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...

MINISTERIO DE AGRICULTURA

SBCUtON DE PUBLICACIONES, PRENSA Y PROPAGANUA a

HOJAS DIVULOADORAS;^

;': AÑO XXXVI '^, ,ENERO. 1944 i! N U M. 2

i: ...• ...•.•...•..•...•....•..••.•...•.•..•...••..••...,....•....,...•..••.-,•.-...•...•...,...•.,...•.••..•.,••.••.•.,...,•.•...•...,... ^;IB

EI cultivo del manzano ^'1

P^^r Jos>

^ vr Plcaza,

Arquitecto ex Presidente de la Sociedad Nacional de Norticultores de Espafia.

V

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^

Multi7^lica.ció•n.

E1 manzano puede reproducirse de diferentes maneras;

` pero las pr•^eferentemente empleadas son : por s^^rn^^lla, por

€ ac•odo y p^or irajerto.

El primer procedimiento es el llamado natural, pues,

^ sin la intervención de la mano del hombre, es como aumen-

^ tan en el mtmdo ve^etal innum^erables plantas, arbustos y

€ árboles.

La multiplicación por sc;^milla tiene sus inconvenientes : y sus ventajas. P^oi• este procedimiento se reproduce la es- : pecie; pero na la variedad con la fidelídad o justeza que el

€ fructicult•or• pudiera ir buscando, sino que ^se dan árboles

^ capaces de dar frutos distintos clel que se destacó la si,-

€ miente para su reproducción, y, lo que es peor, ^en ñeneral, : frutos de inferior calidad, pequeños y de sabor inadecuadq

€ al consu^mo y alimentación. Desde lue^o clue nos referimos

€ a la reproducción con la semilla de la manza^^a, pues hay

; variedades de frutales que se multiplican con bast^nte fide- lidad empleando la semilla, como son al^,•unos de los llamados de jz^{es.o.

(1) Véanse las Hoans Dicur,c:nnoa^s núms. 21 y'L7, de 1943 ...•...•...•..•,...•...••••...•...••

. . . : . : Estas FIOJAS se remiten gratis a quien las pida a la Sección de Publicaciones, Prensa y Propaganda, del Ministerio de Agricultura..

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L^o expresado nos dice bastante sobre las ventajas que se alcanzan con la ^ sembradura de los granos de los frutales, al dar distintas variedades de la simiente elegida; pero nosotr^os no po- demos utilizar este medio, que no se presta para la obtención de nuevas variedades en los frutales denominados de pepita. Ire- mos por otro camino, más seguro, para tener la variedad que . d•eseamos con garantía casi absoluta.

Sin embargo, el fructiaultor emplea mucho la semilla para ia.

obtención de plantitas de manzano en las que injerta la varie- dad que desea cultivar. Generalmente quien hac•e esta operación de siemb.ra y hasta la injertación de las plantas así obtenidas, es el especialista que tiene almá•r^i^^a y°viv,ero, y al que el particular compra el número de plantas de las especies y variedades que, en mayor o menor escala, desea ^dedicarlas al cultivo en su pre- dio, tanto el productor como el simple aficionado ^o el propieta- rio que Ias cuida para el censúmo familiar; pero como a alguno de ' estos cultivadores puede interesar el sab•er cómo se ^obtienen estas plantas para criarlas e injertarlas en su propio terreno, vamos a dar algunas nociones sobre la siembra y reproducción de plantas de manzano. Lo que está bastante justificado en eI caso de esta clase de cultivo, ya que puede hacerse por mc^nza^na-

^res o pomara^das, para lo que hace falta un número consider:^,- ble de unidades de árbol^es y éstos pudieran obtenerse, con algu- na economía, produciéndolos directamente por el cultivador que los necesita. Además, el aficionado, que puede llegar a ser un buen coleccionista fructícola, necesitará, tal vez, de variedades raras o nuevas que no se encuentren en casa del viverista ni de los horticultores, por lo que pretenderá reproducirlas en su jar- dín frutero. Por lo d•emás, creemos que los vivcr:s.as especiali- zadcs en la reproducción de frutales se hallan en meiores condi- ciones que l^os particulares para llegar a tener plantas de pri- mera calidad, vigorosas y sanas.

VI

1Vla^.lt'iplicaci^ón por ^sem2lla.

Es importantísimo este proc•edimiento nabural d^ mul'.i,^l^ca- ción del manzano ; pero repetimos que se practica casi exclusiva- mente por los viveristas.

Las se^millas se deben obtener de manzanas perfectamente

maduras, o, mejor pudiéramos decir excesivamente maduras;

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conteniendo pepitas negras y eligiéndose las mayores, más pesa- das y brillantes.

Algunos apx•ovechan las semillas de los orujos proced^ntes del prensaclo de la manzana para la obtención de la sidra; pero no somos partidarios de esta utilización, pues muchas de ellas resultan 2^conas y Qstropeadas por la presión; es mejor recurrir a las buenas frutas, que tendrán las semillas de calidad, ^T que las sacaremos por suave trituración, retirándolas cuanto antes cle la pu:pa y l<ivándolas abundantemente para quitarles todo germen que pueda destruirlas. En este lavado veremos las que caen en seguida al fondo del recipiente, que serán las mejores, y desecharemos las ^que sobrenadan.

Las se^millas procedentes de .las frutas de árboles ya bi^en des- arrollados, st,nos y vigorosos, son las que debem^os preferir, y, desde luego, de árbol cultivado, ya que los silvestres no dan tan

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a,cot^L2c%ón.

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buenas plantas para la injertación; que ésta, no lo ^olvidemos, es el fin inmediato y único que nos prop^onemos al reproducir plan- tas de semilla. Estas plantas no sirven, repetimos, para darnos plautas capaces de proporcionax• frutos iguales a los de proceden- cia de la semilla, ya que la •especie se consigue, pero no la jus- teza y fide.lidad de la variedad.

Recogidas las semillas, y bien lavadas, se extienden en una tabla o tela para que se sequen p^erfectamente, removiéndolas, a este ^objeto, de vez en cuando.

Conviene emplear las semillas cuanto antes, pues con el tiempo se pierde la facultad germinativa y, a este fin, deben ser sembradas durante el año de su recolección, conservándolas en- tre tanto en lugar fresco, pero no húmedo, y al abrigo de la luz.

ai

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Aunque no es absolutamente indispensable la c-stratificu.ci.ó^z para la simiente de manzana, bueno es proceder a est'a operación, con la que, no sola^mente atendemos a su buena conservación, sino que procuramos •estimuIar ,y adelantar la germinación.

La est•rat^it^caciGn consiste en colocar la simiente en un me- dio propicio de buena conservación y de preparación para que pueda entrar rápidamente en actividad. Se colocan para ^ello en un tiest^o grande de flores (Fig. l.A), en cuyo fondo se porne ^•uijo menudo, como primera capa, para la conveniente fiitración y aireación, y otra encima de arena o tierra fina, de unos tres cen- tíme+tros de grueso, y sobre ella una capa de simiente ; alternán- dose así las capas de arena y simiente hasta llenar el tiesto 0 1a parte ^ue juzguemos suficiente a nuestras necesidades. Can- sideramos suficient^ este recipiente para la multiplicación de plantas por los cttiltivadores de frutas, ya que a ell^os sólo se di- rig^en estas sencillas instrucciones y no a los profesionales vive- ristas, que no necesitan de nuestros cons^ejos.

La tierra o arena que se emplee debe hallarse ligeramente híimeda, p•ero no ^mojada.

E1 tiesto así preparado se podrá dejar en un sótan^o o cueva de temperatura constante y con poca luz. También puede ente- rrársel•e en el h.uex•to, al abrigo de una pared 5- recubierto con una capa de tierra de 30 a 50 centímetros de altura.

Las pepitas de manzana no necesitan tanto tiempo de prepa-

^°ación para ^,rerminar como las de hueso, por lo que les basta una corta estratificación. Hacia final del año se pueden estratifi- car y en la primavera estarán ,ya en disposición de ser sembra- das, pues sus cotile:dóne,^s (Fio•. 2 a) se habrán hinchado y pro- porcionarán el nec•esario primer alimento al germen o embrión, que tratará de producir el rejo. Si encontramos las semillas con la raícilla demasiado adelantada ^o alargada, como aparece en la i7gu- ra 3.1, se le debe poclar en cz o más arriba, para que en la siembra rao se rompa.

El terreno de la cr,hnfzczga debe ser suelto, rico en humus, per- meable Y de profunclidad media. S•e hallará bien mullido y es- tercolado, con bu^^na basura pasada que no queme las tiernas r;^ícillas.

