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Mapa de áreas paisajísticas

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Academic year: 2020

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Sea el p rim e r a g ra d e c im ie n to para la failia de D. Ju lio Cano Lasso, pues la p o rta d a del lib ro está e la b o ­ rada a p a rtir de un d ib u jo suyo de la Fachada Urbana de M adrid, in c lu id o en un tra b a jo titu la d o “ La C iudad y su Paisaje” que p u b lic ó el p ro p io a u to r en los años setenta.

Hay que agrad ece r ta m b ié n a los p ro p io s p onentes su desiteresada co la b o ra ció n en esta pub lica ció n .

Los te x to s p u b lica d o s son tra s c rip c ió n de las conferencias d ictad as en las jorna d as con ocasionales in co rp o ra cio n es p ro ced en te s de las ponencias escritas previas, que se ano tan en cada caso.

La ilustraciones son, en general, las utiliza da s p o r los p onentes en cada caso y /o la incluidas en los e stu ­ dios realizados para el A y u n a tm ie n to de M adrid, cuando la ponencia consistía en la presen ta ció n se ese estudio. La m ayoría son de e la bo ración p ro pia de los ponentes, otras pro ced en de Iso archivos m u n ic i­ pales, de diversas páginas w eb de adm in istracion e s públicas, o están to m a da s del lib ro “ H istoria del u rb a ­ n ism o ” de P. Sica p u b lic a d o p o r el I.E.A.L. o de otras p u b lica cio n es académ icas.

Para la realización de la p u b lica ció n , y de las propias jorna d as se ha c o n ta d o con la asistencia t'c n ic a de Verónica del Mata, A lb a Pracucci, Belén Á lvarez y de la em presa Synergie Consultores.

La supervisión de la p ub lic a c ió n ha c o rre s p o n d id o al D e p a rta m e n to de Paisaje U rbano de la O ficina dle C entro del A y u n ta m ie n to de M adrid bajo la d ire cció n de A n to n io Díaz Sotelo con la co la b o ra ció n de Begoña San José Herrera y Lydia N avarro Velasco.

También han co la b o ra d o B eatriz Blanco García, B eatriz Gil Expósito, Gema G onzález Molina, Isabel B erenguer Seguí, Isabel G arcía-Escudero Gómez, J e ró n im o B erm ejo Jim énez, Paloma Esteban A tienza, Raquel González Fernández, Rosa María G onzález M ediavilla, S oledad Checa Sánchez y V irgin ia Blanco Blanco.

Finalm ente agrad ece r su apoyo al p ro p io A y u n ta m ie n to y en su N om bre a:

D. Miguel Ángel V illanueva González

C onsejero D elegado del Área del G obierno de Econom ía y P a rticip ació n Ciudadana.

D. Juan del Álamo Jiménez

C o o rd in a d o r de P a rticip ació n C iudadana y O ficina del C entro

D. Javier Serrano de Toledo

D ire c to r General de la O ficina del C entro

D. Fermín Oslé Uranga

D ire c to r General de Vías Públicas y E quip am ien to s U rbanos

D. Juan José Echevarría Jiménez

D ire c to r General de P a trim o nio C ultural

EDITA: © AYUNTAMIENTO DE MADRID.

Área de G o bie rn o de Econom ía y P a rticip ació n Ciudadana. O ficina del C entro DISEÑO: A LC A N D O R A PUBLICIDAD, S.L.

IMPRESO POR: GRÁFICAS MANFAR ISBN: 978-84-7812-655-2

DEPÓSITO LEGAL: M -9188-2007

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PRESENTACIÓN ... ... 005 Miguel Ángel Villanueva González.

Consejero Delegado del Área de Gobierno de Economía y Participación Ciudadana.

APERTURA... -» 0 0 9

ESTRUCTURA DE LAS JO R N A D A S... 013

SESIÓN A: EL PAISAJE URBANO DEL CENTRO DE MADRID

EL PAISAJE URBANO DE MADRID. Carlos Sambricio Ribera de Echegaray ... -» 017 LA CIUDAD DE LAS APARIENCIAS. Félix Murcia Aguayo ... 033 DIAGNÓSTICO SOBRE LA CALIDAD DEL PAISAJE URBANO DE MADRID

Javier Maderuelo ... 053 MAPA DE ÁREAS PAISAJÍSTICAS.

José Fariña Tojo | José A ntonio Corraliza R o d ríg u e z ... -> 067

SESIÓN B: EL PROYECTO DEL ESPACIO PÚBLICO

PROYECTOS DEL ESPACIO PÚBLICO EN ENTORNOS HISTÓRICOS. Marco Ardielli ... 087 LA PAR TIC IPACIÓ N EN LA PLANIFICACIÓN DE LA CIUDAD.

COMO ESPACIO PÚBLICO: ALGUNOS CASOS EN ITALIA. Claudio Calvaresi ... -» 097 ANÁLISIS Y DIAGNÓSTICO DE LOS MATERIALES CONSTRUCTIVOS

EN LA URBANIZACIÓN DE CALZADAS Y PAVIMENTOS DEL CENTRO DE MADRID.

A ntonio Lopera Arazola ... 109 PROGRAMA DE RENOVACIÓN DE ESPACIOS URBANOS DE LYON.

Jean Louis Azema ... 119

SESIÓN C: COORDINACIÓN DE ACTUACIONES DE PAISAJE URBANO

ORDENANZAS CROMÁTICAS SOBRE PAISAJES CONSTRUIDOS.

Joan Casadevall Serra ... 133 LA ADECUACIÓN DE LA ESCENA URBANA: DISEÑO, PROGRAMACIÓN, GESTIÓN.

Francisco Pol ... 147 MESA REDONDA: INSTRUMENTOS DE COORDINACIÓN

EN MATERIA DE PAISAJE URBANO ... -> 160 LA EXPERIENCIA DEL INSTITUTO DEL PAISAJE.

J. Manel G avillé Inglés ... -> 161 REGULACIÓN DEL PAISAJE URBANO EN VARIAS CIUDADES EUROPEAS.

José Fariña Tojo ... -> 165 ASPECTOS DEL PAISAJE URBANO EN LA CATALOGACIÓN DE EDIFICIOS.

Victoria Catalina Muñoz ... -> 169 EXPERIENCIAS RECIENTES DE LAS ORDENANZAS SOBRE MOBILIARIO

Y PAISAJE URBANO. Juan José Fernández-Villa Medina ... -> 173 DEBATE ... -> 177

-> CLAUSURA ... -> 183

-> EXPOSICIÓN DE PANELES... -> 187

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M A P A DE ÁR EA S PAISAJÍSTICAS

José Fariña Tojo

José Antonio Corraliza Rodríguez

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J O R N A D A S T É C N I C A S M U N I C I P A L E S 0 ^ SESIÓ N A. E L PAISAJ E U RB A N O EL P A IS A J E D E L C E N T R O H IS T Ó R IC O 0 0 DEL C EN T RO DE M A D R ID

JOSE FARIÑA TOJO

José Fariña es D o c to r A rq u ite c to y Lice ncia do en Derecho

C a te d rá tico de U niversidad y D ire c to r del D e p a rta m e n to de U rbanística y O rdenación del T e rrito rio de la U niversidad P olitécnica de M adrid.

