La música
La música
tradicional
tradicional
de Guerrero
de Guerrero
La música tradicional de Guerrero La música tradicional de Guerrero
F r
F r a n a n c i c i s c s c o o A r A r r o r o y o y o M a M a t u t u ss
Responsable de la publicación:
Responsable de la publicación:
Profr. Ricardo Infante Padilla.
Profr. Ricardo Infante Padilla.
Fundador y Director del Taller de Gráfica Fundador y Director del Taller de Gráfica
“José Clemente Orozco”
“José Clemente Orozco”
Primera edición: 2002 Primera edición: 2002
Segunda edición corregida y aumentada: 2010 Segunda edición corregida y aumentada: 2010
Mutualidad Editorial “Grafococo”
Mutualidad Editorial “Grafococo”
Impreso en México Impreso en México
La música tradicional de Guerrero La música tradicional de Guerrero
F r
F r a n a n c i c i s c s c o o A r A r r o r o y o y o M a M a t u t u ss
Responsable de la publicación:
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Profr. Ricardo Infante Padilla.
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Fundador y Director del Taller de Gráfica Fundador y Director del Taller de Gráfica
“José Clemente Orozco”
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Primera edición: 2002 Primera edición: 2002
Segunda edición corregida y aumentada: 2010 Segunda edición corregida y aumentada: 2010
Mutualidad Editorial “Grafococo”
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Dedico este texto:
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A
A mi mi padre, padre, don don Francisco Francisco Arroyo Arroyo Carbajal, Carbajal, quien quien desde desde mi mi infancia infancia me me formó formó comocomo músico.
músico.
A
A Ricardo Ricardo Infante, grabador Infante, grabador y y músico “músico “honoris causahonoris causa”, amigo, guía y consciencia crítica”, amigo, guía y consciencia crítica
desde 1978 y quien -con sus muy particulares métodos-
desde 1978 y quien -con sus muy particulares métodos- me “sugirió” escribir esme “sugirió” escribir este texto.te texto.
Al primero le d
Al primero le debo el poder interpreebo el poder interpretar música; atar música; al segundo, el l segundo, el saber apreciasaber apreciarla…rla…
Ilustración de la portada:
Ilustración de la portada:
Fragmento de “
Fragmento de “Músicos de mi pueblo Músicos de mi pueblo ””
xilografía de Baltasar Godoy xilografía de Baltasar Godoy
LA MÚSICA TRADICIONAL DE GUERRERO
Tres son las canciones más representativas de la música del Estado de Guerrero: “La sanmarqueña”, “ Acapulqueña” y “Por los caminos del sur” ; la primera, compuesta por el
presbítero Emilio G. Vázquez, las siguientes son producto de la inspiración del “Cantor de
Guerrero” José Agustín Ramírez. La última es la que nos dibuja de la forma más bella a
nuestra entidad, ya sea por su carga de nostalgia -al situar al escucha alejado de su tierra- o por su descripción del paisaje y las formas de vida que abundaban en él.
La canción nos remite al Guerrero del primer tercio del siglo XX, con el territorio casi virgen, con predominio del medio rural sobre el urbano, con una recientemente inaugurada vía carretera que permitía en tan sólo doce horas, llegar de la capital del país al puerto de Acapulco; y con una vasta riqueza musical que comprende los más diversos géneros: el son y
el gusto en la Tierra Caliente; la chilena en la región Costera; las canciones románticas en la región Central; los sones de tarima o artesa en la ciudad de Tixtla; la música ritual de las comunidades indígenas en la Montaña, y en una franja que va desde la Sierra a la Costa Chica, como en casi todo el estado, el corrido.
Ante la proliferación de los medios que difunden música en nuestro estado y que olvidan el amplio repertorio musical guerrerense para dar prioridad a otros géneros; se pretende dar una visión general de la música tradicional en Guerrero, tomando como punto de partida, algunos textos que proponen diferentes teorías sobre el origen, las influencias y la evolución que nuestra música ha experimentado, así como su preservación.
Es necesario señalar que la música tradicional en Guerrero está expuesta a múltiples influencias que la nutren o la contaminan. La chilena guerrerense con facilidad es contaminada con el ritmo de la cumbia, dado el parecido de ambas en la estructura rítmica.
Es común escuchar nuevas versiones de antiguas chilenas guerrerenses interpretadas por conjuntos musicales con instrumentos electrónicos en las que el ritmo original es sustituido por el ritmo colombiano.
