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04. Los reinos elementales Autor Libro esotérico

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Carlos Garza

Academic year: 2022

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Los reinos

Elementales

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Se dice que los Reinos Elementales representan las Fuerzas Internas Espirituales de los 4 elementos. Se muestran como imágenes que las gentes han construido a lo largo de muchos cientos de años y que han asumido una vida separada propia. Algunos son sumamente visibles, y el antiguo pueblo Celta recoge muchos relatos de los Gnomos, Hadas, y Duen- des, o las “Personas Pequeñas,” como los irlandeses a menudo los llaman. Todos estos son parte del elemento Tierra. Menos comúnmente conocidos son los Silfos, las Salamandras y las Ondinas, que son parte de los elementos Aire, Fuego y Agua respectivamente. Cada Reino Elemental reside bajo la direc- ción de un Rey Elemental, quien a su vez sirve a uno de los 4 grandes Arcángeles. Junto controlan los esquemas del clima del mundo. Los elementales son criaturas traviesas, quienes se dice que son tan encantadores, que pueden conducirnos al olvido de nuestro propio destino en tierra. Pero en verdad esto simplemente significa que la obsesión – como con cualquier cosa- puede tentarnos a vivir en un mundo de fantasía de sue- ños y falsas promesas, dejándonos incapaces de confrontar y manejar nuestras vidas cotidianas. No obstante, el contacto con ellos no solo es inevitable, sino profundamente enriquece- dor y, cuando se les trata con amor, respeto, adecuado control, pueden reforzar la magia de nuestras vidas al habilitarnos para verdaderamente ver y entender la imponente belleza interna y el poder de los 4 elementos que nos dan vida; y a cambio, nosotros por nuestro contacto con estos Seres, pode- mos asegurar su existencia continuada. Los poderosos elemen- tos de Aire, Fuego, Agua y Tierra son el dominio de los reinos Elementales tanto como lo son de nosotros, y se dice que tan sólo con la protección de los Arcángeles, y el permiso de los Reyes Elementales, que podemos conservar cualquier seme- janza de control. Aunque los escépticos despacharían su des- cripción como puros vuelos de fantasía, se nos dice por quie- nes creen, que los Reyes de los Elementales y sus reinos son parte intrínseca de nuestra herencia. Ellos comparten nuestra existencia, y su espíritu vive dentro de nuestras propias natu- ralezas tan ciertamente como nosotros experimentamos su naturaleza exterior.

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Los cuatro elementos

En tiempos antiguos se tomó considerable nota para la comprensión de los elementos, puesto que se les considera- ba los ladrillos de construcción del Universo, y muchos creye- ron que ellos eran parte también de su estructura básica pro- pia. Los Sabios de esos tiempos los vieron como un reflejo del universo. Estudiaron las estrellas y la naturaleza, y utilizaron la información que reunieron como un método para compren- der a su Creador y sí mismos.

Todos nosotros ahora vivimos entre naturaleza, aún quienes viven en pueblos y ciudades, y a la mayoría de noso- tros nos tranquiliza caminar por el campo o a lo largo de la playa. Pocos de nosotros se toman el tiempo para verdadera- mente estudiarlos, pero si nos interesamos en seguir estas creencias antiguas, hallaríamos que la misma naturaleza con- tiene la clave de mucho conocimiento interno sobre nuestra propia naturaleza, y la parte que desempeñamos en el gran Plan Cósmico.

Cada día nos calentamos con Fuego, Nos bañamos con Agua,

Sentimos el Viento en nuestros cabellos, Caminamos sobre la Tierra.

Muchos se pasmarían al darse cuenta que esos mismos ele- mentos se pueden interpretar como funcionando dentro de nosotros.

Estamos hechos por las mismas leyes, y estos ele- mentos no sólo se sienten alrededor de nosotros, sino que muy ciertamente se pueden expresar a sí mismos en muchas formas dentro de nuestra naturaleza. A causa de esto los elementos son considerados por algunos como muy importantes y, por analogía, se pueden comparar como sigue:

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Fuego = Deseo Agua = Emociones Aire = Pensamiento Tierra = Estabilidad

Hay muchos dichos que han resultado de estos, y no es por accidente que oímos cosas tales como:

Las Llamas de la Pasión (FUEGO) Ahogados por la Emoción (AGUA)

La Brisa fresca de la Razón (AIRE) Sólido como una Piedra (TIERRA)

Y hay muchas analogías más, si nos interesamos en pensarlas. Mientras más estudiamos la naturaleza, y la compa- ramos con nosotros, más podemos saber y quizás aprender y a entendernos, y lo especial de nuestra propia individualidad.

¿Alguna vez deseó saber porqué decimos “Dios el Padre,” y llamamos al mundo en que vivimos como “la Madre Tierra”?

La naturaleza se puede considerar como la Novia y el reflejo de la Creación. El Padre es el Creador, la Madre es quien alimenta a todo lo que se manifiesta en la Tierra – am- bos funcionando en polaridad perfecta. Se nos dice que todo en la naturaleza está hecho con los 4 elementos básicos, y vale la pena examinar cómo esto puede afectarnos también.

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Los elementales

Invocación a todos los Espíritus Elementales:

¡Espíritus Elementales, acérquense a mí!

Gnomos, compartan su humor conmigo.

Ondinas, jueguen en mi presencia.

Silfos, que la brisa me acaricie.

Salamandras, muévanse en las llamas de las velas.

¡Espíritus Elementales, Gracias por venir!

Yo creía desde siempre que los elementales forma- ban parte de la fantasía infantil y de la mitología pagana, hasta que vi a uno. El impacto fue tal que pensé que algo debía de andar mal en mi interior para semejantes experiencias. Des- pués consulté y me confirmaron que lo había visto porque estaba allí; más tarde quise saber, e investigue.

Estos espíritus de la naturaleza han sido tema de es- tudio desde los albores de la humanidad y las teorías sobre ellos varían según las filosofías. Por un lado tenemos a los herméticos tradicionales que recogen las primeras creencias y fuentes de información, incluyendo a las religiones animistas y sus rituales paganos. Por otro lado a los metafísicos filosóficos que estudian el elemento más que lo practican y se centran en cosmogonías abarcando incluso lo poco obtenido de la parap- sicología científica. Por último y quizá la más abundante de todos, que es la tradición popular, con sus cuentos leyendas y tradiciones y su magia casera, que si bien es fantasía siempre se originan en un principio de verdad.

Personalmente, no desecho ninguna de estas vías de conocimiento ya que cada una aporta desde su prisma campos de conocimiento, que dejaría incompleto el estudio de este tema si no se contemplara como un todo. Me planteo presen- tar lo que he obtenido de todas las ramas a fin de mostrar un

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abanico lo más amplio posible para que el lector decida hacia dónde dirigir sus pasos, si es que está interesado.

La Tradición Esotérica

La definición de la tradición esotérica es que “los elementales son espíritus de la región infra astral que repre- sentan a ciertos elementos de los cuales los más importantes son aquellos que forman el planeta Tierra”. Estos seres se ali- mentan de la vibración o energía de los elementos. El planeta está formado por 4 energías, y por consiguiente, cada una tiene su grupo de elementales que adquieren forma humana para ser comprendidos por nuestra mente cuando los pode- mos ver.

Esto significaría que son las potencias inteligentes que rigen y coordinan cada elemento. La Cosmogonía dice que habitan el planeta desde mucho antes de la creación del hom- bre, y que cuando la Tierra solo era una masa incandescente e inanimada, los elementales estaban presentes como ayudantes de los espíritus superiores en la construcción y ordenamiento del planeta. Esto me parece evidente, toda vez, que en el mo- mento en que surge un elemento se genera una vibración y la consecuencia es el elemental. Evidentemente están conectadas con la magia perfectamente estructurada y jerarquizada, como todo en el Cosmos.

