Controlando la mano invisible : la Sociedad Nacional de Agricultura y el mercado de maquinaria agrícola (1889 1922)

32 

(1)HISTORIA No 42, Vol. I, enero-junio 2009: 203-233 ISSN 0073-2435 CLAUDIO ROBLES ORTIZ / CONTROLANDO LA MANO INVISIBLE…. 203. CLAUDIO ROBLES ORTIZ*. CONTROLANDO LA MANO INVISIBLE: LA SOCIEDAD NACIONAL DE AGRICULTURA Y EL MERCADO DE MAQUINARIA AGRÍCOLA (1889-1922)**. A través de un estudio del papel de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA) en el debate político-económico respecto de las reformas aduaneras de 1889 y 1897, así como de su participación directa en el mercado de equipo agrícola entre fines de la década de 1880 y comienzos de la década de 1920, este artículo demuestra que el fomento a la mecanización fue un elemento central de la estrategia que esta organización empresarial adoptó para impulsar la modernización tecnológica en la agricultura. Al mismo tiempo, el trabajo establece que la SNA enfrentó la hegemonía de las grandes compañías importadoras en el mercado de bienes de capital, porque el control de los importadores y distribuidores extranjeros se tradujo en una oferta restringida de maquinaria agrícola, la cual hacia 1914 era un obstáculo para el desarrollo de la mecanización y limitaba las posibilidades de inversión de los agricultores. Palabras clave: SNA, agricultura, política económica, mecanización, SFF, industria. Through a study of Sociedad Nacional de Agricultura (SNA)’s role in the economic policy debate over the 1889 and 1897 tariff reforms, as well as of its participation in the agricultural equipment business until the beginning of the 1920s, this article demonstrates that fostering technological innovation, and mechanization in particular, was a key component of the strategy this entrepreneurial association adopted in the political economy of the period from José Manuel Balmaceda´s government to Arturo Alessandri’s first administration. The paper establishes also that the dominance large foreign importing companies gained in the capital goods market, led to a restricted supply of agricultural machinery, which was an obstacle to the further diffusion of mechanization and limited agriculturists’ investments. Key words: SNA, agriculture, economic policy, mechanization, SFF, industry. Fecha de recepción: octubre 2008 Fecha de aceptación: abril 2009. * Instituto de Ciencias Sociales, Universidad Austral de Chile (UACh). Correo electrónico: claudio.robles@docentes.uach.cl ** Este artículo es un resultado de la investigación realizada en el proyecto FONDECYT N° 1941100, “Empresariado nacional y estrategias de modernización. La mecanización de la agricultura en Chile Central y la Frontera, 1880-1930”..

(2) 204. HISTORIA 42 / 2009. INTRODUCCIÓN Una de las nociones más influyentes acerca de la historia económica chilena en el período que se extiende entre la Guerra del Pacífico (1879-1884) y la crisis de 1930 es que la agricultura fue un sector atrasado y cuya ineficiencia se tradujo en una serie de obstáculos estructurales al crecimiento económico. Desde esta perspectiva, el insuficiente desarrollo de los mercados de factores, el primitivismo técnico y la concentración de la propiedad de la tierra han sido temas recurrentes en las interpretaciones generales de la historia económica post-Independencia. Al mismo tiempo, probablemente más que ningún otro sector empresarial, los “terratenientes” han sido sindicados como conspicuos villanos de una historia económica en la que Chile transitó desde la “edad dorada” del salitre a la era más bien gris y conflictiva de los “grandes problemas nacionales”. Así, los grandes propietarios agrícolas han sido criticados por su falta de interés o, en el mejor de los casos, por su incapacidad de impulsar la modernización del sector agropecuario. La “decadencia agrícola” de Chile habría sido obra de “latifundistas ausentistas”, que derrocharon capital en el consumo suntuario y lo usaron para asegurarse el control del Estado, en lugar de invertir sus ganancias, por ejemplo, en maquinaria agrícola1. De acuerdo a la historiografía agraria, en tanto, la experiencia chilena habría sido la de una agricultura inserta en una sociedad rural tradicional, que no se transformó, sino muy parcialmente, como consecuencia de la expansión económica de la segunda mitad del siglo XIX. Dado que la tierra era abundante y el trabajo barato, los terratenientes expandieron la producción aumentando la superficie cultivada y extendiendo el sistema de inquilinaje, pero en una nueva forma, en la que los inquilinos recibirían menos regalías y tendrían más exigencias laborales. La escasa modernización que experimentó la agricultura se limitó a la construcción de canales de regadío y a la introducción más bien tardía de maquinaria en unos cuantos “fundos modelo”, los cuales no eran representativos de las tendencias del sector2. La mecanización fue superficial, 1 Esta interpretación fue desarrollada en Aníbal Pinto Santa-Cruz, Chile: un caso de desarrollo frustrado, Santiago, Editorial Universitaria, 1953; cuyo breve tratamiento de la agricultura descansa en Francisco A. Encina, Nuestra inferioridad económica, Santiago, Imprenta Universitaria, 1912. Para una versión reciente, que resume los planteamientos de la historiografía agraria de la década de 1970, ver Gabriel Salazar y Julio Pinto, Historia contemporánea de Chile, Vol. III: La economía: mercados, empresarios y trabajadores, Santiago, Lom Ediciones, 2002, 103-107; y más específicamente, sobre la “inveterada reticencia [sic] de los sectores terratenientes hacia la modernización de la producción agraria”, Gabriel Salazar y Julio Pinto, Historia contemporánea de Chile, Vol. II: Actores, identidad y movimiento, Santiago, Lom Ediciones, 1996, 40, que, a su vez, cita a Luis Vitale, Interpretación marxista de la historia de Chile, Santiago, Prensa Latinoamericana, 1967. Una crítica de la interpretación convencional en Carmen Cariola y Osvaldo Sunkel, Un siglo de historia económica de Chile, 1880-1930. Dos ensayos y una bibliografía, Santiago, Editorial Universitaria, 1991; y Carmen Cariola y Osvaldo Sunkel, “The Growth of the Nitrate Industry and Socioeconomic Change in Chile 18801930,” en Roberto Cortés-Conde y Shane J. Hunt (eds.), The Latin American Economies. Growth and the Export Sector 1880-1930, New York and London, Holmes & Meier Publishers Inc., 1985, 137-254. 2 Arnold J. Bauer, Chilean Rural Society from the Spanish Conquest to 1930, Cambridge, Cambridge University Press, 1975, y “Chilean Rural Labor in the Nineteenth Century”, en The American Historical Review 76:4, Chicago, 1971, 1.076-82; José Bengoa, Historia social de la agricultura chilena, tomo I: El poder y la subordinación, Santiago, Ediciones SUR, 1988, 245-247; y tomo II: Haciendas y campesinos, Santiago, Ediciones SUR, 1990, 9-10 y 212-213..

