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I

AL.·.G.·.D.·.G.·.A.·.D.·.U.·.

Masonería y Esoterismo (Unidad en la Diversidad) Dedicatoria

“A la Logia Fe Nº 8, mi logia madre, templo viviente de la Unidad Masónica en la Diversidad”

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Mensaje del Venerable Maestro en el 154º Aniversario de la Logia Fe Nº 8 de la Gran Logia de la Masonería del Uruguay.

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Prólogo

Prologar una obra es una difícil tarea para quien asume tal responsabilidad.

Sólo el honor que ello significa, el aprecio y enorme respeto que despiertan en mi el autor de este libro y la Logia Fe a que pertenece, hace me atreva al desafío.

Siempre he dicho y todos podemos convenir en ello, que al prologar un libro es imprescindible hacer una referencia al autor del mismo, porque de alguna manera, es un desprendimiento de la vida y la personalidad de quien lo escribe.

Ya tiene el Resp .·. H.·. Afredo Corvalán, por la magnitud de su obra bibliográfica masónica un lugar de reconocimiento dentro de nuestra Orden.

Ello convierte en innecesario hacer una reseña de su vida iniciática porque no existe en nuestra Orden un H.·. que no sepa de su trayectoria, y no haya vivido de alguna manera la profundidad de su pensamiento.

Su obra refleja su pensar masónico y la profunda convicción que marca de alguna manera la identidad de su pensamiento, a su decir: “Con una concepción de la Orden transformadora en lo espiritual y señalando un sendero hacia un conocimiento trascendente.”

Enfrenta en esta obra sin vacilaciones uno de los temas mas complejo y mas importante para la Orden. Tema que desafia la inteligencia, en su concepción, la racional y la intuitiva, en la nuestra, las múltiples inteligencias que guían y condicionan la vida del hombre.

El hermano sabe que plantea un tema controversial, pero lo expone planteando todas las interpretaciones, convocando al análisis, sin temor a la discrepancia, característica de todas sus obras, por eso en ellas campea la profundidad de su pensamiento, del cual hay que destacar entre muchas cosas una línea de continuidad de pensamiento lógico junto a su pureza intelectual.

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Sólo se puede concluir que largos años de estudio e investigación de la historia de la Masonería y del pensar del Hombre han hecho posible esta obra.

Todos lo sabemos pero es necesario decirlo y este libro lo confirma plenamente, sus enseñanzas no sólo están comprendidas en sus muchos libros que nos llevan de la mano a la profundidad de su pensamiento, apunta a algo mas, es la obra de un sembrador de toda una doctrina masónica que constituye para el H.·. Corvalán la esencia de lo que es y debe ser la Orden.

El H.·. Alfredo Corvalán tiene el gran mérito de basarse en documentos que estudia y analiza profundamente, pero además y fundamentalmente ella es el resultado de largos años de meditación y estudios filosóficos.

El pensamiento del Resp .·. H -·. en el tratamiento de este tema se mueve con enorme soltura en el campo del conocimiento teórico, pero nunca se aparta de la vida humana. Establece un lazo entre generaciones que viven separadas en el tiempo, por eso ella es una obra del presente que aspira construir un futuro.

Busca en los misterios de la antigüedad respuestas para el pensamiento masónico del hoy porque sabe y lo compartimos, que hay una línea de continuidad en la vida de la Masonería. Utiliza para descubrir esa historia las mas modernas técnicas del conocimiento, del razonar del hombre, construyendo una fina elaboración filosófica donde no le son ajenos el conocimiento lógico y la metafísica.

Por ello recorre en este libro el largo camino desde las nociones básicas del esoterismo hasta concluir en una “conceptualización de un esoterismo masónico que pretende ser propio y distintivo de nuestra Orden.”

Dicen y cierto es que por el sólo hecho de vivir los Maestros masones debemos en nuestro camino iniciático ir levantando la punta de pequeños velos que llevan a los HH .·. a su destino final, la unión con el Gran Arquitecto del Universo.

Pero no hay mejores palabras que las expresadas por el Resp .·. H.·. Corvalán para finalizar este prólogo:

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“Nuestra mayor satisfacción será que esta modesta obra sirva de incentivo a nuestros hermanos masones para emprender la búsqueda necesaria que permita conformar un verdadero esoterismo masónico libre de supersticiones y falsos iluminismos, guiados por un objetivo común: La fraternidad que hace posible la Unidad en la Diversidad.”

Todos los HH .·. tienen esa tarea y sienten esa necesidad pero no todos saben señalar el camino y sienten la necesidad fraternal de hacerlo saber y compartirlo como lo hace el Resp.·. H.·. Alfredo Covalán.

Por todo ello, en nombre de la Gran Logia de la Masonería del Uruguay nuestro reconocimiento.

Oriente de Montevideo. Año 2009 E.·. V.·.

Jorge Walter Caillabet Venerable Gran Maestro

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Índice

Introducción……… Primera Parte………. I. Esoterismo: Significados y Orígenes de la Palabra…….. En Occidente………. En Oriente………. II. Esoterismo: Historia……… III. Esoterismo: Fuentes y Clasificaciones………. IV. El Tríptico del Esoterismo……… La Forma……….. El Fondo……….. La oposición esotérico – exotérico…………

Lo sutil……… Analogías y correspondencias……….. La Hermenéutica……… La Iniciación……….. La sintonía……….. La reversión……… El sentido……… Segunda Parte

V. Contenido esotérico de la Masonería

Introducción……….. Masonería operativa medieval………..

Transición de la Masonería operativa a la especulativa… Los comienzos del período de la Gran Logia………..

La Masonería en busca de su significado………..

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VII. Esoterismo Masónico……… IX. Conclusiones……… Bibliografía ………

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Introducción:

La idea de esoterismo por su propia naturaleza provoca la controversia, la polémica, no solo sobre sus temas, su historia y sus métodos sino sobre su ser mismo, sobre su realidad y su sentido. La significación precisa de la cuestión previa no es “cual es el sentido del esoterismo y su valor” sino: “¿tiene un sentido el esoterismo?”. Hay quienes lo admiten y quienes lo rechazan. Para algunos la noción de esoterismo es válida; para otros – los racionalistas - inadmisible. Para unos es un concepto de trascendencia, para otros una mistificación. Para algunos hacer esoterismo es hacer metafísica, para otros es fabricar mistificaciones. Para algunos el esoterismo está más allá de la filosofía, para otros más acá.

Cuando relacionamos el esoterismo con la Masonería estas controversias no se morigeran sino que por el contrario se potencian. La mayoría de las veces porque se carece de la información y formación necesarias para comprender y aprehender las enseñanzas iniciáticas. Otros veces porque se cree que en la razón se agota las posibilidades del hombre para conocer y comprender las cosas de la materia y del espíritu.

Pretendemos en esta breve obra aportar el material necesario para una mejor comprensión del esoterismo en general y en particular del esoterismo masónico. Para ello abordaremos, en la primera parte de la obra, temas como el significado y concepto del esoterismo, su historia, fuentes y clasificaciones, la forma, el fondo y el sentido del esoterismo. En la segunda parte nos ocuparemos del contenido esotérico de la Masonería a través de su historia, la Masonería Iniciática y del Esoterismo Masónico.

Esoterismo: Significados y Orígenes de la Palabra

Según el Diccionario de la Lengua Española editado por la Real Academia Española, el esoterismo se define por su cualidad de esotérico, dando a este adjetivo los siguientes significados:

1) Oculto, reservado

2) Dicho de una cosa: Que es impenetrable o de difícil acceso para la mente

3) Se dice de la doctrina que los filósofos de la Antigüedad no comunicaban sino a corto números de discípulos y

4) Dicho de una doctrina: Que se trasmite oralmente a los iniciados. (1)

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El diccionario esotérico Zaniah expresa que éste vocablo procede del griego “eiso – theo” que significa “yo hago entrar”, es decir darle paso al conocimiento de una verdad oculta. El mismo diccionario califica al esoterismo como “la síntesis de la divina sabiduría, la verdad, la eterna realidad de las cosas”. (2)

De la etimología de la palabra “esoterismo” surgieron una serie de características comunes en las definiciones:

1º) Eso significa “adentro”: el esoterismo es, pues, la ciencia de lo interior, de lo oculto, de lo íntimo, de las cualidades ocultas y de los conocimientos reservados.