Como la superficie del semi.llero que se necesite no será mu, cha, t.°atándose de ctlltlvadores, puede aprovecharse algún te- rreno abrigado por ]a protección d•e un muro bien orientado.

La siembra puede hacerse a voleo; pero si las semillas tienen

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alg^o de raíz y son en pequeña cantidad, como es de suponer, no significa mucho trabajo el s•embrarlas a ^olpe, lcn.c ^^c uncc, con lo que, además, tendremos más garantía de que nazcan un ^mayor níiinero de plantas y más rápidamente, y nos ahorrclrem^os tam- bién la labor que supone el aclareo de plantas.

Se colocan las s^emillas en lín•eas separadas unos 15 centírne-

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tros y de 8 a 10 centímetros una de otra ; luego se cubren lige- ramente, debiendo quedar enterradas unos tres centímetres como máximo, con un ligero apisonamiento que asegure e1 contacto de las semillas y la tierra.

Habr^, que dar al semillero el número de escardas que exijan el naci^miento de hierbas y otras plantas que puedan per.jud^car a un buen •enraízamient^o. Cuando se observe sequedad en el se- millero, se le rega^•á cuidadosamente, ,y, si se quiere, puede man- ter^e^•se cse estado d•e humedad conveniente cubriendo con una capa de paja o material seme,jante. Si el sol fuese excesivamen- te fu^erte, pueden resguardarse las tiernas plantas con un teja,- dillo de pajizo, esteras o cosa apropiada.

Cuanclo la siembra se hubiere practicado a voleo, se precisa- rá llevar a cabo un ccclccreo, para dejar a las plantitas a distancia conveniente de 15 a 20 centímetros unas dé otras. Las plantas sacadas se pueden utilizar replantándolas en otro lugar o en el futuro vivero.

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Ya tenemos en la almác^iga crecidas las plantas lo suficiente para s^er trasladadas al vive•ro, pues, dado su tamaño y tiempo que llevan en ella, no conviene sigan creciendo más; pArque se per•judicarían unas a otras en su parte aérea, y más, si cabe, en sus raícillas.

Se elegirá como terreno para vive^ro uno que se halle orren- tado hacia el Sur, resguardado de los vientos dominantes, de buena tierra franca, de pan sembrar o yerbal ; pero nunca un suelo en el que hubi•eren existido antes ^manzanos ni perales, pues aunque en él .las plantas no han de permanecer mucho tiem- po, o sea que no han de ponerse de asie^nto definitivo, sin embar- go les sería fatal para su desarrollo un terreno en esas condi- ciones.

El terreno de v^i.ve^^°o s•e prepara concienzudamente, dánd^o una cava de desfonde y uniendo a las tierras un buen estiércol consumido, en una cantidad no inferior a un carro corriénte por área. Se dest•erronará y mullirá perfectamente. Las operaciones de desfonde conviene hacerlas en el invierno, pues así se bene- fician las tierras c^on la meteorización y acción eficaz de las in- clemencias del tiempo.

A1g•unos opinan que el terreno para vivero no debe ser de ex- celenta calidad, pues así las plantas, acostumbradas a él, no pua- den prosperar en otr•o de inferior calidad en el que han de ser colocadas definitivamente. Nosotros opinam^os que, aparte de qu^e es difícil saber de antemano las condiciones del terrenó que puede tener un manzanal a formar para ver si hay igualdad de clase de terreno, creemos que las plantas robustas y bien cons- tituídas aue hemos conseguido en un bu^en terreno se hallarán en ^mejores condiciones de prosperar y seguir desarrollándose que otras más raquíticas cultivadas en un suelo de más inferior calidad.

También qui^eren otros que la planta se coloque en el v^w^^ro En igual posición y orientación que la que tuvo en la almcicig^z;

todo lo cual nos parece, si no del todo desprovisto de fundamen- to, algo cercano al prejuicio ,y ur_ tanto a la incultura.

A1 año, prósimamente, es cuando se debe proceder al arran- que de las p:antitas de la almáciga, o sea hacia el mes de n^o- viembre en climas benignos, o en febrero, y lo más tarde en mar- zo, en localidades ft•ías y lluviosas.

E1 arranque deberá ser cuidadoso, ya que :e trata de plan- tas muy tiernas, y así se rompen menos raícillas. Después de

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desechadas ias d^e mala forma y color amarill^o, se cogen unas c:uantas, formando un haz o mazo, y se les quita, de un tajo, parte de la raíz napiforme, y con otro golpe se les poda, según se ve en la figura 4.A, para quedar las plantas en :a forma que c,ue aparec^z en la sig'uiente figura. 5.^

Convendrá proceder cuanto antes a la nueva plantación, pues estas plantitas se secan fácilmente, y si por cualquiera causa tu- vieran que estar unos días en ese estado, bueno será colocarlas en zanja, bien tapadas, ,y, antes de ser plantadas, someterlas a un ^^arcc^riñ.a,d,o o baño, alg•o espeso, de arcilla desleída en agua.

La plantacicín en ^;ivero puede hacerse en líneas equidistan- tes a 70 centímetros, y entre ellas a 40 ó 50 centímetros. Si no 1?a,y apremio de terreno, no debe escatimarse el mismo, pues más vale qu^e queden holgadas para su buen desarrollo y facilidad en ia operación de la injertación que ha de ejecutarse en estos plx.n- to^^aes.

En esas líneas tiradas a cordel se abrirán pequeños hoyos, más bien anticipadamente, en los que se colocarán las plantas sin que el cuello quede enterrado ; pero bien asentadas y sin hue- cos entre las raícillas. Convendrá regarlas para su mejor asiento y arraigo, y se las cuidará haciendo las labores de escarda que sean necesarias para impedir la salida de hierbas y otros vege- tales que puedan estorbar la buena vegetación de los plantones, así como deshacer la costra que se forma con los riegos que de- ben prodigarse durante el verano para conservar la hwmedad precisa.

En el vivero estarán estas plantitas desarrollándose hasta la época más apropiada, y constituyen los llamados patranes ^de franco, procedentes de pepitas de manzana cultivado, como he- mos visto.

La operación de injertar en sus diferentes maneras y épocas de ejecución, la trataremos luego con la importancia y amplitud que merece y requiere tan interesante labor hortícola.

VII

Mult^i.plicació^n por aco^do.

Éxisten otras dos especi^es de manzanos, además del fra^nco, que hemos visto se mttltiplica por semilla, y que son el ^douczir. y el paraíso, que se diferencian del primero, principalmente, por su vigor. El ^daucín, de origen desc,onocido, es de un vigor inter-

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medio entre el franco y el paraíso, y se emplea más generalmen- te como portainjert;o para el cultivo de manzanos de formas de mediano tamaño, •entre el todo viento y los cordones. Es bastan- te rústico; las variedades injertadas en é.l dan frutos de buen tamaño y no tardan en empezar a fructificar. El manzano pa- raíso, también de ^origen desconocido, es el menos vigoroso de los tres y se cultiva para producir manzanos enanos o de for- mas bajas; pero produce frutos magníficos, por lo que se le em- pl^ea para el cultivo de clases sele^tas o de primor, que no se podrían obtener co;n los manzanos fra^nc^os y en forma de to^clo vi.ento. Es algo delicado por lo que exige un cultivo esmerado, buen terreno, llano, y cuidado especial de sus raíces, que son muy superficiales, por c^ya razón se ^e^nf^rarnquec^n con facilidad.

De esta especie ^enana se conocen dos variedades ; el ^negro y el am.arillo, prefiriéndose éste por su mayor rusticidad.

V•eamos cómo pueden reproducirse por acodo estas dos cla- ses de manzanos, que volverán a ocuparnos en los capítulos re- lativo.s a las formas a dar al manzan.o y en el de sus variedades pomológicas.

E1 aco^do puede ser se^ncillo y múlt^i,ple; p^ero a nosotros sólo nos interesa el segundo.

Consiste el aco^do en provocar el enraízamiento de brotes de tma p.lanta madre, para ^obtener con cadá uno de ellos plantas independientes con raíces propias.

Se empieza por agenciarse plantas madres de 'd.oucí^c y parníso, que ya los horticultores las tier:en en sus viveros, y se plantan en terreno de buena calidad, •estercolado y previamente preparado con el cuidado necesar•io para que las raíces asienten en forma natural y no se entremezclan ni se doblen, y se les corta a unos 10 a 75 centímetros del suelo, de modo que queden bajo lcs cortes varias yemas.

A medicla que vayan saliendo brotes, se les va aporca^ndo, con.

lo que queden cub.iertos y así se forma encima cle la planta tu^

cepellón o montículo de tierra fina •e igual (Fíg•. 6.a) .

