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Bailando con Djimbos 2. Historia antigua del universo de Bailando con Djimbos.

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Historia antigua del universo de

Bailando con Djimbos.

Historia antigua del universo de

Bailando con Djimbos.

Historia antigua del universo de

Bailando con

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Indice

Capitulo 0. Sobre la llegada de Sigmar. ... 1

Capitulo 1. Sobre la creación del imperio ... 2

Capitulo 2. Después de Sigmar ... 4

Capitulo 3. De Gaia y sus hijos ... 5

Capitulo 4. Después de Sigfron ... 6

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Capitulo 0. Sobre la llegada de Sigmar.

Hace 900 años de nuestro señor, un joven se encontro con quien cambiaria para siempre nuestra historia.

Kefren, un recién proclamado rey de los pueblos de las Montañas de Granito, se enfrentaba a su prueba de coronamiento, pasar un mes en la cima de su montaña sagrada, Simet.

Después de treinta dias sobreviviendo en ese infierno de hielo había superado el reto, podía volver como el legítimo lider de su pueblo. Se levantó y con paso firme comenzó el descenso en plena tormenta de nieve, pero su prueba no había llegado a su fin.

Los ultimos rayos de sol dibujaron la silueta de un gigantesco elasmo en la ventisca. Sin tiempo para reaccionar, la bestia acometió contra el. Kefren se defendió con su espada a dos manos, pero no conseguía repeler a la mole. Exhausto, el guerrero no pudo evitar una embestida y cayó pendiente abajo.

Moribundo y desorientado, vió como la bestia cargaba, el suelo temblaba a su paso y la nieve se desgarraba formando un alud. Abandonada toda esperanza, Kefren cerró los ojos y se encomendó a los dioses. Al abrirlos de nuevo le vio, con nada más que un martillo de guerra, una figura impasible se interponía entre el y el animal. En el último momento, la figura blandió el martillo y de un único golpe aplastó la cabeza de la bestia contra el suelo, deteniendo en seco su avance.

El gran cuerpo inerte les protegió de la avalancha. Todavía atónito, aceptó la mano que le tendía la figura que le ayudo a levantarse y le dijo: “No temas, soy Sigmar y estoy aquí para guiaros”.

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Capitulo 1. Sobre la creación del imperio

El invierno estaba siendo el más duro de las últimas décadas y las betas de acero se estaban agotando.

Los buscadores de piedras exploraban sin descanso nuevas grutas ricas en minerales, y así fue como uno de ellos encontró a Sigmar y a Kefren debatiéndose entre la vida y la muerte. El joven minero condujo a los dos hombres hasta su poblado. No tardó en darse cuenta, de que no había traído a su hogar a dos hombres corrientes. Se trataba del mismísimo Rey de las Montañas de Granito

acompañado de una presencia divina.

Durante el tiempo en que Kefren se recuperaba de sus tremendas heridas Sigmar se dedicó a enseñar al rey y a las gentes de la montaña. Les mostró los secretos de la tierra y poco a poco los habitantes de los pueblos acudían a él en busca de sabiduría. Les enseño a sobrevivir en la nieve, a combatir a las bestias y a encontrar y trabajar el mineral conocido como Domen. Pero no solo anhelaban su consejo, también querían sentir esa paz de espíritu que les aportaba su simple presencia.

El poblado prosperó y Kefren lo llamó Hammerfall. Gracias a las lecciones de Sigmar los mineros se convirtieron en excelentes herreros, su acero no tenía rival y todos los reinos compraban sus creaciones.

De esta forma, Kefren pasó a ser el primer Rey de lo que hoy se conoce como Reino de Domen.

El Rey sabía que su labor no había hecho nada más que empezar. Con Sigmar a su lado podía traer la luz a los demás pueblos y unirlos en un único reino. Los habitantes de las llanuras de Ulyieff vivían martirizados y esclavizados por los Tyras Flinn, también conocidos como la Casa de la Zorra, y rogaron auxilio a el Reino de Domen.

Kefren, decidido a salvar a los pueblos de las llanuras intercedió por ellos. Advirtió a los Tyras Flinn de las consecuencias de seguir masacrando a los Ulyeff, pero la Casa de la Zorra no estaba dispuesta a aceptar sus peticiones. El Rey formó su primer ejército, hombres blindados y armados con martillos de guerra de acero de Domen, aplastaron a las tropas de la Zorra en la batalla de los Campos de Flinn. La casa se rindió y juró pleitesía a Kefren.

