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GÈNERENEGRE.NET Biblioteca la Bòbila fons especial de gènere negre i policíac

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GÈNERENEGRE.NET

gènerenegre, 34

Biblioteca la Bòbila

fons especial de gènere negre i policíac

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Amb motiu de la Trobada de Novel·la Negra de Barcelona, BCNegra 2021 us presentem aquesta exposició. Un recorregut per la vida i l’obra de David Goodis (1917-1967), un escriptor maleït, un escriptor que redescobert a França es va convertir en un autor de culte amb una obra que gira entorn la baixada a l’infern dels barris baixos urbans, —en paraules de Xavier Coma— allà on les promeses lluminoses de la gran ciutat, meta dels buscadors de l’èxit segons la moral dominant en un sistema pragmàtic, esdevenen lívides o macilentes.

gènerenegre, #34

L’Hospitalet, febrer de 2021 BIBLIOTECA LA BÒBILA

Pl. de la Bòbila, 1 08906 L’Hospitalet Tel. 934 032 655 bobila.blogspot.com biblabobila@l-h.cat

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David Goodis,

el poeta de la víctima

«Novel·lista de pessimisme radicalitzat, David Goodis s’alça com un poeta de la víctima, de l’home perseguit i acorralat per l’acció cega dels mecanismes i organismes que haurien de protegir l’individu, i també de l’home frustat i vençut, l’existència del qual, encaminada a un futur brillant, ha estat desviada per la fatalitat. Tant en un aspecte com en l’altre de la seva crònica insistent sobre el solitari arraconat per la societat percebem les ombres del maccarthisme i de la cacera de bruixes, fenòmens històrics paral·lels a la creació de la major part de les seves obres».

XAVIER COMA

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—Biografia—

1917. David Loeb Goodis neix el 2 de març a Filadèlfia.

1936. Estudia a la Indiana University, on es diplomarà en ciències comercials.

1939. Publica la seva primera novel·la, Retreat from Oblivion.

1940. S’instal·la a Nova York, on treballa en agències de publicitat i comença a col·laborar en pulps.

1941. A més de les col·laboracions en pulps comença a contribuir en serials radiofònics i intervé en el de Superman, difós per l’ABC.

1942. Breu estada a Califòrnia, contractat per la Universal per a escriure el text inicial del film Destination Unknown, que dirigirà Ray Taylor.

Allà coneix Elaine, amb la qual es casa i torna a Filadèlfia. Es declarat inútil per al servei militar.

1943. De tornada a Nova York, Elaine se separa de David.

1945. La Warner compra per 25.000 dòlars la novel·la encara inèdita Dark Passage per fer-ne una versió cinematogràfica.

1946. El magazine Saturday Evening Post compra els drets de Dark Passage per publicar-lo serialitzat, també per 25.000 dòlars.

L’editorial Messner publica el llibre. Signa un contracte amb la Warner per treballar d’argumentista i guionista per 750 dòlars setmanals.

DAVID

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1947. Publica Nightfall i Behold This Woman a Appleton. S’estrena Dark Passage, dirigida per Delmer Daves.

1948. Escriu Off Missing Persons per al cinema i obté permís de la Warner per publicar la novel·la.

1950. Publica Off Missing Persons a Morrow; és l’últim llibre de Goodis en tapa dura. Retorn a Filadèlfia a l’hogar patern.

1951. Comença a publicar en col·leccions de butxaca, la primera Cassidy’s Girl a Gold Medal de Fawcett.

1952. Publica Of Tender Sin i Street of the Lost a Fawcett.

1953. Viatja a Kingston i Haití. Lions Books publica The Burglar i Fawcett The Moon in the Gutter.

1954. Lion publica The Blonde on the Street Corner i Black Friday, mentre Fawcett publica Street of No Return.

1955. Fawcett publica The Wounded and the Slain.

1956. Publicació de la seva obra mestra, Down There, a Fawcett.

1961. El nou director de Gold Medal de Fawcett, Knox Burger, xoca amb Goodis al pretendre que faci modificacions a Night Squad. Malgrat tot el llibre surt publicat. Goodis ja només escriurà una altra novel·la que no apareixerà fins després de la seva mort.

