Tema No. 4. La Espiritualidad del Cursillista.

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1. Definición.

La espiritualidad es la relación activa, plena y consciente del hombre con Dios y la manera como ella se realiza. La Espiritualidad es una parte de la teología que estudia el dinamismo que produce el Espíritu en la vida del creyente: cómo nace, crece y se desarrolla; cuáles son sus fundamentos, sus principios y sus fines; así como también, cuáles son sus manifestaciones, sus características y dimensiones.

La espiritualidad cristiana no es solo para los momentos de oración y retiro, sino que es un modus vivendi, que invade y abarca a toda la persona, cuerpo, alma y espíritu, entendidos como las tres dimensiones de la persona: corporal, psíquica y espiritual. Implica pensamientos y sentimientos, emociones y pasiones, fuerzas y capacidades que vivimos en y con el poder del Espíritu Santo. Se trata de toda la vida, de toda la persona y de todos los fieles cristianos, es una gracia, una necesidad y un deber de todos. El espíritu de la espiritualidad es Dios

ESCUELA DE FORMACION DE DIRIGENTES.

Centro Hispano Cuerpo de Cristo 308 Fisk Ave., DeKalb, Il.

Tema No. 4. La Espiritualidad del

Cursillista.

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mismo, en quien “vivimos, nos movemos y existimos” (Hechos 17,28).

La vida espiritual tiene su eje dinámico en la sagrada liturgia que es Fuente y cumbre de la vida cristiana (LG 11). Tanto la oración como las celebraciones de la Palabra y de la Eucaristía pasan de ser encuentros formales y sociales, de cumplimento del deber por el deber, para ser verdaderos encuentros con Dios.

2. Características.

a) Una vocación común: la santidad. La espiritualidad cristiana es una sola en su substancia: la santidad, la participación en la vida trinitaria, la communio personarum. También lo es en cuanto a los medios fundamentales: oración, liturgia, sacramentos, abnegación, ejercicio de las virtudes cardinales y teologales. En términos generales, todos los fieles cristianos tenemos los mismos medios y formas para alcanzar la santidad, así enseña el Concilio Vaticano II, “Una misma es la santidad que cultivan, en los múltiples géneros de vida y ocupaciones, todos los que son guiados por el Espíritu de Dios” (Lumen Gentium 41a).... “Todos los fieles, de cualquier estado y condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad” (40b).

b) Cada uno según su propia vocación. “Yo, que estoy preso por el Señor, los exhorto a comportarse de una manera digna de la vocación que han recibido” (Ef 4,1). Todos estamos llamados a la santidad, pero en la diversidad de dones y carismas, hay diversidad de formas alcanzarla y por lo tanto, de espiritualidad cristiana. Podemos hablar espiritualidades según los estados de vida del cristiano: laical, sacerdotal, religiosa; o bien, según la consagración particular: activa, contemplativa, misionera, de la palabra o de la caridad, familiar, asistencial, etc).

Iglesia, con la experiencia de iglesias domésticas, es decir, familia cristianas evangelizadoras, en el principio existían los laicos, no los clérigos; como Amós: “yo no era profeta, ni hijo de profeta, yo era pastor, recolector de higos” (Amós 7,14). La misión comienza en cada familia, no solo anunciando la buena nueva, sino siendo buena nueva, para los demás, en todos los ambientes y situaciones en donde se encuentren. Lo propio del laico es justamente su inserción en el mundo como fermento de fe y esperanza y, antídoto contra la desintegración de la comunidad y el laicismo. Nunca la espiritualidad del laico debe ser una especie de ‘fuga mundi’, buscando escapar de los desafíos de la vida en el mundo, sino como una misión: “luz del mundo y sal de la tierra” (Mt 5,13). Esto implica repensar el concepto del mundo, no como lugar de pecado, sino como lugar teológico de la salvación, aerópago para la predicación del Evangelio.

d) Recursos y estrategias.

