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LA REFLEXIÓN EN LA PRÁCTICA DOCENTE COMO PROCESO DE ENSEÑANZA-APRENDIZAJE
Ismael De la Cruz Orozco
Lic. en Geografía y Ordenación Territorial
Diana Guadalupe Flores Millán Maestra en Práctica Docente
Plantel “Isidro Fabela Alfaro” de la Escuela Preparatoria. Universidad Autónoma del Estado de México
País de procedencia: México
Forma de presentación de sus resultados científicos: Presentación PowerPoint
Simposio: Dirección del proceso de enseñanza–aprendizaje RESUMEN
La reflexión es un proceso considerada la piedra angular para modificar la práctica, cree que los maestros reflexivos aceptan con frecuencia la realidad cotidiana y buscan alternativas para solucionar problemas, lo que implic a la consideración activa, persistente y cuidadosa de cualquier creencia o práctica tomando en cuenta las razones que la sostienen y las consecuencias que puede tener a futuro.
La reflexión toma importancia porque cuando se hace consciente puede comprenderse el aprendizaje humano el cual es considerado como un proceso activo que intenta solucionar problemas en la acción, por lo que la esta es imprescindible en el hecho de la enseñanza y el aprendizaje. Todo este proceso reflexivo que motiva a experimentar esa reflexión posibilita el dominio del sí mismo, como la comprensión y el control en la acción sobre la realidad docente como personal del ser.
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Ahora bien, bajo este modelo podemos decir que la práctica reflexiva es de acción permanente y se inscribe dentro de una acción analítica, y de soporte a la acción, considera que todo el mundo reflexiona en la acción o sobre la acción, esto no indica que se dé la reflexión ya que puede ser episódica dentro de la cotidianeidad, ubica en objetivos claros y factibles de solución dentro de la actividad educativa.
INTRODUCCIÓN
En ocasiones nos nombrarnos docentes por trabajar en una o en varias instituciones y por estar frente a un grupo de alumnos y “transmitirles” el conocimiento. Nuestra labor sigue por convivir con los jóvenes y enfrentar diferentes experiencias en el aula, algunas de las más comunes son molestarnos por no tener la atención de los estudiantes o evidenciarlos cuando se duermen en clase o cuando no quieren participar, pero, ¿realmente el estar frente a ellos y evidenciarlos nos hace ser docentes? Los hechos son los que hablan de nuestro trabajo.
El presente trabajo está basado en la investigación-acción porque partió de la necesidad de cuestionarnos como docentes ¿cómo es nuestra práctica dentro del aula?, por tal motivo, nuestro objetivo es mostrar que la práctica reflexiva permite una enseñanza consciente del contexto y un aprendizaje significativo para los estudiantes.
Es importante señalar que el ser docente implica un deber de humildad y de responsabilidad, nadie mejor que uno mismo tiene en sus manos el poder de cambio en su respectiva aula. Recordemos que el individuo es un ser dinámico, por lo tanto cada día se aprende algo nuevo, de ahí que la formación del profesor no es estática, sino permanente y al estar analizando constantemente su contexto y dar soluciones lo convierte en un profesor reflexivo.
Por ello, es necesario aplicar en este contexto de la educación lo que es la reflexión en la práctica, lo que significa que ser un profesor reflexivo no solo nos exige soportar, envejecer en consecuencia de nuestra propia práctica, sino también implica un compromiso dinámico por parte del profesor a fin de ir más allá de las pautas y comportamientos de rutina que caracterizan el quehacer humano.
Volverse un profesor reflexivo es un proceso que en esencia no tiene final o termino alguno ya que se trata de un compromiso permanente con el crecimiento, el
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cambio, el desarrollo y el perfeccionamiento. Schön refiere que es conversación reflexiva en el que involucra al educador a los estudiantes, a los padres y a otros, maestros. Sin embargo no hay ninguna fórmula sencilla para alcanzar el éxito ni un método garantizado que permita convertirse en un educador reflexivo, como tampoco hay métodos que garanticen que uno será un buen docente.
El profesor reflexivo ha de estar en permanente revisión de las decisiones que adopta, de los métodos, de la evaluación que diseña, de las relaciones que práctica. Introducirse en una espiral sin fin de perfeccionamiento. Para Perrenoud debemos de hacer de ellos la parte central de nuestra profesión.
La práctica reflexiva, desde la transversalidad está presente en la labor instructiva y educativa del profesor, en sus relaciones y que trasciende lo meramente didáctico, para definirse como un modelo desde el que el docente ha de desempeñ ar su profesión.
