Trabajo Fin de Grado
La Segunda Transición Demográfica y su relación con el desarrollo económico occidental
The Second Demographic Transition and its relation with the western economic development
Autor/es
María Martín Garay
Director/es
Francisco José Marco-Gracia
Grado en Economía
Facultad de Economía y Empresa 2021-2022
2 Resumen
El objetivo de este proyecto de fin de grado es dar explicación a las nuevas tendencias demográficas de los países occidentales con los supuestos desarrollados en la teoría de la Segunda Transición Demográfica, así como las consecuencias económicas que producen. Han aparecido nuevas pautas de comportamiento, tanto económico como social, que han causado un desplome en las tasas de fecundidad, que preocupan a diversos países por los problemas económicos, sociales y políticos que se plantean. En España, donde la caída en la fecundidad es mucho más acusada que en otros lugares, se muestra la gran debilidad y los problemas estructurales que debe suplir para la
evolución próspera de su economía en el medio plazo.
Abstract
The aim of this degree final project is to explain the new demographic trends in Western countries with the assumptions developed in the Second Demographic Transition
Theory, as well as the economic consequences they produce. New patterns of behavior have appeared, both economically and socially, which have caused a drop in fertility rates, concerning to several countries because of the economic, social and political problems that arise. In Spain, where the drop in fertility is much more pronounced than elsewhere, the great weakness and structural problems that must be overcome for the prosperous evolution of its economy in the medium term are show.
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ÍNDICE
CAPÍTULO I. INTRODUCCIÓN ... 4 CAPÍTULO II. UN NUEVO MODELO POBLACIONAL ... 5 2.1. CRISIS DE LA TEORÍA DE LA TRANSICIÓN DEMOGRÁFICA ... 5 2.2. CARACTERÍSTICAS DE LA SEGUNDA TRANSICIÓN DEMOGRÁFICA E INDICADORES ... 7
2.2.1. PRECEDENTES TEÓRICOS. LA TEORÍA MICROECONÓMICA DE LA FECUNDIDAD Y PARTICIPACIÓN LABORAL FEMENINA ... 7 2.2.2. LA TEORÍA DE LA SEGUNDA TRANSICIÓN DEMOGRÁFICA ... 11 2.3. ESTRUCTURA DEMOGRÁFICA MUNDIAL. EVIDENCIA EMPÍRICA Y CONTRASTACIÓN ... 14
2.3.1. EFECTO DEL LAS NUEVAS PAUTAS DE COMPORTAMIENTO
INDIVIDUALISTA SOBRE LAS TENDENCIAS DEMOGRÁFICAS ... 15 CAPÍTULO III. EFECTOS EN EL CRECIMIENTO ECONÓMICO ... 31 CAPÍTULO IV. EL CASO ESPAÑOL. UNA TRANSICIÓN DEMOGRÁFICA
TARDÍA ... 37 CAPÍTULO V. CONCLUSIÓN ... 40 REFERENCIAS BILIOGRÁFICAS Y BIBLIOGRAFÍA ... 41
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CAPÍTULO I. INTRODUCCIÓN
El estudio empírico de la población ha resultado de gran importancia para la explicación de multitudes y diversos efectos económicos que han tenido lugar a lo largo de la
historia de la humanidad (Guzmán y Rallo, 1998). Las características de la población influyen notablemente en la economía de un país, siendo su principal activo. Una estructura demográfica u otra genera diversos efectos sobre las condiciones de vida, la demanda y/o oferta de recursos productivos, además de impactos en el entorno
medioambiental (Barricarte, 2008).
Tanto Robert Malthus a finales del siglo XVIII, quien trató de explicar mediante su Ensayo sobre el principio de la población (1789) la relación entre el crecimiento de la población y de alimentos, como Ester Boserup (1965) en el siglo XX, cuyos estudios se centraron en la densidad poblacional, consiguieron dar esbozos de lo que sería el principio de la ciencia demográfica moderna.
A mediados del siglo XX y gracias a las mejoras y facilidades en la recopilación de información censal, nace la teoría de la transición demográfica de la mano de Warren Thompson (1929). Se trataba de dar explicación al grandísimo crecimiento poblacional experimentado en los últimos 200 años, incrementándose de los 1000 millones de habitantes en 1800 a los 7860 millones.
Sin embargo, a partir de la década de los noventa, este crecimiento comienza a
disminuir considerablemente debido a la aparición de nuevas pautas de comportamiento social, como el matrimonio tardío, el aumento de la cohabitación y el retraso en la fecundidad, entre otros factores, que inevitablemente inducen a un descenso en la tasa de natalidad. Nace así la teoría de la segunda transición demográfica, acuñado por primera vez por Ron Lesthaegae y D.J. van de Kaa (1986).
El objetivo principal de este estudio es analizar con detalle, en cada uno de los capítulos, las variables que añade la segunda teoría de la transición demográfica a la explicación en la caída de la tasa de fecundidad, cómo surgió y sus antecedentes, y sus consecuencias económicas y sociales, tanto en el corto como en el largo plazo. A su vez, se tratarán de explicar las similitudes y diferencias que existen entre los diferentes
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países, ejemplificándose con el caso de España. ¿Cuándo y por qué se originó esta nueva tendencia? ¿Es un fenómeno global o existen disparidades? ¿Qué variables están influyendo en unos países u otros?
CAPÍTULO II. UN NUEVO MODELO POBLACIONAL
2.1. CRISIS DE LA TEORÍA DE LA TRANSICIÓN DEMOGRÁFICA
La gran variabilidad actual en las poblaciones postransicionales ha puesto en duda diversos aspectos de la formulación original en la que se basó la primera teoría de la transición demográfica.
Como ya es previamente conocido, la teoría de la transición demográfica intenta explicar, mediante varias etapas (Blacker, 1947) el cambio demográfico que
experimentan las sociedades a través del desarrollo industrial y económico. A partir del cual, se evoluciona de un régimen demográfico caracterizado por altas tasas, tanto de natalidad como de mortalidad a otro caracterizado por tasas bajas.
Los países desarrollados occidentales sufrieron una gran transformación estructural durante los siglos XIX y XX. El porcentaje de crecimiento anual de la población mundial fue de 3,84% en 1972, aunque únicamente el 1% correspondía a los países de ingreso alto. Este porcentaje fue disminuyendo paulatinamente a lo largo de finales de siglo, alcanzando únicamente un porcentaje de 0,4% en 2020 (según datos del Banco Mundial)
Prácticamente todos los países europeos completaron la transición demográfica en el primer cuarto del siglo XX (Collantes, 2017). Las diferentes fases se pueden observar gráficamente en el siguiente esquema:
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Gráfico 2.1.1. Representación esquemática de la teoría de la transición demográfica
FUENTE: THUMERELLE, PIERRE-JEAN (1996): Las poblaciones del mundo. Editions Nathan, París.
La mejora en las condiciones de vida que permiten los desarrollos en medicina y en higiene personal, producen un descenso notable de la mortalidad, sobre todo en
términos de mortalidad infantil. La economía progresa y un mayor número de personas tienen la capacidad de obtener más y mejores bienes de consumo, así como mejorar su estado nutricional, lo cual, permite un descenso notable de la mortalidad. A pesar de ello, la tasa de natalidad continuó siendo muy elevada. El tamaño medio familiar aumenta, y, teniendo en cuenta el declive en la importancia de los hijos como mano de obra en las sociedades industriales y, además, un aumento paulatino en los gastos en crianza y educación, comienza a reducirse la necesidad de tener mucha descendencia para el sustento familiar. La fecundidad, por tanto, sigue el patrón de la mortalidad, y comienza también a reducirse, hasta llegar a una fase de crecimiento vegetativo cero, de donde la población se mantiene en equilibrio, con ambas tasas similares.