Las puntas de los br•otes saldrán fuera del montículo, ,y cada uno de ellos emitirá un cierto número de raíces en la partc infe- rior, las sufici•entes para formar plantitas independient^s a, que se destetccrán de la planta madre cortándolas a un centímetro deI tronco, cuando, en el otoño, haya cesado la vegetación.

Luego se plantan en su sitio, o se dejan para la primavera, te-

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niéndolas, mientras tanto, metidas en zanjas cubiertas de tierra.

Estas plantas, como las que vimos procedentes de semilla, se des- tinan a ser injertadas a ^su tiempo. Igualmente se plantan en líneas y a las distancias que ya dimos para los pa,trones de fra7zco, y con las precauciones y d^emás detalles que allí se indicaron. Des- de luego, es preciso arreolarlas antes de ser plantadas, p^odando la parte superior del brote y cortando las raícillas a uno o do^

Fti^.6- (,1^od.o ^. ^^,ellon.

centímetros del pllnt0 de SLl naclm12nt0, aSl leS obligaremos a x'amificarse y emitir I1LxnleroSaS y nuevas ra1C111aS.

Si ha,y sequía, conviene proteger los montículos con pajizo y dar algunos riegos para mantener la frescura de la tierra apor- ca^da.

Las plantas madres pueden servir todos los años para obtener r.uevas cosechas.

VIII

a7^t+ltipl^icación por ^i^rzjc^rto.

Lleg•amos, por fin, a1_ s^stema de multiplicación y conserti^ación más imp^ortante, cual es el de la i:njertcr,c?ó^z.^ Operación que tiene por objeto injerir en Lui s^^jcto enraízaclo y vivo, una ^-ema sola, o varias en un trozo de ramilla, para que, desarroll^lndose a ex- pensas del prin,ero, formen un nuevo, o modificado, vegetal. El sujeto sobre ^el que se injerta se llama pat,r'r,rz, y la porción que se injiere, inje^^rto.

Son muchos los sistemas o métodos de injertar; pero a nos- otros nos interesan los principales grupos, que son : poi:' ye^rz,n„

por púcc o esta.quilla y de aproximación. En cada uno de estos tres grandes grupos existen multitud de procedimientos, que nosotros

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iremos examinando, si interesan, para el cultivo del árbol frutal que venimos tratando.

La principal condición para que se efectúe una estrecha unión entre el pa^ró^n y el injerto consiste en que ambos dispongan, en aquel momento, de savia. Sin savia no puede haber soldadura, y sin ella no brota el injerto; no hay injertación posible.

Se hace preciso también que haya identidad específica entre las plantas a injertar. Los antiguos creían que podían injertarse especies diferentes, y aún iban más allá; pero la experiencia ha demostrado que no se puede salir d^e la injertación de ios indivi- duos de la misma familia, y aun así se encuentran casos de anti- patía a esa unicín y falta de reciprocidad. Así vemos que el peral se injerta muy bien en el membrillo, que es de la misma fa^milia;

pero el membrillo no da resultado injertado en el peral. E1 peral no se aviene bien a ser injertado en el manzano, a pesar de su afinidad, ni el manzano en el peral; sin embargo, el famoso hor- ticultor Lorette presenta ejemplares de magníficas pirám.i.des aladas, en las que hay peras y manzanas en el mismo árbol; pero la unión, en estos cas^os, no es duradera, y con facilidad se ^deser^

cola7z el patrórn y el injerto.

Alguien ha dicho que el injerto en^noblecíx al árbol sobre el que se verificaba el mismo. Desde luego, por la injertación, a ár- holes semisalvajes, que darían frutos raquíticos y mediocres, se les convierte en un frutal de categoría, con producci^ones fruteras de primera calidad. También se consigue por este medio hacer más corpulentos y fuertes; pero también, a nuestra conveniencia, podemos hacer lo contrario : convertir un fruto de regular tamaño de árb^ol franco, corpulento, en otro fruto mayor, más sabroso y precoz, por medio de una injertación que reduzca el árbol a mer nor tamaño o enano. Es el caso del injerto sobre el manzano pa- raíso de que antes hemos hablado.

Lo que, en conclusión, parece decir que la mano del hombr^

ha conq^uistado, tomando como maestra la Naturaleza, creada por Dios, lo que ha querido, con la injertación, en el importante ramo de la fructicultura; y asusta el pensar lo que faltaría a los morta- les si de repente se perdiera toda noción sobre el acto de injertar.

Mucho 1;oJrí^lmos atín decir sobre la influencia recíproca del i?atró^n y el i^rcjerto y otras cuestiones que han preocupado honda- mente a los hoi•ticultores sobre es^ta importante operación fructí- cola que se lla^ma inj•2rtación, y que multiplica y conserva las es-

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pecies frutales; pero vamos a abreviar y entrar en el estudio de

^;na de las maneras de injertar.

IX

Injc7•tos por yem,a.

Este es el injerto más usado por los viveristas y Casas de horticultura para ^obtener las diversas variedades de frutales, y es el que pueden emplear también los cultivadcres profesíonales y aficionados para formar sus manzanares y árboles aislados, con las variedades que más convenga a sus necesidades o gustos, in- jertándolas en las plantaciones de patrones franco, ^clo^cc^ín y 1^a- raíso, que hemos visto en el capítulo anterior cómo se obt^>nían.

Este injerto es más conocido con el nombre de escudete, por la forma que se le da y que recuerda al escudo, arma defensiva de los guerreros antiguos.

Veamos cómo se practica este interesante injerto. Se empie- za por preparar los arbolitos que p•odamos tenex• ^en el vivero para injertar, para lo cual se les poda al ras todas las ramillas bajas que han brotado y que pueden ser un estorbo, pues a unos 5 a 10 centímetros del suelo vamos a poner los escu^detes.

De las ramillas o esquejes que tengamos disponibles para sa- car de ellas las yemas para injertar, y que luego diremos cuáles

Fig. 7

se escogen y cómo se conservan, se coge una con la mano izqtiier- da, se le quitan con la tijera la parte superior y la inferior, pues en la parte central es donde están las yemas más desarrollac3as, y con la navaja, bien afilada y limpia, se da un corte plano desde un centímetro más arriba de la yema, hasta otro más abajo de la misma, cuidando de hacer el corte sólo en la corteza y tma capa delgada,del lib^r, sin parte de madera (Fig. 7.^). Si se corta tam- bién algo de madera no importa; pero si es mucha, quitarla con

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la punta de la navaja, op•eración algo difícil y peligr•osa para ed navito de la yema, que está detrás y que pudiera levantarse al quitar

ese trozo de madera; con algo de práctica es fácil destacar l.os esc^cdetes limpios, sin madera o muy poca.

Algunos ti•enen la castumbre de limitar el tamaño del escu^dete haciendo dos cortes, arriba y abajo de la yema, según se ve en la figura 8.a, y entonces queda el escwrlet'e en la forma b.

Destacado el esc^wdete en menos fiempo del que hem^os emplea- do en describir la operación, se le retiene entre los labios por el.

rabillo, ,y, sin pérdida de tiempo, se marca en el patrón una T (a, Fia. 9.a) con la navaja, introduciendo el f.ilo en la corteza con

^:^. 8 a

F^^. y0.

la fuerza suficiente, nada más que para cortar el espesor de la misma. Heclio esto, si con la espátula c(Fig. 7.a) de la hoja de la navaja se separan con facilidad, a derecha e izquierda, los labios de la corteza en la parte vertical de la T(b, Fig. 9.'^) , es que de'oa- jo hay bastante humedad, indicio d•e que el pátrón est'cí ^n sccvicc y en excelentes condiciones, por tanto, de ser injertado. Si cuesta

^eparar la corteza, o se quiebra la ^misma con el esfuerzo, •es que no hay suf ciente savia y el patrón no está en condiciones de sei°

injertado.

Basta coger el escwdete por el rabillo, con la mano izquierda, e inti•oducir en el patrón, deslizándolo hacia abajo to:lo lo que se pueda, y ayudando con la espátula de la navaja. Si no se puede meter del todo el escwdete, se da un corte en la parte sobrante al ras del corte horizontal de la T. Se termina cerrando los labios con los dedos y ligando según se ve en c de la figura 9.a El ex- tremo d•e la ligadura queda asegurado con la primera vuelta, y se va apretando suavemente, algo más fuerte en las vueltas cerca de la yema, ,y se termina pasando la ligadura por debajo de la.

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í^ltima vuelta, tirando algo y cortando e] sobrante. No hace falta

^_mbetunado en este injerto, pues no quedan heridas de importan- cia a la itttemperie. Como lig•aduras se emplean la rafia, la lana

^- ^al ,^ilc^oclón grueso de Lasax•te, que lo hemos empleado con prefe-

^•encia por.• s^ fácil preparación y colocación; pero hay que vigil.^^ r las ligaduras después, por ser poco elástico.

