Por mi precio o mi buen comportamiento : oportunidades y estrategias de manumisión de los esclavos negros y mulatos en Santiago de Chile, 1698 1750

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(1)HISTORIA No 42, Vol. I, enero-junio 2009: 141-184 ISSN 0073-2435 CLAUDIO MOISÉS OGASS BILBAO / POR MI PRECIO O MI BUEN COMPORTAMIENTO:…. 141. CLAUDIO MOISÉS OGASS BILBAO*. POR MI PRECIO O MI BUEN COMPORTAMIENTO: OPORTUNIDADES Y ESTRATEGIAS DE MANUMISIÓN DE LOS ESCLAVOS NEGROS Y MULATOS EN SANTIAGO DE CHILE, 1698-1750**. El objetivo de este artículo es determinar bajo qué circunstancias los esclavos pudieron optar a la libertad y, también, rastrear sus esfuerzos y estrategias para conseguirla entre 1698 y 1750, un período en que la esclavitud estaba ampliamente legitimada en Santiago de Chile. Las conclusiones se basan en el análisis de 72 cartas de libertad del Fondo de Escribanos, junto con testamentos de amos y ex esclavos. Con el entrecruzamiento de estas fuentes se demuestra que diversos impedimentos –afectivos, socioeconómicos y legales hereditarios– hicieron de dicha institución una estructura sólida que solo en determinados momentos se hizo flexible. Entonces, los esclavos jugaron un rol activo en su propio proceso de manumisión, negociando un acuerdo mediante el pago de sus precios. Otros, en tanto, debieron intentarlo por el buen comportamiento. Palabras clave: esclavitud, manumisión, cartas de libertad, negros, mulatos, pardos libres, esclavos. The aim of this paper is to determine under what circumstances slaves became eligible for freedom and to track their efforts and strategies to achieve it between 1698 and 1750. This is a period when slavery was widely legitimized in Santiago, Chile. The findings are based on the analysis of seventy two letters of freedom, along with wills written by masters and former slaves. After the crossed analysis of these primary sources the author argues that various emotional, socio-economic and legal impediments gave shape to a rigid institution that allowed a minimum flexibility to obtain liberty. Thus, slaves played an active role in their own manumission processes, negotiating agreements through payment for their freedom or opting for the strategy of manumission trough good behavior. Key words: slavery, manumission, letters of freedom, blacks, mulattoes, free pardos, slaves. Fecha de recepción: octubre 2008 Fecha de aceptación: marzo 2009 * Licenciado en Historia, Universidad Andrés Bello; candidato a Magíster, Universidad de Chile. Correo electrónico: cm.ogass.bilbao@gmail.com ** Agradezco a los miembros del Seminario Permanente “Esclavos y Castas en América” de la Universidad de Chile por sus valiosas y apasionadas críticas y, especialmente, a su directora, la profesora Celia Cussen..

(2) 142. HISTORIA 42 / 2009. INTRODUCCIÓN Aman y codician naturalmente todas las criaturas del mundo la libertad, cuanto más los hombres que tienen entendimiento sobre los otros y mayormente en aquellos que son de noble corazón1 La vida de Juan Esteban de Chandía e Isabel de Fuica transcurría con tranquilidad en la ciudad de La Serena. Ambos, marido y mujer legítimos, vivían con la comodidad a la que acostumbraban las personas de la élite local. Pero la calma que hacía honor al nombre de la urbe se vio trastocada, momentáneamente, con el arribo de una carta. La misiva llegó con los primeros días de octubre de 1703, proveniente del monasterio de monjas de San José del Carmen en Santiago. Su destinatario, al tomar el sobre con sus manos y dirigir sus ojos al remitente, se habría sorprendido al ver escrito el nombre de alguien a quien creía olvidado. Era Mateo de Fuica: un mulato esclavo que, años atrás, había nacido en su casa. Hacía 10 meses que Mateo de Fuica prodigaba sus servicios en dicho monasterio. El 31 de diciembre de 1702, sus amos serenenses lo habían legado al recinto religioso a modo de obra pía. Así, al momento de morir ambos, sus almas tendrían un viaje más placentero hacia el tribunal del juicio final y Dios, seguramente, rebajaría sus penas en el Purgatorio. Pero en el protocolo que sancionó jurídicamente ese acto se había estampado, con tinta, una cláusula que le incomodaba: “se prohíba que la dicha madre priora ni su síndico pudiesen enajenar dicho esclavo ni darle libertad con cláusula expresa de que si lo tal obrasen fuese en ninguna la dicha donación […] porque la hacían con calidad de que sirviese a dicho monasterio perpetuamente”2. Diez meses fueron suficientes para que Mateo se percatase de que sus labores en el claustro eclesiástico no le acomodaban ni, menos, el perpetuo cautiverio al que había sido destinado. Su esposa, María Pizarro, una parda libre3 –mulata que consiguió su libertad con anterioridad– trabajaba en la ciudad de Santiago. Con sus constantes asientos4 no solo logró ahorrar diariamente el dinero para la libertad de. 1. Cuarta Partida, Título XXII. Carta de libertad a Mateo de Fuica, Santiago, 8 de febrero, 1704, Archivo Nacional de Chile, Escribanos de Santiago (en adelante ANCH, ES), volumen 458, f. 265. 3 El término “pardo libre”, usado por diferentes escribanos de Santiago, es discrecional, confuso y esconde una doble realidad con significados antagónicos. La denominación alude a mulatos libertos y, también, a sus hijos, pues tiene un carácter hereditario. Así, designa a ex esclavos con un color de piel intermedio entre el blanco y el negro que consiguieron su libertad y, también, a mulatos que nacieron disociados de la experiencia de la esclavitud, pero que comparten la misma pigmentación de piel y la condición jurídica de sus progenitores. 4 El asiento es una modalidad de contrato laboral en que el otorgante se compromete a prestar distintos servicios, ya sea domésticos o agrícolas. A cambio, el contratista, además del pago de un sueldo mensual, asume la responsabilidad del mantenimiento de vestuario, alimentación y salud. 2.

(3) CLAUDIO MOISÉS OGASS BILBAO / POR MI PRECIO O MI BUEN COMPORTAMIENTO:…. 143. su esposo, sino que fue creando lazos y vínculos con hombres y mujeres de la élite y, asimismo, con personas de su mismo color o con tonalidades más oscuras que, en caso de emergencia, podrían transformarse en eventuales prestamistas. Porque la sociedad de la capital del Reino de Chile, al igual que la del resto de las ciudades hispanoamericanas indianas, fue policromática y multiétnica. De las cerca de 12 mil personas que la habitaban a comienzos del siglo XVIII, entre el 20 y el 26% era negra, mulata o zamba, ya fuesen libres, libertos o esclavos5. Con el dinero en mano, María Pizarro y Mateo de Fuica fueron a negociar su libertad. La confianza que el mulato se granjeó trabajando con esfuerzo y obedeciendo cada una de las órdenes o caprichos de las monjas facilitó los canales de comunicación. La madre priora Francisca Teresa del Niño Jesús y el síndico Francisco Díaz Pimienta no pusieron obstáculo cuando vieron los 600 pesos que le otorgarían los mulatos. En el siglo XVIII esa cantidad era altísima, más considerando que una oveja costaba 4 reales, una mula 4 pesos y un caballo 60. Su precio alcanzaba para implementar, fácilmente, una granja. Pero había que convencer a los amos. Era el último paso. Y el primordial para que su estrategia rindiera dividendos. Eso motivó a Mateo a enviar la correspondencia a La Serena. Tuvo que extremar sus esfuerzos retóricos y, quizás, habría contado con la ayuda de la madre priora. Su carta, lamentablemente, el Archivo Nacional la ha querido callar. O más bien la modorra del escribano, quien no quiso copiarla y solo se refirió a ella con un: “aquí la carta que está en foja 17”6. Pero sí se conservó la respuesta de su amo: “en este ínterin hemos tenido muchos ruegos del dicho mulato pidiéndonos perdón de lo pasado poniendo a Dios y a su Santísima Madre por intercesores reconviniéndonos con la crianza y el amor que le tuvimos y todo se reduce a que seamos intercesores con Vuestra merced y las santas madres para que le permitan libertarse prometiendo dará su valor en plata o un negro en su lugar al monasterio y supuesto que no se dedica a servirlo con afecto y voluntad como era nuestro deseo le suplicamos entre ambos a Vuestra merced y a nuestra madre priora le conceda la súplica que nos mueve”7.. El discurso argumentativo de Mateo fue contundente: apeló al recuerdo amoroso de sus amos que lo criaron y, también, hizo profesión de buen cristiano al pedir la intercesión de Dios y la Virgen María. Incluso, ante cualquier actitud que pudie-. 5 Armando de Ramón, Santiago de Chile. Historia de una sociedad urbana. 1541-1991, Santiago, Editorial Sudamericana, 2000, 80, revisó las partidas de bautismo de la Parroquia del Sagrario, que comprendía el centro de la ciudad, entre 1691 y 1695: de ellas, 56% eran españolas; 14% indígenas y el 28,5% de negros y sus mezclas. Jean Paul Zúñiga, “Morena me llaman… Exclusión e integración de los afroamericanos en Hispanoamérica: el ejemplo de algunas regiones del antiguo virreinato del Perú (siglos XVI-XVIII)”, en Berta Ares Queija y Alessandro Stella (coords.), Negros, mulatos y zambaigos: derroteros africanos en el mundo ibérico, Sevilla, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2000, 116, revisó 1.154 partidas bautismales en las Parroquias del Sagrario y de Santa Ana entre 1641 y 1663: de ellas, 33% eran españolas; 24% indígenas y 26% mulatos, negros y zambos. Marcelo Carmagnani y Herbert Klein, “Demografía histórica: La población del Obispado de Santiago. 17771778”, en Boletín de la Academia Chilena de Historia XXXII: 72, Santiago, 1965: en este registro, los resultados son 53% españoles; 14,6% mestizos; 13,3% indios; 15,2% mulatos y 3,6% negros. 6 ANCH, ES, volumen 458, f. 265 vta. 7 Ibid., fs. 267-267 vta. Las cursivas son nuestras..

