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Subprocuraduría Especial para el Caso Colosio

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Academic year: 2021

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ENTORNO POLÍTICO

Y NARCOTRÁFICO

Subprocuraduría Especial para el Caso Colosio

Informe

de la investigación

del homicidio del licenciado

Luis Donaldo

(2)

Director General de Averiguaciones Previas* Mtro. José Trinidad Larrieta Carrasco

Lic. Jorge Madrazo Cuéllar

Subprocurador Especial para el Caso Colosio

Lic. Luis Raúl González Pérez

Director General de Análisis y Apoyo a la Investigación Lic. Enrique Rafael León Álvarez

Director General de Control de Procesos Lic. Rubén Dávila Rojas

Director General de Servicios Periciales Lic. Sergio Herón Cirnes Zúñiga Director General de Operaciones de la PJF

Lic. José Alfredo Carrillo García

Director General de Información Sr. Jesús Ramírez López

Coordinador de Asesores Lic. Carlos Cazarín Barrientos

Secretario Particular Lic. Francisco Méndez Celaya

Coordinador Administrativo Lic. Alfredo Torres Márquez Coordinador General de Investigaciones

Dr. Arturo Villarreal Palos

INFORME DE LA INVESTIGACIÓN DEL HOMICIDIO DEL LICENCIADO LUIS DONALDO COLOSIO MURRIETA TOMO IV. Entorno político y narcotráfico

Primera edición: Septiembre de 2000

D.R. © 2000 por Procuraduría General de la República Paseo de la Reforma Norte, núm. 75, colonia Guerrero 06300, México, D.F.

ISBN 968-818-166-8 (obra completa) ISBN 968-818-170-6 (tomo IV)

Prohibida la reproducción parcial o total sin autorización escrita del editor. IMPRESO EN MÉXICO

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Siete de los veinticuatro capítulos que integran los cuatro tomos de esta obra incluyen di-versos anexos, entre los que se encuentran fotografías y documentos (declaraciones, dictá-menes e informes). Con el propósito de brindar un mejor servicio a los lectores, estos anexos se incluyen en un disco compacto (CD-ROM). Los usuarios pueden hacer acercamientos o impresiones de cualesquiera de esos materiales, amén de que se puede apreciar mejor cual-quier escena captada en las fotografías en color que se reproducen en dicho dispositivo. Ello mejora el método tradicional de incluir los documentos impresos en versión facsimilar, pues algunos presentan baja calidad de reproducción, y si las fotografías se hubieran impreso en blanco y negro, en muchos casos no se advertirían detalles clave de las mismas.

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7

Índice

Capítulo 1. Entorno político en que se desarrolló la campaña de Luis Donaldo Colosio

Introducción...11

Designación del licenciado Luis Donaldo Colosio como candidato presidencial

del PRI, conformación del equipo de campaña y toma de protesta...17

La contienda por la candidatura del PRI ...17

Condiciones que imperaban antes de la nominación...18

La designación del licenciado Luis Donaldo Colosio Murrieta como candidato presidencial...22

Reacción del licenciado Manuel Camacho Solís ante la postulación...25

Registro de la candidatura de Luis Donaldo Colosio en el PRIy toma

de protesta...30

Conformación del equipo de campaña...31

El alzamiento armado del 1° de enero de 1994 y el inicio de la campaña

del licenciado Colosio...37

Vacaciones de diciembre...37

Levantamiento de un grupo armado en el estado de Chiapas

el 1° de enero de 1994...38

Previsiones sobre la fecha y lugar para el inicio de la campaña...39

Cambios en el gabinete presidencial y nombramiento del comisionado

honorario para la Paz en Chiapas...44

Los cambios en el gabinete presidencial...44

Designación de Manuel Camacho Solís como comisionado para la Paz

en Chiapas con carácter de honorario...47

Reacción del licenciado Luis Donaldo Colosio ante la designación

de Manuel Camacho Solís como comisionado...56

Simultaneidad en la fecha del anuncio de la designación

de Manuel Camacho y el inicio de la campaña...59

Las denominadas ambigüedades políticas del licenciado Manuel Camacho Solís, las versiones de su fomento por parte de la Presidencia de la República

y la llamada campaña contra la campaña...61

Referencias periodísticas sobre la presunta candidatura alterna

de Manuel Camacho Solís...61

El protagonismo, ambigüedades y falta de definición

del licenciado Manuel Camacho Solís...68

Tolerancia del presidente Carlos Salinas de Gortari al protagonismo

y ambigüedades de Manuel Camacho Solís...78

La llamada campaña de prensa contra la campaña...90

Los señalamientos de ruptura, renuncia y sustitución del candidato,

y otras sospechas...106

Relaciones de Luis Donaldo Colosio con Carlos Salinas de Gortari...108

Diferencias, distanciamiento o ruptura entre los licenciados Carlos Salinas

(6)

Referencias sobre presiones para que el licenciado Luis Donaldo Colosio

renunciara o de que le solicitaran su renuncia...124

El discurso del 6 de marzo de 1994...137

La carta del 19 de marzo de 1994 enviada por el coordinador general de la campaña...151

Los proyectos de cambios en el equipo de campaña, en el Comité Ejecutivo Nacional del PRIy en el gabinete presidencial...156

Referencia a otros obstáculos o inquietudes sobre la campaña...171

Los topes de financiamiento para la campaña presidencial de 1994...171

Suspensión de las visitas a Chiapas y Guanajuato... 176

La reforma electoral de 1994...181

El deslinde de Manuel Camacho Solís...183

Reuniones entre Luis Donaldo Colosio y Manuel Camacho Solís...183

Comunicado del 22 de marzo de 1994...189

Llamadas a Luis Donaldo Colosio los días 22 y 23 de marzo de 1994...198

Señalamientos relativos a José Córdoba Montoya y Carlos Salinas de Gortari...206

Naturaleza de las relaciones entre Luis Donaldo Colosio y José Córdoba...207

Funciones atribuidas a José Córdoba Montoya y menciones de su injerencia en la campaña...210

La supuesta dependencia del Cisen y el Estado Mayor Presidencial de la Oficina de la Presidencia de la República... 217

El relevo de José Córdoba...221

Comparecencia ante los legisladores...223

Algunas sospechas e inquietudes relacionadas con Carlos Salinas de Gortari...224

Acciones desarrolladas al tomar conocimiento del atentado y atracción del caso al fuero federal...238

Reacciones y acciones inmediatas al atentado...238

Atracción del caso al fuero federal...247

La llegada casi inmediata del licenciado Diego Valadés a la ciudad de Tijuana, Baja California...251

El traslado de Manlio Fabio Beltrones Rivera a la ciudad de Tijuana, Baja California...253

Sustitución del candidato presidencial...257

Las promociones de Emilio Gamboa Patrón y Fernando Ortiz Arana...257

El texto publicado en el diario Excélsior y la referencia a Fernando Gutiérrez Barrios...261

La versión de José Luis Soberanes Reyes sobre el apoyo para Manlio Fabio Beltrones Rivera...263

Tentativa de reforma constitucional para reducir el plazo de separación del cargo de servidores públicos para acceder a la candidatura por la presidencia de la República...265

Anuncio de la designación del doctor Ernesto Zedillo Ponce de León como candidato a la presidencia de la República por el PRI, en sustitución del licenciado Luis Donaldo Colosio Murrieta ...266

La carta cuya firma se propuso a Diana Laura Riojas y las versiones de hostigamiento y vigilancia a su persona...268

La presencia del licenciado Manuel Camacho Solís en la funeraria y la carta que solicitó Carlos Salinas de Gortari firmara Diana Laura Riojas...268

Versiones de hostigamiento y vigilancia a la persona de Diana Laura Riojas, y su negativa a recibir al licenciado Carlos Salinas de Gortari...276

(7)

Creación de la Subprocuraduría Especial para el Caso Colosio y designación

de Miguel Montes como su primer titular...290

La creación de la Subprocuraduría Especial para el Caso Colosio y la designación de Miguel Montes García como su primer titular...290

La percepción de la actuación del licenciado Miguel Montes como titular de la investigación del caso Colosio y la referencia a que si se ponía a investigar era “hombre muerto”...293

Designación de Juan Velázquez como representante legal de Diana Laura Riojas...298

Designación de Olga Islas Magallanes como segundo subprocurador especial ...299

Olga Islas Magallanes es designada como segundo subprocurador especial para el caso Colosio y se crea una comisión revisora de las investigaciones...299

Versión de la estrategia ilegal para condenar a Aburto...302

El nombramiento de José Pablo Chapa Bezanilla como tercer subprocurador especial ...304