A los diez o qtaince días se ^examinarán los injertos hechor-.

pa^^a lo que basta tocar el rabillo que acompaña a 1a ye^ma, el cual se cae enseguida si es que se ha verificado la solcl,n,dir»•a; en cambio, si no se desprende es que no se ha verificado la unión

•^uti•e ^el pcctr•ón ,y el injerto. Si el patrón está todavía en savia.

puede intentarse la puesta de otro escuadete •en la misma planta ; pero en lugar liso y más arriba o más abajo que el anterior.

La mejor época para ejecutar este inj•erto, y en la que gene- ralmente se lleva a cabo, es en el mes de ^,gosto, cuando la savia ha tenido un pequeño resurgimiento ; pero no tanto como para ha- cer brotar la yema injerida, que queda latente hasta la primave- r•a, en la que la fuerza de la nueva savia le hac^e brotar. Pot• esta razón, el injerto de escudete en esta época se llama a ojo ^do7•^ntido.

Se ha verificado en •el injerto la primera fase, o sea, la sobdcz^du^a:

p^ro la brotación ha quedaclo diferida para la primavera, cuando hay mayor empuje de savia. En aquélla época, o sea hacia agosto, tenemos brotes ma^la-u•ros ^c^el año, que son los esqncjes que deben emplearse para destacar los esct^cletes, ,y, al contrario, si hiciéra- mos el injerto en la primav^era, llamado a o;jo v^rv^o, no disp^on- ciríamos de brotes nuevos, sino empezados a bx•otar o con yemas hinchadas por la nueva savia, y en condiciones impropias par^i el buen éxito de la injertación.

Los esquejes o ramillas para destacar las yemas a emplcar en la primavera, o sea c^ ojo v^izo, hay qu^e cogerlos de los áx•boles ha- cia el mes de enero y conservarlos, en ia forma que lttego dire- mos al tratax• de la injertación por pí^a o estaqui.ll,a; pero lo pri- rnero que hay qtre hacer al destacar los esq^^cejes de los árba?es.

sea para la época clue ftterc, es quitar la hoja, de,jando sólo ^el ^ra- billo, pues de lo contrario las h.ojas e^,^aporccrían pronto ]a poca savia que pudieran tener dichos esque,ies.

Ya tenemos los pat^°onc;s o plantitas del vivero perfectarne^^te injertadas y algunos vueltos a injertar, por no haberse efectttado la solda,d2.cra en la primera tentativa; los hemos revisado, para aflojar, cn su caso, las ligad,uras, y también tuvimos la precau- ción de rotular las filas de injertos, poniéndoles los nombres de

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las variedádes de manzanas que fueron elegidas para su repro- ducción y plantación en nuestro predio.

Hacia el mes de febrero podemos proceder a podar el patrón en el punto a(Fig. 10), con lo que obligaremos a la yema injer- tada a brotar vigorosamente, pu^es si le hubiéram:os dejado al qr- bolito esa parte superior, a ella hubiera acudido la savia prima-

Fi.t,. ^^a F^.;. ^2a

^

vex•al, por la tendencia que sabemos, y no debemos olvidar, tienen las partes altas y verticales d•e atraer ia savia.

El nuevo brote tomará la forma b, que apareee en la figura 11, con su tocó^n, que se ha formado con la poda en a, y en el cuaI habrán brotado algunas yemas, formándose brotes llamc^savia que ayudan a traar la savia, pero que deben despuntarse para que no perjudiquen al brote principal b, y, por último, cuando éste se ilalle bien desarrollado y vigoroso, podrán quitarse desde su na- ci^miento, en d, ^d. Vemos que se halla atado el brote nuevo aI tocó^z, con una ligad,ura, para que crezca erecto hasta que lo po- demos cortar definitivamente por e, en agosto o septiembre, opera- ción que se practica con un co^rvillo de mango lárgo y apoyando el pie

en ei lado contrario al que se da el corte, que d^ebe ser lo más ra-

(15)

- 15 -

sante posib.le, para que no quede apenas tocó^n y desaparezca pronto el rodete qu^ se suele formar. Quedando, por tanto el jo- ven árbol en la disposición que se ve en la figura 12 y ya para, a su debido tiempo, poder ser trasladado al lugar que le hayamos designado para su cGSie^tt^o definitivo.

X

In,icmtos ^^o^r boto^ncs ^de fl,or.

Por la gran analogía que tiene este injerto con el anterior, l.o vsmos a estudiar a continuación, aunque sea brevemente, pues verzos que se alarga demasiado este artículo.

Se pueden inocular boto^nes de flo^^• en ramillas, re'ativamente jóvenes, del manzano, que se saearán de uno que las t•enga en

Fu^.^3a ^

F^ • l4-

^

abundancia, para ponerlas en otro en el que apenas existan estas producciones fruteras. Con ello conseguiremos que un manzano produzca frutos de otra variedad, y hasta pueden ponerse a ^un árboi varios botones ^le flo^r de distintas variedades.

Esto no significa sola^mente, como a primera vista parec•e, una

fantasía de un caprichoso cultivador, sino que tiene su aplicac:ón

para corregir el defecto de infertilidad que pueda tener un árbol

frutal, pues al colocar y fructificar ^en él varios bot^om.es ^de f lo^r de

otra variedad, se le obliga, en cierto m^odo, a seguir fructifican-

do en ios años sucesivos. Esto es debido a que, con motivo de

la fructificación, el árbol se debilita y la savia circula con más

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-16 --

]^ntit:ud y provoca el aumento de volumen de las yemas y su con- versión, por fitt, en botones ^.rlc tlor. Generalmente esta x'ebeldía c•^^ntra la ft•úct;f cación se observa en los árboles d^emasiado vigo- roso^, aparte de los que naturalmente son poco fértiles.

Con las figuras que presentamos, creemos que holgarán expli- caciones muy detalladas.

Eu la figura 1^ vemos ^un botón ^de flo^r, a, sacado directamente de una x•ama, y- que afecta .la forma de escwdete, ei cual lo hemos introducid.o en la ramilla a injertar U, marcando con la navaja una cruz, en lugar de una T. Se cierran los labios o puntas de la cruz, ,una vez deíitro ^el botón, y se liga co^mo lo hicimos en el in-

;j erto de yema. Da muy buen resultado est.e inj erto en brotes vigorosos, llamados ^ciL2cpo^nes.

En el .otro ejemplo ( Fig. 14) vemos un trozo de ramilla t^ermi- nal con un botón en la punta, a lo que es muy dado el manzano, y el cual, cortado en bise.l alargado, para que su súperficie sec- cionada se ponga en contacto con el liber, se introduce en la parte verticál de una T practicada en la rama que lo recibe. Des- pués ]igar bien, algo más fuerte que en el injerto de esc^wde,te ^e yema.

Si alguna de las yemas que lleva la ramilla injertada llegara a brotar, servirá de llama-savia, pero d•eberá ser despuntada, para que no impida con su excesivo desarrollo, el normal que deb•c tenex• el votó^^n ^d^e flor para dar la flor y el fruto.

Conviene escoger botanes de flor jóvenes, sin arrugas, y el in- ,jerto se hace desde mediados de julio hasta primeros de septiembre, según el estado del tiempo y savia. S•e les tiene con las ligadu- ras hasta mayo o junip del añ.o siguiente; pero hay que vigilar para evitar los estrangulamientos de las ataduras.

Con ello terminamos por hoy, para seguir con el inj^erto de estaqu.illa o píca, muy interesante en el manzano, para el cultiva-

dor de esta especíe frutal.

Bilhao, j unio de 1943.

CRAFICAS UCUiNA MELENDEZ VALDES, %- MADRID

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MINISTERIO DE AGRICULTURA

SE.CCION DE P[]BLICACIONES, PRENSA^Y VROPAGAIDA

OJAS DIVUL^AD®RAS

AÑO XtiXVI MARZO 1944 N U M . 9

...

EL CULTIVO DEL MANZANO^'^

Por JOSÉ PICAZA,

Arquitecto. Exnresidente de la Sociedad Na- cional de Horticwtores de España.

XI ^^ ^^ `%,-J %

INJERTOS POR ESTAQUILLA SIMPLE.

El sistema de multiplicación del manzano por m^edio del injerto de estaquilla o púa es importante por su mucho ^uso y buen resultado, tanto para el horticultor como para el productor y el particular o aficionado, en el que encuentra, éste último, la manera de ampliar su colección de varieda- des o su modificación, con un procedimiento de gran atrac- ción por su belleza, facilidad y utilidad, a poco que se prac- tique,.