(4) 144. HISTORIA 42 / 2009. se ser percibida como irrespetuosa o soberbia –discordante con el lugar al que lo relegó la jerarquía–, el mulato les pedía perdón. Es que “los gestos de la insubordinación no eran nimios por pequeños que fueran. Todo el cuerpo debía ser sumiso y respetuoso”8. Así, el 8 de febrero de 1703, la madre y el síndico lo liberaban: “por cuanto tiene recibidos seiscientos pesos de a ocho reales que les dio y pagó María Pizarro mujer legítima del dicho Mateo Fuica”9. Marido y mujer, producto de una negociación con su amo, le doblaban la mano a un destino que lo condenaba a permanecer como esclavo desde el nacimiento hasta su muerte. Tal como las de esta pareja, el siguiente artículo analiza las oportunidades y estrategias de manumisión de los esclavos negros y mulatos de Santiago de Chile entre 1698 y 1750. Sus planteamientos y conclusiones se basan en el estudio de 72 cartas de libertad o ahorramiento encontradas, aleatoriamente, en 50 tomos del Fondo de Escribanos de Santiago en dicho periodo. En ellas, 83 esclavos consiguieron su libertad inmediata o condicionalmente. Para una mejor comprensión de este proceso, se suman juicios de la Real Audiencia y testamentos de los amos y ex esclavos. A diferencia de lo que ocurre con la historiografía chilena, los estudios sobre la manumisión en América Latina han mantenido un desarrollo constante en las últimas décadas10. Desde 1970, sobre la base del análisis cuantitativo, varios historiadores han demostrado el valor de las cartas de libertad como fuentes para caracterizar a la población de amos y esclavos que participaron en el proceso 11 . Aprovechando que su estructura protocolar no manifiesta variaciones geográficas profundas, el siguiente paso fue comparar las distintas realidades hispanoamericanas para sondear el grado de permeabilidad de los distintos regímenes. Hay consenso entre ellos que el acceso a la libertad en América Latina –en comparación con Estados Unidos– fue relativamente más fácil y estaba ampliamente extendido. Más aún, se trató, esencialmente, de un fenómeno urbano. Desde 1990 Carlos Aguirre y Christine Hünefeldt han analizado la manumisión en Lima. Utilizando archivos judiciales y protocolos notariales –cartas de libertad, 8 Alejandra Araya, “Sirvientes contra amos: las heridas en lo íntimo propio”, en Rafael Sagredo y Cristián Gazmuri (coords.), Historia de la vida privada en Chile, Vol. I: El Chile tradicional. De la Conquista a 1840, Santiago, Taurus-Aguilar Chilena de Ediciones, 2005, 180. 9 ANCH, ES, volumen 458, f. 265. 10 En Chile existen estudios sobre la libertad de los esclavos, pero no con el ritmo de producción de otros países latinoamericanos. Carolina González, “En busca de la libertad: la petición judicial como estrategia política. El caso de las esclavas negras (1750-1823)”, en Tomás Cornejo y Carolina González (coords.), Justicia, Poder y Sociedad en Chile: recorridos históricos, Santiago, Ediciones Universidad Diego Portales, 2007, 57-83. En él, la autora analiza el discurso de las esclavas en el sistema judicial como una forma de “narrativa de la resistencia esclava”, para oponerse al sistema de dominación esclavista, analizando sus estrategias para alcanzar la reunión familiar y demandar los abusos cotidianos por sevicia. 11 Stuart Schwartz, “The manumission of slaves in colonial Brazil: Bahia, 1684-1745”, en The Hispanic American Historical Review 54:4, Durham, 1974, 603-635. James Kiernan, “Baptism and manumission in Paraty”, en Social Science History 3:1, Durham, Autumn, 1978, 56-71. Lyman Johnson, “Manumission in colonial Buenos Aires, 1776-1810”, en The Hispanic American Historical Review 59:2, Durham, 1974, 258-279. Frederick Bowser, “The Free persons of color in Mexico City and Lima: Manumission and Oportunity, 1580-1650”, en Stanley Engerman y Eugene Genovese (coords.), Race and Slavery in the Western Hemisphere: Quantitative Estudies, Princeton, Princeton University Press, 1975, 331-367..

(5) CLAUDIO MOISÉS OGASS BILBAO / POR MI PRECIO O MI BUEN COMPORTAMIENTO:…. 145. solicitudes de papel de venta y alegatos por sevicia–, ambos han demostrado el activo rol que cumplieron los esclavos de comienzos del siglo XIX para ir, gradualmente, apropiándose de pequeñas cuotas de autonomía12. Sus embates, no virulentos, públicos ni abiertos, fueron desgastando y erosionando la estructura esclavista, contribuyendo a su abolición. En este sentido, fueron agentes de su propio destino: sujetos que, a pesar de las condiciones adversas en que vivían, “pudieron ejercer un impacto no solo sobre su destino individual, sino también sobre la sociedad entera y sobre las formas en que se ejercía la dominación”13. En el contexto político y económico de Lima de comienzos del siglo XIX, no obstante, la esclavitud, como sistema de producción, estaba en una fase gradual de decadencia y pérdida de legitimidad por parte de algunos sectores liberales. La manumisión del mulato Mateo –antes descrita– no ocurrió en un contexto similar. La esclavitud en Santiago entre 1698 y 1750 estaba completamente legitimada y, además, los altos precios dificultaban la compra de la libertad. Pero su caso no tiene un valor meramente anecdótico, pues ilustra uno de los mecanismos recurrentes que utilizaron los esclavos para abandonar su condición. La servidumbre –como una relación social entre el amo y el esclavo– fue una institución absolutamente jerárquica, con disímiles grados de poder y en la cual la idea de la subordinación estaba impuesta y normalizada. Pero, si bien su condición les quitó el dominio sobre muchos aspectos de su vida física y mental, nunca pudo penetrar ni normar un aspecto insoslayable sobre su propia personalidad: el debate psicológico interno sobre cómo mejorar su condición humana. Sin embargo, la manumisión de Mateo tampoco es arquetípica. El análisis individualizado de las cartas de libertad nos revela que hay una diversidad de caminos recorridos por hombres y mujeres; negros y mulatos; adultos y párvulos; familias e individuos para conseguir la libertad, aunque, obviamente, se puedan establecer generalidades. Incluso, cada caso es extremadamente rico por su particularidad y es difícil encasillarlos en clasificaciones estáticas. Es que –tal como plantea Rebecca Scott para los esclavos de Cuba– las respuestas a la esclavitud en las sociedades hispanoamericanas fueron extremadamente complejas y variopintas, rebasando, por mucho, la dicotomía entre resistencia y adaptación14. ¿Acaso todos los esclavos buscaron, enérgicamente, la libertad? ¿Qué significado le dieron a ese término, en una sociedad en que ni el romanticismo ni la revolución francesa le otorgaban, aún, un carácter universal e intrínseco al ser humano y, además, donde la mayor parte de la población estaba sometida y subordinada, en una enmarañada red de jerarquías? Seguramente, uno bastante más restringido del que conocemos y manejamos en la actualidad. Al introducirnos en la complejidad de su significado, advertimos que las motivaciones de los esclavos 12 Carlos Aguirre, Agentes de su propia libertad: los esclavos de Lima y la desintegración de la esclavitud. 1821-1854, Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú, 1995. Christine Hünefeldt, Paying the price of freedom. Family and labor among Lima’s slaves. 1800-1854, California, University of California Press, 1994. 13 Aguirre, op. cit., 20. 14 Rebeca Scott, Slave Emancipation in Cuba. The transition to Free Labor. 1860-1899, Princeton, Princeton University Press, 1985, 6..

