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INFORME PARCIAL
DIAGNÓSTICO POBLACIONAL DEL OSO NEGRO (URSUS AMERICANUS) EN LAS SERRANÍAS DE LOS ESTADOS DE SONORA Y CHIHUAHUA Y SUS POSIBLES AFECTACIONES POR EL
MURO FRONTERIZO
PARA:
INSTITUTONACIONALDEECOLOGÍA DIRECCIÓN GENERAL DE INVESTIGACIÓN DE
ORDENAMIENTO ECOLÓGICO Y CONSERVACIÓN DE LOS ECOSISTEMAS
DIRECCIÓN DE CONSERVACIÓN DE LOS ECOSISTEMAS
DR.CARLOS A.LÓPEZ GONZÁLEZ
M. EN C.NALLELI E.LARA DÍAZ
BIÓL.EUGENIA ESPINOSA FLORES
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE QUERÉTARO
cats4mex @aol.com
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CONTENIDO Página
1. Introducción general 4
2. Objetivos 6
3. Revisión bibliográfica sobre el conocimiento ecológico del oso
negro 7 Descripción de la especie 10 Evolución 12 Hábitat 14 Alimentación 16 Reproducción 17
Ámbito hogareño y dispersión 20
Distribución 22
Importancia ecológica 27
Amenazas y Estado de Conservación 28
4. Tendencias poblacionales del oso negro en las áreas fronterizas
entre México y Estados Unidos 32
5. Metodología propuesta para diagnóstico poblacional del oso
negro en la Sierra de San Luis, Sonora y Chihuahua 38
6. Literatura citada 43
7. Apéndice I. Publicaciones consultadas para la revisión sobre el
conocimiento ecológico del oso negro 52
8. Apéndice II. Apéndice II. Extirpación del oso plateado (Ursus
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ÍNDICE DE FIGURAS Y CUADROS Página
Figura 1. Temática y tipo de publicaciones revisadas sobre el oso
negro, en Norteamérica 7
Figura 2. Temática y tipo de publicaciones revisadas sobre el oso
negro, en Norteamérica, destacando las publicaciones en la región
fronteriza entre México y Estados Unidos 8
Figura 3. Representación geográfica de los estudios revisados
sobre oso negro en la región fronteriza entre México y Estados
Unidos 9
Figura 4. Oso negro en la Sierra de San Luis Sonora. Destaca su
pelaje color marrón 11
Figura 5. Hembra de oso negro con dos crías en la Sierra de San
Luis, Sonora, México 19
Figura 6. Distribución histórica del oso negro en Norteamérica 23 Figura 7. Proyección del nicho ecológico del oso negro en la Sierra
Madre Occidental 27
Figura 8. Pieles de oso negro capturados en la Sierra Madre
Occidental. Pertenecen a una hembra con su cría 31
Cuadro 1. Estimaciones poblacionales de oso negro en tres
4 1. Introducción general
México cuenta con una alta diversidad biológica, producto en gran parte por las variaciones en topografía y clima que presenta (Flores y Gerez, 1994); debido al gran número de especies con las que cuenta es considerado como uno de los siete países “megadiversos” del mundo (Mittermeier y Mittermeier, 1997). Sin embargo, la biodiversidad se ve amenazada por los patrones de fragmentación del hábitat en el país, generados principalmente por actividades antropogénicas.
La fragmentación altera la composición, configuración y conectividad de los paisajes (Taylor et al., 1993), dictando y regulando los procesos ecológicos y la diversidad biológica de las comunidades (Guevara et al., 2004). Este proceso reduce el área total del hábitat y puede limitar drásticamente el tamaño poblacional de las especies (Askins et al., 1987; Moller, 1987; Wenny et al., 1993), provocar la reducción en la riqueza de especies (Ambuel y Temple, 1983; Howell, 1984; Soulé et al., 1988; Keller y Anderson, 1992; McCoy y Mushinsky, 1994) o interrumpir las interacciones sociales normales (Stouffer y Birregaard, 1995).
Para que las especies puedan prosperar en un hábitat altamente fragmentado deben tener la capacidad de sobrevivir, la cual dependerá de su movilidad, además de la capacidad de crecer y mantener una población viable (Meffe y Carroll, 1997).
Actualmente, en la región fronteriza entre México y Estados Unidos se está llevando a cabo un proceso de fragmentación a través de la construcción de un muro, el cual se calcula llegará a una longitud total de 1,127 km, de los 3,152 km de longitud total de la línea fronteriza. El muro está subdividido en varios
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segmentos, los cuales presentan diferentes tipos de barreras para impedir el tránsito de gente y vehículos, y favorecer el tránsito de fauna silvestre; adicionalmente a la construcción del muro, la vigilancia en la zona ha ido en aumento a través de elementos civiles y militares, vehículos aéreos no tripulados, sensores de movimiento, radares y cámaras (Public Law 109-367, 2006).
Este proyecto, dado a conocer como la “Ley del Cerco Seguro” (Public Law 109-367, 2006), surge como respuesta a problemas políticos y sociales binacionales, principalmente los relacionados con migración y contrabando de drogas (Ganster, 2007); sin embargo, puede generar impactos negativos en los ecosistemas, como la modificación de los flujos de alivio, desagües y arroyos, reducción de la capacidad de infiltración y mayor probabilidad de inundación, aumento en la generación de partículas suspendidas y emisiones de contaminantes atmosféricos, así como la compactación y contaminación del suelo (Rodríguez-Esteves y Castro-Ruíz, 2007). Por otra parte, las poblaciones de especies más vulnerables pueden reducirse incluso llevándolas a la extinción. Se ha predicho que los efectos negativos serán resultado de factores como la remoción de la vegetación, fragmentación y efecto borde, introducción de especies exóticas, interrupción o alteración de patrones de dispersión y migración, cambios en el microclima, intercambio genético limitado, y contaminación por desechos sólidos y ruido (Moya, 2007).
Los mamíferos, especialmente aquellos de talla grande (i.e. oso negro), se han identificado como los más sensibles a los efectos generados por el muro fronterizo entre México y Estados Unidos. Esto se debe a que el muro limitará de manera importante sus movimientos, búsqueda y establecimiento en nuevos
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territorios, la búsqueda de pareja, alimento o refugio e incluso el escape de depredadores, condiciones necesarias para mantener viables las poblaciones (List, 2007).
Ante el proceso de fragmentación en la zona fronteriza y la incertidumbre de su efecto sobre los procesos biológicos y ecológicos de las especies presentes en el área, es necesario generar información actual, puntualmente sobre el estado poblacional del oso negro y las afectaciones que se podrían presentar en ellas como consecuencia el muro, así como de las principales zonas de conectividad entre ambos países para mantener poblaciones viables que permitan establecer estrategias de conservación para la permanencia y crecimiento de la especie.