D irector del Consejo de Redacción de la Revista Urban. D irector de Cuadernos de Investigación Urbanística. Pertenece tam bién al Consejo de Redacción de la revista electrónica CF+S ( “ Ciudades para un F uturo más Sostenible” ). M iem bro de núm ero de la Asociación Española de Técnicos Urbanistas y de la Asociación Internacional de Técnicos Urbanistas.

Asesor del Program a de Buenas Prácticas del M inisterio de F om e nto y e x p e rto del G rupo de Trabajo sobre Diseño U rbano S ostenible de la Unión Europea. M iem bro del G rupo de Investigación “A rq u ite c tu ra y U rbanism o más S ostenibles” de la U niversidad P olitécnica de M adrid.

Más de veinte libros p ub lica do s entre los que destacan “ Clima, te rrito rio y u rb a n is m o ” , “ La ciud ad y el m edio n atu ra l" o “ La p ro te c c ió n del P a trim o nio Urbano, in stru m e n to s n o rm a tiv o s ” . C olabora en la m ayor p arte de las revistas especializadas y ha p a rtic ip a d o en varias p u b lica cio n es colectivas.

Ha d irig id o num erosos trab ajo s profesionales y de inve stiga ción para la Unión Europea, A d m in is tra c ió n central española y d iferen te s C om unidades A u tó n o m a s p rin c ip a lm e n te M adrid, C astilla-León y C astilla- La Mancha. Su a c tiv id a d en el m o m e n to actual se centra en el análisis de la relación entre el Paisaje (U rb an o y N atural) y los tem as de so sten ibilid a d.

JOSE ANTONIO CORRALIZA

José A n to n io C orraliza es S o ció lo g o (1979, U niversidad C om plu te nse de M adrid), y D o c to r en Psicología (1986, U niversidad A u tó n o m a de M adrid), con una Tesis d o c to ra l sobre las dim ensiones afectivas del m ed io c o nstruid o. Profesor titu la r de Psicología Social y de Psicología A m biental en la Universidad A utónm a de Madrid (D epartam ento de Psicología Social y M etodología). Imparte docencia de Psicología Am biental y de Percepción Am biental, ta nto en la Facultad de Psicología com o en la titulación de Ciencias Ambientales.

Después de e stud iar aspectos generales de la Psicología Social, su inve stiga ción se ce n tro en el s ig n ifi­ cado del m ed io c o n s tru id o y la p ercep ción de paisaje.

Ha e scrito los libros de La experiencia del a m b ie n te (M adrid, Tecnos, 1987), y ha c o e d ita d o los titu la d o s C o m p o rta m ie n to y M edio A m b ie n te (M adrid, 1988), La conservación del e n to rn o -La C onservación del Entorno. Program as de Inte rve nció n en Psicología A m b ie n ta l (Sevilla, Agencia del M edio A m b ie nte, 1988), El c o m p o rta m ie n to en el m edio natural y c o n s tru id o (M érida, 1994). En 1994, p ub lica el lib ro de Educación A m b ie n ta l: C on cep to s y Propuestas (M adrid, CSS).

R ecientem ente, ha c o o rd in a d o un núm ero m o n o g rá fic o de la revista E studios de Psicología titu la d o V ivie n d o los Problem as A m bientales: A c titu d e s y C onciencia Ecológica. A ctua lm e nte , está p re pa ra nd o la edición de un lib ro interna cion al en co la bo ración con M oser (U niversidad de Paris V), Pol (U niversidad de Barcelona), M. Bonnes (U niversidad de la Sapienza, R om a) y G iuliani (CNRS, Rom a), titu la d o People, Places and Sustainability, que aparecerá la p ró xim a prim avera.

Desde 1993, ha d esa rrollad o un p ro y e c to de inve stiga ción sobre las creencias a m bientales de la p o b la ­ ción española, y, en esta m ism a línea, d irig e el p ro y e c to E co b a ró m e tro del A y u n ta m ie n to de M adrid en la a ctualidad.

Este tra b a jo ha sido re d a c ta d o en el m a rco del co n ve n io de c o la b o ra c ió n e n tre el Á rea de G o b ie rn o de E conom ía y P a rticip a ció n C iudadana del A y u n ta m ie n to de M a drid y el In s titu to Juan de H errera de la U niversidad P o lité cn ica de M adrid, para la d e fin ic ió n de c rite rio s e s tra té g ic o s de re vita liza ció n del c e n tro u rb a n o de M adrid.

Ha sid o d irig id o p o r José Fariña. El e q u ip o de re d a cció n ha e sta d o fo rm a d o por: José Fariña (a rq u ite c to ), José A n to n io C orraliza (p s i­ c ó lo g o ) y M iguel Á n g e l P rie to (a rq u ite c to ). Tam bién han co la b o ra d o los a rq u ite c to s : J u lio García Lanza, A g u stín H ern ánd ez y F e rna ndo Roch así co m o la e s tu d ia n te de a rq u ite c tu ra M arta Sánchez y A lic ia Esteban, e s tu d ia n te de Psicología. La d ire c c ió n y su p e rvisió n po r p a rte del A y u n ta m ie n to de M a drid ha e sta d o a c a rg o del D e p a rta m e n to de Paisaje U rba no de la O ficin a del C e n tro del A y u n ta m ie n to de M a drid."

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Mapa de Áreas Paisajistas

1. Objetivos

El p roceso de re c o n o c im ie n to e id e n tific a c ió n de una ciudad, ta n to p o r el v is ita n te co m o p o r el resi­ dente, se p ro d u ce a m ú ltip le s niveles ta n to p e rc e p ­ tivo s co m o de escala. Pero sin conocer, p o r lo m enos en parte, c ó m o se p ro d u ce este proceso, las a ctua cion es y p ro ye cto s que se realicen sobre la m ism a sólo resultarán e fe ctivo s si la in tu ic ió n del p ro yectista es la adecuada. C ualquier in te n to de racionalizar este proceso de decisiones pasa, nece­ sariam ente, p o r c o nse gu ir un a cercam ien to más v e rific a b le y c o m p a rtid o a esta realidad. Esto es lo que p ro p o n e m o s con el tra b a jo cuyos resultados se exponen a c o n tin ua ció n .

Se tra ta de un tra b a jo de inve stiga ción y co m o tal de un p u n to de p a rtid a para p o d e r m o d ific a r y c o m p le ta r en sucesivas revisiones. Pero, adem ás tal y co m o se explicará p o s te rio rm e n te , se ha pen ­ sado co m o p arte de o tro más c o m p le jo cuya fin a ­ lidad ú ltim a sería la de e stablecer c rite rio s de valor de la escena urbana en el in te rio r de la ciudad.