(6) 146. HISTORIA 42 / 2009. para conseguirla pudieron ser más variadas y harto más intrincadas de lo que pudiéramos prejuzgar. Nuestra intención no es solucionar este difícil asunto, sino ocuparnos de un pequeñísimo grupo: los exitosos, aquellos cuyas estrategias rindieron dividendos. Para la legislación alfonsina, la esclavitud fue una institución ignominiosa, porque el hombre “que es la más noble y libre criatura, entre todas las otras criaturas que Dios hizo, se torna por ella en poder de otro”15. Y era vejatoria, ya que no solo no se podía disponer de los bienes, sino “de su persona misma no es poderoso”16. Aun así, se consideraba como una etapa transitoria que nunca decreció la condición de “persona” de quien la sufriese. Por lo mismo, la libertad era una opción que vendría a redimir ese estado “contra razón de natura”17. Pero, “así como la servidumbre es la más vil cosa de este mundo (que pecado no sea) y la más despreciada, así la libertad es la más cara y la más preciada”18. A pesar del valor que le concedieron, no existió ninguna normativa legal que constriñese a los amos a manumitir a los esclavos. Era una prerrogativa patronal y absolutamente discrecional. Existe consenso historiográfico en que los cuerpos legales –como idealizaciones expectantes del comportamiento humano– no son útiles para comprender cabalmente la realidad. Muchas veces las prácticas sociales de la cotidianidad sobrepasan y/o atentan contra ella. Y esto es más cierto en una sociedad donde la legalidad era casuística. Las Siete Partidas, no obstante, definieron dos formas consuetudinarias en que se concedía la libertad y que, por lo visto, se transportaron a las sociedades hispanoamericanas. “Señores, y hay algunos, que aforran sus siervos, tan solamente por su buena voluntad, queriéndoles hacer bien y merced, no tomando precio ninguno de ellos. Y otros que los forran por precio que reciben”19. Pero la libertad no siempre fue un estado seguro. Y esto fue así “porque el hombre que da algo a otro, lo puede después revocar, así como dijimos en el Titulo de las donaciones, en la Quinta Partida de este libro […] Mas si el precio que hubiese recibido por aforrar no lo hubiese dado el aforrado por sí, mas otro alguno por el; o si lo hubiese aforrado por mandado de otro, que era su señor; entonces, decimos que aquel que lo hubiese hecho así libre, no lo podría tornar así en servidumbre”20.. Si la libertad era concedida “de buena voluntad”, entonces, se homologaba a la clasificación jurídica de la donación que mermaba el patrimonio de quien la concedía. Y, por lo tanto, podía ser revocada. No así cuando los esclavos cancelaban por ella. De acuerdo a lo anterior, se esbozan, a priori, dos estrategias de los esclavos para obtener su manumisión: pagar por su precio o adoptar un buen comportamiento, lo que significaba fidelidad, obediencia, cristiandad y sumisión a la espera de. 15 16 17 18 19 20. Cuarta Partida, Título V. Idem. Ibid., Título XXI. Ibid., Título XXII, Ley VIII. Ibid., Título XXII, Ley IX. Idem..

(7) CLAUDIO MOISÉS OGASS BILBAO / POR MI PRECIO O MI BUEN COMPORTAMIENTO:…. 147. que la psicología del amo se inclinase a percibirlos menos como objetos y más como sujetos. La primera, aunque nunca fácil ni automática, era jurídicamente segura, mientras que la segunda, bastante inestable. Porque, en cuanto bienes, muchos amos prefirieron venderlos, heredarlos, donarlos o hipotecarlos, anulando su estrategia afectiva a largo plazo. En este sentido, la manumisión remuneratoria se puede interpretar como una vía de autentificar legalmente la libertad y, conjuntamente, de apresurar un proceso natural que podía concluir de forma exitosa, eventualmente, tras largos años de una espera paciente y mansa. En concordancia con lo anterior, nuestro objetivo principal está en determinar las oportunidades más propicias en que los esclavos pudieron optar por la manumisión en Santiago. En definitiva, sondear cuándo, cómo y bajo qué circunstancias específicas la libertad no fue una quimera y, también, rastrear los esfuerzos y estrategias que desplegaron para conseguirla, incluyendo en el análisis un aspecto que ha sido soslayado por la historiografía: el régimen patrimonial hereditario indiano, que operó como una barrera más a sus opciones. Abordando en profundidad este fenómeno, podemos conocer un fragmento de la historia de la esclavitud negra, una dimensión social y cotidiana de un sistema económico mundial que se extendió en el reino de Chile, un territorio marginal, durante cerca de 300 años21. Sin embargo, cualquiera que hubiese sido la ruta escogida para conseguirla, la manumisión fue, generalmente, un proceso y se obtuvo mediante un acuerdo (o negociación) en que se mezclaron intereses económicos y afectivos. Se expresó, así, cierta refinada racionalidad por parte de los esclavos para manipular las variables de su entorno. También, la probabilidad de ser libres aumentó cuando los esclavos tenían nexos familiares. La familia fue –como expresa Hünefeldt para Lima– “el cuerpo sobre el cual giró la vida de los esclavos y la unidad combativa por medio de la cual pudieron lograr la libertad”22. Finalmente, este estudio suscribe la postura de Carlos Aguirre, en cuanto percibimos y presentamos a los esclavos como sujetos históricos y absolutamente activos. El alcance de esta visión implica superar dos imágenes frecuentes y erróneas: “por un lado, aquella que les atribuyó mucho tiempo la condición de víctimas pasivas (y hasta conformes) del sistema de dominación; por otro lado, la imagen romántica de. 21 Philip D. Curtin, The Atlantic slave trade: A census, Madison, Wisconsin, The University of Wisconsin Press, 1969, 18. Según sus cálculos, en el periodo de intensificación de la trata, entre 1701 y 1810, la importación de esclavos africanos a América –incluyendo las colonias españolas, portuguesas, francesas, inglesas y danesas– habría alcanzado la cantidad de 6.051.700. Entre 1492 y 1870 la América hispana recibió 1.552.000 esclavos. De acuerdo a su distribución geográfica, el reino de Chile ocupó un lugar marginal, alcanzando la cifra de 6.000 piezas. No obstante, el mismo autor se encarga de ponderar sus cifras: “Uno de los peligros de exponer cifras es hallarlas luego citadas con un grado de certidumbre que nunca se les atribuyó. Esto es particularmente cierto cuando los porcentajes se calculan con una aproximación del orden de las décimas de por ciento, pero el rango de error de las cifras absolutas puede ascender hasta el 20%. Afirmemos, entonces, desde el principio, que la mayoría de las cantidades ofrecidas a continuación son imprecisas. No se ha intentado dar valores exactos sino aproximaciones donde una cifra que está dentro de un rango de error del 20% se estima que es una respuesta correcta; es decir, un resultado satisfactorio dada la calidad de los datos procesados”. 22 Hünefeldt, op. cit., 5. La traducción es nuestra..

(8) 148. HISTORIA 42 / 2009. quienes han visto en el esclavo un rebelde permanente, siempre dispuesto a enfrentarse al amo y luchar por su libertad: el mito del esclavo indomable. Ambas visiones (ideológicas) son ciertamente unilaterales y carecen de los matices necesarios que una apreciación más cercana de los hechos debería percibir”23.. SANTIAGO: ECONOMÍA,. SOCIEDAD Y NOCIÓN DE LIBERTAD ENTRE. 1698 Y 1750. Del océano a la ciudad: el mercado de precios y la extensión social de la esclavitud Hasta mediados del siglo XVII, Santiago fue una ciudad que, comparada al resto de las urbes hispanoamericanas, era pequeña en magnitud y, más bien, tenía el aspecto de una aldea: los límites entre lo rural y lo urbano eran difusos. Bordeando el cuadrilátero de la Plaza de Armas, su corazón y pulso, sus casas más lujosas eran monocromáticas y solo lucían el blanco de la cal. Los callejones se hallaban polvorientos y sus calles sin pavimentación. Poco ruidosa, por la escasa población: cerca de doce mil habitantes repartidos entre el centro y su periferia. Era pobre y de un aspecto rústico. Pero el terremoto del Perú, en 1687, y la peste de polvillo negro que cubrió los trigales, obligaron a los limeños a buscar al sur lo que comenzó a escasear en su propia tierra. El intercambio entre el virreinato y la capitanía se agilizó desde entonces, animando a la zona ubicada entre el Choapa y el Maule, especialmente, a la producción del trigo24. El grueso de la exportación del valle central salió por Valparaíso, lugar que fue, además, la salida del excedente que entregaba el fértil valle de Aconcagua. En el puerto, los granos se depositaron en las antiguas bodegas y reemplazaron, paulatinamente, al sebo, que comenzaría a relegar su otrora condición de principal producto de exportación. Medianamente cerca de Valparaíso, su ubicación privilegiada convirtió a Santiago en un nexo comercial obligado entre los extremos sur y norte de la capitanía general. La incipiente actividad económica propició el tránsito paulatino a una ciudad relativamente próspera: Santiago, lentamente, comenzaba a consolidarse como el centro político y económico del reino de Chile25. El impulso estimulado por las exportaciones, encabezado por los mercaderes, contagió a diversos sectores. Pero no todo fue causal de alegrías. Los esclavos –otro producto del comercio con el virreinato del Perú– aún no eran lo suficientemente numerosos para suplir el trabajo de los indígenas de la encomienda, una institución que agudizaba su fase de decadencia26. Los lamentos fueron expuestos por López de Gamboa, procurador del Cabildo, en una sesión de 1705: 23. Aguirre, op. cit., 20. Sergio Villalobos, Historia de Chile. Tomo II, Santiago, Editorial Universitaria, 2004, 157-160. Rolando Mellafe, Historia Social de Chile y América, Santiago, Editorial Universitaria, 2004, 275. 25 De Ramón, op. cit., 89-93. 26 Rolando Mellafe, La introducción de la esclavitud negra en Chile. Tráfico y rutas, Santiago, Estudios de Historia Económica Americana de la Universidad de Chile, 1959, 107-113. Mario Góngora, Encomenderos y estancieros. Estudios acerca de la constitución social aristocrática de Chile después de la Conquista, 1580-1660, Santiago, Departamento de Historia de la Universidad de Chile, 1970, 41-47. 24.