2. Objetivos
Objetivo general
Realizar un diagnóstico sobre el estado actual de las poblaciones de oso negro (Ursus americanus) en la región colindante entre México y Estados Unidos, para identificar sus potenciales afectaciones por la construcción del muro fronterizo, con énfasis en los Estados de Sonora y Chihuahua
Objetivos específicos para el primer reporte
- Informe sobre el conocimiento ecológico del oso negro
- Tendencias históricas de las poblaciones de oso negro en la región fronteriza entre México y Estados Unidos
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3. Revisión bibliográfica sobre el conocimiento ecológico del oso negro
La revisión bibliográfica sobre el oso negro, realizada para evaluar el conocimiento ecológico con el que se cuenta, incluyó 213 publicaciones, considerando artículos científicos, artículos de divulgación, libros, planes de manejo y tesis (Apéndice I).
Las publicaciones revisadas comprenden 11 temas, principalmente sobre aspectos ecológicos, y generalmente son artículos científicos (Figura 1). La mayoría de las publicaciones son investigaciones realizadas en Estados Unidos y Canadá, dentro de áreas limitadas (e.g. parques nacionales), por lo que cuentan con información muy específica de los sitios de estudio.
Temática Ambito hogareño Comportamie nto Conservación Dieta Dispers ión Ecologí a Ecologí a poblacionesEvoluciónGenét ica Hábita t Hibernac ión Número d e publicaciones 0 10 20 30 40 50 60 70 Artículo Artículo Difusión Libro Memorias Plan Manejo Reporte Tesis
Figura 1. Temática y tipo de publicaciones revisadas sobre el oso negro (Ursus americanus), en Norteamérica.
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El 19% del total de las publicaciones revisadas corresponden a la región fronteriza entre México y Estados Unidos (Figura 2), y solo 18 de los estudios han sido realizados dentro del área de distribución del oso negro en México.
Tématica Conserv acion Dieta Ecologia Ecologia Poblac iones Genetic a Habitat Hibernacion Ambito Hogar eño Compor
tamientoDispersionEvoluci on Nú mero de publicac iones 0 10 20 30 40 50 60 70 Región fronteriza EUA y Canadá
Figura 2. Temática y tipo de publicaciones revisadas sobre el oso negro (Ursus americanus), en Norteamérica, destacando las publicaciones en la región fronteriza entre México y Estados Unidos.
La representación geográfica de los trabajos realizados sobre oso negro en la región fronteriza se compone de dos estudios que engloban los estados de
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Coahuila, Nuevo León, Texas, y Nuevo México, tres incluyen a Texas y Coahuila, cinco conjuntan información de los estados de Nuevo México, Arizona y Coahuila. Seis trabajos publicados se incluyen para Arizona y Coahuila respectivamente. Finalmente para Sonora son cinco trabajos (dos artículos y tres tesis), y para Chihuahua dos trabajos. De este modo, donde se cuenta con menos información de las poblaciones de oso negro es en Sonora y Chihuahua (Figura 3). Cabe destacar que a pesar de que hay poblaciones de oso negro en el Estado de Nuevo León, no se distribuyen a lo largo de la frontera con Estados Unidos.
Núm ero de pub lic aciones 0 10 20 30 40 50 Nuevo México Arizona Chihuahua Sonora Coahuila
Figura 3. Representación geográfica de los estudios revisados sobre oso negro (Ursus americanus) en la región fronteriza entre México y Estados Unidos.
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De modo complementario se obtuvieron los registros de oso negro para la región fronteriza de animales cazados y/o depositados en colecciones científicas (n=550), estos son más numerosos para los Estados de Nuevo México (66%) y Arizona (25.6%), en comparación de los registros para México, donde Chihuahua presenta más registros (4.5%), que Durango (2.4%) y Sonora (1.5%; Delfín et al., en preparación).
A continuación se presenta una síntesis sobre el conocimiento biológico y ecológico de la especie.
Descripción de la especie
Dentro del grupo de los carnívoros, el oso negro (U. americanus) es el carnívoro de mayor tamaño en México y la única especie de úrsido presente en el país, contando con tres subespecies de las 16 subespecies reconocidas (Hall, 1981): U. americanus eremicus (Merriam, 1904), U. a. amblyceps (Baird, 1859) y U.a. machetes (Elliot, 1903; Hall, 1981; Doan-Crider y Hellgren, 1996).
El pelaje usualmente es negro, presentando fases de color canela o marrón, los cuales se dan más hacia el sur de su distribución y principalmente en hábitats de bosques abiertos y desiertos (Larivière, 2001); característicos dentro de su distribución en México, así como en Arizona y Nuevo Mexico (Figura 4; Cartron et al., 2005).
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Figura 4. Oso negro (Ursus americanus) en la Sierra de San Luis Sonora. Destaca su pelaje color marrón.
Es un mamífero de cola corta, pies plantígrados y garras no retráctiles, ojos pequeños y orejas redondeadas y erectas (Figura 3; Larivière, 2001). Los machos son alrededor de 10% más largos que las hembras (Larivière, 2001), y de 1.2 a 2.2 veces más pesados (Noyce y Garshelis, 1998).
En general, esta especie se encuentra inactiva durante el invierno, ya que durante este periodo existe una baja disponibilidad de alimentos, su estrategia para sobrevivir es hibernar dentro de madrigueras. Durante la hibernación los osos reducen su metabolismo, no comen ni beben (Hellgren, 1998) y reciclan la
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mayoría de los nutrientes que requieren (e.g. proteínas; Lundberg et al., 1976). Los osos obtienen la energía que necesitan catabolizando la grasa corporal almacenada durante la primavera y el otoño (Hellgren, 1998; Hewitt y Doan Crider, 2008). En preparación para la hibernación, los osos consumen grandes de cantidades de alimento y específicamente buscan alimentos que sean fácilmente digeribles y con altas cantidades energéticas que les permitan acumular las reservas de grasas necesarias (Hewitt y Doan Crider, 2008). Al final de la hibernación llegan a perder hasta el 23% de su masa corporal (Larivière, 2001).
En el sur de su distribución puede existir alimento disponible durante el invierno que les permitiría mantenerse activos, aun así, en estas áreas también incrementan el consumo de alimento en el otoño y acumulan grandes reservas de grasa. A pesar de que algunos individuos no hibernen (e.g. machos adultos), si reducen sus actividades y pueden dejar de alimentarse por largos periodos (Hewitt y Doan Crider, 2008). La grasa de reserva acumulada es crítica para la sobrevivencia de los adultos durante el invierno y la producción de crías (Rogers, 1976). En Coahuila, las hembras preñadas generalmente hibernan, mientras que los machos pueden permanecer activos (Doan-Crider y Hellgren, 1996).
Evolución
La familia Ursidae hoy en día está representada por tres especies en Norteamérica, el oso negro (Ursus americanus), el oso plateado (Ursus arctos) y el oso polar (Ursus maritimus). De estas especies, el oso plateado se encontraba
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distribuido en México hasta mediados del siglo XX, y el oso negro aún persiste en el norte del país.
El oso plateado emigró a Norteamérica hace 100,000 años, sin embargo su área de distribución histórica ha estado muy restringida. Su distribución más sureña alcanzaba el norte de la Sierra Madre Occidental en México, donde permaneció hasta 1960’s, fecha que cuenta con el último registro de esta especie en Sierra del Nido, Chihuahua (Brown, 1985); recientemente se encontró un cráneo en Sonora cuya fecha data de 1976, siendo un organismo relativamente joven (Gallo et al., 2009). En un periodo menor a medio siglo los osos plateados fueron reducidos de abundantes a extintos en la frontera de los Estados Unidos y la Sierra Madre en México (Apéndice II; Leopold, 1959).