(3) CLAUDIO ROBLES ORTIZ / CONTROLANDO LA MANO INVISIBLE…. 205. principalmente porque los terratenientes no tenían incentivos económicos para invertir en maquinaria agrícola costosa que, además, no estaba hecha para los irregulares campos de cultivo chilenos y que, por ello, solía descomponerse y era difícil de reparar en un país que carecía de una cultura mecánica3. Sin embargo, la interpretación convencional sobre el sector agropecuario y su papel en la trayectoria de la economía chilena en la “Era del Salitre”, así como las explicaciones de su supuesto atraso tecnológico, deben ser revisadas. Entre 1880 y 1930 el sector agropecuario experimentó una significativa expansión y diversificación, que se tradujo en un crecimiento de la producción agropecuaria y aumentos de la productividad de la tierra y del trabajo4. Más aún, la expansión agraria incluyó una significativa diversificación del sector, en la que destacan el desarrollo de la “industria del pasto aprensado” a partir del cultivo en gran escala de alfalfa y trébol irrigados, la modernización de la vitivinicultura y la formación de las así llamadas “viñas francesas” y la constitución de un temprano sector frutícola exportador5. A nivel de la unidad económica, en tanto, en el viejo sistema de hacienda de Chile central, así como en el que se conformó en la Araucanía después de la década de 1880, se verificó un proceso de modernización que incluyó cambios organizacionales, innovaciones tecnológicas y el ajuste de los sistemas de trabajo en función de la extensión de la explotación directa de la empresa terrateniente6. Como estas tendencias sugieren, las innovaciones tecnológicas fueron mucho más significativas y tuvieron un impacto mayor del que tradicionalmente se ha sostenido. Por ello, es pertinente también discutir el papel que se atribuye a los grandes propietarios agrícolas en relación a la modernización tecnológica. La interpretación convencional respecto de la mecanización en el sistema de hacienda y del papel de los grandes agricultores en ese proceso presenta una serie de problemas. En primer lugar, es producto de la historiografía agraria de la década de 1970 y comienzos de la de 1980, constituida por un reducido número de trabajos que, al no considerar la información disponible en las fuentes estadísticas, no establecieron las tendencias de la importación y los stocks de maquinaria agrícola, elementos de juicio indispensables para determinar el curso y las características distintivas de la mecanización en la agricultura chilena. Al mismo tiempo, esos trabajos solo trataron de manera muy general el período de expansión que la agri-. 3 Bauer, op. cit., 104-106; Silvia Hernández, “Transformaciones tecnológicas en la agricultura de Chile central. Siglo XIX”, en Cuadernos del Centro de Estudios Socioeconómicos 3, Santiago, 1966, 1-31. 4 Cariola y Sunkel, op. cit., 1991, 107-113; Claudio Robles Ortiz, “La producción agropecuaria chilena en la ‘Era del Salitre’ (1880-1930)”, América Latina en la Historia Económica Revista de Investigación 32, México, julio-diciembre 2009, 113-136. 5 Claudio Robles Ortiz, “Expansión y transformación de la agricultura en una economía exportadora: La transición al capitalismo agrario en Chile, 1850-1930”, en Historia Agraria 29, Murcia, 2003, 45-80; Félix Briones, La industria vitivinícola en Chile en el siglo XIX, tesis para optar al grado de Magíster en Historia, Universidad de Santiago de Chile, 1995. 6 Claudio Robles-Ortiz, “Agrarian Capitalism and Rural Labour: The Hacienda System in Central Chile, 1870-1920”, Journal of Latin American Studies 41:3, Londres, agosto de 2009 (en prensa); y Agrarian Capitalism in an Export Economy. Chilean Agriculture in the Nitrate Era, 1880-1930, Ph.D. dissertation, University of California, Davis, 2002..

(4) 206. HISTORIA 42 / 2009. cultura de Chile central experimentó en las décadas de 1850 a 1880, de modo que la interpretación convencional no es representativa y no puede extenderse a la experiencia de otros sistemas agrarios que se desarrollaron en Chile, como, por ejemplo, la agricultura surgida del proceso de colonización en Llanquihue. Además, su tratamiento de la mecanización agrícola descansa principalmente en información secundaria, como opiniones de observadores extranjeros, en lugar de evidencia procedente de documentación producida por las haciendas y fundos7. Esta es, debe notarse, una importante limitación con relación a estudios de una nueva historiografía agraria que, precisamente gracias a un análisis de documentación generada por la operación de las propiedades rurales, ha producido una sólida interpretación revisionista de la hacienda latinoamericana y/o de los “terratenientes”8. Más aún, los estudios de la temprana historiografía agraria que han dado lugar a la interpretación convencional sobre el proceso de mecanización en la agricultura chilena anterior a 1930 solo abordaron de manera indirecta la demanda de equipo agrícola, asumiendo que la adquisición de maquinaria dependía absolutamente de la decisión de propietarios agrícolas que operaban en un mercado competitivo. Dadas las características de la economía chilena en el período considerado, ese enfoque resulta muy limitado. Para explicar la capacidad de inversión en innovación tecnológica de un determinado sector empresarial, como los grandes propietarios agrícolas, también se debe considerar la oferta de equipo agrícola, así como la estructura y características del mercado, en este caso, el de bienes de capital. Más aún, se debe analizar el mercado en el contexto de la cada vez más compleja economía política, en este caso, de una economía periférica que transitaba hacia el capitalismo. Para este efecto, por economía política entendemos las relaciones de poder y los conflictos de intereses entre los actores sociales, como, por ejemplo, los sectores empresariales, y las presiones por medio de las cuales estos impulsaron sus agendas y buscaron satisfacción a sus demandas en el marco institucional constituido por el Estado a través de la política económica. Así, por ejemplo, en una economía que debía importar la mayor parte de la tecnología, resulta indispensable considerar el impacto de las tarifas aduaneras en la oferta de bienes de capital, para así establecer las. 7 Un mayor desarrollo de la crítica metodológica del tratamiento de la mecanizacion por parte de esta historiografía agraria, en Robles-Ortiz, Agrarian Capitalism in an Export..., op. cit., 155-160. 8 Ver, entre otros trabajos, Paul M. Hart, Bitter Harvest: The Social Transformation of Morelos, Mexico, and the Origins of the Zapatista Revolution, 1840-1910, Albuquerque, University of New Mexico Press, 2005; Roy Hora, Los terratenientes de la pampa argentina: una historia social y política, 1860-1945, Buenos Aires, Siglo Veintiuno de Argentina Editores, 2003 (The Landowners of the Argentine Pampas: A Social and Political History, 1860-1945, New York, Oxford University Press, 2001); Vincent Peloso, Peasants on Plantations: Subaltern Strategies of Labor and Resistance in the Pisco Valley, Peru, Durham, N.C., Duke University Press, 1999; Samuel Amaral, The Rise of Capitalism on the Pampas. The Estancias of Buenos Aires, 1785-1870, Cambridge, Cambridge University Press, 1998; Simon Miller, Landlords and Haciendas in Modernizing Mexico, Landlords & Haciendas in Modernizing Mexico: Essays in Radical Reappraisal, Amsterdam, Centre for Latin American Research and Documentation (CEDLA), 1995; y Alejandro Tortolero Villaseñor, De la coa a la máquina de vapor: actividad agrícola e innovación tecnológica en las haciendas mexicanas, 18801914, México, Editorial Siglo XXI, 1995..

(5) CLAUDIO ROBLES ORTIZ / CONTROLANDO LA MANO INVISIBLE…. 207. condiciones concretas en las que operaron los actores sociales, cuyas pautas de inversión explican, junto con otros factores, el desarrollo de procesos de modernización tecnológica complejos, como la mecanización de la agricultura9. Desde esa perspectiva, este artículo analiza las estrategias que la principal asociación de grandes propietarios agrícolas, la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), implementó para impulsar el desarrollo de la mecanización, en el contexto de la economía política y en el mercado de bienes de capital en Chile, entre fines de la década de 1880 y la coyuntura económica inmediatamente posterior al término de la Primera Guerra Mundial, es decir, hasta comienzos de la década de 1920. Este es un estudio de historia institucional y, por lo tanto, aunque se concentra en acciones e iniciativas que la SNA desarrolló para “fomentar” el progreso de la mecanización de la agricultura, no se trata de un estudio de dicho proceso10. En primer lugar, el trabajo examina el discurso y el papel de la SNA en el debate sobre la función de la política económica, a propósito de las reformas aduaneras de 1889 y 1897. Así, se explica que en dichas coyunturas esta organización consiguió restablecer y mantener el régimen de exención tributaria a las importaciones de equipo agrícola, el cual consideraba una condición indispensable para facilitar la introducción de maquinaria y, como resultado, la difusión del proceso de mecanización que se había verificado durante la expansión agraria asociada a los ciclos de exportación de trigo, entre 1850 y 1880. Al mismo tiempo, este análisis permite apreciar que la política económica dio lugar a importantes conflictos de intereses entre los sectores empresariales y el Gobierno, lo cual, además, hace evidente que existía un grado de autonomía del Ejecutivo, particularmente en el caso de las autoridades económicas. A continuación, la segunda sección del trabajo estudia las respuestas de la SNA a la principal consecuencia de su opción por privilegiar la oferta de maquinaria importada por sobre la de la industria metal-mecánica nacional, esto es, la hegemonía de las grandes casas comerciales en el mercado de bienes de capital y, por tanto, de maquinaria e implementos agrícolas. En un mercado que, lejos de ser competitivo,. 9 Entre otros estudios que adoptan esta perspectiva, ver John H. Coatsworth and Jeffrey G. Williamson, “The Roots of Latin American Protectionism: Looking before the Great Depression”, NBER Working Paper 8999, Cambridge, MA., June 2002; Luis Ortega, “Economic Policy and Growth in Chile from Independence to the War of the Pacific”, en Christopher G. Abel & Colin M. Lewis (eds.), Latin America: Economic Imperialism and the State, Londres, The Atholone Press, 1985, 147171; John H. Coatsworth, “Political Economy and Economic Organization”, en Victor Bulmer-Thomas, John. H. Coatsworth and Roberto Cortés-Conde (eds.), The Cambridge Economic History of Latin America, Vol. 1: The Colonial Era and the Short Nineteenth Century, New York, Cambridge University Press, 2006, 237-274; Nils Jacobsen, “‘Liberalismo tropical’: cómo explicar el auge de una doctrina económica europea en América Latina, 1780-1885”, en Historia Crítica 34, Bogotá, 2007, 118-147; Vincent C. Peloso and Barbara Tenenbaum (eds.), Liberals, Politics and Power: State Formation in Nineteenth-Century Latin America, Atenas y Londres, University of Georgia Press, 1996; Joseph Love and Nils Jacobsen (eds.), Guiding the Invisible Hand: Economic Liberalism and the State in Latin American History, New York, Praeger, 1988. 10 Para un estudio comprensivo de la mecanización en la agricultura en el período 1840-1930, ver Robles-Ortiz, Agrarian Capitalism in an Export..., op. cit., capítulo 3: “Agricultural Mechanization in the Export Economy”, 155-230; y Claudio Robles Ortiz, Hacendados progresistas y modernización agraria en Chile Central (1850-1880), Osorno, Editorial Universidad de Los Lagos, 2007, 125-154..