(9) CLAUDIO MOISÉS OGASS BILBAO / POR MI PRECIO O MI BUEN COMPORTAMIENTO:…. 149. “Aunque pudieran pasar a estas provincias negros de Portobelo, como es tan larga distancia y tan dilatadas las navegaciones y los costos tan abultados, cuando algunos arriban a esta ciudad, tienen precios tan excesivos que se venden por setecientos y ochocientos pesos, y no hay caudal para poderlos comprar”27.. Así, un grupo de la sociedad abogó por la entrada de un mayor número: única forma de acceder a ellos y, conjuntamente, abaratar sus precios. En 1702 –tres años antes de la queja de López–, la Corona había concedido el monopolio del tráfico negrero hacia las Indias a la Compañía Real de Guinea, administrada por los franceses28. La medida se debía a la llegada de una nueva dinastía al poder peninsular: Felipe V de Borbón. La concesión le obligaba internar: “48.000 piezas de Indias de ambos sexos, y de todas edades, en 4.800 cada uno de los dichos diez años”29. De ellos, solo entre 500 y 600 podían desembarcar en el puerto de la Santísima Trinidad de la ciudad de Buenos Aires. Pero, para desdicha del grupo esclavista de Santiago, ninguna pieza podía cruzar la cordillera. Aunque Rolando Mellafe constató que desde el siglo XVII entraron esclavos por la ruta atlántica –y la medida fue tolerada por la Corona–, la oferta no fue suficiente para propiciar una devaluación general de los precios30. El cabildo, exasperado, solicitó al Rey que reconsiderara su medida. De ello dependía “el mayor lucimiento y alivio de los vasallos de Su Magestad”, pues “cuanto había descaecido este Reino por falta de servicios, tanto tendría de aumento con el libre comercio de los negros”31. Se combinaron, así, los argumentos económicos con los sociales. Es que, para los amos, la esclavitud en Santiago fue, además, una forma de hacer ostentación pública de su poder adquisitivo y su capacidad de disciplinar a los esclavos. A pesar de que los precios eran altísimos, el tráfico de esclavos desde Lima era asiduo y el “ecúmenos del negro” se extendió por la mayor parte del territorio32. Celia Cussen analizó la proporción de esclavos en el reino de Chile, basándose en el censo de 1778: “En la zona de Coquimbo más del 20% de la población se componía de negros y mulatos; en Santiago la cifra era algo mayor al 18%, mientras que en las zonas al sur de la capital, como Colchagua y Maule, la cifra bajaba alrededor del 8%”33. Así, un grupo importante se quedó en Santiago y otro se fue a trabajar en las haciendas de Chile central o las minas del norte del reino. La mayoría de los esclavos que provenían de la Ciudad de los Reyes eran negros que venían directamente de África34. Eran de casta congo, angola, arará o 27 Gonzalo Vial Correa, El africano en el Reino de Chile. Ensayo histórico-jurídico, Santiago, Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Católica de Chile, 1957, 48. 28 Elena F. S. de Studer, La trata de negros en el Río de la Plata durante el siglo XVIII, Buenos Aires, Instituto de Historia de la Universidad de Buenos Aires, 1958, 60. 29 Ibid., 105. 30 Mellafe, La introducción de la esclavitud…, op. cit., 240-246 . 31 Vial, op. cit., 79. 32 Mellafe, La introducción de la esclavitud…, op. cit., 102-106. 33 Celia Cussen, “El paso de los negros por la historia de Chile”, en Cuadernos de Historia de la Universidad de Chile 25, Santiago, 2006, 53. 34 De 24 cartas de compra-venta del tomo III de Escribanos de Valparaíso, que cubre algunas de las transacciones realizadas entre 1700-1705 estas son las proporciones: 18 negros (75%); 4 mulatos (16,6%); y dos zambos (8,8%)..

(10) 150. HISTORIA 42 / 2009. popo. Su condición de no bautizados se señalaba con el rótulo de “costal de huesos y con alma en boca”. Otros, en cambio, habían nacido en las Indias y se les llamaba criollos. Estos últimos eran ladinos: conocían la lengua castellana y tenían una condición más elevada que los bozales de África, pues se habían iniciado en el evangelio de Jesucristo. Los precios eran diversos, pero altos: hasta 900 pesos. Los elevados valores se explican por los almojarifazgos (una especie de arancel aduanero) que debían pagar en Cartagena, Portobelo, Guayaquil y Lima; y, también, por el recargo discrecional que hacía el asentista y apoderado, pues que llegase uno vivo era toda una travesía oceánica. Las quejas de los vecinos de Santiago no eran exageradas, como otras de las muchas peticiones paralelas que elevaron al rey en esa época. Aburridos de esta situación, continuaron con su campaña de libre tráfico negrero, pero nunca imaginaron que un suceso que ocurría al otro lado del Atlántico posibilitaría la concreción de sus demandas: el triunfo de Gran Bretaña en la guerra de sucesión por el trono español. Por la Paz de Utrecht, se permitió a los ingleses controlar el tráfico en el puerto de Buenos Aires, mediante un Real Asiento de Negros. Desde el año 1713 se elevó a 1.200 la cifra de africanos destinados a ese puerto y se autorizó que se condujeran 400 hacia Chile. Los vecinos esclavistas de Santiago habían concretado, después de 12 años, sus antiguas aspiraciones. Gonzalo Vial detalló algunas de sus repercusiones en el precio de los esclavos. Según él, su valor decreció en cerca de un 30 o 50% y “alcanzaron un valor medio de 290 a 310 pesos, cada varón; y 330 y 360 pesos, cada hembra”35. Las cifras revelan un aspecto interesante. La mujer equipara y, también, excede el precio del varón. Esto se entiende porque la demanda de esclavos se hizo principalmente para el servicio doméstico en Santiago, lo que, considerando la cultura de género imperante en la época, implicaba tareas preferentemente femeninas. También, al no existir una fuerte y expedita conexión con el mercado externo –el reino de Chile no fue nunca un punto de tráfico directo–, los amos habrían precavido las eventuales intermitentes ofertas, utilizando la continua capacidad reproductiva de las entrañas femeninas para abastecer la creciente demanda. Porque la esclavitud fue una condición que se heredó desde el vientre materno. La devaluación también produjo un cambio en el patrón de propiedad de esclavos. La historiografía tradicional postula que, comparado con las economías de plantación de Brasil o Cuba, en Santiago no existió una gran concentración de esclavos. Los lotes fluctuaban entre 20 a 30 piezas en las familias de estratos altos y los únicos que lograron tener una extensa cantidad fueron los jesuitas: 1.200 esclavos en el valle central36. Por lo mismo, “dentro de esta lejana y pequeña sociedad tener sirvientes de color pasó a ser un privilegio determinante del prestigio social de la familia; un lujo, una preocupación social exclusiva de peninsulares y criollos”37. 35. Vial, op. cit., 49. Diego Barros Arana, Un decenio de la Historia de Chile, Santiago, Imprenta Barcelona, 1973. 37 Macarena Ponce de León, “Vida de los esclavos en Chile. 1750-1800”, en Julio Retamal (coord.), Estudios Coloniales III, Santiago, Centro de Estudios Coloniales de la Universidad Andrés Bello, 2004, 240-241. 36.