La evidencia empírica demuestra que no ha sido así: las tasas de fecundidad llevan disminuyendo generalizadamente en un gran número de países occidentales. El desarrollo económico de los países, principal factor explicativo de la teoría de la transición demográfica, no ha resultado suficiente para la explicación del declive de la fecundidad. Se ha demostrado empíricamente (Coale, 1973) que, en algunas regiones de Francia y Alemania, la reducción de la mortalidad y de la natalidad sucedió
simultáneamente, contradiciendo la hipótesis de la teoría previa en la que la variante causante de la reducción de la fecundidad era la reducción de la mortalidad.
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La fase de “crecimiento cero” teorizada por los autores de la transición demográfica no se ha cumplido: la mayoría de los países tienen tasas de fecundidad por debajo la
fecundidad de reemplazo, que se estima en 2,1. Es decir, la cantidad de nacimientos que se requerirían para que la población siguiera, por lo menos, constante en el tiempo, no es suficiente.
La fecundidad es una variable que engloba muchísimas otras, que, de manera directa o indirecta, influyen en su crecimiento o decrecimiento, como, por ejemplo, la edad en la que se establece la unión sexual o la duración del periodo fértil.
Se deja entrever que existen más factores, más allá de los puramente institucionales, que influyen en las variables demográficas como la fecundidad: aspectos relacionados con la autorrealización vital, cambios en las metas sociales e individuales y una expansión de pautas de comportamiento culturales y de lento cambio (Lesthaeghe, 1987, 1995). Esto no quiere decir que no se necesite una cierta base de desarrollo tecnológico o que no existan variables cuantitativas, como, por ejemplo, las migraciones, o que se han de desechar las antiguas teorías, sino que se necesitan nuevas explicaciones.
La teoría de la segunda transición demográfica nace con el objetivo de describir estos cambios en la constitución familiar y en las nuevas tendencias demográficas
experimentadas tras la Segunda Guerra Mundial, en los países desarrollados
occidentales a lo largo de todo el siglo XX, que no pueden ser explicados en su totalidad por las teorías existentes.
2.2. CARACTERÍSTICAS DE LA SEGUNDA TRANSICIÓN DEMOGRÁFICA E INDICADORES
2.2.1. PRECEDENTES TEÓRICOS. LA TEORÍA MICROECONÓMICA DE LA FECUNDIDAD Y PARTICIPACIÓN LABORAL FEMENINA
No podemos comenzar a hablar de la segunda transición demográfica sin explicar, algunas premisas que establecieron dos teorías anteriores acerca de la baja fecundidad, que establecerían algunas pautas sobre qué variables podrían estar influyendo en las nuevas conductas demográficas y en cómo los individuos razonan en cuanto a tener o no descendencia.
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Gary Becker, economista de la Universidad de Chicago, desarrolló la teoría de la demografía microeconómica en la década de los años 60. Tanto el matrimonio como la descendencia puede considerarse como un bien de consumo duradero para el
consumidor, que le aporta una cierta utilidad. La entrada en el mercado matrimonial, por tanto, estaría determinada en si su renta marital es mayor que la renta antes de casarse (ceteris paribus), siguiendo un análisis coste-beneficio. De igual manera, se deducen también las probabilidades de divorcio en este mercado ficticio (como si de un problema primal y dual se tratara).
Como se puede suponer, este desarrollo teórico no es muy acertado, sobre todo por las nuevas consideraciones sobre el amor y la desaparición del matrimonio como
institución política y económica. Sin embargo, las decisiones sobre fecundidad en los individuos sí que tienen cabida en esta teoría.
Según G. Becker (1960), la demanda de los hijos depende, fundamentalmente, de dos variables, siguiendo, al igual que en el ejemplo anterior, un análisis coste-beneficio:
1. El nivel de ingresos de la pareja, de forma que, cuanto mayor es el nivel de renta disponible en un hogar, se tiene un mayor número de hijos.
2. Los costos de los hijos, que fue la verdadera novedad que añadió Becker. A su vez, estos se dividen en dos:
2.1. El coste de oportunidad para la mujer, referido al tiempo laboral frente al tiempo de la crianza de los hijos (sobre todo en los países donde no hay un estado del bienestar tan desarrollado, por ejemplo, que no exista la baja por maternidad o que la misma no sea suficiente).
2.2. El coste en la “calidad” de los hijos, sobre todo en términos de formación, el cual es mayor cuanto mayor es el estatus socioeconómico familiar.
La evidencia empírica demuestra que los países se han seguido desarrollando económicamente, pero no se observa que el número de hijos aumente. Por tanto, la variable tradicional, que era la utilizada principalmente por la primera transición demográfica, no explicaba la realidad. La razón es que, en los países desarrollados, los costos de los hijos predominan sobre el efecto positivo de la renta. Esto puede deberse a varias explicaciones simultáneas:
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1. Principalmente, en los países desarrollados, la tasa de actividad femenina es mucho mayor, además de las exigencias formativas del mercado laboral. Por tanto, cuanto más avanzado esté el país en estos términos (igualdad en la división del trabajo) mayores son ambos costes.
2. Adicionalmente, un aumento en el nivel de renta, en principio, supone un aumento en la cantidad de hijos demandada, pero no en la misma magnitud. En un nivel de rentas y estatus alto, aumentan tanto los costes directos como indirectos de los hijos, porque el deseo de tener más y mejores cosas se traslada a la descendencia, por lo que el coste de un hijo no es igual para todo tipo de rentas. Los costes son mucho más significativos de lo que supone un incremento en las rentas, que podrían, a prori, fomentar la demanda de hijos.
3. Por otro lado, hay que tener en cuenta que, a largo plazo, los hijos proporcionan unos beneficios “esperados”. La descendencia genera beneficios económicos para los
progenitores, por ejemplo, en la ayuda de los negocios familiares y apoyo en la
enfermedad y/o en la vejez. En los países occidentales, este beneficio es mucho menor, debido a la mayor frecuencia del trabajo asalariado frente al autónomo y un papel fuerte del Estado del bienestar, que proporciona protección en caso de vejez y enfermedad (pensiones de jubilación e invalidez)
Para incidir todavía más en la teoría desarrollada por Becker, hemos de examinar en profundidad uno de los fenómenos más determinantes que han modificado las
estructuras demográficas en los países occidentales: la incorporación de la mujer en el mercado laboral, con efectos tanto en la disminución de la fecundidad como en el aumento de los divorcios. (Barrère, 1987)
Como ya se ha explicado con anterioridad, en un primer lugar, existe una relación inversa entre la tasa de participación laboral femenina y la tasa de fecundidad. En los países desarrollados, las mujeres que no trabajan tienen más hijos en promedio de las que lo hacen (Herrera Ponce, 2007).
La evidencia apoya sobre todo a que son las propias características del empleo las que influyen en la tenencia o no de hijos: si el receso por maternidad no supone una gran
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pérdida de ingresos, no disminuye sus oportunidades laborales o no empeora sus condiciones laborales (la mayoría de las madres, cuando vuelven tras el permiso lo hacen a tiempo parcial, con el objetivo de solventar las nuevas necesidades de conciliación familiar-laboral), las mujeres estarán más dispuestas a ser madres.
Adicionalmente, existe una relación inversa entre el nivel de cualificación profesional y la disposición a la fecundidad. No es de extrañar, que cuanto mayor tiempo has
dedicado a tu formación, tu disposición a perder un empleo que requiera todo ese tiempo dedicado sea menor.
No obstante, a partir de la década de los 90, se puede observar empíricamente que, existe una correlación positiva entre la tasa de participación laboral femenina y la tasa de fecundidad, surgida mediante políticas y nuevas regulaciones organizativas que permiten una mayor conciliación entre la vida laboral y la familiar, al otorgar a las familias ayudas de diversa naturaleza: subsidios familiares, aumento de permisos maternales, escuelas pre-primaria y liberalización de la legislación sobre el aborto.