Citando en ejemplos prácticos: ¿Alguna vez hemos penetrado en un bosque sintiéndonos observados por mil ojos invisibles?, o, ¿Hemos rehuido instintivamente a sentarnos en una piedra del borde de un camino para buscar otra mucho más alejada? ¿Has tropezado y caído de bruces sobre un char- co de agua? Ciertamente, es habitual en muchísimos casos, pero también nos hemos sentido invadidos de paz y serenidad al mirar en el fondo del estanque silencioso a los pies de un sauce, e incluso en determinados casos hemos sentido una inquietud o un malestar a la vista de un viejo árbol retorcido, o una gruta escondida entre la maleza del bosque, o cuando menos, nuestra propia inseguridad ha aumentado en esos momentos. ¿Cuál es la razón?, sencillamente porque son vi-

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braciones o disarmónicas con nosotros. Deberemos reconocer que si el elemento en si produjera ese efecto, la sensación seria globalizada para todos nosotros cada vez que nos aproximá- ramos al lugar. Pero por el contrario, no es así, sino algo más profundo; es como una emanación que surge de la piedra y que nos atrae o nos repele sin causa aparente. Pues bien, eso es efecto del elemental. Podríamos decir que el elemental es el alma (o la potencia) del elemento.

Tanto las religiones panteístas, que consideran que todo está animado por un alma, como los chamanes de todas las partes del mundo, han bautizado por esa razón a los ele- mentales como los espíritus de la naturaleza, y los invocan bajo el nombre del espíritu del agua, de fuego del aire de la tierra, y dentro de ello también les habremos oído hablar del espíritu de la montaña, del árbol, del rio. Esto es una parte de la que se compone la Magia elemental, en la que se utilizan los elementos como Materia prima representante de una potencia superior: los Elementales naturales. Aun hay otro tipo de ele- mentales llamados artificiales, pero eso corresponde a alta Magia y nosotros no los vamos a tratar aquí. Desde este mo- mento ya queremos comenzar advirtiendo: la Magia Elemen- tal no es un juego. En si contiene un poder muy fuerte, y el hecho de que los veamos o representemos en graciosos enanos o delicadas hadas, no implica que sea ni ingenuo ni divertido, y mucho menos inocuo. Una cosa es conocer la potencia y utilizarla en caso necesario, igual que utilizamos o llamamos a los ángeles, con seriedad y respeto y otra jugar a mago Merlín.

Así pues cuidado, las consecuencias pueden ser nefastas.

La metafísica Filosófica

Para los humanos muy dados a “cotejar científica- mente las experiencias” el mundo de los elementales tiene desde siempre un aire misterioso y mitológico o fantástico;

pero sabios de otros tiempos no los consideraban así.

Tenemos el caso Teofrastus Bombastus Von Hohen- heim (*) llamado Paracelso, que en Europa en el siglo XVI, escribió una enorme cantidad de obras de tipo alquímico, me-

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dico, filosófico y teológico. En su obra “El libro de las Ninfas, los Silfos, los Pigmeos, las Salamandras y demás espíritus”

publicado en 1591, dice: “Los Elementales, no pueden clasifi- carse entre los hombres, porque algunos vuelan como los espí- ritus; no son espíritus, por que comen o beben como los hom- bres. El hombre tiene un alma que los espíritus no necesitan, los elementales no tienen alma, y sin embargo no son semejan- tes a los espíritus, estos no mueren y aquellos si mueren.”.

Esta obra fue claramente la inspiradora de los cuentos de los hermanos Grimm así como a Goethe y R. Heine, entre otro.

Por otro lado el concepto Elemental aparece en todas las cosmogonías como seres reales, formando parte de los orígenes de la tierra y no como cuentos .La mitología griega está llena de, ondinas, elfos, con pasiones y emociones al más puro estilo humano. Pero además es curioso observar, que en todas las culturas desde los albores de la antigüedad, y de manera idéntica, los elementales fueron representados por pueblos tan distantes como los sumerios, los caldeos, los egip- cios, los chinos, los pueblos indígenas de África, Polinesia y América. Los dibujos de sus figuras, son casi idénticas, ya sea en Europa del siglo XV, o en la India misteriosa y mágica 2000 años antes de Cristo, e incluso hoy en día.

Quizás si tomáramos más conciencia que cada ele- mento es algo vivo que contiene un alma, una energía, una vibración llamada elemental nos volveríamos más respetuosos con la naturaleza, lo que redundaría en beneficio de la madre Gaia y por ende en todos nosotros.

Un ejemplo bastante conocido son los Nagas. Los ti- betanos llaman así a los espíritus que moran en la naturaleza.

Algunos de ellos pueden dañar nuestra salud por lo que re- comiendan no realizar determinados trabajos en unos días concretos del año en que los lamas astrólogos han fijado pre- viamente, de acuerdo a las posiciones de los astros y compli- cados cálculos -muy parecidos por cierto a los de los antiguos mayas- a fin de evitar que los nagas debiliten nuestro cuerpo predisponiéndolo a enfermedades. El budismo contiene entre sus prácticas espirituales, determinados de mantras para cal- mar a estos espíritus, o para evitar interferencias de ellos.

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Los elementales tienen su parte más densa o “cuer- po” en el Plano Energético, pudiendo en condiciones favora- bles reflejar hasta cierta corporeidad en las zonas etéricas.

Asimismo los herméticos tradicionales los situaban en el infra astral, o zona intermedia entre el etérico y el denso de tierra.

Un elemental no pertenece a la cadena evolutiva, por consi- guiente no tiene sentido del bien del mal y son puramente duales.

La Creencia Popular

Los representa de formas humanas, a fin de que po- damos reconocerlos, y no porque esa sea su forma real, pero nos encanta saber que hay unos seres diminutos escondidos entre los helechos, o que en el chisporroteo del fuego las sala- mandras saltan y juguetean con las llamas. Entre los elementa- les los hay colaboradores con el hombre, eruditos, y estudiosos pero también socarrones, bromistas y gruñones. Caras hermo- sas etéreas con cuerpos lindísimos y otros de formas grotescas, que al igual que entre los humanos, se agrupan en una varie- dad de razas ocupando su territorio etérico. Decimos que son los guardianes de los bosques, del Fuego, de la Tierra del Agua y el Aire porque como hemos visto antes realmente con- tienen la esencia primordial de su propio elemento. Estos mis- teriosos entes, eran amados y temidos al mismo tiempo, ya que tanto beneficiaban como perjudicaban. Son eternos niños de la naturaleza, tienen un tipo de vibración muy rápida y eléctrica, que les permite trasladarse de un lugar a otro a la velocidad de la luz. Deducimos pues que son es mucho más rápidos que nosotros y por lo tanto sus formas son más ines- tables. Cuando su vibración se ralentiza y solamente durante el tiempo que dure esa frecuencia de vibración, son Visible al ojo humano. La corporización de un elemental se puede pro- ducir, bien por factores naturales originados en la fuerza de energía de la zona, o bien por la voluntad de quien quiera verlos, voluntad que ha de ser fuerte pero no agresiva, pues cualquier inestabilidad en ella repercute en los Espíritus de la Naturaleza y los ahuyenta hacia sus “refugios” energéticos y a

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los juegos ópticos propios de su extraordinario poder para disimularse en los mismos elementos que habitan.

Los magos, brujos y druidas en las religiones animistas les respetaban mucho, y les hacían ofrendas; el éxito o fracaso del ritual dependían parte de que el elemental se sintiera compla- cido o no con las prebendas. Los que en la magia trabajan con elementos los invocan antes de cada ritual en la creación del circulo, y les dan las gracias al final.

Hemos buscado las invocaciones y creado unas ta- blas básicas para aquellos que quieran experimentar con los elementales. Pero tened cuidado. Esto no es una novela de ciencia-ficción, ni una fabula para relatar en la noche a la luz de la lumbre. Es una realidad, los veamos o no y utilizar mal esta energía puede tener consecuencias dañinas. Hablamos de elementos y sus potencias, que desatados son grandes destruc- tores de la humanidad…y eso si lo hemos visto muchas muchísimas veces. Si se invoca a un elemental, tened por se- guro que acudirá, y si no tiene su compensación la tomara el mismo, así pues, mejor no jugar con fuego, podemos quemar- nos.

Las Razas Elementales

SALAMANDRA. Fuego. La cábala las considera co- mo el espíritu elemental compuesto de las más sutiles partes del fuego.

Farisilles (masculino), Shallones (femenino).

Dirigen el elemento fuego; lo controlan. Trabajan du- rante las tormentas, tratando de orientar los rayos cuando se producen. Después de haber cumplido el período terrestre dentro de su línea, se transforman en:

Farrallis o líderes en su área; trabajan como maes- tros. Aspiretes son los ejecutores de los planes elaborados;

controlan varios elementos. Hiarrus son como una especie de gobernadores; elaboran los planes a ejecutar. Ra-Arus es la máxima categoría dentro de la línea de los elementales y sería la misma que dentro de los humanos tienen los arcángeles.