2º) Ter marca una oposición: el esoterismo es una disciplina que separa a los hombres en dos partes: Los que poseen la gnosis, el conocimiento (iniciados) y los que no la poseen (profanos). Pero no cualquier conocimiento sino aquel que permite develar el misterio divino.

3º) Las palabras terminadas en “ismo” designan doctrinas por lo tanto el esoterismo es una teoría. Una teoría avalada por la experiencia humana.

Estas trivialidades, comunes en la mayoría de los diccionarios, no nos dan una idea correcta del esoterismo en todas sus dimensiones.

Los orígenes de la palabra en Occidente

Aristóteles (384 – 322 a. C.) representa una cumbre de la filosofía occidental. Su pensamiento dominó el pensamiento occidental y árabe durante siglos. Fue el más brillante de los alumnos de Platón. Se ha dicho y repetido que el adjetivo “esotérico” aparece con él por primera vez en su obra “La política”, también en su “Metafísica” y en la “Ética a Nicómano”. Pero esta posición es seriamente cuestionada por quienes sostienen que el esoterismo no le debe a Aristóteles nada más que un antónimo: “exotérico”.

Ahora bien “esotérico” aplicado a Aristóteles, designa sus obras filosóficas, publicadas póstumamente, y que fueron sus cursos, en oposición a sus diálogos de juventud a los que Aristóteles llama “discursos exotéricos”, y que publicó él mismo, pero que hoy están perdidos por completo. Por extensión, en las escuelas filosóficas de la Grecia antigua se llama “esotérica” a la enseñanza impartida a un auditorio de conocimientos avanzados.

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Esotérico quiere decir aquí “reservado”. Es por ello que los diccionarios consideran “esotérico” algo “comunicado solamente a los adeptos conocidos y escogidos (iniciados)”.

Fue en realidad Clemente de Alejandría, un pagano estoico convertido al cristianismo, nacido en Atenas hacia el año 150 d. C., con quien aparece por primera vez el sentido “oculto” de lo esotérico. El texto data de alrededor del año 208 d. C. y figura en “Los estrómatas” y dice “y los aristotélicos decían también que entre sus obras unas son esotéricas y otras comunes y exotéricas”. Clemente expresaba: “el conocimiento no está al alcance de todos, pues escribir para las masas es como tocarle la lira a un asno”.

Gracias a Clemente de Alejandría se encuentra planteada la opción “esotérico” – “exotérico”. Para la acepción profana es esotérico lo que es difícil de comprender sin formación previa, la palabra limitada en cuanto a su auditorio. Aquí esotérico es lo que es incomprensible para quien no tenga una clave explicativa o la educación requerida. Por otra parte, la acepción sagrada insiste en lo oculto. Es esotérico el ser, la obra, que es hermética en la forma y gnóstica en el fondo.

En Oriente

En la India, entre los hinduistas, se observa la identificación del esoterismo con el conocimiento. Hablan de “veda” (ciencia, saber), y “vidya “(sabiduría); estas dos palabras tienen la misma raíz “vid” (conocer, ver), que recuerda al latín “videre” (ver). Otra raíz es “jña” (conocer, saber), de la cual se deriva “ñana” (gnosis) y “prajña” (sapiencia). Estas palabras abundan en los textos indios. La tradición india admite generalmente la fecha de 1.600 a. C. para la constitución del vedismo primitivo, con los “veda”. Al parecer el hinduismo bramando, que comienza con los “brahamana” data del siglo VII a. C., y el hinduismo clásico, con el “ramayana”, del siglo III a. C. ; el hinduismo tantrista aparece mucho más tarde, en el año 424 d. C.

Los hinduistas y los budistas utilizan en común la palabra “tantra”, que designa libros esotéricos o una doctrina esotérica. La raíz “tan”, “ta”, significa “tender, extender”.

En cuanto al antiguo Egipto, que se desarrolla durante largos siglos, va desde el rey del sur, Menes, (3315 a. C.) hasta la arabización en el 642 d. C., las enseñanzas de los “misterios” se impartían en

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centros iniciáticos entre los cuales los más conocidos son “Heliópolis” de Egipto (en 2680 a. C.), “Hermópolis”, “Menfis” (2490 a. C.) y, finalmente, Tebas. Con Amenofis IV – Akhenetón (1366 a. C.) tuvo lugar una reforma importante y esotérica de la religión egipcia.

Esoterismo: Historia

Como hemos visto, en Occidente la palabra “esoterismo” nos hace remontarnos hasta Aristóteles y a Clemente de Alejandría. No obstante, la idea de esoterismo, podría remontarse al legendario Orfeo (aprox. 1450 a.C.). Pero queda por determinar dónde comenzaría el esoterismo en el tiempo, y si esta pregunta es pertinente. Se trata de saber cuales son, cronológicamente, los primeros elementos sobre los cuales puede basarse el investigador. Los primeros objetos que interesan al esoterólogo parecen ser bastones de mando, hechos de asta de reno perforadas, a veces grabados o pintados, que aparecen desde el 28.000, hasta fines del Paleolítico superior (período que va desde 33.000 a.C. al 9.000 a. C.). Objetos que generan varias preguntas ¿Servían como brazo de

palanca? ¿Eran símbolos sexuales, objetos totémicos o insignias de mando? ¿O quizá se trata de palillos de tambor ligados al chamanismo?

Las primeras representaciones de hombres relacionados con la esoterología parecen remontarse a lo que los estudiosos de la prehistoria llaman los “brujos”, hombres con cuernos, cuyo primer ejemplar se encuentra en la gruta de Lascaux (Francia), cuya fecha se estima en 15.500 a. C. Existen otros elementos que también pueden tener un sentido esotérico. Las huellas de pasos de adolescentes que danzan, en la gruta del Tuc- d’Audoubert (Ariege – Francia), parecen indicar ritos iniciáticos. Hay ciertas representaciones astrológicas, por ejemplo la constelación de las Pléyades se simbolizan en Lascaux, la Venus de Laussel (Roc de Sers – Francia) que presenta un creciente lunar con catorce estrías, lo que señala una analogía entre el ciclo lunar y el ciclo femenino. El erudito escritor Mircea Eliade se inclina por una estructura “chamánica” de la “religión” prehistórica desde el 30.000 a.C. (3) El tema del comienzo del esoterismo parece insoluble porque no hay un origen claro, un nacimiento fechado.

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Ello es consecuencia de que los elementos prehistóricos encontrados siguen siendo enigmáticos.

Otro tanto ocurre con la evolución del esoterismo: ¿Hay progreso con el paso de los siglos? ¿Se han acumulado o perfeccionado los conocimientos?

Para importantes autores, el esoterismo se manifiesta como una estructura antropológica y, al parecer, ésta sería una fórmula alternativa a la de la Tradición Primordial que presupone la existencia de una correspondencia demasiada forzada entre los diversos esoterismos y remite a orígenes bastantes oscuros como la Atlántida o la Revelación.

Cuando decimos que el esoterismo es una estructura antropomórfica queremos decir que es parte del ser, que lo encontramos en todas las sociedades, en todas las edades, en diversos niveles, más o menos oculto pero siempre presente. Donde hay hombres hay esoterismo porque el enigma es y constituye la materia del hombre. Un esoterista iría más lejos en esta hipótesis sosteniendo que el microcosmo, el hombre, y el macrocosmo, es decir el mundo, se corresponden. Dado que el mundo está oculto y que el hombre es misterioso, un mismo esoterismo los atraviesa. El alma del hombre sediento de conocimientos y el alma de mundo que se ha vuelto conciente por la actividad mental del hombre se responden y se hacen eco.