España Países Bajos EE.UU. Bélgica Suecia
1990 34,6 46,1 56,9 38,9 61,1
2000 42,1 55,1 58,7 42,6 58,7
2010 53,4 59,3 56,8 47,1 59,7
2019 52,7 62,4 55,2 49,8 61,7
Tabla 2.2.1.1. Tasa de actividad femenina (%). Proporción de mujeres de 15 años o más económicamente activas.
Fuente: elaboración propia a través de datos del Banco Mundial.
Como se puede observar en la siguiente tabla, la tasa de actividad femenina ha ido aumentando a lo largo de las últimas décadas. No obstante, observamos irregularidades:
la tasa de fecundidad no se comporta de igual manera en todos los países.
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España Países Bajos EE.UU. Bélgica Suecia
2000 1,22 1,72 2,056 1,67 1,54
2010 1,37 1,79 1,931 1,86 1,98
2019 1,23 1,57 1,71 1,6 1,71
Tabla 2.2.1.2 Evolución de la tasa de fecundidad.
Fuente: elaboración propia a través de datos del Banco Mundial.
La fecundidad no sigue un patrón totalmente correspondido a la incorporación de la mujer en el mercado laboral que teóricamente tendría. Existe un mayor número de factores a estudiar. Se podría pensar que España, teniendo casi 10 puntos porcentuales menos en relación a la tasa de actividad femenina frente a Suecia, tuviera una tasa de fecundidad más elevada, pero ocurre, al contrario.
En países como España, gran parte de los incrementos en fecundidad se explican por la masiva llegada de inmigrantes a principios de siglo (se explicará más adelante, en el capítulo IV).
2.2.2. LA TEORÍA DE LA SEGUNDA TRANSICIÓN DEMOGRÁFICA
La generalizada mejora en los niveles de vida sufrida por los países occidentales durante los años dorados del capitalismo, provocaron un profundo cambio en la sociedad: las pautas de comportamiento del consumidor cambiaron: el ahorro se sustituyó por un consumo sin precedentes y el Estado del Bienestar comenzaba a tener un papel muy importante, sustituyendo las funciones de protección social que tenía otorgados la familia hasta aquel entonces. Fue así como los individuos comenzaron a desligarse de la misma y en contraposición, fueron nuevas maneras de entender la vida, como el
individualismo y el autodesarrollo personal, lo que reemplazaron la importancia del núcleo familiar que tenía hasta aquel entonces. Comenzaron a desaparecer los valores considerados de tradicionales (necesidad de autoridad, instituciones como la familia, conservadores) y aparecieron valores posmaterialistas (anti-familiaristas, aborto, divorcio) (Inglehart, 1991).
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Estos cambios culturales, sociales, políticos y económicos originaron un cambio demográfico sin precedentes. Los nuevos valores han influido notablemente en la configuración mundial. El crecimiento natural de la población, en algunos países ha comenzado a ser negativo en consecuencia de la ruptura de la institución familiar y de nuevos patrones de comportamiento de los individuos. Esta nueva senda de cambio intenta ser explicada por la segunda transición demográfica.
Son las siguientes tendencias demográficas y culturales las que intentan dar forma a esta nueva teoría, e intentan dar explicación a qué hay detrás de este nuevo afán de
individualismo y la importancia de valores “posmaterialistas”. El objetivo de esta teoría es buscar una explicación a las nuevas tendencias demográficas en base al
individualismo, que, debido a su dificultad tanto en su definición como en su medición, se considerará que él mismo es un concepto que engloba fenómenos sociales que sí son medibles, o por lo menos, son observables.
En un primer lugar, los dos fenómenos fundamentales que incrementan el
individualismo personal son dos: la secularización y el desarrollo económico (Herrera Ponce, 2007).
En este contexto, la secularización es la pérdida de valores religiosos tradicionales para dar lugar a una sociedad más laica. A lo largo del siglo XX, y sobre todo a partir de comienzos de siglo, prácticamente todos los países occidentales han sufrido un proceso de laicismo generalizado. El cristianismo, religión mayoritaria en los países de
occidente, impone inclinaciones e ideologías sobre cómo debe estar organizada una familia modelo, siendo más estrictas o no en función de lo apegado que esté el país institucionalmente, o la fuerza que tenga la Iglesia en lo social. Por ejemplo, durante la dictadura franquista, el divorcio se prohibió en 1939 y no fue hasta ya entrada la
democracia cuando se reinstauró, en 1981, mientras que, en otros países, como Francia, el divorcio estaba legalizado y aceptado.
Aquí encontramos, además, un posible origen de ciertas disparidades entre países, que desarrollaremos en el capítulo siguiente.
La pérdida de estas creencias induce un mayor grado de tolencia hacia nuevas formas de uniones familiares, que, permiten una diversificación creciente de las estructuras del
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hogar: el matrimonio pierde importancia, como manera de desarrollo vital, como
condición necesaria para tener hijos y como requisito indispensable para la convivencia.
Por otra parte, el crecimiento económico y la existencia de un Estado fuerte, permite que cada vez más recursos sean destinados a la financiación de la protección social, función que la familia, como se ha comentado anteriormente, no tiene que suplir. La seguridad económica permite que la población satisfaga con creces sus necesidades más básicas, permitiendo que tomen mayor importancia la calidad de sus relaciones sociales y el tiempo de ocio. Está claro que los valores están afectados por el medio en el que nos desenvolvemos. El desarrollo económico, por tanto, es condición necesaria para el individualismo. Según Inglehart (1977, 1991, 1998) los países desarrollados han pasado de tener valores “materialistas”, relacionados con sus necesidades económicas y
seguridad hacia valores “posmaterialistas”, en relación con la calidad de vida y énfasis de los derechos individuales. Por ende, existe una relación directa entre la
individualización y posmaterialismo.
Como ya se explicó en el apartado anterior, la emancipación femenina es un fenómeno afortunadamente creciente en los países occidentales. A pesar de que se difería entre el análisis, a nivel macro, existe una relación directa entre la tasa de fecundidad y la participación laboral femenina en los países desarrollados si la intervención estatal y la organización social es favorable y permite el cuidado y el regreso al mercado laboral con las mismas condiciones. También podemos observar países con gran crecimiento económico con bajas tasas de fecundidad, como es el caso de España.
No se puede establecer una relación clara entre individualización y fecundidad, ya que dependerá de la fuerza que tengan cada uno de los componentes, los cuales sí que son susceptibles de establecer una relación entre ellos y la tasa de fecundidad.
Así pues, las siguientes tendencias demográfico-familiares encuentran su origen y/o desarrollo en los anteriores procesos de individualización social (secularización, valores posmaterialistas, emancipación de la mujer) (Herrera Ponce, 2007):
1. Disminución de las tasas de fecundidad por debajo del nivel de reemplazo 2. Aumento de nacimientos fuera del matrimonio
3. Disminución de la tasa de nupcialidad
14 4. Aumento de las tasas de divorcio
5. Mayor porcentaje de cohabitación
6. Mayor diversidad de estructuras familiares (disminución del tamaño medio familiar, soltería, monoparentalidad)
En el capítulo siguiente, se intentará caracterizar y contrastar la teoría de la segunda transición demográfica, de forma que, para cada país o conjuntos de países, podamos establecer en qué medida el desarrollo de un nuevo fenómeno social ha originado una nueva tendencia demográfica. Lo más común será pensar que aquellos países con una menor presencia de la religión (fenómeno) o mayor emancipación femenina, haya un menor número de matrimonios (tendencia demográfica), y viceversa.