1963. Goodis, que ha sofert a començaments de la dècada una brutal agressió amb lamentables conseqüències físiques, pateix problemes psicològics, agravats per les depressions del seu germà Herb.

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1965. Goodis pledeja, per pressumpte plagi, contra els productors de la sèrie televisiva The Fugitive i contra la cadena ABC. El procés durarà més enllà de la vida de Goodis.

1966. Mort la seva mare, que l’ensorra emocionalment, i ingressa a una clínica mental.

1967. David Goodis mort el 7 de gener a l’Albert Einstein Medical Center de Filadèlfia

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—Obres publicades—

1939. Retreat from Oblivion 1946. Dark Passage

1947. Behold This Woman 1947. Nightfall

1950. Of Missing Persons 1951. Cassidy’s Girl

1952. Of Tender Sin 1952. Street of the Lost 1953. The Burglar

1953. The Moon in the Gutter 1954. Black Friday

1954. The Blonde on the Street Corner 1954. Street of No Return

1955. The Wounded and the Slain

1956. Down There o Shoot the Piano Player 1957. Fire in the Flesh

1961. Night Squad

1967. Somebody’s Done For

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—Filmografia—

1947. Dark Passage (Senda tenebrosa ), de Delmer Daves

1956. Section des disparus (Sección desaparecidos ), de Pierre Chenal 1957. Nightfall, de Jacques Tourneur

1957. The Burglar (Honor de ladrón ), de Paul Wendkos

1960. Tirez sur le pianiste (Tirad sobre el pianista ), de François Truffaut 1971. Le casse (El furor de la codicia ), d’Henri Verneuil

1972. La course du lièvre à travers les champs (Como liebre acosada ), de René Clément

1983. La lune dans le caniveau (La luna bajo el asfalto ), de Jean-Jacques Beineix

1984. Rue Barbare (El más salvaje entre todos ), de Gilles Béhat 1986. Descente aux enfers, de Francis Girod

1989. Street of No Return (Calle sin retorno ), de Sam Fuller

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David Goodis entre Lauren Bacall i Humphrey Bogart

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—Els personatges de David Goodis—

Se llamaba James Bevan; tenía treinta y siete años. Era de constitución mediana; medía un metro setenta y tres y pesaba unos setenta y cinco kilos; su aspecto era típico de un norteamericano; su pelo color pajizo estaba bien peinado; tenía los ojos grises, una nariz mediana y su tez estaba a medio camino entre el bronceado campestre y el amarillo oficinesco. Vestía un traje de mohair marrón oscuro, hecho a medida por un sastre de Manhattan, cuyo precio no superaba nunca los noventa y cinco dólares; la camisa y la corbata eran de una camisería de la Quinta Avenida especializada en artículos de buena calidad a precios bastante razonables; los zapatos eran de ante marrón oscuro, de buena calidad, aunque no excepcionales. La ropa dejaba entrever más o menos sus ingresos semanales y el tipo de trabajo que hacía.

Descenso a los infiernos

Pasó al cuarto de baño y se miró al espejo. Estatura mediana, pero más bien fornido. Cabello rubio rizado y abundante, de modo que no había razón para inquietarse. La preocupación se la causaban los matices plateados que asomaban aquí y allá por entre lo rubio. Muy poca plata, apenas visible junto al oro, pero aun la poca que había era demasiada para un hombre de treinta y tres años. Y los surcos que se marcaban bajo sus ojos y en torno a sus labios no eran signos de vejez, sino de sufrimiento. Hasta su misma tez. Todavía conservaba mucho Pacífico Sur

—Saipán y Okinawa sobre todo—, pero aquella oscuridad era más de

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sombras que de sol. Parecía que hubiera una gran sombra sobre él y en torno a él.

El anochecer

El hombre se detuvo. Se volvió hacia la muchacha y se aproximó. Ella vio que llevaba un mono de trabajo y que su rostro aparecía tiznado de grasa. Era un hombre bastante robusto, y aparentaba tener treinta y pocos años. Su cabello era de un rubio pálido, denso y reluciente, con unos mechones mal peinados. Tenía los ojos grises y, bajo las manchas de grasa, su rostro se veía rojizo.

