalidad del historiador-arqueólogo del Israel antiguo es más evidente y se advierte en reconocer que, al seleccionar sus temáticas y al hacerse preguntas, obtener fondos para excavaciones y determinar quiénes son los interlocutores, la historia se adecua a través de lentes que tienden a distorsionar esa realidad
1 Entendemos la religión como una experiencia única de confrontación del hombre con
pretérita y, sobre todo, cuando no representa sus axiomas tal como sucede con las informaciones acerca de Omrí y sus descendientes, del que no hay certeza siquiera de que fuera hebreo, menos aún de que adorara a Yavé.
Deslindar esta trabazón, que no es tan evidente, y plantear nuestra propia interpretación implicó construir una mirada desde los márgenes de ese paradigma intelectual que es Israel. Acceder a sus categorías y dogmas, atravesarlo y comprenderlo, desactivar esa inmensa retícula fue un desafío intelectual. A partir de ahí, problematizamos un evento político como es la aparición de un rey y un Estado en el siglo IX a.C. con unas características que marcan una impronta de cambio y un registro que se ha preservado fuera de Israel.
Este elemento excedentario, con vigencia y vivencia actuales, es excepcional en el campo de la historia antigua oriental y hace que cualquier tema sobre la historia de Israel esté inmerso en un topos absolutamente singular2: el judaísmo. El acto de pensar a Israel es, para el historiador de la Antigüedad, un camino difícil, con desvíos permanentes hacia ámbitos donde se entrecruzan las ideologías y la literatura con la visión histórica.
Los hechos llamados ―históricos‖ estuvieron desde sus inicios trasvasados por un andamiaje mixto de mitos y de intentos de comprobaciones, como Masada,3 por ejemplo, sustentada por la emergente ciencia arqueológica. La clave radica en la ahistoricidad del pueblo judío que está dada por la consagración del sentido de eternidad que hace que todos los momentos de la
2 Al pensar en la temprana creación de la Wissenschaft des Judentums (una ciencia
llamada Judaísmo, con sus creencias y su historia canonizada en el libro, estudiada y analizada durante siglos) en el siglo XIX, y en toda la literatura midráshica y talmúdica y la funcionalidad con que penetró en la ―Historia‖ del pueblo hebreo, vemos que es la misma historiografía iniciada por Zunz (quien revisa estadísticas de los judíos en 1823) y Graetz (quien escribe en 1847 una obra sobre la construcción de la historia judía y entre 1853 y 1876 los once tomos sobre ―Historia de los judíos‖) entre los más destacados. Véase Boyer y Hayoun (2008:15-20).
3 Para Bembassa (2011:50) los suicidios heroicos allí acaecidos en 73-74 sólo son
historia judía resulten contemporáneos.4 La recuperación del pasado es una necesidad vital permanente y es, a través de la rememoración judía como forma de habitar la memoria, que se han conectado el pasado y futuro como un tiempo presente. Estos hechos instalan un debate historiográfico excluyente entre sectores vinculados con los círculos de estudios bíblicos y con las ciencias creadas para la comprensión del pasado. La historia anticuarista y la arqueología bíblica; en primer plano, y la antropología y la sociología ya más avanzado el siglo XX, aportan teorías que son utilizadas en la reconstrucción de la historia de Israel. Aquí intentamos rescatar la historia de un rey que es un emergente de esta nueva historia de Israel.
Ahora cabe la pregunta: ¿Dónde tienen lugar estos acontecimientos? Se llamó a aquel territorio ―Palestina‖, el término griego utilizado por primera vez por Heródoto, que se correspondía con los filisteos y quedó identificado con la costa levantina (VII, 89). Ese nombre pasó luego a denominar la provincia romana y es el que la literatura cristiana primitiva adoptó, de acuerdo con la expresión oficial de entonces, para designar al escenario de la historia bíblica.
Desde entonces hasta nuestros días, la situación ha cambiado pero su connotación histórica no se ha alterado, aunque hayan variado los conflictos y las fronteras y la región esté fragmentada políticamente y se la asocie con ―la causa Palestina‖5
y con su justo reclamo en relación con los territorios otorgados al actual Estado de Israel, creado en 1948. Esa es otra historia pero sus raíces sí se vinculan con aquella época, objeto de nuestra indagación, y
4
Véase Taub (2013: 312-313) quien afirma que esa lectura del tiempo es la de un tiempo subjetivo y se manifiesta en la oración, en la enseñanza de los textos y de la ley. En la repetición de las festividades se hace presente un ejemplo clásico como la vivencia en el desierto en la hagadá de Pascua.
5
con el presente. Este poema del poeta palestino Mahmud Darwish6 así lo refleja:
Para nuestra patria
Próxima a la palabra divina,
Un techo de nubes.
Para nuestra patria
Lejana a las cualidades del nombre,
Un mapa de ausencia.
Para nuestra patria
Pequeña cual grano de sésamo,
Un horizonte celeste…y un abismo oculto.
Para nuestra patria,
Pobre cual ala de perdiz,
Libros sagrados….y una herida en la identidad.
1. Una historia regional de Israel o una región con historia
El historiador hoy clásico, M. Noth,7 afirma que la historia de Israel se desarrolló en un escenario muy pequeño. Esa ―tierra de Israel‖, que es una expresión que el Antiguo Testamento utiliza una sola vez (1 Sam. 13, 19), no formó nunca una ―región natural independiente‖. Su superficie nunca estuvo ocupada por una población homogénea y casi nunca dio cabida a una organización política que coincidiera con ―sus límites naturales‖. Aun así, a pesar de estas limitaciones, la expresión ―tierra de Israel‖ puede servir todavía hoy de elástica descripción del territorio en el que unas tribus se crearon, se establecieron y pugnaron por el poder, antes de unificarse por un breve período,8 y dejaron en ese suelo la primera impronta de lo que conocemos sobre el ―pasado hebreo‖.
6 Fragmento del poema ―Para nuestra patria‖ (1986). Darwish nació en 1941 y murió
en 2008. En 1948 su vida cambia por la destrucción a manos del nuevo Estado de Israel de la aldea de Birwa donde vivía con su familia. Su tierra palestina es el objeto de reflexión de toda su obra.