El oso negro ha estado presente en Norteamérica por al menos tres millones de años (Wooding y Ward 1997), tiempo que ha favorecido su adaptación a cambios y una gran variedad de condiciones ecológicas (Stirling y Derocher, 1989). Es conocido que aproximadamente hace 1.8 millones de años, las poblaciones de oso negro se separaron al este y oeste de Norte América en dos grandes grupos, todo esto a consecuencia del cambio climático en el Pleistoceno, que condujo a una notable reducción de los bosques (Wooding y Ward 1997).
Durante el Pleistoceno, los ciclos glaciales afectaron la biota continental, en especial en las áreas de mayor latitud de Norteamérica (Waltari et al., 2007). En consecuencia el paisaje sufrió cambios como resultado de la expansión de las grandes capas de hielo (Lessa et al., 2003), por lo que muchas especies migraron
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y fueron capaces de persistir en las latitudes más bajas de Norteamérica, al sur de las capas de hielo (Graham et al., 1996). Estos cambios, favorecieron que algunas zonas actuaran como refugios, donde se podía escapar de los cambios ecológicos y que proporcionaban un hábitat adecuado para especies relicto (Pielou, 1992). Estas zonas posteriormente funcionaron como fuentes para la colonización de latitudes más altas después del Pleistoceno (Byun et al., 1997; Demboski 1999; Lessa et al., 2003).
La distribución del oso negro en el Pleistoceno se vio reducida por una fragmentación de los bosques y se vieron forzados a permanecer en dos refugios distintos, uno en California y otro en Florida (Wooding y Ward, 1997), lo que podría explicar los patrones de diversidad genética observados en la actualidad (Varas y Nelson, 2010).
Al final del Pleistoceno, se extinguieron aproximadamente 35 géneros de mamíferos, la mayoría de gran tamaño (Grayson, 2007), incluyendo otras especies de úrsidos (e.g. oso de las cavernas (Tramarctos floridanus), oso de cara corta (Arctodus simus); su extinción pudo deberse a la reducción o la extinción de grandes herbívoros, una disminución en la calidad nutricional de las plantas durante el cambio climático y una competencia con los humanos por recursos alimenticios (Arroyo-Cabrales et al., 2010).
Hábitat
Los osos negros habitan en las áreas de bosque (principalmente coníferas y latifoliadas) de Norteamérica (Servheen, 1990), restringidas a las zonas donde no
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existen asentamientos humanos de gran tamaño (Pelton y van Manen, 1994). Su hábitat se caracteriza principalmente por terrenos abruptos y escarpados con amplia vegetación de sotobosque que le proporcionan alimento, cobertura de escape y sitios para establecer sus madrigueras (Powell et al., 1997; Rogers, 1993). La selección y uso del hábitat varía estacionalmente y está dada por la disponibilidad de alimento, principalmente para las hembras (Amstrup y Beecham 1976; Jonkel y Cowan 1971; Larivière, 2001; Sayago, 2003).
El uso de bosques abiertos se ha registrado para el sur de su distribución (Doan-Crider y Hellgren, 1996). En los estado fronterizos de Texas y Arizona, la vegetación dominante de su hábitat es bosque mixto de coníferas, bosque subalpino y pradera, así como bosque de encino-pino, juníperos y vegetación de matorral (LeCount y Yarchin, 1990; Hellgren, 1993). En Arizona, los osos negros están asociados a las regiones montañosas, pero pueden vivir en zonas de semidesierto, pastizales, bosques de encino y coníferas (Hoffmeister, 1986). En México, en las poblaciones de la Sierra Madre Occidental y Oriental, la vegetación principalmente utilizada por el oso negro son los bosques de encino, pino, junípero, manzanita, matorral y chaparral (Doan-Crider, 1995; Sayago, 2003; Moreno-Arzate, 2008; Rodríguez-Martínez et al., 2008), haciendo uso de zonas con alta cobertura de especies arbustivas o arbóreas (Sayago, 2003).
Los bosques perturbados por actividades humanas son importantes para el oso negro por la presencia de frutos de plantas mayormente arbustivas; los hábitats no perturbados proveen otro tipo de frutos como las bellotas del encino (Quercus sp.; Larivière, 2001; Sayago, 2003).
16 Alimentación
El oso negro presenta una alimentación omnívora, sin embargo son considerados depredadores oportunistas (Herrero, 1978). Su dieta consiste hasta en un 80% de materia vegetal (Hellgren y Vaughan, 1988), y en menor proporción consumen materia animal, desde invertebrados (e.g. escorpiones; López-González et al., 2009) hasta vertebrados de talla grande, principalmente cuando tienen acceso a carroña o a presas vulnerables como venado cola blanca (Odocoileus virginianus; Hoffmeister, 1986; Larivière, 2001; Costello et al., 2001; Pelton, 2003).
Como otros carnívoros, el tracto digestivo de los osos es relativamente simple y no pueden digerir fibra de manera eficiente (Pritchard y Robbins 1990; Welch, 1997), por lo que deben consumir grandes cantidades de alimento todos los días para compensar las bajas cantidades de nutrientes que obtienen de su dieta vegetal (Rogers, 1976; Beecham y Rohlman, 1994; Larieviere, 2001; Hewitt y Doan-Crider, 2008).
Las especies arbustivas componen la mayor parte de la alimentación del oso negro (>80%), debido a que producen grandes cantidades de alimento en su temporada de fructificación, y son consumidos principalmente en primavera y verano; en otoño consumen principalmente frutos de Quercus sp. y Juniperus sp. (Beecham y Rohlman, 1994; Doan-Crider, 1995b; Larivière, 2001).
En la Sierra de San Luis, se ha documentado que la mayor parte de la dieta se compone de frutos suaves, como la manzanita (Arctotaphylos pungens) y el
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junípero (Juniperus deppeana). En temporada de secas, cuando la disponibilidad de agua es escasa, consumen frecuentemente sotol (Dasylirion wheelery) ya que retiene cantidades considerables de agua (Sáyago et al., 2002; Sierra-Corona et al., 2005; Rodríguez Martínez et al., 2008; Moreno-Arzate, 2008). El consumo de animales se da mayormente en la época de secas, debido a que hay menor disponibilidad de frutos. El ganado consumido en años húmedos comprende menos del 4% de su dieta, pero en años secos puede aumentar hasta el 60% de la biomasa consumida; asimismo el venado cola blanca en años húmedos, comprende menos del 2.7% pero puede aumentar al 66% en años secos (Sáyago et al., 2005; Sierra-Corona et al., 2005). Dentro de su distribución en Texas y Coahuila, consumen principalmente plantas suculentas (Opuntia spp.) así como frutos de encino (Quercus sp.) y junípero (Juniperus sp.; Doan- Crider 2003).