Consiste en injerir en un pat^rón ^enraizada, más o menos grueso, como veremos, un tnozo de ramilla con sus indis- pensables yermas, de la variedad que queramos reproducir, y que dará frutos iguales^, sin variación apreciable, a los del á:rbol del que se destacó la ramilla inj^erida.

En dos grand^es grupos podemos dividir esta clase de njertos: el llamado de hendadur^a y el de c,or^r^n.c^. ,o co^^onr- lla. Ambos se practican de diferent,es modos y épocas, como

^^amos a e^aminar.

En términos generales, el injerto de hendedur•a se em- plea en patrrones de poco grueso, desde el que puede alcanzar

_

t

3

el correspondi^ente al de un lápiz, hasta el de unos tires a,cuatrra centímetros, y en ramas grue-

(1) Véanse Hoaes D^^'u[.:nnoens 21 y 27 de 18^3 y 2 de 1944.

:

c

Estas Ho.^es se remiten gratis a quien las pida a la Sección dc Publicaciones, Prensa 7 Propaganda, del Ministerio de Agricnltura

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sas y hasta en tronoos de 15 y 20 centímetros, o más, que s^e hallen . en condiciones de merecer la reinjertación por su buen ^estado de corteza y sanidad.

Si el patrón es muy delgado, comv un lápiz, se abre vertical- mente con una serpeta o navaja de inj^ertar, no muy afilada, en el largo aproxi^mado del esq^ceje o estaqui.lla que se va a introdu

ú

F,9.1°.

F+^ 2p

cir, y la que llevará dos cortes laterales hechos con simetría y de modo que queden exteriormente dos tiras de corteza iguales que han de coincidir con las que ofrezcan en los cortes las corte- zas del patrón al ser hendido. Creemos que la simple inspección de las figuras 1 y 2 bastará para comprender esta forma de in- jertar, que, por otra parte, diremos que se emplea muy poco; pero lo ponemos porque puede ser útil en algunos casos. El de 1a figu- ra 2 es el Ilamado ^a la i^ngle^sa, y que se emplea más en las esta- cas de los sarmientos de la vid que se unen para hacerlos enrai- zar. Aquí debe suponerse que la parte inferior, A, A, en una y otra figuras, están enraizadas, constituyendo el patrón, y las B, B, son los esquejes que llevarán sus correspondientes yemas que bro- tarán para formar el nuevo árbol.

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Cuando el patrón tiene un grueso de dos a tres centímetros, se le secciona en fvrma inclinada ,y se hace en su parte más alta un corte plano para el buen asiento de la estaquilla (fig. 3) . Se debe procurar que la hendedura no abarque todo el diámetro del patrón, pues así se le lastima menos y es suficiente la ranura prac- iicada par.a dar cabida a la parte seccionada de la púa. Este trozo de esqueje, D, se corta en forma de hoja de cuchillo de .modo qu^

en una parte quede un poco de corteza, a, que deberá coincidir con.las cortezas incididas del patrón, C, indispensablemente, pues

•de no efectuarse esta unión íntima, no hay posibilidad de que se haga la ^sa^dardu•ya del patrón con el injerto, primera parte, si^n^E^

rpz^a non, para el buen resultado de la operación, o sea para que puedan la.s yemas de la púa injerida brotar a su debido tiempo.

Si la hendedura se ha efectuado con alguna pericia, debe entrar la estaquilla ajustada, golpeándola suavemente y cuidando, sobre todo, lo volvemos a repetir, de que las cortezas coincidan perfec- tamente. En este caso no hace falta ligar; pero sí embetunar las heridas y cortes producidos en el patrón, principalmente, y en el injerto, extendiendo algún buen ungiiento de injertar en todas las superficies oortadas, de modo que queden absolutamente cubier- tas y aisladas del aire e^terior, con lo que conseguiremos una rá- pida curación y cicatrización de dichas heridas.

XII

BETUNES Y" LIGADURAS.

De no disponerse de un buen betíux, se puede echar mano del vulgar ungiiento compuesto de rl^o.^ ha^r•tes i^lc ccrcilla desleída en agua, y zUn^c de boñiga de vaca, formándose una pasta que se ex- tenderá en los cox•tes ; pero co^mo este g•rosero ing^rediente no re- siste a la acción de la lhivia, hay que taparlo con trapos y atarlv al ^patrón, con lo que se constituye un refugio Para toda clase de parásítos.

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Los betunes de injertar pueden ser de dos clases: los ejecuta- dos y empleados en caliente, y los que pueden usarse en frío; unos y otros deben pos^eer las propiedades, de no agrietarse por la seque- dad y el frío y no ^co^ re^rs,e por el cal^or del sol.

Como creemos indispensable la protección de los cortes y her'das de los árboles producidos por los injertos y otras operaciones h^or- tícolas, vamos a dar algunas fórmulas de betunes para ser emplea- das en caliente o en frío.

Los betunes en caliente son de más empleo cuando se trata de injertar una gran cantidad de árboles; com^o, por ejemplo, en las formaciónes o plantaciones de un manzanar o pomarada, pues para la injertación de sólo algunos árboles tiene más cuenta y es mencs complicado, el uso de los betunes en frí^o.

Fórmula de betún en caliente que puede empezarse a emplear

^cuando se soparta su calor con los dedos.

^Se funden los componentes en un perol o caldera de cabida apro- piada a la cantidad que se desea hacer. Se echan primero la pez y la resina y después la cera y el sebo, y, por último, las cenizas :

Pez negra ... ... l0U gramos.

Cera amarilla ... ... 100 ,.

Sebo ... 75 Cenizas tamizadas ... ... 40 "

Otra fórmula :

Pez ... 750 gramos.

.. . .. . ... ... ... ... .. . ... ... ...

Resina 250 "

Sebo ...:.. ... 250 Ocre rojo .... ... 500

Una fórmula muy buena para confeccionar un betún de in- jertar de e^rrlpleo en frío, es la sig^ui^ente:

Pez negra ... ... 1.000 gramos.

... .. . .. . ... ... ... ... . .. .... ... ... ... . .. ... ...

Resina 1.000 "

p ...

Blanco de Es aña 500 "

... ... ... ...

Alcohol desnaturalizado 350 "

Aguarrás ... ,.

Cera amarilla ... ... 40 .,

o más ^o menos, según el clima.

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Se funden juntas la pez, la resina y la cera, y se van echando, paulatinamente, el alcohol y^el aguarrás, teniendo cuidado, antes, de separar el perol del fuego. El blanco de España se une a puña- ditos y x^evolviéndolo todo bien.

Hoy día existen, también en España, betunes de injertar ex^

frío que se venden en latas y hasta en tubos de estaño, como el de la marca "Zale", que ha adquirido merecida fama, y qu^e se fa- brica en Elorrio (Vizcaya).

También se empiean para proteger las heridas los alquitranes y ciertos mástiques a base de aceite sulfurado.

Guando sea preciso o conveniente el atar el injex-to practicado para la mejor unión y consiguiente soldadura de las c^ortezas yux- tapuestas, se pueden emplear ligaduras, algo elásticas, que aprie- ten sin lastimar las cortezas, y cedan al aumentar de volum^en el arbolito, aunque siempre deben vigilarse los injertos hechos, para evitar los estrangulamientos, que tanto perjudican a la buena cir- culación de la savia, y que causan contusiones y ractetes, que di- fícilmente desaparecen del vegetal.

Se emplean como ligaduras la mafia, la lana elczsti;ca, el crlgo- d,órn grueso de Lasarte, la co^rteza ^del scvuce, mimbre y tilo, y el

cáñamo torcida

Se lía sin nudos; Ia segunda vuelta debe sujetar el extremo de^

la ligadura ; se sigue envolviendo el tronco en espiral, hasta un poco más abajo de las partes heridas o incididas, y, para termi- nar, se pasa la ligadura por la vuelta anterior, se tira ligeramexi- te, con lo que queda efectuada la atadura con suficiente con^isten- cia, y se corta el sobrante.

XIII

, INJE$TO POR HENDEDURA DOBLE.

Cerrado el paréntesis, vamos a continuar con la injertaciórr que nos oc^upa. Cuando el patrón a injertar alcanza el grueso de

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-s-

unos cuat-ro centímetros, se hace la hendedura completa, segtín un diámetro, con la serpeta, cu^chilbo o fo^rmó^n es,p,cyci.al, vertical- mente, y en una altura proporcionada a la que tengan las es' a- quillas preparadas, q^ue ya pueden ser dos, una para cada extre-

mo ciel diámetro rajado.