El esoterismo no proviene exactamente de un tratamiento histórico. Cierto que hay una tradición, que hay tradiciones y que hay una historia e historias del esoterismo, pero el esoterismo nace de una renovación. Es preciso un retorno a las fuentes. El esoterismo es a la vez siempre antiguo y siempre nuevo. Él mismo se rehace, como el ave Fénix.

La tradición de maestro a discípulo es un signo claro de ello, pues, el discípulo está históricamente después del maestro (aquí el historiador tiene razón) y el discípulo recupera la tradición del maestro (ahora es el tradicionalista quien tiene razón), pero lo más importante es que el discípulo se convierte en maestro y vuelve a dar vida a técnicas espirituales y a conocimientos místicos.

El esoterismo tiene como meta la regeneración del hombre y él mismo es regeneración.

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Esoterismo: Fuentes y Clasificaciones

Hay dos enfoques que nos dan una idea de lo complejo y difícil que es abordar el tema del esoterismo desde una perspectiva que pretendemos que sea objetiva e integral y no mera charlatanería. Ello son las fuentes y las clasificaciones del esoterismo. En otros términos: antes de hablar de esoterismo es preciso conocer los esoterismos. Debemos hacer constar la multiplicidad, de hecho, antes de pensar en su eventual unidad de derecho. Desde un punto de vista histórico, ningún estudio general del esoterismo podría tener un fundamento si no hay información previa de las corrientes, las escuelas, los hombres y las obras. Se trata, pues, de situar y luego de clasificar los diversos esoterismos de épocas diferentes, diversos lugares y distintas culturas.

Algunos autores, con un enfoque parcial que pretenden presentar como total, califican al esoterismo de teosofía (sabiduría de Dios) partiendo tan sólo de la consideración del esoterismo cristiano, mientras otros, que sólo conocen a los francmasones, toman un rasgo particular por una característica general.

Se trata de buscar fuentes completas y no parciales. Existen dos tipos de fuentes en lo que respecta al esoterismo: por una parte las fuentes mediatas y las informaciones indirectas, es decir, los testimonios esoterológicos que pueden ser estudiados y, por otra, las fuentes directas, las informaciones inmediatas, es decir, los documentos esotéricos que se presentan como obras de esoterismo o como estudios del esoterismo.

Encontramos excelentes indicaciones sobre los esoterismos y los esoteristas en las historias de las religiones, en las historias de la filosofía, en las etnologías (ciencia que estudia las causas y razones de las costumbres y tradiciones de los pueblos) regionales y en las historias de las ideologías, pero el tema de estos estudios es considerablemente distinto del esoterismo, incluso a veces no se señala siquiera el aspecto esotérico.

Los especialistas en historia religiosa, filosófica e ideológica se inclinan por plantear primero otra categoría mental, es decir, lo sagrado en religión, la razón en filosofía, las funciones en las ideologías y los modelos en etnología.

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Los esoterólogos recopilan también numerosas informaciones para sus investigaciones en la historia de la ciencia, del arte y de la literatura. En este caso las informaciones son más difíciles de extraer. En este campo, pero más en las artes que en la literatura, se plantea el problema del metalenguaje (lenguaje que se usa para hablar del lenguaje). Un cuadro no se expresa en palabras ni en conceptos sino con líneas y colores.

Es arriesgado pasar de un lenguaje (el de las formas que es el arte) a otro (el de las palabras que es discurso), y en el campo de la palabra no se puede traducir un poema como un sermón. Se produce una ruptura entre la obra misma y su autor o su contexto. En la medida que no exista hasta la fecha una historia del esoterismo que sea a la vez completa y sólida, es decir, que abarque todas las culturas y se apoye en documentos, no disponemos de una relación detallada de los diversos esoterismos. Los esoterismos no están inventariados ni clasificados; por el contrario, abundan los libros sobre las filosofías, las religiones, las ciencias, las artes, las técnicas y sobre sus teorías, escuelas, cronologías y producción. (4)

Se han distinguido, al menos, nueve macroesoterismos: el prehistórico, el “primitivo”, el de las primeras civilizaciones, el de las civilizaciones avanzadas, el de las civilizaciones antiguas, el europeo, el abrahámico, el indoiraní y el del Extremo Oriente y de Asia septentrional.

Estas divisiones corresponden en general a las ciencias en que se basan: la prehistoria, la etnología, el orientalismo, la historia y la arqueología.

Por otro lado, tenemos los llamados esoterismos morfológicos teniendo en cuenta las formas de los mismos, a saber: las artes y las ciencias ocultas y las disciplinas tradicionales.

Por último tenemos los esoterismos estructurales, los que rebasan el marco temporal y espacial de los esoterismos históricos o el marco metódico de los esoterismos morfológicos, pues presentan un mismo sistema de experiencias, ritos e ideas.

Como ejemplos de esoterismos estructurales podemos citar el chamanismo que comprende al conjunto de creencias y prácticas referentes a los chamanes (chamán: hechicero al que se supone

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dotado de poderes sobrenaturales para sanar a los enfermos, adivinar e invocar a los espíritus), los Misterios, el extatismo (de extático: el que está en éxtasis o lo tiene con frecuencia. Éxtasis: estado del alma caracterizado por cierta unión mística con Dios mediante la contemplación y el amor, y por la suspensión del ejercicio de los sentidos) y la iniciación guerrera.

Cuando se habla de esoterismo, generalmente se piensa en las artes y las ciencias ocultas.

El esoterismo como actividad produce lo que se llaman las disciplinas tradicionales. Todo el mundo ha oído hablar de magia, astrología, alquimia, cábala y teosofía. No obstante, reina confusión en este campo.

Trataremos de establecer algunas constantes para aclarar el panorama.

La primera constante en este campo es que un gran número de autores establece una trilogía compuesta por la alquimia, la astrología y la magia. Muchas veces se coloca esta trilogía bajo el signo de Hermes Trismegisto, Hermes el tres veces muy grande, aun si no hay ninguna relación entre estas triplicidades. La alquimia, la astrología y la magia son las tres grandes artes ocultas en la Grecia helenística (de helenismo: Período de la cultura griega que va desde Alejandro Magno hasta Augusto, y se caracteriza sobre todo por la absorción de elementos de las culturas de Asia Menor y de Egipto), en la Europa medieval y en el Islam clásico.

La segunda constante en las clasificaciones es la distinción entre las artes y las ciencias ocultas. En todas partes se ha difundido la idea de que las disciplinas se dividen en prácticas y teóricas. Estas prácticas se basan en teorías, y estas teorías desembocan en prácticas, pero a veces prevalece la práctica y a veces la teoría. La alquimia, la astrología y la magia se ponen del lado de las artes y se insiste en el trabajo concreto y la verificación. La hermenéutica se pone del lado de las ciencias y se insiste en la elaboración especulativa.

Por ejemplo, desde el siglo XIV la cábala se divide en dos orientaciones, sin duda complementarias: la cábala práctica, que se interesa en la utilización mágica de los nombres divinos y de los

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ángeles, en la idea de golem (ser animado a partir de materia inerte, según el folklore judío), la alquimia, la astrología, la fisiognomía (estudio de las características faciales), la quiromancia (adivinación a través del estudio de las líneas de la mano) y la cábala especulativa que se centra en la meditación de los nombres de Dios.

La tercera constante es que los esoteristas prefieren la organización de disciplinas en lugar de la clasificación lógica de las ciencias. Así, por ejemplo, en lugar de hablar de astronomía, matemáticas, etc., como el exoterista, el esoterista va a decir ciencia de los astros, ciencia de los números, etc.

Y estos astros y estos números se corresponden, remiten al Todo, como tantos puntos de vista. Las ciencias (en el sentido de conocimientos) más importantes, y que además se superponen en parte, son las ciencias de las letras, la ciencia de los nombres, la ciencia de los números y la ciencia de los ciclos.