2.3. ESTRUCTURA DEMOGRÁFICA MUNDIAL. EVIDENCIA EMPÍRICA Y CONTRASTACIÓN
Como hemos hecho hincapié en varios apartados anteriores a lo largo de este trabajo, la teoría de la segunda transición demográfica engloba únicamente a los países
occidentales, que son aquellos que han experimentado con mayor magnitud las tendencias demográficas descritas con anterioridad.
Es inmediato pensar que aquellos países en vías de desarrollo, con un menor PIB per cápita e instituciones estatales más débiles, no cumplen los requisitos para que en su población haya un proceso de individualización lo suficientemente significativo como para que sean representativos empíricamente. Son países en las que las necesidades básicas como la seguridad y la alimentación no están aseguradas.
Tanto en Latinoamérica como en Asia, todavía se encuentran cerca de cerrar la última etapa de la primera transición demográfica. La natalidad está en descenso, y el
envejecimiento poblacional es gradual e incipiente. En África subsahariana la natalidad es alta y el grueso de la población se concentra en edades jóvenes y fértiles, por lo que ha habido un crecimiento demográfico intenso durante las últimas décadas. La
mortalidad está controlada. A pesar de ello, a partir de 1970 estos países comenzaron a informarse acerca de medios anticonceptivos, sobre todo a través del sector público (a veces incluso de manera obligatoria, como la política del hijo único en China).
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Por tanto, nuestro estudio va a estar enfocado únicamente en los denominados países occidentales desarrollados, concentrados en diferentes bloques, con similitudes culturales:
1. Europa del Sur: España, Portugal, Italia 2. Europa central: Austria, Francia, Bélgica
3. Norte de Europa: Alemania, Dinamarca, Finlandia, Países Bajos, Islandia, Noruega, Suecia, Suiza
4. Angloparlantes: Estados Unidos, Canadá, Australia, Gran Bretaña, Irlanda
Comenzaremos analizando los indicadores utilizados para describir la situación actual, así podemos agrupar a los países con tendencias demográficas similares. Después, realizaremos un estudio comparativo donde, mediante el uso de encuestas y datos, observaremos en qué porcentaje se cumplen los fenómenos que consideramos que fomentan la individualidad. Podremos comprobar, por tanto, si existe una relación directa o indirecta, o si no existe. En caso de que haya disparidades, podremos incidir en qué elementos diferencian a que unos países tengan una relación directa o inversa.
La hipótesis general planteada sería la siguiente: los países con un mayor/menor índice de tendencias individualistas, representadas por nuevos acontecimientos sociales, tienen un menor/mayor tasa de fecundidad. Existe una relación inversa entre ambas variables.
2.3.1. EFECTO DEL LAS NUEVAS PAUTAS DE COMPORTAMIENTO INDIVIDUALISTA SOBRE LAS TENDENCIAS DEMOGRÁFICAS
La seguridad económica y el desarrollo de la protección social estatal permitió a las sociedades deshacerse de determinadas funciones que se suplían dentro del ámbito familiar. Durante gran parte de la historia, el lazo matrimonial era una relación
meramente contractual, con fuerte poder institucional. Los papeles de cada género en la sociedad estaban muy marcados, y se afianzaban todavía más mediante la unión
conyugal. Sin embargo, el crecimiento económico de los países occidentales ha provocado que la institución del matrimonio pierda fuerza, “Los individuos ya no prestan tanta atención a su vocación familiar como al hecho de obtener un trabajo, si no
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que se piensan a sí mismos en términos más individualistas” (Bergua Amores, J.A, Sociología, Abril 2022, Universidad de Zaragoza)
Entre otros factores, se ha producido un cambio muy importante en la manera en la que se percibe a la mujer en la sociedad. Las mujeres, al contrario de lo que sucedía antaño, pueden conseguir su autonomía económica mediante su incorporación al mercado laboral, buscando su desarrollo vital mediante sus logros laborales y no únicamente mediante el cuidado de sus hijos y el matrimonio.
A su vez, el incremento del papel de la mujer en el trabajo ha dado lugar a una fuerte devaluación de la figura paterna, como único sustentador de la familia. En
consecuencia, se puede observar una caída generalizada del número de matrimonios en Europa a partir de mitad del siglo XX, momento en el que se empezó (aunque no en todos los países al mismo tiempo) esta liberalización femenina, a su vez que Europa estaba consiguiendo un desarrollo económico sin precedentes (el PIB per cápita de los 16 países más desarrollados creció un 3,8% durante 1950 y 1973)
Gráfico 2.3.1.1. Evolución de la tasa bruta de nupcialidad en la Unión Europea. La tasa bruta de
nupcialidad se define como el número de matrimonios por cada mil habitantes registrados durante un año.
Fuente: elaboración propia a través de datos de Eurostat y Databank.
Como se observa en el gráfico, la tendencia en el número de matrimonios es decreciente a lo largo de todo el periodo. El número de matrimonio en la Unión Europea ha
decrecido alrededor de 4 puntos porcentuales, la mitad desde 1964. También se puede apreciar un descenso crítico en 2020, a raíz del confinamiento por la pandemia del Covid-19, que no viene explicado por las tendencias que se intentan explicar vía la
0,0 1,0 2,0 3,0 4,0 5,0 6,0 7,0 8,0 9,0
1964 1966 1968 1970 1972 1974 1976 1978 1980 1982 1984 1986 1988 1990 1992 1994 1998 2000 2002 2004 2006 2008 2010 2012 2014 2016 2018 2020
Tasa bruta de nupcialidad, UE-27. 1964-2020
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segunda transición demográfica. Es un periodo atípico que distorsiona los resultados de nuestros análisis.
El matrimonio está estrechamente relacionado con la fecundidad, aunque durante el desarrollo de las sociedades posmodernas está relación se ha hecho cada vez más débil.
La fecundidad podría estar relacionada con el matrimonio, en relación a cómo de grande sea la necesidad de que una pareja esté casada para poder tener hijos. Lo que sí provoca la caída en el número de matrimonios son nuevos fenómenos sociales, que sí tienen una relación más directa con la fecundidad: el aumento de la soltería, el retraso de la edad del matrimonio y las familias monoparentales, con efectos diferentes. En definitiva, nos enfrentamos a la aparición de nuevas y diversas estructuras familiares.
La siguiente tabla muestra, para una gama de países, la población de hogares por tipo de edad:
Tabla. 2.3.1.1. Composición de los hogares privados por tipo de hogar. Datos de 2011. Ordenado según menor a mayor porcentaje de hogares unipersonales.
Fuente: European Social Statitics, (2013). Ránking estimado según el Banco Mundial.
Hogares
unipersonales1
Pareja con niños3
Pareja sin hijos4
Monoparental con hijos
Posición ránking PIB per cápita
Portugal 18,90% 24,60% 22,50% 3,80% 40º
España 19,10% 26,10% 22% 3% 37º
Irlanda 21,40% 29% 20,60% 7,30% 3º
Bélgica 30,40% 18,90% 23,10% 5,80% 14º
Italia 31,10% 27,20% 20,60% 2,40% 28º
Reino Unido 32,80% 18,90% 25,80% 7,70% 22º
Francia 34,30% 22,20% 27,10% 4,50% 21º
Países Bajos 35,10% 22,70% 30,10% 4% 11º
Alemania 39,40% 16,20% 28,80% 4% 16º
Finlandia 39,60% 19,70% 31,70% 1,70% 19º
Dinamarca 40,70% 18,70% 24,20% 10,10% 10º
Suecia 49,40% 18,40% 21,70% 6,10% 13º
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Aunque la pareja tradicional sigue representando un parte importante de las estructuras familiares, el 31,4% de los hogares de la Unión Europea están constituidos únicamente por una persona. Además, es mayor el porcentaje de parejas sin hijos (24,7%) que con hijos (21%). El tamaño medio familiar, por tanto, está determinado en gran medida por la economía de un país, aunque no de manera necesariamente lineal: se observa que los países más “pobres” tienen un menor porcentaje de hogares unifamiliares y un número mayor de hogares nucleares. Además Irlanda, siendo un país extremadamente rico, no sigue el mismo patrón, por lo que se dejan entrever factores culturales adyacentes (es un país con mucha influencia religiosa).