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ONDINAS. Agua Espíritu elemental del agua de carácter similar al de las sirenas. A la luz de la cábala, dice que

“están poseídas de un espíritu maléfico que les hace atrae a sus víctimas a las profundidades de las aguas”. Son de una gran belleza. Ondinas (femenino), Wallanos (masculino).

Aman el agua y se encuentran en sus profundidades, dirigen grupos de Minutes, que trabajan continuamente, guiando el agua por su cauce natural y hasta su salida al mar.

NEREIDAS o Hadas del Mar Nerenes (masculino), Ensines (femenino).

Son las que controlan las aguas del mar, sobre todo cuando hay tormentas, ya que sin su trabajo el efecto del agua en las costas sería devastador. Prestan gran ayuda al hombre, sobre todo en alta mar. Miden alrededor de 5 cm. Permanecen l año en plano físico y 100 años en plano astral. Trabajan en grupos y forman dentro de estos, sub-grupos. Tienen ya un poco de conciencia y forman parejas. En las parejas de los ele- mentales se intercambian poder.

SILFIDES o Céfiros. Aire Ayuda en los planos men- tales. Son las que controlan los vientos. Así como en el agua, hay canales invisibles para nosotros que corresponden a los vientos.

Cuando el aire se descontrola y produce una tempes- tad, causa estragos no sólo para el hombre sino también para las hadas que trabajaban. Esto se produce cuando elementales de baja frecuencia vibratoria atacan por sorpresa y logran de- rribar a las hadas que estaban dirigiendo al viento.

Son las más grandes en estatura.

ELFOS Tierra. Los elementales de Tierra es el grupo más numeroso y de mayor clasificación. De entre ellos desta- camos:

Elfos. Trabajan alejados del hombre, generalmente en los claros de los bosques o montañas. Guían en sus tareas a los congéneres de niveles inferiores. Generan círculos de po- der y trabajan dentro de ellos. La belleza de sus cuerpos está en función del poder adquirido a base de esfuerzo. Están alre-

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dedor de 500 años en plano físico; deciden cuándo volver, pero rara vez lo hacen antes de los 5000 años.

Los Gnomos, trabajan el suelo y las raíces de los árboles dándoles poder. Hacen sus casas en los troncos de los árboles. Los duendes: son los más traviesos y conocidos por los humanos.

Invocación a los Elementales

Según la tradición celta a los elementales se les debe invocar con respeto ofreciéndoles regalos a ser posibles ma- nuales. Cada grupo tiene sus características, su color, su orien- tación, su tiempo en el día y al igual que los humanos, sienten atracción a determinadas cosas. A eso lo llamamos ofrendas.

Hemos confeccionado unos pasos para la creación de un círculo ritual. Sigue las instrucciones y toda irá bien.

¿Cuándo realizar la invocación?

Cada vez que realicéis un ritual de una celebración Wicca por ejemplo: Beltane, Samhain, etc.… y deberéis recurrir al elemental de la estación y la orientación…

Cuando tengáis necesidad de sentiros más fuertes y seguros, o si sufrís de problemas económicos, llamad al ele- mental de la tierra y os ayudara. Si queréis mejorar o incre- mentar vuestro magnetismo invocad al elemental del Fuego.

Pero si lo que buscáis es fomentar vuestra creatividad, o acce- der a mundos invisibles el elemental del Agua os abrirá el camino, mientras que con el elemental del Aire vuestra capa- cidad de concentración se desarrollara mucho más.

Marca un circulo en deosil (deosil significa en la di- rección de las manecillas del reloj). Si ya tienes tu áthame (la daga) o la espada, trázalos con ello, es lo recomendable. Si aun no los tienes busca una vara de árbol – sin arrancarla – y hazlo con ella.

Invócalos con la oración que hay al comienzo de la página. Después invoca al elemental que con el que desees conectar.

Traza por tres veces el círculo en Deosil.

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Ten listo una representación de cada uno de los cua- tro elementos. Busca la caída de la tarde para los elementales de la tierra, la noche para el fuego, el amanecer para el aire y el mediodía para el agua, aunque esto no es obligatorio pero te ayudara si es tu primera vez.

Ten preparado un regalo, algo realizado con tu ma- no. No debe ser costoso, pero debería ser representativo del elemental al que invoques. No es lo mismo regalo que ofrenda ya que esta es algo a lo que ellos se sienten atraídos, mientras que el regalo está elaborado con algo que representa el ele- mento.

Saluda, se siempre correcto con ellos, trátalos bien y serán tus amigos, y no pidas lo que no estés dispuesto a retri- buir.

Cuando termines, declara el círculo abierto pero nunca roto.

Se comienza formando un círculo cerrado como pro- tección al oficiante, para que no entre nadie “no invitado” a interferir. Por eso al terminar se abre el círculo. En magia la energía no se puede romper. Ese es un término material (tra- bajar la materia). Se abre un circulo para salir, se cierra para proteger, nunca se debe romper eso implicaría violencia y se volvería contra nosotros.

ELEMENTAL DEL AIRE

Denominación Silfos (o Céfiros) y hadas.

Cosmogonía Los silfos, cuidaban de la evolución de esos gases tóxicos, para lograr el equili- brio químico y la evolución de los vio- lentos vientos y tormentas nucleares que azotaban al planeta en formación, allá en los comienzos de la historia cósmica.

Rey Paralda

Domicilio Que habitan el mundo de los Árboles, flores, vientos, brisas

Color Rojo ,o amarillo

Dirección Este

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Estación Primavera

Hora de invocación Amanecer, salida del sol.

Herramienta mágica

Varita, incienso, visualización creativa

Símbolos representativos

Cielo, viento, brisas, nubes, aliento, vi- braciones, plantas, hierbas, flores y árbo- les

Características Se relacionan con la comunicación, los viajes y la inspiración. Son seres que viven en el aire, alegres y gentiles, aman- tes de la luz del Sol y de la Luna. Son muy convocados por los magos para desarrollar los poderes de videncia Potencia Conocimiento sobre el mundo vegetal,

inspiración, armonía, crecimiento de las plantas, intelecto, pensamiento, ideas, viajes, libertad, revelación de la verdad, encontrar cosas perdidas, movimiento, habilidades psíquicas

Ofrendas Son atraídos mediante aceites e incien- sos.

Invocación

Espíritu de la luz, espíritu de la sabiduría, cuyo so- plo concede y toma la forma de todas las cosas. Tú para quien la vida de los seres es sombra mudable y niebla que se desva- nece. Tú que levantas las nubes y vuelas sobre las alas de los vientos. Tú que aspiras y pueblas los espacios sin fin. Tú que aspiras y cada cosa creada por ti a ti retorna, motor eterno en la eterna quietud, se por siempre bendito. Nosotros te alaba- mos y te bendecimos en el reino cambiante de la luz creada, de las sombras, de los reflejos de las imágenes; aspiramos férvi- damente a y tu mudable y eterno esplendor. Deja que penetre hasta nosotros el brillo de tu inteligencia y el calor de tu amor:

entonces lo que es movible se detendrá, la sombra se conver- tirá e cuerpo, el espíritu del aire en un alma, el sueño en un

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pensamiento. Y no seremos ya arrastrados por la tempestad sino que sostendremos sólidamente por la bridas los caballos alados de la mañana, y dirigiremos el curso de los vientos para volar delante de ti ¡Oh espíritu de todos los Espíritus, eterna alma de las almas, soplo inmortal de vida, aliento creador, boca que aspiras y respiras la existencia de todos los seres en el fluir y refluir de tu eterna palabra, que es el divino océano del movimiento y de la verdad!

ELEMENTAL DE AGUA

Denominación Ninfas, Ondinas, Sirenas y Tritones y las Hadas de los lagos, estanques y arroyos.

Cosmogonía Cuando los gases se hicieron líquidos y cayeron sobre el planeta en forma de gotas de agua, lluvias y tormentas violentas que inundaron casi toda su superficie, apare- cieron los elementales del agua: Sirenas, Ninfas y Nereidas, por las explosiones nucleares, quitándoles las materias densas y pesadas que aún había en suspensión.

Rey Niksa o Necksa

Domicilio Habitan el mar, lagos, arroyos y manantia- les, estanques.