7 Véase Noth (1966: 14-16).
Hace treinta años, Van Young9 se preguntaba por qué faltaba una definición común de región en la ciencia histórica y afirmaba que la región era una hipótesis a demostrar. A partir de su trabajo en el caso de Palestina, estamos ante un ―regionalismo‖ al que define como la identificación consciente, cultural, política y sentimental, que grandes grupos de personas desarrollan con ciertos espacios a través del tiempo. Veamos, por ejemplo, cuando el Antiguo Testamento, y de una manera especial la literatura deuteronómica, nombra a Palestina como ―buena tierra que mana leche y miel‖. ¿Se refería a las zonas de cultivo en comparación con la estepa y el desierto? La expresión ―mana leche y miel‖10
es, además, una frase estereotipada, empleada en el mundo antiguo para designar un buen lugar y no se inventó especialmente para Palestina. La literatura sagrada de Israel la utilizó como elogio de su país comparado con las regiones vecinas, las estepas y los desiertos más inmediatos, pero no con los valles fluviales, más remotos y menos conocidos, del antiguo Oriente. Por lo tanto, la alusión a ―leche y miel‖ no nació específicamente de las condiciones de vida de Palestina. La gente que adoptó por vez primera la expresión en Israel pensó, sin dudas, en las pasturas que existían en algunas partes y que acrecentaban la leche de los rebaños y en los viñedos de donde se obtenía la miel de la uva.
Para Van Young las regiones se definen adecuadamente por la escala de cierta clase de sistema interno a las mismas, ya que las sociedades humanas se constituyen típicamente con un gran número de sistemas mutuamente influyentes como la diferenciación entre grupos, una jerarquía y una articulación interna. Tenemos una región que nombramos Palestina como unidad de análisis y que nos proponemos pensarla desde el origen de la estatalidad omrida, unos tres siglos antes de que se plasmara el relato fundante de la religión monoteísta.
Si consideramos también que las regiones se construyen históricamente a partir de la ocupación de los grupos humanos, Palestina poseyó una
9 Véase Van Young (1987:255-259). Ha sido, en nuestra indagación, un punto de
partida para abordar a Palestina como región geo-histórica, aunque el autor analiza otro caso, el mexicano, teorizando sobre los elementos comunes de los sistemas regionales y los sistemas sociales.
10 Las interpretaciones sobre el significado de leche y miel son alusivas a animales
ocupación heterogénea y fue escenario de procesos de etnogénesis como es el caso de hebreos y filisteos y que generó en los primeros una construcción social determinante para esa tierra, la cultura hebrea.
2. Límites geográficos y cronológicos de este estudio
2.1. Nuestro escenario: la geografía sud-levantina
La región comprende el tercio meridional del amplio terreno montañoso que separa la ribera oriental del Mediterráneo del desierto sirio, surcada longitudinalmente por una depresión que la divide en dos partes, oriental y occidental. Por el norte, el territorio de Israel llegaba casi hasta las estribaciones meridionales de la elevada cadena montañosa del Líbano y del Antilíbano y, por el sur, hasta la transición de las tierras de cultivo a la estepa y al desierto de la península sinaítica, aproximadamente a la altura del extremo meridional del mar Muerto. (Ver Figura 1)
Las regiones septentrionales son denominadas Alta Galilea, valle de Hula, Galilea Occidental, Baja Galilea, Golán y valle de Jezreel.
Las regiones centrales son la planicie costera central, valle del Jordán, zona montañosa central, Sefelá y planicie costera meridional.
Las regiones meridionales son Néguev septentrional, llanura del Mar Muerto, Aravá, Néguev Central y Néguev meridional.11
Israel puede dividirse en cuatro regiones geográficas, las de la costa, montañas, valles y desierto: tres franjas paralelas que corren de norte a sur, una planicie costera que corre paralela al Mediterráneo y está formada por una costa arenosa bordeada por fértiles campos agrícolas que se internan hasta 40 km al interior del país. En el norte, la costa se ve interrumpida por escarpados riscos de piedra arenisca y calizas que caen sobre el mar. Una región montañosa con varias cadenas de montañas corre a lo largo del país. En el noreste, los paisajes basálticos de las alturas del Golán, formados por erupciones volcánicas, rodean el valle de Hula. Los montes de la Galilea, principalmente compuestos de calizas y dolomitas, alcanzan una altura de 500 a 1200 metros sobre el nivel del mar. Pequeñas corrientes de agua permanentes y una precipitación pluvial relativamente alta, mantienen la zona verde durante todo el año. Y por último, una gran zona árida desde la mitad sur del territorio del Néguev, que ocupa casi un cincuenta por ciento de la superficie del país. En su parte sur, el Néguev pasa a ser un desierto de llanos y colinas de areniscas, con abundantes quebradas y cauces secos.
Consideremos a esta geografía, en el pasado, como una región cuya escasez en recursos era la regla, en tanto que la excepción la constituían unos pocos nichos ecológicos aprovechables, los valles de Hula, Jezreel y Jordán (ver Figura 2). La historia de Israel se ha visto constantemente influida por las condiciones naturales del suelo en el que se desarrolló. Por este motivo, el conocimiento de la geografía es una de las condiciones básicas para comprenderla y una exposición de la misma debe iniciarse con un examen de las características fundamentales del propio territorio.12
11 Véase Milevski (2016: 28) con mapa y descripción.
12 Véase Monmonier (1994: 1-15), Bar-Gal (2000: 112-123) y Azaryahu y Golan (2001:
Sabemos que la imagen actual del paisaje dista mucho de la relatada por los viajeros y arqueólogos del siglo XIX porque apenas quedan vestigios de la vegetación y fauna originales. Por lo tanto, la vegetación natural de la región sólo puede ser comprendida en referencia a la reconstrucción hipotética de botánicos de campo o informes de antiguos viajeros.13 Los árboles y arbustos de la región de Palestina de la época histórica fueron el cedro del Líbano, el ciprés, el enebro, el roble o encina, el pino de Allepo, el álamo, el tamarisco, el sauce o álamo del Éufrates.14
Figura 2. Relieve del área de la investigación
13Véase Roaf (1990: 18), Wilkinson (1995: 9). Uno de esos viajeros fue W. Ainsworth
que, en 1841, describió la región septentrional del Gran Canaán, entre Tell Rumailah y Uwaynat, durante su viaje de Constantinopla a Mosul. Según Ainsworth había por entonces varias clases de pastos por todas partes pero en la parte más seca de la llanura disminuían y los líquenes se hacían más comunes. Según Forbes, otro viajero, una vegetación similar caracterizaba el norte de la Jazirah (Siria), descripta normalmente como un ―desierto‖ donde predominaba el pasto grueso y el monte espinoso.