El oso negro utiliza la visión y el olfato para llevar a cabo el proceso de forrajeo, el olfato es importante para la búsqueda de alimento (e.g. animales) a larga distancia, pero cerca de su alimento utilizan mayormente la visión, la cuál es a color permitiéndoles discernir entre frutos y hojas (Larivière, 2001).
Reproducción
El oso negro tiene un sistema de reproducción polígamo (Kovach y Powell 2003, Onorato et al., 2004; Costello, 2008). Las hembras son sexualmente maduras entre los dos y los ocho años, sin embargo, la disponibilidad de alimento influye en la edad de la primera reproducción, así como en el tamaño de la camada y sobrevivencia de las crías (Rogers 1976; McLaughlin et al., 1994,
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Costello et al., 2003). Los machos alcanzan la madurez sexual entre dos y tres años, presentando espermatozoides completamente formados (Erickson et al., 1964).
El estro en las hembras generalmente se presenta entre junio y julio; la implantación del embrión es retardada y se da entre noviembre y principios de diciembre. La gestación dura entre 60 y 70 días, con un parto entre enero y principios de febrero, dentro de las madrigueras que utilizan para hibernar. El tiempo entre nacimientos varía entre uno y cuatro años (Mack, 1990; Larivière, 2001), dependiendo de la sobrevivencia de las crías y de la condición nutricional de la hembra (Carney, 1985).
El tamaño de la camada presenta un promedio de dos crías (Figura 5), con un rango de una a cuatro, influenciado por la condición de la hembra a principios del periodo invernal, donde las hembras con mayor peso, o de edades mayores tienden a producir un mayor número de crías; así mismo, se ha documentado que las hembras con una condición nutricional pobre llegan a abandonar a su progenie (Larivière, 2001). Otros factores que influyen en la sobrevivencia de las crías son la calidad de hábitat y la depredación interespecífica e intraespecífica (Larivière, 2001; Garrison et al., 2007). La proporción sexual de las crías tiende a ser de un macho por una hembra, habiéndose documentado casos de 2.5 machos por una hembra (Larivière, 2001). La tasa de sobrevivencia se ha reportado para las crías de 0.55 y para los juveniles de 0.84 (Costello, 2001). Las crías permanecen un promedio de 16 meses con su madre y posteriormente se dispersan del grupo familiar (Larivière, 2001).
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Figura 5. Hembra de oso negro con dos crías en la Sierra de San Luis, Sonora, México.
Ámbito hogareño y dispersión
La dispersión en los osos negros generalmente ocurre en los machos subadultos (Rogers 1987; Schwartz y Franzmann, 1992; Clevenger y Pelton, 1990). Los machos se dispersan en su primer o segundo año para buscar y establecer su propio ámbito hogareño (Rogers, 1987; Schwartz y Franzmann, 1992), pueden dispersarse a una distancia de dos a seis veces el radio de su ámbito hogareño original, y a menudo se mueven durante los meses en los cuales los osos adultos tienen niveles de testosterona bajos (octubre-diciembre; Garshelis y Hellgren, 1994) y/o se encuentran hibernando (Lee y Vaughan, 2003). Las
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hembras se dispersan menores distancias, siendo la mayoría filopátricas, generalmente existiendo una sobreposición del nuevo ámbito hogareño con el de la progenitora.
Las hembras seleccionan su ámbito hogareño basado en la abundancia de los recursos (e.g. alimento) y los machos por su parte, lo establecen en relación al número de hembras que pueden acceder (Clutton- Brock, 1989; Sandell 1989).
Las hembras con crías pueden tener movimientos y ámbitos hogareños más pequeños que las hembras sin crías (Lindzey y Meslow 1977; Smith y Pelton, 1990) pero se pueden presentar excepciones (Garshelis y Pelton, 1981; Alt et al., 1980), especialmente en otoño, cuando el movimiento de las hembras ya no está limitado por el tamaño de sus crías, pero los requerimientos nutricionales sigue siendo mayor que las hembras sin crías (Moyer et al., 2007). El ámbito hogareño de los machos en Nuevo México varía de 291 km2 a 843.9 km2, con un área núcleo de 65.5 km2 a 118.2 km2; para las hembras el ámbito hogareño es menor,
con un área de 47.7 km2 a 238.7 km2, de la cuál de 13.4 km2 a 42.2 km2
corresponden al área núcleo para hembras. Debido a que los osos no presentan conducta territorial, presentan una sobreposición en sus ámbitos hogareños, con una proporción de 0.10 a 0.59 (Costello, 2008).
Los movimientos del oso negro varían de acuerdo a las necesidades estacionales de reproducción, hiperfagia e hibernación (Costello, 2008). Los machos adultos viajan mas distancia por día que las hembras adultas y los juveniles viajan más que los adultos (Larivière, 2001). Así mismo, las distancias y
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rutas de dispersión se ven afectadas por factores como la conectividad del hábitat y la cobertura disponible; cuando la calidad del hábitat es pobre, puede volverse una barrera para la dispersión, también se ha observado que las carreteras, particularmente las que tienen límites de velocidad altos (100 km/h), pueden limitar sus movimientos (Brody y Pelton 1989; Lee y Vaughan 2003; Thompson et al., 2005).
Los osos negros no presentan una conducta territorial y se evitan con poca frecuencia temporal y espacialmente (Larivière, 2001; Costello 2008). A pesar de ello, son solitarios, aunque pueden formar agrupaciones temporales en sitios donde el alimento es abundante. Las madres reconocen a sus crías, y evitan forrajear donde se encuentra su progenie (Larivière, 2001).
La actividad del oso negro se incrementa después del periodo de hibernación, hasta llegar a un pico en los meses de agosto y septiembre, en los cuales hay mayor disponibilidad de alimento. La actividad diaria se puede ver afectada por factores climáticos (e.g. lluvia). En hábitats no perturbados su actividad es diurna o crepuscular; donde hay mayor presencia de gente, son nocturnos y secretivos (Larivière, 2001). Los osos se pueden habituar a la actividad humana en áreas protegidas, este proceso se ha documentado en Estados Unidos y Canadá, al parecer resultado de la protección y el subsidio de alimento proporcionado por la gente (McCutchen, 1989). Los osos negros tienen gran capacidad de aprendizaje, memoria bien desarrollada, plasticidad de comportamiento y curiosidad (Mazur y Seher, 2008).
22 Distribución
El oso negro se distribuye en la mayor parte de Canadá, 40 de los 50 estados de los Estados Unidos, e históricamente en once Estados del Norte de México (Figura 6; Hall, 1981; Pelton et al., 1999; Lariviere, 2001).
En el Suroeste de los Estados Unidos a principios de los 1900’s, muchas de las causas de mortalidad en los osos negros fueron resultado de los programas de control de depredadores del gobierno estadounidense (PARC por sus siglas en ingles), que estaban encaminados a eliminar la perdida de ganado por grandes depredadores, tales como osos (plateados y negros) y lobos (Canis lupus baileyi; Brown, 1985).