Color Gris, azul

Dirección Oeste

Estación Otoño

Hora de invocación Puesta de sol Herramienta

mágica

Caldero, copa, cáliz, espejos, el mar

Símbolos representativos

Océanos, lagos, ríos, pozos, manantiales, estanques, lluvia, niebla, bruma

Características Rigen a los vegetales y a los procesos de curación. Estos seres, de gran belleza y aspecto angelical, viven en las profundi- dades acuáticas. Tienen que ver con el amor, con la armonía, los placeres sanos,

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la salud física y psíquica.

Potencia plantas, curación, emociones, gusto, olfa- to, absorción, comunión con lo espiritual, purificación, el inconsciente, amor, placer, amistad, matrimonio, fertilidad, felicidad, dormir, sueños, lo psíquico.

Ofrendas Agua, lociones, soluciones, colonias y perfumes

Invocación

Tremendo rey del mar que sostienes en tus manos las llaves de las cataratas de la tierra. Rey del diluvio y de la lluvia primaveral. Tú que abres los manantiales de los ríos y de las fuentes; tú que mandas en la humedad sangre de la tierra y le ordenas que se transforme en linfa de las plantas, nosotros te imploramos y te invocamos, nosotros que somos tus móviles y mudables criaturas. Háblanos de los grandes movimientos de los fondos del mar y temblaremos delante de ti; háblanos del murmullo de las aguas límpidas y buscaremos tu benevolencia. Inmensidad en la que confluyen todos los ríos del ser, que en ti renace eternamente. ¡Océano de infinitas perfecciones! Altitud vertiginosa que te reflejas en el abismo.

Abismo que en la altitud te exaltas, guíanos hacia la verdadera vida con conocimiento y con amor. Guíanos a la inmortalidad a través del sacrificio, para que un día podamos ser juzgados dignos de poder ofrecer el agua, la sangre y las lagrimas para la remisión de los pecados.

ELEMENTAL DEL FUEGO

Nombre Salamandras, Dragones, Gennies, la con- ciencia de las llamas

Cosmogonía Cuidaban la masa de gases radioactivos presentes en el planeta y de la materia incandescente que debía ir sedimentán-

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dose y enfriándose de a poco, para que el planeta en formación pudiera ser habita- ble

Rey Djin

Domicilio Habitan en el fuego

Color Rojo o blanco

Dirección Sur

Estación Verano

Hora de invocación Mediodía Herramienta

mágica

Daga, Áthame, lámpara o vela, incensario, hierbas quemadas o pedidos sobre papel Símbolos

representativos

Relámpago, volcanes, arco iris, sol, estre- llas

Características Limpian y purifican de bajas pasiones y vicios y además nos permiten cambiar para mejorar aquello que traba nuestro desarrollo. Se encargan de destruir todas las fuerzas negativas, maleficios y conju- ros que exista sobre una persona

Potencia Libertad, cambio, vista, percepción, vi- sión, iluminación, aprendizaje, amor, voluntad, pasión, sexualidad, energía, autoridad, curación, destrucción, purifi- cación

Ofrendas Velas o lámparas, incienso, fuego Invocación

Inmortal, Eterno, Inefable e Increado padre de todas las cosas, que sin cesar eres transportado sobre el rodante ca- rro de los mundos en un perpetuo girar. Dominador de los etéreos reinos donde se levanta el trono de tu poder desde el cual tu tremenda mirada todo lo ve y tus santos oídos todo lo oyen. Socorre a tus hijos que amaste desde el principio de los siglos : porque tu grande, aurea y eterna majestad brilla sobre

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el mundo sobre el cielo, y sobre las estrellas y estas elevado sobre todo, oh fuego escintilante y te iluminas a ti mismo con tu esplendor; y de tu esencia incorruptible emanan rayos de luz que nutren tu infinito espíritu, aquel que produce todas las cosas, y aportas el tesoro inagotable de sustancia siempre dis- puesta para la creación que te circunda, y se apropia de las formas de las que tu desde el principio las has impregnado. En este espíritu tienen su origen los reyes santísimos que circun- dan tu trono y forman tu corte ¡Oh padre Universal! ¡Oh úni- co! ¡Oh padre de los felices mortales e inmortales! Tú creaste en particular las potencias que son maravillosamente semejan- tes al eterno pensamiento, de tu adorable esencia. Tú las esta- bleciste sobre los ángeles, tú creaste un tercer rango de sobe- ranos en los elementos. Nuestro eterno ejercicio es adorar tus deseos y cumplirlos. Nosotros nos quemamos en el deseo de poseerte ¡Oh Padre! ¡Oh Madre la más tierna de las madres!

Oh maravilloso ejemplo de sentimiento y de ternura de las Madres. ¡Oh Hijo flor de los hijos! ¡Oh forma de todas las for- mas! Anima, espíritu, Armonía y Nombre de todas las cosas, custódianos y seremos benditos.

ELEMENTAL DE TIERRA

Denominación Gnomos, Duendes, y Enanos.

Cosmogonía Cuando el planeta comenzó a enfriarse y a estabilizarse: Gnomos, Duendes y Hadas, empezaron a armar los primeros esbozos de arbustos y piedras. Estaban dando origen a todo lo que germinaría después, con el trabajo de millones de años.

Rey Ghob, Gob o Ghom

Domicilio Habitan el interior de la Tierra. Son la conciencia de las piedras preciosas, mine- rales y de la Tierra misma.

Color negro o Verde

Dirección Norte

Estación Invierno

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Hora de invocación Noche, medianoche.

Herramienta mágica Pentagrama, sal, imágenes, piedras, ge- mas, árboles, magia de lazos

Símbolos representativos

Rocas y piedras preciosas, montañas, planicies, campos, suelo, cavernas y mi- nas

Características Sienten afinidad con la sobriedad, la lim- pieza, la organización y el orden. Prestan su ayuda a las personas ordenadas, labo- riosas, amantes de la naturaleza y del saber

Potencia Riquezas, tesoros, renunciamiento de la voluntad de sí, toque, empatía, incorpora- ción, negocios, prosperidad, empleo, es- tabilidad, éxito, fertilidad, dinero.

Ofrendas Sales minerales y polvos.

Invocación

Rey invisible que has tomado la Tierra por sostén, que has abierto los abismos para henchirlos con tu potencia;

tú, cuyo nombre hace temblar las bóvedas del mundo; tú, que haces correr los siete metales por las venas de la tierra; Monar- ca de las siete luces, remunerador de los obreros subterráneos, llévanos al aire deseable y al reino de la claridad. Nosotros velamos y trabajamos sin descanso, buscamos y esperamos por las trece piedras del Círculo Sagrado, por los tesoros que están enterrados, por el clavo de imán que atraviesa el centro del mundo. Señor de la tierra: ensancha nuestros pechos, le- vanta nuestras cabezas; engrandécenos. ¡Estabilidad y movi- miento! ¡Día envuelto en la noche! ¡Blancura perfecta! ¡Oscuri- dad velada por la luz! ¡Esplendor Dorado! ¡Corona de vivien- tes y melodiosos diamantes! Tú, que llevas el cielo en tu dedo como una sortija de zafiro; tú, que escondes bajo tierra, en el reino de la pedrería, la simiente maravillosa de las estrellas, vive, reina y sé eterno dispensador de las riquezas de las que nos hemos hecho guardianes. ¡Ayúdanos!

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Hasta aquí la Tradición, podríamos hablar mucho más y de cada uno de los elementales. Pero iremos ampliando la sección. Baste esto para tomar contacto con ese mundo ma- ravilloso y autentico que es el elemental.

Seres Misteriosos

En la actualidad aún seguimos tratando de averiguar si forman parte de la realidad o si pertenecen a la ciencia fic- ción. Por eso, este tipo de lectura tiene tanto impacto social.

Hay un caso relatado por Jacques Bergier en el que cuenta que en 1887 en una pequeña población catalana llama- da Banjos aparecieron procedentes de una gruta una pareja de niños, vestidos con telas de extraña textura y de piel verde- negro a excepción de los ojos de color azul claro. El revuelo del pueblo fue tal que se desplazaron expertos de varios sitios.