(6) 208. HISTORIA 42 / 2009. era bastante conflictivo y tendió a ser dominado por las compañías que distribuían maquinaria procedente de los Estados Unidos, la élite agraria organizada en la SNA implementó diversas estrategias para hacer frente a los problemas en la oferta de equipo agrícola. Desde fines de la década de 1880 la SNA ingresó por su cuenta al negocio de maquinaria a través de una “Sección de Encargos”, que permitía adquirir determinados implementos a precios preferenciales para sus asociados. Más importante aún, ante la crisis económica asociada a la Primera Guerra Mundial y la agudización de los problemas en la importación de bienes de capital, la preocupación de la SNA por impulsar la mecanización y la modernización tecnológica dio lugar, a comienzos de la década de 1920, a un intenso debate interno entre quienes optaban por mantener su organización como institución de fomento agrícola y un sector crítico y reformista que planteaba reorganizarla a partir del establecimiento de una compleja “Sección Técnica Agrícola”, que, concentrándose en la importación y distribución en gran escala de equipo agrícola, competiría abiertamente con las compañías extranjeras que dominaban el mercado. Este análisis demuestra que tras la reorientación del sector agropecuario hacia el mercado interno, después de la Guerra del Pacífico, la SNA continuó activamente ocupada en el fomento de la mecanización y que esta siguió siendo un elemento central de su agenda político-económica. Así también, este examen cuestiona la tesis según la cual los asuntos relativos a la modernización o al fomento de la agricultura habrían dejado de ser preocupación del consejo directivo de la SNA, para concentrarse en los conflictos políticos, y que constituiría una demostración de la transformación de esta institución en un poderoso grupo de presión, como respuesta de la élite terrateniente al advenimiento de la política de masas11. Más significativamente, el artículo demuestra que incluso los grandes agricultores debían operar en un mercado de bienes de capital poco competitivo y que esta condición debe considerarse para explicar sus pautas de inversión en innovación tecnológica.. LA SOCIEDAD NACIONAL. DE A GRICULTURA Y LA POLÍTICA ECONÓMICA : LAS REFORMAS ADUANERAS DE 1889 Y 1897. La Sociedad Nacional de Agricultura fue un influyente grupo de presión en el debate público y en los conflictos de intereses en torno de la política económica implementada en Chile durante la expansión y modernización económica que se verificaron en el período que se extiende entre la Guerra del Pacífico y la Primera Guerra Mundial. Desde su refundación, en 1869, la Sociedad trató de conseguir el 11 Thomas C. Wright, Landowners and Reform in Chile. The Sociedad Nacional de Agricultura, 1919-40, Chicago, University of Illinois Press, 1982, 46; “The Politics of Inflation in Chile, 18881918”, en Hispanic American Historical Review 53, Duke, 1973, 239-59; y The ‘Sociedad Nacional Agricultura’ in Chilean Politics, 1869-1938, Ph.D. dissertation, University of California, Berkeley, 1971. Sobre la SNA, ver también Gonzalo Izquierdo, Un estudio de las ideologías chilenas. La Sociedad de Agricultura en el siglo XIX, Santiago, Centro de Estudios Socioeconómicos, 1968; y Jean Carrière, Landowners and Politics in Chile. A Study of the ‘Sociedad Nacional de Agricultura’, 19321970, Amsterdam, Centre for Latin American Research and Documentation (CEDLA), 1981..

(7) CLAUDIO ROBLES ORTIZ / CONTROLANDO LA MANO INVISIBLE…. 209. establecimiento de una política de fomento estatal a la mecanización, por medio de un régimen de exención tributaria a las importaciones de maquinaria agrícola, una demanda que planteó en la discusión parlamentaria de las reformas aduaneras implementadas desde mediados del siglo XIX. Al mismo tiempo, hasta la crisis económica de 1874-1878, la Sociedad Nacional de Agricultura defendió el desarrollo de las fundiciones y maestranzas nacionales, que reparaban, adaptaban e incluso fabricaban máquinas basadas en el equipo agrícola importado. Los analistas de la SNA consideraban que la incipiente producción de las fundiciones y maestranzas representaba una oferta alternativa de maquinarias agrícolas, técnicamente más apropiadas a los campos de cultivo de las haciendas chilenas y, en algunos casos, más barata. Más aún, al igual que algunos empresarios del sector metal-mecánico, los analistas agrarios denunciaban que las fundiciones habían sido víctimas de una política económica “rentística”, particularmente evidente en las reformas a las tarifas aduaneras12. Sin embargo, la Sociedad Nacional de Agricultura había conseguido mantener la exención tributaria a la maquinaria agrícola solo hasta la crisis de 1874-1878. La crisis del sector exportador y su impacto en las ya muy deficitarias finanzas públicas llevaron al Gobierno a aumentar los aranceles. A mediados de octubre de 1876, en atención a la “difícil y anormal” situación “por la que atraviesa la Hacienda Pública”, el Gobierno presentó un proyecto de ley que introducía, por un período de 18 meses, un “recargo general” del 10% en los derechos de internación establecidos en la Ordenanza de Aduanas promulgada el 26 de diciembre de 1872. Desde luego, con un déficit estimado por la Comisión de Hacienda en $ 3 millones para el año fiscal de 1877, el proyecto no era sino un nuevo recurso para enfrentar la reducción de los ingresos fiscales13. De manera similar, la reforma aduanera de julio de 1878 consolidó la finalidad primariamente “rentística” de la política económica, si bien introdujo cambios que respondían parcialmente a las demandas “proteccionistas” de diversos sectores empresariales y sociales. En concreto, la nueva ley mantuvo el impuesto general de 25% a las importaciones, pero lo elevó a 35% para más de 150 bienes de consumo (manufacturas) y estableció la exención para las materias primas que se requerían para su fabricación en el país. Al mismo tiempo, estableció un impuesto de 15% a todo tipo de vehículos, a las “máquinas para el fomento de la agricultura, de la minería o de las artes” y a los motores “de cualquiera clase que sean”, así como a las herramientas y repuestos (“piezas para máquinas”)14. Aunque el establecimiento de esos aranceles contradecía una de las estrategias más importantes con que pretendía facilitar la difusión de la mecanización agrícola, la Sociedad Nacional de Agricultura pudo volver sobre esa demanda solo a mediados de la década siguiente, una vez superada la crisis económica y gracias a la prosperidad fiscal derivada de la expansión de la nueva economía exportadora articulada en torno de la industria salitrera. 12. Robles Ortiz, Hacendados progresistas y modernización..., op. cit. “Informe de la Comisión de Hacienda”, Cámara de Diputados, Sesiones Extraordinarias, 7a., 30 de octubre de 1876, 104. 14 Ley Nº 397, de 8 de julio de 1878; en Ricardo Anguita y Valerio Quesney, Leyes promulgadas en Chile desde 1810 hasta 1901 inclusive, Santiago, Imprenta Nacional, 1902, Vol. II, 443-447. 13.