En esta p rim era p a rte p ro p o n d re m o s un m apa de áreas p e rce p tiva s del á m b ito del APE-01 del Plan General. Á m b ito que c o in c id e su sta n cia lm e n te con el área de tra b a jo de la O ficin a del C entro. Las áreas p e rc e p tiv a s resu ltan te s son s im p le m e n te s u p e rficie s del te rr ito rio de la ciu d a d que el c iu d a ­ dano y el v is ita n te id e n tific a n c o m o unidades. A unque, de m om en to , no se hayan e s ta b le c id o c rite rio s de v a lo ra c ió n para dichas áreas su u tili­ dad es in m e d ia ta p o rq u e p e rm itirá p la n te a r á m b i­ tos para la to m a de decision es en m uchas m a te ­ rias, desde la señalética hasta la a d q u is ic ió n de m o b ilia rio .

Resulta, sin em bargo, necesario a d v e rtir que para m uchas a ctua cion es es casi im p re s c in d ib le co n ta r

con algún sistema de valoración de la calidad de la escena urbana de cada una de las áreas p ro p u e s­ tas, p o r lo que consideram os co nveniente se reali­ cen cu an to antes d ichos trabajos.

2. Antecedentes terminológicos

T ra d icio na lm e nte el paisajism o se ha enca rg ad o del e stu d io y a ctua ción de las co m p on en te s más visuales del te rrito rio . En su d iccio na rio , la Real A cadem ia Española de la Lengua o fre ce hasta tres acepciones del té rm in o paisaje, de las cuales las dos prim eras tienen un interés d ire c to para nos­ otros.

Por una p arte aparece d e fin id o co m o "extensión de te rre n o que se ve desde un s itio ” , y p o r otra co m o "extensión de te rre n o considerada en su

a spe cto a rtís tic o ” . Si esta extensión de te rre n o se

refiere a una ciud ad parece que el paisaje podrá ser a d je tiv a d o de urbano.

En cu alqu ier caso parece inherente al té rm in o la a c tiv id a d de “c o n te m p la c ió n ". Un paisaje “se ve” ,

“se c o n te m p la" , "se a d m ira ” . En to d o caso, si la

c o m p o n e n te em o cio n al es m uy fu e rte “se s ie n te ” o

“e m o c io n a ". N orm alm e n te estas son las e xpresio ­

nes que se u tiliza n cu an do uno se e nfren ta a los paisajes más tó p ic o s co m o puede ser un panoram a natural o la vista de un p u e b le c ito desde una c ie r­ ta distancia.

Sin em bargo, en una calle, en una plaza o en un ja r­ dín “se está", “se p asa” , “se entra", “se sale". Uno se c o m p o rta de una fo rm a u otra según la p arte de la ciudad en la que se encuentre. Es decir, actúa,

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J O R N A D A S T É C N IC A S M U N I C I P A L E S “N i SESIÓ N A . E L PAISAJ E U RB A NO E L P A IS A J E D E L C E N T R O H IS T Ó R IC O O DEL C EN T RO D E M A D R ID

asume un rol d e te rm in a d o que, en m uy contadas ocasiones, es el de e sp e c ta d o r ajeno al lugar. Es p or esto que planteam os co m o expresión a decua­ da al te rrito rio urbano “ v isto desde d e n tro ” la de Escena Urbana.

Es, precisam ente de Escena Urbana de lo que habla G ordon Cullen en su libro en un libro ya clásico que se titu la "E l paisaje urbano, tra ta d o de estética u rb a ­

nística" . Quizás del libro con lo único con lo que no

estem os de acuerdo en con el título. P robablem ente hubiera sido m ejor que, sim plem ente, se llamara “ Tratado de estética urbanística"', porque, en reali­ dad, es un tra ta d o sobre la escena urbana.

Cullen habla de tres caminos m ediante los cuales el paisaje urbano puede provocar una reacción em ocio­ nal en el individuo: la óptica, el lugar y el contenido.

R especto a la ó ptica , e ntie nd e que la ciud ad se p ercib e m ed ia n te una serie de escenas encadena­ das, a lo que llama “ visión serial". A unque no apa ­ rece claram ente e x p lic ita d o en su lib ro se d esp re n ­ de de esta ¡dea que, desde el p u n to de vista p e r­ ceptivo, la ciudad se c o m p on e de una serie de escenarios consecutivos, en los que el ciudadano va e n tra n d o de fo rm a sucesiva.

Este c o n c e p to de la ciudad co m o co n ju n to de escenarios, ta m b ié n u tiliz a d o p o r el urbanism o barroco, p e rm ite d e sco m p o n e r el pro ble m a del análisis del paisaje en elem entos discretos, lo que fa c ilita su com prensión. Pero además, en la s u b d i­ visión del e stud io del espacio urbano en escena­ rios sucesivos adq uiere una im p o rta n c ia m an ifie s­ ta el hecho del c a m b io de un escenario a otro.

Para explicarla Cullen recurre al c o n c e p to de lugar, al e stud io de "las reacciones re sp e cto a la p osició n que ocupa n ue stro cu erpo en m e d io de lo que le rodea". Desde el p u n to de vista del sujeto, la situ a ­ ción de estar fuera, d en tro , acercándose, etc... a, o en cada uno de los escenarios, es lo que p o sib ilita la “ visión serial” . Lo explica así:

1. Publicado por la editorial Blume en castellano en el año 1974, tan sólo cua­ tro años después de aparecer la edición inglesa titulada Townscape.

“Si, en consecuencia, pla ne am o s nuestras ciudades desde el p u n to de vista de una persona en m o v im ie n to (p e a tó n u o c up an te de un vehículo a u to m ó v il) será fá c il c o m ­ p ro b a r que el co n ju n to ciud ad an o se co n ­ vierte en una experiencia plástica, en un viaje a través de a glom e ra cio n es y vacíos,

en una secuencia de exposiciones y e ncie ­

rros, de expansiones y re p re sio n e s".

Por ú ltim o, está la cuestión de lo que Cullen llama el co n te n id o . Es decir, la fo rm a co ncreta que a d o p ­ ta cada uno de los escenarios.

Es e v id en te que Cullen está p a rtie n d o de presu­ puestos que estaban ya en C am illo S itte cuando p u b lic ó su lib ro “C onstrucción de ciudades según p rin c ip io s a rtístico s" pero que se pueden rastrear todavía más en el tie m p o hasta lleg ar a los tra ta ­ distas del R enacim iento.

Estos p la ntea m ie nto s c o rro b o ra n todavía más el hecho de que el e n te n d im ie n to de áreas p e rc e p ti­ vas está más cercano a la “ escena u rb an a ” que al "paisaje urbano".

Esta situ ación a pa re ntem en te clara la viene a e n tu rb ia r n o ta b le m e n te la recie n te m e n te a p ro b a ­ da C onvención Europea del Paisaje1 2 que, en su a rtí­ culo 1, dice te x tu a lm e n te que:

“a) Paisaje designa c u a lq u ie r p a rte d e l te rri­ torio, ta l co m o es p e rc ib id a p o r las p o b la c io ­ nes, cuyo c a rá c te r resulta de la acción de fa cto re s naturales y /o hum anos y de sus interre lacion e s."

Este e n te n d im ie n to o m n ic o m p re n s iv o del paisaje hace que to d o sea paisaje in d e p e n d ie n te m e n te de que el sujeto “/o a dm ire", “se s ie n ta ” , “se e m o c io ­ ne” o “se traslade".

