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Presenta. Libro Un arte de ver. Aldous Huxley

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Aldous Huxley

Libro

Un arte de ver

Presenta

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Un arte de ver

por Aldous Huxley

Prefacio por Ainhoa de Federico

Primera versión 1942!

Traducción de 1999

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Prefacio a la edición electrónica

Tienes entre tus manos un gran clásico de la visión natural. No se trata de la obra cient’Þca pionera, que pertenece a la pluma del oftalm—logo estadounidense fundador de la visi—n natural: William Horatio Bates, quien public— en 1920 - hace 100 a–os - su obra seminal The Cure of Imperfect Sight by Treatment Without Glasses también conocido como Perfect Sight Without Glasses. El audaz y controvertido libro de Bates, que cuestiona algunas de las hip—tesis en que todav’a se basa hoy en d’a el tratamiento mayoritario de los problems de la vista, est‡ escrito para oftalm—logos y profesionales de la visi—n, lo cual hace su lectura muy ardua para el gran pœblico.

Sin embargo, el libro que est‡s a punto de comenzar a leer est‡ escrito en un lenguaje accesible para todos por un escritor profesional, y eso se nota.

Posiblemente conozcas a Aldous Huxley por tus lecturas obligatorias de la secundaria - al menos a mi me toc— leerlo en las clases de literatura - ya que es el autor de la novela dist—pica Un mundo feliz (A brave new world en su versión original en inglés).

El valor de esta obra - aparte de su claridad - a mi entender, es doble:

En primer lugar, relata en primera persona la experiencia de alguien que qued—

legalmente ciego con 16 a–os y logr— recuperar una visi—n funcional sin lentes gracias a la visi—n natural, el propio Aldous Huxley.

En segundo lugar, hace una s’ntesis certera de los avances de la visi—n natural hasta la fecha de su publicaci—n, 1942, incluyendo las aportaciones de varias disciplinas cient’Þcas.

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Sin duda nuestro mundo ha cambiado mucho desde 1920 o 1942 y los avances de la ciencia nos permiten comprender mucho mejor los fundamentos y procesos implicados en la mejor’a natural de la visi—n.

Desde entonces y hasta la actualidad se han publicado muchos otros libros divulgativos sobre visi—n natural (vŽanse las obras de Margaret Darst-Corbett, Meir Schneider, Martin Broman o Esther Joy van der Werf entre otros muchos) y por supuesto se han realizado trabajos e investigaci—n cient’Þca de calado publicados en Tesis Doctorales (como la de Charles K. Kelley o la de Ray Gottlieb) o en art’culos cient’Þcos en prestigiosas revistas revisadas por pares (vŽase una lista de referencias en volveraverclaro.com/investigacion).

Sin embargo, por su claridad, sencillez y accesibilidad, este libro sigue siendo una excelente introducci—n y primer acercamiento a la visi—n natural y sus pr‡cticas.

Espero que lo disfrutes tanto como lo disfrutŽ yo y que te sea tan œtil como me ha sido a mi y a miles de personas en todo el mundo.

Dra. Ainhoa de Federico Universidad de Toulouse 4 de abril 2020

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Introducción

Ten’a 16 anos cuando un agudo ataque de keratitis punctacta me dej— (despuŽs de 18 meses de ceguera casi total, dependiendo del Braille para leer y de un gu’a para mis salidas) con un ojo apenas capaz de percibir la luz, y el otro que s—lo me permit’a reconocer la l’nea de 57 de la escala de Snellen a tres metros y medio de distancia. Mi problema con la vista se deb’a principalmente a opacidades en la c—rnea, pero este estado se complicaba con hipermetrop’a y astigmatismo. Durante varios a–os, los doctores me aconsejaron leer con ayuda de una poderosa lente de aumento, para despuŽs recetarme anteojos. Con ayuda de ellos, pude reconocer la l’nea de veinte a tres metros y medio, y pude leer bastante bien, con tal de tener la pupila dilatada con atropina para ver alrededor de la mancha de opacidad, ubicada en el centro de la c—rnea. Sin embargo, experimentaba siempre una sensaci—n de esfuerzo y fatiga, y muchas veces fui vencido por un agotamiento f’sico y mental que s—lo pod’a producir el esfuerzo ocular. No obstante, ten’a que estar agradecido por ver, aunque fuera un poco.

Todo sigui— igual hasta 1939, cuando a pesar de los poderosos lentes que utilizaba, leer era cada vez m‡s dif’cil y fatigoso. No hab’a duda, mi capacidad para leer declinaba r‡pidamente. Lleno de temor, pensaba sobre lo que podr’a hacer en este mundo si la lectura se me hac’a imposible, cuando escuchŽ hablar de un proceso de reeducaci—n visual y de un maestro que, segœn dec’an, lo usaba con excelentes resultados. El mŽtodo parec’a ser totalmente inofensivo y, como los anteojos pronto me iban a resultar insuÞcientes, decid’ someterme a una prueba. En un par meses pude leer sin lentes y, lo que era mejor, sin esfuerzo ni cansancio. La constante tensi—n y los vah’dos que me dejaban exhausto, desaparecieron completamente. TambiŽn, exist’an signos de que la opacidad de la c—rnea, que hab’a crecido constantemente durante 25 a–os, comenzaba a aclararse. Actualmente mi visi—n, aunque lejos de la normal, es el doble de la que ten’a cuando usaba lentes; es decir, antes de haber aprendido

"El Arte de Ver".

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Por otra parte, la opacidad se ha aclarado lo suÞciente, permitiendo al peor ojo, que durante a–os s—lo pod’a distinguir la luz en la oscuridad, reconocer la l’nea de treinta a tres metros y medio.

Escrib’ este libro, sobre todo, para saldar una deuda de gratitud al precursor de la educaci—n visual, el doctor W.H. Bates, as’ como a su disc’pulo, la se–ora Margare! D. Corbett, a cuya capacidad como maestra debo la mejor’a en mi visión.

Se han publicado otros libros sobre educaci—n visual, especialmente el del doctor Bates "Perfect Sight Without Glasses" (Nueva York, 1920), el de la se–ora Corbett "How to improve Your Eyes" (Los çngeles, 1938), y "The Improvement of' Sight by Natural Methods", del doctor C.S. Pr’ce, (Londres, 1934). Todos estos libros tienen sus propios mŽritos, pero ninguno (al menos en los que le’) se ha hecho un ensayo para llegar a lo que yo he buscado en Žste: relacionar la educaci—n visual con los descubrimientos de la psicolog’a moderna y de la Þlosof’a cr’tica. El objetivo de llevar a cabo esta relaci—n, es demostrar lo razonable de un mŽtodo que propone aplicar pr‡cticamente a los problemas de la visi—n, ciertos principios te—ricos universalmente aceptados como exactos.

Pero, ÀporquŽ los oftalm—logos ortodoxos no han sido capaces de aplicar estos principios? La respuesta es sencilla: desde que la oftalmolog’a lleg— la categor’a de ciencia, los especialistas se obsesionaron s—lo del aspecto m‡s complejo del proceso de la visi—n, el Þsiol—gico. S—lo han prestado atenci—n a los ojos y no a la mente, que utiliza los ojos para ver. Me han tratado verdaderas eminencias en su profesi—n, pero nunca me informaron sobre la existencia de una parte mental de la visi—n, o de que hay modos err—neos de utilizar los ojos y la mente, as’ como modos correctos, procedimientos antinaturales y anormales de funcionamiento visual, y procedimientos naturales y normales, DespuŽs de atender la infecci—n aguda de mis ojos, en la que demostraron una enorme habilidad, me prescribieron anteojos y me abandonaron. Si yo utilizaba bien o mal mi mente y mis ojos provistos de lentes, les era completamente indiferente a todos los oftalm—logos ortodoxos, igual que el efecto que tendr’a sobre mi visi—n ese inadecuado uso. El doctor Bates, en cambio, se preocupa mucho por este

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!aspecto y, en consecuencia, despuŽs de la experimentaci—n y de la pr‡ctica cl’nica, elabor— un mŽtodo especial de educaci—n visual. Su eÞcacia muestra la bondad de este método.

Mi caso no es œnico; miles de enfermos con problemas visuales se han beneÞciado siguiendo las simples reglas del arte de la visi—n que debemos a Bates y sus continuadores. El prop—sito fundamental de este libro es difundir el conocimiento de este arte.

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Aldous Huxley

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1ªSECCIÓN

CAPêTULO 1!