La conquista de Tyras Flinn sacudió el continente y numerosas guerras comenzaron entre los hombres.

La casa de Morgueth, dedicada por completo a la alquimia, no estaba dispuesta a ver como Domen se hacía con todo el poder y le declararon la guerra. Pero este enfrentamiento no iba a ser tan fácil como el anterior, los ejércitos de alquimistas, eran capaces de trasmutar la materia en combate. El Rey,

consciente de que si continuaba con la campaña las bajas serían inaceptables para ambos bandos, retó en combate singular a Maltret, el alquimista supremo. Kefren venció, y antes de poder saborear la victoria un grupo de alquimistas y el propio Maltret transmutaron dos golems de piedra que a punto estuvieron de acabar con el Rey, pero Sigmar se adelantó y le salvó una vez más. El rey de Domen remató al gran alquimista, Sigmar se colocó a su lado y los dos ejércitos se arrodillaron ante ellos.

El reino había conseguido anexionar gran parte del continente, Hammerfall, capital del reino, se

convirtió en lugar sagrado y las gentes peregrinaban para contemplar a Sigmar, que se había convertido en su guía espiritual. Se creó la orden de los sacerdotes guerreros, dedicados a predicar la palabra y cuidar de los indefensos.

Los Ákeros, un pueblo comerciante que habitaba las costas, sufrió una invasión.Las huestes del sur, conquistaron Punta Solena, una de sus tres ciudades estado. Antes de perder su enclave más valioso,

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3 Puerto Ákeros envió un mensaje pidiendo ayuda al reino de Domen. Kefren acudió y tras una larga guerra les salvo de la amenaza. Los Ákeros, en deuda y en clara desventaja juraron lealtad a Kefren.

El Reino de Domen, con la incorporación de los Ákeros, pasó ser un Imperio. Pero no todos estaban conformes con el orden establecido. Nobles de los diferentes reinos se rebelaron intentando conseguir su propia soberanía. Kefren reprimió estas pequeñas revueltas y formó el consejo de los nueve. Al cabo de unos años, el Imperio se consolidó y el consejo decidió expandir sus dominios.

Fue entonces cuando se comenzó la colonización de los bosques olvidados del norte. El imperio encontró en ellos incalculables riquezas, pero no estaban solos. Esas exuberantes tierras estaban pobladas por misteriosos nativos que vivían en lo profundo del bosque. Kefren, Sigmar y el consejo debatieron sobre el inminente conflicto. Los nueve no estaban dispuestos a renunciar a las riquezas del norte, y Kefren y Sigmar no querían derramar más sangre, así que partieron hacia el corazón del bosque en busca de los dirigentes de estas gentes, que se llamaban a si mismos eltianos, con el fin de llegar a un acuerdo.

Una noche, en medio del inmenso bosque, un nativo se introdujo dentro de los aposentos de Kefren y le asesino mientras dormía. Sigmar percibió algo, pero cuando llegó ya era demasiado tarde, sólo pudo ver como un eltiano se escondía entre las sombras. Lleno de dolor por la perdida, comenzó a quemar todo a su paso. Al día siguiente, los nativos intentaron acabar con los sigmaritas pero con Sigmar a la cabeza eran implacables. El bosque ardía día y noche y avanzaban sin control a lo más profundo. Oleada tras oleada, los sigmaritas aniquilaban a los eltianos que se retiraban hacia el norte. Llegaron hasta una ciudad donde los eltianos concentraron todo su poder, Sigmar, cegado por la ira, no era consciente de que apenas novecientos hombres le seguían en su cruzada y atacó sin miramientos. Al final del día, los eltianos abandonaron la ciudad, en la que solamente quedó Sigmar con un puñado de hombres.

El sol se ponía y el bosque despertaba. Gigantescas criaturas fantasmales aparecieron de los arboles avanzando hacia la ciudad en llamas. Sigmar las esperó al frente de los últimos hombres que quedaban y se enfrentó a ellas.

Sólo uno consiguió volver del horror del bosque. Padeck, el mismo que encontró a Kefren junto a

Sigmar en el monte Sumit. Cuando le encontraron, la cordura le había abandonado. Contaba que solo Sigmar sobrevivió y acabó con los espíritus del bosque y que cuando hubo terminado con ellos,

contempló el cielo, meditó unos instantes y se marchó para no volver jamás.