(11) CLAUDIO MOISÉS OGASS BILBAO / POR MI PRECIO O MI BUEN COMPORTAMIENTO:…. 151. No obstante, la baja paulatina de precios produjo interesantes cambios en el acceso a la mano de obra esclava. Y no fue raro que algunos ex esclavos participaran en la compra y venta. En 1734 la parda libre María Negrón vendía: “una negra nombrada María Antonia”38. El mismo año, Margarita Pozo, también parda libre, vendía a don Basilio, “una mulata mi esclava nombrada Rosa que será de edad de diez y ocho a diez y nueve años criada y nacida en mi casa hija de Lorenza Díaz mi esclava”39. Incluso, en algunos testamentos de pardos libres es corriente encontrar la posesión de algunos esclavos. Luis de Orta, pardo libre, mencionaba: “por mis bienes una negra nombrada María Josefa, y un negro nombrado Santiago”40. Y Antonia de la Carrera, parda libre, detalló la posesión de cinco esclavos, que fueron entregados a sus hijas en forma de dote41. Si fuera nuestro interés, estos datos nos proporcionarían una suculenta información para elucubrar algunas hipótesis sobre las motivaciones de la manumisión. Sin embargo, para el objetivo de este estudio, solo queremos demostrar el alto grado de legitimidad que tenía la esclavitud en todos los estratos sociales, incluso en los más bajos, y además, el hecho de que en Santiago existieron diversos tipos de propietarios: grandes, medianos y pequeños. Establecer una radiografía de esta tendencia es imposible, porque no existe ningún padrón de la propiedad de esclavos para esa fecha, como sí ocurre en otras ciudades hispanoamericanas indianas. ¿En qué condiciones y con qué herramientas pudieron permear los esclavos un sistema tan extendido y legitimado en la sociedad? La esclavitud urbana y doméstica: los esclavos entran y salen de la casa “El aire de la ciudad da la libertad” 42.. Un proverbio alemán –Die Stadtluft mach frei– anunciaba el nuevo espíritu de un sector de la población, originado junto con el renacimiento de las ciudades en la Europa cristiana desde los siglos XI al XIII. Con él, se aludía al nuevo estatus jurídico que alcanzaron los campesinos, antiguos siervos de la gleba, al abandonar los campos y asentarse en los incipientes burgos que se desperdigaron por el territorio. Lejos de los señores y en un incipiente contexto urbano, los otrora vasallos fueron conquistando su independencia y autonomía. Varios siglos más tarde, y en una nueva geografía, la estructura arquitectónica e institucional de la ciudad hispanoamericana fue el escenario más propicio en que los esclavos encontraron algunas herramientas para conseguir su libertad. Pero, obviamente, en condiciones más precarias y más difíciles. 38 Venta de María Negrón, parda libre. Santiago, 23 de noviembre, 1734, ANCH, ES, volumen 632, f. 278. 39 Venta de Margarita del Pozo, parda libre. Santiago, 9 de diciembre, 1734, ibid., f. 285. 40 Testamento de Luis de Orta, pardo libre. Santiago, 8 de junio, 1741, ibid., volumen 635, f. 349 vta. 41 Testamento de Antonia de la Carrera, parda libre. Santiago, 28 de noviembre, 1755, ibid., volumen 601, f. 115. 42 Henri Pirenne, Historia económica y social de la Edad Media, México, Fondo de Cultura Económica, 1970, 44..

(12) 152. HISTORIA 42 / 2009. Para Christine Hünefeldt, en el caso de los esclavos de Lima, “el elemento que más definió sus vidas fue la ciudad y todo lo que ello implicó”43. El crecimiento demográfico y comercial de las urbes trajo aparejado el aumento de la población esclava, pues se necesitaba de mano de obra que supliera los servicios. La vida cotidiana sin ellos era inimaginable. Ninguna institución –monasterios, casas, hospitales, obras públicas, iglesias, el cabildo, entre otros– funcionó sin la mano de obra de los negros o los mulatos. Y la vida urbana causó profundos cambios en su personalidad, tal como expresa Carmen Bernard: “a pesar de tratarse de seres que carecieron por definición de libertad, los que vivieron en las ciudades de Hispanoamérica, desde la Conquista hasta los primeros brotes independentistas, poseyeron características sociológicas y culturales muy distintas a las de aquellos que trabajaron en las plantaciones tropicales o las minas de oro”44.. En ella, los esclavos habrían encontrado algunas herramientas que facilitaron su proceso de manumisión, en la casa o en la calle. En Santiago, la principal demanda de esclavos se hizo para el servicio doméstico durante el siglo XVIII. No hubo casa decente que prescindiera de ellos y hasta los sectores más modestos procuraron tener, aunque fuera una pieza. En la casa operó una división del trabajo de acuerdo al género y la edad. Las mujeres fueron ocupadas, mayormente, en oficios relacionados a los menesteres hogareños. Un ama describe a María Muñoz: “teniendo esta criada buenos y particulares servicios dignos de recomendarse cuales son saber cocinar para de cualesquiera exquisito uso, lavar y cocer prolijamente y últimamente su pericia en cuanto dulce y confitados”45. Y, también, debían extender sus labores de madre con los hijos de sus amos. Muchas amamantaban a retoños ajenos. Cuando estaban en la vejez, se dedicaban a instruir a las esclavas más nuevas en las obras del menaje del hogar. Fueron las sirvientas de razón o amas de llaves las de mayor jerarquía. Los hombres asumieron labores acordes a su condición: aquellas que requerían de destreza física. Eran los porteros y guardianes de grandes casas. Los varones de mayor edad y con mayor experiencia fueron caleseros. La casa fue un espacio doméstico de convivencia cotidiana. La cercanía con los amos, el servicio personal prolongado en el tiempo, la obediencia y la lealtad fueron configurando relaciones de confianza y afecto mutuos. La mayoría de las cartas de libertad menciona que la otorgan por “las sobradas muestras de amor”, “por quererla como a hija y hermana” y “por haberme criado desde niña”. Un caso extraordinario de amor y confidencia es el don Alonso Lecaros con el negro Antonio. Su amo “hacía tanta estimación de el negro Antonio que en una ocasión expresó al declarante que le tenía al dicho Antonio un garrotillo con su látigo para que cuando el doctor José. 43. Hünefeldt, op. cit., 1. La traducción es nuestra. Carmen Bernard, Negros esclavos y libres en las ciudades hispanoamericanas, Madrid, Fundación Histórica Tavera, 2001, 11. 45 María Muñoz, esclava, pide carta de venta. Santiago, 1794, ANCH, Real Audiencia (en adelante ANCH, RA), volumen, 2.874, ff. 300-300 vta. 44.

(13) CLAUDIO MOISÉS OGASS BILBAO / POR MI PRECIO O MI BUEN COMPORTAMIENTO:…. 153. Antonio Lecaros le pasase a su casa estuviese el negro con los hijos de dicho don Antonio reprendiéndolos, y estos le habrían de llamar taita Antonio”46.. Pero no debemos dar una imagen idílica de la esclavitud doméstica. Es más, el cuerpo de Antonio terminó fragmentado y exhibido en diferentes puntos de la ciudad: fue la pena que le impuso la Real Audiencia por asesinar a su amo. En las familias de la élite, la vigilancia era superior y, por lo mismo, se requería de mayor disciplina y docilidad. Allí, los esclavos, a sus labores económicas, unieron una función estética. Y debían mostrarse más obedientes, porque, como “signos de distinción social, eran en cierta medida metáforas carnales de sus amos, por ende reflejo de lo que ocurría más allá de donde la mayoría de las miradas alcanzaban a entrar: la casa”47. Doña María Mercedes aseguraba que su esclava Paula tenía los vicios de “insujeta y de depravadas costumbres”48. Por lo mismo, le aplicó varios azotes a la mulata “para que reconociera la servidumbre en que estaba constituida, y le sirviese de algún amago, como y más principalmente para contenerla por este medio tan suave, de sus licenciosas libertades y reducirla al recogimiento que debe guardar, así por ser esclava, como porque sus pocos años, y perversas inclinaciones la inducen a andar siempre fugitiva, viviendo a sus anchuras”49.. La casa, también, fue un espacio multiétnico y de pieles policromáticas, sobre todo después de 1713. El Tratado de Utrecht permitió, primero, el influjo constante de 400 esclavos negros de África y, luego, una llegada irregular de mulatos y zambos de contrabando. En una misma vivienda pudieron convivir diferentes grupos sociorraciales –negros, mulatos y zambos– y con distinto origen –criollos o guinea, malaque, angola–. Cada uno de ellos, por lo demás, con disímiles grados de asimilación de la cultura hispana: bozales o ladinos; infieles o bautizados. También, con variadas edades. Un caso ilustrativo es el de doña Mariana Sobarzo. Viuda de don Juan Luis Caldera, mantuvo no menos de 15 esclavos en su vivienda. Este suceso nos consta por su inventario realizado en Santiago, el 23 de abril de 1725. El escribano José Álvarez de Henostroza describe la diversidad de los esclavos: “Ítem. Petrona samba natural de la otra banda de treinta y cuatro años más o menos Ítem. Bartola mulata de cuarenta y cinco años Ítem. Isabel negra de guinea de la misma edad Ítem. Agustina negra bozal de veinte y cuatro años Ítem. Un negro bozal Matías de diez y siete a diez y ocho años que está asistiendo al maestro don Alonso de Herrera canónigo de esta ciudad. 46 Carolina González, “Subordinaciones y resistencias de la servidumbre esclava: El caso del negro Antonio (Santiago de Chile, 1776-68)”, en Cuadernos de Historia de la Universidad de Chile 25, Santiago, 2006, 123. 47 Ibid., 126. 48 Juicio por sevicia de la mulata Paula contra su ama doña María Mercedes Maradiaga. Santiago, 1759, ANCH, RA, volumen 2.468, f. 256. 49 Ibid., f. 259..