El nombramiento de José Pablo Chapa...304

El supuesto informe del caso...305

Referencias a otros actores políticos ...310

Los señalamientos respecto de Fernando Gutiérrez Barrios...310

Los señalamientos respecto de Hugo Andrés Araujo...312

José Francisco Ruiz Massieu...314

Referencia de políticos de Baja California... 317

Señalamientos e imputaciones en contra de Raúl Salinas de Gortari ...321

Naturaleza de las relaciones entre Luis Donaldo Colosio Murrieta y Raúl Salinas de Gortari...321

El “grupo de los diez”...328

Imputaciones...341

Incorporación del teniente Miguel Ángel Zimbrón López a la escolta personal de Luis Donaldo Colosio...353

Otros señalamientos o sospechas...355

Apéndice. Relación de declarantes en la línea de entorno político y actividad que realizaron en la época en que sucedieron los hechos...364

Capítulo 2. Versiones sobre la posible participación del narcotráfico en el homicidio del licenciado Luis Donaldo Colosio Murrieta Introducción...375

Versiones que refieren que personas presuntamente vinculadas al narcotráfico pudieran haber colaborado, en distintos niveles, en el equipo de campaña de Luis Donaldo Colosio...376

Jorge Vergara Berdejo...376

Juan Reséndez Bortolussi...377

Rolando Castillo Gamboa...380

Versión de Federico de Ávila...383

Versiones de supuesto financiamiento de la campaña con fondos provenientes del narcotráfico...384

10 millones de dólares vía Raúl Salinas...384

300 millones de dólares...385

Supuesto apoyo de Joaquín Guzmán Loera...386

Versiones que sugieren que por distintas razones uno u otro de los cárteles del narcotráfico pudieron haber ordenado el asesinato de Luis Donaldo Colosio...388

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Jorge López Paredes...388

Una supuesta fotografía donde aparece Luis Donaldo Colosio con Raúl Salinas de Gortari y un lugarteniente de Juan García Ábrego...391

Moisés Juárez Ledezma... 391

La desinvitación...393

Cártel de Amado Carrillo...398

Jorge Forero...399

Advertencia formulada a un alto funcionario del gobierno de Baja California en 1994... 401

Juan José Esparragoza (a) “El Azul”...403

Octavio López Vega (a) “El Profe”...405

Versiones que sugieren o insinúan la existencia de un ingrediente narcopolítico en el asesinato, fundamentalmente para eliminar cualquier posibilidad de afectación futura de sus intereses; o bien para vengar una afectación ya dada...406

Libreta de pagos de “El Amable”...406

Pedro Ferriz de Con...407

Supuesta lista entregada al licenciado Luis Donaldo Colosio por la DEA...408

Miembro de un cártel del narcotráfico...409

Narcotraficante preso...412

Versión de un ex policía de Baja California Sur...413

Versiones que vinculan el asesinato con ex elementos de la Policía Judicial Federal relacionados con el narcotráfico... 414

Rodolfo García Gaxiola (a) “El Chipilón”, ex subdelegado de la PJF en Sonora...414

Heriberto Riojas Monteverde...415

Miembro de un cártel del narcotráfico...417

Tres versiones señalan que Mario Aburto Martínez pudo haber estado relacionado con el narcotráfico...418

María Elena Gómez Pineda (a) “La Güera Guerrillera”...418

Ricardo Montoya Obeso... 419

“El Venado”...420

Otras investigaciones...420

Arturo Salgado Cordero...420

Antecedentes del avión utilizado por el licenciado Luis Donaldo Colosio durante su campaña política... 421

Oliver Buck Revell...429

“Los Texas”...429

Discursos pronunciados por el licenciado Luis Donaldo Colosio sobre el combate al narcotráfico...431

Cesáreo Morales García...432

Conclusiones...434

Capítulo 3. Relación de personas que han rendido declaración con motivo del homicidio del licenciado Luis Donaldo Colosio Murrieta...437

Capítulo 4. Ejercicio presupuestal de la Subprocuraduría Especial para la investigación del homicidio del licenciado Luis Donaldo Colosio Murrieta...485

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Entorno político

en que se desarrolló la campaña

de Luis Donaldo Colosio

Capítulo 1

INTRODUCCIÓN

El presente documento contiene los resultados de la investigación realizada por la Subprocuraduría Espe-cial respecto del entorno político en que se desarro-lló la campaña del licenciado Luis Donaldo Colosio Murrieta a la presidencia de la República y en que se produjo su asesinato.

Sobre dicho entorno, que fue particularmente di-fícil y complejo, mucho se ha escrito y señalado en estos años, desde muy diferentes puntos de vista y con muy distintas interpretaciones. La única constante es la heterogeneidad de las mismas, en tanto se trata precisamente de hechos que han sido objeto de in-terpretación, desde diversas posiciones, ópticas y cir-cunstancias.

La investigación abarcó una amplia gama de pun-tos de especulación o sospecha pública, a partir de determinados hechos, pero que tenían en común la percepción de que hubiesen sido inducidos, pre-parados o concebidos por el entonces presidente de la República, con el único y exclusivo propósito de perjudicar la campaña política del licenciado Luis Donaldo Colosio y sustituirlo por otro candi-dato presidencial, bajo la hipótesis central de que hubo una supuesta ruptura entre ambos personajes. Incluyó, también, aquellos hechos que presunti-vamente se interpretaron como demostrativos de esa supuesta ruptura y aun aquellos posteriores al asesinato, que, según algunas interpretaciones, sus-tentarían la hipótesis de implicación de altos

per-sonajes de la vida política nacional en dicho ho-micidio.

Así se investigaron las circunstancias en que ocu-rre la designación de Luis Donaldo Colosio como candidato presidencial del PRI; la reacción de Manuel

Camacho Solís ante dicha postulación; la conforma-ción del equipo de campaña; los cambios en el gabi-nete presidencial de enero de 1994; la designación del comisionado para la Paz en Chiapas con el carácter honorario; las denominadas ambigüedades políticas del licenciado Manuel Camacho, las versiones de su fomento por parte de la Presidencia de la República y la llamada “campaña de prensa contra la campaña”; los señalamientos de ruptura, renuncia y sustitución del candidato; el discurso del 6 de marzo de 1994; los proyectos de cambios en el equipo de campaña y dentro del Comité Ejecutivo Nacional del PRI

propues-tos al candidato; el anuncio público del licenciado Manuel Camacho que puso fin a su ambigüedad po-lítica; las acciones desarrolladas al tomar conocimien-to del atentado y la atracción del caso al fuero federal; la designación del nuevo candidato presidencial; la car-ta cuya firma se propuso a Diana Laura Riojas y las versiones de hostigamiento y vigilancia sobre su per-sona; la creación de la Subprocuraduría Especial pa-ra la investigación del homicidio y la designación de sus sucesivos titulares; las referencias a otros actores políticos; las menciones e imputaciones en contra de Raúl Salinas de Gortari y otros señalamientos y sos-pechas específ icas de los que da cuenta este mis-mo capítulo.

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Por tratarse de hechos objeto de interpretación o sospecha, la investigación fue esencialmente de orden testimonial. Según verá el lector, muy escasos son los señalamientos que enderezan en contra de alguien una implicación en el homicidio. No obstante, a todos se ha dado voz y cada cual explica, expone o interpre-ta, según su situación y circunstancia, aunque desde luego corresponde al Ministerio Público hacer una va-loración probatoria y arribar a una conclusión.

El presente capítulo es denso y extenso. Frente a la alternativa del ejercicio de abstracción y la síntesis, se prefirió el arduo camino de la cita temática y tex-tual. El propósito: evitar al máximo la interpretación y que cada quien esté en aptitud de formarse su pro-pia opinión de los sucesos, a la luz de la versión de cada uno de los actores.

En tanto investigación sui géneris sobre un engar-ce de sospechas y un sinnúmero de especulaciones, que buscó encontrar explicaciones, positivas o nega-tivas, para un determinado entorno político, en mu-chos de los testimonios recabados se encuentran señalamientos que exceden en mucho lo que técnica-mente se considera como testimonio; el testigo no in-terpreta, opina o analiza, labor que de acuerdo con la ley se reserva al perito; el testigo declara sobre he-chos que le constan y que ha percibido por medio de los sentidos. En este sentido, son pocos o escasos los testimonios y abundan los dichos o referencias de oídas o los señalamientos indirectos, no corroborados por otros medios de prueba, así como los hechos vis-tos en forma parcializada o descontextualizada y las interpretaciones subjetivas. Sin embargo, dado que los hechos políticos, su producción, interpretación, suje-tos y contexto se desarrollan acorde con reglas y va-loraciones peculiares, que sólo los que están inmersos en ese entorno pueden valorar y describir adecuada-mente, la Subprocuraduría requirió a muchos de esos testigos una interpretación, una opinión o un análisis, en una suerte de opinión cuasipericial sobre determi-nados fenómenos. El resultado, en una investigación inédita, ha sido positivo, pues permite interpretar he-chos y situaciones políticas en el contexto en que se desarrollaron, por voz de sus actores, lo que es útil pa-ra tener un entorno referencial, sin que ello implique que el Ministerio Público haga una interpretación po-lítica, que le está vedada, sujetando su actuar al mar-co de la valoración jurídica que le mar-corresponde.