El aprovisionamiento de agua ha sido siempre el problema más importante de los habitantes de Palestina. A diferencia de las grandes cuencas fluviales de Egipto y Mesopotamia en las cuales importantes inundaciones cubrían la tierra a intervalos regulares y donde el agua de río se utilizaba de forma constante por hombres y animales, Palestina y toda Siria dependen por completo de la lluvia para satisfacer las necesidades de plantas, animales y hombres. El agua tuvo una influencia decisiva en la distribución de los asentamientos humanos en el país, en la vida y en la economía rural de cada región.
Esto significa que hubo contactos entre las zonas de cultivo agrícola, la estepa y el desierto inmediatos y, precisamente, una de las características geográficas de más importancia histórica en Palestina es que el país está cerrado en unas partes y abierto en otras.
El Lago Kinéret o Mar de Galilea, circundado por los montes de la Galilea y del Golán, se encuentra a 212 metros bajo el nivel del mar y tiene 8 km de ancho por 21 km de largo. El Kinéret es el mayor lago de Israel y sirve de principal reserva hídrica del país.
El Mar Muerto, situado en el extremo sur del valle del Jordán, ocupa el punto más bajo de la Tierra, a casi 400 metros bajo el nivel del mar. Las aguas del Mar Muerto, que presentan la más alta salinidad y densidad del mundo, son ricas en potasio, magnesio, bromo, sal común y otros minerales. El ritmo natural de recesión del Mar Muerto se ha acelerado en los últimos años, debido a su alta tasa de evaporación (1,6 m al año) y a los grandes proyectos de derivación de los ríos que lo alimentan, realizados por Israel y Jordania para responder a sus necesidades hídricas, lo que ha reducido en 75% el aporte de agua al mar. Debido a ello, el nivel del Mar Muerto ha bajado en unos 10,6 m desde 1960.
moderadamente fríos en las zonas montañosas; veranos muy calurosos e inviernos templados en el valle del Jordán; y condiciones semi- desérticas durante todo el año en el Néguev.
En las altas mesetas fértiles, de 600 y 750 metros de altura, al norte y sur de la región al oeste del Jordán, las cuales descienden paulatinamente, de forma escalonada, hasta la estepa y el desierto; la misma vida era distinta de la del centro de la región del este del Jordán, montañosa y todavía cubierta de bosques. Igual diferencia existía entre el suelo desértico de la profunda depresión jordana, en la que el agua, en distintos puntos al pie de los escarpados, ha producido oasis de vegetación, en contraste con las alturas azotadas por el viento. La vida era también diferente en la vasta y fértil llanura de Jezreel —que corta la cadena montañosa al oeste del Jordán y cuyas aguas, el curso inferior del Qison, conducen al Mediterráneo— respecto de la de las alturas vecinas surcadas por torrentes que se secan en verano y, asimismo, lo era en las zonas centrales de los montes al oeste del Jordán, de menor elevación, con vertientes más suaves salpicadas de llanuras de mayor o menor extensión al sur y al norte de la llanura de Jezreel; de la vida en las regiones montañosas más septentrionales y meridionales, muy quebradas, surcadas de gargantas abruptas, poco fértiles e inaccesibles. Lo mismo ocurría con las vertientes oeste de las montañas que se extendían en las regiones occidentales y orientales del Jordán, regadas en abundancia por las lluvias invernales, en contraste con la vertiente oriental del Jordán occidental, pobre en lluvias y casi siempre desértica. El caso se repetía en la llanura costera, separada del mar por una línea casi ininterrumpida de dunas, relativamente bien regada, cálida y productiva, a diferencia de las alturas boscosas del Carmelo que las atraviesa y se proyecta en el mar y, finalmente, lo mismo ocurre con los últimos contrafuertes meridionales de los montes, al oeste del Jordán, donde sólo existen pastos míseros y tierras muy pobres, contrastando con el desierto del sur, en el que pastores y ganado dependen de escasos manantiales.
zonas sin duda debieron darse por satisfechos con lugares menos propicios. Así fue como, desde el principio, la naturaleza influyó en que los escasos habitantes no conformasen una unidad política hasta entrado el último milenio previo a nuestra era. Las diferencias de las condiciones de vida en las diversas regiones dieron lugar a diferentes prácticas habitacionales en la población y tendieron a la dispersión. Además, las montañas que atraviesan el país, surcadas por todas partes por valles profundos, dificultaron los contactos.
2.2. Norte de Israel
El valle de Jezreel, que separa las montañas de Galilea de las de Samaria, es la zona agrícola más rica de Israel. Los montes de Samaria y Judea (la Cisjordania) presentan un mosaico de cumbres rocosas y valles fértiles, salpicados de olivares centenarios. Las laderas escalonadas en forma de terrazas, ya cultivadas desde tiempos antiguos, han pasado a ser parte natural del paisaje.
La altura media, en el norte del país, en la alta Galilea, es de 800 metros, pero se puede llegar hasta más allá de los 1000 metros, como el monte Merom, de 1208 metros. En la vertiente oriental, los acantilados que dominan el alto valle del Jordán, pueden llegar a 500 o 700 metros, que luego se convierten en pendientes rápidas.
Una falla sísmica marca el límite septentrional de la baja Galilea, en donde el macizo es menos homogéneo y las colinas no llegan a los 500 metros. Aquí se encuentran montes solitarios en medio de llanuras, como el monte Turán que divide en dos la fértil llanura de Bet-Netofa; el monte Tabor (588 metros) ubicado al límite norte de la llanura de Jezreel y el monte Givat ha-More. Hay que agregar a esta lista el monte Carmelo que, en su estructura central, se orienta de sureste a noreste. Sobre su lado occidental, las pendientes paralelas descienden hacia la llanura costera y terminan, a menudo, en acantilados. La vertiente oriental domina el río Quijón.
descomposición de la calcárea y del basalto ha generado un tipo de tierra negra, propicia para la agricultura.
En la región central se encuentran los montes de Samaria, donde la altitud es mayor. A ambos lados del paso donde se situaba la antigua Siquem, se encuentran los montes Ebal y Garizim que llegan hasta los 900 metros. Al este, el conjunto del macizo se eleva por encima del Ghor (la depresión del Jordán), pero se hace accesible mediante algunas barrancas, mientras que por el oeste, algunos pasajes relativamente fáciles dan acceso a la llanura costera. Las colinas desprovistas de vegetación en su parte más alta, alternan con altos cubiertos de huertas. Al igual que en Galilea, los pequeños valles interiores aprovechan las tierras que las lluvias traen de las colinas calcáreas.