(8) 210. HISTORIA 42 / 2009. No obstante, en la década de 1880 la SNA debió representar sus intereses en una economía política más compleja. El debate sobre la política económica estaba directamente condicionado por una creciente presión sectorial y, en particular, por las demandas de tipo proteccionista con las cuales el empresariado industrial, ahora organizado en la Sociedad de Fomento Fabril (1883), buscaba estimular al sector manufacturero15. Esta economía política más competitiva y dominada por un amplio movimiento proteccionista podría explicar que, ante el que sería un Gobierno especialmente activo en la formulación de proyectos económicos, como fue el de José Manuel Balmaceda, la Sociedad Nacional de Agricultura planteara sus demandas no solo usando el discurso “proteccionista”, sino también increpando a las autoridades en términos más bien agresivos. Así, en agosto de 1886, el directorio de la SNA emplazó al Gobierno señalando que las medidas de política económica “ideadas por el Ejecutivo son puramente teóricas” y que “sus resultados van a llevarnos a un paseo al pais de las ilusiones, si no las acompaña de medidas prácticas, que tiendan a disminuir la importacion de artículos similares a los nuestros i a hacer mas economica nuestra produccion”. Desde luego, para la SNA esto solo sería posible mediante la implantación de “un réjimen decididamente proteccionista”, que permitiera “la creación de industrias nuevas, el desarrollo completo de las que ya se forman i dé empuje a nuestra produccion”16. En consecuencia, la SNA se había hecho parte de la presión proteccionista general, es decir, de aquel movimiento empresarial que reclamaba una política económica de apoyo al desarrollo de todas las “industrias”. Por ello, el Directorio exigía la “liberacion absoluta de derechos para toda máquina, instrumento o artículo destinado a la produccion”, porque ello “nos dará economía para la produccion i mejorará la condición de los productos”17. Dada la importancia que asignaba a la difusión de la mecanización en la agricultura, la SNA concentró su presión en conseguir que se restableciera la “liberación de derechos” a las importaciones de equipo agrícola. Así, precisó sus demandas solicitando al Gobierno la presentación en el Congreso de un proyecto de ley destinado a “reducir” los derechos de importación sobre “instrumentos i maquinaria agrícola, alambre para enfardelar pasto seco, alambre i remaches para viñas i cercas; material de bodega i jénero para sacos”18. La SNA fundamentó esas demandas argumentando que era indispensable facilitar la difusión de maquinaria agrícola para contrarrestar la “escasez de trabajadores”, es decir, la reducción de la oferta abundante de fuerza de trabajo rural, la cual, a su juicio, había sido ocasionada por “la pérdida de brazos en la pasada guerra”. Al mismo tiempo, el directorio de la Sociedad atribuía esa tendencia del mercado laboral al impacto de otros procesos de la expansión de la economía chilena, en particular a la ampliación de la industria salitrera, “por los numerosos centros mineros creados en los últimos años”, así. 15. Wright, Landowners and Reform in Chile..., op. cit., 16-19. Boletín de la Sociedad Nacional de Agricultura (en adelante BSNA), Vol. XVII, N o 20, 1886, 439. 17 Idem. 18 Idem. 16.

(9) CLAUDIO ROBLES ORTIZ / CONTROLANDO LA MANO INVISIBLE…. 211. como a la emigración de trabajadores rurales que se verificó con la expansión agraria hacia la Araucanía, “por la estensa área de terrenos entregada al cultivo en la rejion sur del pais”. En suma, la exención tributaria a la importación de maquinaria y herramientas agrícolas se justificaba en atención a “la difícil situacion que se ha creado a la agricultura nacional”19. Con ese argumento, entonces, en abril y noviembre de 1888, el directorio de la SNA se dirigió formalmente al Gobierno para insistir en la “liberación de derechos”, calificándola como “una obra salvadora para todas nuestras industrias que hoi atraviesan un período verdaderamente desalentador para los agricultores i demas industriales, ocasionado por la falta del primero de los elementos de trabajo, el brazo, que tan fácilmente podria ser reemplazado por las máquinas si estas, por razon de los fuertes derechos de internacion con que están gravadas, no fuera oríjen, por ahora, a hacer imposible su sustitucion entre nosotros”20.. Más aún, dada la creciente legitimidad que el discurso proteccionista había alcanzado en el debate público, no es sorprendente que la SNA formulara su propio “programa proteccionista” específico para la agricultura. Entre otras demandas, dicho programa incluía el establecimiento de un impuesto a la importación de productos agropecuarios argentinos, especialmente el ganado, de manera de restringir la competencia a los productores locales. Al mismo tiempo, el directorio de la SNA pretendía que se aprobara, ya no una nueva reforma aduanera, sino una reforma tributaria “a fin de que grave, sobre todo, la estension agrícola del país i cese la desigualdad de ese impuesto”. Además, solicitaba que el Gobierno fomentara con recursos públicos el desarrollo de una corriente de inmigración seleccionada en provecho de la agricultura y que dispusiera la “rebaja de los derechos de aduana para los artículos de las clases obreras, [porque] abaratándoles la subsistencia, sus pretensiones tendrán que disminuir, ocasionando la baja de los salarios”21. Finalmente, el programa proteccionista de la SNA estuvo cerca de dar lugar a una movilización semejante al Primer Congreso Libre de Agricultores, de 1875, pues, de hecho, se discutió una proposición para convocar a una asamblea similar a aquella, pero el directorio solo acordó designar una comisión especial para “llevar a efecto algunas medidas” tendientes a “mejorar la situación agrícola”22. Entre estas, la más significativa fue el primer intento de conseguir la aprobación de un impuesto que gravara la internación del ganado argentino, mediante un proyecto de ley redactado y presentado en la Cámara por uno de sus directores, el diputado Lauro Barros; sin embargo, este debió retirar dicho proyecto a raíz de las movilizaciones sociales populares23. 19. “Sesión del Directorio en 29 de abril de 1888”, BSNA, Vol. XIX, No 15, 1888, 439. BSNA, Vol. XIX, N o 15, 1888, 441-442; y “Notas dirijidas al señor Ministro de Industria sobre liberacion de derechos de internacion para maquinaria, herramientas i utiles agricolas”, BSNA, Vol. XIX, N o 29, 1888, 1.005-1.007. 21 “Sesión del Directorio en 15 de mayo de 1889”, BSNA,Vol. XX, No 9, 1889, 349-351. 22 Para un detallado análisis del Primer Congreso Libre de Agricultores de 1875, ver Robles, Hacendados progresistas y modernización..., op. cit., 28-44. 23 “Memoria pasada por la Sociedad Nacional de Agricultura al Ministerio de Industria”, BSNA, Vol. XX, No 11, 1889, 395; y Wright, “The Politics of Inflation...”, op. cit., 51. 20.