Todas aquellas personas que fueron señaladas como sabedoras o protagonistas de algún hecho de este

con-texto fueron abordadas ministerialmente; de sus di-chos se da cuenta cabal, pues ellos, sus percepciones, consideraciones y en general su óptica política refle-jan en su conjunto los fenómenos que de ese orden imperaban en la época en que ocurrió el crimen. Au-nado a ello, se recabaron como medios de convicción los escritos, cartas, documentos públicos y privados de dichos autores y de la propia víctima y sólo para ampliar el marco referencial, pues en sí mismos no constituyen prueba o indicio alguno, las expresiones del sentir público que en su momento revistas, pe-riódicos y articulistas publicaron sobre esos álgidos momentos del acontecer nacional. También se ha en-riquecido la indagatoria, en esta línea de investigación, con las opiniones técnicas de especialistas en ciencia política, como fue el caso de la recabada respecto de los discursos de campaña del candidato. Es de obser-varse que a lo largo de las investigaciones y dado su carácter reservado y hermético, fueron escasos los se-ñalamientos, percepciones u opiniones que los testi-gos refirieron haber escuchado de voz del propio candidato, y aun dentro de éstos, fueron expresiones muy escuetas y en ocasiones con interpretaciones di-versas, lo que contrasta con algunas referencias pú-blicas que atribuirían al licenciado Luis Donaldo Colosio una personalidad diametralmente opuesta.

Históricamente y atendiendo a una lógica rigurosa de investigación, que parte del autor del delito en la búsqueda de ramificaciones colaterales o verticales, los primeros esfuerzos investigatorios se centraron en Ma-rio Aburto. Ello implicó que en las primeras etapas de la investigación no se abordara como hipótesis de trabajo el entorno político en que se desarrolló la cam-paña. De este modo, encontramos que si bien duran-te las gestiones del licenciado Miguel Monduran-tes y la doctora Olga Islas se recabaron testimonios de perso-najes políticos, sus atestados versaron sobre otras ver-tientes de la investigación de interés relevante en ese momento; por ejemplo, el lugar de los hechos, cuer-pos de seguridad, momento y circunstancias del cri-men y algunos puntos vinculados con el narcotráfico que destacó Eduardo Valle Espinosa. No obstante, al-gunos de estos testimonios fueron incorporados y analizados en esta línea de investigación, atendiendo a la calidad pública de quienes los rindieron y a los datos que proporcionaron.

Es hasta la llegada de Pablo Chapa Bezanilla, en don-de así sea don-de forma parcial y acotada, cuando en algunas declaraciones se empieza a vislumbrar el señalamiento

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concreto a las circunstancias políticas que rodeaban la campaña de Luis Donaldo Colosio.

Para los efectos de los análisis que realizó esta Sub-procuraduría, se considera que los trabajos correspon-dientes al entorno político realmente comienzan a partir del 16 de marzo de 1995, con la declaración de Teresa Alicia Ríos Rico, quien se desempeñó como secretaria privada del licenciado Luis Donaldo Colo-sio, y se desarrollan en la época de Pablo Chapa, has-ta el mes de enero de 1996.

Es importante destacar que en la gestión de Pablo Chapa hubo un periodo destacado de aproximada-mente 20 días (5 al 26 de abril de 1995), en el cual de 14 declaraciones que se tomaron, 10 corresponden a la línea de entorno político, que son las de Federi-co Arreola Castillo, Guillermo Hopkins Gámez (en tres ocasiones), José Luis Soberanes Reyes (dos veces), Víctor Samuel Palma César, Francisco Alfonso Dura-zo Montaño, Melchor de los Santos Ordóñez y Fer-nando Gamboa Rosas. De ellos, sólo Guillermo Hopkins había rendido declaración en 1994, sin que se abordara el tema del entorno político.

En esta administración, en reunión de fecha 18 de septiembre de 1996 con los medios de comunicación, en la cual se presentó el programa de trabajo de la Subprocuraduría Especial, se señaló que dada la per-sonalidad de Luis Donaldo Colosio, el papel político que representaba, las controversias suscitadas durante su campaña, el contexto y el entorno en el cual el homicidio fue perpetrado, obligaban al Ministerio Pú-blico a solicitar la comparecencia, en calidad de testi-gos, de un conjunto de personajes de la vida nacional que, seguramente, mucho podrían aportar para el de-sarrollo de la investigación.

Respecto de los temas de esta línea de investiga-ción, han declarado o aportado datos para la mis-ma un total de 171 personas, que entre declaraciones o ampliaciones han rendido 230 testimonios minis-teriales. Corresponden 17 testimonios y una amplia-ción a la administraamplia-ción de Miguel Montes; tres testi-monios y tres ampliaciones al periodo de Olga Is-las; 27 testimonios y 17 ampliaciones a la gestión de Pablo Chapa, y 124 testimonios y 38 ampliaciones a la actual administración, en donde también se reali-zaron diversos análisis y recopilaciones periodísticas, así como las investigaciones de policía y requerimien-tos de información a distintas dependencias tanto del gobierno federal como estatales que resultaron per-tinentes y necesarios.

De las personas que ante la actual Subprocuradu-ría han rendido declaración, da cuenta la relación que se anexa al presente informe. La pluralidad de testi-monios muestra que se dio voz a los diversos actores, en la búsqueda de confrontar los distintos puntos de vis-ta. En una investigación inédita para el país, declararon el presidente de la República y dos ex presidentes, así como gobernadores, secretarios y ex secretarios de Es-tado, ex titulares de esta institución ministerial y de la propia Subprocuraduría, diputados, senadores, líde-res sociales, periodistas, familialíde-res, amigos y gente cercana al extinto candidato presidencial. Nunca se ob-viaron las preguntas difíciles y necesarias. Se preguntó lo que se tenía que preguntar, con conciencia plena de la enorme responsabilidad encomendada. Dichas declaraciones quedarán como el reflejo fiel de una in-vestigación transparente y para nadie condescendiente.

Las conclusiones a que ha llegado esta Subprocu-raduría son el fruto de la reflexión y el análisis de los diversos puntos de vista e interpretaciones políticas sobre un mismo hecho, pero sin rebasar el marco de la valoración jurídica. En cierto modo, ésta es una va-loración no ortodoxa, tanto porque las interpretacio-nes no constituyen testimonios, como porque en el ánimo de dar respuesta a muy diversas demandas de explicación pública de algunos fenómenos, se dio cau-ce a muchas interpretaciones de contenido esencial-mente especulativo o parcial, pero que precisaesencial-mente eran representativas de las sospechas e inquietudes so-ciales. Sin embargo, en algunos señalamientos que constituían imputaciones o referían hechos señalados como percibidos por los sentidos, fue inevitable so-meterlos a un tamiz más estricto de valoración, en mo-do alguno descalificamo-dor, pero sí necesario en orden a su trascendencia. La inclusión de referencias perio-dísticas, que si bien jurídicamente no son aptas para probar algún hecho, no pudo ser soslayada, en tanto factor que no debe perderse de vista para una ade-cuada ponderación del clima político que privó du-rante la campaña de Luis Donaldo Colosio.

A fin de tener referencia sobre los marcos en que se desenvuelve el actuar del Ministerio Público de la Federación, quien en términos del artículo 132 del Có-digo Federal de Procedimientos Penales tiene la facul-tad para valorar en lo conducente las pruebas recabadas en la averiguación previa, no resulta ocio-so destacar las reglas de la valoración de la prueba testimonial que prevé la ley y las que ha establecido y precisado la Suprema Corte de Justicia de la Nación

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a través de sus órganos competentes y que a continua-ción se señalan:

El Código Federal de Procedimientos Penales, en su ar-tículo 289, establece las circunstancias que deben ser tomadas en consideración para apreciar la declaración de un testigo y que son las siguientes:

I. Que por su edad, capacidad e instrucción tenga el criterio necesario para juzgar del acto.

II. Que por su probidad, la independencia de su posi-ción y antecedentes personales tenga completa impar-cialidad.

III.Que el hecho de que se trate sea susceptible de co-nocerse por medio de los sentidos, y que el testigo lo conozca por sí mismo y no por inducciones ni referencias de otros.

IV. Que la declaración sea clara y precisa, sin dudas ni reticencias, ya sobre la sustancia del hecho, ya sobre sus circunstancias esenciales.