DESARROLLO
La práctica de un docente pensador se genera desde su ejemplo, como agente crítico de su realidad inmediata y no tan inmediata, un profesor crítico no afirma que su conocimiento es único, total e incuestionable, al contrario, da apertura para que se genere una discusión constructiva. Permitir estas prácticas hace posible que mucho de los aprendizajes logren ser realmente significativos para los estudiantes, ya que se ven involucrados directamente en sus intereses y en sus necesidades, también les conduce a establecer relaciones entre el aprendizaje previo y el actual, pero lo más importante, es que se logra que esos conocimientos sean aplicados a sus múltiples contextos.
Dicho de ese modo, el presente trabajo está basado en la investigación-acción porque partió de la necesidad de cuestionarnos como docentes ¿cómo es nuestra práctica dentro del aula?, por tal motivo, nuestro objetivo es mostrar que la práctica reflexiva permite una enseñanza consciente del contexto y un aprendizaje significativo para los estudiantes.
A principios del siglo XX Dewey hizo contribuciones fundamentales en función de la práctica reflexiva, fue uno de los primeros teóricos que consideró a los maestros
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como profesionales de la educación con la capacidad de desempeñar papeles muy activos en el desarrollo de los programas educativos. Él mismo considero la importancia de la reflexión dentro del contexto educativo y social, y a la educación como resultado de un proceso de aprendizaje. Al aprendizaje lo ha considerado a su vez como el proceso en el cual mejoramos nuestra experiencia presente y futura y la reflexión presente y pasada sobre su propia acción educativa y personal
Desde esta perspectiva, consideramos a la reflexión como una experiencia , un medio y un método de pensar para educarnos, el objeto de estudio de ella es el propio docente, su realidad y su contexto, lo que permite desarrollar el pensamiento reflexivo el cual, J. Dewey (1989, p. 28) refiere como una consideración activa, creciente, persistente y cuidadosa acerca de cualquier creencia o forma supuesta de conocimiento, a la luz de los fundamentos en los que se basa y de las conclusiones de que se deriva.
Es aquí donde la reflexión se ve motivada por dos factores: “a) un estado de duda que lleva a la mente humana a volver sobre lo conocido y a darle la vuelta a los problemas, es decir, pensar de manera consiente sobre la realidad en que se encuentra situado el hombre, y b) un deseo de investigar, de hallar la verdad o la solución a los problemas que la duda constructiva sea la que genera esa experiencia reflexiva.” (Brubacher, 2000: 31)
La reflexión es considerada la piedra angular para modificar la práctica, cree que los maestros reflexivos aceptan con frecuencia la realidad cotidiana y buscan alternativas para solucionar problemas, lo que implica la consideración activa, persistente y cuidadosa de cualquier creencia o práctica tomando en cuenta las razones que la sostienen y las consecuencias que puede tener a futuro.
Como lo menciona Dewey “la reflexión no implica tan sólo una secuencia de ideas, sino una consecuencia, esto es, una ordenación consecuencial en la que cada una de ellas determina la siguiente como su resultado, a su vez, apunta y remite a las que le re cedieron” (1998-22) Presenta como fases del pensamiento: La postura de la práctica reflexiva debe de convertirse en una acción permanente suscrita a una acción analítica y critica, proponiendo una epistemología reflexiva y del conocimiento de la acción.
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Con todo esto podemos decir que la reflexión toma importancia porque cuando se hace consciente puede comprenderse el aprendizaje humano el cual es considerado como un proceso activo que intenta solucionar problemas en la acción, por lo que la reflexión es imprescindible en el hecho de aprender. Todo este proceso reflexivo que motiva a experimentar esa experiencia reflexiva posibilita el dominio del sí mismo, como la comprensión y el control en la acción sobre la realidad docente como personal del ser.
Donald Schön atribuye el concepto de profesional reflexivo lo sustenta con la racionalidad. La cual se considera como una epistemología de la práctica que se deriva de la filosofía positivista y se construye sobre los principios de la investigación universitaria contemporánea (Shilis, 1978 citadopor Shön Pág. 1) y la teoría de la acción.
Ante lo mencionado, consideramos que ser un profesor reflexivo no solo nos exige soportar, envejecer en consecuencia de nuestra propia práctica, sino también implica un compromiso dinámico por parte del profesor a fin de ir más allá de las pautas y comportamientos de rutina que caracterizan el quehacer humano.
Volverse un profesor reflexivo es un proceso que en esencia no tiene final o termino alguno ya que se trata de un compromiso permanente con el crecimiento, el cambio, el desarrollo y el perfeccionamiento. Schön refiere que es conversación reflexiva en el que involucra al educador a los estudiantes, a los padres y a otros, maestros. Sin embargo no hay ninguna fórmula sencilla para alcanzar el éxito ni un método garantizado que permita convertirse en un educador reflexivo, como tampoco hay métodos que garanticen que uno será un buen docente.