Pero poco pudieron averiguar ya que estos infantes hablaban un idioma absolutamente desconocido y cuya raíz lingüística nada tenía que ver con las conocidas en el planeta. El varón estaba muy débil y murió al poco tiempo. La hembra vivió durante años en la casa del juez de Banjos, y con el tiempo, el color de la piel fue perdiendo su verdosa oscuridad hasta con- vertirse en color blanco. Con los años la extraña joven, apren- dió nuestra lengua y pudo contar, con su media jerga adopta- da, su origen. Según ella, llegaron de un país subterráneo donde no había sol, vivían en un atardecer constante; este país estaba separado del luminoso por una gran corriente de agua, se produjo un enorme torbellino y un ruido terrible que des- plazó a los dos chicos hasta la gruta por la cual fueron a salir a nuestro mundo.

En cuanto a la literatura destaca Bergier en mundos paranormales, por citar a uno. Lamentablemente no se ha en- contrado un pueblo llamado Banjo y las investigaciones han llevado a barajar la posibilidad de que el lugar fuera Bañolas, en Gerona, cuyo lago es fuente de un gran número de relatos increíbles. Por otro lado y curiosamente en Gran Bretaña esta misma historia está relatada alrededor del siglo XV y de idén- tica forma.

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Una vez más nos quedamos con la incógnita: ¿mito?,

¿realidad?, ¿existen seres que habitan las capas inferiores de la tierra…? pero ese es otro tema que se aparta de nuestro libro de las Sombras.

Diminutos seres habitantes de grutas. ¿Elementales de la Tierra?

A fin de que “no decaiga” el misterio, cruzaremos el charco del océano y nos dirigimos a América central.

Los Ikal y Wendis, son unos diminutos seres de menos de 1 metro de estatura y similares a los enanos. La traducción del vocablo en idioma Tzal, significa peludos.

Según relato de Brian Stoss antropólogo de Berkeley, los ikal habitan en grutas como los murciélagos. El antropólo- go recopiló información de la gente del lugar, que afirmaban que estos seres diminutos salían de sus escondites y secues- trando a las mujeres indias, a las que paralizaban, se las lleva- ban a sus cuevas, donde las embarazaban una vez a la semana y daban a luz unos hijos negros a los que enseñaban a volar.

En este enlace se encuentra la referencia completa en el sitio de Enigmas y misterios. Os recomiendo echarle un vistazo.

Pero regresemos a Europa….

Finlandia tiene una arraigada tradición de estos ena- nos o gnomos de mal genio que crean problemas a los moder- nos constructores si sienten invadido su territorio. Lo mismo ocurre en Irlanda, Austria, en la India, y… bueno, la lista sería inmensa. En la península ibérica destacan las zonas de Catalu- ña y país Vasco como domicilio legendario de estas diminutas criaturas.

Por otra parte la literatura infantil no es más que el simbolismo disimulado de la más alta tradición esotérica, con- tenida en ingenuos relatos, lo que facilita la transmisión de verdades trascendentales entre los iniciados esparcidos por el planeta, ocultando estos secretos a los no adeptos.

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Los elementos de La magia

Los «elementos» dentro del simbolismo mágico son los componentes básicos de todo lo que existe. Estos cuatro elementos -Tierra, Aire, Agua y Fuego- son al mismo tiempo visibles a invisibles, físicos y espirituales.

Según el pensamiento mágico, todas las cosas han sido formadas a partir de estos cuatro elementos. Nuestro conocimiento científico actual que afirma que hay muchos más

«bloques constructivos», está en desacuerdo con esta afirma- ción, pero no es más que una versión más refinada.

Resulta necio ver los cuatro elementos en términos puramente físicos. La Tierra, por ejemplo, no sólo se refiere al planeta en el que existimos, sino también al fenómeno de la terrosidad, de apoyo y estabilidad. Similarmente, el Fuego es mucho más que la llama.

Aunque hay muchos atributos de estos elementos que están fuera de lugar en este capítulo, son necesarias unas palabras sobre cada uno de ellos y por qué son importantes en las tareas de magia.

Puesto que esta es la magia de la Naturaleza, al usar poderes, instrumentos y símbolos naturales, es importante comprender estos poderes. Uno de los caminos por los que se puede conseguir esto es a través del estudio de los elementos.

El sistema de elementos fue ideado y refinado en el Renacimiento, pero sus raíces se extienden mucho más atrás en la historia. Se puede ver como nada más que un sistema de poderes que pueden ser invocados para ayudar en los hechi- zos y rituales. Cómo lo veas tú es cuestión tuya.

Las siguientes discusiones tratan del simbolismo y de los tipos de magia relacionados con los elementos. Toda la magia contenida en este libro está bajo el gobierno de uno (o más) de estos elementos. Esto es verdad también para todo lo que existe.

La comprensión de ellos ayudará inmensamente a tus tareas mágicas.

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Aunque los elementos están descritos como « mascu- linos o «femeninos», esto no se debe ver de un modo sexista.

Esto, como todos los sistemas mágicos, es simbólico -describe los atributos básicos de los elementos en términos fácilmente comprensibles-. No quiere decir que sea más masculina el realizar magia del fuego, o más apropiado para mujeres el usar magia del agua. Es simplemente un sistema de símbolos.

Tierra

Este es el elemento con el que estamos más cercanos al hogar, puesto que es nuestro hogar. La Tierra no representa necesariamente la Tierra física, sino esa parte de ella que es estable, sólida, segura.

La Tierra es el fundamento de los elementos, la base.

Es en este dominio en el que vivimos la mayoría de nosotros una buena parte de nuestras vidas. Cuando andamos, nos sentamos, nos levantamos, nos arrastramos, comemos, dor- mimos, hacemos nuestros trabajos, cuidamos nuestras plantas, examinamos nuestros libros de cheques o probamos sal esta- mos trabajando con el elemento Tierra. La Tierra es el reino de la abundancia, prosperidad y riqueza. Aunque es el elemento más físico esto no es negativo, porque los otros tres se apoyan sobre la Tierra. Sin la Tierra, la ida como la conocemos no exis- tiría.

En las tareas mágicas, la Tierra «regula» todos los hechizos y rituales que involucran negocios, dinero, empleo, prosperidad en todas sus formas, estabilidad, fertilidad, etcé- tera. Un ritual de este elemento podría ser enterrar un objeto representativo de tu necesidad en una parcela virgen de tierra, caminar a través de millas de campo visualizando tu necesi- dad, o dibujar imágenes en el barro.

La Tierra es un elemento femenino. Es nutridora, húmeda, fructífera y son estas cualidades las que la hacen femenina. Tales atributos han impulsado a incontables civili- zaciones a considerar la Tierra como una gran Diosa Madre, la toda-fértil Creadora de la Naturaleza. La Tierra regula el pun- to Norte de la brújula, porque es el lugar de mayor oscuridad y del invierno. Su color es el verde de los campos y las plantas.

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Gobierna la magia de las piedras, las imágenes, los árboles y los nudos.

Aire

El Aire es el elemento intelecto; es el reino del pen- samiento, que es el primer paso hacia la creación.

En relación con la magia, el aire es la visualización clara, ordenada, pura que es un poderoso instrumento para el cambio. También es movimiento, el ímpetu que envía la visua- lización hacia afuera, hacia la manifestación. Regula hechizos y rituales que involucran viaje, instrucción, libertad, obtención de conocimiento, descubrir objetos perdidos, desvelar menti- ras, etcétera. También se puede usar para desarrollar las facul- tades psíquicas.

Los hechizos que involucran al aire suelen incluir el acto de situar un objeto en el aire o dejar caer algo desde el borde de una montaña o de otro lugar elevado de manera que el objeto conecte físicamente con el elemento.

El Aire es un elemento masculino, seco, expansivo y activo. Es el elemento que sobresale en los lugares de aprendi- zaje, y que actúa cuando teorizamos, pensamos o ponderamos.

El Aire regula el Este, porque esta es la dirección de mayor claridad, y la de sabiduría y conocimiento. Su color es el amarillo, el amarillo del Sol y del cielo al amanecer, y su estación es la primavera. El Aire gobierna la magia de los cua- tro vientos, la mayoría de las adivinaciones, la concentración y la magia de visualización.

Fuego

El Fuego es el elemento del cambio, el deseo y la pa- sión. En cierto sentido, contiene en su interior todas las formas de magia, puesto que la magia es un proceso de cambio.

La magia del Fuego puede ser aterradora. Los resul- tados se manifiestan rápida y espectacularmente. No es un elemento para el temeroso. Sin embargo, es el principal y por esta razón es muy usado.