De los esquejes que se tengan a disposición, según la época

^en que se verifique la ^operación, como luego veremos, se esc^ge la parte central, despreciando la superior, que suele tener yemas

^

demasiado germinadas, y ta^mbién la inferior, por lo contrario, por acusar ^sus yemas paco desarrollo. De esa parte central se corta la longitud suficiente como para que quede una estaqt^illa con d^os o tres yemas, que es s^uficiente, y en ella se dan dos co:^- tes, según se ve en E de la figura 4, de modo que por los lados quede la corteza b, que ha de coincidir con las dos que aparecen en cada lado de la hendedura practicada en el patrón, F. También puede hacerse el corte en_la forma D, que aparece en la figura 3, con entalladuras o muescas pará un asiento más perfecto s;obre el patrón.

Para meter con facilidad las dos estaquillas, basta separar la k^endedura con la punta del cuchzllo o serpeta, o, mejor, introdu-

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- 7 -

cir ,una cuñita de madera dura o hueso, en el centro de la refe- rida hendedura, de modo que n^o estorbe a la colocación de las p7tias, que quedarán aprisionadas al ser Y•etirada la cuña que me- timos provisionalmente.

:'To nos cansaremos de repetir que las cortezas de las estaqui- Ilas deben coincidix• pex•fectamente con las que aparecen en el pa- trón al practicar la hendedura, pues sin esa coincidenc.ia íntima ^Zo hay injertación.

XIV

INJERTACIÓN EN CORONA.

Puede practicarse la injertación, por el sistema de estaqu^lla, en patrones de mayor espesor, en troncos y ramas gruesas de ar- mazón, con gran utilidad para la fructicultura en la reorganiza ^

^ióti de vergeles, por medio de la reinjertación, como veremos al tratar este asunto en capítulo aparte.

Claro es que, tratándose de injertar troncos o ramas de mu- cho diámetro, no es fácil hendirlos, como hemos hecho en l^os ca- sos anteriores, teniendo que abandonar este procedimiento, y de buen grado, pues, a la verdad, la hendedura en el árbol es una operació:n cruenta que suele traex•, muchas veces, malos resulta^- dos en su vitalidad; porque n^a pocas se descuida el cubrir es- crupulosamente ;as heridas !practica^das, y el árbol se pudre y

perece.

De aquí ha nacido el sistema de injertación por c•c^°orza, que c^nsiste en injex•ir la púa, entre la corteza y la madera, de varias manex•as, según vamos a verlo y exa^m^narlo.

Se corta el tronco o la rama gruesa perpendicularmente a su eje, con sierra o serrucho, ^operación que puede hacerse con alg•u- na antelación, pues así la savia acude al borde de la corteza sec- cionada beneficiando el prendimiento. En el momento que ee va

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a operar se aIisa la superficie cortada quitando las rebabas y^re- f^rescan^do la herida.

Tlas estaquillas se preparan eligiendo trozos de los esquejes con yemas de buen desarr^ollo, pero sin empezar todavía a brotar. En cada trozo de ^esqueje, se dejan dos o tres yemas, lo que s^upondrá una longitud de estaquilla de ocho a diez centímetros, y en uno de los extremos se hace un corte, de unos cuatro centímetros, en forma de pico de flauta, G, figura 5, oon ^entalladura, a, para su buen asiento, o sin ella, según se ve en H, más sencillo y expedi- tivo, cuando seari muchos los árboles a injertar.

Para introducir la punta de la estaquilla se hace sitio, entre la madera y la corteza, con una espátula dura, boj o hueso, y en ese hueco se mete la púa preparada de mod^o que la parte seccio- nada se adapte a la madera del patrón y quede la corteza contra ía ^misma de éste. Sucede frecuentemente que, al meter la cuña o espátula, se resquebraja, de un modo desigual, la corteza, por io que suele ser preferible el cortar previamente la corteza del pa- trón, verticalmente, en una altura de unos cinco centímetros en ios puntos en los que se van a colocar las estaquillas preparadas.

De esta manera puede bajar más, en la ranura abierta, la yema inferior de la púa preparada, teniendo cuidado de hacer el corte desde un poco más arriba de la referida yema.

Se comprenderá que, hallándose la yema más baja que el borde de la sección dada al árbol, al brotar la misma, formará una ra- milla más resistente y menos expuesta, por tanto, a su r^otura por Ql viento y otros agentes exteriores, que si hubiera nacido en .la par•te media o alta de la estaquilla colocada.

Terminada la introducción de las estaquillas en todo el perí^

^metro del corte, conviene apretar o ajustar las cortezas c^ontra

las estaquillas puestas, para lo cual se atará con ^rafia u otra liga-

dura, comenzando por la parte superior, en la forma q^ue ya lo di-

jimos antes, pero teniendo cuidado de no estropear las yemas al

pasar la atadura por encima de ellas, sino dejándolas completa-

mente libres para su buena brotación. •

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Una variación de este sistema de inj^ertar por corona se viene empleando hace algunos años en Italia, que lo vamos a describir someramente, ya que da buen resultad^o, según lo hemos experi- mentado.

Se empieza po r colocar la ligadura en todo el contorno o cir- cunferenc:ia del c^^rte, e igualado, como hemos dicho, y desde el

mismo borde, con una atadura bien adaptable, como es la ^rafia, en una altura de r,uatro a cinco centí^metros.

A continuación se marcan con un lápiz los puntos en los que se han de introdi icir las est•aquillas, las que no deben espaciarse más de unos cinr,o centímetros, por lo que luego aclararemos, y en seguida se preparan las púas en la f^orma ya explicada, pero se quitará toda la corteza, opuesta al bisel practicado (fig. 6) en toda la altura ñesde la base del ojo. Sin pérdida de tiempo se me- terá en los puntos prefijados en el patrón una puntiaguda espá- tula, de material duro, entre la corteza y la madera, en una altura proporcionada al largo de la parte desoortezada, y en cada una de estas cavidades se introducirá una estaquilla, forzando un poco, para lo cual se le ayudará a meterse pegándose suavemente con el mango de la serpeta o cuchillo, hasta que coincidan perfectamen- te la corteza de la púa y la del muñón del patrón descabezad^o.

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- 10 -

En seguida, debe proceders^e a embetunar, todo el círculo seccionado, de una manera completa, tapando perfectamente Ias heridas que queden al descubierto en las bases de las estaquillas y hast<r, los cortes supex•iores de las mismas, Si inadvertidamente se cubre alguna yema de las que quedan entre las cortezas, na debe impox•tarnos, pues hemos visto muchas de ellas brotar perfec- tamente, a pesar de este recubrimiento. También debe p^onerse al^;o de betún sobre ias aberturas practicadas verticalmente, y pc,r encima de las vueltas de las ligaduras.

En este injerto de corona hay otras variantes, como el de co- r•ona per•feccion^rd^a, el de vr2cr°ust•aci.ón, que consiste en cajear 1a corteza del patrón para que se aj uste en ella la forma similar dada a la púa, y^otros más complicados, pero menos prácticos ,y difíci- les de ejecutar que los indicados.

XV

EPOCAS DE INJERTACIÓN Y ALGUNAS RECOMENDACIONES.

La mejor época en que generalmente se realiza el injerto de estaquilla es en la primavera, hacia los ^meses de abril o mayo, se- gún la climatología de la localidad y el estado más o menos adelan- tado de la estación. Con más precisión, los horticultores mode^:^- n,os señalan como dato práctico y preciso el momento en que la variedad que vamos a injertar debe hallarse en flor, sirviéndonos, por tanto, .de guía el que otros manzanos de la misma variedad se

halle^n florecidos.

Generalmente, muchos horticultores se apresuran a injertar temprano, encontrándose los árboles con p^oca savia y dificultad de poderse desprender fácilmente las cortezas en el injerto de co- rona. No hay que apresurarse, sino esperar a que el patrón esté fran,ca^rrt.e^nt,e ett scc^^ia, y el injerto o estaquillá a^pru^nta Id^ emtram cn ella, o sea más atrasado.

En algunos países se empieza a practicar este injerto en ^otra

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- 11 -

época del año, cuando la savia declina en fuerza y cantidad, hacia septie^mbre y auu octubre, con injertos, claro es, cogidos de los árboles en esa época, en la cual los brotes anuales, que son los que deben emplearse, se hallan completamente desarrollad^os ,y ma.a-

^rl^uros. En ^este momento, la savia contenida en el patrón v en la estaquilla es suficiente` para provocar la s^ol^a.d2r;rcc de estos dos elementos, pero no tanta como para hacer brotar inmediatamen- te a]as yemas del injerto. Comprenderemos que de este m^odo se adelante bastante la formación del árbol, ya que en esa época pri- maveral todavía es cuando hubiéramos px•ocedido a la injertación de px•imavera.