En la causa del Reino no hay tiempo para perder y menos para dejarse llevar por la pereza. Es importante que lo que nos propongamos, con la ayuda de Dios, esté fundado en la contemplación y en la oración. También es importante no dejarse caer en el activismo, tenemos que resistir a esta tentación, buscando ser antes que hacer. Recordemos el reproche de Jesús a Marta: “Tú te afanas y te preocupas por

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8 posiciones propias de los clérigos, pero no atiende a su propio lugar, donde debe ser signo de fe y de esperanza.

b) Colaborar en la transformación del mundo. Los fieles laicos están llamados a consagrar el mundo ‘para Dios’ permaneciendo en el mundo y en este sentido ser signos desde ‘dentro del mundo’. Es decir debe ser una experiencia y una relación personal con Dios, para luego tener una salida de sí hacia el Otro y hacia los otros. El Compendio de Doctrina social de la Iglesia enseña que “Los fieles laicos están llamados a cultivar una auténtica espiritualidad laical, que los regenere como hombres y mujeres nuevos, inmersos en el misterio de Dios e incorporados en la sociedad, santos y santificadores" (No. 545). Esto lo pueden lograr siendo atentos en la escucha de la Palabra de Dios y la interpretación de los signos de los tiempos, en comunión de fe y de acción con los pastores de la Iglesia, lo cual implica a la vez, un proceso de conversión constante, en cada circunstancia de la vida. c) El ‘kairós’ de los fieles laicos. En la etapa presente de la historia, hay que reconocer y entender que la evangelización del mundo, depende del trabajo y del

ministerio de los fieles

laicos. Así inició la

“Teniendo un deseo inmenso del martirio, acudí a las cartas de San Pablo, para tratar de hallar una respuesta. Mis ojos dieron casualmente con los capítulos doce y trece de la primera carta a los Corintios, y en el primero de ellos, leí no todos pueden ser al mismo tiempo apóstoles, profetas y doctores, que la Iglesia consta de diversos miembros y que el ojo no puede ser al mismo tiempo mano… Continué leyendo, sin desanimarme y encontré esta consoladora exhortación: … Al contemplar -prosigue la santa- el cuerpo místico de la Iglesia, no me había reconocido a mi misma en ninguno de los miembros que San Pablo enumera, sino que lo que yo deseaba era verme en todos. En la caridad descubrí el quicio de mi vocación… Entendí que la Iglesia tiene un corazón y que este corazón está ardiendo de amor. Entendí que sólo el amor es el que impulsa a obrar a los miembros de la Iglesia… Entonces, llena de alegría desbordante, exclamé:¡Oh Jesús, amor mío, por fin he encontrado mi vocación: mi vocación es el amor… En el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor” (St Teresa del Niño Jesús, autobiografía, historia de un alma).

c) Vida en el espíritu. La espiritualidad es la experiencia de vida vivida „en el Espíritu‟. Una vida que se deja „animar‟ por el Espíritu Santo, insertada en el misterio Trinitario, vivida en la comunión eclesial y fortificada por la gracia sacramental. Toda

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espiritualidad cristiana ha de ser a la vez experiencia personal de encuentro con Dios y experiencia eclesial; debe ser una espiritualidad de las virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad. San Pablo nos exhorta a no embriagarnos con vino, sin más bien, a llenarnos del Espíritu (Efesios 5,18). Esto significa permitir que el Espíritu Santo nos controle, domine y oriente. La espiritualidad cristiana es una elección que hacemos de “conocer y crecer” en Cristo y vivir bajo la ley del Espíritu Santo. Cuando contristamos al Espíritu por el pecado (Efesios 4,30; 1 Juan 1:5-8), ponemos una barrera a nuestra relación con Dios.

d) El Cursillo. El cursillo no es una espiritualidad, es un método para hacer posible y más genuina toda espiritualidad. El Cursillo nos da herramientas para desarrollar nuestra espiritualidad, es una vía de respuesta a la vocación humana de salir al encuentro de Dios. El cursillo abre el camino hacia Dios, es una experiencia de fe, en respuesta a la Felicidad y la Salvación eterna. El cristiano vive en el mundo, sin ser del mundo, vive en Cristo, con el aliento del Espíritu santo, pues, “el que se une al Señor se hace un solo espíritu con Él” (1 Corintios 6,17). El cursillo nos congrega como una gran familia y nos propone una forma concreta de vivir el evangelio. Mediante su estructura organizativa y pedagógica: nos vincula, nos forma, nos capacita y luego nos envía. La experiencia del cuarto día nos pone en una condición de respuesta a la vocación y a la misión. El cursillo no cumple su finalidad “si no produce en los discípulos de Cristo una trasformación de su manera de vivir en lo concreto de la sociedad”

Creador y del Redentor” (LG 31; Catecismo N. 898).

Todos los cristianos, vinculados Cristo por el Bautismo, están llamados a vivir una vida nueva, la vida en el Espíritu que a su vez genera una nueva mirada sobre el mundo. La espiritualidad cristiana nunca es ajena al mundo y a la historia. “Impregnen las realidades sociales, políticas y económicas (CFL 9).