V. Que el testigo no haya sido obligado por fuerza o miedo, ni impulsado por engaño, error o soborno. El apremio judicial no se reputará fuerza.

Por su parte, la jurisprudencia y tesis establecidas por el Poder Judicial de la Federación señalan y precisan cri-terios aplicables en la valoración de la prueba.

Así encontramos que, por lo que hace a la testi-monial, los tribunales federales han diferenciado en-tre el testigo de oídas, esto es, aquel que no conoce por sí mismo los hechos sobre los que depone, sino que es informado de ellos por una tercera persona, y el testigo presencial, entendiéndose como tal quien de-clara respecto de hechos que percibió, habiendo sido su fuente de información directa y personal (Semana-rio Judicial de la Federación y su Gaceta, Novena Épo-ca, tomo IV, octubre de 1996, tesis V,. 2º J/69).

Respecto al testigo de oídas, nuestro Máximo Tri-bunal también ha sustentado el criterio de que no se trata de una prueba en sentido procesal (Semanario Judicial de la Federación, Séptima Época, tomo 78, Segunda parte, pág. 37), aunque acotando que podrá valorarse como indicio si concuerda con el dicho de los testigos presenciales o con el resultado demostra-tivo de otros elementos de prueba (Semanario Judi-cial de la Federación, Séptima Época, tomo 48, Sexta parte, pág. 31).

En cuanto al testimonio singular, se ha estableci-do que si bien no hace prueba plena (Apéndice de

1995, Quinta Época, tomo II, tesis 1010, pág. 632), también lo es que sí tiene valor de indicio (Semana-rio Judicial de la Federación, Quinta Época, tomo XCVII, pág. 2177).

Respecto del número de testigos, existe el criterio de que entre grupos contrapuestos no es determinan-te el mayor número de ellos para acreditar un hecho, sino la confianza y credibilidad que le merezcan al juz-gador, con independencia de su número (Semanario Judicial de la Federación, Séptima Época, tomo 51, Se-gunda parte, pág. 33; Quinta Época, tomo CXXIII, pág. 1657; y Quinta Época, tomo CXXI, pág. 1575).

En relación con el análisis y la valoración de la prueba testimonial, se ha dicho que “no es suficien-te referirla en forma abstracta, sino que debe ser ob-jeto de un cuidadoso examen con la conclusión a que se llegue; en otras palabras, es de explorado derecho que las declaraciones de quienes atestiguan en un pro-cedimiento judicial deben ser valoradas por el juzga-dor, teniendo en cuenta tanto los elementos de justificación concretamente especificados en las nor-mas positivas de la legislación aplicable, como todas las demás circunstancias, objetivas y subjetivas que, mediante un proceso lógico y un correcto raciocinio, conduzcan a determinar la mendacidad o veracidad del testigo sub-júdice; habida cuenta que el testigo no sólo es el narrador de un hecho, sino ante todo de una experiencia por la que vio y escuchó y, por en-de, su declaración debe apreciarse con tal sentido crí-tico; por otra parte, la valoración de la prueba testimonial implica siempre dos investigaciones, la pri-mera relativa a la veracidad del testimonio en la que se investiga la credibilidad subjetiva del testigo, y la se-gunda investigación es sobre la credibilidad objetiva del testimonio, tanto de la fuente de la percepción que el testigo afirma haber recibido, como en relación al contenido y la forma de la declaración” (Semanario Judicial de la Federación, Octava Época, tomo XIII-marzo, pág. 505).

Asimismo, se señala que “el testimonio, entre otros requisitos, debe ser objetivo y determinado, o sea, que se debe referir a un hecho determinado y dirigirse a lograr la prueba de ese mismo hecho; y son “hechos” que se pueden probar mediante el testimonio no só-lo só-los que constituyen el delito, o sus circunstancias o condiciones, y los que sirven para calificar la per-sonalidad del procesado, sino también los que se re-fieren a la identidad de personas, lugar o cosas, o a otros elementos que se relacionen con la causa. Por

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esto, las atestaciones que no tengan la potencialidad o la finalidad de probar un hecho determinado, no son testimonios, y tal es el caso de las apreciaciones subjetivas del testigo, en orden a los hechos, pues no se trata de impresiones sensoriales, sino de juicios sub-jetivos, que no pueden perder esta naturaleza por el simple hecho de que se los exprese bajo forma de tes-timonio, o sea, son y siguieron siendo sólo suposi-ciones del llamado testigo, meras conjeturas subjetivas con las que pretende introducir datos no contenidos en la percepción” (Semanario Judicial de la Federa-ción, Octava Época, tomo XIV-julio, pág. 840).

De igual forma, se sostiene el criterio de que “... Por ello, el testigo es, según lo que se ha dicho al hablar de la prueba histórica, no tanto el narrador de un hecho, sino el narrador de una experiencia o, en otros térmi-nos, cuando se dice que el contenido de un testimo-nio es la experiencia de un testigo, se quiere decir que no tanto el presupuesto, cuanto el contenido de su na-rración, es haber visto, oído o, en general, percibido al-guna cosa, que puede ser el delito mismo o una prueba del delito. Por otra parte, cabe agregar que el testimo-nio sirve sólo en cuanto narra experiencias útiles para formar el juicio del juez sobre estos temas; puesto que el testigo no debe expresar, porque expresándolo no sería un testigo, un juicio sobre la experiencia ajena, pero el juicio sobre la experiencia propia sí tiene valor frente al juez” (Semanario Judicial de la Federación, Sex-ta Época, tomo VI, Segunda parte, pág. 245).

También la jurisprudencia ha expuesto que “el juz-gador debe desentenderse de la opinión que pueda ex-presar el testigo, ya que sólo está llamado a opinar el perito, y al interpretar el juzgador dicho testimonio, debe atender sólo al hecho rememorado y no a la ra-zón del testigo, pues el juez siempre conserva su li-bertad para formar su convicción jurídica respecto de los hechos que se someten a su consideración” (Sema-nario Judicial de la Federación, Quinta Época, tomo CXXIII, pág. 27).

No obstante y si bien en general “el sujeto del tes-timonio tiene prohibición de opinar sobre el aconte-cimiento percibido, ya que esta función corresponde al perito como testigo de calidad”, la Suprema Corte ha admitido que el testigo opine “cuando no pueda ser segregada la opinión de la experiencia percibida” (Semanario Judicial de la Federación, Quinta Época, tomo CXVIII, pág. 1139), aunque desde luego el juz-gador no puede quedar vinculado a la opinión del tes-tigo, pues el arbitrio judicial siempre se conserva.

Sobre este mismo tema, los tribunales federales han establecido por vía de interpretación que “el testimo-nio es el instrumento más preciso de información que tiene el juzgador, pero al mismo tiempo el más peli-groso, no tanto por cuanto a que el testigo mienta de-liberadamente respecto de un hecho, sino porque evoque incorrectamente el acto percibido, esto es, la experiencia de un acontecimiento que ha sido visto u oído... De aquí que sólo cuando el testimonio lle-na las exigencias de percepción exacta, evocación y relato fiel del evento, puede serle discernido valor pro-batorio; pero cuando adolece de un vicio respecto del acto percibido o éste es mal rememorado, el testimo-nio carece de valor probatorio” (Semanario Judicial de la Federación, Quinta Época, tomo CXV, pág. 305). Es necesario finalmente incluir una reflexión sobre el valor y el alcance de los indicios en referencia a lo que se busca probar. De acuerdo con lo establecido por el Código Federal de Procedimientos Penales, todos los medios de prueba, salvo los documentos pú-blicos, la inspección y el resultado de los cateos, que hacen prueba plena, constituyen “meros indicios”. De la concatenación de indicios puede resultar una prue-ba clara y contundente de la participación de alguien en un hecho delictuoso (por ejemplo, el ladrón que es detenido con el objeto del robo y es reconocido por los testigos presenciales); pero también puede ocu-rrir que estando probados algunos hechos como indi-cios, los mismos aisladamente puedan ser insuficientes para probar directamente una responsabilidad o par-ticipación delictuosa. Por disposición de la ley, en es-tos casos se acude a lo que se conoce como prueba circunstancial o presuncional, de acuerdo con la cual “los tribunales, según la naturaleza de los hechos y el enlace lógico y natural más o menos necesario que exista entre la verdad conocida y la que se busca, apre-ciarán en conciencia el valor de los indicios hasta po-der consipo-derarlos como prueba plena” (así, el homicida quien niega haber cometido el delito, aduciendo ha-ber estado en otro sitio, es reconocido por un testi-go que aunque no presenció los hechos, después de ocurridos éstos lo vio alejarse rápidamente de la esce-na del crimen, en la cual se encontró la huella de un zapato en la que se aprecia cierto dibujo particular que corresponde exactamente al que presentaba uno de los zapatos del inculpado, mismo que el día ante-rior había tenido una fuerte discusión con la víctima).