Otra ventaja tiene esta injertación de fin de verano u otoño, y es que, si algunas estaquillas no prendieran como deben hacer- lo en la primavera, nos quedaba la opción de hacer eii esa estación nuevos injex•tos en los puntos donde se efectuaron los fallos.

Los esquejes para injertar en estación primaveral se desta- can de los árboles en los meses de diciembre o enero, y se meten en mazos etiqu^etados, en tierra s^uelta o arena, contra un muro mi-

rando al Norte, pudiéndose dejax• las puntas a flor de tier•ra, pa^ a ver cuándo las yemas superiores se engordan, como indicia de su próximo desarrollo, y momento de ser empleados dichos esque- jes, cortándolos en trozos o estaquillas, según lo hemos dicho. Cuan- do esas yemas terminales están a punto d^e brotar, las de en medio o centrales, que s^on las preferidas para su empleo, se haltarán todavía ernpezando a engordar y en condiciones de ser injeridas en el patrón ya preparado.

También se pueden conservar los esquejes en cajas de made- ra, sin fondo, colocadas sobre una capa de arena y enterradas, con su correspondiente tapa, a unos 30 ó 40 centí^metros bajo tie- rra, como aislamiento del aire exterior y conservación perfecta de los br•otes anuales para injertar.

En todos los ca,sos, cuando se destacan los esquejes del árbol,

se les debe quitar en seguida las hojas, dejándolas solamente el

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rabillo o pedúnculo, pues si dejáramos las hojas, éstas absorbe- rían la savia del esqueje, quedando inútil para la injertación.

Vamos a razonar el por qué deben colocarse las estaquillas cada cinco o seis centímetros en el injerto de corona.

Las estaquillas co^locadas atraen la savia que sube del patrón, pbr lo que si se espacían a mucha distancia unas^ de otras, ^a savia deja de ascender en esos espacios intermedios, la corteza se reseca, se desprende y se pudre, y con ella la madera que está de- trás. Si luego, al brotar y desarrollarse las estaquillas, viéramos que sobran o estorban algunas para la futura formación del ^r- bol, bastará quitarlas de su base con cortes lim^ios ,y embetunax.do

las heridas causadas. •

Si las dos estaquillas que hemos colocado en el injerto de hen- ded^ura, pc^rten a madera, desarrollándose normalmente; cuand^o estén bien constituídas y vigorosas, se debe quitar una de elias, ia más débil, la que formará la copa del futuro árbol, pues si se . dejan las dos, la formación no es tan perfect.a, y además, el ác•- bol con dos ramas principales tiene tendencia a desgajarse, por la acción del viento y demás fuerzas exteriores. Hemos visto muchos árboles mal formados por esa tendencia, dejadez o ignorancia, al permitir que crezcan simultáneamente las dos estaquillas, vicio que aconsejamos no sea seguido.

Si en el tronco o rama que hemos injertado nacen algun^os bra- tes o ramillas de yemas adve^2ticias, o existen ya algunos peque- ños brotes, no hay inconveniente en dejarlos, pues son ltzmc^

savias, que atraen la q^ue sube por el patrón, y contribuyen a vi- gorizar y aumentar la que llega a las estaquillas, beneficiando el brote y desarroll^o de éstas; ahora bien, no se les debe dejar que se vigoricen demasiado, pues podrían perjudicar a los brotes del injerto, por lo que se les despuntará, dejando solamente algunas hojitas de la parte inferior, para hacerlas desaparecer desde su naci^miento, cuando hayan desarrollado cumplidamente las esta- quillas del inj erto.

Recomendam^os también el que se protejan las tiernas ramillas

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- 13 -

brotadas en el injerto, que pueden ser tronchadas por el viento, pájaros u otras causas, lo que puede hacerse con ramas secas, que se atarán en el tronco y unirán en la parte superior, a ser posible, con lo que quedarán a cubierto de la destrucción por esos agentes exteriores.

Tanto en las colocaciones de estas protecciones o tutores, como en las mismas operaciones de injertar, embetunar y ligar, debe tener el operador especial cuidado, pues es frecuente y fácil el romper una estaquilla colocada, con lo que, al ser inutilizada `para su d^esarrollo, habría que rep^etir la operación en aquel punto.

XVI

INJERTOS POR APROXIMACIÓN.

Aunque de menos importancia que los anteriores, .rinde tam- bién este injerto alguna utilidad en el manzano.

En la misma Naturaleza vem^os casos de injertación por apro- ximación. En los grandes bosques vírgenes se observa, a veces, la unión casual de dos árboles vecinos, que rozadas sus cortezas por•

la acción del viento, y unidas después fortuitamente con una en- redadera que los trenzara, han venido a unirse ínti^mamente, cons- tituyendo ^un injerto de aproximación.

Se diferencia virtualmente esta clase de injerto de los o^txos estudiados, en que el pat✓rón y el i^njerto son dos sujetos enruiza^dos.

En el manzano se emplea bastante este sistema de injerto en las formas bajas y po^dadas, llamadas de co^rdón, tanto ^ar. el caso de que vayan los cordones en el mismo sentido, o qi

^^; ven^,ran a

unirse sus puntas o ramas de prolongación.

En este último caso, cuando se han prolongado tanto los cor- dones que lleguen al alcanzarse; en lugar de dejar que se crucen, se unen con un injerto d^e aproximación, y ya quedan formando como un solo árbol y la savia pasa del uno al otro.

Supongamos que los trozos A y B, de la fgura 7, pertenecen a

(30)

A

dos ramas de prolongación de dos ^comd,anes, que se hallan planta- dos a cierta distancia, pero que sus brotes s^e han alcanzado y cru- zado. En este caso se hacen dos entalladuras, una en cada rama, y se unen, procurando que las cortezas coincidan, como siempre, para que se suelden^. A fin de asegurar esta íntima unión; l^astará

F,.4. 7 °'

^^

ligar con suficiente far^taleza ambas partes, pero sin herir las cor- tezas y teniendo cuidado de vigilar después y aflojar, en su caso, Ias ataduras.

Cuando los ^co^r+do^zes van en el mismo sentido y la rama d^e pr -

^,.9. 8°-

longación alcanza a la curva del tronco del c^o^ndóye siguiente, se hacen también muescas en ambos y se unen con una ligadura ap _^o- piada.

Si se quiere asegurar más aún la ^unión en este injerto de apro- ximación, se puede emplear el sistema llamado inglé,s, que consis- te .en hacex• en las entalladuras o muescas practicadas en las par- tes a unir, un cox^te hacia su tercio, de rrLOdo que se forme una es-

(31)

- 15 -

pecie de esqui^rlcc, y en la otra. rama otr^o corte semejante, pero en sentido contrari^o, para que puedan engancharse las dos partes al

unirlos. Creemos que sex•á s^uficiente la inspección de la figura 9 para comprender cómo se practica esta variación, alg•o más com- plicada que la sencilla yuxtaposición de las simples cortaduras, pero que parece garantizan algo más la buena unión de ambas par- tes injertadas. Se liga como en el caso anterior, y no está demás

.t i^'^t`fL.Sti•a.^_ j.^

el tapar las grietas de las uniones con un buen betún de injertar, que impedir.á la entrada del aire exteri^or en las heridas.

E: injerto de aproximación se presta a muchas combinaciones para unir ramas en forma de rombos y para hacer arcadas, y has- ta hemos visto rotulaciones pr•acticadas por este medio de ,yuxta- posición de ramas y ramillas desprovistas de corteza en ^su punto de unión para injertarlas. Pero n^osotros nos contentaremos con menos fantasías y cosas más prácticas, sin que esto quiera decir que no deban ocuparse de estos primores los aficionados, amatPU:rs, de calidad y los buenos hox•ticultores.

Este injerto se hace en la época de la savia en movimiento, por ejemplo, en mayo y junio; pero hasta la primavera siguiente no conviene ejecutar el clestete, que se verifica cortando en cc, a, cr, lo sobrante de las ramas unidas, de una vez, o bien paulatinamen- te, empezando por ia punta ,y ]legando, con dos o tres cortes, a quitar del todo, para así no paralizar repentinamente el movimien- to mutuo de la savia. No estará demás el e^mbetunar el punto cor- tado, así como vig•ilar el nacimiento de br•otes en las partes supe- riores de las ramas injertadas, los que en general son cTrirpo^^ic^s

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que toman demasiado desarrollo y perjudican a las ramillas de fructificación, por lo qu^e se les cortará desde su nacimiento.

XVII

REINJEItTACIÓN.