MEDICINA Y VISIîN DEFECTUOSA

Medicus curat, natura sanat (el mŽdico cura, la naturaleza sana). Este antiguo aforismo abarca el objeto y prop—sito de la medicina: proporcionar al organismo enfermo las mejores condiciones internas y externas para que ejerza su propia capacidad autorreguladora y reparadora. Si no existiera vis medicatríx naturae, si no hubieran fuerzas naturales para la curaci—n, la medicina ser’a inœtil, y cualquier peque–a alteraci—n llevar’a a la muerte o surgir’a alguna enfermedad crónica.

Si las condiciones son favorables, el organismo enfermo puede sanar gracias a su propia capacidad de autocuraci—n. Si no se restablece, signiÞca que el caso es desesperado o que las condiciones no son favorables, es decir: que con el tratamiento mŽdico aplicado no se logra lo que se lograr’a con un tratamiento natural adecuado.

Tratamiento corriente de la visi—n defectuosa

Apoy‡ndonos en estos principios generales, abordaremos el tratamiento mŽdico corriente para los defectos de la vision. En la mayor’a de los casos, el œnico tratamiento consiste en darle al enfermo unos lentes para corregir el vicio de la refracci—n, que se cree responsable del defecto. Medicus curat, y en buena parte de los casos, el enfermo obtiene una inmediata mejor’a de su visi—n. Pero, ÀquŽ ocurri— con la Naturaleza y sus procesos curativos? ÀLos lentes desaparecen los motivos de la visi—n defectuosa? ÀRecuperan los —rganos de la visi—n el funcionamiento normal como resultado del tratamiento con lentes artiÞciales?

La respuesta a estas preguntas es negativa. Los lentes s—lo neutralizan los s’ntomas, pero no desaparecen las causas de la visi—n defectuosa. En vez de mejorar, los ojos provistos de estos recursos se vuelven cada 'vez m‡s dŽbiles. Por lo mismo, se necesitan lentes cada vez m‡s fuertes para la correcci—n de los

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!s’ntomas. En una palabra, Medicus curat, natura NON sanat. De esto podemos obtener dos posibilidades: a) los defectos de los —rganos de la visi—n son tan incurables, que s—lo pueden ser curados por medios mec‡nicos, o b) hay algo radicalmente erróneo en los métodos ordinarios de tratamiento.

Los ortodoxos aceptan la primera y m‡s pesimista de las alternativas, insistiendo en que la mejor’a mec‡nica de los s’ntomas es el œnico tratamiento al que responden los —rganos defectuosos de la visi—n (dejo a un lado los casos de enfermedades de los ojos m‡s o menos agudas que son tratados por la cirug’a, limit‡ndome a los defectos visuales m‡s comunes que suelen tratarse por medio de lentes) ¿Curación o alivio de los síntomas?

Si la opini—n ortodoxa est‡ en lo cierto Ñlos —rganos de la visi—n no son capaces de curarse por s’ mismos, y si sus defectos s—lo pueden ser curados por recursos mec‡nicosÑ, los ojos deben ser totalmente diferentes a las otras partes del cuerpo humano. En algunas condiciones favorables, los dem‡s —rganos tienden a liberarse por s’ mismos de sus defectos, pero los ojos no; cuando surgen s’ntomas de debilidad, segœn los ortodoxos, ser’a inœtil hacer un esfuerzo serio para eliminar las causas de estos s’ntomas; intentar descubrir un tratamiento que ayude a la naturaleza a cumplir su normal tarea de lograr la curaci—n, seria perder el tiempo. Los ojos enfermos son, ex hypothesi, pr‡cticamente incurables;

carecen de la vis medicatrix naturae. Lo œnico que la oftalmolog’a puede hacer en favor de ellos, es ofrecerles medios mec‡nicos para curar sus s’ntomas. S—lo justiÞcan esta extra–a teor’a aquellos que se han dedicado exclusivamente a estudiar las condiciones externas de la visi—n. Tratemos algunas importantes observaciones tomadas del libro ÒSeeing and Human WelfareÓ, escrito por el doctor Matthew Luckiesh, Director de la General Electric Company’s Lighting Research Laboratory. Los lentes (Òœtiles muletasÓ, como el doctor Luckiesh los llama) combaten los defectos de la herencia, de la edad y del abuso, pero no las causas. Pensemos por un momento que los ojos lisiados fueran piernas lisiadas.

ÁQuŽ triste desÞle ver’amos en cualquier calle concurrida! Casi todas las personas ir’an cojeando, muchas usar’an muletas, y otras se trasladar’an en sillas de ruedas. ÀCu‡ntos de estos defectos en los ojos se deben a las precarias condiciones para ver, es decir, a la indiferencia para la visi—n? No hay estad’sticas a la mano, pero un conocimiento de la visi—n y c’e sus requisitos

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!indica que la mayor’a de estos procesos se pueden evitar, y muchos de los restantes pueden ser aliviados o detenidos en su evoluci—n en condiciones adecuadas. En otra parte de su obra aÞrma: Òhasta los efectos de refracci—n y otras anormalidades en los ojos provocadas por abusos, no son siempre permanentes. Cuando nos enfermamos, la naturaleza desempe–a su papel, si nosotros hacemos lo que se debe. Los OJOS pueden recuperarse, al menos en cierto grado. Disminuir el abuso, mejorando las condiciones de la visi—n es siempre œtil, y conocemos muchos casos en que, gracias a este procedimiento se obtuvieron notables mejor’as. As’ pues, si el abuso no es corregido a tiempo, el proceso empeorar‡ progresivamenteÓ. He aqu’ palabras alentadoras que nos permiten albergar la esperanza de que puede haber un tratamiento nuevo y puramente etiol—gico de los defectos visuales que ocupe el lugar del tratamiento puramente sintom‡tico que actualmente se practica. Sin embargo, esta promesa s—lo se cumple a medias. ÒLa mala iluminaci—n Ñdice el doctor LuckieshÑ, es el motivo m‡s importante del esfuerzo ocular, que muchas veces lleva a defectos y trastornos progresivosÓ. Todo su libro se dedica a la explicaci—n de este tema.

A–adirŽ que, dentro de sus limitaciones, es un muy buen libro. Para el que cuenta con una visi—n defectuosa, la importancia de una buena iluminaci—n es enorme. Y debemos agradecer al doctor Luckiesh por su estudio cient’Þco sobre el signiÞcado de las palabras Òbuena iluminaci—nÓ proporcionando entidades mensurables, como son los Òpie buj’asÓ. Pero los Òpie buj’asÓ no son suÞcientes.

Para tratar otros —rganos, los mŽdicos no se limitan a mejorar las condiciones externas del funcionamiento; buscan mejorar las condiciones internas, para poder actuar directamente no s—lo sobre el elemento Þsiol—gico del —rgano enfermo, sino tambiŽn sobre el medio f’sico fuera del cuerpo. Cuando las piernas est‡n lisiadas, los mŽdicos se niegan a que sus pacientes lleven muletas.

Tampoco creen que poner reglas para prevenir los accidentes, constituya un tratamiento suÞciente para los que est‡n tullidos. Por el contrario, creen que usar muletas constituye un proceso paliativo y temporal, y mientras ayudan af paciente en las condiciones externas, hacen lo posible para mejorar las condiciones internas de la parte afectada, de modo de ayudar a la naturaleza en su obra de reparaci—n. Algunas de estas medidas, como el descanso, el masaje, la aplicaci—n de luz y calor, se olvidan de la mente del enfermo, y se encaminan directamente a los —rganos afectados; su objetivo es mantenerlos relajados, aumentar la circulaci—n y conservar la movilidad. Otras medidas son did‡cticas

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!y exigen del paciente una coordinaci—n de mente y cuerpo. Recurriendo al factor psicol—gico, se obtienen muchas veces resultados notables. Un buen maestro, empleando la tŽcnica correcta, puede muchas veces educar a la v’ctima de un accidente o de una par‡lisis para que, poco a poco, recupere sus funciones perdidas y, con el restablecimiento de la funci—n, alcance el mejoramiento de su salud y la integridad del —rgano defectuoso. Si esto puede hacerse con las piernas lisiadas, Àno podr’a hacerse tambiŽn algo similar con los ojos defectuosos? A esta pregunta, la teor’a ortodoxa contesta que no, pues considera como un dogma el que los ojos enfermos son incurables y no pueden, a pesar de su ’ntima y particular relaci—n con la psique, ser reeducados y normalizados por un proceso de coordinaci—n som‡tica-mental, La posici—n ortodoxa es tan poco l—gica y tan lejana de la realidad, que nos maravillamos de que se la haya aceptado de un-modo tan total y sin discusi—n. De cualquier manera, la fuerza del h‡bito y de la autoridad es tanta que todos la hemos admitido como correcta. En la actualidad, s—lo la rechazan aquellos que tienen razones personales para saber que es falsa. Yo soy-uno de ellos. Afortunadamente, por mi experiencia personal, pude descubrir que los ojos no carecen de vis medicatrix naturae, que mitigar los s’ntomas no es el œnico camino para mejorar la visi—n defectuosa, que la visi—n puede ser reeducada y normalizada gracias a una adecuada coordinaci—n psicosom‡tica y, Þnalmente, que al mejorar el funcionamiento se mejora tambiŽn el estado general del —rgano da–ado. Mi experiencia personal ha sido conÞrmada por la observaci—n de muchos otros casos que han recurrido al mismo tratamiento de educaci—n visual. De esta manera, no nos es posible aceptar la teor’a ortodoxa ordinaria con sus pesimistas resultados pr‡cticos.