Hacia el norte, Palestina se halla también cerrada por una barrera natural. Se trata de la alta cordillera del Líbano y el Antilíbano y, en la parte más septentrional del país al oeste del Jordán, los montes de la Alta Galilea, que representan las más elevadas alturas de todo el país, casi la convierten en una región inaccesible. La región no tiene tampoco salida hacia el norte ni a lo largo de la costa, donde los cabos salientes entre Acre y Tiro, oponen un obstáculo difícilmente franqueable al camino que lleva a Fenicia, ni en la depresión jordana, cuyo pasillo en la tierra baja entre el Líbano y el Antilíbano, es también difícil de salvar. Solamente hacia el noroeste, partiendo de la región que hay al norte del Jordán oriental, hay una salida en dirección a Damasco.
2.3. Sur de Israel
Más hacia el sur, el sistema central toma el nombre de montes de Efraím. Los pequeños valles interiores dejan lugar a valles más estrechos que se encuentran en pasajes poco elevados, conformando de esta manera una vía natural entre el norte y el sur, que ha sido utilizada desde hace miles de años. La altura de este paso no llega a los 600 metros, aunque dominan algunos montes más elevados.
El centro de este territorio está formado por una cadena de montes calcáreos, cuyos estratos, originalmente horizontales, se desintegraron a causa de las alteraciones tectónicas ocurridas en la costa oriental del Mediterráneo. Mientras el desierto sirio, al este del país, conserva la original disposición en mesetas, la altiplanicie calcárea de su parte occidental se ha descompuesto en una masa de elementos más pequeños. Resulta particularmente notable la profunda depresión que de norte a sur atraviesa todo el país y se prolonga en estas dos direcciones más allá de sus límites.
Ahora que conocemos el territorio donde se desarrolla nuestra historia debemos hacer un recorrido por el tiempo, ¿cuándo ocurrieron los sucesos políticos elegidos? ¿Cómo se aborda esa época?
3. La cronología en Israel según la arqueología
La cronología consiste en la asignación de fechas a determinados acontecimientos, a objetos y, por inferencia, a las unidades de estratificación.15 La dinámica de este campo ha provocado problemas que se multiplicaron a medida que se perfeccionaron las técnicas de datación en Israel y también la cronología ha tenido su historia, convirtiéndose en centro de un debate entre arqueólogos.
El Hierro en el sur de Levante se extiende desde el 1200 al 586 a.C. Estos seiscientos años, a su vez, se dividen en Edad del Hierro I y II, esta última en tres fases: A, B y C.16 (ver Tabla 1)
Tabla 1
Hierro I c. 1200-950 a. C.
Hierro II A c. 950/925 a.C.-830 a. C. B c. 830-722 a. C.
C 722- 586 a. C.
En realidad, durante este largo período del Hierro se presentan crisis y modificaciones en el plano político-social, económico y cultural de todo el espacio del Cercano Oriente, el Levante, Anatolia y Mesopotamia. Es una etapa histórica compleja, marcada por rupturas y continuidades con respecto al período del Bronce, que conocemos bien por sus monumentos, iconografía y restos arqueológicos que nos remiten a un tiempo de esplendor, tanto de los imperios que circundan nuestra región de estudio, como de las
15 Véase Harris (1975).
16 Véase Aharoni y Amiran (1958: 170-184) que ya proponían en 1958 modificar la
Estado siro-palestinas que se hallaban densamente pobladas y resistieron el tiempo, como Hazor17 Megido,18 Laquis19 entre otras.
El sistema tradicional para la cronología de los estratos del Hierro I y el Hierro II temprano en el Levante fue elaborado por arqueólogos bíblicos clásicos como Albright y Yadin. Estuvo basado en dos pilares: en la datación de la cerámica filistea y sus implicaciones para el final del Hierro I20 y en la datación de los estratos del Hierro IIA en el norte (Megido y Hazor). Estos dos pilares están, por cierto, relacionados, pero no son necesariamente dependientes uno del otro. Es decir, la aceptación o el rechazo de uno no implican una actitud similar con respecto al otro. Explicitaremos desde el comienzo que estos dos pilares tuvieron muy poco que ver con la arqueología. Más bien estaban basados principalmente —y el segundo pilar únicamente— en el relato bíblico de la historia temprana de Israel. En otras palabras, este es un caso único en el cual los arqueólogos compensaron la evidencia proporcionada por su propia disciplina a favor de una interpretación unilateral en materia textual proporcionada por otra disciplina, material que ha sido el foco de una disputa desde principios del siglo XX.
El primer pilar fue el paradigma filisteo de Albright y Alt,21 según el cual: A) Los filisteos se asentaron en tiempos de Ramsés III en sus
fortalezas en Canaán, inmediatamente después de las batallas de este con los Pueblos del Mar, en su octavo año, en 1175 a. C.;
B) Los filisteos bíblicos pueden ser igualados con los filisteos arqueológicos del Hierro I;
C) El poder de los filisteos del Hierro I fue quebrantado por la expansión del imperio israelita bajo el rey David. Y puesto que la ascensión del
17
La posición estratégica de Hazor en la región montañosa, junto con sus fortificaciones, y la resistencia que presentaba a las fuerzas egipcias fue un primer referente de suma importancia. Comercialmente, era un punto clave en la ruta hacia el norte, especialmente hacia Siria y Asia Menor. Hazor habría estado bajo el control egipcio, en forma relativa, ya que constituía el principal enclave cananeo y, por ubicación geográfica, se hallaba alejado de lo que fue el control egipcio en Palestina. El sitio será tratado en el capítulo V, para una aproximación a lo que representa el enigma de la historia de Hazor en el Bronce Tardío, véase Bienkowski (1987: 50-59).
18 Véase Finkelstein, Ussishkin y Cline (2013), quienes brindan una versión
actualizada de todos los estratos y etapas constructivas de la ciudad.
rey David había sido fechada —de acuerdo con las cifras bíblicas— en ca. 1000 a. C., esta fecha fue tomada para representar el final del capítulo independiente de la cultura material filistea y la transición del Hierro I al Hierro II.22
Los resultados de las excavaciones en tres de los principales núcleos de Filistea —Asdod, Tel Miqne y Ascalón— fueron presentados de modo tal que encajan perfectamente en este paradigma: la primera fase de la presencia filistea, caracterizada por la cerámica de producción local (también conocida como monocroma), fue datada en un período que comenzó en ca. 1175 a.C. y perduró hasta la retirada de los egipcios de Canaán pocas décadas después.23 La segunda fase, caracterizada por la cerámica bicroma, ha sido datada posteriormente a finales del siglo XII y el siglo XI a.C. Los niveles de destrucción al final de la fase bicroma fueron datados en ca. 1000 a.C. y asociados con las conquistas del rey David, en pleno auge de la arqueología bíblica.