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Capitulo 2. Después de Sigmar

La desaparición de Sigmar sumió al imperio en la oscuridad. Todos los descendientes de los nueve quisieron gobernar y lo que tanto había costado unir, se separó de la noche a la mañana. Las espadas se levantaron por todos los rincones del continente y la sangre de los sigmaritas se derramó a raudales. Los eltianos, aprovechando el momento asestaron un duro golpe a los divididos sigmaritas y recuperon lo que les pertenecía.

Durante numerosos siglos los sigmaritas lucharon entre ellos. Cada cierto tiempo, una casa conseguía dominar a las demás, pero efímero era el tiempo que podía disfrutar del control de imperio, ya que siempre había otra casa dispuesta a cualquier cosa para hacerse con el poder. De entre todas ellas, las más notables siempre fueron la Casa de la Zorra y la Casa de Domen que se disputaban el trono continuamente.

Hace como unos cien años, un periodo de paz se divisaba esperanzador, ya que después de casi ochocientos años las dos casas predominantes se repartían el imperio en armonía. Pero una vez más, un descendiente de los nueve no iba a admitir que otros gobernaran sobre sus tierras. Una de las familias más poderosas de los Morgueth había esperado pacientemente su momento. Aliados con los Ákeros arrasaron Tyras Flinn y liquidaron a todo miembro de la Casa de la Zorra que pudieron encontrar.

Sigfron, líder de la Casa Domen, se enfrentó contra los morgueth y los akeros durante un año. Incapaz de luchar contra el poder de dos casas unidas, la derrota para Domen era inminente. Pero las tornas cambiaron. Con un pacto insólito e inexplicable aún hoy, los eltianos se unieron a la contienda. Los ákeros, siendo conscientes de su inferioridad retiraron el apoyo a la casa de Morgueth, la cual pese a su poderosa alquimia perdió la guerra. Como castigo, los líderes fueron ejecutados, se quemaron las grandes bibliotecas, se les limitó el uso de la transmutación a alquimia menor y se les obligó a vestir de negro.

Tras estos acontecimientos, Domen gobernaba el Imperio de nuevo y por primera vez había una paz total en el continente. La Casa Ákeros, tuvo una etapa de expansión sin precedentes y se convirtió en el brazo derecho del emperador. Los eltianos, poco a poco se abrieron al imperio. Con los años, un curioso entrenamiento del ejercitó de Domen se popularizó por todo el territorio hasta convertirse en deporte, dependiendo del lugar, es conocido de diferentes formas, pero de forma oficial se le llama Blugger. Los mejores guerreros demostraban su valía en el campo, levantando pasiones entre ricos y pobres que acudían sin falta a los partidos.

Muchos son los buenos recuerdos que se tienen de esta etapa de la historia de los Sigmaritas, en la que Sigfron gobernó con sabiduría y benevolencia…

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Capitulo 3. De Gaia y sus hijos

Mucho antes de la llegada de Sigmar, cuando el continente apenas acababa de nacer, los eltianos disfrutaban del apogeo de su civilización. Vivian en exuberantes ciudades fusionadas con el gran bosque, embriagados del amor de su madre y de su propio ser. Con el tiempo, los eltianos empezaron a rendir culto a los cuatro hijos de Gaia, los Eldars, Cada uno es la esencia de los cuatro elementos;

Entis, dios de los bosques y de lo que los habita, Fuegan, dios del fuego, Aeris, divinidad del aire y Quore, dios del agua.

La madre, viendo que los eltianos veneraban más a sus hijos que a ella misma, delegó su poder a los Eldars y se limitó a contemplar el paso del tiempo, estando presente a través de la corriente vital,

manteniendo así unidas a todas las cosas vivas. Al principio, en su juventud, estos dioses encontraron a los hombres apasionantes y convivieron con ellos en paz y armonía, creando para los eltianos

innumerables maravillas.

Con el paso de los siglos, los Eldars se iban haciendo cada vez más poderosos y sus creaciones eran cada vez más deslumbrantes, hasta que el Eldar de la tierra y de los bosques creó a los Djimbos a partir de la corriente vital. Los demás Eldars tuvieron envidia e intentaron crear seres de la misma forma, pero no fueron capaces. El Eldar del agua, Quore, consiguió manipular la corriente vital, de manera que algunos djimbos al beberla se transformaron en djimbos del agua. Esto enfureció a su hermano mayor Entis, y comenzó la guerra entre hermanos.