La evolución de la soltería en Europa es general y observable, aunque únicamente podemos afirmar un incremento sustancial en los países del norte y del centro. Suecia, como país representativo de los países escandinavos presentan la mayor proporción de hogares unipersonales: casi el 50% de los hogares privados están compuestos
únicamente por una persona, seguido de Dinamarca y Finlandia.
Las causas del incremento de la soltería se retribuyen fundamentalmente a dos hechos:
el aumento de la cohabitación y al retraso en la edad de emancipación de los jóvenes.
Sin embargo, se ha contrastado empíricamente que los mayores datos de desempleo juvenil que asolan Europa durante las últimas décadas y sobre todo en países como España, Grecia e Italia no producen un efecto significativo en la tasa de fecundidad (Diez Nicolas, 2001b), sino que tiene más que ver con las expectativas laborales y la ambición de las mujeres con respecto a su carrera laboral. En España, existen
estadísticas que demuestran que a las mujeres les gustaría tener más hijos, pero que la incertidumbre vital en relación a su trabajo y a la evolución económica de su país les frenan a ello. Esta falta de relación refuerza la idea de que la baja fecundidad tiene más que ver con los cambios de valores que por un tema fundamentalmente económico.
Además, como se puede observar en la tabla, los países con una edad media de
emancipación más temprana (en Francia es de 23 y en Dinamarca con 21) también son los países con mayores tasas de soltería, aunque aquí entran en juego otros factores, como el coste de la vivienda.
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La cohabitación hace referencia a la convivencia sin necesidad de contraer matrimonio en una misma vivienda. Cabe destacar dos diferentes tipos de cohabitación: como una etapa previa al matrimonio o como forma alternativa al mismo. La primera sí que podría ser determinante en la fecundidad, en el sentido que retrasa la edad del matrimonio (se desarrollará la idea más adelante), en cuanto que la segunda podría no necesariamente tener efectos. En los países del norte de Europa, como Suecia y Dinamarca, la
cohabitación está bastante extendida. En Francia, se estima que un 50% de la población cohabitan. En España, alrededor del 83% de la población piensa que, si una pareja tiene intención de casarse, es buena idea antes vivir juntos (datos del CIS).
La convivencia previa al matrimonio tiene varios factores a tener en cuenta:
1. El grado de aceptación social de las relaciones prematrimoniales.
La transformación de un país o varios a un Estado laico tiene efectos muy determinantes a la hora de establecer patrones en estructurales familiares. Los países con una mayor fuerza de la religión, generalmente, imponen una mayor importancia del matrimonio previo a practicar relaciones sexuales, aunque teniendo en cuenta los países utilizados para el estudio, que en la actualidad no tienen una visión tan rígida de la religión como se tenía históricamente, no es un factor tan importante, pero sí que encontramos cierta correlación. En los países donde menos se valoran las relaciones tradicionales, mayor tendencia habrá a comportamientos posmodernistas.
La mayoría de los países europeos desarrollados se adscriben a dos diferentes ramas del cristianismo: católicos y protestantes. El catolicismo tiene mucha más presencia en los países del sur: España, Francia e Italia, mientras que el protestantismo está
protagonizado fundamentalmente por Inglaterra y los países escandinavos. Ambas religiones tienen creencias diferentes que, por supuesto, afectan de diferente manera: los protestantes rechazan ciertos dogmas establecidos por la Iglesia, no tienen tanta
influencia de ella y rechazan el celibato.
La secularización en Europa ha sido un proceso generalizado, a pesar de las diferencias entre ambas clases. La religión ha ido perdiendo peso poco a poco, y con ello las instituciones ligadas a la misma (matrimonio y familia). Los países con mayor número de practicantes son Italia, Portugal, Irlanda y Suiza y Austria, mientas que los países con menor presencia de la religión son Países Bajos, Suecia, Bélgica, Finlandia, Noruega y
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Dinamarca. La excepción la encontramos en Estados Unidos, una de las naciones más desarrolladas del mundo y con fuertes convicciones religiosas, además de Canadá y Australia, aunque en menor medida.
Un estudio de Pewresearch realizado en 2017 a 15 países de Europa Occidental, reveló que un 36% de la población dictamina que los gobiernos deberían apoyar los valores y creencias religiosas. En España, el 28,3% de la población se considera una persona
“más bien” religiosa. El 6,3% afirman ser muy religiosos.
España 1,23
Italia 1,27
Finlandia 1,35
Portugal 1,43
Austria 1,46
Canadá 1,47
Suiza 1,48
Noruega 1,53
Alemania 1,54
Países Bajos 1,57
Bélgica 1,6
Reino Unido 1,63
Australia 1,65
Dinamarca 1,7
Suecia 1,71
Estados Unidos 1,71
Irlanda 1,71
Islandia 1,74
Francia 1,86
Tabla 2.3.1.2. Tasa de fecundidad. Datos de 2018 Fuente: elaboración propia a través de Databank
La siguiente tabla muestra, para datos el 2019, la tasa de fecundidad para los países desarrollados occidentales, ordenada de menor a mayor. Como se puede observar, la presencia de la religión no necesariamente afecta en relación a tenencia de más hijos, por lo menos en la mayoría de los países europeos considerados más religiosos (marcados en naranja), aunque sí que vemos cierta relación con el tamaño medio del hogar (los países menos religiosos tienen un mayor porcentaje de familias
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unifamiliares). Estados Unidos e Irlanda son excepciones: puede que la religión esté jugando un mayor papel, ya que el PIB per cápita es similar a países, tales como Austria y Suiza.
También cabe destacar en este apartado, la generalización en el uso de los anticonceptivos, también muy relacionada con la secularización, al estar su uso dominado por las éticas y normas religiosas vigentes en el momento.
A mediados del siglo XX, se introdujeron las píldoras anticonceptivas en los países occidentales, aunque su uso generalizado no empezaría al mismo tiempo (Clavero- Nuñez, 2018). La anticoncepción permite el control de la natalidad, favoreciendo a las mujeres su liberación y la incorporación del mercado laboral, al tener un mayor control físico sobre si quieren tener hijos, y, si efectivamente fuera así, la cantidad deseada.
Tabla 2.3.1.3. Porcentaje de mujeres casadas entre 15 y 49 años que utilizan, al menos un método anticonceptivo moderno (pastillas anticonceptivas, condones, no métodos clásicos como la abstinencia).
Fuente: base de datos del Banco Mundial
Como se puede observar, España e Italia partían de un uso de los anticonceptivos muy inferior. En España, los anticonceptivos estuvieron prohibidos hasta después de la dictadura, en 1978. Hasta entonces, únicamente podían ser recetados por problemas de salud, y nisiquiera eran accesibles para todas las clases sociales de la misma manera: las clases altas y educadas tenían mayor acceso a los mismos. En países como Alemania y Estados Unidos. No es de extrañar que exista una relación entre el aumento de la
incorporación de la mujer al mercado femenino (principal factor en la disminución de la fecundidad) y el uso generalizado de anticonceptivos.
1970's 1980's 1990's 2000's 2010's
España 18,6 41,6 67,5 62,2 59,9
Italia 32,7 .. 40,5 .. 51,8
Países Bajos 69,1 73,8 75,6 72 70
Portugal .. 37,7 .. ..