El segundo pilar sobre el que se apoyaba la cronología tradicional es la reconstrucción —de acuerdo con el testimonio bíblico— de una gran Monarquía Unida de Israel, establecida en el curso de las hazañas militares del rey David y estabilizada en los días de su hijo Salomón, quien gobernaría sobre un estado rico y próspero. Según esa vieja postura, Salomón se dedicó a realizar actividades de construcción monumentales en varios centros administrativos de su Estado y, por lo tanto, su imperio podía ser reconocido arqueológicamente.24 Estas ideas —a través de las que la arqueología transformaba en históricas las descripciones bíblicas de la Monarquía Unida— se remontan a la escuela de pensamiento de Albright de los años 30. Glueck, por ejemplo, ―inventó‖ virtualmente la planta de fundición del rey Salomón en Tel el- Khuleifeh (―la Pittsburg de Palestina‖, como él la llamó25
), una fortaleza que no ha provisto restos anteriores a ca. 700 a.C.
Pero continuaron con Yadin, luego de sus excavaciones en Hazor y Megido a finales de 1950 y principios de 1960, quien ―canonizó‖ una
22 Véase Dothan (1982: 296).
23
Véase Mazar (1985); Stager (1995).
reconstrucción histórica y, con ella, el sistema de la cronología tradicional. La construcción histórica y cronológica de Yadin estaba basada en:
1) La datación de las puertas con seis cámaras ubicadas en Hazor, Megido y Gezer, en los días del rey Salomón, siguiendo el texto bíblico de 1 Reyes 9:15.26
2) La datación de los palacios de sillar de Megido en el siglo X a. C., basada en la idea bíblica de un imperio salomónico sofisticado que era gobernado desde la capital en Jerusalén.27
Otros dos hallazgos en Megido parecían apoyar la interpretación de Yadin: la ciudad principal, anterior a la ciudad de los palacios (Estrato VIA), fue destruida por un incendio y la ciudad posterior, construida encima de los palacios (Estrato IVA), tenía los famosos establos. La interpretación de Yadin parecía encajar perfectamente con el testimonio bíblico: la Megido cananea fue destruida por David; los palacios representaban la Edad Dorada de Salomón; su destrucción por el fuego podía atribuirse a la campaña del faraón Sesonquis I (el Shishak bíblico) en Palestina28. Megido es mencionada en la lista de Karnak de Sesonquis I y un fragmento —sin ubicación estratigráfica— de una estela del mismo rey fue encontrado en el sitio en los años 1920.29
El sistema actual de la cronología en Israel está dividido en dos grupos, con posiciones intermedias y moderadas. Lograr combinar información histórica, resultados radiométricos y análisis y datación de tipologías cerámicas, es foco de un debate aún vigente, polarizado entre los que adhieren a la postura de la cronología baja y quienes postulan la cronología alta. I. Finkelstein y A. Mazar, por ejemplo, se enfrentan en relación con un lapso de aproximadamente 55 años del Hierro II, que no va a resolver ninguna curva de calibración.
Las dificultades tienen que ver con el límite del método radiométrico y la búsqueda de estratos arqueológicos sincrónicos en distintos sitios, tomando a los últimos como un todo.
Ussishkin afirma que los datos pueden ser interpretados de más de un modo por ejemplo una pared puede ser de un estrato más alto o más bajo.
26 Véase Yadin (1959).
27 Véase Yadin (1970: 66-96).
Igual las tinajas pueden corresponder a un piso o a otro. Los seguidores de Albright, de Yadin y de Mazar son los que aceptan la historia bíblica como base de sus estudios arqueológicos e intentan que los datos encajen en el rompecabezas bíblico. Este arqueólogo considera que la edad del Hierro tiene cuatro sitios clave desde donde puede construirse una cronología más coherente: en el sur Jerusalen y Lachish y en el norte Samaria y Megiddo.
En el norte de Israel, donde se sitúa nuestra indagación, se da el mayor eje del debate, aunque hace poco menos de diez años Herzog y Singer-Avitz30 han propuesto una solución intermedia de acuerdo con la identificación de un repertorio cerámico llamado ―Grupo Jezreel‖, que se registra en sitios como Meggido, Tirsa y Hazor, y que, en Jezreel, permite determinar según ellos una cronología absoluta. De este modo, si para la cronología alta, el período del Hierro IIA corresponde al siglo X a.C. y para la cronología baja corresponde al siglo IX a.C., la cronología intermedia propone ampliar el período a la época que transcurre entre el 950 y el 790 a.C., subdividiéndolo en dos fases: Hierro IIA temprano y Hierro IIA tardío. Es una posibilidad aún abierta a debate.
Este conflicto en parte persistirá por la necesidad en algunos investigadores de un correlato histórico del cuadro bíblico que tanto peso ha tenido31 y que rastreamos hasta hoy y en parte por cuestiones vinculadas con la imposibilidad de esclarecer los datos de los primeros registros arqueológicos debido a las técnicas usadas en la primera mitad del siglo XX.32 Ese es un límite inexpugnable.
30
Véase Herzog y Singer-Avitz (2006:163-175).
31 El argumento de Mazar cuando dice ―cómo puedes aceptar un testimonio bíblico y
rechazar otro.‖ Dicho simplemente, la pregunta es cómo puede rechazar uno la
historicidad del testimonio bíblico sobre las actividades de construcción de Salomón y al mismo tiempo aceptar la historicidad de los versículos sobre la construcción de Samaria por Omri. La respuesta de Finkelstein es que la aceptación de la historicidad de un versículo y el rechazo de otro es exactamente el significado de dos siglos de estudios bíblicos. Como hemos mencionado, la descripción bíblica del estado salomónico es idealizada, con muchas referencias a realidades de épocas de la historia israelita muy posteriores (por ejemplo, la historia de la visita de la reina de Saba a Jerusalén y las expediciones comerciales desde Ezion, que deben reflejar la participación de Judá, bajo la dominación asiria, en el intensivo comercio arábigo). La descripción del estado omrida es mínima, negativa, pero mucho más exacta históricamente. Basta con mencionar los eventos que implicaron la caída de la dinastía omrida, incluyendo el papel de Jazael, rey de Damasco, que son sostenidos por la estela de Tel Dan.