La ciencia de los números se remonta al periodo sumerio, por lo tanto hacia el 2600 a.C.: los sabios reemplazan entonces los nombres de los dioses por números. Anu se convierte en 60 ó 3600, símbolos de la unidad y del Todo, y Nanna equivale a 30, el número de la Luna. Se establece una identidad simbólica entre este nombre y el número, el ser está cifrado, y se dan unas correspondencias entre nombre, número, color, astro, letra, etc. La ciencia de los números cubre vastos campos, como la simbología de los números y la aritmancia (numerología) que trata sobre las propiedades mágicas de los números (Ej: el uso de nombres y números para hablar acerca del carácter y el futuro o destino de una persona). Lo esencial consiste en ver que el número no es un instrumento de cálculo práctico o una convención matemática abstracta, sino una clave, que es a la vez estructura y ritmo de lo real.

La ciencia de los nombres se remonta tanto al Egipto de los faraones como a la Mesopotamia. (5) La doctrina básica afirma lo siguiente: una cosa sin nombre es una cosa sin existencia; cada ser, cada acontecimiento, cada estado y cada grado posee un nombre que le es propio como individuo o miembro de su especie; el nombre es la cosa, nombrarla equivale a conocerla; el nombre supone el sonido y hay identidad simbólica entre cosa, sonido y nombre; si se produce el nombre o el sonido se actúa sobre la cosa.

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La ciencia de los sonidos está ligada a la ciencia de los nombre, pero también a la música. Hay que pensar sobre todo en los encantamientos, las fórmulas y los gritos.

La ciencia de las letras es antes que nada el conocimiento ligado a las escrituras comprendidas como elementos cósmicos y energías significantes. Abarca el simbolismo de las letras, los escritos y la hermenéutica (arte de interpretar textos y especialmente el de interpretar los textos sagrados).

La ciencia de los ciclos se basa en la ciencia de los números, la historia y la cosmología (Parte de la astronomía que trata de las leyes generales, del origen y de la evolución del universo. También significa: Conocimiento filosófico de las leyes generales que rigen el mundo físico). Aparece por primera vez de manera sistemática en Egipto en el año 2780 a. C., y en Mesopotamia en 2100 a. C. Estos ciclos involucran las eras del mundo, las eras de la humanidad y el calendario.

La ciencia de los movimientos la definió Platón cuando habla de “dos ciencias hermanas de alguna manera, como dicen los pitagóricos” (6), que son la astronomía y la armónica (relativo a la armonía: Conveniente proporción y correspondencia de unas cosas con otras).

La manera de concebir la relación de estas “ciencias” varía de acuerdo con las escuelas. El Libro de la Sabiduría, atribuido por la tradición al Rey Salomón, relaciona números, pesos y medidas. Los cabalistas unen parejas de letras, figuras y número (Porfidio en Vida de Pitágoras). En sus enseñanzas secretas Platón buscaba las combinaciones entre ideas, número y figuras.

Cuando se habla de esoterismo pensamos la mayoría del tiempo en una enseñanza oral o escrita de orden espiritual, en una doctrina bastante compleja y en un cuerpo de ideas que descansan en un secreto. Se trata aquí del esoterismo metafísico.

Por otra parte, si pensamos en otras manifestaciones del esoterismo vemos fácilmente que a los esoteristas “clásicos” (metafísicos) les desagradan otro tipo de esoteristas a los que suelen llamar “descarriados”. Estos últimos cantan, bailan y se regocijan. Se trata del esoterismo extático.

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En cambio, el esoterismo metafísico admite como complementario al esoterismo, ya no del verbo o de lo escrito, sino del instrumento, ni tampoco de la espiritualización sino de la materialización. El esoterismo operativo va a la par con el esoterismo especulativo, metafísico. Estos tres tipos ideales (es decir modelos de esoterismo construidos a partir de la observación) son fácilmente identificables y con frecuencia se identifican. Por ejemplo, el esoterismo masónico es a la vez operativo (constructivo) y especulativo (metafísico).

Haremos algunas reflexiones sobre estos distintos tipos de esoterismo ideales.

El esoterismo metafísico se podría llamar también doctrinal, filosófico, especulativo o teorético. Cree esencialmente en el conocimiento y pone el acento en ideas. Aquí el camino es la gnosis. Se hace referencia a las antiguas doctrinas, a una continuidad, a una tradición de sabios o a la conservación de una revelación. Recuerdos, citas, a veces ritos y objetos dan fe de filiación.

Para el esoterismo metafísico la verdadera realidad supone un acto de trascendencia por medio del cual el hombre pasa de lo sensible a lo inteligible, de lo relativo a lo absoluto, de lo físico a lo divino y de la multiplicidad manifiesta a la unidad oculta. No hay dos mundos, pero el trabajo del esoterismo metafísico consiste sobre todo en buscar los medios de acceso del nivel tierra al nivel cielo.

Es importantísimo aclarar, que el esoterismo metafísico no se agota en la mera especulación, sino que por el contrario se dedica a realizaciones concretas, en el nivel político, artístico, social u otro, como realizaciones para la concreción de un ideal o medios de acceso a este ideal.

El esotérico metafísico no piensa como un lógico. Utiliza sobre todo las analogías y se apoya en sus experiencias espirituales: se sirve de una hermenéutica compleja.

Sus principales métodos privilegian la meditación y la contemplación (activa), el examen de conciencia y el sentido escrutador (observar los símbolos, leer las analogías).

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A partir de ahí, vemos dos direcciones que puede tomar el esoterismo metafísico: la contemplación o la organización, pero a menudo las dos van a la par. La primera tendencia busca más el contacto con el mundo espiritual que con el mundo humano, mientras que el objetivo de la segunda es sobre todo reorganizar la sociedad, crear escuelas, disciplinas y modificar las mentalidades. Es evidente que la tradición pitagórica-platónica proviene del esoterismo metafísico. Es cierto que los pitagóricos y los platónicos tuvieron una acción política (Pitágoras con su escuela y Platón con su Academia), pero en sus actividades exteriores buscaron sobre todo las aplicaciones y las verificaciones. Pusieron esencialmente la atención en las ideas, las figuras y los números. Platón es más contemplativo y Pitágoras más organizador.

La alegoría (ficción en virtud de la cual algo representa o significa otra cosa diferente) es metafísica y expone una concepción intelectual. La idea (convicciones, creencias, opiniones) es más importante que la imagen (figura, representación, semejanza y apariencia de algo).Platón recurrió a la alegoría, como Pitágoras a la figuración y a la simbología.

Por otra parte tenemos el esoterismo extático (del que está en éxtasis, o lo tiene con frecuencia o habitualmente) que provoca estados de conciencia intensos, breves y fuerte. Importa la exaltación y se busca el entusiasmo, la presencia embriagante de la divinidad. Si se intelectualiza, este esoterismo se expresa en enigmas, paradojas, y apotegmas (dicho breve y sentencioso). Recurre a la música rítmica, a los tamboriles, las danzas, las carreras, incluso a la droga. Arrastra a la muchedumbre, es comunicativo. La posesión (apoderamiento del espíritu del hombre por otro espíritu que obra en él como agente interno y unido con él) desempeña un gran papel e interviene el mediumnismo (de médium: Persona a la que se considera dotada de facultades paranormales que le permiten actuar de mediadora en la consecución de fenómenos parapsicológicos o de hipotéticas comunicaciones con los espíritus). El iniciado ya no es él mismo, sino que se deja llevar por la manía (aficción apasionada) y arrastra a los demás.

En el esoterismo extático se busca el contacto con la naturaleza, sobre todo con la naturaleza salvaje.

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Existe gran parecido con los animales. La sangre y el alimento intervienen con fuerza. El hombre vive su cuerpo con plenitud, él es el cuerpo.

El esoterismo extático puede ser un fenómeno de grupo o un modo de vida individual, aunque el individuo busque comunicar su entusiasmo y que el grupo viva intensamente en cada uno.