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CAPêTULO 2

UN MƒTODO DE REEDUCACIîN VISUAL

A principios del siglo, el doctor W.B. Bates, un oculista de Nueva York, no se encontraba satisfecho con el tratamiento sintom‡tico aplicado a los ojos. En su bœsqueda de un substituto para los anteojos, dedic— sus esfuerzos a descubrir si exist’a algœn mŽtodo de reeducaci—n para normalizar la visi—n defectuosa.

Como resultado de sus trabajos con gran nœmero de enfermos, concluy— que la mayor’a de los defectos de la visi—n es funcional, debida a los h‡bitos defectuosos en el uso del aparato visual. Estos h‡bitos incorrectos est‡n, en opini—n del doctor, invariablemente relacionados con un estado de esfuerzo y tensi—n. Como era de esperarse, dada la naturaleza unitaria del organismo humano, el esfuerzo afecta no s—lo al cuerpo sino tambiŽn a la mente.

El doctor Bates descubri—, mediante las tŽcnicas correctas, que el constante estado de esfuerzo pod’a ser eliminado, Cuando se alcanza el alivio Ñes decir, cuando los pacientes han aprendido a usar sus ojos y su mente en forma relajadaÑ, la visi—n mejora y los defectos de refracci—n tienden a corregirse por s’ mismos. La pr‡ctica_de las tŽcnicas de educaci—n sirven. para que los h‡bitos defectuosos, responsables de la mala visi—n, sean cambiados por h‡bitos correctos y, en muchos casos, la funci—n queda total y permanentemente normalizada.!

Ahora bien, es un principio vital ya establecido, que el alivio del funcionamiento tiende siempre a producir una mejor’a en el estado org‡nico de los tejidos correspondientes. El doctor Bates descubri— que el ojo no era una excepci—n a esta regla general. Cuando Žl enfermo aprende a relajar su tensi—n y comienza a practicar los h‡bitos correctos para leer, la vis medicatrix naturae puede actuar, con el resultado de que, en muchos casos, a la mejor’a de la funci—n le sigue un total restablecimiento de la salud y la integridad org‡nica del ojo enfermo.!

En 1931 el doctor Bates muri—, y hasta el d’a de su muerte sigui—

perfeccionando y desarrollando sus mŽtodos para mejorar la funci—n visual.

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!Adem‡s, durante los œltimos a–os de su vida, y despuŽs de su muerte, sus seguidores de diversas partes del mundo, han ideado cierto nœmero de nuevas aplicaciones eÞcaces de los aspectos fundamentales que estableci— el propio doctor. Gracias a estas tŽcnicas, muchos hombres, mujeres y ni–os que sufr’an diversos problemas visuales, fueron reeducados y han recuperado la normalidad.

Para todo aquel que haya estudiado una selecci—n de estos casos, o haya sido tratado mediante el proceso de reeducaci—n visual, es imposible dudar de que hay, por lo menos, otro mŽtodo id—neo para tratar la visi—n imperfecta, y que no es el puramente sintom‡tico. Es decir, el que tiene por objeto la supresi—n de sus causas Þsiol—gicas y psicol—gicas. No obstante, a pesar del largo tiempo transcurrido, de la calidad y cantidad de los resultados obtenidos mediante su empleo por personal capacitado, la tŽcnica del doctor Bates aœn no ha sido reconocida por mŽdicos y oftalm—logos. Pienso que antes de seguir adelante, ser‡ œtil enumerar y discutir las razones principales que me llevan a oponerme con este estado de cosas que me parece lamentable.

Motivos para la desaprobaci—n ortodoxa

Antes que nada, el que este mŽtodo no sea reconocido por la teor’a ortodoxa, invita a los aventureros y charlatanes para que se aprovechen de los sufrimientos humanos.

Hay en el mundo s—lo algunos maestros conscientes y conocedores del mŽtodo del doctor Bates. Pero, desgraciadamente, existen tambiŽn embusteros ignorantes sin escrœpulos que no conocen del sistema m‡s que su nombre. Esto es deplorable, pero no sorprende a nadie. El nœmero de los que no alcanzan alivio alguno con el tratamiento sintom‡tico usual de los defectos de la visi—n es muy grande, y el mŽtodo Bates goza de la reputaci—n de ser efectivo en todos los casos. Sin embargo, la tŽcnica no es ortodoxa y, por tanto, sus maestros no deben demostrar legalmente su competencia y capacidad. Una gran clientela potencial, necesita desesperadamente de ayuda, y no pregunta ni exige demostraci—n de conocimientos y aptitud. Estas son las condiciones ideales para la pr‡ctica de la charlataner’a. Entonces, Àpor-quŽ asombrarse si ciertamente, aÞrman que tales fen—menos no existen. En este argumento la deducci—n es exacta, pero la conclusi—n es err—nea. Es cierto que los oculistas jam‡s

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!observaron los fen—menos descritos por Bates y sus seguidores, pero esto es debido a que nunca han visto pacientes que hayan aprendido a utilizar los

—rganos de la vista relajadamente y sin esfuerzo. Mientras estos —rganos se utilicen en un estado de tensi—n psicof’sica, la vis medicatrix naturae no se presentar‡, y los defectos visuales seguir‡n, e incluso empeorar‡n. Los oculistas observar‡n los fen—menos descritos por Bates s—lo en el aspecto que el mŽtodo de educaci—n visual signiÞque un alivio al esfuerzo ocular de sus pacientes. El que el fen—meno no pueda observarse en las condiciones que desean los ortodoxos, no quiere decir que no se produzca una vez que estas condiciones cambien, entonces la capacidad curativa del organismo no estar‡ impedida de actuar y podr‡ actuar libremente.

Otro motivo, esta vez te—rico, se debe a–adir a lo que acabamos de ver, para negar la tŽcnica de Bates. Durante su pr‡ctica como oculista, el doctor Bates lleg— a dudar de la exactitud de la hip—tesis comœnmente aceptada sobre la capacidad de acomodaci—n del ojo para la visi—n pr—xima y lejana. Este punto hab’a sido objeto de un enorme debate, hasta que Þnalmente, hace un par de generaciones, la balanza de la opini—n mŽdica ortodoxa se inclin— en favor de la hip—tesis de Helmholtz, quien atribuye la capacidad de acomodaci—n del ojo al accionar del mœsculo ciliar sobre el cristalino. Estudiando casos de visi—n defectuosa, el doctor Bates observ— cierto nœmero de hechos que la teor’a de Helmholtz parec’a incapaz de descifrar. Luego de experimentar con animales y seres humanos, lleg— a la conclusi—n de que el principal factor de la acomodaci—n no era el cristalino, sino los mœsculos externos del globo ocular, y que la acomodaci—n del ojo para ver los objetos pr—ximos y lejanos se cumple por el alargamiento o acortamiento del globo en su conjunto. Los trabajos que relatan sus experimentos aparecieron en varias revistas mŽdicas, y fueron resumidos en los primeros cap’tulos de su libro "Perfect Sight Without Glases".

No cuento con la autoridad necesaria para decir si el doctor Bates estaba o no en lo cierto al rechazar la teor’a de la acomodaci—n de Helmholtz. Creo, luego de examinar las pruebas, que tanto los mœsculos externos como el cristalino cumplen su papel en la acomodaci—n.

Esta hip—tesis puede ser correcta o no, pero poco me importa. Lo que realmente me interesa no es el proceso anat—mico de la acomodaci—n, sino el "Arte de

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!Ver", y Žste no depende de una hip—tesis Þsiol—gica. Sosteniendo el hecho de que la teor’a de Bates de la acomodaci—n es falsa, los ortodoxos han concluido que su tŽcnica de la educaci—n visual es inœtil.

Otra conclusi—n err—nea, gracias a la incapacidad para comprender la naturaleza de un arte o la habilidad psicof’sica.