En nuestro abordaje de la historia regional general sobre Israel nos referenciarnos en el paradigma temporal braudeliano,33 con episodios o acontecimientos y procesos de media y larga duración. Aplicado a la historia social y política de Israel,34 ese paradigma permite lograr una primera composición de todo el arco temporal de la Edad del Bronce-Hierro y, en ese marco, detectar un evento político puntual como es la llegada de Omrí al poder. Es momento de seguir con otra cuestión vital de nuestra investigación. ¿Qué tipo de fuentes escritas ha llegado a nosotros?
33 Véase Levy (1995: 4-6) donde cita a Birnbaum (1978: 230) y su descripción sobre el
análisis histórico de Annales basado en cinco plataformas: establecer períodos de tiempo, identificar líneas de desarrollo dentro de cada uno, identificar y medir las regularidades específicas de cada desarrollo, reconocer las innovaciones y el surgimiento de nuevas estructuras dentro y entre las distintas eras y proponer un espectro de elementos que ayuden a aislar y explicar la continuidad o el cambio dentro y entre los períodos.
34 Véase Stager (1985: 1-35). Si bien, sobre estas premisas, L. Stager ya había
CAPÍTULO II
Una literatura singular: la Biblia
Nuestro propósito es revisar aquí un proceso sedimentado en el tiempo como fue el de la influencia del elemento religioso en la ―historia‖ hebrea en general y la influencia del texto bíblico en la interpretación histórica de los omridas, en particular. Para tratar esta cuestión, debemos explicar primero cómo abordamos la Biblia. ―Biblia‖ es una palabra que todos conocemos, un conjunto de libros portadores de historias, una explicación para el origen del universo, del hombre y de un pueblo. Los métodos utilizados para investigar la Biblia no difieren de los que se usan para analizar cualquier texto de la antigüedad, aunque estos han sido revisados y corregidos por los exégetas religiosos en numerosas ocasiones, debido al interés que despertó el texto bíblico en diversas disciplinas a lo largo de su historia.
Estos métodos de estudio de la Biblia son los llamados histórico-críticos y componen un conjunto porque asumen un paradigma histórico: ven al texto como una fuente de procesos históricos específicos vinculados con su escritura.35 Tenemos en la Biblia un relato sobre nuestro objeto de estudio, la dinastía omrida, y partiremos, para su análisis, de dos consideraciones elementales: la primera es que el relato bíblico es literatura antigua y, la segunda, que es literatura antigua sagrada y nos permite reconstruir parte de ese pasado desde un lugar específico, esto es, el lente propio de sus redactores. Como evidencia documental, el texto bíblico es diacrónico, ha sido construido durante siglos hasta canonizarse. Por esa razón es que debemos hacer aquí dos aclaraciones importantes.
La primera y fundamental es la de posicionar a la Biblia dentro de la historiografía antigua. Existen otras fuentes en el mundo antiguo que poseen similitudes y analogías respecto de la Biblia, en tanto constituyen otros procesos de construcción mítico-teológica en Cercano Oriente, que fueron
35 Véase Krüger, Croatto y Miguez (2006: 14-15), quienes los enumeran como:
materia de relatos populares,36 y por tanto, este tipo de relato no constituyó una práctica original ni exclusiva de los hebreos. En cambio, sí lo es que haya traspasado la antigüedad.37 La coexistencia en el texto de fragmentos anacrónicos, algunos demasiado antiguos (como el Cántico de Débora)38 y otros demasiado recientes (atribuidos a la época persa ubicada entre 586-332 a.C.) son reflejo del propio tiempo de la compilación, de la idea de historiografía antigua que conmemora. Los mecanismos de selección se encuentran orientados por el vector conducente a la adoración a Yavé y han sido largamente estudiados por los biblistas desde el siglo XIX.39
La segunda aclaración es que la Biblia posee un tipo de discurso que, a pesar de sus distintas plumas, tiene como finalidad un efecto de sentido religioso.40 Eso le provee esa instancia de totalidad que compone y da cuerpo a lo que se conoce como cultura hebrea.41
36 Uno de los más emblemáticos es el poema de Gilgamesh por la extensión de su uso
en el espacio y en el tiempo mesopotámico. Véase Silva Castillo (1996: 24-36 y 43-182) con traducción al español directa del acadio, también Jacobsen (1976: 193-239) con una mirada hoy clásica sobre las creencias mesopotámicas. Un proceso similar se da en el mundo clásico, la épica, en general, fue relato oral inicialmente.
37 El asiriólogo alemán Delitzsch planteó en 1902 en su obra Babel und Bibel la
derivación del texto veterotestamentario de los mitos babilónicos, también Von Baudissin proponía desde el ángulo religioso esta visión de la religión semítica y su estrecha relación con la religión en Israel. Las coincidencias más conocidas son la creación y el mito del diluvio.
38 Esta oda triunfal de Jueces 5 es mucho más antigua que su relato escrito. Exalta el
triunfo de dos tribus contra los cananeos en la llanura de Jezreel, tal vez en torno al año 1100 a. C. La oda fue probablemente preservada en una de las colecciones de poesía hebrea como el libro de Jashar o el de las Guerras de Yavé. Algunos autores como Weiser, han propuesto ver en ella una liturgia anfictiónica en la que las tribus celebran la victoria de Zabulón y Neftalí, invitando a las otras tribus, y es análogo a los cantos de los árabes nómadas.
39 En especial y en forma renovada fueron los trabajos de J. Wellhausen: Prolegomena
zur Gechichte Israels de 1882, Israelitische und jüdische Gechichte de 1894 y, para el estudio del texto bíblico, Komposition des Hexateuchs und der historichen Bücher des Altern Testaments de 1889. Estas obras iniciaron cambios en la concepción de los estudios bíblicos al aportar una explicación para el tiempo de cada uno de los libros y sus autores.
40 Ya adelantamos en la Introducción los elementos que aglutina la palabra religión, a
los que puede agregarse: ―Las palabras que refieren hechos morales, interiores, profundos y universales como es religión, permanecen en el uso común como elástico, tanto que a veces es lícito dudar si, aún en un mismo ambiente histórico, lo que uno llama religioso sea por todos los demás reconocido como tal‖ (Graneris 1946: 26-27).
41 Aquí tomamos las ideas de Chartier (1992: 45-50) cuando expresa que el concepto
El cuadro de fondo que ofrece el texto bíblico es en un todo coherente con el objetivo concreto de sus autores de fijar en la memoria de un grupo de hombres los avatares de la relación con su dios, desde los propios orígenes del universo42 (mito fundacional), el surgimiento de los primeros hombres y sus genealogías,43 hasta las vicisitudes políticas que esa relación generó entre el pueblo hebreo y sus contemporáneos y las relaciones sociales y los conflictos al interior de esa sociedad.