La práctica reflexiva, es de una acción permanente y se inscribe dentro de una acción analítica, y de soporte a la acción, considera que todo el mundo reflexiona en la acción o sobre la acción, esto no indica que se dé la reflexión ya que puede ser episódica dentro de la cotidianeidad, ubica en objetivos claros y alcanzables factibles de solución dentro de la actividad educativa (PhilippePerrenoud: 2004).
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EL DOCENTE COMO PROFESIONAL REFLEXIVO REFLEXIÓN Y FORMACIÓN DEL PROFESORADO
Las políticas educativas (curriculares y organizativas) han de incorporar un mayor nivel de flexibilidad en su normativa desde el que la autonomía de centros y profesores pueda ser una realidad. Se hace necesaria una respuesta más participativa y responsable de ambos estamentos, una innovadora preparación de los profesores y equipos directivos y una mayor inversión de las administraciones. Desde estas condiciones, los docentes serán capaces de protagonizar la reforma imprescindible de la escuela. Pero ¿Por qué razón no sucede esto?
Para Cristina Moral Santaella “la mayoría de los centros no prestan atención a estos descubrimientos, ignorando el conocimiento y la experiencia de los profesores de la escuela, utilizando modelos de reforma de la escuela generados por investigadores que dan soluciones externas…Un buen programa de educación del profesor prepara para comenzar a enseñar y se compromete con internalizar la habilidad para analizar la enseñanza y mejorarla. Aquel que consigue que los alumnos se comprometan con su propio desarrollo profesional”
Quizá una de las condiciones sea que el profesorado crea que puede generar teoría. El aprendizaje de la experiencia es una vía de construcción de conocimiento tan antigua como el hombre. Un buen docente, si desea ir más allá del mero saber técnico, deberá conocer por qué hace lo que hace.
CONCEPTO DE ENSEÑANZA REFLEXIVA
En principio, es la realizada por el docente apoyada en la reflexión como un medio adecuado para su cualificación permanente. Un docente reflexivo puede conseguir: a. Reconocer. La calidad de los procesos y resultados.
b. Identificar. Problemas, causas y factores de los problemas. c. Buscar. Soluciones a todos ellos.
d. Reconocer. La parte de responsabilidad que tiene en su práctica. e. Comprometerse. En un proceso de desarrollo profesional a largo plazo.
Asumir una actitud reflexiva exige constancia, dedicación, sistematicidad en las acciones y se ve facilitada por la interacción con los colegas. Es posible iniciarse en el
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proceso reflexivo sin necesidad de estar involucrado en un proyecto de investigación o innovación.
Es necesario, tener interés y estar dispuesto a ello. Para Dewey estará en disposición siempre que posea actitudes como:
Apertura mental. Implica la disposición para buscar y construir las estructuras alternativas de un campo educativo de estudio. Aceptan cuestiones educativas arriesgadas y rechazan la ortodoxia didáctica u organizativa.
Responsabilidad. Supone que mediten las consecuencias de sus acciones. Subraya el valor de los contextos social, político y económico en las decisiones educativas.
Ser capaces de aprender en cualquier situación profesional. La disposición a examinar o analizar las propias suposiciones, pensamientos y creencias. Es preciso incorporar a la docencia la cultura de la reflexión y aquí aparecen las dificultades.
REFLEXIÓN OCASIONAL VS PRÁCTICA REFLEXIVA.
Es necesario un planteamiento metódico regular e integrado en la práctica diaria que se convierta en una forma habitual de hacer la enseñanza: sistematicidad y constancia son criterios básicos. Es preciso algo más, adentrarse en una cultura de la reflexión antes, en y sobre la práctica. Para Perrenoud “la reflexión se ha convertido en una forma de identidad y satisfacción profesionales. Con herramientas conceptuales y métodos.
El profesor reflexivo ha de estar en permanente revisión de las decisiones que adopta, de los métodos, de la evaluación que diseña, de las relaciones que práctica. Introducirse en una espiral sin fin de perfeccionamiento. Para Perrenoud debemos de hacer de ellos la parte central de nuestra profesión.
La práctica reflexiva, desde la transversalidad está presente en la labor instructiva y educativa del profesor, en sus relaciones y que trasciende lo meramente didáctico, para definirse como un modelo desde el que el docente ha de desempeñar su profesión.
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DIVERSAS CONCEPCIONES DE LA ENSEÑANZA REFLEXIVA
La reflexión ha sido un referente a la hora de pensar la formación del profesorado, pero no ha tenido la incidencia adecuada en el diseño de los planes de estudio. Carlos Marcelo concibe cinco orientaciones: académica, técnica, práctica, personalista y de crítica social. A pesar de ello se afirma que una visión unitaria puede asumir la formación docente en las distintas orientaciones incorporando la reflexión como metodología para la construcción de conocimiento profesional. Dos de estas perspectivas están muy consolidadas en la cultura de la docencia:
1. La orientación académica. Enfatiza el conocimiento de la disciplina, concibiéndolo como un especialista en ella. El matiz reflexivo insta a que piense acerca de la materia que domina y transforme su contenido disciplinar y científico en un conocimiento pedagógico. Lo que hace afirmar a Shulman “que simplemente adquirir un conocimiento del contenido no es una adecuada preparación para ser hábil en la enseñanza”. Lo que en verdad define al buen docente es saber enseñar lo que sabe.