(10) 212. HISTORIA 42 / 2009. Por otra parte, la capacidad de presión de la Sociedad Nacional de Agricultura se potenció gracias a su convergencia de intereses con la Sociedad de Fomento Fabril. En efecto, respecto de la política económica, y especialmente acerca de las tarifas aduaneras, al interior del empresariado industrial organizado en la SFF se había impuesto una posición coincidente con aquella que la SNA había sostenido desde fines de la década de 1860. En este sentido, fue decisiva la gestión de la Sociedad de Fomento Fabril ante la Cámara de Diputados, en junio de 1887, al pronunciarse por medio de un informe sobre la reforma del impuesto de internación, respecto de la cual el Gobierno ya había iniciado el trámite legislativo. La SFF no solo demandó directamente a la Comisión de Hacienda la liberación de todo tipo de máquinas y herramientas, sino que también usó los mismos argumentos de la SNA. Así, señaló que “unos i otros no son artículos de consumo sino de perfeccionamiento del trabajo humano”, cuyo “uso ha significado siempre desarrollo de la riqueza pública”. En consecuencia, agregaba la nota de la SFF, “no siendo, por lo tanto, justo encarecer o dificultar su consumo, se debe favorecer su importación, quitándoles todo derecho de aduana”24. Incluso más, hacia fines de la década de 1880 la convergencia entre ambas organizaciones empresariales también incluía su oposición a la demanda de protección por parte del empresariado del sector metal-mecánico, el cual ahora era un componente secundario del sector industrial. Desde el punto de vista de la SNA y de la SFF, el aumento de las importaciones de maquinaria que querían promover con la “liberación de derechos” no representaba competencia alguna para la industria metal-mecánica nacional, dado que la participación de las fundiciones en el mercado de maquinaria agrícola era mínimo. El informe de la SFF representó ese punto de vista señalando que: “las fundiciones que existen en el país, están basadas en la compostura de las máquinas importadas, de tal modo que las facilidades para su importacion no las perjudicarán. Es ciertos que hai algunas que fabrican arados i puntas de arado, de un solo tipo; pero como los nuevos cultivos que es necesario fomentar en la agricultura exijirán variedades de arados, no es posible dejarlos gravados”25.. Finalmente, la presión y los argumentos “proteccionistas” de ambas organizaciones empresariales encontraron un ambiente propicio en la favorable situación económica y financiera derivada del crecimiento de la industria salitrera. Los cuantiosos ingresos fiscales generados por los impuestos aduaneros habían permitido esa “situación holgada al Erario Nacional”, en atención a la cual el gobierno de Balmaceda había presentado un nuevo proyecto de reforma aduanera. Según se desprende de la fundamentación del proyecto de ley, el Gobierno compartía una concepción pragmática de la política económica y consideraba válida la implementación de medidas proteccionistas solo para impulsar el crecimiento de actividades económicas ya consolidadas. Así, en el proyecto de ley que presentó en junio de 1889, el Gobierno 24 “Informe sobre el impuesto de internación”, Boletín de la Sociedad de Fomento Fabril (en adelante BSFF), Vol. IV, No 7, 1887, 325. 25 Idem..

(11) CLAUDIO ROBLES ORTIZ / CONTROLANDO LA MANO INVISIBLE…. 213. declaró que pretendía “perfeccionar” un impuesto que siempre había sido “prudente i moderadamente proteccionista” de las industrias “que tienen vida natural en el país”, así como ajustar el régimen tributario a una situación que era muy distinta a la que había experimentado el país durante la crisis económica. En palabras del Ejecutivo, la reforma aduanera respondía, entonces, al hecho de que “Desde el año 1878, en que se dictó la lei del impuesto sobre la internación de mercaderías, hasta la fecha, las condiciones económicas i financieras del país han variado considerablemente, i es bien sabido que este impuesto debe amoldarse en cuanto sea posible a dichas condiciones para no embarazar el progreso del país, i para estimular en cierta medida de prudencia el desarrollo de la industria nacional [...] Por vía de protección a nuestra industria ha señalado mayor gravamen a los artículos similares a los que se producen en el país, i liberación de derechos a las materias primas i a ciertas maquinarias. Se trata ahora de revisar i perfeccionar ese réjimen, procurando al mismo tiempo la simplificación del impuesto i una mayor regularidad en su percepción”26.. En realidad, el Gobierno concebía la proyectada reforma del “impuesto de internación” como una serie de cambios sustantivos en las tarifas aduaneras y, en consecuencia, en la política económica. El proyecto de ley contemplaba un aumento de hasta 40% y 50% en los derechos de importación de una serie de “artículos de lujo i ciertos similares”, lo cual, a su vez, permitiría reducir a solo un 10% el impuesto que gravaba “muchos artículos de primera necesidad i a las herramientas”. Con respecto a la maquinaria, el cambio que se pretendía era drástico, pues el proyecto consultaba “hacer estensiva a todas las maquinarias una casi total liberación de derechos”, de manera que pagaran solamente un 1% “para costear el gasto que origina su examen, movimiento i anotación”27. Sin embargo, en lugar de la reforma general del “impuesto de internación”, en agosto de 1889 la Cámara de Diputados y el Senado aprobaron un proyecto específico que declaraba libres de derechos de internación todas las “Máquinas, artificios i aparatos para el uso de la agricultura, la minería, las artes, los oficios i las industrias”28. Con ello, la Sociedad Nacional de Agricultura recuperaba el régimen de exención tributaria para el equipo agrícola, una condición que consideraba indispensable para la mayor difusión del proceso de mecanización en la agricultura, una innovación tecnológica que había fomentado por ya dos décadas, como parte significativa de sus esfuerzos por impulsar su proyecto de modernización de la “agricultura nacional”29. En efecto, la participación de la SNA en el debate sobre la política económica y, específicamente, en la reforma aduanera de 1889, respondía a una postura que enfatizaba la necesidad de innovar y aumentar la eficiencia del sector agropecua26 “Mensaje de S. E. el Presidente de la República y Proyecto de Ley de Reforma del Arancel Aduanero”, Cámara de Diputados, Sesiones Ordinarias, 31a., 15 de junio de 1889, 26-31. 27 Idem. 28 Ricardo Anguita, Leyes promulgadas en Chile. Desde 1810 hasta el 1 de junio de 1912, Santiago, Impr. Litogr. i Encuadernación Barcelona, 1913, 105; BSNA, Vol. XX, No 18, 1889, 670671; y Cámara de Senadores. Sesiones Ordinarias, 26a, 26 de agosto de 1889, 261-265. 29 Sobre el proyecto de modernización en función del cual se constituyó la SNA en 1869, ver Robles, Hacendados progresistas y modernización... op. cit., 7-26..

(12) 214. HISTORIA 42 / 2009. rio. Al respecto, Thomas Wright ha señalado que el “proteccionismo” de la SNA se limitaba a la demanda de establecer un impuesto al ganado argentino y obedecía a la necesidad de reactivar a un sector visiblemente estancado desde fines de la década de 1880, en la medida en que la declinación de las exportaciones no era compensada por el crecimiento de la demanda interna30. Sin embargo, esa interpretación merece ser discutida. En realidad, en términos de sus demandas de política económica, los círculos directivos de la Sociedad debatieron dos estrategias principales: por una parte, aquella según la cual la protección debía hacerse efectiva por medio de impuestos a la importación de productos extranjeros similares a los que se producían en el país, y que se expresó en el intento de bloquear la importación de ganado argentino; y por otra, aquella que suscribía un proteccionismo pragmático en el marco de la política económica librecambista y que, como se ha expuesto, orientó la exigencia de liberación de derechos a la maquinaria importada. Mientras que la primera enfrentaba la objección de provocar el alza de los precios y así terminaba de convertir a los terratenientes en los peores enemigos de las clases populares, la segunda podía fundar su legitimidad, precisamente, en razón de lo contrario, pues, se sostenía, contribuiría a aumentar la producción. Como argumentó un analista de la SNA en el Boletín, “toda carestía del ganado beneficia únicamente al criador, i como este gremio es sumamente reducido en relacion a la masa jeneral de los agricultores, el beneficio que se obtendría seria para pocos en perjuicio de los muchos del mismo gremio”. Por el contrario, observó, “disminuyendo los costos, se beneficia al productor i al consumidor”; de manera que, agregó, “para esto pidamos al Estado que disminuya los derechos de toda máquina, herramienta i materia prima que nosostros podamos elaborar con provecho”, porque “esta es la proteccion racional, a que todo el mundo puede dar sus sufrajios i que consulta el interes de los particulares i del Estado; la otra es anti-economica i perjudicial”31. Así, el desistimiento por parte de la SNA de conseguir la aprobación del impuesto al ganado argentino y la prioridad asignada a la exención tributaria a la maquinaria importada, fueron el resultado de la intensa competencia de intereses entre sectores empresariales que caracterizó a la coyuntura previa a la reforma aduanera de 1889. Esa definición expresó, también, la mayor fuerza relativa de sectores “progresistas” al interior de la Sociedad, para quienes la intensificación de la mecanización era un eje estratégico de su proyecto modernizador y la exención tributaria uno de los requisitos para su realización. Era una apuesta a favor de la viabilidad de la reactivación de la agricultura, a partir de los beneficios que se derivarían del eventual aprovechamiento de semejante medida “proteccionista” por parte de los terratenientes. Asumiendo que sin recargos tributarios se abarataría la adquisición de maquinaria, la Sociedad entendía haber dado un paso fundamental para solucionar un problema que, a su juicio, era uno de los más importantes obstáculos al crecimiento. 30. Wright, Landowners and Reform in Chile..., op. cit., 18-19. D. O. V., “El proyecto de reforma de la tarifa de aduanas en relacion a la agricultura”, BSNA, Vol. XX, N˚14, 1889, 528-530. 31.