(14) 154. HISTORIA 42 / 2009. Ítem. Cinco mulatillos nombrados Manuel de once años, Antonio de siete años, Joseph de cinco años, Juan de trece y Joseph de veinte y cuatro días = hijos de la dicha Petrona Ítem. Pascuala samba natural de esta ciudad de veinte y cinco años con una cría de pecho nombrado Pascual Bailón y otra hija pequeña de dos años nombrada María del Carmen Ítem. Un mulato nombrado Miguel de edad de diez y siete años más o menos”50.. Las relaciones entre amos y esclavos variaron de acuerdo al estatus socioeconómico de las familias y el número de sus integrantes. En la medida que hubiese más personas que servir mayores serían las exigencias. También, era distinta, dependiendo del número de esclavos que habitara la casa. Las tareas habrían estado diversificadas y los esfuerzos en energía y en tiempo laboral habrían sido menores. Pero estar dentro de la casa presentó algunas ventajas para aquellos que quisieran obtener su libertad o conseguir algunas mejoras en su condición de vida: la proximidad física con los amos, que originó vínculos afectivos y conocimiento de su intimidad. Sin embargo, la casa no fue el único espacio en el cual fueron adquiriendo experiencias para acceder a su libertad. Según Carmen Bernard, “los esclavos residen generalmente –pero no necesariamente– con los vecinos y, por consiguiente, lejos de estar relegados a un barrio específico, ocupan la totalidad del espacio urbano, tanto el privado de las casas como el público”51. Uno de los fenómenos más importantes de la esclavitud urbana fue la conversión del esclavo en un jornalero. Es decir, el permiso que obtenía de sus amos para salir a trabajar a la calle, a cambio de la entrega de un porcentaje diario o mensual del sueldo que obtenía. Este dependía de su precio. El 5 de agosto de 1719 doña Elvira Tello, viuda, le daba permiso a María Josefa, su esclava de 28 años: “para que trabaje libremente sin pensión de jornales y que se aproveche del útil de lo que adquiere”52. La estructura laboral –basada en la etnicidad– dejó en sus manos solo los oficios artesanales, considerados como “viles” o “de judíos” por la élite. Así, los esclavos de Santiago cumplieron las mismas funciones que sus homólogos de Lima, Buenos Aires y México. El 14 de julio de 1700 se patentó otro permiso. Este vez se presentó Sebastián de Collados, “negro esclavo de doña Marcela de Meneses maestro zapatero que de consentimiento de la dicha su ama ejerce en tienda pública el oficio de maestro zapatero y trata y contrata en dicho su oficio en lo tocante a Lázaro Carmona asimismo maestro zapatero”53. Esta modalidad fue bastante usual en Santiago y habría implicado, necesariamente, una negociación para arrancar algunos privilegios de los amos. No contamos con documentos específicos para conocer en profundidad los detalles de este. 50 Inventario de los bienes de María Zobarzo. Santiago, 23 de abril, 1725, ANCH, ES, volumen 522, f. 293 vta. Incluso más, en su testamento consta que regaló una negra Nicolasa a su hermano y que, también, donó a “Doña Juana Caldera su hija religiosa del ministerio de Santa Clara una samba su esclava nombrada Rita tasada en cuatrocientos y cincuenta pesos”, ibid., f. 180. 51 Bernard, op. cit., 13. 52 Carta de libertad a María Josefa. Santiago, 5 de agosto, 1719, ANCH, ES, volumen 611, f. 241. 53 Concierto de Lázaro Carmona, pardo libre, con Sebastián de Collados, negro esclavo. Santiago, 14 de julio, 1700, ibid., volumen 409, f. 159..

(15) CLAUDIO MOISÉS OGASS BILBAO / POR MI PRECIO O MI BUEN COMPORTAMIENTO:…. 155. acuerdo. Incluso, muchas veces, los amos y amas pobres decidieron darle trabajo obligado a sus esclavos para obtener una mayor rentabilidad y así evitar los gastos de su manutención en alimento y vestuario, porque “los ingresos que podían generar los esclavos hacían una gran diferencia en los estilos de vida de una viuda”54. Sin embargo, sea por petición del esclavo o coerción del amo, los jornaleros contaron con una mayor capacidad para acumular capital y, más importante aún, de acelerar su proceso de manumisión. Ningún amo se habría expuesto a sacar a la calle a un esclavo que tuviese antecedentes de cimarrón. Por lo mismo, era una opción que, de cualquier modo, se ganaba por un buen comportamiento, obediencia y lealtad. Y tampoco un esclavo se habría fugado, luego de recibir un mínimo de confianza. El acceso a la calle proporcionó a los esclavos no solo una capacidad de ahorro mayor. Su movilidad geográfica y la lejanía momentánea del amo le otorgaron un mayor grado de autonomía relativa. También, enfrentarse a la ciudad y manejar un oficio les brindó una excelente oportunidad de extender sus lazos y vínculos sociales, en momentos en que Santiago experimentaba un crecimiento urbano hacia los arrabales. Desde comienzos del siglo XVIII y producto del influjo poblacional sostenido, la ciudad se ensanchó hacia el norte, en el barrio de La Chimba, y al surponiente, en el sector de La Cañada. Se formaron barrios multiétnicos compuestos por españoles y extranjeros pobres, negros y mulatos –libres o libertos–, indios y mestizos55. Y fue, en este escenario, en el que pudieron extender sus redes de clientelas. No menos importante fue el rol que cumplió la Iglesia y las instituciones de justicia. Entre las calles de la ciudad circuló el rumor que sirvió como una experiencia de eventual aprendizaje para interiorizarse de los diferentes recovecos legales para conocer sus derechos y entablar demandas. Hünefeldt describe de forma brillante el nuevo escenario que presentó la ciudad a los esclavos de Lima, un contexto que no difiere con el que experimentaron los de Santiago: “El traslado a la ciudad –o, si se quiere ver este proceso a partir del hecho consumado, esto es, del incremento de los esclavos en el contexto urbano– marca un cambio en la estructura de dominación esclavista, aunque no necesariamente la abolición del sistema. Las actividades de los esclavos se hacen más especializadas y se suplen, en parte, servicios cada vez más demandados por una población urbana en crecimiento, al tiempo que amplían los espacios de negociación entre esclavos y amos y la velocidad de la automanumisión. El Estado y la Iglesia, de su parte, definen más claramente su intromisión en vida de los esclavos y en las relaciones amos-esclavos”56.. Y, en estas circunstancias, algunos con más ventajas y herramientas no se conformaron solo con respirar el aire de la libertad que les brindó la ciudad. 54 Herbert Klein y Ben Vinson III, La esclavitud africana en América Latina y el Caribe, Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 2008, 41. 55 De Ramón, op. cit., 92. 56 Christine Hünefeldt, Lasmanuelos: vida cotidiana de una familia negra en la Lima del siglo XIX: Una reflexión sobre la esclavitud urbana, Lima, Instituto de Estudios Peruanos, 1992, 2..

(16) 156. HISTORIA 42 / 2009. Las caras de la libertad: búsqueda y significado Detengámonos a realizar una pequeña reflexión sobre el significado que tuvo la libertad en el siglo XVIII. Carmen Bernard postula que “no es la antítesis de la esclavitud”57. Según Las Siete Partidas era el “poderío que tiene todo hombre de hacer lo que quisiere, solo que la fuerza o el derecho de la ley no se lo embargue”58. Pero las percepciones variaron con la experiencia cotidiana y esto le dio a la esclavitud y la libertad el carácter de valores relativos y cambiantes. Para la mulata Petrona, el cariño paternalista que sintió por ella su amo se transformó en un obstáculo para su libertad. En 1738, Pedro Ibáñez García se dirigió ante el escribano para manumitirla. Desde que la había comprado en Buenos Aires, quince años atrás, siempre le sirvió con “mucho amor, honra y buena fe, sin haberle dado motivo de disgusto no solo en esta dicha ciudad y reino, sino en otras partes y lugares donde ha andado trayéndola consigo”59. Y aunque “en correspondencia de su fidelidad la considera acreedora a su total libertad”60, la otorgaba solo después de su fallecimiento. Por eso, obligó a sus familiares a no venderla, pues su deseo era “que la dicha esclava le asista y que otra ninguna persona se sirva de ella”61. Para alivio de la mulata le dejó algunos bienes para pagar sus deudas y se comprometía a no “obligarla a mis dependencias crímenes u otras acciones más”62. Petrona habría debido conformarse con la postergación de su libertad hasta la muerte de su amo y valorar, en adelante, los aspectos positivos de la esclavitud para poder sobrellevarla. Mal que mal, le ofrecía la garantía de servicios básicos: vestimenta, salud, alimentación y seguridad. Dentro de su estado servil podría, eventualmente, favorecerse del sistema. Su amo, bajo su óptica, estaba beneficiando a su esclava con privilegios y franquicias que no eran comunes en la época. Para otros esclavos, sin embargo, la misma libertad alcanzó la dimensión de una verdadera pesadilla en vida, con características de una parodia burlesca, y no difirió, en rigor, de la esclavitud. Don Fernando Marmolejo y Bustos y doña Antonia de Ulloa y Mercado, marido y mujer, decidieron manumitir a su esclavo Manuel del Carmen Marmolejo. Su madre, la negra Gregoria Ulloa, había muerto al dar a luz, por lo que sus amos lo criaron como hijo propio. Ambos se encargaron de darle al protocolo un carácter benéfico, pues no medió ningún pago por su acción: fue una libertad graciosa para, también, agradecer los servicios de su madre. El mulato, según el escribano, estuvo presente y quizás habría escuchado cómo dictaban el documento en la escribanía. Su cara, seguramente, habría cambiado de color si hubiese entendido los alcances del protocolo, pero solo tenía 7 años. Su manumisión se haría efectiva solo con cuatro condiciones. Hasta los cincuenta años debía asistir a la iglesia de San Juan de Dios los martes y “con un. 57 58 59 60 61 62. Bernard, op. cit., 18. Cuarta Partida, Título XXII. Oferta de libertad a Petrona. Santiago, 17 de mayo, 1738, ANCH, ES, volumen 650, f. 174. Idem. Idem. Idem..

