Lihn a dos voces
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(2) Taller de Letras N° 42: 193-198, 2008. El “nos” que recibía el texto éramos los alumnos del primer año de Bachillerato en Humanidades del Departamento de Estudios Humanísticos de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas Universidad de Chile1, el Dehache. Aquella mezcla de inconsciente colectivo y colectivo inconsciente, estaba formado, entre otros, por un ex alumno de Ingeniería que luego sería considerado un peligro para la sociedad, un estudiante de Periodismo que pululaba entre Chile y Venezuela envidiando las órdenes de arraigo, un ex empleado bancario que veintitantos años después haría su tesis en Lihn y un pintor que se ganaba la vida afinando pianos a lo largo y ancho de esta angosta faja de tierra. ¿Qué hacíamos ahí? Intentábamos encontrar en la Literatura, la Historia, la Filosofía y el Latín, el significado a un país donde “la muerte es mezquina y te espera a la vuelta de la esquina”2. Entre los profesores que allí estaban, Felipe Alliende nos enseñaba a Thomas Mahn con la cara llena de tiza, Parra se movía entre la ecología y el Tao Te King, José Ricardo Morales aseguraba que Sartre le había plagiado “Las Moscas”, Castor Narvarte aclaraba que Aristóteles no era juguetón y Enrique Lihn, el más desestructurado de todos, juntaba a Borges con Tvetan Todorov y a Horacio Quiroga con Gennete. Mientras eso ocurría, un tal Sr. Pompier, decía: “Traigo la palabra en el día de los inocentes, a la manera de un fúnebre aguinaldo primaveral, con flores eléctricas de perfumes intermitentes” (Lihn y Pompier, 7). Que duda cabe, vivíamos en Chile, situación irregular, y fue allí donde Lihn se transformó en el referente obligado para una generación que había quedado huérfana y debía pasarse en forma clandestina los poemas escritos la noche anterior en una casa de Ñuñoa o un departamento de Avenida Perú. Lihn era un tipo al que había que consultar, aunque su respuesta fuera siempre –o casi siempre– la misma: “no sé… llámame”. No pocas veces ese “llámame” resultaba inoficioso y el interlocutor terminaba subiendo la escalera de la casa de General Salvo involucrado en alguno de los proyectos linhianos. Fue en esa casa donde Carlos Flores del Pino grabó el video en el que el poeta aparece junto a un grupo de escritores jóvenes –Maqueira, Lira, Electorat, Brodsky y Zañartu, entre otros– y que después fue ocupado por Hernán. 1 La. anterior sede de ese Departamento ubicada en la calle República fue cedida por la Universidad de Chile a la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA). Contaba Lihn, que fue sacado de su oficina por dos suboficiales mientras preparaba clases. 2 Cohen, Gregory y Roberto Brodsky. “Lily yo te quiero”, Taller Dehache, 1980. Obra ganadora del festival del teatro de la Agrupación Cultural Universitaria (ACU).. ■ 194.
(3) Francisco Zañartu G. y Gregory Cohen M.. Lihn a dos voces. Dinamarca en la película sobre Rodrigo Lira, “Topología del pobre topo” (Dinamarca). En esa casa pasaban cosas muy raras. Un día se vio a Cohen extraer de su elegante maletín –donado por su hermano sicoanalista sicoanalizado– un bistec –donado por su generosa madre nunca sicoanalizada. De la historia de aquel pedazo de carne se rumorea que Cohen lo dejó olvidado y que con los días pasó a ser alimento de la gata del poeta. No cabe duda, Lihn era un referente, aunque a veces un no muy querido, Rodrigo Lira –con quien tenía una relación de admiración/ odio– hablaba de “Tribilihn Cacarrasco”, sin embargo, nadie podía negar que Lihn era una voz en el cacofónico país de la dictadura. Un país que había perdido la mayoría de sus voces, la casi totalidad de los escritores había partido al exilio. Entonces fue cuando su presencia se hizo significante y significado. No solo en Chile quedábamos huérfanos, en el mundo morían los grandes hombres, y Lihn, desmintiendo a quienes lo acusaban de egocéntrico, les rendía un postrer homenaje. Fue así como una mañana de 1984 agarró el teléfono y nos llamó para que junto al vocero del Partido Comunista, Patricio Hales; al pintor Nemesio Antúnez, al pianista Oscar Gacitúa rindiéramos homenaje a Tarzán, pues aquella calurosa mañana se nos informaba de la muerte de Johnny Weissmüller.. VOZ DOS:. Enrique Lihn era tres seres a la vez: un niño, un adolescente, un adulto. El niño se maravillaba con lo que veía, lanzaba trazos y logró maestría en el papel. Hizo caricaturas y nunca despreció ese talento. Pero tampoco se alucinó con ello. Total había bastante por elegir y mucho camino por desenrollar. Muy luego aprendió que su rostro no era poco expresivo. Sus enormes ojos lo enfrentaron a su propio espejo. Le sacó partido, porque era parte de la placenta, resultaba innegable. De ahí al juego del teatro, a la autoexposición, a la galería. De seguro ese niño sospechoso, iba y venía, arrastrando sus talentos, dejando una huella invisible para su edad, pero llena de rastros para el resto. El adolescente invadió el escenario del niño. No logró desplazarlo. Lo examinó, lo espió, lo criticó, le sonrió, lo enterró un día para exhumarlo al otro, y así sucesivamente. Aprovechó los once años para descubrir otro tesoro oculto que por fin aparecía: una voz como pocas.. 195 ■.