Sin embargo, durante el siglo XX, actividades como la reforestación de áreas con manejo silvícola, una regulación en el límite de osos a ser cazados y la restricción en el uso de venenos (la cual prácticamente se eliminó), permitieron una recuperación en las poblaciones del oso negro, ejemplificado por las poblaciones en el Suroeste de los Estados Unidos. En 1925, el Servicio Forestal estadounidense (USFS por sus siglas en ingles) estimó que era probable que solo quedaran alrededor de 1,500 osos negros dentro de las áreas protegidas de uso múltiple conocidas como National Forests, de Nuevo México, Arizona, el Sur de Colorado y Utah; para 1940 estas poblaciones se habían incrementado a mas de 3,500 individuos (Brown, 1985).
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Figura 6. Distribución histórica del oso negro (Ursus americanus) en Norteamérica: 1) U. a. altifrontalis, 2) U. a. amblyceps, 3) U. a. americanus, 4) U. a. californiensis, 5) U. a. carlottae, 6) U. a. cinnamomum, 7) U. a. emmonsii, 8) U. a. eremicus, 9) U. a. floridanus, 10) U. a. hamiltoni, 11) U. a. kermodei, 12) U. a. luteolus, 13) U. a. machetes, 14) U. a. perniger, 15) U. a. pugnax, 16) U. a. vancouveri (Hall, 1981; INE, 1999).
En el Estado de Texas a principios de los años 1900’s, los osos negros eran abundantes en las Montañas Chisos y en otras áreas del Oeste del Estado (Bailey,
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1905). Sin embargo, como en otras partes del Suroeste de los Estados Unidos, cuando las actividades antropocéntricas en la región incrementaron (e.g ganadería), las poblaciones declinaron tanto que para 1940’s el oso negro y el lobo mexicano fueron extirpados de la región Trans- Pecos (Onorato y Hellgren, 2001). La presencia de poblaciones en las cadenas montañosas adyacentes a Texas, en el norte de Coahuila, permitió la dispersión de individuos de Sierra del Carmen y las Serranías del Burro para la década de los 1980’s, donde los osos negros recolonizaron de manera natural partes de su área de distribución histórica en el Parque Nacional Big Bend, recuperando una población residente en este sitio (Doan-Crider y Hellgren 1996; Onorato et al., 2003; Onorato et al., 2004).La distribución geográfica del oso negro en el Suroeste puede ser descrita como discontinua en comparación con su presencia más al norte (Pelton et al., 1999).
En México, se tiene conocimiento de que las poblaciones de oso negro llegaron a tener una amplia distribución en el pasado (Delfín et al., en preparación), que incluía a los estados de de Sonora, Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas, Durango, Zacatecas, Sinaloa, San Luis Potosí, Jalisco, Nayarit y posiblemente Aguascalientes (Leopold, 1959; Baker y Green, 1962; Hall 1981). A lo largo del siglo XX, el oso negro fue cazado, capturado y/o envenenado como medida de protección para las propiedades, ya que eran percibidos como una amenaza al ganado y a los cultivos (Medellín et al., 2005), y también eran aprovechados por sus pieles y su grasa (Baker 1956; Leopold, 1959). Este tipo de prácticas llevo a la extinción en México de carnívoros como el lobo mexicano (C. l. baileyi) y el oso plateado (U. arctos); el oso negro no fue extirpado en su totalidad,
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pero sus poblaciones se vieron reducidas de manera drástica, por lo que el gobierno mexicano implementó instrumentos legales que regulaban las temporadas de caza; aún así los osos negros eran cazados frecuentemente (Leopold, 1959).
Durante los años 1960’s y 1970’s, cambios en las leyes mexicanas y en la actitud pública, le permitieron a estas poblaciones incrementarse; para 1986 su caza se volvió ilegal y se le declaró como especie en peligro de extinción (Medellín et al., 2005). Los factores principales que aún amenazan la sobrevivencia de las poblaciones, son la pérdida de hábitat y la cacería furtiva (McCraken et al., 2005). Las poblaciones de oso negro en México no solo están limitadas por factores antropocéntricos, sino que el tipo de hábitat y la conectividad entre parches tienen un papel importante en la distribución y la abundancia de la especie (Onorato et al., 2007; Hewitt y Doan Crider, 2008; Varas-Nelson, 2010).
El hábitat del oso negro en México se encuentra principalmente en los bosques templados localizados a mas de 1500 msnm, estos hábitats ocurren en las montañas de las Islas del Cielo (Delfín et al., en preparación , Varas-Nelson, 2010), que se encuentran aisladas unas de otras por grandes extensiones de desierto y pastizales (Onorato et al., 2003), por lo que en esta región su hábitat es naturalmente fragmentado (Hewitt y Doan Crider, 2008), y la expansión de las poblaciones es aun más lenta (Onorato y Hellgren, 2001).
Debido a que una sola isla es muy pequeña para soportar una población viable (Varas-Nelson, 2010), los osos se dispersan a través de los pastizales hacia
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otras islas (Lecount y Yarchin, 1990). Además, en islas más pequeñas y en menor elevación las tasas de mortalidad podrían superar a las de natalidad, lo cual implicaría que podría tratarse de poblaciones sumidero y solo se esperaría la presencia de osos, si se localizaran cerca de una población fuente (Doak, 1995). La conectividad entre poblaciones de osos negros ha sido verificada recientemente entre poblaciones de las Islas del Cielo en Arizona y la Sierra de San Luis, Sonora (Varas-Nelson, 2010), así como en la región del Big Bend en Texas con poblaciones de las Serranías del Burro, Coahuila (Onorato et al., 2004).
Mientras que la población en Coahuila funciona como población fuente para la del Big Bend (Doan Crider y Hellgren, 1996), las poblaciones de Arizona podrían ser la única fuente de migrantes para las poblaciones de Sonora que se encuentran en peligro de extinción (Varas y Nelson, 2010).
La información sobre la distribución actual de las poblaciones de oso negro es escasa, se sabe que su distribución se ha reducido hasta un 80% (SEMARNAP, 1999), y se cuenta con registros en los estados de Coahuila, Tamaulipas, Sonora, Chihuahua, Nuevo León y Durango (SEMARNAP, 1999). El modelo de hábitat adecuado para el oso negro en la Sierra Madre Occidental, de acuerdo a registros históricos y actuales, predice que una superficie aproximada de 221,078.68 km2 de la Sierra Madre Occidental es un nicho adecuado para el
oso negro (Figura 7), sin embargo, hacia el sur de esta distribución, las poblaciones han sido extirpadas (Delfín et al., en preparación).
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Figura 7. Proyección del nicho ecológico del oso negro (Ursus americanus) en la Sierra Madre Occidental (las fleches indican las zonas donde se presume que la especie se ha extinguido a nivel local; Delfín et al., en preparación).
Importancia ecológica
Los carnívoros son componentes esenciales de las comunidades ya que influyen en la estructura y dinámica poblacional de niveles tróficos inferiores (Noss et al., 1996; Ripple y Beschta, 2004a,b). En este sentido, los osos negros pueden modificar la abundancia poblacional y sus patrones de forrajeo de sus presas y de algunos mesocarnívoros (Ripple y Beschta, 2004a,b; Ripple y Beschta, 2005; Beschta y Ripple, 2008), a pesar de que su dieta consiste en 80% de materia
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vegetal (LeCount et al. 1984; Hellgren y Vaughan, 1988 ). Se les considera depredadores oportunistas (Herrero, 1978), y aunque su efecto en las poblaciones de ungulados puede variar por la disponibilidad de las presas (Ballard et al. 1981; Van Ballenberghe y Ballard 1994), es a través de la depredación oportunista que los carnívoros pueden mantener los ensambles de presas, que a su vez mantienen la estructura de la comunidad vegetal (Terborgh 1988; Estes 1996; Terborgh et al. 1997). Los osos negros también son importantes dispersores de semillas y puede que sean los únicos agentes dispersores de grandes distancias (Rogers y Applegate, 1978).