La calle de los perdidos

Iba vestido con un gabán recogido de alguna basura, una chaqueta llena de remiendos, unos pantalones astrosos comprados en algún tenderete y unos zapatos de segunda mano reforzados con cartón. Todo un poco grande para él. Medía un metro setenta y pesaba sesenta kilos. Tenía los ojos de color ámbar y una tez tirando a pálida, en marcado contraste con la esplendidez de su pelo rubio anaranjado, del color del fuego, que llevaba muy largo y sin peinar.

Fuego en la carne

Permaneció allí mirándose en el espejo, mientras el frío le castigaba la espalda. Necesitaba un corte de cabello. Su pelo rubio claro caía sobre las orejas. Y necesitaba un afeitado. Sus ojos eran de color gris pálido, y tenían sombras oscuras debajo de ellos. Estaba envejeciendo. Dentro de un mes cumpliría treinta y cuatro años.

Viernes 13

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Siempre había resultado atractivo a un cierto tipo de mujer, el tipo hedonista, y era porque tenía un cuerpo fuerte, macizo, compacto, muy duro. A los treinta y seis años, tenía la dureza concentrada en la silueta robusta, los hombros anchos y musculosos, el estómago plano y duro, las piernas macizas, duras como la piedra. Sabía que a Mildred le gustaba su aspecto, su cabello rubio, alborotado, lleno de rizos, los ojos grises oscuros, la nariz, fracturada en dos ocasiones, pero no por eso menos sólida: Tenía la piel roja como cuero duro, lo que también gustaba a Mildred. Cassydy asintió para sí, diciéndose que aparte de esas cosas, ella lo odiaba con todas sus fuerzas.

La chica de Cassidy

Muy bien: tienes treinta y dos años y te llamas Calvin Jander. Para empezar, ¿qué tal? Mides uno setenta y cinco y pesas ochenta y un kilos.

Son dieciocho kilos de más, pero no nos preocupemos por eso en este momento; tal vez ese excedente es lo que te da lo que hace falta aquí:

flotabilidad. ¿Algo más? Por supuesto, está el color de tu cabello: rubio. Y tus ojos: grises. ¿Entiendes lo que quiero decir? Vas bien. Hay una larga lista de detalles que conoces con seguridad.

La víctima

—Jo no penso res absolutament —digué el music. Era de talla mitjana, més aviat prim, i d’uns trenta i tants anys. Romangué assegut sense cap expressió especial al rostre. Tenia una cara agradable. No hi havia solcs profunds, no hi havia ombres. Els ulls eren de color gris clar i tenia una boca tova, relaxada. El seu cabell castany clar estaba pentinat lleugerament, molt lleugerament, com si ho hagués fet amb els dits. Tenia

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descordat el coll de la camisa i no duia corbata. La seva roba tenia un aspecte indefinit, indiferent al calendari i a les modes masculines.

El nom complet de l’home era Edward Webster Lynn i la seva única ocupació la tenia aquí a la Cabana, on tocava el piano sis nits cada setmana, entre les nou i les dues. Cobrava un salari de trenta dòlars, i, amb les propines, els seus ingressos setmanals oscil·laven entre els trenta- cinc i els quaranta dòlars. Satisfeien més que bé les seves necessitats. No era casat, no tenia cap vehicle, i tampoc no tenia deutes ni obligacions.

Dispareu contra el pianista

Harbin tenia trenta-quatre anys i els divuit darrers havia estat lladre. No l’havien enxampat mai i, malgrat el perill constant, no s’havia trobat mai en situacions difícils. La manera com actuava era silenciosa i lenta, molt lenta, sempre desarmat, sempre artístic sense saber o estar interessat a saber que ho era, d’artístic, sempre precís i sempre extremadament infeliç.

