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Vista de Propagación de conductas alimentarias de riesgo en redes sociales por el lucro en la salud nutricional

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Academic year: 2023

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Resumen.

Resumen.

En la actualidad la mercadotecnia nos ha alcanzado en todos los aspectos de la vida, manifestando señales de alerta en la salud nutricional, destacan el lucro en las prácticas del trabajo nutricional y la promoción de prácticas no saludables. El objeti-objeti- vo

vo del presente es concientizar a los profesionales de la nutrición sobre la forma en que prestan sus servicios, para contribuir en la disminución de estas conductas no adecuadas. Desarrollo.Desarrollo. Las redes sociales juegan un papel clave en la promoción de productos y servicios, en los últimos años se han posicionado en la cima de populari- dad. Al ser un sitio donde pasan demasiado tiempo los usuarios, se influencia su ma- nera de consumir, de pensar y en los hábitos. Ante este escenario, la competencia en el ámbito de la nutrición aumentó buscando demostrar quién podría darle al usuario mejores resultados que han coadyuvado con el desarrollo de trastornos de conducta alimentaria (TCA’s). Se debe reflexionar desde tres aspectos: el consecuencialista, el deontológico y el trasfondo de la práctica. Conclusiones.Conclusiones. Los nutriólogos tienen el deber de difundir información verídica para educar y concientizar a la población, sin incurrir en conductas alarmantes o propagación de ideas perjudiciales para la salud física y mental de los usuarios.

Palabras clave:

Palabras clave: Redes sociales, lucro, Trastornos de Conducta alimentaria (TCA).

Propagación de conductas alimentarias de riesgo en re- Propagación de conductas alimentarias de riesgo en re- des sociales por el lucro en la salud nutricional.

des sociales por el lucro en la salud nutricional.

De la Cruz Villarreal Ana Isabel1

1Estudiante de Licenciatura en Nutrición, Unidad Académica de Enfermería Universidad Autónoma de Zacatecas “Francisco García Salinas”

Contacto: [email protected]

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Introducción Introducción

En la actualidad debido a la globalización, la mercadotecnia nos ha alcanzado en todos los aspectos de la vida, pero tratándose de la salud se comienzan a manifestar señales de alerta y la nutrición no se queda fuera. Estas alarmas a destacar son lu- crar con las prácticas relacionadas al trabajo nutricional y la promoción de prácticas no saludables. Este ensayo tiene como finalidad concientizar a los profesionales de la nutrición sobre la forma en que prestan sus servicios, de esta manera contribuir en la disminución de estas conductas no adecuadas.

Lucro es un concepto controvertido, la definición dada por la Real Academia de la Lengua Española señala que lucro es la “Ganancia o provecho que se saca de algo”

(RAE, 2022); sin embargo, el término se entiende como un sinónimo de usura, es de- cir una ganancia “excesiva” que se saca de algo. La distinción entre una acepción y la otra estaría dada por la idea de que una ganancia excesiva tiene una connotación negativa desde un punto de vista moral.

Desde una perspectiva histórica, no siempre se consideró éticamente correcto practi- car la nutrición o cualquier profesión del área de ciencias de la salud con la expecta- tiva de generar una ganancia. Si bien los códigos deontológicos enuncian que el pro- fesionista merece obtener una retribución por su trabajo si cumple con lo acordado (CMN, 2022), lo cierto es que en la antigüedad estas profesiones no eran entendidas como una actividad lucrativa. Hoy en día afirmar que quien presta sus servicios pro- fesionales en salud no debiera esperar una retribución económica parecería absurdo por el sistema en el que estamos inmergidos, sin embargo, respecto a las costumbres que surgen de la antigüedad respecto a las profesiones de salud y sus funciones, como actividades no lucrativas, sino como una obligación de contribuir a la sociedad y a su bienestar, es una gran razón ética para al menos considerar la discusión acer- ca del lucro.