Esta importante operación fructícola es de gran utilidad, sobre todo para la reorganización de los vergeles, que no son otra cosa que ia reunión de frutales de una sóla especie o de especies dife- rentes, o sea el conjunto de árboles que, vulgarmente, en España se conocen con los nombres de ^nanzaraa^res o pamarcudas, cuando la especie que los componen es el manzano, objeto de nuestro es- tudio,

Que existe la necesidad de esta reorganización, nadie lo dud^- rá, si se ha tomado el trabajo de examinar, atentamente, el esta- do de nuestros manzanos. Los unos, porque producen frutos de mala o mediana calidad; ^otros, porque su aspecto nada dice, como atracción, para una fácil venta en el ^mercado ; buena parte cle ellos, los árboles, aunque jóvenes, ^están desastrosamente forma- dos; la vejez de otros inu^^hos hace que den frutos mal formados, pequeñas y ruines ; y, por último, contemplamos una partida im- portante de esta especie frutal, que no dan frutos por hallarse aniquilados por enfermedades, líquene^s, muerdado y demás .pa^

rásitos.

Lo primero que se les ocurre a nuestros fructicultores, para re- mediar este desastre, es arrancar los árboles defectuosos y plan- tar otros jóvenes, cuando no los dejan en esa inutilidad perma- nente. En el primer caso consiguen tener nuevos frutos al cnbo de sus buenos ocho o diez años de su plantación. En cambio, em- pleando el procedimiento de la reinjertación, pueden empezar a producir los ^manzanos a los dos o tres años, y con meros gastos y trabaj^os.

Esta cuestión ha preocupado mucho a algunas naciones, sobre

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todo en Francia, que se vió invadida, hace algunos años, por fru- tos americanos; cuyo aspecto atrayente, sanidad y buena presenta- ción hizo que las compras en el mercado se fueran hacia esos fru- tos, abandonando los del país, de no tan buen aspecto, bastante agusanados y no tan bien presentados.

Para remediar este estado de cosas, empezaron por adoptar, en el Congreso Pomológico, celebrado en Angers en 19r34, nzn nú- mero limitado de variedades de manzanas, pues.comprendieron que eran demasiados las que existían, alguna de ellas de mediana ca- lidad.

Y esta elección la hicieron por refe^re7zdum entre los fructicul- tox•es de los distintos departamentos de la nación.

A estas variedades elegidas las declararon ^nacionales, sin pex•- juicio de que se cultivaran otras, seleccionadas, con denominación de ^regio^nales. ^

De estas variedades nacionales, así elegidas, se fueron sacan- do esquejes en los distintos departamentos, y reuniéndolos en de- pósitos especiales, para luego de allí distribuirlos, pór toda Fran- cia, entre los horticultores que los pidieran para reinjertarlos en los

manzanos de su pr^edio. Esto exigió una escrupulosa organización, pues en los tres^ primeros años se distribuyeron más de ^res mz^z- llones de esquejes, con gastos importantes atendidos por el Es- tad^o, Sociedades pomológicas y particulares entusiastas de la fruc-

ticultura.

No decirnos ^todo esto con el afán de que se adopte de plano en nuestro país la extranjera, pero sí para que se examinen y estu- dien estas ideas, por si convi^enen a nuestro modo de ser; pues si son buenas para otros, podrán n^o ser malas para nosotros, cuando se trate de remediar parecidos defectos.

Para la reinjertación de un árbol es preciso que su tronco y ramas gruesas, en su parte baja por lo menos, se hallen sanos, sin resquebrajaduras importantes, chanc^ro u otros defectos y enfer-

medades. ^

• El sistema más generalmente admitido consiste en seccionar

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las ramas a 40 ó 90 centímetros, a lo su^mo, desde su nacimietrto, con cortes de sierra normales a su dirección, y demás precauci^:- nes que hemos dado ante^s paz•a la injertación por co^r^^^^raa,, ,y lo que dijimos en un artículo pub:ieado en estas mismas HoJA^ DI-

Figura lo

Hermosos brotes en un manzano reinjertado.

vuLGADORa^ sobre la ñ'ei^^^nj^^^rtc^c^ón, ^ al que ^ios re^nitimos ^^ara más detalles (fi^;. 10) .

Sin embargo, queremos dar a conocer uua variante en el sis- tema de ^'ciwz,jert,^tci<,^n„ para camk^iar la variedad en un manz^^no, como lo practican en N2,ce^va. Zehu^nda, s^eg^ún lo describe una revista inglesa, ^- el cual consiste en conset•^-ar todas ]as ramas de arma- zGn, o sea sin cor^ta^^las cer^ca de su nacimiento, como en el cas^'^

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anterior. Para ello se seccionan durante el invierno las ramas se- cundarias y todas las ramificaciones laterales, dejando el árbol r,rzpa^do. Después, a la venida de la savia, y en el esplendor de ésta, se van injertando ramillas o trozos de esquejes conservados, en

F,;,y. ^ 9 °,,

todo el contorno de las ramas, desde s^u base hasta la punta, alter- nando ya unos 25 centímetros unas de otras.

Veamos cómo. Se hace en la rama de armazón A(fig. 11> un corte vertical con la punta de la navaja, de modo que interese sól4 la corteza, en forma de 7. Se levanta la parte corta del siete con la espátula del cuchillo, dejando pegada la otra parte derecha del trozo vertical. Antes ha debido prepararse la estaquilla B, como vimos para la injertación por co^ro^a; pero en b se hace un corte l^evantando una ligera parte de la corteza de la estaquilla para que

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se adapte a la corteza vertical derecha del siete, que ha quedado

^

adherida. Se mete con cuidado la punta de la púa y se desliz^^

hasta que quede metida la parte cortada de la estaquilla, confor- me a lo que se ve en A. La parte de corteza que se ha separado an- tes se rebate sobre la estaquilla metida, y para más seguridad.

se clava una pequeña punta de París, a, que aparece en la refe- rida figura 11.

Las estaquillas pued^en hacerse de una longitud como para que cbntengan de cuatro a ocho ye7nas u ojos, y hasta tener una yema terminal, a lo que es muy dado el manzano. Los ojos de arriba de- ben partir a madera, y los inferiores convertirs^e en bota^zes v^r f lor.

Los partidarios de este sistema dicen que este modo de injer•- tación tiene la ventaja de qu^e en dos años un árbol queda reeonsti- tuído, y que puede empezar a fructificar al segundo año.

Opinamos que por este procedimiénto cabe modificar por en- tero un manzano ; pero creemos que en la práctica brotarán innu- merables yemas adve7zticvas de la variedad anteri^or, y será un tra-

bajo muy ardu^o y perseverante el ir cortando todos esos brotes de la variedad abandonada. Esto, para ^el abandono en que gene- ralmente se tienen los frutales, no es práctico.

Y seguiremos, pues todavía nos queda mucho camino que re- correr.

Madrid, 11 de noviembre de 1943.

GRAFICAS UGUINA; 1^tELENDE2 VALDES, ^.-MADRID

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; EL CULTIVO DEL MANZANO É

^ Por JosÉ Picaza, _

^ Arquitecto. Pxwesidente d¢ la Sociedad Na- €

I: ` Asimisrno no le conviene, y esto no suele te-

Decíamos al principio que el manzano n^o era muy exi- gente en cuanto a calidad de terreno ; pero esto no supone el q^ue pueda. destinarse al cultivo de esta especie frutal un suelo con muy poca profundidad de tierra vegetal, con

^subsuelo imperm^eable y duro, y, menos aí^n, uno scco, pues en éstos, ya .lo indicábamos, el manzano no 1_^r•ospera;

apenas se desarrolla ,y muere fácilmente.

Lo contrari^o, un tei°reno excesivamente húmedo en tie rras poco profundas y fondo impermeable cercano, no es aprop^ado tampoco para el manzano, ya que sus raíces se pudren prontamente y el árbol languidece y no se des-

•arrolla

ELECCI^N DEL TERRF.NO.

Ya, tenemos las planta,s de manzano a nuestra disposi- ciGn para ser colocadas eii su sitio, procedentes, bien de nuostro vivero, o, más generalmente, compradas a un h^or- ticultor viverista; pero, antes de proceder a su plantación, veamos las condiciones que debe reunir el terreno, su pre- paración más conveniente al cultivo del manzano y otras cuest'ones previas a esa ope'ración.

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nerse mucha.s veces en ruenta, un terrealo en el

(li l^i^;iusc Il^^^nti I)n'oi.nnuoH.^s i;l ^^ SS dr L16^3, ^• Z^!I de 1J{^, . ... ^... ^... ^...,...:

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. . . .. . . ^ . . Estas HoJes se remiten gratis a quien las pida a la Sección de Publi^aciones, PrPnsa 7 Propagaada, del Ministerio de Agricultura.

Referencias

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