Este es el reino de la sexualidad y la pasión. No es sólo el fuego sagrado» del sexo, es también la chispa de divi-

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nidad que brilla dentro de nosotros y de todas las cosas vivas.

Es al mismo tiempo el más físico y el más espiritual de los elementos.

Sus rituales mágicos suelen involucrar energía, auto- ridad, sexo, curación, destrucción (de hábitos negativos, en- fermedad), purificación, evolución, etcétera. Un ritual de Fue- go suele involucrar ahumar o quemar una imagen, hierba, o cualquier otro objeto inflamable, o el use de velas o pequeñas hogueras.

Su magia se practica normalmente junto a la chime- nea, o junto a fuegos encendidos en espacios libres salvajes, o junto a la llama de una simple vela.

El Fuego es masculino. Regula el Sur, el lugar de mayor calor, el color rojo y la estación del verano. Toda la magia de las velas se encuentra bajo los poderes del fuego.

Agua

El Agua es el elemento de la purificación, la mente subconsciente, el amor y las emociones. Así como es un fluido, constantemente cambiante, fluyendo de un nivel a otro, así también nuestras emociones están en un constante estado de flujo. El Agua es el elemento de absorción y germinación. El subconsciente está simbolizado por este elemento porque está girando, siempre moviéndose como el mar que no descansa ni de noche ni de día.

La magia del Agua involucra placer, amistad, ma- trimonio, fertilidad, felicidad, curación, dormir, soñar, actos físicos, purificación, etcétera.

Un ritual de agua suele finalizar arrojando o situan- do un objeto en agua.

Este es un elemento femenino, y su color es el azul del agua profunda, profunda. Regula el Oeste y los meses del otoño, cuando los chaparrones lavan la Tierra. La magia del agua se realiza con espejos, el mar, la niebla y la lluvia.

Aunque no es necesario invocar estos elementos o trabajar con ellos directamente, es beneficioso ser consciente de ellos y recordarlos cuando se practique la magia.

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Los Elementos: las piedras angulares de la magia.

Conocer y entender los elementos es lo más básico en el arte de la brujería y es esencial para hacer magia. Casi todos los factores de los que se compone se relacionan con estos elementos de una manera o de otra. Aunque se pueden hacer algunos hechizos sin necesidad de comprender su fun- cionamiento, tales encantamientos suelen ser menos efectivos y/o actúan con menos previsión o no lo hacen en absoluto.

Los elementos a los que me refiero no son los de la tabla pe- riódica, sino los atributos básicos de las fuerzas de la naturale- za y de la Tierra. Son, por tanto, el Aire, el Fuego, el Agua, la Tierra y el Espíritu. En sus muy distintas formas son aspectos del ecosistema de los que surge toda la vida y que influyen sobre nuestra existencia.

El Aire es el viento; desde la brisa veraniega más gentil a los huracanes y tornados que arrasan el planeta. Todos los seres vivos necesitan respirarlo de alguna manera. El Fue- go es el calor y la luz que emanan del Sol, así como las llamas que alumbran nuestros hogares o las que se propagan salva- jemente y asolan lo que encuentran a su paso como lo haría un incendio en un bosque. La vida, por supuesto, necesita la luz y el calor para sobrevivir: El Agua abarca desde una simple ducha hasta un aluvión, así como los arroyos, los ríos, los oc- éanos o los mares en calma o sumidos en la peor de las tem- pestades. En su estado más brutal es el tsunami o la violenta marejada. Y, desde luego, todas las formas de vida necesitan el agua para sobrevivir. La Tierra son las rocas, las piedras, los guijarros y los minerales, además de la arena en la que subsis- ten diversas criaturas; pero es también el terremoto que puede extinguirnos. Es el medio en el que crecen las plantas y un agente fundamental en la cadena alimentaria. El Espíritu es la divina y misteriosa chispa de la vida; la diferencia entre algo que vive, crece y se reproduce o lo que yace quieto e inerte.

En este capítulo me centraré, sobre todo, en cuatro de los cinco elementos: Aire, Fuego, Agua y Tierra. En el pasado, los seres

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humanos solían pensar que estos elementos influían y contro- laban todos los aspectos de la vida cotidiana, que determina- ban si habría comida suficiente y si las personas prosperarían o no. La carencia o exceso de los mismos traía consigo una gran hambruna y la posibilidad de vivir o de morir. Es eviden- te que todavía pueden hacerlo; basta con mirar un telediario para ver los efectos de los huracanes, de los incendios en los bosques, de la sequía, de la hambruna, de los terremotos, de los corrimientos de tierras, de los tsunamis y otros efectos que prueban que puede haber una superabundancia o una caren- cia manifiesta de cualquiera de estos elementos. El quinto, el Espíritu, es lo que diferencia lo que está vivo de lo que no lo está, y posee también un matiz divino que guarda una relación directa con la Diosa y con el Dios. El capítulo que le he dedi- cado se centra en las diosas y en los dioses, y en las maneras en las que puedes llegar a comprender qué son exactamente.

Entre tanto, imagínalos a tu antojo.

En la brujería, y en otros credos, los elementos no son sólo las fuerzas físicas de la naturaleza; también forman parte de nosotros. El Aire simboliza nuestro pensamiento, esa parte de nosotros que reflexiona; es además nuestra respira- ción y el sentido del olfato. El Fuego se convierte en el entu- siasmo y las pasiones, en esos sentimientos enérgicos que nos sobrecogen y que nos obligan a actuar o a reaccionar, en el latido del corazón y en el sentido de la vista. El agua encarna nuestras emociones, la alegría, la risa, la pena y las lágrimas.

Es la sangre que corre por nuestras venas y el sentido del gus- to. La Tierra equivale a nuestra forma física, al cuerpo y al sentido del tacto. El Espíritu es una parte inmaterial de noso- tros mismos a la que también podríamos llamar el sentido del ser o el alma.

Los elementos están presentes y vinculados a otros aspectos de la vida: a la hora del día, a la estación del año, a la edad de una persona e incluso a la dirección de la brújula. El Aire, que siempre debe ocupar el primer lugar, representa y lo representa la mañana, la primavera, la juventud y el Este. El Fuego es la tarde, el verano, la edad adulta y el Sur. El Agua es el crepúsculo, el otoño, la madurez y el Oeste. La Tierra es la

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noche, el invierno, la senectud y el Norte. El Espíritu los abar- ca a todos ellos. Los elementos forman parte de lo que hace- mos a diario. El Aire es la idea y el proceso de reflexión que nos lleva hasta ella. Por eso este elemento ocupa el primer lugar, pues conviene que meditemos nuestras acciones antes de llevarlas a cabo. El Fuego personifica el entusiasmo que nos hace desear transformar nuestros pensamientos en actos. El Agua podemos interpretarla como nuestro bagaje sentimental.

La Tierra viene definida por lo físico que hace acontecer las situaciones. El Espíritu es la chispa que da la vida, esa parte de nuestro ser que contagiamos a todo para hacerlo especial y nuestro.

Los elementos son también la base sobre la que se apoya el Círculo de las Brujas. Cada uno de ellos se llama o invoca con un propósito y se ordena en el cuarto que le co- rresponde del compás, esto es: Aire al este, Fuego al sur, Agua al oeste y Tierra al norte. El Espíritu es, a la vez, la Diosa y el Dios, el ser y también el núcleo del Círculo y toda su circunfe- rencia. En ocasiones utilizamos colores para representarlos.

Así, el amarillo se corresponde con el Aire, el rojo con el Fue- go, el azul con el Agua y el verde con la Tierra. No obstante, pueden emplearse otras combinaciones cromáticas. Para crear un buen hechizos, primero tienes que concebir la idea (Aire), a continuación pensarás en ella con entusiasmo (Fuego), des- pués te involucrarás sentimentalmente (Agua) y, por último, la llevarás a cabo (Tierra), eso sí, tendrás que poner una parte de ti para que eso suceda (Espíritu).

Sus atributos demuestran lo importante que son los elementos, tanto en la vida cotidiana como en la brujería, pues no son sólo fuerzas muy poderosas de la naturaleza, sino que también están en contacto con todos los aspectos de la existen- cia y de nuestro interior. Para crear magia es esencial que los conozcas y los entiendas y, por supuesto, también todo aque- llo con lo que están relacionados. Si pretendes que la magia actúe de la manera que deseas, tienes primero que ser capaz de manejar las energías tanto desde el interior como desde el exterior. El primer paso para conseguirlo es experimentar de forma activa con los elementos de la naturaleza.