2. La orientación técnica. La práctica reflexiva habrá de ayudar al profesor a enfrentar situaciones específicas de los procesos de enseñanza-aprendizaje que no tienen cabida en el marco inflexible de la norma general. Sin transgredir lo técnico, deberá trascenderlo desde lo artístico como única vía para educar. Es un buen procedimiento para armonizar la práctica diaria con la teoría.
Cristina Moral relaciona y analiza cinco tradiciones de la práctica reflexiva, las dos anteriores y otras tres:
3. La tradición genérica. La acción del profesor es mejor cuanto más deliberativa sea. Se podría afirmar que no es aceptable si no es deliberativa. Se concibe el papel del profesor como sujeto que se forma a través de la reflexión sobre la práctica, salvando el vacío entre la formación teórica y la práctica a partir de la reflexión.
4. La tradición de desarrollo. O personalista. Profundiza su autonomía. Un profesor capaz de elaborar su propia teoría de la enseñanza, contextualizando lo prescrito por la norma general mediante un ejercicio de reflexión sobre la singularidad de la problemática. Por la heterogeneidad de los grupos clase, la enseñanza ha de ser capaz de reconocer los múltiples enfoques, capacidades, sentimientos y actitudes. Sólo así la enseñanza será respetuosa con la autonomía e identidad creativa de cada
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alumno, promoverá la interacción docente-aprendiz y facilitará el avance y diálogo con colegas.
5. La tradición social reconstruccionista. La reflexión es concebida como un acto político, un posicionamiento crítico ante la sociedad en un intento de mejorarla. Una relación agónica entre los fundamentos internos de su práctica teñidos de una axiología personal y los condicionamientos sociales.
En este marco, con independencia de la tradición, la reflexión es un elemento imprescindible en la forja y actuación del docente actual, de un nuevo profesor para una sociedad y una escuela en plena transformación.
CONCLUSIÓN
La reflexión en y sobre la acción es considerada un modelo para la formación práctica del profesorado. También ha de ser una forma creativa de concebir y hacer la enseñanza que trascenderá lo individual para fundamentarse en el trabajo colaborativo y tendrá su escenario en los contextos singulares, sin olvidar el marco social más amplio donde ambos se sitúan y que afectan a su práctica en la institución educativa.
Consideramos que cuando el docente reflexiona, educa con vitalidad trabaja desde un método de razonamiento dialéctico hacia uno paralelo y diverso, según las opciones presentes en su realidad.
Somos docentes, lo importante en nuestro proceso de formación es analizar nuestras circunstancias, la realidad que se nos atañe, porque si en la vida cotidiana el pensar, el sentir y el actuar van en direcciones disímiles, nuestro registro interno es de contradicción interna y genera sufrimientos, en ese sentido, “se es persona frente a otra persona; la persona humana es tal frente a otro sujeto de relaciones consigo misma, con los otros, con las cosas. La modificación de estas relaciones para human izarlas se hace manifiesta en el desempeño social, es decir, en la manera de ser, de pensar y de actuar” (Vaca, s/f: 5). Lo importante de este proceso de formación permanente es que el docente, oriente su vida, aprenda a orientar la acción coherente en lo social y en lo personal, en la búsqueda del bienestar humano y la esencia de su existencia, porque la educación es vital para las ideas en cada tiempo.
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El ser pensador implica tener un objetivo en tiempo, en espacio y en acciones consideradas, porque esto es lo que nos va a guiar para analizar los procesos de inferencia, de explicación, interpretación, evaluación y de autorregulación, con la finalidad de pensarse detenida y profundamente. Cuando el profesor pensador actúa y se ve a sí mismo desde un punto reflexivo, entonces, lo mismo pretenderá desarrollar en sus alumnos, porque no le son ajenos a su entorno, al contrario, son ellos quienes le están ayudando y le están motivando a pensarse detenidamente.
BIBLIOGRAFÍA
Brubacher, J. W. Case, Ch. W., Reagan, T. G. (2000). “La práctica reflexiva y el docente” en Cómo ser un docente reflexivo. España: Gedisa. Págs. 17-44.
Corrales, M. M., (2005). “El profesor como pensador (crítico)” en Lozano R. A. (coord.) La reflexión en la enseñanza. México: Trillas. Pp. 212-226.
Schön, D. (1987). “’Modelos y límites de la reflexión desde la acción a través de las profesiones’” en la formaciones de profesionales reflexivos”. España: Paidos. Págs. 243-249.