La manca de felicitat se li notava als ulls. Tenia uns ulls grisos que quasi mai no lluïen, uns ulls tendres que donaven la impressió que patia en silenci. Era un home bastant ben plantat, d’estatura mitjana i complexió normal, amb el cabell del color de blat madur. Es feia la clenxa molt de cantó i s’estirava els cabells cap a l’altra banda amb un raspall. Anava vestit d’una manera elegant i reservada i tenia una veu suau, agradable, tendra com els seus ulls. Molt excepcionalment aixecava la veu, ni tan sols quan es posava a riure, i gairebé mai no reia. Rarament feia un somriure.

El lladre

Després d’arronsar les espatlles, Whitey va adreçar el somriure a l’ampolla buida. El vidre bombat li mostrava una miniatura d’ell mateix, un home

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minúscul perdut en la buidor d’una ampolla. Deixant de banda el que veia a l’ampolla, el cas és que era un nycris: feia un metre seixanta-cinc i amb prou feines pesava cinquanta quilos. Els ulls eren grisos, la cara no es feia notar gens. L’única cosa sorprenent eren els cabells. Tenia trenta-tres anys i els cabells eren blancs com la neu.

D’altra banda, hi havia la seva veu, encara que, de fet, a Skid Row no era gaire sorprendent. Sempre enraonava en un semixiuxiueig, una mica forçat i, a vegades, trencat i tot, com si tingués bronquitis crònica. De tant en tant, quan enraonava, li traspuntava als ulls una mirada de sofriment, i semblava que l’esforç per emetre els sons li fes mal al coll. Quan li ho preguntaven, però, deia que al coll no li passava res. Si insistien, aleshores somreia i explicava que tenia la gola seca i una set que es moria. Alguns picaven i li pagaven un o dos gots, a vegades més i tot. Tanmateix, per més que begués, continuava enraonant en un xiuxiueig forçat, dolorós.

Carrer sense retorn

L’Ervin, de quaranta-set anys, era estadístic i treballava en un banc del carrer Walnut que es dedicava a les inversions. Era d’una altura mitjana i pesava una mica més de la mitjana. Fins feia pocs anys havia tingut els cabells de color castany fosc. Ara tenia moltes canes i a les temples els tenia ben blancs. Fins feia pocs anys, l’Ervin havia tingut la pell morena del sol, de passejar molt, jugar al golf els diumenges al camp públic i asseure’s a les grades de sol els dissabtes a la tarda. Encara tenia ganes de fer aquestes coses, però no les feia, i per això ara tenia un color de pell gris i pàl·lid, i la cara gravada i arrugada. Es posava cada vegada més gras, però la cara la continuava tenint prima.

Vigileu aquesta dona

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Corey Bradford tenia trenta-quatre anys. Feia un metre vuitanta d’altura i pesava setanta-cinc quilos. Tenia els cabells de color castany clar, i els ulls grisos. Se’l veia una mica atrotinat ja que aquestes darreres setmanes no havia menjat d’una manera regular. Els últims diners que li quedaven se’ls havia gastat principalment en cigarrets i alcohol, i més alcohol que en cigarrets. No era que estigués preocupat ni deprimit. De fet no n’estava mai, de preocupat ni deprimit. En fi, no n’estava d’una manera conscient.

Però beure alcohol li proporcionava alguna cosa per fer. Darrerament no tenia feina, i no tenia res més per fer.

Brigada nocturna

Era un hombre corpulento, más bien ancho que alto. Su fuerte constitución se acentuaba en la zona de los hombros, a la manera de una robusta estructura de duros músculos, 90 kilos de peso y un metro setenta centímetros de estatura. Su cabello era oscuro, abundante y lacio, tenía ojos azules y una nariz que, aunque se la habían partido dos veces, hacía aún juego con el resto de su cara. Desde el lado izquierdo de la frente hacia la mejilla, bajaba oblicuamente una profunda e irregular cicatriz, vestigio de una pendencia en los muelles en la que alguien utilizó una llave inglesa. Al otro lado, cerca del ángulo derecho de la boca, otra dura excrecencia carnosa señalaba el impacto de un cuchillo. Las cicatrices no eran nada extraordinario, simples distintivos de marca de Vernon Street y de los muelles. Un estibador de treinta y cinco años, de pie en la oscura calleja, pensaba en una muchacha muerta llamada Catherine.