(17) CLAUDIO MOISÉS OGASS BILBAO / POR MI PRECIO O MI BUEN COMPORTAMIENTO:…. 157. plumero que le darán los mayordomos de la cofradía de Nuestra Señora del Carmen ha de limpiar, sacudir y asear su altar y las demás de esta dicha Iglesia”63; el miércoles por la mañana debería repetir sus labores para la misa de la Virgen “y caso que sepa tocar arpa u otro cualesquier instrumentos ha de ser obligado a asistir con él en la dicha misa sin llevar interés alguno a la cofradía”64. El documento continuaba: “asimismo ha de ser obligado en la misma forma y manera de suso referido y con el dicho instrumento el día de la festividad del glorioso patriarca San Juan de Dios”65. Concluía con la siguiente cláusula: “Y asimismo es condición expresa de esta escritura que durante los días de la vida de los otorgantes no ha de ser osado ni intentar salirse de la casa y poder de los susodichos con pretexto alguno porque ha de estar sujeto a la corrección y doctrina de los dichos otorgantes”66. Ambos, finalizaban, obligándose a reconocer “en bastante forma de derecho que esta libertad le será cierta y segura” 67. Ambos casos demuestran los diversos y disímiles significados que tuvieron la esclavitud y la libertad entre amos y esclavos. Diferentes obstáculos –el cariño excesivo del amo como ocurrió a Petrona y la exigencia de una disciplina previa a la vida como liberto, en el caso de Manuel del Carmen– produjeron, en la práctica, una relatividad (y por qué no, ambigüedad) en las nociones sobre esos términos. La libertad fue, en definitiva, un concepto cuya percepción varió de acuerdo a las distintas circunstancias empíricas de los sujetos implicados. Su alcance, también, era restringido. Según las cartas de libertad, los esclavos, una vez libres, se constituían en un nuevo sujeto jurídico con derechos y deberes: podían utilizar la libertad de tráfico, mudarse de un reino a otro; tratar y contratar con otras personas sin intermedio de terceros; comparecer por sí en los tribunales de justicia; disponer de sus bienes a su elección; y, además, poseían plena facultad para otorgar su testamento frente a un escribano. Pero limitado y todo les permitía experimentar algo que nunca habían sentido: ser dueños de su propio destino. O, por lo menos, del que les dejaba la sociedad en que les tocó vivir. Su relatividad y carácter restringido habría provocado que, en la cotidianidad, se presentara como una meta posible. Por lo mismo, Orlando Patterson menciona que, más que la búsqueda imperecedera de la libertad, la principal aspiración de los esclavos fue establecer relaciones horizontales y buscar mejoras en su condición cotidiana68. En este sentido, la libertad podía ser una de ellas, pero no la única. Por esta razón, Bárbara Fields postula que poner fin a su estado de esclavitud “no era un objetivo definido de una vez y para siempre. En los hechos aparece como una meta flexible y en constante movimiento”69. Aguirre, en concordancia con esos. 63. Carta de libertad a Manuel del Carmen. Santiago, 13 de agosto, 1705, ibid., volumen 459, f. 217. Idem. Idem. 66 Idem. 67 Idem. Las cursivas son nuestras. 68 Orlando Patterson, Slavery and Social Death, Camdridge, Harvard University Press, 1982. 69 Citado por Rebecca Scott, “Exploring the meaning of freedom: postemancipation societies in comparative perspective”, en Hispanic American Historical Review 68:3, Durham, 1988, 426. 64 65.

(18) 158. HISTORIA 42 / 2009. autores, agrega que “se trataba de una aspiración sujeta a las contingencias de la vida, cuya reivindicación dependía de los ajustes que se fueran dando en la relación amo-esclavo”70. ¿Cuándo ocurrió ese momento “de ajuste”, por lo menos, para los esclavos de Santiago?. LA MANUMISIÓN. DE ESCLAVOS EN. SANTIAGO: UN. ANÁLISIS CUANTITATIVO. Hemos examinado el proceso de fijación de precios de los esclavos en el mercado de Santiago, las oportunidades y conocimientos diversos que pudieron obtener en la ciudad –dentro de la casa o trabajando en la calle– y, también, las opciones y evaluaciones que hicieron sobre la libertad como una meta operable y alcanzable en una sociedad en que la esclavitud fue un fenómeno ampliamente extendido y legitimado por diversos sectores de la población. En esta sección, esbozaremos un análisis estadístico de la manumisión en Santiago para conocer las características de los amos y esclavos que participaron en este proceso, sondear el grado de permeabilidad del régimen y conocer las motivaciones que guiaron sus acciones. La serie de cuadros y gráficos que se presentan a continuación está basada en la catalogación de 83 casos en que los esclavos consiguieron su manumisión entre 1698 y 1750. Si bien esta fuente es idéntica para las distintas realidades latinoamericanas, no es nuestra intención realizar un análisis comparativo exhaustivo. Los contextos en que se han hecho los distintos estudios para Buenos Aires, Lima, Bahía, Paraty y México son diversos. Pero, a pesar de lo anterior, podemos esbozar un paralelo para resaltar las diferencias que hacen de la manumisión en Santiago un caso distinto. Amos y esclavos en cifras Como nuestro interés es sondear el momento en que ocurrió la manumisión, debemos analizar las características de los amos, que son, en definitiva, quienes tienen la facultad privativa de brindarla. Entre 1698 y 1750, el 68,0% de las manumisiones fue otorgada por mujeres y solo el 25,0% por hombres (ver cuadro N o 1). Las proporciones no cambian, sustantivamente, si establecemos el Tratado de Utrecht como hito de un paulatino proceso de devaluación de los precios de los esclavos: entre 1698 y 1713 la participación femenina alcanza el 79,5% y después baja al 57,8%, pero, en ambos periodos, son la mayoría. Una de las hipótesis que aún se sostiene en algunas investigaciones es la alta tasa de esclavos que consiguieron su libertad producto de una relación ilegítima entre amos y esclavas71. Pero, con estos datos, este planteamiento disminuye su fuerza. Sin embargo, los amos varones aumentan su participación después de 1713: del 17,6 al 31,6%.. 70. Aguirre, op. cit., 213. Rosa Soto, La mujer negra en el Reino de Chile, Tesis de Magíster en Historia, Universidad de Santiago de Chile, 1988. De todos modos, esto no le resta ningún mérito al resto de su trabajo, un análisis pionero sobre las mujeres esclavas en el Chile colonial. 71.

(19) 159. CLAUDIO MOISÉS OGASS BILBAO / POR MI PRECIO O MI BUEN COMPORTAMIENTO:…. CUADRO Nº 1 SEXO DE LOS AMOS Y CANTIDAD DE LIBERTADES OTORGADAS EN SANTIAGO DE CHILE (1698-1750) 1698-1713. 1713-1750. 1698-1750. Sexo. Nº. %. Nº. %. Nº. %. Mujer Hombre Ambos. 27 6 1. 79,5 17,6 2,9. 22 12 4. 57,8 31,6 10,5. 49 18 5. 68,0 25,0 7,0. Total. 34. 72. 100. 38. La libertad de esclavos en Santiago, desde el punto de vista patronal, fue un ejercicio eminentemente femenino y esta característica es la que la hace peculiar dentro de las ciudades latinoamericanas en las cuales se encuentran los datos del sexo de los amos. En Buenos Aires, el estudio de Lyman Johnson evidenció que la participación de las mujeres en la manumisión fue bajísima: las amas intervinieron en el 33,0% de los casos, mientras que los amos alcanzan el 62,0%. En Bahía, los resultados de Stuart Schwartz revelan que la proporción alcanza a 40,8% de mujeres y un 57,7% los hombres (ver cuadro Nº 2). CUADRO Nº 2 PORCENTAJE DE PARTICIPACIÓN DE LOS AMOS SEGÚN EL SEXO EN CIUDADES DE AMÉRICA HISPANA Y PORTUGUESA72 Amos Mujer Hombre Ambos. Buenos Aires. Bahía. Santiago. 1776-1810. 1684-1745. 1698-1750. 33,0 62,0 5,0. 40,8 57,7 1,5. 68,0 25,0 7,0. Un dato que nos puede iluminar más sobre las características del proceso de manumisión en Santiago es el estado civil de las mujeres. Entre 1698 y 1750 el 58,3% de las amas que otorgaron la libertad fueron viudas. Estas proporciones no cambian cuando las comparamos entre periodos. A pesar de la devaluación de precios, las viudas son quienes, mayoritariamente, otorgan las manumisiones: en el 66,8% de los casos antes de 1713 y en un 50,1% luego de esa fecha (ver cuadro Nº 3). También, después de 1713, aparece en los registros una parda libre, soltera, lo que refuerza nuestro planteamiento acerca de la complejidad y diversidad de las relaciones amo-esclavo en Santiago. 72 Fuente: (Buenos Aires) Johnson, “Manumission in colonial...”, op. cit., 266; (Bahía) Schwartz, op. cit., 622..