Este proceso escriturario (en tanto práctica tardía de los hebreos) ha sido estudiado por los exégetas desde el gran trabajo wellhauseniano.44 Tiene un comienzo en el relato oral, luego se da la tradición generacional de esos relatos y se habría incorporado a la escritura información proveniente de anales reales que fueron citados como el libro de las guerras del señor (Números 21:14), el libro de Ha Yashar (Josué 10:13), las Crónicas del rey David (1 Crónicas 27:24), el libro del reino de Salomón (1 Reyes11:41), las crónicas de los Reyes de Israel y Judá45 y el Misdrash del profeta Iddo (2 Crónicas 13:22).
La condicionalidad que nos depara asumir estos presupuestos como historiadores, no disminuye la relevancia de la fuente escrita. En todo caso, nos
42 Es el libro de Génesis el que narra los orígenes del mundo, del género humano y del
pueblo hebreo. Véase Biblia de Jerusalén (BJ), p. 11.
43 Son los cinco grandes patriarcas Adán, Noé, Abraham, Isaac y Jacob y su
descendencia.Véase Biblia de Jerusalén.
44 Se debe a J. Wellhausen la aparición, a fines del siglo XIX, dentro de la escuela
crítica-histórica del Antiguo Testamento, de la llamada "hipótesis documentaria". En ella se reconoce para la conformación de los seis primeros libros de la Biblia, la existencia de cuatro documentos independientes, comúnmente conocidos como Yahvista, Elohísta, Deuteronomista y Sacerdotal, que han sido datados sucesivamente desde el período de la monarquía hasta los tiempos postexílicos. Estos documentos fueron abordados como composiciones que reflejan el mundo de sus escritores, esto es, su tiempo histórico. Su impacto dentro de la crítica fue de tal calibre que el siglo siguiente derivó en interpretaciones a su favor y en su contra. Esta reconstrucción histórico-crítica del Pentateuco influyó en la interpretación del resto del Antiguo Testamento, destacándose al respecto la percepción de sus fuentes, el análisis cronológico y el desarrollo literario.
45 En cuanto a las Crónicas o Anales de los reyes de Israel son citados diecisiete
brinda la silueta de una época distante, de personajes históricos y de personajes construidos e imaginados en las plumas de los escritores.46
En esta investigación trabajamos con la Biblia de Jerusalén (BJ), versión traducida de los textos originales judíos bajo la dirección de la Escuela Bíblica de Jerusalén, publicada en Salamanca en 1966, y con la edición de la Biblia usada para la exégesis del texto hebreo llamada Biblia Hebraica Sttutgartensia (BHS), la cual ha sido editada en varias oportunidades.47 Reproduce un manuscrito del texto hebreo,48 el Códice de Leningrado, escrito en el año 1008 o 1009 d.C.49
En el proceso escriturario, algunas partes del Antiguo Testamento se transmitieron en copias manuscritas que contenían errores o cambios intencionales. El dueño de la copia podía hacer agregados, correcciones, omisiones. Estas prácticas desaparecen cuando dejan de ser propiedad individual y pasan a convertirse en patrimonio religioso de una comunidad, cuando se produce la canonización del texto.
1. Una posible construcción del texto
J. Assmann, en 2008, hace un aporte importante para la comprensión de la historia de la Biblia. Afirma que hay cinco pasos en el camino de canonización del texto bíblico, proceso a partir del cual aumentó la condición vinculante, en lo que se refiere tanto a su forma —la materialidad del texto— como a su autoridad, ya que ambas se hallan en una estrecha relación de
46
Nos remitimos a Homero, que escribe sobre el pasado y cuyos textos son válidamente utilizados, para reconstruir esa época de los palacios micénicos, véase Finley (1986: 157-158). Otro gran historiador que conecta los estudios bíblicos con los clásicos fue Momigliano (1986:13-15) cuando afirma que leer la Biblia, a Tito Livio y a Heródoto plantea los mismos problemas, los de comprender, conjeturar y determinar la información que encierran.
47
En 1937 la edición preparada por Rudolf Kittel para la Sociedad Bíblica de Württemberg llegó a su tercera edición y fue reemplazada por una nueva, llamada Biblia Hebraica Stuttgartensia (BHS) lanzada entre 1967 y 1977 por un equipo de exégetas alemanes y publicada por la Sociedad Bíblica Alemana.
48 Todos los manuscritos originales se perdieron, por ello se trabaja con los textos
existentes llamados testigos, el Texto Masorético, la LXX o Septuaginta, Pentateuco Samaritano, Targumim, la versión siríaca, la Vetus Latina, (luego reemplazada por la Vulgata, versión del texto original elaborada por Jerónimo entre 390 y 405 d.C.) y la versión copta (traducción de la LXX).
49 Este códice se conoce bajo la sigla B19A (L) y se encuentra en la Biblioteca Estatal
coherencia. Esta clausura condicionó su forma que así quedó fijada. Esta propuesta teórica muestra y ubica históricamente cinco momentos que conducen hacia la canonización del texto:
1. Excarnación50 de las leyes y descubrimiento de un pasado normativo: habría una relación entre la codificación jurídica deuteronómica51 y la época de Josías hacia fines del siglo VII a. C., cuando leemos el relato de 2 Reyes 22:8 que describe el hallazgo del Libro de la Ley durante los arreglos que se realizan en el templo. Para Assmann, la Biblia reemplaza a la monarquía de derecho característica del Antiguo Oriente, en la que encuentra particularidades únicas como el veredicto del rey que se codifica, la legitimidad que emerge del rey en el derecho mesopotámico.52 La Biblia ocuparía así el lugar del rey porque se apropia de las dos instancias que en la monarquía oriental poseía el rey, la autoridad y la historia. Se concreta la apropiación de la Historia en tanto comienza con la creación y, en lugar de las listas de reyes, se ubican las genealogías, desde Adán a Moisés. De todas formas, no hay sumisión ciega sino que la ley debe acatarse a partir de su comprensión. Así, la expresión ―porque eras siervo en
Egipto‖, responde a que en el Éxodo se constituye y comprende el pasado normativo y la historia fundacional que enmarca y determina la ley y desarrolla su autoridad independiente del tiempo, ya que se recontextualiza en el tiempo de Josías cuando se encuentra la Torá de Moisés en los trabajos de restauración del templo. El tiempo josíaco significa una ruptura y un apogeo para la historia hebrea.