La luna en el arroyo

Se inclinó aún más, acercándose al espejo. Y examinó su rostro nuevo.

Hizo una mueca y las facciones se movieron con facilidad, como si aquel

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rostro realmente hubiera sido siempre el suyo. Puso las manos sobre su cara y sintió la presión de sus manos: no había dolor, no había ninguna sensación especial. Nada más que sus manos sobre su rostro nuevo.

Tal vez tenía algo que ver con eso la barba. Pero no tenía mucha, y su rostro era muy distinto bajo ella, fuese cual fuera. No, la barba no había sido la causa de aquello. Se preguntó cuál habría sido la causa, lo que había causado el desmayo de Irene.

Senda tenebrosa

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—La música—

Nat Harbin, protagonista de El lladre, havia estudiat cinc anys de violí. Whitey, el rodamón urbà de Carrer sense retorn, havia estat un cantant molt popular. Eddie, personatge principal de Dispareu contra el pianista havia triomfat en el passat com a concertista de piano. Ralph i Ken somien l’èxit en el món de la cançó com a lletrista i compositor respectivament a The Blonde on the Street Corner.

Les referències musicals apareixen de tant en tant en l’obra de

Goodis per completar el clima dramàtic, amb predilecció pel

jazz: Count Basie a Senda tenebrosa, Dizzie Gillespie a Viernes

13, Stan Kenton a Descenso a los infiernos.

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—L’alcohol—

Des de 1951 el bar, el local nocturn en zones extremes de la ciutat es converteix en escenari recurrent, com a microcosmos amb una violència latent. El bar pot ser des d’una miserable taberna fins un pis que reuneix les desferres del lumpen, un refugi comunitari en l’alcohol i sovint en la droga. Una constant de la crònica d’autodestrucció es reflexa en l’alcoholisme de molts dels seus personatges.

Recordem els locals de Lundy (La chica de Cassidy), Bertha (La calle de los perdidos), Dugan (La luna en el arroyo), Winnie (Descenso a los infiernos), Harriett (Dispareu contra el pianista), i Nellie (Brigada nocturna), a més del cau sota el domini d’Anna a Of Tender Sin.

—Vamos, tengo sed —se quejó Bevan. Golpeó la superficie de madera con el puño cerrado—. ¿Qué pasa aquí? ¿Es que hay huelga de taberneros?

Ya no esperaba que apareciera una camarera; había logrado ponerse de pie y avanzar lentamente, tambaleante, hasta cruzar la habitación, sorteando el caos del combate que lo envolvía, lo golpeaba, pero milagrosamente, no lograba voltearlo. Vagamente, notó que a su alrededor ocurría algo turbulento, pero aquello no tenía demasiado sentido para su cerebro empapado en alcohol. Quería una copa y eso era todo.

David Goodis, Descenso a los infiernos (1955).

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—La solidaritat—

La solidaritat és el valor més enaltit en l’obra de Goodis. És la solidaritat la que permet al protagonista de Senda tenebrosa escapar a una errònia aplicació de la justicia. I amb la solidaritat es defensen els dissortats de la Filadèlfia marginal a La calle de los perdidos, Dispareu contra el pianista i Fuego en la carne.

Contínuament apareix en la producción de Goodis el personatge masculí o femení, que brinda desinteressadament, fins i tot amb risc de la pròpia vida, l’ajut a un semblant. La supervivencia deixa llavors de constituir el màxim valor i queda darrera de la fraternitat i la dignitat. Descenso a los infiernos en seria un paradigma.

Winnie se quedó mirando la puerta que daba al callejón.

Durante unos momentos en su rostro no se reflejó expresión alguna. Pero entonces sintió algo en la mano, miró hacia abajo y vio que llevaba el destornillador firmemente sujeto. Esta herramienta —pensó—, esta herramienta está hecha para arreglar lo que necesita ser arreglado. Levantó el destornillador y lo mantuvo bien alto, como una antorcha. La luz del techo se reflejó en la parte metálica y el brillo le inundó los ojos. En ese instante, sus ojos estaban encendidos, su rostro era

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radiante y Winnie supo por qué le había dado la dirección del hombre que quería encontrar. Y sin palabras, se dijo: Es uno de los nuestros. Tiene la piel blanca, pero eso no importa. Trata de arreglarlo y es uno de los nuestros.