Por tanto, los inten tos de d ife re n c ia r el paisaje u rbano de la escena urbana podrían tro p e z a r con este escollo. Sin em bargo, si ente nd e m o s que

2. Aprobada por el CALRE en su quinta sesión plenaria celebrada en Estrasburgo entre los días 26 y 28 de mayo de 1998.

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Paisaje U rbano son, p o r ejem plo, las vistas que A n tó n Van den W yn g ae rd e d ibuja de diversas c iu ­ dades españolas (desde afuera) y Escena Urbana los cuadros del ce n tro de M adrid de A n to n io López (desde d e n tro ) quizás pod am os ponernos de a cuerdo sobre qué estam os e studiando. En rea­ lidad, el p ro ble m a podría solventarse e n te n d ie n d o que, ta n to Paisaje U rbano (la ciud ad p ercib ida desde fu era) co m o Escena Urbana (la ciudad p e r­ cib id a desde d e n tro ) son p arte de una categoría más genérica que sería el Paisaje y que re sp o n d e ­ ría a los deseos e intenciones de preservación del P a trim o nio C ultural que se inten ta con la a p ro b a ­ ción de la C onvención Europea.

3. Antecedentes metodológicos3

En el año 1960 Kevin Lynch p u b lic ó un libro, The

Im age o f the C ity4 , en el que pretendía d ar res­

puesta a c ó m o los ciud ad an o s organizan la im agen de la ciudad. Para ello realizó una encuesta d irecta a los h ab itan te s de tres ciudades norteam ericanas, en la que les pedía m encionaran los elem entos ca ra cterístico s de cada una, dibujaran el plano de la ciudad y d escrib ieran d eta lla d a m e n te itine ra rio s urbanos. Esto lo hizo con tre in ta h ab itan te s de Boston, quince de Jersey C ity y o tro s ta n to s de Los Ángeles.

Desde entonces han tra n s c u rrid o m uchos años pero las bases de su pro pu esta no han sido nunca d esm en tida s5, a pesar de las m uchas críticas reci­ bidas6 .

Para Kevin Lynch deberían de fig u ra r co m o a trib u ­ tos esenciales de la im agen en la ciudad: la o rie n ­ ta ción , el d e s c u b rim ie n to de rutas (lo c a liz a c ió n ) y la fa c ilid a d de m o v im ie n to (d e sp la z a m ie n to s ). Estos son ele m e n tos d e te rm in a n te s en la le g ib ili­ dad del paisaje u rb an o y su fin a lid a d es, básica­ m ente, fa c ilita r el re c o n o c im ie n to de las diferentes partes de la ciudad para organizarías s igu ien do un p a tró n coherente.

3. Esta sección está basada en parte en los apuntes sobre "Paisaje Urbano” realizados por José Fariña y Antonio Díaz para los alumnos de Urbanismo de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid.

4. Existe traducción al castellano: La imagen de la ciudad, Infinito, Buenos Aires, 1966.

En las representaciones m entales de la ciudad d is ­ tin g u e tres com p on en te s: estru ctu ra , id e n tid a d y sign ificad o. Ha sido acusado p o r m uchos autores de descu id ar los dos ú ltim o s para centrarse en los elem entos e stru ctu ra les pero, p ro b a b le m e n te sea d e b id o a la ca pa cid ad de sugestión que estos ú lti­ mos presentan. C om o e lem entos estru ctu ra les en la representación m ental de la ciud ad distingue: sendas, lím ites, nodos, pun tos de re fe re n c ia /m o jo - nes y barrios.

Basándose en las ideas de Kevin Lych, Spreiregen7 p ro p o n e una fo rm a de a b o rd a r el análisis visual de la ciudad sobre la piedra a ngular de lo que llama

"e l d is trito ". Dice:

“ Toda c iu d a d está c o n s titu id a p o r una serie de p a rte s a las cuales d en om ina m o s barrios, d istrito s, enclaves o sectores, o quizá vecin­ darios, barriadas o zonas. Resultan p e rc e p ti­ bles p o rq u e poseen unos rasgos ca racterís­

tic o s d o m in a n te s y p ro fu n d o s . N uestras

im ágenes m entales de las ciudades están basadas, en una gran extensión, en la siste ­ m atiza ció n de estas p artes".

El p la n te a m ie n to inicial parece válido, pero la m e to d o lo g ía que propone, basada en una re c o g i­ da de in fo rm a ció n p rá c tic a m e n te universal que abarca desde variables económ icas hasta otras p uram en te estéticas hace que el resu ltad o final no se sepa m uy bien si, en realidad, es un b arrio o un área perceptiva. En o b v io que, en algunos casos las áreas percep tivas co in cide n con los barrios, pero en otras no.

5. Incluso la mayor parte de la investigación que actualmente se realiza se basa en su metodología. Pueden encontrarse algunos trabajos interesantes en la compilación realizada por Florencio Jiménez y Juan Ignacio Aragonés titulada Introducción a la psicología ambiental, publicada por la editorial Alianza en el año 1988. Como muestra de trabajo reciente basado en los mismos presupuestos puede consultarse el de Francisco José Lamíquiz y Enrique Maciá, publicado con el título de Configuración y percepción en la plaza de Isabel II por el Departamento de Urbanismo de la ETSAM en el año 1998.

6. Quizás la más importante sea la escasa influencia que sus propuestas han tenido en el diseño urbano. Puede encontrarse una crítica a su excesivo for­ malismo en Stringer, P: "La comprensión de la ciudad”, en Canter y Stringer: Interacción ambiental. IEAL, Madrid, 1978. Pero el resumen del conjunto de críticas más demoledoras a las tesis de Lynch puede leerse en apenas dos páginas del libro de Amos Rapoport, Aspectos humanos de la forma urba­ na, GG, Barcelona, pp. 121-122.

7. Spreiregen, Aia: Compendio de arquitectura urbana, Gustavo Gili, Barcelona, 1971.

OFICINA del CENTRO

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J O R N A D A S T É C N I C A S m u n i c i p a l e s '•sj SESIÓ N A . E L PA IS AJ E U RB A N O E L P A IS A J E D E L C E N T R O H IS T Ó R IC O ÍO DEL C EN T RO DE M A D R ID

Planteam os la pro pu esta de Spreiregen para In te n ­ ta r c la rific a r el sig n ific a d o de área p e rce p tiva y m atiza r algunas de las diferencias con un barrio. Un b a rrio sólo puede ser p e rc ib id o p o r el que vive en él o p o rq u e se lo hayan co nta do . Resulta im p re scin d ib le que se haya d esa rrollad o un cie rto se ntid o de a p ro p ia ció n del te rrito rio p o r p arte del In d ivid u o y que esta a p ro p ia c ió n se co m p a rta con otros. De fo rm a que se establecen unos lazos de id e n tid a d e ntre el in d iv id u o y el b a rrio que son esenciales en su d efin ició n. Esto no pasa en las áreas perceptivas. Un área p ercep tiva puede ser sentida co m o tal p o r un tu ris ta sin necesidad de que se haya d esa rrollad o ninguna relación de p e r­ tenencia c o m p a rtid a del te rrito rio . Quizás un e le­ m en to esencial del área p ercep tiva venga dada p or esa sensación de poca precisión en el e s ta b le c i­ m ie n to de los deta lle s que unifica los rasgos y la desvincula del sujeto.