Desarrollo Desarrollo

En la actualidad se promueven en diversos medios digitales la cultura de la dieta, fac- tor que repercute directamente en la nutrición, ya que los usuarios debido al bombar- deo de esa información, necesitan justificarse para comer ciertos alimentos, de esta forma la misma sociedad, influencers y profesionales han promovido frases como

“comida libre (cheat meal)”, “el lunes se retoma la dieta”, “haz ejercicio para quemar esas calorías”, “después de la disciplina viene la recompensa”, “iniciando el año bajo de peso”, etcétera. Bajo este argumento se comparten conductas alimentarias de riesgo como el conteo de calorías para no ganar peso, conductas compensatorias (ayunos, ejercicio excesivo, saltar comidas) siendo el vómito la única que no está normalizada, el resto sí lo está; conductas purgativas (détox, tés, laxantes o diuré- ticos) ciclos de restricciones y atracones (cheat meal), entre otras. Fomentando el sentimiento de inmediatez a costa de la salud física y psicológica.

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Esta situación es preocupante ya que es obligación de los nutriólogos según su có- digo ético es: aplicar sus conocimientos en beneficio del enfermo y la sociedad, de manera ética, libre de daño y con justicia (CMN, 2022), según legislaciones, específi- camente la NOM-043, ofrecer dietas completas, variadas, inocuas, suficientes y ade- cuadas, así como orientación alimentaria proporcionando información básica y cien- tíficamente validada señalando que las dietas que no lo sean, no son recomendables para la salud (SEGOB, 2022). Sin embargo, en internet es muy común el encontrar y seguir perfiles de “entrenadores profesionales”, “coaches certificados”, “influencers” y personas que se autodenominan “nutricionistas fitness”, que hacen todo lo contrario y que no demuestran que lo que están practicando y promoviendo sea adecuado.

Así las redes sociales juegan un papel clave en la promoción de productos y servi- cios, en los últimos años se han posicionado en la cima de popularidad ya que son uti- lizadas como herramientas eficaces para generar ventas, así como crecer negocios y emprendimientos gracias a la enorme cantidad de usuarios que tienen. Prueba de ello es que, en la actualidad, el 34% de las ventas totales en el comercio electrónico proviene de la venta a través de plataformas digitales. En 2020 este porcentaje era del 28.8% y para este año se espera que sea del 49.8% (Olmos, 2021).

Al ser las redes un sitio donde pasan demasiado tiempo los usuarios, no solo influen- cia su manera de consumir, sino también su manera de pensar y en los hábitos de éstos. Según los resultados de un estudio de la Universidad de Aston, es probable que “las redes sociales influyan en los hábitos alimentarios de los usuarios, ya sea para bien con una dieta más rica en frutas o verduras, como para mal, con una dieta rica en alimentos y bebidas poco saludables” (University, 2020). Las redes sociales han cambiado la relación de los usuarios con la comida, por ello las empresas están más pendientes de los intereses en los usuarios, de sus tendencias y de otras cues- tiones relacionadas con la alimentación, con el fin de satisfacer sus demandas, así se desprendió de otro estudio realizado por la Fundación Waitrose en el año 2016 (Waitrose, 2022).

Ante este nuevo mercado, la competencia en el ámbito de la nutrición aumentó bus- cando demostrar quién podría darle al usuario mejores resultados y más rápido para posicionarse en las preferencias. El problema con esto es que para lograrlo, se co- menzaron a usar y publicar fotos de antes y después, de ellos mismos u otros pacien- tes, asociando la pérdida de peso con éxito, salud, disciplina o ser tu mejor versión, aprovechándose de la insatisfacción personal para vender planes de alimentación, retos, rutinas de ejercicio e incluso artículos para bajar de peso como fármacos o pro- ductos milagro, sustancias para evitar el hambre, fajas, cremas y masajes reductivos, invisibilizado e incluso discriminando la diversidad corporal (Nutrimentalia, 2022).