50Véase Assmann (2008: 92) quien toma este concepto complejo elaborado por Aleida
Assmann en 1993. ―Excarnación‖ es la palabra elegida por la autora para explicar la escisión o desprendimiento que se produce entre cuerpo que habla y transmite experiencias o saberes y la escritura de ellos, que a nuestro entender, cobran un sentido ajeno al autor o a los protagonistas de los relatos.
51 Esta relación fue detectada por Rosenvasser (1947: 225-227) en su trabajo sobre
los contactos entre las primeras legislaciones de Grecia y Roma y el código bíblico de la Alianza.
52 Pensamos en varios ejemplos que reflejan esa asociación rey-legislador como
2. Excarnación de la tradición:53 incorporar el concepto de excarnación al de tradición significa para Assmann el paso de lo implícito y la instrucción oral del saber vivido, a través del ejemplo, la imitación y la instrucción lingüística a lo escrito, que acontece en Babilonia y en la diáspora. La tradición escrita debe ser aprendida.
3. El canon desde arriba: la autorización imperial persa de las leyes hebreas tuvo lugar cuando Esdras, miembro de la aristocracia sacerdotal israelita que había quedado en Babilonia, es enviado por su título persa de ―escriba de la ley del dios celestial‖ a la satrapía transeufratina hacia el 400 a. C. en nombre del rey a hacer investigaciones acerca de Judea y Jerusalén en lo relacionado a la ―ley de tu dios‖. Se agrega al texto algo nuevo como es la cultura de la interpretación.54 Se dará así un paso del profeta, cuyo espacio desaparece, al escriba que interpreta la ley divina. Aparecerán entonces las comunidades que se consideran guardianas de tradiciones específicas y de sus interpretaciones. 4. Comunidad textual: son más tardías (época helenística-romana)
pero están asociadas a un fondo de bibliografía normativa. Por los hallazgos fragmentarios de Qumrán, por ejemplo, se sabe que habría una literatura obligatoria para la comunidad. La Biblia hebrea, afirma Assmann, presenta todos los rasgos propios de una biblioteca esencial, que en la estructura canónica final se limita a tres partes, la Torá, Profetas y Escritos. Ahí abre la veta para una escisión judía e israelita de las comunidades textuales. 5. Excecración de la idolatría y concreción lingüística: la escritura
toma el carácter de una codificación de la verdad y frente a ella todas las representaciones de lo divino se tachan de error o ignorancia. Assmann afirma que el lenguaje que se fija por escrito no sólo reemplaza al rey sino también al templo. El canon transforma el templo en escritura, la imagen de culto se traslada a
53 Véase Assmann (2008: 96).
54 Veáse Yerushalmi (1988:15), quien afirma que aquí se da el nacimiento de la
la escritura. A la concreción lingüística le corresponde el ensanchamiento hermenéutico que acompaña la mirada lectora. La llamada ―gente del libro‖ es identificada aquí y puede encontrarse en toda la historia del judaísmo de forma clara con su modo de vida e identidad colectiva. La prohibición de la idolatría, que alcanzaría a Omrí y a su dinastía, calificados de idólatras, se manifiesta como la más radical de las excarnaciones que, durante el helenismo y la Antigüedad tardía, se desarrolla como abominación religiosa.
2. La exégesis clásica del texto bíblico
Para aproximarnos más aún al texto original que relata el período que nos interesa, disponemos de métodos de análisis elaborados por los exégetas. El primero que mencionaremos es el de la Crítica Textual, que parte de la pregunta sobre cuál de las diversas lecturas de un mismo texto es la más cercana a la intención que tuvo su autor. La Crítica Textual define como texto original a la forma hipotética que tenían los escritos del Antiguo Testamento cuando formaron paulatinamente el canon a partir del siglo IV a. C. Este texto incluyó la fijación consonántica, aunque los especialistas consideran que sólo se puede hablar de reconstrucción del texto que ha sido canonizado a fines del siglo I d.C. en el judaísmo rabínico y cuyo representante es el Texto Masorético, que está plasmado en la Biblia Hebraica Sttutgartensia (BHS), con la cual trabajamos.
Para la exégesis de textos bíblicos, es necesario acudir también a la versión griega del Antiguo Testamento, conocida como LXX, Septuaginta o Versión de los Setenta. Según la leyenda, setenta o setenta y dos sabios hicieron esta traducción del texto hebreo al griego.55 El uso de las concordancias es fundamental para entender los conceptos teológicos, la
55 Entre los siglos III y II a.C., en Alejandría, para los judíos de la diáspora que vivían
historia de los términos y sus relaciones.56 Se utilizan las concordancias bíblicas porque no hay una correspondencia absoluta entre las palabras castellanas y las de las lenguas originales de la Biblia. Hay casos en los que una palabra hebrea o griega se traduce de varias maneras al castellano, tiene distintos significados a lo largo de la historia y cada autor los carga con interpretaciones propias, que pueden variar incluso dentro de una misma obra.
Los exégetas no han podido desarrollar un procedimiento uniforme para la Crítica Textual debido a la complejidad del proceso de transmisión del texto. Sólo contamos con algunos principios, vinculados con el trabajo sobre cualquier texto antiguo. Debe considerarse que la actual BHS, que es el texto oficial del judaísmo, no se conserva tal como fue escrito, ya que la vocalización hebrea es posterior y es obra de los masoretas.
Otro aspecto a considerar es que el Texto Masorético es una recensión de los originales, como lo indican las traducciones y tradiciones del texto, sobre todo, las formas hebreas que se pueden postular como base de la Septuaginta, los textos de Qumrán y el Pentateuco samaritano. Estos tres textos divergentes, constituyen a su vez recensiones. Por eso, en la Crítica Textual, generalmente se siguen los siguientes pasos: recopilación de las variantes, examen de las mismas y decisión. Las variantes pueden incluir omisiones, inserciones, reemplazos u otros órdenes de las palabras. En la recopilación se ordenan las variantes y los datos de la historia del texto excluyendo, en primer lugar, los cambios intencionales y las paralelizaciones del texto. Luego, se indican los testigos en el siguiente orden según su rango de importancia: Texto Masorético, Pentateuco samaritano, Qumrán y LXX; luego las versiones griegas, siríaca, Targum, Vulgata (así lo hace la BHS). Además de revisar la
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Las más importantes concordancias hebreas para el texto original del Antiguo Testamento hebreo son Veteris Testamenti Concordantiae Hebraicae atque Caldaicae