Estados Unidos 73,1 69,1 70,5 71,6 67,7
Reino Unido .. 78 76,8 85,7 71,1
Dinamarca 59,9 .. .. .. ..
Francia 47,6 66,6 69,3 74,8 72,7
Alemania 60,6 67,6 65,5 64,5 80,2
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Otro aspecto que también está muy condicionado (aunque afortunadamente cada vez menos) es el divorcio. La tasa de divorcios, al contrario que la de nupcialidades, ha aumentado enormemente.
2. Edad media de emancipación juvenil. Cuanto antes puedan independizarse los jóvenes, mayor probabilidad tendrán de tener la posibilidad de decidir vivir en pareja.
Como se ha demostrado en la tabla, la edad media de emancipación no supone necesariamente un incremento sustancial en el aumento de las parejas, debido al gran número de personas en los países deasarrollados que deciden vivir solos.
2012 2015 2018 2021
Ránking según fecundidad1
Estados Unidos .. .. 24 .. 3º
Reino Unido 23,9 24,4 24,7 .. 7º
Suecia 19,9 19,7 18,4 19 2º
Finlandia 21,9 21,9 22 21,2 16º
Dinamarca 21,1 21,1 21,1 21,3 5º
Países Bajos 23,6 23,7 23,7 23,3 9º
Francia 23,5 23,9 23,7 23,6 1º
Alemania 23,8 23,8 23,7 23,6 10º
Austria 25,4 25,5 25,6 25,3 14º
Bélgica 24,9 25 25,2 26,2 8º
Irlanda 25,4 26,4 26,5 27,9 4º
España 28,7 29 29,5 29,8 17º
Italia 29,8 30,1 30,1 29,9 16º
Portugal 28,8 28,9 28,9 33,6 15º
Tabla 2.3.1.4. Edad media de emancipación de los jóvenes, ordenada de menor a mayor según 2021.
1Ránking según el puesto de ocupan en relación a la tasa de fecundidad Fuente: datos de Eurostat
En España, la edad media de emancipación es una de las mayores en toda la Unión Europea (alrededor de los 30 años) y, además, también tiene la menor tasa de fecundidad. La clave puede estar en que la edad media de independencia afecta indirectamente a la edad de acceso al primer matrimonio, y en consecuencia, a la fecundidad (véase el caso de España). En países como Finlandia o Suecia, la edad de emancipación es bajísima. Son sociedades con muy fuertes y marcados valores
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individualistas, criados bajo la creencia de ser autosuficientes y formar un hogar lo más temprano posible. A pesar de que ambos tienen tasas medias de emancipación juvenil parecidas, Suecia tiene una tasa de fecundidad del 1,71, mientras que Finlandia de 1,35.
En sociedades como la española y la italiana, se da mucho más valor a la convivencia en familia y a vivir con los padres (Millán Arroyo, 2005). España e Italia son los países donde la tasa de fecundidad es menor, con 1,27 y 1,23 respectivamente. Irlanda también tiene una tardía emancipación, pero tu tasa de fecundidad es de las más altas, con un 1,74.
Sin embargo, también tendría que considerarse la manera en la que se realiza la
emancipación: según datos en España, el 51,24% del total de inquilinos de habitaciones de alquiler es de 18 a 25 años. A pesar de salir del hogar, todavía no se tiene la
suficiente capacidad económica como para formar una familia, por tanto, la edad de emancipación influye, pero también la “calidad” de la emancipación.
Ingresos medios de 18 a 24 Ingresos medios de 25 a 49
Dinamarca 23.871 33.964
Irlanda 27.994 30.595
Países Bajos 26.622 30.381
Bélgica 24.879 28.147
Austria 27.579 27.710
Finlandia 19.829 27.688
Suecia 21.716 26.778
Alemania 22.742 26.751
Reino Unido 19.421 23.945
Francia 19.584 23.231
Italia 16.040 17.465
España 14.388 16.190
Portugal 10.117 11.211
Tabla 2.3.1.5. Ingresos medios por rango de edad. Medición en euros.
Fuente: elaboración propia mediante la base de datos de Eurostat.
El ingreso de los jóvenes de entre 18 y 24 años en Irlanda, Bélgica y Países Bajos es mucho mayor que el de los jóvenes en Italia, España y Portugal (aproximadamente el doble). El ingreso que se cobre de joven también influye en la manera de emanciparse:
si es mediante compra de la vivienda, mediante alquiler de un piso entero o una
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habitación compartida que tiene efectos en la estructura del hogar. También,
obviamente, influye el precio del alquiler, y cuánto de la renta se destina a la vivienda.
3. Las ventajas/desventajas que suponga estar en un régimen matrimonial frente a no estarlo. En España, existen beneficios fiscales por estar casado: la tributación conjunta por el IRPF es más beneficiosa que la individual, el cónyuge puede acceder a una pensión de viudedad, herencias, régimen de gananciales, etc.
Por tanto, la mayor o menos importancia de este tipo de beneficios en las parejas tendrá que ver en el esfuerzo fiscal. Si la bajada de impuestos es muy significativa, ya que no se tiene tanto poder económico, estas medidas serán más eficaces.
En primer lugar, la cohabitación no tendría por qué suponer una disminución de la fecundidad en sí misma, pero sí puede afectarle directamente, ya que afecta en la edad de entrada al matrimonio si se concibe como previo al nacimiento del primer hijo, aunque podría darse casos en los que los hijos se tienen en condiciones
prematrimoniales. El porcentaje de nacidos fuera del matrimonio, según datos del Instituto de Estadística de Cataluña era de 48,4% en 2021, frente a 19,7% que suponía en 2001.
El promedio en la edad del primer matrimonio puede tener gran parte de su explicación en factores económicos. El mercado laboral cada vez es más exigente: se requiere cada vez mayor preparación para ocupar un puesto de trabajo, lo que radica en que la duración de permanencia el ciclo educacional cada vez es mayor. Además, la
precariedad laboral en los primeros trabajos impide que, a pesar de formar parte de la población activa, su salario sea insuficiente para la emancipación, y, por tanto, empezar a formar una nueva familia (se puede observar en la tabla anterior).
En los países occidentales, se puede observar que las parejas están aplazando la edad del primer matrimonio, lo que nos da lugar a una correlación positiva entre el desarrollo económico y el retraso en la edad del matrimonio (y por consecuencia, con los niveles de posmaterialismo)
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1990 2000 2010 2020
España 25,6 28,1 30,9 34,9
Italia 25,9 27,8 30,3 33,6
Países Bajos 26,1 28 29,8 31,8
Dinamarca 27,8 29,9 31,2 33
Suiza 27 28,2 29,8 30,9
Bélgica 24,4 26,9 29,4 32
Portugal - 25,2 27,7 32,3
Irlanda 26,6 - 31,3 -
Tabla 2.3.1.6. Edad media de acceso al primer matrimonio (mujeres) Fuente: Eurostat
Al igual que se retrasa la edad media de emancipación, también se retrasa la edad media del primer matrimonio.
Podemos afirmar, por tanto, que existe una relación directa entre la edad del primer matrimonio y la tasa de fecundidad. Generalmente, las parejas tienen hijos antes cuanto antes se casan. Por ejemplo, en 1981, las mujeres en España tenían su primer hijo a los 25,2 años de edad. En 2013, la edad del primer hijo había aumentado 5 años, con una media de 30,4 años. Para los mismos años, la edad de acceso al primer matrimonio se incrementó en 8: de 25,2 a 33,2 de media. El periodo fértil de la mujer se reduce considerablemente. A partir de los 35 años, las probabilidades de que la mujer sufra un embarazo de riesgo aumentan considerablemente, lo cual puede minorar, también, el deseo de las mujeres a ser madres a partir de una edad. Después del primer hijo, un gran porcentaje de personas no quieren volver a ser padres (Bargueño, 2018).