La naturaleza de un arte

Toda habilidad psicof’sica, incluyendo el "Arte de Ver", tiene sus propias leyes.'ƒstas son establecidas emp’ricamente por los que desean adquirir esa habilidad, por ejemplo tocar el piano, cantar o hacer equilibrios. Estos individuos descubren, como resultado de una larga pr‡ctica, el mejor y m‡s econ—mico mŽtodo para utilizar su organismo psicof’sico con ese objeto particular. Incluso, pueden tener los conceptos m‡s incre’bles acerca de la Þsiolog’a, pero esto no tendr‡ la menor importancia mientras tanto la teor’a y pr‡ctica del funcionamiento psicof’sico sea adecuada a su prop—sito. Si la habilidad psicof’sica dependiera para su desarrollo de un amplio conocimiento de la Þsiolog’a, nadie hubiera podido aprender un arte. Es posible, por ejemplo, que Bach no haya pensado jam‡s en la Þsiolog’a de la actividad muscular, y si as’ lo hizo, seguramente sus pensamientos no eran correctos. Esto, sin embargo, no le impidi— utilizar sus mœsculos para tocar el —rgano con enorme destreza.

Cualquier arte, insisto, responde s—lo a sus propias leyes, y Žstas son las leyes del correcto funcionamiento psicof’sico, aplicadas a las actividades espec’Þcas relacionadas con ese arte.

El "Arte de Ver" es similar a las dem‡s artes psicof’sicas fundamentales o primarias, como hablar, caminar o utilizar las manos. Estas habilidades elementales son adquiridas comœnmente en la primera infancia mediante un proceso de auto-instrucci—n, generalmente inconsciente. Sin embargo, se necesitan varios a–os para formar h‡bitos correctos para la visi—n. Una vez establecidos, los h‡bitos de utilizar correctamente los —rganos mentales y Þsiol—gicos de la vista se hacen autom‡ticos, as’ como pasa con los h‡bitos de usar la garganta, la lengua y el paladar para hablar o las piernas para caminar.

Pero, mientras es necesaria una grave conmoci—n mental o f’sica para destruir la

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!costumbre autom‡tica de hablar o caminar correctamente; de igual manera el h‡bito de usar correctamente los —rganos visuales puede perderse como consecuencia de trastornos relativamente de poca importancia. Los h‡bitos para el uso correcto son reemplazados por otros incorrectos. La vista sufre y, en ocasiones, el mal funcionamiento facilita la aparici—n de enfermedades y disfunciones org‡nicas cr—nicas de los ojos. En ciertos casos, la naturaleza produce una cura espont‡nea, y los viejos h‡bitos de la visi—n correcta se restablecen casi de inmediato. Pera la mayor’a debe adquirir de nuevo conscientemente el arte que cuando ni–os aprendieron inconscientemente. La tŽcnica de este proceso de .reeducaci—n, es la que han presentado el doctor Bates y sus continuadores.

Principio elemental sobre el cual descansa la pr‡ctica de todo arte.

Debemos preguntarnos primero que nada ÀC—mo estar seguro de cu‡l es la tŽcnica adecuada? El movimiento se demuestra andando, y la primera y m‡s concluyente prueba del mŽtodo es su eÞcacia. La naturaleza del aprendizaje es tal, que no se puede dudar de su eÞciencia, pues el proceso ideado por Bates se basa precisamente en los mismos principios sobre los que descansa todo sistema efectivo ideado para el aprendizaje de un arte psicof’sico.

No importa el arte que se quiera aprender (acrobacia, tocar el viol’n, jugar golf, cantar, bailar, etc.), todo buen maestro dir‡ lo mismo: hay que aprender a combinar la relajaci—n con la actividad, a hacer las cosas sin mayor esfuerzo;

trabajar activamente, pero nunca bajo tensi—n.

Suena extra–o hablar de actividad y relajaci—n, pero no lo es. La relajaci—n pasiva se alcanza logrado el estado de completo reposo, mediante un proceso de indolencia consciente. Como un ant’doto para el cansancio, como un mŽtodo para aliviar temporalmente las excesivas tensiones musculares y psicol—gicas que siempre van de la mano, la relajaci—n pasiva es extraordinaria, pero nunca puede ser todo. Sin embargo, no podemos pasarnos los d’as esperando y, por lo tanto, no podemos estar siempre en estado de relajaci—n pasiva.

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!Existe tambiŽn algo que genuinamente podemos, catalogar de relajaci—n din‡mica. ƒsta es ese estado de cuerpo y mente que se relaciona con un funcionamiento correcto y natural. En cuanto a lo que he llamado las habilidades psicof’sicas fundamentales o primarias, el funcionamiento correcto y natural de los —rganos correspondientes puede perderse en ciertas ocasiones, pero aunque se haya perdido, puede recuperarse conscientemente mediante las tŽcnicas adecuadas. Cuando se ha vuelto a adquirir Žste h‡bito, el esfuerzo relacionado al mal funcionamiento desaparece, y los —rganos vuelven a trabajar en el estado de relajaci—n din‡mica del que habl‡bamos.

El funcionamiento defectuoso, y su consiguiente esfuerzo, se presentan cuando el "yo" consciente aparece en los h‡bitos adquiridos instintivamente para el uso adecuado. Esto ocurre cuando se quiere hacer el trabajo a la perfecci—n, o cuando se tiene el sentimiento injusto de estar cometiendo errores.'Para alcanzar cualquier habilidad psicof’sica, el "yo" consciente debe dar —rdenes, pero no muchas. Debe cuidar la formaci—n de h‡bitos para el adecuado funcionamiento de Žstos, pero no caer nunca en una modesta auto negaci—n. La gran verdad expresada en el campo del esp’ritu por los maestros de la plegaria de que

"cuanto m‡s hay de 'yo' menos hay de Dios",'' ha sido colocada varias ocasiones en Þsiolog’a por los maestros de varias artes y habilidades. Mientras m‡s haya de

"yo". menos hay de "naturaleza", esto es el funcionamiento normal y correcto del organismo. El papel que juega el "yo" consciente para disminuir las resistencias y predisponer al cuerpo para la enfermedad, ha sido reconocido por la ciencia mŽdica. Cuando uno est‡ preocupado, atemorizado o adolorido por un tiempo prolongado o intenso, el "yo" consciente puede llevar al cuerpo a donde se desarrollan las peores enfermedades, por ejemplo œlceras g‡stricas, tuberculosis, procesos pat—genos en las arterias coronarias y una serie de disfunciones de todos los tipos y grados. Incluso, la ca’da de los dientes en los ni–os, est‡ frecuentemente relacionada con vivencias protagonizadas por Žl "yo"

consciente. Es imposible que una funci—n tan ’ntimamente ligada a nuestra vida psicol—gica como es la de la vista, no sea inßuenciada por tensiones que tengan su origen en el "yo" consciente. As’ pues, es un hecho reconocido que la capacidad de la visi—n baja grandemente debido a las emociones penosas. Por el contrario, con las tŽcnicas de educaci—n visual, se descubre hasta quŽ punto este mismo "yo" consciente actœa en los procesos de la visi—n, incluyendo los casos en

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!que no se trata s—lo de emociones lamentables; e interviene, segœn sabemos, en la misma forma en que participa en los procesos de jugar un deporte o de cantar, cuando desea la meta correspondiente. Pero en el hecho de ver, como en las restantes habilidades psicof’sicas, el esfuerzo excesivo para hacerlo bien actœa en contra de su propio Þn; esta ansiedad nos lleva a realizar esfuerzos psicol—gicos y Þsiol—gicos, y el esfuerzo es incompatible con los medios correctos para lograr nuestro objetivo: el funcionamiento normal y natural.

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CAPêTULO 3 !

SENSACIîN + SELECCIîN + PERCEPCIîN = VISIîN

Antes de iniciar una descripci—n detallada de las tŽcnicas del doctor Bates y sus continuadores, me gustar’a dedicarle algunas p‡ginas al estudio del proceso de la visi—n. Este an‡lisis permitir‡, espero, aclarar dudas de estas tŽcnicas, algunas de las cuales podr’an, de otro modo, aparecer como inexplicables y absurdas.

En el proceso de ver, nuestras mentes toman los hechos del mundo exterior a travŽs de los ojos y del sistema nervioso. En ese momento, la mente, los ojos y el sistema nervioso est‡n ’ntimamente ligados para formar un todo. Lo que perturbe un elemento de este todo, afectar‡ a los otros elementos. En la pr‡ctica observamos que s—lo es posible actuar directamente sobre los ojos y la mente, pues el sistema nervioso que los relaciona, no puede ser inßuenciado m‡s que indirectamente.