(13) CLAUDIO ROBLES ORTIZ / CONTROLANDO LA MANO INVISIBLE…. 215. del sector. En esa perspectiva, en septiembre de 1889, es decir, a un mes de promulgada la exención tributaria a cuya aprobación el directorio de la SNA había contribuido directamente, las expectativas de esa organización respecto del futuro del sector eran bastante optimistas. En opinión de uno de sus analistas: “El impulso que va a recibir cuando comience a aprovecharse la agricultura de las ventajas que dicha lei acuerda, compensará de sobra las pérdidas sufridas en los últimos años, favoreciendo la producción agrícola i poniéndola a salvo de los embarazos creados por la escasez de brazos i la consiguiente alza de los salarios. Las máquinas e instrumentos agrícolas vendrán a reemplazar la deficiencia orijinada por la falta de trabajadores, a la vez que efectuarán un trabajo mas completo i mas rápido. Las cosechas no tendrán ya que estar sometidas á las eventualidades de la situación que ahora atravesamos”32.. En adelante, la Sociedad Nacional de Agricultura concentró sus gestiones en conseguir que se mantuviera la exención tributaria a las importaciones de maquinaria y equipo agrícola. Sin embargo, a diferencia de las reformas adoptadas antes de la Guerra del Pacífico, en las reformas aduaneras implementadas después de 1889 debió enfrentar la presión del empresariado industrial que, a través de la Sociedad de Fomento Fabril o por gestión directa de los propios industriales, exigió que la protección a la industria nacional se hiciera extensiva también a la rama metalmecánica. Su inicial defensa de las fundiciones nacionales dio paso, según fuera el contenido de la coyuntura, a la confrontación con esos industriales, o a la colaboración con la SFF. La reforma aduanera de 1897 fue, precisamente, una de esas instancias de conflicto entre ambas organizaciones empresariales. En el contexto de la crisis económica asociada a la ley de conversión metálica de 1895, la reforma aduanera de 1897 fue determinada más por la necesidad de evitar la disminución de los ingresos fiscales, que por las crecientes demandas de medidas proteccionistas para fomentar el desarrollo del sector industrial. La previsible reducción de los ingresos fiscales era consecuencia de la menor recaudación proyectada por concepto de derechos de internación, una vez expirado el plazo de vigencia de la ley que los había recargado desde mayo de 1893. Además, dado que la ley de 11 de febrero de 1895 había introducido una unidad monetaria distinta, el avalúo de las mercaderías, base para la determinación del impuesto que debían cancelar, se expresaría ya no en pesos de 38 sino de 18 peniques. Dadas esas modificaciones, hacia mediados de 1896 los cálculos del Gobierno indicaban que la reducción del producto de ese impuesto podía “estimarse como en el tercio de su valor total”33. Por esta razón, sin alterar las tasas de 35, 25 y 15% existentes, el proyecto de reforma del arancel aduanero que el Ejecutivo presentó al Congreso. 32. BSNA, Vol. XX, N˚18, 1889, 671. “Mensaje presidencial y proyecto de ley de reforma de los derechos de aduana”, Cámara de Diputados, Sesiones Extraordinarias, 55a., 21 de enero de 1896 (período legislativo de 1895), 806; “Informe de la Comisión Especial de la Cámara de Diputados”, Cámara de Diputados, Sesiones Ordinarias, 39a., 11 de septiembre de 1896, 628-637. 33.

(14) 216. HISTORIA 42 / 2009. consistía más bien en una “revisión o reforma de la clasificación de las mercaderías”, con la cual se pretendía, por una parte, “evitar que el conjunto del impuesto de internación quedara totalmente reagravado por causa de la nueva tarifa, o que esta diera lugar a un menoscabo en el rendimiento de las aduanas”; y, por otra, “conservando la base del actual rendimiento de estas, fomentar el desarrollo de la industria nacional”. Para conciliar ambos propósitos, manteniendo un impuesto general de 25%, el proyecto consultaba el aumento de los derechos de internación para los artículos “de fácil producción en el país” (en algunos casos hasta un 60% ad valorem), así como la reducción o la completa liberación de aquellos cuya más amplia introducción se consideraba indispensable para “fomentar la producción nacional”. En ese concepto, en lo que respecta a la provisión de medios de producción importados, la principal modificación no era relevante, pues, consistía en un gravamen de solo un 5% sobre las “máquinas i aparatos para el uso de la agricultura, la minería, las artes, los oficios i las industrias”34. Antes de someter el proyecto a debate, la Cámara de Diputados designó una comisión especial encargada de informarlo; la cual, a su vez, concluyó por acogerlo sin mayores modificaciones35. De esa forma, la discusión se remitió prácticamente al proyecto original, cuya elaboración había correspondido a una comisión designada por el Gobierno y en la que se había consultado la participación, entre otras organizaciones empresariales, de la propia Sociedad Nacional de Agricultura36. Por esta razón, salvo algunas discrepancias específicas, su reacción fue de aprobación. De hecho, en sus “Observaciones”, presentadas formalmente en noviembre de 1896, avanzado el trámite legislativo, ni siquiera hizo mención al nuevo gravamen sobre la maquinaria, que ya había sido aprobado en la discusión general. Esa actitud obedecía no solo al monto reducido del impuesto, sino, más decisivamente, a su apreciación negativa respecto de la capacidad de las industrias del sector metal-mecánico para producir maquinaria y equipo agrícola. Así argumentó, por ejemplo, al demandar la eliminación del impuesto de 5% al alambre, del que señaló era “un artículo de primera necesidad [...] para la industria de pasto aprensado i para la viña que dia a dia adquiere mayores proporciones”. A su juicio, el impuesto agravaría un problema evidente en relación a este insumo, como era el hecho que “no hai en la actualidad en el pais alguna fábrica que lo produzca”37. Sin embargo, en el debate de este proyecto de reforma aduanera, la posición del empresariado industrial fue radicalmente opuesta a la de la SNA. En defensa de las fundiciones nacionales, la Sociedad de Fomento Fabril ejerció una intensa presión sobre el Congreso a fin de que se gravara la importación de una serie de implemen34 “Mensaje presidencial y proyecto de ley de reforma de los derechos de aduana”, Cámara de Diputados, Sesiones Extraordinarias, 55a., 21 de enero de 1896 (período legislativo de 1895), 807. 35 “Informe de la Comisión Especial de la Cámara de Diputados”, Cámara de Diputados, Sesiones Ordinarias, 39a., 11 de septiembre de 1896, 628. 36 Ver por ejemplo, “Sesiones del Directorio, en 4 de mayo de 1896”, BSNA, Vol. XXVII, No 10, 1896, 315; y “Proyecto de Reforma del Impuesto de Internación. Informe presentado al señor Superintendente de Aduanas por las Sociedades de Fomento Fabril, de Agricultura, de Minería i de Viticultores”, BSFF, Vol. XIII, No 2, 1896, 37-44. 37 BSNA, Vol. XXVII, N o 23, 1896, 720-722..