4. Metodología: puntos-ancla, reco­

rridos y áreas perceptivas

Todo el trabajo descansa en el concepto de “área

p erceptiva’’. Leyendo con atención los antecedentes

m etodológicos que se incluyen en el apartado ante­ rior planteam os que, en realidad, la ciudad aparece representada en la m ente del sujeto a niveles diferen­ tes. Existe un prim er nivel de referencias constituido por una serie de puntos singulares (incluso áreas de pequeñas dim ensiones que se com portan com o tales) que básicam ente funcionan com o identidades de reconocim iento. Es com o si en la cabeza tuviéra­ mos una especia de banderillas, colocadas de tal manera que nos perm iten tener organizada la ciudad con una serie de puntos clave. Aparece en segundo lugar to d o un sistema de recorridos que unen entre sí los puntos singulares y que sirven de orientación garantizando la accesibilidad de las referencias. Y, p or últim o, aparece un tercer nivel que es el que hemos denom inado "áreas perceptivas" que rellenan los espacios entre recorridos y que constituyen el sustrato de la ciudad.

N orm alm e n te las áreas percep tivas se establecen co m o áreas de nebulosa (im ágenes p oco precisas) que se sitúan a los lados de los reco rrido s cuando el sujeto se desplaza de una referencia a otra en la ciudad. Este c a rá cte r b orro so hace que solam ente

destaquen algunos de sus rasgos. Incluso en a lg u ­ nos casos el sujeto ni tan siquiera se ha a d e n tra d o en ellas y su im agen es sim p lem en te la de la fa cha ­ da del re c o rrid o o, co m o m ucho, lo que se ve desde las calles transversales que acceden a él.

P artim os de la hipótesis de que un área p ercep tiva viene d e te rm in a d a p o r los re co rrid o s que bordean su c o n to rn o , de fo rm a que estos se c o n vie rte n en e lem entos d e te rm in a n te s en su id e n tific a c ió n .

Si se c o n s id e ra a la c iu d a d g lo b a lm e n te , es decir, si se a tie n d e a las re fe re n cia s de p rim e r o rd e n su e le c c ió n suele ser b a s ta n te clara y p arece n c o in ­ c id ir la m a y o r p a rte de los h a b ita n te s y v is ita n ­ tes. P ro b a b le m e n te so b re p a se n la c a te g o ría de "b a n d e ra s de o rie n ta c ió n ” para a d q u irir la de sím bo los.

En d ete rm ina da s ciudades, entre ellas M adrid, falta un e stu d io de estos sím bolos, las referencias de p rim e r orden están sin estudiar, están sin trabajar; habría que ver qué elem entos son de re c o n o c i­ m ie nto claro p o r p arte de to d o s los h abitantes habría que hacer a lgo para que d e te rm in a d o s ele­ m e n to s ....p o r que si no, no hay m arcas de la c iu ­ dad de alguna manera. Eso es una cosa im p o rta n ­ te para que el ciudadano, en dos tom as sepa que estam os en París. En dos tom as no sabem os que estam os en M adrid. Ése es un p ro ble m a grave que tenem os y que es c o m p lic a d o p o rq u e realm ente es difícil que se puedan crear sím bolos en el ce ntro histórico.

Eso se hace, p o r supuesto, con labores de m a rk e ­ tin g , p o rq u e tie n e que hab er d e te rm in a d o s e le ­ m en tos de re c o n o c im ie n to p u n tu a l que s o b re p a ­

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-se el á m b ito p u ra m e n te de re c o n o c im ie n to para c o n v e rtirs e en a lg o s im b ó lic o . Esto M adrid no lo ha co n se g u id o , q uizá p o rq u e la Cibeles, que es el sím b o lo m a yo r de la c iu d a d ju n to con la p u e rta de A lcalá, no p u e d e fo rm a r p a rte del p e rfil de la ciu d a d c o m o o c u rre con la Torre E iffel en París o c o m o pue de ser el C oliseo de Roma, etc.

En la ciu d a d p re in d u s tria l estas refe ren cia s eran las e nca rg ad as de o rg a n iz a r y a rtic u la r la c iud ad . N o rm a lm e n te m o n u m e n to s , los a rq u ite c to s eran los resp on sab les de su c o n s tru c c ió n . En to rn o a ellos, m irá n d o s e en ellos, iba c re c ie n d o la ciud ad . Uno de los e je m p lo s más im p re s io n a n te s se p ro ­ duce en la c iu d a d de Rom a cu a n d o el Papa S ixto V em p ie za a c o lo c a r o be lis c o s en una serie de s itio s precisos, claves, para la o rg a n iz a c ió n fu tu ra de Roma. De esta fo rm a , las refe ren cia s se c o n s ­ titu y e n en el eje, no so lo de la c o n s tru c c ió n m e n ­ ta l de la c iu d a d , sino ta m b ié n de su c o n s tru c c ió n real.

Los elem entos de referencia, de to da s form as, han c a m b ia d o de la ciud ad tra d ic io n a l a la ciudad actual. Las referencias de la ciud ad tra d ic io n a l son re fe re n c ia s s o b re to d o de m o n u m e n to s . Sin em bargo, en la ciud ad actual el p ro ta g o n is m o ha pasado a las infra e stru ctu ra s que son los ve rd a d e ­ ros ele m e n tos verte bra do re s. De alguna fo rm a el a rq u ite c to ha p e rd id o su referencia en la c o n s tru c ­ ción de la ciud ad y se e ncuentra con verdaderos problem as a la hora de hacer a rq u ite c tu ra a te n ­ d ie nd o al co nte xto . Por lo m enos al e dificad o, aun­ que siem pre queda el m ed io natural co m o excusa. Pero desde el p u n to de vista de la representación m ental de la ciud ad lo único que sucede es que las sendas, y las d is c o n tin u id a d e s se vienen a sum ar a los m ojones y a los nodos co m o e lem entos que em ergen del te jid o.

Pero esto apenas sucede en el ce n tro co nso lid ad o de la ciud ad en el que se está d esa rrollan d o este trabajo. De fo rm a que p od em os seguir co nside ran ­ do la visión clásica de la referencia co m o un e le­ m en to singular que destaca del te jid o y que actúa co m o una especie de “ b a n de rilla m e n ta l” en el mapa de la ciud ad que elabora el sujeto. Es decir, las referencias serían los nodos y los m ojones de Kevin Lynch.

Esta es la razón de que los hayam os d en om ina do "p u n to s -a n c la ” ya que su la b o r básica es una labor de re c o n o c im ie n to y son los apoyos im p re s c in d i­ bles para que los re co rrid o s sirvan co m o ejes o rientadores.