El intervalo de fecundidad (periodo por el cual una familia tiene hijos) se ha reducido mucho. A principios del siglo XX, el 45,7% de la vida de la familia (desde el
casamiento hasta la muerte de uno de los cónyuges) estaba ocupada en tener hijos. A finales del siglo XX, el porcentaje del intervalo era del 16% (Bergua Amores, J.A, Sociología, Abril 2022, Universidad de Zaragoza).
Realmente, casi todas las variables están recogidas globalmente en el hecho de que la mujer se haya emancipado (la secularización ha permitido la caída en estructuras y concepciones social de que la mujer tenía que tener un papel más doméstico, la
capacidad del control de su fecundidad, el incremento de los divorcios ya que cada vez más mujeres son ellas mismas independientes económicamente, la edad media de
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emancipación influye en la edad de entrada al matrimonio y afecta a los años fértiles).
La variable protagonista causante de la fluctuación de las tasas de fecundidad podría decirse que es la tasa de actividad femenina, aunque condicionada por las condiciones laborales que se den en el país.
El trabajo afecta cuanto tanto a la maternidad porque son las mujeres las que tienen más probabilidades de asumir la responsabilidad de cuidar a los familiares. En la sociedad española, según una encuesta realizada por el CIS (Familia y género, estudio nº 2.924, abril-junio 2012), se mostraron los siguientes resultados:
1. El 35,1% de la muestra se mostraba de acuerdo con la afirmación “trabajar está bien, pero lo que la mayoría de las mujeres realmente quieren es crear un hogar y tener hijos”.
2. El 55.5% pensaban que, para una mujer, la mejor forma de ser independiente es tener un trabajo.
3. El 50,4% piensan que es probable que un niño en edad preescolar se vea perjudicado por el trabajo de su madre.
4. Solo el 12,9% piensan que las mujeres deberían trabajar a jornada completa cuando el hijo no tiene edad para ir a la escuela, frente al 55,8% a jornada parcial y 24,1%, que piensan que no deberían trabajar.
5. El 62,7% piensan que la madre es la que debería ocupar todo el periodo de baja, el padre nada o una parte.
La clave en España estaría en disminuir esa tardía emancipación juvenil, para
equipararse con los países del resto de Europa. Una “parte” de esta fecundidad tardía viene dada por los nuevos valores, cuyo desarrollo es inevitable en una sociedad con libertad de creencias, pero otra parte tiene su origen en la incapacidad de la juventud para formar una familiar. Según encuestas del CIS, el número ideal de hijos que las mujeres querrían tener está entre 2 y 3, con mucha diferente frente a la preferencia por el hijo único (4,4%) y ningún hijo (0,3%).
Si las mujeres desean tener un mayor número de hijos en España, deberían hacerse políticas que facilitaran la maternidad, ya que no es un problema tanto de nuevos
valores como económicos. De hecho, el 48,1% de la población española piensa que es el Estado que debería asumir el coste del cuidado de preescolar.
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Las políticas familiares que intentar suavizar el impacto de la emancipación femenina en la tasa de fecundidad se podrían resumir en dos: políticas monetarias (que intentan reducir el coste relativo de los hijos) y licencias parentales (prestación económica que suple la ausencia en el puesto de trabajo debido al nacimiento y crianza temprana de un hijo).
Durante mediados del siglo XX, se expandieron en los países desarrollados de Europa nuevas prestaciones, como los subsidios familiares, aunque con diferencias entre países.
En Noruega, existen prestaciones por nacimiento, por embarazo (tanto asalariados como autónomos) y servicios gratuitos de maternidad. La cuantía de la prestación por
nacimiento es del 100% de los ingresos del trabajo (alrededor de los 70.047€). En Suecia, la prestación en efectivo del embarazo es del 80% del salario, al igual que la prestación por maternidad. En Irlanda, la tarifa es de 250€ a la semana.
En países como España, depende de la base de cotización, además la duración es mucho menor.
Noruega 2.125
Dinamarca 1.644,40 Suecia 1.261,96 Alemania 1.234,62 Finlandia 1.118,27
Austria 987,38
Islandia 943,16
Suiza 913,06
Irlanda 861,8
Francia 777,82
Reino Unido1 777,35
Bélgica 751,2
Países Bajos 506,26
España 317,94
Italia 308,49
Portugal 229,31
Tabla 2.3.1.7. Gasto per cápita en prestaciones familiares. Medición en euros. Datos del 2019.
1: Dato del 2018.
En los países escandinavos destinan mucha más parte del presupuesto a protección familiar que en países como España, donde el gasto per cápita es muy pequeño.
Existen dificultades en relación a las prestaciones familiares: en primer lugar, es difícil de cuantificar qué cuantía es la suficiente para la crianza de los hijos, además, no todas
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las familias se verán beneficiadas de la misma manera, ya que la prestación puede significar una mayor o menor parte del presupuesto familiar. Además, como ya se ha hecho mención anteriormente, no solo es cuestión de coste monetario, si no del tiempo y renuncias a las que las mujeres tienen que hacer para la crianza de los hijos (un
porcentaje muy elevado de mujeres vuelven al mercado laboral, pero en jornada parcial) Por tanto, parece más útil estudiar las diferencias en relación a los permisos por
maternidad.
Duración permiso de maternidad
Duración permiso paternidad
España 16 semanas 16 semanas
Italia 5 meses
Permiso de lactancia (1/2 h diarias)
10 días
Portugal 1 mes antes del parto
6 semanas después del parto
25 días
Austria 8 semanas antes y después del parto
Máx. 1 mes
Francia 1er y 2º hijo: 6 antes del parto y 10 después
3er hijo en adelante: 8 antes del parto y 18 después.
25 días
Bélgica 6 semanas antes parto
9 semanas después parto Nunca más de 24 semanas.
10 días
Países Bajos 16 semanas Máx. 6 semanas
Alemania 6 semanas antes del parto 8 semanas después del parto
No
Suiza 14 semanas después del parto 2 semanas
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Irlanda 26 semanas (+16 sem. ampliables no remuneradas)
2 semanas (+5 semanas ampliables y compartidas) Dinamarca 4 semanas antes del parto
14 semanas después parto Después, tanto la madre como el padre tienen derecho a 32
semanas compartidas (antes de la edad de los 9 años del niño). Se puede ampliar.
2 semanas dentro de las 14 después parto.
Después, 32 semanas compartidas.
Suecia 50 días de prestación por
embarazo.
480 días completos (240 para cada padre) hasta que el niño cumpla 12 años, ampliable hasta los 21 años.
180 días adicionales por cada hijo.
90 días reservados exclusivamente al padre, luego pueden transferirse Reducción jornada laboral un 25%
hasta los 8 años.
Finlandia 105 días (exc. domingos) Después, 158 días compartidos.
60 días por cada hijo adicional.
54 días (exc.
domingos) 158 días compartidos.
Noruega 49 semanas al 100%
59 semanas al 80%
15 semanas exclusivamente para la madre. El resto a petición.
15 semanas exclusivamente para el padre.
Tabla 2.3.1.8. Comparación entre licencias parentales entre hombres y mujeres. (2022).
Licencias prorrogables en caso de enfermedad, discapacidad o partos múltiples.
Fuente: información de la base de datos, tablas comparativas de MISSOC, siglas en inglés de Sistema de Información Mutua sobre Protección Social
Como se puede apreciar, los países nórdicos son aquellos que tienen mayor duración de semanas retribuidas en concepto de permiso maternal, así como mayor igualdad entre
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hombres y mujeres. La mayor duración de la baja por maternidad permite a las mujeres combinar el trabajo remunerado con las responsabilidades familiares, lo que se traduce en una mayor tasa de fecundidad (Suecia, Francia), con países con menos apoyos familiares (España, Italia). Parece ser que las políticas familiares dan explicación a que, a pesar de que los países nórdicos tienen una tasa de actividad femenina mayor, también tienen una tasa de fecundidad mayor, en cuanto que permiten conciliar mejor ambos aspectos vitales.