(15) CLAUDIO ROBLES ORTIZ / CONTROLANDO LA MANO INVISIBLE…. 217. tos destinados a la agricultura. Así, una vez aprobado el proyecto por la Cámara de Diputados, representó su disconformidad con la modificación introducida por el Senado, tendiente a incluir entre las mercaderías libres de derechos los arados, cultivadores, puntas para arados, rastras y rastrillos. Su argumento era que, al contrario de lo que sostenía la SNA, “todos estos artículos son producidos corrientemente i en mui buenas condiciones por nuestras fundiciones i fábricas de máquinas”. En cosecuencia, la SFF consideraba que la exención tributaria no solo era inconsistente con el desarrollo alcanzado por las industrias metal-mecánicas, sino que también representaba una injusticia, ya que “esta industria es la que se encuentra en situación más desfavorable respecto de los derechos de aduana, porque lejos de recargarse los productos similares estranjeros con un impuesto protector están gravados [en el proyecto en discusión] con derechos inferiores al 25%, que es el normal para toda clase de mercaderías. No parece, pues, equitativo despojar a las fábricas de maquinaria hasta de los artículos que producen a bajo precio i en cantidades suficientes para abastecer el consumo”38.. En realidad, la Sociedad de Fomento Fabril expresaba la posición de un amplio movimiento proteccionista, en el que convergían diversas instituciones de fomento, empresarios industriales y sectores de trabajadores. Por ello, la demanda de la SFF fue apoyada por otras organizaciones y contó con un respaldo político explícito en el Congreso. El Centro Industrial y Agrícola, por ejemplo, también solicitó al Senado que mantuviera esos artículos con el impuesto de 15% aprobado ya por la Cámara, porque “no es, por otra parte, un gran impuesto i significa bien poco si se considera que a su sombra puede prosperar esta industria, dar trabajo a muchos operarios i librar al país de un fuerte tributo al extranjero”39. En cuanto al impuesto a la maquinaria, la gestión del empresariado industrial apuntó a obtener el apoyo directo de determinados parlamentarios, a través de la presentación de diversos informes y solicitudes. En efecto, antes de que se iniciara el debate del proyecto de ley, el senador Guillermo Matta solicitó que al discutir cada artículo se leyeran las indicaciones de la Sociedad de Fomento Fabril, a fin de que el Senado pudiera tenerlas en cuenta40. Por su parte, durante la discusión del artículo 4°, el senador por Biobío, Joaquín Santa Cruz, inició su intervención señalando que, efectivamente, diversos sectores habían exigido que la comisión del Senado acordara mantener el arancel del 15% a la maquinaria. Se refería a “informaciones de la Sociedad de Fomento Fabril i de sociedades de fundidores i obreros mecánicos del país”, las cuales, agregó, habían sido consideradas en la citada comisión. Por ello, Santa Cruz decidió “formular indicacion para que algunos artefactos que se fabrican en el país se incluyan en esta nomenclatura i queden gravados con el 15%”41. Significa-. 38 “Nota de la Sociedad de Fomento Fabril al Presidente del Senado”, Cámara de Senadores, Sesiones Extraordinarias, 12a., 8 de noviembre de 1897, 357. 39 Cámara de Senadores, Sesiones Extraordinarias, 13a., 9 de noviembre de 1897, 408. 40 Ibid., 413. 41 Cámara de Senadores, Sesiones Extraordinarias, 21a., 22 de noviembre de 1897, 654-655..

(16) 218. HISTORIA 42 / 2009. tivamente, su fundamentación para esta proposición no hacía más que reiterar los argumentos de los solicitantes: “en la presentación elevada a la Cámara por diversas fábricas i maestranzas, se hace ver que en Chile se trabaja la mayor parte de las maquinarias i aparatos para las distintas industrias i que no es justo que se imponga solamente el 5% de derechos de importacion a artículos que se fabrican en el país. Considero necesario ayudar a una industria que surje floreciente entre nosotros i que hai razón para gravar esos artículos con el 15% [pues] creo que seria perjudicial para nuestro desarrollo industrial gravarlos con un impuesto menor”42.. En definitiva, el empresariado industrial había logrado situar el problema del desarrollo de las industrias metal-mecánicas en el centro de la discusión políticoeconómica. El movimiento proteccionista buscaba impulsar su desarrollo, por ejemplo, encareciendo los artículos importados que representaban una competencia directa para esas industrias. Sin embargo, respecto de la capacidad productiva de las fundiciones nacionales se impuso finalmente la opinión de aquellos sectores que, como la Sociedad Nacional de Agricultura, consideraban que esos establecimientos no estaban en condiciones de asegurar una oferta de maquinaria de calidad y precios más convenientes que la procedente del extranjero y que, por consiguiente, no se justificaba encarecer más aún su importación por medio de impuestos “protectores” más elevados. En virtud de que esa opinión también se impuso en el Congreso, la maquinaria importada se mantuvo exenta del pago de derechos de internación. Con esa medida concluía el conflicto entre los terratenientes que habían optado por privilegiar su importación y aquel sector del empresariado industrial dispuesto a defender y, mejor aún, ampliar su capacidad para producirla. Sin embargo, la opción de la SNA en el sentido de privilegiar la oferta externa de equipo agrícola pronto demostraría ser una estrategia problemática. A medida que las fundiciones y maestranzas se veían limitadas a una producción de baja complejidad, constituida básicamente por herramientas y vehículos, pero no por máquinas y motores, las grandes casas comerciales extranjeras tendieron a monopolizar la oferta de maquinaria y equipo agrícola. Así lo comprobaría la propia Sociedad Nacional de Agricultura, al tratar de impulsar la innovación tecnológica en un mercado dominado por los importadores y distribuidores.. UN. MERCADO CONFLICTIVO : AGRICULTORES VERSUS IMPORTADORES. Las grandes compañías comerciales extranjeras, también conocidas como “casas de comisión”, dominaban el mercado de bienes de capital en Chile y, desde luego, controlaban casi por completo la oferta de equipo agrícola. Aunque la mayor parte de sus operaciones estaba asociada a la minería y, en menor medida, al. 42. Idem..

(17) CLAUDIO ROBLES ORTIZ / CONTROLANDO LA MANO INVISIBLE…. 219. sector industrial, las commission houses también importaban y distribuían diversas líneas de equipo agrícola. No obstante, sus negocios en el sector agropecuario eran mucho más complejos que la sola venta de implementos. En efecto, esas compañías trataban con los agricultores en una relación crediticia en dos sentidos principales: por una parte, adelantaban equipo y otros insumos, así como una variedad de bienes de consumo; y por otra, comercializaban la producción agropecuaria mediante el sistema de consignación. De esta manera, las compañías comerciales actuaban como los primeros mayoristas en la larga cadena que existía entre agricultores y consumidores. Incluso, como otra expresión de su creciente control del comercio agrícola, algunas de esas compañías eran propietarias de grandes industrias molineras. En suma, como observara Frank von Motz, el experto del Department of Trade de los Estados Unidos enviado a Chile en 1917 a estudiar el mercado de implementos agrícolas, “las grandes compañías importadoras son muy poderosas y […] en la práctica la mayoría de ellas son los banqueros de los clientes con que tratan”43. Hacia 1910 estas compañías se habían extendido por todo el país, estableciendo oficinas en todas las ciudades de importancia. Esta expansión era, precisamente, una de las bases de su posición hegemónica en el mercado. Esto porque, “como norma”, señala Von Motz, “no hacen acuerdos de representación con distribuidores locales para la venta de sus productos en los puntos secundarios de comercialización”, sino que operan directamente a través de sus propias sucursales. Más aún, todas las compañías comerciales extranjeras tenían “un considerable negocio de ventas por correo”, el cual también contribuía a su control del mercado. De esta manera, “en vista de su poder y posición dominante en el comercio del país”, comentaría el experto Von Motz, “se puede decir que otras empresas no están preparadas para entrar al mercado y competir con ellas”. Ese era el caso porque, entre otras razones, cada una de las grandes compañías importadoras tenía normalmente de 10 a 15 oficinas sucursales repartidas en las ciudades más importantes del país44. En consecuencia, las empresas importadoras-exportadoras extranjeras tenían un control decisivo en la oferta de maquinaria, herramientas, repuestos y otros insumos para el sector agropecuario chileno. De acuerdo a Frank von Motz, aunque la estructura creada por esas compañías y sus sucursales en provincias no constituía formalmente un oligopolio, y “no se habían hecho acuerdos para fijar los precios o las condiciones de las ventas”, sí existía un importante grado de concentración del mercado, porque “solo cinco de las firmas más importantes de este tipo venden la mayoría del equipo agrícola que es requerido por los agricultores chilenos”. Más importante incluso, el experto estadounidense constató que los importadores estaban en condiciones de establecer las condiciones de comercialización a sus clientes, por medio de los sistemas de crédito que empleaban en sus operaciones. Esto porque era. 43 Frank. H. von Motz, Markets for Agricultural Implements and Machinery in Chile and Peru, Washington, Government Printing Office, 1917, 39 (la traducción es nuestra). 44 Idem..