(20) 160. HISTORIA 42 / 2009. CUADRO Nº 3 ESTADO CIVIL Y/O OCUPACIÓN DE LAS AMAS QUE OTORGAN LA MANUMISIÓN EN SANTIAGO DE CHILE (1698-1750) 1698-1713. 1713-1750. Amas. Nº. %. Viuda Soltera Casada Monja. 16 3 1 4. 66,8 12,5 4,1 16,6. Total. 24. 1698-1750. Amas. Nº. %. Viuda Soltera Casada Monja Parda libre. 12 4 5 2 1. 50,1 16,6 20,8 8,3 4,2. Amas. Nº. %. Viuda Soltera Casada Monja Parda libre. 28 7 6 6 1. 58,3 14,6 12,5 12,5 2,1. 48. 100. 24. En el caso de los hombres es difícil conocer su estado civil. A diferencia de las mujeres, ellos no necesitaban de la tutela de su cónyuge para realizar transacciones. Las cartas de libertad mencionan solo su calidad de vecinos y, también, el grado militar: alférez, maestre de campo, capitán, entre otros, por lo que es imposible conocer, también, su nivel socioeconómico. De todos modos, de los 18 amos que liberaron esclavos entre 1698 y 1713, 4 eran curas, 1 comerciante, 1 abogado de la Real Audiencia y el resto son vecinos (ver cuadro Nº 4). De los hombres laicos, solo 4 reconocieron su paternidad ilegítima. CUADRO Nº 4 OCUPACIÓN DE LOS AMOS EN SANTIAGO DE CHILE (1698-1750) Hombres. Nº. Cura Abogado Soltero Comerciante Vecinos No dice. 4 1 1 1 8 3. Total. 18. En cuanto a los esclavos, los mulatos de Santiago fueron quienes alcanzaron con mayor anuencia la manumisión entre 1698 y 1750: en el 84,4% de los casos, en contraste con el 15,6% de los negros (ver cuadro Nº 5). En Buenos Aires y Bahía, Johnson y Schwartz, respectivamente, explican que la preponderancia de una casta expresa, primeramente, una correspondencia con la proporción que ocu-.

(21) 161. CLAUDIO MOISÉS OGASS BILBAO / POR MI PRECIO O MI BUEN COMPORTAMIENTO:…. pan en la demografía73. Según el censo de 1778, los mulatos en Santiago eran el 15,2% y los negros, apenas, un 3,6%74. Distinta es la situación en esas ciudades: la capital del virreinato de La Plata recibió importaciones directas de africanos para la construcción de defensas portuarias, mientras que Bahía y Paraty, para las plantaciones de azúcar. CUADRO Nº 5 MANUMISIÓN DE ESCLAVOS EN AMÉRICA HISPANA Y PORTUGUESA: COMPARACIÓN POR COLOR, SEXO Y TIPO DE MANUMISIÓN75 ARGENTINA. BRASIL. Buenos Aires Bahía 1776-1810 1684-1745. PERÚ. MÉXICO. CHILE. Paraty 1789-1822. Lima 1580-1650. Lima 1840-1854. México 1580-1650. Santiago 1698-1750. 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. Negro Mulato. 51,3 48,7. 54,4 45,6. 50,6 49,4. X X. X X. X X. 15,6 84,4. Total. 1.316. 945. 320. X. X. X. 77. Sexo Femenino Masculino. 58,8 41,2. 66,9 33,1. 65,5 34,5. 67,7 32,3. 62,1 37,9. 61,5 38,5. 62,6 37,4. Total. 1.482. 1.150. 325. 294. 1.298. 104. 83. Forma ** Gratis Comprada. 29,3 59,8. X X. 26,1 31,4. 33,8 47,8. 26,2 73,8. 39,3 36,4. 50,6 49,4. Total. 1.356. X. 325. 299. 1.298. 107. 83. Color. *. * Utilizamos la categoría color, puesto que era la que aparecía en la mayoría de los estudios sobre la manumisión. No obstante, el uso de los términos negros, mulatos y zambos es aleatorio y completamente subjetivo por parte de los diferentes escribanos de Santiago. Fue un funcionario que actuó como filtro sociorracial, pues él es quien anota el color de los esclavos. Si bien en Santiago y en América Latina las categorías son ambiguas, me basé en la nomenclatura original de las cartas de libertad, tal cual lo hicieron los pioneros del análisis comparativo. ** Cada uno de los historiadores, sobre todo quienes comenzaron con el análisis más temprano, usaron diferentes clasificaciones para el tipo de libertad. Por lo mismo, tuve que reelaborar muchos de los datos de sus estudios y gráficos para encajarlos en las categorías analíticas usadas por los más modernos y, también, en Santiago. Nos facilitó la tarea el estudio de Lyman Johnson en Buenos Aires, quien utilizó el mismo criterio. Johnson, “Manumission in colonial...”, op. cit., 262.. 73. Johnson, “Manumission in colonial...”, op. cit., 261. Carmagnani y Klein, op. cit. 75 Fuente: (1) Johnson, “Manumission in colonial...”, op. cit.; (2) Schwartz, op. cit.; (3) Kiernan, op. cit.; (4) Bowser, op. cit.; (5) Aguirre, op. cit.; (6) Bowser, op. cit.; (7) 72 cartas de libertad del Fondo de Escribanos de Santiago, en las cuales se libera a 83 esclavos. 74.

(22) 162. HISTORIA 42 / 2009. Pero no todo radica en su densidad en la estructura demográfica, sino que, también, en su origen. De los mulatos y negros liberados en Santiago entre 1698 y 1750 todos fueron criollos (100%) y no se presentó ningún caso de algún esclavo procedente de África. Al ser ladinos, habrían contado con mayores ventajas lingüísticas y culturales para acercarse a negociar la libertad con sus amos. El mismo fenómeno se observa en Bahía: los mulatos y negros criollos alcanzaron el 69% y los africanos solo el 31%. Los datos de Kiernan, en Paraty, siguen el mismo patrón: un 84,4% de los esclavos nacieron en Brasil, mientras que solo el 15,6% llegó desde África (ver cuadro Nº 6). Para Buenos Aires, México y Lima no es posible extraer esos datos. CUADRO Nº 6 PORCENTAJE DE LIBERTADES SEGÚN EL ORIGEN DE LOS ESCLAVOS EN DISTINTAS CIUDADES DE AMÉRICA HISPANA Y PORTUGUESA76 Bahía. Paraty. Santiago. Origen. 1684-1745. 1789-1822. 1698-1750. Criollo. 69,0. 84,4. 100. Africano. 31,0. 15,6. 0,0. Otra variable importante es la procedencia de los esclavos. Las relaciones con sus amos habrían sido bastante heterogéneas si ellos provenían de una compra, de una herencia o estuvieron desde pequeños en la casa de sus amos. Aquellos nacidos en el hogar habrían contado con una mayor capacidad para interiorizarse y compenetrarse con sus valores y patrones culturales. Lo mismo habría ocurrido con los heredados, puesto que, por lo general, habrían socializado con sus futuros dueños. Esto les habría dado una ventaja mayor para manipular las variables de su entorno a su favor, o bien se habrían acomodado de forma consciente al sistema. Desde la óptica patronal, esta situación habría facilitado que los amos inclinaran su psicología a percibir su dimensión más humana, en detrimento de su estimación únicamente como objeto 77. En Santiago, entre 1698 y 1750, el 58,2% de quienes consiguieron su manumisión aparece con el rótulo “nacido y criado en mi casa”; el 22,5% fue parte de una herencia y solo un 19,3% fue comprado (ver cuadro Nº 7).. 76 Schwartz, op. cit., 612.; Kiernan, op. cit., 64. De este último autor, reelaboramos los datos para el caso de Paraty que aparecen en “Table 7: Color of libertos”. 77 Schwartz, op. cit., 621-622. El autor postula que, en el caso de Bahía, un gran porcentaje de los esclavos nacidos en la casa generaron en los amos un sentimiento afectivo que él llama “surrogate paternity or maternity”, debido a los mayores lazos que se originaron por estar toda una vida junto a ellos y, también, por presenciar el nacimiento de uno..

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