La estructura interna y el mecanismo del ojo fueron estudiados minuciosamente, y podemos encontrar grandes descripciones en los libros de oftalmolog’a o de

—ptica Þsiol—gica. No intentarŽ hacer un resumen; lo que en verdad me interesa no son las estructuras anat—micas y los mecanismos Þsiol—gicos, sino el proceso de la visi—n, en el cual, Žstas estructuras y mecanismos entran en acci—n para darle a nuestra mente el conocimiento del mundo exterior.

En los siguientes p‡rrafos utilizarŽ el vocabulario que emplea el doctor C.D.

Broad en "The Mind and Ist Place in Nature", un libro que debido a la naturaleza y exactitud de su an‡lisis y la enorme claridad de sus argumentos, se debe incluir entre las obras maestras en la literatura Þsiol—gica moderna.

El hecho de la visi—n puede ser descompuesto en tres procesos auxiliares: un proceso de sensaci—n, uno de selecci—n, uno de percepci—n.

Lo que sentimos al ver, es una serie de sensa dentro de un determinado campo.

(Un sensum visual es uno de los pedazos coloreados que conforman, por as’

decirlo, la materia prima de la visi—n, y el campo visual es la suma de todos estos pedazos coloreados que se pueden sentir en un mismo momento.

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!A la sensaci—n le sigue la selecci—n, que es un proceso mediante el cual una parte del campo visual es examinada y separada del resto. La base Þsiol—gica de esto se basa sobre el hecho de que el ojo elabora sus im‡genes m‡s claras en el punto central de la retina, la regi—n macular con su diminuta fovea centralis, el punto donde la visi—n se vuelve m‡s aguda.Hay tambiŽn, l—gicamente, una base psicol—gica para la selecci—n. Generalmente, en cualquier circunstancia hay alguna cosa dentro del campo visual, en la que tenemos m‡s interŽs en diferenciar que cualquier otra parte del campo.

El œltimo proceso es la percepci—n. Este hecho regula el reconocimiento del sensum seleccionado como la visi—n de un objeto real que existe en el mundo exterior. Es importante recordar que los objetos reales no se dan como datos acabados. En principio, s—lo obtenemos una serie de sensa; y un sensum, para el doctor Broad, es algo que carece de referencias. En otras palabras, el sensum, como tal, es un simple pedazo coloreado que no tiene similitudes con ningœn objeto real externo. ƒste aparece s—lo cuando hemos seleccionado el sensum y lo hemos percibido. Son nuestras mentes, las que interpretan el sensum como un objeto en el espacio.

Un hecho sobresaliente en la conducta de los ni–os, es que no llegan a este mundo percibiendo claramente los objetos. El reciŽn nacido comienza por sentir una masa de sensa indeterminados, que no selecciona ni percibe como objetos reales. Poco a poco, aprende a diferenciar los sensa que tienen para sus Þnes espec’Þcos, mayor interŽs y signiÞcaci—n. Una vez seleccionados estos sensa, alcanza poco a poco, mediante un proceso de interpretaci—n correcta, la percepci—n de los objetos externos.

Este don de interpretar sensa como objetos reales externos quiz‡ es innato, pero necesita, para su correcta manifestaci—n, de un dep—sito de experiencias acumuladas y una memoria capaz de preservar ese dep—sito. La interpretaci—n de sensa como objetos f’sicos, s—lo se hace r‡pida y mec‡nicamente cuando la mente se basa en sus experiencias pasa das de sensa similares que fueron interpretados de un modo an‡logo.

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!En los adultos, los procesos de sensaci—n, selecci—n y percepci—n son siempre simult‡neos. S—lo nos damos cuenta del proceso total de ver los objetos, pero nunca de los procesos auxiliares que terminan en la visi—n. Quiz‡, privando la actividad de la mente, se pueda lograr la captaci—n de ciertos sensum como tales, o sea, tal y como se presentan a los ojos del reciŽn nacido. Sin embargo, esas captaciones son imperfectas y de poca duraci—n. Para el adulto, una experiencia de sensaci—n pura sin la percepci—n de los objetos reales, s—lo se logra, en ia mayor’a de los casos, en determinadas condiciones anormales, si los mecanismos superiores de la mente fueron desconectados por medicinas o enfermedades.

Experiencias as’, no pueden ser examinadas introspectivamente mientras tienen lugar; pero frecuentemente, se pueden recordar cuando la mente ha recobrado su estado normal. Recordando estos hechos, se puede obtener un cuadro real de esos procesos de sensaci—n, selecci—n y percepci—n, que terminan en el proceso 'Þnal de ver los objetos f’sicos existentes en el mundo exterior.

Un ejemplo

Como ejemplo, comentarŽ una experiencia personal mien tras "regresaba" de un anestŽsico suministrado en la silla del dentista: Al recobrar el conocimiento, aparecieron sensaciones visuales puras, completamente carentes de signiÞcaci—n.

Tal como las puedo recordar, no eran objetos que existieran all’, en el mundo familiar y tridimensional de la vida diaria. Eran pedazos coloreados existentes en y por s’ mismos, sin ninguno relaci—n con el mundo exterior o conmigo, pues el conocimiento de mi propia identidad faltaba aœn por completo, y estas impresiones sensoriales de signiÞcaci—n y aisladas del contexto no eran m’as;

simplemente exist’an.

Esta forma de conocimiento tuvo una duraci—n de uno a dos minutos; despuŽs, el efecto del anestŽsico se disip— algo m‡s y se dio un cambio notable. Los pedazos coloreados ya no eran simplemente eso, ahora se asociaban con ciertos objetos existentes en el mundo tridimensional exterior Ñparticular mente, el frente de la casa que se observaba a travŽs de la ventana situada frente a la silla en que estaba sentadoÑ. La atenci—n recorri— el campo visual, escogiendo algunas partes y percibiendo Žstas como objetos reales. De ser vagos y sin

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!ningœn signiÞcado, los sensa se transformaron en manifestaciones de cosas concretas, pertenecientes a una categor’a familiar y ubicadas en un mundo conocido de objetos s—lidos. As’ reconocidas y clasiÞcadas, estas percepciones (no les digo "mis" percepciones, ya que "yo" no hab’a hecho aœn mi aparici—n en la escena), se volvieron m‡s evidentes, y un sinnœmero de detalles, no reconocidos mientras los sensa carec’an de signiÞcaci—n, eran ya percibidos y valorados. Lo que ahora se ve’a no era un cœmulo de simples pedazos coloreados, sino determinados aspectos del mundo conocido y recordado.

ÀConocido y recordado por quiŽn? Por un instante fue posible una respuesta, pero despuŽs, imperceptiblemente, aparec’ yo, el sujeto de la experiencia. Al surgir se produjo, segœn recuerdo, una nueva aclaraci—n de la vista. Los que hab’an sido al principio sensa puros, y que despuŽs de ser interpretados alcanzaron la forma de objetos conocidos, sufrieron un nuevo cambio, convirtiŽndose en objetos conscientemente relacionados conmigo: la parte m’a plena de recuerdos, h‡bitos v deseos. Al quedar unidos con el "yo", los objetos percibidos se volvieron m‡s claros, mientras el "yo", con el cual se hab’an puesto en relaci—n, se interesaba en otros aspectos de la realidad externa, es decir, no como en un principio, el simple ser Þsiol—gico que hab’a sentido los pedazos coloreados, y luego el m‡s desarrollado, pero todav’a no auto consciente, que hab’a percibido esos sensa como la presencia de objetos familiares existentes en un mundo conocido. "Yo" hab’a regresado; y desde que "yo" me interesaba por detalles arquitect—nicos y por su historia, las cosas que observaba por la ventana eran, inmediatamente, consideradas como una nueva categor’a Ñes decir, no s—lo como casas, sino como casas de un estilo particular y, por lo tanto, poseedoras de caracteres determinados que no pod’an ser apreciados por ojos tan poco aptos como eran los m’osÑ. Estos caracteres particulares eran ahora percibidos, no porque mis ojos hubieran mejorado sœbitamente, sino debido a que mi mente ya hab’a alcanzado la posibilidad de apreciarlos y recoger su signiÞcaci—n.

MeditŽ algœn tiempo en esta experiencia, no porque sea substancialmente notable o fuera de lo comœn, sino porque muestra ciertos hechos que todo el que estudia el arte de la visi—n debe conocer. Estos hechos se pueden resumir as’:

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!*Sensación no es igual a percepción.!

*Los ojos y el sistema nervioso producen la sensación, la mente, la percepción.!

*La facultad de percibir se relaciona con las experiencias del individuo, es decir, con la memoria.!

*La visión clara es el producto de la sensación exacta y de la percepción adecuada.!

* Cualquier mejoría en la capacidad de la percepción, tiende a acompañarse por una mejoría de la capacidad de la sensación y, obviamente, por la de ese producto de sensación y percepción, es decir, la visión.