(18) 220. HISTORIA 42 / 2009. “prácticamente imposible para una empresa establecerse y comercializar sus productos únicamente en términos de ventas directas, los precios son altos en comparación con los de otros países de Sudamérica [porque] en Chile el importador extiende crédito a un gran número de agricultores, les abastece de todo tipo de productos importados [e] incluso los implementos menores son vendidos con sistemas de pago a largo plazo, y esto tiende a aumentar el precio para el comprador”45.. Una de las principales preocupaciones de los agricultores chilenos era el excesivo recargo de los precios del equipo agrícola. En efecto, desde la SNA algunos agricultores habían discutido este problema mucho antes de la visita de Frank von Motz al país. En 1902, por ejemplo, Teodoro Schneider, el redactor jefe del Boletín de la SNA y uno de sus más prominentes analistas, afirmaba que en la práctica las casas comerciales habían establecido un “monopolio”, a causa del cual algunas de ellas podían cobrar una comisión de hasta $ 500 por la venta de una trilladora46. Incluso más, el asunto dio lugar a fuertes reacciones por parte de miembros de la élite agraria. Como era habitual cuando se enfrentaban a problemas que afectaban directamente sus intereses, los grandes terratenientes recurrieron a su influencia en el Congreso, presionando por ayuda estatal para la “agricultura nacional”. En el caso concreto del “monopolio” existente en el mercado de maquinaria, sus representantes llevaron a cabo, aunque sin éxito, diversas iniciativas para conseguir préstamos del Gobierno, con la finalidad expresa de que las sociedades agrícolas pudieran importar directamente maquinaria e implementos. Este fue el caso especialmente durante la crisis derivada del impacto de la Primera Guerra Mundial en el comercio internacional, una coyuntura en la que el mercado de medios de producción se redujo a su mínima expresión, a causa de la disminución de las importaciones. Así por ejemplo, a fines de 1918, y tras señalar que entre las “graves dificultades” que obstaculizaban el desarrollo de la agricultura, la “más perturbadora” era “el encarecimiento de la maquinaria, repuestos, útiles de labranza i sacos, artículos que hoi día se espenden en el comercio a precios que no guardan relación con el costo”, y señalar “la circunstancia agravante de que en muchas ocasiones no se encuentran en plaza”, el diputado Eleazar Lezaeta presentó en la Cámara un proyecto de ley que solicitaba el uso de recursos públicos para hacer frente a las restricciones del mercado. En virtud de dicho proyecto, se autorizaba al Presidente de la República, por el término de dos años, “para invertir” hasta dos millones de pesos a fin de facilitar en calidad de “préstamos a la Sociedad Nacional de Agricultura, a la Sociedad Comercial de Agricultores i demás análogas que tengan personalidad jurídica” los fondos necesarios para que “puedan importar al pais i vender a los agricultores e industriales maquinarias i repuestos, útiles de labranza, herramientas i sacos, al precio de costo”47. Otro de los principales problemas del mercado de maquinaria agrícola era la posición dominante de las empresas comerciales que tenían la representación de las 45 46 47. Von Motz, op. cit., 24, 38. BSNA, Vol. XXXIII, N o 22, 1902, 566. Cámara de Diputados, Sesiones Extraordinarias, 50a., 13 de diciembre de 1918, 1214-1215..

(19) CLAUDIO ROBLES ORTIZ / CONTROLANDO LA MANO INVISIBLE…. 221. grandes fábricas de Estados Unidos. Las sociedades agrícolas se quejaban de que, gracias a su control del mercado, las empresas estadounidenses restringían la competencia y limitaban la variedad de los stocks en oferta. De acuerdo a Teodoro Schneider, como política habitual “las casas especiales que se ocupan del comercio de maquinaria agrícola no se resuelven las más veces a la introducción de nuevas máquinas”, sino que “se dedican al comercio de un corto número de tipos adoptados desde tiempo atrás por los agricultores”48. De hecho, al momento de comenzar la crisis económica derivada de la Primera Guerra Mundial, la gran mayoría de la maquinaria vendida en Chile consistía en marcas y modelos de fabricantes estadounidenses, hecho que era otra manifestación de la posición comercial dominante que Estados Unidos había alcanzado en América Latina en las décadas finales del siglo XIX49. La coyuntura crítica asociada a la Primera Guerra Mundial marcó la culminación de ese proceso, al reducir la participación de la maquinaria de fabricación inglesa a unas pocas líneas de equipo agrícola y, virtualmente, eliminar la competencia de los implementos de fabricación alemana. El agente comercial Von Motz no solo comprobó en terreno esta situación, señalando que “la mayoría de los implementos importados a Chile son de fabricación americana”, sino que también constató la existencia de una articulación directa entre los grandes fabricantes y las casas comerciales estadounidenses, pues “la gran mayoría del equipo es vendido directamente al importador por las agencias comercializadoras de los fabricantes”50. El dominio del mercado de equipo agrícola por parte de los fabricantes estadounidenses y sus distribuidores era una tendencia que difícilmente podía alterarse. En 1925, un estudio del representante comercial británico en Chile estimaba que las importaciones de los Estados Unidos constituían el 60% del total y atribuía ese hecho a una combinación de factores financieros y técnicos. Los fabricantes estadounidenses tenían representación comercial por parte de la mayoría de las empresas importadoras y podían proporcionar créditos a más largo plazo que sus competidores europeos. Al mismo tiempo, las características técnicas de los principales cultivos de la agricultura chilena no eran muy diferentes de los de las regiones productoras de cereales en Estados Unidos, por lo que, comentaba el informe, necesitaban “poca o ninguna modificación para el mercado chileno”. Más aún, los fabricantes mantenían en el país “expertos representantes, cuya tarea era proporcionar consejo y asistencia técnica a sus agentes locales”51. La élite agraria implementó diversas estrategias para hacer frente a los problemas en la oferta de maquinaria e implementos que se derivaban de la hegemonía de las compañías extranjeras en el mercado de equipo agrícola. Así, es significativo 48. BSNA, Vol. XXXIII, N˚ 22, 1902, 566. Paul Drake, The Money Doctor in the Andes: The Kemmerer Missions, 1923-1933, Durkam, Duke University Press, 1989; Rory Miller, Britain and Latin America in the nineteenth and twentieth centuries, London and New York, Longman, 1993; Steven C. Topik and Allen Wells (eds.), The Second Conquest of Latin America. Coffee, Henequen, and Oil during the Export Boom, 1850-1930, Austin, University of Texas Press, 1998. 50 Von Motz, op. cit., 38. 51 E. Murray Harvey, Economic Conditions in Chile, London, Department of Overseas Trade (U.K.) H. M. Stationery Office, 1930, 45. 49.

Show more

Nuevo documento

deshidratación a la mora en el secador de bandejas y de realizar su respectivo análisis nutricional, tanto en fresco como en deshidratado se deduce que el tiempo de secado más eficiente

Ella odiaba el azul, el azul era opaco, aburrido y monótono, ella no quería ser como el azul, ella quería tener una vida divertida y llena de emociones y colores, colores como el rojo,

Son muy pocos los estudios de arsénico en alimentos que se encuentran en literatura, es este el motivo de la presente investigación con el fin de identificar la inocuidad que estos

La comunicación digital se erige como un medio de inserción en el contexto de la Sociedad de la Información y el Conocimiento, donde los gobiernos tienen la responsabilidad de generar

En este trabajo se analiza el desempeño, entre los años 1924 y 1929, del Banco Edificador Rosarino en el mercado de viviendas de la ciudad de Rosario; entendiendo que su accionar fue

Gráficas de la concentración promedio de arsénico en las muestras de papas 75 Solanum tuberosum, zanahorias Daucus carota y leche cruda procedentes de la parroquia Pilco cantón Quero y

Las tumbas fueron excavadas por miembros del Laboratorio de Arqueología y Etnohistoria LAyE de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Río Cuarto y luego remitidos

9 PORCENTAJE DE ISRS RECETADOS EN EL GRUPO DE PACIENTES CON DEPRESIÓN A QUIENES SE BRINDÓ EL SFT EN EL H.P.D.A DURANTE EL PERÍODO FEBRERO-NOVIEMBRE 2008... De los ISRS el que más fue

En último lugar, se plantea el modo en que este maestro parece haber procesado, según lo muestra su estilo, el dilema entre enseñar o cuidar a niños maltratados y excluidos escolar y

Una vez concluida la “Auditoría De Gestión a la Empresa DISENSA ARCHIDONA, del Cantón Archidona, Provincia Napo, durante el Periodo 01 de Enero Al 31 de Diciembre del 2014” me permito