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Los elementales De Paracelso

Hablar de unos extraños seres que no son hombres, que no son ángeles, que no son espíritus, pero que son a la vez, todo eso y más, no es, evidentemente, tarea fácil.

No obstante, podemos aventurarnos por este mágico mundo de los “elementales”, también llamados Gente Menu- da, Pueblo de la Buena Gente, espíritus de la Naturaleza o simplemente habitantes del País de las Hadas, bien provistos de toda clase de talismanes y de los conjuros que se conozcan, así como de una buena dosis de sentido común y de sentido del humor, pues aunque los seres de los que vamos a hablar son normalmente invisibles para nosotros, no por ello son menos reales.

El médico y alquimista suizo Paracelso, cuyo autén- tico nombre le hace a uno trabarse la lengua: Philippus Aureo- les Theophrastus Bombastus von Hohenheim, afirmaba en su Philosophia Occulta que los “elementales”

“No pueden clasificarse entre los hombres, porque algunos vuelan como los espíritus, no son espíritus, porque comen y beben como los hombres. El hombre tiene un alma que los espíritus no necesitan. Los elementales no tienen alma y, sin embargo, no son semejantes a los espíritus, éstos no mueren y aquéllos sí mueren. Estos seres que mueren y no tienen alma ¿son, pues, animales? Son más que animales, por- que hablan y ríen. Son prudentes, ricos, sabios, pobres y locos igual que nosotros. Son la imagen grosera del hombre, como éste es la imagen grosera de Dios… Estos seres no temen ni al agua ni al fuego. Están sujetos a las indisposiciones y enfer- medades humanas, mueren como las bestias y su carne se pudre como la carne animal. Virtuosos, viciosos, puros e im- puros, mejores o peores, poseen costumbres, gestos y lengua- je”.

El comportamiento ecológico es propio de todos los

“elementales”, desde el Busgosu asturiano hasta el Trentí de Cantabria, pasando por las distintas familias de hadas y duendes que existen en nuestro país, teniendo su mayor ex-

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ponente en Mari, deidad femenina considerada por las tradi- ciones vascas como la reina de todos los elementales, ya que maneja y se identifica con casi todas las fuerzas de la Gran Madre Naturaleza, sean éstas tormentas, rayos, nublados, pedriscos, puesto que todos estos seres diminutos son parte indisoluble de la misma, aunque en una realidad paralela y sin la cual no sobrevivirían, y, por supuesto, nosotros tampoco.

Intentar elaborar una clasificación de todos los seres míticos que aparecen en España es una tarea complicada.

Cuando se dedica tiempo y esfuerzo a seguirles la pista, se comprueba la diversidad de nombres, aspectos, costumbres y actitudes que adoptan ante los humanos; es por esto por lo que se les suele llamar genéricamente “elementales”, término más amplio que duendes, hadas, espíritus, geniecillos, etc., pues todos estos nombres designan a una parte de estos seres o a un grupo en concreto, pero nunca la totalidad. Además, el término los define muy bien, ya que son seres relacionados con los cuatro elementos básicos y primarios de la Naturaleza, es decir, el agua, el fuego, el aire y la tierra.

Paracelso creía que cada uno de estos cuatro elemen- tos estaba constituido por un principio sutil y por una sustan- cia corporal densa, es decir, todo tiene una doble naturaleza.

Así el fuego es visible e invisible, pues una llama etérea y espi- ritual se manifiesta a través de una llama sustancial y material, pasando algo parecido con los otros tres elementos, por esta razón, del mismo modo que la naturaleza visible está habitada por un número infinito de criaturas vivientes (plantas, anima- les y hombres), la contraparte espiritual e invisible – su uni- verso paralelo diríamos hoy en día – está también habitada por una multitud de peculiares seres a los cuales dio el nom- bre de “elementales”, más tarde denominados Espíritus de la Naturaleza, dividiendo esa población en cuatro grupos dife- rentes, a los que arbitrariamente denominó gnomos (elemento tierra), ondinas (elemento agua), silfos (elemento aire) y sala- mandras (elemento fuego), creyendo que eran criaturas real- mente vivas, semejantes a un ser humano en la forma, habi- tando sus propios mundos no muy alejados del nuestro, aun- que invisible para nosotros por la razón de que los sentidos

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poco sutiles y poco desarrollados del hombre no son los más aptos para detectarlos.

Las Trece Coincidencias

No obstante, a pesar de sus diferencias, que en oca- siones son enormes, todos ellos presentan una serie de curio- sas similitudes, que escuetamente pasamos a comentar

1. Son seres interdimensionales y atemporales. A di- ferencia de nosotros, no se rigen por las leyes físicas ordina- rios, o al menos eso parece. Sin embargo, todos los indicios hacen pensar que viven como nosotros en la Tierra a pesar de que son seres del mundo etérico y astral y que comparten con los humanos los mismos lugares (ríos, bosques, montañas e incluso hogares). Todos los elementales están esencialmente ligados a elementos y fuerzas que forman parte del lado des- conocido de la naturaleza. Tanto ellos como los Devas la pro- tegen y se mimetizan en ella de forma tal que una agresión a árboles, plantas y animales la consideran una afrenta hacia ellos mismos.

2. Generalmente viven en comunidades y están or- ganizados jerárquicamente, existiendo un jefe, rey o reina que los gobierna (así ocurre con la familia de las hadas, de las la- mias, de los xacios, etcétera), incluidos los seres vinculados a los hogares, como son los duendes o familiares, que suelen obrar en colectividad, si bien se manifiestan por separado. Al vivir en tribus o grupos, tienen comportamientos similares a los de los humanos; se casan, tienen hijos, entierros, etcétera.

3. En su estado habitual son invisibles para el hom- bre, aunque no para algunos niños y animales (por ejemplo, una variedad de los duendes, los tardos, son visibles para los gatos y perros). Sin embargo, tienen cierta capacidad para materializarse en nuestra dimensión física y, por tanto, para hacerse visibles. Muchas veces, aunque lo deseen, no son visi- bles en su totalidad, lo que ha motivado la existencia de una gran diversidad de opiniones sobre su naturaleza, aunque la teoría más generalizada es considerarles seres intermedios entre el hombre y los ángeles, con cuerpos ligeros, cambiantes,

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camaleónicos y tan sutiles que pueden hacerlos aparecer o desaparecer a voluntad.

4. La característica anterior puede ser ampliada en el sentido de que muchos elementales pueden cambiar de tama- ño y forma, adoptando tanto aspectos grotescos como hermo- sos, e incluso animalescos. Esta posibilidad está hoy en día muy discutida, siendo probable que, en realidad, lo que ocu- rra, no es voluntariamente quieran parecer feos o grotescos, sino que sean realmente así. La creencia general de que su tamaño es siempre diminuto hay que cuestionarla. Pues aun- que prefieren el reducido – para ocultarse mejor de las mira- das indiscretas -, pueden adoptar tamaños gigantescos. Lo cierto es que son multiformes, como así lo confirmó al investi- gador Walter Wentz uno de sus informantes: “Pueden apare- cer bajo distintas formas. Una vez se me apareció uno que apenas tenía un metro de altura y era de complexión robusta, pero me dijo: “Soy mayor de lo que tú ahora me ves. Podemos rejuvenecer a los viejos, empequeñecer a los grandes y en- grandecer a los pequeños”.”

5. Respecto a su temperamento, son, por lo general, juguetones. Les encanta confundir, asustar y asombrar a los humanos con sus trucos, invenciones y juegos (así lo hacen, al menos, los “elementales de la tierra”, como trasgos, frailecitos, sumicios y demás familia de duendes, así como los seres de los bosques, como el Tentirujo, el diaño burlón o el Busgoso). Son caprichosos y se les describe como seres codiciosos, con ten- dencia a la melancolía.

6. Están enormemente interesados en determinados aspectos sexuales de los humanos, de forma directa o indire- cta, produciéndose en ocasiones contactos y uniones. Es éste un asunto de gran importancia, pues es una constante perma- nente en su relación con nosotros (piénsese en los íncubos y a los súcubos). En España existen claros vestigios de enlaces entre humanos y elementales que han dejado descendencia.