La madre lloraba y pidió a sus otros hijos que pararan la lucha entre Quore y Entis, pero ellos se sentían frustrados por no haber sido capaces de crear nada tan maravilloso como los djimbos y se quedaron al margen. Entis, acudió a sus dos hermanos, ellos le rehusaron y les despreció por ello.

Quore, que era más astuto, le enseño a Fuegan que con su elemento podía transformar a los djimbos, y así consiguió sus propios seres.

Los Eldars, inmersos en una espiral de djimbos se enfrentaron cruelmente. Aeris que estaba al margen, finalmente aprendió por sí mismo a crear sus propios djimbos de aire, y enfadado con sus tres hermanos quiso derrotarlos para acabar con la lucha entre Eldars, pero lo único que consiguió fue empeorar las cosas. La madre, dolida por lo que estaban haciendo sus hijos, dejó de manar corriente vital con el fin de detener el caos. Esto enloqueció a los Eldars, a los djimbos y a todos los eltianos, que ciegos de ira se asesinaron cruelmente durante años hasta que sus civilización quedó prácticamente extinguida. Antes de que se destruyeran completamente la madre Gaia volvió y puso fin al odio entre los hermanos. En contra de la voluntad de los Eldars se llevó a las creaciones de sus hijos, que bailaron juntos hasta unirse de nuevo con la corriente vital, que comenzó a fluir de nuevo.

Después de la lucha entre hermanos, casi todo se perdió. Fueron pocos los eltianos que sobrevivieron, y aunque se restauró su pueblo, ya nunca volvieron a ser aquella gran civilización. Siguieron adorando a sus Eldars, pero por encima de todo a la madre.

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Capitulo 4. Después de Sigfron

Largos y buenos fueron los años que Sigfron se sentó en el trono del Imperio, y grande fue la pena cuando dejó a su pueblo para reunirse con sus antepasados.

A su muerte, le relevó su hijo mayor Sigfred, q y bondad. Durante esta etapa, continuó

fronteras y compartió sus riquezas con los otros continentes aumentando

Sigfred se casó con la mujer más deslumbrante del Imperio, Elean, la hija de Noshen, señor de Punta Solena y tuvieron un hijo muy especial, al que llamaron Sigfrid para continuar con el linaje imperial.

Cuando Sigfrid tuvo la edad suficiente empezó su aprendi

sumo sacerdote guerrero se dedicó a enseñarle la doctrina de Sigmar y el arte de la guerra. Pero a Elean le parecía insuficiente y se encargó de que su hijo conociera hasta el último rincón del mundo.

Viajaron durante muchos años, tiempo en el que Sigfrid abrió su mente y conoció pueblos y gentes del otro lado y de los reinos olvidados.

El último de sus viajes fue a las tierras eltianas. Elean y Sigfrid acompañados por

la emperatriz, y una pequeña corte, partieron a Qualien, ciudad árbol donde residían los Elithian, la cuna del poder eltiano. Lo que en principio era una pequeña visita se prolongó durante todo el verano.

Sigfrid hizo tan buenas migas con Shas’Eve, hija de Elanthron y Gyaran, el no quería separase de ella cuando se acabó repentinamente

De vuelta a su hogar, mientras atravesaban el hermoso bosque eltiano rebosante de vida, la compañia de Elean y Sigfrid sufrió una terrible emboscada que acabó con la vida de Elean y la mayoría de los

acompañantes. Batel y Sir Kidfil, consiguieron huir del bosque con el hijo del emperador. Ninguno de los tres fue capaz de recordar con claridad lo que les atacó.

Sigfred, con el corazón hundido en el más profundo odio, reunió a todo el ejército imperial y se dirigió hacia los bosques, así comenzó la guerra de Elean, 12 años de muerte y desolación para ambos bandos.

Recientemente, el emperador se ha retirado del frente de batalla para descansar cedido el Signum a su hijo, otorgándole el deber de guiar al imperio.

los eltianos y todo el continente se encuentra expectante a la espera de futuros acontecimientos.