A veces, d e te rm in a d o s p untos-ancla, que destacan entre los destacados p o r te n e r una c o n fig u ra ció n física fu e rte y nítida, si se m antienen p o r tie m p o su ficie nte llegan a a d q u irir el "s ta tu s ” de ve rd a d e ­ ros sím bolos con los que puede llegar a id e n tific a r­ se to d a una ciudad. Form an p arte de esa im agen g lo ba l de la mism a que, m uchas veces no resp on ­ de a su visión de conjunto, ni a su verdadera silue­ ta reco rtad a en el cielo, sino a una representación ideal. G eneralm ente se tra ta de o b je to s visibles desde m uchas posiciones y su m isión trascie nd e la de referencia.

De las grandes ciudades actuales es d ifícil te ne r una im agen global. En la m ayor p arte de los casos esta im agen g lo ba l ha sido su stituid a p o r un sím ­ b o lo o un co n ju n to de tó p ico s. Sin em bargo, en las ciudades pequeñas y en algunas de ta m a ño m edio todavía es p osible una id e n tific a c ió n d ire cta de las mismas.

Los reco rrido s son esenciales en la vivencia de la ciudad porque, en realidad son los encargados de organizaría. P erm iten orientarse, desplazarse y te n e r una idea g lo b a l de la m ism a o de partes im p o rta n te s para el sujeto. Su análisis y ca ra c te ri­ zación resulta d e te rm ina nte, no sólo para m ejorar la le g ib ilid a d urbana sino para c o nse gu ir un fu n c io ­ nam ie n to más e ficie n te de la misma.

Por supuesto que los recorridos dependen esencial­ m ente del m edio de transporte, esto está fuera de toda duda. Sin em bargo, parece que en el sistema de organización de la ciudad que Kevin Lynch den o ­ mina de "agujeros en una m asa”8 presenta algunas peculiaridades. Este sistema presenta la textura típ i­ ca de la ciudad europea trad icio n al y se co rrespon­ de exactam ente con el á m b ito del trabajo.

8. Kevin Lynch: La buena forma de la ciudad, GG, Barcelona, 1985, pág. 282.

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Dice Kevin Lynch que “ las calles y las plazas se excavan en una masa más bien co m p a c ta de e d ifi­ cios de altura m o d e ra d a ” . La calle cuenta con e d i­ ficio s a am bos lados y p o r la mism a tran sitan ta n to peatones co m o vehículos. Se tra ta de la d e n o m in a ­ da ca lle-corredor. Pues bien, en esta calle c o rre d o r las d iferencias p ercep tivas e ntre sistem as de tra n s ­ p o rte tie n d e n a converger, de fo rm a q u e ja p e rce p ­ ción del re c o rrid o tie n d e a unificarse. Ello nos ha p e rm itid o p la ntea r la id e n tific a c ió n de reco rrido s basada en una convergencia de flu jo s peatonales y de tra n s p o rte p riva d o y c o le c tiv o (e xcluid o el m e tro cuyas paradas e nte nd e m o s que funcionan co m o referencias).

El análisis de reco rrido s con Id en tific a c ió n de esce­ narios y diagnosis de los m ism os es o tro tra b a jo im p o rta n te que está ta m b ié n sin hacer y que habría que a c o m e te r cu an to antes. N oso tros u tili­ zam os aquí los reco rrido s exclusivam ente com o ele m e n tos de ayuda para p o d e r d e te rm in a r las áreas perceptivas.

A ntes de realizar el tra b a jo de ca m p o se hizo un e stu d io p ilo to en un área más reducida de cuyo análisis se e xtra jeron las siguientes conclusiones que relacionan áreas percep tivas y recorridos.

La hipótesis Inicial resp ecto a los re co rrid o s era que unos se c o m p o rta b a n co m o bordes (lim ita b a n las áreas) y o tro s lo hacían co m o travesías (a tra v e ­ saban las áreas). Esta hipótesis era fa c tib le m a n te ­ nerla pero lo norm al era que los re co rrid o s se c o m ­ p o rtara n co m o separadores. Sólo en casos m uy excepcionales lo hacían co m o travesías.

A u nq u e las características m o rfo tip o ló g ic a s de las áreas adyacentes al re c o rrid o fueran sim ilares si estas características eran p oco m arcadas el reco ­ rrid o se c o m p o rta b a co m o un borde.

Sólo en el caso de que las áreas p e rcep tivas a dya ­ centes al re c o rrid o tu vieran ¡guales características m o rfo tip o ló g ic a s y éstas fueran m uy m arcadas el re c o rrid o se c o m p o rta b a co m o una travesía.

Lo norm al era que las áreas p e rcep tivas no fueran hom ogéneas pero sí que la m ayor su pe rficie fuera de características m o rfo tip o ló g ic a s com unes. Al resto de superficies m enores las d en om ina m o s enclaves. Casi to da s las áreas p e rcep tivas seguían el p a tró n de una m o rfo tlp o lo g ía básica con a lg u ­ nos enclaves.

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-En algún caso el área p ercep tiva estaba fo rm a da p o r un m osaico de enclaves en cuyo caso se p e rc i­ bía co m o una nebulosa ¡ndlferenciada y el re c o rri­ do tendía siem pre a c o m p o rta rs e co m o un borde.

5. El Estudio

Uno de los m ayores p ro ble m a s con los que se e n fre n ta el análisis del paisaje (sea de naturaleza o de escena u rb an a) es el de la d e te rm in a c ió n de las unidades de análisis. En el tra b a jo rea liza do se ha p ro b a d o una m e to d o lo g ía para la d e te c c ió n de estas u nidades para el caso de la escena urbana en c e n tro s c o n s o lid a d o s de ciud ad es tra d ic io n a ­ les (co m p a cta s, basadas en el sistem a de calle- c o rre d o r y con tip o lo g ía m a y o rita ria de m anzana cuajada).

Lo p rim e ro que hicim os fue la d e te rm in a c ió n de los pun tos ancla, de las referencias que había en el ce n tro de la ciudad. R ecurrim os a dos indicadores: Por una p arte la frecu en ciació n turística, para ver qué partes de la ciud ad eran im p o rta n te s para los que venían de fuera y p o r lo ta n to ya tenían un c a rá cte r de sím bolo que de alguna m anera se separaban, y p o r otra la ce n tra lid a d y a ccesibili­ dad. Con ello o b tu v im o s una serie de p un tos anclas, de referencia, los hitos, para p o d e r d e sp la ­ zarnos p o r la ciudad, para saber d ó n d e estábam os.

La cualidad que hace que resulte

fácil a una persona reconocer las

formas de una ciudad (o un espa­

cio urbano) y organizarías en una

unidad coherente.

[^ P r o p ie d a d de la id e n tid a d .

“Una imagen eficaz requiere, en

primer término, la identificación

de un objeto, lo que implica su

distinción respecto de otras

cosas, su reconocimiento como

entidad separable” (K. Lynch,

1960, 8).

[-»] P ro p ie d a d de la le g ib ilid a d .