Semejante esoterismo se aviene poco a las sociedades occidentales actuales. Se puede pensar que en los tiempos prehistóricos fue el primero, al menos en importancia. En las grutas paleolíticas se observan rastros de danzas de adolescentes y grabados de osos cubiertos por circulitos y traspasados por flechas.

Otro tipo ideal de esoterismo sería el conocido como esoterismo operativo, también llamado esoterismo de obra. La idea de operación no se limita a un objeto concreto y útil. No hay una aplicación ni una consecuencia material sino una elaboración. Esta actividad es realización. A diferencia de las actividades exotéricas que son de invención, la actividad esotérica es de maduración. El esoterismo operativo parte de la idea de que hay que mejorar el mundo, perfeccionar el hombre y alcanzar la perfección. Hay, pues, al mismo tiempo, realismo e idealismo. Así el esoterismo operativo desemboca en realizaciones que son el esoterismo mismo: obras de arte, artes marciales, instituciones sociales, logros físicos, creaciones artesanales, etc.

El esoterismo operativo presenta dos tendencias: una centrífuga y la otra centrípeta. La primera actúa sobre el exterior: es el obrero que actúa sobre la materia; la segunda actúa sobre interior: es el iniciado que actúa sobre su mente. Estas tendencias son complementarias.

La Francmasonería operativa (de oficio) agrupaba a albañiles, canteros, yeseros y también a arquitectos, edificadores y constructores. Por una parte, en las obras utilizaban herramientas, (martillo, escuadra, compás, plomada, llana y raspador), trabajaban la piedra y practicaban la geometría y, por otra parte, en las logias hacían invocaciones, aprendían palabras y signos.

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La alquimia operativa se plantea metas concretas: hacer preparaciones médicas o químicas, obtener oro o plata, adquirir conocimientos sobre la naturaleza; para hacer esto utilizaban medios concretos tales como procedimientos experimentales, un material técnico, un agente (fuego) y un metal preciso (aunque impreciso para los no alquimistas). Poco importa si el alquimista trabaja sobre la materia exterior o sobre el espíritu, pues hay siempre correspondencia.

El tríptico del esoterismo

Para el esoterólogo (investigador) el esoterismo se presenta como un tríptico del que vemos dos partes: el hermetismo (lenguaje cerrado) y la gnosis (conocimiento regenerador). Pero detrás de la forma (el hermetismo) y el fondo (gnosis), está lo esencial, el “sentido” del esoterismo, su espíritu, lo que le da valor y vida.

La forma del esoterismo

Decir esoterismo es decir disciplina del arcano (misterio, cosa oculta y muy difícil de conocer). En efecto, el criterio del esoterismo que se conserva en general, la característica más visible, la afirmación que repiten más a menudo los esoteristas es el culto del secreto. De ahí el hecho que la voluntad de conocimiento del esoterólogo (investigador del esoterismo) se tope de inmediato con la voluntad de secreto del esoterista (cultivador del esoterismo)

Por lo tanto, el primer paso es hacia atrás: el que empieza a entender el esoterismo, comienza a comprender que no comprende, que no va a comprender, al menos por mucho tiempo.

¿Cómo se define la disciplina del arcano? Conocemos múltiples formulaciones. En el occidente cristiano se conserva la imagen evangélica: “no echéis vuestras perlas a los cerdos”; por otro lado se cita el famoso verso de Pitágoras que figura en su “discurso sagrado”: “contaré para los iniciados: profanos, cerrad las puertas”, y así pensamos en los templos masónicos a cubierto de los profanos, en los rituales escritos bajo el velo de los símbolos, en las palabras de pase, en las palabras sagradas.

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guardar en secreto una enseñanza o una práctica esotérica.

Esta disciplina es natural en el esoterismo (aparece espontáneamente en todos los que se ocupan de la gnosis). Y si es natural en el esoterismo, se debe a que éste cree basarse en la naturaleza. A su modo de ver, la naturaleza es esotérica y la imita. Sé que esto parece extraño pero no lo es en absoluto.

El místico y el religioso se apartan de la naturaleza, pero no el esoterista; para él la naturaleza es el cuerpo divino, es un libro escrito en símbolos. Los esoteristas dicen explícitamente que la naturaleza del arcano se basa en la naturaleza.

La declaración regresa a ellos como un refrán. Es más fácil comprender que la disciplina del arcano es fundamentalmente simbólica si consideramos que un símbolo se define como una correspondencia natural de significante a significado, como un lazo entre una realidad de la naturaleza como el sol y una verdad del espíritu como lo divino.

Pero no se trata de una especie de naturalismo, sino que cuando se dice que el esoterismo “imita” a la naturaleza se trata de una puesta en correspondencia efectiva y una obra de analogía. Después veremos de que se trata cuando hablemos de correspondencias y analogías.

Por ello es muy importante saber que lógica debe adoptar el esoterólogo para analizar un tema esotérico. Obviamente debe adoptar una lógica de la misma naturaleza porque la lógica exotérica se basa en la oposición entre el objeto y el sujeto, en tanto que la lógica esotérica se basa en la homología del hombre y el mundo. La lógica exotérica considera al hombre un extraño en el mundo y el saber como una construcción intelectual y cerebral adquirida con grandes esfuerzos en el curso de la historia; por su parte la lógica esotérica estima que “lo semejante conoce lo semejante” y que “lo contrario conoce lo contrario”, pues “todo está en todo”, “el microcosmo resume al macrocosmo”. La lógica esotérica utiliza un lenguaje simbólico que establece relaciones no convencionales entre el significante y el significado.

El fondo del esoterismo

Como antes dijimos, el esoterismo presenta dos aspectos, la forma esotérica que es el hermetismo, organizado en disciplina del arcano y, por la otra, el fondo esotérico que es la gnosis.

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Ante todo no debemos perder de vista que en el esoterismo no se oponen la forma y el fondo sino que, por el contrario - y esto distingue al esoterismo de la religión que opone la letra al espíritu - el fondo y la forma son inseparables; el hermetismo supone la gnosis (el conocimiento) y la gnosis conlleva el hermetismo, pues la ocultación es en sí misma un conocimiento y no sólo un manto que sé echa sobre el tesoro, una válvula que esconde la luz.

La pregunta es ¿qué es la gnosis? No hablaremos de ninguna gnosis en particular (esoterismo budista, chino, cabala hebrea, cabala cristiana, sufismo, gnosticismo, etc.) sino del concepto abstracto, en general.

Entonces la pregunta es: ¿cuáles son los componentes de la gnosis? No se trata de descubrir pensamientos sino invariantes, constantes, ideas esotéricas comunes a todos los esoterismos debido a su abstracción.

No me será posible referirme a todas ellas, sólo me referiré, brevemente, a las más significativas: la oposición esotérico - exotérico, lo sutil, analogías y correspondencias, las ciencias ocultas y la iniciación.

La oposición esotérico - exotérico

Los textos esotéricos anuncian firmemente que la gente de adentro no es de afuera. La disciplina del arcano supone esta afirmación: “voy a cantar para los iniciados: profanos cerrad las puertas”. Existen, pues, por un lado los iniciados y por otro los profanos. Los primeros tienen derecho a entrar y los segundos el deber de salir. El sabio y el ignorante no podrían colocarse en un mismo rango, como tampoco la piedra preciosa y la piedra común pueden estar en un mismo lugar.

La pregunta surge de por sí: ¿qué hace un iniciado? El iniciado es el que tiene el conocimiento, está en posesión de gnosis.

Ahora bien, si la separación entre iniciados y profanos fuera clara, no existiría ningún iniciado, puesto que no sería posible la iniciación, ya que nadie podría ponerse en contacto con un iniciado para convertirse también en iniciado. Entonces ¿a qué corresponde, pues, la dicotomía iniciado - profano? Tiene una connotación simbólica. La separación de la humanidad en dos grupos corresponde a la

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distinción de dos mundos, el inteligible y el sensible.