Percepci—n determinada por la memoria.

Pensar que al aumentar la capacidad de percepci—n se mejora la sensaci—n y la visi—n, se demuestra no s—lo en las condiciones anormales se–aladas, sino tambiŽn en las actividades m‡s comunes de la vida diaria. El microscopista experimentado ver‡ ciertos elementos en el microscopio que el novato no ve. Si un habitante de una gran ciudad atraviesa un bosque, estar‡ ciego para una multitud de cosas que el campesino ver‡ sin inconvenientes. En el mar, el marino descubrir‡ objetos lejanos que para el hombre de tierra no existen, y as’

indeÞnidamente. En todos los casos, el que se mejore la sensaci—n y la visi—n es consecuencia del aumento de la capacidad de percepci—n, debido al recuerdo de circunstancias parecidas en el pasado. Cuando se desarrolla un tratamiento ortodoxo para la visi—n defectuosa, s—lo se presta atenci—n a un elemento del proceso general de la visi—n: el mecanismo Þsiol—gico del aparato de la sensaci—n. La percepci—n y la memoria, de quienes depende la percepci—n, no son tomadas en cuenta. En virtud del importante papel que desempe–a la mente en todo el proceso de la visi—n, es normal que cualquier tratamiento et’ol—gico correcto de la visi—n enferma debe dar prioridad no s—lo la sensaci—n, sino tambiŽn la percepci—n, y por l—gica, los procesos del recuerdo sin los cuales la percepci—n es imposible. Es notable que en el mŽtodo de reeducaci—n del doctor Bates para los pacientes con visi—n defectuosa, no se descuidan estos fundamentos mentales el proceso total de la visi—n. Al contrario, muchas de sus tŽcnicas fundamentales van espec’Þcamente a la mejor’a de la percepci—n y de esa condici—n "sine qua non" de la percepci—n que es la memoria.

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CAPêTULO 4

FUNCIONAMIENTO SOMçTICO Y MENTAL

Lo m‡s caracter’stico respecto al funcionamiento del organismo en su conjunto, o de cualquier parte de Žste, es el hecho de no ser constante sino altamente variable. En ocasiones nos sentimos bien, y a veces, no; algunas veces, nuestra digesti—n es correcta, en otras pesada; ciertas ocasiones nos enfrentamos a las situaciones m‡s peligrosas con calma y reposo, en otras los inconvenientes m‡s banales nos dejan enfadados y nerviosos. Esta carencia de uniformidad en el funcionamiento del cuerpo, es el precio que hay que pagar por ser organismos vivos y auto conscientes, irremediablemente envueltos en un proceso que tenemos que adaptar a condiciones obligadamente variables.

El funcionamiento de los —rganos de la visi—n Ñel ojo que siente, el sistema nervioso que transmite y la mente que selecciona y percibeÑ, no est‡ exento al variable accionar del organismo tomado como un todo, o de cualquiera de sus partes. La gente que cuenta con ojos sanos y h‡bitos correctos para su uso tienen, por as’ decirlo, un amplio margen de seguridad visual. Aœn cuando sus

—rganos sensoriales no funcionen correctamente, ven lo suÞcientemente bien para los Þnes pr‡cticos. As’ pues, no son tan conscientes de las variaciones del funcionamiento visual, como lo son aquellos que tienen h‡bitos err—neos en su mecanismo visual, y que detentan ojos alterados. Estos individuos, tienen un margen muy peque–o en su seguridad visual o carecen por completo de Žl, y en consecuencia, cualquier problema en su capacidad de visi—n produce resultados notables y, en muchas ocasiones, muy penosos.

Los ojos pueden alterarse por muchas enfermedades. Algunas s—lo afectan los ojos; y en otras, la alteraci—n ocular es un s’ntoma de disfunciones en otras partes del cuerpo, como en los ri–ones, el p‡ncreas o las am’gdalas. Otras enfermedades y estados de complicaciones cr—nicas menos graves no provocan alteraciones org‡nicas de los ojos, pero inßuyen sobre su funcionamiento, y en ocasiones, se traducen en un descenso general de la vitalidad f’sica y mental.

Una mala dieta o posturas inadecuadas en el descanso, pueden tambiŽn afectar la visión.

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Hay tambiŽn razones puramente psicol—gicas para un mal funcionamiento visual. La tristeza, la ansiedad, la irritaci—n, el miedo y, cualquier emoci—n desagradable, pueden causar un mal funcionamiento pasajero, o si esas emociones son prolongadas, una alteraci—n duradera.

Si nos basamos en estos hechos, que son asuntos de la vida cotidiana, vemos quŽ absurda es la conducta de la gente cuando se produce una disminuci—n en la funci—n visual. Pasando por alto el estado general de su cuerpo o de su psiquis, se apresuran a visitar al oculista, quien inmediatamente, les receta un par de anteojos. El examen lo suele hacer alguien que nunca antes trat— al paciente y que, por lo mismo, no tiene el menor conocimiento de Žl como ente f’sico o como individuo. Sin pensar en que la posibilidad de que la insuÞciencia en la visi—n se pueda deber a un mal funcionamiento pasajero, provocado por alguna alteraci—n som‡tica o psicol—gica, el individuo se coloca sus lentes; y luego de un breve lapso (algunas veces no tan breve) de molestias m‡s o menos maniÞestas, obtiene, comœnmente, una leve mejor’a en su visi—n. Esta mejor’a, sin embargo, hay que pagarla.

La consecuencia inmediata, ser‡ que jam‡s podr‡ dejar de usar lo que el doctor Luckiesh llam— "las œtiles muletas"; al contrario, la fuerza de las "muletas"

tendr‡ que aumentar en la misma proporci—n en que disminuya la capacidad de la visi—n por su inßuencia. Esto pasa cuando las cosas marchan bien, Pero hay una minor’a de casos en que sucede algo peor, y en ellos el pron—stico es m‡s grave.

En la infancia, el funcionamiento visual se puede alterar f‡cilmente por las emociones, las angustias y los esfuerzos. Pero en vez de dar los pasos conducentes a la eliminaci—n de estos estados psicol—gicos y restablecer los h‡bitos adecuados para un correcto funcionamiento visual, los padres de un ni–o que se queja de diÞcultad para ver, se apresuran a ocultar sus s’ntomas mediante lentes artiÞciales. Con la misma ligereza con que le podr’an comprar al ni–o un par de zapatos, o un delantal a la ni–a, adquieren unos anteojos para su hijo, obligando al individuo, desde su ni–ez, a usar un recurso mec‡nico del

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!que depender‡ por siempre si quiere neutralizar los s’ntomas del funcionamiento defectuoso.

Ojos defectuosos que pueden tener r‡fagas de visi—n normal.

En una primera etapa del proceso de reeducaci—n visual, es posible descubrir un hecho notable. Cuando los —rganos defectuosos de la visi—n ejercitan cierto grado de lo que llamo "relajaci—n din‡mica", se experimentan r‡fagas de visi—n casi o totalmente normal. En algunos casos, estas r‡fagas duran s—lo un instante;

en otros, periodos un poco m‡s largos.

Ha pasado Ñaunque no es lo comœnÑ, que los malos h‡bitos que entorpecen la visi—n desaparecen para siempre y, con la vuelta al funcionamiento normal, se alcanza una normalizaci—n completa de la visi—n. En la mayor’a de los casos, sin embargo, esta sensaci—n se va tan r‡pido como vino. Los viejos y malos h‡bitos vuelven a aparecer, y no se lograr‡ ninguna otra mejor’a hasta que ojos y mente vuelvan a actuar en estado de relajaci—n din‡mica, la œnica forma en que es posible la perfecta visi—n. A los pacientes que desde hace mucho tiempo padecen de visi—n defectuosa, la primera r‡faga les provoca una emoci—n de feliz sorpresa, llegando inclusive al llanto.A medida que el conocimiento del arte de la relajaci—n din‡mica va alcanzando niveles mayores, a medida que los h‡bitos err—neos se reemplazan por h‡bitos adecuados, a medida que la capacidad visual mejora, las r‡fagas que mencionamos se hacen m‡s frecuentes y duraderas, hasta convertirse en un estado continuo de visi—n normal. Que ese estado sea permanente: he aqu’ el Þn y prop—sito de las tŽcnicas educativas elaboradas por el doctor Bates y sus seguidores. Esta r‡faga es un hecho emp’rico que puede ver cualquiera que cumpla los requisitos que Žsta exige. El que durante un instante podamos ver con notable claridad objetos, que normalmente son confusos o hasta invisibles, demuestra que el alivio pasajero del esfuerzo mental y muscular se reßeja en un funcionamiento m‡s correcto y en la desaparici—n temporal del vicio de refracci—n.