David Goodis, Descenso a los infiernos (1955)

—Algunes edicions en català i en castellà—

Dark Passage

Tras el rostro. Barcelona: Luis de Caralt, 1955

Senda tenebrosa. Barcelona: Noguer, 1982. (Esfinge, 59)

Behold This Woman

Vigileu aquesta dona. Barcelona: Ed. 62, 1988. (Seleccions de la Cua de Palla; 86)

Cuidado con esa mujer. Barcelona: Versal, 1988. (Crimen & Cia; 36)

Nightfall

Al caer la noche. Buenos Aires: Tiempo Cantemporáneo, 1971. (Serie Negra; 9)

El anochecer. Barcelona: Versal, 1987. (Crimen & Cia; 6)

Of Missing Persons

Cassidy’s Girl

La chica de Cassidy. Barcelona: Versal, 1988. (Crimen & Cia; 32)

Of Tender Sin

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Street of the Lost

La calle de los perdidos. Barcelona: Plaza & Janés, 1990. (Black; 12)

The Burglar

El lladre. Barcelona: Ed. 62, 1990. (Seleccions de la Cua de Palla; 108)

Rateros. Barcelona: Versal, 1987. (Crimen & Cia; 14)

The Moon in the Gutter

La luna en el arroyo. Tres Cantos: Akal, 1986

Black Friday

Viernes 13. Barcelona: Bruguera, 1981. (Libro Amigo; 496 / Novela Negra; 5)

Viernes 13. Barcelona: Bruguera, 1981. (Club del Misterio; 27)

Viernes negro. Barcelona: RBA, 2011. (Serie Negra; 122)

The Blonde on the Street Corner

Street of No Return

Carrer sense retorn. Barcelona: Ed. 62, 1989. (Seleccions de la Cua de Palla; 95)

Calle sin retorno. Gijón: Júcar, 1986. (Etiqueta Negra; 16)

The Wounded and the Slain

Descenso a los infiernos. Barcelona: Versal, 1988. (Crimen & Cia; 27)

Down There

Dispareu sobre el pianista. Barcelona: Ed. 62, 1987. (Seleccions de la Cua de Palla; 66)

Disparen contra el pianista. Barcelona: Destino, 1985.

(DestinoSuspense; 11)

Disparen sobre el pianista. Barcelona: RBA, 2012. (Serie Negra; 19)

Disparen sobre el pianista. Barcelona: RBA, 2014. (Grandes clásicos de la novela negra; 4)

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Fire in the Flesh

Fuego en la carne. Barcelona: Plaza & Janés, 1990. (Black; 2)

Night Squad

Brigada nocturna. Barcelona: Ed. 62, 1993. (Seleccions de la Cua de Palla; 141)

Un gato en el pantano. Buenos Aires: Tiempo Contemporáneo, 1974.

(Serie Negra; 17)

Somebody’s Done For

La víctima. Barcelona: Ed. B, 1989. (Cosecha Roja; 23)

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LA NOCHE DEL CAIMÁN.

BIENVENIDOS, YONQUIS DE GOODIS.

BIENVENIDOS, YONQUIS DE AMEIXEIRAS

Paco Gómez Escribano

Diego Ameixeiras y yo compartimos nuestra admiración, nuestra efusión, nuestra sincera pasión por David Goodis. Además, coincidimos en la forma de llegar hasta él. Un día leímos una novela suya y nos hicimos yonquis de su prosa, de sus personajes, de sus escenarios, incluso de su propia biografía. A partir de ahí, descubrimos que el resto de sus novelas estaban descatalogadas y tuvimos que conseguirlas en tiendas de segunda mano a un precio sorprendentemente barato, ya que Goodis, sorprendentemente para los dos, no era un escritor muy demandado.