La oposición mundo de la luz versus mundo de las tinieblas. Esta oposición es el signo de una metafísica; pero también la marca de una ética: distinguir a iniciados de profanos es exigir una elección, empujar a que determine su voz: “Dios o el demonio”, “la luz o las tinieblas”.

Como diríamos en términos masónicos: elegir entre el camino a oriente, el mundo de la luz o el camino a occidente, el mundo de las tinieblas.

Se podría decir que la distinción entre esoteristas y exoteristas es la parte exotérica del esoterismo. Es el anuncio de “los de adentro” a “los de afuera”, un mensaje metafísico y precepto iniciático: “escoged el espíritu”.

Si no se subrayara esto no se comprendería por qué los esoteristas hablan, escriben y construyen tanto. En un último análisis, la ambición del iniciado es suprimir a los profanos, pero para convertirlos en iniciados

Lo sutil

Se trata de un tema particularmente difícil, tal vez imposible de tratar. El esoterista cree en lo sutil. ¿Pero qué es lo sutil?. Para el esoterista lo sutil es el tejido mismo del ser. Para el esoterista el ser en su sustancia participa de lo material y de lo espiritual, y sólo participa de ello, pues no es verdaderamente material ni espiritual y, sobre todo, no es enteramente uno u otro, ni siquiera uno y otro. Lo sutil no es lo tenue, como un fluido o un vapor. Su estatuto ontológico es el de unión de los complementarios (materia – espíritu) y participación (puesta de correspondencia de todo con el todo); estos dos principios son uno en la medida en que las cosas participan en contrarios. Lo sutil es corporeidad y se fundamenta metafísicamente y se descubre metodológicamente por lo que se llama “doctrina de las correspondencias”.

Desde un punto de vista fenomenológico, lo sutil se vive como un mundo lleno de sentido con centros particularmente significativos.

Analogías y correspondencias

¿De cuándo puede datar la doctrina de las analogías y las correspondencias? Se pueden encontrar indicios en el arte prehistórico. La Venus de Lausset data de alrededor de 20. 000 años a. C. En cuarenta y cuatro centímetros de altura se ve una

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mujer, de acentuadas formas femeninas, que lleva en una mano una luna en creciente con catorce estrías; por lo tanto, se indica figurativamente una analogía entre el ciclo de la luna y el de la mujer. Se establece una relación significativa entre la fecundidad de la mujer y la fertilidad de la luna, una duración humana y un tiempo celeste.

Se podrían encontrar otras analogías en los ritos prehistóricos, funerarios o iniciáticos.

En Platón la analogía tiene diversas funciones: permite superar los límites de la experiencia y representa lo inmaterial (el alma, las ideas, los dioses), unifica lo múltiple, identifica lo diverso y descubre lo desconocido.

La doctrina de las analogías y las correspondencias existe en todas partes y en todos los esoterismos.

Son correspondencias simbólicas y/o reales entre todas las partes del universo visible o invisibles (“lo que está arriba es como lo que está abajo; lo que está abajo es como lo que está arriba...”). Aquí descubrimos la antigua idea del microcosmo (el hombre) y el macrocosmo (el universo). Se considera que estas correspondencias están más o menos veladas a primera vista, y deben por consiguiente ser leídas o descifradas. El universo entero es un gran teatro de espejos, un conjunto de jeroglíficos para descifrar; todo es signo, todo encubre y manifiesta el misterio.

La Hermenéutica

No hay un esoterismo que no haya recurrido a las ciencias ocultas. El cabalista se interesa en la ciencia de las letras; el pitagórico en las de los números; el yogui del mantra yoga, en la ciencia de los sonidos; el universista en la ciencia del calendario, etc.

Pero hay una ciencia, las más oculta de todas, que puede contener por sí sola al esoterismo. Se trata de la hermenéutica. Para el esoterólogo esta ciencia tiene la ventaja sobre las demás ciencias ocultas de adoptar la forma de textos, y por lo tanto de documentos.

Los esoteristas consideran que los sabios (teólogos, filósofos y científicos) hacen creer que hay una realidad, la realidad. Ahora bien, esta realidad es sólo su realidad, o más bien su realización. Sólo tienen un punto de vista, pues la objetividad misma es

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solamente una actitud entre otras. En contra de estas visiones del mundo, el esoterista quiere oponer el dominio infinito de la libertad, de la interpretación y del espíritu, y para él todo es interpretación. No hay hechos ni cosas, sino sólo acontecimientos ya interpretados o por interpretar. Se escoge un hecho y se lee un hecho. La interpretación engendra los hechos y no el hecho las interpretaciones.

Esto significa que todo está oculto, que hay que escrutar todo, que pocos escrutan y que escrutando se encuentra el sentido auténtico y la intención verdadera. Para el esoterista las cosas no son sólo cosas, sino también símbolos.

El sol es el sol (según un principio lógico de identidad que no aporta ningún conocimiento) y es también un símbolo, representa otra cosa que no es del todo otra, puesto que hay una relación natural de parentesco y que no es por completo cosa, puesto que el sol se convierte en el significante material de un significado espiritual. No quiero dejar de señalar que la hermenéutica, ciencia oculta de la interpretación, es funcional a la iniciación. Para el esoterista no hay dos verdades, la exotérica y la esotérica, sino niveles de comprensión.

La iniciación

¿Qué camino permite pasar del estatuto (relativo) de no iniciado al estatuto (relativo) de iniciado? Este camino es la iniciación. La cuestión de la iniciación es inmensa. La iniciática es la otra vertiente del esoterismo, su vertiente evolutiva.

Cuando se habla de iniciación se imponen algunas observaciones semánticas (significación de las palabras). Desde hace mucho tiempo los etnólogos (estudiosos de las razas y los pueblos) han observado que existen varios tipos de iniciación. Se puede decir incluso que la palabra “iniciación” se refiere a dominios tan diversos que nos podemos preguntar si siempre se trata de verdaderas iniciaciones.

Mircea Eliade distingue tres grandes categorías o tipos de iniciación. La primera comprende los rituales colectivos por medio de los cuales se efectúa el paso de la infancia o de la adolescencia a la edad del adulto, y que son obligatorios para todos los miembros de la sociedad (iniciación tribal).

La segunda categoría de iniciación comprende todas las especies de ritos de entrada en una sociedad secreta o en una cofradía.

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Por último se distingue una tercera categoría de iniciación: la que caracteriza la vocación mística. Se trata de una experiencia religiosa más intensa que la accesible para el resto de la comunidad.

Los griegos ya distinguían la iniciación como ceremonia, en tanto que ritual, y la iniciación como proceso de perfeccionamiento espiritual, en tanto que metamorfosis. No obstante las dos nociones están ligadas.

El fundamento del esoterismo se ha buscado en varias direcciones, pero se pueden reducir a dos principales: la tradición primordial y la experiencia espiritual.

Los defensores de la tradición, los tradicionalistas, plantean que tanto el fundamento del esoterismo como su criterio se encuentran en una metafísica divina, independiente de los hombres y las culturas; eterna y universal. Los que defienden la segunda solución ya no buscan el fundamento del esoterismo en un conocimiento transmitido sino en un contacto directo, personal y sutil. Se les puede llamar directistas. Es esotérico no lo que tiene que ver con la tradición, y por lo tanto ortodoxo, sino lo que se revela en una experiencia espiritual, y en consecuencia lo que es místico. El criterio se convierte en auténtica liberación, la iniciación efectiva, la iluminación y el despertar. Los tradicionalistas insisten en la gnosis, y los directistas en la iniciación.

La oposición entre estas dos concepciones no es absoluta. La transmisión de la tradición supone la iniciación. A la inversa, la iniciación conlleva una enseñanza.