El sig u ie n te tra b a jo fue e sta b le ce r los re c o rrid o s u n ien do e ntre sí los p u n to s ancla m e d ia n te las vías de m ayo r flu jo c irc u la to rio (p e a to n a l y de vehículos). Este c rite rio se c o m p le tó en casos de dudas re c u rrie n d o a la m ayo r im p o rta n c ia c o m e r­ cial del área. Desde el p u n to de vista de la d e te c ­ ción de unidades de análisis c o n s titu y e n una re tí­ cula que d e te rm in a las áreas m ínim as. Sobre otras m e to d o lo g ía s basadas en el e s ta b le c im ie n to de cuadrículas, tria n g u la c io n e s u o tra s fig u ra s g e o ­ m étricas que se so bre p o n e n a la tram a urbana, presentan la ve nta ja de c o rre s p o n d e r al fu n c io n a ­ m ie n to ta n to del m apa m en tal de la ciud ad , co m o del uso e fe c tiv o e s te re o tip a d o que se hace de las áreas urbanas.

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m ayor frecu en ciació n, se o b tie n e n 39 áreas que quedaban a am bos lados de los recorridos. Eran áreas de análisis.

Luego pasam os al tra b a jo de ca m p o rellenando un cu e stio n a rio para cada una de las áreas y realizan­ do el archivo fo to g rá fic o y de id e n tific a c ió n de las mism as con la d e te rm in a c ió n p o r los e xpe rto s de las co n d icio ne s de dichas zonas y de los tram o s de cada reco rrido . Tanto el cu e stio n a rio co m o el arch ivo fu eron la base que p e rm itió e stablecer ele­ m entos de c o n tig ü id a d y de ve cindad e ntre áreas de fo rm a que exista una preasignación de los reco ­ rrid os co m o <bordes> o <travesías>. Tam bién p e r­ m itió resolver algunas inconsistencias que se habí­ an p la ntea do en la d e te rm in a c ió n de las áreas.

A la vez se estaba realizando un e stud io m o rfo ti- p o ló g ic o de to d a el área, en el cual consideram os once indicadores, e ntre ellos: índice de capacidad de manzanas, índice de co m p a cid a d de parcelas, núm ero de m anzanas p o r zona, así hasta once in d i­ cadores para e stablecer una m o rfo tip o lo g ía y para ve rific a r que e fe c tiv a m e n te existen características d ete rm in a n te s com unes en algunas de las áreas adyacentes.

Con o b je to de acelerar el trabajo, recu rrim o s a rea­ lizar un análisis estad ístico específico de c o n g lo ­ m erados je rá rq u ico s para este estudio. Y sobre la base del análisis más los planos de d is trib u c ió n variable p o r zonas, la o p in ió n de los e xpe rto s que habían realizado el tra b a jo de ca m p o y el resu lta ­ dos de las encuestas realizadas se p ro c e d ió a la a g ru p a ció n de zonas o b te n ié n d o se al final 16 áreas perceptivas. Estas áreas percep tivas han resultado de un p roceso que no es a uto m á tic o ; cu an do nos refe rim os al paisaje las cuestiones percep tivas son cuestiones subjetivas y, p o r lo ta nto, in te rp re ta ­ bles. En relación con el b o rd e de las áreas tu v im o s bastantes discusiones: en o tro s casos parecía más evidentes, p o r e je m p lo el área 13 que c o rresp on de al B arrio de Salamanca.

En c a m b io había otras zonas m ucho más c o m p li­ cadas, p o r e je m p lo to d a la zona sur que ahora m ism o tie ne graves p ro ble m a s de id e n tid a d . Al final d e c id im o s que realm ente el b orde in fe rio r

perceptiva, de esas que hem os m en cio n ad o con m uchísim os enclaves d istin to s, que p osib le m e n te requiera algún sistem a de sutura e ntre los d ife re n ­ tes enclaves para que pueda fu n c io n a r a de cua da ­ m ente co m o área percep tiva. El resu ltad o es el m apa final de cada una de esas áreas. Por supues­ to que cada área no es hom ogénea, solam ente en casos m uy especiales, el B arrio de Salamanca, el área del C entro h is tó ric o tam bién.

4 0 personas residentes distintos

barrios de la ciudad de Madrid,

que fueron elegidos en la

Escuela de Arquitectura (UPM,

Campus de Moncloa) y en la

Facultad de Psicología (UAM,

Campus de Cantoblanco).

0

M e to d o lo g ía . M uestra de p a rticip a n te s.

El equipo de investigación

decidió realizar una colección

de fotografías que representara

cada una de las 16 áreas

descritas.

De forma aleatoria, se seleccio­

naron 3 calles de cada una de las

áreas definidas.

Q M e to d o lo g ía . C olecció n de escenas urbanas de las áreas de finidas.

Los 4 0 participantes realizaban

una tarea de clasificación de

estímulos.

A los componentes de la mues­

tra se les pedía que relacionaran

con cada una de las fotografías

ancla (1 por área) el resto de las

fotos que conformaban la

colección.

Q M e to d o lo g ía . C o le cció n de escenas urbanas de las áreas de fin id a s.

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p o r la idea de que es p e rfe c ta m e n te id e ntifica ble . El p ro p ó s ito del e stu d io que hem os llevado a cabo era un e stu d io fo to g rá fic o en cada una de estas áreas para evaluar la h om o g e n e id a d de las m is­ mas, ver si tenían un tip o de e n tid a d perceptiva. Para ello p artíam os fu n d a m e n ta lm e n te del co n ­ c e p to de id e n tid a d y del c o n c e p to de leg ibilid a d.

La id e n tid a d de una escena urbana es fu n d a m e n ­ ta lm e n te la p ro p ie d a d que tie ne aquella escena urbana de ser fá c ilm e n te id e n tific a b le , que se puede d ife re n c ia r y que se reconoce co m o una e n tid a d separable. Adem ás de ello ta m b ié n te n e ­ mos en cuenta la leg ilib id a d , es decir, la cualidad que tie ne aquel paisaje, la p ro p ie d a d que tiene aquella escena de ser fá c ilm e n te reco no cible para una persona y en la que se puede o rie n ta r con fa c i­ lidad, se puede o rg a n iza r en un to d o coherente. Nuestra idea era ver hasta qué p u n to eran id e n tifi­ cadles y legibles estas escenas. Para e llo co nta m o s con 4 0 personas extraídas de dos núcleos, el Cam pus de la U niversidad A u tó n o m a y la Escuela de A rq u ite c tu ra ; g en te m uy variada, de m uchos barrios de M adrid. H icim os una co le cción de fo to ­ grafías de cada una de las 16 áreas y sorteam os p o r un p ro c e d im ie n to que co nsistió en to m a r el mapa y hacer una rejilla y al azar e le gir pun tos de confluencia en cada una de las áreas.

Elegim os al azar tres fo to g ra fía s p e rten e cie ntes a cada una de las áreas y anulam os aquellas fo to g ra ­

sificació n de las fo to s. N osotros habíam os to m a d o una fo to de cada área que era la que co nsid e rá b a ­ m os la fo to ancla y veíam os que otras fo to s se aso­ ciaban con ellas. El resu ltad o es un co n ju n to de asociaciones. V im os que había fo to s que eran m uy salientes, que suscitaban m uchísim as asociacio ­ nes, p o r e je m p lo las fo to s que más asociaciones p rovocaban eran las p erten e cie ntes a la zona del Barrio de Salamanca, d on de había m uchísim os ele­ m entos que inducían referentes de fa m iliarida d. Lo que a n oso tro s nos interesaba era ver la h o m o g e ­ neidad de las áreas que se habían c o n s tru id o p or c rite rio s de fu n c io n a lid a d y m o rfo tip o ló g ic o s .