(4) Taller de Letras N° 42: 193-198, 2008. Una voz precisa, seductora, imponente, no es algo menor. Sobre todo para un adolescente que reafirmaba su espejo con poemas que llevaban la poesía chilena a otro lado, no identificable, a una habitación oscura. Ya no era la metáfora de antes, tendía a ser otra, más racional, y más delirante, más especulativa, más “narrativa”, más directa. El adolescente trajo por supuesto el escepticismo. Y la poesía le calzaba muy bien. Pero no quiso recibir la herencia de los demás (Huidobro, Neruda, Parra), como un traje viejo y de buen olor, vigente. No. Primero le hizo costuras, lo remendó, y tempranamente supo que su cuerpo, su tórax, era otro. Era un contrahecho, una mezcla de todo. No podía ser de otra manera. Sus talentos eran tales y tan diversos que resultaba un egoísmo asqueroso consigo mismo ser de una sola manera. Borges lo rozaba, los lingüistas le seducían, los estudios literarios también. Lovecraft lo inquietaba. Ni poeta, ni narrador, ni locutor, ni dibujante. Era simplemente un volcán creativo. Cuando llegó el adulto sus simpatías políticas que también las tenía, bulleron, se transformó en un valioso ex comunista, y en tal rol, luchó, desperdigó flema, enfrentó, escribió, dibujó, representó, agitó, tanto o más que cualquier disidente, en los tiempos de la dictadura militar. Lihn estuvo siempre aquí. El adolescente quiso viajar, dar vueltas, para escribir. El adulto lo hacía volver. Ambos se llevaron años en disputa. Un día, uno se encontraba con el niño sonriente, irónico; otro día, con el adulto, y sus ácidos comentarios: “Este país es una mierda”… (mierda era un recurso de Lihn: más de una vez aludió a los monumentos de Matías Vial: “la estatua de Mekis parece hecha de caca…”). Este continuo enfrentamiento constituía una atracción para sus amigos: sus muecas, su dedo en el pelo rizado, rizándolo aún más, configuraba un espectáculo donde el niño, el adolescente y el adulto, retozaban, sin final. Los viajes eran un poema en sí. O mejor dicho, la excusa para hacer poemas. Lihn no podía perder el tiempo en solo mirar, recorrer, asquearse, sonreír, dormir en hoteles, hacer charlas y volver. Su bitácora le daba sentido a esas salidas. El adolescente se aventuraba y el adulto le prestaba lápiz y papel, para que se armara, saliera de la contemplación, y transformarlo en un guerrero de la metáfora. París, situación irregular, A partir de Manhattan, le prestaron su giro legal, sus tramas internas, para que Lihn sacara su material incandescente, tan oportuno como incisivo. Lihn era capaz de generar poesía a partir de cualquier estímulo. Su cabeza, su talento, era un continuo, donde filosofía, teatro, literatura, estética, lingüística, aparecían como recintos muy flexibles, un sistema interconectado.. ■ 196.
(5) Francisco Zañartu G. y Gregory Cohen M.. Lihn a dos voces. Y por supuesto, las contradicciones también adquirían un valor muy especial, atípico. Pocas veces se ha visto el rostro de alguien tan agrio que produzca tanta ternura. Pocas veces se ha visto una literatura tan densa, intensa, de trama tan fina, que resulte tan cercana, tan misteriosa y familiar. ¿Por qué? No hay respuesta. Una manera de aproximarse al misterio se encuentra en el ser mismo de Enrique Lihn, porque pocas veces se ha visto un ser humano tan intelectual, tan abstraído y, al mismo tiempo, tan aterrizado, en el centro mismo del debate. Lo vimos en el discurso de Frei, en el Caupolicán, expectante, movedizo, en los 80. Lo vimos en el Paseo Ahumada, poetizando el núcleo del drama humano-existencial del chileno en dictadura, representado por el pingüino, un hombre de edad insospechada, que tocaba la batería con tarros en plena Ahumada. Lo llevaron preso, otro viaje del adolescente. Pocos poetas están en todas partes como Enrique Lihn. Iba y volvía con sus cargas, sus vísceras, sus afectos. Un día me dijo que quería volver a tener un hijo y esta vez aprovecharlo más, vivir más su relación. Su rostro, en esos momentos, era el de un ser universal. Más que nunca, niño, adolescente y adulto, como tres camaradas, en un asunto doméstico y crucial. Fiel, sincero, en sus desmanes y en su cautela. Personas como Lihn no pueden engañar a nadie. Predican con lo auténtico. No hablemos de verdad, hablemos de decencia, consecuencia, vitalidad. Lihn fue un Dios que bajó del Olimpo y le costaba volver. Seguro se aburría demasiado, arriba. Bajaba y se sentía feliz de hacerlo. Enseñó, se codeó, con los comunes y corrientes, con los vates en ciernes, con nosotros, aprendices. Fue maestro, amigo, consejero. Los tres en uno, de Lihn, fueron claves para una generación que se había quedado sin padres y hermanos mayores. El los suplió, siempre yendo y viniendo. No nos dejó solos. Por eso, aún esperamos que vuelva de una vez y se quede definitivamente.. 197 ■.
(6) Taller de Letras N° 42: 193-198, 2008. Obras citadas. Dinamarca, Hernán. Topología (en video) del pobre topo. Vida y obra del poeta Rodrigo Lira. Santiago de Chile: Lom, 2000. [55 minutos] Lihn, Enrique. La musiquilla de las pobres esferas. Santiago de Chile: 1969. Lihn Enrique. Lihn y Pompier. Santiago de Chile: Departamento de Estudios Humanísticos, Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas. Universidad de Chile, 1978. 7.. ■ 198.
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