Ojos variables con anteojos invariables.

Si las condiciones cambian, puede variar el grado de deformaci—n del ojo enfermo que le fue impuesto por los malos h‡bitos en su uso. Esta posibilidad de

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!variaci—n, que se puede inclinar hacia la normalidad o hacia la disfunci—n, es mec‡nicamente disminuida, e incluso eliminada por el uso de lentes. La causa es sencilla: no cualquier lente sirve para corregir un vicio determinado de refracci—n. Es decir, que un ojo no puede ver con claridad a travŽs de una lente, a no ser que Žste tenga el mismo vicio de refracci—n que el que la lente tiende a corregir. Cualquier amago de los ojos provistos de anteojos para seguir su desarrollo natural, es inmediatamente detenido, ya que siempre provoca una peor visi—n. Esto es as’ aœn en los casos en que el ojo se inclina hacia la normalidad, pues el —rgano sin vicio de refracci—n no puede ver claramente a travŽs de una lente que le sirve para corregir un vicio que ya no existe.

Comprendemos as’ que el uso de gafas ubica a los ojos en un estado de inmovilidad estructural r’gido e invariable. En este sentido, las lentes artiÞciales se parecen, no s—lo a las "muletas", con las que el doctor Luckiesh los compara, sino a las fŽrula, brazaletes de hierro y vendajes enyesados.

Ya que tocamos el tema, mencionaremos algunos progresos recientes y totalmente revolucionarios en el tratamiento de la poliomielitis. Estas modernas tŽcnicas fueron propuestas por la enfermera australiana Elizabeth Kenny. Sus procedimientos han dado maravillosos resultados en Inglaterra y en los Estados Unidos. En los viejos mŽtodos de tratamiento, se inmovilizaba, mediante fŽrulas y yesos, los grupos musculares paralizados. La hermana Kenny reniega de estos recursos. En su lugar utiliza, desde el comienzo de la enfermedad, una variedad de tŽcnicas que buscan relajar y reeducar los mœsculos enfermos, algunos de los cuales est‡n en un estado de espasmo por hipercontracci—n, mientras otros (imposibilitados de movimiento debido al espasmo de los grupos musculosos vecinos) se "olvidan" de llevar a cabo sus funciones. El tratamiento a nivel Þsiol—gico, como la aplicaci—n de calor, se mezcla con una llamada a la mente consciente del paciente.por medio de instrucciones verbales y demostraciones pr‡cticas. Los resultados son verdaderamente notables. Gracias a este tratamiento, el promedio de restablecidos es del 75 al 100 por ciento de los casos, segœn el lugar de la par‡lisis.

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Entre el mŽtodo Kenny y el del doctor Bates, existen semejanzas muy signiÞcativas. Los dos se rebelan contra la inmovilizaci—n de los —rganos

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!enfermos. Ambos resaltan la importancia de la relajaci—n. Los dos aseguran que el funcionamiento defectuoso puede ser guiado hacia la normalidad por una adecuada coordinaci—n psicosom‡t’ca. Y, por œltimo, ambos son efectivos."

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CAPêTULO 5

CAUSAS DEL MAL FUNCIONAMIENTO VISUAL ENFERMEDADES Y EMOCIONES

En el cap’tulo anterior, resaltamos que el mal funcionamiento visual tiene su origen, en primer lugar, en enfermedades que tienen su centro en los ojos o en otra parte del cuerpo; y en segundo lugar, en alteraciones psicol—gicas relacionadas con emociones desagradables, como el temor, la angustia, el pesar, el dolor, etc. Sobra decir que en estos casos, el establecimiento del funcionamiento correcto, depende de la eliminaci—n de las causas psicol—gicas y Þsiol—gicas de la disfunci—n. Pero tambiŽn, pueden lograrse notables mejor’as con el aprendizaje y pr‡ctica del "Arte de verÓ.

Se puede considerar como un axioma Þsiol—gico general que la mejor’a en el funcionamiento de una parte del cuerpo, . tiende a continuarse en una mejor’a org‡nica dentro de esa parte. En el caso de enfermedades que tienen su lugar en el ojo mismo, los h‡bitos err—neos son, con bastante frecuencia, un factor causal o predisponente. As’ pues, el adquirir nuevos y correcto h‡bitos de visi—n lleva muchas veces a una r‡pida mejor’a en el estado org‡nico de los ojos enfermos.

Inclusive en aquellos casos en que la alteraci—n ocular es s—lo el s’ntoma de una enfermedad que tiene su origen en otra parte del cuerpo, la pr‡ctica de h‡bitos adecuados llevará a alguna mejoría en el estado orgánico del ojo alterado.

Algo as’ pasa con las alteraciones psicol—gicas. El perfecto funcionamiento no llegar‡ nunca mientras exista el estado de emoci—n negativa que produce la disfunci—n. De cualquier forma, la pr‡ctica consecuente del "Arte de Ver" puede mejorar notablemente el funcionamiento, aœn cuando persista el estado psicol—gico desagradable. Sin el aprendizaje de este arte, ser‡ muy dif’cil, aunque desaparezcan las causas perturbadoras, acabar los h‡bitos err—neos contra’dos cuando exist’an estas causas. Por otra parte, la mejor’a de la funci—n visual puede ser un factor favorable en el estado mental perturbado. Muchos tipos de funcionamiento incorrectos producen una marcada excitaci—n nerviosa (en el caso de los individuos con hipermetrop’a, por ejemplo, sobre todo cuando

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!hay una tendencia al estrabismo divergente, la tensi—n nerviosa no es muy clara, y el enfermo puede encontrarse en un estado de intranquilidad y excitaci—n cercano a la locura). Este estado nervioso, es un agravante m‡s en esa realidad psicol—gica perturbadora. La intensiÞcaci—n de la perturbaci—n acrecienta el problema ocular que, a su vez, aumenta la tensi—n nerviosa, y Žsta, agrava nuevamente el estado perturbador, entrando en un c’rculo vicioso.

No obstante, y afortunadamente, existen tambiŽn c’rculos virtuosos. La mejor’a del funcionamiento cura la tensi—n relacionada con la disfunci—n, y este alivio actœa favorablemente sobre el estado general. Eliminar la tensi—n no borrar‡, l—gicamente, las circunstancias perturbadoras, pero ayudar‡ a hacerlas m‡s soportables y menos peligrosas en sus consecuencias sobre la funci—n visual.

Queda pues clara la ense–anza. Cuando hay motivos para pensar que el mal funcionamiento visual nace completamente o en parte en una enfermedad o una emoci—n perturbadora, debemos actuar para eliminar esas causas. Claro, mientras aprendamos el "Arte de Ver".

Causas del mal funcionamiento visual: tedio

Hay otro obst‡culo para la buena visi—n: el tedio, que reduce la vitalidad general psicosom‡tica, incluyendo la de los —rganos de la vista. Veamos algunos p‡rrafos relacionados con este tema del trabajo de Joseph E. Barmack titulado "Boredom and Other Factors in the Physiology of Mental Effort" (Nueva York, 1937), publicado en los "Archivos de Psicología".

"Los s’ntomas del tedio frecuentemente llevan a una creciente presencia de est’mulos negativos como son los dolores, las fatigas oculares, el hambre."

El aumento del esfuerzo ocular nos lleva a un mayor esfuerzo para ver, y esto, asociado con el mayor esfuerzo para prestar atenci—n a pesar del aburrimiento, da lugar (de un modo que ser‡ explicado luego) a un descenso en la visi—n y a una mayor sensaci—n de esfuerzo ocular.

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!Por lo que toca al efecto del estado mental sobre el estado som‡tico, Barmack escribe lo siguiente: "Al producirse el tedio, la situaci—n es desagradable, pues la respuesta se da con ajustes Þsiol—gicos incorrectos, causados a su vez, por un est’mulo insuÞciente".

Lo contrario tambiŽn es correcto. Las reglas Þsiol—gicas imperfectas, producidas por perturbaciones org‡nicas o funcionales (en este caso, los —rganos de la vista) son poco favorables para la motivaci—n, disminuyendo en la persona el deseo de realizar una determinada acci—n, ya que es muy dif’cil llevarla a cabo como se debe. Esto, a su vez, aumenta la insuÞciencia de la adaptaci—n Þsiol—gica, y as’, en otro c’rculo cerrado, el aburrimiento aumenta tambiŽn. Este proceso se ve con claridad en los ni–os que sufren defectos en su visi—n. Debido a que al hipermŽtrope le desagrada leer, suele aburrirse en su trabajo, y su aburrimiento hace crecer el mal funcionamiento que le hace ser hipermŽtrope. De igual manera, el miope se encuentra con muchas diÞcultades cuando practica un deporte o se encuentra entre personas cuyas caras tan s—lo puede ver claramente a escasa distancia; como resultado de esto, se aburre en la vida deportiva y en la social, y el tedio se revierte desfavorablemente sobre su defecto visual. La meJoria de la visi—n cambia la cualidad de la motivaci—n, reduciendo la actividad del tedio. Esta disminuci—n y mejor’a de la motivaci—n se pueden ver en un mejor ajuste Þsiol—gico, que provoca la mejor’a de la visi—n.