La implantación del teletrabajo, sobre todo a raíz de la pandemia por la covid-19 en 2020, amplia mucho el campo de posibilidades en relación a la flexibilidad laboral.
Las políticas también podrían ser originadas por iniciativa privada, en cuanto que las empresas, por el simple hecho de establecer políticas de teletrabajo, podrían ayudar a la conciliación familiar.
También depende, a su vez, de qué sector sea predominante en cada país, y cuánto de presencialidad se requiera. En España, implantar el teletrabajo de una manera
generalizada sería muy costoso, ya que sus sectores predominantes (turismo, hostelería) requieren mucha presencialidad. La natalidad también podría estar relacionada con el tipo de estructura productiva del país.
Las bajas tasas de fecundidad vienen causadas por un conjunto de aspectos de diversa índole: los valores posmaterialistas de los países desarrollados han provocado una nueva significación social de la familia, provocando su crisis. La familia no es necesaria ni natural, sino que ha sido fruto de instituciones históricas. Ante la caída de la
importancia de las mismas (secularización) los individuos tienen mayor libertad en sus decisiones, sobre todo las mujeres.
A su vez, los aspectos económicos también son importantes: en las sociedades contemporáneas los hijos son muy costosos, quedando en gran parte en manos de los Estados, que generalmente proporciona pocas ayudas. Además, los mercados de trabajos no son los suficientemente flexibles, y generalmente, tener un hijo supone un retraso y pérdida de calidad laboral.
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CAPÍTULO III. EFECTOS EN EL CRECIMIENTO ECONÓMICO
La caída de la fecundidad en los países desarrollados plantea graves y severos problemas para la economía tal y cómo la conocemos. La población influye
enormemente en la actividad económica de un país: es factor tanto de producción como de consumo, determinando el capital humano, el capital social, y la fuerza laboral de una región o país.
Richard Easterlin (1985), profesor de economía en la Universidad del Sur de California, explicó la relación entre el nivel de ingresos y la tasa de fecundidad a través de los ciclos económicos. Las parejas, cuando se casan y deciden tener hijos, efectúan un cálculo para decidir si quieren o no tener hijos, pero no en relación a un análisis coste beneficio como asumía Becker, si no en relación a su bienestar. Cuando su bienestar relativo sea superior al que tenían en su infancia, decidirán tener hijos. Por tanto, los individuos que han nacido en una época expansiva tendrán mayores expectativas de consumo, y su coste alternativo de tener hijos será mayor. Las generaciones nacidas en una fase recesiva tendrán menores expectativas, y el coste de la descendencia será menor y aumentará la fecundidad.
A pesar de que la fecundidad es una magnitud mucho más difícil de medir cuantitativamente, se cumple una relación directa entre fecundidad y tasa de
crecimiento natural. Podemos establecer, por tanto, un análisis de las consecuencias de la caída de la fecundidad en relación a la tasa de natalidad, ya que siguen tendencias similares.
La población, junto con el capital humano y la innovación tecnológica, es uno de los factores que causan el crecimiento económico. El crecimiento económico se puede medir a través de la evolución del PIB per cápita, empleado por primera vez por el economista Simon Kuznets en la década de los años 30, mientras estudiaba la medición de la renta nacional americana en la Oficina Nacional de Investigación Económica.
Por definición, se puede desagregar como:
𝑃𝑟𝑜𝑑𝑢𝑐𝑐𝑖ó𝑛
𝐻𝑎𝑏𝑖𝑡𝑎𝑛𝑡𝑒 = 𝑃𝑟𝑜𝑑𝑢𝑐𝑐𝑖ó𝑛
𝐿 𝑥 𝐿
𝐻𝑎𝑏𝑖𝑡𝑎𝑛𝑡𝑒𝑠 (𝑜 𝑝𝑜𝑏𝑙𝑎𝑐𝑖ó𝑛)
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El incremento sostenido de la producción total de bienes y servicios durante un periodo de tiempo en un país se compone de dos variables diferentes, ambas relacionadas con la población: la productividad y el nivel de ocupación. Este último depende, en gran medida, de la estructura demográfica, así como de las tasas de actividad femenina y el funcionamiento del mercado laboral.
A pesar de que es difícil plantear una teoría unificada de las causas del crecimiento económico, una de las conclusiones a las que se ha llegado es que el ingrediente clave es la productividad. Sí es cierto que se pueden conseguir aumentos en la producción vía incremento de la población trabajadora, pero únicamente en el corto plazo. Sin
embargo, en el largo plazo, la tasa de crecimiento del empleo no es muy diferente a la tasa de crecimiento de la población.
¿Qué se podría esperar entonces del crecimiento de los países ante la caída de la población y qué problemas se platearían? Hay varios modelos macroeconómicos que permiten estudiarlo. Según el modelo dinámico completo a largo plazo (Sargent, 1982 y y Turnovsky, 1977), ciertas características del equilibrio estacionario, es decir, la tendencia que seguirá la economía viene determinadas por esa tasa de crecimiento de la población (que se iguala, a largo plazo, a la tasa de la población activa), tanto si
aumenta, como si disminuye, produce efectos en otras variables macroeconómicas. Los resultados son los siguientes
1.Tanto la tasa de crecimiento de la renta, como del capital, como de la inversión crecen como la suma de la tasa de crecimiento de la población y la tasa de progreso técnico.
2. Las tasas de crecimiento per cápita en el largo plazo dependen únicamente de la productividad.
También podemos comprobar teóricamente que la población es uno de los
determinantes de crecimiento según el modelo neoclásico de crecimiento de Robert Solow, publicado por primera vez en el artículo A contribution to the Theory of Economic Growth en el Quarterly Journal of Economics, en 1956.
Aunque para aumentar la producción es relevante el nivel de ocupados, lo más decisivo en el aumento de la productividad (permite ampliar la función de producción). En
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realidad, una caída en la cantidad de población no necesariamente tendría que disminuir el crecimiento económico, ya que la productividad se puede aumentar mediante la mano de obra cualificada y capital humano, que no necesariamente depende del número de habitantes (menos personas, pero con más formación). Lo que sí puede influir
directamente a aspectos como la demanda, la composición de la estructura de edades, y las instituciones, componentes de la renta per cápita.
La población, por tanto, es uno de los parámetros que determina la tasa de crecimiento de la renta a largo plazo, teniendo su caída un impacto negativo. Esta caída tan extrema en la natalidad ha comenzado a denominarse “invierno demográfico”, acuñado por primera vez por Michel Schooyans (1999).
En el siguiente gráfico se puede observar la evolución de la tasa de crecimiento poblacional de grandes regiones:
Gráfico 3.1. Evolución de la tasa de crecimiento natural.
Fuente: elaboración propia a través de datos del Banco Mundial.
Representado en azul oscuro en el gráfico, se encuentra la tasa de reemplazo
generacional, que se estima en 2,1 hijos por mujer, el mínimo para garantizar que la población no decrezca. Como se puede observar, únicamente los países de ingreso bajo tienen una tasa de crecimiento superiores, tanto porque tienen mayores tasas de
natalidad, como porque la esperanza de vida es menor. La región con menor
-0,50 0,00 0,50 1,00 1,50 2,00 2,50 3,00 3,50
Tasa de crecimiento poblacional (% anual)
Mundo Ingreso alto Ingreso medio
Norteamérica Unión Europea Ingreso bajo
Fecundidad promedio