Otro ejemplo de contaminación comercial en la música tradicional, es la influencia de la
música “grupera”. Este nuevo género ha desplazado de forma insultante a las bandas de
“Chile frito”, agrupaciones tradicionales de músicos locales que amenizaban los jaripeos en las fiestas populares. Sus pasodobles, marchas y sones, -que correspondían a los diferentes momentos de la doma del animal- se ven avasallados por la música comercial de las bandas de corte grupero, que utilizan sin miramientos, instrumentos de viento amplificados, acordeón, batería y cantantes que -haciendo gala de su transculturación- invitan al público a bailar al finalizar el espectáculo, convirtiendo el tradicional jaripeo en una caricatura de los
rodeos norteamericanos.
Es el fin último de estas líneas, contribuir a que usted y su familia –en especial los niños- tengan la oportunidad de sumar a sus preferencias la música que habla de nuestra tierra, de nuestra gente y que es uno de los aspectos que nos permiten preservar nuestra identidad.
LA MÚSICA RITUAL INDÍGENA
Sin duda, el ejemplo de música más antigua de Guerrero lo encontramos en la que acompaña a las danzas como parte de las festividades de los pueblos, interpretada con los instrumentos heredados por las culturas precolombinas o aun en los legados por los castellanos. Flautas de carrizo o de barro, tambores de diferentes tamaños y teponaxtles son entre otros, los instrumentos que se usan en la actualidad y en los que se podría encontrar reminiscencias de la música anterior a la conquista española.
Desafortunadamente no existen ejemplos de la música precortesiana pura, ni aun en las danzas más arcaicas; pues todas están contaminadas en algún grado con la música que trajeron consigo los conquistadores.
Los Tlacololeros, una de las danzas de la región central del estado que es considerada como autóctona, tiene en las notas de la flauta de carrizo y en el ritmo del tambor, claras influencias de la música morisca y medieval, y en el vestuario -como las chaparreras de cuero y el sombrero- la vestimenta de los ganaderos peninsulares.
La mayoría de las danzas en las que se representan a moros, cristianos, franceses, diablos, ángeles, apóstoles y otros personajes bíblicos, no pueden negar su origen en los intentos de evangelización de los frailes que venían detrás del conquistador, convirtiendo al cristianismo a los sobrevivientes de la masacre. La música de los antiguos habitantes de nuestro territorio, por su carácter ritual, fue estigmatizada por los españoles como una más de las herejías que tenían que combatir. Nada quedó pues, de aquella música. No hay en la actualidad registro escrito o fonográfico alguno, sólo quedan algunos instrumentos musicales autóctonos o sus referencias, en los que estudiosos del tema, hacen conjeturas e interpretaciones personales de como pudo ser la música de nuestros antepasados, pero nunca podremos escucharla tal como ellos la concibieron.
Se pueden encontrar todavía comunidades indígenas en la región montañosa del estado y la región del Alto Balsas, que preservan -con motivos rituales- ejemplares muy antiguos de huehuetles, teponaxtles y flautas de diversas formas. Estos instrumentos son usados en las festividades religiosas y su cuidado y resguardo es delegado -lo cual constituye una distinción- a uno de los ancianos del lugar.
Los instrumentos utilizados para acompañar a las danzas populares, varían según la región.
La flauta de carrizo o barro, está presente en todo el estado casi siempre acompañada con el ritmo monótono de un pequeño tambor de doble parche ejecutado ya sea por el mismo
“pitero” o por otro músico. Las piezas se componen de dos o más partes con ritmos
diferentes que pueden ser: entrada, marcha, son, relación, jarabe y despedida. La danza de los Diablos de los valles centrales y de la región de Chilapa-Tlapa, utiliza una guitarra con afinación alterada; en ocasiones un violín; una pequeña caja de madera que percuten haciéndola cerrar sobre sus bisagras para marcar el ritmo; y -como aportación de las culturas africanas- una quijada de burro (que se golpea para hacer vibrar las piezas dentales que se han aflojado por la desecación), como acompañamiento para los diferentes sones que la componen. En el caso de los Santiagos, los Pescados, Doce pares de Francia o Moros Cabezones, se acompañan con una flauta trasversal de carrizo o un violín y un tambor.
En la región del Alto Balsas, existen vestigios de la música de una danza llamada los
“ Ahuileros” que según la tradición oral, fue cantada al pequeño Cuauhtémoc cuando nació y que consiste en una base rítmica proporcionada por los redobles de un tambor de guerra sobre la que se apoya la voz bravía de cantantes nahuatlatos que van relatando -con evidente
intención didáctica- como las cosas más fuertes pueden ser vencidas por las más débiles (el árbol es quemado por el fuego, éste a su vez es extinguido por el agua, etc.)