La sintonía

Hemos visto que el esoterismo incluye dos aspectos, la gnosis (conocimiento regenerador) y el hermetismo (lenguaje cerrado). La gnosis, que parece una teoría, es más bien una práctica que consiste en una búsqueda continua y en hallazgos intermitentes; el hermetismo, que parece una práctica, es más bien una meditación sobre la lectura y la escritura de los símbolos. Y este arte de escrutar que caracteriza profundamente al esoterista es a la vez examen y descubrimiento. Escruta para ver bien, y ve para gozar de su vista y su visión. El esoterismo es un conocimiento - gozo y esta es una de las significaciones principales del esoterismo.

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El esoterista goza como goza el mundo. Este es un fenómeno que tiene que ver con el conocimiento: lo semejante conoce sólo lo semejante; y un fenómeno que tiene que ver con la vida es que el esoterista se vuelve semejante al misterio y el microcosmo activa sus correspondencias con el macrocosmo. Se puede llamar sintonía a este principio. Hay participación en un mismo y único secreto. Actúan las mismas leyes y funcionan las analogías.

La sintonía, es decir, etimológicamente “estados semejantes” son una homología en acto. La sintonía es el equilibrio entre el interior y el exterior; la estabilidad entre lo esotérico y lo exotérico; la continuidad entre el microcosmo y el macrocosmo.

El principio de sintonía se encuentra en todos los niveles del esoterismo.

La reversión

En este punto lo primero que hay que observar, y que es muy evidente, es que el pensamiento esotérico es muy distinto al pensamiento “ordinario” del hombre de la calle, y al del filósofo. El pensamiento esotérico y el pensamiento exotérico no tienen ni los mismos objetivos ni los mismos métodos ni el mismo criterio. La lógica exotérica es una dialéctica en el sentido de discurso racional mientras que la lógica esotérica es una analéctica en el sentido de palabra analógica (relación de semejanza entre cosas distintas). La lógica exotérica se basa en el principio de no-contradicción mientras que la lógica esotérica se basa en el principio de solución de oposiciones. Además, la lógica exotérica utiliza el principio de causalidad mientras que la lógica esotérica utiliza el de interpretación. La significación se pone adelante y no después; de ahí se vuelve necesaria la hermenéutica, ciencia oculta a diferencia de la ciencia natural. Esta inversión del pensamiento es general en esoterismo.

La reversión es una mutación del pensamiento, el paso de lo exotérico a lo esotérico, por medio de la cuál se realiza una idea en el sentido inverso de su trayectoria anterior.

El espíritu regresa sobre sus pasos para recorrer enteramente el camino del ser y del no ser. El esoterista produce un pensamiento devuelto, utiliza una lógica de la convertibilidad.

Acaso, ¿hace todo esto el esoterista para reservar sus conocimientos, para ocultar como un fin en sí mismo? No.

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El esoterismo no es la negativa a comunicar sino el arte de no vulgarizar; se trata de decir y no de hablar en vano.

El esoterista no quiere construir empalizadas que impidan el conocimiento, sino escalas que den acceso a él. Según ellos, los procedimientos herméticos son los medios más eficaces para comprender lo absoluto, pues la metáfora dice más que la descripción. Los esoteristas estiman también que lejos de esconder el misterio, lo relevan y proporcionan su clave. Repiten las palabras de Jesús: “nada está encubierto que no se haya de descubrir, ni oculto que no se haya de saber” al tiempo que afirman la disciplina del arcano (“No echéis vuestras perlas a los cerdos”. Mateo, VII, 6) Cosmológicamente el esoterista se representa al mundo como un conjunto graduado y circular a la vez, en el que todo está en interacción porque los dos extremos se unen. Lo más alto se identifica con lo más bajo. Lo más espiritual se convierte en lo más material; la imagen del espíritu más sutil se encuentra en la materia más densa: el diamante. Gnoseológicamente lo que se piensa en el plano de la hermenéutica se realiza en el plano de la percepción, es decir, que el sentido profundo corresponde al sentido espiritual. La reversión es el arte de regresar al origen.

El sentido del esoterismo

El esoterista piensa abarcar lo simple y lo complejo. Postula un conocimiento no sólo total, es decir, que se extiende universalmente, que atañe al conjunto de los principios y los fines, a la esencia del ser, sino incluso completo, es decir, que llega en las partes, hasta el porvenir. A través del juego de las correspondencias y analogías y de los números y del uso de las artes y ciencias ocultas, el esoterista sostiene que puede conocer el todo y las partes. Escruta hasta el detalle, penetra incluso en lo incognoscible y esto lo hace sin recurrir a la revelación divina, fuera de los límites de la razón. El esoterista, destructor de límites, lo es también respecto del hombre; para él el hombre perfecto es un modelo, pero también una posibilidad; es una realización, pues el no iniciado puede convertirse en iniciado y desarrollar poderes inmensos en él. Al parecer, lo que separa al esoterismo de todo pensamiento racional es esta idea de perfeccionamiento realizable, de conocimiento completo y de hombre perfecto.

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En esta etapa, como dijimos al comienzo de este capítulo, para el esoterólogo, es decir para el estudioso del esoterismo, éste se presenta como un tríptico del que vemos dos partes: la forma (el lenguaje cerrado, el hermetismo) y el fondo (la gnosis; el conocimiento pero no cualquier conocimiento sino el conocimiento que permita descubrir y experimentar el misterio). Pero detrás de estos paneles, de la forma y del fondo, existe, oculto, el tercer panel, es decir lo esencial, el sentido del esoterismo, su espíritu, lo que le da valor y vida.

La pregunta se impone ¿es posible llegar tan lejos? Más allá del estudio de la forma y del fondo la esoterología se confunde con el esoterismo. Es el punto en que el estudio se convierte en conocimiento, el filósofo sólo puede retirarse o reivindicar la calidad de sabio, en ambos casos se sale de la filosofía, sea por un paso hacia atrás, sea por uno hacia delante. Así ocurrió con Confucio (551 - 479 a. C.) que se retiró al ver a Lao Tsé (fundador del taoismo) en meditación, diciendo: “sólo conozco del Tao (realidad suprema) lo que puede conocer del universo una mosca en vinagre atrapada en una cuba”

En otras palabras, el espíritu del esoterismo, lo esencial, lo que le da valor y vida es la experiencia de lo absoluto.

Contenido esotérico de la Masonería Introducción

De los significados que el diccionario de la lengua española da a la palabra “esotérico”, el más habitual es el de “oculto”, “secreto”, “reservado a unos pocos” y sin duda, en este sentido la Masonería es esotérica. Es una sociedad (Orden) de hombres escogidos, que son admitidos en ella a través de unas ceremonias secretas, en el curso de las cuales reciben medios secretos de reconocimiento que juran no revelar a las personas que no han sido admitidas (iniciadas) de manera apropiada. Pero etimológicamente “esotérico” significa “interior” y puede oponerse a “exotérico” o “exterior”. Estos dos términos se aplican, por ejemplo, a las enseñanzas de un maestro que entrega libremente al público la parte exotérica de su doctrina y guarda la parte esotérica para unos pocos discípulos

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escogidos. Se sostiene en diversos círculos que las mismas religiones establecidas tienen un significado exotérico accesible a toda la congregación y otro esotérico, cuyo conocimiento sólo puede ser logrado a través de una excepcional penetración espiritual, una gracia especial de Dios y/ o la admisión en una fraternidad adecuada dotada de los medios para conducir a sus miembros a tal conocimiento. La Masonería puede ser también llamada esotérica en este último sentido. Ella transmite a sus miembros, a través de ceremonias, símbolos y rituales, un cuerpo de enseñanzas espirituales y morales. Pero no podría decirse que todos los masones estén de acuerdo en el contenido preciso de esas enseñanzas, y en que medidas son esotéricas. Los masones concuerdan en un conjunto de principios básicos; pero existe una gran variación en los detalles de rituales y símbolos, y mucho más en su interpretación. Algunos masones se muestran reacios a admitir que la Masonería contenga algo diferente a una enseñanza moral y niegan rotundamente que el término “esotérico” en el segundo sentido pueda serle aplicado. Otros masones, por el contrario, insisten en el carácter esotérico de las enseñanzas masónicas, pero en muchos casos la interpretación de los rituales y los símbolos masónicos consisten meramente en encontrar en ellos elementos de doctrinas esotéricas que no son específicamente masónicos, tales como la Cábala o la alquimia.(7)

Por consiguiente, deberemos plantearnos las preguntas siguientes: ¿Tiene la masonería algún contenido esotérico? ¿Tiene un contenido esotérico, y más general un contenido espiritual propio? ¿Cuáles son sus relaciones con la moral y la religión, y con las diversas doctrinas específicamente esotéricas?