Por otra parte, en acciones de conservación, los osos negros son considerados especies sombrilla, debido a que presentan bajas densidades y requieren grandes extensiones de hábitat para obtener los recursos que necesitan, por lo que la conservación de esta especie, y por lo tanto de su hábitat, favorece la conservación de otras especies que se encuentran en él (Meffe y Carroll 1997).
Amenazas y Estado de Conservación
En los Estados Unidos, los osos negros se encuentran clasificados como especie cinegética en 33 Estados aunque cinco no cuentan con temporadas abiertas para la cacería, en tres la especie se encuentra amenazada bajo la Endangered Species Act (incluyendo el Este de Texas), siete estados la clasifican como especie rara, en peligro de extinción o amenazada, y en Florida tiene doble designación, en dos poblaciones la clasifican como cinegética y el resto de las poblaciones se encuentra amenazada (Pelton et al., 1999).
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En México, desde 1986, el oso negro se encuentra protegido bajo la categoría de peligro de extinción a lo largo de su distribución, con excepción de las Serranías del Burro en Coahuila, donde se cataloga bajo protección especial de acuerdo a la NOM-059 (SEMARNAT, 2008; SEMARNAP-INE, 1999). Adicionalmente es considerada como especie prioritaria para ejercer acciones de conservación de acuerdo al Programa de Conservación de Especies en Riesgo (PROCER; CONANP, 2007).
A nivel internacional, el oso negro se encuentra dentro del Apéndice II del CITES (CITES, 2009) desde 1991 (Hemley, 1994), bajo el cual se prohíbe comercializar cualquiera de sus partes, y así controlar el tráfico internacional de esta especie.
Entre los esfuerzos de conservación en México destacan la creación en 1999 del Subcomité Técnico Consultivo para la Protección, Conservación y Recuperación del Oso Negro (SEMARNAP-INE, 1999), así como la conservación de la especie en Áreas Naturales Protegidas (Reserva Forestal Nacional y Refugio de Fauna Silvestre Ajos-Bavispe; APFF Maderas del Carmen), y propiedades particulares (e.g. Fundación Cuenca los Ojos). Sin embargo, las poblaciones siguen en peligro, principalmente por la pérdida y fragmentación del hábitat, que se han identificado como una de las principales amenazas para las poblaciones de osos en Norte América (Leopold, 1959; Pelton et al., 1982; Robins et al., 2004). Por otra parte, la mayor proporción de muerte en adultos está relacionada con actividades humanas (e.g. cacería), si esta mortalidad se excluyera, la sobrevivencia de los osos adultos sería hasta de 95% (Costello 2001); en los
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juveniles la cacería juega un papel importante en la mortalidad durante su etapa de dispersión (Larivière, 2001).
La calidad del hábitat y de disponibilidad de alimento, principalmente cuando los años son muy secos, pueden afectar el tamaño de las poblaciones, ya que el éxito reproductivo es bajo, y la mortalidad en juveniles y adultos debe reducirse para mantener a la población (Rogers, 1993; Beecham y Rohlman, 1994). Se ha evaluado que el hábitat adecuado disponible es uno de los factores que limita el tamaño de las poblaciones. Tal es el caso de la población en las montañas Chisos, Texas, debido que los alimentos que prefieren solo son abundantes en las partes más elevadas, limitando así el área de hábitat adecuado para la especie (Onorato et al., 2003). A pesar de ello, esta población es un paso importante hacia la recolonización de otras áreas del Oeste del Estado.
El manejo adecuado del hábitat puede evitar la reducción de las poblaciones (Rogers, 1993), sin embargo es necesario contar con una base sólida del conocimiento biológico de la especie para poder implementar estrategias de conservación (Robins et al., 2004).
En México, además de la fragmentación de su hábitat, una de las principales amenazas para el oso negro es la cacería ilegal. Debido a que el área de distribución de esta especie en la Sierra Madre Occidental, ocupa mayormente ranchos de actividad ganadera, los ganaderos aún consideran al oso negro como una amenaza para su actividad productiva (Sáyago et al., 2005). Esta situación está dada principalmente porque se encuentran rastros de oso negro cerca de cabezas de ganado muertas, sin esclarecer si fue cazada por el oso negro u otro depredador (e.g. puma), siendo lo más probable que el oso estuviera ahí de
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manera oportunista (Sáyago et al., 2005). Sin embargo, esto ha llevado a que algunos ganaderos de la región promuevan la cacería de oso negro, brindando una recompensa económica a los vaqueros. Debido a la remuneración económica (~$3,000) los vaqueros buscan a los osos, principalmente hembras, en sus madrigueras durante el invierno, sin importar si atacó o no al ganado, y los cazan (Figura 8; com. pers. vaqueros de los Ranchos).
Figura 8. Pieles de oso negro (Ursus americanus) capturados en la Sierra Madre Occidental. Pertenecen a una hembra con su cría.
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4. Tendencias poblacionales del oso negro en las áreas fronterizas entre México y Estados Unidos
En 1875 en el Estado de Arizona, los osos negros eran considerados como abundantes, a finales de 1800’s, el gobierno de dicho Estado otorga a los condados dinero para contratar cazadores profesionales que puedan eliminar a las especies consideradas como depredadores de ganado (Brown, 1985). Muchos cazadores altamente capacitados llegaron al suroeste, Ben Lilly cazó a mas de 90 osos en el Suroeste de los Estados Unidos y el norte de México (Carmony, 1998). Además del dinero que recibían por parte de los propietarios de la tierra, algunos museos de los Estados Unidos les recompensaban por cada espécimen que enviaran, lo que provocó que entre 1930 y 1940, los osos negros fueran extirpados de algunas partes de Arizona (Brown, 2009). Hacia 1980, el Departamento de Caza y Pesca de Arizona (AZ Game and Fish Department), estimó una población de oso negro entre 2000 y 3500 individuos, sin embargo no se considera como una población abundante, presentándose históricamente en pequeños números en las White Mountains, Santa Rita Mountains, San Francisco Mountains y Huachuca Mountains (Hoffmeister, 1986). Para 1993 se estimó que la tendencia poblacional del oso negro en Arizona se había mantenido estable (sin aumentar o disminuir; Cuadro 1), con aproximadamente 2500 individuos (Pelton et al., 1999). La población en Arizona puede ser cazada, con un promedio anual para 1992 de 169 individuos. La mortalidad anual por colisión con automóviles en las carreteras es de 10 individuos en promedio (Pelton et al., 1999).