Largos y buenos fueron los años que Sigfron se sentó en el trono del Imperio, y grande fue la pena cuando dejó a su pueblo para reunirse con sus antepasados.

A su muerte, le relevó su hijo mayor Sigfred, que siguió los pasos de su padre y se comportó con justicia y bondad. Durante esta etapa, continuó el crecimiento del imperio, que como nunca antes abrió sus fronteras y compartió sus riquezas con los otros continentes aumentando aún más su esplendor.

fred se casó con la mujer más deslumbrante del Imperio, Elean, la hija de Noshen, señor de Punta Solena y tuvieron un hijo muy especial, al que llamaron Sigfrid para continuar con el linaje imperial.

Cuando Sigfrid tuvo la edad suficiente empezó su aprendizaje, Tarmed el mismísimo lord comandante y sumo sacerdote guerrero se dedicó a enseñarle la doctrina de Sigmar y el arte de la guerra. Pero a Elean le parecía insuficiente y se encargó de que su hijo conociera hasta el último rincón del mundo.

rante muchos años, tiempo en el que Sigfrid abrió su mente y conoció pueblos y gentes del

El último de sus viajes fue a las tierras eltianas. Elean y Sigfrid acompañados por

queña corte, partieron a Qualien, ciudad árbol donde residían los Elithian, la cuna del poder eltiano. Lo que en principio era una pequeña visita se prolongó durante todo el verano.

Sigfrid hizo tan buenas migas con Shas’Eve, hija de Elanthron y Gyaran, elithians de los eltianos, que no quería separase de ella cuando se acabó repentinamente su estancia en el gran bosque.

De vuelta a su hogar, mientras atravesaban el hermoso bosque eltiano rebosante de vida, la compañia de e emboscada que acabó con la vida de Elean y la mayoría de los

acompañantes. Batel y Sir Kidfil, consiguieron huir del bosque con el hijo del emperador. Ninguno de los tres fue capaz de recordar con claridad lo que les atacó.

o en el más profundo odio, reunió a todo el ejército imperial y se dirigió hacia los bosques, así comenzó la guerra de Elean, 12 años de muerte y desolación para ambos bandos.

Recientemente, el emperador se ha retirado del frente de batalla para descansar

cedido el Signum a su hijo, otorgándole el deber de guiar al imperio. Sigfrid ha firmado una tregua con los eltianos y todo el continente se encuentra expectante a la espera de futuros acontecimientos.

Manuscrito de Maximilian

6 Largos y buenos fueron los años que Sigfron se sentó en el trono del Imperio, y grande fue la pena

ue siguió los pasos de su padre y se comportó con justicia el crecimiento del imperio, que como nunca antes abrió sus

aún más su esplendor.

fred se casó con la mujer más deslumbrante del Imperio, Elean, la hija de Noshen, señor de Punta Solena y tuvieron un hijo muy especial, al que llamaron Sigfrid para continuar con el linaje imperial.

zaje, Tarmed el mismísimo lord comandante y sumo sacerdote guerrero se dedicó a enseñarle la doctrina de Sigmar y el arte de la guerra. Pero a Elean le parecía insuficiente y se encargó de que su hijo conociera hasta el último rincón del mundo.

rante muchos años, tiempo en el que Sigfrid abrió su mente y conoció pueblos y gentes del

El último de sus viajes fue a las tierras eltianas. Elean y Sigfrid acompañados por Batel, gran amigo de queña corte, partieron a Qualien, ciudad árbol donde residían los Elithian, la cuna del poder eltiano. Lo que en principio era una pequeña visita se prolongó durante todo el verano.

ithians de los eltianos, que su estancia en el gran bosque.

De vuelta a su hogar, mientras atravesaban el hermoso bosque eltiano rebosante de vida, la compañia de e emboscada que acabó con la vida de Elean y la mayoría de los

acompañantes. Batel y Sir Kidfil, consiguieron huir del bosque con el hijo del emperador. Ninguno de

o en el más profundo odio, reunió a todo el ejército imperial y se dirigió hacia los bosques, así comenzó la guerra de Elean, 12 años de muerte y desolación para ambos bandos.

Recientemente, el emperador se ha retirado del frente de batalla para descansar en Hammerfall y le ha Sigfrid ha firmado una tregua con los eltianos y todo el continente se encuentra expectante a la espera de futuros acontecimientos.

Manuscrito de Maximilian Powers.

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