¿Son realm ente consistentes estas áreas? Para ello aquí tienen el p o rcen ta je de asociación de una fo to con las co rre sp o n d ie n te s a su área en relación con el to ta l de asociaciones establecidas con la fo to ancla. Vem os que p o r ejem plo, el área 12, era el área d o n d e se producían más asociaciones ju n to con el área central de M adrid. A p a rtir de aquí c o n stru im o s lo que llam am os un índice de h o m o ­ geneidad. D ábam os un va lo r a las asociaciones con su área, es decir, si la m edia de las a so cia cio ­ nes de cada una de las fo to s con la co rre s p o n d ie n ­ te a su área era su p e rio r a la m edia y adem ás a dos desviaciones típicas le dábam os un va lo r de 6; si era su p e rio r a la m edia y a una desviación típ ica de dábam os un va lo r de 5; si era igual a la media, 4; si era in fe rio r a la media, 3 y si era in fe rio r a la m edia y m enos dos desviaciones, le dábam os un 2.

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P orce ntaje de a so cia ción de una fo to con las c o rre s p o n d ie n te s a su área, en re la ción con el to ta l de a so cia cione s e sta b le cid a s con la fo to ancla.

O FIC IN A delCENTRO

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El resu ltad o lo tienen en la tabla, d o n d e vem os las áreas que son consideradas más hom ogéneas en fu n ció n de la asociación de las fo to s e ntre sí. Vemos que son las áreas 4 (la zona C entro), 8 (la zona de M artín de los Heros) , 14 (la calle Menorca y el sur de O 'D o n e ll) y 16 (la zona de Pacífico), las consideradas más hom ogéneas. Establecim os cua­ tro niveles de hom og en eid ad ; en el nivel cu a tro de h om o g e n e id a d están más de la m itad de las áreas que habíam os d e s c rito y en casi to da s ellas hay indicios, a pesar de lo azaroso del p ro ce d im ie n to , que p erm ite n confirm ar, de alguna manera, esta ¡dea de la hom og en eid ad . El área que, a p riori, parece m enos hom ogénea es el área de palacio, p ro b a b le m e n te sea un e fe cto del urbanism o pero ta m b ién de esa especie de desnivel g e o ló g ic o que atraviesa el oeste de M adrid.

Lo que hem os q u e rid o sobre to d o era p ro b a r una m e to d o lo g ía , que tie n e que ser a m pliada. La m uestra de fo to s es baja, no pod em os in fe rir el área p ercep tiva a p a rtir de una m uestra tan e s tric ­ ta aunque haya sido hecho p o r p ro ce d im ie n to s re lativa m en te co n tro la d o s. De lo que sí nos dam os cuenta es que es fu n d a m e n ta l c o n firm a r si la idea que te ne m o s en la cabeza aparece ta m b ié n en la m uestra de los usuarios.

A pesar de las d ific u lta d e s técnicas surgidas a lo largo de este proceso m e to d o ló g ic o (resueltas con m ayor o m en or fo rtu n a , en fu n ció n de las p o s ib ili­ dades económ icas y de acceso a la inform a ción con las que se co n ta b a n ) el resu ltad o final parece bastante consistente. Ello p o sible m e nte sea d e b i­ do a las cautelas y redundancias in tro d u c id a s para v e rific a r to d o s y cada uno de los pasos que se han dado.

La conclusión o b te n id a es un <área p e rc e p tiv a s no n ecesariam ente un <área h o m o g é n e a s La m ayor p arte de las áreas percep tivas NO son hom ogéneas ya que el área p ercep tiva queda caracterizada, no sólo p o r el te jid o que encierra sino ta m b ié n p o r los reco rrido s que la lim ita n y p or el resto de áreas adyacentes.

Un <área p e rce p tiva > ta m p o c o tie ne p o rq u e ser un <área c a ra c te rís tic a s A lgunas de las áreas p e rc e p ­

re p e rto rio ic o n o g rá fic o del sujeto. En m uchos casos aparecen co m o “nebulosas", bien p o rq u e el sujeto las desconozca e nte ra m en te o p o r el hecho de no c o n ta r con ele m e n tos dom inantes.

Un <área p e rce p tiva > ta m p o c o es un <barrio>. El c o n c e p to de b a rrio tie n e que ver con la a p ro p ia ­ ción que el sujeto hace del te rrito rio y con su id e n ­ tific a c ió n con éste. Un área p ercep tiva no está rela­ cionada con la a p ro p ia c ió n del te rrito rio p o r el sujeto, ni tan siquiera con su id e n tific a c ió n . Es, sen­ cillam ente, un d e s c rip to r m ental de una superficie. Es posible que un área p ercep tiva co in cida con un b a rrio pero será exclusivam ente d e b id o a que los valores de te jid o y de b o rd e de esa área te rrito ria l d en om ina da b a rrio son m uy intensos.

Puede o c u rrir que existen áreas percep tivas a dya ­ centes con características m o rfo tip o ló g ic a s id é n ti­ cas. Ello es deb id o, en la m ayor p arte de los casos, a que la p ote ncia de separación del b o rd e es m uy su p e rio r a la de unión del te jid o com ún en ambas.

El c o n c e p to de <área p e rce p tiva > es e n te n d id o en este tra b a jo co m o una unidad de análisis re la tiv a ­ m ente co nsiste nte que p e rm ite e s tru c tu ra r la c o m ­ prensión de la to ta lid a d de la tram a urbana, a p a r­ tir de los segm en to s co m p osicion ale s que la c o n ­ form an. En este sentido, la áreas percep tivas son segm entos socio-espaciales de la tram a urbana que llegan a fo rm a r una unidad de análisis (no necesariam ente hom ogénea), localizada y asenta­ da sobre un te rrito rio d efin id o, que ayuda a des­ c o m p o n e r la c o m p le jid a d y d ive rsid ad del co n ju n ­ to del espacio urbano.

E ntendem os que el c o n c e p to de <área p e rc e p ti- va> tal y co m o se ha p la n te a d o en este tra b a jo puede a yud ar a la to m a de decisiones de resp on ­ sables urbanos, p la n ifica d o re s y proyectistas.

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Q uedan ta m b ié n , desde el p u n to de vista de la in ve stiga ción , m uchos tem as en los que trabajar. El p rim e ro es el de los re co rrid o s, la Im p o rta n c ia es m a n ifie sta desde to d o s los p u n to s de vista, no sólo co m o d e lim ita d o re s de área sino para p o d e r u tiliz a r la ciu d a d de fo rm a más c ó m o d a para que sea más le g ib le para el tu ris ta . Tam bién habría que

a c o m e te r de fo rm a inm e d ia ta la va lo ra ció n de las áreas, ver qué cosas hay que cam biar, qué no hay que cam biar, qué m o d ific a c io n e s hay que incluir. En fin, m uch ísim o s ca m ino s que que da n p o r explorar.

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Referencias

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