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Otro factor ha sido la satanización de algunos grupos de alimentos, clasi- ficándolos como prohibidos o no saludables, promoviendo así la culpa, la vergüenza o el arrepentimiento en comer, con publicaciones de compa- raciones excesivas entre alimentos, basadas en calorías o ingredientes.

Para observar cómo afectan directamente estas prácticas en el desarrollo de trastornos de conducta alimentaria (TCA’s), es necesario describir los factores de riesgo. Si bien existe cierta predisposición genética, existen distintos factores que son detonantes, como los psicológicos (baja auto- estima, imagen corporal negativa, ansiedad, depresión, compulsión, entre otros), rasgos biológicos (edad, sexo y factores familiares) y rasgos socia- les (como la promoción en la cultura de la idea de la delgadez, estereotipos de tamaño y peso y uno que otro prejuicio), que influyen directamente en las personas para desarrollar un TCA (ACAB, 2022). Todos estos factores son altamente influenciables por las redes e intensifican los síntomas de los trastornos alimenticios que se enlistan a continuación:

• Atracones

• Pérdida del control de la alimentación

• Inducción del vómito

• Preocupación excesiva por el cuerpo

• Miedo a aumentar de peso

• Hacer demasiado ejercicio para no aumentar de peso

• Uso de laxantes, diuréticos, enemas

• Ayunos

• Restricción de calorías o de grupos de alimentos

• Uso de suplementos dietéticos o productos para bajar de peso (Pruthi, 2022).

En México, cada año se registran cerca de 20 mil casos de anorexia y bu- limia, siendo la población de entre 15 y 19 años de edad la más afectada.

(SEGOB, 2022), sin contar los casos no registrados debido a la normali- zación de algunos TCA´s como la bulimia no purgativa, dismorfia corporal, obesidad y anorexia en etapas tempranas o por la vergüenza de los pa- cientes que los lleva a ocultar o evadir sus síntomas y por lo cual no puede cuantificarse una cifra exacta.

Otro problema es la falta de regulación en redes sociales respecto a los coaches o influencers no profesionales, que, desde su analfabetismo nu- tricional, se encargan de dar “tips”, “ofrecer asesorías” y postear videos monetizados para promocionar productos, que pudieran ser potencial- mente perjudiciales para la salud (Vazquez, 2022). La facilidad en el ac- ceso a las redes promueve la falsa información, que se ha incrementado en los últimos años.

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Son muchas las personas que hacen uso de esta información, aun sabiendo que en los centros de salud públicos se pueden brindar asesorías con nutricionistas de ma- nera gratuita, los mexicanos consideran difícil y tedioso generar citas para ser aten- didos. La otra opción sería acudir a un nutriólogo particular, pero debido al gasto que esto implica solo está disponible para aquellos que tienen un ingreso suficiente para pagar estos servicios (Vazquez, 2022).

Una infografía de Nutrir México del 2018 informa que tan solo el 1.5% de la población total en ese año, se encontraba estudiando Nutrición, lo que equivale a 1 estudiante de Nutrición por cada 1,000 habitantes que sufren de obesidad y sobrepeso en Mé- xico. De esta forma, se puede entender que el problema principal radica en la poca cobertura a estos servicios y no en las remuneraciones de los profesionistas, siempre y cuando sean justas.

Pero para poder generar un juicio correcto debemos de reflexionar desde tres as- pectos, el primero es el consecuencialista, es decir, valorar las consecuencias que pueden tener las acciones de los nutricionistas, en este caso del lucrar o no con la atención de salud y nutrición que se ofrecen a los pacientes. Por tanto, si el que esto suceda trae beneficios para la sociedad, el lucro no será solamente permisible ética- mente hablando, si no que sería necesario (Ethics, 2022).