Lo que en estos casos ocurre es que se llega a la verdad por medio de los indicios; éstos representan

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los elementos esenciales, constituidos por hechos y circunstancias conocidas (probadas), que se utilizan como base del razonamiento lógico del juzgador, pa-ra considepa-rar como ciertos hechos diversos de los pri-meros, pero relacionados con ellos desde un punto de vista causal o lógicamente, y este razonamiento da lu-gar a una certeza o convicción fundada. En ese te-nor, el aspecto inicial son los indicios y el resultado es una plena convicción.

De acuerdo con el criterio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, debe considerarse como prue-ba circunstancial la que se prue-basa en el valor incrimina-torio de los indicios y tiene, como punto de partida, hechos y circunstancias que están probados y de los cuales se trata de desprender su relación con el he-cho inquirido, esto es, ya un dato por complemen-tar, ya una incógnita por determinar, ya una hipótesis por verificar, lo mismo sobre la materialidad del de-lito que sobre la identificación del culpable y acerca de las circunstancias del hecho incriminado (Apéndi-ce 1917-1975, Primera Sala, núm. 248, pág. 537).

Ahora bien, no todo hecho o afirmación es un in-dicio, pues de acuerdo con la interpretación de la Su-prema Corte, todo hecho, para que pueda constituir indicio, debe estar plenamente probado e íntimamen-te relacionado con el hecho principal que se preíntimamen-ten- preten-de probar (Vid. tesis preten-de jurisprupreten-dencia núm. 248, pág. 537, Apéndice 1917-1975, Segunda parte). De aquí en-tonces que los hechos no probados, las sospechas o conjeturas no pueden constituir indicios, ni tampo-co los hechos que, aun estando probados, no tengan relación con el hecho principal que se busca probar. En síntesis: los indicios son hechos comprobados de manera indubitable, cierta, conocida y manifiesta-mente, cuya certidumbre permite descubrir otros da-tos incierda-tos, en virtud de la relación existente entre ambos. El conjunto de indicios para adquirir fuerza probatoria plena ha de converger hacia una sola y úni-ca dirección, de tal suerte que úni-cada uno aporta su ra-yo de luz y enlaza los eslabones de la cadena. Por ello la prueba indiciaria consigue su valor en función no del número de indicios, sino de su concordancia. La existencia de indicios aislados entre sí únicamente aporta sospechas, por lo que a partir de ellos no po-demos llegar a la verdad que se busca.

La eficacia de esta prueba está condicionada a que las circunstancias de las que se desprende la convic-ción estén plenamente acreditadas, pues si se quiere obtener ésta de hechos cuya demostración aún esté

pendiente, caeríamos en aberraciones, como ha seña-lado nuestro Máximo Tribunal al expresar que “la prueba indiciaria, para tener el carácter de plena, de-be ser tal que todos los indicios estén demostrados plenamente y que su conjunto conduzca unívocamen-te al conocimiento de la verdad” (Semanario Judicial de la Federación, Primera Sala, Sexta Época, volumen LXXIX, segunda parte, pág. 34). En otras palabras, los indicios deben tener un carácter unívoco, puesto que si pueden ser interpretados en otra forma, aun cuan-do sean vehementes, el juzgacuan-dor debe concluir que no hay certeza procesal fundada (Semanario Judicial de la Federación, Primera Sala, Quinta Época, tomo CXXIX, pág. 173).

El vínculo entre el hecho conocido y la circunstan-cia a cuyo conocimiento se llega a partir del prime-ro, debe constituir una relación directa y necesaria y no una simple coincidencia, pues de otra manera la ambigüedad o el equívoco serían fuentes de error.

En el caso de la investigación del homicidio del li-cenciado Luis Donaldo Colosio Murrieta, la obten-ción de indicios debe encaminarse a la prueba de alguna de las hipótesis de autoría o participación pre-vistas por el Código Penal. Estando probado que se trató de un solo autor material, las hipótesis aplica-bles que restan son: a) que alguien, además de Mario Aburto, acordó o preparó la realización del homici-dio del licenciado Luis Donaldo Colosio, b) que al-guien determinó dolosamente a Mario Aburto para que cometiera dicho homicidio; y c) que alguien do-losamente prestó ayuda o auxilió a Mario Aburto pa-ra su comisión (fpa-racciones I, V y VI del artículo 13 del Código Penal Federal).

De todo lo anterior deriva que la interpretación y valoración del Ministerio Público no puede ser en modo alguno caprichosa o arbitraria, sobre todo tra-tándose de valoraciones de trascendencia en la esfera penal. Si bien es cierto que se puede acusar a alguien con base en indicios, también lo es que no se puede sustentar una imputación penal con base en especu-laciones o sospechas. Y en este sentido la institu-ción ministerial no puede actuar con ligereza, pues en estos casos se trata no sólo de voluntad, sino de pruebas. Ciertamente, se dijo, se fue más laxo en otras valoraciones, sobre todo de aquellos testimo-nios de contenido altamente especulativo, a los cua-les no se quiso voluntaria o anticipadamente descalificar, pues al final había que investigar la sos-pecha pública y qué mejor modo de hacerlo a la

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luz de la voz de los propios protagonistas de los hechos.

Sin embargo, de lo investigado en la línea de en-torno político, con independencia de las razones, jus-tificadas o no, que generaron el clima adverso para el licenciado Luis Donaldo Colosio, no han derivado in-dicios que permitan conectar, así sea presuncional-mente, a los actores de dicho entorno con la mano asesina de Mario Aburto.

A mayor abundamiento, debe quedar claro que pa-ra poder imputar a alguien una responsabilidad penal, es necesario acreditar la existencia de un lazo de unión entre quien ordena, planea, induce, auxilia o presta ayuda y quien ejecuta un crimen. Es decir, la conca-tenación de indicios debe ser apta, no para suponer o aun comprobar un móvil, sino para demostrar que entre dos personas hay vínculo, directo o indirecto, para la ejecución de una conducta criminal.

Empero, de las investigaciones hasta ahora realiza-das, no sólo en esta línea de investigación, sino fun-damentalmente con la vinculada con el entorno del autor material, no han resultado elementos para pre-sumir un vínculo entre éste y otros posibles autores o partícipes, lo que no significa que no existan o no pudieran existir, conclusión que se asume con la con-vicción de que se hizo lo necesario para arribar a la verdad y ofrecer al pueblo de México las respuestas que se desprenden de las evidencias, pues la legítima demanda social es que se respete el Estado de dere-cho, y a ello hemos respondido.

DESIGNACIÓN DEL LICENCIADO

LUIS DONALDO COLOSIO COMO

CANDIDATO PRESIDENCIAL DEL

PRI, CONFORMACIÓN DEL EQUIPO

DE CAMPAÑA Y TOMA DE PROTESTA

La contienda por la candidatura del

PRI

Según se desprende de las referencias periodísticas de la época, a partir del mes de octubre de 1993, la aten-ción sobre la elecaten-ción del candidato presidencial del Par-tido Revolucionario Institucional se incrementó, no sólo por parte de los miembros de dicho partido, sino tam-bién por los diversos círculos políticos y sociales, así co-mo por los partidos de oposición y la propia prensa.

En este sentido, se mencionaron como presidencia-bles por parte del PRIa Luis Donaldo Colosio, Manuel

Camacho Solís, Pedro Aspe Armella, Ernesto Zedillo Ponce de León, Emilio Lozoya Thalmann, José Patroci-nio González Blanco Garrido y Emilio Gamboa Patrón. El mismo Carlos Salinas, durante un encuentro con periodistas de Estados Unidos, Canadá y América La-tina, el 9 de octubre de 1993, aclaró a un editor de Miami que había dado por hecho que el candidato del PRIera Luis Donaldo Colosio, “este partido tiene siete prospectos”.

Durante el mes de octubre, por conducto de los di-versos medios de información, se autodescartaron tres de los siete presidenciables: el primero fue Emilio Gamboa Patrón, quien dijo: “a mí ni me mencionen en eso”; luego siguió José Patrocinio González Blan-co Garrido, quien en una entrevista señaló: “si aspi-rara a ser Presidente de la República lo diría, como cuando quise ser Gobernador de Chiapas” y, por úl-timo, Emilio Lozoya Thalmann.