Este aspecto es especialmente interesante por estar poco estu- diado por los folcloristas y del cual hablamos ampliamente en otra obra.

7. Cuando se hacen amigos de un humano o, por al-

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guna razón, lo estiman y aprecian, le otorgan grandes regalos materiales, (oro, joyas, etc.) o bien poderes psíquicos (telepatía, clarividencia…). Si, por el contrario, nos enemistamos con ellos, son tremendamente rencorosos y vengativos. Un ejem- plo muy claro lo tenemos con los duendes, familiares y hadas.

8. Viven muchos más años que los hombres, pero sin llegar a ser inmortales. Pueden alcanzar del orden de 500 o más años, según los casos, y cuando llegan a una cierta edad, dependiendo de cada grupo, empiezan a menguar, de manera que vienen a menos hasta desvanecerse totalmente. Los espíri- tus de la Naturaleza no pueden ser destruidos por los elemen- tos más densos y groseros del fuego, la tierra, el aire o el agua.

Funcionan en una banda de vibración mucho más alta que la de las sustancias terrestres. Al estar compuestos por apenas un único elemento o principio – el éter en el que funcionan – (a diferencia del hombre, que está compuesto por varias natura- lezas, como son el cuerpo, mente, alma, espíritu…), no poseen espíritu inmortal, y, al llegarles la muerte, simplemente se desintegran en el elemento individual original. Los que están compuestos de éter terrestre (gnomos, duendes, enanos…) son los que viven menos, y los del aire viven más.

9. Son éticamente neutros, y pueden resultar perver- sos y dañinos, así como bondadosos y amables, en función de nuestro personal con ellos y de lo que simbolizan. No olvide- mos que representan todos los aspectos de la Naturaleza, a la que están vinculados de forma inherente y esencial. Carecen de conciencia, de mente, de un yo individualizado, y, por esta razón, no distinguen moralmente el bien del mal, aunque ayudan a la gente bondadosa y perjudican a los que son mal- vados con ellos. Se supone que tales criaturas son incapaces de desarrollo espiritual, pero algunos tienen un sorprendente elevado carácter moral.

10. Son inteligentes, en el sentido de que obedecen a un fin racional y concreto. Algunos parecen poseer una inteli- gencia extremadamente desarrollada, pero todos tienen ciertas limitaciones que les hacen en ocasiones parecer débiles y fáci- les de engañar ante los humanos, aunque muchos de ellos disponen de poderes para nosotros inalcanzables.

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11. Conocen y usan los elementos y leyes de la Natu- raleza para conseguir sus objetivos (como los Nuberos y los Ventolines), y con frecuencia se les atribuye la construcción de megalitos, razón por la cual algunos estudiosos vinculan erró- neamente a ciertos “elementales” con los dioses de los anti- guos, aunque la verdad es que casi todos ellos poseen fuerza física y poder de sugestión como para afectar a nuestra volun- tad y sentimientos si estamos en su campo de acción (como el canto de las sirenas o la danza de las hadas, por ejemplo).

12. No hay nada que les aterrorice tanto como el hie- rro y el frío acero, a pesar de que, paradójicamente, algunos de ellos, como los enanos o los gnomos, se dediquen a la profe- sión de herreros. Sus armas – que las tienen – no están nunca compuestas de estos materiales, sino que, en su mayoría, están confeccionadas con una piedra similar al pedernal amarillo, utilizando las mismas para defenderse, aunque también para atacar a animales. De todo esto se infiere que uno de los mejo- res talismanes para evitar su presencia es el hierro y todos sus derivados.

13. Por último, habría que señalar que sus principa- les ocupaciones, en las que gastan la mayor parte de sus energías, son: la música, la danza, las luchas, los juegos y el amor. Básicamente poseen tres grandes festividades: la del mes de mayo, la del 24 de junio (solsticio de verano) y la del mes de noviembre.

Al igual que en el resto del mundo, los elementales en España buscan sus habitáculos en contacto directo con la Naturaleza, aun en el caso de aquellos más íntimamente vin- culados a los humanos (como los duendes), siendo así que encontramos su presencia entre cuevas y montañas (gnomos, trastolillos, enanos), bosques (busgosos, diaños, trentis), vincu- lados a fenómenos atmosféricos (nuberos, ventolines, tronan- tes) o a la Naturaleza en general (xanas, anjanas, mouras, en- cantadas y demás hadas o espíritus femeninos de la Naturale- za).

Tal como asegura García Atienza, los seres elementa- les vienen a ser “una especie de llamada de atención hacía una realidad que se da en la Naturaleza y que no se comporta con-

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forme e los cánones físicos o morales establecidos por la socie- dad humana”, y aunque más tarde dice que es inútil tratar de entenderlos, por nuestra parte vamos humildemente a inten- tarlo en esta obra monográfica sobre duendes y demás seres vinculados a las casas y a los hombres, los cuales se ajustan a estas trece características en mayor o menor medida.

Por su amplitud, importancia y especial presencia entre los humanos, los duendes domésticos y espíritus fami- liares (encuadrados en el elemento tierra) constituyen un gru- po genuinamente propio, y los hemos estudiado de forme separada, aunque no independiente, del resto de los seres mágicos.

Un Cuento para abrir Boca

Para adentrarnos en este mundo maravilloso de los duendes, vamos a contar un cuento ya clásico de Fernán Caba- llero (nacido en 1796), considerada la matriarca de la literatura infantil española, en el que ya se apuntan algunos de los as- pectos que más tarde veremos con mayor detalle, como es su facilidad para transformarse, sus travesuras y su mal humor.

Lleva por título

La gallina duende.

Una mujer vio entrar en su corral a una hermosa ga- llina negra, la que a poco puso un huevo que parecía de pava, y más blanco que la cal. Estaba la mujer loca con su gallina, que todos los días ponía su hermosísimo huevo.

Pero huido de acabársele la overa y la gallina dejó de poner, y su ama se incomodó tanto que dejó de darle trigo, diciendo:

- Gallina que no pone, trigo que no come.

A lo que la gallina, abriendo horrorosamente el pico, contestó:

- Poner huevos y no comer trigo, eso no es conmigo.

Y abriendo las alas dio un volteo, se salió por la ven- tana y desapareció; por lo que la mujer se cercioró que la tal gallina era un duende, que se fue resentido por la avaricia de la dueña.

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Los Atalayas Vigilantes o Guardianes

Según el libro de Enoch y la magia enochiana, cada Arcángel está identificado con los 4 elementos y los 4 puntos cardinales, con los que forman un círculo de poder y magne- tismo dentro del que se encuentra la tierra. Ellos representan la rueda solar, desde el amanecer, hasta el anochecer.

Atalaya del Este: El Arcángel Rafael representa el amanecer, sus ropas son de color amarillo con reveses violetas.

Lo describen como un adolescente de cabellos rubios ensorti- jados y ojos azules, tiene una aureola dorada sobre su cabeza.

Invocación:

Yo te saludo a ti, Rafael señor de la atalaya del Este y del elemento aire, para que me confieras el beneficio de tu poder y me otorgues la fuerza de la mente y la claridad de ideas. Así como la facultad de descubrir a mis enemigos, sus actos, pensamientos y obras.

Elemento AIRE

Son seres muy buenos, pero se ofenden fácilmente, el modo de manifestar su enojo, es provocando grandes torbelli- nos o huracanes. Se caracterizan por ser muy cambiantes. Pre- fieren vivir solos, y sus facciones son infantiles y de orejas terminadas en punta. Viven en casas abandonadas en el cam- po y les gustan las cosas caras que roban de otros lugares. Los Silfos y Sílfides, son los encargados por excelencia de formar las nubes y las lluvias. Las Sílfides son todas muy bellas, y se manifiestan de distintas maneras, como mariposas, o peque- ñas lucecitas en la oscuridad. Otra función de las Sílfides es la de obrar de musa inspiradora de los artistas, ayudando a los que trabajan con la imaginación, sintiéndose muy satisfecha cuando lo consiguen. Son muy buenas, siempre y cuando no se las ofenda y se cree que tienen mayor contacto con los ánge- les que el resto de los elementos.

Atalaya del sur: El Arcángel Miguel representa el co- lor del mediodía, se viste de ropa roja y verde, se describe como un hombre joven de piel clara, ojos verdes y su cabello

Referencias

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