El resto de novelas, lejos de decepcionarnos, fueron engrandeciendo la percepción que ambos fuimos teniendo de la figura de Goodis como escritor y del misterio que impera sobre la vida que finalmente decidió llevar. Lo que nos queda de David Goodis son sus novelas, la biografía

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del periodista Philippe Garnier Goodis: A Life in Black and White (publicada en 1984 en francés y traducida solo al inglés en 2013) y un montón de preguntas sin respuestas, así como testimonios demasiado contradictorios de familiares, conocidos y personas que tuvieron que ver profesionalmente con el escritor. Nos encontramos ante un tipo camaleónico, con una especie de leyenda negra pendiendo sobre toda su trayectoria que proyecta una imagen de escritor maldito sospechosamente parecida a como a él le habría gustado, según atestiguan algunas personas que lo conocieron bien. Por si fuera poco, murió relativamente joven, algo que no puede faltar para completar la leyenda negra de cualquier celebridad que se precie.

A Diego Ameixeiras lo conocí un año en la Semana Negra de Gijón y empecé a leer sus textos. A mí me parecía que escribía demasiado rápido, pero sin embargo su escritura me hizo pensar que ahí había un escritor en ciernes que podría llegar a ser un tipo con voz propia, algo que llega a través de varias novelas, hasta el clímax que supone La crueldad de abril, una puta maravilla, dicho en cristiano.

La noche del Caimán es una novela negra breve, con frases y escenas contundentes, con trazas de guión, pero con forma de novela, lo que significa austeridad de lenguaje, pero con mando del escritor, mando del que adolece el guionista. Es una novela preciosa, puesto que es un homenaje al género negro en general y a David Goodis en particular. Una novela que empieza con la descripción de uno de los chutes de Selma, a lo Burroughs, y que continúa con escenarios y personajes a lo Ameixeiras, como no podía ser de otra forma, con constantes referencias a películas y a novelas y escritores de género negro, la mayoría existentes, pero otros inventados en una especie de juego con el lector. Diego homenajea también a aquellos escritores todo terreno que escribían y escribían novelitas de quiosco con innumerables pseudónimos, citando a Bruguera,

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una de las editoriales que promocionó este tipo de literatura. En este sentido, en Vicente, el escritor mayor que se retira y que asesora a Ricardo, el personaje principal, pueden reconocerse a Juan Gallardo Muñoz o Francisco González Ledesma, que fueron respectivamente en su día Curtis Garland y Silver Kane.

Pero La noche del Caimán no es solo homenajes, es sobre todo la historia de Ricardo, un escritor prometedor al que su editor intenta llevar por caminos comerciales y que sin embargo él se obstina, y Vicente así se lo aconseja, en escribir la novela que él quiere, una novela que tiene que ver bastante con perdedores, con Filadelfia y con David Goodis. Selma y Ricardo terminan por abandonar su Galicia natal para acabar en la Filadelfia de Goodis. Y supongo que aquí, Diego ha disfrutado bastante al escribir sobre sus calles, como hace décadas lo hizo el maestro Goodis.

Diego Ameixeiras recibió el premio del director de la Semana Negra de Gijón porque le gustó mucho la novela que se presentaba allí en 2011:

Dime algo sucio. Supongo que algo así dicho por Paco Ignacio Taibo II, con el gran bagaje que lleva a sus espaldas, tuvo que ser un chute para la autoestima de Diego.

Lean La noche del Caimán, pero lean también La crueldad de abril y el resto de novelas de Diego. No esperen tramas complicadas ni detectives deductivos ni policías que investigan casos complicados. Encontrarán en ellas mucho realismo, mucha crítica social y un valioso muestrario de antihéroes y perdedores, como en las novelas del maestro Goodis. Y sobre todo encontrarán en sus novelas un filón que creo que aún está por descubrir para el gran público: la forma en que Diego cuenta las cosas. Un estilo personal muy reconocible y que engancha.

10 JULIO, 2020

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"He wrote of winos and bar-room piano players and small-time thieves in a vein of tortured lyricism all his own, whose very excesses seemed uniquely appropriate to the subject matter. As his titles announce —Street of the Lost, Street of No Return, The Wounded and the Slain, Down There (the original title of Shoot the Piano Player)— he was a poet of the losers, transforming swift cut-rate melodramas into traumatic visions of failed lives."

Geoffrey O'Brien, critic.

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