A principios de noviembre de 1993, se autodescar-tó el doctor Ernesto Zedillo, según Francisco Rodrí-guez, quien en El Sol de México escribió que: “una columna periodística (sin decir cuál) dio cuenta de que Ernesto Zedillo ya avisó ‘yo no voy a ser’ a sus amigos y tampoco les dio una pista de quién sería”. Entre quienes hacen referencia a los precandidatos se encuentra Emilio Antonio Gamboa Patrón, quien menciona a Pedro Aspe, Emilio Lozoya, Patrocinio González Blanco, al doctor Ernesto Zedillo, a Ma-nuel Camacho y en cierta forma a él mismo, cuando en su declaración ministerial destaca los personajes que habían felicitado a Luis Donaldo Colosio por su designación; en este sentido, Arreola Castillo igual-mente destaca la presencia de Pedro Aspe y del doc-tor Ernesto Zedillo; por otro lado, se encuentra la referencia del doctor Jorge Carpizo al doctor Pedro Aspe y a los licenciados Luis Donaldo Colosio y Ma-nuel Camacho Solís como muy visibles a la candida-tura presidencial del PRI; en este sentido igualmente se pronuncia José Patrocinio González Blanco Garri-do, que refiere al doctor Pedro Aspe, al licenciado Manuel Camacho y al licenciado Luis Donaldo Co-losio Murrieta como las figuras más relevantes del ga-binete en cuanto a menciones de posibilidad; por su parte, Juan Rebolledo Gout señala que había corrien-tes que favorecían a determinadas personas: muchos que trabajaron con el licenciado Luis Donaldo Colo-sio, que obviamente tenía amplio apoyo, los que tra-bajaron en el Departamento del Distrito Federal estaban a favor de la candidatura del licenciado Camacho Solís,

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y sectores empresariales mostraban preferencia por el doctor Aspe.

En esa virtud, la contienda por la precandidatura del PRIa la presidencia de la República se redujo a tres aspirantes: 1. El licenciado Manuel Camacho Solís en su calidad de jefe del Departamento del Distrito Fe-deral, quien por su cercanía al presidente Carlos Sali-nas y acciones destacadas se le ubicó en la opinión pública como uno de los principales candidatos para sucederlo; 2. El licenciado Luis Donaldo Colosio Mu-rrieta, con una gran trayectoria en los cargos de dipu-tado y senador, presidente del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Revolucionario Institucional y ti-tular de la Secretaría de Desarrollo Social, además de su cercanía con el presidente Carlos Salinas, y 3. El doctor Pedro Aspe Armella, quien se desempeñó como secretario de Hacienda y Crédito Público y se perfiló como el más destacado en el ámbito internacional.

Condiciones que imperaban

antes de la nominación

Durante octubre y noviembre de 1993 existieron di-versos factores que de una u otra forma significaron mecanismos de presión para que la designación del candidato por el Partido Revolucionario Institucio-nal a la presidencia de la República se llevara a cabo cuanto antes.

En una entrevista realizada por Fidel Samaniego, de El Universal, a Carlos Salinas de Gortari en visita de Estado en Bruselas, Bélgica, señaló: “...el Presidente de la República afirmó que el anuncio sobre quién será el candidato del PRI ocurrirá a finales de este año o en los inicios del mes de enero. Pero, aclaró, esto porque así lo ha dicho el propio Partido Revolucio-nario Institucional, porque así lo ha establecido el pro-pio instituto político, y así lo leyó él mismo, cuando se publicó la noticia”.

A este respecto, los días 11 y 12 de octubre, Fer-nando Ortiz Arana, FerFer-nando Lerdo de Tejada, Gus-tavo Carbajal Moreno, Augusto Gómez Villanueva, Javier Garduño Pérez y Fidel Velázquez se pronuncia-ron porque los priístas no presionaran para que se ace-lerara el “destape”.

El 21 de octubre de 1993 se convocó al Consejo Po-lítico Nacional del PRIcon carácter urgente. Fernando

Ortiz declaró: “nadie nos va a presionar sobre el tiem-po propicio para la tiem-postulación de nuestro candidato

a la Presidencia”. Al día siguiente reiteró que la selec-ción del candidato sería de acuerdo con el propio rit-mo del PRI.

No obstante ello, el ambiente político interno en el mismo partido, el papel de los partidos de oposi-ción, la firma del Tratado de Libre Comercio y el anuncio de la visita que realizaría el vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore, a nuestro país, los días 30 de noviembre y 1° de diciembre de 1993 constituye-ron factores que habrían de acelerar la designación del candidato.

Así, Humberto Serrano Pérez, secretario general de la Confederación Agrarista Mexicana, afirmó: “yo soy partidario de que se acelere el destape después del in-forme presidencial, porque la oposición nos está ga-nando espacios”.

Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo pre-dicen que el presidente ha perdido el control y le se-rá difícil retener el destape priísta, “pues ya hay dolores de parto por todos lados”.

El ex presidente George Bush, en una conferencia ante empresarios mexicanos en Guadalajara, señaló que: “es necesario conocer el nombre del candidato para que acabe el miedo y la incertidumbre de los congre-sistas de Estados Unidos, que habrán de ratificar el Tra-tado de Libre Comercio, sobre las elecciones del 94”. Antonio Lozano Gracia, entonces líder de la frac-ción panista en la Cámara de Diputados, declaró: “el

PRI adelantó su Consejo Político Nacional porque

quiere acelerar los tiempos para emparejarlos con la discusión del Tratado de Libre Comercio en el Con-greso norteamericano... ya que muchos dicen prime-ro el tapado y luego el tratado”.

Por su parte, Miguel Ángel Granados Chapa escri-bió: “se especula que en cualquier momento será des-tapado el candidato. Hay motivos: los legisladores estadounidenses quieren tener claro el panorama al que se enfrentará Estados Unidos en caso de que se apruebe el TLC”.

Francisco Cárdenas Cruz, en El Universal, comen-tó: “es casi generalizada la opinión, en los diversos sec-tores del país, que el destape del candidato presidencial deberá ocurrir antes de la llegada de Gore a México, para evitar que se cree, y se recalque, que en nombre de Clinton vendrá a decir quién debe ser postulado por el PRI”.

Félix Fuentes, en El Universal, señaló: “se atravesó la visita de Al Gore, antes del viaje presidencial a Oriente, y esto complicó la situación”.

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Alejandro Ramos Esquivel, en El Financiero, ano-tó: “La próxima visita de Al Gore ha contribuido a aumentar la especulación. Todo el mundo coincide en que la presencia del número dos de la Casa Blanca complica el desenlace de la contienda priísta”.

Francisco Rodríguez, en El Sol de México, publi-có: “Aunque parecía que Carlos Salinas de Gortari tenía dominadas todas las variables de este juego, sur-ge una situación: la visita de Al Gore. Malos días pa-ra que un personaje así venga a México. De ahí,que el jueves y viernes, Carlos Salinas de Gortari haya sido objeto de todo tipo de presiones para que hi-ciera pública su decisión antes de que Gore llegue a México”.

Carlos Ramírez, en El Financiero, comentó: “el fac-tor norteamericano será decisivo como nunca antes, las declaraciones de Al Gore mostraron el interés de Estados Unidos de meterse en las entrañas del siste-ma mexicano y a Carlos Salinas de Gortari le queda por superar la impresión que puede causar la visita de Al Gore de venir a palomear al candidato”.

Otro factor de presión fue que los medios de co-municación veían en toda actividad del presidente Carlos Salinas mensajes ocultos. Asimismo, buscaban en las comparecencias de los distintos secretarios de Estado ante las Cámaras de Senadores y de Diputados señales para tratar de ubicar en quién recaería la de-signación de candidato por el Partido Revoluciona-rio Institucional.

Así, el 20 de octubre de 1993, Carlos Salinas da un paseo por el Centro Histórico acompañado de Ma-nuel Camacho Solís, Luis Donaldo Colosio y Ernes-to Zedillo. El 26 de noviembre del mismo año, Carlos Salinas y Luis Donaldo Colosio asisten a la Reunión Nacional de Vivienda en Aguascalientes.

El 22 de noviembre de 1993, Pedro Aspe compare-ció ante la Cámara de Diputados, habiendo sido in-terrumpido por un grupo del STUNAM. Sobre tal acontecimiento hubo diversos comentarios, entre otros, que el hecho estaba relacionado con la selec-ción del candidato presidencial.

El 24 de noviembre comparece ante la Cámara de Diputados Manuel Camacho Solís, sin ningún inci-dente. Esta comparecencia desata una ola de colum-nas periodísticas.

Jesús Sánchez, en El Financiero, señaló: “Un obser-vador de las comparecencias sintetiza: Pedro Aspe Armella se manejó tres minutos como candidato pre-sidencial y doce horas como Secretario de Hacienda,

en cambio a Manuel Camacho Solís le crearon un am-biente tal que era difícil decir que no era el bueno”.

Miguel Ángel Rivera, de La Jornada, dijo: “Se man-tuvo la tranquilidad en la comparecencia de Manuel Camacho Solís, por la personalidad de éste. Según es-tas versiones, Manuel Camacho tiene entre la clase po-lítica mayores simpatías que Pedro Aspe Armella”.