El segundo aspecto a considerar es el deontológico, que consiste en plantearnos si las acciones son correctas o incorrectas universalmente. En estos casos el desempe- ño de una actividad económica aprovechando la necesidad de las personas aqueja- das por su aspecto, necesidad de mejorar sus hábitos o por una enfermedad, puede interpretarse como tratar a los pacientes meramente con el objetivo de ganar dinero y no como el de ayudarlos a alcanzar un fin en sí mismos.

El último aspecto a analizar es el trasfondo de la práctica o acto, es decir “lo correcto”

apegándose a las reglas de conducta o principios éticos que juzgan la calidad de las acciones (Tapiero, s.f.).

Por tanto, sería necesario analizar cada caso para lograr comprender si es ético o no los medios tomados en la promoción y en la práctica; y si podrían o no justificarse por medio del fin. Por último, incluyendo a la moral, lo adecuado sería buscar no hacer un mal a los usuarios afectando su salud o su forma de pensar a través de engaños, optando siempre por buscar a toda costa brindarles y proponerles elementos que sean de su beneficio, respetando siempre la autonomía del paciente siempre que haya sido informado de manera veraz y sus consecuencias, sin publicidad engañosa, información falsa, editada o meramente imposible e inalcanzable.

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Conclusiones Conclusiones

Los nutriólogos tienen el deber de difundir información verídica para educar y con- cientizar a la población, sin incurrir en conductas alarmantes o propagación de ideas perjudiciales para la salud física y mental de los usuarios, sin olvidar que también pue- den influir inconscientemente en el desarrollo de problemas y enfermedades como los TCA’s, o en desórdenes fisiológicos al no llevar a cabo un servicio informativo del tratamiento que se llevará a cabo y sus consecuencias, o también al modificar cálcu- los conscientemente a fin de obtener resultados específicos y beneficio propio.

Desde el punto de vista ético, los profesionales de la salud nutricia deben apegarse en su práctica a valores como lo son:

• La justicia, dándole a cada quien lo que le responde mediante el aseguramiento de su derecho a la salud en forma equitativa (Tapiero, s.f.).

• La honestidad, siendo transparentes y basando sus conocimientos en la evidencia científica disponible apegándose a la normatividad del sistema y la regulación de la ley (CMN, 2022).

• La prudencia, buscando realizar los cambios de una manera gradual, siendo rea- listas y considerando que no hay soluciones mágicas para los problemas sociales o del paciente ya que en la resolución de estos influyen muchos factores por lo que lo correcto es no prometer algo que no se puede cumplir (CMN, 2022).

En cuanto al sistema capitalista, todos tenemos derecho a ejercer la profesión que más nos plazca y aunque el primer objetivo en este caso es la preservación de la salud, no es menos importante la búsqueda de generación de ingresos para poder tener una vida digna a través de la retribución de nuestros esfuerzos, no obstante, sin olvidar que deben ser adecuadas para evitar perjudicar a las personas.

Es necesario pues abrir espacios de diálogo y de concientización para reducir o evi- tar el lucro dentro del sistema de salud nutricia, promover la buena práctica como un acuerdo profesional y social que busca satisfacer las necesidades de salud y prefe- rencias de los pacientes en forma justa, digna e informada (CMN, 2022).

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Bibliografía Bibliografía

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https://www.diagnosticsnews.com/rpnews/23550-mala-praxis-en-nutricion-entre- vista-a-la-lic-patricia-robiano

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• Olmos, F. G. (2021). El 85% de las Pymes usa redes sociales para vender en lí- nea. Expansión, 1.

• Pruthi, S. (17 de 11 de 2022). Mayo Clinic. Obtenido de https://www.mayoclinic.

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• Tapiero, A. A. (s.f.). Scielo. Obtenido de https://scielo.isciii.es/scielo.php?script=s- ci_arttext&pid=S0212-71992001001200009#:~:text=Los%20principios%20bio%- C3%A9ticos%20que%20propusieron,humanista%20de%20la%20asistencia%20 sanitaria.

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Referencias

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