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En Texas, para 1992 no se conocía el estado de la población, sin embargo para 2002 se estimaron de 75 a 100 individuos en el Oeste del Estado. La población en Texas se ha estimado en no más de 100 individuos (Cuadro 1). La cacería no es permitida en esta región ya que la especie se encuentra protegida, pero se cree que la población tiende a aumentar su número. En el Este de Texas, no se conoce una población residente (Schmidly, 2002).
Por otra parte, en Nuevo Mexico, el tamaño poblacional se ha estimado entre 3000 y 6000 individuos dependiendo del autor consultado (Cuadro 1). Los osos en Nuevo México también están sujetos a la cacería (controlada por el gobierno). Las tendencias poblacionales indican un declive de 1980 a 1992, sin embargo hacia 1996 la población aumentó en número. Los individuos cazados de 1988 a 1992 fueron en promedio 261 al año, y las muertes en carretera menos de tres al año (Pelton et al., 1999).
En México, el incremento de la población humana y una pobre economía han contribuido a la pérdida de hábitat y a la cacería furtiva, sin protección adecuada de las poblaciones de oso negro (Pelton et al., 1999). Leopold (1959) consideraba que las poblaciones eran escasas en la mayor parte de su distribución en México, y afirma que es sorprendente que los osos negros hayan podido subsistir ante una cacería y persecución incesante.
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Cuadro 1. Estimaciones poblacionales de oso negro (Ursus americanus) en tres regiones fronterizas de los Estados Unidos.
Localidad Tamaño poblacional Año Fuente
Arizona 2000-2500 1980's Hristienko y Macdonald, 2007 2500 1988 Williamson, 2002 2,500-2,700 1992 Williamson, 2002 2500 1993 Pelton et al. 1999 2,000-3,000 1996 Williamson, 2002 2000-2500 2001 Hristienko y Macdonald, 2007 Nuevo México 4800 1980's Hristienko y Macdonald, 2007 3300 1988 Williamson, 2002 3000 1992 Williamson, 2002 3000 1993 Pelton et al. 1999 4000 1996 Williamson, 2002 5947 1996 Costello et al. 2001 5500 2001 Hristienko y Macdonald, 2007 Texas 50 1992 Williamson, 2002 75-100 1996 Williamson, 2002 <50 2001 Hristienko y Macdonald, 2007
Las poblaciones de la Sierra Madre Oriental han aumentado gracias a la protección a través de la implementación de Unidades de Manejo Ambiental (UMAs) y Áreas Naturales Protegidas. En México, las poblaciones de la Sierra Madre Oriental son más abundantes en comparación con las poblaciones de oso negro en la Sierra Madre Occidental. Para 1953, la población en El Carmen (Coahuila) parecía disminuir, debido a que eran encontrados pocos rastros de la especie (Leopold, 1959).
En la Sierra Madre Occidental, se conocía que existía una población numerosa en la Reserva Indígena del Mezquital, Durango, al igual que en las montañas al Oeste del Río Bolaños y a lo largo de los límites entre Jalisco y Nayarit (Leopold, 1959); sin embargo, actualmente no se conoce ninguna
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población residente y parece que el oso negro ha sido extirpado en estas localidades (Delfín et al.,; en preparación).
Al borde Noreste de la Sierra Madre Occidental, en la Sierra del Nido, los osos negros eran comunes, sin embargo también existían osos plateados (Leopold, 1959), y éstos fueron extirpados, lo que indica que la población de oso negro en esta región también pudo disminuir (Moreno-Arzate 2008). En la Colonia Pacheco, ubicada en el Estado de Chihuahua, a menos de 100 km de la frontera con Estados Unidos, se consideraba que las poblaciones todavía existentes de oso negro eran razonablemente buenas (Leopold, 1959). Actualmente, los osos negros continúan estando presentes en la mayor parte de su rango histórico dentro de Chihuahua, sin embargo como en muchas otras áreas, el hábitat se ha fragmentado de tal manera que se han convertido en áreas poco adecuadas para la presencia de oso negro (Calderon-Dominguez et al., 2006); actualmente no existen estimaciones poblacionales para el Estado.
En Bacerac, Sonora, municipio ubicado a menos de 100 km de la frontera con Estados Unidos, hace más de dos siglos los osos eran considerados como abundantes (Montané, 1999), este es uno de los pocos datos históricos con los que se cuenta cerca de la región fronteriza. Leopold (1959) consideraba que en Sonora los osos eran escasos, al igual que en la mayoría de las montañas al Este y al Oeste, en Nuevo León y cerca del Cerro Potosí. La presencia de poblaciones de oso negro se ha detectado en siete sierras de Sonora incluidas: San Luis, Los Ajos, El Tigre, Sierra Azul, La Elenita, Buenos Aires y del Gato (Gallo y Garza, 2002).
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Actualmente la población de oso negro en el norte de los Estados Sonora y Chihuahua persiste, mientras que prácticamente han desaparecido hacia el centro de México. En el Norte de la Sierra Madre Occidental, la Sierra de San Luis, no existen áreas federales que protejan a la especie, y solo existen algunos ranchos privados donde los osos negros cuentan con protección. Hacia el Oeste y Suroeste de la Sierra de San Luis, existen área federales que brindan un refugio para las poblaciones de oso negro, y que pueden formar una metapoblación. Sin embargo en estas áreas protegidas existe presencia de gente y ganado, que provocan un conflicto humano con el oso negro, y pueden llevar a la cacería ilegal de la especie.
Dentro de la Sierra Madre Oriental, se ha estimado que la densidad poblacional para el oso negro en las Serranías del Burro, Coahuila, va de 0.31 a 0.72 individuos/km2 (Doan-Crider, 1995; Herrera, 2003), sin embargo no se cuenta
con un estimado del número poblacional. Al parecer en esta localidad la población ha ido en aumento, contribuyendo a la recolonización de la especie en el Estado de Texas. El estado actual de la población en Coahuila, incluso ha llevado a pensar en aprobar la cacería de individuos. Su densidad poblacional es más alta que en algunos Estados de la Unión Americana (e.g. Minnesota, 0.23 ind/km2;
Rogers, 1987).
Los datos de abundancia de oso negro que se han reportado para Sonora indican que la Sierra de San Luis presenta una población de mayor tamaño en comparación con las Sierras de Ajos y La Madera, ubicadas al Este y Sureste de la Sierra de San Luis respectivamente (Lara et al., 2009). Mediante análisis de microsatélites por medio de excretas, se ha identificado que en la Sierra de San
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Luis el oso negro es más abundante que en la Sierra del Nido, Chihuahua (Varas, 2010).
Para el caso de la Sierra Madre Occidental, el estado poblacional actual del oso negro es incierto. Si bien no se cuenta con datos sobre las tendencias en densidad poblacional de oso negro en esta región, si se presentan datos relevantes sobre la disminución del hábitat adecuado para la especie.