Mención especial merece la reciente inclusión en las fiestas populares de la danza de los
“Chinelos” originaria del estado de Morelos y que sin tener ningún antecedente en el estado, se ha ido asentando como participante asiduo de todas las festividades. Su presentación se hace en forma improvisada, con vestuario incompleto y en ocasiones con la música proveniente de una radiograbadora por la falta de músicos que conozcan las diferentes piezas que acompañan a esta danza. En la actualidad (2002), en la ciudad de Chilpancingo, en el barrio de San Mateo, ensaya de manera regular un grupo de Chinelos que se han convertido en participantes habituales de las fiestas de la localidad y que se contrapone a la tradición de que en las danzas participan solo varones. Se participa con motivos más festivos que rituales, pues los danzantes de la localidad ignoran -en la mayoría de los casos- el significado del personaje al que dan vida, así como lo relacionado al origen de esta danza, y sólo se centran en el aspecto lúdico.
LA CHILENA
La influencia europea en la música tradicional guerrerense es notoria en la utilización de instrumentos como la guitarra, la vihuela, el arpa, el violín y la trompeta así como en la estructura musical aún de las piezas consideradas originales de esta región. Influencias más
recientes se perciben en los ritmos de la costa como la “chilena”, que de acuerdo a la teoría
más aceptada, toma su nombre del baile que trajeron los marineros mercantes que surcaban el Pacífico en el siglo XVIII. Aficionados al sensual ritmo de la “zamacueca” bailada por todo
el litoral del Pacífico sudamericano y reclamada por los peruanos como propia, los chilenos
la adoptaron como baile nacional llamándola “cueca” y desde los puertos de Chile y Perú, la
difundieron por nuestra costa, conociéndose como “chilena” y que como prueba de su origen
marinero, se baila sobre el fondo de una panga (pequeña embarcación de fondo plano y amplio) volteada sobre la arena.
Este baile, a su vez, fue llevado por las peregrinaciones que partían de la Costa Chica hacia la ciudad de Tixtla -en el centro del estado- para visitar a la Virgen de la Natividad. Ante la inexistencia de artes de pesca en la población, los bailadores costeños hacían lo propio, sustituyendo la embarcación por una artesa o tarima de madera sobre la cual se bailaba y hacía las veces de instrumento de percusión. Los nativos de Tixtla, adoptaron gustosos el
baile, imprimiéndole sus particulares características y llamándolo “Sones de artesa o tarima”. Los instrumentos utilizados para acompañarlo tanto Sudamérica, en la costa guerrerense, como en la región de Tixtla, son -con algunas variantes- la vihuela, el arpa y la percusión de una artesa o caja de madera, es también similar la estructura de las piezas musicales, pues es común que inicien con una introducción del arpa a la que luego se suman la vihuela y la caja. El baile representa el cortejo del gallo a una gallina clueca. La mujer, con coquetería, evade los intentos de acercamiento del varón, quien con amplios giros de su paliacate imitando un lazo y con vigorosos redobles marcados con sus botines, hace contrapunto al sensual baile de ella. El baile inicia con un paseo en el que se hace la invitación a bailar a la dama, con pasos suaves, casi arrastrados. Continúa con un son en el que se canta el tema de la canción con versos simples, hablando de la vida cotidiana, casi siempre comparándola con las actitudes de los animales de la región y finaliza con un remate zapateado. Durante las estrofas se baila con un zapateado que calca el ritmo que va
ejecutando el “tarimero” y en los interludios, se hace gala de la habilidad de los pies,
redoblando con complicadas figuras rítmicas.
En algunos sones, el título determina que animal imitará el varón al bailar. Este estilo de son, comparte la característica de la mayoría de los sones del estado de cantar los versos repitiéndolos, lo cual da uniformidad rítmica al convertir ocho sílabas en dieciséis. En los siguientes fragmentos se compara esta forma de cantar en Tixtla, en la Tierra Caliente, en la Costa Chica y en Chile:
La iguana. (son de tarima de Tixtla) fragmento
Si quieres comer iguana, Yo te la voy a‟garrar, Si quieres comer iguana,
Yo te la voy a‟garrar.
En el patio de tía Juana Se salen a calentar En el patio de tía Juana Se salen a calentar.
Huy, huy, huy, Que iguana tan fea, Mira como se menea, Huy, huy, huy,
Que iguana tan loca, Mira como abre la boca...
Ya te he dicho... (chilena de Costa Chica) fragmento Ya te he dicho que no vayas,
ya te he dicho que no vayas, a “trair” agua al pozo hondo, a “trair” agua al pozo hondo.
Por que ahí andan los muchachos, por que ahí andan los muchachos,
te pueden brincar al chongo, ya te he dicho que no vayas, a “trair” agua al pozo hondo...