TambiŽn aqu’, la moraleja es clara. Evitar, si es posible, aburrirse y aburrir a los dem‡s. Pero si esto es improbable, aprende el "Arte de Ver" para tu provecho personal y ensŽ–alo a tus amigos para que lo utilicen.

Causas del mal funcionamiento visual: Atenci—n mal enfocada

Todas las circunstancias f’sicas y psicol—gicas que vimos, y que dan lugar al mal funcionamiento visual, son factores que est‡n, por as’ decirlo, fuera del proceso de la visi—n. Veamos ahora una fuente constante de disfunci—n y que est‡ dentro del acto de ver: La atenci—n es la condici—n imprescindible de los dos elementos ps’quicos en el proceso total de la visi—n; si no hay atenci—n, no podemos hablar de selecci—n en el campo visual, y tampoco existe percepci—n de los sensa seleccionados como presencia de objetos reales.

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Comunmente en otras actividades psicof’sicas, hay una manera correcta e incorrecta de dirigir la atenci—n. Si se utiliza la atenci—n correctamente, el funcionamiento visual es correcto; cuando se dirige en una forma err—nea, el funcionamiento es alterado y la capacidad para ver disminuye.

Se ha escrito mucho con respecto al estudio de la atenci—n, y se llevaron adelante numerosos experimentos con el Þn de medir su intensidad, su duraci—n concreta y sus correlaciones corporales. Para nuestro objetivo actual, son pocas las consideraciones generales y los hechos particulares que importan. Por lo tanto, me limitarŽ s—lo a ellos.

La atenci—n es, esencialmente, un proceso de diferenciaci—n, un acto de separaci—n y aislamiento de una cosa o pensamiento espec’Þco del resto del campo sensorial o de las ideas de la mente. En el proceso general de la visi—n, la atenci—n est‡ vinculada ’ntimamente con .la selecci—n; efectivamente, es casi idéntica a esa actividad.

Los diferentes tipos y grados de atenci—n pueden ser clasiÞcados, por lo que a la visi—n respecta, siguiendo diferentes caminos. La clasiÞcaci—n fundamental es la que divide todos los actos de la atenci—n en las dos clases principales de

atenci—n: espont‡nea y voluntaria.

Tocar la atenci—n espont‡nea, signiÞca mencionar el tipo que tambiŽn tienen los animales superiores, es decir, el acto no forzado de conocimiento selectivo que determina por la necesidad biol—gica de vivir y reproducirse, o por las exigencias de nuestra segunda naturaleza, o sea, de nuestros h‡bitos y normas establecidas de sentimiento, pensamiento y conducta. Esta atenci—n no requiere ningœn esfuerzo cuando se desplaza y es transitorio, y el esfuerzo es muy escaso si se hace m‡s largo. Hasta en los animales es factible prolongar la atenci—n espont‡nea (el gato que permanece largo tiempo al lado de la cueva de un rat—n es un buen ejemplo).

La atenci—n voluntaria es, valga la comparaci—n, la variedad cultivada de la forma espont‡nea y normal. Puede observarse œnicamente en los seres humanos

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!y en los animales domesticados. Es la atenci—n que se relaciona con actividades que en lo intr’nseco son dif’ciles, o con tareas que debemos realizar, aœn cuando no lo queramos de un modo particular. El joven que estudia ‡lgebra presta atenci—n voluntaria, si es que en verdad muestra atenci—n. El mismo joven que se dedica a jugar presta atenci—n espont‡nea. La atenci—n voluntaria siempre se asocia al esfuerzo, produciendo m‡s o menos r‡pidamente, fatiga.

Consideremos ahora los correlatos corporales de la atenci—n que afectan a la visi—n. El primer caso, y el m‡s signiÞcativo, es que la, sensaci—n, la selecci—n y la percepci—n, no pueden presentarse sin algœn grado de movimiento corporal.

"Careciendo de bases motores Ñescrib’a Ribot, en su estudio cl‡sico de "The Psychology of Attention"Ñ la percepci—n (y de su escrito se desprende que el autor considera bajo este tŽrmino la sensaci—n y la selecci—n, as’ como la percepci—n) es imposible".

Si el ojo permanece Þjo sobre un objeto determinado, sin que Žste tenga algœn movimiento, la percepci—n, despuŽs de un tiempo, disminuye y desaparece. Si se ubican los extremos de los dedos sobre una mesa sin hacer presi—n, en poco tiempo se dejar‡ de sentir el contacto. Pero bastar‡ un movimiento de los ojos o de los dedos, aunque sea ligero, para que vuelva a despertar la percepci—n. As’

pues, el conocimiento s—lo es posible si se produce cambio. El cambio s—lo es posible mediante el movimiento. Ser’a f‡cil dedicarle muchas p‡ginas a este hecho, pero a pesar de que los hechos son muy maniÞestos y vulgares, la psicolog’a no ha tomado en cuenta el papel desempe–ado por los movimientos, y por ello ha olvidado que son la condici—n primordial del conocimiento y los instrumentos de la ley fundamental del conocimiento, que es: relatividad y cambio. Por esto, concluimos que donde no hay movimiento, no existe percepci—n.

Hace m‡s de medio siglo, Ribot enunci— esta verdad respecto a la uni—n entre movimiento y percepci—n. En teor’a, nadie niega ahora que Ribot tenia raz—n, pero sin embargo, los oftalm—logos ortodoxos no han realizado el m‡s m’nimo esfuerzo para desentra–ar c—mo puede aplicarse este principio a la pr‡ctica diaria, con la Þnalidad de mejorar el funcionamiento de la vista. Este trabajo fue

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!emprendido por el Dr. Bates, y en su sistema se se–ala continuamente lo importante que es el movimiento como una ayuda para la visi—n.

Mientras tanto, las investigaciones de la psicolog’a experimental han reaÞrmado la conclusi—n categ—rica de Ribot, dando la justiÞcaci—n te—rica de muchas de las pr‡cticas y tŽcnicas llevadas a cabo por el doctor Bates y sus continuadores.

En el trabajo antes mencionado, el doctor E. J. Barmack dice que: "La atenci—n que se desplaza con libertad, es un importante sostŽn de la actividad vital. Si la atenci—n se limita a una actividad insuÞcientemente motivada, la actividad vital decrece". Y que la movilidad es importante lo subraya tambiŽn el profesor Abraham Wolf en su art’culo "Atenci—n" publicado en la Enciclopedia Brit‡nica: "La concentraci—n de la atenci—n sobre alguna cosa o pensamiento, es a veces muy compleja, con muchas partes y aspectos, y nuestra atenci—n pasa permanentemente de una parte a otra, desde atr‡s hacia adelante. La atenci—n que s—lo puede dirigirse a una sola cosa, que no puede desplazarse de una parte a otra, por ejemplo, una peque–a mancha de color, no se puede mantener m‡s de un segundo sin correr el riesgo de caer en trance hipn—tico o en algœn estado patol—gico similar". Por lo que toca a la visi—n, este movimiento permanente de atenci—n de una parte a otra cosa observada, se acompa–a generalmente del movimiento que corresponde al aparato f’sico de la sensaci—n. La raz—n es simple: las im‡genes m‡s n’tidas se recogen en la zona macular del centro de la retina, y en especial en la peque–a fovea centralis. La mente, al seleccionar cada una de las partes del objeto que ha de ser percibido, ordena los movimientos de los ojos, de tal manera que cada parte del objeto va siendo vista por esa porci—n de ojo que recoge la imagen m‡s clara (El o’do carece de la regi—n correspondiente a la fovea centralis; y por lo tanto, es imprescindible el desplazamiento de la atenci—n dentro del campo auditivo, y ello no signiÞca un desplazamiento paralelo del —rgano corporal. La diferenciaci—n y elecci—n de los sensa auditivos, s—lo puede ser hecha por la mente, sin necesidad de los movimientos correspondientes del aparato sensorial auditivo).

Ya mencionamos que para ser apta, la atenci—n debe estar en constante movimiento, y que debido a la presencia de la fovea centralis, los ojos deben desplazarse continuamente al igual que la atenci—n mental que los dirige. Pero a

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