El 28 de noviembre de 1993, El Heraldo de Méxi-co publicó una nota señalando: “Si se pospone el des-tape para los primeros días de 1994, el gobierno demostrará a la oposición que cumple su compromi-so de que el PRI, y su candidato, realizarán una cam-paña más corta, más compacta y más intensa, y por lo mismo menos costosa, que es precisamente lo que demandaban los partidos de oposición”.

Respecto del comentario que arriba se cita, las si-guientes referencias permiten afirmar que en algún momento del gobierno del licenciado Carlos Salinas, se evaluó esa posibilidad.

Sobre este particular, en su declaración ministerial, Patrocinio González Blanco Garrido comentó: “Cuan-do hicimos la etapa de la reforma política que a mí me correspondió manejar en la Secretaría de Gober-nación, yo le dije al presidente Salinas que la obli-gación de separarse del cargo con seis meses de anticipación nos llevaba a campañas muy largas y muy costosas que interrumpían la marcha de la vida insti-tucional y económica del país, y que por ello debía-mos reformar esa norma estableciendo la obligación de renunciar al cargo público antes del registro co-mo candidato de un partido político, y eso nos iría dando la posibilidad de acortar los plazos de cam-paña. El presidente Salinas desechó totalmente la pro-puesta y me dijo que no quería introducir elementos de reforma que no surgieran de las conversaciones con los partidos políticos, y por eso se desechó”.

Esta posibilidad le fue consultada al licenciado Luis Donaldo Colosio, según lo relata Víctor Samuel Palma César, quien declaró: “Que la importancia de la Secretaría de Desarrollo Social permitía que parti-cipara tanto en el Gabinete Económico como en el Gabinete Social, que asimismo, por la confianza del Presidente Salinas hacia el Secretario de Desarrollo Social, frecuentemente le consultaba aspectos de ca-rácter político... El compareciente recuerda que en-tre las consultas que le hizo el licenciado Carlos Salinas de Gortari al licenciado Colosio, destaca lo relativo a la reforma electoral que se aprobó en el año de 1993, que con motivo de esas reformas se aprobó

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que a partir del año 2000 un hijo de extranjeros po-dría ser candidato a la Presidencia de la República, y que fue consultado respecto de que, una vez que se modificara la Constitución General de la República, convendría modificar también el plazo de renuncia que deben tener los candidatos a la Presidencia de la Re-pública para poder ser registrados como tales; la Cons-titución de la República señala que los requisitos para ser candidato a la Presidencia de la República, que siendo Secretario de Estado o Gobernador de alguna entidad federativa, es necesario separarse de ese cargo por lo menos seis meses antes de la fecha de la elec-ción, en ese sentido la intención era reducir ese plazo de seis a tres meses. En esa ocasión Colosio pregun-tó que cuál era la opinión respecto de esta propues-ta, a lo que le fue señalado que era importante saber si pensaba que él iba a ser candidato a la Presidencia o no, a lo que Luis Donaldo contestó, ‘obviamente pensando que yo voy a ser’, en ese sentido le fue se-ñalado que revisar esa propuesta y aceptarla suponía asumir un escenario de sustitución o muerte del pro-pio candidato a la Presidencia de la República. Co-mo se sabe esta propuesta no prosperó, pero existió... Que respecto de la probable reforma a los tiempos pa-ra poder estar en opción de ser candidato a la Presi-dencia de la República para disminuir la separación del cargo de seis a tres meses, el licenciado Colosio se pronunció en contra, ya que aceptarla suponía no sólo colocarse en la tesitura de ser candidato sino tam-bién en la posibilidad de ser sustituido”.

Un documento que podría dar luz sobre el ambien-te presucesorio lo constituye una nota escrita por el licenciado Luis Donaldo Colosio Murrieta, en la que hace referencia a una cena que se llevó a cabo el 23 de noviembre de 1993, en la casa del licenciado José Patrocinio González Blanco Garrido, con las siguien-tes anotaciones: “Marsiguien-tes 23 de Nov. Lugar: Casa de Patrocinio González. Asistentes: Aspe, Camacho, Cór-doba, Zedillo, Serra, Del Villar, Rubén Valdéz, Gam-boa, Solana, Patrocinio y yo. A las 2 hrs. de iniciada la cena llegó CSG. Conversación muy áspera iniciada

por MCS: ‘Error el elogio del Presidente a Córdoba’.

CSG: La gran batalla de México es por su Soberanía.

Ante E. U.: Principios. No se puede aspirar a gober-nar este País a partir de un rencor. De haber sido CCS

una persona generosa otra situación fuera la q’ estu-viéramos viviendo. Elogió a c/u de los que estábamos. El mejor elogio fue a MCS. ‘Mi amigo de toda la vi-da.’ El próximo miércoles vendrá Gore. ‘No haremos

nada de trascendencia después de la visita de Gore’. Grandes figuras de nuestra historia: Zaragoza y Juárez”. Cuestionado respecto de los motivos de ese en-cuentro, José Patrocinio González Blanco Garrido re-firió que: “A raíz de la firma del Tratado de Libre Comercio, y en ocasión del aniversario de la revolu-ción mexicana, en una breve reunión en el despacho del presidente en Palacio Nacional, el licenciado Sali-nas hizo un comentario altamente elogioso del doc-tor Jaime Serra Puche y del docdoc-tor José Córdoba, destacando sus participaciones en relación con la fir-ma del Tratado de Libre Comercio, y hasta donde re-cuerdo, usó la expresión de que ‘el doctor Córdoba era un gran mexicano y que algún día se conocerían las grandes aportaciones que había hecho para el bien del país’, y esto provocó una reacción de molestia del licenciado Manuel Camacho. Con el propósito de conservar un mínimo de armonía dentro del equipo de trabajo del presidente decidí hacer una cena, en la que los invitados especiales eran Serra Puche y Cór-doba, y a la que convoqué a quienes se mencionaban como precandidatos del Partido Revolucionario Ins-titucional, para efectos de tener un convivio social, un intercambio de impresiones y tratar de limar aspere-zas, y le dije al presidente Salinas que estuviera pen-diente, porque si yo lo juzgaba conveniente le avisaría para que él llegara como invitado no esperado a la reu-nión y así tratar de amarrar los avances que pudiéra-mos tener. Ése fue el propósito de la cena”. Enseguida se le preguntó al licenciado González Blanco Garri-do quiénes fueron los asistentes y señaló: “Aparte de Serra y Córdoba, estuvieron Camacho, Aspe, Zedillo, Colosio y yo, hasta donde recuerdo, y el presidente, que llegó cuando habíamos terminado de cenar”. Al cuestionársele al testigo de cuáles fueron los temas tra-tados en la cena en comento, respondió: “Principal-mente hablamos sobre la política económica y, dentro de ella, la importancia del Tratado del Libre Comer-cio, sobre lo que el licenciado Camacho tuvo una opi-nión discrepante con Serra Puche y Córdoba, pero principalmente con Serra. Después hablamos del pa-norama político general y de la necesidad de conser-var unidad y disciplina en el proceso de la sucesión presidencial y de la designación del candidato del Par-tido Revolucionario Institucional. La cena empezó un poco ríspida porque Manuel insistió en que no era adecuado hacer un reconocimiento tan amplio al de-sempeño de un funcionario, cuando todos, en su opi-nión, cumplíamos en la responsabilidad que teníamos

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y no éramos objeto de otro reconocimiento similar, pero el ambiente se fue neutralizando y pensé que la cena podía terminar en una relativa armonía formal, pero armonía, y por eso le dije al presidente que era buena su presencia y para esos efectos llegó a la casa”. Cuando se le solicitó que señalara por qué considera que el licenciado Luis Donaldo Colosio en sus notas de la cena asentó “una conversación muy áspera ini-ciada por Manuel Camacho Solís”, manifestó: “...A mí no me pareció tan áspero en relación con lo que Ca-macho había dicho en Palacio Nacional, en cuanto a que eran exageradas las expresiones presidenciales so-bre Córdoba y Serra Puche, y soso-bre todo en cuanto a destacar el patriotismo y los servicios a la patria rendidos por Córdoba. En la cena, lo que Camacho dijo es que le parecían demasiado esos elogios, lo cual es un problema de grado, pero lo que creo que po-día parecer inadecuado era la persistencia en cuestio-nar al presidente Salinas en cuanto a su capacidad de juicio y valoración de sus colaboradores”. Atento a lo anterior se le pidió que indicara específicamente cuál fue el elogio que le hizo, en esa cena, el licencia-do Carlos Salinas de Gortari a Córlicencia-doba Montoya y contestó: “Yo no recuerdo que el licenciado Salinas haya repetido el elogio o el reconocimiento que ha-bía hecho a Serra y a Córdoba en la reunión de Pala-cio NaPala-cional”. Finalmente, a lo que a este apartado corresponde, se le cuestionó si se indicó en la cena que no se haría nada de trascendencia hasta después de la visita de Al Gore, indicando: “Yo no recuerdo que el presidente haya dicho puntualmente lo que se señala, un presidente no se puede comprometer ni a hacer o no hacer, simplemente enuncia que nos dare-mos tiempos antes o después de tal o cual cosa para efectos de tal o cual objetivo, pero el presidente siem-pre se deja abierta una posibilidad para decidir lo que estima prudente, cuando lo estima prudente. Además, me da la impresión de que en este tipo de reflexión olvidamos que el gabinete se compone de empleados del presidente, a quienes él ni tiene que rendirles cuen-tas, ni responderles de sus actos”.