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5. Metodología propuesta para diagnóstico poblacional del oso negro (Ursus
americanus) en la Sierra de San Luis, Sonora y Chihuahua
Para el diagnóstico poblacional actual del oso negro se llevará a cabo el monitoreo de la especie mediante la obtención de registros fotográficos por medio de trampas cámaras, el registro de rastros (huellas, rascaderos, excretas) y entrevistas a personas de las localidades sobre la presencia de la especie. El monitoreo con trampas cámara será utilizado para obtener registros de presencia, así como una estimación preliminar de la abundancia y densidad del oso negro en las áreas cercanas a la línea fronteriza. El resto de los registros serán usados para generar la distribución del oso negro en la región fronteriza de la Sierra de San Luis. La metodología que se propone a continuación ha demostrado ser efectiva para registrar e identificar osos negros, además de tener la ventaja de poder realizarse en un periodo corto.
Se colocarán al menos 30 trampas cámara por muestreo, realizando por lo menos uno para cada área (Sierra de San Luis, Sonora y serranías de Chihuahua) debido a la diferencia de tamaño entre las áreas, las zonas seleccionadas serán con base en el hábitat adecuado para oso negro. Las cámaras serán colocadas en veredas identificadas como paso de fauna a lo largo de los sitios de estudio, distribuidas con ayuda de los caminos existentes y el acceso a pie hasta donde sea posible. En cada sitio donde se coloquen cámara se registrarán las coordenadas geográficas y altitud, datos obtenidos mediante una unidad portátil GPS (sistema de posicionamiento global, por sus siglas en inglés). De modo complementario se anotaran las principales especies de flora
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presentes para describir el hábitat. Las cámaras serán separadas a una distancia aproximada de un km. entre ellas, para tener mayor probabilidad de que los registros de las especies de mamíferos sean eventos independientes; sin embargo, dicha distancia variará de acuerdo a la accesibilidad del terreno. Frente a cada cámara se colocará un atrayente, a una distancia de 3 m., el cebo que consistirá es una combinación de sardina comercial en salsa de tomate (sardina), una mezcla de avena y maíz, y finalmente extracto de vainilla rociado con un atomizador en la mezcla anterior; la selección de este cebo favorece atraer a mamíferos de talla mediana y grande, tanto carnívoros, como herbívoros y omnívoros, y la sardina es el cebo que atrae con mayor frecuencia al oso negro.
Las trampas cámara tendrán una orientación S-N con la finalidad de evitar ser activadas por la luz del sol, se fijaran en árboles a una altura entre 50 y 100 cm, dependiendo de las características del terreno (e.g. pendiente). Las trampas cámara que se utilizarán son digitales (WildVieW 5®), por lo que cada evento fotográfico será programado para registrar la fecha y hora (en formato militar), así como tres eventos fotográficos sucesivos, para tener mayor probabilidad de captura de eventos fotográficos debido al comportamiento elusivo de algunas especies. El periodo en que las cámaras se mantendrán activas será de 30 días. Todos los registros fotográficos se almacenarán en una base de datos hecha en Excel®.
Adicionalmente, para identificar y verificar la presencia del oso negro en la zona de interés se registrarán todos los rastros de oso negro y otros mamíferos que se encuentren, en el caso de las excretas de oso se colectarán para futuros análisis genéticos y de alimentación. Así mismo, se harán entrevistas a la gente
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presente en las localidades, y de ser posible se verificará la presencia de la especie por medio de registros fotográficos o evidencia tangible que puedan aportar como pieles y cráneos.
Debido a que los osos pueden identificarse a nivel de individuos a través de marcas naturales, se llevará a cabo un análisis cruzado de opiniones, donde cinco observadores diferentes discriminarán individuos entre las imágenes obtenidas de modo independiente. Para evaluar la precisión del análisis se realizará un análisis “ciego”, donde cada observador desconoce el resultado del análisis realizado por parte de los otros observadores. A través de este análisis se eliminarán las fotografías no utilizables para distinguir individuos, produciendo un consenso por medio del cual se obtendrá el número promedio de individuos, incorporando así el numero de capturas y recapturas (Kelly et al., 2008). Con estos resultados se construirá el historial de captura y recaptura para cada individuo generando así una base de presencia (1) - ausencia (0) de acuerdo a los días de muestreo.
La abundancia de oso negro se estimará mediante el programa MARK 6.0, utilizando la herramienta Capture, considerando los supuestos de una población cerrada a través del modelo de estimación de probabilidad de captura apropiado (White, 2008). El área efectiva de muestreo se calculará con base al tamaño promedio del ámbito hogareño registrado para la especie, mediante el programa ArcMap 9.1, tomando la coordenada de cada cámara y calculando un área de amortiguamiento (buffer) de acuerdo radio de su ámbito hogareño (en kilómetros), usando para esto la herramienta “buffer” (arctool box: herramientas de análisis de proximidad) y disolviendo los buffers creados para evitar sobreposicion de áreas. Posteriormente el cálculo del área se realiza usando la extension Xtools Pro
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(versión 5.3). Para obtener la densidad del oso negro, el parámetro de abundancia calculado (número de individuos o eventos independientes) se dividirá entre el área efectiva de muestreo y se reportará como individuos por km2.
A través de los registros históricos obtenidos a través de la revisión bibliográfica, los registros fotográficos, rastros y verificación de presencia de oso negro por medio de entrevistas, se elaborarán mapas digitales georreferenciados del área histórica y actual donde se encuentre el oso negro. Adicionalmente estos registros serán utilizados para generar la probabilidad de ocupación de la especie en la zona de estudio mediante el programa PRESENCE (Hines, 2006), utilizando covariables como huella humana, vegetación, topografía y clima, que puedan definir la presencia de la especie, y de ser posible las contrapartes estadounidenses de estas variables para generar la probabilidad de ocupación para la zona de interés en ambos países; este análisis puede ser de gran importancia para la elaboración del esquema de conservación en la región y las acciones pertinentes que puedan minimizar los efectos del muro fronterizo sobre sus poblaciones, ya que se contaría con los sitios en los potencialmente se puede encontrar el oso dentro de las área muestreadas.
Mediante el programa ArcView (ESRI, 1999), se asociará la probabilidad de ocurrencia con las coordenadas geográficas de los registros de oso negro, haciendo una interpolación para determinar la probabilidad de ocurrencia en la zona fronteriza de la Sierra de San Luis.
Finalmente, los mamíferos registrados adicionalmente por medio de fotografías se identificarán a nivel de especie utilizando como referencia guías de campo. Para aquellas especies que se registren durante los muestreos y que no
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puedan ser identificadas a nivel de individuos (e.g. zorra gris) se utilizarán eventos independientes cada 24 h (Yasuda, 2004), es decir, en una misma cámara durante un periodo de 24 horas solo se considera un registro fotográfico de la misma especie como evento independiente, para especies con hábitos gregarios (e. g. pecarí de collar), en el lapso de 24 horas se toma en cuenta el registro fotográfico con el mayor número de individuos, siendo cada individuo considerado como un evento independiente. A partir de los eventos independientes se generará una base de presencia-ausencia para cada especie por cámara de acuerdo a los días de muestreo, que se utilizará para calcular su abundancia, y posteriormente su densidad con el mismo método utilizado para el oso negro.
A partir de los resultados obtenidos se generará el esquema de planeación y recomendaciones para la conservación del oso negro en la región fronteriza, para minimizar el impacto del muro fronterizo sobre sus poblaciones en Sonora y Chihuahua.
43 6. Literatura citada
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