Los fieles laicos son la parte de la Iglesia, que tienen la obligación general de trabajar para que el mensaje divino de salvación sea conocido y recibido por todos los hombres en todo el mundo. Esta obligación les apremia todavía más en aquellas circunstancias en las que sólo a través de ellos pueden los hombres oír el Evangelio y conocer a Jesucristo

(cf. Código de Derecho Canónico, canon 225).

a) Estar en el mundo sin ser del mundo. Se trata de un modo de ser y de obrar, de una inmersión en el mundo como el lugar de encuentro con Dios en la cotidianeidad. La espiritualidad laical debe surgir de la propia vocación laical y ser consecuente con ella. Dios me llama y me envía como obrero a su viña; me llama y me envía a trabajar para el advenimiento de su Reino en el mundo. Esta vocación y misión personal define la espiritualidad del laico: llamado y enviado a ‘permanecer en el mundo’, sin ser del mundo. Muchas veces el laico aspira y lucha por alcanzar

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6 c) Centrada en el bautismo: Bautismo indica la vida nueva, pascua, vida eclesial.

d) Cristocéntrica: Sólo a través de Jesucristo llega al hombre la salvación de Dios. Contemplación de su persona y su misterio, su vida , su Palabra y su obra.

e) Espiritualidad teologal: Está apoyada en la fe como respuesta gratuita a Dios, es vivida en esperanza, en el “ya, pero todavía no” de nuestra salvación; se realiza por las obras del amor.

f) Espiritualidad eclesial: en comunión de fe, de sacramentos y de disciplina; comunión de vida y comunión de misión, así, formamos un solo cuerpo, todos movidos por un mismo Espíritu y todos enviados a una misma misión.

g) Espiritualidad mariana: La grandeza de María reside en su fe en la misericordia de Dios gratuitamente ofrecida y fielmente aceptada. “Es nuestra madre en el orden de la Gracia” (LG 61). h) Unificadora: Superar toda clase de dualismos: la contemplación y la acción; la transcendencia, con la inmanencia, la Iglesia y el mundo; el yo y la comunidad; la identidad personal y la comunitaria y eclesial; lo humano y lo divino; la relación con Dios y la fraternidad humana.

4. Espiritualidad para los fieles laicos.

“No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno” (Jn 17,15).

Enseña el Concilio Vaticano II que “la vocación de los laicos consiste en “iluminar y organizar todos los asuntos temporales a los que están estrechamente vinculados, de tal manera que se realicen continuamente según el espíritu de Jesucristo y se desarrollen y sean para la gloria del

(Manual, Prólogo), pues es más importante el ser que el

hacer.

e) Peligros y errores. Hay varios peligros y errores en la búsqueda de una auténtica espiritualidad, entre los cuales son de tener cuidado con las posibles desviaciones. En la vida espiritual es muy fácil y frecuente el subjetivismo arbitrario, es decir, entender la espiritualidad como el propio gusto y proyecto; otras veces se confunde con las practicas piadosas y se deja enredar en el dualismo: mundo - espíritu. Son falsas todas aquellas espiritualidades que no conducen a la comunión eclesial, al compromiso apostólico y a la santidad personal, produciendo cristianos autosuficientes, cómodos, orgullosos, o con doctrinas contrarias, confusas o disgregadas. El Manual (p. 159) refiere del distanciamiento intelectual de Dios por ignorancia, por preferencias y por diseño personal. Ya Santa Teresa de Ávila decía: “Es gran cosa letras, porque éstas nos enseñan a los que poco sabemos y nos dan luz, y allegados a verdades de la Sagrada Escritura hacemos lo que debemos. De devociones bobas líbrenos Dios” (Vida 13, 16)… “siempre fui amiga de letras...gran daño hicieron a mi alma confesores medio letrados, porque no los tenía de tan buenas letras, como yo quisiera... Buen letrado nunca me engañó” (Vida 5, 3).

3. Notas de la espiritualidad Cristiana.

a) Totalizante: El Espíritu configura toda la vida, toda la persona y todas las circunstancias. La espiritualidad atañe a la persona entera en su relación con Dios, con el mundo y con la sociedad, sin divisiones, ni separaciones.

b) Es Don: La espiritualidad es ante todo un don, más que una conquista; es una gracia de Dios, más que obra del hombre; es gratuidad y regalo, más que fruto del esfuerzo y empeño voluntarista; es más apertura del Espíritu de Jesucristo que viene a nosotros y nos invade.

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