Respecto de esta situación, en su declaración minis-terial se preguntó a Enrique Márquez Jaramillo si el licenciado Manuel Camacho le hizo alguna referen-cia respecto a los comentarios favorables que el 20 de noviembre de 1993 el entonces presidente de la Re-pública hizo de José Córdoba Montoya y Jaime Serra Puche por su participación en el Tratado de Libre Co-mercio, a lo que contestó: “El día 21 de noviembre

tuve una plática con el licenciado Camacho en la que se abordó entre otros temas éste, y recuerdo que la sustancia de la conversación giraba en torno del de-sarrollo de esas dos líneas políticas, que desde nues-tro punto de vista se habían desarrollado dennues-tro del gobierno del Presidente Salinas. Una línea que pen-saba más en términos de la democracia, la apertura del sistema político, los intereses del Estado mexica-no, sin descuidar, desde luego, las distintas formas de inclusión de México en las nuevas realidades del mundo. La otra línea, que ponía su énfasis en el Cam-bio Estructural, en el Tratado de Libre Comercio, en la contención del cambio político, línea de la que eran conspicuos representantes funcionarios de go-bierno como el Doctor Serra y como el Doctor Cór-doba. Todos los comentarios que en esa reunión se hicieron, entonces, descansaban en esta concepción básica, nada tenían que ver con las personas, sino con las tendencias”.

Al cuestionársele si el licenciado Manuel Cama-cho le hizo algún comentario sobre la cena que se llevó a cabo en la casa de José Patrocino González el 23 de noviembre de 1993 y a la que asistieran entre otros los licenciados Carlos Salinas, el propio Manuel Camacho y Luis Donaldo Colosio, manifestó: “Sí, me hizo algún comentario sobre ese hecho. Eran los días previos al destape tradicional priísta y de acuerdo a los viejos usos políticos mexicanos, el evento mismo ge-neró una importante expectación entre los asistentes, dado que a la cena asistió el entonces Presidente de la República. Me comentó sobre el desarrollo de la ce-na, sobre algunos de los momentos de ella, sin darle mayor peso que el que pudieran darle otros actores u otros observadores de la vida política. En el viejo sis-tema político mexicano, una cena o un evento como ése, podría aparecer o aparecía como un escaparate de ‘señales’ o una fuente de posibles ‘señales’, de tal manera que el evento y los comentarios en torno a él quedaron apresados en esta zona de la vieja cultura po-lítica mexicana. De acuerdo a los viejos términos, la cena pudo haber sido muy importante o nada impor-tante, creo que el comentario cayó en esta zona”.

También, dentro de la indagatoria obra copia de un manuscrito en que el licenciado Luis Donaldo Co-losio le expresa su inquietud al licenciado Carlos Sa-linas, respecto de una nota publicada en el periódico El Norte, en donde se destaca la visita que el enton-ces candidato panista a la alcaldía de Monterrey, Ge-rardo Garza Sada, hizo al entonces regente de la

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ciudad de México, a principios de octubre de 1993. Dice la nota: “Sr. Presidente: ¿tenía usted conocimien-to de esta entrevista?, ¿cómo debo interpretarla? Por lo pronto en Monterrey los comentarios son de que esto es indicativo del ‘resultado’ posible de la elección”. Cabe mencionar que algunos colaboradores cerca-nos del licenciado Colosio Murrieta señalaron que no estaba nada definido en la sucesión presidencial. Fede-rico Arreola comentó en su declaración ministerial que, por las circunstancias y su cercanía con el licenciado Luis Donaldo Colosio, un mes antes de su designación, el licenciado Luis Donaldo Colosio le externó que aún no se precisaba quién sería el candidato; que un día antes de la designación, Luis Donaldo Colosio aún no tenía la seguridad de ser el seleccionado, ya que cuan-do fue designacuan-do, le indicó: “ganamos, ayer te dije que era casi seguro pero que todavía me la podían quitar, hoy ya no me pueden quitar la candidatura”.

Al respecto, Andrés Massieu Berlanga en su decla-ración ministerial señaló: “Estoy seguro que el dotor Córdoba le ayudó a Luis Donaldo en la preparación de su discurso de toma de protesta como candidato del

PRI... Debo aclarar que no es el discurso de toma de

protesta como candidato, sino las palabras que pro-nunció el día 28 de noviembre al aceptar la precandi-datura del PRI. El sábado anterior a la nominación de Luis Donaldo estaba Luis Donaldo trabajando en Los Pinos, revisando su discurso con José Córdoba, yo no podría asegurar exactamente que fuera su discurso, pe-ro era obvio que lo que estaban revisando era el dis-curso que Luis Donaldo pronunciaría al día siguiente, esto sería como a las 14:00 horas al regreso de la gira del licenciado Salinas por Guadalajara, Jalisco”. Cuestionado de si ese sábado 27 de noviembre de 1993 el licenciado Luis Donaldo Colosio se entrevistó con el presidente de la República, respondió: “No tengo co-nocimiento de esto, lo que sí me consta es que los días 25 y 26 de noviembre se realiza una gira de tra-bajo en diversos estados de la República con el tema de la vivienda a la cual asiste el licenciado Luis Do-naldo Colosio despidiéndose del Presidente el vier-nes 26 aproximadamente a las 18:00 horas en la ciudad de Guadalajara, posteriormente el licenciado Colosio regresa a la ciudad de México y el licenciado Salinas se queda a dormir en Guadalajara”.

José Asunción Ureña Velázquez, en su declaración ministerial, señaló que en octubre de 1993, entre el día 20 o 21, el licenciado Luis Donaldo Colosio en una plática le comentó sobre el tema de la sucesión

presidencial, mostrando una gran seguridad de que él sería el candidato del PRI, que esto se puede cen-trar en una frase que dijo: “Quien va a ser ya conoce la estructura del partido y tiene todos los amarres”. Que en los primeros días de noviembre de ese mis-mo año le pide que difunda algunas encuestas que lo señalaban como favorito.

Por su parte, María Angélica Luna Parra señaló mi-nisterialmente que después del quinto informe presi-dencial, el licenciado Luis Donaldo Colosio le dijo: “‘Al mal tiempo, buena cara’, yo me quedé callada, pues quería decir que él sabía que no era o algo así, y ante mi silencio me dijo, ‘como lo oyes’ y ante mi azoro, me dijo ‘no va en ello la vida’, como diciendo hay otros valores, otras cuestiones, y me quedé con la sensación de oír un secreto que no quería oír y que era que él ya sabía que no iba a ser el candidato por eso ‘al mal tiempo, buena cara’. Luego, pues el gran júbilo de algunos días después”.

Sobre los motivos por los cuales se designó al can-didato por el PRI el 28 de noviembre de 1993, José

Patrocinio González Blanco señaló: “La política tie-ne tiempos, y corresponde a prioridades, y en esa época la prioridad era la firma del Tratado de Libre Comercio, y como cualquier decisión política puede provocar reacciones, porque con ella se inicia un pro-ceso de cambio, no era prudente adelantarlo. Por qué no se retrasó, bueno, porque las cosas hay que hacer-las cuando se pueden hacer y eran los mejores tiem-pos para la tiem-postulación de la candidatura del licenciado Colosio porque había optimismo en el país, unidad en el partido y aceptación en la mayoría del gabinete”.

De todo lo anterior se advierte, que muy proba-blemente se trató que la designación del candidato pre-sidencial del PRIfuera lo más tardía posible o cuando menos hasta los primeros días de 1994, pero que hu-bo una serie de factores que contribuyeron para que a finales de noviembre de 1993 se designara al pre-candidato de dicho instituto político a la presidencia de la República.

La designación del licenciado Luis

Donaldo Colosio Murrieta como

candidato presidencial

El domingo 28 de noviembre de 1993 se realizan elec-ciones en Yucatán. Ese mismo día, el Comité Ejecutivo

Referencias

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