Los Principios Fundamentales de la Masonería dan una respuesta a estas preguntas. La Masonería no es en modo alguno una religión pero sus miembros deben ser hombres religiosos. Pueden pertenecer a religiones diferentes religiones monoteístas, y deben ser tolerantes con las opiniones de los otros. Está prohibido discutir asuntos religiosos durante el trabajo masónico en el Templo (tenidas). Todos deben creer en Dios, el Gran Arquitecto del Universo, y en la inmortalidad del alma. Deben creer también que Dios se revela a la humanidad en el conjunto de la ley sagrada, que es para cada uno de ellos el libro sagrado de su propia fe, sobre el que prestan el juramento que los une a la Orden. Deben considerar

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a todos los hombres como hermanos, puesto que son hijos del mismo Dios, y de este principio deriva toda la moral masónica. La forma en que los Principios básicos en que se fundamenta la Orden trata las diferentes religiones sugiere la creencia subyacente en una Verdad trascendental de la que las diferentes religiones serían expresiones diferentes en contextos históricos y culturales distintos. Esa creencia es reconocida generalmente como parte de los fundamentos metafísicos de la distinción entre los aspectos exotéricos y esotéricos de las religiones. Luego el carácter esotérico de la Masonería consistiría en conducir a sus miembros, cada uno a través de la comprensión adecuada de su propia fe, a esa Verdad trascendente.

Las respuestas a las preguntas planteadas sobre el eventual contenido esotérico de la Masonería y sus relaciones con las diversas doctrinas específicamente esotéricas las daremos desde un planteamiento histórico. Una de las características principales de la Masonería es la de ser una sociedad secreta. Sus ceremonias, sus símbolos, secretos, reglas y costumbres se transmiten de generación en generación.

Dado que todo ello está proyectado para transmitir al masón las enseñanzas de la Orden, las mismas enseñanzas deben ser parte de una tradición; en realidad, la parte más esencial. Pero el estudio de la historia masónica en los tres últimos siglos muestra que la fijación de la tradición formal de la Masonería es bastante reciente y se debe principalmente a la existencia de grandes logias fuertes y unidas, capaces de mantener, cada una en su propia jurisdicción, la observancia de las reglas y costumbres establecidas.

En el siglo XVIII, cuando las grandes logias eran más débiles o cuando en un mismo país existían grandes logias diferentes y rivales, y en tiempos más antiguos en que sencillamente no existían grandes logias, las costumbres masónicas podían sufrir cambios con mucho más facilidad, cambios que en el transcurso podían llegar a ser importantes. Hubo una evolución en la tradición masónica, y no la mera transmisión de la tradición inalterada. A finales del siglo XVIII y principios del XIX diferentes autoridades masónicas se encargaron de detener el proceso y fijar la evolución. Esto tuvo como resultado las diferentes corrientes de la tradición masónica que todavía existen en la actualidad.

Esa evolución de la tradición masónica formal afectó necesariamente a la percepción de las enseñanzas que pretendía

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trasmitir y generó nuevas interpretaciones que, a su vez, sugirieron otras modificaciones adicionales de la tradición formal.

Debido a la falta de pruebas, no sabemos con precisión cómo o cuándo comenzó este proceso, pero podemos decir que la transición de la masonería “operativa” (esto es, gremial) a la masonería “especulativa” fue sin duda el paso más importante. Por masonería operativa nos referimos al gremio de constructores.

Masonería especulativa es la Masonería contemplada como una sociedad de hombres que no son necesariamente albañiles por oficio sino que están principalmente preocupados por la práctica de la caridad y/o una búsqueda filosófica, espiritual e iniciática en un marco tradicional heredado de la masonería operativa.

La Masonería tal como la conocemos hoy deriva de una organización medieval del gremio de albañiles, gradualmente invadida por personas de un estatus social muy distinto. Los gremios de los constructores fueron finalmente excluidos de ella o, más bien, se excluyeron ellos mismos. Por consiguiente, la tradición masónica fue originalmente una tradición gremial que experimentó un tremendo cambio en su estructura social. La pequeña nobleza que pasó a ser componente fundamental de la sociedad, no renunció a la tradición en el nivel formal, aunque en algunos casos la desdibujaron por ignorancia e incomprensión.

No podían interpretarla de la misma manera que lo habían hecho los miembros operativos. Aportaron su propio trasfondo cultural y empezaron un proceso evolutivo que llegó a ser aún más importante que el que se había derivado de las variaciones más o menos fortuitas de la tradición formal.

Ésa es la razón de que, para una mejor compresión de este proceso evolutivo que desemboca en la Masonería moderna, sea necesario desarrollar algunos conceptos sobre la Masonería operativa medieval

Masonería operativa medieval

Nos centramos en la información proporcionada por los dos manuscritos medievales, pertenecientes a la gran familia de documentos masónicos, conocidos como los Old Charges, el manuscrito Regius y el manuscrito Cooke (final del siglo XIV y principios de XV respectivamente).

La razón de esta elección es que estos documentos proporcionan un vínculo casi perfecto entre la Masonería operativa medieval y la Masonería especulativa moderna. En efecto, gran parte del

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contenido de los dos manuscritos medievales reaparece en los Old Charges del siglo XVII, e incluso en las Constituciones de Anderson

de 1723 (Anderson conocía el manuscrito Cooke y lo utilizó como fuente).

El oficio de la albañilería en la Edad Media no estaba organizado en la forma de corporaciones municipales, como ocurría con la mayor parte de los oficios. Por el contrario, según los manuscritos Regius y

Cooke, tenían una forma de organización peculiar, que consistía en

asambleas provinciales anuales o trienales.

En esas asambleas eran admitidos los nuevos compañeros; eran instruidos en las reglas del oficio y juraban observar las mismas, mientras los constructores que habían cometido alguna falta eran juzgados y castigados. Los manuscritos dan las reglas en forma de “artículos” y “puntos” con una leyenda que explicaba su origen. Según la forma más sencilla de la leyenda, las reglas habían sido inicialmente entregadas a los constructores por Euclides (matemático y geómetra griego que vivió alrededor del año 300 a.C. y se lo conoce como el Padre de la Geometría), que fundó el gremio en Egipto, y habían sido confirmadas después en Inglaterra por el rey Athelstan (fue rey de Inglaterra desde 924 a 939), llamado el Glorioso.

Una versión más elaborada, que aparece en el Cooke, desarrolla una historia del oficio desde los tiempos antediluvianos.

En estos manuscritos medievales se menciona la obligación del secreto como “consejo” de los constructores. En cuanto al problema del contenido doctrinal esotérico, o al menos del contenido espiritual de la masonería operativa medieval, la característica más interesante que se observa es la importancia de las relaciones entre constructores y clérigos, y la interferencia del clero en los asuntos del gremio.

Ambos manuscritos fueron escritos sin duda ninguna por clérigos. Contienen (especialmente el Regius) un conjunto de instrucciones morales y religiosas que expresan la preocupación del clero por moralizar y catequizar a los constructores. La mención de las siete ciencias liberales trata de llenar el hueco entre el conocimiento empírico de los constructores y el conocimiento erudito de los clérigos; las leyendas combinan elementos del folclore del oficio, que probablemente tuvo origen en importantes centros eclesiásticos, con nociones puramente clericales, como la fundación del oficio por Euclides.

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